La Rioja
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Más pronto que tarde
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María Antonia San Felipe | 25-01-2013 | 22:12| 0

El año pasado concluyó con una nebulosa de tristeza en el ánimo de la ciudadanía y 2013 ha comenzado con la insufrible constatación de que la hidra de la corrupción extiende sus garras hasta lo más profundo de nuestro sistema institucional y de representación política. El estallido del caso Bárcenas evidenciando que el tesorero del PP ha amasado, a la sombra del poder, una inmensa fortuna evadida fiscalmente en Suiza y las islas Bermudas, unido al presunto reparto de sobresueldos en dinero negro entre la cúpula dirigente del partido que, por otro lado, ya cobraba generosos sueldos del erario público está resultando un ciclón que amenaza con arrasar la poca credibilidad que quedaba de la clase política. Es cierto que cualquier generalización de una conducta delictiva y deshonesta entre la totalidad de las personas que se dedican a la política en España es injusta porque también hay gente altruista y trabajadora pero no es de extrañar que ante este desolador e indigno panorama muchos piensen que la mayoría están o han estado en política para forrarse.  

No es necesario realizar una encuesta para saber que una amplísima mayoría de ciudadanos considera que el clima de corrupción en España resulta irrespirable y la pestilencia es tal que exaspera, proliferan chistes y chirigotas y el enfado es de tal calibre que asusta pensar donde puede parar este clima de enfado social generalizado. Muchos empezamos a creer que mientras se fraguaba la crisis en vez de promover reformas que diversificaran nuestro sistema productivo o impulsar nuevos proyectos de investigación tecnológica e industrial, un selecto puñado de la élite política se dedicaba a realizar obras desmesuradas en su tamaño y en su utilidad con la única misión de cobrar comisiones ilegales inflando presupuestos o incrementándolos con modificados escasamente justificados. De igual manera se adjudicaban concesiones de servicios públicos, previo paso por taquilla, o se creaban múltiples organismos que ahora es preciso suprimir, para colocar a amigos, primos, afiliados de confianza y demás familia como con diligencia ha hecho José Luis Baltar, presidente de la Diputación de Orense. 

A mi modo de ver, limitarnos a constatar lo que resulta una obviedad no es suficiente, es necesario reclamar reformas urgentes si queremos salvar y regenerar nuestro sistema democrático. Los políticos honrados que están en los partidos políticos afectados por la corrupción debieran ser los primeros en unirse al pueblo que dicen representar y exigir cuanto antes cambios profundos. Es cierto que algunos de ellos puede que pierdan su empleo si se introducen nuevas reglas en el juego democrático, pero entiendo que la política no debe ser un oficio al que alguien acude a temprana edad con la intención de jubilarse en él porque la vocación de servicio a veces queda cercenada por la rutina y el apoltronamiento. Es un honor ser representante público y por ello esa dignidad debe rotar a juicio de los méritos que señale no el partido sino el elector. Yo, que en mi otra vida me dediqué a la política, comprendo las reticencias de los partidos a cambiar sus estructuras pero estoy convencida de que el momento de adoptar medidas es éste ya que el clamor ciudadano es atronador. No es la primera vez, pero hoy más que nunca me uno a quienes piden: cambiar la ley de financiación de los partidos políticos que recibiendo dinero del erario público deben ser auditados no por un Tribunal de Cuentas compuesto por expolíticos y pactado por ellos, sino por auditores independientes que no estén pendientes de adjudicaciones públicas, ahí están, los funcionarios de la inspección de Hacienda. Debe cambiarse la ley electoral, listas abiertas y electos que rindan cuentas a sus electores, limitación de mandatos para frenar la tentación de crear redes clientelares, elección directa de alcaldes, supresión de las diputaciones… y por supuesto, el que la hace la paga. En definitiva, o los políticos y sus partidos cambian escuchando lo que dice la calle o, sin duda, las calles los cambiarán a ellos más pronto que tarde.

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¡Que Dios reparta suerte!
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María Antonia San Felipe | 18-01-2013 | 20:39| 2

¡Qué Dios reparta suerte!, exclamaba una vecina en uno de los 21 municipios de Castilla-La Mancha que se han quedado sin urgencias sanitarias nocturnas desde el pasado martes para ahorrar 5 millones de euros. El argumento facilitado a los 100.000 habitantes de zonas rurales afectados apela a criterios técnicos por la escasa utilización del servicio. Ya saben que para justificar cosas que resultan incomprensibles al ciudadano siempre se alegan criterios técnicos fundamentados en lograr la eficiencia y la eficacia. Es decir, pomposas mentiras para ocultar el intento de acabar con la sanidad pública. Sufrimos un grave problema en este país y es que hace tiempo que ya nadie se cree nada, ni que lo diga el jefe del gobierno, ni su majestad el Rey, ni el fiscal general del Estado o la ilustre Defensora del Pueblo. Si los bancos ya no dan créditos los ciudadanos de a pie han aprendido a ahorrar y han dicho que ellos tampoco, que no prestan más crédito y que prefieren hacer oídos sordos a tanto engaño. La sanidad pública, universal y gratuita era uno de nuestros incuestionables éxitos colectivos y uno de los pocos asuntos que suscitaba amplio consenso. Por eso escuchar la palabra rentabilidad asociada a la sanidad asusta irremediablemente.

Es comprensible que se procure no derrochar pero no se puede vincular la salud únicamente a la rentabilidad económica. Yo, como muchos, me pregunto ¿son rentables los fuegos artificiales que quemamos anualmente en nuestras fiestas patronales en toda España?, ¿son rentables las televisiones autonómicas dedicadas a adular a los gobiernos respectivos? También podemos plantearnos suprimir los cuerpos de bomberos porque a veces no hay un incendio en un mes y si siguen bajando los accidentes de tráfico podemos suprimir a la guardia civil… Por ello, argumentar que los servicios urgentes nocturnos en los pueblos rurales se usan poco, aunque en un único servicio se salve una o varias vidas es de muy mala baba. El problema de la mayoría de los recortes que se están perpetrando es que todos atacan siempre a la parte más débil de la sociedad. En este caso afecta a una población rural y por tanto más envejecida que tiene menos recursos no sólo económicos sino de movilidad. Claro que como todos tenemos que morir nos dirán, pues cuanto antes mejor que en el cielo no te piden la cartilla sanitaria. En definitiva, se produce una discriminación social hacia los ancianos y los enfermos crónicos y una discriminación territorial hacia los pequeños municipios también con escasos recursos.  

 Pero esto no es lo más grave, lo que más asusta es que todo el mundo comienza a intuir que se puede desmontar, a la velocidad del rayo, nuestro sistema sanitario con una privatización progresiva de un sistema público, hasta ahora eficaz aunque sea mejorable. Se están privatizando servicios, perdón ahora se dice externalizando para mayor eficacia, y lo que puede ocurrir es que cuando nos demos cuenta ya no tengamos sistema público al que acudir. Con razón algunos comienzan a denunciar que ahora que la especulación urbanística ya no es lucrativa puede que la sanidad sea el nuevo yacimiento de rentabilidad a corto plazo para los ansiosos inversores que además pueden contar, como antes, con la ayuda de políticos que entran y salen de la cosa pública a la privada para asesorar eficazmente a sus nuevos jefes. Sin ir más lejos, aquí en La Rioja el nuevo gerente del Hospital de Calahorra participó en la creación del centro y luego pasó a Viamed, empresa que optó a la privatización de la gerencia y se retiró a última hora en un nuevo fiasco que no se ha explicado y ahora vuelve para quizás mañana asesorar a su antigua empresa a presentar su nueva oferta. Todo destila un cierto olor a podrido. Puede que Dios reparta suerte pero sería mejor que fuéramos organizando las barricadas de defensa de nuestro sistema sanitario público.

 

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Tiene que llover.. a cántaros
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María Antonia San Felipe | 11-01-2013 | 20:00| 0

Al final, ya lo verán, para conseguir limpiar esta atmósfera sórdida de corrupciones variadas y miserias morales que recorre España de Oeste a Este y de Norte a Sur va a tener que producirse no una borrasca social sino una tormenta que regenere el ambiente irrespirable en el que vivimos. Como dice el cantautor-poeta Pablo Guerrero, “hay que doler de la vida hasta creer que tiene que llover a cántaros”. Eso creo yo, que duele tanto lo que vivimos que urge tocar a rebato para iniciar un período histórico de limpieza general y regeneración de nuestro sistema democrático.  

Repasen ustedes conmigo las noticias de la última semana. Según los últimos datos de Eurostat en España se superaron en noviembre los 6,1 millones de parados, un 26,6% de la población activa, es decir, un podio lacerante de deshonor para un país desgarrado por esta enorme tragedia social. Mientras tanto nuestros representantes políticos, creadores de opinión y otros grupos de presión están más entretenidos en analizar los riesgos que tiene fragmentar en trocitos una patria que ya ha segregado a la exclusión social a una cuarta parte de su población. Para echarlos a la lista del paro no ha sido necesario ningún referéndum de autodeterminación, han sido separados de su modesto bienestar sin ninguna esperanza y los jóvenes están huyendo por las fronteras con el título bajo el brazo. Mientras, no veo a nadie esforzándose en taponar esta herida que nos desangra y que no es sino la evidencia de un gran fracaso político pero también colectivo. Nuestro tejido productivo se ha autodestruido al poner el acento del crecimiento económico únicamente en la especulación inmobiliaria y no somos capaces de sustituir ese motor de crecimiento averiado por la avaricia. A ello han contribuido políticos, banqueros y todo tipo de amantes de la rentabilidad máxima en el menor plazo posible, una suerte de inmoralidades cotidianas tejidas al amparo de nuestro silencio poblaron la España de Jauja que se había construido. Cosas como principios éticos, actitudes morales, hacer lo que es debido, contribuir a la hacienda pública, trabajar por el bien común eran cosas que producían mucha risa en unos círculos donde a quien más se adulaba era al que más dinero había amasado casi siempre de forma ilícita y con seguridad de forma poco ética.  

Ahora que hemos despertado de la extraña ensoñación, descubrimos que hemos vivido en una enorme ciénaga moral de corrupciones e indecencias, de aparentes legalidades muy alejadas de lo que la ética aconseja. Por eso frente a la terrible cifra de 6,1 millones de parados tenemos que recordar que hay más de 300 políticos imputados en casos de corrupción, tropecientos directivos de cajas de ahorros encausados por quebrar las entidades haciendo favores a los amigos, dirigentes de Unió Democrática de Cataluña acaban de reconocer su financiación ilegal evidenciando la escasa transparencia contable de los partidos políticos, se indulta a alcaldes condenados por prevaricación urbanística y a policías condenados por torturas… Y como guinda, al tiempo que nos enteramos de que te pueden emplumar por ayudar a un inmigrante ilegal a sobrevivir, se hace público que Rodrigo Rato después de huir del Fondo Monetario Internacional y quebrar Bankia, tras estafar a miles de ahorradores, va a ser nombrado asesor de Telefónica, la empresa que él mismo privatizó siendo ministro. Favor con favor se paga y así está el país.

No nos engañemos los condimentos habituales del guiso son siempre los mismos e igual que el perejil aliña todas las salsas en España parece que todo se endulza con un toque de corrupción, un golpecito de mirar para otro lado, una larga lista de contactos en las alturas y cara mucha cara. Dudo que este país sobreviva si no se sacude antes todo este merengue en el que nadamos. Insisto, para recuperar la moral como país hay que recuperar antes la ética como principio activo de nuestra nación y para ello creo que tiene que llover… a cántaros.

Tiene que llover a cántaros (clika para escuchar la canción de Pablo Guerrero)

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Desplumados
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María Antonia San Felipe | 04-01-2013 | 20:39| 0

 

 

Se acabó. El año 2012 es ya historia. En opinión de una gran mayoría este año ha sido un año horrible, salvo para los que se han forrado a costa de nuestras desgracias personales y retrocesos colectivos. Cíclicamente en época de infortunios generalizados se han amasado siempre inmensas e incuantificables fortunas. Por repasar a vuela pluma nuestra historia reciente, diremos que 1978 es el año de la Constitución, 1985 el del ingreso de España en las Comunidades Europeas,  1986 el del referéndum de la OTAN (pasamos de no querer entrar a no poder salir), 1992 es el año de los Juegos Olímpicos y de la Expo y 2002 el de la puesta en circulación del dichoso euro.

Si el año 2008, está marcado por la caída de Lehman Brothers que precipitó esta injusta crisis en la que nadamos, bien podemos decir que el año 2012, no se acabó el mundo pero quedará señalado en el calendario como aquel en el que pasito a pasito, con paso firme y marcial, como a los pollos en el matadero nos han ido desplumando de gran parte de nuestros derechos logrados en la calle en movilizaciones masivas. Corría el año 1975 y el dictador Francisco Franco, antes de que se iniciara otro frío invierno de democracia orgánica, esa forma de estado que se sustentaba en el miedo, lo dejó todo atado y bien atado, pero el pueblo se hizo libre a su pesar. Lo comparo porque a mí en este año 2012 me ha parecido que soplaban vientos con un cierto olor a 1975. Aquel fue un año en el que en las calles muchos españoles exigieron libertad y derechos iguales para todos. Sin embargo, observo una notable diferencia, en aquellos momentos en los ciudadanos que tomaban las calles, pese a la represión, había alegría y esperanza y hoy, aunque no hay policías vestidos de gris, hay tristeza y resignación en los manifestantes. Parece que se tratara de detener la rotura definitiva del dique que cierra una presa que ha comenzado a desbordarse porque hemos dejado a gente sin sentido común las llaves para abrir las compuertas.

Me pregunto, si merece la pena luchar para que la rotura de la presa no deje arrasados los pilares básicos de nuestra convivencia democrática. Yo creo que la sociedad civil está obligada, si no encuentra respuestas en los partidos políticos tradicionales, a organizarse desde abajo. En momentos todavía más duros que estos la sociedad española fue capaz de tejer una red de derechos universales que nos procuraba una protección social igualitaria, en sanidad y en educación, fundamentalmente. Yo me pregunto si no merece la pena dar un portazo al año 2012 que acaba de terminar y comenzar el año 13 tirando a la basura la resignación que nos han vendido. Nos dicen y nos predican que no queda más remedio que aplicar una austeridad salarial y en servicios básicos porque no podemos permitírnoslos pero quienes nos imponen los sacrificios no han comenzado a dar ejemplo aunque sólo sea simbólicamente. Un ejemplo, ahí tienen ustedes a María Dolores de Cospedal, esa mujer de imperturbable rostro en el que jamás se dibuja una sonrisa y que cobró en 2011 cada mes la friolera de dos millones netos, de las antiguas pesetas, mientras pide a los parados resignación cristiana porque en el otro mundo le serán recompensadas sus estrecheces. No podemos olvidar, como ya he escrito en estas páginas, que por muchos cuentos que nos expliquen, han tocado todo lo que negaban tocar: pensiones, educación, sanidad, cobertura de desempleo, dependencia. Están imponiéndose rebajas salariales, pérdidas de derechos laborales y todo tipo de conquistas sociales que nos afectan a la mayoría pero todavía no se han atrevido a tocar el cortijo, ese inmenso pesebre gracias al cual los más incompetentes terminan siendo nuestros dirigentes políticos. Son la voz de su amo, pero no son la voz del pueblo aunque digan representarlo. Por eso, yo a los Reyes Magos, si de verdad son mágicos, les pido que nos traigan muchas ganas de cambiar la resignación por el entusiasmo en defender nuestro futuro porque simplemente nos están desplumando porque nos engañan diciendo que ese es nuestro irremediable destino.

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Inocentes, pero no imbéciles
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María Antonia San Felipe | 28-12-2012 | 22:46| 0

 

Hoy es día de inocentes y no tengo duda de que es nuestro día, el de los que somos un poco idealistas y tendemos a pensar que todo el mundo es bueno. Este año fatídico nos ha dejado especialmente irritados los nervios porque finalmente hemos aprendido qué se entiende en España por responsabilidad. De pequeños nos repetían que debíamos ser responsables de nuestros actos y que la igualdad supone que a todos nos aplican la misma vara de medir.

Pues bien, si usted es cajera de supermercado u operario en una cadena de montaje que cobra 900 € al mes, se le exige responsabilidad en la tarea que le han asignado y si comete un error en su modesto trabajo de 40 horas a la semana en horario partido, le echan un chorreo monumental, se lo descuentan del sueldo o le envían a la puñetera calle para que aprenda a asumir responsabilidades. No obstante, si usted es miembro del Consejo de Administración de una Caja de Ahorros, de esas que han estado al servicio del poder político en cada Comunidad Autónoma, pongamos que hablo de Madrid y de Bankia, y cobraba 300.000 € al año o más, no debe preocuparse si después de haberla llevado a la quiebra y estafado a miles de ahorradores le piden explicaciones porque siempre podrá usted alegar que no se enteraba de nada, que era un simple invitado y que la culpa es del maestro armero o de Perico el de los palotes y que su único cometido consistía en comprobar mensualmente que el ingreso en su cuenta se había producido para poder seguir actualizando su tren de vida y reírse de los incautos que invierten sus ahorros en la Caja provincial. Además, qué feliz era usted y los miembros del Consejo de Administración acompañando a políticos y presidentes de gobiernos autonómicos, que los habían nombrado para tan lucrativo cargo, a inaugurar inversiones “propiciadas” por la Caja de toda la vida. Su única responsabilidad consistía en servir al que les había nombrado en una ceremonia de adulación realmente entrañable aunque ahora finjan que jamás les conocieron. Si las cuentas eran desastrosas, usted no era responsable de nada y nada deben exigírsele porque usted era un elemento decorativo que se sentaba periódicamente en la silla de un Consejo de Administración en el que hablaban del tiempo y de las vacaciones a cargo, por supuesto, de la caja y sus ahorradores.

¿Va a comparar usted, por ejemplo, el ineficiente trabajo de la cajera del supermercado a la que no le cuadra la caja porque es una inútil con la pulcritud y el encanto que el mago Urdangarín ponía en su interés por multiplicar los panes y los peces con unas generosas fundaciones llenas de glamour y que tenían como única finalidad captar fondos para su peculio particular? Vamos, anda, este hombre sí que tenía encanto y no la Mari Puri del super que no sabe ni siquiera dónde está Suiza y mucho menos una cuenta opaca para evadir al fisco a manos llenas.

Pues sí, señores, esta es la lección que nos deja el año 2012. Por nuestro bien y sólo por él, nos han exigido sacrificios colectivos, nos han subido los impuestos, nos han bajado los salarios (eso se llama ahora mejorar la competitividad), nos han impuesto el copago en medicamentos, nos han recortado hasta las cejas y nos han salido hasta pupas de tanta resignación colectiva. Todo este esfuerzo nos lo han pedido apelando a nuestro sentido de la responsabilidad aunque veamos cada día que en este país ni Dios la asume, nadie paga por lo que ha hecho, ni va la cárcel, ni devuelve el dinero ni se avergüenza de los desmanes cometidos. Sorprende tanta diligencia en desplumarnos de nuestros derechos y tanta laxitud con las corrupciones de todo tipo. Está claro que los tiburones se protegen pero una cosa es que nos consideren unos inocentes ilusos y otra que nos tomen por imbéciles. Pese a todo: FELIZ AÑO 13.

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Cuando truena
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María Antonia San Felipe | 22-12-2012 | 18:41| 0

En España cuando acontece una catástrofe ponemos el grito en el cielo, los gobiernos anuncian inmediatos cambios en la legislación vigente, “para que nunca más vuelva a ocurrir” lo que sea que haya pasado y en ese clima, casi siempre a causa del terrible dolor producido alimentamos intensas polémicas hasta que el olvido destierra de nuestra mente el infortunio. Al final sólo quedan los afectados abrazados a un desgarro tan profundo que no quedará jamás paliado ni por leyes improvisadas ni por millonarias indemnizaciones. Así de dura es la vida. Si en España sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena en el resto del planeta pasa tres cuartos de lo mismo. La terrible matanza de Newtown ha puesto de nuevo ante los ojos del mundo cómo cualquier demente, armado hasta las cejas con pistolas y fusiles de asalto comprados legalmente, puede en unos segundos de enajenación dejar un reguero de sangre que suma veintiséis cadáveres.

Desgraciadamente ni es la primera vez, ni creo que vaya a ser la última. Los americanos después de cada episodio de estas características abren un proceso de discusión que luego olvidan hasta la siguiente tragedia. Es cierto que el presidente Obama ha anunciado medidas que regulen y restrinjan las ventas de armas y que asumiendo el sentimiento colectivo ha declarado que está claro que los americanos, respecto a su relación con las armas, tienen la obligación de cambiar. Ya veremos. Le deseo suerte en ese empeño a Obama pero me invade el escepticismo. Tras la cruenta matanza he escuchado a un senador norteamericano explicar que si los profesores del colegio hubieran tenido armas hubieran podido utilizarlas para defender a los niños. Imaginaba escuchándole el sonido del fuego cruzado que se hubiera producido y no tengo dudas de que hubiera habido probablemente más muertos y, sin duda, muchos más niños traumatizados por una escena que, en sí misma, ya produce un pánico que ha dejado una impronta indeleble en las mentes de esos niños de pocos años que han quedado marcados para siempre en sus infantiles recuerdos.

Cierto que la pasión colectiva por las armas de fuego de los estadounidenses no tiene parangón. En Europa nos resulta extraño ver a los padres instruir a los hijos en el uso de armas automáticas de gigantesco tamaño y precisión, la propia madre del asesino de Newtown era una amante de las armas. Cada uno entiende la vida como le da la gana, pero presiento que mejor que empuñar armas es enseñar a abrazar al otro, abrir el corazón a sus problemas y, como hablando se entiende la gente, en este mundo de inmensas soledades y de creciente incomunicación, pese a la apariencia de lo contrario, charlar más con hijos, padres, hermanos y vecinos da más seguridad personal que desplazar fríamente el percutor y presionar el gatillo del frío revólver.

Lo cierto es que durante la campaña electoral americana las ventas de armas se han disparado por temor a modificaciones legales. La Asociación Nacional del Rifle justifica en EEUU la tradición de portar armas como algo intrínseco a su cultura y, al otro lado del mundo, en Pakistán líderes talibanes, apelando a la tradición islámica, han matado a los equipos sanitarios que vacunaban contra la polio a los niños, una enfermedad endémica en el país. Esta vez la excusa ha sido que se trata de un complot de occidente para esterilizar musulmanes. Parece ser que algunas tradiciones solo fomentan el fanatismo y éste la locura que siempre acaba en muerte.

En fin, amigos lectores si en Navidad nacen niños confío en que nazcan libres y recomiendo dedicarnos más a besar a amigos, vecinos y demás familia ya que siempre es mejor el calor que procura el pecho ajeno que despertarse abrazado a una escopeta de cañones recortados. FELIZ NAVIDAD.

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Comienza el espectáculo
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María Antonia San Felipe | 15-12-2012 | 14:15| 0

Señores, el espectáculo está asegurado: ¡Regresa la momia! El apelativo no es mío, sino del periódico francés Libération que ha dedicado su portada a tan magno acontecimiento. A mí el anuncio del regreso a la arena política de Silvio Berlusconi me ha producido tanto morbo como a los malhadados “mercados” aunque en mi caso lo que se ha activado es la perplejidad en nada asimilable al pánico que ha producido en las bolsas y en el resto de cancillerías europeas. Sin ir más lejos en Alemania cuentan que a Merkel se le han puesto los pelos de punta y ha perdido el aparente sosiego con el que gobierna la totalidad de Europa. A Mario Monti, el hombre tranquilo, elegante y con aire de burócrata eficiente no se le ha rizado el pelo ni se le ha descompuesto la imagen de su rostro pero ha decidido que si la “momia” vuelve, él se va con viento fresco y que lidie la crisis el pueblo italiano eligiendo a quien le plazca.

Berlusconi, aspirante a sucesor de Rodolfo Valentino, parece ambicionar el poder tanto como la eterna juventud, razones por las que utiliza todo tipo de trucos para aparentar que no es un depredador de la cosa pública de igual modo que se afana en disimular los continuos retoques a su imagen de momia embalsamada. Tan patético resulta en su caso, su resistencia a envejecer como a no saber retirarse de la política adecuadamente en tiempo y plazo. Es lo que tienen los personajes histriónicos como él que se creen tocados por el dedo divino pero que están plagados de imposturas y mentiras. Berlusconi alega que regresa por el bien de Italia pero lo que busca es un escudo a su laberinto judicial en el que se encuentra perdido por culpa de sus excesos económicos, políticos y de índole sexual que repugnan al estómago y a la inteligencia.

Al anunciar su regreso ha proclamado que la dichosa prima de riesgo que atenaza a Italia tanto como a España, es una tremenda estafa y puede ser que razón no le falte y que a muchos jefes de gobierno les gustaría decir lo mismo en voz alta e incluso soltárselo en la cara a Merkel y a las malditas agencias de calificación. Sin embargo,  aunque desde hace años estemos nadando en una descomunal estafa, no es posible concluir que Berlusconi es un ángel vengador bajado del cielo para proteger a los italianos. Es simplemente uno de tantos sinvergüenzas adornados con una inmensa fortuna, no amasada por medios legales ni moralmente legítimos sino fruto de tráficos de intereses, influencias y todo tipo de tropelías. Es decir, este afán justiciero que le ha sobrevenido no puede, ni debe, ocultar a nuestros ojos un pasado plagado de abusos y una utilización del poder en beneficio propio para blindar sus responsabilidades no sólo políticas sino también penales. Es tal el pánico que ha producido el anuncio de su regreso que hasta su antiguo socio de la Liga Norte, Roberto Maroni, le ha advertido sin ambages que con él no cuente y ahora está “la momia” bailando la yenka, un pasito por delante y un pasito para atrás. Vivimos tiempos difíciles y por eso el riesgo de caer en manos de gentes sin escrúpulos que se aprovechan de nuestra indignación, nuestra desesperanza y nuestro miedo al futuro es creciente no sólo en Italia sino en los países más castigados por la crisis donde el populismo puede brotar, como ha ocurrido en Grecia, de la mano de grupos neonazis. Yo confío en que el pueblo italiano utilice la inteligencia y no se deje engañar por este truhán sin escrúpulos morales cuya única filosofía política se basa en el control personal de los resortes del poder para huir de la justicia ante la que todos debiéramos ser iguales algún día. De momento el suspense y el espectáculo continúan.

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El verdadero déficit
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María Antonia San Felipe | 07-12-2012 | 22:07| 0

Cada vez que escucho la manida frase de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades se me riza el pelo sin necesidad de rulos ni líquidos permanentados. Los que han vivido por encima de sus posibilidades y del mínimo nivel ético exigible son los mismos que ahora nos predican esta cantinela para justificar recortes y sacrificios que llegan a todos menos a ellos. No es esto lo peor, hoy después de festejar la Constitución y observar el deterioro de nuestra democracia, percibimos con asombro que el mayor desequilibrio que padecemos no es el déficit fiscal sino el déficit moral, es decir, la total ausencia de ética y de escrúpulos en los comportamientos de los que habían sido ensalzados como referentes sociales e inundaban las primeras planas de la prensa como iconos a los que imitar. Ahí tenemos al ilustrísimo señor don Gerardo Díaz Ferrán, el supuesto empresario modelo, jefe de los empresarios españoles, financiador directo de campañas electorales de la expresidenta Aguirre y doctor honoris causa por varias universidades. Por cierto, las Universidades, lugar donde se cultiva la inteligencia del futuro, debieran tener más cuidado cuando otorgan distinciones. Ya metieron muchas la pata con Mario Conde, el exbanquero, expresidiario, hoy reconvertido en político con un currículum que no engaña. En fin, que Díaz Ferrán ese hombre envidiado por sus notables éxitos, acaba de ingresar en prisión acusado de una larga lista de delitos. Es sólo uno de tantos sinvergüenzas que jalonan el variado paisaje de esa España de cartón piedra construida durante los años de aparente bonanza. Hoy sabemos que el raterillo habitual, el carterista, la prostituta tantas veces insultada, el excluido que hurga en el contenedor de la esquina, el mendigo en la calle debieran ser nombrados doctores honoris causa de la universidad de la vida en la que se forjan la mayoría de los perdedores que son en realidad la buena gente de este país.

Cuando el viento de la crisis arreciaba, Díaz Ferrán dejó escrita una frase para la historia: “trabajar más y cobrar menos”. No hay duda de que nos la han aplicado a rajatabla y, mientras, el ilustre sinvergüenza seguía viviendo por encima de sus posibilidades, atesoraba lingotes de oro, evadía capitales y recibía créditos de la extinta Caja Madrid, de cuyo Consejo era  miembro y en el que fue sustituido por su cuñado, Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña muy proclive a dar consejos de esos que para mí no tengo. Ya saben, todo ello supuestamente, porque en el caso de ser condenado tiene muchas más posibilidades de ser indultado por el gobierno que el pobre David Reboredo, el extoxicómano de Vigo que no ha conseguido el indulto tras su larga rehabilitación. No es de extrañar que se extienda la teoría de que siempre pagan los mismos, bien con sacrificios o bien con prisión. Mientras se rescata e indulta a banqueros saqueadores del patrimonio ajeno o a policías torturadores se hace caer todo el peso de la ley sobre rateros, prostitutas y otras gentes, antiguamente consideradas de mal vivir y que a mí me parecen personas de bien comparadas con tanto sinvergüenza por metro cuadrado como hay en este país de pícaros. Lo que más sorprende es que todos declaran tener la conciencia muy tranquila, quizás porque cuando se carece de ella es difícil atormentarla con remordimientos.

Tengo la impresión de que el déficit que va a llevar a este país a la verdadera ruina es la falta de ética en los comportamientos públicos y privados, ya que muchos referentes sociales de los últimos años son, simple y llanamente, rufianes de guante blanco que se permiten darnos consejos mientras ellos ponen a buen recaudo el botín. La fracasada amnistía fiscal es un buen ejemplo de cómo se pone más interés en recortar un euro en la sanidad pública que en detectar las bolsas de fraude castigando a los que lo cometen. Tengo la impresión de que nosotros, que nunca saldremos de pobres, cuando remontemos la dichosa crisis tendremos menos derechos y un esparadrapo en la boca para no molestar al poderoso con el ruido de nuestros lamentos.

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El oportunista atropellado por la realidad
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María Antonia San Felipe | 30-11-2012 | 22:06| 0

Es evidente que el pasado fin de semana la realidad atropelló a Artur Mas y lo dejó como en las viñetas de Mortadelo y Filemón remostado en la pared con el pelo un poco despeinado y, eso sí, con la senyera en que se había envuelto en una mano y el resumen de una encuesta elaborada por sus amigos en la otra. Hasta el más despistado, sin hacer ningún esfuerzo,  ha escuchado el golpe de la bofetada: Ploff¿¡¿¡ Pese a sus intentos de recomponer la figura lo cierto es que el oportunista presidente de Cataluña no ha podido todavía sobreponerse a tanta adversidad inesperada a sus delirios. Parece ser que el día en que tomó la decisión de convocar elecciones anticipadas, subió al monte Tibidabo y al contemplar la inmensidad de Cataluña creyó que todo lo que divisaba en el horizonte era simplemente suyo. Bromas aparte, creo que  la lección que ha recibido Artur Mas, hoy transmutado en minilíder convergente, y el resto de su partido deben ser motivo de reflexión para unos y para otros.

Es cierto que en épocas de bonanza cualquiera aparenta ser un buen gobernante: asiste a actividades sociales, inaugura actos, preside galas, corta cintas y besa niños alternativamente, es decir, un día sí y otro también. Cuando las cosas van mal, algunos pensamos que el político debe poner más dedicación e interés en lo que hace y hay que exigirle más capacidad de comprensión de la realidad que a cualquier otro porque para eso eligió el camino de la representación pública de la ciudadanía. El problema de Mas y de su partido es que además de partir de un error intrínseco a la propia esencia de los nacionalistas, que se consideran a sí mismos los verdaderos representantes del  territorio-nación y de los que allí viven, ahora habían creído que sólo ellos eran capaces de interpretar los deseos de los supuestamente representados. La realidad les ha mostrado que ni eran dueños de sus voluntades ni les inspiran la confianza necesaria para entregarles mayorías excepcionales ni siquiera temporalmente. Por eso el fiasco es doblemente inmenso.

Seguramente el sentimiento catalanista es creciente pero cuando por la mañana el ciudadano de Cataluña se levanta lo primero que hace es toparse, no con lo que cuentan esos periódicos que con tanto afán leen los políticos, sino con la realidad que ahora tiene una dureza en lo humano y en lo cotidiano bastante ineludible. Estoy convencida de que cuando una gran parte de la población se asoma cada amanecer al abismo de la incertidumbre del futuro, no quiere que le añadan a su lista de problemas factores que incrementen su inseguridad y la apuesta de Mas era solamente una estela para huir de la verdadera realidad, de esa que los catalanes, como el resto de españoles, quisieran poder cambiar a mayor velocidad y con mejor redistribución de la carga. Los fuegos de artificio son tan hermosos como efímeros y esto es en realidad lo que Mas ha ofrecido a su pueblo pero los ciudadanos, libre y soberanamente, le han respondido alto y claro. Una vez más el ciudadano ha entendido el mensaje que le enviaban desde las alturas bastante mejor que sus gobernantes. Si Artur Mas hubiera comprendido el veredicto inapelable de las urnas habría dimitido antes de que en el reloj, como en la Cenicienta, sonaran las doce campanadas del domingo electoral. ¿¿Dimitir??, ¿qué extraño verbo es ese qué jamás se conjuga en España? Ahora Mas es uno  más, uno de tantos de esos políticos actuales que se niegan a ver la realidad que les rodea y que llevan a sus espaldas dos penitencias, la suya y la nuestra. Pero nosotros desde la calle ya sabemos que quien se resiste a dimitir cuando ha llegado su hora es, aunque se niegue a creerlo, un fantasma que vagabundea por el mundo sin encontrar su destino.

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Entre la mula y el buey
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María Antonia San Felipe | 23-11-2012 | 20:13| 0

Va a resultar que lo único que permanece inalterable en este mundo en constante reinvención es la coca-cola. Ya saben ustedes que los tomates no saben a tomate como antaño, ni los melocotones a melocotón ni la leche hace brotar las natas para ponerlas luego con azúcar sobre una rebanada de pan. ¡Ah el pan!, ya saben que el pan blanco, tan buscado y añorado en la dura posguerra, traficado a precio de oro en aquel mercado negro que llamaban el estraperlo, ha sido sustituido por las bondades del antes repudiado pan negro, que sólo comían los pobres de solemnidad, mientras que hoy su ingesta es bendecida por dietistas y posmodernos. En esa sutil contradicción en que siempre nos movemos mirábamos lo bueno del pasado para protegerlo de la destrucción del presente y por eso ahí estaba, año tras año, nuestro portal de belén que habíamos conservado con cariño de padres a hijos. Cada Navidad, nuestro portalito de Belén cobijaba a María a San José y al niño Jesús y a su lado la mula y el buey, algo que tanta ilusión nos hacía de niños. Se ponía un poco de paja en el portal y el musgo, cogido un domingo en el monte, alrededor e incluso encima del portal y todos los años discutíamos si la mula se ponía a la derecha y el buey a la izquierda del niño o al revés, no fuera a ser que al trastocar el orden natural de las cosas nos cayera una desgracia encima a toda la familia y los reyes magos no encontraran nuestra casa y adiós al único regalo que recibíamos en todo el año. Por último y, no menos importante, después de haber recortado con sumo cuidado una estrella dorada con su larga cola se pegaban con “pegamento Imedio” una infinidad de partículas de polvo brillante que lanzaban destellos cuando se colocaban las luces, ese era el señuelo de los Reyes de Oriente que a nuestros ojos eran magos de verdad.

Pues nada ahora resulta que el papa-teólogo Benedicto XVI acaba de aclarar que de todo este asunto lo único cierto es que la Virgen era virgen y que el buey y la mula no estaban en el portal y que la estrella que guiaba a sus majestades, Melchor, Gaspar y Baltasar era una supernova, una especie de destrucción de estrellas que no sabemos si ello supone una bendición o una maldición. Lo de si la Virgen era virgen o no lo era antes o después de nacer el niño, es algo que siempre me resultó complejo de entender pero que dejo a gusto de los creyentes y de la inmensa paciencia del bendito San José, su marido, un hombre ciertamente maltratado por la historia. Si de pequeña me resultaba incomprensible de mayor todavía me lo pareció más, pero doctores tiene la Santa Madre Iglesia. De todo esto, ya en mi tierna juventud lo que me parecía más creíble era que la mula y el buey dieran calor al niño Jesús, un bebé encantador al que había que cuidar amorosamente como hoy hay que hacer con todos los niños, sobre todo en Palestina donde hay que procurar que no les caiga una bomba israelí en el lugar donde se cobijan. Lo de la estrella me fascinaba, pero hoy de mayor ya me he dado cuenta de que en realidad, lo que atraía a los reyes o a los príncipes consortes no era encontrar a Jesús sino simplemente el brillo del tesoro y la forma de acceder a ser dueños de un botín inmenso sin currar como el resto de los mortales a los que nos aturden y deslumbran diciéndonos que son príncipes y que por ello están por encima de nuestras miserables vidas. Así, mientras se nos cae la baba contemplando sus audacias, ellos llenan el morral y ya veremos si hay juez, divino o terrenal, que dicte la sentencia que se merecen.

En fin, cuanto lamento que Miliki se haya ido sin conocer la verdad de tan importante misterio. Nos hemos quedado huérfanos de payasos maravillosos, él se ha ido y nos ha dejado solos rodeados de payasos de pacotilla y encima se nos han llevado la mula y el buey y no creo que este año una nueva supernova ilumine nuestras vidas.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.