La Rioja

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Las putas y los pobres

El sol sale cada mañana, no es novedad sino la constatación de la perfección minuciosa de un cosmos que no comprendemos totalmente. Con el amanecer, también llegan las noticias a los quioscos. En este caso sí que hay que tener cuajo para abrir el periódico y no asombrarse, salvo si a uno hace tiempo que el vampiro de la indignación le ha vaciado las venas. Hagamos la prueba:

Prueba 1: El ex directivo del BBVA Ángel Cano, de 54 años, cobrará una renta vitalicia de 1,79 millones de euros brutos al año (5.000 € diarios), tras salir de la entidad. En 2014 cobró 3,89 millones (11.000 € al día). En total se va con 45 millones.

Prueba 2: Desahucian a un parado en vivienda de alquiler en La Virgen del Camino. La plataforma Stop Desahucios denuncia que el desalojado se encuentra en paro desde hace dos años y en la actualidad sólo está cobrando la Renta Garantizada.

Prueba 3: Los mossos d’esquadra detienen al notario Enrique Peña y al abogado Francisco Comitre, acusados de estafar a más de medio centenar de ancianos a través de préstamos hipotecarios y créditos, con cláusulas abusivas. Una veintena de ellos fueron desahuciados.

Prueba 4: La banca europea evade cientos de millones en impuestos en paraísos fiscales. Y los cinco primeros del ránking (Royal Bank of Scotland, Deutsche Bank, Rabobank Group, Standard Chartered y Barclays) están entre los mayores beneficiarios de las descomunales primas de riesgo aplicadas a Grecia durante la crisis financiera global, en la que alguno de ellos fue rescatado con decenas de miles de millones de las mismas arcas públicas a las que ahora defraudan.

Prueba 5: El diputado madrileño y ex alcalde de Valdemoro, José Miguel Moreno, implicado en la trama Púnica, le dice al empresario Marjaliza: “-Me voy de vacaciones, prepárame la pasta, que me hace falta”. Y añade: “-Vengo aquí a no hacer nada y a llevarme la pasta”, en alusión a su trabajo en el Parlamento. Su teniente de alcalde, sobre las adjudicaciones a dedo, se expresa así: “-Va a ser la empresa que este señor traiga, que me suda la polla el nombre”.

Prueba 6: Multadas con 600 euros mujeres que ejercían la prostitución en la conocida Colonia Marconi de Madrid, en aplicación de la nueva ‘Ley Mordaza’. Las trabajadoras sociales de las ONG recuerdan que detrás de la prostitución está la trata, la explotación sexual, el abuso y la violencia ejercida por mafias.

Repasadas las noticias es posible que usted comience a dar alaridos y a soltar palabras que no están en el diccionario, pero yo le aconsejo que se tranquilice. Le recuerdo que la sanidad pública también nos la han saqueado y no podemos ir todos a urgencias con el ritmo cardíaco alterado porque nos acusarán de querer colapsar el sistema promoviendo largas filas con enfermedades ficticias.

Tampoco enchufe el televisor pues sólo verá a ministros jurando que vivimos en lo mejor del mundo mundial y del universo conocido. Después ellos se irán a comer con alguno de estos señores de salarios astronómicos para diseñar conjuntamente como nos sujetan por los cataplines para que no nos sublevemos, porque el que no trabaja es porque no quiere. ¡Ya está bien de subvencionar vagos! También aparecerán en la tele otros portavoces gubernamentales aparentando que se avergüenzan de algunos que, como el diputado José Miguel Moreno, creen que el primer objetivo de la política es forrarse a costa del dinero de nuestros impuestos vía comisiones y mordidas. No confesarán que se sentaban a su lado y que estos sobornos, iban y venían, hace sólo unos meses cuando la ciénaga de la corrupción hacía tiempo que parecía un lago que se transformaba en océano. Intuyo que, con su extraña manera de concebir el mundo, estos mismos parlanchines tratarán de convencernos de que la culpa de todo es de las putas y los pobres por elegir esos oficios.

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El reto

En el esplendor de la noche, cuando la luna está llena, tienes la impresión de poder tocarla con la mano aunque se encuentre a 384.000 kilómetros. Una tontería de distancia si pensamos que mucho más lejos se encuentran los gobiernos de Barcelona y Madrid estando mucho más cerca. Ellos hablan pero no se escuchan, sólo se vigilan. Parece que se han retado a un duelo, dándose las espaldas avanzan diez pasos con los revólveres cargados para dispararse. Quizás sólo uno de ellos gane pero también pudiera ser que se destruyan mutuamente. Lo único seguro es que seremos todos nosotros, catalanes y españoles de a pie, los que saldremos perdiendo.

El supuesto líder catalán, Artur Mas, lleva tanto tiempo dando vueltas a la rotonda de sus delirios que en el mareo del pánico ha conseguido una muleta para no desplomarse. Así que Oriol Junqueras actúa de lazarillo y juegan a repartirse las uvas trampeando como en el cuento. Dado que el padre primigenio de la independencia catalana, el exhonorable Jordi Pujol no puede actuar de padrino, por encontrarse malherido y expuesto al insulto en el centro de la plaza de Cataluña, Artur Mas y su lazarillo han tenido que recurrir a lo que denominan la sociedad civil para presentarse en público con cierta pulcritud. Deben considerar que, tras el saqueo pujolista y de sus élites, los profesionales de la política están tan desprovistos de credibilidad que precisan de savia nueva. Han recurrido a un expolítico de la izquierda ecologista, Raúl Romeva y al antiguo entrenador del Barça, Pep Guardiola y se han reunido, vestidos de fiesta, en el Museo de la Historia, tratando de pasar a ella como los forjadores de una patria catalana independiente de España. Han cuidado todos los detalles, como en una boda. La proclama no deja lugar a error, “vamos a por todas”, “lo haremos, aunque España no quiera. Cuando tengamos todo el plan de desconexión con España hecho, declararemos la independencia”. De Europa no dicen nada, porque Europa no nació para levantar fronteras sino para ignorarlas.

Al otro lado del escenario encontramos al supuesto líder del gobierno español. Rajoy como siempre ni se inmuta. Aquí nunca pasa nada hasta que el incendio llega a las puertas de Moncloa, como con Bárcenas. Según el presidente nadie debe preocuparse porque su gobierno “está preparado para cualquier problema que pueda surgir en el futuro”. No sabemos si se refiere a que al final de la película siempre llega el séptimo de caballería o está ensayando algún truco de magia. Lo cierto es que este serial comienza a ser un despropósito, hay una crisis del modelo de estado y por eso hace tiempo que debiera haberse cogido el toro por los cuernos. No se soluciona un problema diciendo que no existe, la desidia puede terminar en gangrena y ambos están jugando con fuego. Rajoy cree que haciéndose el duro ante Mas gana terreno ante sus votantes y el catalán tras haberse echado al monte piensa lo mismo respecto a los suyos. Lo cierto es que ambos sacan beneficio de este desastre. Ambos creen que aludiendo a los sentimientos podrán ocultar el fracaso de sus gobiernos en materia económica y social, en eso ambos han aplicado iguales fórmulas propiciando una enorme quiebra social. Nadie dice toda la verdad, en realidad ningún partido lo hace. Estamos en un baile de máscaras y al final del mismo veremos qué rostro nos muestra cada uno.

Los catalanes en las urnas van a tener, no sé si la última palabra, pero si una voz importante. Si triunfan los partidos secesionistas, tendrán un arma de difícil desactivación y si ganan el resto de partidos, algunos respirarán aliviados pero no habrá terminado ahí la batalla porque la sociedad catalana seguirá dividida y probablemente la del resto de España también. Hace tiempo que pienso que en vez de odios es mejor impulsar reencuentros. Es malo gobernar desde las vísceras. No olvidemos que, salvo las élites económicas, en Cataluña y en el resto de España el problema más común entre la gente es conseguir llegar a fin de mes.

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Europa en el laberinto

Europa se encuentra perdida, girando a toda velocidad sobre sus propias contradicciones. Hasta ahora parecía que el sueño común de una Europa de los ciudadanos, protegidos por una red de derechos, era la fuerza centrípeta más potente para mantenerla unida. Todo ha quedado en una quimera, la crisis económica ha mostrado las grietas del proyecto y, en especial, la fragilidad del Eurogrupo por los errores en la concepción del euro. La desigualdad entre el Norte y el Sur se ha acentuado, igual que la de ricos y pobres en cada país, pero también es evidente la ausencia de contrapeso al poder de Alemania. Durante años el eje franco-alemán consensuó puntos de vista tratando de equilibrar las diferentes visiones del espacio común construido con las porciones de soberanía que iban cediendo los países que la integraban. La democracia era un valor primordial que amalgamaba a todos los países miembros en un proyecto social. Hoy tenemos la impresión de que la democracia vive secuestrada por la burocracia europea del pensamiento único ultraliberal.

La crisis griega va a tener consecuencias para todos. La primera es que los ciudadanos europeos vemos, sin resquicio de duda, quien manda de verdad en Europa. La fuerza de Merkel y de Alemania ha quedado patente por la sumisión del resto. Nadie ha tenido, salvo matices, capacidad para articular políticas distintas. Es este superpoder real, movido por sus propios intereses, el que está resquebrajando el proyecto europeo y el que ha impuesto las políticas de austeridad salvaje a los países más débiles y con mayor índice de paro. España, Portugal e Italia no han sido capaces de buscar una alianza con Francia para tratar de moderar los errores cometidos, que son muchos y que han empobrecido a los ciudadanos del total de la Unión.

Denostamos, con razón, los excesos de liderazgo, por el pernicioso peligro de que deriven en autocracias, pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, los pueblos necesitan líderes y las naciones también. Parece que Alemania los tiene (Merkel y Shäuble), pero el resto no. Tanto Rajoy, Hollande o Renzi están a lo suyo, a preservar sus cuotas de poder interno. Son simples peones de una Alemania convertida en el gendarme de la ortodoxia de una austeridad suicida que está esclavizando a todos los trabajadores europeos, incluidos los alemanes, al yugo del subempleo precario, mal remunerado y sin derechos o simplemente al paro, como en España.

Por eso cuando no hay esperanza es bueno que alguien pelee por encontrarla. Éste parecía ser el caso de Alexis Tsipras que había reunido en torno a él muchas ilusiones de ciudadanos cansados de mentiras. Ya sabemos que una vez David venció a Goliat, pero fue una sola vez y no está claro que el cuento fuera verdad. Esta vez David/Tsipras no sólo ha sido vencido sino humillado ante los ojos atónitos de sus compatriotas y de un elevado porcentaje de europeos críticos con las políticas de la plutocracia europea. David contó con dos aliados, la piedra y la honda, pero Tsipras, ni contaba con armas ni con aliados. El referéndum lo dotó de orgullo pero lo debilitó en la negociación. Los monaguillos de Merkel, que ya se habían rendido sin condiciones hace tiempo, lo consideraron una afrenta, no podían quedar en ridículo ante sus naciones, por eso ha sido destruido. Tsipras ha fracasado ante su pueblo, es un semihéroe que agoniza en la plaza Sintagma. Lo peor es que nadie ha ganado esta batalla. Merkel también está herida, la soberbia mostrada no la cura el dudoso éxito obtenido. Hasta el propio Fondo Monetario Internacional anticipa que el acuerdo puede ser un fracaso en el corto plazo, lo que vuelve a poner en entredicho la estabilidad del euro. A veces lo que parece un triunfo es una tremenda derrota, porque en el fondo estamos ante un enorme fracaso que deja a Europa perdida en el laberinto y a sus ciudadanos en la incertidumbre.

 

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Negro zaino

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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España huele a pueblo

 

En pleno verano el calor acelera la recolección del cereal, pero en España estos días más que a trigo o a cebada recién segados, huele a elecciones. Los partidos, nuevos y viejos, hacen balance de sus particulares cosechas mientras preparan la próxima batalla electoral. Analizando el panorama no es difícil concluir que los partidos tradicionales, pese al evidente retroceso, han sobrevivido al empuje de los emergentes. Saber que ocurrirá en unos meses es la materia sobre la que se especula con más entusiasmo, no en vano adivinar el futuro ha sido siempre una pasión de los hombres. Algunos afirman que la división derecha e izquierda ha quedado anticuada, pero no nos engañemos, en realidad, ambos bloques ideológicos perviven en la historia porque son una forma de esquematizar formas de ver la vida eternamente contrapuestas.

El poeta alemán Bertolt Brecht, dividió la sociedad entre los de arriba y los de abajo, una fórmula muy sencilla para expresar la dualidad entre poder y pueblo, entre ricos y pobres, entre clases sociales. Bien sabemos que los de arriba de la pirámide siempre fueron muy inferiores en número a los de la base y esos pocos son los que durante siglos han retenido tanto el poder como el dinero. Su conclusión era sencilla: “Hablar de comida es bajo. Y se comprende para los que ya han comido (…) Si los que viven abajo no piensan en la vida de abajo, jamás subirán”.

Es decir para cambiar las cosas es muy necesario tener un análisis muy preciso y certero de la realidad cotidiana vista desde abajo, desde ese lugar en el que el inventario de carencias resulta tan desolador como infinito. Pero, a través de los tiempos, siempre hubo valientes, héroes o locos (según el punto de vista) que combatieron el mal y la miseria y, más allá de los convencionalismos de su época, consiguieron cambiar las cosas. Siempre hubo quienes se rebelaron ante las injusticias y así, en el transcurrir de los tiempos, hemos llegado a disfrutar de un grado de libertad y de equidad envidiables para esos otros mundos en los que nadie respeta los derechos básicos de las personas. Está claro que en nuestra órbita occidental hemos llegado a consensuar una lista de derechos de la persona cuyo simple enunciado resultaba revolucionario hace unos años.

En definitiva, estamos como siempre. Unos juegan a que nada cambie por si lo que viene es peor que lo que tenemos y otros combaten el miedo a transformar una realidad ingrata e injusta para la mayoría y para ello tratan de cambiar al poder establecido. Por eso, coincidirán conmigo, hay muchos que juegan al despiste. En vez de programas políticos parecen elaborar anuncios publicitarios que nos embelesen, que conquisten nuestro corazón y a través de él, nuestro voto. Ese es el juego de estos días en los que más que a la izquierda o a la derecha muchos buscan reinar en el centro. Es posible que el centro político nunca haya existido, como no existe la perfección, pero todos aspiran a conseguirlo como si fuera el santo Grial y ellos los caballeros del rey Arturo. Para librar estas batallas, para ser el centro de nuestra atención se recurre al disfraz, a enmascarar la verdad, envolverla en papel de celofán para tentarnos. Es decir, muchos fingen ser lo que no son, como en tiempos de Oscar Wilde cuando, a finales del siglo XIX, escribía:

-(…) Tu sobrino y yo somos grandes amigos. Me interesa muchísimo su carrera política. Estoy segura de que va a tener enorme éxito. Piensa como un conservador y habla como un radical, y eso es muy importante en estos días.

Estamos, por tanto en el juego de siempre y por eso debemos analizar lo que hay detrás de las palabras y meditar si queremos quedarnos donde estamos o dar un paso hacia adelante tratando de cambiar esta ficción. Todo tiene riesgos, aunque el mayor peligro es perder la esperanza. Las elecciones se dibujan ya en el horizonte, por eso España huele a pueblo, a pueblo soberano.

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El espejo griego

El poder establecido, incluso en democracia, tiene como fin último tratar de mantenerse en el tiempo e igual que los poderes económicos, que nunca pasaron por las urnas, prefieren siempre tener un pueblo espectador que un pueblo involucrado en la realidad social y política. El ciudadano espectador siempre es más fácilmente manipulable que el ciudadano activista cuyo compromiso le obliga a averiguar si es verdad lo que le cuentan. Ya nos dijo Chomsky que “la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”, así la propaganda puede utilizarse para fabricar consensos generalizados en la población sobre asuntos en los que existía una gran disparidad de opiniones. Es decir, nos pastorean para que no se altere el rebaño y la mejor manera es metiéndonos el miedo en el cuerpo. Digamos que en esta vieja técnica, en este juego de controles están instalados desde hace meses los dirigentes europeos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Las políticas de recortes sociales impuestas a países como España o Portugal con unas economías intervenidas y tuteladas han tenido un coste social tan evidente que se temía una explosión de la ciudadanía por la dimensión de los sacrificios impuestos. El triunfo de Syriza en Grecia inquietó especialmente a los miembros del Eurogrupo que más recortes habían padecido en esta prolongada crisis. Si el nuevo gobierno griego conseguía renegociar su deuda y frenar las reformas podía producirse un mimetismo en el resto de países. En España, donde el malestar por la corrupción y los recortes se estaba disparando, una nueva fuerza política, similar a Syriza, en las elecciones europeas disparó las alarmas de los poderes económicos y políticos. Al nuevo presidente griego, Alexis Tsipras le han querido dar  una lección para evitar el contagio. Tras el calvario, la posibilidad de acuerdo se ha ido incrementando ya que, en el fondo, nadie sabe cuáles serán las consecuencias para el resto de los países de la Unión Europea si Grecia abandona el euro, porque las guerras sabemos cuando empiezan pero nunca cómo concluyen.

De cara a la opinión pública europea lo que ha triunfado hasta ahora es el discurso de que las deudas hay que pagarlas y que los griegos han sido unos manirrotos viviendo por encima de sus posibilidades. Este es el relato que se han encargado de difundir desde los poderes económicos, mediáticos y políticos. Da igual explicar que en Grecia la inmensa deuda del país no fue generada sólo por el gasto público sino por el rescate de los bancos trasladando los riesgos de impago de éstos al Estado y poniendo a los griegos una soga al cuello. Tampoco es suficiente decir que las trampas contables de Grecia y las mentiras a la Unión Europea fueron pilotadas por el banco Goldman Sachs cuyo representante para Europa, entre 2002 y 2006, era Mario Draghi. Quizás por eso, en desagravio, ha estado echando una mano a la banca griega estos últimos días para evitar su colapso.

Ahora que el acuerdo está más cerca van a tratar de presentarlo ante la opinión pública como una rendición de Tsipras para desanimar a los griegos y para tranquilizar a los ciudadanos, sobre todo alemanes, contrarios a hacer concesiones. En el caso español, en puertas de elecciones, el éxito de Syriza sacaría los colores a Rajoy ya que la débil recuperación económica no cura las sangrantes heridas del paro y los recortes sociales. Europa, aplicó recetas muy distintas a las de EEUU y su crecimiento es mucho menor.  Grecia está acorralada pero Europa también. Aunque su principal fracaso, hoy por hoy, es que la democracia se ha convertido en un estorbo para la hegemonía del poder económico. Si los europeos miramos al espejo griego descubriremos que el mayor peligro no es el impago de la deuda helena, lo que de verdad está en juego es la democracia, por eso en el cielo de Europa hace tiempo que sólo se ven cuervos.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.