La Rioja

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Quererlo todo

Tenerlo todo y querer más. No hablamos de amor, sino de avaricia. Esto es lo que se deduce, una vez más, del informe anual de Oxfam Intermón. La conclusión es clara: la riqueza mundial se concentra en manos de una élite cada vez más reducida. Según los datos de Credit Suisse desde 2010, el 1% de los individuos más ricos del mundo ha incrementado su participación en el conjunto de la riqueza a nivel mundial. En 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial, mientras que el 99% restante posee el 52%. Y de ese restante 52% es dueño el 20% más rico de la población mundial, de modo que el 80% que queda sólo posee un 5,5% de la riqueza global de este mundo cada vez más desequilibrado socialmente.

            Esta demoledora crisis no nos ha demostrado que vivíamos por encima de nuestras posibilidades sino que algunos se enriquecieron y se enriquecen muy por encima de lo aconsejable para no insultar la dignidad de la mayoría. Si esta tendencia se mantiene, en sólo dos años el 1% más rico de la población acaparará más riqueza que el 99% restante. La crudeza de los datos es demoledora, hasta el punto de que es necesario no sólo un debate social profundo sobre lo que está pasando en el mundo, sino que se precisa tomar conciencia de que la prioridad de los próximos decenios debe ser frenar el incremento de la desigualdad. Esta fatalidad no puede ser aceptada con resignación sino que deben adoptarse medidas políticas y económicas que frenen tan terrible desproporción que crece exponencialmente según se alarga la crisis.

             Es de agradecer que economistas rigurosos, como el francés Thomas Piketty, hayan puesto con éxito este debate encima de la mesa. Su trabajo de investigación, teniendo en cuenta las series históricas sobre la acumulación de la riqueza, es un indudable instrumento que deber ser utilizado. Ya saben que la enumeración de datos y cifras generalmente nos aburren pero, como él mismo señala, “negarse a usar cifras rara vez favorece a los más pobres”, sin olvidar que “quienes tienen mucho nunca se olvidan de defender sus intereses”.

            Mientras esta realidad se nos muestra los lobbys, es decir los representantes de las élites dominantes, campan a sus anchas por todo el planeta preservando sus intereses doblegando voluntades y controlando gobiernos para salvaguardar los sectores donde tienen invertidos sus capitales. El sector farmacéutico, el sanitario y el financiero son ahora los ámbitos más importantes que tratan de proteger intentando sobre todo que los recursos públicos no se distraigan en favorecer a la mayoría de la población. Lo estamos viendo en España con claridad con fármacos como el de la hepatitis C o con las privatizaciones sanitarias alentadas por los gobiernos y que son adjudicadas a quienes en otros momentos invirtieron en la construcción y en la especulación inmobiliaria. Esto es lo que hay y éste es el fruto de un capitalismo salvaje que no encuentra en la política, es decir en los gobiernos, el contrapeso necesario para equilibrar la balanza en favor de la mayoría. Tras la caída del muro de Berlín se pensó que los mercados podían autoregularse solos, los gobiernos se volvieron perezosos, favorecieron la desregulación financiera y hasta aquí nos han traído por cerrar los ojos, sin olvidar que nos han mutilado la capacidad de decisión democrática a los ciudadanos. Para que la prioridad sea, como lo fue tras la Segunda Guerra Mundial, favorecer un reparto más equitativo, al menos un poco más equitativo que el actual, el ejercicio de la política, es decir, la acción de los gobiernos, debe orientarse de nuevo a representar a la sociedad y no a las élites dominantes. No pueden mirarnos a los ojos para convencernos de que no existe otro camino porque, sencillamente, es mentira.

          

 

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El camino de Charlie

A veces una piensa que la sensatez ha huido de este mundo global en el que habitamos. La intolerancia, la ausencia de piedad y la violencia contra el que es diferente o piensa distinto constituyen la esencia de cualquier fanatismo. El terrible atentado contra el semanario humorístico Charlie Hebdo nos ha sobresaltado a todos, nos ha atemorizado y nos ha puesto frente al espejo de nuestra propia realidad, esa que en ocasiones no percibimos preocupados como estamos por el incremento de nuestros problemas cotidianos. Además de compartir el dolor por los terribles asesinatos perpetrados por los terroristas no es fácil dejar de reflexionar y de preguntarse qué está ocurriendo a nuestro alrededor para que jóvenes nacidos ya en Europa, en el corazón de París, como los hermanos Chérif y Said Kouachi o Amedy Coulibaly y su pareja Hayat Boumeddiene se hayan entregado a los brazos de organizaciones islámicas terroristas y corran a Siria o a Irak a integrarse en las filas del violento Estado Islámico.

Es evidente que los integrismos religiosos han sido siempre un peligro para la humanidad. El fanatismo termina por convertirse siempre en un manantial de violencia y de dolor, es espantoso que la religión pueda ser de nuevo una excusa para destruir a los otros. No va a ser tarea fácil frenar este terrorismo de lobos salvajes que amenaza con extenderse y que se reproduce de forma exponencial cuanto más dolor y alarma causa en Occidente. Si no es conveniente confundir Islam con violencia también resulta necesario que en muchas mezquitas algunos clérigos comiencen a predicar sobre lo erróneo de utilizar la fe como munición para justificar asesinatos. Tampoco puede olvidarse que desde algunos países árabes de Oriente Medio se están financiando las estructuras del Estado Islámico o de Al Qaeda que se entrenan en Siria, Yemen o en Irak. Estamos ante un problema de inmensa magnitud difícilmente abordable en solitario por cada país lo que obliga a una reflexión conjunta sobre nuestras propias flaquezas como única forma de preservar nuestros derechos y nuestra libertad.

No resulta ajeno en estos momentos reflexionar sobre lo que está ocurriendo en Europa donde los movimientos racistas florecen a la sombra del intenso incremento de la desigualdad social. Esta es la principal consecuencia de una prolongada crisis económica y política que amenaza, aunque algunos no quieran verlo, el propio edificio de la Unión Europea. A nuestro lado crece el desempleo, caen los salarios, se incrementa la pobreza y ello hace que el nacional vea con recelo al vecino inmigrante y que éste se crea marginado respecto del primero. La vida cotidiana se convierte en una complicada red de recelos mutuos. De pronto todo el mundo ha tomado conciencia de la fragilidad de su propia situación personal. Es una espiral complicada, a mi juicio mucho más compleja en sus causas que la de los años treinta que propiciaron el ascenso de los totalitarismos en Europa. La asistencia de Merkel a una manifestación con los líderes musulmanes en Berlín me parece oportuna pero sólo como gesto me temo que va a ser insuficiente. Es necesario que los estados de Europa revisen sus medidas de protección de la seguridad colectiva pero hacer sólo eso no va a resultar eficaz. Merkel, principal defensora de una política de austeridad a ultranza que está dando escasos resultados, debiera junto con Francia impulsar un cambio en la política económica. La seguridad a la población no se la van a dar sólo la policía y los cuerpos de seguridad, cuando del corazón de los europeos desaparezcan el miedo a perder el empleo o a no encontrarlo y la incertidumbre diaria se transformen en tranquilidad ante el futuro, seguro que se elimina el resentimiento hacia el otro. Seguramente muchos de esos jóvenes nacidos en el corazón de París, de Berlín, de Londres o de Madrid de padres de origen árabe preferirán proteger a sus familias y a las de sus vecinos antes que entregarse a las milicias del terror islámico. El camino es difícil pero será preciso recorrerlo unidos.

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Alentando el miedo

Cuando los mayores quieren que hagamos algo que no deseamos nos meten el miedo en el cuerpo y entonces nos portamos bien y nos dan un caramelo. Así ha sido toda la vida, desde pequeños sabemos que el miedo es un instrumento muy eficaz para doblegar nuestra voluntad aparentemente férrea pero en realidad temerosa de perder lo que tiene o de no conseguir lo que desea. Todo está inventado desde la noche de los tiempos. Por eso la emperadora de Europa, Angela Merkel ya ha advertido a los pequeños griegos que si son revoltosos y no votan lo que ella diga serán expulsados del euro. Así lo ha hecho saber a través del semanario der Spiegel. Si los griegos votan masivamente a Syriza, liderada por Alexis Tsipras, las siete plagas caerán sobre ellos que, por cierto, han sobrevivido ya a muchas purgas por las acciones de unos gobiernos tramposos.  Rápidamente los que deben vasallaje a la emperadora se han apresurado a apuntalar sus argumentos temerosos de que a ellos también los expulsen de la corte.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, lo ha dicho de forma muy gráfica: “No nos gusta mucho ver caras nuevas”. No nos extraña, él lleva toda la vida por Europa, tras haber sido primer ministro de Luxemburgo y ministro de Finanzas cuando se firmaron unos acuerdos fiscales con multinacionales para reducir sus niveles de tributación a cantidades irrisorias. Una práctica que ha permitido eludir impuestos en otros países y que muchos consideran un fraude. Un escándalo de esos que uno nunca sabe si llegarán jamás a esclarecerse. El Fondo Monetario Internacional también ha insinuado que puede cortar el grifo de las ayudas pactadas. Claro que si analizamos a los últimos presidentes que ha tenido el FMI es como para echarse a temblar. Rodrigo Rato salió por pies y sin advertir la crisis, una gestión fuertemente criticada internacionalmente. De sus hazañas en España sólo con recordar lo que ha pasado en Bankia hay curriculum más que suficiente para que nos entre el pánico. Le sucedió Strauss-Kahn quien se vio obligado a dejar su puesto tras ser acusado de un presunto caso de violación y Cristine Lagarde también ha sido imputada en un asunto de corrupción en Francia. Yo sinceramente cada vez desconfío más de la eficacia y de la sabiduría de los dirigentes de estos organismos.

En España, Mariano Rajoy se ha pronunciado agitando el miedo, algo que se va a convertir en su principal estrategia a lo largo de este año. Syriza es un riesgo en Grecia, igual que los “adanes” de Podemos lo son en España. Eso ha dicho. En su opinión sólo el PP y el PSOE garantizan la estabilidad política y económica. En realidad con esta afirmación trata de matar Rajoy varios pájaros de un tiro. Trata de desacreditar a Podemos al tiempo que pone una cuerda alrededor del cuello de Pedro Sánchez al sugerir que PP y PSOE son tan parecidos que pueden alternarse sin que tiemblen las columnas que sostienen España. Muy hábil, dirán algunos y muy evidente la treta y la utilización del miedo a favor de sus intereses de partido que no de España. Es evidente que cuando todo se tambalea y estamos en unos momentos de clara incertidumbre, todo el mundo teme algo. Miedo a perder el trabajo, miedo a no poder pagar la hipoteca, a no encontrar trabajo nunca más, miedo a no poder pagar los estudios de los hijos, a no poder emanciparse de los padres, miedo a perder la pensión,… Son muchos los que tienen miedo pero el miedo no aporta soluciones a quien lo tiene pero si a quien lo administra. Mientras los ciudadanos riegan el jardín de sus miedos los gobernantes tratan de perpetuarse en el poder a toda costa. Lo que está en juego es la democracia en España y en Europa entera. Si los “adanes” populistas son un peligro, los que lo dicen, que son los que nos han traído hasta aquí, debieran desinfectar su casa, regenerarse y refundarse. Es la única forma de poder mirar de nuevo a los ojos de la gente sin avergonzarse de haberlos reiteradamente engañado, burlado y estafado. En cualquier caso, al miedo sólo lo vence el valor y éste se alimenta de esperanza.

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El año de los ciudadanos

            Si ya han colgado en la pared el nuevo calendario de 2015 hagan el favor de abrocharse los cinturones que según Mariano Rajoy estamos despegando. Me preocupa que viajen a la velocidad de la luz sin la debida protección no vaya a ser que se peguen un golpe contra la realidad y se me mareen. Eso a Rajoy no va a sucederle porque está acostumbrado a mirar por la ventanilla del coche oficial que deforma lo cotidiano y aleja la crudeza de la vida de millones de conciudadanos de sus ojos presidenciales. Mariano Rajoy en su mensaje de fin de año ha optado por intensificar su discurso optimista aunque sus palabras suenen a chiste viejo. Sus asesores debieran haberle advertido que cuando se ha perdido la credibilidad por sucesión de engaños y por mentiras flagrantes muchos dejan de escuchar y los que lo hacen no creen una sola palabra de lo dicho.

Durante el mes de diciembre han hablado muchos organismos internacionales, entre ellos la OCDE que ha advertido del peligroso incremento de las diferencias sociales en España y es que, utilizando sus propias palabras, “la desigualdad tiene un impacto negativo y significativo en el crecimiento económico a medio plazo”. Es decir, que con las sucesivas rebajas salariales es posible que se hayan pasado de frenada y ello esté obstaculizando el crecimiento de países como España, en la que sólo aumenta la distancia entre los más ricos y el resto de los mortales. Muchos con sentido común ya lo decían, pero ahora parece que lo sensato es permitir que respiremos. Algunos comienzan, por interés, a predicar que no sería descabellado subir al menos un poquito los salarios para que se fomente el consumo privado. No podemos olvidar que el propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, advirtió en septiembre que en algunos países el salario en los primeros empleos había caído a niveles de los años 80. En España están como al comienzo de los 90, así que vayan echando cuentas, porque según los expertos los salarios han caído un 20% desde el año 2008. Es decir, que si con trabajo, cada vez más precario y peor retribuido, es difícil llegar a fin de mes imaginemos a los que no tienen empleo ni subsidio.

No dudo que los datos macroeconómicos sean levemente esperanzadores, pero de ahí a exhibir euforia como si estuviéramos en un período de expansión económica va un trecho. Sin olvidar que sería exigible un poco de prudencia y de sensibilidad a un presidente de gobierno cuando se dirige a una nación con una cuarta parte de su población activa en paro. Si a esta realidad sumamos la corrupción política a cargo del dinero público, un asunto del que ya resulta agotador hablar, debieran los asesores presidenciales aconsejar más prudencia, sinceridad, respeto y valentía al inquilino temporal de la Moncloa. Cuando Mariano Rajoy deje la presidencia, que ese día llegará, los españoles seguiremos trabajando para sacar adelante este país igual que hacemos ahora soportando en silencio mucho derroche de dinero de nuestros impuestos en  cosas superfluas en pueblos y ciudades mientras se ahorra en lo verdaderamente necesario.

Pero 2015 va a ser el año en el que los pacientes españoles que han soportado la crisis con resignación, entereza y solidaridad van a tomar la palabra. Este año es el año de los ciudadanos porque van a poder ejercer su derecho al voto tanto en las elecciones municipales y autonómicas como en las generales de noviembre. Mariano Rajoy sueña con retrasarlas hasta enero para que la probable mejoría económica sea percibida por los españoles y que éstos olviden que las han pasado canutas y vuelvan a votarle, pero además de la economía hay principios y derechos pisoteados. Seguro que los ciudadanos que tan silenciosamente han aguantado el chaparrón, ejercen su derecho al voto y alzan su voz en la urna con total libertad y suprema inteligencia. Feliz año, queridos lectores.

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Cuentos de Navidad

Este año la Justicia madrugó más que el gordo de Navidad. Lo cierto es que no deja de resultar extraño que así fuera porque como camina a paso de tortuga hay quienes creen que nunca va a llegar o que, como Papa Noel, sólo existe en nuestra imaginación de soñadores de un mundo mejor. Lo cierto es que la resolución del juez Castro de enjuiciar a la infanta Cristina de Borbón no puede ser una sorpresa sobrevenida sino que es la consecuencia lógica de la imputación, mantenida por dos veces, en un proceso de instrucción que se ha prolongado durante cuatro años. Las tensiones y las presiones a las que se ha visto sometido el juez son evidentes por más que la independencia del poder judicial no deje de invocarse en este país de apariencias. Nos hemos acostumbrado a convivir con una panoplia de personajes que dicen una cosa en público y otra en privado, exigiendo a otros lo que jamás ellos han practicado. No obstante tengo la íntima esperanza de que estemos comenzando a vivir un tiempo nuevo en el que la sensación de impunidad con la que habíamos convivido e incluso muchas veces tolerado por pasividad, se está terminando por hartazgo. Siempre se ha dicho que los empachos no son buenos, tampoco en Navidad. Nos pasa como en la canción de Joan Manuel Serrat, que “harto ya de estar harto, ya me cansé de preguntar al mundo porqué y porqué”. Al final las respuestas llegan y la justicia, aunque demasiado lenta para ser tal, parece que también. Ya sabemos la causa por la que tras años de democracia la reforma de la justicia y su falta de medios para instruir causas complejas de corrupción, cuyos delitos pueden llegar a prescribir antes de la apertura de juicio, sigue pendiente en este país de ciudadanos confiados y pacientes.

Pues nada, que al nuevo rey Felipe VI la lotería que trajo a España Carlos III en 1763, le obsequió con un premio ya anticipado de la mano de su hermana, la infanta esposa de Iñaki Urdangarín. Nadie debiera extrañarse a estas alturas de lo ocurrido, se le va a juzgar como a cualquier otro español, no vulneraré el principio de presunción de inocencia, los jueces decidirán si es culpable o no de los delitos que se le imputan. Estéticamente el espectáculo no ha sido hasta ahora muy edificante y quienes más han tratado de restar importancia a los manejos de su marido con políticos de primera y segunda fila, algunos encarcelados hoy, son los que más han perjudicado a la institución monárquica hoy renovada por extenuación y creciente falta de sintonía con su pueblo. El relevo en la jefatura del Estado se convirtió en la única salida posible al descrédito cosechado. Hoy por hoy aunque Cristina de Borbón renunciara a sus derechos sucesorios, el gesto, tardío ya, resultaría insuficiente para liberar por completo a su hermano el Rey de las sombras que le acechan. La monarquía ha sufrido en estos años un deterioro similar al del resto de las instituciones del Estado, por ello resulta imprescindible la regeneración a fondo de un sistema agotado y enfermo, por eso Felipe VI está intentando alejarse a toda velocidad del campo minado que heredó. Veremos a ver si lo consigue o no. Su discurso navideño ha tenido una puesta en escena equilibrada tratando de dar proximidad a su figura, pero el contenido no ha tenido sorpresas para evitar meterse en complicados jardines. Claro majestad que la corrupción hay que erradicarla de cuajo, todos estamos de acuerdo igual que con la afirmación de su padre sobre la igualdad de los españoles ante la ley. Pero sólo las frases bonitas ya no sirven. España y los españoles han cambiado y la mutación se ha acelerado durante estos años de dura crisis, es lo que tienen los períodos difíciles en la historia que mueven la inteligencia y alimentan la reflexión. Por eso todos percibimos que algunas cosas intolerables están cambiando en este país. Sólo me queda decirles que los sueños siempre se construyen colectivamente y se realizan con el esfuerzo mayoritario de la sociedad. Impulsemos la esperanza de un año 2015 mucho mejor. Felices Pascuas.

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Patrimonio de todos

El gordo de Navidad será difícil que nos toque tantas veces como a Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón, hoy en la cárcel de Aranjuez, pero si se reparte algo lo más probable es que nos corresponda cargar con el peso de los errores ajenos, porque en este país parece que lo único que se distribuye entre el grueso de la ciudadanía son los sacrificios pero jamás los beneficios.

Miremos un poquito hacia atrás, la culpa de esta larga crisis nos la resumieron diciendo que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, pronto descubrimos que muchos habían vivido no sólo por encima de sus posibilidades sino de las nuestras. Los que jamás repartieron sus beneficios en la época de expansión tuvieron que ser rescatados con nuestro sudor y nuestras lágrimas, es decir, con el deterioro de nuestra educación y nuestra sanidad públicas, con rebajas salariales y creciente desempleo. No obstante las cuentas corrientes de algunos patriotas estaban repletas aquí, en Suiza, en Andorra o en Luxemburgo. Mientras los expoliadores contaban sus ganancias personales, ya que las pérdidas colectivas de las cajas y organismos quebrados por ellos ya nos las habían encasquetado nacionalizando Bankia o vía FROB (Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria), más de un millón de españoles han salido por las fronteras y la población en general se ha empobrecido de forma evidente.

Poco a poco el soufflé ha ido creciendo en el horno, aunque los únicos quemados somos nosotros. El tiempo y algunos jueces nos han ido descubriendo los negocietes oscuros de muchísimas administraciones públicas, es decir, sobornos, comisiones millonarias, tráficos de influencias, desvío de fondos públicos, adjudicaciones fraudulentas, sobresueldos en negro, financiación ilegal del partido en el gobierno, viajes de placer y toda una variedad de indignidades. Ahora que todos sabemos que hemos nadado en un mar de podredumbre, María Dolores de Cospedal nos insulta anunciando que la corrupción es patrimonio de todos los españoles, que los políticos son tan corruptos como la sociedad de la que emergen, es decir, que todos somos igualmente culpables. Es verdad que muchos ante la ocasión se hubieran corrompido pero la diferencia es que la mayoría de la gente ni tiene ocasión de corromperse ni lo hubiera hecho jamás, todavía queda gente con principios en este país.

Que esto es así lo demuestra que ante los severos recortes la sociedad se ha organizado por su cuenta y de la mano de muchas organizaciones no gubernamentales como Cáritas, Cruz Roja, el Banco de Alimentos u otras muchas han visto incrementar el número de sus voluntarios y de participantes en sus campañas para tratar de ayudar a quienes con más dureza viven la crisis. La solidaridad ha crecido como una red protectora, la generosidad de la gente ha suplido los recortes presupuestarios que habrían sido innecesarios si tantas tropelías se hubieran atajado de raíz en vez de ser encubiertas. Han fallado los controles porque los controladores estaban de cacería o atesorando fortunas. Cuando la gente sobrevive con la ayuda familiar, la de los amigos, con pequeños subsidios o con salarios de seiscientos euros no pueden hablarles en ese tono insultante quienes están mintiendo sobre la corrupción que les rodea. Que en su partido o en otros estén rodeados de corruptos no quiere decir que los españoles lo sean en igual porcentaje.  La recuperación económica llegará cuando llegue, y no parece que vaya a ser esta Navidad, pero hasta que no se cuente a los españoles la verdad sobre la corrupción no se superará la profunda crisis política en la que vivimos. Señora Cospedal, con todo respeto, España no es esencialmente corrupta, ese patrimonio no es nacional así que no nos insulte atribuyéndonos lo que no es nuestro.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.