La Rioja
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El rey Sol
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María Antonia San Felipe | 28-01-2017 | 07:00| 0

El sol continúa saliendo cada mañana y no parece probable que el nuevo presidente americano Donald Trump pueda decretar la oscuridad cuando llega el amanecer. Aunque no se confíen, pudiera ser que el nuevo gabinete esté consultando a los servicios jurídicos y a la NASA la posibilidad de hacer posible que el sol brille sólo sobre América. En realidad ocurre que el nuevo presidente cree que el sol es él. Ha nacido una nueva estrella, un nuevo rey Sol que anuncia un insólito despertar en los Estados Unidos. Trump pronunció un discurso de trazo grueso y frases huecas que, si no se analizan, uno creería estar escuchando a un activista comprometido con su pueblo desde que nació. Explicó que en América había una “realidad muy  diferente: madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestros barrios más deprimidos; fábricas herrumbrosas y esparcidas como lápidas funerarias en el paisaje” para anunciar  la buena nueva de que “el 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país. Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país dejarán de estar olvidados”.
            En fin, palabras tan grandilocuentes como vacías en boca de un hombre que ha hecho su fortuna eludiendo durante años pagar sus impuestos y aplicando unas políticas salariales a sus empleados tan obscenas como su exceso de lujuria, según sabemos. Me alegra que muchas mujeres salieran a la calle después de su toma de posesión para recordarle que el pueblo americano es más variado y plural de lo que él imagina y que ya eran libres antes de que él soñara con la Casablanca.
En cualquier caso estos días tenemos a Donald firmando decretos frenéticamente tras nombrar a un gobierno de hipermillonarios y ultraconservadores que ya veremos adónde conducen la nave americana. El nacionalismo político y el proteccionismo económico parecen la solución más fácil, eso de nosotros primero y siempre nosotros suena bien pero luego los problemas son más complejos y en el imperio de Donald también se pone el sol. No lo duden, al rey Sol el anochecer le alcanzará.
            Mientras Trump vive momentos de estrenada euforia prometiendo una América nueva, próspera y fuerte, poblada de patriotas y vedada al inmigrante, en nuestra vieja Europa también los líderes de la ultraderecha han recibido con indisimulada alegría su llegada. Estos días se han reunido la francesa Marine Le Pen (Frente Nacional), el holandés Geert Wilders (Partido por la Libertad), la alemana Frauke Petry (Alternativa para Alemania) y el italiano Matteo Salvini (Liga Norte). Ellos también hablan de una nueva Europa, de la aspiración de la “libertad de los pueblos” frente a lo que consideran la tiranía de la Unión Europea. Son los mejores aliados de Trump, una Europa débil incrementa sus posibilidades de dominio y una Europa alejada de sus valores tradicionales es la que ha favorecido el fortalecimiento del discurso de la ultraderecha. Según Marine Le Pen, “El patriotismo no es una política del pasado, sino del futuro”, una vez liberados de la “cárcel de Europa”. Si a esto unimos que Putin está en el mismo discurso y que está ganando la batalla, habremos cerrado el círculo del temor.
            Todas las proclamas de estos líderes narcisistas hablan de tiempos mejores y aparentan que los impulsan ideas nuevas pero, no nos engañemos, son los alientos de los viejos totalitarismos que regresan disfrazados de corderos en un tiempo de lobos feroces. La utilización de los sentimientos nacionales frente a enemigos exteriores y del miedo al futuro generado por la incertidumbre de la crisis actual, son la mejor manera de engañar a los ciudadanos. Así ha sido desde que el mundo es mundo. No caigamos en la trampa, el pasado se disfraza de nuevos tiempos, pero es el pasado. Trump terminó su discurso con el consabido “que Dios bendiga a América”, solamente a América y nada más que a América. Yo desconozco si Dios está en estas cosas pero yo me conformo simplemente con que al resto del mundo no nos maldiga.

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Huérfanos
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María Antonia San Felipe | 21-01-2017 | 07:00| 0

Desde que Rajoy quedó instalado en la Moncloa en octubre de 2016 una ola de desaliento invadió a más de 10 millones de votantes de izquierda en este país. Estos últimos meses nadie ha devuelto a tanta gente defraudada ni una chispa de esperanza. La izquierda española es hoy como un campo minado, cualquier paso en falso puede hacer estallar un incendio. Los votantes contemplan atónitos el  espectáculo.
           En las últimas elecciones muchos depositaron sus esperanzas en una nueva organización, Podemos, que emergió con fuerza encauzando toda la indignación que la crisis económica había generado. Su análisis de las causas de la desgarradora situación que estaban viviendo muchas personas en España, la aparente espontaneidad de su discurso y la fuerza con la que un grupo de jóvenes ponía el dedo en la llaga de las contradicciones de los partidos tradicionales los llevó al Parlamento europeo y después al de España. Su transformación en un partido, aunque ellos se proclaman un movimiento social, ha chocado contra la tozuda realidad. Hacer política no es fácil, nunca lo ha sido. Hoy es un oficio muy desprestigiado por la propia clase política pero lograr la sintonía y la complicidad de un amplio espectro social es un reto más complicado de lo que algunos creían.
           La piedra en la que ha tropezado Podemos es la misma en la que suelen hacerlo todos: las disputas internas. La izquierda es especialista en este deporte. Siempre consiguen que de la pelea que se libra en su seno se entere todo el vecindario. En eso están ahora en Podemos. Iglesias y los suyos creen que hay que dar miedo a las élites y para ello el campo principal de actuación ha de ser movilizar a la calle. Errejón opina que la base social de un partido tan plural sólo puede crecer ampliando los sectores a los que se dirige, sin olvidar la política institucional puesto que ahora sus votantes los han colocado en los parlamentos. Aunque las luchas internas siempre son por el poder, si no superan las diferencias pueden terminar por diluirse como un azucarillo en su propio caldo y convertirse en un partido residual. Mantener a la calle en constante tensión, como si se fuese a tomar la Bastilla cada mañana, se me antoja un objetivo bastante complicado en un país que ha soportado grandes sacrificios y recortes de derechos y, sin embargo, ha vuelto a confiar y a votar a aquellos que se los impusieron.
            El PSOE por su parte lleva tiempo alimentado la hoguera de la autodestrucción. Demasiado tiempo echando leña al fuego, por eso, pierde militantes, pierde credibilidad y pierde el afecto de su base electoral que se siente abandonada a su suerte. Pese a que queda más amargura que ilusión, muchos votantes fieles siguen esperando un milagro. El PSOE es un partido con demasiada historia para perecer por las ambiciones personales de unos dirigentes que solo sueñan con permanecer en sus cargos porque han hecho de la militancia un oficio y no una forma de contribuir a transformar la sociedad. El resultado es que, dedicados a anular a los adversarios en agrupaciones y comités, a conseguir fieles y mudos seguidores, en vez de a alumbrar ideas y regenerar instituciones han convertido una organización clave en la historia de España en un partido fracturado que ha abandonado a sus votantes.  Parece que va a haber primarias, Susana Díaz se prepara pese a que se ha quemado en la batalla interna. Pedro Sánchez se lo está pensando tras comprobar cómo su estado mayor, es decir, los mismos que le aconsejaron tan rematadamente mal y que lo empujaron al suicidio político se organizan ahora en torno a Patxi López, otro de sus antiguos “aconsejantes”. En fin, ya se sabe que las traiciones son habituales en política, hay especialistas que siempre flotan tras el naufragio. Veremos si se obra el milagro y alguien con fuerza emerge de las tinieblas.
           Confieso una inmensa tristeza. Contemplo el panorama y veo a la derecha asentada en el poder mientras la izquierda se afana en empujar a los suyos al desaliento y los deja huérfanos de esperanza.

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Ser o no ser (IIª parte)
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María Antonia San Felipe | 14-01-2017 | 06:15| 1

Cuando desde la política se deja de ver la dimensión humana de las decisiones que se toman es que se ha perdido el rumbo. Y si las resoluciones se adoptan para ocultar la verdad y, por tanto, se miente deliberadamente queda acreditado que la persona no está capacitada ni merece ocupar el cargo que ostenta. Federico Trillo es un magnífico ejemplo. La soberbia del exministro de Defensa es bastante más abultada que sus aciertos, su indignidad se demostró el día en que decidió mentir sobre el accidente del Yak-42. Esto ya lo sabe toda España y, no nos engañemos, a muchos no les importa.
          Lo que más me ha impresionado tras el esclarecedor dictamen del Consejo de Estado no es la evidencia de la bajeza política y humana de Federico Trillo sino el testimonio emocionado y doliente de los familiares afectados. Me han removido las entrañas las palabras de Francisco Cardona recordando que, cuando por fin abrieron el féretro, el cadáver de su hijo tenía tres piernas. No puedo imaginarme un momento más duro para alguien que roto de dolor se encuentra ante esa realidad y toma conciencia de que todo lo que habían sospechado no sólo era cierto, sino peor de lo que imaginaron: les habían mentido y humillado tras haber empujado a los suyos a la catástrofe.
            Otro de los familiares ha puesto el dedo en la llaga de esta infamia. Con la prepotencia acostumbrada, portavoces del PP llevan años insinuando que las familias sólo buscan dinero. La hermana del cabo David García Díaz ha dirigido una carta abierta a Federico Trillo en uno de cuyos desgarrados párrafos dice:
            “Y no me hable sr. Trillo de dinero, porque nunca hemos pedido dinero, o quizás se les debe de recordar a ustedes aquel papel que quisieron hacernos firmar deprisa y corriendo, anteponiendo una cantidad de dinero que no voy a mencionar porque era el precio que ustedes ponían a la vida de mi hermano y sus compañeros, a cambio de no culpar de aquel momento en adelante ni a usted ni a sus secuaces de absolutamente nada relacionado con el ‘accidente’. ¿Quieren que recordemos eso? Porque recuerdo que no se aceptó, no se aceptó porque lo único que hemos pedido siempre ha sido algo muy simple, justicia. Me da usted vergüenza, me da usted asco”. No hay nada que añadir. Todo es asombroso.
             La nueva ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, al fin ha recibido a las víctimas para reconocer la responsabilidad de la administración como señala el Consejo de Estado. Ha sido un indudable acierto pero hemos de analizar su gesto para no dejarnos confundir. En febrero hay congreso del PP y Cospedal está haciendo méritos. Su postura ha sido elogiada y ella quiere aparecer como una ministra valiente y comprensiva. Otro factor de análisis que no conviene olvidar son los dosieres que circulan sobre los negocios de su marido con los Pujol y que el próximo lunes, cuando ella comparezca en el Congreso, Luis Bárcenas, que ya dijo que se había pagado la defensa de los implicados en el Yak-42 con dinero de la caja B del PP, estará declarando en la Audiencia Nacional por el caso Gürtel.  Además, el anterior gobierno de Mariano Rajoy, con su aplastante mayoría absoluta, no movió un dedo por los afectados. Ahora ante el clamor de que mintieron con premeditación, alevosía y desprecio no pueden, con su actual debilidad parlamentaria, mantenerse chulitos y con la soberbia acostumbrada. En este tema no tienen aliado. Por lo tanto, no se han vuelto humildes de repente sino que actúan desde el interés táctico  inmediato.
            Es bueno no olvidar estos detalles porque lo accesorio, en ocasiones, oculta lo esencial. Desgraciadamente mentir en este país es gratis total y, como dije la semana pasada, la cuestión se resume en ser o no ser decente, ser o no ser un sinvergüenza aunque parece que en esta España nuestra la dignidad moral a casi nadie le importa.

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Ser o no ser
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María Antonia San Felipe | 07-01-2017 | 08:18| 0

Si un mendigo lograra entrar en la embajada de España en Londres durante una celebración, todos los invitados se apartarían del intruso exhibiendo un gesto de asco y una mueca de temor al contagio de cualquier desventura o al robo de la cartera. Todos darían por supuesto que el indigente había labrado su propia desgracia eligiendo la pobreza como quien hace oposiciones al cuerpo diplomático, es decir, con constancia en la búsqueda de su propio futuro. Sin embargo, la entrada en el salón del embajador plenipotenciario, Federico Trillo, estaría acompañada de sonrisas y aplausos, seguramente hipócritas,  aunque todos se sentirían satisfechos de compartir el tiempo de la historia con el invicto conquistador de Perejil. Algunos dirán que es un hombre de honor pero todos sabemos que ascendió tras prestar buenos servicios en las cloacas corruptas del caso Gürtel y en las subcontratación fraudulenta de aviones como el Yak-42, algo que ha ratificado el Consejo de Estado una barbaridad de años después.
           Nadie puede olvidar que la mayor hazaña del exministro Federico Trillo fue la toma de la isla Perejil, que había sido invadida por seis soldados de infantería de la Marina marroquí. Según Trillo, el 17 de agosto de 2002: “Al alba y con tiempo duro de levante…” tres helicópteros Coughar y dos Bolkov llegaron a la isla de Perejil con el objetivo de colocar la bandera en lo más alto y devolver a los seis marroquíes a la frontera con Ceuta. Las órdenes de la operación, denominada en clave «Romeo Sierra», emanaron del gabinete de crisis, integrado por el presidente José María Aznar, los vicepresidentes Mariano Rajoy y Rodrigo Rato, la ministra de Exteriores, Ana Palacio, el ministro del Interior, Ángel Acebes y, por supuesto, nuestro héroe, famoso por su “manda huevos”, Federico Trillo.
           Si con esta proeza transitó entre el ridículo de la historia y la parodia épica con la siguiente escribió, con sangre ajena, un episodio repleto de mentiras que pasará a los anales de la infamia y de la cobardía.  El 26 de mayo de 2003 un Yak-42 se estrelló en Turquía y en la catástrofe que, a juicio de los tribunales y ahora del Consejo de Estado pudo evitarse, murieron 75 personas (62 militares españoles, que regresaban a España tras una misión en Afganistán y 12 tripulantes). Trillo derivó en los militares la responsabilidad, él la eludió, encubierto por sus compañeros y por Rajoy. Espero que este episodio les persiga a todos como una sombra ensangrentada. Vistas las declaraciones del presidente del gobierno es evidente que a ninguno de ellos estas muertes les duelen en la conciencia. Rajoy alega que todo ocurrió hace muchos años, precisamente los mismos que llevan los familiares de las víctimas esperando que les pidan perdón por su negligencia, por sus mentiras, por la humillación, por su dolor y por haber profanado con su prepotencia la memoria de sus muertos.
           La apresurada e irresponsable identificación de víctimas o el precipitado funeral para acallar a la opinión pública se vislumbran como un clamorosa negligencia que intentó tapar otras miserias y que no puede esconderse en el olvido. Al final todo lo que se cierra en falso regresa y lo hace con más fuerza porque sabiendo que las muertes pudieron evitarse, se acrecienta el peso de la ofensa. Dicen que el gobierno va a relevar a Federico Trillo, como al resto de embajadores, porque toca. Él dice que no le echan que vuelve a España porque quiere. Es decir, que de nuevo las mentiras regresan. Ni se reconocen errores, por trágicos y palmarios que sean, ni se piden disculpas ni se cesa fulminantemente a quien no se debió premiar con tan lujoso retiro. Si miramos detrás de tanta hipocresía y entramos en la embajada siguiendo al mendigo podríamos escuchar cómo, antes de ser expulsado en nombre de la patria, le dice al embajador Trillo:
           -Si yo tuviera la misma catadura moral que usted, es posible que el embajador fuera yo.
           Ser o no ser decente, ser o no ser un pícaro, esa es casi siempre la cuestión.

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El año que vivimos sin gobierno
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María Antonia San Felipe | 31-12-2016 | 06:00| 0

Cuando era pequeña, el fin de año siempre me parecía que olía a esperanzas. El futuro era para mí un pedazo de cielo a conquistar, una nueva ventana a la que asomarse para no perder ni una sola oportunidad, la vida era un continuo descubrir, un camino para hacer realidad sueños imposibles. Los niños de ahora también sueñan con el año nuevo, es lo que tiene la edad. Ya se sabe que la inocencia sólo la destruye el transcurrir del tiempo. Hoy, cuando ya no quedan hojas en el calendario, mientras contamos las uvas haremos balance y un poco de nostalgia nos invadirá.
En España éste será recordado como el año que vivimos sin gobierno 315 días y, pese a todo, sobrevivimos al vacío institucional aunque nadie puede negar que hemos encallado el barco en el acantilado de la decepción. Aires nuevos parecían inundar la política española, tiempos de regeneración y de nuevas formas de concebirla con el fin de restaurar la confianza de los ciudadanos en ella. Pues bien, cuando ya no queda año vemos que tampoco queda ilusión. Rajoy, aunque en minoría, sigue teniendo en sus manos el timón de la nación y el PP calienta motores para unas elecciones que pueden llegar a mediados del 2017. Nadie duda que sus perspectivas electorales son hoy mejores que las de sus competidores. Ciudadanos ha perdido toda su frescura, al final todo el mundo prefiere el original a la copia y más cuando ésta amarillea. Incluso la bandera de la lucha contra la corrupción podemos decir que, hoy por hoy, ondea a media asta en el despacho de Rivera.
En la izquierda me pregunto, reconozco que con tristeza, si todavía queda optimismo. De momento, en la mejor tradición de la izquierda andan, PSOE y Podemos, entretenidos en peleas internas mientras se distancian de quienes todavía confiaban en ellos. El PSOE camina a la deriva desde antes de que Pedro Sánchez llegara a ser su secretario general. Si Sánchez no supo sostener a su propio electorado la forma en que se produjo su derrocamiento/dimisión el pasado mes de octubre tampoco ha contribuido a ganarlo. La alternativa de Susana Díaz no parece generar mucho entusiasmo ni entre la militancia ni entre el electorado, aunque sí entre los dirigentes territoriales y cuadros destacados del partido. Esta dicotomía resulta muy inquietante ya que ahondar la brecha entre bases y dirigentes es como avivar las brasas que produjeron el incendio.
En la otra izquierda, parece que la supuesta juventud del proyecto de Podemos ha envejecido tan rápido que ya se han convertido en abuelos. Quienes tuvieron el mérito de remover las conciencias y agrupar en torno a ellos la indignación con un sistema que se había degradado en extremo, han tropezado en la misma piedra. Creían haber inventado otra forma de hacer política desde la fraternidad aparente y el twitter compulsivo. Pero ahora, sin haber cumplido las expectativas que se trazaron, las críticas a la cúpula dirigente y al líder se consideran deslealtades al proyecto común y por tanto son materia de purga como toda la vida han hecho los aparatos de los viejos partidos. No hay nada más viejo que el uso de puñales dentro de las organizaciones políticas para conseguir el poder.
Del mundo, de la globalidad, el balance de 2016 es realmente escalofriante. Un excéntrico Trump ha llegado a la Casablanca, Putin está ganando posiciones en el tablero estratégico de Oriente Próximo y en Siria se muere sin que a nadie le preocupe. Y en este escenario la ultraderecha crece en Europa alimentando los nacionalismos frente al proyecto comunitario y a la solidaridad internacional. Muchos de los grandes (Cohen, Prince, Bowie, Michael…) nos han dejado. Así que aunque se ha discutido la concesión del Nobel a Bob Dylan, yo me pregunto como él: “¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista, antes de poder ver el cielo?”. Pues bien, como la respuesta está en el viento, yo les deseo que el 2017 simplemente nos regrese a la esperanza.

 

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Cuentos de Navidad
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María Antonia San Felipe | 24-12-2016 | 08:58| 0

A escasos kilómetros de la opulencia y colindante con los barrios en los que se sobrevive, se extiende la Cañada Real, el corazón geográfico de la miseria de Madrid. Violeta vive allí, en una casa de cartón y maderas cubierta con plásticos de todos los colores que su padre cambia cada cierto tiempo. Violeta sabe que es Navidad porque en los barrios del centro hay luces de colores y porque en el local que Cáritas tiene cerca de su chabola la hermana Paz les ha dado a los niños el doble de merienda. Con un papel de regalo recuperado de un contenedor del centro ha adornado unos taburetes que hacen de mesa y ha encendido una vela para cenar con su amiga Sara que está sola. Su padre no vendrá hasta que se recupere de ese mal que le come por dentro desde hace tiempo. Su madre ya se fue, murió hace tres meses aunque ella no sabe de qué. A lo mejor se murió de tristeza que, según Violeta, esa es una enfermedad más destructiva que la peste. Mientras esperan, se comen la merienda de Nocilla, se ríen y se abrazan con fuerza para espantar el frío que envían las estrellas en Navidad.
Hashin se ha dormido, aunque aterido, su rostro dibuja una serena sonrisa muy diferente a la infinita amargura que refleja el semblante de su madre. Amira juega con pedazos de trapos de colores y corre a abrazarse a su madre que la envuelve amorosa en la única manta que les queda. En un cobertizo, escondidos como ratas, se alimentan de miedo y sobreviven a la angustia premonitoria de la muerte. En Alepo todos temen a los que pululan por las ruinas, es difícil distinguir al enemigo. El sonido de los bombardeos que revientan edificios, destruyen futuros y alimentan rencores, se escucha nítidamente como si anunciara el fin del mundo. Las madres de Hashin y Amira son hermanas, sus maridos combaten lejos, aunque no saben dónde, no hay noticias. Uno se fue con los rebeldes y el otro con Al-Assad. Los niños nacieron al inicio de la guerra, por eso duermen tranquilos, hambrientos y helados, ajenos a la verdad creen que la vida sólo consiste en despertar cada mañana abrazados a unas madres que habitan en el miedo porque saben que no queda esperanza.
Huyendo de Boko Haram la familia de Hamal, siguiendo a miles de desesperados, acaba de llegar a un campo de refugiados en el corazón de África. En realidad, la suya no es una familia sino un resignado lamento. Sólo quedan él y dos hijos pequeños. A su mujer la violaron varios hombres armados y al amanecer ella se clavó un cuchillo. A su hija pequeña la secuestraron y no han vuelto a tener noticias. Hamal cuando despierta sueña que está muerto.
Otto salió de casa con una sola misión: hacer feliz a su hija pequeña porque llega la Navidad. Otto ahora está muerto, junto a su cadáver la policía encontró una bolsa llena de angelotes, renos y un Papá Noel que, como él, quedó aplastado por un camión conducido por un asesino que mata al servicio del fanatismo y de la infamia. En Breitscheidplatz, en Berlín, todo lo tiñe el dolor. Muy cerca y muy lejos los agitadores del odio, los asesinos y sus ciegos creyentes disfrutan su hazaña y planifican la siguiente.
Este es nuestro mundo. Que no es perfecto lo sabemos de siempre pero dudo que estemos haciendo lo suficiente para cambiarlo. Contemplo el panorama y más bien creo que nos esforzamos en destruirlo. Yo no sé si a ustedes les pasa lo mismo pero estos días advierto mucha hipocresía en el ambiente con forma de árbol de Navidad. Al anochecer observo el cielo buscando aquella estrella que me ilusionaba de pequeña. Me refiero a esa estrella luminosa con prolongada cola que iluminaba mi infancia y que me gustaría que volviera para alumbrar el futuro con un retazo de esperanza. Pese a todo y aun consciente de que la negrura es la que triunfa en este mundo, de todo corazón les deseo que sean felices siempre, incluso en Navidad.

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Tiempo de pícaros
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María Antonia San Felipe | 17-12-2016 | 09:14| 0

Cierto que la picaresca no es exclusiva de España pero hemos de reconocer que es una disciplina en la que tenemos liderazgo, antigüedad, oficio y solera. Si el autor del Lazarillo de Tormes fuera contemporáneo nuestro nos divertiría a diario con una jugosa historia y nos la contaría en televisión en horario de máxima audiencia.
El caso de los padres de Nadia Nerea, la niña de 11 años afectada por una enfermedad genética rara, no es el más grave ni el más escandaloso de los engaños que hemos padecido pero nos enseña muchas cosas. No hablamos de gente de elevadas cualidades morales sino de unos vividores que pescan en tiempos revueltos pero que han sido muy hábiles explotando las debilidades de nuestra carcomida sociedad. No han obligado a mendigar a su hija, porque es un delito tipificado en nuestro código penal sino que han explotado la enfermedad de su hija del modo más fácil que existe actualmente para llegar a mucha gente y sorprenderles en su buena fe: la tele y la prensa. Ellos sabían y nosotros ahora que sin esa ayuda indirecta, aunque no cómplice, de los medios de comunicación, Fernando Blanco y su esposa no hubieran conseguido una cifra tan abultada de donaciones. Ahora se descubre el engaño aunque pudo acreditarse, hace tiempo, que tenían condenas y antecedentes delictivos.
Esta experiencia nos ha enseñado que es necesario recuperar los principios tradicionales de la prensa, el primero el de comprobar la veracidad de lo que se cuenta. Si los donantes han sido estafados la prensa también y por ende, sus lectores. La colaboración acrítica de la prensa ha puesto en entredicho su credibilidad. Desde que estalló el escándalo de la investigación contra el padre (o supuesto padre) de Nadia, es la propia prensa la que ha puesto pies en pared y ha decidido dar luz sobre los espacios oscuros de la versión de Fernando Blanco. Yo reconozco que no había seguido este caso con igual interés que otros, aunque me ha sorprendido que no hubiera médicos verificando la enfermedad, que nadie sepa en qué hospital de Houston fue tratada y mucho menos la identidad de los especialistas afganos escondidos en remotas cuevas en las que veo improbable la existencia incluso de probetas para investigar.
Creo que la prensa está obligada a realizar un profundo examen de conciencia. Las redes sociales están repletas de bulos que se difunden profusamente como verdades cuando es fácil comprobar que muchos son ingentes mentiras. Pero cuando los medios difunden una noticia o realizan un reportaje el lector, oyente o televidente, aunque no comparta el enfoque, sobreentiende la certeza de los hechos porque se supone que un periodista, igual que un historiador, no afirma algo que previamente no ha verificado. Esa es su esencia, por eso, es evidente que el resbalón ha sido notable y reconocerlo es la única forma de evitarlo en el futuro.
Es claro que en este caso hay varias víctimas evidentes. La primera es, indiscutiblemente, la niña que ha sido utilizada como una mercancía para conseguir dinero invocando la lástima, la caridad y la solidaridad al mismo tiempo. Los otros damnificados son los que han hecho de sus donaciones con la mejor intención, los que han creído la historia y, por último, la prensa que ha tropezado en la enorme piedra de la ingenuidad y la desidia al no haber comprobado los hechos y los antecedentes delictivos, totalmente probados, del supuesto padre de Nadia. Lo mejor sería que a partir de ahora las donaciones para investigación se canalicen a través de organizaciones de comprobada honestidad o de los propios hospitales públicos. Rodeados de pícaros como estamos mucho me temo que ahora acaben linchando a este hombre. Está claro que es un sinvergüenza pero su sacrificio en la plaza pública, puede servir para lavar la conciencia de quienes fueron benevolentes con otros mucho peores que quebraron nuestro sistema financiero y que pueden irse de rositas tras habernos saqueado y estafado a todos los españoles. El tiempo lo dirá.

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Las Kellys
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María Antonia San Felipe | 10-12-2016 | 08:01| 0

…Y entonces el hombre mordió al perro. Ya sabemos que esta sería una noticia de primera plana por eso cuando un empresario ha denunciado la explotación laboral de las trabajadoras de hotel, sus palabras han sorprendido en un país donde ya nada nos asombra. Antonio Catalán, presidente de AC Hotels by Marriott, ha advertido de que en España se está produciendo una explotación en el sector turístico con las camareras de piso que cobran entre 3 y 4 euros por habitación y, en algunos casos, incluso menos (2,15 €). La subcontratación de ese servicio, hasta ahora realizado por personal propio, pone en manos de empresas, ajenas al sector, la realización de ese trabajo. La intención no es otra que eludir los convenios que fijan unos 1.000 euros de salario para aplicar otros que contemplan apenas 600, teniendo que trabajar seis días a la semana en lugar de cinco. La crítica de Catalán ha sido contundente y ha cuestionado la reforma laboral del año 2012 que facilita los despidos, destruye los salarios y favorece una forma de fraude laboral que se multiplica en el sector. Sin olvidar, que esto también deriva en bajas cotizaciones lo que mengua la financiación de la Seguridad Social.  Esto está ocurriendo cuando España recibe más turistas que nunca por haberse convertido en un destino preferente por la situación de inseguridad que se vive en el norte de África o en el Próximo Oriente.
           Pese a que la subcontratación hace que las camareras de piso tengan problemas para organizarse sindicalmente, ellas han decidido luchar para que la sociedad visibilice una realidad que sólo es un ejemplo más de los derroteros que está tomando el mercado laboral en España. Hay que reconocerles valor porque al hacerlo algunas corren el riesgo de ser despedidas. Desgraciadamente la dignidad en el trabajo, algo que parecía conseguido tras promulgarse la legislación laboral que emana de la Constitución Española de 1978, también la estamos perdiendo en esta crisis eterna que en vez de un desequilibrio económico parece una continua humillación.
           Así que, en defensa de su dignidad, las “que limpian” hoteles, han creado “las Kellys”, una asociación de camareras de planta, que se ha presentado primero en Barcelona y después en el resto de España. Las Kellys cuentan que pasaron de desahogarse en corrillos o en internet a autoorganizarse. Piden cosas de sentido común: iguales derechos laborales para todas (en plantilla, subcontratadas, en prácticas, eventuales, fijas y fijas discontinuas), derechos para las embarazadas, inspecciones laborales o que la categoría del hotel se vincule a la calidad del trabajo que genera.
           Supongo que el capote que les ha echado Antonio Catalán ha sido importante pero ya veremos si la denuncia pública tiene o no consecuencias prácticas para ellas. Lo que las Kellys denuncian es la punta del iceberg de una realidad laboral que se multiplica en España y que comienza a generalizarse. El elevado desempleo lleva a situaciones que empujan a los trabajadores a acceder a trabajos en condiciones extremas por salarios de miseria y si no los aceptan en la fila hay cientos que sí lo harán.
           A este paso vamos a volver a ver a la gente concentrarse en las plazas de pueblos y ciudades pero no para  manifestarse en defensa de sus derechos, sino a la espera de que venga alguien a ofrecerles trabajo para el día, a destajo y por un jornal de miseria.
           Cuando veo que en este país tiene más éxito una campaña para desacreditar a un director de cine, porque se siente más o menos español, que una manifestación para exigir que no se recorten los recursos en educación o en sanidad me desanimo sin remedio. Me entristezco cuando veo que se sigue vitoreando, entre otros, a Ronaldo o a Messi, tras burlar a la hacienda pública del país que los acoge o a otros muchos enfangados en la corrupción. Por eso reivindico la dignidad de las Kellys y me escandalizo porque observo que seguimos aplaudiendo los goles que nos meten en nuestra propia puerta.

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Las vueltas que da la vida
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María Antonia San Felipe | 03-12-2016 | 08:09| 0

Las vueltas que da la vida, pensé al conocer la muerte de Fidel Castro. El año en que yo nací se firmaba el Manifiesto de la Sierra Maestra, una promesa democrática que quedaría para siempre en el rincón del olvido. El primer día del año 1959 los revolucionarios cubanos, que tanta pasión habían contagiado en muchas partes del mundo, hicieron su entrada triunfal en Santiago y después, en La Habana. Fidel proclamó que la “tiranía” había sido “derrotada” y millones de cubanos se sintieron libres ganando la confianza en su propio futuro. Más de medio siglo después el balance tiene luces pero también muchas sombras.  Cuando llegué a la adolescencia los ecos de los revolucionarios todavía perduraban y sobre las camas de los jóvenes, que habían bebido en las fuentes del movimiento de Mayo del 68, continuaban las fotos del Che Guevara en blanco y negro con la estrella roja sobre la boina. Recién estrenada la democracia en España ya había mucha división de opiniones sobre los derroteros que había tomado el castrismo, incluso descontando los deplorables efectos del bloqueo económico norteamericano.
           En plena transición Silvio Rodríguez y Pablo Milanés llegaron a España, los recintos se llenaban de universitarios y trabajadores que anhelaban un país mejor. Se alimentaban sueños y se peleaban cambios. Eran tiempos de grandes esperanzas, los jóvenes luchaban por un futuro que no les amenazase sino que les brindara oportunidades en justa correspondencia a su propio esfuerzo. Superando las dificultades este país se transformó, pero la ruleta de la vida gira a gran velocidad y de nuevo hemos vuelto a encallar en la decepción que es la estación previa al pesimismo.
Con Fidel hemos vuelto a comprobar que los líderes, incluso los que se creyeron eternos y se convirtieron en dictadores, se van y los problemas permanecen en sus pueblos porque jamás los abordaron.  Nos lo recuerda la famosa canción de Carlos Puebla: “Aquí pensaban seguir/jugando a la democracia/y el pueblo que en su desgracia/se acabara de morir/Y seguir de modo cruel/sin cuidarse ni la forma/con el robo como norma… /y en eso llegó Fidel”. Pero Fidel no va a volver, el de la canción, el revolucionario, ya partió hace tiempo y sólo ese será absuelto por la historia.
           Como nos toca vivir el tiempo presente me pregunto si a los pueblos del mundo les quedan tantas esperanzas como tuvieron los jóvenes de las anteriores generaciones. La sátira de la canción sigue vigente. Mientras las democracias languidecen, muchos ciudadanos del mundo han sucumbido al desánimo como si ya hubieran sido derrotados y aceptado un futuro peor que el de sus padres. El miedo a perder lo que tienen, poco o mucho, se ha instalado en jóvenes y mayores, sólo están seguros de su propia inseguridad. Este es el mejor caldo de cultivo de los ultranacionalismos, de la insolidaridad y de la injusticia. Cuando la verdad no importa, el análisis crítico se destierra y el discurso extremo es el que triunfa. Sólo así se explican el éxito del Brexit y Nigel Farage en Inglaterra, de Víktor Orbán en Hungría o el ascenso de Marine Le Pen en Francia. Lo del país vecino es paradigmático, Hollande se ha hundido por traicionar su propio ideario y François Fillon, mucho más conservador que su oponente Alain Juppé, ha ganado tratando de imitar a la ultraderecha. Europa vive un momento límite y para acabar de hacernos temblar sobre el futuro que nos espera sólo hay que recordar que Putin, en Rusia y Donald Trump, en EEUU son los nuevos vigías de la civilización. Sabemos que se admiran mutuamente y que juntos pueden llevarnos a alguna nueva hecatombe mundial. De los revolucionarios de todos los tiempos, en especial de los poetas represaliados, he aprendido que para desterrar la resignación hay que luchar porque “cuerpos que nacen vencidos/ vencidos y grises mueren” (Miguel Hernández).

 

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Demasiados hipócritas
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María Antonia San Felipe | 26-11-2016 | 06:15| 0

Cuando Miguel de Unamuno murió, el último día del año 1936, José Ortega y Gasset estaba en el exilio, en París. Al enterarse del fallecimiento del hombre con el que había mantenido interminables polémicas filosóficas escribió en La Nación que desconociendo las razones médicas estaba seguro de que había muerto de “mal de España”. Al conocer la muerte de Rita Barberá lo he recordado y he presentido que a ella le aquejaba una dolencia parecida. Ha sido víctima de un mal que no se investiga en laboratorios ni se combate con fármacos. Rita Barberá, durante años buque insignia del PP, ha sucumbido al “mal del partido”, se trata de un potente virus que se alimenta de decepciones y al que engordan los desengaños. El factor humano es una variable que rara vez se tiene en cuenta en los análisis políticos pero no olvidemos que son fundamentales a la hora de comprender a las organizaciones humanas.
            No hay que ser un lince para adivinar que, entre los asuntos que habían quebrado el ánimo de Rita Barberá, el menor era su declaración ante el Supremo acusada de blanqueo de capitales para financiar, presuntamente, al PP. No hay dudas de que el puñal en el corazón se lo clavó su propio partido precipitando el inesperado desenlace. Si Rita es culpable o no, lo dirán los tribunales pero su forzoso silencio cierra las posibilidades de la investigación y protege a los beneficiados por el tinglado económico que son los mismos que terminaron negándole el saludo para salvarse.
            No es éste un elogio de Rita Barberá, no gozaba de mis simpatías políticas, la he criticado abiertamente pero, desde el respeto hacia la persona, es fácil imaginar las causas de su declive y el origen de sus pesares. Lo que mató a Rita no fueron las críticas de los adversarios sino la actitud de sus presuntos compañeros. No hay peor cuña que la de la propia madera. El momento crucial fue el 14 de septiembre cuando el PP le pidió que devolviera su carnet tras cuarenta años de militancia y quedó como una apestada en el Grupo Mixto del Senado. Se lo exigieron los favorecidos por un tejemaneje orgánico urdido para conseguir el mayor poder posible en toda España y ello incluye a Mariano Rajoy que, gracias a ella, ganó el congreso de Valencia.
              Cuando el pasado martes Rita apoyó su cabeza sobre la almohada de la tristeza y el desengaño en un hotel de Madrid, toda su vida política transcurrió ante sus ojos como una tragedia. Gran parte de la película la llenaban los aplausos, las adulaciones, la plaza de Valencia repleta y ella compartiendo escenario con Aznar, Rajoy, Camps y otros figurantes de primera fila, todos ellos miembros de la misma trama. Recordando  momentos felices se le heló el alma cuando en su cabeza retumbó el silencio de quienes hoy la rehúyen despreciándola. Presagiando su fatal destino sintió el martilleo incesante de las despectivas palabras del portavoz del PP, Pablo Casado, declarando sin pestañear, que nada debe decir de quien ya no pertenecía al PP. También recordaría a Javier Maroto y a tantos otros que hoy triunfan en su partido escudados en la hipocresía y olvidando que se cobraban sobresueldos ocultando la verdad.
             La ausencia de ética en el PP es inconmensurable. Campeones del disimulo, con espaldas anchas y conciencia estrecha, ahora que la difunta está de cuerpo presente culpan a otros y fingen estar consternados mientras se sienten a salvo sabiendo que Rita guarda silencio para siempre. Predicar una cosa y practicar la contraria es síntoma de total ausencia de principios. Nadar en la mentira tiene beneficios pero este cadáver ha puesto en evidencia la clase de personas de las que hablamos. La muerte de Rita es su venganza, una bofetada en sus conciencias. Son muchos los ciudadanos que sentimos náusea ante una forma de ejercer el poder tan deplorable que resulta urgente erradicarla para siempre. Insisto, no es un alegato a favor de Rita, es solamente un grito sincero pidiendo regenerar la política evitando reciclar la basura.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.