La Rioja
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El triunfador y el don nadie
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María Antonia San Felipe | 06-01-2012 | 10:28| 0

 

Rodrigo había nacido en una familia bien de toda la vida, nieto de político e hijo de empresarios asturianos había estudiado en jesuitas, obtenido su licenciatura en Derecho y un Máster por la Universidad de California. Llegó a la política de la mano de históricos dirigentes de una formación conservadora y tras los éxitos de su partido llegó a ser vicepresidente y ministro de economía del gobierno de España. Aunque todo el mundo creía que sucedería al entonces presidente del gobierno, no fue designado para ello y terminó siendo director gerente del Fondo Monetario Internacional. De pronto, Rodrigo dejó tan importante institución justo cuando se estaba fraguando el tsunami económico que todavía perdura y sin que los gabinetes de análisis del FMI, que él dirigía, nos advirtieran de la que se avecinaba (o simplemente lo ocultaban, eso sólo Dios y él lo saben). Sin dar explicaciones públicas y sin concluir su mandato Rodrigo hizo la maleta y se vino a España. Con la ayuda de sus múltiples contactos, fue incorporándose a tareas, siempre bien retribuidas dados sus “reconocidos méritos”, en diversas entidades financieras. De pronto, accedió a la presidencia de Caja Madrid en una operación de navajeo político cuyas heridas todavía perduran. Fue un espectáculo poco edificante cuando muchas voces clamaban por la necesidad de despolitizar las cajas de ahorro en aras de la eficacia. En esos momentos los españolitos de a pie, simples mileuristas la mayoría, teníamos que prestarles (sin participación en beneficios) respiración asistida a esas cajas de dudosa gestión con un instrumento que denominaron FROB y que significa que, con nuestros impuestos, los sacamos del atolladero en que se habían metido ellos solitos tragando “ladrillo con expectativas de recalificación” a borbotones. De allí, Rodrigo accedió meteóricamente a la presidencia de Bankia tras la fusión (no sabemos si caliente o fría) de siete cajas de ahorro.

Alberto, sin embargo, había nacido de una familia modesta y estudió con aplicación toda su vida. Mientras se licenciaba en Matemáticas trabajaba en el Telepizza para ayudar a pagar sus estudios. Cuando obtuvo su sudado título, sus amigos, que habían abandonado los estudios y no habían conseguido terminar la secundaria, trabajaban en la construcción y se compraban cochazos de infarto. Alberto casi no salía los fines de semana porque sólo disponía de las cuatro perras que le pagaban en una subcontrata de una compañía de telefonía móvil y se dedicaba a estudiar oposiciones. El año en que empezó la crisis Alberto aprobó con nota alta y comenzó a dar clases en un instituto. Poco tiempo después le rebajaron el sueldo un 5%, pero él estaba contento ya que trabajaba en lo que le gustaba. Sus amigos Javier y Cholo se habían quedado en el paro y no podían ni pagar el seguro del BMW, pero eso le entristecía porque dentro de poco también se les acabaría el paro. Este año le van a volver a congelar o a bajar el sueldo y piensa con resignación que hay que ayudar a salir de ésta. No obstante, Alberto está harto de escuchar que los funcionarios son unos vagos, que tienen trabajo de por vida, que son unos incompetentes y, si escuchas a algunos, parecen los culpables de la crisis. Esta mañana, Alberto leía que este año los directivos de las cajas de ahorro rescatadas con fondos públicos han cobrado 80 millones de euros. Ha visto, con asombro, que nuestro amigo Rodrigo ha cobrado 2,3 millones, sin contar extras. Alberto recuerda que el recorte salarial y la congelación de sueldo a los funcionarios supuso un ahorro de 4.500 millones y que la cantidad que ha recibido del FROB la matriz de Bankia que dirige Rodrigo asciende a 4.465 millones. A Alberto que enseña matemáticas y a mí también nos parece que ambas cantidades son equivalentes. Hoy Rodrigo es admirado y se le considera un triunfador. Alberto está claro que es un don nadie, un puñetero funcionario que se merece que le bajen el sueldo. Ya saben ustedes que el que tiene padrinos jamás se ahoga en la pila.

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El año que matamos a Bin Laden
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María Antonia San Felipe | 30-12-2011 | 08:25| 2

Termina el año en que Bin Laden, el inspirador del atentado más sanguinario de la historia, cayó ejecutado a manos de las fuerzas especiales de los EEUU. Ya casi no nos acordamos, así es este mundo en el que vivimos. Las urgencias de hoy ocultan las prioridades de ayer. No hay duda de que fue una acción rápida y eficaz aunque muy alejada de la ejemplaridad moral exigible a “los buenos”, nadie llora la muerte de un asesino pero la venganza fue bendecida con nuestro silencio.  Por eso, este año en que prescindimos de Bin Laden, cabe preguntarse en voz alta si vamos a ser capaces de regenerar la grandeza del cuerpo ideológico que la aprobación de la Carta universal de los derechos del Hombre, tras la segunda guerra mundial, supuso para el progreso de la humanidad.

Hace tiempo que no reflexionamos sobre principios porque la ausencia de ellos parece haber penetrado hasta la médula de nuestra organización social. Recordemos que 2011 se inició con el manifiesto de Stéphane Hessel predicando la santa indignación. Sus palabras promovían una forma de rebelión contra el continuo aplastamiento de nuestros derechos perpetrado por las viejas fuerzas del capital que, tengan el rostro que tengan y se llamen como se llamen, son el lado oscuro que siempre ha dominado el mundo desde el origen de los tiempos. Son nuevas formas de totalitarismo que buscan nuestra sumisión y por eso es necesario atacarlas con la misma energía que sus contemporáneos combatieron el nazismo o el stalinismo. No deja de sorprender que en esta sociedad, tan proclive a ensalzar la frivolidad, hayan sido dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro, los que hayan iluminado con sus discursos el camino a una nueva generación de resistentes.

Sin embargo, antes de que las calles europeas se llenaran de indignados, los jóvenes tunecinos se ocuparon de derrocar la cleptocracia que los gobernaba ante la perplejidad de Europa. Con algo más de resistencia, cayó Mubarak y para acabar con el excéntrico Gadafi fue necesaria una guerra con apoyo occidental. No hay que olvidar la revolución yemení, las protestas en Jordania, Argelia, Marruecos y la terrible situación de Siria, cuyo tirano no se da por vencido ante la vergonzante actitud de Occidente. Al terminar 2011, la enorme esperanza que estos movimientos generaron se ha tornado en creciente decepción. En Egipto y en Libia se aplica la sharía, la ley islámica, como principio rector del cuerpo legal de los nacientes estados salidos de la fuerza de la revolución y muchos nos preguntamos ahora si no será peor el remedio que la enfermedad. El tiempo lo dirá.

En España, el año 2011 va a terminar con la impronunciable cifra de cinco millones de parados, no es de extrañar que el pesimismo sea la nota dominante hoy por hoy en la sociedad española. Los jóvenes más formados se apresuran a salir de España,  avocados al subempleo no es de extrañar que cojan sus títulos y sus másteres y emigren, como un día lo hicieron sus abuelos. Los que peinan canas y han perdido su empleo tienen todavía peor futuro y los abuelos acogen a hijos y nietos bajo el paraguas de su exigua jubilación. Ante este panorama la corrupción pública comienza a resultar intolerable tras haber sido consentida por quienes eran encargados de combatirla. Hasta el Rey, se ha visto obligado a proclamar lo obvio: que todos somos iguales ante la ley.  ¡Ojalá que así sea! Se vuelve a hablar de la honradez, la honestidad y el esfuerzo como valores que deben fomentarse en esta sociedad, al fin y al cabo estos son los principios que inspiraron el quehacer de nuestros padres y abuelos, porque ellos otorgan la dignidad que no procura el ejercicio de la delincuencia de guante blanco por mucha opulencia que proporcione. Ya lo decía mi abuela: pobres pero honrados, que más vale honra sin barcos que barcos sin honra. En fin, lancémonos al polvorón y al cava y brindemos porque 2012 nos haga olvidar para siempre a su antecesor.

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Sonrisas y lágrimas
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María Antonia San Felipe | 23-12-2011 | 08:15| 0

 

A punto de sentarnos a la mesa de Nochebuena es conveniente pensar en cosas ligeras. Es decir, si nos viene a la cabeza la puñetera e inolvidable crisis puede que los langostinos se nos atraganten. Si nos asaltan las meninges los merecidos improperios que se merecen los que ocasionaron el desaguisado, es posible no sólo que se nos indigeste la cena sino que incluso se nos acelere un cólico nefrítico. Así que es conveniente distraer nuestros pensamientos, por ejemplo, con las tragicomedias que la prensa nos ha deparado en las últimas fechas.

Estos días hemos visto en la pantalla televisiva la singular representación del gran actor de reparto, Francisco Camps. Tan asombroso personaje ha protagonizado, con gran despliegue de gestos y con vestuario impecable, la comedia titulada “Trajes a medida”. No hay duda que hoy la crítica tiene una opinión unánime, hasta los más generosos consideran que su actuación ha resultado no sólo arrogante sino incluso patética. Poco importa, si fueron uno o veinticinco los trajes que la trama Gürtel pagó a Camps, lo que ha quedado claro ante la opinión pública es la cara tan dura que gastan los personajes encausados. Hoy sabemos que el expresidente, además de dejar a la Comunidad valenciana al borde de la bancarrota, ha hecho gala de una ilimitada desvergüenza en el transcurso del juicio.

Los detalles en la vida son importantes, por eso, a Camps (talla 54 de americana y 48 de pantalón) los trajes se los hacían con “ceñidor central”. Yo sabía que existían los miriñaques (cosas de mujeres), pero no sabía que se habían inventado los “ceñidores centrales” (cosas de hombres), modelo que utiliza con soltura el actor de teatro Paco Camps. Éste considera que un dirigente político debe ir bien vestido para agradar a sus conciudadanos que, de un modo u otro, pagan sus trajes. De gran interés ha sido también conocer como su amigo Ricado Costa, secretario general del PP valenciano, cuando quería comer kaviar o comprarse un reloj, llamaba a Álvaro Pérez, “el bigotes” para que se los consiguiera en vez de dirigirse, como cualquier mortal, a una tienda especializada en delicatessen o a una relojería. En fin, que para Nochebuena pueden ustedes llamar al “amiguito del alma” de Paco Camps para que les haga la compra, que ya veremos luego quien paga la factura. Hablando de facturas, es evidente que Camps evitó pagar sus trajes pero lo que no podrá eludir es la inmensa pérdida de credibilidad que su desvergüenza le ha ocasionado. Si ya me lo tiene dicho mi madre: ¡hija, que lo barato, siempre resulta caro!

Como hablo de teatro, me paso, sin más, al segundo acto. Entre las cosas sorprendentes de la semana, no puedo obviar comentarles la reacción que el fallecimiento del dictador norcoreano Kim Jong-il  ha ocasionado entre su pueblo. Para empezar, la muerte de tan inefable déspota fue ocultada hasta que el ejército consideró conveniente anunciar que “la fatiga física” había sido la causa de tan inconmensurable pérdida. Está claro que un líder, inefable guía de su sufrido pueblo, no puede morir de cosas vulgares como un infarto u otras enfermedades del vulgo. Asumida la pérdida, el ejército acongojó una vez más al pueblo anunciando lacrimosamente el acontecimiento y los occidentales hemos visto, con asombro, como ostentosamente se puede llorar sin derramar una sola lágrima pero asemejando que se acerca el fin del mundo. En fin, una muestra más de que la hipocresía guarda la viña, ya que, para sobrevivir en uno de los países más pobres de la tierra, primero hay que hacer la pelota al padre y después al hijo. Así es el miedo. Queridos lectores, FELIZ NAVIDAD.

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A los Amigos de la Historia de Calahorra, gracias
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María Antonia San Felipe | 19-12-2011 | 20:28| 1

 

Escribir un libro es siempre una aventura y mucho más cuando el proyecto trata de salir adelante con más ilusión que medios. Ese es el reto que durante dos años ha tenido inmersa a la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra. Sus integrantes, en especial su junta directiva, han impulsado el nacimiento de un libro de Calahorra que abarcara su historia desde sus orígenes a nuestros días adaptado en su elaboración a las nuevas tendencias de la historiografía actual.

 Para conseguir hacer realidad este objetivo contactaron con investigadores y profesores especialistas en cada período histórico que se comprometieran a realizar su trabajo casi en un tiempo record para tan amplia empresa. Coordinados por José Luis Cinca y por Rosa González Sota un buen número de historiadores nos pusimos  a trabajar y ayer fue el día en que el sueño se hizo realidad.

 Ayer pudimos, por fin, tener el libro en nuestras manos escrito y maquetado con enorme ilusión e ilustrado con gran calidad. Creo que el fruto del trabajo realizado a contrarreloj y quitando horas al sueño por los comprometidos en tan interesante apuesta es lo suficientemente digno para que resulte del agrado de los calagurritanos.

 Es bueno resaltar que en su financiación han participado varias empresas de Calahorra que han aportado lo suficiente para que el proyecto no se fuera a pique desde el comienzo. No obstante, es bueno que sepan ustedes, que ahora el futuro económico de la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra depende de que los calagurritanos participen adquiriendo ejemplares para disfrute propio o para regalarlo a amigos y familiares. En estos tiempos difíciles en los que vivimos, creo que merece la pena apoyar a aquellos que se esfuerzan en hacer realidad proyectos culturales ambiciosos, sin el apoyo económico de ninguna administración, a base sólo de la generosidad altruista de los participantes.

 Me dirán que no hago sino propaganda de un libro en el que he participado y que no soy objetiva porque soy parte interesada. Es cierto, he contribuido escribiendo un capítulo de esta Historia de Calahorra, pero también quiero confesarles que este libro ha sido posible por el empeño que José Luis Cinca y Rosa González Sota han puesto para que el barco no se fuera a pique. Creo que ellos y sus compañeros de junta directiva son los que, con una generosidad enorme poco habitual en este mundo materialista, han conseguido que al final este libro haya sido posible. Yo me siento contenta de que me hayan permitido participar en este historia de mi ciudad y sólo les transmito el deseo de que ustedes se entretenga leyendo el libro tanto como hemos disfrutado nosotros haciéndolo realidad. Mi agradecimiento a la Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra y ¡ojalá! que los calagurritanos sepan recompensarles, se lo merecen.

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Lo que el rey sabe pero su yerno no
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María Antonia San Felipe | 16-12-2011 | 08:05| 3

      El Rey es rey, pero intuye a los españoles, porque Juan Carlos I no sólo conoce la historia, sino que seguramente ha aprendido de ella. El Rey es consciente de que cuando su abuelo Alfonso XIII sufrió ataques de antiparlamentarismo y se alejó progresivamente de lo que sentían la mayoría de los ciudadanos de su Reino, la institución entró en picado con tanta rapidez que, como todo el mundo sabe, se acostó monárquica y se levantó republicana una mañana de abril de 1931. Alfonso XIII, salió de España, como él mismo declaró a ABC, consciente de que no contaba con el amor de su pueblo. Por eso don Juan Carlos, que había sido elegido por Franco para heredar su dictadura, supo, nada más perder de vista al padrino, que su primera tarea consistía en recuperar el amor de ese pueblo que en su día perdió su abuelo. Presintió, con meridiana claridad, que España no podía quedar fuera de la que siempre fue su posición europea En el año 1975, fecha en que se restauró la monarquía en su figura, toda Europa gozaba de regímenes democráticos alejados de los totalitarismos que surgieron en los años treinta. Ni España debía quedar aislada ni él podía ser un apestado en Europa tras la tragicomedia protagonizada en 1981 por militares golpistas, añorantes de una dictadura anacrónica que había pervivido vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Pocos dudan que su comportamiento el 23-F convirtió a muchos republicanos en juancarlistas, aunque no en monárquicos. Así, con la tolerancia y aceptación de muchos republicanos la monarquía constitucional arraigó en una sociedad, hambrienta de democracia, que aparcó sine die la discusión sobre el tipo de jefatura del estado más conveniente a los españoles.

     El Rey sabe todo esto y también sabe que la historia enseña que, en un tris, la tortilla puede dar la vuelta si la imagen de la monarquía continúa su deterioro. Don Juan Carlos tampoco desconoce que heredar las jefaturas del estado es una reminiscencia anticuada y obsoleta en los tiempos que corren y que si el ciudadano se siente defraudado con el papel de la monarquía puede, soberanamente, optar por tener un Jefe de Estado elegido democráticamente como en Francia, Alemania o los EEUU. Que el Rey sabe todo esto es evidente, pero parece que su yerno, el deportista guapo y alto que todas las madres soñaban para sus hijas, no sabe nada de los riesgos que conlleva el abuso de una posición relevante en la mentalidad y en la paciencia, cada día más irritada, del vulgo. Urdangarín llegó a palacio y decidió utilizar su posición de advenedizo de la casa real para engordar fortuna y patrimonio. Su frase preferida en materia de negocios era: -Si yo estoy, los demás entrarán. Y entraron, claro que entraron. Nadie debe sorprenderse, este es un país en el que se buscan padrinos para todo y especialmente para forrarse a costa del erario público.

     Si la Casa Real ha dicho que no considera ejemplar el comportamiento de Urdangarín y que éste deberá defenderse por sus propios medios, es porque el propio Rey así lo cree y si esa es la consideración de su majestad, fíjense ustedes como debe ser la nuestra. El yerno, antes ejemplar y hoy repudiado, se ha convertido en una bomba de relojería que corre el riesgo de dinamitar la imagen del Rey, pero sobre todo la de su sucesor, menos legitimado y querido que don Juan Carlos. Debiera tener cuidado Urdangarín de contar, por boca de su abogado, que está indignado y que la ejemplaridad la da la ley. A estas alturas de la película, todos sabemos que hay cosas que son legales en este mundo hipócrita y materialista pero que son un escándalo, una vergüenza o una inmoralidad sin paliativos. Puede que Urdangarín no sepa distinguir, pero su suegro sí y por ello es consciente de que si no frena la hemorragia a tiempo, la ciudadanía puede libremente decidir que la Jefatura del estado no se hereda y que prefieren gritar: ¡viva la República! Esto es lo que el Rey sabe pero su yerno no.

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El invierno de Europa
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María Antonia San Felipe | 09-12-2011 | 08:01| 0

 

      Los datos son incuestionables: “La brecha entre ricos y pobres se dispara al nivel más alto en 30 años”. En España, la desigualdad se ha incrementado claramente en los últimos dos años y está por encima de la media de la OCDE. Es indiscutible que el período de expansión económica más largo de los últimos tiempos no sólo no ha servido para hacernos más iguales sino que, al desembocar en esta Gran Recesión económica o Gran Depresión colectiva (porque deprimidos es lo que estamos), corremos el riesgo de igualarnos cada vez más cantidad de población por la parte baja de la tabla y no es descartable que lo único que quede homogéneamente repartido sea la exclusión social de una gran parte de la pirámide poblacional. Si, como enseñan los economistas, a un período de expansión sigue otro período de recesión de duración semejante en el tiempo, todo indica que para rato tenemos caldo. Claro que como dicen los ancianos del lugar, “pa recesión, hija, los años cuarenta y la cartilla de racionamiento”.
 
      No me quiero poner tétrica pero mientras nuestra actividad cotidiana se dispersa entre los sucesivos ojos de este largo puente constitucional, los parteros, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, preparan el  alumbramiento de lo que se nos anuncia como la nueva Europa. A su nacimiento en Marsella asisten muchos invitados, pero tanto si son jefes de gobierno como jefes de estado, en realidad son sólo eso, invitados al magno acontecimiento cuya principal contribución parece que va a consistir, única y exclusivamente, en asentir al pacto bilateral fraguado entre ambos mandatarios que ya se han convertido, por arte de birlibirloque, en los nuestros. El mismo poder de influencia parecen tener el presidente de la Comisión, Durao Barroso, el presidente del Eurogrupo, Juncker y por supuesto el primero y flamante presidente del Consejo de Europa, Van Rompuy. Confío en que ninguno se rompa el espinazo en las reverencias ante la todopoderosa alemana.

      Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los gobiernos de la periferia europea comienzan a parecer simples delegados especiales de Merkel y Sarkozy en las colonias exteriores. Aunque es prácticamente Angela Merkel quien impone la disciplina y el nivel de sacrificio que debe tener cada territorio. Acabamos de festejar el 33 aniversario de nuestra Constitución, amémosla mientras podamos, porque su reforma nos ha sido infligida in extremis y aceptada por PP y PSOE, sin rechistar, para obtener la contrapartida de que el Banco Central europeo no nos abandone en la crisis de nuestra deuda soberana. Si Merkel estornuda o frunce el cejo, al hablar de la cumbre europea, las bolsas bajan sin remedio y la fiebre le sube a nuestra deuda de forma inmediata. Los ciudadanos comenzamos a aceptar estos cambios y los que van a venir con resignada paciencia y sólo el miedo y las incertidumbres hacen comprensibles nuestra docilidad. No olvidemos que el miedo ha sido históricamente el elemento esencial que ha alimentado y fortalecido a esa minoría de poderosos, de verdaderos poderosos, que termina por dominarnos a la mayoría social. Ya saben, ¡el dinero siempre el dinero!

      En fin, hubo un tiempo en que mirar a Europa alentaba ilusiones de incremento de los derechos y de reducción de la desigualdad, estamos mejor que el tercer mundo, de acuerdo, pero la esencia sobre la que se construye la nueva Europa tiene que ver no sólo con pérdidas de soberanía, que ya está cedida en muchas materias, sino con riesgos de mayores déficit democráticos y con retrocesos en derechos largamente luchados antes de ser conquistados. Ya saben, dentro de nada llegará el invierno, el invierno de Europa, pero no lo duden, nos los venderán como una primavera.

 

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¡A ver si escampa!
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María Antonia San Felipe | 02-12-2011 | 08:01| 4

 

 

El invierno había hecho su aparición de repente y el día había amanecido con una niebla intensa que penetraba paciente como la gota malaya. Los empleados del Ayuntamiento ya hacía días que habían comenzado a colocar toda la parafernalia que supone preparar la navidad. Paco y Pedro, de camino al trabajo, andaban encogidos no sólo por el frío sino por lo desazonador que resulta escuchar las noticias cada mañana.
-Buenos días Paco, sale uno de casa con mal cuerpo después de escuchar la radio.
-Desde luego, unos días se te revuelve el hígado y otros el estómago.
-He oído que han encontrado a un indigente muerto debajo de un refugio de cartón. ¡Qué injusta y dura es la vida! Aunque a buen seguro este no será el último que fallezca este invierno.
-Seguro. Luego dicen que según el CIS, ocho de cada diez españoles creen que el reparto de los impuestos es injusto.
-¡Joder que linces!, para eso no hace falta hacer una encuesta. Eso lo sabemos tú, yo y mi hija la pequeña sin necesidad de preguntar a toda España.
-A nosotros sí que nos tienen bien pillados los de Hacienda. Al menor error nos empluman.
-Sí, pero algunos siempre se van de rositas, que siempre pagamos los mismos. ¡Me río yo de que todos somos iguales!
– Ahí tienes al Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Santander, lo condenan a pena de arresto e inhabilitación para ejercer su oficio de banquero y lo indulta el gobierno. Aquí paz y después gloria, que nadie dice ni mu. En dos días olvidao.
-Después de la que está cayendo, que son los bancos los que están poniendo el propio sistema en solfa y cuando estamos a punto de irnos todos al garete por su puñetera culpa, van y lo indultan. Para dar ejemplo de que todos somos iguales ante la ley. ¡Manda güevos!¡Hala y ahora a pedirles consejo y sin despeinarse!
-Lo lógico es que hubiera cumplido su condena y punto. Que tampoco era para tanto el arresto de tres meses, pero al menos no nos tomarían por tontos.
-Sí, sí y ¿qué me dices del Urdangarín?
-Otro que tal baila. Pero,  ¿no podían conformarse él y la infanta con lo que tenían?, qué no era poco y ¡hala a meterse en negocietes! Sin olvidar que el puesto de directivo en Telefónica se lo dieron por ser quien era, que personas mejores que él hay miles en España.
-Eso, que con decir que soy el yerno del Rey, ya se le abrían las puertas. Debía pensar que se casaba con la hija de los Reyes Magos que te traen todo el oro en una noche y sin trabajar.
-El muy chulito no debe saber que aquí la ronda la pagamos todos. Y mientras a saquear las arcas públicas con el Matas, el de Baleares y con el Camps en Valencia y vaya usted a saber, que seguro que no llegamos a enterarnos ni de la misa a la media.
-Cada día se pone el tema más feo y eso que este yerno era el listo.
-Demasiao de listo, que al Rey le va a pasar como antes a los padres que fundaban una empresa y luego los hijos la hundían. Con la diferencia que esta empresa es la nuestra y la sombra de la corrupción no es bueno que planee por la Zarzuela.
-Joder, no me extraña que, como dicen algunos, el Rey se haya pegado con la puerta de un armario.
-¡Bah!, yo lo que creo es que el propio Rey sujetó la puerta y se pegó contra ella mientras exclamaba: Sofía, ¿pero por qué me tiene que pasar esto a mí?…

 

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Contemplando futuros
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María Antonia San Felipe | 25-11-2011 | 07:00| 0

 

A estas alturas de la semana queda poco que decir de lo acontecido el 20-N. Cierto es que la digestión de los resultados no ha sido igual en los diferentes cuarteles generales de los partidos. Se dice habitualmente que, en la noche electoral, cuando se escucha a los portavoces todos ganan, pero esta vez ha quedado claro que no. Al PSOE más de cuatro millones de españoles le han dado la espalda y, al contraerse su apoyo de forma tan espectacular, la marea fiel del voto popular (PP) ha dado el triunfo al eslogan del cambio. No es de extrañar tampoco que Mariano Rajoy eludiera los excesos en la noche electoral. Tras su comprensible alegría por eltriunfo indudable, es probable que, en la intimidad, se mesara las barbas y pensara que quizás en las actuales circunstancias y tal como está el mundo globalizado, sólo había algo peor que perder: ganar. Sí, ganar. Porque a estas alturas ya ha quedado demostrado la falsedad del ya de por sí endeble argumento, de los que vaticinaban que un relevo gubernamental restauraría de inmediato la confianza en nuestro país. Una semana más, y van muchas, desde que la crisis explotara en el otoño de 2007, los españoles seguimos observando, con creciente desasosiego, el futuro que nos espera en el medio y largo plazo y tenemos la certeza de que los esfuerzos que van a pedirnos, en menos de un mes escaso, son bastante más elevados que los reconocidos en campaña.

     Nadie va a sorprenderse a estas alturas de la película, tenemos el sapo tragado desde que vimos caer a nuestro alrededor a Irlanda, Grecia, Portugal e Italia y ya se tambalea la calificación de la deuda francesa y no ha de tardar el día en el que Angela Merkel tendrá que empezar a reconocer lo que en el resto de Europa vemos claro desde hace tiempo. Si se empecina en su postura y no facilita una gobernanza europea común en la crisis de la deuda, Alemania puede quedar tocada y lastrada más pronto que tarde.

     Si volvemos a la noche electoral, en la sede del PSOE además de medir las consecuencias que conlleva el desalojo del gobierno, el futuro predice no únicamente nubarrones que presagian chubascos, sino también tormentas y tornados de elevada intensidad y persistencia. Zapatero se va y deja a su partido (que es también el mío) con un respaldo electoral semejante al que obtuvo en los primeros años de la transición, con el agravante de que no es lo mismo ir de cero hacia arriba que caer al vacío por haber provocado la desafección del propio espectro electoral. Pensar que sólo la crisis económica y los recortes anunciados en mayo de 2010 son la causa del resultado electoral es engañarse a sí mismos y hacerse trampas en el solitario. El ciudadano lo entiende todo y especialmente comprende la verdad si ésta se le muestra con toda su crudeza y no se le confunde cuando se le avisa reiteradamente de mejorías que nunca llegan. El ciudadano lo percibía, eso explica la caída de la demanda interna, porque a su alrededor ven al enfermo moribundo, ya que la estadística del desempleo se compone de vecinos, hijos, hermanas y amigos que la engrosan. No es de extrañar el desconcierto en las filas socialistas porque hasta el propio Rubalcaba, muy valorado por su gesto de echarse a la espalda este maratón en busca de la remontada, es consciente de la debilidad de los liderazgos internos y ahora medita sobre el suyo propio. La mayoría de los líderes regionales o están tocados o simplemente hundidos en su credibilidad y así mover banquillo se torna complicado. La mayoría de estos barones autonómicos, pensemos en La Rioja, han estado más preocupados en contar los apoyos de los que disponían, dentro de la propia casa, para conservar sus cargos políticos que en buscar el respaldo social. De ello se deriva la fuerte adhesión interna y el escaso liderazgo social con el que cuentan ya que sus proyectos carecen de un cuerpo ideológico potente y refrescante para el electorado. El escaso respaldo obtenido, tanto al Congreso como al Senado en La Rioja, debiera llevar a reflexionar a quienes han encabezado las listas sobre la verdad de sus actuales liderazgos, ya que ambos (como dos gotas de agua) son partícipes de un modo de entender el ejercicio de la política que ha dejado al PSOE riojano al pie de los caballos. Ha llegado pues la época de la responsabilidad y de la generosidad, ha llegado la hora de abrir puertas y ventanas y de pasar el relevo para devolver al PSOE a aquellos electores que esta vez no han querido coger su papeleta el 20-N pero que nos miran con añoranza y hasta con un ápice de tristeza.

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Votar o no votar
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María Antonia San Felipe | 18-11-2011 | 07:05| 4

 

                 

En este país, durante años, hubo dos sueños colectivos que impulsaron la acción ciudadana y política desde los albores de la dictadura: conseguir la democracia y entrar en Europa. La pertinaz sequía democrática que vivió España alimentó durante décadas el deseo de articular la participación política a través del sufragio universal, un derecho que parecía inalcanzable y que se hizo realidad tras multitudinarias manifestaciones. Al grito de la canción de Jarcha: “Habla pueblo habla, habla pueblo sí, no dejes que nadie decida por ti”, conseguimos el primero de esos sueños y la democracia llegó a todos los rincones de España de igual modo que la primavera, con naturalidad. El segundo sueño, entrar en Europa, se alcanzó en 1985. Franco había solicitado el ingreso en 1962, pero ser un régimen democrático era un requisito indispensable que España estaba todavía muy lejos de cumplir.
          Ya ven lo que cambian las cosas. Mientras las calles del mundo se llenan de ciudadanos pidiendo progresos democráticos, aquí, en la vieja Europa, la cláusula contractual del “habla pueblo, habla” ha quedado en suspenso y la hibernación del derecho al voto ha comenzado precisamente en Grecia, cuna del concepto de democracia. Italia le ha seguido en la implantación de sendos gobiernos integrados por supuestos técnicos que, sin pasar por las urnas, van a gobernar ambos países. No lamento el relevo de Berlusconi que, elegido reiteradamente por el voto mayoritario de los italianos, ha utilizado la democracia en beneficio propio y para eludir la acción de la justicia. Pero, pese a todo, no deja de removerme el hígado que sean los mercados, Merkel y Sarkozy quienes hayan precipitado su caída en aras de una supuesta salvación nacional. La tecnocracia y la injerencia exterior han sustituido a la democracia. Y ello, pese a que son los propios partidos políticos los que se han puesto de acuerdo para no vulnerar sus constituciones, ni perder su capacidad de influencia en los resortes del poder. Ellos mismos han querido dar un aire democrático a la elección de sus dos nuevos primeros ministros, Papademus y Monti, pactando en la oscuridad de la noche. Al amanecer del siguiente día, no tuvimos la sensación de que tanta renuncia democrática hubiera servido de mucho. Los susodichos mercados han seguido atacando a la deuda italiana con los tanques y con el resto de la artillería pesada.
El tiempo dirá lo que este experimento da de sí. El hecho es que las conquistas de años pueden desaparecer si prevalecen nuestra apatía y nuestra resignación. Sólo el miedo y la incertidumbre han podido conseguir nuestro silencio cómplice. Únicamente desde ese prisma puede comprenderse la condescendencia con la que han sido aceptados, por los ciudadanos de sus respectivos países, unos presidentes que ellos jamás hubieran elegido porque nunca ambos se hubieran presentado para tal fin.


          Cabe también preguntarse, cómo estará el nivel entre la clase política para que los mismos políticos hayan decidido recurrir a alguien fuera de sus propias filas. Quizá los partidos políticos, que articulan el sistema, deban comenzar a replantearse en serio la situación. Deben evitar que la mediocridad de los políticos acabe con la grandeza de la política, la que debe ejercerse por representación y en beneficio exclusivo del pueblo soberano y que no se fragua lejos de las inquietudes del ciudadano. Es cierto que estamos en una nueva etapa de la que no sabemos qué nuevo mundo va a nacer, confiemos en que no sea una era de simulación democrática y esperemos que alguien sea capaz de administrar un poco de “valium” a los mercados, en nuestro nombre y en el de nuestra creciente indignación. Mientras tanto, el domingo, los españoles podemos ejercer nuestro derecho al voto. Yo recomiendo que votemos. Ya hay bastantes cosas en la vida en las que otros deciden por nosotros. ¡Qué no sea ésta nuestra última vez!

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Al final de la escapada
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María Antonia San Felipe | 11-11-2011 | 13:36| 0

 

          Parecía que no iba a ocurrir jamás pero sucedió, por eso estos días recordamos que Joe Frazier tumbó a Muhammad Ali (Cassius Clay), un 8 de marzo de 1971, ante la expectación mundial. Si lo comparamos con los combates que libra Berlusconi diremos que éstos nunca fueron a pecho descubierto ni tuvieron tintes heroicos ya que él siempre se movió entre penumbras, es decir, en las tinieblas entre las que se fraguan las intrigas y los negocios fraudulentos. El estilo político de Berlusconi ha estado siempre alimentado de sobornos, chabacanería y, sobre todo, de una evidente confusión entre negocios e interés nacional que siempre emanaron un cierto olor a podrido. No obstante il Cavaliere parecía imbatible y por supuesto inasequible al desaliento, ya que hiciera lo que hiciera, conseguía finalmente el favor del pueblo italiano. Aficionado a las juergas sin límite y forofo del botox y el injerto capilar, ha sido el presidente italiano más duradero de la historia. Pero como no hay mal que cien años dure, la crisis de la deuda lo ha puesto contra las cuerdas y ocho diputados “traidores”, que antes comían de sus manos, han acabado de dejarlo KO sobre el cuadrilátero en el que se ha convertido el parlamento italiano.


           Está claro que il Cavaliere no va a salir por la puerta grande, sobre todo porque no hay peor error en política que prolongar las agonías. Sólo el hecho de anunciar que está en trance de dimitir al tiempo que intenta dilatar su efectividad a la adopción de las medidas que le exige Europa, no es sino una treta para mantener su, hasta ahora, omnímodo poder. Quizás a Berlusconi sería bueno brindarle el consejo del refrán español que advierte que siempre es mejor irse antes de que te echen. Pero él no piensa lo mismo. Su primera reacción, cuando se aventuraba que había perdido la mayoría parlamentaria, no fue reunir a sus ministros en un gabinete de crisis, sino a su familia para estudiar lo que interesaba, no al país, sino a sus negocios. No es nuevo, siempre ha sido así, pero ahora los ánimos están demasiado exaltados como para aguantar impertinencias de un primer ministro acorralado y sin ninguna idea bajo el tupé que le han implantado en una clínica estética de lujo.
           Hemos comprobado empíricamente que el rumor de su posible dimisión disparó al alza la bolsa de Milán y que posteriormente, al no producirse, el diferencial de la deuda ha puesto a Italia al borde de la intervención, lo que significa que a este hombre no sólo sus socios sino hasta los mercados le han señalado el camino. Hace unos días se criticaba a Yorgos Papandreu por su órdago contra la Unión Europea, pero su movimiento fue realizado en clave de política interna y su táctica ha dado el resultado que él, en solitario, no hubiera conseguido. Era evidente que para que se formara un gobierno de concentración o de salvación nacional, el primero que debía retirarse era el propio Papandreu y así lo ha hecho. Yo no dudo de que así lo tenía pensado de antemano, ya que si en tan corto espacio de tiempo ha sido posible un acuerdo de los partidos mayoritarios en Grecia es porque se ha puesto de manifiesto que si Papandreu, como sostiene la mayoría, no ha estado a la altura de las circunstancias, el resto de políticos griegos tampoco. Sólo así se explica que hayan aceptado ahora las medidas que no quisieron apoyar cuando las proponía Papandreu. Lo mismo ocurrió en Portugal donde Pedro Passos Coelho ha tenido que dar por bueno lo que tan mal le parecía antes de ganar las elecciones a José Sócrates y seguramente lo mismo ocurrirá en España. Concluyendo, Berlusconi ha puesto a Italia en una encrucijada, mientras sus actividades no perjudicaban al resto de países todo le ha sido consentido, pero ahora ya nadie le ríe las gracias. Berlusconi se encuentra al final de la escapada mientras un vendaval de pesimismo recorre la vieja Europa.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.