La Rioja

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El cuento de la condena

Cuenta la prensa que en el Reino de España la Justicia ha condenado ejemplarmente a un infante consorte. Dicen las voces del coro del gran teatro español que, como el sol al mediodía, la justicia reluce y brilla con la absolución de una infanta. Proclaman los abogados del infantado que la justicia es igual para todos. Salgo a la calle y observo que nadie en el bar, en la fila de la carnicería, en la peluquería, en el andamio o en la oficina cree que se haya hecho justicia, incluso se duda de su exitencia. En minutos España se llenó de chistes y chirigotas, los wasaps colapsados y el twiter desbocado.
           -¡Qué vergüenza!- es la frase más escuchada.
          -¿Y qué esperabas?- es la respuesta más repetida.
          Instalada en la desilusión general, leo que Luis Roldán, el político corrupto más famoso del país hasta que llegó la nueva hornada de sinvergüenzas, da varios consejos a Iñaki, el infante consorte, para que su posible estancia en prisión le resulte más llevadera. La soledad es una maldición para quienes han vivido entre aduladores y oropeles.
           También me cuentan que Bárbara Rey está desolada ya que, tras haber ocupado portadas por los amoríos con el rey emérito, ha vuelto al plano oscuro de la actualidad, del que muchos piensan que jamás debió haber salido. Ya saben que la tradición secular enseña que en palacio los trapos sucios (bragas o calzoncillos) se lavan en la lavadora que deja las reputaciones más limpias que la patena, ¡gracias a Dios! Hay que aparentar armonía ya que la Corona es cosa importante para el futuro una nación que tiene a la monarquía ensamblada en la Constitución.
           Parece que de la princesa Corinna ya nadie se acuerda, ni tampoco del elefante de Botsuana pero cuando se escriba la crónica de este período de nuestra historia se explicará que, en junio de 2014, sería el estallido del caso Noos el que unido a todo lo anterior, puso contra las cuerdas la estabilidad de la Corona de España. El desconcierto fue tal y el descrédito tan amplio que la popularidad de la institución quedó tan menguada que obligó a todos los poderes fácticos del Estado a propiciar la abdicación de Juan Carlos I, algo impensable pocos años antes. Es evidente que el acceso al trono de Felipe VI es la consecuencia directa de los escándalos que iban cercando a la familia real y que se agravaron con los negocios de    Urdangarín realizados, se diga lo que se diga, a la sombra de la Corona.
           La inocencia de la infanta Cristina sustentada jurídicamente en que nada sabía ni nada recordaba causa, como en el caso de Ana Mato o de la mujer de Bárcenas, tanta indignación como cabreo. En el caso de la infanta que todo lo ignora, porque gracias a su condición de miembro de la Familia Real se efectuaron los negocios. Lo que ha ocurrido estaba escrito. Cristina Federica de Borbón con pagar una multa, que como dice el pueblo llano le sale a devolver, supera el molesto incidente. En conclusión, la infanta ha sido preservada del escarnio y el mochuelo de la condena se lo ha llevado el infante republicano. Lo llamo así porque pocos, como Iñaki Urdangarín, han hecho tanto a favor de la causa republicana en España. Nadie duda que el descrédito del reinado de su suegro fue paralelo a la palmaria evidencia y magnitud del escándalo de sus delitos ya juzgados y, tímidamente, condenados.
           El final del cuento es conocido. Urdangarín  de momento elude la prisión y seguirá viviendo en Suiza, la tierra prometida de los evasores de fortunas. En lo político, la tormenta pasará y pronto será pasto del olvido. La operación de quienes precipitaron la salida de Juan Carlos I a fin de preservar la continuidad de la Corona en España se ha culminado con gran éxito. Cuentan que el infante republicano puede que algún día visite las mazmorras, pero menos tiempo que el que cuesta amanecer. La infanta Cristina será protegida de su pena en un torreón dorado y lejano, para no ser molestada por ningún intruso. Mientras, en palacio serán felices y comerán perdices por una eternidad. Y colorín, colorado…este cuanto se ha acabado.

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Cajas mágicas

Las cajas mágicas sirven para deslumbrarnos con un engaño y no es fácil adivinar cuál es el truco que te encandila. El espectáculo ofrecido por el PP en el recinto madrileño de la Caja Mágica fue de una armonía tan idílica que simulaba el jardín del Edén. La actuación del mago Rajoy desbordó los aplausos. Hay que reconocerle a Mariano que, pareciendo un hombre aburrido, es un prestidigitador consumado. El mago Houdini sería un aprendiz a su lado, como él, no sólo aturde a las masas con falsos ilusionismos, sino que también es un escapista consumado. Hasta ahora ha escapado sin ningún rasguño de los múltiples incendios que ha sufrido su partido.
           Rodeado de corrupción sobrevive como el superman de la Gürtel, no hay condena judicial ni criptonita que rebaje sus mágicos poderes. Mientras era aclamado conocíamos las condenas de la trama por la financiación ilegal de las campañas electorales del PP de Valencia, en las que participó Rajoy. Pero nada de ello quebró el ánimo del mago Mariano ni de su ayudante Dolores de Cospedal en el escenario central de la Caja Mágica. Los aplausos cerrados ocultaron el ruido de cuchillos contra la secretaria general, negar el malestar es otra mentira. Pese a todo, Mariano y María Dolores vendieron unidad frente a las divisiones ajenas. Según ellos, sólo el PP lucha por España, el resto por el poder, pero ninguno cede el testigo después de haber popularizado la corrupción como distintivo de la Marca España. Es triste comprobar lo fácilmente que el pueblo perdona y lo pronto que olvidan los implicados sus tropelías.
           En Vistalegre la batalla por el control de Podemos ha sido más explícita, a pecho descubierto, sin caretas que distraigan la atención de la tarea principal. Son jóvenes y predicaban la transparencia incluso amplificando las discrepancias. Aunque hay que reconocer que la espontaneidad no ha sido la que hubo en Vistalegre I. El ambiente era tenso, el aire enrarecido, los asistentes reclamaban unidad y abrazos, que los hubo, pero forzados por las bases que huelen el peligro y perciben la falsedad. El balance es sencillo: ha habido un debate, sin duda enriquecedor, y mucha participación en las votaciones por internet (lo que excluye a una franja de la población). Ningún partido se abre tanto a la sociedad que lo examina pero, tras la confrontación, quedan las heridas. Hay vencedores y vencidos, Pablo Iglesias ha ganado a su antiguo amigo Íñigo Errejón y la brecha, en lo humano y en lo político, no duden que sigue abierta.
           Al final, Podemos se ha hecho mayor y ha mimetizado los defectos de los partidos a los que habían criticado sin piedad. Pablo Iglesias acaba de advertir a Errejón que las discusiones deben hacerse en los órganos internos y no airearlos en la prensa. Es decir, lo que han hecho siempre los partidos tradicionales. Los trapos sucios se lavan dentro para no producir quebrantos como ha ocurrido con el PSOE y como ahora temen en Podemos, ya se sabe que el electorado castiga las divisiones. Lo siguiente que ocurrirá será la depuración de los vencidos. Lo de que todos caben dentro es mentira, en realidad muchos desean que Errejón se marche. Sería otra forma de vencerlo. Lo más chocante es que para destituirlo de la portavocía en el Congreso se hable de feminizar a sus portavoces. Otra vez el viejo truco de utilizar a las mujeres para ocultar las purgas.
           Lo que ocurra a partir de ahora depende de la generosidad de los vencedores y de la inteligencia de los vencidos. Iglesias y los suyos han ganado el congreso pero está por ver si han ganado la calle. Errejón, por coherencia, deberá esperar. El tiempo da y quita razones. Mucho me temo que, más pronto que tarde, vamos a saberlo porque las elecciones se convocarán cuando al mago Mariano le convenga.

 

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Tontadas

Me han contado que una de las principales noticias de la semana es que Jorge Javier Vázquez está peleado con Isabel Pantoja por una perrita llamada Sissi (como la emperatriz) que el presentador regaló a la cantante. Según me explican, el conflicto bélico comenzó por unas declaraciones de la exreclusa en el programa de Pablo Motos. Parece ser que aireando esta guerra de malos quereres llevan días y pueden pasar meses hasta que cese el bombardeo de insultos y la Pantoja se siente en el sillón de Sálvame para hacer las paces con Jorge Javier, firmar el cese de las hostilidades y restablecer las relaciones diplomáticas, todo ello en horas de máxima audiencia.
             A mí estas cosas me causan un desasosiego interior que me tiene en un sinvivir constante. La verdad es que no duermo desde que me enteré de esta desgracia que amenaza con tumbar las columnas que sostienen a esta España repleta de gente que no llega a fin de mes. ¿Cómo es posible que la cantaora ingrata le reproche al presentador de moda que le regalara un perro? Esto se tiene que acabar que los españoles no se merecen este disgusto. España podrida de corrupción y ahora resulta que la pobre Sissi (como la emperatriz) está triste. No importa que sigan saqueando España o que los hospitales se queden sin médicos, lo importante es que Sissi tiene derecho a ser feliz con su dueña la emperatriz de la copla.
             El siguiente acontecimiento interplanetario de la semana es que Donald, no el pato Donald, el de siempre, sino el nuevo Donald, el emperador de América, ha llamado al presidente Mariano Rajoy a fin de darle instrucciones para el correcto funcionamiento de la alianza. Cuentan que antes de producirse la llamada de la Casablanca al presidente Donald, no al pato, le han señalado con un puntero en un mapamundi dónde estaba España, ya que él no sabía si se situaba cerca de Brasil o de Rusia. Por fin entendió que estaba en esa zona del mundo que llaman Europa y que está  llena de calzonazos y cobardes que gastan poco en armamento y mucho en tontadas.  Así que él aprovechó para aconsejar a Mariano que hay que poner más dinero para tanques y menos para que los niños aprendan lo que son los derechos, las libertades y la democracia.
           -Yes, Mariano?- preguntó a fin de confirmar que le había entendido.
           -Yes, president (cuenta Iñaki Gabilondo que respondió Rajoy).
           Claro que como la ocasión la pintan calva (no como Trump que peina flequillo), Mariano aprovechó para ofrecerse como correveidile con América Latina, dada su demostrada trayectoria de hombre dialogante y negociador por lo que es conocido en toda España y, en especial, en Cataluña. Sobre defender el honor de los latinos a los que ha insultado Donald (el presidente, no el pato), no dijo ni mu. Para mostrarse servicial con el emperador de América también se ofreció a ser su edecán en el norte de África y Oriente Medio (de donde llegan los inmigrantes) algo que dejó estupefacto a Donald que le dijo: -Adiós, Mariano, más huevos, Mariano. Y ahí se quedó todo.
           Desasosegada, leo que ha fallecido Tzvetan Todorov, un pensador y escritor búlgaro al que seguramente casi nadie conoce porque jamás ha ido con su perro ni a Sálvame ni al Hormiguero ni a Gran Hermano pero que pasó su vida reflexionando sobre el hombre y el mundo, sobre la vida y la libertad, es decir, sobre tontadas. Decía Todorov, que “la humanidad no puede vivir sin ideales. Si no tuviera más ideales, habría habido una mutación de la especie. Hay momentos de ceguera e inconsciencia, pero uno se puede despertar de esos momentos”.
            En fin, estamos rodeados de tontos y de tontadas confío que de tanta estupidez nos despierten algún día, espero que no lejano, los ideales.

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La que se avecina

No pasa hora sin que alguien invente un nuevo chiste o una chirigota sobre Trump, pero tampoco pasa día sin que crezca la preocupación por la que se avecina. Ha entrado en la Casablanca como Atila en el mundo antiguo, arrasando con todo, agrediendo a pueblos y naciones, destituyendo fiscales generales del estado y defendiendo la tortura. Tampoco se ha olvidado de insultar a la prensa. Intenta asustarla porque él sabe que una prensa libre es un pilar importante de cualquier democracia. En el fondo Trump, aunque obtuvo casi tres millones de votos populares menos que Clinton, es un presidente elegido democráticamente pero que tiene vocación de dictador porque es la “autoridad” ilimitada lo que le apasiona de verdad.
          Trump se ha apresurado a cumplir lo que prometió a unos votantes a los que trata de fidelizar como hacen las grandes marcas con sus clientes. Su política migratoria está apoyada, total o parcialmente, por el 49% de los estadounidenses aunque haya levantado ampollas en el resto del mundo. El Parlamento europeo ha pedido vetar a Ted Malloch, el embajador para la Unión Europea que piensa nombrar Washington, un antieuropeísta que afirma que Europa está acabada. Ya saben, el Imperio como en la Guerra de las Galaxias, siempre contraataca. Ya verán como todo se queda en nada. La respuesta del gobierno de Rajoy es una buena prueba del sometimiento y el compadreo que se va a producir. Los gobiernos conservadores no quieren plantar cara al nuevo líder mundial. Pese al ataque directo a todo lo hispano la respuesta de nuestro gobierno ha sido timorata y miedosa. Ya saben, el Imperio es el Imperio y Mariano Rajoy no pilota el Halcón Milenario, las alturas siempre le han dado pánico.
          El hecho innegable es que en estos momentos Trump está llevando la iniciativa política en todo el planeta, está marcando el paso y abriendo caminos a otros que piensan como él. En Europa, lo que se avecina puede acabar con nuestros principios tradicionales que ya han sido minados en los últimos tiempos. En EEUU, Obama no ha evitado declarar que Trump es un peligro para los verdaderos valores americanos. Se trata de una advertencia pero también de una premonición. Si alguna vez alguien ha creído que Europa podía ser el contrapeso al poder anómalo de Trump o que este rey Sol se calmaría al llegar al poder estaba totalmente equivocado.
             En Europa ahora solamente hay una ideología política en alza: la ultraderecha. Los pilares sobre los que elabora su discurso son sencillos: el ultranacionalismo, el antieuropeísmo y el odio al diferente. Veremos a ver qué ocurre dentro de unos meses en Francia pero si ante los escándalos que rodean al líder conservador, François Fillon y la división palpable de los socialistas franceses, Marine Le Pen alcanza la presidencia o se queda en puertas, será un motivo más para dar alas a una ideología que puede destruir la Europa que hoy conocemos. Desgraciadamente, la socialdemocracia, la única que puede servir de contrapeso, camina sin rumbo hace tiempo. En este panorama resulta muy difícil forjar liderazgos cuando no hay ideas. De momento sólo hay divisiones y enfrentamientos de los que España es un buen ejemplo. Ante este desierto de propuestas los ciudadanos desesperanzados se dejan seducir por quienes, como Trump, afirman combatir a unos poderes que se han dormido en los laureles.
            Este es el momento en el que los líderes conservadores, socialistas o liberales, que han gobernado Europa en estos años de crisis, comienzan a darse cuenta de que ha sido un error gobernar sin escuchar a la calle. Han impuesto unas políticas que han agredido a las clases medias y trabajadoras, han hecho lo contrario de lo que prometieron y ahora llega un excéntrico ofreciendo un paraíso de mentiras y puede contagiar el triunfo a quienes, igual que él, tienen como último objetivo utilizar la democracia para después anularla. Malos tiempos se avecinan.

 

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El rey Sol

El sol continúa saliendo cada mañana y no parece probable que el nuevo presidente americano Donald Trump pueda decretar la oscuridad cuando llega el amanecer. Aunque no se confíen, pudiera ser que el nuevo gabinete esté consultando a los servicios jurídicos y a la NASA la posibilidad de hacer posible que el sol brille sólo sobre América. En realidad ocurre que el nuevo presidente cree que el sol es él. Ha nacido una nueva estrella, un nuevo rey Sol que anuncia un insólito despertar en los Estados Unidos. Trump pronunció un discurso de trazo grueso y frases huecas que, si no se analizan, uno creería estar escuchando a un activista comprometido con su pueblo desde que nació. Explicó que en América había una “realidad muy  diferente: madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestros barrios más deprimidos; fábricas herrumbrosas y esparcidas como lápidas funerarias en el paisaje” para anunciar  la buena nueva de que “el 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país. Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país dejarán de estar olvidados”.
            En fin, palabras tan grandilocuentes como vacías en boca de un hombre que ha hecho su fortuna eludiendo durante años pagar sus impuestos y aplicando unas políticas salariales a sus empleados tan obscenas como su exceso de lujuria, según sabemos. Me alegra que muchas mujeres salieran a la calle después de su toma de posesión para recordarle que el pueblo americano es más variado y plural de lo que él imagina y que ya eran libres antes de que él soñara con la Casablanca.
En cualquier caso estos días tenemos a Donald firmando decretos frenéticamente tras nombrar a un gobierno de hipermillonarios y ultraconservadores que ya veremos adónde conducen la nave americana. El nacionalismo político y el proteccionismo económico parecen la solución más fácil, eso de nosotros primero y siempre nosotros suena bien pero luego los problemas son más complejos y en el imperio de Donald también se pone el sol. No lo duden, al rey Sol el anochecer le alcanzará.
            Mientras Trump vive momentos de estrenada euforia prometiendo una América nueva, próspera y fuerte, poblada de patriotas y vedada al inmigrante, en nuestra vieja Europa también los líderes de la ultraderecha han recibido con indisimulada alegría su llegada. Estos días se han reunido la francesa Marine Le Pen (Frente Nacional), el holandés Geert Wilders (Partido por la Libertad), la alemana Frauke Petry (Alternativa para Alemania) y el italiano Matteo Salvini (Liga Norte). Ellos también hablan de una nueva Europa, de la aspiración de la “libertad de los pueblos” frente a lo que consideran la tiranía de la Unión Europea. Son los mejores aliados de Trump, una Europa débil incrementa sus posibilidades de dominio y una Europa alejada de sus valores tradicionales es la que ha favorecido el fortalecimiento del discurso de la ultraderecha. Según Marine Le Pen, “El patriotismo no es una política del pasado, sino del futuro”, una vez liberados de la “cárcel de Europa”. Si a esto unimos que Putin está en el mismo discurso y que está ganando la batalla, habremos cerrado el círculo del temor.
            Todas las proclamas de estos líderes narcisistas hablan de tiempos mejores y aparentan que los impulsan ideas nuevas pero, no nos engañemos, son los alientos de los viejos totalitarismos que regresan disfrazados de corderos en un tiempo de lobos feroces. La utilización de los sentimientos nacionales frente a enemigos exteriores y del miedo al futuro generado por la incertidumbre de la crisis actual, son la mejor manera de engañar a los ciudadanos. Así ha sido desde que el mundo es mundo. No caigamos en la trampa, el pasado se disfraza de nuevos tiempos, pero es el pasado. Trump terminó su discurso con el consabido “que Dios bendiga a América”, solamente a América y nada más que a América. Yo desconozco si Dios está en estas cosas pero yo me conformo simplemente con que al resto del mundo no nos maldiga.

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Huérfanos

Desde que Rajoy quedó instalado en la Moncloa en octubre de 2016 una ola de desaliento invadió a más de 10 millones de votantes de izquierda en este país. Estos últimos meses nadie ha devuelto a tanta gente defraudada ni una chispa de esperanza. La izquierda española es hoy como un campo minado, cualquier paso en falso puede hacer estallar un incendio. Los votantes contemplan atónitos el  espectáculo.
           En las últimas elecciones muchos depositaron sus esperanzas en una nueva organización, Podemos, que emergió con fuerza encauzando toda la indignación que la crisis económica había generado. Su análisis de las causas de la desgarradora situación que estaban viviendo muchas personas en España, la aparente espontaneidad de su discurso y la fuerza con la que un grupo de jóvenes ponía el dedo en la llaga de las contradicciones de los partidos tradicionales los llevó al Parlamento europeo y después al de España. Su transformación en un partido, aunque ellos se proclaman un movimiento social, ha chocado contra la tozuda realidad. Hacer política no es fácil, nunca lo ha sido. Hoy es un oficio muy desprestigiado por la propia clase política pero lograr la sintonía y la complicidad de un amplio espectro social es un reto más complicado de lo que algunos creían.
           La piedra en la que ha tropezado Podemos es la misma en la que suelen hacerlo todos: las disputas internas. La izquierda es especialista en este deporte. Siempre consiguen que de la pelea que se libra en su seno se entere todo el vecindario. En eso están ahora en Podemos. Iglesias y los suyos creen que hay que dar miedo a las élites y para ello el campo principal de actuación ha de ser movilizar a la calle. Errejón opina que la base social de un partido tan plural sólo puede crecer ampliando los sectores a los que se dirige, sin olvidar la política institucional puesto que ahora sus votantes los han colocado en los parlamentos. Aunque las luchas internas siempre son por el poder, si no superan las diferencias pueden terminar por diluirse como un azucarillo en su propio caldo y convertirse en un partido residual. Mantener a la calle en constante tensión, como si se fuese a tomar la Bastilla cada mañana, se me antoja un objetivo bastante complicado en un país que ha soportado grandes sacrificios y recortes de derechos y, sin embargo, ha vuelto a confiar y a votar a aquellos que se los impusieron.
            El PSOE por su parte lleva tiempo alimentado la hoguera de la autodestrucción. Demasiado tiempo echando leña al fuego, por eso, pierde militantes, pierde credibilidad y pierde el afecto de su base electoral que se siente abandonada a su suerte. Pese a que queda más amargura que ilusión, muchos votantes fieles siguen esperando un milagro. El PSOE es un partido con demasiada historia para perecer por las ambiciones personales de unos dirigentes que solo sueñan con permanecer en sus cargos porque han hecho de la militancia un oficio y no una forma de contribuir a transformar la sociedad. El resultado es que, dedicados a anular a los adversarios en agrupaciones y comités, a conseguir fieles y mudos seguidores, en vez de a alumbrar ideas y regenerar instituciones han convertido una organización clave en la historia de España en un partido fracturado que ha abandonado a sus votantes.  Parece que va a haber primarias, Susana Díaz se prepara pese a que se ha quemado en la batalla interna. Pedro Sánchez se lo está pensando tras comprobar cómo su estado mayor, es decir, los mismos que le aconsejaron tan rematadamente mal y que lo empujaron al suicidio político se organizan ahora en torno a Patxi López, otro de sus antiguos “aconsejantes”. En fin, ya se sabe que las traiciones son habituales en política, hay especialistas que siempre flotan tras el naufragio. Veremos si se obra el milagro y alguien con fuerza emerge de las tinieblas.
           Confieso una inmensa tristeza. Contemplo el panorama y veo a la derecha asentada en el poder mientras la izquierda se afana en empujar a los suyos al desaliento y los deja huérfanos de esperanza.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.