La Rioja
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Perdidos
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María Antonia San Felipe | 19-03-2016 | 06:33| 0

El comportamiento humano destruye los sueños y, en consecuencia, la realidad fulmina las utopías más hermosas. Puede decirse que la vieja Europa, el proyecto inacabado de Unión Europea, ha entrado en un proceso de autodestrucción, que está haciendo saltar por los aires ese sueño común, porque está traicionando sus propios principios fundacionales. Winston Churchill en un discurso en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, abogaba por la creación de unos Estados Unidos de Europa como única forma de superar las terribles consecuencias de las dos últimas guerras mundiales. Consideraba que, tras el último conflicto bélico, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror”.  Y por ello se preguntaba, “¿por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente…?”. Para conseguir “…perfilar los destinos de los hombres”, debía “darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas”.

Este sueño de conseguir una Europa libre y, utópicamente, feliz chocaba probablemente contra la misma advertencia que él hacía, de que la Sociedad de Naciones no había fracasado “debido a sus principios o concepciones” sino que “falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo”.

Podemos asegurar que a la Europa actual le ha ocurrido lo mismo, vaga desde hace tiempo por caminos que olvidan a las personas. Lo han hecho en esta larga crisis con los ciudadanos europeos, sobre todo con los más vulnerables económica y socialmente y lo están haciendo ahora con los refugiados. No supieron o no quisieron ver la que se nos avecinaba, poco antes de la dura recesión, y no han sabido o no han querido comprender que la guerra en Siria iba a producir la lógica huída de muchas personas de un conflicto que ahora cumple cinco largos años. Europa se está comportando de forma vergonzante y vergonzosa en este asunto. El preacuerdo con Turquía es humillante y alejado de la garantía de derechos universales que forman parte de los principios de la Unión y de la Declaración Universal de 1948. Si no queremos que vengan los que huyen habrá que tener una política exterior común para intentar parar la guerra en Siria y no dejarlo todo en manos de Putin y de Obama, pero eso como sociedad también nos incomoda. Debieran haberse abierto corredores humanitarios hace tiempo, pero tenemos gobiernos mediatizados por lo que dicen las encuestas y las sociedades temen lo que desconocen y más aún si se trata de confundir intencionadamente a refugiados con inmigrantes de todo tipo o con terroristas islámicos.

Los titubeos, la falta de claridad, de explicación de la realidad de la situación, de proyectos comunes que hagan superar el miedo al futuro y animen a luchar por él, hace que algunos aprovechen el río revuelto y nazcan partidos antieuropeos y xenófobos que como en Alemania han conseguido una nutrida representación en las últimas elecciones regionales dejando a Merkel y a los socialdemócratas malheridos. O que veamos escenas como la protagonizada en la plaza Mayor de Madrid por un grupo de seguidores del PSV Eindhoven que humillaron a varias mendigas que estaban en la Plaza Mayor pidiendo limosna y les gritaron “no crucéis la frontera”. Esto sí que da miedo, mucho miedo. Cuando se pierde el referente, ese punto en el horizonte hacia el que caminar, se extravía el rumbo. Repensando a Churchill diremos que es imposible “tener fe” en un proyecto que ya no existe, ese es el peor mal que hoy aqueja a Europa.

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El dolor ajeno
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María Antonia San Felipe | 12-03-2016 | 19:41| 0

Desde que la imagen desgarradora e inquietante de Aylan Kurdi, el niño sirio encontrado muerto en la playa de Bodrum (Turquía), golpeara nuestras conciencias el tiempo que duró el telediario, cientos de refugiados que huyen de la guerra en Siria siguen muriendo en el mar y miles de ellos peregrinan un calvario por la civilizada Europa. Mientras, ajenos a esa realidad, los afanes diarios de la subsistencia nos alejan de la catástrofe de la guerra en Siria. La escritora Susan Sontag escribió, hace años, sobre la guerra y el dolor ajeno y afirmaba que “ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad”, es la ofrenda diaria de esos turistas especializados que son los periodistas. Nos hemos acostumbrado tanto a que en primera línea de trinchera los periodistas nos muestren las catástrofes ajenas que hemos perdido la capacidad de conmovernos lo suficiente como para exigir que se haga algo. Pensamos que, al fin y al cabo, en el mundo siempre hay guerras, las vemos como un episodio más de la Ilíada porque la paz es la excepción en el mundo. Asumimos que las guerras son una hecatombe pero eludimos si quiera pensar en ellas porque no nos afectan. La guerra es una atrocidad, pero mientras suceda lejos no hemos de preocuparnos por ella, los muertos no son nuestros muertos, los rostros desconocidos de las víctimas no avergüenzan nuestras conciencias, nos son tan ajenos como su dolor.

Las cosas son así, a qué negarlo. Por eso resulta aún más deshonroso para Europa que sólo cuando miles de ciudadanos sirios con sus familias comenzaron a llegar, en un éxodo sangrante que perturba nuestra tranquilidad, hemos comenzado a sentir una cierta preocupación por una guerra en la que bandos de canallas se disputan el poder de un país hoy ya totalmente asolado. Lo más bochornoso de lo que está ocurriendo es que la ausencia de una política común de la Unión Europea está permitiendo que primen más los intereses políticos de cada uno de los países que la integran que la necesidad de organizar una respuesta humanitaria inmediata. Desde la mayoría de los países se está alentando una respuesta xenófoba totalmente alejada de los principios que albergó el nacimiento de Europa. En Turquía, las mafias organizan con precisión el tráfico de personas desesperadas que no vienen a quedarse sino a procurar salvar la vida. Los negocios en torno a los refugiados están haciendo millonarios a muchos y en Europa se sabe, se conoce las rutas y los manejos  de las mafias pero no se hace nada. El famoso reparto de cupos ha sido un rotundo fracaso y las vallas para impedir el acceso de los desesperados y el uso de gases lacrimógenos es el único éxito de los gobiernos para frenar a los que ya de por sí lloran por lo injusto de su destino.

Esta situación que se denomina por la prensa “crisis de los refugiados” es, en realidad, nuestra crisis, la de la Unión Europea como espacio de salvaguarda de los derechos humanos. Claro que si han limitado nuestros propios derechos qué no harán con los de los otros. Estos días el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ha enviado un mensaje directo “no vengáis a Europa”. El presidente húngaro Viktor Orbán ha apostillado que no sólo no deben venir, sino que es peligroso hacerlo porque no van a ser bien recibidos. Dinamarca ha modificado la legislación para requisar el dinero y los objetos de valor de los refugiados y lo mismo han hecho Suiza y algunos estados alemanes. Es la nueva forma de ganar votos en Europa, un descalabro moral. Aunque nos meten el miedo en el cuerpo anunciando una invasión, todavía quedan organizaciones humanitarias que están atendiendo a los que huyen, especialmente en Grecia, donde los ciudadanos y voluntarios ayudan como pueden, dada su también precaria situación social. Una vez más en este tema las personas individualmente van por un camino y los gobiernos por otro. No tengo soluciones, tampoco respuestas, pero me pregunto si hay un fracaso mayor que la inmensidad de nuestra pasividad como sociedad.

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El entuerto
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María Antonia San Felipe | 05-03-2016 | 07:00| 0

Es posible que la brillantez de los oradores haya complacido a sus respectivos seguidores pero el resultado final del debate de investidura suma una nueva frustración colectiva a las decepciones de los últimos tiempos. Las matemáticas son la única disciplina que no ha fallado en este debate que ya sabía a derrota incluso antes de ser convocado. A sumar y restar hace tiempo que aprendimos pero, en este país, somos más expertos en separar que en aunar, sin olvidar nuestra notable experiencia en buscar culpables de los fracasos antes que soluciones a los problemas. Mientras buscamos al malo de esta película se desvanece la posibilidad de sumar apoyos para formar un gobierno con un mínimo de propósitos compartidos.

Estamos inmersos en un galimatías de solución imposible. Hay que reconocer que el candidato Pedro Sánchez se ha esforzado cuanto ha podido. Ha asumido un papel protagonista que, inicialmente no le correspondía, pero al que la cobardía de Rajoy le ha empujado. Ha sorteado muchos obstáculos, los internos de su partido podían habérselos ahorrado sus denominados compañeros, pero ya saben ustedes que las ambiciones personales, es decir, el factor humano casi siempre distorsiona la realidad y también la historia. En cuanto a las dificultades externas ha procurado un imposible al tender la mano hacia dos de los actores principales de la película, Ciudadanos y Podemos, pretendiendo un entendimiento imposible entre la noche y el día.

Rajoy actuó en el debate como durante su mandato, con una superioridad que roza la soberbia de quien cree que el poder le corresponde por ser la fuerza mayoritaria a la que simplemente hay que sumarse cuando él ha sido incapaz de conseguir un solo apoyo más. Ya dije la semana pasada que su tiempo es el pasado y mientras no lo comprenda su partido no levantará cabeza aunque conserve el apoyo de muchos ciudadanos fieles a sus siglas pero no a él. Rivera le ha señalado la puerta pero Rajoy pretende, tras el fracaso de Sánchez, emerger como solución de un sudoku imposible. Si la izquierda parlamentaria no suma la derecha, tampoco y la transversalidad de una negociación más amplia significaría derogar sus propias leyes, revertir la mayoría de sus regresivas medidas sociales y una limpieza a fondo de sus filas manchadas por una corrupción que no ha sabido limpiar como le han recordado Rivera y otros.

El líder de Podemos Pablo Iglesias, se ha demostrado un brillante parlamentario pero ha sido incapaz de crear un clima de empatía con quien dice que quiere gobernar. Le guste o no, de su intervención en el debate se recordará su mención a la cal viva respecto a los gobiernos de Felipe González en la guerra sucia contra ETA, algo innecesario que rezuma un regusto a odio y que aleja la posibilidad de una negociación fructífera y sincera con el PSOE. Si la estrategia es conseguir elecciones su objetivo estará cumplido, pero si pretende lograr un acuerdo es un error para alguien que pretende la hegemonía de la izquierda y que nutre su respaldo electoral de las deserciones de votantes socialistas. Podemos no puede olvidar que el apoyo que ha conseguido no es garantía de fidelidad en el voto, de igual modo que nunca pasa la misma agua por el mismo río.

Hoy con la segunda votación se cerrará este debate de investidura fallido en su objetivo, el resultado es frustrante y lo que venga después es un misterio que sólo resolverán los nuevos y viejos políticos si juegan más al interés común que al propio. De momento, hemos de agradecer a Pedro Sánchez que si lo que nos depara el destino son nuevas elecciones que, al menos, haya tenido la generosidad de poner en marcha el contador de tiempo. Así sabemos ya que, en el peor de los casos, quedan sólo dos meses de calvario para procurar deshacer el entuerto que ellos son incapaces de resolver siendo tan listos y hablando tan bien desde la tribuna de oradores que les hemos prestado.

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Tiempos de caloret
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María Antonia San Felipe | 27-02-2016 | 08:26| 0

El paisaje nacional está, hoy por hoy, teñido de decepciones y esperanzas, de intuiciones y ninguna certeza. La temperatura de las mesas de negociación sube y baja como el tiempo, tan pronto parece invierno como primavera. Aunque como diría Rita, son tiempos de “caloret”. Ciudadanos y PSOE acaban de anunciar un pacto, es el primer acuerdo entre partidos desde que votamos por Navidad. A continuación, Podemos, Compromís e IU se han levantado de la mesa de negociación paralela. Nadie da un euro por el éxito de la investidura pero, ¿qué pasará en los dos meses siguientes antes de la convocatoria electoral?, ¿cuántas veces lo improbable se ha tornado posible y lo previsible inalcanzable?

Los partidos, nuevos y viejos, no deben olvidar que los protagonistas de la democracia son los ciudadanos y que esto es lo que soberanamente han decidido. Es decir, que el cesto hay que hacerlo con los mimbres que el resultado electoral ha puesto a disposición de quienes tienen la obligación de articular la sociedad y de interpretar a los votantes. Muchos hablan ya de nuevas elecciones, pero no tengo tan claro que esa sea la única posibilidad, en todo caso, es la última y no está claro a quién beneficia. En realidad, nadie sabe nada y esa espiral de miedo es la que puede abrir de nuevo las puertas de la negociación si fracasa la primera investidura. Está claro que ninguno está diciendo toda la verdad sino la que conviene en su estrategia. Los votos no son patrimonio de nadie, son tan libres que pueden cambiar del modo que nadie piensa. ¿A qué arriesgarse? Hay mucha volatilidad y se masca la decepción en las calles. A nadie se le escapa que los acuerdos nacen de las renuncias a programas máximos, es la forma de avanzar sincronizadamente con lo que une. Hay muchas cosas en las que están de acuerdo una amplia mayoría de ciudadanos españoles, por ejemplo las que tienen que ver con la regeneración democrática, con la preservación de los derechos sociales, con el refuerzo de las libertades civiles y con la protección de la sanidad, la educación y la atención a dependientes. Esos son los senderos del acuerdo: satisfacer aspiraciones colectivas irrenunciables. Si quedan dosis de sentido común en las cúpulas de los partidos puede que haya gobierno, pero puede… que no.

El que con más claridad apuesta por el fracaso es Mariano Rajoy, tras renunciar al encargo de Felipe VI para formar gobierno, en una actitud incompresible y decepcionante para sus votantes, se frota ahora las manos ante un posible fracaso, lo que le aterra es que Pedro Sánchez (que se ha consolidado) lo consiga, porque entonces él tendrá que irse al registro de la propiedad de Santa Pola. Su tiempo es el pasado.

Los últimos días han sido tormentosos en el PP, por eso no es de extrañar que el ministro del Interior, el lenguaraz Jorge Fernández Díaz, diga que ve una mano negra en la explosión de los últimos casos de corrupción en el PP, poniendo en entredicho la labor de los jueces y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Este es un desatino más del ministro y de su ángel de la guarda, Marcelo, que le ayuda, según cuenta, a aparcar el coche. Desde luego es más alarmante esa postura cínica de Fernández Díaz que el hecho de que, con sorna, muchos duden de la existencia del tal Marcelo. Que en el PP anden desolados, me conmueve. Dicen que están hartos. Yo pienso que de ser cierto, debieran imaginar cómo estamos el pueblo llano que llevamos años viendo, claro y meridiano, lo que ellos negaban y todavía niegan. Ya ven, se acerca la época del “caloret” valenciano y su fallera mayor, Rita Barberá, va camino de quemarse en el Tribunal Supremo. Los días de vino y rosas, de paseos en descapotables junto a Francisco Camps, han terminado. Ahora es tiempo de llanto y de rechinar de dientes. Los lamentos llegan tarde. Rajoy pide calma, al fin y al cabo, él no está en mejor situación y lleva demasiado tiempo sorteando la tragedia como el torero la embestida del toro. Sólo hay una diferencia, a uno le gritan “olés” y otros debieran abandonar el ruedo antes de que los expulsen los abucheos. En fin, ¿quién sabe ná?

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Estrellas estrelladas
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María Antonia San Felipe | 20-02-2016 | 05:53| 0

Todos sabemos que el universo popular de los últimos veinte años ha estado iluminado por dos estrellas que relucían más que el sol, sobre todo cuando el sol se llama Mariano Rajoy. Me refiero a Rita Barberá y a Esperanza Aguirre. Es cierto que hay otras estrellas más recientes, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, han brillado últimamente en el PP pero no con tanta intensidad ni persistencia en el tiempo. Sería como pretender comparar a los Beatles y a los Rolling Stones con Los Diablos y Fórmula V. Nada que ver. La verdad es que Rita es una auténtica fallera mayor, no necesita traje, ella sola era Valencia y en España ha sido como la Dama de Elche, un icono de la españolidad a la vieja usanza. Por su parte, Esperanza Aguirre ha mostrado siempre ese toque supremo que tienen los metales nobles por derecho. Ella siempre ha mirado a todos desde arriba. La condesa de Bombay, incluso en calcetines cortos, ha conservado siempre su altivez con un toque de prestancia difícil de superar.

En común tienen, además de desparpajo, un instinto de supervivencia política que conecta con un electorado fiel y entregado a la causa, incluso cuando la balsa de la corrupción se convirtió en un océano. Pero las olas de ese mar embravecido pueden llevarse por delante incluso el espigón de la playa y eso le está pasando a Rita. Las investigaciones judiciales y el hartazgo de la ciudadanía amenazan con dejarla recluida en su casa. Tras veinticuatro años de alcaldesa suprema de Valencia, a Rita se le rompió la mayoría absoluta. “Vaya hostia, vaya hostia”, exclamó la noche electoral. Así que tras el clamoroso tropezón ha venido el mayúsculo resbalón. Se ha visto con claridad que no es posible estar rodeado de mierda por todas partes sin que te manche. Como lo sabía se fue a Madrid, al fin y al cabo, en el mausoleo en que se ha convertido el Senado, se vive bien y se cobra al mes más que en un año en la mayoría de nuevos empleos. Además Mariano, que teme que la ola marrón le salpique, ya la ha blindado para él protegerse detrás. Ya pueden hacer lo que quieran porque el maremoto valenciano a Rita se la va a llevar por delante más pronto que tarde.

En Aguirre todo es más multicolor. Esperanza es incapaz de defraudar a la afición, ¡buena es ella! Antes muerta que sencilla. Después de múltiples redadas anteriores, la Guardia Civil registró la sede del PP madrileño y varios domicilios, como el de Javier López Madrid y la empresa de su suegro Villar Mir, matriz de OHL, una de las sospechosas de haber engrasado la rueda de la corrupción para financiar irregularmente al partido en el gobierno. Todo ello supuestamente, claro. Pero tan claro y meridiano parece que el brillo nos ciega y nos sube la bilirrubina por encima del rabillo de la boina de la paciencia. Bueno pues cuando nosotros, los ciudadanos de a pie, no sólo vemos sino que olemos la mierda, otra vez Esperanza nos sorprende. De improviso, el domingo, después de la misa mayor, la condesa de Bombay dimite otra vez. Claro que yo estoy por cantarle esa vieja canción de José Alfredo Jiménez: No me amenaces, no me amenaces;/cuando estés decidida a buscar otra vida,/pues agarra tu rumbo y vete;/ya estás grandecita,/ya entiendes la vida/ya sabes lo que haces/Porque estás que te vas,/y te vas, y te vas,/y no te has ido/ y yo estoy esperando tu amor,/o esperando tu olvido. Ya ven, cuando la oyó Mariano, a la hora del aperitivo, se le atragantó el vermut. Rajoy sí que pensó en el olvido pero ella lo tiene siempre en su pensamiento y le ha brindado su amago de dimisión a ritmo de bofetada. Si a mí se me lleva el mar de la corrupción, a ti también, Mariano- pensaba en la rueda de prensa.

Manténganse atentos a las pantallas, no hay dos sin tres. No sabemos si habrá presidente pero si lo hay no será Mariano, claro que en otro país hace tiempo que Mariano hubiera pedido perdón y dimitido. De momento el cielo sigue estrellado.

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Si tuviera una escopeta…
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María Antonia San Felipe | 13-02-2016 | 05:10| 1

Como dijo Antonio Machado en su Juan de Mairena, “estamos abocados a una catástrofe moral de proporciones gigantescas, en la cual sólo queden en pie las virtudes cínicas”. En este país, el cinismo de los creadores de opinión y de los salvapatrias no tiene límites. En España pasan cosas sorprendentes ya sea Carnaval o Cuaresma, los titiriteros sobreviven pero los títeres de los poderosos se forran a nuestra costa y se ríen en nuestra cara. No es que me enfade, es que veo la realidad y no puedo sino sorprenderme. Veamos:

-El 28 de diciembre del año 2012, la prensa contaba como el promotor de la fiesta de Halloween en el Madrid Arena, Miguel Ángel Flores, era puesto en libertad tras pasar veinticuatro horas detenido y abonar una fianza. Los hechos por los que ahora está siendo juzgado concluyeron con la muerte de María Teresa Alonso, Rocío Oña, Cristina Arce, Katia Esteban y Belén Langdon. Sin contar, la angustia y el pánico de miles de personas. En el suceso están implicados responsables políticos del ayuntamiento de Madrid de Ana Botella sin que nadie haya sido molestado ni se haya producido ningún escándalo mediático.

-Estos días se ha iniciado el juicio contra ocho sindicalistas de la empresa aeronáutica Airbus para los que la Fiscalía pide en total 66 años de cárcel por los incidentes ocurridos en Getafe durante la huelga general de septiembre de 2010, contra la reforma laboral. Una forma eficaz de criminalizar al movimiento obrero y de limitar el derecho de huelga.

-Federico Jiménez Losantos, ese periodista que reparte carnets de buenos y malos españoles, hace unos días para manifestar su animadversión a los diputados de Podemos, elegidos tan democráticamente como el resto, se permitió la siguiente galanura: “Veo a Errejón, Bescansa y Maestre y si llevo la ‘lupara’ (escopeta recortada) les disparo, menos mal que no la llevo”. Ningún fiscal en ejercicio de ningún juzgado español ha abierto diligencias por hacer una llamada a la violencia contra los representantes del pueblo español. Algunos hasta le han reído la ocurrencia que transita por los territorios del odio y del mal gusto.

-Tras pasar cinco días en prisión los dos titiriteros, que representaron en el madrileño barrio de Tetuán la función La Bruja y Don Cristóbal, han sido puestos en libertad. Se les acusa de “fomentar el odio” y de “promover la violencia”, tras haber exhibido el cartel de “Gora ALKA-ETA”. El juez les ha impuesto comparecencias diarias en el juzgado, algo que no se hizo ni con Bárcenas ni con Pujol, ni con el empresario del Madrid-Arena. Asimismo les ha sido incautado todo el material del teatro de guiñol, por si las marionetas se deciden a hablar por sí solas, imagino. En fin, que los dos titiriteros hicieron una obra de ficción inadecuada e incomprensible para el público infantil es evidente pero, todo indica, que cuando queremos nos rasgamos las vestiduras con una hipocresía sin límites.

-Concluiré con la guinda del espectáculo. El ministro del Interior, el inefable Jorge Fernández Díaz ha querido actuar como titiritero de los poderes fácticos y ha declarado, sin pestañear, que “ETA espera ‘como agua de mayo’ un Gobierno PSOE-Podemos”. Ya ven ustedes, si no gobierna el PP a lo mejor nos gobierna la ETA. No es posible más desmesura ni más mala leche. O el PP o la hecatombe nacional, cómo si no viviéramos ya en ella.

Yo crecí viendo las marionetas de maese Villarejo, reí, lloré, me asusté y disfruté con Gorgorito y la bruja Ciriaca y nunca creí que los estacazos que recibía la bruja fueran reales ni el niño tan inocente. Tengo la impresión de que en este país de chirigotas hemos perdido la brújula, puede que haya sido vendida a cambio de una jugosa comisión, pero lo cierto es que vivimos una gran mentira envuelta en un cinismo ilimitado.

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El día de la marmota
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María Antonia San Felipe | 06-02-2016 | 06:00| 0

Según la predicción de la marmota Phil, la primavera ya está aquí. Esta tradición de 130 años, que se celebra cada 2 de febrero en EEUU, es conocida como día de la Marmota y en España como la Candelaria, una conmemoración bastante más antigua. Precisamente ese día, su majestad el rey Felipe VI recibió a Rajoy y a Sánchez  para decirles que, en España, era tiempo de candelas y que se precisaba iluminar un proceso que transita hoy entre la desconfianza y la desesperación de los españoles.

Con Rajoy no hubo sorpresas, decidió comportarse como nos tiene acostumbrados, con cierta pereza ante las complicaciones del momento. Las marmotas, si deciden salir de la madriguera es porque brilla el sol, pero Rajoy ha preferido guarecerse de posibles temporales primaverales. La marmota, que se cree un lince, piensa que es mejor que otros se estrellen y así podrá aparecer como el único presidente posible. Está claro que Rajoy, rehusando el ofrecimiento del rey, ha sentado un precedente inédito en democracia. El problema es que ni lo ha intentado y eso tiene una dosis bastante elevada de fracaso con toques de cobardía, es el augurio de un obligado adiós.

Si su partido y sus votantes creen que el más votado debe gobernar, Rajoy tenía la obligación de comparecer en el Parlamento con un programa de gobierno que mostrara la solidez de su proyecto ante los españoles. Era la única forma de dejar claro que él tiene un plan tan valioso para España que no merece ser sustraído a los españoles. No hubiera obtenido los votos necesarios, vale, pero al menos hubiera demostrado que su camino merece la pena y que tiene la valentía necesaria para dejarse la piel por él. Pero no, su permanencia en la madriguera evita que nadie le reproche el halo de corrupción que envuelve al PP. Ahí tienen a Rita Barberá, que se creía a salvo en el Olimpo de la política hasta que ha comprobado que si uno cae del cielo al asfalto se queda, como en las aventuras de Mortadelo y Filemón, adherido como un sello al negro betún sin nadie que te rescate del descenso a los infiernos.

Vayamos al PSOE. Pedro Sánchez, ha comprendido que la Candelaria es la fiesta de la luz y eso es lo que ha visto al fondo del camino, una luz tenue, pero una luz, al fin y al cabo. Sánchez, tras salir ileso de una reunión interna abarrotada de lobos y lobas, ha decidido intentar algo que a muchos se les antoja imposible. Los arañazos de los suyos duelen más que los de los ajenos, pero la campaña interna contra él, de momento, no lo ha destruido. Barones y baronesas deberán continuar afilando sus uñas hasta que la ocasión se muestre de nuevo propicia. Ahora no es el momento, si se nota demasiado que van a por Sánchez pueden hacerlo un héroe ante la militancia y ya se sabe que a quienes muestran valor, aunque algunos lo estimen temerario, el pueblo los protege. Así que ojito con prepararla y dar la batalla antes de tiempo.

Sánchez lo tiene muy, muy difícil pero intentarlo, en contraposición a la postura de Rajoy, puede verse como un mérito y eso da puntos ante la ciudadanía. Esta es la causa por la que muchos en este proceso de negociación se van a tentar la ropa y espero que las formas. Las broncas declaraciones del líder de Podemos, Pablo Iglesias, contra Sánchez y el PSOE también pueden sentar mal a esa parte de votantes que ha captado en las filas socialistas y si ese es su granero, que lo es, no puede forzar la maquinaria hacia el territorio del insulto, porque ahí, se pierde. Ciudadanos también puede perder apoyos ante una nueva consulta electoral. Por eso, el territorio del encuentro debe estar en el programa que se pacte y en las prioridades de las reformas que deben marcar la acción de gobierno sin olvidar que Europa nos vigila tras fracasar en su proyecto de gran coalición. Si las marmotas anuncian buen tiempo puede que los pactos consigan un gobierno en primavera. Sólo es imposible lo que no se intenta.

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¡Había una vez… un circo!
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María Antonia San Felipe | 30-01-2016 | 08:48| 0

No sé de qué nos quejamos en España. Las desigualdades sociales crecen, los problemas cruciales se enquistan, el desasosiego ciudadano aumenta, pero el espectáculo es permanente. Los políticos danzan en el escenario y la planta de la corrupción reverdece con fuerza ya sea invierno o primavera.  Toda España es como un enorme circo de tres pistas, no nos da tiempo a mirar a tan simultáneas representaciones. Tenemos de todo: equilibristas, escapistas, malabaristas, tragafuegos y magos. Sin olvidar, a los domadores de fieras, al hombre bala y a los payasos. De estos últimos hay abundancia, aunque tragaldabas que se han inflado a cobrar comisiones y mordidas hay tantos que, en vez de reír, nos generan bilis y mala leche.         Menos mal que los malabaristas y los magos, desde la pista central del circo, ya nos han tranquilizado haciéndonos saber que en el PP los casos de corrupción son aislados. Ya han tomado medidas, el suma y sigue alcanza los 42.000 metros, están a punto de completar la maratón de la corrupción olímpica.

Fíjense ustedes que, desde las elecciones, hemos visto a un diputado/comisionista del PP sentarse tan fresco en su escaño del Congreso; estallar el caso Acuamed (que se ha llevado por delante al subsecretario de la Presidencia, Federico Ramos, y amenaza con salpicar a Miguel Arias Cañete, anterior ministro de Agricultura y Comisario europeo); han imputado al PP, por presunto encubrimiento, en el caso de la destrucción de los ordenadores de Bárcenas y han sido detenidas hasta 24 personas del PP valenciano por delitos de corrupción. Como ven todo casos aislados, nada organizado ni premeditado, nada que ver con esa frase de “hay pastuki para todos”, o con la voz de Alfonso Rus sumando millones de una mordida, grabadas por la policía.

En resumen, los tres presidentes de las diputaciones valencianas, han sido detenidos. José Joaquín Ripoll, presidente de la Diputación de Alicante cayó en 2010 acusado de recibir sobornos; el de Castellón, Carlos Fabra, cumple condena por fraude fiscal y el de Valencia, Alfonso Rus, que se autoproclama Supermán, es el protagonista de la última macrorredada con acusaciones de corrupción, blanqueo de capitales y financiación ilegal. No olvidar, la dimisión obligada de Francisco Camps, las detenciones o imputaciones de un sinfín de cargos del PP y el cerco que se estrecha en torno a Rita Barberá. Como vemos, una red amplia y bien organizada en un país en el que el saqueo parece una costumbre que pronto podremos elevar a la categoría de tradición. Creo que este espléndido país no se merece tantos villanos y sinvegüenzas.

Lo que tenía que ocurrir ha llegado en el peor momento para Mariano Rajoy. Tras renunciar, cobardemente, a someterse al debate de investidura, pretende ahora, en un movimiento táctico, que sea Pedro Sánchez, que bastante tiene con los navajeos internos, quien sea derrotado en primera vuelta. Así se gana tiempo para consolidar la nueva campaña de lavado de cerebros que se ha iniciado desde Europa, la banca, los medios, los prohombres, exministros, expresidentes, el horóscopo, el oráculo de Delfos y el sustituto del pulpo vidente, Paul. Todos aconsejan una gran coalición o una abstención activa del PSOE que deje gobernar al PP antes de que las plagas bíblicas hundan (presuntamente) la economía y nuestras vidas.

Dicen que si gobiernan otros el prestigio de España se hundirá y Europa nos castigará, y saldremos del euro y de la galaxia hasta perdernos en las tinieblas estelares. A mí, sinceramente, me da la risa. Algunos creen que nos vamos a tragar que Rajoy, que no dimitió el día que le dijo a Bárcenas: -Luis, sé fuerte, puede regenerar el sistema. En este país urge recuperar la dignidad y para ello solo hay un camino: enviar a Rajoy de vacaciones a algún paraíso (fiscal, por supuesto) y que no se preocupe, que en el canal internacional hay fútbol todos los días y circo, sobre todo, circo.

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Entre la ética y la estética
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María Antonia San Felipe | 23-01-2016 | 08:43| 0

-No sé adónde vamos a llegar en este país, ¿has visto a esos diputados que van al parlamento con rastas en la cabeza, con jerséis y camisetas, en vez de llevar un traje como Dios manda? Seguro que llevan piojos y no se duchan.

-Vamos al desastre, que te lo digo yo. Con lo elegantes que iban siempre Francisco Camps o Rodrigo. Si, si. Rodrigo Rato iba siempre impecable. Y Bárcenas, tan bien peinado y tan educado, con su elegante abrigo cover coat. Eso de los sobres y los papeles, total una tontería ¡Quien no ha ocultado un pecadillo en su vida!

-Este país, se hunde. Estos nos llevan a la ruina. Lo que hace falta es un gobierno serio y con experiencia que nos proteja a nosotros, claro, que para eso son de los nuestros.

-¡Y yo que creía que ya estábamos en el desastre!, porque a la ruina ya hemos llegado la mayoría- pensó el camarero mientras servía el café a las señoras de la respetable urbanización.

            Precisamente por eso, para evitar maledicencias, el diputado comisionista Gómez de la Serna para la sesión constitutiva del Congreso eligió un traje y una corbata discretos. Quería pasar desapercibido entre la variada multitud que iba a poblar el hemiciclo a partir de ahora. No era cuestión de llamar la atención de cámaras y televisiones, ya había tenido suficiente cuajo para presentarse allí, tras adueñarse del escaño que le ha regalado el PP y que no piensa devolver, porque eso es lo que se hace con las comisiones por intermediación. Lo suyo era no desentonar y lo consiguió. A él nadie le hizo un mal gesto ni le afeó su caradura, no había tiempo, entretenidos como estaban rasgándose las vestiduras y vaticinando catástrofes para un país minado por la corrupción de los elegantes.

            Mientras se habla de la estética, nadie se acuerda de la ética, la única necesaria para regenerar la decadencia de un sistema democrático expoliado por algunos. Estos días las conjeturas sobre la formación de un nuevo gobierno hacen que los mentideros del país rebosen como un soufflé en pleno subidón. Lo cierto es que Rajoy, que no tiene costumbre de consenso ni de pacto, permanece recluido en su silencio, sin imaginación para romper inercias de un pasado totalmente caduco. Cree que el argumento de la necesaria defensa de la unidad de España debiera ser suficiente para conseguir adhesiones a su investidura. Se equivoca, pues ha sido precisamente con su gobierno, de amplia mayoría absoluta, cuando hemos llegado al punto de una posible ruptura. El auge secesionista es la evidenia de su fracaso. Ha sido incapaz de hablar con el nuevo presidente de la Generalitat que, le guste o no, es un cargo institucional y, hoy por hoy, parte del Estado. Tampoco ha ofrecido un programa de gobierno que permita sumar más voluntades que las propias y la abstención, activa pero insuficiente, de Ciudadanos.

            Los españoles prefieren que haya gobierno porque han votado que los partidos políticos, nuevos o viejos, se pongan de acuerdo. Cada uno deberá tener la inteligencia de interpretar ahora la voluntad de sus votantes y de qué modo no les defraudarán, porque cesiones tendrán que hacer todos para lograr un acuerdo y los ciudadanos lo saben y lo comprenden. Rajoy comienza a ser consciente de su soledad, es lo que tiene gobernar desde la soberbia. Está claro que no va a hacer grandes esfuerzos, prefiere probar suerte en nuevas elecciones. Veremos si en este país, tan maravilloso como diverso, se restaura la costumbre del consenso sobre reformas necesarias y mayoritariamente apoyadas por la población. Esta legislatura será corta y compleja pero no tiene por qué ser decepcionante ni estéril. Recuperemos la ética y desterremos la falsa estética. Y, no nos volvamos locos, tras la negrura nocturna siempre sale el sol.

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Algo nuestro se quema
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María Antonia San Felipe | 16-01-2016 | 10:02| 0

           Todavía no nos habíamos repuesto de las estériles polémicas sobre los reyes y las reinas magas cuando, en el tiempo de descuento, en Cataluña, nos nació un presidente, tras el suicidio involuntario, aunque inducido, de Mas. El acuerdo con la CUP se fraguó in extremis porque ambas partes pensaron que era mejor pájaro en mano que ciento volando. El miedo al retroceso electoral ha permitido un acuerdo sorprendente, sobre todo para los votantes de la formación anticapitalista. La justificación de que han lanzado a Mas a la papelera de la historia no parece razón suficiente para investir a un actor secundario, que simboliza lo mismo que Mas. Al fin y al cabo la corrupción de los gobiernos sucesivos del partido de Jordi Pujol y Artur Mas suponen la mayor traición jamás perpetrada al pueblo catalán. Pese a todo, la denominada desconexión con España me sigue pareciendo tan irreal y distante como el sueño infantil de abrazar la luna para regalarla. Artur Mas lo sabe y ahí les ha dejado el lío, confiamos en que nadie se cortocircuite con el calambrazo de una desconexión unilateral.

            La otra sorpresa de la semana nos la ha proporcionado la abogada del Estado, Dolores Ripoll que, en su intervención en el caso Noos, mientras ejercía una apasionada defensa exculpatoria de la infanta Cristina de Borbón ha enviado también a la papelera de la historia nuestro sagrado mito de que Hacienda somos todos. Tras años de pedagogía democrática para hacernos comprender el artículo 31 de nuestra Constitución, nos enteramos de que solamente somos Hacienda los imbéciles que a través de nuestras nóminas financiamos la sanidad, la educación y tantos servicios que nos son imprescindibles. Lo demás es publicidad engañosa como la de las cremas rejuvenecedoras o las dietas milagro. Realmente decepcionante esta confesión realizada desde el corazón del propio Estado. Esta bromita insultante a nuestra inteligencia me ha recordado otro viejo eslogan gubernamental, convertido en chiste por la sabiduría popular: “cuando un monte se quema, algo suyo se quema…, señor conde”.

          Y es que, con unas cosas y otras, nos han robado la esperanza y han quemado nuestra confianza y claro la cosa no está ni para llamar a los bomberos. Ya ven ustedes, si nos parecía un escándalo que el partido que fundó Pujol y ha dinamitado Artur Mas, tuviera 15 sedes embargadas por el “caso Palau”, ahora han sido detenidos dos altos mandos de los bomberos de la Generalitat y un exalto cargo de la Conselleria d’Interior por su presunta participación en una trama de contratación fraudulenta de aviones para la extinción de incendios a cambio de sobornos. Es lo que tienen años de impunidad en la comisión de delitos. Si no se da ejemplo desde arriba todo el mundo se cree con derecho a repartirse el pastel, es decir, nuestro pastel: el de la buena gente que cree que Hacienda somos todos y todavía soñamos con el bien común.

         Mientras este nuevo incendio prendía en Cataluña, se constituían la nuevas Cortes. Hay que reconocer que la del Congreso ha tenido un colorido especial. Tanta gente nueva en el hemiciclo augura un período que no será largo pero si de emociones intensas. El nuevo presidente Patxi López  debe contribuir a dinamizar una institución que había languidecido con la aplastante mayoría del PP en la pasada legislatura. No me cabe duda de que este período va a estar más al hilo de la calle. No obstante, confieso que me ha sorprendido la enorme repercusión mediática que ha tenido el hecho de que la diputada Carolina Bescansa haya acudido con su niño en contraposición con el escándalo que supone la toma de posesión del diputado comisionista Gómez de la Serna y que casi ha pasado desapercibida. En este país hacemos un mundo de una anécdota y olvidamos lo esencial. Está claro que nos encanta avivar hogueras más que apagar incendios, a lo mejor por eso además de incrédulos estamos tan quemados.     

             

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.