La Rioja
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El martirio del rey
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María Antonia San Felipe | 11-01-2014 | 09:45| 0

          Según cuentan sus paladines, en la casa del rey de España este año se ha vivido como un martirio la instrucción del caso Nóos que afecta a la infanta Cristina y a su yerno Iñaki Urdangarín. Es de suponer que Rafael Spottorno, diplomático de profesión y bregado en mil batallas, haya advertido a don Juan Carlos I que ahora su reinado, si no cambian mucho las cosas, inicia su camino hacia el monte Calvario donde no sabemos cuántas cruces serán clavadas en su día. Puede que haya tres crucificados, como en la Biblia, o pudiera ser que directamente sea inmolada la institución monárquica. Pero no nos engañemos, el desenlace final depende más del Rey que de sus súbditos.

          Aunque nació en la noche de reyes, en su 76 cumpleaños no parece que los Magos le hayan renovado su buena estrella. Todo indica que en el palacio de la Zarzuela dejaron un saco repleto de carbón. Es lo que pasa cuando uno se porta mal y no cumple las expectativas que de él se esperan. Ya nos lo decían cuando éramos pequeños. El regalo de los magos de Oriente al rey de España ha sido múltiple y variado. Le han regalado una encuesta que evidencia el punto más bajo de credibilidad de la monarquía desde su restauración en 1975. En la celebración de la Pascua Militar, el rey de España hizo un discurso, cuyo contenido nadie puede recordar porque todo el mundo estaba más pendiente de si podría concluir la lectura de las frases que le habían escrito para la ocasión. Podemos decir que don Juan Carlos se mostró a los ojos de los españoles con tanto grado de vulnerabilidad como la institución que representa.

           El último regalo, se lo sirvió en bandeja el juez Castro, instructor del caso Nóos, imputando a su hija Cristina Federica de Borbón y Grecia, aunque en realidad el auto de 227 páginas es un obsequio envenenado de la Fiscalía y de la Audiencia Provincial de Palma que, en su afán de proteger el linaje real, han obligado al magistrado a fundamentar con tal detalle el auto que, en vez de una imputación para citarle simplemente a declarar, casi parece la antesala de una condena. Es el riesgo que entraña utilizar los resortes del poder para intentar vulnerar el sacrosanto principio de igualdad ante la ley. Está claro que muchas veces es peor el remedio que la enfermedad y en este caso podemos decir que si no se hubiera tratado de desprestigiar al magistrado y a los inspectores de la Agencia Tributaria, con la complicidad del ministro Montoro, para evitar simplemente que la infanta Cristina declarase ante el juez es posible que a estas alturas el caso se hubiera desinflado. Sin embargo, los errores cometidos hacen que la mayoría de los españoles crean que se está tratando de evitar que se conozca la verdad para evitar las consecuencias, civiles o penales, si las hubiere del mangoneo de los duques de Palma con un montón de administraciones públicas que dilapidaban nuestros impuestos para que los infantes vivieran del cuento pero a papo de rey.

          Ya lo he escrito en otra ocasión pero hoy me reafirmo. Nadie ha convertido tantos españoles a la causa republicana como este infante consorte y su aspiración de tener un trabajo muy bien remunerado sólo por ser vos quien sois. Pero los responsables últimos, los que consintieron sus delirios de grandeza, los que pagaron humo a precio de oro, siguen en sus cargos como Rita Barberá o el propio Gallardón o a la espera, como Matas y Camps, de un trato de favor. Con el debido respeto, majestad, la pelota está en su tejado. El futuro de la institución monárquica está hoy en manos de su clarividencia o de su torpeza, de usted depende que se consolide o que desaparezca, recuerde la historia. Piense que mientras usted se debate en sus reales penas, en España crecen la desigualdad y la pobreza, la corrupción apesta y todo ello fomenta la indignación y la incredulidad y eso, no lo dude, sí que es hoy un verdadero martirio para la ciudadanía.

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Mal de España
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María Antonia San Felipe | 04-01-2014 | 09:50| 0

 

         

          Sin saber por qué cuando finaliza un año y comienza otro hacemos peculiares balances personales o colectivos y en nuestras mentes se fijan pensamientos, se remueven incertidumbres o se incuban esperanzas. A mí el comienzo del año me ha traído, no sé bien la causa, el recuerdo insistente de la muerte del filósofo Miguel de Unamuno. Amanecía el año 1937 cuando el incansable don Miguel fallecía en Salamanca. Fuera de España, en París, otro pensador, José Ortega y Gasset, que había mantenido interminables polémicas con Unamuno, escribía: “Ignoro todavía cuáles sean los datos médicos de su acabamiento, pero sean los que fueren estoy seguro que ha muerto de «mal de España»”. No se equivocaba Ortega, en los últimos meses de su vida a don Miguel le dolía tanto España que probablemente pensó que ese mal colectivo no tenía remedio.

          Eran tiempos muy difíciles para los españoles, no hay comparación posible, aunque sí podemos decir que en los últimos meses muchos ciudadanos padecen de una creciente desazón por España. La frase más repetida del fin de año ha sido: ¡Esperemos que el año que viene sea mejor que éste! Hay una sensación generalizada de que este año se han malogrado demasiadas cosas que, hoy por hoy, parecen irrecuperables. Hay más gente que ha perdido su empleo que los que lo han encontrado, hemos retrocedido en derechos, han empeorado los servicios básicos, hemos perdido poder adquisitivo y sólo ha crecido la desigualdad social, la pobreza y la desesperanza. Por mucho que el gobierno insista en que el próximo año será el del despegue económico, lo cierto es que en la ciudadanía se ha instalado la incredulidad. Son más los que presienten que 2014 será más parecido al año que se ha ido que a uno de bonanza. Otros piensan, como el humorista El Roto, que ha finalizado la recesión pero que ahora comienza la miseria. En definitiva, un cierto pesimismo, cada vez más extendido, nos invade a los españoles desde hace meses. Tenemos la sensación de que este país no levanta cabeza y retrocede en el tiempo del mismo modo que los miembros de la generación del 98 se convencieron de que España, tras el desastre colonial, se alejaba de su pasado esplendor. Pero si al declive económico unimos la miseria moral en la que transita el poder establecido y las instituciones del estado y observamos que no hay ningún propósito de enmienda en la ciénaga de corrupción e impunidad en la que nadan, no es de extrañar que veamos el futuro no negro sino negrísimo.

          Hoy, no obstante, quiero ser optimista. Si hay tanta gente a la que, como a Unamuno, le duele España, algo habrá que hacer para huir a toda prisa de la resignación y el conformismo. Estamos viendo cómo la sociedad está organizando redes de solidaridad para ayudar a los que peor lo están pasando y esto es así porque se ha llegado a tal punto que existe la convicción de que cualquiera puede convertirse en un golpe de mala suerte laboral, en un excluido social, en un mendigo o en un indigente. Este país además de empleo necesita de una regeneración profunda de su sistema político e institucional por ello, en vez de instalarnos en el melancolía, tenemos que ocupar el terreno de la reivindicación, de la reclamación de comportamientos éticos en el ejercicio de la política y de la necesidad de cambiar estructuras de poder que se parecen más a las del siglo XIX que a las que hoy necesitamos. Los inquilinos del poder no son conscientes de lo efímero de sus cargos y de su gloria, ellos creen que lo saben todo, figúrense lo tontos que serán, que decía Unamuno, pero hay algo que desconocen: la fuerza de la razón la tenemos nosotros, ahora sólo nos falta ser capaces de unirnos colectivamente para ejercerla, sólo así podremos vencer y convencer (¿verdad, don Miguel?).

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El País donde nunca pasa nada
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María Antonia San Felipe | 28-12-2013 | 14:38| 0

           

          Peter Pan vivía en el País de Nunca Jamás donde los niños eran felices aunque no crecían. Nosotros que año tras año encanecemos, hemos comprobado que vivimos en el país Donde Nunca Pasa Nada. Bueno, perdón, si pasa. Si eres un mendigo te pueden multar por dormir en la fría calle, si eres un trabajador te pueden despedir por un simbólico puñado de euros, si eres un investigador te dejan sin beca y sin ratones de laboratorio, si eres un enfermo de Alzheimer te quitan la ayuda, si eres un anciano te congelan la pensión, si robas para comer te meten en la cárcel, si eres joven te empujan a abandonar tu país, si eres estudiante de familia sin excesivos recursos, olvídate de la beca y por tanto de estudiar e incluso ahora, si eres mujer, gracias al ministro Gallardón, te pueden fastidiar la vida gracias a la nueva ley del aborto que nos traslada directamente a la Edad Media… Ahí tenemos un buen ejemplo de lo que pasa en este país, puedes dejar en la ruina al Ayuntamiento de Madrid y en vez de exigirte responsabilidades simplemente te hacen ministro para que arruine las vidas de muchas mujeres y de muchos padres privándolos de su derecho a decidir.

          Pero tranquilo, porque si eres un perfecto sinvergüenza puedes vivir a papo de rey sin que nadie te despeine el flequillo. Por ejemplo, puedes presidir una caja de ahorros, pegarte una vida de lujo, caviar y yates, quebrar la entidad financiera, engañar a miles de ahorradores, precisar del mayor rescate de la historia de España, que por supuesto va a costa de nuestros riñones y entonces el inefable Ruiz Gallardón te enviará al fiscal para que actúe, no como acusador y defensor a ultranza del interés general de los españoles, sino como abogado defensor del acusado y presunto delincuente. Ahí tenemos a la infanta y a su estupendo esposo protegidos por la fiscalía con más eficacia que por su abogado y para qué hablar de la actuación del fiscal en el caso de la financiación ilegal del PP. En otro país, distinto al País donde Nunca Pasa Nada, si la policía, por orden de un juez, registra durante 14 horas la sede del partido en el gobierno hubieran dimitido desde el conserje al presidente del gobierno, pero en este país nuestro, no sólo no se han ido a casa con las orejas gachas y la vergüenza en la cara sino que no han dicho ni palabrita del niño Jesús, que para eso estamos en Navidad. Ni se han dignado a considerar esa posibilidad y así, camino de fin de año: mienten y mienten y vuelven a mentir los peces (gordos) en el río porque nos toman por tontos para sobrevivir.

         El año 2013 termina y además de no ver la luz al final del túnel (no hay dinero para pagar la factura después de la fallida subasta), tampoco vemos señal alguna de que las cosas vayan a mejorar en 2014. Intuyo que si el balance en términos económicos es desolador, en materia de empleo resulta desesperante, en pérdida de derechos indignante y respecto de ética en los comportamientos públicos es como para pedir una revolución que regenere a todas las instituciones básicas de nuestro sistema democrático. Si todo está contaminado desde las cloacas del poder, si la corrupción no se combate con ejemplaridad por nadie, si los corruptos siguen en sus cargos, si se enmascara al defraudador, si se castiga al mendigo y se encubre al corrupto, si se miente hasta la saciedad al personal con la connivencia de muchos creadores de opinión, entonces es que este país no tiene remedio. El Rey, en su último mensaje, para evitar las risas, no ha dicho que todos somos iguales ante la ley pero sus palabras diciendo que asume “las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”, resultan escasas a la vista de los comportamientos que hemos visto en torno a su familia. No hay nada más convincente en política institucional que predicar con el ejemplo. Aquí nunca pasa nada pero si pasa algo malo, no preocuparse que el marrón caerá siempre sobre los mismos.

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El tanque
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María Antonia San Felipe | 21-12-2013 | 09:59| 0
 
“Clamé al cielo, y no me oyó.
Mas, si sus puertas me cierra,
de mis pasos en la Tierra
responda el cielo, no yo”

           Tomo prestados estos versos de Zorrilla porque ilustran a la perfección la enorme decepción que habita en la inmensa mayoría de los españoles. Me explico, digamos que, por diferentes razones que don Juan Tenorio, nos sentimos totalmente ninguneados por nuestros dirigentes. Clamó al cielo don Juan como nosotros clamamos a nuestro gobierno, supuestamente democrático, sin éxito alguno. Hay una mayoría de españoles totalmente decepcionada con lo que está ocurriendo y que pide a gritos que se frene el evidente deterioro del sistema educativo, los crecientes obstáculos para acceder a la educación en condiciones de igualdad, los recortes de medios humanos y materiales en la sanidad pública o en la atención a personas dependientes. Nuestros científicos piden recursos para los programas de investigación que pueden ser la base de nuestro futuro, la calle pide un poco de sensibilidad para no agravar más las penurias que pasan las familias sin recursos que pueden quedarse sin luz, sin agua o sin gas en pleno invierno. Se pide que, de una vez por todas, se ponga en marcha el tantas veces anunciando plan de choque para frenar el desempleo juvenil y se exigen medidas que palien la creciente pobreza y el imparable incremento de los sin techo, sin hogar, sin esperanza y sin futuro. Por mucho que clamamos, no hay respuesta.

           Tampoco la hay para esa enfermedad que carcome nuestro sistema político e institucional: la corrupción. Cada día un nuevo episodio engrosa la larga lista de saqueos del dinero público. Los bandoleros han estado apostados por todo el territorio nacional, de norte a sur y de este a oeste, incluidos esos lugares que claman ahora la independencia, habrán pensado que así gozarán de más libertad de movimientos para el reparto del botín. El nuevo episodio conocido da para filmar una nueva versión de la película, “el pisito”, protagonizada por el presidente de la Comunidad de Madrid, el heredero de la singular Esperanza. Las medidas adoptadas contra la corrupción son simplemente de olfato, es decir, se compra un poco de colonia y se esparce por la zona saqueada para evitar que el olor putrefacto incomode a los bandoleros.

          Estas son las cosas que claman al cielo y que exige la gente, no descubro nada nuevo. Pero ¿qué hace el gobierno? Pues en vez de escuchar alguna de nuestras demandas, en vez de sentirse próximo al clamor popular, ha decidido tomar la calle antes de que nos echemos a ella. La nueva ley de seguridad ciudadana no sólo es un retroceso en las libertades públicas y en el ejercicio de nuestros derechos civiles,  sino un viaje al pasado, a la época de los grises y de las porras, al miedo a la represión, al amedrentamiento para que no se ejerza la libertad de protestar ni de manifestar opiniones sin la tutela del poder. Por si fuera poco, en un despropósito sin precedentes, hasta los vigilantes jurados podrán detener ciudadanos. Tanto exceso de celo por parte de este nuevo guardián del orden público que es el ministro del Interior, es preocupante e insultante en una democracia no tutelada. Pues bien, en vez de comprar una fumigadora contra corruptos, Fernández Díaz ha decidido dotar a la policía de una especie de tanque que lanza chorros de agua a fuerte presión, para que llueva a cántaros sobre nuestra libertad en vez de sobre sus miserias. Nadie ha pedido esta ley pero nos la van a obsequiar como regalo de reyes. Ellos no comparten nuestros clamores pero, por si acaso, se están preparando para que nuestro malestar no les coja por sorpresa.

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Al otro lado de la historia
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María Antonia San Felipe | 14-12-2013 | 12:01| 0

                   

            Es tal la ausencia de carisma y de capacidad de liderazgo en el mundo actual que no es de extrañar que una multitud de jefes de estado y de gobierno hayan acudido al funeral de Nelson Mandela. Opino que algunos asistieron por ver si un poco del coraje y de la capacidad de seducción del fallecido se repartía como lluvia reparadora entre todos los congregados. Está claro que buscaban, como en las historias de Astérix, bañarse en esa poción mágica que da a los héroes la fuerza y el valor para enfrentarse a los mil retos ante los que nos sitúa la vida. No sabían, muchos de los reunidos, que Madiba era en realidad como Obélix, que se había caído dentro de la marmita de pequeño y de ahí que su personalidad contara con el tesón, la generosidad y la inteligencia que adornan a los hombres valientes y que él se había forjado en años de pelea y de renuncias personales, cuando la lucha revolucionaria que emprendió era vista más como un demérito que como una virtud. Porque eso es lo que fue Mandela, un revolucionario que no se doblegó ni humilló ante el durísimo régimen de apartheid que mangoneaba el presidente Botha y que dedicó toda su energía a luchar por un ideal.

           Su vida es hoy el ejemplo que mejor demuestra que son los valores morales los que forjan la materia de la que están hechos los grandes hombres, los que aúnan las voluntades de sus iguales para conseguir un sueño y los que de verdad escriben la Historia. Los casi treinta años privado de libertad nunca mermaron su fuerza sino que incrementaron su leyenda y su valor ante una sociedad que necesitaba vencer el racismo y la segregación para sobrevivir como personas y como pueblo. Mandela se ha ido pero su legado está intacto, porque la lucha por la libertad y la igualdad son aspiraciones universales.

          Cuando tras el homenaje, el estadio de Soweto quedó vacío, cada uno de los jefes de estado o de gobierno, que acudieron al baño de multitudes, volvieron para su casa con lo puesto, es decir, con el mismo nivel de mediocridad con el que partieron. Algunos, es posible que hayan aprendido alguna lección, otros en vez de historia escriben páginas que rozan más lo cómico que lo épico. Un buen botón de muestra es nuestro presidente Mariano Rajoy que, en vez de tomar del ambiente que se respiraba en torno a Mandela un poco de pasión y sobre todo de coraje, simplemente ha declarado que era muy emocionante que el funeral se celebrara en el mismo estadio que la selección española ganó el mundial. Sin restar valor a la hazaña de la Roja, creo que la frase de Rajoy no sólo es desafortunada sino que se convierte en la demostración de cómo el presidente, además de nadar en la mediocridad, se confunde ante la realidad por evidente que sea.

           Un poco antes de partir para el funeral de un Mandela, ya convertido en leyenda, nuestro presidente declaraba, a varios periódicos europeos, que lo único que le preocupa “es que Alemania tenga claro adónde vamos”, es decir, que Angela Merkel no se equivoque en el rumbo que debe seguir Europa. ¿Existe mejor prueba de su incompetencia? ¿Existe ejemplo más claro de su ausencia de proyecto de país? ¿Existe muestra más evidente de su falta de autonomía en las decisiones que toma? En sí mismas sus declaraciones son una clara claudicación, una constatación de sumisión a terceros en las decisiones que afectan a sus ciudadanos y una prueba más de la resignación con la que este gobierno enfrenta el porvenir de este país, que es el nuestro, y de cuyo rumbo, inexistente hoy, dependen nuestras vidas y las de nuestros hijos. Miremos a Mandela, todo el pueblo iba tras él pero ¿quién puede seguir a alguien que tiene clavada la rodilla en el suelo mientras se pregunta a sí mismo si va o viene? Es lo que tiene confundir la lucha por un futuro mejor con un balón de fútbol.

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La ofensa
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María Antonia San Felipe | 07-12-2013 | 09:30| 0

          ¿De verdad los españoles somos iguales ante la ley? Treinta y cinco años después de aprobada la Constitución releo su artículo 14 y sinceramente me da la risa. En este bosque de felonías en que se ha convertido España, resulta difícil encontrar un puntal del Estado que no esté corrompido o en avanzada fase de putrefacción. No sé si es necesario reformar la Constitución pero yo me conformaría con recuperar los principios que la inspiraron. Lo cierto es que en el cielo del poder están tan ocupados en dinamitar los logros sociales obtenidos desde su aprobación que se han olvidado de ella por mucho que la invoquen en sus discursos. En la arquitectura institucional española todos los estamentos tienen goteras, cimientos poco sólidos o amenazan de ruina inminente. Ya lo he dicho otras veces, del Rey abajo ninguno se salva y cotidianamente no pasa día sin una noticia que nos ilustre de que burlar la Constitución es hoy un deporte al alza practicado con pasión por las élites sociales de nuestra querida España.

          Los últimos ejemplos son clamorosos. Con gran diligencia, el ministerio que dirige el inefable Montoro ha dado por buenas facturas que ayer se reconocieron falsas con la única finalidad de salvar a la infanta Cristina y a su gallardo esposo de la posible acusación de delito fiscal y todo ello, con la entregada colaboración de la fiscalía. El mismo Ministerio ha fulminado a una inspectora de la Agencia Tributaria por pretender sancionar a la multinacional cementera Cemex con una cifra, cuando ya había sido considerablemente rebajada por sus superiores para no molestar a los otros jefes, lo que ha propiciado una cascada de dimisiones y de mala leche entre el personal que paga sus impuestos y de no hacerlo, es embargado, sancionado o pisoteado sin más contemplaciones. Está claro que creer que en nuestra querida España todos somos iguales ante la ley es tan iluso como creer en Santa Claus, los pitufos o el país de Alicia.

          Mientras multinacionales, bancos, infantes, reyes y grandes fortunas se van de rositas, los hombros de los trabajadores y clases medias (en extinción) son los que están soportando las inclemencias del temporal de la crisis y sosteniendo un estado que no es de derecho, sino como dicen algunos, de desecho. Pero ahora, una vez que se han dado cuenta de que la ciudadanía ha constatado que no somos iguales ni ante la ley ni ante la desgracia, por si se nos ocurre levantar la voz y protestar, han decidido dar otra vuelta de tuerca a nuestra decrépita democracia y han sacado de la chistera una Ley de Seguridad Ciudadana que ha puesto los pelos de punta incluso al Consejo de Europa, que la considera “preocupante y desproporcionada”. Pretenden limitar el derecho de reunión y manifestación con multas tan millonarias que una piensa si con la recaudación no aspirarán a resarcir al estado del saqueo de comisiones y mordidas ilegales que se han metido en los bolsillos, unos y otros, con adjudicaciones a amigos y a financiadores de sobresueldos. Como les parece poco amordazarnos, han inventado una nueva sanción para lo que denominan “ofensas a España”, un cajón de sastre en el que cabe todo, aunque si nos dejaran aplicarla a nosotros ya sabemos a quienes les iba a caer el escarmiento. Saquear este país y encubrir a los culpables para que no sean castigados, esa sí que puede considerarse la más grave ofensa a España. Lo peor de todo es que ellos creen que si comienza la recuperación económica olvidaremos la ciénaga institucional, política y moral de España y tiraremos a la basura la aspiración de justicia, libertad e igualdad. Confío, por nuestro bien, en que se equivoquen y evoco al poeta Gabriel Celaya cuando en otro momento difícil escribía:

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

 

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Elogio de la ceguera
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María Antonia San Felipe | 30-11-2013 | 09:45| 0

 

          Él cree que haciendo como que no ve, la gente se vuelve ciega. Dos años después de la llegada al gobierno de Mariano Rajoy hemos observado que el presidente camina ciego, mudo y sordo por la realidad de un país en el que nunca nadie asume su responsabilidad. Se despotrica del gobierno y de la mediocridad de nuestra clase política en los bares, en las tertulias y con los amigos pero se acepta con resignación y paciencia el saqueo de nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros derechos laborales… Hemos tragado, sin rechistar y sin apenas resistencia, como si de las plagas de Egipto se tratara, una política económica que solo genera paro, desahucios, empobrecimiento general y emigración del talento juvenil. No parece haber alternativa a las duras recetas gubernamentales, cerramos los ojos y nos refugiamos en la esperanza de que algún día escampe. Cuando la tormenta concluya, Mariano nos dirá que hemos superado esta maldición bíblica como si no hubiera culpables del desastre. Somos víctimas silenciosas y dóciles, por eso admiro a los que hoy siguen luchando y peleando en la calle por conservar el bienestar que un día construimos y cuya destrucción afecta a unos más que a otros. Las bolsas de pobreza crecen a nuestro alrededor sin que muchos quieran enterarse porque también nosotros nos negamos a verla hasta que el mal toca a nuestra puerta.

          Tanta pasividad me resulta incomprensible pero todavía me sorprende más la laxitud institucional ante la corrupción y la tolerancia que la sociedad española ha tenido con ella, al menos hasta ahora. Espero que el nivel de reprobación de los corruptos sea cada vez mayor porque ello significará que estamos superando la crisis de valores morales en la que también estamos inmersos. Los últimos escándalos que afectan al sindicato UGT son una muestra más de lo extendida que está la enfermedad. En cuanto al partido que gobierna España el hedor resultaría irrespirable en cualquier lugar de Europa. Alrededor de Rajoy crecen como setas los imputados y condenados por fraude fiscal, corrupción, cohecho, prevaricación, sin olvidar, las contabilidades en negro, los sobresueldos y otras indignidades practicadas por políticos que creen que España es tierra propicia para el saqueo. La condena del presidente de la diputación de Castellón, Carlos Fabra, apodado por Rajoy como “ciudadano ejemplar”, es buen ejemplo del mal que padecemos. Contento con la sentencia se chotea porque la cárcel tendrá que esperar, sabiendo como sabe, que no va a ingresar en ella. ¡Hasta ahí podíamos llegar! La Cámara de Comercio de Castellón, en atención a los favores recibidos, lo ha ratificado en su puesto por el módico salario de 90.000 euros al año, 1.250.000 peseta al mes, es decir, lo que gana un trabajador al año. Mientras el comercio y la industria se hunden en una comunidad que ha sido arruinada por Francisco Camps, otro ciudadano ejemplar, y sus muchachos. Y ríase usted, Fabra chulea de complicidad social por los cientos de llamadas de solidaridad recibidas, seguramente porque piensan como él que defraudar y hacer negocietes bajo manga es lo más lucrativo en este país que se va a pique. Digna de mención es la actuación estelar de ese genio del malabarismo político que es María Dolores de Cospedal, que ya nos ha tranquilizado comunicándonos que ahora que se ha forrado, Fabra se ha dado de baja del PP, igual que Bárcenas.

         Supongo que Carlos Fabra habrá dicho igual que su hija gritó en el Congreso de los Diputados: ¡que se jodan! El problema es ese, que los que estamos jorobados somos nosotros que estamos consintiendo lo que está pasando y ellos confían en que el ciudadano al final les perdone y les vuelva a votar y aquí, una vez más, nunca pasará nada. Se ríen en nuestras narices pero lo consentimos y sólo veo una salida: o se corta por lo sano la corrupción o seremos cómplices por nuestro silencio.

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El mal olor
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María Antonia San Felipe | 23-11-2013 | 10:00| 0

 

           

           La basura ha sido retirada, pero el hedor persiste. Pese al uso continuado de ambientadores no se consigue eliminar el mal olor y peor sabor de boca que la huelga de recogida de basuras de Madrid ha dejado en el despacho de la alcaldesa, Ana Botella. Los trabajadores han conseguido frenar los despidos aun a costa de parte de sus retribuciones y derechos, pero su lucha no solo ha frenado el desastre social y de gestión que se avecinaba por una contratación municipal que no preservaba la prestación a los madrileños de un servicio público como merece la capital de España. El manirroto Ruiz Gallardón, causante del despilfarro que ha incrementado estratosféricamente la deuda de Madrid, ha felicitado hipócritamente a Ana Botella,  pero lo cierto es que el regusto que ha quedado es más de amargura que de triunfo. La gestión del conflicto por su parte no pudo resultar más penosa, pero también más acorde a su concepción de la gestión pública. En primer lugar, como Pilatos eludieron la responsabilidad y la derivaron a empresas y trabajadores. Cuando el conflicto subía de tono y las toneladas de basura se acumulaban, intentaron desacreditar a los trabajadores culpándolos de echar por tierra la imagen de Madrid y de perjudicar a los madrileños. La denigrante propaganda contra los trabajadores no dio los resultados esperados porque en los ciudadanos de Madrid y de toda España germinó mayoritariamente una semilla de comprensión y un sentimiento de solidaridad que se volvió contra una clase política tan incompetente como irresponsable. ¿Cuáles son las causas, de este error de cálculo de Ana Botella y su equipo? La respuesta es bien sencilla, ellos viven al margen de la realidad cotidiana de los hogares españoles en los que el temor a perder el trabajo, estable o precario, aunque diga lo contrario el ministro de Guindos, es tan grande que todo el mundo se pone en la piel del posible despedido y genera una simpatía inmediata con las víctimas propiciatorias de esta crisis que somos todos los trabajadores.

            Cuando finalizó el conflicto recordé la huelga conocida como “la Canadiense” en la que se obtuvo en España la jornada de ocho horas. Fue en 1919 y la razón de su éxito fue la solidaridad con cinco trabajadores, inicialmente despedidos, que precipitó una escalada de adhesiones que paralizó Barcelona. Salvando las distancias, los gobiernos debieran comenzar a tomar nota. Esta huelga ha devuelto a muchos la esperanza de que, no todo, es tan inevitable como nos cuentan, que hay margen para frenar tantos desmanes contra los derechos y la dignidad de los trabajadores. Hay más formas de salir de la crisis y no sólo la de la ley del embudo que nos están aplicando. Los datos son estremecedores, según el INE los ingresos de los hogares españoles han descendido a niveles de 2006, aunque los precios no se han frenado. Los ciudadanos se organizan solidariamente alrededor del Banco de Alimentos, Cáritas, la Plataforma Antidesahucios y otras instituciones para ayudar a los miles de hogares por cuya puerta ya no entra el salario sino la pobreza. Yo confío en que esta huelga marque el fin de la resignación y sepamos variar el horizonte de nuestro destino. De momento, el tanteo de goles va a favor de un gobierno cuyo balance de dos años es desolador y que, no contentos con saquear nuestros derechos, están planeando ahora amordazarnos. En boca cerrada ni entran moscas ni salen palabras que griten la verdad y para eso nada mejor que una ley de Seguridad Ciudadana que impone multas y sanciones exorbitantes para quienes se manifiestan, protestan y luchan por preservar sus derechos. Dicen que lo hacen para salvaguardar nuestra libertad, yo creo que es para que no les molesten nuestros gritos pidiendo trabajo, justicia y dignidad. Ellos se están protegiendo pero yo me pregunto, ¿a nosotros quién nos protege de su incompetencia?

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Entre basura
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María Antonia San Felipe | 16-11-2013 | 19:54| 0


           El riesgo que entraña vivir entre basura es que uno puede acabar acostumbrándose. Creo que llevamos en ella mucho antes de que comenzara la huelga de Madrid, pues lo que está sucediendo ahora no es sino la consecuencia de los excesos del pasado. Seguramente, ni Gallardón ni su heredera, Ana Botella, soñaron un basurero mejor. El Ayuntamiento más endeudado de España se lo jugó todo, en épocas de bonanza, a megaproyectos muy alejados de su capacidad presupuestaria real y por supuesto de la de sus vecinos que son los que pagan los impuestos y el pato de tanto despropósito.

          La adjudicación de la recogida de basuras se hizo con el objetivo de ahorrar para poder pagar la inmensa deuda fruto de años del despilfarro. Se rebajó, ya de salida, el tipo de licitación rebajando en un 10% el coste anterior y no se incluyó en el pliego un número mínimo de trabajadores para poder realizar la tarea. Se adjudicó con una baja muy sustancial a un puñado de empresas ligadas a la construcción y amigas de pasar por los despachos de concejales y consejeros, empresas que iban a ser las encargadas de hacer realidad los recintos deportivos del sueño olímpico. Como vemos, un tipo de basura moral que no se incluye en los pliegos de condiciones pero que condicionan las adjudicaciones. Una vez destruido el globo olímpico y dos meses después de adjudicarse el temerario contrato, las empresas confiesan que deben despedir a más de 1.100 trabajadores para hacer el mismo trabajo y para cuadrar sus cuentas sin mermar sus beneficios. Esta es una prueba evidente de cómo están destruyendo todo lo público intentando engañar al personal diciendo que no se recortan los servicios. Algo que ya sabemos, después de la crueldad de esta crisis, que es mentira. Ahora la culpa la tienen los huelguistas que defienden sus puestos de trabajo y un modesto salario.

          En las nubes, en el cielo del Ayuntamiento, los que han propiciado el desastre despilfarrando el dinero de los contribuyentes, no tienen responsabilidad alguna. El mal de Madrid está muy extendido en toda España porque, pensemos: ¿quién ha elegido a Ana Botella?, ¿sería Ana Botella alcaldesa de Madrid si no fuera la esposa de José María Aznar? Usted conoce, como yo, las respuestas y le sobrarán razones para argumentar por qué es tan urgente cambiar el sistema de elección de nuestros dirigentes. Está claro que ni los buenos, ni los mejores, ni los menos malos llegarán nunca a presentarse, sino los seleccionados por una élite que detenta el poder dentro de cada partido. El segundo problema, es que en este país nadie asume su responsabilidad ni sabe cuál es de verdad el papel de un gobernante. Algunos creen que llegar a un puesto político de gestión es cómo ganar un concurso de la tele. Ya tengo el premio y ¿ahora qué hago? Algunos políticos actuales, como Ana Botella, no saben que gobernar no es colmar tus expectativas de éxito personal, sino tener algo que ofrecer a los ciudadanos y, especialmente, esforzarse cada día en no defraudarlos y si lo haces, tener la valentía de devolverles el poder que te prestaron para servirlos.

          Pero no, aquí nadie asume ni errores ni responsabilidades ni se sonroja mintiendo e insultado a los ciudadanos. Ahí tenemos al ministro Wert, que acaba de montar otro pollo con las becas Erasmus y hasta Europa ha concluido que sus declaraciones eran “basura”. Y por cierto, basura también me parece que, después del desastre del Prestige que inundó de chapapote nuestras costas y arruinó a los pescadores en una catástrofe ecológica sin precedentes, sepamos once años después que nadie fue responsable de nada, salvo “un poquito” el capitán del barco al que han impuesto una leve condena. No me extraña que la prensa extranjera se haga cruces con nosotros porque yo me pregunto, ¿vivimos en España o en medio de un estercolero?

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El chulo del barrio
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María Antonia San Felipe | 09-11-2013 | 09:09| 0

          Cuando se actúa desde la chulería se corre el riesgo de sucumbir a la soberbia y de naufragar en la estupidez. Y para que no haya dudas, diré que hablo del ministro de Educación, José Ignacio Wert que cada poco tiempo nos obsequia con actuaciones estelares de tal osadía que una no sabe si reírse de pena o llorar de rabia. En cada decisión que toma rompe algún plato o pisa algún callo, siempre con un objetivo claro: destruir la enseñanza pública o intentar convertirla en residual. Eso sí, don José Ignacio todo lo hace con el aplomo y la falta de tacto del personaje que todos conocemos como “el chulo del barrio”. Estos días se ha derramado una gota que ha colmado el vaso. La publicación de una norma en el Boletín Oficial del Estado, con nocturnidad y alevosía, suprimiendo las becas Erasmus, una vez que la mayoría de los estudiantes han salido para sus destinos, se ha convertido en su última hazaña. Todo indica que la ha perpetrado sin encomendarse ni a dios ni al diablo y por lo que parece ni a sus propios colegas del gobierno ni al presidente al que, por otra parte, poco le importa, refugiado como está en su palacio de silencio.

          La medida la descubrió un estudiante por casualidad, pero cuando saltó la voz de alarma el incendio en la prensa y en las redes sociales ha sido tan inmediato que ha supuesto el rechazo no sólo de los afectados sino incluso de la Unión Europea y, por si fuera poco, de sus propios compañeros de partido y de gobierno, al tiempo que ha levantado una enorme solidaridad en una población cada día más harta del modo en que nos están tratando los chulos del barrio. Cuando vi al ministro Wert anunciar la revocación de la medida tuve la sensación de que, de forma virtual, miles de españoles y de estudiantes Erasmus se habían convertido en Gorgoritos y, metafóricamente, con las estacas en la mano propinaban unos coscorrones en la cabeza del Ogro Dienteslargos al grito de: ¡toma!, ¡toma! y ¡toma! Mientras la ciudadanía coreaba: ¡bien! ¡por fin! ¡bien! No está mal que alguna vez pierda la partida el chulo del barrio. Aunque de verdad, lo que tenía que haber ocurrido es que tras tragarse públicamente el sapo de la rectificación, hubiera dimitido y al no hacerlo, Rajoy  debió cesar fulminantemente tanto a él como a la secretaria de estado, señora Gomendio a la que tanto gusta, como a Wert, insultar a los docentes y a los alumnos como si todos fueran vagos y maleantes que protestan unos porque tienen trabajo y otros porque son pobres y malos estudiantes. Ellos tendrán brillantes expedientes académicos pero escaso tacto como gobernantes y elevada incompetencia como gestores al improvisar ocurrencias cada cuarto de hora y si no, a las pruebas me remito.

          Claro que hablando de tacto, no puedo olvidar el dolor de estómago que me han producido las palabras del ministro De Guindos que para vender la moto de la presunta recuperación económica ha tenido el ingenio de afirmar que “en España se está perdiendo el miedo a perder el empleo”, cuando todo indica que una cuarta parte de la población activa seguirá en el paro durante varios años y cada vez con menos cobertura social. El último sondeo del CIS, como ya sabemos sin necesidad de encuestas, indica que el primer problema que detectan los españoles es el empleo, es decir, la ausencia de él. En España con cinco millones de parados, claro que no hay miedo a perder el empleo, no señor ministro, lo que hay es pánico a quedarse sin él y pavor entre los parados a no encontrarlo jamás. Este es el drama de España. Cuando se viven situaciones tan trágicas y hay tanto sufrimiento en los hogares, sería más prudente que los ministros se comportaran con más comprensión y menos chulería. Rodeados de basura y corrupción como estamos, sería de agradecer que dejaran de insultar nuestra inteligencia y de pisotear nuestra dignidad, que ya está bien de pasear tanta chulería por el barrio.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.