La Rioja
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Mirar sin querer ver
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María Antonia San Felipe | 12-10-2013 | 09:15| 0

         

           “Europa no puede mirar para otro lado”, es una frase tan embustera y hueca como la mayoría de las declaraciones vacías y grandilocuentes que nacen del corazón de piedra de la Unión Europea, por eso la ha pronunciado su presidente José Manuel Durao Barroso, tras ser abucheado en Lampedusa después de la tragedia en la que más de 250 cadáveres nos han puesto ante el espejo de nuestra propia vergüenza. Esa misma palabra, Vergogna!, ha gritado el Papa y muchos vecinos de Lampedusa al recibir a las autoridades que se han acercado a la isla empujados por un escándalo que nos ha recordado la miseria moral en la que vivimos.

            Mientras se contaban los cadáveres y se prometía la nacionalidad italiana y un funeral de estado a los muertos, la fiscalía de Agrigento (Sicilia) acusaba a los supervivientes rescatados de un delito de inmigración clandestina, que puede ser castigado con una multa de hasta 5.000 euros y la expulsión del país en aplicación de una ley aprobada por el gobierno de Berlusconi y mantenida por los siguientes. Resulta indecente que los muertos, que ya nada necesitan, sean enterrados como ciudadanos de la República italiana con un funeral hipócrita presidido por presidentes, ministros y altos cargos políticos, mientras que los que han sobrevivido y que probablemente preferirían, en estas circunstancias, estar tan muertos como sus infortunados compatriotas, puedan ser expulsados y castigados como escoria humana. Asimismo los que les auxiliaron, mientras otros pasaban de largo, por la misma ley pueden también ser detenidos y juzgados. En otros tiempos hubieran sido aplaudidos como héroes pero hoy está más valorado y se consigue ser más influyente en los círculos políticos si uno  es un sinvergüenza que cobra comisiones bajo manga, estafa a ahorradores o derrocha los dineros públicos. En la actualidad las políticas económicas y fiscales protegen más a los causantes de esta crisis que a las víctimas de sus manejos. Nunca como ahora, se ha sido tan complaciente con los fuertes y tan tirano con los débiles, nunca se protegió tanto al estafador y se insultó tanto al estafado.

            Además, diga lo que diga Durao Barroso, mirar para otro lado sin querer ver la realidad es lo que se ha hecho con la inmigración durante años y lo peor es que se actúa con el aplauso y la aquiescencia de una mayoría, cada vez más creciente, de ciudadanos. La crisis está agudizando dos fenómenos totalmente contrapuestos, por un lado hay mareas de gente solidaria con los que lo están pasando mal y por otro, el germen de la insolidaridad se incrementa ante la escalada del desempleo, de la desigualdad y la disminución de las coberturas sociales. Si en Francia se expulsa a los gitanos con el apoyo mayoritario de los franceses, en España se legisla para multar a los mendigos (ya me dirán como van a cobrarse las multas), se prohíbe a los músicos tocar en las calles para ganarse la vida y otras ocurrencias para contentar a franjas ideológicas extremas. Por el contrario, no se anuncia ninguna ley para regular mercados, gravar la especulación, pedir solidaridad impositiva a las grandes fortunas o castigar a quienes se forran quebrando bancos que luego se rescatan con nuestros impuestos. Estos últimos, en vez de cárcel, tienen premio y por eso los incluyen en los consejos de administración de grandes empresas. Parece ser que la mano dura con los débiles y con los desprotegidos es la nueva ideología que recorre Europa estos días. Sirva de ejemplo que en Francia la ultraderecha va a la cabeza en los sondeos electorales y que en España hay multitud de actitudes fascistas que gozan del aplauso de muchos. Estamos en una espiral peligrosa, como en los años treinta del pasado siglo. No debiéramos consentir un retroceso tan dramático a la noche de los tiempos. Yo no quiero ser cómplice y confío en que usted tampoco.

 

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Repique de campanas
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María Antonia San Felipe | 05-10-2013 | 08:13| 0

         

           “Enredándose en el viento van las cintas de mi capa”, así cantaba la tuna cuando yo estudiaba. Ahora no es la estudiantina sino el ministro Montoro el que se enreda entre las cifras presupuestarias para hacernos creer que se percibe el repique de campanas. Sí, un repique de campanas, en el centro del país. Si no sienten el repiqueteo musical es porque tiene usted mala leche, porque Montoro, que vive en la luna, no sólo lo escucha sino que lo ve y anuncia la llegada del amanecer al final de un túnel en el que no habita él, sino nosotros. Los presupuestos dice el ministro no sólo son los más sociales sino que dibujan el camino de la recuperación. El paro sigue subiendo y tras el exitazo de los 31 parados menos en agosto viene el incremento de 25.572, aunque sea el mejor septiembre desde hace años. Ya saben, cuando la miseria sea general dejará de ser noticia de primera página porque todos seremos iguales en la desgracia. Por eso Rajoy, especialista en huir de la realidad e incapaz de afrontar la verdad con la entereza que se espera de un dirigente, ha salido huyendo hacia Japón. Allí ha anunciado que, gracias a su gobierno, el mercado laboral español es tan barato que los inversores extranjeros pueden venir a España porque nuestros salarios se parecen a los de China pero además tenemos jamón y guitarras para alegrar el día a los empresarios nipones. Nunca había visto yo a un presidente vanagloriarse de empobrecer a su país y mucho menos que  considere la hazaña un mérito histórico. La crisis ha venido para quedarse largo tiempo y mientras más de una cuarta parte de la población activa esté en el paro, sin poder ganarse la vida con su propio trabajo, no es posible hablar de recuperación económica alguna sino de desarraigo y de exclusión.  Por eso el gobierno debiera dejar de hacernos creer que repican las campanas, salvo que nos estén anunciando que tocan a funeral y nos inviten prematuramente al entierro del estado del bienestar que es en lo único que están siendo aplicados los señores del gobierno.

          Claro, que esta semana ha sido pródiga en despropósitos, no sólo en España sino en buena parte del extranjero. No hay cosa peor para un país que los innumerables patriotas de pacotilla, que dicen amarlo hasta la muerte, pero que son capaces de contribuir a su hundimiento antes que pactar con el adversario político al que la ceguera y la obstinación excluyente convierten en un enemigo a batir. Los ultraconservadores del Tea Party del partido republicano de los EEUU prefieren avocar a la suspensión de pagos al país, con consecuencias imprevisibles dada la actual situación económica, que dar su brazo a torcer en su petición de no aplicación de la reforma sanitaria de Obama, que trata de facilitar el acceso a muchos sectores excluidos. De momento ya han conseguido el cierre administrativo del gobierno, pero puede que en su estrategia les ocurra lo mismo que les sucedió con Clinton y pierdan las elecciones por amar tanto a su país que prefieran agonizarlo.

           También puede que, en breves fechas, les suceda lo mismo que a Berlusconi en Italia que, tras intentar hacer caer al gobierno en un acto desesperado de soberbia enfadado por su inhabilitación judicial, ha tenido que recular porque ha habido motín a bordo. Berlusconi que compró voluntades, sobornó jueces y se enfangó hasta los tuétanos en las miserias del poder es ya un cadáver político y como ya no podrá administrar prebendas los suyos comienzan a volverle la espalda, es el riesgo que tiene creerse Il Duce, porque el poder da unos encantos que se desmoronan cuando se pierde y el que se ha emborrachado de él sufre de un mal incurable. Por eso Berlusconi está tan triste y por igual razón Pedro Sanz debiera hacer caso al párroco de Arnedo, Tomás Ramírez, cuando le aconseja que es mejor que cada uno esté en el lugar que le corresponde y no ocupando todos los espacios. Ciertamente, no se puede estar repicando y en la procesión pero está claro que algún día el Presidente no estará ni repicando ni en la procesión. El tiempo nos lo dirá.

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El pecador, la mamá y el rey
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María Antonia San Felipe | 28-09-2013 | 07:24| 0

         

           El hombre que calza las sandalias del pescador en su calidad de sucesor de Pedro, ha confesado, urbi et orbi, que él simplemente es un pecador. Seguramente no hay mayor grandeza en el ser humano que analizarse a sí mismo, con más crudeza que lo haría un enemigo, y luego reconocer la debilidad para ser consecuente con lo que se cree y coherente con lo que se hace. Por eso, la sinceridad de este Papa, ¡me encanta! Lo confieso abiertamente. ¿Qué autoridad mundial, en este universo falso e hipócrita en el que vivimos, aparece ante sus seguidores para confesar que él es tan vulnerable como el resto de los mortales? En España no hay gobernante que lo haga porque consideran que confesar errores y mostrarse débiles les resta autoridad y liderazgo, probablemente porque nunca lo tuvieron. Yo creo todo lo contrario, sólo la verdad aproxima al pueblo y eso es lo que ha conseguido el papa Francisco en su última entrevista que ha dado la vuelta al mundo. Su confesión ha suscitado la complicidad y la comprensión de millones de fieles que tratan de ver en él las esencias básicas del cristianismo primitivo, el que encarnó el propio Jesucristo y del que muchos creen que se ha ido alejando la Iglesia católica en su afán de abrillantar el cetro del poder con la dominación ideológica ejercida durante siglos. Hay más grandeza humana en aquellos que han sido injustamente señalados por el dedo acusador de la tradición católica como pecadores, que en muchos que aparentan ser santos en público, asistiendo a misas y procesiones, pero jamás hacen nada por los que están sufriendo a su alrededor.

            La propuesta del nuevo papa de que la Iglesia debe abrir nuevos caminos por los que transitar en vez de hablar sólo de la homosexualidad, el aborto o el uso de los anticonceptivos habrá levantado ampollas en algunos sectores y a más de uno en la Curia le habrá subido la tensión, el colesterol y hasta la bilirrubina. Seguro que sus palabras han encontrado más eco en los sacerdotes que ejercen sus funciones en barrios marginales, en las misiones, entre las monjas de los hospitales de África o entre los que atienden a españoles víctimas de la crisis en las filas de Cáritas. No sé, ya veremos lo que ocurre con este Papa que confiesa que es un pecador y que no es de derechas. Ya saben que los malos nunca descansan y que él tiene al enemigo dentro de casa, un accidente casual puede ser mortal, así que desde aquí, le deseo larga vida al Papa.

          Si Francisco es un hombre normal, un pecador con sotana, ¿qué me dicen de doña Angela Merkel, la nueva emperadora de Europa, a la que los alemanes llaman mamá? Ahí estaba, tan parecida a cualquier ama de casa haciendo la compra en el supermercado dos días antes de obtener más del 42% de los votos. Terminó la compra y se fue a dar un mitin a Hannover. Todo normal y sencillo, sin estridencias. No pienso como ella, es más, espero que rectifique por el bien de España, pero le reconozco el mérito y el valor. En España se hubiera montado un acto electoral en el supermercado con cientos de cámaras de televisión y de periodistas para lograr una instantánea, seguramente ficticia. Esa es la diferencia, los políticos de raza no se consideran superiores al resto de la gente por administrar un cargo público en su nombre y por eso ganan credibilidad y elecciones. En España, sin embargo, nos gusta mucho aparentar lo que no somos y muchos creen acceder a un puestito político les hace más listos que a los vecinos. Así nos va.

          En nuestro patio, esta semana la noticia es la cadera del Rey. Aunque la dolencia mejora, la imagen de la monarquía se fractura. Si al perro flaco todo son pulgas, al Rey sólo le faltaba la infección de cadera, con la credibilidad en horas bajas, la corrupción instalada en el salón de palacio y la Reina triste por lo que todos sabemos. El terreno es propicio a los rumores que estos días se disparan. Las posiciones se enfrentan entre partidarios de abdicación, regencia o república. La monarquía, como España, atraviesa horas tan bajas que nadie ve cerca la remontada.

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Sepulturero
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María Antonia San Felipe | 21-09-2013 | 07:58| 4

 

          Los reyes en el siglo XXI, en su afán de acercarse al pueblo, parece que han decidido ensayar viejos oficios y algunos, como Guillermo Alejandro de Holanda, se ha convertido, temporalmente, en sepulturero.

          Puede ser que el gobierno holandés, por cuya boca habla el monarca, piense como el poeta León Felipe: No sabiendo los oficios los haremos con respeto/Para enterrar a los muertos/ como debemos/ cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero. Siguiendo el sentir de estos versos, el gobierno de coalición de socialdemócratas y liberales ha debido pensar que nadie mejor ni de más alcurnia que el propio rey de Holanda para extender el certificado de defunción del Estado de Bienestar, aprovechando la solemne sesión de apertura del año parlamentario. Vestido de gala y rodeado de oropeles su majestad ha tenido a bien anunciar la sustitución del “clásico estado de bienestar de la segunda mitad del siglo XX por una sociedad participativa”. Según el discurso del rey, este sistema ha concluido porque “ha producido sistemas que en su forma actual, ni son sostenibles, ni están adaptados a las expectativas de los ciudadanos”. A continuación ha tenido a bien comunicar al pueblo holandés que tenga paciencia, que las cosas no van bien pero tampoco mal ya que hay “reformas que requieren tiempo”. Igual que a nosotros el gobierno español, el rey ha pedido a los suyos, paciencia y valor porque el país debe ser “un pueblo fuerte y consciente, capaz de adaptar los cambios a su vida”.

            Si esto piensan el rey y el gobierno en Holanda, cuyo gran temor es que el paro se incremente al 7,5% de su población activa, que dejan para nosotros que triplicamos sobradamente tan trágica cifra. Acaba de iniciarse el curso con 20.000 profesores menos en la enseñanza pública, con un recorte brutal de becas y sin dinero para investigación. Los hospitales están con las listas de espera colapsadas, las ayudas a las personas dependientes suprimidas o rebajadas, enfermos crónicos que no pueden pagar las medicinas y próximamente las pensiones recortadas. Por si fuera poco, Intermón Oxfam acaba de hacer público un estudio realizado en toda Europa según el cual, de persistir en estas políticas,  dentro de doce años España aportará uno de cada tres nuevos pobres del continente. Otro éxito como el olímpico.

            Parece ser que ese estado participativo, que propugnan el rey holandés y su gobierno, consiste en que los parados y los excluidos se reúnan en las plazas públicas para contarse las penas, reconfortarse mutuamente y repartirse a turnos el escaso trabajo existente y mal pagado, como hace un siglo. Mientras, en los salones de la corte serán recibidos con honores las élites sociales que incrementan sus beneficios y su preeminencia social. Porque ese es el resultado y, quizás, el fin de esta crisis. Los datos del informe anual «Riqueza en el Mundo de 2013», elaborado por RBC Wealth Management y Capgemini, concluyen que en España los más ricos aumentaron en 2012, un 5,4%, al sumar 144.600 ciudadanos y que a nivel global, la riqueza de los individuos con grandes patrimonios aumentó un 10% en 2012. Es decir, que con las recetas actuales de los gobiernos europeos, que no se diferencian ni el canto de un duro unos de otros, lo que realmente crece no es la economía sino la desigualdad social.

            El problema no es que el estado del bienestar no sea sostenible sino que nos están haciendo creer que no lo es y como si fuera una fatalidad del destino lo estamos aceptando y consintiendo. Este invento del estado participativo no puede ser una imposición de las élites económicas sino el construido por una sociedad organizada y valiente que ponga freno a este desastre, impidiendo que se desmonte ante sus ojos lo que se obtuvo con sangre, sudor y lágrimas. Yo tengo clara una cosa, no tengo ganas de asistir a este funeral aunque me invite un Rey.

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Goteras
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María Antonia San Felipe | 14-09-2013 | 07:34| 0

          

          Dicen que en el Congreso de los Diputados se han detectado unas tremendas goteras. Está claro que la vida a veces decide regalarnos metáforas porque, bien pensado, lo que hace aguas es nuestro sistema de representación política y todas nuestras instituciones ya que del Rey abajo, no se salva ninguna. Pensándolo bien, un poco de agua en las cabezas de algunos, a lo mejor, hubiera ayudado a facilitar el posterior brote de alguna idea brillante de las que no andan muy sobrados hoy en día. He imaginado que aparecían en el corazón del hemiciclo Pepe Gotera y Otilio con la escalera y la caldereta como en el Club de las chapuzas. Mientras Otilio taponaba la vía de agua del techo, Pepe Gotera aprovechaba para explicar a sus señorías que, por supuesto, el trabajito lo hacían sin IVA y que el importe lo pagaran, discretamente, en un sobrecito marrón. Mientras Otilio desparramaba salpicaduras de yeso por todo el hemiciclo, Pepe Gotera le explicaba al presidente del Congreso lo achuchada que anda la vida en el trabajo clandestino que, a este paso, va a ser mayoritario. En ese momento hacían su entrada, para supervisar y averiguar las causas de lo sucedido, Mortadelo y Filemón. Mientras Mortadelo interrogaba a Otilio sobre la posibilidad de que hubiera sido él mismo el causante del desaguisado, con el fin de obtener un sobresueldo para pagar la renta del piso, Filemón, sin perder ripio, departía con la ministra de Trabajo para que colocara de asesor a un sobrino de un cuñado que, además de ser admirador de Doña Fátima, está en paro desde hace tres años cuando se empezaron a ver brotes verdes.

            Vale, no estamos para chirigotas, pero de algo hay que reírse. Esto que les he contado es una broma pero ¿qué me dicen de la magnífica actuación de la alcaldesa de Madrid en Buenos Aires? A la Sra. Botella, cuyo mayor mérito radica en ser la esposa de D. José María Aznar, después de visionar reiteradamente el vídeo de su parlamento en inglés solo me queda decirle, con el mayor respeto: Manolete, ¡si no sabes torear, pa que te metes! La derrota de la candidatura de Madrid es Olímpica, porque es la tercera, pero su humorada en el acontecimiento pasará a la historia, la de los ridículos más espantosos de la historia de España, con prueba documental indiscutible.

            Vayamos a Cataluña y disfrutemos del espectáculo. El pueblo catalán se manifiesta porque está en su derecho y porque quiere, que para eso estamos en una democracia, pero el honorable presidente Artur Mas también haría buena pareja con Mortadelo. En su afán de revestirse con los ropajes de un líder de características épicas y libertador de su pueblo, ha tenido la osadía de compararse con un verdadero líder, con Martin Luther King. Creo sinceramente y sin pizca de acritud, que envolverse en la bandera del lugar donde se ha nacido y usarla como parapeto y pretexto para engrandecer un trabajo político muy cuestionable no es comparable, ni de lejos, con la lucha por la igualdad de los derechos de los negros en Norteamérica. Yo prefiero que todos seamos iguales, tengamos garantizado el acceso a la educación, a la sanidad, al trabajo y a las libertades civiles en cualquier lugar del mundo que sólo en el trocito donde he tenido la casualidad de nacer. No quiero tener más para que otros tengan menos y por eso, los argumentos de que Cataluña sería más rica fuera de una España que la expolia, me molestan y me hieren. Creo que los nacionalismos son tan excluyentes como dañinos para la solidaridad, pero también me sorprende la ineptitud de Rajoy, que envuelto en la bandera de España, la que no supo defender ante el Comité Olímpico Internacional, es incapaz de hacer frente a una crisis que de tanto tirar de la cuerda por ambas partes, puede llegar a romperse. Todos los citados van a pasar a la historia, no lo duden, a la del saqueo de España y de Cataluña. Yo también, como Mas, he tenido un sueño: nos gobiernan Otilio y Filemón.

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Una ilusión: 31
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María Antonia San Felipe | 07-09-2013 | 07:18| 0

          “España necesita una ilusión”, estas son las bienintencionadas palabras de Alejandro Blanco, flamante presidente del Comité Olímpico Español y de la candidatura de Madrid. Dicen que de ilusión también se vive, pero yo creo que España lo que necesita de verdad es rigor y seriedad en las altas esferas y una limpieza a fondo, con toneladas de desinfectante, en las cloacas de todas las instituciones del Estado. No se salva nadie, como diría Zorrilla, “del Rey abajo, ninguno”. Pues eso. Dicho lo cual, imaginen que Madrid gana la candidatura olímpica, ¿ustedes creen que eso va a levantar la moral de 6 millones de parados y de muchos más millones de cabreados y decepcionados? Yo creo sinceramente que no. A estas alturas los ciudadanos debiéramos ser tratados con más respeto a la inteligencia y con más educación en las formas y maneras.

          Estos días han resultado patéticos los esfuerzos del gobierno y del PP por distraer nuestra atención bien sea con los Juegos Olímpicos o con olímpicas medias verdades. María Dolores de Cospedal ha tratado, como un malabarista, de convencernos de que el caso Bárcenas es sólo un invento maligno para tratar de desestabilizar a su partido y que lo importante son los buenos datos de empleo que se esperaban. Ella lo ha dicho todo de forma clara, a partir de ahora toda la acción del gobierno y del PP se resume en amplificar ante los ciudadanos pequeños logros para mostrarlos como grandes hazañas para que simplemente olvidemos el merengue de corrupción en el que está metido el partido que gobierna España. Los dirigentes del PP debieran ser conscientes de que su falta de credibilidad nace de sus propios desaciertos y de sus innumerables mentiras. Podemos alegrarnos de que mejoren las cifras macroeconómicas pero olvidar y exculpar su responsabilidad resulta difícil.

          Tras el fantástico anticipo de los buenos datos de empleo y aunque a nuestro alrededor nuestros parados familiares, amigos y conocidos seguían inscritos en la mayor empresa de España que es el INEM, llegó la hora de la verdad. Se desveló que el paro había bajado en 31 personas, si 31, en unidades no en cientos o en miles. Yo me quedé boquiabierta, sobre todo porque también se hizo público que la Seguridad Social ha perdido 100.000 afiliaciones en un mes. Me hierve la sangre cuando a continuación escucho que se observa un cambio de tendencia. Claro, sólo faltaba que el ritmo de destrucción de empleo creciera como en los últimos 3 años en vez de frenarse, lo que significaría que pronto toda España estaría a la intemperie. Seamos optimistas, pero no ilusos. El último censo demuestra que perdemos población por primera vez en 17 años, muchos inmigrantes están regresando a sus países de origen y un porcentaje nada despreciable de españoles, que suman varios cientos de miles, se van de España en busca de oportunidades, lo que simple y llanamente significa que estamos perdiendo población activa. Esta realidad empírica y contrastable que sufrimos a diario a nuestro alrededor no hay mago, por ingenioso que sea, que nos lo oculte de nuestros ojos.

            Es posible que los datos macroeconómicos estén mejorando pero el camino hacia la recuperación del empleo será lento y doloroso, porque todo indica que una generación de jóvenes quedará en el camino y una franja nada menor de mayores de 50 años, también. No se va a recuperar la economía sólo con la mejora de las exportaciones. Si no hay un crecimiento de la demanda interna, difícil sin crecimiento del empleo, nos va a hacer falta más que ilusión para remontar. Lo único que nos sobra son ilusionistas de pacotilla en el gobierno que tratan de camelarnos, sin darse cuenta de que ya hemos visto el conejo antes de que levanten la chistera. Pero si nos engañan con trucos de feria es simplemente porque lo consentimos.

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Jugando con bombas
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María Antonia San Felipe | 31-08-2013 | 09:44| 0

         

 Cuando se ha sido engañado con reiteración es difícil volver a creer y mucho menos otorgar el apoyo a cualquier teoría por verosímil y humanitaria que parezca. La posible intervención militar en Siria, capitaneada por EEUU y sin el aval de la ONU, como respuesta a la utilización de armas químicas por el régimen de Bashar el-Asad contra la población civil está llena de incógnitas ya que la sombra de lo ocurrido en Irak planea como un fantasma en todas las cancillerías y, en especial, en la Casa Blanca. La Sexta Flota se encuentra a la espera de las órdenes de su comandante en jefe Barack Obama, que no podemos olvidar, ostenta el seguramente inmerecido galardón de premio nobel de la Paz. A nadie se le escapan los riesgos que entraña un ataque en un lugar tan caliente en el tablero político internacional ni las consecuencias que el bombardeo de las instalaciones militares del ejército de El-Asad puede ocasionar.

          Muchas dudas invaden mi mente estos días. No puedo olvidar la rebeldía y la protesta que protagonizaron los ciudadanos sirios en 2011 cuando la denominada primavera árabe se manifestó, a los ojos de los europeos, como una posibilidad esperanzadora para sustituir regímenes autoritarios por fórmulas democráticas de gobierno. Hoy sabemos que todo quedó en agua de borrajas y que la tiranía política pretende ser sustituida por la tiranía religiosa. Ahí tenemos el ejemplo de Egipto que puede derivar en una guerra civil tan cruenta como desastrosa para el país, como bien sabemos los españoles. Nunca comprenderé por qué cuando los hombres heredan el poder, como el-Asad lo hizo de su padre o acceden a él, aunque sea por métodos democráticos, tienen tanta resistencia a abandonarlo. La más llamativa contradicción del género humano es la carencia de lucidez y por tanto la enajenación de líderes que se consideran imprescindibles y que son capaces de masacrar al propio pueblo que dicen defender y amar antes que largarse a su casa, a disfrutar de sus fortunas ilegítimamente amasadas, antes que abandonar la cúpula de un poder que nunca debió pertenecerles.

          Si este es el gran mal, no es menor ni desdeñable el riesgo de que quienes pretenden sustituirlos es para hacerlo igual o peor. Entre los opositores y defensores de Bashar el-Asad hay jefes tribales, yihadistas, islamistas radicales, el brazo armado de Hezbollá, sin olvidar, la fragmentación religiosa que va desde la minoría alauita que controla el ejército y el estado y una mayoría sunita que convive con cristianos y drusos. Es decir, un complicado cóctel en el que las pasiones nublan, como siempre, la luz de la inteligencia. Por tanto, una vez más, el pueblo es la excusa para justificar los excesos y es la víctima clamorosa, indiscutible y evidente de tantas ambiciones incompatibles: cientos de miles de muertos y de desplazados que huyen de sus casas sin más equipaje que la esperanza de salvar la vida.

          Al otro lado, la comunidad internacional no prestamos más atención al problema que los segundos que dura el telediario mientras nuestros representantes discuten en la ONU, la OTAN o la UE. Escenifican una función ya conocida en el gran teatro del mundo. En Europa, que nos llamamos civilizados, solo sabemos que no hay unidad porque no hay política exterior común, como no hay política social común ni económica ni nada. Alemania está más entretenida en dominar el sur de Europa por la vía de la explotación, que en liberar a ciudadanos de guerras y por tanto no dice ni mu. Cameron y Hollande tienen revueltas internas para intervenir si no se acredita que las armas químicas las ha utilizado el-Asad y no la oposición. En realidad, todos están mirando al sheriff, esperando que EEUU lidere, como es habitual, la intervención. Esta vez con los fracasos precedentes la cosa está más que difícil. A mi edad, la confianza en la bondad del ser humano ha desaparecido y lo único que espero es que la bomba con la que jugamos no nos estalle en las narices, como siempre.

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Salir corriendo
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María Antonia San Felipe | 24-08-2013 | 07:22| 0

          Hacer las maletas y salir corriendo de España, este es el futuro que se plantean muchos científicos españoles en estos momentos. Este viejo país que padece un secular atraso científico-tecnológico lleva camino de repetir los errores del pasado por la falta de perspectiva de unos gobernantes miopes para anticiparse al futuro. Durante los últimos años la democratización del acceso a la educación ha permitido formar unas generaciones de científicos y de investigadores de primera línea. El Estado ha invertido en ellos y ahora que podría obtener los frutos ha decidido estrangular la investigación pública, cerrando el grifo a fundaciones y centros de investigación y está a punto de liquidar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

           A finales de junio cientos de científicos denunciaron en las calles la catástrofe que supone para un país perder a su mejores investigadores que se ven obligados a irse a EEUU, Francia, Alemania o cualquier otro lugar donde se valore la ciencia más que las tontadas inauguradas a bombo y platillo. Hemos derrochado millones en construir aeropuertos sin aviones, autopistas sin tráfico, edificios singulares que no albergan nada en su interior, televisiones ruinosas pero al servicio del poder y en pagar dinerales a asesores de políticos que no son expertos en nada salvo en hacer la pelota al jefe, pero no ha habido dinero para lo importante. Los científicos investigando remedios para el cáncer o el alzhéimer, inventando nuevos avances tecnológicos que incrementen las patentes nacionales, biólogos, astrofísicos, ingenieros nucleares, físicos, informáticos todos ellos se ven impelidos a dejar España y poner su talento al servicio de la industria del resto del mundo.

         Los discursos de los líderes políticos introducen siempre palabras grandilocuentes sobre la necesidad de impulsar la I+D+I, es decir, la investigación, el desarrollo y la innovación. Pero todo ello, es como casi siempre, un adorno para aparentar estar enterado de las nuevas tendencias mundiales. Todo es una hueca promesa. Los denominados expertos económicos llevan tiempo hablando de la necesidad de cambiar nuestro sistema productivo, hasta hoy basado en la construcción y la especulación inmobiliaria, que ha lastrado nuestra economía y herido de muerte a nuestro sistema financiero. Creo que la investigación en sectores estratégicos, la mejora tecnológica, el incremento de patentes puede, en el medio y largo plazo, facilitar un pulmón de oxígeno y unas nuevas bases a la industria española. Pero no, vivimos mirando el corto plazo y mientras perdemos un tiempo que vale más que el oro, nuestros científicos se ven obligados a abandonar España y a poner su talento al servicio de otros países que los acogen con los brazos abiertos porque ya sabemos que la investigación y la patente es de quien la paga y las plusvalías las obtiene el que las vende.

          Estos días una joven astrofísica que se va a trabajar a la NASA ha reprochado al presidente Mariano Rajoy, que el gobierno diga que sigue  “apostando por la I+D”. La científica que hace las maletas afirma, con ironía, que deduce “que esa apuesta fue hecha en Eurovegas y perdimos”. Efectivamente la comunidad científica ha perdido la esperanza y España está perdiendo el tren del futuro. Pero esto no le importa a nadie. La única apuesta de futuro del gobierno es que todos seamos camareros y croupiers de los casinos y garitos de Eurovegas. Pronto veremos anuncios que digan: “cambio doctorado en biología molecular por el de especialista en póker”, “canjeo máster en nanotecnología por oficial de ruleta”, “máster en astrofísica por experto en black jack”. ¡Así va España! En los toros al comenzar la corrida los diestros se saludan y exclaman: ¡Que Dios reparta suerte! Yo le pido que reparta inteligencia y sentido común entre los gobernantes para impedir que de España siga huyendo todo nuestro talento.

 

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El país de Jauja
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María Antonia San Felipe | 17-08-2013 | 07:30| 0

        

Cuentan que en el país de Jauja es tal la abundancia, el derroche y la ostentación que los perros se atan con longanizas y parece ser que en ese país creían que vivían los dirigentes del PP que ahora desfilan por la Audiencia Nacional. Ninguno sabía nada de lo que pasaba dentro de su partido ni conocían si el dinero que financiaba todas sus actividades, viajes y sobresueldos, caía del cielo “como en todas partes”, como dijo Rajoy en sede parlamentaria, o si por el contrario provenía de una inmensa y pestilente cloaca construida sobre el fraude en el cumplimiento de la legislación de contratos de las administraciones públicas y de la ley de financiación de los partidos políticos. Ellos jamás observaron nada raro y como el dinero no se obtenía con el sudor de su frente nunca supieron lo que había que hacer para pagar su estupendo tren de vida. Les pasa a los dirigentes del PP lo mismo que a los miembros de los consejos de administración de las cajas de Ahorro, saqueadas y quebradas por ellos mismos, que tampoco sabían nada de nada de las cuentas de la entidad financiera que gobernaban, salvo cobrar a fin de mes mientras vivían a todo tren en el país de Jauja.

          La secretaria general del PP ha declarado, igual que Alvárez Cascos y Arenas, que a ella nada le consta de contabilidades en B ni de sobresueldos ni cosas raras. Pero además ha confesado al juez que, tras ser Bárcenas imputado en la trama Gürtel, la decisión de ponerle un sueldo de 18.000 € al mes, es decir 3.000.000 de las antiguas pesetas, más chófer, secretaria y despacho fue cosa del actual presidente del gobierno y de Javier Arenas. De este modo Cospedal se ha sacudido el muerto de encima y le ha echado toda la porquería encima a Mariano Rajoy. Ya saben ustedes que sólo en el país de Jauja se cobran 18.000 machacantes al mes por no hacer nada pero, en cualquier otro país, todo el mundo se percataría de que sólo puede pagarse ese salario a cambio de algo: es el precio del silencio. Si según dice el PP, Bárcenas está intentando chantajear a Rajoy, todo indica que hay motivos para ello, ya que cuando las cosas se construyen sobre una mentira cada vez hay que taparla con otra más gorda hasta que al final el globo hace pim, pam, pum y explota.

          Ya sabemos que Bárcenas es un presunto culpable y un indudable sinvergüenza pero él solito no ha construido el estercolero sobre el que ha crecido el PP en los últimos años. Por tanto, si colaboraron con él deben dimitir ya, al margen de las responsabilidades judiciales que les imputen los tribunales, y si no advirtieron ni supieron lo que estaba ocurriendo en su propia casa, deben dimitir también, por incompetentes, porque las responsabilidades se adquieren tanto por acción como por omisión. Pensemos, ¿si no fueron capaces de oler la basura que tenían tan cerca, cómo nos van a proteger de tantos riesgos e incertidumbres como aquejan a España? Si los españoles dan más crédito a las palabras del presunto delincuente que a las del presidente es porque las peregrinas explicaciones dadas ni son creíbles ni resultan probables a la vista de los acontecimientos.

         Ya se sabe que los truenos siempre anuncian tormentas y una gorda se presagia dentro del PP. Las palabras de Cospedal poniendo el foco del pacto con Bárcenas en Rajoy anuncian cuchillos para la sucesión. Si Arenas y Alvárez Cascos, otrora todopoderosos secretarios generales del PP, son dos cadáveres políticos, Mariano Rajoy también. Sólo falta que él mismo se dé cuenta. Cospedal ya lo sabe y ha actuado en consecuencia. A nosotros, ciudadanos de a pie, sólo nos queda exigir que va siendo hora de que en este país, el que la hace la paga, porque España no puede ser el país de Jauja que engorda a una pandilla de vividores y condena a pasar estrecheces a la inmensa mayoría de los españoles.

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Que nos parta un rayo
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María Antonia San Felipe | 10-08-2013 | 06:50| 0

    

Hans-Werner Sinn

          Si usted pertenece al nutrido grupo de españoles que cree que en España las cosas van mal, tirando a muy mal, no sea tan optimista que todo es susceptible de empeorar. Puede ocurrir que con las tormentas veraniegas nos parta un rayo o puede suceder que los marcianos en vez de invadirnos, como en las películas, nos lleven a todos al país de Jauja.

            Voy a contarles un cuento. Antes de que la primavera llegara, se escuchó la voz atronadora de un economista alemán llamado Hans-Werner Sinn. Este señor, al que usted y yo jamás tendremos el gusto de conocer, además de pertenecer a un prestigioso instituto de finanzas (IFO), es el inspirador de algunas de las recetas neoliberales que triunfan en Europa. Desde hace tiempo canta coplillas en el oído de Angela Merkel y después, por arte de magia, una tropilla de burócratas europeos ponen en marcha una rueda de ajustes. Van hilando y tejiendo nuestro futuro en una rueca maligna, van armados de unas tijeras mágicas que recortan derechos, libertades, servicios y esperanzas. En la Unión Europea y especialmente en los países del sur, que un día creyeron que eran ricos hasta que de pronto descubrieron que en vez de príncipes eran mendigos, un cielo negro amanece cada día y no hay hada buena que neutralice el conjuro. Pues bien, en el mes de marzo Hans-Werner Sinn ya aventuró que en España la crisis se prolongaría diez años más y que el país debía sufrir una devaluación interna del 30%. El brujo de las finanzas Hans-Werner Sinn aconsejaba entonces al gobierno de Rajoy ir bajando progresivamente los salarios, eliminar el salario mínimo y el Estado del Bienestar aunque le costara el cargo, como ya ocurrió con Schröder en 2003 en Alemania. Así que el gurú alemán ya señaló el camino que unos meses más tarde ha hecho suyo el Fondo Monetario Internacional y ahora el vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn proponiendo una rebaja salarial del 10%, al tiempo que amenaza nuestras conciencias afirmando que quienes “lo rechacen frontalmente cargarían sobre sus hombros con una enorme responsabilidad nacional por los costes sociales y humanos”. En conclusión, que tenemos que aceptar este regalo envenenado que nos otorgan los dioses de cartón-piedra del Olimpo europeo. Esto se va ha hacer realidad, no lo duden. Pero esta actitud resulta inmoral y canallesca viniendo de unos dirigentes europeos que no vieron ni de lejos la que se avecinaba a la vieja Europa con el invento del euro como moneda única, en un espacio económico que no es homogéneo, ni desde el punto de vista productivo ni desde el punto de vista social. Sin olvidar que son ellos los que han permitido la especulación a gran escala, la evasión de capitales a paraísos fiscales, los fraudes masivos a las  haciendas públicas y encubierto la corrupción.

            Mientras esto ocurre el Defensor del Pueblo catalán ha hecho público un informe alertando de que 50.000 menores en Cataluña sufren privaciones alimentarias y que los servicios médicos han detectado más de 750 niños con síntomas de desnutrición. Si extrapolamos los datos al resto de España concluiremos que estamos ante un gravísimo problema social. Estamos conviviendo con una creciente miseria y no queremos ver la realidad. Las recetas económicas de este tipo de gurús no están dando los resultados prometidos y muchos economistas, entre ellos los premios Nobel Stiglitz y Krugman, niegan la posibilidad de crecer con este aceite de ricino que nos están aplicando como si fuera el bálsamo que todo lo cura. Esta sociedad en la que cada vez hay un unos pocos ricos, inmensamente ricos y una creciente infinidad de pobres, no es la Europa ni la España que queremos y por las que debemos luchar. Permítanme la broma,  si este es el único camino, creo que es mejor optar por la posibilidad de que nos parta un rayo, al menos la agonía no será tan prolongada.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.