La Rioja
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El chulo del barrio
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María Antonia San Felipe | 09-11-2013 | 09:09| 0

          Cuando se actúa desde la chulería se corre el riesgo de sucumbir a la soberbia y de naufragar en la estupidez. Y para que no haya dudas, diré que hablo del ministro de Educación, José Ignacio Wert que cada poco tiempo nos obsequia con actuaciones estelares de tal osadía que una no sabe si reírse de pena o llorar de rabia. En cada decisión que toma rompe algún plato o pisa algún callo, siempre con un objetivo claro: destruir la enseñanza pública o intentar convertirla en residual. Eso sí, don José Ignacio todo lo hace con el aplomo y la falta de tacto del personaje que todos conocemos como “el chulo del barrio”. Estos días se ha derramado una gota que ha colmado el vaso. La publicación de una norma en el Boletín Oficial del Estado, con nocturnidad y alevosía, suprimiendo las becas Erasmus, una vez que la mayoría de los estudiantes han salido para sus destinos, se ha convertido en su última hazaña. Todo indica que la ha perpetrado sin encomendarse ni a dios ni al diablo y por lo que parece ni a sus propios colegas del gobierno ni al presidente al que, por otra parte, poco le importa, refugiado como está en su palacio de silencio.

          La medida la descubrió un estudiante por casualidad, pero cuando saltó la voz de alarma el incendio en la prensa y en las redes sociales ha sido tan inmediato que ha supuesto el rechazo no sólo de los afectados sino incluso de la Unión Europea y, por si fuera poco, de sus propios compañeros de partido y de gobierno, al tiempo que ha levantado una enorme solidaridad en una población cada día más harta del modo en que nos están tratando los chulos del barrio. Cuando vi al ministro Wert anunciar la revocación de la medida tuve la sensación de que, de forma virtual, miles de españoles y de estudiantes Erasmus se habían convertido en Gorgoritos y, metafóricamente, con las estacas en la mano propinaban unos coscorrones en la cabeza del Ogro Dienteslargos al grito de: ¡toma!, ¡toma! y ¡toma! Mientras la ciudadanía coreaba: ¡bien! ¡por fin! ¡bien! No está mal que alguna vez pierda la partida el chulo del barrio. Aunque de verdad, lo que tenía que haber ocurrido es que tras tragarse públicamente el sapo de la rectificación, hubiera dimitido y al no hacerlo, Rajoy  debió cesar fulminantemente tanto a él como a la secretaria de estado, señora Gomendio a la que tanto gusta, como a Wert, insultar a los docentes y a los alumnos como si todos fueran vagos y maleantes que protestan unos porque tienen trabajo y otros porque son pobres y malos estudiantes. Ellos tendrán brillantes expedientes académicos pero escaso tacto como gobernantes y elevada incompetencia como gestores al improvisar ocurrencias cada cuarto de hora y si no, a las pruebas me remito.

          Claro que hablando de tacto, no puedo olvidar el dolor de estómago que me han producido las palabras del ministro De Guindos que para vender la moto de la presunta recuperación económica ha tenido el ingenio de afirmar que “en España se está perdiendo el miedo a perder el empleo”, cuando todo indica que una cuarta parte de la población activa seguirá en el paro durante varios años y cada vez con menos cobertura social. El último sondeo del CIS, como ya sabemos sin necesidad de encuestas, indica que el primer problema que detectan los españoles es el empleo, es decir, la ausencia de él. En España con cinco millones de parados, claro que no hay miedo a perder el empleo, no señor ministro, lo que hay es pánico a quedarse sin él y pavor entre los parados a no encontrarlo jamás. Este es el drama de España. Cuando se viven situaciones tan trágicas y hay tanto sufrimiento en los hogares, sería más prudente que los ministros se comportaran con más comprensión y menos chulería. Rodeados de basura y corrupción como estamos, sería de agradecer que dejaran de insultar nuestra inteligencia y de pisotear nuestra dignidad, que ya está bien de pasear tanta chulería por el barrio.

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El tamaño importa
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María Antonia San Felipe | 02-11-2013 | 09:33| 0

           Este país es muy proclive a preocuparse de lo accesorio y a olvidarse de lo importante, cualquier señuelo nos despista. Nos tenían entretenidos con los presuntos brotes verdes y como comenzaban a dolernos los ojos, enrojecidos de tanto frotarlos para tratar de verlos, nos han brindando un nuevo pasatiempo. Ahora lo importante es saber si hemos sido suficientemente espiados o no por los Estados Unidos. Sería una decepción averiguar que los americanos espiaban a Angela Kerkel, incluso en la oposición, y no han investigado a Mariano Rajoy ni antes ni ahora. Claro que teniendo en cuenta que ni siquiera comparece ante la opinión pública para dar su punto de vista en temas de extrema crudeza no es de extrañar que le pinchen el teléfono y le intercepten los mensajes para saber qué narices opina del paro, del desmantelamiento de la sanidad, de incremento del soberanismo en Cataluña o de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo. Son tantos sus silencios que los españoles debiéramos contratar un espía que nos informe de lo que Rajoy opina de España en la intimidad. Es de chiste constatar que los agentes secretos españoles nos espían a nosotros mismos para pasar la información a los Estados Unidos, con la disculpa de que hay que colaborar conjuntamente para aniquilar al Imperio del Mal y a estas alturas no sabemos si los agentes son dobles o son sólo de ellos, a cambio de sobresueldos en negro para que no se entere Montoro, que como no para de hablar puede contarlo en el Parlamento sin darse cuenta.

           Porque no nos engañemos, en este país el tipo de agentes secretos que nos fascinan no son los de las novelas de Ian Fleming o John Le Carré, que también fueron espías. A nosotros los que nos gustan son Mortadelo y Filemón y si hay que investigar con más intensidad y eficacia ya avisaremos al inspector Clouseau, encarnado por Peter Sellers. Por lo que parece, el papel de España en este asunto es de risa porque trabajamos para los servicios secretos estadounidenses con más impericia que acierto y por eso nuestra protesta va a tono de tanta estupidez. Nos quejamos pero poco. Aparentamos que nos enfadamos pero por los bajines le decimos al embajador de los Estados Unidos que pelillos a la mar,  no vaya a ser que si nos ponemos chulos nos salga cara la heroicidad. En este asunto no se defiende la patria, en cuya bandera se envuelven algunos cuando conviene, sino la subordinación al poderoso y la mentira como instrumento de dominación.

           De todo este asunto sólo podemos extraer una conclusión: nuestras democracias languidecen porque cada día son más vulnerables y porque los que nos espían los correos electrónicos y las conversaciones telefónicas con el pretexto de combatir el terrorismo y salvaguardar la seguridad de nuestros hogares, en realidad ni sabemos para quién trabajan aunque todo indica que sirven al poder económico que siempre ha dirigido el mundo. Que se están vulnerando leyes internacionales es evidente, pero en España esto ni siquiera sorprende porque nos hemos acostumbrado a ver que quienes más incumplen la legislación mejor vida se pegan. En España lo importante es el tamaño, si eres un timador de poca monta vas al trullo seguro, pero si estafas a miles de ahorradores no te preocupes porque puedes acabar de directivo de un gran banco, como Rato. Si olvidas declarar 300 euros a Hacienda, prepárate, pero si defraudas millones no hay motivos para la alarma, si no te incluyen en una amnistía fiscal acudes a los tribunales y con suerte, al ritmo que va la presunta justicia, el delito prescribe y tú de vacaciones en Hawai. Como dijo Muñoz Molina en Oviedo, vivimos “en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar”. Este es nuestro drama nacional, pero nada, aquí no pasa nada. Como cantaba Manolo Escobar: ¡Qué viva España!

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La inocencia naufragada
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María Antonia San Felipe | 26-10-2013 | 08:18| 0

          Ya se sabe que no hay cosa más terrible en esta vida que sucumbir en las turbulentas aguas del olvido. Éste es el destino de muchas noticias por impactantes que parezcan y así ocurrirá con la historia de la adolescente Leonarda Dibrani, la niña gitana escolarizada en Francia y detenida para su deportación mientras participaba en una excursión escolar. Su historia ha dado la vuelta al mundo y ha puesto de manifiesto varias realidades superpuestas en una Europa cada vez menos civilizada y menos garante de los derechos humanos.

           Lo que está ocurriendo frente a las costas de Lampedusa nos sigue mostrando la injusta e inútil aplicación de leyes que son democráticas solamente por la forma en que fueron aprobadas, pero cuyo contenido es más que censurable a la vista de la Carta de los Derechos del Hombre. Europa tolera leyes que penalizan incluso a quien se conmueve ante una tragedia y presta su ayuda a un ser humano que ha sobrevivido a un naufragio y a las mafias que trafican con su vida. Lo que ha ocurrido con Leonarda es, en realidad, otra cara del mismo fenómeno político y social que está invadiendo Europa de punta a cabo. Las posturas extremas y viscerales de una parte de la sociedad europea culpan a la inmigración de todos sus males sin pararse analizar que el mal que padecemos no viene de abajo sino de arriba, de la estructura del propio sistema. Estamos ante la degeneración de un capitalismo, cada vez más especulativo y menos productivo, que con la complicidad de nuestros gobiernos está devolviendo a nuestras acomodaticias sociedades a épocas previas a la revolución industrial. En el pasado los desempleados se agolpaban a las puertas de las fábricas o en las plazas de los pueblos para que el dedo del patrono les seleccionara para una jornada laboral o dos con mucha suerte. Ahora casi pasa lo mismo, el currículo de millones de parados se echa en los buzones de las fábricas o viaja por internet a la velocidad de la luz compitiendo con otros tantos millones de esperanzas de que sean, no ya seleccionados, sino simplemente leídos. No es de extrañar que en este clima de incertidumbres el miedo al futuro crezca tanto como la ultraderecha en Grecia, en Austria, en Alemania, en Italia, en España y también en la república francesa, madre de la revolución.

          La expulsión de Leonarda ha coincidido con una encuesta que pone al partido de Marine Le Pen a la cabeza de la intención de voto en Francia. Un escalofrío ha recorrido las columnas vertebrales de los partidos tradicionales y, al igual que ocurre en otros países de Europa, el miedo a perder las elecciones hace que todos los partidos políticos, con el apoyo mayoritario de la población, se alineen con posturas a veces muy alejadas del ideario político que se les supone. Si sorprende que tres de cada cuatro franceses apoyen la medida ordenada por el ministro del interior Manuel Valls más asombra que sea un gobierno socialista el que se aleje de postulados propios de los principios de solidaridad,  igualdad y fraternidad que debiera practicar.

            La expulsión de la familia de Leonarda, ha sido tan rocambolesca que el propio presidente de la República, Hollande, ante la intensidad de las protestas, ha ofrecido a Leonarda la posibilidad de volver a Francia sola, sin su familia. Se trata de otro despropósito incomprensible que no lava la cara del gobierno socialista aunque impulse la popularidad del ministro del interior. Algunos creen que la labor de los partidos políticos no es tratar de transformar la sociedad desde unos principios inalterables porque son moral y éticamente irreprochables y, por tanto, perdurables en el tiempo porque protegen derechos universales, sino que están para salvaguardar el sillón aunque los principios se precipiten al cubo de la basura sin posibilidad de reciclaje. Estamos pues ante “sálvese el que pueda” y ante tan terrible hecatombe es posible que nuestra solidaria inocencia naufrague en una patera en el Mediterráneo.

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El dedo en el ojo
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María Antonia San Felipe | 19-10-2013 | 08:35| 0

 

          Tengo ganas de ver los informativos de la tele y no tener la sensación de que desde el otro lado de la pantalla nos están metiendo el dedo en el ojo. Ese tipo de sobresaltos me producen últimamente las estrambóticas declaraciones de algunos miembros del gobierno. Del presidente Rajoy no puedo quejarme, como está desaparecido de la realidad cotidiana del país que gobierna, es difícil reprocharle algo que no sea su silencio. Por eso Aznar ha aprovechado la ocasión para vestirse de boxeador y le ha propinado un derechazo en el ojo de campeonato del mundo. Creo que nadie puede negar, que es el ministro Montoro quien brilla con luz propia en el firmamento del gabinete ministerial. Si de Rajoy desesperan sus silencios, de Montoro irrita su excesiva e inoportuna locuacidad. Ahí lo tienen, nos presenta unos presupuestos que sitúan la deuda en un nuevo hito histórico, casi el 100% del PIB (Producto Interior Bruto), incluyendo una errata que supone unos 10.000 millones de euros y uno saca la impresión de que las cuentas públicas se están cuadrando a ojo de buen cubero.

          Tras esta hazaña inédita, Montoro pronunció su gloriosa frase, ese eufemismo afirmando que en España “los salarios no estaban bajando sino moderando su subida”. Al oírlo todo el mundo pensó lo mismo, que el insigne ministro nos toma el pelo, en la misma proporción que a él le falta, pues todos sabemos que está mintiendo descaradamente como han reconocido hasta los propios empresarios. Desgraciadamente no es que los salarios no suban, es que están bajando y por eso crece nuestra competitividad y todo ello, sin olvidar, el escandaloso número de personas que hace tiempo que no saben lo que se siente al cobrar un salario con regularidad. A lo mejor el ministro estaba ensayando su participación en una película cómica, de ese cine español que Montoro considera de baja calidad. Es un nuevo insulto al mundo del cine, de la cultura y especialmente a nuestra industria que él debiera tratar de ensalzar porque da más empleo y más satisfacciones que la ínfima calidad de su actuación al frente del ministerio de Hacienda. Yo veo a Montoro en el Parlamento y me pregunto si no estará imitando a Fernando Esteso y las únicas películas que ha visto de cine español son las que dirigía Mariano Ozores en otros tiempos.

            El autor de una amnistía fiscal tan vergonzosa como ineficaz, en vez de dar tanta lección desde el púlpito parlamentario, sería conveniente que se dedicara a resolver problemas y no a crearlos porque enfrentarse con actores y millones de ciudadanos al mismo tiempo es un síntoma de desvarío y de falta de rumbo. Para animar el patio de nuestra, cada día, más pobre España se ha unido a los excesos verbales la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, Doña Soraya Sáenz de Santamaría, que ejerce de presidenta ante la incomparecencia reiterada en los asuntos de estado de Mariano “el ausente”. Ha acusado a medio millón de parados de cobrar prestaciones indebidamente cuando en realidad eran 5.833 y en vez de reconocer su error, intenta hacer creer que el mayor fraude jamás conocido en España sale de las filas de los parados sin escrúpulos. En vez de actuar con tanta soberbia, el gobierno debiera preguntarse cómo ven desde la calle el ejemplo de sus comportamientos. La cúpula directiva del PP ha estado cobrando sustanciosos sobresueldos, en negro o en blanco, porque no podían vivir con los sueldos de ministro o diputado pero le exigen al parado que tenga una conducta legal y moral más estricta que la suya. No me cabe duda de que la mayoría de los parados tienen más altura ética que muchos que ahora se rasgan las vestiduras desde la tribuna del Congreso. Si hay fraude, atájenlo, pero ni exageren la realidad ni insulten a nadie gratuitamente. Pregúntense en sus reuniones: ¿hay mayor fraude que el de un gobierno que hace lo contrario de lo prometido? Mientras meditan, sería de agradecer que dejaran de meternos todos los días el dedo en el ojo.

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Mirar sin querer ver
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María Antonia San Felipe | 12-10-2013 | 09:15| 0

         

           “Europa no puede mirar para otro lado”, es una frase tan embustera y hueca como la mayoría de las declaraciones vacías y grandilocuentes que nacen del corazón de piedra de la Unión Europea, por eso la ha pronunciado su presidente José Manuel Durao Barroso, tras ser abucheado en Lampedusa después de la tragedia en la que más de 250 cadáveres nos han puesto ante el espejo de nuestra propia vergüenza. Esa misma palabra, Vergogna!, ha gritado el Papa y muchos vecinos de Lampedusa al recibir a las autoridades que se han acercado a la isla empujados por un escándalo que nos ha recordado la miseria moral en la que vivimos.

            Mientras se contaban los cadáveres y se prometía la nacionalidad italiana y un funeral de estado a los muertos, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los supervivientes rescatados de un delito de inmigración clandestina, que puede ser castigado con una multa de hasta 5.000 euros y la expulsión del país en aplicación de una ley aprobada por el gobierno de Berlusconi y mantenida por los siguientes. Resulta indecente que los muertos, que ya nada necesitan, sean enterrados como ciudadanos de la República italiana con un funeral hipócrita presidido por presidentes, ministros y altos cargos políticos, mientras que los que han sobrevivido y que probablemente preferirían, en estas circunstancias, estar tan muertos como sus infortunados compatriotas, puedan ser expulsados y castigados como escoria humana. Asimismo los que les auxiliaron, mientras otros pasaban de largo, por la misma ley pueden también ser detenidos y juzgados. En otros tiempos hubieran sido aplaudidos como héroes pero hoy está más valorado y se consigue ser más influyente en los círculos políticos si uno  es un sinvergüenza que cobra comisiones bajo manga, estafa a ahorradores o derrocha los dineros públicos. En la actualidad las políticas económicas y fiscales protegen más a los causantes de esta crisis que a las víctimas de sus manejos. Nunca como ahora, se ha sido tan complaciente con los fuertes y tan tirano con los débiles, nunca se protegió tanto al estafador y se insultó tanto al estafado.

            Además, diga lo que diga Durao Barroso, mirar para otro lado sin querer ver la realidad es lo que se ha hecho con la inmigración durante años y lo peor es que se actúa con el aplauso y la aquiescencia de una mayoría, cada vez más creciente, de ciudadanos. La crisis está agudizando dos fenómenos totalmente contrapuestos, por un lado hay mareas de gente solidaria con los que lo están pasando mal y por otro, el germen de la insolidaridad se incrementa ante la escalada del desempleo, de la desigualdad y la disminución de las coberturas sociales. Si en Francia se expulsa a los gitanos con el apoyo mayoritario de los franceses, en España se legisla para multar a los mendigos (ya me dirán como van a cobrarse las multas), se prohíbe a los músicos tocar en las calles para ganarse la vida y otras ocurrencias para contentar a franjas ideológicas extremas. Por el contrario, no se anuncia ninguna ley para regular mercados, gravar la especulación, pedir solidaridad impositiva a las grandes fortunas o castigar a quienes se forran quebrando bancos que luego se rescatan con nuestros impuestos. Estos últimos, en vez de cárcel, tienen premio y por eso los incluyen en los consejos de administración de grandes empresas. Parece ser que la mano dura con los débiles y con los desprotegidos es la nueva ideología que recorre Europa estos días. Sirva de ejemplo que en Francia la ultraderecha va a la cabeza en los sondeos electorales y que en España hay multitud de actitudes fascistas que gozan del aplauso de muchos. Estamos en una espiral peligrosa, como en los años treinta del pasado siglo. No debiéramos consentir un retroceso tan dramático a la noche de los tiempos. Yo no quiero ser cómplice y confío en que usted tampoco.

 

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Repique de campanas
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María Antonia San Felipe | 05-10-2013 | 08:13| 0

         

           “Enredándose en el viento van las cintas de mi capa”, así cantaba la tuna cuando yo estudiaba. Ahora no es la estudiantina sino el ministro Montoro el que se enreda entre las cifras presupuestarias para hacernos creer que se percibe el repique de campanas. Sí, un repique de campanas, en el centro del país. Si no sienten el repiqueteo musical es porque tiene usted mala leche, porque Montoro, que vive en la luna, no sólo lo escucha sino que lo ve y anuncia la llegada del amanecer al final de un túnel en el que no habita él, sino nosotros. Los presupuestos dice el ministro no sólo son los más sociales sino que dibujan el camino de la recuperación. El paro sigue subiendo y tras el exitazo de los 31 parados menos en agosto viene el incremento de 25.572, aunque sea el mejor septiembre desde hace años. Ya saben, cuando la miseria sea general dejará de ser noticia de primera página porque todos seremos iguales en la desgracia. Por eso Rajoy, especialista en huir de la realidad e incapaz de afrontar la verdad con la entereza que se espera de un dirigente, ha salido huyendo hacia Japón. Allí ha anunciado que, gracias a su gobierno, el mercado laboral español es tan barato que los inversores extranjeros pueden venir a España porque nuestros salarios se parecen a los de China pero además tenemos jamón y guitarras para alegrar el día a los empresarios nipones. Nunca había visto yo a un presidente vanagloriarse de empobrecer a su país y mucho menos que  considere la hazaña un mérito histórico. La crisis ha venido para quedarse largo tiempo y mientras más de una cuarta parte de la población activa esté en el paro, sin poder ganarse la vida con su propio trabajo, no es posible hablar de recuperación económica alguna sino de desarraigo y de exclusión.  Por eso el gobierno debiera dejar de hacernos creer que repican las campanas, salvo que nos estén anunciando que tocan a funeral y nos inviten prematuramente al entierro del estado del bienestar que es en lo único que están siendo aplicados los señores del gobierno.

          Claro, que esta semana ha sido pródiga en despropósitos, no sólo en España sino en buena parte del extranjero. No hay cosa peor para un país que los innumerables patriotas de pacotilla, que dicen amarlo hasta la muerte, pero que son capaces de contribuir a su hundimiento antes que pactar con el adversario político al que la ceguera y la obstinación excluyente convierten en un enemigo a batir. Los ultraconservadores del Tea Party del partido republicano de los EEUU prefieren avocar a la suspensión de pagos al país, con consecuencias imprevisibles dada la actual situación económica, que dar su brazo a torcer en su petición de no aplicación de la reforma sanitaria de Obama, que trata de facilitar el acceso a muchos sectores excluidos. De momento ya han conseguido el cierre administrativo del gobierno, pero puede que en su estrategia les ocurra lo mismo que les sucedió con Clinton y pierdan las elecciones por amar tanto a su país que prefieran agonizarlo.

           También puede que, en breves fechas, les suceda lo mismo que a Berlusconi en Italia que, tras intentar hacer caer al gobierno en un acto desesperado de soberbia enfadado por su inhabilitación judicial, ha tenido que recular porque ha habido motín a bordo. Berlusconi que compró voluntades, sobornó jueces y se enfangó hasta los tuétanos en las miserias del poder es ya un cadáver político y como ya no podrá administrar prebendas los suyos comienzan a volverle la espalda, es el riesgo que tiene creerse Il Duce, porque el poder da unos encantos que se desmoronan cuando se pierde y el que se ha emborrachado de él sufre de un mal incurable. Por eso Berlusconi está tan triste y por igual razón Pedro Sanz debiera hacer caso al párroco de Arnedo, Tomás Ramírez, cuando le aconseja que es mejor que cada uno esté en el lugar que le corresponde y no ocupando todos los espacios. Ciertamente, no se puede estar repicando y en la procesión pero está claro que algún día el Presidente no estará ni repicando ni en la procesión. El tiempo nos lo dirá.

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El pecador, la mamá y el rey
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María Antonia San Felipe | 28-09-2013 | 07:24| 0

         

           El hombre que calza las sandalias del pescador en su calidad de sucesor de Pedro, ha confesado, urbi et orbi, que él simplemente es un pecador. Seguramente no hay mayor grandeza en el ser humano que analizarse a sí mismo, con más crudeza que lo haría un enemigo, y luego reconocer la debilidad para ser consecuente con lo que se cree y coherente con lo que se hace. Por eso, la sinceridad de este Papa, ¡me encanta! Lo confieso abiertamente. ¿Qué autoridad mundial, en este universo falso e hipócrita en el que vivimos, aparece ante sus seguidores para confesar que él es tan vulnerable como el resto de los mortales? En España no hay gobernante que lo haga porque consideran que confesar errores y mostrarse débiles les resta autoridad y liderazgo, probablemente porque nunca lo tuvieron. Yo creo todo lo contrario, sólo la verdad aproxima al pueblo y eso es lo que ha conseguido el papa Francisco en su última entrevista que ha dado la vuelta al mundo. Su confesión ha suscitado la complicidad y la comprensión de millones de fieles que tratan de ver en él las esencias básicas del cristianismo primitivo, el que encarnó el propio Jesucristo y del que muchos creen que se ha ido alejando la Iglesia católica en su afán de abrillantar el cetro del poder con la dominación ideológica ejercida durante siglos. Hay más grandeza humana en aquellos que han sido injustamente señalados por el dedo acusador de la tradición católica como pecadores, que en muchos que aparentan ser santos en público, asistiendo a misas y procesiones, pero jamás hacen nada por los que están sufriendo a su alrededor.

            La propuesta del nuevo papa de que la Iglesia debe abrir nuevos caminos por los que transitar en vez de hablar sólo de la homosexualidad, el aborto o el uso de los anticonceptivos habrá levantado ampollas en algunos sectores y a más de uno en la Curia le habrá subido la tensión, el colesterol y hasta la bilirrubina. Seguro que sus palabras han encontrado más eco en los sacerdotes que ejercen sus funciones en barrios marginales, en las misiones, entre las monjas de los hospitales de África o entre los que atienden a españoles víctimas de la crisis en las filas de Cáritas. No sé, ya veremos lo que ocurre con este Papa que confiesa que es un pecador y que no es de derechas. Ya saben que los malos nunca descansan y que él tiene al enemigo dentro de casa, un accidente casual puede ser mortal, así que desde aquí, le deseo larga vida al Papa.

          Si Francisco es un hombre normal, un pecador con sotana, ¿qué me dicen de doña Angela Merkel, la nueva emperadora de Europa, a la que los alemanes llaman mamá? Ahí estaba, tan parecida a cualquier ama de casa haciendo la compra en el supermercado dos días antes de obtener más del 42% de los votos. Terminó la compra y se fue a dar un mitin a Hannover. Todo normal y sencillo, sin estridencias. No pienso como ella, es más, espero que rectifique por el bien de España, pero le reconozco el mérito y el valor. En España se hubiera montado un acto electoral en el supermercado con cientos de cámaras de televisión y de periodistas para lograr una instantánea, seguramente ficticia. Esa es la diferencia, los políticos de raza no se consideran superiores al resto de la gente por administrar un cargo público en su nombre y por eso ganan credibilidad y elecciones. En España, sin embargo, nos gusta mucho aparentar lo que no somos y muchos creen acceder a un puestito político les hace más listos que a los vecinos. Así nos va.

          En nuestro patio, esta semana la noticia es la cadera del Rey. Aunque la dolencia mejora, la imagen de la monarquía se fractura. Si al perro flaco todo son pulgas, al Rey sólo le faltaba la infección de cadera, con la credibilidad en horas bajas, la corrupción instalada en el salón de palacio y la Reina triste por lo que todos sabemos. El terreno es propicio a los rumores que estos días se disparan. Las posiciones se enfrentan entre partidarios de abdicación, regencia o república. La monarquía, como España, atraviesa horas tan bajas que nadie ve cerca la remontada.

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Sepulturero
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María Antonia San Felipe | 21-09-2013 | 07:58| 4

 

          Los reyes en el siglo XXI, en su afán de acercarse al pueblo, parece que han decidido ensayar viejos oficios y algunos, como Guillermo Alejandro de Holanda, se ha convertido, temporalmente, en sepulturero.

          Puede ser que el gobierno holandés, por cuya boca habla el monarca, piense como el poeta León Felipe: No sabiendo los oficios los haremos con respeto/Para enterrar a los muertos/ como debemos/ cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero. Siguiendo el sentir de estos versos, el gobierno de coalición de socialdemócratas y liberales ha debido pensar que nadie mejor ni de más alcurnia que el propio rey de Holanda para extender el certificado de defunción del Estado de Bienestar, aprovechando la solemne sesión de apertura del año parlamentario. Vestido de gala y rodeado de oropeles su majestad ha tenido a bien anunciar la sustitución del “clásico estado de bienestar de la segunda mitad del siglo XX por una sociedad participativa”. Según el discurso del rey, este sistema ha concluido porque “ha producido sistemas que en su forma actual, ni son sostenibles, ni están adaptados a las expectativas de los ciudadanos”. A continuación ha tenido a bien comunicar al pueblo holandés que tenga paciencia, que las cosas no van bien pero tampoco mal ya que hay “reformas que requieren tiempo”. Igual que a nosotros el gobierno español, el rey ha pedido a los suyos, paciencia y valor porque el país debe ser “un pueblo fuerte y consciente, capaz de adaptar los cambios a su vida”.

            Si esto piensan el rey y el gobierno en Holanda, cuyo gran temor es que el paro se incremente al 7,5% de su población activa, que dejan para nosotros que triplicamos sobradamente tan trágica cifra. Acaba de iniciarse el curso con 20.000 profesores menos en la enseñanza pública, con un recorte brutal de becas y sin dinero para investigación. Los hospitales están con las listas de espera colapsadas, las ayudas a las personas dependientes suprimidas o rebajadas, enfermos crónicos que no pueden pagar las medicinas y próximamente las pensiones recortadas. Por si fuera poco, Intermón Oxfam acaba de hacer público un estudio realizado en toda Europa según el cual, de persistir en estas políticas,  dentro de doce años España aportará uno de cada tres nuevos pobres del continente. Otro éxito como el olímpico.

            Parece ser que ese estado participativo, que propugnan el rey holandés y su gobierno, consiste en que los parados y los excluidos se reúnan en las plazas públicas para contarse las penas, reconfortarse mutuamente y repartirse a turnos el escaso trabajo existente y mal pagado, como hace un siglo. Mientras, en los salones de la corte serán recibidos con honores las élites sociales que incrementan sus beneficios y su preeminencia social. Porque ese es el resultado y, quizás, el fin de esta crisis. Los datos del informe anual «Riqueza en el Mundo de 2013», elaborado por RBC Wealth Management y Capgemini, concluyen que en España los más ricos aumentaron en 2012, un 5,4%, al sumar 144.600 ciudadanos y que a nivel global, la riqueza de los individuos con grandes patrimonios aumentó un 10% en 2012. Es decir, que con las recetas actuales de los gobiernos europeos, que no se diferencian ni el canto de un duro unos de otros, lo que realmente crece no es la economía sino la desigualdad social.

            El problema no es que el estado del bienestar no sea sostenible sino que nos están haciendo creer que no lo es y como si fuera una fatalidad del destino lo estamos aceptando y consintiendo. Este invento del estado participativo no puede ser una imposición de las élites económicas sino el construido por una sociedad organizada y valiente que ponga freno a este desastre, impidiendo que se desmonte ante sus ojos lo que se obtuvo con sangre, sudor y lágrimas. Yo tengo clara una cosa, no tengo ganas de asistir a este funeral aunque me invite un Rey.

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Goteras
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María Antonia San Felipe | 14-09-2013 | 07:34| 0

          

          Dicen que en el Congreso de los Diputados se han detectado unas tremendas goteras. Está claro que la vida a veces decide regalarnos metáforas porque, bien pensado, lo que hace aguas es nuestro sistema de representación política y todas nuestras instituciones ya que del Rey abajo, no se salva ninguna. Pensándolo bien, un poco de agua en las cabezas de algunos, a lo mejor, hubiera ayudado a facilitar el posterior brote de alguna idea brillante de las que no andan muy sobrados hoy en día. He imaginado que aparecían en el corazón del hemiciclo Pepe Gotera y Otilio con la escalera y la caldereta como en el Club de las chapuzas. Mientras Otilio taponaba la vía de agua del techo, Pepe Gotera aprovechaba para explicar a sus señorías que, por supuesto, el trabajito lo hacían sin IVA y que el importe lo pagaran, discretamente, en un sobrecito marrón. Mientras Otilio desparramaba salpicaduras de yeso por todo el hemiciclo, Pepe Gotera le explicaba al presidente del Congreso lo achuchada que anda la vida en el trabajo clandestino que, a este paso, va a ser mayoritario. En ese momento hacían su entrada, para supervisar y averiguar las causas de lo sucedido, Mortadelo y Filemón. Mientras Mortadelo interrogaba a Otilio sobre la posibilidad de que hubiera sido él mismo el causante del desaguisado, con el fin de obtener un sobresueldo para pagar la renta del piso, Filemón, sin perder ripio, departía con la ministra de Trabajo para que colocara de asesor a un sobrino de un cuñado que, además de ser admirador de Doña Fátima, está en paro desde hace tres años cuando se empezaron a ver brotes verdes.

            Vale, no estamos para chirigotas, pero de algo hay que reírse. Esto que les he contado es una broma pero ¿qué me dicen de la magnífica actuación de la alcaldesa de Madrid en Buenos Aires? A la Sra. Botella, cuyo mayor mérito radica en ser la esposa de D. José María Aznar, después de visionar reiteradamente el vídeo de su parlamento en inglés solo me queda decirle, con el mayor respeto: Manolete, ¡si no sabes torear, pa que te metes! La derrota de la candidatura de Madrid es Olímpica, porque es la tercera, pero su humorada en el acontecimiento pasará a la historia, la de los ridículos más espantosos de la historia de España, con prueba documental indiscutible.

            Vayamos a Cataluña y disfrutemos del espectáculo. El pueblo catalán se manifiesta porque está en su derecho y porque quiere, que para eso estamos en una democracia, pero el honorable presidente Artur Mas también haría buena pareja con Mortadelo. En su afán de revestirse con los ropajes de un líder de características épicas y libertador de su pueblo, ha tenido la osadía de compararse con un verdadero líder, con Martin Luther King. Creo sinceramente y sin pizca de acritud, que envolverse en la bandera del lugar donde se ha nacido y usarla como parapeto y pretexto para engrandecer un trabajo político muy cuestionable no es comparable, ni de lejos, con la lucha por la igualdad de los derechos de los negros en Norteamérica. Yo prefiero que todos seamos iguales, tengamos garantizado el acceso a la educación, a la sanidad, al trabajo y a las libertades civiles en cualquier lugar del mundo que sólo en el trocito donde he tenido la casualidad de nacer. No quiero tener más para que otros tengan menos y por eso, los argumentos de que Cataluña sería más rica fuera de una España que la expolia, me molestan y me hieren. Creo que los nacionalismos son tan excluyentes como dañinos para la solidaridad, pero también me sorprende la ineptitud de Rajoy, que envuelto en la bandera de España, la que no supo defender ante el Comité Olímpico Internacional, es incapaz de hacer frente a una crisis que de tanto tirar de la cuerda por ambas partes, puede llegar a romperse. Todos los citados van a pasar a la historia, no lo duden, a la del saqueo de España y de Cataluña. Yo también, como Mas, he tenido un sueño: nos gobiernan Otilio y Filemón.

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Una ilusión: 31
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María Antonia San Felipe | 07-09-2013 | 07:18| 0

          “España necesita una ilusión”, estas son las bienintencionadas palabras de Alejandro Blanco, flamante presidente del Comité Olímpico Español y de la candidatura de Madrid. Dicen que de ilusión también se vive, pero yo creo que España lo que necesita de verdad es rigor y seriedad en las altas esferas y una limpieza a fondo, con toneladas de desinfectante, en las cloacas de todas las instituciones del Estado. No se salva nadie, como diría Zorrilla, “del Rey abajo, ninguno”. Pues eso. Dicho lo cual, imaginen que Madrid gana la candidatura olímpica, ¿ustedes creen que eso va a levantar la moral de 6 millones de parados y de muchos más millones de cabreados y decepcionados? Yo creo sinceramente que no. A estas alturas los ciudadanos debiéramos ser tratados con más respeto a la inteligencia y con más educación en las formas y maneras.

          Estos días han resultado patéticos los esfuerzos del gobierno y del PP por distraer nuestra atención bien sea con los Juegos Olímpicos o con olímpicas medias verdades. María Dolores de Cospedal ha tratado, como un malabarista, de convencernos de que el caso Bárcenas es sólo un invento maligno para tratar de desestabilizar a su partido y que lo importante son los buenos datos de empleo que se esperaban. Ella lo ha dicho todo de forma clara, a partir de ahora toda la acción del gobierno y del PP se resume en amplificar ante los ciudadanos pequeños logros para mostrarlos como grandes hazañas para que simplemente olvidemos el merengue de corrupción en el que está metido el partido que gobierna España. Los dirigentes del PP debieran ser conscientes de que su falta de credibilidad nace de sus propios desaciertos y de sus innumerables mentiras. Podemos alegrarnos de que mejoren las cifras macroeconómicas pero olvidar y exculpar su responsabilidad resulta difícil.

          Tras el fantástico anticipo de los buenos datos de empleo y aunque a nuestro alrededor nuestros parados familiares, amigos y conocidos seguían inscritos en la mayor empresa de España que es el INEM, llegó la hora de la verdad. Se desveló que el paro había bajado en 31 personas, si 31, en unidades no en cientos o en miles. Yo me quedé boquiabierta, sobre todo porque también se hizo público que la Seguridad Social ha perdido 100.000 afiliaciones en un mes. Me hierve la sangre cuando a continuación escucho que se observa un cambio de tendencia. Claro, sólo faltaba que el ritmo de destrucción de empleo creciera como en los últimos 3 años en vez de frenarse, lo que significaría que pronto toda España estaría a la intemperie. Seamos optimistas, pero no ilusos. El último censo demuestra que perdemos población por primera vez en 17 años, muchos inmigrantes están regresando a sus países de origen y un porcentaje nada despreciable de españoles, que suman varios cientos de miles, se van de España en busca de oportunidades, lo que simple y llanamente significa que estamos perdiendo población activa. Esta realidad empírica y contrastable que sufrimos a diario a nuestro alrededor no hay mago, por ingenioso que sea, que nos lo oculte de nuestros ojos.

            Es posible que los datos macroeconómicos estén mejorando pero el camino hacia la recuperación del empleo será lento y doloroso, porque todo indica que una generación de jóvenes quedará en el camino y una franja nada menor de mayores de 50 años, también. No se va a recuperar la economía sólo con la mejora de las exportaciones. Si no hay un crecimiento de la demanda interna, difícil sin crecimiento del empleo, nos va a hacer falta más que ilusión para remontar. Lo único que nos sobra son ilusionistas de pacotilla en el gobierno que tratan de camelarnos, sin darse cuenta de que ya hemos visto el conejo antes de que levanten la chistera. Pero si nos engañan con trucos de feria es simplemente porque lo consentimos.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.