La Rioja
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El mar de la tranquilidad
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María Antonia San Felipe | 10-08-2012 | 17:17| 0

Uno de los acontecimientos que impactó mi adolescencia fue la llegada del Apolo XI a Luna. Todavía hoy recuerdo como, boquiabierta, seguía en la pantalla del televisor, en blanco y negro, las imágenes difundidas por la NASA en las que Neil Amstrong ponía su pie, el primer pie humano, en el Mar de la Tranquilidad, un lugar desconocido hasta entonces para mí. La huella del calzado del astronauta en el paisaje lunar y sus palabras: “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”, permanecen indelebles en mi memoria. Durante tiempo coleccionamos cromos de planetas y aprendimos de memoria los nombres de los tres hombres que habían personificado tan importante hazaña.

Así como ahora no se habla de otra cosa que de la puñetera “prima de riesgo”, cuya proeza consiste en expulsarnos masivamente hacia la indigencia colectiva, que es una forma muy peculiar de ponernos en órbita, por aquellos días, la conversación recurrente era el viaje a la Luna. Hubo variadas corrientes de opinión sobre el asunto, yo me incluyo en el que denominaré grupo de los “boquiabiertos”, porque creíamos a pies juntillas que aquello no sólo era indudable, sino que semejante avance era el primer paso para el conocimiento del universo interestelar y que ratificaba que el ingenio y la inteligencia humana no tenían límites. En fin, veíamos a la ciencia avanzando a la velocidad de la luz y al hombre resolviendo todos los enigmas del universo.

Había otro grupo, seducido por el género detectivesco, que creía que aquello era un montaje de los americanos para, en plena guerra fría, ridiculizar a los soviéticos que ya habían conseguido que Yuri Gagarin orbitara la tierra varios años antes. Pero nada, esta teoría se desinfló cuando los soviéticos reconocieron el exitazo americano en la conquista del espacio al que, unos y otros, dedicaban tan ingente presupuesto, una forma de asombrar al mundo disputándose el título de primera potencia mundial. El tercer grupo, que no era pequeño, lo integraban los “incrédulos”. A mí, sinceramente, me apasionaba porque impregnó de anécdotas aquellas tardes del verano de 1969. Yo, por aquella época, sólo conservaba a una abuela y no recuerdo que le emocionara nada el asunto espacial pero no puedo olvidar las opiniones de otros abuelos de amigas que se reían en las tertulias vespertinas que se tenían en la puerta de casa, cuando cada vecino bajaba su silla y se acomodaban para pasar unas horas de animada tertulia mientras refrescaba para irse a dormir.

-Llegar a la Luna ¿cómo os podéis creer semejante historia? Eso es una película que han hecho los americanos y es tan mentira como todas las películas que ponen en el cine. Inocentes, que sois unos inocentes. Si viviera mi padre…como se reiría mi padre, ¡ignorantes!…-exclamaba al tiempo que golpeaba con su churra la acera de forma solemne. Yo lo miraba boquiabierta y sin comprender como podía poner en duda un hecho que todavía hoy me fascina y que había iluminado mi universo adolescente con un toque de ciencia y aventura más apasionante que las 20.000 leguas de viaje submarino o el viaje al centro de la tierra de Julio Verne. Cuarenta y tres años después el Curiosity ha llegado al planeta Marte y aunque el acontecimiento resulte de parecida trascendencia, sin embargo, en este mundo que ya no guarda espacio para el asombro y donde la única sorpresa radica en comprobar cómo, lustro tras lustro, sobrevivimos a nuestros propios errores, cíclicamente reiterados, el hecho ha pasado casi más desapercibido que el estreno de la película Prometeus que nos muestra un mundo más inquietante que nuestras propias incertidumbres. En fin señores, disfrutemos del verano y mientras las fuerzas del mal se toman vacaciones soñemos con volver a poner nuestros pies en el añorado Mar de la Tranquilidad.

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Entre la cantidad y la calidad
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María Antonia San Felipe | 03-08-2012 | 16:23| 3

La decepción de la ciudadanía con la clase política es ya una realidad difícil de ocultar, aunque para conseguir esta marca olímpica no hay que pasar por alto los continuados esfuerzos, el pertinaz entrenamiento y la denodada entrega a la consecución del objetivo que han puesto en los últimos años los propios afectados por el creciente descrédito. Las últimas encuestas reflejan el desapego de los votantes hacia los dos grandes partidos españoles y muchos nos preguntamos cómo es posible que hayamos llegado a este punto en un país que depositó tantas esperanzas en su reciente democracia. A nadie se le escapa que hay algunos sectores reaccionarios muy interesados en desacreditar el ejercicio de la política y su papel como elemento transformador de la sociedad, generalmente son los mismos que creen que los españoles necesitamos alguien que nos guíe con mano dura, como tiempo atrás lo hizo la lucecita del Pardo. Es evidente que hay grupos de poder a los que nunca convenció que el pueblo soberano fuera el protagonista de sus propios destinos y por ello agitan una campaña contra todo lo que huela a política mientras esperan agazapados el regreso al pasado.

 Vale, esto ya lo sabemos, pero si es un obviedad, ¿por qué la propia clase política está permitiendo que se degenere un sistema democrático que tanto nos costó conseguir?, ¿cuáles son las razones por las que las cúpulas de los partidos mayoritarios viven tan ajenos a la realidad de la calle?, ¿por qué ya no entienden los mensajes de sus propios y, en general, fieles votantes? Sería largo y prolijo analizar el problema pero, a mi entender, una de las razones fundamentales de la pérdida de sintonía radica en que siempre esperan que su fiel votante, o el defraudado votante del otro, los elija a ellos ante el temor de que gobiernen los contrarios. Los partidos, cada día más difusos ideológicamente, creen que la identificación con un ideario general es razón suficiente para conservar el aprecio de su votante tradicional. El conflicto se produce cuando llega la deserción, cuando el ciudadano se considera utilizado y huye en desbandada hacia la abstención y proclama a los cuatro vientos su indignación con una clase política desnortada, que se ha dotado de privilegios a sí misma, que protege al corrupto cuando es de los suyos, que vive más preocupada por conservar su cargo que por la defensa de los que dice representar, que cree que el cargo es para toda la vida, que no pisan el suelo real en el que habitan sus conciudadanos y que carece de liderazgo social (porque a algunos sólo los conocen su padrinos del partido).

 Ante esta situación sólo cabe una profunda regeneración de la política en España, una recuperación del noble valor de su ejercicio: menos oropeles y más transitar a pie de calle, menos coche oficial y más altruismo y generosidad personal, más preocupación por ganar el afecto del votante que el de la cúpula del partido, más sencillez, más sentido común, más proximidad y menos ejercicio subvencionado de la política. Aprovechando el río revuelto hemos oído estos días a la presidenta de Madrid o al de La Rioja, afirmar que sobran políticos en España (aunque por supuesto ellos no, porque son imprescindibles). Reducir el inmenso problema del descrédito de la clase política a un problema de cantidad es no entender la cuestión o querer ejercitar maniobras de distracción. La crisis de nuestro sistema político no es sólo de cantidad sino de calidad democrática y de liderazgo. Los partidos políticos deben transformarse radicalmente, al menos, espero que la izquierda lo haga, abriendo las puertas a la participación real, arbitrando canales plurales de debate, no sofocando las opiniones diversas porque no siempre, como hemos visto, los dirigentes llevan razón, mejorando el sistema de selección de los candidatos en vez de primar únicamente la adhesión inquebrantable al jefe de turno,… Estamos en un momento de profundos cambios, el reto es colectivo aunque el compromiso sea individual. Es tiempo de reivindicar una democracia más plena, aunque ésta sólo será posible si la sociedad se une para construirla, al fin y al cabo la soberanía es nuestra.

 

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El cortijo
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María Antonia San Felipe | 27-07-2012 | 15:47| 0

Nos prometieron y juraron que sanidad, educación, pensiones, cobertura social básica y desempleo no se tocarían porque eran los sagrados pilares de esta España construida con años de esfuerzo colectivo. Pero todo ha sido tocado, trastocado y vuelto a retocar, en especial, lo que más han manoseado es nuestra santa paciencia y tal es la  tensión nerviosa que una chispa puede producir un incendio.

Repasemos la situación: una vez que nos han recortado una parte nada desdeñable de nuestros derechos y que amenazan con seguir apretando el tensor en las próximas fechas, ¿qué es lo que todavía permanece intacto? La respuesta es sencilla, lo único que no han tocado es el cortijo, los cortijos clientelares fraguados a la sombra del título octavo de nuestra Carta Magna, el que regula la organización territorial del estado. Cuando los padres de la Constitución, ahora que hemos perdido a Gregorio Peces Barba, concibieron la arquitectura del Estado Autonómico probablemente nunca sospecharon que los virreyes que habían de gobernarlo se creyeran legitimados para perpetrar tantos excesos. Nuestra querida amiga “la prima”, sigue escalando posiciones al tiempo que las Autonomías, incluidas las proclives a independizarse como Cataluña, se acogen a la financiación de nuestro maltrecho estado. No es malo que intenten financiarse a precios más económicos sino que, como consecuencia de la amenaza de insolvencia creciente, estamos descubriendo que han tenido más sangre fría y mano dura para recortar en maestros, enfermeros, material quirúrgico, ambulancias o bomberos que en tocar los chiringuitos en los que han ido colocando a amigos, adictos políticos, hermanos, primos y demás familia. El pesebre es lo primero.

Los anunciados adelgazamientos de las administraciones públicas debieran haber comenzado por ahí, pero la resistencia de los virreyes es numantina, realizan operaciones cosméticas, anuncian pequeños recortes que presentan como grandes cambios en la estructura clientelar, pero nada de nada. Sólo humo. Ya saben, como Belén Esteban, ellos por sus amigos del alma, matan. Las televisiones autonómicas acumulan una deuda de infarto, la tele valenciana, por ejemplo, 1.300 millones de euros, que aunque fueran de pesetas de las de antes ya me parece un despropósito. Igual pasa en Cataluña, Andalucía…, pero está claro que no se sienten capaces de sobrevivir sin tener medios de comunicación que los adulen y cuenten a los ciudadanos la película como ellos quieren. Está claro que todavía no se han enterado de la realidad en la que viven. A lo mejor éstas son las “mamandurrias” a las que se refería Esperanza Aguirre y espero que antes de cerrar hospitales o insultar a los empleados públicos comience a reducir el inmenso pesebre que acoge a asesores y designados, no funcionarios, que en muchos casos duplican servicios de la propia administración pero cuya forma de ingreso no es precisamente por méritos y capacidad. Para no hacerlo hasta se rebelan contra el gobierno de nación, aunque sea de su signo político, todo antes que comenzar a desmontar el cortijo clientelar.

Esto es grave, pero aún lo es más que, en aras de querer ser más olímpica que la comunidad vecina, lo que han fomentado ha sido la desigualdad entre las personas que son el mayor bien que se debiera proteger en España. Derechos iguales con independencia del lugar en que se habite debiera ser la meta común en un país en el que el índice de miseria alcanza ya al 25% de la población. Pero no, las personas son ahora lo menos importante. Mejor aeropuertos, estatuas y edificios imposibles de mantener que protección de derechos básicos. La sociedad civil tendrá que volver a organizarse, no hay otro camino. Nos están avocando a un insolidario sálvese el que pueda, aunque a algunos lo único que parece preocuparles es que a ellos no les toquen el cortijo aunque a la mayoría nos toquen las narices.

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Todos jodidos
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María Antonia San Felipe | 20-07-2012 | 13:00| 0

Ningún español tiene dudas de que al electricista que robó el códice calixtino en la catedral de Santiago de Compostela le va a caer una ejemplar y merecida condena. Tampoco dudan los españoles que ninguno de los responsables del saqueo y expolio de las cajas de ahorros tendrán la condena que indudablemente merecen. En España no sé si existe la justicia, pero diferencias ha habido siempre y al delincuente de cuello blanco se le ha dispensado siempre un tratamiento e incluso una admiración social difícil de comprender e incluso de aceptar.

 También resulta una verdad irrefutable que, en cualquier país democrático de nuestro entorno, si un diputado hubiera proferido el grito: -¡Qué se jodan!, refiriéndose a los parados a punto de perder la prestación por desempleo, hubiera tenido que dimitir sin más trámite ni ceremonias. Pero no, en España con una cartita hipócrita todo arreglado y la desvergonzada diputada sigue detentando todos los privilegios que le procura su condición de representante de ese pueblo, al que acaba de escupir a la cara  y al que ha demostrado detestar sólo porque se remueve y protesta ante la enésima agresión a sus derechos y a su dignidad.

 Está claro que España no es un país que proteja precisamente a la gente digna y honrada. Tener que escuchar, en un país camino de los 6.000.000 de parados, que se recorta la prestación por desempleo para que éstos se pongan a buscar trabajo desde el primer día y porque hay mucho fraude, cuando acaba de aprobarse una amnistía fiscal para los grandes defraudadores de este país, es una clara indignidad. El fraude debe combatirse, en un país democrático, siempre y en todo caso, no sólo persiguiendo al eslabón más débil de la cadena.

 Justificar el recorte salarial y el incremento de la jornada de los funcionarios, reprochándonos, como ha hecho Montoro, que somos unos privilegiados, que aprobar una oposición no lo es todo y que estamos obligados a colaborar y a entender lo que pasa, no es suficiente. Hay que decirle que sí, que estamos dispuestos a poner de nuestra parte el trabajo profesional e independiente de nuestra función pública pero que, antes de volver a apretarnos el cinturón otra vez, nos gustaría ver cómo empiezan a desfilar, para reducir esa gigantesca administración, los cientos de enchufados y cargos de confianza, de asesores de gabinetes y de empleados en fundaciones y empresas públicas injustificables que se han creado en el Estado, en los Ayuntamientos y sobre todo, en las Comunidades Autónomas. Esta red clientelar al servicio del poder de turno, ni siquiera ha hecho una oposición, sólo ha recibido la bendición del “dedo” y está en los puestos mejor retribuidos. No sólo sabemos lo que pasa, sino que incluso podríamos señalar con nuestro “dedo” las partidas presupuestarias inútiles para el servicio público que se gastan diariamente.

 Anunciar que en las próximas elecciones se reducirá el número de concejales en España cuando todos sabemos que en los pueblos pequeños, por ejemplo, no cobran sino que ayudan en su tiempo libre, mientras se mantiene un elevado número de concejales a cargo del erario público en localidades en los que nunca existieron, resulta de una hipocresía incomparable que protege a una nueva casta política que vive ajena a los pesares de la calle.

 Subir el IVA que va a hundir a muchas pequeñas empresas y no tocar, por ejemplo la fiscalidad de las grandes fortunas, aunque sólo sea para repartir la pesada carga, resulta igualmente reprochable. Es decir, señores del gobierno: no moralizar la vida pública, no decirnos nunca la verdad, demonizar al más débil, exagerar lo mal que estamos para que aceptemos lo inaceptable, ayudar así a hundir nuestro mercado de deuda y las esperanzas de futuro, eso es lo que nos tiene a todos jodidos, Sr. Presidente.

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Tiempo de magos
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María Antonia San Felipe | 13-07-2012 | 20:42| 0

Seguramente algo había que hacer, aunque lo más deseable hubiera sido que alguien hubiera tenido el valor y la gallardía de decirnos la verdad desde el principio. Pero nadie la tuvo, unos porque pensaban que resistiendo y mareando la perdiz el tiempo, que todo lo cura, acabaría sanando al enfermo. Los otros, con los dientes afilados, esperaban que el descrédito de los primeros les pusiera en sus manos la codiciada fruta: el poder. Así fue. El problema es que en ese tiempo el enfermo había ido empeorando a pasos agigantados y las varitas mágicas son patrimonio de los cuentos de hadas pero no de la política y la economía que se alimentan de intereses y carroña y que les importa un bledo las desventuras ajenas. ¡Al fin y al cabo, los de abajo ya saben lo que es sufrir!

Cuando el mago Merlín aparece en los cuentos todos los lectores adivinan que los buenos están a punto de superar el último sacrificio antes de encontrar la salida del laberinto para, por fin, ser felices mientras comen perdices. Pero en nuestro cuento, en el de nuestra vida, cuando apareció el mago Mariano con sus dos ayudantes Guindito y Montorito, lo primero que hicieron fue blandir sus varitas mágicas en lo alto de la montaña para advertir al mundo que ya habían llegado a la cima. Fue entonces cuando comprobaron que ni los dragones ni los malignos que rodeaban el Reino se asustaban lo más mínimo. Aunque Mariano y sus ayudantes no paraban de agitar sus varitas mágicas, los malvados seguían sitiando el Reino mientras cada vez había más gente pidiendo en las calles y la moral de la tropa caía por los suelos.
Mariano dejó entonces la varita mágica en su cajita y se marchó lejos de su Reino a consultar a los poderosos magos que habitaban en una profunda cueva de la agitada Europa. Allí, el Comité de Ilustres Magos, que contaban todos ellos con más poderes que él, le escribieron en un pergamino la fórmula mágica con la que conseguiría aquietar a los malignos que acosaban su Reino. Humildemente leyó los detalles del ensalmo que decía: deberás tragar ante todo tu pueblo, reunido en la plaza al menos cinco sapos, cuanto más grandes sean los sapos más posibilidades de éxito tendrá el conjuro. No obstante, decía el escrito, si no cuentas a tu pueblo toda la verdad y no les devuelves la esperanza, si pretendes aparecer como un héroe en vez de como su humilde servidor, entonces el sacrificio no habrá servido para nada y tu varita mágica perderá sus poderes para siempre.

Antes de partir el más anciano le dijo: -Mariano habrá una prueba más que deberás sortear tú solo, sin ayuda de nadie, ese hechizo lo llevas dentro de ti y cuando se haga presente, deberás superarlo o tu magia habrá terminado. Cabizbajo y pensativo emprendió el regreso hacia su Reino. En el camino recordó al mago anterior, el que perdió su Reino y se lo entregó a él, pensó que quizás él llevaba razón cuando éste le explicó que la varita mágica no servía para mucho cuando el asedio de los malignos es persistente y uno se queda solo ante el peligro.

Una vez arribó a su Reino, convocó a todo su pueblo en la ladera del monte sagrado y ante ellos ordenó todo lo contrario de lo que prometió cuando le entregaron, en ceremonia solemne, la corona del poder y la varita mágica. A continuación, cogió los 5 sapos más gordos que Guindito y Montorito habían encontrado en todo el Reino y los tragó sin rechistar ante el aplauso de la corte y el asombro de su pueblo. Antes de bajar de la montaña vio una enorme nube negra que no dejaba traspasar la luz del sol y al mirar a su pueblo se dio cuenta que no sólo les había quitado la alegría sino que los había dejado sin esperanza. Supo entonces que, si el conjuro fallaba, él estaría obligado a pedir perdón, recorrer de rodillas todo su reino y devolver el supremo poder y la varita mágica al pueblo que se la había otorgado para que buscara otro mago que hiciera posible la esperanza. Continuará…

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La gran estafa
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María Antonia San Felipe | 06-07-2012 | 13:40| 0

Había estado viendo el partido con su nieto, el más pequeño de todos y notó que una sensación agridulce recorría su corazón. Veía a David tan contento con su camiseta de La Roja, gritando feliz: ¡Campeones!, ¡campeones! y pensaba en todo el futuro que tenía por delante. Incierto –se dijo- pero siempre ha sido incierto el porvenir, sólo queda escrito el pasado. Se acordó de su amiga Concha, la pobre desde que se quedó viuda no levanta cabeza. Ayer le contó su último disgusto y pensó que si ella no tuviera a su marido que está atento a las noticias a lo mejor le hubiera pasado lo mismo. Se conocían desde pequeñas y bien sabía cuánto habían trabajado desde los 14 años. Se acordó de las veces que se habían prestado dinero entre los matrimonios cuando tuvieron momentos difíciles: hoy por ti, mañana por mí, ya se sabe que hay gente a la que uno quiere más que a un hermano.

Lloraron mucho a Francisco, era su mejor amigo y un caballero, siempre preocupado por su mujer, llevaban toda la vida juntos. Cuando vio que su enfermedad no tenía remedio dispuso todo, hasta su entierro. Le había dejado a Concha una libreta con todas las cosas importantes que afectaban a la familia apuntadas, para que no se olvidara de nada. Entre las notas que le dejó estaba el vencimiento del plazo fijo, prácticamente todos sus ahorros los tenían en la Caja, siempre habían trabajado en la Caja Provincial, después le cambiaron el nombre varias veces pero esa fue siempre su caja. Así que Concha, unos días antes de que venciera el plazo fijo fue a hablar con el director de la oficina, su marido le tenía mucha confianza. D. Alberto le dijo que su marido no sólo había sido un buen cliente sino una persona noble y honrada de las que ya no quedaban. En ese clima de confianza, Concha, que era la primera vez que pisaba el despacho del director, se sintió tranquila y se acomodó en el asiento más relajada. Le explicó que no debía preocuparse, que eso de los depósitos a plazo fijo estaba muy bien pero que ahora había productos muy interesantes. Le insistió que era el mejor momento de sacar rentabilidad a sus ahorros y que la Caja a los buenos clientes, como habían sido ella y su marido, les ofrecía una inversión de la que no se iba a arrepentir. Le habló de una palabra que no entendió muy bien, algo así como preferido o preferentes. Ella le explicó que lo único que quería era hacer lo mismo que su marido le había enseñado, que él era muy prudente y que no era el momento de traicionar su recuerdo.

Al final le convenció diciendo que su Francisco le hubiera hecho caso a él y ahí quedó la cosa.
Meses más tarde el director de la sucursal le llamó para decirle que se pasara a hablar con él. Concha fue un poco extrañada y el director le explicó que ahora sus ahorros se iban a convertir en acciones de un nuevo banco, que la Caja garantizaba todo el capital y que no había riesgo alguno para sus ahorros. Ella insistió, lo único que quería era que su dinero le rentara como durante años lo había  hecho con su depósito a plazo fijo y que eso de las acciones le recordaba a jugar en bolsa algo que su marido nunca había querido hacer. Siempre, le decía, es mejor pájaro en mano que ciento volando y así les había ido bien. El director le insistió en que esa era la única posibilidad que le ofrecía. Se fue a casa preocupada y nada convencida, en el fondo tenía la sensación de que le habían engañado. El mes pasado a su hija se le terminó el paro, ya no pueden pagar la hipoteca y para colmo se les ha roto el coche que necesita su yerno para trabajar. Ha ido a la Caja a sacar dinero para dárselo y ha descubierto que sus ahorros se han esfumado. Tenía su vejez asegurada pero ahora sólo cuenta con la pensión de viudedad. Esta mañana ha oído en la radio que el director de una oficina ha pedido perdón a los clientes por haberlos engañado, sin saberlo y que la Audiencia Nacional ha aceptado una querella contra los directivos de Bankia. Pensó que entre tanto sinvergüenza puede que haya alguno con una pizca de integridad, pero seguro que ante este gran fraude la única que ha perdido es su amiga Concha y otros muchos como ella. De lo que no tiene dudas es, de que en este país, cuanto mayor es la estafa menos posibilidades hay de ir a la cárcel. Demasiada basura para digerir en un solo día.

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Políticos y poetas
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María Antonia San Felipe | 29-06-2012 | 16:14| 0

Siguiendo las últimas recomendaciones de los servicios sanitarios para olas de calor sahariano, Pedro se sentó en el sofá con una cerveza a esperar que comenzara el partido de la Eurocopa. Pensó, como millones de españoles:

– ¡A ver si hay suerte y la selección nos da una alegría que falta nos hace! Estoy de la prima de riesgo y de su santa madre hasta el pelo. Si nadie sabe adónde vamos que nos lo digan. Años votando al mismo partido y hoy ya no creo ni a los unos ni a los otros. Esto no es una crisis sino una estafa –pensó- recordando una pancarta que había visto en el telediario de unos manifestantes frente a Bankia. Se acordó de los mineros, las comarcas que dependen del carbón no tiene duda de que se van a ruina.  Más dinero cuesta el rescate a la banca y para ellos si hay pasta. Y, ¿a qué precio nos va a salir la broma? Dentro de nada lo sabremos y, por si fuera poco, a mi mujer, que trabaja en el Centro de Salud le van a bajar el sueldo. Y a mí,  ya veremos si no me echa el jefe a la calle que ha bajado el trabajo en el taller porque no hay pedidos. Uno tiene la impresión de que vamos, ¡viento en popa a toda vela! hacia el desastre.

Ve a los ministros de Hacienda y de Economía en el canal 24 horas y le recuerdan al Quijote y a Sancho Panza. A Montoro sólo le falta el yelmo pero, pensándolo bien, es probable que de Guindos se parezca más a Chiquito de la Calzada, sólo que en vez de risa, cada vez que abre la boca da miedo. Están hablando sin parar y se dice a sí  mismo:

-Si al menos estos políticos fueran poetas, nos enamorarían con metáforas en vez de cabrearnos con mentiras.

Recordó la película en la que el cartero de Neruda tomaba prestados los versos al poeta para enamorar a su amada Beatrice. Antes le había dicho, los poemas no son de quien los escribe sino de quien los necesita. Su futura suegra, una interesada arpía, acudía a Neruda a denunciar que Mario, el cartero, según ella, envenenaba a su hija “con metáforas”, convencida como estaba que se trataba de algún elixir maléfico.

-Los dirigentes actuales –se dijo-mira que se las pintan para darle vueltas a las palabras como si fuéramos idiotas. El caso es eludir la verdad. El rescate: no señores no, es una ayuda financiera fruto de la solidaridad de nuestros aliados. ¿Y las condiciones? Qué va, qué va, las condiciones se las pondrán a los bancos, nosotros valoraremos las recomendaciones y… ya veremos. ¿Qué recomendaciones? Bueno, en realidad, son obligaciones. Es decir, si queremos que nos presten la pasta habrá que hacer todo lo que negamos que haríamos. La verdad es que querer, no queremos pero vamos a subirles los impuestos, a recortar prestaciones por desempleo (qué hay mucho fraude, oiga), bajar sueldos a los funcionarios (que son unos vagos) y las pensiones también, no queremos, pero las bajaremos, aunque mientras lo hacemos los jubilados que paguen los medicamentos que no hacen más que derrochar, oiga. En fin, una forma de bajarles la pensión sin que nadie proteste y que conste que lo hacemos por su bien. No el IVA, no. El IVA no se va a subir, en realidad lo que el gobierno plantea, ha dicho, el diputado Cuevas del PP, es “ensanchar las bases del impuesto para atacar el fraude fiscal”. Hace falta tener jeta, que ya digo yo que mejor que fueran poetas por lo menos nos harían soñar pero no, entre eufemismos y circunlonquios, es decir, tratando de ocultar la verdad con florituras del lenguaje, mintiendo sin pestañear se creen más ingeniosos que Lope de Vega. Ya lo decía él: “de cuantas cosas me cansan, fácilmente me defiendo; pero no puedo guardarme de los peligros de un necio”. Eso, eso, de necios estamos rodeados, se autoproclaman nuestros líderes y nos hablan como si fuéramos tontos. ¡Qué cara más dura!

-¡Gol!, ¡Gol!, ¡Gol! y ¡Gol!, a la final. ¡Al fin, una buena noticia! ¡España!, ¡España!

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En tierra olvidada
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María Antonia San Felipe | 22-06-2012 | 16:10| 2

Podemos creer que en nuestro planeta no queda nada por descubrir y sin embargo hay lugares que, aun sabiendo en qué lugar del mapa se sitúan, nos resultan totalmente desconocidos porque forman parte de ese universo que se teje con el olvido. Hay conflictos que desaparecen de la pantalla del televisor y en ese instante dejan de mover, aunque sea por un minuto, nuestras conciencias. Ya no recordamos qué pasó, por ejemplo, en Libia ni qué consecuencias ha tenido para la población civil, ni qué está ocurriendo en Yemen o ahora mismo en Siria. Por supuesto no sabemos cuántos niños mueren al día en el corazón del Sahel, en Haití y una larga lista de penalidades humanas que se han borrado de nuestra memoria, si alguna vez estuvieron en ella. El pasado 20 de junio, la ONU ha conmemorado el Día Mundial de los refugiados. La fecha ha pasado desapercibida pero pueblan ese terrible e ignorado universo 42 millones y medio de personas repartidas por todo el mundo.

En ese terreno inhóspito del olvido hemos de colocar la cotidiana y permanente tragedia en la que viven los saharauis en cientos de jaimas instaladas en el desierto de Argelia, muy cerca de Tinduf.  Esos refugiados salieron en 1975 huyendo del Sáhara occidental, una tierra rica en bancos pesqueros y fosfatos, porque Marruecos se lo anexionó cuando el régimen del general Franco estaba a punto de ser sepultado. La conocida como Marcha Verde colmó las ambiciones expansivas de Hassan II y le supuso un éxito indudable en su política interna. España, en los acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975, cedió a Marruecos y Mauritania la administración, de la que hasta entonces había sido una colonia y provincia española y abandonó a su suerte a los saharauis. Argelia permitió que se instalaran de forma permanente en un desierto ingrato incluso para la vida de los escorpiones. En condiciones de difícil subsistencia, unos 175.000 saharauis sobreviven desde hace casi 37 años en una resistencia heroica contra la diplomacia internacional que Marruecos condiciona, tejiendo y destejiendo, e incumpliendo reiteradamente las resoluciones de la ONU que parecen escritas en papel mojado. Marruecos ha asentado a sus colonos en el Sáhara occidental y sigue negociando con los recursos minerales y pesqueros de los saharauis mientras en el inhóspito desierto sus legítimos dueños, cada vez con menos esperanzas, siguen reivindicando su derecho a la autodeterminación y el regreso a su tierra.

Durante este largo período de tiempo los saharauis de los campamentos han subsistido gracias a la solidaridad y ayuda internacional. Ahora, como consecuencia de estos tiempos revueltos en que vivimos, han disminuido las ayudas para los refugiados.  Solo un ejemplo, el agua de los campamentos es facilitada por las organizaciones humanitarias y la ración ni siquiera alcanza las cifras recomendadas para situaciones de emergencia por la Organización Mundial de la Salud: entre15 y 20 litros por persona al mes. De la ración de arroz y harina ni les hablo. Las consecuencias son evidentes desnutrición, raquitismo,… Durante el terrible verano del desierto muchos niños saharauis viajaban a España con familias de acogida, pero ahora hasta ese rescate del infierno en el que viven se ha hecho más complicado, menos medios económicos suponen menos posibilidad de transporte hacia Europa. A nadie interesa este conflicto, las grandes potencias apoyan a Marruecos y los sucesivos gobiernos de España hace años que miran para otro lado. En política internacional los intereses económicos siempre estuvieron por encima de la justicia. No queda ni un resquicio para la esperanza. Nadie se acuerda de ellos, a nadie importan los saharauis.  No es de extrañar que miren a España y piensen que aun más terrible que el olvido resulta la indiferencia.

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La dolorosa verdad
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María Antonia San Felipe | 15-06-2012 | 15:35| 2

Hace tiempo que los españoles navegamos entre el pesimismo y la incredulidad, con paradas sucesivas en el puerto de la indignación. No vemos luz alguna, ni farol que nos alumbre el horizonte y de forma inexorable los meses van dando vueltas en la ruleta del eterno retorno. La sensación inequívoca del ciudadano es que nuestro barco navega con el viento en popa a toda vela hacia un destino desconocido hasta que, de pronto, hemos atracado en el borde del precipicio, un lugar inexplorado, cuya existencia había sido reiteradamente negada y al que llegamos en la tarde del pasado sábado a la hora de la siesta, después de que Europa nos lanzara un ancla para inmovilizar nuestra errante navegación.
Hace tiempo que estamos intervenidos y en este rescate, se diga lo que se diga, el aceite de ricino lo vamos a tomar nosotros ya que los 100.000 millones de euros que se van a utilizar para reflotar nuestro sistema financiero están respaldados por el Tesoro del reino de España, es decir, solidariamente por todos nosotros. Ya vamos aprendiendo que cuanto más se niega una cosa por el gobierno más posibilidades existen para que se haga realidad. Antes la crisis no era crisis y ahora el rescate no es rescate sino una bicoca que nos han traído los reyes magos transfigurados en Merkel, Durao Barroso y Mario Draghi y todo ello sin remitirles carta alguna porque España no iba a claudicar pese a haber estado mintiendo casi (sólo casi) como Grecia. Tras el glorioso rescate Mariano Rajoy, declaró: -ahora que todo está solucionado me voy a Polonia al fútbol. Y se fue sin decirnos la verdad, lo único que puede tranquilizar a mercados y ciudadanos. Hubiera sido una valentía por su parte dirigirse a la nación y explicar más o menos lo siguiente:
–     Queridos compatriotas en el día de hoy he tenido que solicitar ayuda a Europa ya que nosotros solos no podemos afrontar el progresivo deterioro de nuestros bancos consecuencia de una gestión censurable y fraudulenta. De no taponar esta herida será el Estado español el que se tendrá que declarar en bancarrota. No es una buena noticia pero es la menos mala que podemos ofrecer. No obstante, no quiero engañar a mis conciudadanos, esta declaración de principios del Eurogrupo es sólo el primer paso de un largo y penoso camino que todavía nos queda por recorrer. Vamos a supervisar de forma vigilante que se garanticen los ahorros de los impositores y que el crédito vuelva a dar aliento a autónomos y pymes. Pese a las condiciones favorables del préstamo, las reformas van a continuar. Esta es la letra pequeña: habrá que subir el IVA, ampliar la edad de jubilación, suprimir diputaciones y fusionar ayuntamientos, exigir mayor austeridad a las autonomías y reformar la cobertura del desempleo. Trataremos sobre todo de preservar los pilares básicos de nuestro sistema como son la sanidad y la educación, etc.… Prefiero contarles yo la dura y penosa verdad, antes de que se tengan que enterar por la prensa extranjera o por las declaraciones de Angela Merkel. Les pido disculpas por tener que hacer lo contrario de lo que prometí. Esto va a ser duro pero España es un gran país y vamos a salir adelante.

Nada de esto ha ocurrido aunque esto es lo que va a ocurrir. Rajoy y sus asesores se fueron a Polonia al fútbol a dar saltos de alegría y mientras Cesc metía el gol del empate, los españoles comenzamos a conocer la verdadera dimensión del gol que nos habían metido a nosotros en propia puerta. Por primera vez, en la historia de esta crisis, mercados y ciudadanos coinciden, nadie se cree el cuento que nos están vendiendo y así es imposible restaurar la confianza. Como dijo Jacinto Benavente, “la peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande”. No lo olvide, sr. Presidente, los españoles hartos de mentiras se encuentran ya al límite de la paciencia.

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Ciudadanos ejemplares
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María Antonia San Felipe | 08-06-2012 | 17:35| 0

El mundo está lleno de gente sin honor y no hay duda de que en España el número de caraduras por metro cuadrado está por encima de la media europea y universal. El año pasado el ministro de Defensa alemán, Karl Theodor Guttenberg, dimitió de su cargo, tras ser acusado de plagiar su tesis doctoral y hace tan solo un par de meses lo hacía el presidente de Hungría, Pal Schmitt, por igual causa. Christian Wulff, presidente alemán acusado de haber utilizado su cargo para obtener un trato privilegiado en la obtención de un crédito, dimitió en febrero. Como ven, menudencias en comparación con lo que pasa en nuestro solar patrio. En España, nadie dimite ni asume responsabilidades por sus desmanes y lo que es peor, los partidos políticos pastelean para blindar la mera exigencia de responsabilidades a los suyos, no les vayan a causar un disgusto.
Los tres hechos son sencillos ejemplos que ilustran, por mera comparación, la diferencia en los comportamientos públicos en unos países y otros y el nivel de moralidad que los ciudadanos de otros países exigen a aquellos que les representan. Parece que, en este país nuestro, cuando algunos se encaraman a un puesto de relativa importancia, se consideran relevados de exigirse a sí mismos lo que en otro tiempo demandaron a otros. Hoy en día la ausencia de credibilidad que tiene España y uno de los mayores males que la aquejan tiene mucho que ver con la ausencia total de ética en los comportamientos públicos, un mal que alcanza ya a las más altas instituciones del Estado.
Estos días nos sobran muestras de conductas poco ejemplares de ciudadanos que, por sus altos cargos institucionales, debieran ser impolutas, limpias como la patena. Ahí tenemos a Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo riéndose en nuestras narices diciendo que él nada tiene que reprocharse ni legal ni éticamente. Este señor que juzga a otros no puede ser juzgado, ni siquiera pueden pedírsele explicaciones, ya se encargan otros de vetar su comparecencia en el Congreso de los Diputados no vaya a ser que tenga que interrumpir su semana caribeña mientras al resto del personal le incrementan la jornada laboral y le bajan el sueldo. Yo le digo desde aquí: -¿Pero usted, quién se ha creído que es?
En el cuadro de honor pondremos al expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, que tras salir huyendo del Fondo Monetario Internacional, sin que jamás se nos explicara por qué, sigue siendo presidente de Caja Madrid adonde llegó aupado por las intrigas políticas de la villa y corte y al que, junto a su antecesor Miguel Blesa, se les quiere exonerar de culpa alguna en la gestión de ese inmenso agujero negro que amenaza con sepultar nuestras finanzas públicas a la vez que nuestro prestigio internacional. Como a este señor le paguen la indemnización de más de un millón de euros que tiene pactada, como se ha hecho con otros arruinadores de cajas de ahorro, es como para pedir que se abran las puertas de las prisiones para liberar y condecorar a todos los raterillos de España que, al menos, no nos van a llevar a la quiebra.
Si esto no es suficiente, ahora viene la taza y media: las amnistías fiscales y urbanísticas, la primera aprobada y la segunda en preparación. Es decir, el que ha defraudado con premeditación y alevosía a la hacienda pública ahora va a ser perdonado e incluso adulado y a aquellos que han construido ilegalmente obteniendo plusvalías excesivas, les van a hacer borrón y cuenta nueva. No me extraña que en este país aquellos que pagan sus impuestos y cumplen disciplinadamente la ley sean considerados sencillamente unos imbéciles sin remedio.
-¡Tonto!, no ves que aquí no va a la cárcel ni dios.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.