La Rioja
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Autor: Kavafis
Buscando futuro
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María Antonia San Felipe | 20-01-2012 | 9:15| 0

 

Durante aquel frío mes de enero leyó con pasión el libro Mujercitas que Louisa May Alcott escribió en 1868. Sus amigas se rieron un poco porque creían que eran un libro demasiado trasnochado y con poca sintonía con el mundo acelerado y frenético en el que vivían. Sin embargo, ella nunca dejó de sentir una especial atracción por el personaje de Josephine (Jo), aquella chica rebelde que luchó contra viento y marea hasta conseguir ser escritora. Mis amigas se ríen, pero –pensó- no hay nada en el mundo más estimulante que perseguir un sueño. Aquel verano terminó la secundaria con muy buenas notas y decidió matricularse en el bachillerato científico porque, aunque seguir los pasos Marie Curie fuera imposible, quizás un día podría dedicarse a la investigación y contribuir a que en España se acabara con el viejo tópico de ¡qué inventen ellos! que, con tanto ardor, había pronunciado Unamuno en 1906. Años más tarde, Estibaliz se licenció en Ciencias Físicas y tras realizar un máster y obtener el Diploma de Estudios Avanzados se doctoró en mecánica cuántica con una tesis que obtuvo el Premio Extraordinario. Así, consiguió un contrato para trabajar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Estíbaliz no cobraba mucho pero era feliz, compartía piso con unas amigas y se sentía independiente y ya no era una carga para la familia. Su línea de investigación iba dando sus frutos y pronto iban a poder presentar los resultados.

Aquellos días el comentario de los corrillos del centro era que una vez más, según contaba la prensa, España ocupaba el furgón de cola de la inversión en investigación flanqueada por Grecia, Portugal y Hungría. No obstante, eran los rumores de recortes por la crisis lo que más preocupados tenía a todos los becarios e investigadores. Un mes más tarde, varios equipos de investigación, entre ellos el suyo, fueron víctimas de los tan cacareados recortes presupuestarios. No sólo estaban despedidos, sino que todos los avances que iban a culminar en una nueva patente se iban al carajo sin remedio ahora que estaban en fase de culminar el proyecto.

 

Había dedicado los últimos meses a enviar el currículum a todos los sitios posibles, incluso tenía un currículum especial en el que sólo declaraba haber terminado el bachillerato para tratar de encontrar trabajo aunque fuera de reponedora en un supermercado. Cuando estaba tan desesperada como Jo en Mujercitas, recibió una carta de su amiga Alicia desde New York animándole a irse con ella para buscar una posibilidad de trabajo más acorde con su formación. No lo dudó, se lo dijo a sus padres y a Héctor, su novio, y se decidió a cruzar el charco como Colón a la conquista de América, era necesario perseguir un sueño para atisbar otro futuro. Mientras hacía la maleta escuchó en la radio que la estatua que iban a colocar en el aeropuerto sin aviones de Castellón costaba 300.000 euros y que el exdirector general de Empleo de la Junta de Andalucía había derrochado 900.000 euros en juergas y cocaína. Mucha cocaína me parece -pensó ella- y mucho sinvergüenza sin escrúpulos. Cabreada apagó la radio y puso la tele, contaban en el Telediario que el Instituto Científico Príncipe Felipe de Valencia cerraba 14 líneas de investigación y más de 100 trabajadores serían despedidos. Al cambiar de cadena escuchó que Belén Esteban, la reina del pueblo, cobraba más de un millón de euros al año por repetir sin parar: -¡Yo por mi hija, mato!. También desenchufó la tele y casi le dieron ganas de romperla. ¡Estamos locos!- gritó.

A la mañana siguiente mientras volaba hacia New York, se sentía como los emigrantes del siglo pasado que abandonaban su país en busca de una esperanza. No pudo evitar que le cayeran las lágrimas al pensar que, hoy por hoy, el nuevo quijote español pone su inteligencia al servicio de otros para que una vez más, inventen ellos.

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El tamaño de la estupidez
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María Antonia San Felipe | 13-01-2012 | 11:06| 0

     ¡Que el pan atonta!, me decían de pequeña. Es cierto que yo entonces no entendía la razón por la que comiendo pan uno entonteciera, pero pronto aprendí que mi padre no se refería a eso sino a algo tan sencillo como que la abundancia nubla la inteligencia. Esto es lo que cabe concluir tras revisar con atención la gestión que del estado autonómico han hecho sus responsables en los últimos años de expansión económica. No creo, sinceramente, que la organización territorial del Estado que recoge nuestra Constitución sea la culpable de los excesos y desmanes cometidos sino más bien la dimensión que los virreyes autonómicos le han ido dando.

     El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acaba de reconocer que tres cuartas partes de la desviación del déficit público previsto en un 6% y que ha alcanzado el 8%, es decir, 20.000 millones de euros más, corresponde a las autonomías. Se dice pronto pero ahí es nada. Echar las culpas a otros es lo más fácil pero hay lugares como la Comunidad Valenciana, la más endeudada de todas, donde eximirse de responsabilidades resulta imposible. La reciente noticia de que el Estado ha tenido que acudir a su rescate para responder de un pago de 123 millones de euros al Deutsche Bank o la drástica reducción de personal que va a aplicarse a la insostenible televisión valenciana son buenos ejemplos. Sin olvidar el espectáculo surrealista del aeropuerto de Castellón que, tras costar más 150 millonetis, no ha recibido ningún avión pero sí una estatua (300.000 euritos del ala) del inefable presidente de la Diputación, Carlos Fabra y  un aterrizaje masivo de conejos que están deteriorando las instalaciones, aunque para combatirlos ya se han inventado un programa de “control de fauna” que cuesta 100.000 euros y que consiste en desplegar hurones y halcones para combatir la plaga conejil. ¡Ojalá fuera broma!, pero no lo es. Claro que no es de extrañar que esto ocurriera ya que el presidente Camps, inaugurador del aeropuerto junto a Fabra, andaba el hombre preocupado por elegir trajes, con ceñidor central, en las boutiques caras y no tenía tiempo para ocuparse del desvío del gasto corriente ni del exceso de soberbia que adorna a quienes se consideran imprescindibles.

 

     Pero no nos engañemos, las exageraciones de estos años han sido patrimonio de todos los territorios porque sus dirigentes han jugado la baza de ser más autonomistas o nacionalistas que nadie y se hacían fuertes reivindicando más y más a un Estado que cada vez administraba menos y menos. Mientras el Estado se veía en la obligación de realizar ajustes fiscales para recaudar más, los presidentes autonómicos aprobaban deducciones en el tramo autonómico del IRPF o por vivienda. Es decir, el Estado hacía de malo y el presidente autonómico de turno hacía de bueno e incrementaba el gasto aún reduciendo sus posibles ingresos. Las primeras medidas de Rajoy han estado impregnadas de esa necesidad de aliviar la tesorería de Comunidades y Ayuntamientos, ya que el 50% del IRPF está cedido a las primeras y la subida del IBI (contribución urbana) va a los segundos y ambos impuestos son de ágil recaudación. No obstante, parece que las Comunidades todavía no han asumido la gravedad de la situación, algunas como La Rioja se han apuntado al lema de “hacer más con menos”, lo que significa lisa y llanamente que hasta ahora han hecho “menos con más”. Llegados a este punto hay que replantear la situación, hay que prescindir con diligencia y rapidez de todo lo superfluo que se ha creado sin visión de futuro y con un coste desmedido. Hay que optimizar los recursos limitados de que disponemos no creando, si todos somos españoles, fronteras ridículas entre regiones, como en el caso de la sanidad para atender a los ciudadanos que precisan del servicio público de salud. Como la escasez agudiza el ingenio es la hora de redimensionar el estado autonómico procurando el beneficio de todos en detrimento de tanta estupidez.

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El triunfador y el don nadie
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María Antonia San Felipe | 06-01-2012 | 12:28| 0

 

Rodrigo había nacido en una familia bien de toda la vida, nieto de político e hijo de empresarios asturianos había estudiado en jesuitas, obtenido su licenciatura en Derecho y un Máster por la Universidad de California. Llegó a la política de la mano de históricos dirigentes de una formación conservadora y tras los éxitos de su partido llegó a ser vicepresidente y ministro de economía del gobierno de España. Aunque todo el mundo creía que sucedería al entonces presidente del gobierno, no fue designado para ello y terminó siendo director gerente del Fondo Monetario Internacional. De pronto, Rodrigo dejó tan importante institución justo cuando se estaba fraguando el tsunami económico que todavía perdura y sin que los gabinetes de análisis del FMI, que él dirigía, nos advirtieran de la que se avecinaba (o simplemente lo ocultaban, eso sólo Dios y él lo saben). Sin dar explicaciones públicas y sin concluir su mandato Rodrigo hizo la maleta y se vino a España. Con la ayuda de sus múltiples contactos, fue incorporándose a tareas, siempre bien retribuidas dados sus “reconocidos méritos”, en diversas entidades financieras. De pronto, accedió a la presidencia de Caja Madrid en una operación de navajeo político cuyas heridas todavía perduran. Fue un espectáculo poco edificante cuando muchas voces clamaban por la necesidad de despolitizar las cajas de ahorro en aras de la eficacia. En esos momentos los españolitos de a pie, simples mileuristas la mayoría, teníamos que prestarles (sin participación en beneficios) respiración asistida a esas cajas de dudosa gestión con un instrumento que denominaron FROB y que significa que, con nuestros impuestos, los sacamos del atolladero en que se habían metido ellos solitos tragando “ladrillo con expectativas de recalificación” a borbotones. De allí, Rodrigo accedió meteóricamente a la presidencia de Bankia tras la fusión (no sabemos si caliente o fría) de siete cajas de ahorro.

Alberto, sin embargo, había nacido de una familia modesta y estudió con aplicación toda su vida. Mientras se licenciaba en Matemáticas trabajaba en el Telepizza para ayudar a pagar sus estudios. Cuando obtuvo su sudado título, sus amigos, que habían abandonado los estudios y no habían conseguido terminar la secundaria, trabajaban en la construcción y se compraban cochazos de infarto. Alberto casi no salía los fines de semana porque sólo disponía de las cuatro perras que le pagaban en una subcontrata de una compañía de telefonía móvil y se dedicaba a estudiar oposiciones. El año en que empezó la crisis Alberto aprobó con nota alta y comenzó a dar clases en un instituto. Poco tiempo después le rebajaron el sueldo un 5%, pero él estaba contento ya que trabajaba en lo que le gustaba. Sus amigos Javier y Cholo se habían quedado en el paro y no podían ni pagar el seguro del BMW, pero eso le entristecía porque dentro de poco también se les acabaría el paro. Este año le van a volver a congelar o a bajar el sueldo y piensa con resignación que hay que ayudar a salir de ésta. No obstante, Alberto está harto de escuchar que los funcionarios son unos vagos, que tienen trabajo de por vida, que son unos incompetentes y, si escuchas a algunos, parecen los culpables de la crisis. Esta mañana, Alberto leía que este año los directivos de las cajas de ahorro rescatadas con fondos públicos han cobrado 80 millones de euros. Ha visto, con asombro, que nuestro amigo Rodrigo ha cobrado 2,3 millones, sin contar extras. Alberto recuerda que el recorte salarial y la congelación de sueldo a los funcionarios supuso un ahorro de 4.500 millones y que la cantidad que ha recibido del FROB la matriz de Bankia que dirige Rodrigo asciende a 4.465 millones. A Alberto que enseña matemáticas y a mí también nos parece que ambas cantidades son equivalentes. Hoy Rodrigo es admirado y se le considera un triunfador. Alberto está claro que es un don nadie, un puñetero funcionario que se merece que le bajen el sueldo. Ya saben ustedes que el que tiene padrinos jamás se ahoga en la pila.

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El año que matamos a Bin Laden
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María Antonia San Felipe | 30-12-2011 | 10:25| 0

Termina el año en que Bin Laden, el inspirador del atentado más sanguinario de la historia, cayó ejecutado a manos de las fuerzas especiales de los EEUU. Ya casi no nos acordamos, así es este mundo en el que vivimos. Las urgencias de hoy ocultan las prioridades de ayer. No hay duda de que fue una acción rápida y eficaz aunque muy alejada de la ejemplaridad moral exigible a “los buenos”, nadie llora la muerte de un asesino pero la venganza fue bendecida con nuestro silencio.  Por eso, este año en que prescindimos de Bin Laden, cabe preguntarse en voz alta si vamos a ser capaces de regenerar la grandeza del cuerpo ideológico que la aprobación de la Carta universal de los derechos del Hombre, tras la segunda guerra mundial, supuso para el progreso de la humanidad.

Hace tiempo que no reflexionamos sobre principios porque la ausencia de ellos parece haber penetrado hasta la médula de nuestra organización social. Recordemos que 2011 se inició con el manifiesto de Stéphane Hessel predicando la santa indignación. Sus palabras promovían una forma de rebelión contra el continuo aplastamiento de nuestros derechos perpetrado por las viejas fuerzas del capital que, tengan el rostro que tengan y se llamen como se llamen, son el lado oscuro que siempre ha dominado el mundo desde el origen de los tiempos. Son nuevas formas de totalitarismo que buscan nuestra sumisión y por eso es necesario atacarlas con la misma energía que sus contemporáneos combatieron el nazismo o el stalinismo. No deja de sorprender que en esta sociedad, tan proclive a ensalzar la frivolidad, hayan sido dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, los que hayan iluminado con sus discursos el camino a una nueva generación de resistentes.

Sin embargo, antes de que las calles europeas se llenaran de indignados, los jóvenes tunecinos se ocuparon de derrocar la cleptocracia que los gobernaba ante la perplejidad de Europa. Con algo más de resistencia, cayó Mubarak y para acabar con el excéntrico Gadafi fue necesaria una guerra con apoyo occidental. No hay que olvidar la revolución yemení, las protestas en Jordania, Argelia, Marruecos y la terrible situación de Siria, cuyo tirano no se da por vencido ante la vergonzante actitud de Occidente. Al terminar 2011, la enorme esperanza que estos movimientos generaron se ha tornado en creciente decepción. En Egipto y en Libia se aplica la sharía, la ley islámica, como principio rector del cuerpo legal de los nacientes estados salidos de la fuerza de la revolución y muchos nos preguntamos ahora si no será peor el remedio que la enfermedad. El tiempo lo dirá.

En España, el año 2011 va a terminar con la impronunciable cifra de cinco millones de parados, no es de extrañar que el pesimismo sea la nota dominante hoy por hoy en la sociedad española. Los jóvenes más formados se apresuran a salir de España,  avocados al subempleo no es de extrañar que cojan sus títulos y sus másteres y emigren, como un día lo hicieron sus abuelos. Los que peinan canas y han perdido su empleo tienen todavía peor futuro y los abuelos acogen a hijos y nietos bajo el paraguas de su exigua jubilación. Ante este panorama la corrupción pública comienza a resultar intolerable tras haber sido consentida por quienes eran encargados de combatirla. Hasta el Rey, se ha visto obligado a proclamar lo obvio: que todos somos iguales ante la ley.  ¡Ojalá que así sea! Se vuelve a hablar de la honradez, la honestidad y el esfuerzo como valores que deben fomentarse en esta sociedad, al fin y al cabo estos son los principios que inspiraron el quehacer de nuestros padres y abuelos, porque ellos otorgan la dignidad que no procura el ejercicio de la delincuencia de guante blanco por mucha opulencia que proporcione. Ya lo decía mi abuela: pobres pero honrados, que más vale honra sin barcos que barcos sin honra. En fin, lancémonos al polvorón y al cava y brindemos porque 2012 nos haga olvidar para siempre a su antecesor.

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Sonrisas y lágrimas
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María Antonia San Felipe | 23-12-2011 | 10:15| 0

 

A punto de sentarnos a la mesa de Nochebuena es conveniente pensar en cosas ligeras. Es decir, si nos viene a la cabeza la puñetera e inolvidable crisis puede que los langostinos se nos atraganten. Si nos asaltan las meninges los merecidos improperios que se merecen los que ocasionaron el desaguisado, es posible no sólo que se nos indigeste la cena sino que incluso se nos acelere un cólico nefrítico. Así que es conveniente distraer nuestros pensamientos, por ejemplo, con las tragicomedias que la prensa nos ha deparado en las últimas fechas.

Estos días hemos visto en la pantalla televisiva la singular representación del gran actor de reparto, Francisco Camps. Tan asombroso personaje ha protagonizado, con gran despliegue de gestos y con vestuario impecable, la comedia titulada “Trajes a medida”. No hay duda que hoy la crítica tiene una opinión unánime, hasta los más generosos consideran que su actuación ha resultado no sólo arrogante sino incluso patética. Poco importa, si fueron uno o veinticinco los trajes que la trama Gürtel pagó a Camps, lo que ha quedado claro ante la opinión pública es la cara tan dura que gastan los personajes encausados. Hoy sabemos que el expresidente, además de dejar a la Comunidad valenciana al borde de la bancarrota, ha hecho gala de una ilimitada desvergüenza en el transcurso del juicio.

Los detalles en la vida son importantes, por eso, a Camps (talla 54 de americana y 48 de pantalón) los trajes se los hacían con “ceñidor central”. Yo sabía que existían los miriñaques (cosas de mujeres), pero no sabía que se habían inventado los “ceñidores centrales” (cosas de hombres), modelo que utiliza con soltura el actor de teatro Paco Camps. Éste considera que un dirigente político debe ir bien vestido para agradar a sus conciudadanos que, de un modo u otro, pagan sus trajes. De gran interés ha sido también conocer como su amigo Ricado Costa, secretario general del PP valenciano, cuando quería comer kaviar o comprarse un reloj, llamaba a Álvaro Pérez, “el bigotes” para que se los consiguiera en vez de dirigirse, como cualquier mortal, a una tienda especializada en delicatessen o a una relojería. En fin, que para Nochebuena pueden ustedes llamar al “amiguito del alma” de Paco Camps para que les haga la compra, que ya veremos luego quien paga la factura. Hablando de facturas, es evidente que Camps evitó pagar sus trajes pero lo que no podrá eludir es la inmensa pérdida de credibilidad que su desvergüenza le ha ocasionado. Si ya me lo tiene dicho mi madre: ¡hija, que lo barato, siempre resulta caro!

Como hablo de teatro, me paso, sin más, al segundo acto. Entre las cosas sorprendentes de la semana, no puedo obviar comentarles la reacción que el fallecimiento del dictador norcoreano Kim Jong-il  ha ocasionado entre su pueblo. Para empezar, la muerte de tan inefable déspota fue ocultada hasta que el ejército consideró conveniente anunciar que “la fatiga física” había sido la causa de tan inconmensurable pérdida. Está claro que un líder, inefable guía de su sufrido pueblo, no puede morir de cosas vulgares como un infarto u otras enfermedades del vulgo. Asumida la pérdida, el ejército acongojó una vez más al pueblo anunciando lacrimosamente el acontecimiento y los occidentales hemos visto, con asombro, como ostentosamente se puede llorar sin derramar una sola lágrima pero asemejando que se acerca el fin del mundo. En fin, una muestra más de que la hipocresía guarda la viña, ya que, para sobrevivir en uno de los países más pobres de la tierra, primero hay que hacer la pelota al padre y después al hijo. Así es el miedo. Queridos lectores, FELIZ NAVIDAD.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.