La Rioja
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Desde la libertad
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María Antonia San Felipe | 21-11-2015 | 09:05| 0

Resulta difícil sustraerse al impacto de la muerte, del asesinato indiscriminado, del terror sobrevenido, resulta imposible no quedar afectado por la crueldad o sobrecogido por la barbarie. Ante un atentado como el de París, cuyo objetivo, es la matanza de cuantos más mejor, el corazón se para y la respiración se contiene. Lo cierto es que uno, simplemente, se desinfla sin comprender nada. Primero se piensa en las víctimas, inocentes instrumentos del terror, e inmediatamente después uno se pregunta, cómo se acaba con este terrorismo global, transfronterizo y urbano en el que el objetivo es cualquiera, cualquier anónimo ciudadano que va al trabajo o vuelve del mercado.

Tras el dolor súbito, tras la solidaridad, tras los minutos de silencio, tras el multitudinario funeral sólo hay preguntas. Mientras los gobiernos se afanan en la búsqueda de soluciones, todos debiéramos reflexionar sin las urgencias apasionadas del momento. Yo, sinceramente, navego por la incertidumbre. Tengo muchas dudas respecto a la eficacia de las medidas que se están poniendo sobre la mesa aunque no tengo ninguna de la hipocresía europea y occidental. Hace tiempo que sólo nos conmovemos con lo que tenemos más próximo, con lo que consideramos nuestro y nos olvidamos de que en otros lugares del mundo se viven masacres con una frecuencia insoportable. 132 muertos en París, casi 200 en Madrid en 2004 son muchas víctimas pero también lo son las 32 de un mercado en Nigeria el martes y casi no nos hemos enterado ni para guardar un minuto de silencio.

Cuando éramos niños, como escribió el sabio poeta Benedetti, un charco era un océano y la muerte lisa y llanamente, no existía. Sólo cuando pasó el tiempo aprendimos que morían los mayores. El contacto con la muerte era sólo el natural de la vida. En Siria, en una guerra terrible que transcurre por su quinto año, los niños viven entre la muerte. Los más pequeños han crecido entre los bombardeos, no saben cómo se juega en un charco que parece un océano y además sus padres han perdido la esperanza de ofrecerles un futuro más digno que la antesala de la muerte. Yo también huiría si pudiera, yo también sería parte de la marea que se arriesga a elegir entre la muerte segura y la probable, ya que ésta última siempre se antoja más remota.

En esta guerra terrorista auspiciada por el autoproclamado Estado Islámico sabemos, sin lugar a dudas, que está dirigida por el lado más oscuro del mal y que su principal arma es la crueldad. La brutalidad absoluta y el odio, no su país o el Corán, son su principal fuente de inspiración y el miedo que provocan es, hoy por hoy, superlativo. Nos han metido el miedo en el cuerpo hasta confundirnos. Quieren que respondamos con el estómago, cegados por el dolor y con el orgullo como civilización herido, pero debemos combatirlos con la frialdad de la inteligencia. Si queremos salvaguardar los principios básicos de Occidente no podemos anteponer la seguridad (siempre frágil) a la democracia y a la libertad, esto debemos tenerlo claro.

Debiéramos combatir al Estado Islámico desde esos principios, porque sólo los ideales fortalecen y unen a los pueblos. De momento la historia reciente nos enseña que las intervenciones en Afganistán, en Irak, en Libia y el apoyo a regímenes corruptos les han fortalecido a ellos y nos han debilitado a nosotros. Los terroristas se están financiando con la venta de petróleo que alguien compra a bajo precio en el mercado negro o por gobiernos autocráticos con los que mantenemos relaciones hipócritas y que hacen grandes negocios en Europa. Compran armas que alguien les fabrica y les vende. Putin, que no es santo de mi devoción, acaba de denunciar que «la financiación del Estado Islámico proviene de 40 países, entre ellos varios del G-20». Si es así, la gravedad es extrema y de aclararlo también depende nuestra seguridad. Si acabar con los asesinos del Estado Islámico es un fin justo, los medios que hemos de emplear para destruirlo también deben serlo.

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Vuelva mañana
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María Antonia San Felipe | 14-11-2015 | 08:40| 0

-Vuelva usted el jueves.

-Volveré.

Humillado y ofendido, Artur Mas volvió al Parlamento del que salió con las orejas gachas y la dignidad ausente. Yo que él me exiliaba a Andorra. Siempre pensé que los héroes tenían más pundonor y protagonizaban grandezas más épicas que las de anteponer el ansia de poder a cualquier otra consideración colectiva. El héroe permanece erguido aun cuando le flaqueen las piernas. Su humillante petición de votos a la CUP para que in extremis lo elijan presidente quedará escrita, con deshonor, en las páginas de nuestra historia común, a su pesar. Tras dejar su patria al borde del precipicio y a la sociedad catalana rota en dos mitades, sólo le quedaba mendigar para salvarse. Se ha puesto de rodillas ante quienes hasta ahora consideraba antisociales, les ha  pedido al menos unos pocos votos para quedar investido presidente con la legalidad española que, de momento, es la única existente.

            No quería escribir más de este asunto, pero reconozco la dificultad de sustraerse al espectáculo. Esto parece un circo de tres pistas, en el que no te da tiempo a ver las sorpresas que te ofrece cada una de ellas. Si la situación no fuera tan grave, si el desafío no fuera tan irresponsable y tan evidente el enfrentamiento que se está alimentando, la cosa sería como para partirse de la risa.

            Nunca vi una revolución sin líder, ni una proclamación de un nuevo estado sin presidente, claro que tampoco jamás había visto que el padre espiritual de un proceso independentista se pareciera más a Vito Corleone, El Padrino, que a Simón Bolívar o a Nelson Mandela. Como todo va tan rápido es bueno detenerse en los detalles. Mientras el parlamento de Cataluña (constituido con la legalidad española) proclamaba su deseo de desconectarse de España, como si construir un nuevo estado fuera como el milagro de la luz al darle al interruptor, hemos sabido que el hijo mayor de Jordi Pujol repartía entre los hermanos una barbaridad de dinero obtenido con las supuestas mordidas. Como en el Padrino, la familia es lo primero y ya verán como los delitos están prescritos. No nos engañan aunque nos toman por tontos, pero es evidente que la declaración independentista del 9 de noviembre era el primer plazo de las promesas hechas a la CUP a cambio de su apoyo, aunque la consecuencias de tanto desatino están por ver y no fueron valoradas ni por Mas ni por su socios.

           En la tercera pista del circo contamos con la actuación estelar de Mariano Rajoy. Tras avivar el anticatalanismo desde hace años, ha permanecido en el gobierno de brazos cruzados mientras las huestes independentistas se armaban ante su indiferencia. Ahora el presidente ha visto la ocasión de, sin tener que dar saltos mortales (que son muy fatigosos), mostrarse como el salvador y garante de la legalidad española. Ha sido sencillo, ha presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional que obligatoriamente tenía que suspender la resolución independentista. Rajoy, en campaña, trata de convencernos de que, gracias a él, no pasará nada. Y es que, en realidad, nada va a pasar, de momento aún siendo grave lo sucedido. El proceso va a encallar, pese a mantener el desafío, porque no hay gobierno y porque sin legalidad que respalde la proclama independentista es imposible conseguir el reconocimiento internacional ya que Cataluña es parte de un estado democrático y no un país oprimido o devastado como Kosovo.

          Lo más preocupante es que en Cataluña la ciudadanía está dividida, los no independentistas han vivido en silencio durante años confiando en que el sarampión no iría a más, pero ahora esa parte silenciada tendrá que hablar tratando de ser tan protagonistas de su futuro como aquellos que tratan de enmudecerlos. Desde el plano político sería terrible que la irresponsabilidad de unos, el inmovilismo de otros y los intereses electorales de ambos destruyan la convivencia y levanten una frontera donde sólo debiera crecer la fraternidad.

 

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La niebla
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María Antonia San Felipe | 07-11-2015 | 08:06| 0

Cuando estás entre la niebla es tan difícil atraparla con las manos como ver con claridad más allá de tus narices. El otoño trae nieblas y las elecciones también. Nos quedan, por tanto, algo más de cuarenta días de nebulosas. Algunos son verdaderos expertos en la producción de neblinas con el único objetivo, no confesado, de confundirnos. Ahora estamos envueltos por la niebla catalana. Los independentistas están afectados por un ataque de prisa como si la independencia fuera un problema de velocidad y no de normas internacionales. Forzando la maquinaria y sobre todo la legalidad no llega antes la madrugada, al contrario, vulnerando las reglas del juego pueden perder lo que quieren ganar, es decir, apoyo internacional. Hasta el lehendakari Urkullu ve un desatino la declaración unilateral de independencia. La presidenta del recién constituido parlamento catalán violentando el Reglamento de la Cámara no consigue sino deslegitimar su propia autoridad. Por otro lado, Artur Mas y Convergencia están atrapados en sus propias mentiras, además de enfangados hasta el cuello de corrupción. Tiene gracia que en esta materia han conseguido parecerse, como dos gotas de agua, al estado del que quieren separarse. ¡Qué cosas tiene la vida! Cataluña y España han producido tanto corruptos que necesitan además de una limpieza general unos líderes políticos con más altura moral que la mediocridad actual.

En realidad tanto Mas como Rajoy tienen los armarios llenos de vergonzosas renuncias al interés general y de grandiosos altares a sus egos personales y a su instinto de supervivencia. Por eso esta niebla densa de la independencia resulta vital para a un Mas necesitado de algún triunfo de tanta dimensión que pueda ocultar, a un tiempo, la basura que le rodea y su incapacidad como gestor público. Mas ha convertido el nacionalismo moderado de la burguesía catalana al independentismo radical que asusta ya a sus propios correligionarios antes de haberse materializado la declaración unilateral de soberanía que puede convertirse en el anuncio de su funeral político. Por otro lado a Rajoy, como se dice vulgarmente, le ha venido Dios a ver en la antesala electoral y va a sacar jugo de este dislate a poco que se lo proponga. No podemos olvidar que la negligencia de Rajoy respecto de Cataluña ha sido mano de santo para los secesionistas, su inacción ha sido una fábrica de independentistas. Además de invocar a la ley hay una vertiente política que él y su partido se han negado a abordar porque les daba votos en el resto de España. Los secesionistas rezan para que Rajoy utilice el artículo 155 de la Constitución, es decir, la suspensión de la autonomía, para envalentonar a los suyos. Es por tanto la hora de la inteligencia y de la unidad, pero también de la grandeza.

En las conversaciones con los líderes del resto de partidos Rajoy  ha obtenido un respaldo mayoritario de quienes aspiran a sustituirle, aunque no pueden otorgarle un cheque en blanco. El reto de los independentistas es el mayor problema institucional de los últimos lustros. El presidente sólo ha reaccionado in extremis, por eso Rajoy es parte del problema pero no de la solución. Sonando los clarines de la campaña va a ser difícil concretar un plan de acción en estos meses de interinidad gubernamental. Todos han declarado que este asunto quedará al margen de la batalla electoral, pero no es cierto. Una vez que la economía se ha visto languidecer en el segundo semestre y que la legislatura concluye conun paro desbocado y un empleo de baja calidad, el PP precisa recurrir a las nieblas intensas para atolondrarnos. A fecha de hoy, a Rajoy como a Mas, ya solo les quedan las banderas. Veremos a ver si alguno de los dos sobrevive al desafío de sus propios errores, aunque lo importante es que cuando despeje la niebla luzca el sol en toda España.

 

 

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La hora de la verdad
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María Antonia San Felipe | 31-10-2015 | 08:40| 0

La hora de la verdad, ese momento clave en el que irremediablemente debes afrontar una situación, siempre llega y cuando lo hace suele ser de forma inoportuna. Lleva Mariano Rajoy varios años escondiendo la cabeza bajo el ala y de pronto, aunque se veía venir porque lo recogían sus programas electorales, los secesionistas catalanes han evidenciado que el presidente del gobierno no tiene ningún plan porque su única estrategia en estos cuatro años ha sido confiar en que el tiempo solucionara el gran problema político e institucional de España. El lunes Mariano Rajoy disolvió las cámaras y convocó elecciones, veinticuatro horas más tarde los independentistas catalanes han abierto en el parlamento de Cataluña un proceso que más que una provocación, como dice Rajoy, es un órdago evidente, no contra el gobierno interino sino contra el Estado.

Esta situación, quiera o no reconocerlo un Rajoy, que ha declarado en TVE que su máximo rival es él mismo, se convierte en una nueva torpeza suya en el suma y sigue. El secesionismo es ya uno de los grandes problemas de este país que él no ha querido afrontar y que tiene una gravedad máxima. El presidente parece vivir en un país distinto al nuestro, es ajeno a lo que pasa en la realidad española y catalana. Puede afirmarse que Rajoy emigró del país el día en que se convirtió en el lugarteniente de Merkel y tuvo que tragar con las ruedas de molino impuestas por Bruselas y el BCE. Se convenció a sí mismo de que el control del déficit y la estabilización de la prima de riesgo eran el antídoto contra todos los males de España. El balance no puede ser más demoledor: se han deteriorado los servicios públicos, se han perdido derechos laborales, ha crecido la desigualdad social, el pesimismo ante el futuro campa a sus anchas y la brecha con Cataluña amenaza con convertirse en frontera.

El presidente ha confiado su futuro a la economía, es la única carta que ha jugado. La ciudadanía no acaba de percibir la mejoría pero él se afana en mostrar imágenes de un mundo que no vemos. Sin embargo hay cosas que sí debía haber hecho y ha eludido. La primera no costaba dinero, sólo precisaba coraje para reconocer que su partido está envuelto en un gran escándalo de corrupción que no sólo lo debilita sino que perjudica la calidad de la democracia. La otra cuestión, que no ha querido abordar, es el problema de Cataluña. Aparentando ser más español que nadie, Rajoy ha jugado a tensar su relación con un Artur Mas, que ya estaba desnortado hace tiempo, y ambos se han hecho fuertes en su pública desavenencia. Ahora se aproxima el momento en que Rajoy debe salir del escondite, porque Artur Mas y sus socios ya lo han hecho. Los independentistas, incapaces de apoyar un gobierno propio, han optado por ahondar en la única pretensión que les une: la desconexión con España. Rajoy, con su torpeza habitual, repite lo de siempre: la ley está para cumplirse. De acuerdo, pero qué más hará que quizá ya debió hacer antes. Ahora que el problema es de todos, pide unidad y, es evidente que hay que  secundar medidas de emergencia unánimes. Pero no es un detalle menor que fuera el líder del PSOE, Pedro Sánchez, quien rompiera la primera lanza hacia el consenso telefoneando el primero a Rajoy en una situación tan grave.

Yo empiezo a pensar que Rajoy, además de vivir ausente de la realidad española y catalana, probablemente también es un cenizo porque sólo así se explica que este desafío le haya explotado entre las manos. En un momento tan complicado sigue, sin embargo, haciendo campaña electoral y se presenta ante los españoles afirmando que, mientras él sea presidente, España no se romperá (¡menuda garantía!), cuando es la primera vez que objetivamente puede ocurrir. Los secesionistas sólo pueden mantener su unidad con el desafío al Estado, porque es lo único en lo que están de acuerdo y no hay duda de que prefieren en España un presidente como Rajoy que saca pecho, se hace el valiente para conseguir voto españolista, pero que no tiene más plan que salvarse a sí mismo. Este reto es el exitoso broche final que nos ofrece para cerrar tan aciaga legislatura. En fin, que ahora tenemos un problema bastante más grave que el déficit pero no tan lacerante como la pobreza.

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Vamos a contar mentiras
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María Antonia San Felipe | 24-10-2015 | 10:47| 0

A punto de estrenarse la última entrega de la Guerra de las Galaxias concluye la legislatura más larga y aciaga de la democracia. El presidente Rajoy que dirige sus propias películas, lleva meses realizando alucinantes viajes interestelares, igual que el capitán Han Solo. Claro que el héroe galáctico pilota su nave, el Halcón Milenario, con una destreza que no podemos atribuir al presidente Mariano que nos prometió el mejor futuro y nos ha conducido al ingrato pasado tras podarnos de derechos y limado de libertades. Acaba de celebrarse la última sesión parlamentaria y su contenido puede resumirse en la letra de aquella vieja canción que cantábamos de niños: por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…

Es comprensible que se produzca un desajuste entre quienes viven en el cielo y el resto de los humanos. Cuando se viaja por las galaxias la distancia hace que la Tierra se vea lejana y, por supuesto, la fila del paro ni se divise. Recorrer España en el coche oficial consigue que la realidad se distorsione y se imaginen mundos que no existen. Te pasa como en la canción de mi infancia, que el chiquillo se encontró con un ciruelo cargadito de manzanas, tralará y empezó a tirarle piedras y caían avellanas, tralará… En fin que llevamos cuatro años oyendo contar mentiras, tralará… Lo único seguro es que la verdad es una intolerable mentira que apesta a fraude y a corrupción, que rezuma soberbia y lejanía del ciudadano corriente. Cuando se gobierna es fácil cometer errores y eso es perdonable, pero lo que resulta intolerable es la mentira y mucho más cuando es reiterada. Ese es un pecado de difícil absolución que hace que la confianza se pierda y el voto huya.  

El lunes se convocará las elecciones y, lo reconozca Rajoy o no, muchas cosas han cambiado. El reciente debate entre pablo Iglesias y Albert Rivera ha refrescado el ambiente viciado por los viejos usos de políticos tramposos que solo van a la tele a entrevistas o debates con preguntas pactadas. Por eso, ver en un bar de barrio a dos líderes políticos hablando de manera distendida de las cosas que nos preocupan, con la misma naturalidad que lo hacemos los demás, es tan infrecuente en una democracia enferma como la nuestra que ahí ha radicado su éxito. Quienes han descalificado el debate, pierden el tiempo.

La elevada audiencia de Salvados de Jordi Évole demuestra que la apuesta fue un acierto y lo fue, tanto para la cadena de televisión como beneficioso para los intereses electorales de los dos líderes participantes que ganaron puntos antes sus respectivos públicos. El exitoso formato utilizado, es decir, su sencillez, pone de manifiesto que la gente pasa de los tinglados encorsetados. Al fin y al cabo, todo el mundo detesta aburrirse y perder el tiempo. Un debate electoral no sólo debe ser habitual en democracia sino un medio para tratar de acercarse a los votantes. Veremos qué ocurre, pero ese es el camino. Pedro Sánchez, más próximo generacionalmente a los líderes de los partidos emergentes, está obligado a aceptar cualquier formato si no quiere quemarse antes de iniciar la campaña. La incógnita es qué va a hacer el Rajoy-candidato, ¿tendrá las agallas suficientes para aceptar un debate sin trampas? Ya veremos. De momento, es un alivio que esta horrenda legislatura concluya, aunque lo hace como empezó, con una gran farsa. Un gobierno que constitucionalmente tiene un mandato de 4 años, ha aprobado 5 presupuestos. Es tan sorprendente el hecho como falsas sus cifras, bien saben ellos que sus previsiones son humo para la campaña electoral. En definitiva, otra gran mentira que sumar. Ya saben que la nueva película de la guerra galáctica se titula “El regreso de la fuerza”. Como votantes la fuerza es nuestra y el futuro también. Nos queda la esperanza de poder derrotar a los soldados del imperio y a las fuerzas del lado oscuro, ¿o no?

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Hormigas y gigantes
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María Antonia San Felipe | 17-10-2015 | 07:26| 0

Una fila de hormigas atravesaba el sendero, la más pequeña, nada más asomar la cabeza para salir del refugio, vio un hombrachón con unas enormes zapatillas deportivas que aplastaba a sus compañeras de la primera línea. Debe ser ésta una tierra de gigantes, pensó la hormiguita. El caminante paseaba admirando el horizonte y, ajeno a la población de hormigas, tuvo la certeza de que hacía un día espléndido. La hormiguita suspiró contenta de no haber sido pisoteada por el gigante como sus compañeras de hormiguero.

¡Qué distintas parecen las cosas según el lugar desde el que se miren! Eso debía pensar Rajoy el otro día mientras, por la plaza Neptuno, desfilaban las tropas a sus pies el día de la Fiesta Nacional. Él, que vive feliz administrando su gigantesca mayoría absoluta, se sintió deprimido cuando en palacio Albert Rivera fue recibido a gritos de ¡presidente, presidente! Así son las cosas en este país, ayer fuiste gigante y de pronto te conviertes en hormiga y al revés. No es cosa de encantamientos de cuentos de hadas pero Rajoy con sus cospedales y sorayas debieran saber que ganar elecciones tiene que ver con “encantar” al electorado y, según las últimas encuestas, Rajoy tiene a los suyos “desencantados”. Aunque el señor presidente no tiene que olvidar que se cae a más velocidad de la que se sube. Él debiera saberlo por experiencia, porque la ley de la gravedad es evidente, sobre todo cuando te aproximas al suelo.

A estas alturas todos sabemos que la carrera hacia la Moncloa ha comenzado. Los estrategas andan revueltos mirando y remirando encuestas y tendencias, proyecciones de voto y de escaños que con el sistema electoral vigente puede dar sorpresas a unos y a otros. Claro está que el pánico donde mejor florece es en casa de los que más tienen. En el PP saben que cualquier descenso puede dejar a muchos de sus cuadros en la calle y el deterioro de la estructura de algunos partidos supone un riesgo para su funcionamiento. No olvidemos que el voluntariado altruista y generoso del que se nutrieron en otro tiempo, cuando ellos también parecían aire fresco, disminuye al tiempo que crece en los partidos nuevos porque generan una ilusión que se une al deseo mayoritario de la ciudadanía de transformar el sistema actual para regenerarlo de una larga enfermedad que ha terminado por devorarlo.

Las cosas han comenzado a cambiar incluso antes de las elecciones y ello ha sido obra de los propios ciudadanos que impulsan nuevas opciones o simplemente se alejan de las tradicionales. Todos aparentan confianza para retener al electorado fiel ya que en este país todo el mundo huye de lo que huele a derrota. Ahora el debate se centra en si habrá debate entre los líderes. Aunque, en realidad, la discusión se centra en saber si Rajoy será capaz de sorprendernos aceptando un careo sin trampas cuando lleva haciéndonoslas desde que llegó a Moncloa. El presidente confía en que el miedo guarde la viña, la suya, y que al final los votantes vuelvan a su redil y para eso va a fichar a los asesores de Cameron que salió de perdedor y arrasó en las últimas elecciones en el Reino Unido. El PSOE cree que los recortes salvajes unidos a la prepotencia de los líderes del PP y a la corrupción de personajes claves de su historia reciente, hayan hecho olvidar a los españoles sus propios errores y remonten por encima de las predicciones. Respecto a Podemos y Ciudadanos, cualquier resultado puede fortalecerles, especialmente a Rivera que está siendo presentado como el Suárez de la nueva transición. Aunque ahora lo importante es lo que hagamos los ciudadanos, que saldremos a votar  para decir a quién y qué queremos cambiar. Aunque lo haremos con las viejas reglas del sistema nuestro voto es siempre nuevo y puede ser tan eficaz y regenerador como queramos. Algunos todavía creen que somos hormigas pero nosotros sabemos que podemos ser gigantes.

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¡Viva Rato, abajo Platón!
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María Antonia San Felipe | 10-10-2015 | 10:45| 0

Dicen que, aplicando la ley Wert, han echado a Platón y a Aristóteles de las aulas al tiempo que Rodrigo Rato volvía al juzgado, este es el sino de los tiempos que vivimos. Pensar o enriquecerse, conocimiento o fortuna, esa es la cuestión.

El desprecio por la filosofía, ese complicado camino hacia la sabiduría, se ha convertido en ancestral en este país en el que pillos y sinvergüenzas ejercen más influencia que la buena gente que alberga en su cabeza más de dos dedos de frente. Los filósofos, los humanistas y, en general, los que cultivan el pensamiento más allá de la obtención de una rentabilidad económica o el utilitarismo práctico de la técnica son despreciados y no aparecen en la tele porque desentonan con doña Belén Esteban y toda esa variada fauna que practica tanto el desnudo integral de sus alcobas y amoríos como la exhibición de la plenitud de su ignorancia. Por eso la filosofía ha quedado relegada a ser obligatoria sólo en 1º de bachillerato, porque, seamos sinceros, ¿para qué narices sirve semejante asignatura aburrida y complicada?, ¿qué obtenemos del antiguo “pienso, luego existo”? o del “conócete a ti mismo”. Nadie va a darte un euro por ello, ¿no?, dicen los escépticos que se vuelven prácticos en cuanto intuyen la rentabilidad.

Así que mientras por la destructora de papel pasan socráticos y estoicos, platónicos y aristotélicos, Descartes y Kant, Hegel o Sartre, o sea, la historia del pensamiento occidental, ante el juez declara don Rodrigo, en otro tiempo, el Cid Campeador del milagro económico español y hoy villano de comedia y campeón de negocietes tan lucrativos que todavía obnubilan al público, aunque los que pasan por el calabozo sean otros. Al señorito Rodrigo de Rato y Figaredo sólo le han retirado el pasaporte, sus testaferros y secretarias, es decir, el servicio, duerme en el calabozo. Siempre hubo clases, esta es la reiterada lección de la universidad de la vida.

Según la leyenda urbana la filosofía no sólo es aburrida sino directamente un ladrillo insoportable y además, ¿para qué vamos a pensar?, con lo agotador que es. No nos rompamos la cabeza, en realidad nos pagan por obedecer, nos gratifican por ser rebaño, nos premian por ser obedientes y sólo te abres camino en este valle de lágrimas siendo sumiso a las órdenes de los que piensan por ti. En esto consiste el juego, por eso hay que erradicar de las aulas lo que te ayuda a pensar por ti mismo no vaya a ser que nos creamos libres: libres de exigir, libres de comparar sus sueldos y los nuestros, palacios con chabolas, empleo y subempleo, abundancia y miseria. Libres de preguntar en voz alta si es cierto que todos somos iguales ante la ley y concluir que la respuesta es: no. De imaginar cómo repartir la riqueza existente para que no haya un tercio de la población infantil en grave riesgo de pobreza o de reprochar la esclavitud que padecen quienes trabajan como en el siglo XIX para no poder vivir con la dignidad del XXI.

Aprender a pensar no ayuda sólo a encontrar respuestas sino a formular las preguntas correctas para desentrañar la madeja de la vida. Como, es de suponer, que los actuales jueces estudiaron algo de filosofía a lo mejor son capaces de preguntar al Cid Campeador de Bankia qué diferencia hay entre el Rodrigo Rato (político) y el Rodrigo Rato (empresario). Algunos tratan de diferenciar sutilmente a ambos pero yo, qué viví un tiempo en la caverna de Platón, me digo a mí misma: ¿a la presidencia del Fondo Monetario Internacional le llevó la política o su actividad laboral?, ¿a la cabeza de Bankia con qué padrinos políticos llegó?, ¿los supuestos sobornos o los presuntos fraudes los hizo de la mano de los amigos que cosechó en política o en su actividad empresarial familiar? Es decir, ¿la política enriqueció a Rato o Rato enriqueció la política? En fin, que a lo mejor me estoy haciendo un lío, aunque claro si, como dice Heráclito, “en los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”, ¿quién es Rodrigo Rato en realidad?

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Cenicienta
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María Antonia San Felipe | 03-10-2015 | 07:11| 0

Rodeados de seguidores, entre música, aplausos y cava festejaron su triunfo Artur Mas y sus socios. Grandes sonrisas adornaban los rostros aunque, en realidad, el escenario se movía bajo sus pies. Mientras Oriol Junqueras miraba hacia el horizonte en el que resplandecía una superluna y Romeva hablaba a la multitud, Artur Mas tuvo un pálpito que le hizo mostrar una sonrisa gélida con el regusto amargo de quien se sabe atrapado. Lo suyo es mucho peor que lo del cuento de Cenicienta, todavía no habían sonado las doce campanadas del baile cuando el encantamiento se deshizo. Los diputados de la CUP, cuyos votos son necesarios para conducir la carroza que le podría trasladar de nuevo al palacio de la plaza de san Jaume, anunciaron que no votarían a Artur Mas para presidente, con lo cual, antes de amanecer, se produjo el eclipse y él se descubrió abrazado a una gigantesca calabaza.

Los de la CUP son, según dicen, radicales antieuropeístas y anticapitalistas, pero se han mostrado más coherentes que Mas y sus socios. Según sus propias palabras, no piensan votar a un corrupto y recortador de derechos ni sumarse a una declaración unilateral de independencia simplemente porque no han superado el 50% de los votos del supuesto plebiscito. Así que ya vemos cómo las urnas han conseguido que las quimeras se conviertan en incertidumbres y los éxitos en derrotas. Dentro de nada y, si no, al tiempo, en las filas de Juntos por el Sí comenzará el fraccionamiento de las diversas tendencias y los diputados, que no pertenecen a un único partido, veremos a ver por dónde salen a la hora de elegir presidente.

Es evidente que Artur Mas apostó fuerte y a una carta y no parece que, pese al indiscutible triunfo electoral, el objetivo secesionista, el plebiscito que plantearon, se haya visto culminado por el éxito. Ante un órdago de estas características y tras esconderse en una lista electoral “ciudadana” como si no tuviera pasado político ni estuviera rodeado por episodios de corrupción, la coherencia personal debiera imponerse. Políticamente está muerto, aunque él no lo sepa. Mas ha perdido la apuesta y punto. Además ni ha sido el presidente de todos los catalanes ni está capacitado para unir la fractura social que sus políticas han propiciado. El problema es que ni en España ni en Cataluña, ni en Cataluña ni en España se practica la dimisión, lo único que podría redimir tan ampulosos errores. Parece que dimitir estuviera prohibido por la ley y ello es así porque imperan los caraduras y los vividores. Es buen ejemplo de lo contrario lo que, con singular elegancia, hizo el líder secesionista escocés Alex Salmond que dimitió inmediatamente de conocer el resultado negativo del referéndum por la independencia de Escocia y eso que él no cargaba a la espalda con tantas vergüenzas públicas.

Por su parte, Rajoy, que dirige un programa de humor desde la Moncloa, sigue empeñado en ilustrarnos de la complejidad del problema con la sesuda afirmación de que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”, como si fuéramos idiotas y no supiéramos distinguir entre un elefante y un pollo o entre un tonto y un líder. En fin, que ahí sigue impertérrito, como si no hubiera pasado nada y aunque ya sabemos que un 48% no es un 50, ni mucho menos un 52%, sí sabemos que son más de 2 millones de personas y que a lo mejor ha llegado el momento de convencer, al menos a una parte importante, de que queremos que se queden en España antes que, tratando de conseguir votos en las elecciones generales, se propicie un incremento mayor del independentismo. Creo que Rajoy, criminalizando a Mas, es decir, victimizándolo y escondiéndose, negando su estruendoso fracaso en Cataluña, no va a mejorar su imagen  ni a reflotar su partido. Ya sabemos todos que un líder es un líder y un ciego es un ciego, aunque de momento, sumando al de España y al de Cataluña hemos conseguido tener dos invidentes.

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Buitres
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María Antonia San Felipe | 26-09-2015 | 07:11| 0

He leído que los buitres están en vías de extinción lo que me ha dejado entre sorprendida y estupefacta. Eso será en algunos sitios de África porque en otras zonas parece que se multiplican. De hecho yo diría que bandadas de buitres sobrevuelan nuestro cielo y en cuanto bajamos la guardia se lanzan sobre nosotros como lo que son.

Según los expertos, a lo largo de decenas de millones de años, los buitres se convirtieron en los limpiadores más eficaces del mundo natural. La elevada acidez de sus jugos gástricos les permite comer carne infectada sin caer enfermos, es decir, cuando se alimentan de carne contaminada y dejan limpio el cadáver, se erradica la amenaza de una infección más extendida. Ellos detectan al animal difunto en cuestión de minutos y una vez se abalanzan sobre la presa, aunque sea tan grande como un rinoceronte, la dejan limpia en cuestión de veinte minutos. Según los expertos antes lo hacían en cinco porque eran multitud. Por eso los entendidos en estos siniestros animales concluyen que si los buitres siguen desapareciendo los lugares que ahora habitan se convertirán en una fosa hedionda. Es decir, que hasta los malos, malísimos son necesarios para mantener el orden natural de las cosas. Escalofriante ¿no?

Los buitres que planean sobre nuestras cabezas me han hecho preguntarme si ocurre en la sociedad igual que en la naturaleza. Así que, de pronto, he recordado que a comienzos del siglo XVIII, Bernard de Mandeville escribió “La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública”. El autor comparaba la sociedad con una colmena en perfecto orden, en el que los tunantes protestaban de la corrupción ajena exclamando: ¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez! Los dioses decidieron intervenir. Erradicaron toda clase de vicio y ocurrió que el rearme moral de la nueva sociedad trajo el fin de la antigua y próspera sociedad. Así expresó, en clarificadores versos, la utilidad de la pervivencia de los bribones para beneficio de la sociedad:

Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan

por hacer de un gran panal un panal honrado (…)

Fraude, lujo y orgullo deben vivir

mientras disfrutemos de sus beneficios.

Cabe preguntarse, ¿estamos ante una apología de la inmoralidad pública o ante una descripción de la realidad social? Yo creo que las miserias de la humanidad son lo único que parece eterno. Volvamos al cielo poblado de buitres y veremos que los rapaces  perviven confraternizando con nosotros e incluso escalando a lo más alto de la pirámide social.

Estos días los más altos directivos de la empresa alemana Volskwagen acaban de reconocer que trucaron más de 11 millones de coches para burlar los límites legales de las emisiones de gases tóxicos. El presidente de la compañía pide perdón (que es barato), alega ignorancia y promete propósito de la enmienda (hasta el próximo fraude). El escándalo del engaño ha sido tal que al final alguien paga siendo relevado del puesto (se van con el riñón cubierto). También habrá multas y sanciones de los Estados Unidos y Alemania para salvar la cara. Para los gobiernos guardar las apariencias y no parecer cómplices es importante. En otro lugar los griegos han votado y Alexis Tsipras ha vuelto a ganar las elecciones bajo la mirada contrariada de los dirigentes de la Unión Europea. Pues, a buen seguro, que pronto veremos más buitres sobrevolando Grecia que sobre la sede central de Volskwagen en Alemania. En la naturaleza como en la sociedad sólo los buitres sobreviven, al resto nos devoran.

 

 

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Con él llegó el escándalo
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María Antonia San Felipe | 19-09-2015 | 08:02| 0

Con él llegó el escándalo, dirán algunos inmovilistas, aunque lo cierto es que con el papa Francisco llegó un poco de sencillez y cercanía a una Iglesia católica que se alejaba de su feligresía. Hay que reconocer que es un hombre que no deja indiferente a nadie, ni a amigos ni a adversarios. Cuentan que antes de ser papa le gustaba poco ir a Roma y cuando lo hacía, no demoraba su regreso a Argentina. Es lo que tiene Roma, que alberga una nutrida corte de cardenales y personajes influyentes que han controlado el poder de la Curia y que conservan una capacidad de intriga tal que empujaron a Benedicto XVI a renunciar a su mandato papal. Ya se sabe que, a la altura del año 1510, Lutero fue enviado a Roma y el pobre quedó horrorizado cuando constató que, en vez de ejemplo de vida cristiana, el papado y su corte eran un vivero de corrupción y excesos en el lujo y las costumbres. Como reza el viejo aforismo Roma veduta, fede perduta (Roma vista, fe perdida).

La espontaneidad de Francisco ha demostrado una capacidad de sintonía con tan variados sectores sociales que ha roto las barreras de la rigidez vaticana y su voz trasciende el orbe católico. Son muchos los gestos que han sido valorados incluso por los no creyentes. Su propensión hacia a los más desfavorecidos, aunque sólo sea como gesto, demuestra su sensibilidad. No tuvo reparos en calificar de “vergüenza” el terrible naufragio en el que perdieron la vida cientos de inmigrantes en Lampedusa. Desgraciadamente es algo que se repite cada día. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro!”, ha dicho el papa Francisco, con evidente sentido común.

Hoy, ante el nuevo drama de la llegada masiva de refugiados que huyen de la guerra en Siria, Irak o Afganistán, el papa Francisco ha cogido con el pie cambiado a unos dirigentes europeos, mayoritariamente católicos, pidiendo a la totalidad de la Iglesia que se movilice para acoger refugiados porque la tragedia es inmensa. De nuevo es evidente la falta de voluntad común de Europa para afrontar un problema que hace tiempo se anuncia. Es asombrosa la demora de los gobiernos de la Unión Europea en la toma de decisiones efectivas, algo que contrasta con la voluntad solidaria de sus conciudadanos. Hay que reconocer que Merkel, aunque sea presionada por sus socios bávaros y tratando de no perder la estabilidad de su gobierno, ha sido la más generosa y más realista del total de los dirigentes de la Unión en las medidas a adoptar.

Es escandalosa la postura del presidente húngaro, Viktor Orbán, que lleva días afirmando que “la cristiandad europea prácticamente es incapaz en la actualidad de mantener a la Europa cristiana”, alusión inequívoca a la condición mayoritaria de musulmanes de los que huyen. No conviene olvidar que son personas, ni tampoco que fuerzas kurdas y cristianas en la provincia nororiental siria de Al Hasaka están luchando para contener el ataque del grupo terrorista Estado Islámico (EI). El gobierno húngaro al construir, con presos comunes, una valla con cuchillas (made in Spain) para impedir el paso de gente pacífica y hambrienta que huye asustada buscando el derecho de asilo, al lanzarles gas pimienta y tratarlos como delincuentes está incumpliendo los principios fundacionales de Europa, de una Europa que hace tiempo navega perdida y a la deriva. Mientras cínicamente los gobiernos juegan a repartir asilados como si fueran mercancía en descomposición al Papa le han preguntado: ¿Hasta cuándo habrá que ayudar? -Hasta que Dios quiera, ha contestado. Los dirigentes europeos negándose a afrontar el problema con la cobardía habitual que produce el cálculo electoral pueden convertir la frontera en un cementerio. A lo mejor, querido Francisco, los hipócritas notables de Europa están esperando a que tú bendigas su indecisión o a que San Juan baje el dedo.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.