La Rioja
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Perdiendo el miedo
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María Antonia San Felipe | 24-03-2018 | 08:12| 0

jubilados-2Las placas tectónicas se mueven despacio, muy despacio, pero se mueven y en ese desplazamiento, a veces, friccionan entre sí produciendo terremotos o cambios inesperados. En España se han estado produciendo microterremotos impulsados por un malestar general y por la ausencia de sintonía entre la política y la calle. Mientras en el Parlamento se gasta la pólvora en salvas, los ancianos y las mujeres se han lanzado a las calles sin que ningún partido político, ni nuevo ni viejo, hubiera llegado a intuir la intensidad de las movilizaciones. Primero fueron los jubilados quienes se plantaron en el Congreso para advertir al gobierno que no todos ven la situación del color de rosa que nos pintan. Los abuelos que levantaron este país, las generaciones de la guerra y la posguerra, se han rebelado al observar que están desmantelando el incipiente estado del bienestar que habíamos conseguido.

Después tomaron el relevo las mujeres que alzaron su voz, alta y clara, pidiendo igualdad real. Las calles de España se llenaron de abuelas y nietas, de madres e hijas y de muchos hombres que expresaron su solidaridad. Ha sido un movimiento transversal que ha impulsado un nuevo tiempo y que ha pillado por sorpresa a quienes creen que el feminismo es una ideología extremista y no un movimiento igualitario y también a quienes dicen entendernos solo cuando necesitan nuestro voto. Ciertamente el 8 de marzo de este año hubo orgullo y alegría. Ese día se escribió una página en la historia de las mujeres. El éxito, reconocido internacionalmente, ha asombrado a muchos, sobre todo, a quienes quieren que nada cambie.
 Algunos se preguntan por qué ahora, cuando la economía despega y la crisis comienza a superarse, jubilados y mujeres inundan las calles. Los portavoces del partido del gobierno han formulado reiteradamente esta pregunta insinuando una manipulación de las voluntades de jubilados y mujeres por alguna fuerza maléfica que solo pretende la destrucción del sistema corrupto en el que hemos vivido en los últimos años. La respuesta es bien sencilla y se obtiene simplemente mirando lo que sucede a nuestro alrededor. En España lo que más crece no es el Producto Interior Bruto (PIB) sino la desigualdad y lo que más ha disminuido no es la corrupción sino la calidad de la clase política encumbrada.

Lo más grave es que la desigualdad, la quiebra social y la mejora de la redistribución de la riqueza nacional son asuntos que parecen desterrados de la agenda política española, por eso, no es de extrañar que sean los jubilados y las mujeres quienes se hayan puesto en pie de guerra. Es evidente que el incipiente estado del bienestar que consiguieron los hoy jubilados se está desmantelando. Ellos lo ven no solo en la dimensión de sus pensiones sino en el deterioro de la sanidad pública de las que son usuarios habituales. A su lado las mujeres padecen más la precariedad y los bajos salarios y ven, por ejemplo, menos medios en la educación pública de sus hijos.

Estos días un informe del Defensor del Pueblo, que ha pasado desapercibido, ha puesto el dedo en la llaga denunciando una fractura social irreconciliable debido al “pozo de desigualdad”. Según Fernández Marugán, “en España el ascensor social ha cambiado de sentido. El Estado social se está reconvirtiendo: los derechos civiles y los derechos sociales se reducen. Ahora arrecia la desigualdad, con el agravante de que la amenaza de exclusión ha ampliado su perímetro, yendo más allá de los tradicionales marginados”.  Este es el problema crucial de este país y, ¡manda narices!, que con lo que costó ampliar las cotas de bienestar, ahora el ascensor social en vez de subir esté bajando a velocidad de vértigo. Los viejos y las mujeres quieren pararlo, son ahora la vanguardia, el terremoto que anuncia un tiempo nuevo. Han perdido la paciencia y para no perderlo todo han decidido perder el miedo.

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Un universo de peces
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María Antonia San Felipe | 17-03-2018 | 06:21| 0
gabriel-padres

Se van los sabios y nos dejan, en herencia, incógnitas que jamás resolvieron y premoniciones que el futuro desvelará si son certeras. Stephen Hawking nos ha dejado solos en medio del universo, cuyo origen se empeñó en descifrar. Antes que él se nos fue el niño Gabriel. A sus ocho años no se lo llevó la vida, sino la maldad. Es posible que mientras Stephen dibuja las galaxias, el niño Gabriel las esté poblando de pececillos, es posible que ambos rían juntos mientras flotan en la ingravidez del universo. Es posible sobre todo porque nada nos impide imaginar, es posible…

Pero las certezas que el astrofísico nos ha legado no alcanzan a desvelar otros misterios sobre la complejidad de la condición humana que tanto la vida de Hawking como la muerte de Gabriel nos han mostrado estos días teñidos de tristeza.

Nadie puede negar la conmoción que la desaparición, primero y la aparición de su cadáver, después, produjeron en la opinión pública. Las circunstancias que han rodeado la muerte de Gabriel resultan todavía más dolorosas para sus padres y familiares e incluso para cualquier persona que sea capaz de ponerse en el lugar del otro. Porque, como canta Rozalén en la canción que tanto gustaba a Gabriel, el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos aunque haya tanto malvado y tanta injusticia evidente. Así que en medio de ese dolor, infinito como el universo, para sus familiares lo que más ha llamado la atención ha sido la actitud de su madre, Patricia. Abriéndose paso entre un ruido ensordecedor, en medio de actitudes llenas de rabia, superando expresiones de odio que invadían las televisiones y las redes sociales, estaban los padres pero sobre todo destacaba la grandeza de la madre. Ella, destrozada por dentro, sin dejarse vencer por la rabia pedía calma, pedía paz, pedía pescaítos y desterraba el odio de su corazón. Lo pedía precisamente la única que estaba autorizada a sentirlo porque nada sería más comprensible ni más humano. Patricia insistía en que la bruja había perdido, que estaba donde tenía que estar y que su hijo había ganado. Muchos no la entendían pero ella intuye que desde el odio no se supera el dolor de la ausencia, tiene que hacer de su hijo muerto un pequeño héroe a los ojos de su amor. No puede haber más grandeza ni más nobleza de corazón. Es la hermosura inocente y pura del amor de una madre que se muere hacia adentro.

Aunque la sociedad se ha llenado de gestos de solidaridad con la familia, no todo ha sido serenidad y comprensión. Las actitudes que hemos visto estos días en algunos programas buscando incrementar las audiencias, en algunos políticos a la caza de votos, en algunos extremistas a la siembra de odios contrasta con esa grandeza que algunos no entienden. De pronto las redes sociales, cada vez más peligrosas, parecían una competición de exabruptos, se multiplicaban los vengadores, los insultos y el odio. Supongo que estas actitudes sirven para descargar la adrenalina pero no creo que alivien el dolor, ni nos engrandezca ni como sociedad ni como personas. No puede negarse que la policía ha hecho su trabajo y es de esperar que la justicia haga el suyo. Vivimos en un estado de derecho que tiene erradicados los linchamientos. Por eso, la actitud de Patricia eleva el listón ético de nuestra sociedad y se convierte en el mejor ejemplo, sin olvidar jamás que hagamos lo que hagamos, la maldad existe y existirá más allá de las penas que se les impongan a los malvados y a los asesinos.

Pueden llamarme ingenua y seguramente lo soy pero estoy con Patricia. La bruja ya está donde tiene que estar y el pescaíto dibuja infinitos pececillos que inundan los corazones y todas las galaxias del universo. Gabriel es un héroe, pervivirá en el recuerdo,  porque el corazón de su madre lo ha hecho más grande que la dimensión de su duelo.

pescaito
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El demonio en el cuerpo
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María Antonia San Felipe | 09-03-2018 | 19:13| 3

manifestacion-feministaNotaba yo una cosa extraña que me desazonaba cuando pensaba en la huelga del 8 de marzo y menos mal que ha sido el obispo de San Sebastián el que me ha iluminado con su inmensa sabiduría. Lo que me ocurre es que tengo, como muchas mujeres, el demonio en el cuerpo. Ya notaba yo algo raro desde que fui a la universidad y se me despertó esa pasión irrefrenable por la democracia, la libertad y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Y es que monseñor Munilla pertenece a esa estirpe de obispos (pues no existen obispas) que siempre han creído que la mujer está tan invadida por el demonio que es el demonio mismo. Para una vez que algún eclesiástico como el cardenal Osoro había declarado que comprendía nuestra jornada reivindicativa pronto la caverna ha vuelto por donde solía.

Así que gracias al empujoncito de monseñor Munilla me decidí por la huelga de veinticuatro horas que fue lo que el demonio me aconsejó. Hago huelga no solo porque sobran razones sino porque faltan argumentos para convencerme de lo contrario. Quienes niegan la fuerza de este movimiento por la igualdad real que ha renacido internacionalmente son los mismos que históricamente se opusieron a propiciar los cambios que hemos conseguido como sociedad. Costó conseguir la jornada de ocho horas, costó conseguir los derechos civiles, costó aceptar el acceso de la mujer a la educación, costó erradicar el trabajo y la explotación de los menores de edad, costó que no estuviera mal visto el trabajo de la mujer fuera de casa, costó conseguir los primeros convenios colectivos para evitar la explotación del obrero hombre y la sobreexplotación de la obrera mujer, costó conseguir el voto… En estas luchas históricas quienes pelearon lo hicieron por la totalidad del colectivo.

Por eso, quienes creen que la actual lucha de las mujeres no tiene sentido se equivocan. Que sí, que hemos avanzado mucho, hombres y mujeres, pero en el reparto siempre salimos perdiendo. Todo lo conseguido ha costado mucho dolor y muchas renuncias a nuestras antecesoras. Personalmente algunas pueden no sentirse discriminadas pero eso ocurre porque no se ponen en la piel de otras, de muchas. Hay mujeres que han llegado muy lejos pero no son mejores que las que no lo consiguieron habiéndolo intentado, simplemente tuvieron más suerte. Llegan alto menos de las que por su talento merecen.
Algunos siguen empeñados en ridiculizar nuestra lucha para deslegitimarla. Los chistes y las bromas de mal gusto se reiteran cada día. Sin embargo el futuro va a ser más femenino porque vamos a continuar con la vista puesta en el horizonte. Las mujeres estamos obligadas a reivindicar la utopía, los sueños imposibles, porque es la única forma de llegar lejos. Por cierto, a ver si les entra en la cabeza a algunos y a algunas, ni luchamos contra los hombres ni para ser como ellos. Afortunadamente cada vez más hombres nos acompañan y comparten nuestros sueños.

Cuando esto escribo nadie sabe cuál será el impacto de la huelga pero sea cual sea, ya ha triunfado. Nunca ha habido tantas mujeres conscientes de su propia fuerza transformadora. Esta huelga tiene un sentido simbólico evidente, es el punto de partida de un nuevo tiempo por la igualdad real. Quienes la combaten o la manipulan están fuera de una realidad en proceso de cambio. Esta huelga ha sido por las que lucharon antes, por las que consiguieron lo que tenemos, por las asesinadas, violadas y maltratadas, por la brecha salarial, por las que trabajan sin salario, contra la precariedad, el silencio y la incomprensión. Por las que queriendo no pudieron hacerla, por las que pudieron y no quisieron, por las que niegan la discriminación pero la sufren. Esta huelga es un empujón para anticipar un futuro que tenga color de igualdad.

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Mujeres
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María Antonia San Felipe | 02-03-2018 | 20:01| 0

irma_0Aunque sorprenda, siempre es posible encontrar pequeñas islas de humanidad en el inmenso mapamundi global. Las buenas personas, las que debieran ser nuestros referentes suelen ser anónimos ciudadanos que actúan conforme piensan solo para satisfacción propia. Los verdaderos héroes no tienen conciencia de serlo, pero lo son.

 He leído que una anciana de 93 años acaba de iniciar una estancia de tres semanas como cooperante en un orfanato de Kenia, al que durante años había estado haciendo donaciones. Tras enviudar a los 26 años, sacó adelante a tres hijos y ahora ha decidido cumplir con una tarea que siempre dejó pendiente. La prensa italiana la ha llamado Mamy Irma. Las fotos son enternecedoras. Irma circula por el aeropuerto arrastrando su maleta roja y apoyada sobre un bastón con destino a su misión de cooperante acompañada de su hija.

Esta abuela del mundo, esta admirable anciana, me ha recordado a esa generación de mujeres españolas, que se curtieron en los avatares de la vida durante la dura y larga posguerra, cuando la realidad del hambre y las penurias cotidianas contradecían la embustera propaganda oficial. Supieron como, Irma, administrar los ingresos de la casa mejor que nadie para sacar a los suyos adelante. Hacían tortillas sin huevo y sin patatas, aguaban la leche para prolongarla e inventaron el reciclaje con imaginación portentosa. Se reutilizaban cuellos y puños de camisas, los dobladillos crecían cada año, los abrigos siempre tuvieron dos caras y los zapatos se arreglaban con cartones. En cuanto hubieron matado el hambre comenzaron a esconder, dónde solo ellas sabían, ahorros para imprevistos o para que los hijos estudiaran. Siempre supieron que esa era la forma de igualar socialmente y lucharon sin desmayo. Aquellas mujeres valientes que trabajaban en casa y, en ocasiones, fuera aunque en muchos casos jamás cotizaron por ellas. Estas mujeres viven de exiguas pensiones, son las más bajas del sistema, pero una vez más, como Irma, nos han vuelto a dar un ejemplo de grandeza socorriendo, como siempre, a sus hijos en esta crisis de mierda.

Ahora, como ha escrito Juan Soto Ivars, “los putos viejos se han puesto en pie de guerra”. Yo añado, quienes consiguieron lo que tenemos se han echado a la calle para defender su legado, lo han vuelto a hacer con la misma grandeza que superaron las adversidades de antaño. Pero hoy quiero hablar de ellas, de estas ancianas que manifiestan su enfado en las calles de toda España, porque estamos en vísperas del día de la Mujer. A ellas, mujeres de hoy se lo debemos todo, al fin y al cabo disfrutamos su herencia. En circunstancias muy adversas, con abnegación increíble, fraguaron nuestro futuro y nos lo entregaron. Porque con su intuición nos hicieron rebeldes. Creyeron que nosotras, sus hijas y sus nietas, romperíamos moldes y cadenas. En ello estamos. Hemos avanzado mucho, no lo niego, pero no podemos sucumbir a la pregunta retórica de por qué nos quejamos. Esa no es la salida, sino la trampa.

Llevamos años, siglos, explicando lo obvio. Abramos los ojos, sobre todo las más jóvenes, porque queda mucha discriminación, visible y encubierta, aquí y en el resto del planeta. La desigualdad y la violencia persisten. Nos tocan el culo, nos matan, nos violan y nos venden. En las guerras somos moneda de cambio, arrasados los poblados se viola a sus mujeres, los fanáticos religiosos predican cómo hemos de vestir, con quien hemos de casar e incluso hay países en los que se nos niega el derecho a la educación. Aquí, en nuestro primer mundo, también hay mucha tarea por hacer ante vejaciones ocultas o explícitas. Pero hay algo que ya no podemos consentir: que se ridiculice nuestra lucha, porque esa es la forma de deslegitimarla. Este camino no es solitario como el recorrido por aquellas abuelas que nos soñaron libres e iguales. Por eso este 8 de marzo nuestra voz debe alzarse con fuerza en todo el mundo. Que cada cual contribuya con su grano de arena. Aunque lo nieguen, comienza un nuevo tiempo.

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La letra
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María Antonia San Felipe | 23-02-2018 | 18:49| 0

marta-sanchezQuizás sea muy pronto para comprender que ha pasado en este país en los últimos diez años pero es momento de que, como mínimo, nos preguntemos que está ocurriendo en España. Al inicio de la crisis económica, de esa enorme estafa que nos ha denigrado como ciudadanos, un sentimiento de indignación e incluso de resistencia recorrió el país de punta a cabo. Muchos sintieron que era el momento de rectificar errores y de profundizar en la democracia. Pero nada, pasó el tiempo y el entusiasmo encalló en la resignación. Entre el desánimo y la decepción ciudadana el gobierno del PP, mayoritariamente refrendado en las urnas, ha venido haciendo de su capa un sayo ante una oposición hueca en sus mensajes y dividida en su estrategia. En los últimos meses la crisis catalana, como guinda del pastel cocido a fuego lento en el horno de la corrupción, hemos desembocado en una tensión sin precedentes desde la restauración de la democracia.

Estaré equivocada pero tengo la percepción de que a la menor diferencia salta un chispazo. No se discute tranquilamente sino a gritos, en las redes sociales no hay intercambio de argumentos sino de insultos. Se enfrentan las pasiones en vez de las razones y esto es un síntoma preocupante. Nos cuentan que se ha terminado la crisis económica y como la mayoría no lo nota, porque crece el subempleo y los bajos salarios, ahora juegan a distraernos de lo importante exaltando nuestros sentimientos para sacar provecho político de nuestras emociones.

Solo en este clima puede entenderse el éxito que se ha marcado la cantante Marta Sánchez poniendo letra al himno nacional, una letra con igual mérito que las que pudieran componer millones de españoles. Lo que ha dado trascendencia al gesto, no dudo que emotivo de la cantante, ha sido el apoyo inmediato que le ha dado Mariano Rajoy. Asombra que este presidente, que utiliza el silencio como principal instrumento de su quehacer político y que no se manifiesta hasta que los asuntos se pudren, haya actuado con la rapidez del rayo dando su opinión en un asunto que nadie reclamaba como prioritario. Quienes ni ven, ni oyen ni se pronuncian ante los graves problemas de España de pronto hasta quieren cantar para entretenernos. Estamos, no lo duden ante una nueva maniobra, un nuevo engaño. Al PP se le escapan los votos a raudales hacia Ciudadanos y ahora la competencia en el teatro de las vanidades consiste en aparentar ser más español que el adversario, al fin y al cabo ya sabemos que, históricamente en todas las patrias, con himnos y banderas siempre se han tapado otras vergüenzas.

Esta es la justificación y no otra de esta nueva corriente política en la que los símbolos valen más que las personas, la apariencia más que la verdad. Es lo mismo que están practicando los independentistas catalanes que mientras entonan solemnemente su himno Els segadors y agitan sus esteladas, ocultan a un tiempo sus errores, sus mentiras, su estrategia suicida y sus propias diferencias. Las consecuencias del abuso de los símbolos y del olvido de los problemas reales de los catalanes también nos las mostrará el tiempo.

Una cosa es el amor a las propias señas de identidad y otra los nacionalismos, excluyentes en su esencia, que necesitan del enfrentamiento entre contrarios para fortalecerse mutuamente. En realidad los aparentes enemigos son socios, no se engañen. Mientras muchos nos preguntamos si esta tensión ambiental, que nos hace discutir con los vecinos y con los amigos, puede quebrar la convivencia, quienes han provocado esta fractura territorial y social no quieren enmendar sus flagrantes errores sino mantenerse en el poder. En un año hay elecciones, ha empezado la campaña. Será por eso que prefieren que cantemos el himno en vez de cantarles las cuarenta.

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Hablando claro
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María Antonia San Felipe | 16-02-2018 | 20:58| 0

claracampoamorFue pronunciada la palabra portavoza en el Congreso y prendió la polémica en   un país que adora discutir con pasión más que reivindicar con energía. Nos gustan las trincheras dialécticas, enseguida marcamos la línea divisoria: a favor o en contra. Odiamos las medias tintas. Al tiempo que los diccionarios de la Real Academia eran esgrimidos como arma y también como argumento el calendario y la prensa recordaban a alguien a quien mucho debe la democracia y, especialmente, las mujeres.

Hace 130 años, el 12 de febrero de 1888, nació en el barrio de Maravillas (hoy Malasaña), Clara Campoamor, la abanderada del voto femenino. Alzó su voz nítida y no se rindió. Desde su escaño en el Congreso (no podía votar pero si ser elegida) consiguió para las mujeres algo intrínseco al concepto de ciudadanía, el derecho al voto. La Campoamor tuvo que escuchar muchas bromas de mal gusto y aguantar infinitos desaires. Los detractores argumentaron que el voto de la mujer llevaría la perturbación a los hogares. El doctor Novoa Santos, de la Federación Republicana Gallega, habló de la incapacidad natural de su carácter ya que, “el histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer” y otro, buscando la carcajada fácil, exclamó: ¡Ellas ya se manifiestan en las procesiones! Finalmente, el 1 de octubre de 1931, lo logró. Muchos partidos se dividieron en el voto. Destaca la posición contraria de la otra parlamentaria, Victoria Kent, que no dudaba de la capacidad de la mujer sino de la oportunidad de otorgar el derecho en ese momento. En la perspectiva de la historia, Clara llevaba razón. Hoy lo vemos, entonces a ella de poco le sirvió, no fue reelegida.

Tristemente no podremos escuchar la opinión de Clara Campoamor sobre la polémica de las portavozas  pero me aventuro a apuntar que estos días se sonríe. Ella ya sabe que para ganar una guerra las mujeres tienen antes que triunfar en mil batallas cotidianas. Hoy académicos y lingüistas nos ilustran sobre la improcedencia del palabro y muchos/as se rasgan las vestiduras. Yo también, a mi me indignan las reacciones de quienes jamás se escandalizaron ante la corrupción que encubrieron y de la que se beneficiaron, me indignan quienes justifican que no es momento de abordar la brecha salarial entre hombres y mujeres, me enfado porque recortan fondos para luchar contra la violencia machista. Me indignan quienes miran para otro lado ante los abusos y guardan silencio ante el crecimiento de la desigualdad. Me enfadan quienes niegan la realidad de la creciente pobreza, el 60% de las víctimas son mujeres y niñas. Hay mucha hipocresía en la polémica.

Afortunadamente el movimiento feminista está renaciendo en todo el mundo, se ha globalizado y fortalecido cuando el establishment pensaba que había muerto. Hay más virulencia contra el feminismo porque resurge desde Hollywood a la Meca (mujeres árabes comienzan a denunciar abusos). Problemas que estaban ocultos y que se padecían en silencio se están visibilizando, se están despertando conciencias en hombres y en mujeres. Hablemos claro, lo importante no es si el palabro portavoza naufraga o triunfa en el diccionario sino comprender que la lucha continúa. Yo fui alcalde cuando las alcaldesas, según el diccionario, eran las mujeres de los alcaldes. Algo hemos progresado pero, creyendo que la meta se había conseguido, muchas mujeres quedaron atrapadas en la propaganda machista. Afortunadamente muchos hombres han pasado a formar parte de la pelea por la igualdad plena de toda la ciudadanía. Sí, Clara, te han entendido y eso también es importante.

Por eso, ni me preocupa ni me sorprende la palabra, ya sea correcta o incorrecta, me asombra que nos despisten con señuelos y sobre todo me duele que nos resignemos,  que aceptemos la desigualdad, la discriminación y el abuso con el silencio sumiso de quien ignora su propia realidad. Clara Campoamor no se resignó, no estamos solas como ella, no lo olvidemos.

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El merengue
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María Antonia San Felipe | 09-02-2018 | 23:57| 0

rivera-rajoy¿Cómo va a prestigiarse la política si se promete una cosa y se hace la contraria, si se enuncian loables principios y se actúa contra ellos? Como ejemplo, pensemos en la corrupción o la desigualdad social. Las bocas se llenan de palabras para combatirlas pero los hechos evidencian lo contrario. El resultado es que crecen los sobornos tanto como la pobreza, las comisiones tanto como los recortes. Ocultando la verdad, nos venden la mentira como un valor político de primer orden. Ya saben: -Todo es mentira, menos alguna cosa- Mariano Rajoy, dixit. Tras el engaño, como valor y como principio viene la hipocresía como virtud. Y ahí estamos, entre la mentira y la hipocresía, entre la apariencia y la realidad, como en el viejo tango “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos” (unas más que otros).

¿Estamos hartos?, parece que no. Tanto hemos tragado que nos hemos acostumbrado. Si predicar con el ejemplo es importante, en política debiera ser imprescindible. La solución es complicada porque quienes debieran cambiar las cosas no están por la labor, ni siquiera quienes dijeron que venían a cambiar el sistema que consideraban en declive se han demostrado eficaces transformadores. Hablaré de los nuevos. Según Rivera, “El caso PP no tiene fin, es un partido que se descompone por la corrupción”, pero sostiene al Gobierno sin grandes sobresaltos pese a los aparentes desencuentros. La estrategia parece darle réditos, al menos en las encuestas, pero su actitud no deja de ser un contrasentido. Iglesias soñaba con mantener a los ciudadanos en un clima de revolución reivindicativa permanente, la realidad le ha mostrado las dificultades y las disidencias internas sus propias contradicciones. La lucha intestina, como bien sabe el PSOE, desgasta más a quien la vive que los errores al contrario. Del proclamador de repúblicas virtuales, del mago Puigdemont no digo nada porque la irresponsabilidad es infinita. Como resumen de todos ellos diré que si en cuestión de predicamentos tenemos muchos líderes (o que se llaman líderes), en lo de dar trigo la cosa es otro cantar.

El ministro de Educación, en su estrategia de despiste, dice que los docentes de la enseñanza pública debieran, como los médicos, superar una especie de MIR educativo de dos años de duración que garantice su correcta preparación para la función que van a desempeñar. Viendo a nuestros gobernantes no es de extrañar que muchos ciudadanos, hastiados de incompetencia y de engaños, hayan pensado que quienes debieran pasar por un período de prueba de aptitud severa son muchos políticos en ejercicio. Hay quienes ni llevando numerosos trienios en la gobernanza progresan adecuadamente por mucho que controlen sus partidos con mano férrea a fin de escalar o perpetuarse en los cargos ellos y sus amigos.
 Según el último CIS, los españoles no aprueban a ningún político de los de primera fila. Un balance desolador para un país plagado de problemas y falto de soluciones. El más valorado es Albert Rivera y se queda en el 4 de nota final, le sigue Pedro Sánchez (3,68) y cierran la clasificación Mariano Rajoy (2,87) y Pablo Iglesias (2,54), solo falta Puigdemont, ignoro si porque no han preguntado por él o porque rompe la tabla por abajo. El presidente del Gobierno que, según publica estos días la prensa, es el político que, desde la Transición, más tiempo lleva en el gobierno de España (4.903 días, 13 años y cinco meses), pese a su baja puntuación, continúa líder en las encuestas aunque con riesgo de despeñarse porque su socio Rivera, al que detesta, le está vampirizando los votantes. Como a Rajoy no hay que juzgarlo por lo que hace sino por lo que deja de hacer, nos pide paciencia porque vamos, según él, por el buen camino. A mí me da la risa porque aunque nos atropelle un tren él seguirá inmutable, como en Cataluña que ha dejado que los jueces le resuelvan la papeleta. Me gustaría que quedara una esperanza y que aunque él siga sin hacer nada los españoles hagamos algo.

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Tiempo de traiciones
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María Antonia San Felipe | 03-02-2018 | 07:28| 0

puigdemont-mensajesCuando el argumento del procés nos tenía agotados y a punto de desconectar el interés retorna de nuevo. ¡Que hagan lo que quieran! -pensaba el resto de España- ya tengo bastante con el pan nuestro de cada día. Y es que el reto independentista siendo uno de los problemas más graves que ha vivido la democracia española desde 1978 ha terminado por agotarnos. Muchos pensábamos que finalmente la cruda realidad traería el entendimiento. Pero la cordura no parece el camino elegido sobre todo porque la hipocresía y la mentira son, desde el principio, la esencia de este largo desencuentro que ha cavado una trinchera entre los propios catalanes.

 Ciudadanos  ganó el 21-D pero los independentistas suman mayoría absoluta, algo que dejó asombrados al resto de españoles confiados en que muchos votantes cambiarían de opinión. Pletórico, el tripartito secesionista estaba feliz y obligado a entenderse para no desanimar a sus respectivas clientelas que han demostrado una fidelidad que para sí querrían otros partidos que, como el PP, se han estrellado. Pero para confesar que la independencia no es posible, que todo era mentira hace falta más altura de miras que la que han demostrado. Sin embargo, las diferencias entre ellos son notables y la estrategia de Puigdemont, que ha rentabilizado más la fuga que Junqueras la prisión, ha terminado por desbaratar su ficción.  Se detestan y se necesitan tanto como detestan y necesitan al Estado pero no pueden decirlo públicamente porque llevan demasiado tiempo mintiendo sobre su unidad. Lo ha expresado muy bien el exvicepresidente del gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba al afirmar que algunos, dentro del PDCat y de Esquerra, esperaban que fuera el Estado el que les quitara de en medio a Puigdemont, aunque todo ello tuviera un precio.

Cuando la tensión es extrema los chispazos pueden saltar sin pretenderlo. El Tribunal Constitucional ha sido claro sobre la imposibilidad de una investidura virtual y ello ha llevado al nuevo presidente del Parlament, a suspender la sesión frustrando las expectativas de los creyentes del pro. La tarde del martes fue un calvario para los más radicales, otra nueva decepción a sumar a la frustrada república catalana. En un movimiento social que se alimenta de emociones y que niega la realidad, que confunde el supremacismo nacionalista con la lucha por la democracia y la libertad, no investir al fugado que representa para ellos la encarnación de un sueño liberador de cadenas solo tiene un nombre: traición. ¡Traición!, ¡traidores!, son las palabras que sonaron en el parque de la Ciudadela cuando los convocados por la ANC, Omnium Cultural y las organizaciones de la CUP intentaron tomar el Parlament peleando con los Mossos, sus mossos, que tuvieron que proteger a otros diputados a los que en vez de traidores llamaron fascistas. ¡Qué panorama!

Me acordé, como muchos, del diputado-showman Gabriel Rufián y su tuit sobre las “155 monedas de plata” insinuando que Puigdemont era un traidor, un Judas a la causa cuando decidió convocar elecciones y se arrepintió al leer al valiente Rufián que nada tenía que perder, ni siquiera la chulería. Estos días, acusan a Esquerra de traición y él calla. Todo en la tarde del martes resultó inquietante, pero el miércoles amaneció con sobresalto. Los mensajes intercambiados entre Puigdemont y Comín pasarán a la historia del procés: todo ha terminado, los nuestros nos han sacrificado, el ridículo es histórico. Y lo es, Puigdemont se siente derrotado pero Mariano, que no tiene solución a un problema que él también ha creado, debiera actuar con menos torpeza de la que acostumbra. Aunque Puigdemont parezca un excéntrico, una especie de Mortadelo en Bruselas al que sigue Filemón, para los creyentes del procés es un héroe, una suerte de capitán Trueno que ha sucumbido acuchillado por enemigos y traidores. No lo duden, solo la fe transforma fracasos en éxitos, cobardes en valientes y sueños en esperanzas. Ni el final está escrito ni las sorpresas han terminado.

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Asesinados
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María Antonia San Felipe | 27-01-2018 | 08:28| 0

ancianos-bilbaoYa sabemos que la vida transcurre lejos de lo que otros nos señalan como importante, por eso conviene levantar los visillos para mirar lejos. Acumulo, imagino que como ustedes, un enorme cansancio de la interminable historia de la corrupción y del folletón tragicómico de Puigdemont porque cubren otras realidades que impactan en nuestro día a día y que, en ocasiones, remueven nuestras conciencias casi siempre aletargadas por la inmediatez asfixiante de lo cotidiano.

 La crudeza del asesinato, a sangre fría y con ensañamiento, de dos ancianos de 87 años en su domicilio en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga me ha producido un estremecimiento. Dos personas, de extrema fragilidad, han sido asesinadas sin contemplaciones. Rafael, un hombre de escasa movilidad debido a un ictus que había sufrido, encontró la muerte a consecuencia de un brutal golpe en la cabeza. A Lucía la mató una de las cuchilladas que recibió en el corazón. Lo que se sabe es tan inquietante que obliga a exigir que los culpables paguen por lo que han hecho pero también a pensar en los derroteros por los que transita esta sociedad.

 Unos jóvenes de 14 años, con el robo como finalidad, han sido capaces de perpetrar un asesinato con brutalidad. No creo que matar sea sencillo, ni siquiera para un delincuente habitual, pero entre algunos sectores de la juventud algo está pasando, como si la violencia generara sobre ellos una seducción evidente. Bilbao ha sido noticia en los últimos tiempos por diversos sucesos violentos protagonizados por bandas de menores que hacen de la fuerza y la intimidación su principal recurso para perpetrar sus atracos. El resultado son tres muertos en un mes. A los ancianos hay que sumar el asesinato de un antiguo jugador del Amorebieta, Ibon Urrengoetxea, atracado en la vía pública además de una violación en grupo a una menor en Barakaldo y una agresión a otros jóvenes en el metro de Bilbao.  No podemos convivir indolentes entre la violencia sin preguntarnos sobre sus causas para tratar de buscar soluciones.

 Hay síntomas de una enfermedad que nos indican que esta sociedad camina por senderos tortuosos. La Fiscalía de Menores lleva tiempo advirtiendo del incremento de la violencia en delitos de todo tipo y especialmente de violencia machista entre adolescentes. Las autoridades están obligadas a buscar soluciones ante este terrible panorama que nos muestran las estadísticas y las crónicas de sucesos.

 No hay duda de que la crisis económica ha generado un mayor número de familias desestructuradas, hogares rotos y pobreza endémica. Todos estos factores hacen de los más jóvenes las víctimas preferidas de la creciente desigualdad social que se ha producido en España en la última década. La quiebra social incrementa el número de niños sin apoyo familiar, sin una escolarización regularizada que sobreviven entre los problemas de subsistencia y la ausencia de referentes morales. Se convierten en jóvenes  problematizados que chocan con un sistema institucional asistencial y educativo que ha visto recortados sus medios humanos y materiales lo que reduce su capacidad de intervenir para paliar las consecuencias de crecer en un medio hostil.

 Seguramente la maldad existe, pero la educación es el instrumento más eficaz para formar personas que basen su actuación en principios y valores. El actual sistema educativo ha minusvalorado, por ejemplo, la enseñanza de la filosofía porque dicen que no es útil para la vida pero si no se aprende a pensar no se distingue el bien del mal, la verdad de la mentira, el respeto a la vida ni el valor de la tolerancia, de la solidaridad y de todo aquello que construye una sociedad madura y libre. Han matado a Rafael y Lucía, podían ser nuestros abuelos o nuestros padres. Espero que paguen los culpables y que saquemos consecuencias del dolor que su asesinato ha producido. Nada sería más injusto que el olvido pero seguro que ningún gobernante se da por aludido.

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Cuando huele a podrido
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María Antonia San Felipe | 20-01-2018 | 08:00| 0

correa¿Qué hacer cuando huele a podrido? La respuesta es sencilla, se cogen las manzanas dañadas y se tiran a la basura. Si esta sencilla operación no se hace con rapidez el tiempo, que es un experto destructor de la materia orgánica, y los líquidos putrefactos emitirán un olor inconfundible que obligará a tirar todo el cesto al contenedor. Después conviene lavar bien el cubo y echarle, como se dice en esta tierra, un buen chorrotón de lejía. Así ocurre en la vida pero en política no actuar como enseña el sentido común deja en el aire una evidencia que huele no a desidia, sino a culpabilidad.
Me refiero, claro está, a esa corrupción que durante la interminable historia del procés catalán ha quedado oculta para satisfacción de los implicados. El independentismo ha sido una bendición para algunos, aunque ninguno de ambos problemas ha terminado. Hay cosas que tienden al infinito, que ya nos lo advirtió Einstein, respecto de la dimensión de la estupidez humana. Constituido el Parlament queda en el aire la pretendida investidura de Puigdemont que nos dará todavía muchos días de verbena.
La sentencia por el saqueo del Palau de la Música ha confirmado que Convergencia, el partido de Jordi Pujol y Artur Mas, se financió ilegalmente. El expolio se ha cifrado en más de 23 millones de euros y el peaje ascendía no al 3%, como se creía, sino al 4% que se repartía entre Convergencia (2,5%) y 1,5% para los intermediarios. Es una de las razones por las que Artur Mas pasó del catalanismo al independentismo y de Convergencia al PDCat, ya se sabe que las banderas también sirven para tapar vergüenzas de sinvergüenzas. Ahora Mas anuncia que se va, que esta sentencia es excesiva, que su tesorero era una persona tan honorable como Pujol y que Convergencia ya no existe y tra-la-rá, la-rá. Vamos que como siempre nadie sabe nada pero el dinero circulaba, las mordidas se cobraban y todos eran felices culpando a España de robarles.
En el resto de España el tráfico de sobres tenía un circuito parecido. Enero ha puesto ante nuestras narices el cesto de la fruta del PP en avanzado estado de putrefacción. Quisieron convertir el caso Gürtel en una conspiración urdida contra el PP, negaron lo que era evidente y el tiempo, implacable, ha desenterrado un pasado negro, como el dinero que circulaba por negras manos. Ahora Francisco Correa, tras afinar las cuerdas vocales en la cárcel, se ha puesto a cantar y sus socios, Pablo Crespo y Álvaro Perez “el bigotes”, no sabemos si se arrancarán por fandangos o por soleás. Veremos hasta donde llega la trama. La otra bomba a punto de estallar la ha activado el constructor implicado en la trama Púnica, David Marjaliza, que ha confirmado en la Audiencia Nacional que tanto él como Francisco Granados, entonces consejero de Transportes de Esperanza Aguirre y el empresario Javier López Madrid, se repartieron 3,6 millones de euros por la adjudicación de obras del Metro de Madrid. Hay más, muchos más, tendiendo a infinito, sin olvidar, porque pasará a la historia, el tono chulesco y prepotente de Rodrigo Rato en la comisión sobre la estafa de Bankia cuyo rescate milmilonario todavía pesa sobre nuestras espaldas.
¡Qué repugnancia produce todo! Durante esta injusta crisis hemos realizado un acelerado máster en tipologías de sinvergüenzas, estafadores y vividores del erario público en cuyos ámbitos de actuación la fiesta no terminaba nunca (Ricardo Costa, dixit). Nos han engañado, nos han mentido e insultado y todavía pretenden nuestra comprensión y nuestro voto. Rajoy no debió ser candidato, no asumió que el pasado siempre regresa. Desde Moncloa, el indolente estratega contempla ante sí dos mapas complicados: Cataluña y la corrupción, dos inmensos errores que lastran su futuro y el nuestro.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.