La Rioja
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Tomarnos por tontos
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María Antonia San Felipe | 28-06-2014 | 08:34| 0

Se atribuye a Ana María Matute, esa gran escritora que se nos ha ido, que escribir es también una forma de protesta  y que casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo. Tiene razón, por eso ella construyó otros mundos seguramente para tratar de entender éste en el que vivimos. Como aprendiz de escritora, no dejo de sentir ese malestar general por el mundo en el que vivo. La ilusión de que el mundo cambiaría a mejor me parece hoy una utopía no sólo inalcanzable sino imposible.

            En España el estercolero moral en el que vivimos no para de crecer a la  velocidad del rayo. Si repasamos la semana no hay día sin sorpresa: 14 detenidos en UGT-Andalucía por la emisión de facturas falsas para cobrar fondos de formación, el portavoz del PP en el Senado está acusado de cobrar sobornos en la investigación del caso Pokemon, el asunto de los ERE impulsa la dimisión de Magdalena Alvárez, la trama Gürtel sigue apestando. Y ahora sale el increíble misterio de los 100 familiares de dirigentes del Tribunal de Cuentas que forman parte de su plantilla, un asunto que no deja de ser asombroso. Este organismo es el encargado de fiscalizar la legalidad de los gastos de todas las administraciones públicas y partidos políticos. Esto es de risa, en vez de Tribunal de Cuentas parece de cuentos, de cuentos chinos que nos están narrando como si fuera una historia inventada por nuestra querida Ana María Matute. Ésta es una prueba más de la desvergüenza general de nuestras instituciones. Allí donde más cautos, transparentes y ejemplares debían ser, es donde menos se practican esos principios. Pues ya ven, en el Tribunal de Cuentas se colocan los amigos y familiares como en el cortijo del señor marqués. Yo no salgo de mi asombro cada día una corruptela nueva y una grieta más en el edificio de nuestra débil democracia. Lo último conocido es el caso de los fondos de pensiones de los 39 eurodiputados españoles unidos a una Sicav luxemburguesa, con la única finalidad de tributar menos. Para colomo, el producto lo ofrecía el propio europarlamento. Ya ven, los burócratas de Bruselas nos demuestran, una vez más, que son unos linces y luego ¡hala!, a pedir austeridad a otros. Mientras la Agencia Tributaria poniendo anuncios de que si no pagamos el IVA, no hay escuelas ni hospitales. Yo pregunto, si el diputado de IU ha dimitido avergonzado por el mal ejemplo, ¿deben dimitir todos? Yo ya no me aclaro señores. Y por fin, la guinda del pastel: el juez Castro ha confirmado la imputación de la infanta Cristina, hija del Rey abdicado y hermana del Rey proclamado, por delito fiscal y blanqueo de capitales. ¿Alguien da más? Creo que si España parece un circo sólo nos falta que nos crezcan los enanos.

            En el centro del estercolero y tras el advenimiento de Felipe VI, apareció Montoro con su maletín repleto de trucos de magia, como el señor Barragán en el programa aquel de la tele No te rías que es peor y nos presenta una reforma fiscal que es un nuevo fuego de artificio. Lo que nos rebajan por un lado nos lo suben por otro y la parte central de la tabla, la que incluye a la mayoría de contribuyentes, va a seguir soportando el peso de la crisis y aguantando que encima nos tomen a todos por tontos. El mago Montoro ha diseñado esta operación de cara al año electoral que se aproxima, a ver si por la vía del bolsillo se nos olvidan los desmanes cometidos. Creo que esta forma insultante de hacer política mirando sólo a corto plazo y sin calcular los riesgos tiene que cambiar. Es necesario ejercer el poder con más responsabilidad y más equidad. Las cosas hay que hacerlas porque son necesarias y a beneficio del interés general y no sólo mirando a las urnas y prostituyendo el sistema. Mientras el mago Montoro juega a contar mentiras, Unicef recuerda que en España hay 2.306.000 niños viviendo en el umbral de la pobreza aunque el gobierno no se lo crea. Pero nada, no se preocupen que España avanza… avanza hacia los años cincuenta.

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Final de ciclo
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María Antonia San Felipe | 21-06-2014 | 07:54| 2

La vida da vueltas sin que seamos conscientes de ello, aunque tengo la impresión de que este año 2014 estará marcado por una de esas líneas imaginarias que la historia traza para indicar el final de un ciclo. Pasadas las 6 de la tarde del 18 de junio el himno nacional ponía fin al mandato del rey Juan Carlos I. Seguro que la abdicación será un hecho reseñado por la historia pero para explicarla resultará obligado profundizar en lo ocurrido los últimos años en España. Los ciudadanos desde nuestra propia percepción de la realidad en que vivimos ya hemos advertido que la rapidez en la sucesión no se ha producido por mandato constitucional, sino por cuestión de oportunidad, ante el progresivo deterioro institucional. Hace tan solo unos meses España parecía un estanque tranquilo al que ni las continuas pedradas, en forma de recortes, desempleo y desigualdad crecientes, parecían alterar sus aguas. La ciudadanía mirando a su alrededor advierte que estamos regresando al pasado y no es sólo una sensación sino que las estadísticas confirman lo que tememos. Los últimos datos de Eurostat, ratifican que en términos de PIB per cápita hemos retrocedido al nivel de 1998, es decir, 16 años atrás en nuestra convergencia con la media del PIB europeo que conseguimos igualar en el 2002. Desde hace unos años todos los datos, no sólo los económicos, son abono para el descontento.

El resultado de unas elecciones europeas, calificadas como de escaso interés, han tenido unas consecuencias imprevisibles para los supuestos sabios que creen liderar socialmente este país. El terremoto ha sido tal que en menos de un mes, el Rey se ha ido y se ha coronado otro nuevo ante el temor a que la creciente ola republicana pueda llevarse por delante el artículo 1.3 de la Constitución de 1978. Es algo impensable hace unos años cuando creíamos nadar en la abundancia y la basura sobre la que estábamos instalados la tapaba el optimismo y la despreocupación. Asimismo, Europa, es decir el proyecto europeo, está altamente cuestionado por unos ciudadanos que no ven claro que los dirigentes europeos, además de ir a remolque de los acontecimientos, estén preocupados por el bienestar de una sociedad que ya no cree en milagros cuando, en todo el sur de Europa, se abren camino a pasos agigantados el hambre, la desigualdad y la restricción de los derechos democráticos. La posible gran coalición entre conservadores y socialdemócratas en Europa, al estilo genuinamente alemán, puede acabar de dar la puntilla a las esperanzas de un cambio en una política que hasta ahora no ha dado los resultados prometidos. Estemos atentos.

En España, la crisis del bipartidismo todavía no ha sido valorada en sus justos términos pero el tiempo, que es el que escribe la historia, señalará el año 2014 como el punto de inflexión de su hegemonía. El líder del PSOE se ha visto obligado a propiciar el relevo ante el descalabro histórico de un partido histórico, que durante años lideró y aglutinó en torno a él muchos anhelos ciudadanos. Retrasar desde hace años los cambios necesarios ha obligado a improvisarlos. En el proceso lucharán, como siempre, dos fuerzas contrapuestas: quienes quieren algunos cambios para que finalmente todo siga igual y quienes propugnan renovaciones más profundas para volver a conectar con una ciudadanía de la que llevan años alejándose. En el PP, disimulan. Como han ganado, aparentan no estar preocupados, pero lo están. Que nadie olvide que España es un país en el que es más fácil morir de éxito que de reconocer errores. Aquí nos gusta el espectáculo y ver caer a alguien desde lo más alto es siempre un estímulo para el que observa y si no, que se lo digan a “la Roja”, tras el batacazo en el mundial de Brasil. Presiento, en conclusión, que 2014 no va a pasar desapercibido ni en nuestras vidas ni en nuestra historia.

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La visible pobreza
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María Antonia San Felipe | 14-06-2014 | 07:50| 0

Nuestros gobernantes nos quieren, de eso no hay duda. Están tan preocupados por nuestro bienestar que se han propuesto salvarnos de nosotros mismos. Temen que percibamos que vivimos en un país empobrecido y quieren escondernos la realidad. Pretenden construir un muro de apariencias y de engaños tan elevado que nos impida ver el creciente número de compatriotas pobres que viven entre nosotros. Pero no sólo lo hacen por nuestro bien, sino también por los pobrecitos pobres y, sobre todo, para que los más pobres de entre los pobres no adquieran conciencia de que lo son y conocedores de la fuerza del grupo se organicen para montarles una revolución de ciudadanos que, aunque pobres, exijan vivir con dignidad. El empobrecimiento de las familias es general en España, aunque es cierto que hay hogares en los que llueve más que en otros, pero también hemos aprendido en esta crisis que la vulnerabilidad de las familias ya no depende sólo de que tengan o no trabajo, sino de que el salario sea suficiente para sobrevivir.

Llevan tiempo las asociaciones de profesores y padres advirtiendo del problema de malnutrición infantil en España con el notable incremento de la desigualdad y la persistencia del desempleo. Son muchos los docentes que, a través de los medios de comunicación, han contado que cada vez más niños llegan a clase sin desayunar y que la única comida en condiciones que ingieren es la que reciben en el comedor escolar. La defensora del Pueblo, Soledad Becerril, se ha sumado a la petición de que permanezcan abiertos en verano los comedores tras reconocer la situación y tras las reiteradas quejas.

Hace unos días las Hermanitas de los Pobres de Málaga, que administran una residencia de ancianos, hicieron un llamamiento a través de un mensaje de móvil pidiendo leche y papel higiénico. En minutos comenzó el desfile de voluntarios por la residencia aportando cada uno su granito de arena. Un fin de semana sí y otro también las organizaciones Cáritas, Cruz Roja y el Banco de Alimentos realizan campañas de solidaridad para recoger comida, productos de higiene, alimentos para niños y todo tipo de productos básicos. La sociedad civil se está organizando con buena voluntad y notable éxito para ayudar solidariamente. Es cierto que hay quien alega que muchos tiran la comida o que los padres despilfarran en otras cosas innecesarias, puede ser, pero es mayoría la gente que recibe la ayuda con necesidad y agradecimiento.

Es este panorama el que los ciudadanos vivimos y percibimos con desazón y amargura, al tiempo que comprobamos el escaso interés de las instituciones por poner coto a un problema tan grave y tan hiriente socialmente. Los dirigentes del PP, el gobierno de Galicia y el presidente riojano Pedro Sanz, campeón olímpico de magia potagia y efectos especiales, se han declarado contrarios a esta solución de abrir los comedores en verano porque ello supondría “dar visibilidad a la pobreza infantil” además de dejar marcados a los niños para siempre. Es decir, no quieren que nosotros veamos ni que ellos vean que hay soluciones desde el estado para protegerles y no excluirles para siempre por miedo al qué dirán, ese viejo prejuicio inoculado desde siglos para que la víctima de un sistema social injusto se sienta culpable de su propio destino.

Están tratando de ocultar la pobreza con la misma diligencia con la que encubren la corrupción. El caso es que no veamos la cruda verdad que nos rodea. Nos protegen de nosotros mismos porque la certeza de la pobreza y la inmensidad de la corrupción nos pueden producir náuseas, dolor de cabeza y aversión al sistema. No se preocupen, que ellos van a ocuparse en solucionar el problema con discreción y en silencio, casa por casa, sobre por sobre, al fin y al cabo los pobres no tienen para comer pero también votan. Por favor, ustedes sonrían y no se me amontonen en el contenedor de basura.

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Cuando quieren, pueden
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María Antonia San Felipe | 07-06-2014 | 07:46| 0

No es posible no darse cuenta de que ya nada será como fue, ni nada se hará como se imaginó, eso escribí el martes con motivo de la abdicación del Rey y hoy lo repito. Si nos trasladamos sólo cinco años atrás coincidirán conmigo en que la sucesión al frente de jefatura del Estado no hubiera sido igual. Seguramente, habrían preparado un relevo mucho más tranquilo y alegre, además de disponerse más fiestas de despedida y galas de bienvenida. Es cierto que la Corona ha contado tradicionalmente en España con un alto nivel de aceptación, pero también es evidente que, en los últimos dos años, su popularidad ha ido deteriorándose al mismo ritmo que la confianza en el actual sistema político. No es práctico arrepentirse de lo que debió hacerse y no se hizo, pero la rapidez en tramitar constitucionalmente el relevo demuestra un cierto nerviosismo. El todavía Rey ha percibido con claridad que en la sociedad española algo se está moviendo y por ello ha decidido acelerar el proceso porque es consciente, como dije el martes, que las mareas cuando suben son imparables y las mayorías parlamentarias, tal y como se han conocido en las últimas décadas, pueden variar para asombro de los líderes de los partidos mayoritarios, aunque no de sus militantes.

Dicen los dirigentes políticos que esta sucesión se hace en cumplimiento de la Constitución y Pérez Rubalcaba, consciente del sentir republicano de sus bases, apostilla que su apoyo es consecuente con el pacto constitucional que se hizo en 1978. Vale. Hace treinta y seis años se llegó a un amplio consenso que aceptaba la monarquía a cambio de un estado social y democrático de derecho. Los pactos y las palabras deben cumplirse, de acuerdo, pero siempre, no sólo cuando conviene. Tras el referéndum que ratificó la Constitución también se hizo un pacto con los ciudadanos y no hay duda que en los últimos años ese pacto se ha quebrado. La Constitución se esgrime cuando es preciso y se olvida cuando conviene. La ley orgánica de abdicación del Rey se va a tramitar a la velocidad del rayo y con un apoyo parlamentario más amplio que el que debieran suscitar asuntos mucho más perentorios para el bienestar de la sociedad española. De igual modo, en 2011, se modificó a toda prisa la Constitución para introducir el principio de estabilidad presupuestaria impuesto por Bruselas. Durante años nos predicaron que no era conveniente modificar la Constitución por el bien de la nación, pero se incumplió la palabra en cuanto Merkel apretó las clavijas al gobierno. Es decir que cuando ellos quieren no sólo se puede sino que se debe.

A estas alturas el pacto constitucional es ya parte de nuestra historia como lo son Juan Carlos I, Suárez y el resto de dirigentes políticos que lo fraguaron. A partir de ahora hay que dar por concluida una etapa y debe negociarse un nuevo pacto con la ciudadanía ya que nuestra democracia ha terminado siendo traicionada por sus supuestos guardianes. El nuevo edificio constitucional debe construirse sobre otros pilares y sobre otros principios que respeten los derechos básicos de los ciudadanos hoy sojuzgados. Para recuperar la confianza en las instituciones debe modificarse la Constitución, la ley electoral que debe recoger las listas abiertas y la limitación de mandatos, la ley de financiación de los partidos políticos, garantizarse la calidad de la sanidad y la educación públicas, la independencia del poder judicial y la dotación de medios suficientes para cercar la corrupción pública, etc. Aunque para empezar y para ello no es necesario cambiar leyes, los gobernantes debieran comenzar a ser más humildes, prescindir de tanto boato del que se han rodeado y, sobre todo, desterrar la mentira de su lenguaje engolado y vacío. En fin, que mientras coronan a Felipe VI se cerrarán los colegios y muchos niños perderán su única comida decente al día. La excusa será que para conseguir recursos hay que modificar el presupuesto y eso lleva tiempo. Ya saben ustedes que las cosas de palacio van despacio…cuando se quiere.

 

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Cuando sube la marea
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María Antonia San Felipe | 03-06-2014 | 16:45| 0

Conocí al rey Juan Carlos I hace treinta años en Calahorra, cuando realizó su primera visita oficial a La Rioja. Yo siempre he sido republicana, así que antes de ir a recibirlo abrí mi caja, en la que guardo mi colección de pins y miré mi bandera tricolor con cierta sensación de pena pero aceptando la cruda realidad. La dejé en su sitio y me fui al Ayuntamiento para recibir a sus majestades en calidad de alcaldesa de la ciudad. Reconozco y confieso que, desde la noche del 23-F, el rey me caía bien. Su temperamento afable es cierto y así lo percibí en todo momento. He declarado, en otras ocasiones, que siendo republicana me sentía, como muchos españoles, juancarlista y, por ello, siempre le he tenido gran consideración y respeto como Jefe del Estado.

Nadie duda a estas alturas que su figura ha sido muy importante en la transición a la democracia de este país junto a la figura de Adolfo Suárez. Pero tengo la sensación, treinta años después, de que el ciclo de una generación que lideró la transición ha concluido en España. El fallecimiento de Suárez y la abdicación del rey marcan el fin de una etapa que alumbró, con el apoyo y la connivencia de todo un pueblo sediento de libertad. A fecha de hoy, esa democracia que creímos perfecta ha quedado tan marchita y deteriorada por los abusos de los resortes del poder que está pidiendo a gritos un cambio profundo en la arquitectura institucional.

En España han ocurrido tantas cosas y tan terribles en los últimos años que no es posible no darse cuenta de que ya nada será como fue, ni nada se hará como se imaginó. La primera etapa del reinado de Juan Carlos I será recordada en los libros de historia con más elogios que la segunda. Dicen que el rey tomó la decisión de abdicar a primeros de año, es posible, pero no es extraño que la haya materializado unos días después de las elecciones europeas cuando se ha constatado, a través de las urnas, el tremendo malestar que alberga la ciudadanía y la falta de respuestas que estaba recibiendo por parte de todas las instituciones del estado. La evidencia, reiteradamente negada, de que la corrupción está desestabilizando nuestra democracia por ausencia de transparencia y por la impunidad con la que los corruptos actúan y son amparados por sus iguales, lo crean o no, está quebrando no sólo el sistema político sino la paciencia del ciudadano que cada vez tiene más dificultades en su vida cotidiana.

Nadie ha hecho tanto en este país porque la causa republicana florezca con fuerza como los propios interesados en mantener la institución de la Corona. Tampoco es la primera vez en la historia de España que la corrupción mina la credibilidad de la institución monárquica. El rey seguramente ha visto, como más claridad que los partidos políticos mayoritarios, que puede venir una ola pidiendo cambios con tal fuerza que resulte imparable. Si varían las mayorías parlamentarias pueden modificarse las leyes y optar por solicitar al pueblo su opinión sobre si quiere vivir bajo una institución anacrónica, como es la monarquía, o si quiere elegir por votación directa al jefe del Estado. La Casa Real ha creído más práctico pasar cuanto antes la corona a Felipe, para que representando a una nueva generación trate de renovar la sintonía con el pueblo soberano, tras encerrar a Urdangarín en el cuarto oscuro del palacio. Tampoco deben los monárquicos, ni el gobierno, ni los partidos mayoritarios rasgarse las vestiduras porque muchos ciudadanos quieran ante esta decisión expresar su opinión en un referéndum y mucho menos quienes han permitido que la corrupción, la sensación de impunidad y la ausencia de transparencia carcoman y debiliten un sistema político que tanto costó construir y que tantos desvelos causó a muchos ciudadanos, incluido el rey.

Personalmente me quedo con el recuerdo de su primera época, cuando yo era más inocente que ahora y a lo mejor él también. Presiento que el rey sabe, por experiencia, que cuando sube la marea no hay quien la pare.

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De victorias y derrotas
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María Antonia San Felipe | 31-05-2014 | 07:00| 2

La constatación evidente de que los dos grandes partidos, PP y PSOE, han perdido cinco millones de votos desde las europeas de 2009, con una participación semejante, pesa como una losa en los cuarteles generales de ambas formaciones hasta ahora dueñas absolutas del escenario político nacional. Por tanto, el resultado de la pasada contienda electoral arroja más damnificados que ganadores. Incluso los supuestos triunfadores exhibían una sonrisa forzada en la noche de autos ya que todo emanaba un fuerte olor a derrota. Aunque ya saben, Mariano Rajoy permanece impertérrito ante el desgaste y no tiene intención de modificar su política aunque, en la intimidad, seguro que tienen encendidas todas las alarmas del chiringuito de Génova, cuya reforma fue financiada, según la instrucción del juez Ruz, con dinero negro procedente de apaños ilícitos. Creen haber salvado los muebles y se sienten ratificados en sus recortes sociales, aunque al día siguiente el FMI ha vuelto a pedirles una vuelta de tuerca más. Veremos hasta donde aguanta la paciencia porque otra taza de aceite de ricino puede incendiar las calles.

Al otro lado, el PSOE ha cosechado una derrota histórica, en un partido histórico que lleva demasiado tiempo dando más importancia al aparato interno de su estructura de poder que al verdadero poder de la calle del que provienen las ideas, la frescura y la intuición para cambiar la realidad. Sin olvidar que, desgraciadamente, muchos de los principios de su ideario han sido traicionados por falsos socialistas que han enfangado el recuerdo del verdadero Pablo Iglesias. Rubalcaba ha tenido que rendirse a la evidencia, los votantes querían cambios y los cambios no llegaban. Comprobada la enorme distancia con la calle y perdidos millones de apoyos, ahora todos los dirigentes socialistas quieren votos directos para cualquier cargo, incluidos aquellos que han salvado el suyo gracias al voto delegado y tras haber amordazado a la militancia. En fin, las circunstancias mandan y las opiniones las impulsa el viento que sopla y el sol que más calienta. Veremos si, a medio plazo, recuperan el pulso de la calle y la confianza de sus defraudados votantes.

De los pequeños partidos poco hay que decir. Quienes se creían estrellas del firmamento, como Rosa Díez, brillan menos de lo esperado porque de pronto ha surgido con fuerza un partido desconocido, PODEMOS, con un líder que se ha mostrado muy atractivo para el electorado, que ha superado a UPyD y casi alcanza a IU. Un nuevo Pablo Iglesias ha irrumpido en el escenario político tras cosechar el voto de mucha gente defraudada y descreída. PODEMOS ha reunido las voluntades de quienes añoran cambios profundos en nuestra democracia y que no se sentían identificados con sus partidos de siempre. Quienes les han votado querían que su voto se oyera. Por la reacción de los dirigentes de otros partidos parece que el mensaje esta vez ha llegado alto y claro. Es muy pronto para decir si PODEMOS va a conseguir fraguar como proyecto de cambio entre la sociedad, eso lo dirá el tiempo. Para consolidarse necesita estructurarse en todos los territorios y no resulta tarea fácil conseguirlo ni encontrar líderes atractivos en los diferentes pueblos y ciudades de España. De momento ha suplido con imaginación su falta de recursos y concentrado el voto del descontento. A juzgar por las opiniones tan airadas y las críticas tan ácidas que ha cosechado, tengo la impresión de que a Pablo Iglesias Turrión lo están reforzando como líder político y ayudando a consolidar su partido. Cuanto más furibundos sean los ataques más reforzarán la identificación con sus propios votantes. Si alguien no lo conocía, al concluir esta semana va a tener un elevado grado de popularidad y aceptación entre la ciudadanía. Está claro que el domingo hubo un terremoto político en España, todavía no conocemos sus consecuencias, pero hay una cosa clara, las cosas cambian sólo cuando la gente quiere y el cambio de nuestra democracia ha comenzado. Lo digo por si alguno todavía no se ha enterado.

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Con los pies en el suelo
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María Antonia San Felipe | 24-05-2014 | 06:55| 2

Dicen que este fin de semana hay más expectación por lo que pueda pasar en Lisboa en la final de la Champions, que por el resultado de las elecciones europeas. No obstante la tensión en los cuarteles generales de los grandes partidos crece con la incertidumbre. La campaña en general había sido de perfil bajo y ausencia de grandes mítines por miedo al pinchazo. Todo anodino y plano, hasta que habló Cañete y con él llego el escándalo. Resumiré diciendo que él solito se precipitó de bruces contra el suelo al pisar la cáscara del plátano que antes se había comido. Un resbalón en toda regla que ha demostrado dos cosas: primero que el machismo sigue vivo y que la autocrítica es algo imposible de practicar por esta casta política que lleva subida al coche oficial más tiempo que lo que la higiene democrática aconseja.

           En plena campaña también irrumpió el presidente de Uruguay, José Mújica, a través de la entrevista que le realizó Jordi Évole. A algunos les asombra que este hombre haya levantando tanta expectación y entusiasmo en las redes sociales y fundamentalmente en la izquierda. La respuesta a mí me parece sencilla. Mújica no sólo sorprende por la sencillez de su forma de vida sino porque su discurso rezuma naturalidad, su forma de expresarse en sincera y cercana, se nota que cree en lo que dice y que trata de acomodar sus palabras a sus hechos. No hay cosa más difícil que practicar lo que se predica, ni tampoco existe nada tan gratificante para la conciencia. Pero esto no abunda. Mújica no es un héroe, sino un luchador infatigable que se reconoce vulnerable porque hay resortes económicos y engranajes multinacionales que superan su control. Él lo explica y añade que con el “estado” hay que conseguir contrapesar procurando que exista un reparto equitativo que evite la creación de una “subhumanidad” abandonada y sin esperanzas. Mújica también reconoce errores y los expone y, al hacerlo, los comparte. En definitiva, sigue al pie de la letra la sugerencia de Juan de Mairena, heterónimo de Machado, cuando aconsejaba huir de los pedestales y sentenciaba, “nunca perdáis el contacto con el suelo porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura”. Sencillo y complicado en este mundo de apariencias y de infinitas mentiras.

          Al escuchar a este hombre una entiende mejor el desafecto y la desolación que se extiende por nuestro solar patrio. Se añoran perfiles de políticos en los que poder confiar. La abstención planea sobre estas elecciones como síntoma del tipo de enfermedad que padecemos. Algunos creen que la solución consiste en no ir a votar: ¡que les den! El problema es que las bofetadas sólo las recibimos nosotros. Porque en lo que quizás algunos no han reparado, es en que con menos votos pueden conseguir prácticamente el mismo número de eurodiputados gracias al sistema electoral y que con una mínima diferencia sobre el siguiente partido van a sentirse refrendados por la ciudadanía en sus políticas. Esa es la realidad y no otra, en los cuarteles generales de los partidos creen que sólo con esa franja de votantes que consideran “fieles” pueden solventar la papeleta y salir incluso reforzados. Es decir, que algunos están rezando para que sólo voten los que consideran “suyos”, así se perpetúan, se consolidan sus pretensiones y se fortalece el sistema que muchos ciudadanos creemos que se debe reformar. Quienes luchamos por conseguir una democracia no entendemos que se renuncie a ejercer un derecho que tanto costó lograr. Cada uno hará lo que crea conveniente, la libertad individual es sagrada, pero yo miro al pasado y observo que jamás nada cambió en la historia sin pelea constante y protestas persistentes. Aunque, está claro, que cada uno es muy libre de resignarse y quedarse tumbado en el sofá

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Detrás del dolor, el pueblo
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María Antonia San Felipe | 17-05-2014 | 09:41| 0

                     Un suceso especialmente luctuoso ha atrapado nuestra atención esta semana. El impacto en la opinión pública fue evidente. El asesinato a sangre fría de la presidenta de la Diputación de León nos dejó a todos conmocionados y llenos de preguntas. En esos momentos lo primero que uno piensa es en la víctima y en el dolor de su familia y amigos. Nada justifica un asesinato, sea quien sea la persona y sean cuales sean las motivaciones que tuvo el asesino para perpetrar la ejecución. Digamos que la sorpresa y la perplejidad fue la primera sensación y luego, lo prudente es esperar a que la policía y los jueces aclaren lo sucedido. En España las hipótesis se lanzaron, desde el principio, como cuchillos y las estupideces se refugiaron en twitter, en las redes sociales y en los bares. Esto siempre ha ocurrido, pero no nos enterábamos.

            A las pocas horas fuimos conociendo que una venganza, alimentada con odio durante meses, se había materializado del peor modo posible. Es injustificable el asesinato y es inescrutable la mente del asesino. Según parece dos militantes del Partido Popular decidieron, con planificación, despecho y sangre fría liquidar a la compañera dirigente como venganza.  Este es el terreno de los hechos, no el de las hipótesis.

              Tras el cruel asesinato algunos twitteros han difundido frases que ofenden, pero no podemos olvidar lo que han dicho personas que se les supone cultas y que se les considera líderes de opinión. Algunos argumentos son de tan grueso calibre y de tan mala baba que resultan incalificables. Sostienen algunos que en España se vive un clima de violencia política tan intolerable que debe perseguirse. Yo creo sinceramente que en España no hay violencia, sino una paciencia y resignación ante la adversidad que me parecen infinitas. Con 6 millones de parados, con miles de despidos al día ¿cuántos han planificado el asesinato del jefe?; con largas filas ante las sedes de Cáritas, Cruz Roja y el Banco de Alimentos ¿cuánto se han incrementado los robos a punta de navaja o de pistola?; con miles de desahuciados de sus casas por no poder pagar la hipoteca, tras perder el empleo ¿cuántas agresiones conocemos en los bancos? Muy al contrario sabemos de suicidios y de aumento de los problemas de ansiedad por desesperación y amargura ante el futuro incierto. La ciudadanía, sin embargo, ha soportado que una diputada, Andrea Fabra, insulte a los parados con un sonoro: -¡Que se jodan! Hemos escuchado llamar perezosos y defraudadores a esos mismos parados. Hemos aguantado que se llame terroristas a miembros de la plataforma antidesahucios; hemos visto a ministros acusar de poco trabajadores a funcionarios, ya sean administrativos, médicos, profesores o bomberos cuando son estos mismos trabajadores públicos los que tienen que soportar, con serenidad e incluso con comprensión, el nerviosismo de ciudadanos indignados que desesperados llegan a sus mesas amargados porque no pueden pagar el tratamiento farmacológico, les han quitado una prestación para un familiar dependiente, subido los impuestos, cortado la luz o sancionado por cuestiones menores cuando otros se forran de dinero público sin que les pase nada.

            La última ocurrencia del ministro del Interior anunciando que va a modificar la ley para perseguir a tuiteros desaprensivos me parece, además de un insulto, querer matar moscas a cañonazos. Yo le voy a enumerar algunas cosas que el ministro debiera investigar con más diligencia: podía perseguir a los que tienen cuentas de dinero ilegítimo en Suiza, destituir a los imputados por corrupción de las instituciones, cambiar la ley de financiación de los partidos, despedir a la legión de enchufados a dedo en ministerios, gobiernos, diputaciones y ayuntamientos… Propongo que con el ahorro contraten maestros, médicos y, al menos, un psiquiatra que por las mañanas pregunte a los miembros del gobierno: ¿a quién sirven ustedes a sus intereses o al pueblo?

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Europa y la dignidad
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María Antonia San Felipe | 10-05-2014 | 08:36| 0

 

Es fácil comprobar que toda Europa padece de malestar general aunque la gravedad de las dolencias depende de la situación en el mapa de la Unión Europea. Nosotros estamos en el sur, situados por debajo de la media y transitando en el pelotón de cola en casi todo, salvo en paro, desigualdad y corrupción en los que vamos escapados, luciendo el maillot amarillo y a mucha distancia del siguiente competidor.

            Las próximas elecciones europeas van a poner a prueba la confianza en las instituciones de la Unión y todo indica que en España la abstención puede rozar parámetros históricos. Durante la larga dictadura los españoles miramos a Europa con esperanza porque el ingreso en la Comunidad Económica exigía como requisito indispensable que el país fuera una auténtica democracia. Lo conseguimos hace 29 años y desde nuestra integración hemos recibido muchas cosas de Europa, entre ellas, el sueño de profundizar en la igualdad de los ciudadanos de la Unión porque íbamos a sustituir la Europa de los mercaderes por la Europa de las personas. Los hachazos a los derechos básicos de los trabajadores han convertido el objetivo en una utopía. La realidad es justo la contraria, la hegemonía de los especuladores que controlan los mercados financieros es tal que también dominan el poder político habiendo convertido la influencia real de la ciudadanía en residual. Se vota un parlamento, pero el verdadero poder no nace de la soberanía popular.

            Va a ser la primera vez que se elija al presidente de la Comisión Europea y, para ello, hay dos candidatos con posibilidades, designados por las élites de sus partidos, seguramente tras un pacto con la verdadera autoridad competente: el poder económico que nunca toleró la democracia. No es de extrañar que el desánimo sea general. Las alternativas que nos ofrecen para superar la crisis no parecen diferenciarse pese a que lo intentan. Por un lado, el candidato Jean-Claude Juncker, desde el Partido Popular europeo, no ofrece otra cosa que continuar por la senda de la austeridad en materia social, el retroceso en derechos y la generosidad con el sector financiero que ya han impuesto para salir de la crisis sin que hasta el momento hayamos percibido resultados tangibles. Sin olvidar que Juncker ha sido no sólo presidente del Eurogrupo sino de Luxemburgo, un paraíso fiscal en el corazón de una Europa cada vez más alejada de sus ciudadanos. Al otro lado, tenemos al alemán Martín Schulz como candidato de la socialdemocracia, cuyo partido gobierna con Angela Merkel en una gran coalición. Éste precisamente es el tipo de gobierno que algunos sectores influyentes de la economía y de la prensa están intentando propiciar en España para frenar la crisis del bipartidismo y ante la ausencia de una alternativa política clara que sustituya a las opciones tradicionales que están cavando sus propias fosas por no querer escuchar el clamor de la calle.

            A mi entender, el mismo retroceso democrático que percibimos en España también se está produciendo en Europa. El panorama no sólo es descorazonador sino alarmante, por la ausencia de respuestas contundentes para evitar el estrangulamiento de la democracia imponiendo límites legales a la voracidad del poder económico y dando satisfacción a las exigencias de los ciudadanos. Que el mal esté extendido por Europa no es un consuelo para los españoles. En los países vecinos además de estar objetivamente mejor en el plano económico, los políticos tienen la decencia de dimitir cuando su comportamiento ético es censurable y no se esconden detrás de interminables procesos judiciales que acaben absolviéndolos por prescripción del delito. Espero que al votar nuestra memoria no resulte tan endeble como la dignidad de tanto oportunista metido a político.

 

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La España que bosteza
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María Antonia San Felipe | 03-05-2014 | 08:30| 0

         

         Vivimos entre una España que muere y otra España que bosteza, tal y como escribía Machado. La que agoniza es nuestra débil democracia, herida de muerte por el clima de impunidad, falta de transparencia y de corrupción en los núcleos estratégicos de nuestro ultrajado estado de derecho. El intento de asesinato está siendo perpetrado por muchas manos, como en el caso de Julio César, las puñaladas son múltiples y los intereses de los que las asestan son variados y a menudo innobles. La historia nos enseña que nunca son los intereses generales los que se defienden aunque se invoque al pueblo en cada acción. La calidad de la democracia se deteriora cada día porque también cada día los desvaríos del poder acaban siendo aceptados con normalidad porque se van convirtiendo en habituales:

         – Nadie dimite ni asume responsabilidades, ¿por qué? Porque no existe presión social que las exija

         -Nos mienten reiteradamente y se ríen en nuestras narices pero se admite como frivolidades políticas y no se castiga en las urnas. Porque, ¿qué importa si todos nos engañan?

          -Se modifican leyes para favorecer a los amigos del poder y luego se vuelven a cambiar y si no es suficiente para los agraciados, pues nada, las cambiamos otra vez. ¿Es esto un estado de derecho? Pues no, pero ¿a quién le importa?

          -Se presiona a la prensa y se la domestica con jugosas campañas institucionales cuya amenaza de retirada puede colapsar la viabilidad económica del medio con lo que la libertad de prensa se convierte en papel mojado, pero esto, ¿a quién preocupa?

         -Se enriquecen con adjudicaciones públicas, se financian ilegalmente y cobran salarios públicos completados con sobresueldos multimillonarios mientras exigen sacrificios y tampoco pasa nada porque, al fin y al cabo, todos roban o todos defraudan.

          -Existe una oligarquía política elegida democráticamente que no está al servicio del cuerpo electoral sino de los intereses de la oligarquía financiera que nos gobierna y pretende explotarnos como antes de la revolución industrial. Pero, ¿qué chorra más da?, mientras no nos quiten el fútbol.

         Los ejemplos son infinitos y todos demuestran la endeblez del sistema y la necesidad de profundizar en la democracia con otros métodos de ejercer la acción política. Los comportamientos autoritarios que tratan de silenciar la crítica y de demonizar los movimientos sociales son los que están matando nuestra democracia gracias a nuestro silencio. Es la hora de la transparencia pública y de frenar el abuso de tanta desvergüenza consentida, tolerada y encubierta. Esta España sucia y gris es la que debe morir antes de que arruine nuestro futuro.

        En este clima, no es extraño que el presidente Rajoy ante la sangría constante de la destrucción de empleo declare, tras meses sin abrir la boca, que está muy contento porque las cosas van muy bien y todavía van a ir mejor. Estamos como en los viejos tiempos en los que la realidad desmentía diariamente la propaganda oficial de un régimen netamente antidemocrático. Seguramente de esta terrible crisis, política y económica, saldrá algo mejor, pero mientras, un par de generaciones habrán sido sacrificadas por la incompetencia, la impunidad y el abuso de los resortes del poder, aparentemente democrático.

          Todo esto es demoledor aunque mucho más descorazonador resulta que la otra España, aunque parece mayoritariamente indignada, bosteza ante el espectáculo aceptando un destino que han diseñado otros sin consultarle. Este es hoy el mal de España, la paciente resignación.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.