La Rioja
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Autor: Kavafis
El invierno de Europa
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María Antonia San Felipe | 09-12-2011 | 10:01| 0

 

      Los datos son incuestionables: “La brecha entre ricos y pobres se dispara al nivel más alto en 30 años”. En España, la desigualdad se ha incrementado claramente en los últimos dos años y está por encima de la media de la OCDE. Es indiscutible que el período de expansión económica más largo de los últimos tiempos no sólo no ha servido para hacernos más iguales sino que, al desembocar en esta Gran Recesión económica o Gran Depresión colectiva (porque deprimidos es lo que estamos), corremos el riesgo de igualarnos cada vez más cantidad de población por la parte baja de la tabla y no es descartable que lo único que quede homogéneamente repartido sea la exclusión social de una gran parte de la pirámide poblacional. Si, como enseñan los economistas, a un período de expansión sigue otro período de recesión de duración semejante en el tiempo, todo indica que para rato tenemos caldo. Claro que como dicen los ancianos del lugar, “pa recesión, hija, los años cuarenta y la cartilla de racionamiento”.
 
      No me quiero poner tétrica pero mientras nuestra actividad cotidiana se dispersa entre los sucesivos ojos de este largo puente constitucional, los parteros, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, preparan el  alumbramiento de lo que se nos anuncia como la nueva Europa. A su nacimiento en Marsella asisten muchos invitados, pero tanto si son jefes de gobierno como jefes de estado, en realidad son sólo eso, invitados al magno acontecimiento cuya principal contribución parece que va a consistir, única y exclusivamente, en asentir al pacto bilateral fraguado entre ambos mandatarios que ya se han convertido, por arte de birlibirloque, en los nuestros. El mismo poder de influencia parecen tener el presidente de la Comisión, Durao Barroso, el presidente del Eurogrupo, Juncker y por supuesto el primero y flamante presidente del Consejo de Europa, Van Rompuy. Confío en que ninguno se rompa el espinazo en las reverencias ante la todopoderosa alemana.

      Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los gobiernos de la periferia europea comienzan a parecer simples delegados especiales de Merkel y Sarkozy en las colonias exteriores. Aunque es prácticamente Angela Merkel quien impone la disciplina y el nivel de sacrificio que debe tener cada territorio. Acabamos de festejar el 33 aniversario de nuestra Constitución, amémosla mientras podamos, porque su reforma nos ha sido infligida in extremis y aceptada por PP y PSOE, sin rechistar, para obtener la contrapartida de que el Banco Central europeo no nos abandone en la crisis de nuestra deuda soberana. Si Merkel estornuda o frunce el cejo, al hablar de la cumbre europea, las bolsas bajan sin remedio y la fiebre le sube a nuestra deuda de forma inmediata. Los ciudadanos comenzamos a aceptar estos cambios y los que van a venir con resignada paciencia y sólo el miedo y las incertidumbres hacen comprensibles nuestra docilidad. No olvidemos que el miedo ha sido históricamente el elemento esencial que ha alimentado y fortalecido a esa minoría de poderosos, de verdaderos poderosos, que termina por dominarnos a la mayoría social. Ya saben, ¡el dinero siempre el dinero!

      En fin, hubo un tiempo en que mirar a Europa alentaba ilusiones de incremento de los derechos y de reducción de la desigualdad, estamos mejor que el tercer mundo, de acuerdo, pero la esencia sobre la que se construye la nueva Europa tiene que ver no sólo con pérdidas de soberanía, que ya está cedida en muchas materias, sino con riesgos de mayores déficit democráticos y con retrocesos en derechos largamente luchados antes de ser conquistados. Ya saben, dentro de nada llegará el invierno, el invierno de Europa, pero no lo duden, nos los venderán como una primavera.

 

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¡A ver si escampa!
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María Antonia San Felipe | 02-12-2011 | 10:01| 0

 

 

El invierno había hecho su aparición de repente y el día había amanecido con una niebla intensa que penetraba paciente como la gota malaya. Los empleados del Ayuntamiento ya hacía días que habían comenzado a colocar toda la parafernalia que supone preparar la navidad. Paco y Pedro, de camino al trabajo, andaban encogidos no sólo por el frío sino por lo desazonador que resulta escuchar las noticias cada mañana.
-Buenos días Paco, sale uno de casa con mal cuerpo después de escuchar la radio.
-Desde luego, unos días se te revuelve el hígado y otros el estómago.
-He oído que han encontrado a un indigente muerto debajo de un refugio de cartón. ¡Qué injusta y dura es la vida! Aunque a buen seguro este no será el último que fallezca este invierno.
-Seguro. Luego dicen que según el CIS, ocho de cada diez españoles creen que el reparto de los impuestos es injusto.
-¡Joder que linces!, para eso no hace falta hacer una encuesta. Eso lo sabemos tú, yo y mi hija la pequeña sin necesidad de preguntar a toda España.
-A nosotros sí que nos tienen bien pillados los de Hacienda. Al menor error nos empluman.
-Sí, pero algunos siempre se van de rositas, que siempre pagamos los mismos. ¡Me río yo de que todos somos iguales!
– Ahí tienes al Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Santander, lo condenan a pena de arresto e inhabilitación para ejercer su oficio de banquero y lo indulta el gobierno. Aquí paz y después gloria, que nadie dice ni mu. En dos días olvidao.
-Después de la que está cayendo, que son los bancos los que están poniendo el propio sistema en solfa y cuando estamos a punto de irnos todos al garete por su puñetera culpa, van y lo indultan. Para dar ejemplo de que todos somos iguales ante la ley. ¡Manda güevos!¡Hala y ahora a pedirles consejo y sin despeinarse!
-Lo lógico es que hubiera cumplido su condena y punto. Que tampoco era para tanto el arresto de tres meses, pero al menos no nos tomarían por tontos.
-Sí, sí y ¿qué me dices del Urdangarín?
-Otro que tal baila. Pero,  ¿no podían conformarse él y la infanta con lo que tenían?, qué no era poco y ¡hala a meterse en negocietes! Sin olvidar que el puesto de directivo en Telefónica se lo dieron por ser quien era, que personas mejores que él hay miles en España.
-Eso, que con decir que soy el yerno del Rey, ya se le abrían las puertas. Debía pensar que se casaba con la hija de los Reyes Magos que te traen todo el oro en una noche y sin trabajar.
-El muy chulito no debe saber que aquí la ronda la pagamos todos. Y mientras a saquear las arcas públicas con el Matas, el de Baleares y con el Camps en Valencia y vaya usted a saber, que seguro que no llegamos a enterarnos ni de la misa a la media.
-Cada día se pone el tema más feo y eso que este yerno era el listo.
-Demasiao de listo, que al Rey le va a pasar como antes a los padres que fundaban una empresa y luego los hijos la hundían. Con la diferencia que esta empresa es la nuestra y la sombra de la corrupción no es bueno que planee por la Zarzuela.
-Joder, no me extraña que, como dicen algunos, el Rey se haya pegado con la puerta de un armario.
-¡Bah!, yo lo que creo es que el propio Rey sujetó la puerta y se pegó contra ella mientras exclamaba: Sofía, ¿pero por qué me tiene que pasar esto a mí?…

 

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Contemplando futuros
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María Antonia San Felipe | 25-11-2011 | 9:00| 0

 

A estas alturas de la semana queda poco que decir de lo acontecido el 20-N. Cierto es que la digestión de los resultados no ha sido igual en los diferentes cuarteles generales de los partidos. Se dice habitualmente que, en la noche electoral, cuando se escucha a los portavoces todos ganan, pero esta vez ha quedado claro que no. Al PSOE más de cuatro millones de españoles le han dado la espalda y, al contraerse su apoyo de forma tan espectacular, la marea fiel del voto popular (PP) ha dado el triunfo al eslogan del cambio. No es de extrañar tampoco que Mariano Rajoy eludiera los excesos en la noche electoral. Tras su comprensible alegría por eltriunfo indudable, es probable que, en la intimidad, se mesara las barbas y pensara que quizás en las actuales circunstancias y tal como está el mundo globalizado, sólo había algo peor que perder: ganar. Sí, ganar. Porque a estas alturas ya ha quedado demostrado la falsedad del ya de por sí endeble argumento, de los que vaticinaban que un relevo gubernamental restauraría de inmediato la confianza en nuestro país. Una semana más, y van muchas, desde que la crisis explotara en el otoño de 2007, los españoles seguimos observando, con creciente desasosiego, el futuro que nos espera en el medio y largo plazo y tenemos la certeza de que los esfuerzos que van a pedirnos, en menos de un mes escaso, son bastante más elevados que los reconocidos en campaña.

     Nadie va a sorprenderse a estas alturas de la película, tenemos el sapo tragado desde que vimos caer a nuestro alrededor a Irlanda, Grecia, Portugal e Italia y ya se tambalea la calificación de la deuda francesa y no ha de tardar el día en el que Angela Merkel tendrá que empezar a reconocer lo que en el resto de Europa vemos claro desde hace tiempo. Si se empecina en su postura y no facilita una gobernanza europea común en la crisis de la deuda, Alemania puede quedar tocada y lastrada más pronto que tarde.

     Si volvemos a la noche electoral, en la sede del PSOE además de medir las consecuencias que conlleva el desalojo del gobierno, el futuro predice no únicamente nubarrones que presagian chubascos, sino también tormentas y tornados de elevada intensidad y persistencia. Zapatero se va y deja a su partido (que es también el mío) con un respaldo electoral semejante al que obtuvo en los primeros años de la transición, con el agravante de que no es lo mismo ir de cero hacia arriba que caer al vacío por haber provocado la desafección del propio espectro electoral. Pensar que sólo la crisis económica y los recortes anunciados en mayo de 2010 son la causa del resultado electoral es engañarse a sí mismos y hacerse trampas en el solitario. El ciudadano lo entiende todo y especialmente comprende la verdad si ésta se le muestra con toda su crudeza y no se le confunde cuando se le avisa reiteradamente de mejorías que nunca llegan. El ciudadano lo percibía, eso explica la caída de la demanda interna, porque a su alrededor ven al enfermo moribundo, ya que la estadística del desempleo se compone de vecinos, hijos, hermanas y amigos que la engrosan. No es de extrañar el desconcierto en las filas socialistas porque hasta el propio Rubalcaba, muy valorado por su gesto de echarse a la espalda este maratón en busca de la remontada, es consciente de la debilidad de los liderazgos internos y ahora medita sobre el suyo propio. La mayoría de los líderes regionales o están tocados o simplemente hundidos en su credibilidad y así mover banquillo se torna complicado. La mayoría de estos barones autonómicos, pensemos en La Rioja, han estado más preocupados en contar los apoyos de los que disponían, dentro de la propia casa, para conservar sus cargos políticos que en buscar el respaldo social. De ello se deriva la fuerte adhesión interna y el escaso liderazgo social con el que cuentan ya que sus proyectos carecen de un cuerpo ideológico potente y refrescante para el electorado. El escaso respaldo obtenido, tanto al Congreso como al Senado en La Rioja, debiera llevar a reflexionar a quienes han encabezado las listas sobre la verdad de sus actuales liderazgos, ya que ambos (como dos gotas de agua) son partícipes de un modo de entender el ejercicio de la política que ha dejado al PSOE riojano al pie de los caballos. Ha llegado pues la época de la responsabilidad y de la generosidad, ha llegado la hora de abrir puertas y ventanas y de pasar el relevo para devolver al PSOE a aquellos electores que esta vez no han querido coger su papeleta el 20-N pero que nos miran con añoranza y hasta con un ápice de tristeza.

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Votar o no votar
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María Antonia San Felipe | 18-11-2011 | 9:05| 0

 

                 

En este país, durante años, hubo dos sueños colectivos que impulsaron la acción ciudadana y política desde los albores de la dictadura: conseguir la democracia y entrar en Europa. La pertinaz sequía democrática que vivió España alimentó durante décadas el deseo de articular la participación política a través del sufragio universal, un derecho que parecía inalcanzable y que se hizo realidad tras multitudinarias manifestaciones. Al grito de la canción de Jarcha: “Habla pueblo habla, habla pueblo sí, no dejes que nadie decida por ti”, conseguimos el primero de esos sueños y la democracia llegó a todos los rincones de España de igual modo que la primavera, con naturalidad. El segundo sueño, entrar en Europa, se alcanzó en 1985. Franco había solicitado el ingreso en 1962, pero ser un régimen democrático era un requisito indispensable que España estaba todavía muy lejos de cumplir.
          Ya ven lo que cambian las cosas. Mientras las calles del mundo se llenan de ciudadanos pidiendo progresos democráticos, aquí, en la vieja Europa, la cláusula contractual del “habla pueblo, habla” ha quedado en suspenso y la hibernación del derecho al voto ha comenzado precisamente en Grecia, cuna del concepto de democracia. Italia le ha seguido en la implantación de sendos gobiernos integrados por supuestos técnicos que, sin pasar por las urnas, van a gobernar ambos países. No lamento el relevo de Berlusconi que, elegido reiteradamente por el voto mayoritario de los italianos, ha utilizado la democracia en beneficio propio y para eludir la acción de la justicia. Pero, pese a todo, no deja de removerme el hígado que sean los mercados, Merkel y Sarkozy quienes hayan precipitado su caída en aras de una supuesta salvación nacional. La tecnocracia y la injerencia exterior han sustituido a la democracia. Y ello, pese a que son los propios partidos políticos los que se han puesto de acuerdo para no vulnerar sus constituciones, ni perder su capacidad de influencia en los resortes del poder. Ellos mismos han querido dar un aire democrático a la elección de sus dos nuevos primeros ministros, Papademus y Monti, pactando en la oscuridad de la noche. Al amanecer del siguiente día, no tuvimos la sensación de que tanta renuncia democrática hubiera servido de mucho. Los susodichos mercados han seguido atacando a la deuda italiana con los tanques y con el resto de la artillería pesada.
El tiempo dirá lo que este experimento da de sí. El hecho es que las conquistas de años pueden desaparecer si prevalecen nuestra apatía y nuestra resignación. Sólo el miedo y la incertidumbre han podido conseguir nuestro silencio cómplice. Únicamente desde ese prisma puede comprenderse la condescendencia con la que han sido aceptados, por los ciudadanos de sus respectivos países, unos presidentes que ellos jamás hubieran elegido porque nunca ambos se hubieran presentado para tal fin.


          Cabe también preguntarse, cómo estará el nivel entre la clase política para que los mismos políticos hayan decidido recurrir a alguien fuera de sus propias filas. Quizá los partidos políticos, que articulan el sistema, deban comenzar a replantearse en serio la situación. Deben evitar que la mediocridad de los políticos acabe con la grandeza de la política, la que debe ejercerse por representación y en beneficio exclusivo del pueblo soberano y que no se fragua lejos de las inquietudes del ciudadano. Es cierto que estamos en una nueva etapa de la que no sabemos qué nuevo mundo va a nacer, confiemos en que no sea una era de simulación democrática y esperemos que alguien sea capaz de administrar un poco de “valium” a los mercados, en nuestro nombre y en el de nuestra creciente indignación. Mientras tanto, el domingo, los españoles podemos ejercer nuestro derecho al voto. Yo recomiendo que votemos. Ya hay bastantes cosas en la vida en las que otros deciden por nosotros. ¡Qué no sea ésta nuestra última vez!

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Al final de la escapada
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María Antonia San Felipe | 11-11-2011 | 3:36| 0

 

          Parecía que no iba a ocurrir jamás pero sucedió, por eso estos días recordamos que Joe Frazier tumbó a Muhammad Ali (Cassius Clay), un 8 de marzo de 1971, ante la expectación mundial. Si lo comparamos con los combates que libra Berlusconi diremos que éstos nunca fueron a pecho descubierto ni tuvieron tintes heroicos ya que él siempre se movió entre penumbras, es decir, en las tinieblas entre las que se fraguan las intrigas y los negocios fraudulentos. El estilo político de Berlusconi ha estado siempre alimentado de sobornos, chabacanería y, sobre todo, de una evidente confusión entre negocios e interés nacional que siempre emanaron un cierto olor a podrido. No obstante il Cavaliere parecía imbatible y por supuesto inasequible al desaliento, ya que hiciera lo que hiciera, conseguía finalmente el favor del pueblo italiano. Aficionado a las juergas sin límite y forofo del botox y el injerto capilar, ha sido el presidente italiano más duradero de la historia. Pero como no hay mal que cien años dure, la crisis de la deuda lo ha puesto contra las cuerdas y ocho diputados “traidores”, que antes comían de sus manos, han acabado de dejarlo KO sobre el cuadrilátero en el que se ha convertido el parlamento italiano.


           Está claro que il Cavaliere no va a salir por la puerta grande, sobre todo porque no hay peor error en política que prolongar las agonías. Sólo el hecho de anunciar que está en trance de dimitir al tiempo que intenta dilatar su efectividad a la adopción de las medidas que le exige Europa, no es sino una treta para mantener su, hasta ahora, omnímodo poder. Quizás a Berlusconi sería bueno brindarle el consejo del refrán español que advierte que siempre es mejor irse antes de que te echen. Pero él no piensa lo mismo. Su primera reacción, cuando se aventuraba que había perdido la mayoría parlamentaria, no fue reunir a sus ministros en un gabinete de crisis, sino a su familia para estudiar lo que interesaba, no al país, sino a sus negocios. No es nuevo, siempre ha sido así, pero ahora los ánimos están demasiado exaltados como para aguantar impertinencias de un primer ministro acorralado y sin ninguna idea bajo el tupé que le han implantado en una clínica estética de lujo.
           Hemos comprobado empíricamente que el rumor de su posible dimisión disparó al alza la bolsa de Milán y que posteriormente, al no producirse, el diferencial de la deuda ha puesto a Italia al borde de la intervención, lo que significa que a este hombre no sólo sus socios sino hasta los mercados le han señalado el camino. Hace unos días se criticaba a Yorgos Papandreu por su órdago contra la Unión Europea, pero su movimiento fue realizado en clave de política interna y su táctica ha dado el resultado que él, en solitario, no hubiera conseguido. Era evidente que para que se formara un gobierno de concentración o de salvación nacional, el primero que debía retirarse era el propio Papandreu y así lo ha hecho. Yo no dudo de que así lo tenía pensado de antemano, ya que si en tan corto espacio de tiempo ha sido posible un acuerdo de los partidos mayoritarios en Grecia es porque se ha puesto de manifiesto que si Papandreu, como sostiene la mayoría, no ha estado a la altura de las circunstancias, el resto de políticos griegos tampoco. Sólo así se explica que hayan aceptado ahora las medidas que no quisieron apoyar cuando las proponía Papandreu. Lo mismo ocurrió en Portugal donde Pedro Passos Coelho ha tenido que dar por bueno lo que tan mal le parecía antes de ganar las elecciones a José Sócrates y seguramente lo mismo ocurrirá en España. Concluyendo, Berlusconi ha puesto a Italia en una encrucijada, mientras sus actividades no perjudicaban al resto de países todo le ha sido consentido, pero ahora ya nadie le ríe las gracias. Berlusconi se encuentra al final de la escapada mientras un vendaval de pesimismo recorre la vieja Europa.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.