La Rioja
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Autor: Kavafis
El sueño del usurero
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María Antonia San Felipe | 03-02-2012 | 11:07| 0

 

 

La fotografía de varias trabajadoras de Spanair llorando abrazadas y buscando consuelo entre compañeras ilustra el pan nuestro de cada día. El resultado es que 2.075 nuevos desempleados se unirán a la ya de por sí, monstruosa cifra de 5.300.000 parados que engrosan la larga fila de españoles que lucha, en las colas del INEM, por abrirse camino hacia un incierto futuro. En nuestra vieja y querida Europa, la clase media se hunde. Es decir, el estamento social que ha sostenido el sistema democrático y de bienestar más avanzado que se conoce, alberga entre sus fronteras a 115 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. En España, el número de ciudadanos en el umbral de la pobreza asciende a 11,6 millones de personas, es decir, que uno de cada cuatro españoles no sólo malvive sino que tiene el orgullo herido de tanto mendigar esperanza. En Grecia han comenzado a repartir mantas para que los pobres no mueran de frío en las calles, los ancianos no saben si comprar leche o medicinas (que ya no son subvencionadas) y, en los colegios, reparten leche para evitar la desnutrición infantil. En Londres no se libran del desastre, ya que la ciudad acoge una tasa de pobreza infantil superior a la media europea y el Reino Unido a 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión… no sigo, no quiero amargarles el día.

Si en vez de a las personas miramos a los Estados, sobre todo a los del Sur de Europa, la sensación de fragilidad y de sometimiento a los designios de inversores, especuladores, entramados financieros y todo tipo de agentes sin rostro que teledirigen sus políticas económicas, el panorama no es más alentador. Llevamos demasiado tiempo con esta monserga de la crisis de la deuda amargándonos la vida y algún día habrá que parar esta desvergüenza especulativa y usurera que está poniendo en solfa la supervivencia de los estados supuestamente soberanos.

Por eso me llama la atención que el 30 de enero la rentabilidad del bono portugués a 10 años, en el mercado secundario, superara el 17% y ha estado incluso más alto. Es decir, Portugal, un país intervenido y con un plan de ajustes todavía más duro que el nuestro, se ve en la obligación de financiarse a precios de usura para sostener al propio estado. No es extraño  recordar que esto ha ocurrido después de que Standard & Poor’s haya rebajado, de nuevo, el nivel de solvencia del país vecino. Es decir, que las agencias trabajan eficazmente para los suyos. Se da la paradoja de que los estados están sosteniendo a sus propias entidades financieras con préstamos, desde luego a menor interés, y nadie tenemos claro si éstas después prestan a los propios estados a precio superior. Hoy se anuncian nuevas ayudas a los bancos y, para animar la semana, Botín ha culpado a los políticos de la persistencia de la crisis. No digo que no lleve razón Botín, pero reconocerán conmigo que cuando el parado no puede pagar la hipoteca nadie acude a su rescate, pero cuando un banco entra en barrena tenemos que acudir corriendo a salvarlos para que no nos hundan con ellos. Y es que cada día se parecen más al comandante del Costa Concordia que abandonó el barco antes que el pasaje.

Vivimos en una Europa desconcertada cuyos dirigentes, como cuenta Vidal-Folch, dedican gran parte del tiempo de las cumbres a discutir cómo sacan la pata que han metido en la anterior. El caso es que, por la incompetencia de unos y por la voracidad de otros, los que viven del sudor de su frente tienen la soga al cuello. Creo que el capitalismo en estado puro ha hecho realidad el sueño dorado de los usureros. Yo considero que los usureros de antaño, los especuladores de hoy, nunca creyeron que llegarían jamás a ser tan sumisamente obedecidos y mucho menos más reverenciados que los propios dioses. No sé si los dioses han muerto, pero está claro que la usura ha renacido entre nosotros. Simplemente, mire a su alrededor y compadezca a Europa.

 

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El deshielo
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María Antonia San Felipe | 27-01-2012 | 8:56| 0

Ya lo dice el Eclesiastés, todos los ríos van a dar al mar, pero el mar jamás se sacia. Así son ellos, no me atrevo a nombrarlos, pero usted ya sabe a quienes me refiero. Pues sí, ellos son insaciables, esa certeza me inunda cada mañana cuando escucho las noticias antes de ir al trabajo. Cada día se nos pide una vuelta de tuerca más y de no hacerlo el precio es sencillo y la amenaza sobrecogedora: medio millón más de compatriotas se quedarán sin empleo. Ya se encargan comentaristas, analistas, politólogos, economistas, caza-recompensas, agencias de rating  y todo tipo de portavoces de aquellos que nos gobiernan, me refiero a los que mandan de verdad (a ellos) no a los que votamos en las elecciones, de mostrarnos una variada casuística de desgracias que pueden sobrevenirnos colectiva e individualmente si no cumplimos sus, cada vez, más abusivas demandas. Yo creo que tienen intervenido hasta el horóscopo, no nos dan ninguna esperanza, para que nuestra desmoralización y nuestro miedo adquieran tal magnitud que seamos capaces de renunciar hasta los más elementales derechos y por supuesto para tenernos callados, sometidos y atados de pies y manos.

En fin que tengo la sensación de que llevamos meses y meses, que ya suman años, nadando y nadando sin descanso hacia una orilla que cada vez está más lejos y las fuerzas cada día más menguadas. Llevamos cuatro años escuchando como un martillo pilón o como la gota malaya las famosas recetas del control del déficit público y la regla de oro, del equilibrio presupuestario. Esta última parece recién inventada pero no es otra que la que padres y abuelos nos enseñaron siempre: -hijo, no gastes lo que no tienes. Pese al régimen de adelgazamiento al que estamos sometidos nadie da hoy un duro porque vayamos a cumplir a fin de año el objetivo de déficit del 4,4 y ya comienza a escucharse con insistencia algo que algunos llevan meses predicando, que sólo con ajustes y sin medidas de estímulo la recesión es un hecho. Pues nada, la recesión ha llegado y parece que piensa quedarse entre nosotros largo tiempo, no es de extrañar que el nobel de economía Stiglitz haya comparado los ajustes con las sangrías medievales, que no sólo no sanan al paciente sino que simplemente lo debilitan.

Pero nada, ahí tenemos a la jefa de Europa, Angela Merkel que, inasequible al desaliento, se niega a todo: no a incrementar el fondo de rescate del Fondo Monetario Internacional, no a las medidas de estímulo, no a reconsiderar el objetivo anual del déficit público, no a los eurobonos,  no ayudar al parado porque se incrementa el déficit, no a saludar al vecino por la mañana que se pierden fuerzas para trabajar, no, no y no. Reconozco que, hace un tiempo, la rotundidad de sus posiciones me resultaba interesante, yo creía que eran señal de un plan bien trazado pero ahora comienzo a pensar que tanta intransigencia e inflexibilidad, quizás no sean un símbolo de inteligencia sino de una tozudez a prueba de bombas y misiles que tampoco ha podido evitar que Alemania también esté en las puertas de la recesión. Puede que esta crisis demuestre que la estupidez es, hoy por hoy, la única ciencia exacta, para mayor gloria de Einstein. Hay que reconocer que los problemas de Alemania no son como los nuestros, pero en fin, que según pasa el tiempo y después de ver como Francia, tras seguir a la dama de hierro, ha perdido la triple “A” de su deuda, una comienza a preguntarse si no será que Merkel es como la Reina de las Nieves del cuento de Andersen. Me explicaré, la Reina de las Nieves al llevar al protagonista a su reino lo dejó helado para siempre. Yo no sé usted pero yo, a estas alturas, me siento como un témpano de hielo y sólo albergo la lejana esperanza de que por fin salga el sol y se produzca el deshielo.

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Buscando futuro
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María Antonia San Felipe | 20-01-2012 | 9:15| 0

 

Durante aquel frío mes de enero leyó con pasión el libro Mujercitas que Louisa May Alcott escribió en 1868. Sus amigas se rieron un poco porque creían que eran un libro demasiado trasnochado y con poca sintonía con el mundo acelerado y frenético en el que vivían. Sin embargo, ella nunca dejó de sentir una especial atracción por el personaje de Josephine (Jo), aquella chica rebelde que luchó contra viento y marea hasta conseguir ser escritora. Mis amigas se ríen, pero –pensó- no hay nada en el mundo más estimulante que perseguir un sueño. Aquel verano terminó la secundaria con muy buenas notas y decidió matricularse en el bachillerato científico porque, aunque seguir los pasos Marie Curie fuera imposible, quizás un día podría dedicarse a la investigación y contribuir a que en España se acabara con el viejo tópico de ¡qué inventen ellos! que, con tanto ardor, había pronunciado Unamuno en 1906. Años más tarde, Estibaliz se licenció en Ciencias Físicas y tras realizar un máster y obtener el Diploma de Estudios Avanzados se doctoró en mecánica cuántica con una tesis que obtuvo el Premio Extraordinario. Así, consiguió un contrato para trabajar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Estíbaliz no cobraba mucho pero era feliz, compartía piso con unas amigas y se sentía independiente y ya no era una carga para la familia. Su línea de investigación iba dando sus frutos y pronto iban a poder presentar los resultados.

Aquellos días el comentario de los corrillos del centro era que una vez más, según contaba la prensa, España ocupaba el furgón de cola de la inversión en investigación flanqueada por Grecia, Portugal y Hungría. No obstante, eran los rumores de recortes por la crisis lo que más preocupados tenía a todos los becarios e investigadores. Un mes más tarde, varios equipos de investigación, entre ellos el suyo, fueron víctimas de los tan cacareados recortes presupuestarios. No sólo estaban despedidos, sino que todos los avances que iban a culminar en una nueva patente se iban al carajo sin remedio ahora que estaban en fase de culminar el proyecto.

 

Había dedicado los últimos meses a enviar el currículum a todos los sitios posibles, incluso tenía un currículum especial en el que sólo declaraba haber terminado el bachillerato para tratar de encontrar trabajo aunque fuera de reponedora en un supermercado. Cuando estaba tan desesperada como Jo en Mujercitas, recibió una carta de su amiga Alicia desde New York animándole a irse con ella para buscar una posibilidad de trabajo más acorde con su formación. No lo dudó, se lo dijo a sus padres y a Héctor, su novio, y se decidió a cruzar el charco como Colón a la conquista de América, era necesario perseguir un sueño para atisbar otro futuro. Mientras hacía la maleta escuchó en la radio que la estatua que iban a colocar en el aeropuerto sin aviones de Castellón costaba 300.000 euros y que el exdirector general de Empleo de la Junta de Andalucía había derrochado 900.000 euros en juergas y cocaína. Mucha cocaína me parece -pensó ella- y mucho sinvergüenza sin escrúpulos. Cabreada apagó la radio y puso la tele, contaban en el Telediario que el Instituto Científico Príncipe Felipe de Valencia cerraba 14 líneas de investigación y más de 100 trabajadores serían despedidos. Al cambiar de cadena escuchó que Belén Esteban, la reina del pueblo, cobraba más de un millón de euros al año por repetir sin parar: -¡Yo por mi hija, mato!. También desenchufó la tele y casi le dieron ganas de romperla. ¡Estamos locos!- gritó.

A la mañana siguiente mientras volaba hacia New York, se sentía como los emigrantes del siglo pasado que abandonaban su país en busca de una esperanza. No pudo evitar que le cayeran las lágrimas al pensar que, hoy por hoy, el nuevo quijote español pone su inteligencia al servicio de otros para que una vez más, inventen ellos.

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El tamaño de la estupidez
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María Antonia San Felipe | 13-01-2012 | 11:06| 0

     ¡Que el pan atonta!, me decían de pequeña. Es cierto que yo entonces no entendía la razón por la que comiendo pan uno entonteciera, pero pronto aprendí que mi padre no se refería a eso sino a algo tan sencillo como que la abundancia nubla la inteligencia. Esto es lo que cabe concluir tras revisar con atención la gestión que del estado autonómico han hecho sus responsables en los últimos años de expansión económica. No creo, sinceramente, que la organización territorial del Estado que recoge nuestra Constitución sea la culpable de los excesos y desmanes cometidos sino más bien la dimensión que los virreyes autonómicos le han ido dando.

     El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acaba de reconocer que tres cuartas partes de la desviación del déficit público previsto en un 6% y que ha alcanzado el 8%, es decir, 20.000 millones de euros más, corresponde a las autonomías. Se dice pronto pero ahí es nada. Echar las culpas a otros es lo más fácil pero hay lugares como la Comunidad Valenciana, la más endeudada de todas, donde eximirse de responsabilidades resulta imposible. La reciente noticia de que el Estado ha tenido que acudir a su rescate para responder de un pago de 123 millones de euros al Deutsche Bank o la drástica reducción de personal que va a aplicarse a la insostenible televisión valenciana son buenos ejemplos. Sin olvidar el espectáculo surrealista del aeropuerto de Castellón que, tras costar más 150 millonetis, no ha recibido ningún avión pero sí una estatua (300.000 euritos del ala) del inefable presidente de la Diputación, Carlos Fabra y  un aterrizaje masivo de conejos que están deteriorando las instalaciones, aunque para combatirlos ya se han inventado un programa de “control de fauna” que cuesta 100.000 euros y que consiste en desplegar hurones y halcones para combatir la plaga conejil. ¡Ojalá fuera broma!, pero no lo es. Claro que no es de extrañar que esto ocurriera ya que el presidente Camps, inaugurador del aeropuerto junto a Fabra, andaba el hombre preocupado por elegir trajes, con ceñidor central, en las boutiques caras y no tenía tiempo para ocuparse del desvío del gasto corriente ni del exceso de soberbia que adorna a quienes se consideran imprescindibles.

 

     Pero no nos engañemos, las exageraciones de estos años han sido patrimonio de todos los territorios porque sus dirigentes han jugado la baza de ser más autonomistas o nacionalistas que nadie y se hacían fuertes reivindicando más y más a un Estado que cada vez administraba menos y menos. Mientras el Estado se veía en la obligación de realizar ajustes fiscales para recaudar más, los presidentes autonómicos aprobaban deducciones en el tramo autonómico del IRPF o por vivienda. Es decir, el Estado hacía de malo y el presidente autonómico de turno hacía de bueno e incrementaba el gasto aún reduciendo sus posibles ingresos. Las primeras medidas de Rajoy han estado impregnadas de esa necesidad de aliviar la tesorería de Comunidades y Ayuntamientos, ya que el 50% del IRPF está cedido a las primeras y la subida del IBI (contribución urbana) va a los segundos y ambos impuestos son de ágil recaudación. No obstante, parece que las Comunidades todavía no han asumido la gravedad de la situación, algunas como La Rioja se han apuntado al lema de “hacer más con menos”, lo que significa lisa y llanamente que hasta ahora han hecho “menos con más”. Llegados a este punto hay que replantear la situación, hay que prescindir con diligencia y rapidez de todo lo superfluo que se ha creado sin visión de futuro y con un coste desmedido. Hay que optimizar los recursos limitados de que disponemos no creando, si todos somos españoles, fronteras ridículas entre regiones, como en el caso de la sanidad para atender a los ciudadanos que precisan del servicio público de salud. Como la escasez agudiza el ingenio es la hora de redimensionar el estado autonómico procurando el beneficio de todos en detrimento de tanta estupidez.

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El triunfador y el don nadie
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María Antonia San Felipe | 06-01-2012 | 12:28| 0

 

Rodrigo había nacido en una familia bien de toda la vida, nieto de político e hijo de empresarios asturianos había estudiado en jesuitas, obtenido su licenciatura en Derecho y un Máster por la Universidad de California. Llegó a la política de la mano de históricos dirigentes de una formación conservadora y tras los éxitos de su partido llegó a ser vicepresidente y ministro de economía del gobierno de España. Aunque todo el mundo creía que sucedería al entonces presidente del gobierno, no fue designado para ello y terminó siendo director gerente del Fondo Monetario Internacional. De pronto, Rodrigo dejó tan importante institución justo cuando se estaba fraguando el tsunami económico que todavía perdura y sin que los gabinetes de análisis del FMI, que él dirigía, nos advirtieran de la que se avecinaba (o simplemente lo ocultaban, eso sólo Dios y él lo saben). Sin dar explicaciones públicas y sin concluir su mandato Rodrigo hizo la maleta y se vino a España. Con la ayuda de sus múltiples contactos, fue incorporándose a tareas, siempre bien retribuidas dados sus “reconocidos méritos”, en diversas entidades financieras. De pronto, accedió a la presidencia de Caja Madrid en una operación de navajeo político cuyas heridas todavía perduran. Fue un espectáculo poco edificante cuando muchas voces clamaban por la necesidad de despolitizar las cajas de ahorro en aras de la eficacia. En esos momentos los españolitos de a pie, simples mileuristas la mayoría, teníamos que prestarles (sin participación en beneficios) respiración asistida a esas cajas de dudosa gestión con un instrumento que denominaron FROB y que significa que, con nuestros impuestos, los sacamos del atolladero en que se habían metido ellos solitos tragando “ladrillo con expectativas de recalificación” a borbotones. De allí, Rodrigo accedió meteóricamente a la presidencia de Bankia tras la fusión (no sabemos si caliente o fría) de siete cajas de ahorro.

Alberto, sin embargo, había nacido de una familia modesta y estudió con aplicación toda su vida. Mientras se licenciaba en Matemáticas trabajaba en el Telepizza para ayudar a pagar sus estudios. Cuando obtuvo su sudado título, sus amigos, que habían abandonado los estudios y no habían conseguido terminar la secundaria, trabajaban en la construcción y se compraban cochazos de infarto. Alberto casi no salía los fines de semana porque sólo disponía de las cuatro perras que le pagaban en una subcontrata de una compañía de telefonía móvil y se dedicaba a estudiar oposiciones. El año en que empezó la crisis Alberto aprobó con nota alta y comenzó a dar clases en un instituto. Poco tiempo después le rebajaron el sueldo un 5%, pero él estaba contento ya que trabajaba en lo que le gustaba. Sus amigos Javier y Cholo se habían quedado en el paro y no podían ni pagar el seguro del BMW, pero eso le entristecía porque dentro de poco también se les acabaría el paro. Este año le van a volver a congelar o a bajar el sueldo y piensa con resignación que hay que ayudar a salir de ésta. No obstante, Alberto está harto de escuchar que los funcionarios son unos vagos, que tienen trabajo de por vida, que son unos incompetentes y, si escuchas a algunos, parecen los culpables de la crisis. Esta mañana, Alberto leía que este año los directivos de las cajas de ahorro rescatadas con fondos públicos han cobrado 80 millones de euros. Ha visto, con asombro, que nuestro amigo Rodrigo ha cobrado 2,3 millones, sin contar extras. Alberto recuerda que el recorte salarial y la congelación de sueldo a los funcionarios supuso un ahorro de 4.500 millones y que la cantidad que ha recibido del FROB la matriz de Bankia que dirige Rodrigo asciende a 4.465 millones. A Alberto que enseña matemáticas y a mí también nos parece que ambas cantidades son equivalentes. Hoy Rodrigo es admirado y se le considera un triunfador. Alberto está claro que es un don nadie, un puñetero funcionario que se merece que le bajen el sueldo. Ya saben ustedes que el que tiene padrinos jamás se ahoga en la pila.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.