La Rioja
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Con él llegó el escándalo
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María Antonia San Felipe | 19-09-2015 | 08:02| 0

Con él llegó el escándalo, dirán algunos inmovilistas, aunque lo cierto es que con el papa Francisco llegó un poco de sencillez y cercanía a una Iglesia católica que se alejaba de su feligresía. Hay que reconocer que es un hombre que no deja indiferente a nadie, ni a amigos ni a adversarios. Cuentan que antes de ser papa le gustaba poco ir a Roma y cuando lo hacía, no demoraba su regreso a Argentina. Es lo que tiene Roma, que alberga una nutrida corte de cardenales y personajes influyentes que han controlado el poder de la Curia y que conservan una capacidad de intriga tal que empujaron a Benedicto XVI a renunciar a su mandato papal. Ya se sabe que, a la altura del año 1510, Lutero fue enviado a Roma y el pobre quedó horrorizado cuando constató que, en vez de ejemplo de vida cristiana, el papado y su corte eran un vivero de corrupción y excesos en el lujo y las costumbres. Como reza el viejo aforismo Roma veduta, fede perduta (Roma vista, fe perdida).

La espontaneidad de Francisco ha demostrado una capacidad de sintonía con tan variados sectores sociales que ha roto las barreras de la rigidez vaticana y su voz trasciende el orbe católico. Son muchos los gestos que han sido valorados incluso por los no creyentes. Su propensión hacia a los más desfavorecidos, aunque sólo sea como gesto, demuestra su sensibilidad. No tuvo reparos en calificar de “vergüenza” el terrible naufragio en el que perdieron la vida cientos de inmigrantes en Lampedusa. Desgraciadamente es algo que se repite cada día. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro!”, ha dicho el papa Francisco, con evidente sentido común.

Hoy, ante el nuevo drama de la llegada masiva de refugiados que huyen de la guerra en Siria, Irak o Afganistán, el papa Francisco ha cogido con el pie cambiado a unos dirigentes europeos, mayoritariamente católicos, pidiendo a la totalidad de la Iglesia que se movilice para acoger refugiados porque la tragedia es inmensa. De nuevo es evidente la falta de voluntad común de Europa para afrontar un problema que hace tiempo se anuncia. Es asombrosa la demora de los gobiernos de la Unión Europea en la toma de decisiones efectivas, algo que contrasta con la voluntad solidaria de sus conciudadanos. Hay que reconocer que Merkel, aunque sea presionada por sus socios bávaros y tratando de no perder la estabilidad de su gobierno, ha sido la más generosa y más realista del total de los dirigentes de la Unión en las medidas a adoptar.

Es escandalosa la postura del presidente húngaro, Viktor Orbán, que lleva días afirmando que “la cristiandad europea prácticamente es incapaz en la actualidad de mantener a la Europa cristiana”, alusión inequívoca a la condición mayoritaria de musulmanes de los que huyen. No conviene olvidar que son personas, ni tampoco que fuerzas kurdas y cristianas en la provincia nororiental siria de Al Hasaka están luchando para contener el ataque del grupo terrorista Estado Islámico (EI). El gobierno húngaro al construir, con presos comunes, una valla con cuchillas (made in Spain) para impedir el paso de gente pacífica y hambrienta que huye asustada buscando el derecho de asilo, al lanzarles gas pimienta y tratarlos como delincuentes está incumpliendo los principios fundacionales de Europa, de una Europa que hace tiempo navega perdida y a la deriva. Mientras cínicamente los gobiernos juegan a repartir asilados como si fueran mercancía en descomposición al Papa le han preguntado: ¿Hasta cuándo habrá que ayudar? -Hasta que Dios quiera, ha contestado. Los dirigentes europeos negándose a afrontar el problema con la cobardía habitual que produce el cálculo electoral pueden convertir la frontera en un cementerio. A lo mejor, querido Francisco, los hipócritas notables de Europa están esperando a que tú bendigas su indecisión o a que San Juan baje el dedo.

 

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En la orilla
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María Antonia San Felipe | 12-09-2015 | 06:15| 2
Cuando Aylan Kurdi se deslizó de las manos de su padre se sintió, por primera vez en su vida, solo. La fuerza del oleaje capturó su cuerpo, con la cabeza sepultada vio que miles de niños, mujeres y  hombres, con sus ojos perdidos en el dolor, alfombraban el fondo del mar. Allí no llegaban las bombas ni el ruido brutal de las explosiones, en la obscuridad de ese lugar frío y salobre sólo descubrió el silencio que proporciona el olvido. Por eso Aylán tuvo la fuerza, ya solo y perdido como estaba, de pedir al mar que lo dejara en la orilla para mostrarnos la crudeza de una guerra y un drama que sabemos que existe pero que no queremos ver. Cuando, en la playa de Bodrum, el guardacostas tomó a Aylan entre sus manos sintió el deseo de acunarlo, llevarlo contra su pecho como hacía con su hijo. La fragilidad de su imagen es la más dura y merecida bofetada que han recibido nuestras conciencias por volver la espalda a tantos países cuya población sufre las consecuencias de guerras promovidas por ambiciones, odios y religiones.
Sin la tragedia de Aylán y su familia el drama de los refugiados se hubiera acomodado en nuestro apacible salón del olvido. Aylán ha movilizado nuestras conciencias y la presión de la vergüenza que hemos sentido ha hecho que nuestros gobiernos comiencen a plantear fórmulas de acogida que antes negaban. Esta guerra no se inició ayer pero se ha ido complicando de tal modo que ahora el tirano Bashar al Assad, hijo de otro déspota, pueda convertirse en aliado de occidente. Allí combaten unos contra otros, crece el Estado Islámico y se multiplican las facciones en lucha mientras la población civil trata de proteger la vida de sus familias. Las dictaduras teocráticas del Golfo Pérsico, los ricos países del petróleo, no quieren acogerlos, pese a ser sus hermanos, para que no contaminen sus sistemas políticos. En Europa llevan meses hablando del reparto de cupos mientras la muerte y el sufrimiento pueblan Siria y la gente huye hacia las fronteras. Ahora, de repente, la mayoría de los gobiernos han aceptado un número de refugiados que antes les parecía imposible de acoger. No es la primera vez que la población europea va por delante de sus dirigentes.
En España hemos asistido a un espectáculo delirante. El ministro del Interior se excusaba de acogerlos preocupado por la posible infiltración de yihadistas. En fin, el riesgo existe siempre pero es un endeble pretexto. El ministro de Exteriores, además de aconsejar negociar con Bashar al Assad, ha tenido el escaso tacto de expresar que la decisión dependía de los dineros que puediera rebañar del presupuesto el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Es como si cuando se declara un incendio en el piso de al lado se tuviera que reunir la comunidad de propietarios para decidir si es económicamente rentable aportar el agua de sus casas para sofocarlo. Ahora dicen que a España le corresponden 14.931 personas, a mí me sorprende la precisión numérica del reparto cuando nadie sabe a ciencia cierta cuál es la dimensión del drama. En cualquier caso es de agradecer que muchos municipios, organizaciones no gubernamentales o la propia Iglesia católica hayan proclamado la necesidad de la solidaridad entre iguales y hayan decidido ofrecer ayuda y medios de acogida. En el ciclón de temor a la inmigración que recorre Europa y que está agitando el fantasma del racismo, no es bueno, como están haciendo algunos, confundir inmigrantes con refugiados que huyen de la guerra, la represión y la muerte. Nosotros como país tampoco podemos olvidar nuestra historia. A comienzos de 1939 hacia Francia salieron más de 450.000 españoles, les fue negado el estatuto de refugiados y fueron recluidos en campos de concentración improvisados donde sufrieron todo tipo de penurias. Años más tarde muchos de estos españoles integraron la Resistencia francesa contra los nazis. La historia está llena de contradicciones pero nuestro corazón no debiera tenerlas para ayudar a otros porque algún día, aunque hoy te parezca imposible, el necesitado de auxilio puedes ser tú.
 
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Al levantar la vista
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María Antonia San Felipe | 07-09-2015 | 15:27| 0

“Habrá un día en que todos/al levantar la vista/veremos una tierra/que ponga Libertad”. Esta canción de Labordeta tejió muchos sueños allá por 1975. Mientras la cantábamos las cosas cambiaban y, digan lo que digan, nos sentimos orgullosos de la reinstauración de la democracia en España. Lo cierto es que se sumaron muchos entusiasmos colectivos, esa es la razón por la que somos multitud quienes estamos estupefactos de los derroteros que ha tomado la política española. ¿Cuándo fue que se fastidió todo?, nos preguntamos. Yo creo que la respuesta es compleja pero a la vez muy simple: todo sucedió cuando nos desentendimos de participar, de sentirnos parte protagonista del sistema, cuando dejamos de vigilar lo que pasaba con la gestión de nuestros impuestos, cuando se generalizó que pasábamos de política y de políticos.

Mirábamos sin ver, oíamos sin escuchar lo que sucedía a nuestro alrededor y subidos a la ola de la burbuja económica dejamos de dar importancia al valor real de las cosas. Fue nuestro desinterés el que hizo que una parte de la clase política creyera que todo el monte era orégano y muchos espabilados fueron escalando hasta gobernar nuestros ayuntamientos, comunidades, diputaciones y ministerios. Para algunos, sobre todo en los inicios de esta democracia, la política era la forma de dar voz a la ciudadanía aunque, para otros, se convirtió en el procedimiento más rápido para forrarse y escalar socialmente. Se olvidó el carácter ocasional de la dedicación política y la provisionalidad de los puestos. La política en el interior de los partidos relegó el debate ideológico hasta convertirse en una batalla para mantenerse en un puesto público bien remunerado. El objetivo se conseguía desde la subordinación a los aparatos de los partidos, que seleccionaban candidatos por fidelidad y pago de lealtades, no por capacidad. También creció la mala hierba y algunos se dedicaron a incumplir no sólo códigos éticos, sino a bordear la delincuencia practicando la prevaricación, el tráfico de influencias y la obtención de prebendas. Así hemos llegado al punto en el que estamos.

Ahora que se llama radical a cualquiera, es bueno recordar que radical simplemente es el que va a la raíz de las cosas, a la fuente del problema. Por eso ha llegado el tiempo de ser radicales en la exigencia de responsabilidades. Cada uno debe asumir su parte: lo políticos las suyas y los ciudadanos las nuestras. No puede consentirse la corrupción pero para erradicarla hay que extirpar la cepa dañada de cuajo desde dentro de los partidos y desde la sociedad con la fuerza del voto. Además, los partidos deben cuanto antes modificar el sistema de selección de candidatos e instaurar las listas abiertas, los sistemas de control deben ser independientes y el poder judicial no puede estar intervenido por el poder político.

Hay una clase política que ha defraudado, sí, pero no todos los políticos son iguales, ni son parecidas las motivaciones para dedicarse a la función pública. Es obvio que no puede construirse un sistema democrático sin políticos. La democracia da voz al que no la tiene y nos iguala más allá de la clase social a la que se pertenezca. El problema es que la democracia se está pervirtiendo en toda Europa. Cada vez es más evidente la soberanía de los poderes económicos y de sus vasallos, por eso es imprescindible recuperar la política para ponerla al servicio de la mayoría de la población. Si algo parece que comienza a cambiar es porque una parte muy importante de la ciudadanía ha decidido volver a participar y exige una forma de ejercer la política más pegada a la calle que a los centros de influencia económica. En este nuevo tiempo se buscan políticos que tengan algo que aportar, que armonicen lo que hacen y lo que dicen, con pasión por lo común y altruismo en la dedicación. La democracia tiene errores pero secuestrarla es el mayor de los castigos para un pueblo que se quiere libre. Ha llegado el día de volver a ser protagonistas y participar. Es la hora de volver a levantar la vista para reformar nuestra democracia y consolidar nuestra libertad.

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El balneario
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María Antonia San Felipe | 29-08-2015 | 07:32| 0

Nada es lo que parece y casi nunca nada sucede como se planifica, la vida no son matemáticas, todo depende de una variable de imprevisible comportamiento: el factor humano. Las grandes utopías de la humanidad se hubieran logrado si el comportamiento humano obedeciera a reglas precisas, pero las pasiones, generalmente las más bajas, gobiernan el mundo. Si reflexionamos sobre el momento actual concluiremos que si la clase política hubiera sido como el pensamiento utópico lo imagina, es decir, un colectivo de hombres buenos y sabios seguramente no estaríamos ante el proceso degenerativo en el que nos encontramos, pero, en todas partes y en España también los políticos son el espejo de la sociedad y ciertamente este tópico no está falto de verdad.

            La conquista de la democracia en España nos trajo el espejismo de que todo iba a ser perfecto pero, el devenir del tiempo nos ha demostrado, que los espabilados siempre acaban traspasando las barreras logrando sus intereses antes que velar y defender los nuestros. Eso de que la política está para servir y no para servirse es una frase muy bonita generalmente en boca de quienes más la han pervertido. La lista de corruptos es tan larga, tan amarga, que casi me da pereza hablar de la basura que ha socavado los pilares del Estado y a prácticamente todos los partidos. Pero más allá de esta lacra existen otras formas de pervertir las instituciones usándolas para fines que no son los previstos. El Senado es un buen ejemplo.

Según el artículo 69 de la Constitución iba a ser la cámara de representación territorial, pero lo cierto es que en la actualidad se ha convertido en un confortable balneario. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es su función, llevamos años alumbrando una reforma que jamás llega. En sus casi treinta y siete años de existencia ha servido especialmente para acoger a políticos amortizados en sus territorios, que han perdido las elecciones, están a un paso de la jubilación o fueron algo en el pasado. Experiencia tienen, eso es indudable, pero dudo que tengan ilusión para cambiar la decepcionante política actual y mucho menos para emprender la batalla de la transformación de una institución que sólo existe como agencia de colocación o como premio a los servicios prestados. Desgraciadamente en esto se ha convertido el Senado y después de las últimas elecciones lo hemos visto meridianamente claro.

En el Senado/balneario igual podemos encontrar a candidatos que perdieron las elecciones como Oscar López (Castilla-León), Francisco Martínez Aldama (La Rioja), Javier Arenas y Juan Manuel Moreno Bonilla (Andalucía) que a ex presidentes autonómicos como Juan José Lucas (Castilla-León), José Montilla (Cataluña), Marcelino Iglesias (Aragón), Joan Lerma (Valencia), Francesc Antich (Baleares). A este destacado elenco acaban de unirse Alberto Fabra (Valencia), Luisa Fernanda Rudi (Aragón), José Ramón Bauzá (Baleares) y Pedro Sanz (La Rioja), sin olvidar a destacados alcaldes que han sido relevados como la inefable Rita Barberá.

El Senado sirve para quitarse a alguien de encima, como retiro dorado o cómo pago de favores o silencios. Hoy es una puerta giratoria más, eso sí, nos cuentan que al servicio del pueblo. A nuestro alrededor si Juan o María, Paco o Carmen son despedidos o concluyen sus contratos se van al paro y al día siguiente vuelven a buscarse la vida sin pasar por ningún balneario. No entiendo cómo, si nada en la vida es eterno, la dedicación política debe perpetuarse hasta la jubilación. Los políticos tienen derecho a la excedencia en sus puestos de trabajo y no es ningún deshonor volver a ellos. Así lo han hecho Rubalcaba y algunos otros. Es difícil, a veces es duro, pero la dignidad es ser coherente con lo que se predica. Por tanto, o se transforma radicalmente la función del Senado y se pone al servicio de la ciudadanía o lo que procede es  cerrar el balneario.

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La maldición bíblica
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María Antonia San Felipe | 22-08-2015 | 06:05| 0

A veces sus señorías nos sorprenden y en este verano de calores fluctuantes han conseguido abrumarnos con una actividad frenética en el Congreso de los Diputados. Seguramente quieren que olvidemos esos pantallazos de televisión con el hemiciclo vacío. En este caso el asombro es inmenso porque se han reunido para aprobar el tercer rescate a Grecia. ¿Es esto raro?, pues yo diría que extrañísimo por lo inhabitual, ya que el gobierno de Rajoy se negó a debatir en el Congreso el rescate a la banca española que, además de costar una barbaridad de miles de millones, ha supuesto una poda salvaje a nuestros derechos, a los servicios públicos y a nuestra dignidad como ciudadanos. Por tanto, si el gobierno ha querido ir al Parlamento es porque este debate forma parte de la campaña electoral ya iniciada.

El objetivo de este cónclave veraniego no era aunar posturas sobre la contribución española al rescate de Grecia sino amplificar el mensaje sobre lo que puede ocurrirle a España si abandona la senda de la cordura y sus ciudadanos en vez de seguir votando a Rajoy y sus muchachos, deciden votar a otros. Nos ponen ante el espejo griego, a cuyo gobierno han pasado por el barro antes de hacerle pasar por el aro. Tomen ustedes nota, nos han dicho, sepan quien manda en Europa y, ni en sueños, se les ocurra pensar que lo hace el pueblo soberano.

Mientras esto ocurre el gobierno de Syriza, siguiendo el mandato de Bruselas para el tercer rescate, acaba de adjudicar la gestión de 14 aeropuertos, entre ellos los más turísticos Mykonos, Rodas, Santorini y Tesalónica,  a la sociedad alemana Fraport AG, que gestiona el de Francfort, por 40 años y un importe de 1.234 millones de euros. Sin olvidar que, como ha hecho público recientemente el Instituto alemán para la Investigación Económica de Halle (IWH), Alemania habría ahorrado desde 2010 más de 100.000 millones de euros (más del 3% del PIB) por la caída de la rentabilidad de los bonos alemanes, algo que está directamente relacionado con la crisis griega. Ya saben que siempre hay quien gana con la desgracia ajena y casi siempre son los mismos. Antes se invadían los países con tropas ahora se colonizan sus economías y se sustrae su libertad esclavizando a sus pueblos. Aunque Alemania no es la única responsable de la deriva que está tomando Europa sino de aquellos que, obedientes y silentes, acatan directrices contrarias muchas al bienestar comunitario de sus pueblos y del conjunto de la Unión Europea que está sumida en una crisis política y de valores más profunda de lo que parece.

Respecto a lo que se avecina en España, el ministro de Exteriores, siempre tan locuaz, ya ha lanzado su predicción para “acongojar” al personal. “Un pacto entre PSOE y Podemos sería una catástrofe de dimensiones bíblicas”, ha declarado. Es decir, que si las plagas de Egipto ya han asolado España, a costa de nuestra sangre (no olviden que en la primera plaga el agua se convirtió en sangre), si hemos soportado la de las ranas, la de los mosquitos y la de langosta, en forma de paro, corrupción y rebajas salariales, ya sólo nos falta que se nos anuncie la llegada del Anticristo que, según la hipótesis de García Margallo, tiene rostro de Pablo Iglesias, cuerpo de Pedro Sánchez y, a lo mejor, manos de Alberto Garzón. No descarten que la piel de toro se abra de cuajo y el terremoto sepulte a España en la lava de un nuevo volcán, vade retro Satanás.

En fin, que se anuncian tiempos de exageraciones sin cuento. El populismo, según el PP, es una enfermedad contagiosa. No debe serlo prometer tres millones y medio de empleos, un millón de empresarios nuevos y una bajada de impuestos en la anterior campaña electoral. Como la palabra populismo no está en el diccionario de la Real Academia debe ser que cada cual la interpreta como quiere. De lo que no hay duda es que mentir es hoy en día una moda muy popular.

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La escopeta nacional
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María Antonia San Felipe | 15-08-2015 | 06:30| 0

Que el poder de la influencia es la columna vertebral de esta España nuestra, no es una hipótesis sino una realidad que ha alcanzado su clímax en estos dorados años de la corrupción y el ladrillo. La entrevista del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato imputado, entre otros, por delito fiscal y blanqueo de capitales e investigado por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional y por la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil, evoca el asunto de fondo de la película de Berlanga, La escopeta nacional. En ella, el inefable José Sazatornil, Saza, representa al empresario que trata de colocar porteros automáticos al ministro de Industria en una cacería pagada por él. Aquí la película es más burda, no hacen falta excusas, la camaradería del pasado armoniza muchos intereses así que tras el abrazo, pues directamente al grano y al despacho oficial. Dice el ministro que se reunieron para hablar de los viejos tiempos y Rodrigo Rato afirma que hablaron de lo que le está pasando. Lógico. Cuando alguien tiene problemas siempre recurre a la familia o a los amigos. Así que a la imprudencia del ministro hay que añadir la clamorosa mentira, sin olvidar que una vez más nos toman por idiotas.

            Lo asombroso será que los presuntos delitos del exmejorministro económico de la democracia no se volatilicen en la atmósfera de compadreo que reina entre Rato y sus compañeros. Tiempo al tiempo, si esto no termina con el ministro del Interior condecorándolo a juzgar por las declaraciones de otros dirigentes del PP amigos del imputado, como Javier Arenas o el portavoz en el Congreso, que no rechazan la idea de recibirlo en sus despachos. Esta estrategia obedece a que todos ellos saben que favor con favor se paga y seguramente hay deudas del pasado pendientes. El ministro comparece hoy y, si hacemos caso a Rajoy, no habrá novedades. Bien sabe él lo que han pactado, aunque nosotros nunca lo sepamos. Fernández Díaz tiene ante sí un papelón porque su versión es increíble y su posición insostenible. Esperemos que la Virgen del Pilar ilumine al irreflexivo ministro porque es todo tan sorprendente como imaginar que le ha ofrecido la dirección general de la Guardia Civil. Ya puestos a desvariar, ¿por qué no? Se ha metido en tantos charcos que, el autor de la Ley Mordaza, es el ministro del Interior peor valorado de la democracia.

            Por eso, lo más seguro es que antes de recibir a Rato el ministro llamara a Mariano a Moncloa, no fuera a jugarse el puesto. El presidente le diría: -Jorge, aplaca sus iras, que esté tranquilo, igual que con Luis Bárcenas. Sobre todo, le ordenó que se enterara de si Rato, contaba con munición, no fuera a soltar una bomba informativa que pudiera comprometerles, algo de lo más inconveniente en plena campaña electoral. Ya se sabe que los lobos y los vampiros se reconocen entre ellos y se respetan. Cada uno marca su territorio: tu no me atacas y yo tampoco. Porque seguramente Rodrigo Rato cuenta con información económica y fiscal sensible de sus queridos compañeros. Es decir, que la reunión se celebró por el interés de ambas partes, de otro modo resulta inexplicable la torpeza escandalosa de la misma. Rato busca salir indemne del procedimiento judicial tanto como el gobierno y el PP precisan de su silencio. Pueden caer todos o salvarse entre ellos. Ese es el meollo de la cuestión y no otro. Ya sabemos que en política no hay amigos, todo lo más, conjunción de intereses y en estos momentos lo principal para el gobierno es que no se mueva más el lodazal de la corrupción. Fernández Díaz debiera haber dimitido ya, pero ¿para qué? Mariano se lo habría dejado claro: -Tú tranquilo, es una tormenta de verano. Ya estamos subiendo en las encuestas. En España nunca pasa nada, ya nos han perdonado cosas peores así que entenderán que salvemos a Rato, a fin y al cabo, es uno de los nuestros.

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De color de rosa
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María Antonia San Felipe | 08-08-2015 | 06:41| 0

Si todo lo que reluce no es oro, este verano no es azul (como el de Chanquete) sino de color de rosa. El gobierno quiere que pasemos un verano feliz. Mariano ha ordenado que sólo nos den buenas noticias antes de las elecciones, que sintamos que tocamos la felicidad con los dedos. Lo importante no es que las cosas vayan bien sino que nos lo parezca. Ya se sabe que de ilusión también se vive, aunque no se coma. El paro baja en 74.000 personas, el mejor julio que se recuerda. Nos dicen que es un dato histórico sólo superado por el descubrimiento de América. Montoro es, al fin y el cabo, como Cristóbal Colón. ¡Qué majo!, nos ha presentado los Presupuestos Generales del Estado a ritmo de samba, como si estuviéramos todos tomado el vermut en el chiringuito de la playa. Los fuegos artificiales se han disparado a la luz de la luna vista desde el hielo del gin-tonic. Hay regalos para todos: subida de sueldo a funcionarios, ayer vapuleados e insultados, anuncios de inversiones en todas las Comunidades Autónomas, previsión de un crecimiento del 3%, bajará el paro, también la deuda y seremos felices. Pero Montoro, un lenguaraz que vive en el país de las Maravillas, ha ido más allá: si somos buenos y votamos al PP y no a esos locos que andan por ahí prometiendo el oro y el moro, Mariano nos bajará los impuestos y con el impreso de la declaración de la renta nos regalarán una piruleta para endulzarnos la vida. ¡Qué felicidad! Dice Montoro que el sacrificio ha merecido la pena aunque hayan esquilmado todos los servicios públicos y cerrado los ojos a corruptos y maleantes, que al fin y al cabo, todos eran de los suyos, ¿quién no ha hecho una trastada en su vida? Olvídenlo.

Con distancia se ven mejor las cosas, así que, el Financial Times, el breviario de la city financiera londinense, ha sido más preciso en la descripción de la realidad española. Resume la recuperación con toda precisión: “Los trabajadores pobres son una realidad en España ahora”, “El precio de la reactivación económica es más trabajadores con contratos precarios”, “En junio, por ejemplo, casi uno de cada cuatro nuevos contratos duró una semana o menos. En 2007, era uno de cada seis. En el mismo período de tiempo, la duración media de los contratos cayó de 78 a 52 días”. “Los salarios han disminuido en todos los ámbitos, pero especialmente para quienes se ven obligados a moverse en el sector temporal”, que ganan un “48% menos que antes”. En definitiva que es tal la sed de trabajo y la necesidad de obtener ingresos  que “sean cuales sean las condiciones, todas las vacantes se llenan”.

            Al tiempo que Montoro hablaba de una España que no existe, María conseguía un trabajo de limpiadora de hotel, a jornada partida, sin descanso semanal, durante el mes de agosto y la promesa de septiembre por el salario mínimo (648 €), eso sí, exigen conocimiento de inglés. A Alberto, ingeniero superior y varios másteres, le contratan los fines de semana para reforzar la terraza de un bar de copas en la costa mediterránea, exigen francés e inglés y, si es posible, algo de alemán. Le pagarán 285 €, propinas aparte. Mientras, en París, José Ignacio Wert, un ministro de Educación que ha gobernado desde la soberbia, estrenaba su flamante cargo de embajador en la OCDE en una recepción de alto copete.  Le acompañaba su esposa, que ya había sido recolocada con elevado sueldo y privilegios en el mismo organismo, tomó una copa de champán y ante el resto de autoridades allí congregadas se permitió bromear:

            -Brindo por España, que ya es la locomotora de Europa.

            Ya saben que en este país de apariencias lo que prima para escalar a lo alto del escalafón político no es el mérito sino el poder de la influencia. Por eso, mientras unos sudan la camiseta a tiempo completo por 700 €, otros pasan su luna de miel a todo lujo en París pero, eso sí, sacrificándose por amor a España.

 

 


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Las putas y los pobres
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María Antonia San Felipe | 01-08-2015 | 06:23| 0

El sol sale cada mañana, no es novedad sino la constatación de la perfección minuciosa de un cosmos que no comprendemos totalmente. Con el amanecer, también llegan las noticias a los quioscos. En este caso sí que hay que tener cuajo para abrir el periódico y no asombrarse, salvo si a uno hace tiempo que el vampiro de la indignación le ha vaciado las venas. Hagamos la prueba:

Prueba 1: El ex directivo del BBVA Ángel Cano, de 54 años, cobrará una renta vitalicia de 1,79 millones de euros brutos al año (5.000 € diarios), tras salir de la entidad. En 2014 cobró 3,89 millones (11.000 € al día). En total se va con 45 millones.

Prueba 2: Desahucian a un parado en vivienda de alquiler en La Virgen del Camino. La plataforma Stop Desahucios denuncia que el desalojado se encuentra en paro desde hace dos años y en la actualidad sólo está cobrando la Renta Garantizada.

Prueba 3: Los mossos d’esquadra detienen al notario Enrique Peña y al abogado Francisco Comitre, acusados de estafar a más de medio centenar de ancianos a través de préstamos hipotecarios y créditos, con cláusulas abusivas. Una veintena de ellos fueron desahuciados.

Prueba 4: La banca europea evade cientos de millones en impuestos en paraísos fiscales. Y los cinco primeros del ránking (Royal Bank of Scotland, Deutsche Bank, Rabobank Group, Standard Chartered y Barclays) están entre los mayores beneficiarios de las descomunales primas de riesgo aplicadas a Grecia durante la crisis financiera global, en la que alguno de ellos fue rescatado con decenas de miles de millones de las mismas arcas públicas a las que ahora defraudan.

Prueba 5: El diputado madrileño y ex alcalde de Valdemoro, José Miguel Moreno, implicado en la trama Púnica, le dice al empresario Marjaliza: “-Me voy de vacaciones, prepárame la pasta, que me hace falta”. Y añade: “-Vengo aquí a no hacer nada y a llevarme la pasta”, en alusión a su trabajo en el Parlamento. Su teniente de alcalde, sobre las adjudicaciones a dedo, se expresa así: “-Va a ser la empresa que este señor traiga, que me suda la polla el nombre”.

Prueba 6: Multadas con 600 euros mujeres que ejercían la prostitución en la conocida Colonia Marconi de Madrid, en aplicación de la nueva ‘Ley Mordaza’. Las trabajadoras sociales de las ONG recuerdan que detrás de la prostitución está la trata, la explotación sexual, el abuso y la violencia ejercida por mafias.

Repasadas las noticias es posible que usted comience a dar alaridos y a soltar palabras que no están en el diccionario, pero yo le aconsejo que se tranquilice. Le recuerdo que la sanidad pública también nos la han saqueado y no podemos ir todos a urgencias con el ritmo cardíaco alterado porque nos acusarán de querer colapsar el sistema promoviendo largas filas con enfermedades ficticias.

Tampoco enchufe el televisor pues sólo verá a ministros jurando que vivimos en lo mejor del mundo mundial y del universo conocido. Después ellos se irán a comer con alguno de estos señores de salarios astronómicos para diseñar conjuntamente como nos sujetan por los cataplines para que no nos sublevemos, porque el que no trabaja es porque no quiere. ¡Ya está bien de subvencionar vagos! También aparecerán en la tele otros portavoces gubernamentales aparentando que se avergüenzan de algunos que, como el diputado José Miguel Moreno, creen que el primer objetivo de la política es forrarse a costa del dinero de nuestros impuestos vía comisiones y mordidas. No confesarán que se sentaban a su lado y que estos sobornos, iban y venían, hace sólo unos meses cuando la ciénaga de la corrupción hacía tiempo que parecía un lago que se transformaba en océano. Intuyo que, con su extraña manera de concebir el mundo, estos mismos parlanchines tratarán de convencernos de que la culpa de todo es de las putas y los pobres por elegir esos oficios.

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El reto
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María Antonia San Felipe | 25-07-2015 | 06:48| 0

En el esplendor de la noche, cuando la luna está llena, tienes la impresión de poder tocarla con la mano aunque se encuentre a 384.000 kilómetros. Una tontería de distancia si pensamos que mucho más lejos se encuentran los gobiernos de Barcelona y Madrid estando mucho más cerca. Ellos hablan pero no se escuchan, sólo se vigilan. Parece que se han retado a un duelo, dándose las espaldas avanzan diez pasos con los revólveres cargados para dispararse. Quizás sólo uno de ellos gane pero también pudiera ser que se destruyan mutuamente. Lo único seguro es que seremos todos nosotros, catalanes y españoles de a pie, los que saldremos perdiendo.

El supuesto líder catalán, Artur Mas, lleva tanto tiempo dando vueltas a la rotonda de sus delirios que en el mareo del pánico ha conseguido una muleta para no desplomarse. Así que Oriol Junqueras actúa de lazarillo y juegan a repartirse las uvas trampeando como en el cuento. Dado que el padre primigenio de la independencia catalana, el exhonorable Jordi Pujol no puede actuar de padrino, por encontrarse malherido y expuesto al insulto en el centro de la plaza de Cataluña, Artur Mas y su lazarillo han tenido que recurrir a lo que denominan la sociedad civil para presentarse en público con cierta pulcritud. Deben considerar que, tras el saqueo pujolista y de sus élites, los profesionales de la política están tan desprovistos de credibilidad que precisan de savia nueva. Han recurrido a un expolítico de la izquierda ecologista, Raúl Romeva y al antiguo entrenador del Barça, Pep Guardiola y se han reunido, vestidos de fiesta, en el Museo de la Historia, tratando de pasar a ella como los forjadores de una patria catalana independiente de España. Han cuidado todos los detalles, como en una boda. La proclama no deja lugar a error, “vamos a por todas”, “lo haremos, aunque España no quiera. Cuando tengamos todo el plan de desconexión con España hecho, declararemos la independencia”. De Europa no dicen nada, porque Europa no nació para levantar fronteras sino para ignorarlas.

Al otro lado del escenario encontramos al supuesto líder del gobierno español. Rajoy como siempre ni se inmuta. Aquí nunca pasa nada hasta que el incendio llega a las puertas de Moncloa, como con Bárcenas. Según el presidente nadie debe preocuparse porque su gobierno “está preparado para cualquier problema que pueda surgir en el futuro”. No sabemos si se refiere a que al final de la película siempre llega el séptimo de caballería o está ensayando algún truco de magia. Lo cierto es que este serial comienza a ser un despropósito, hay una crisis del modelo de estado y por eso hace tiempo que debiera haberse cogido el toro por los cuernos. No se soluciona un problema diciendo que no existe, la desidia puede terminar en gangrena y ambos están jugando con fuego. Rajoy cree que haciéndose el duro ante Mas gana terreno ante sus votantes y el catalán tras haberse echado al monte piensa lo mismo respecto a los suyos. Lo cierto es que ambos sacan beneficio de este desastre. Ambos creen que aludiendo a los sentimientos podrán ocultar el fracaso de sus gobiernos en materia económica y social, en eso ambos han aplicado iguales fórmulas propiciando una enorme quiebra social. Nadie dice toda la verdad, en realidad ningún partido lo hace. Estamos en un baile de máscaras y al final del mismo veremos qué rostro nos muestra cada uno.

Los catalanes en las urnas van a tener, no sé si la última palabra, pero si una voz importante. Si triunfan los partidos secesionistas, tendrán un arma de difícil desactivación y si ganan el resto de partidos, algunos respirarán aliviados pero no habrá terminado ahí la batalla porque la sociedad catalana seguirá dividida y probablemente la del resto de España también. Hace tiempo que pienso que en vez de odios es mejor impulsar reencuentros. Es malo gobernar desde las vísceras. No olvidemos que, salvo las élites económicas, en Cataluña y en el resto de España el problema más común entre la gente es conseguir llegar a fin de mes.

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Europa en el laberinto
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María Antonia San Felipe | 18-07-2015 | 10:25| 0

Europa se encuentra perdida, girando a toda velocidad sobre sus propias contradicciones. Hasta ahora parecía que el sueño común de una Europa de los ciudadanos, protegidos por una red de derechos, era la fuerza centrípeta más potente para mantenerla unida. Todo ha quedado en una quimera, la crisis económica ha mostrado las grietas del proyecto y, en especial, la fragilidad del Eurogrupo por los errores en la concepción del euro. La desigualdad entre el Norte y el Sur se ha acentuado, igual que la de ricos y pobres en cada país, pero también es evidente la ausencia de contrapeso al poder de Alemania. Durante años el eje franco-alemán consensuó puntos de vista tratando de equilibrar las diferentes visiones del espacio común construido con las porciones de soberanía que iban cediendo los países que la integraban. La democracia era un valor primordial que amalgamaba a todos los países miembros en un proyecto social. Hoy tenemos la impresión de que la democracia vive secuestrada por la burocracia europea del pensamiento único ultraliberal.

La crisis griega va a tener consecuencias para todos. La primera es que los ciudadanos europeos vemos, sin resquicio de duda, quien manda de verdad en Europa. La fuerza de Merkel y de Alemania ha quedado patente por la sumisión del resto. Nadie ha tenido, salvo matices, capacidad para articular políticas distintas. Es este superpoder real, movido por sus propios intereses, el que está resquebrajando el proyecto europeo y el que ha impuesto las políticas de austeridad salvaje a los países más débiles y con mayor índice de paro. España, Portugal e Italia no han sido capaces de buscar una alianza con Francia para tratar de moderar los errores cometidos, que son muchos y que han empobrecido a los ciudadanos del total de la Unión.

Denostamos, con razón, los excesos de liderazgo, por el pernicioso peligro de que deriven en autocracias, pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, los pueblos necesitan líderes y las naciones también. Parece que Alemania los tiene (Merkel y Shäuble), pero el resto no. Tanto Rajoy, Hollande o Renzi están a lo suyo, a preservar sus cuotas de poder interno. Son simples peones de una Alemania convertida en el gendarme de la ortodoxia de una austeridad suicida que está esclavizando a todos los trabajadores europeos, incluidos los alemanes, al yugo del subempleo precario, mal remunerado y sin derechos o simplemente al paro, como en España.

Por eso cuando no hay esperanza es bueno que alguien pelee por encontrarla. Éste parecía ser el caso de Alexis Tsipras que había reunido en torno a él muchas ilusiones de ciudadanos cansados de mentiras. Ya sabemos que una vez David venció a Goliat, pero fue una sola vez y no está claro que el cuento fuera verdad. Esta vez David/Tsipras no sólo ha sido vencido sino humillado ante los ojos atónitos de sus compatriotas y de un elevado porcentaje de europeos críticos con las políticas de la plutocracia europea. David contó con dos aliados, la piedra y la honda, pero Tsipras, ni contaba con armas ni con aliados. El referéndum lo dotó de orgullo pero lo debilitó en la negociación. Los monaguillos de Merkel, que ya se habían rendido sin condiciones hace tiempo, lo consideraron una afrenta, no podían quedar en ridículo ante sus naciones, por eso ha sido destruido. Tsipras ha fracasado ante su pueblo, es un semihéroe que agoniza en la plaza Sintagma. Lo peor es que nadie ha ganado esta batalla. Merkel también está herida, la soberbia mostrada no la cura el dudoso éxito obtenido. Hasta el propio Fondo Monetario Internacional anticipa que el acuerdo puede ser un fracaso en el corto plazo, lo que vuelve a poner en entredicho la estabilidad del euro. A veces lo que parece un triunfo es una tremenda derrota, porque en el fondo estamos ante un enorme fracaso que deja a Europa perdida en el laberinto y a sus ciudadanos en la incertidumbre.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.