La Rioja
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El oportunista atropellado por la realidad
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María Antonia San Felipe | 30-11-2012 | 22:06| 0

Es evidente que el pasado fin de semana la realidad atropelló a Artur Mas y lo dejó como en las viñetas de Mortadelo y Filemón remostado en la pared con el pelo un poco despeinado y, eso sí, con la senyera en que se había envuelto en una mano y el resumen de una encuesta elaborada por sus amigos en la otra. Hasta el más despistado, sin hacer ningún esfuerzo,  ha escuchado el golpe de la bofetada: Ploff¿¡¿¡ Pese a sus intentos de recomponer la figura lo cierto es que el oportunista presidente de Cataluña no ha podido todavía sobreponerse a tanta adversidad inesperada a sus delirios. Parece ser que el día en que tomó la decisión de convocar elecciones anticipadas, subió al monte Tibidabo y al contemplar la inmensidad de Cataluña creyó que todo lo que divisaba en el horizonte era simplemente suyo. Bromas aparte, creo que  la lección que ha recibido Artur Mas, hoy transmutado en minilíder convergente, y el resto de su partido deben ser motivo de reflexión para unos y para otros.

Es cierto que en épocas de bonanza cualquiera aparenta ser un buen gobernante: asiste a actividades sociales, inaugura actos, preside galas, corta cintas y besa niños alternativamente, es decir, un día sí y otro también. Cuando las cosas van mal, algunos pensamos que el político debe poner más dedicación e interés en lo que hace y hay que exigirle más capacidad de comprensión de la realidad que a cualquier otro porque para eso eligió el camino de la representación pública de la ciudadanía. El problema de Mas y de su partido es que además de partir de un error intrínseco a la propia esencia de los nacionalistas, que se consideran a sí mismos los verdaderos representantes del  territorio-nación y de los que allí viven, ahora habían creído que sólo ellos eran capaces de interpretar los deseos de los supuestamente representados. La realidad les ha mostrado que ni eran dueños de sus voluntades ni les inspiran la confianza necesaria para entregarles mayorías excepcionales ni siquiera temporalmente. Por eso el fiasco es doblemente inmenso.

Seguramente el sentimiento catalanista es creciente pero cuando por la mañana el ciudadano de Cataluña se levanta lo primero que hace es toparse, no con lo que cuentan esos periódicos que con tanto afán leen los políticos, sino con la realidad que ahora tiene una dureza en lo humano y en lo cotidiano bastante ineludible. Estoy convencida de que cuando una gran parte de la población se asoma cada amanecer al abismo de la incertidumbre del futuro, no quiere que le añadan a su lista de problemas factores que incrementen su inseguridad y la apuesta de Mas era solamente una estela para huir de la verdadera realidad, de esa que los catalanes, como el resto de españoles, quisieran poder cambiar a mayor velocidad y con mejor redistribución de la carga. Los fuegos de artificio son tan hermosos como efímeros y esto es en realidad lo que Mas ha ofrecido a su pueblo pero los ciudadanos, libre y soberanamente, le han respondido alto y claro. Una vez más el ciudadano ha entendido el mensaje que le enviaban desde las alturas bastante mejor que sus gobernantes. Si Artur Mas hubiera comprendido el veredicto inapelable de las urnas habría dimitido antes de que en el reloj, como en la Cenicienta, sonaran las doce campanadas del domingo electoral. ¿¿Dimitir??, ¿qué extraño verbo es ese qué jamás se conjuga en España? Ahora Mas es uno  más, uno de tantos de esos políticos actuales que se niegan a ver la realidad que les rodea y que llevan a sus espaldas dos penitencias, la suya y la nuestra. Pero nosotros desde la calle ya sabemos que quien se resiste a dimitir cuando ha llegado su hora es, aunque se niegue a creerlo, un fantasma que vagabundea por el mundo sin encontrar su destino.

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Entre la mula y el buey
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María Antonia San Felipe | 23-11-2012 | 20:13| 0

Va a resultar que lo único que permanece inalterable en este mundo en constante reinvención es la coca-cola. Ya saben ustedes que los tomates no saben a tomate como antaño, ni los melocotones a melocotón ni la leche hace brotar las natas para ponerlas luego con azúcar sobre una rebanada de pan. ¡Ah el pan!, ya saben que el pan blanco, tan buscado y añorado en la dura posguerra, traficado a precio de oro en aquel mercado negro que llamaban el estraperlo, ha sido sustituido por las bondades del antes repudiado pan negro, que sólo comían los pobres de solemnidad, mientras que hoy su ingesta es bendecida por dietistas y posmodernos. En esa sutil contradicción en que siempre nos movemos mirábamos lo bueno del pasado para protegerlo de la destrucción del presente y por eso ahí estaba, año tras año, nuestro portal de belén que habíamos conservado con cariño de padres a hijos. Cada Navidad, nuestro portalito de Belén cobijaba a María a San José y al niño Jesús y a su lado la mula y el buey, algo que tanta ilusión nos hacía de niños. Se ponía un poco de paja en el portal y el musgo, cogido un domingo en el monte, alrededor e incluso encima del portal y todos los años discutíamos si la mula se ponía a la derecha y el buey a la izquierda del niño o al revés, no fuera a ser que al trastocar el orden natural de las cosas nos cayera una desgracia encima a toda la familia y los reyes magos no encontraran nuestra casa y adiós al único regalo que recibíamos en todo el año. Por último y, no menos importante, después de haber recortado con sumo cuidado una estrella dorada con su larga cola se pegaban con “pegamento Imedio” una infinidad de partículas de polvo brillante que lanzaban destellos cuando se colocaban las luces, ese era el señuelo de los Reyes de Oriente que a nuestros ojos eran magos de verdad.

Pues nada ahora resulta que el papa-teólogo Benedicto XVI acaba de aclarar que de todo este asunto lo único cierto es que la Virgen era virgen y que el buey y la mula no estaban en el portal y que la estrella que guiaba a sus majestades, Melchor, Gaspar y Baltasar era una supernova, una especie de destrucción de estrellas que no sabemos si ello supone una bendición o una maldición. Lo de si la Virgen era virgen o no lo era antes o después de nacer el niño, es algo que siempre me resultó complejo de entender pero que dejo a gusto de los creyentes y de la inmensa paciencia del bendito San José, su marido, un hombre ciertamente maltratado por la historia. Si de pequeña me resultaba incomprensible de mayor todavía me lo pareció más, pero doctores tiene la Santa Madre Iglesia. De todo esto, ya en mi tierna juventud lo que me parecía más creíble era que la mula y el buey dieran calor al niño Jesús, un bebé encantador al que había que cuidar amorosamente como hoy hay que hacer con todos los niños, sobre todo en Palestina donde hay que procurar que no les caiga una bomba israelí en el lugar donde se cobijan. Lo de la estrella me fascinaba, pero hoy de mayor ya me he dado cuenta de que en realidad, lo que atraía a los reyes o a los príncipes consortes no era encontrar a Jesús sino simplemente el brillo del tesoro y la forma de acceder a ser dueños de un botín inmenso sin currar como el resto de los mortales a los que nos aturden y deslumbran diciéndonos que son príncipes y que por ello están por encima de nuestras miserables vidas. Así, mientras se nos cae la baba contemplando sus audacias, ellos llenan el morral y ya veremos si hay juez, divino o terrenal, que dicte la sentencia que se merecen.

En fin, cuanto lamento que Miliki se haya ido sin conocer la verdad de tan importante misterio. Nos hemos quedado huérfanos de payasos maravillosos, él se ha ido y nos ha dejado solos rodeados de payasos de pacotilla y encima se nos han llevado la mula y el buey y no creo que este año una nueva supernova ilumine nuestras vidas.

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La historia se repite
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María Antonia San Felipe | 16-11-2012 | 21:38| 2

Siempre que en España hay huelga general el ritual se repite, hay siempre dos batallas a ganar: la guerra de las cifras y la de los argumentos. La de las cifras resulta hoy desoladora de analizar, sobre todo si tenemos en cuenta que uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar está en paro, mal pueden ejercitar su derecho a la huelga quienes están privados de su derecho al trabajo. Otros muchos no pueden permitirse el lujo de perder el salario de un día porque los gastos cotidianos y el pago de las hipotecas agobia cada día más según se va perdiendo poder adquisitivo y se incrementa el riesgo de pérdida del empleo. Si pensamos en los autónomos y en las pequeñas empresas no hay duda de que están con el agua al cuello contando cada euro que entra en la caja y valorando si tendrán que echar el cerrojo el mes que viene. También están, entre los trabajadores, quienes no pueden permitirse el lujo de decidir libremente por temor a ser despedidos ipso facto y otros muchos, como toda la vida, creen que las huelgas no sirven para nada y que por eso es mejor no hacerlas. Yo siempre he creído que si nuestros antepasados no hubieran hecho huelgas durante la revolución industrial quizás hoy los menores de edad trabajarían en las fábricas y la esclavitud no se habría erradicado, sin olvidar que en los países donde en la actualidad no se pueden convocar huelgas generales la explotación y la esclavitud todavía pervive.

Me cuento entre los trabajadores que han secundado la huelga en la creencia de que ante este desolador panorama que vivimos es necesario dejar claro a quien corresponda, que los esfuerzos colectivos que se nos exigen no están siendo equitativos como tampoco en la bonanza lo fueron los repartos de beneficios. Como dicen algunos, en vez de sacrificios se nos está sacrificando en la parrilla de una austeridad ficticia porque se ahorra de algunas cosas básicas mientras se sigue despilfarrando en otras que resultan sangrantes. Además, al contrario de lo que hacen los bomberos, rescatamos bancos pero no personas y en toda esta incomprensión está el germen del malestar. Algunos dicen que la huelga da mala imagen de España cuando, a mi juicio, peor imagen da la existencia de tanto incompetente en puestos claves para nuestro futuro. Yo creo que la mayoría de los que han hecho huelga y otros muchos que han llenado las calles españolas en las manifestaciones posteriores, ni siquiera están de acuerdo con la reivindicación de los sindicatos de conseguir un referéndum, lo que quieren, además de trabajo, es que no se desmorone el edificio frágil que alberga nuestros derechos básicos como personas, que no se desmantele nuestra sanidad y enseñanza públicas y que no se quiebre esa tenue red social que habíamos logrado extender para proteger a los más débiles: discapacitados dependientes, enfermos de alzhéimer, ancianos, etc. Luchar por la defensa de nuestros derechos comunes creen algunos que no sirve para nada, pero no encauzar la protesta todavía sirve para menos. Ahí tenemos el ejemplo de los desahucios, ha sido la persistencia de la protesta la que ha obligado al gobierno y a la clase política a negociar una alternativa que hasta ahora se habían negado a buscar aplicando una ley que raya la usura. Es lamentable que en este país hasta que no hay muertos no se buscan soluciones, por eso la única esperanza de futuro que tenemos es la que como sociedad nos procuremos nosotros mismos y como siempre en la historia hay que luchar contra lo que nos ofrecen como único destino porque la resignación es, en sí misma, el triunfo del poder económico sobre la mayoría social.

Por tanto, señores que están ahí arriba mirándonos sin comprendernos sepan que son ustedes los que debieran esforzarse en comprendernos a los que estamos aquí abajo esperando que se encienda la luz al final del túnel y en vez de dedicarse a contar cuantos manifestantes y huelguistas hubo se sumen a la realidad por la que hace tiempo que no transitan.

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Hipocresía
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María Antonia San Felipe | 09-11-2012 | 17:25| 0

Es indudable que en este país el prejuicio social hacia la homosexualidad todavía no se ha erradicado por completo. Persisten todavía las bromas de mal gusto y las miradas de soslayo hacia aquellos que públicamente viven su sexualidad con naturalidad pese a lo arraigado de las costumbres dominantes que, claramente influidas por la tradición del catolicismo español, se muestran tan excluyentes e intolerantes respecto de la aceptación del otro, es decir, del diferente. La ley que reconocía el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo fue aprobada en 2005 y no podemos decir que el balance de su aplicación haya supuesto problema alguno en nuestra sociedad. Es de las primeras veces que en España la ley avanza un paso por delante de la realidad social lo que ha supuesto que siete años después, cuando por fin ha llegado la sentencia del Tribunal Constitucional, exista escaso rechazo social a la legislación hoy ya refrendada por la doctrina jurídica. Cierto que no hay mal que por bien no venga, así que el retraso en resolver el recurso interpuesto por el Partido Popular ha tenido a mi juicio, el efecto beneficioso de que la aceptación ciudadana haga más difícil modificar este derecho al matrimonio de las personas del mismo sexo. La justicia lenta es injusta, penosa y exasperante pero después de tanto tiempo no veo una mayoría de españoles clamando por la derogación del matrimonio gay. El propio Mariano Rajoy, poco inclinado a hacer declaraciones, ha quitado importancia a la sentencia e incluso a los fundamentos jurídicos de su propio recurso como si de una cuestión de nominalismos se tratara. No es de extrañar que esta actitud de respecto al fallo del Constitucional haya exasperado a los sectores más intransigentes del PP que clamaron contra la Ley y que como ha dicho el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, él no va a cambiar su opinión porque el Tribunal Constitucional haya dictado una sentencia. Sus declaraciones ponen de manifiesto que hay una parte importante del PP y de la propia sociedad que se resisten a reconocer derechos a otros sólo porque se atienen a una moral religiosa y personal que no todos los ciudadanos comparten y que en un sistema democrático no puede ni debe ser impuesta a otros.  

Estamos en uno de esos momentos que son ejemplo de que en la historia de la humanidad fueron siempre los tolerantes con la costumbre y moral ajenas, los que propiciaron  la conquista de los derechos de todos, de esos que hoy nadie con dos dedos de frente discutiría. No obstante, las cosas no han concluido con la sentencia del Constitucional. Dentro del PP van a existir divergencias y peloteras internas, como en las discusiones que habrán en los bares o en las tertulias, pero si de lo que se trata es de imponer la moral propia a los demás a la luz de los prejuicios ancestrales, yo propongo que en vez de ser tan beligerantes con la sexualidad de otros y estar tan preocupados por lo que ocurre bajo las sábanas de los dormitorios ajenos nos preocupemos más por aislar socialmente en vez de al homosexual, al corrupto, al defraudador, al sinvergüenza, al estafador, al ladrón de cuello blanco. Resulta francamente llamativo que nos resulte más sencillo insultar o ridiculizar al vecino o vecina homosexuales y se nos caiga la baba al ver pasar a muchos que se han forrado a nuestra costa y se han jubilado con indemnizaciones millonarias después de quebrar cajas de ahorro, comunidades autónomas, ayuntamientos o empresas públicas. A todos éstos es a los que debiéramos aplicar legislaciones ejemplares, señalarles con el dedo acusador cuando pasen por la calle y dejar en paz a los que quieren amarse ejerciendo simplemente su libertad de elección y su derecho a ser felices. En realidad a eso aspiramos todos, lo demás es pura hipocresía y, desde luego, impedirlo no nos va a sacar de la miseria moral en que este mundo navega.

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Entre el exceso y el defecto
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María Antonia San Felipe | 03-11-2012 | 08:49| 0

 

Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras, dijo don Quijote a su escudero. Pues si señores, en esta asombrosa época que nos toca vivir no existe día sin que se produzca una noticia que nos deje tan boquiabiertos como enojados. Comenzaré con una que ha pasado, como todo lo verdaderamente importante, desapercibida en la avalancha informativa. En el año 2010, la entonces ministra de finanzas francesa y hoy presidenta del Fondo Monetario Internacional, Cristine Lagarde, entregó a su homólogo griego una lista con los nombres de 2.059 ilustres ciudadanos helenos que habían evadido ilegalmente a cuentas de bancos suizos elevadas cantidades de dinero que, por supuesto, no habían pagado ni un solo euro a la hacienda pública griega. La lista durmió el sueño de los justos desde entonces en los cajones de los ministros de finanzas de los sucesivos gobiernos. Pese a saber, como sabemos, que si todos contribuyen a las arcas públicas como debieran según su nivel de ingresos no estaríamos como estamos, hoy conocemos que, dos años después, nadie hizo nada por investigar a los protagonistas de un fraude evidente perpetrado por lo más selecto de la sociedad helena. No es de extrañar que los griegos que sufren severos ajustes, rebajas salariales y despidos masivos estuvieran esperando de sus autoridades que, con igual urgencia que han recortado pensiones y servicios para los que no pueden sino malvivir, hubieran sido diligentes con los defraudadores para al menos aliviar la indignación. Pues no, la lista se había perdido en los cajones de la burocracia y nadie sabía nada de ella hasta que un periodista, Costas Vaxevanis, ha decidido hacerla pública. ¿Qué ha sucedido?, que a la velocidad del rayo, el periodista ha sido detenido en un calvario judicial sorprendente. Ya saben que Zeus fulminó a Morfeo, el dios de los sueños, por revelar secretos a los hombres, pues bien, el periodista que hizo soñar a los griegos que podía esclarecerse la verdad desvelando el secreto, ha sido fulminado por un aparato judicial que no encuentra a los defraudadores pese a que algunos son asesores del actual gobierno.  

Hablamos de Grecia, pero en España ocurre lo mismo, aunque todavía no conocemos la lista completa de sinvergüenzas. Sí sabemos que la organización Acces Info Europe por preguntar sobre las medidas contra la corrupción en España, ha sido condenada por el Tribunal Supremo a pagar las costas judiciales porque estima, tan alto tribunal, que los datos solicitados son una forma de pedir explicaciones al gobierno y no una petición de información. Es decir, el que tenga curiosidad que se la pague y el que siga implicado en corruptelas que no se distraiga que ya hay un montón de gente ocupada en blindar y custodiar sus intereses particulares y no los de la sociedad y para ello se atrincheran como las legiones romanas tras sus escudos, en “formación tortuga”, y a ver quién es el guapo que salta la barrera, la de la impunidad.  

Yo creo que algo hay que hacer y para empezar debiéramos comenzar a llamar las cosas por su nombre. El corrupto y el defraudador, son igual de sinvergüenzas en Grecia, en España y en cualquier lugar de la galaxia porque no sólo nos roban nuestro dinero sino nuestros derechos y nuestro modesto bienestar. Por esa causa deben ser aislados socialmente y que la fechoría les salga, penal y económicamente, tan cara que no les vuelvan a quedar ganas de caer en la tentación de repetirla. Pero no vendría mal, que ante la ausencia de justicia y el exceso de inmoralidad, en vez de hacer la vista gorda, adularlos socialmente e incluso indultarlos de los delitos por los que fueron condenados, los enviemos al infierno del reproche público.

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El imperio de la mentira
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María Antonia San Felipe | 26-10-2012 | 22:02| 0

Ya saben que en este mundo ni la verdad importa ni la fama perdura. Ahí está el ejemplo de Lance Armstrong fue un héroe del ciclismo, que había superado un cáncer de testículos y que quizás gracias a “ellos” ganó siete tours de Francia. Pues bien, varios años después ya no es un héroe, alguien ha querido despeñarlo montaña abajo y nos lo muestran como un villano. ¿En qué momento de la historia nos colaron la mentira,  antes o ahora? Nunca lo sabremos. El caso es que como en el juego de la oca vamos de mentira en mentira y tiro porque me toca. La década de los años veinte del pasado siglo se conoce como “los felices veinte” y entonces se bailaba el charlestón. Pensemos que cuando la historia describa estos años que estamos viviendo quizás los bautice como los del “imperio de la mentira” o cuando los buitres bailaban sobre nuestras entrañas, como el águila comía las de Prometeo, con la diferencia de que ni nosotros somos titanes ni parece que Zeus vaya a venir a socorrernos.

Recontemos mentiras. Enumeraré sólo las más recientes porque el juego de esta tiempo consiste en que unas falsedades tapen otras para no abrumar nuestra memoria a riesgo de sufrir un cortocircuito cerebral por sobrecarga en la red. Dice Montoro, ese genio incomparable de las finanzas, que los presupuestos para 2013 son los más sociales de la historia, quizás se refiere a la historia medieval y en ese caso no podemos decir que mienta, sino que se ha olvidado de que la mendicidad y la beneficencia, que es el camino hacia el que vamos, trató de superarse desde antes de la Revolución francesa. También afirma Montoro que el año que viene España comenzará a crecer. En las redacciones de los diarios económicos mundiales todavía se escucha el eco de las risas, ya que ningún analista internacional, nacional, ni el Banco de España, ni usted ni yo se lo han creído porque en realidad no hay hoy pitonisa en el mundo que pueda predecir que va a ocurrir mañana por la mañana. Una cosa si es segura: no se va a cumplir ni la previsión de déficit público, ni la del PIB, ni la revisión de las pensiones, ni eso, sí…

Escuchemos a otros pinochos. Artur Mas anuncia un tour viajero para presentar su proyecto de independencia por la Unión Europea, como si mañana por la mañana fuera a nombrar embajadores en las cancillerías y como si no conociéramos la lentitud de la burocracia comunitaria para afrontar situaciones no previstas en la hoja de ruta de la Comisión europea. Además de decirle a Rajoy que le ha dado excusas de mal pagador, algo que habrá hecho crujir las muelas de farmacéuticos, hospitales, colegios y residencias de mayores concertados, que no cobran desde hace meses y que si consiguen hacerlo será con  una ayuda suplementaria de nuestro estado español que para ello ha tenido que recortar servicios y salarios del sector público y subirnos los impuestos a todos, todos (catalanes y resto de españoles). No contento con ello, anuncia a su pueblo soberano que con la independencia las pensiones de los catalanes serán superiores a las actuales, lo que además de ser de dudosa certeza, me parece un gesto de insolidaridad sólo comprensible en ideologías nacionalistas excluyentes que no han aprendido todavía que los otros son también parte de nosotros mismos. En fin, a lo que vamos, que ésta me parece una mentira más, que ha sido fabricada para vender una moto que ya veremos, pasadas las próximas elecciones, en qué se queda.

No añadiré más mentiras a la lista, sólo apuntaré que observo que la única verdad es que en España no sólo somos cada vez menos, porque muchos españoles parten a buscar trabajo al extranjero, sino que cada día somos más pobres ya que al menos uno de cada cinco españoles está en el umbral de la exclusión social. Esta es la única verdad que tenemos obligación de convertir en mentira cuanto antes.

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España con alfileres
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María Antonia San Felipe | 19-10-2012 | 19:44| 0

Cientos de inmigrantes subsaharianos, es decir, de personas de raza negra procedentes de los lugares más pobres de África, antes de que llegue el invierno intentan saltar la valla de Melilla para entrar en España. Hemos visto a los más afortunados siguiendo ordenadamente a la policía española y ayudándose unos a otros para sostenerse en pie en el camino hacia un centro de estancia temporal abarrotado. Las imágenes nos muestran sus torsos desnudos, porque vienen sin nada, a pecho descubierto, atraídos por una débil luz de esperanza que no ven en su país y sin tener seguridad de que la complicada aventura que emprenden, a riesgo de su propia vida, pueda tener un final feliz. Salvo las mafias, que cobran por anticipado en este tráfico de personas que evoca los mejores tiempos de la esclavitud, nadie tiene nada asegurado y sin embargo, quieren venir, vienen y no reparan en cercas y vallas. ¡Cuánta fuerza sigue teniendo la esperanza!

Mientras, en avión, tren, autobús o bicicleta cientos de españoles parten hacia otras fronteras y a la conquista de otros sueños. En lo que va de año, 55.000 compatriotas han salido de España camino de otros países del mundo, la mayoría son jóvenes con elevada formación y sin esperanza de encontrar trabajo ni en aquello para lo que han sido formados durante años ni de nada de nada. En esta contradicción nos movemos, unos sueñan con España como el paraíso y los españoles quieren dejar este Edén para buscar simplemente futuro. Por primera vez en muchos años, España no sólo pierde población sino que el índice de pobreza se está incrementado a un ritmo exponencial y las clases medias se están despeñando por el tobogán de esta estafa que llaman crisis.

En este cielo sostenido con alfileres en que han convertido a España, cada día más ciudadanos se preguntan si pueden continuar silenciosos ante el desmantelamiento de todo el edificio de protección social que hemos construido entre todos. Comienza a resultar intolerable que además de los sacrificios personales que la mayoría de la sociedad está realizando, vean cada día como se van deteriorando la enseñanza y la sanidad pública, se limitan o desaparecen las ayudas a la dependencia y las coberturas sociales o se pierden derechos laborales peleados durante años.

En La Rioja tenemos a profesores encerrados en defensa de la enseñanza pública y protestas crecientes de los trabajadores de la sanidad pública que temen un deterioro del servicio que prestan o la privatización de la gestión del hospital de Calahorra. Los evidentes recortes no sólo se niegan sino que se justifican en aras de la “eficiencia” una palabra tras la que se ocultan aviesas intenciones que nunca se confesarán públicamente. En este clima general de pérdida de derechos parece que los gobernantes se sienten molestos porque en vez de aplaudirles la gente proteste, se eche a la calle o haga huelga. Esa misma gente que sabe que le están mintiendo en su cara tiene que escuchar cómo, ejerciendo una infinita soberbia, el inefable ministro Wert diga que si protestan es porque son extremistas o antisistemas o que el portavoz del PP, Alonso les atice que, en sus tiempos, las huelgas los hacían los batasunos, comparando a ciudadanos de bien con terroristas. Debieran ser más prudentes estos señores tan enseñorados y saber que el malestar crece entre la sociedad en general, ya sean profesores, barrenderos, médicos, electricistas, panaderos o, desgraciadamente, parados y que muchos de los que hoy protestan en sus épocas juveniles también llenaron las calles para conseguir la libertad y los derechos que hoy quieren quitarnos. Dicen también estos señores que los que les han votado son más que los que protestan y, puede ser, pero no debieran utilizar un argumento tan burdo ya que el voto es un bien volátil y tan incierto como el futuro que jamás conoció dueño.

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Política
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María Antonia San Felipe | 12-10-2012 | 17:04| 2

En este clima de tristeza ambiental que invade nuestros pueblos y ciudades propuse la semana pasada crear  el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro. Esta semana tras conocer la encuesta del CIS que sitúa a la clase política como tercera preocupación de los españoles creo que urge fundarlo y comenzar tomar medidas, ya que el traje democrático que nos dimos los españoles cuando se aprobó la Constitución de 1978 cruje por todas sus costuras después de tanto manoseo.

Yo no creo que la gente haya dado la espalda a la política, la mayoría sabe que la política es el único contrapeso posible que puede limitar legítimamente la dictadura injusta y sin corazón del poder económico que hoy por hoy triunfa sobre el poder político hasta llegar a someterlo, por la incapacidad y los titubeos de los que debieran protegernos de los abusos y extralimitaciones de los que jamás rinden cuentas. Por otro lado la mayoría de los ciudadanos no ha dado la espalda al sistema democrático, sabe que otro camino sólo lleva a la imposición de mordazas y a supresión de las libertades. Por tanto, muy al contrario de lo que muchos sostienen, la gente no ha huido de la política sino de unos políticos que creen que no les representan porque además de mentirles reiteradamente no entienden la naturaleza de sus problemas ni la materia de sus anhelos vitales.

Estoy convencida de que muchos ciudadanos lo que añoran es otra forma de ejercer la política y una clase de políticos que estén más atentos a la búsqueda de soluciones que al desprestigio, casi siempre inútil, del adversario. La mayoría de los ciudadanos están viviendo situaciones límites, se encuentran inmersos en una incertidumbre creciente, en los centros de trabajo la presión es enorme por múltiples causas, despidos, estrés, condiciones laborales adversas incrementadas por los crecientes impagos,  retraso en el pago de nóminas, desempleo, filas inmensas en la cola del INEM, pérdida de prestaciones y en muchos casos se vive en un enorme desamparo y en el límite de la exclusión social. El ciudadano lo único que ve a su alrededor es un enorme incendio y la columna de humo es tan grande que parece que ha estallado la bomba de Hiroshima y en vez de ver a sus representantes acudir corriendo con una manguera a minimizar el siniestro, observan atónitos como agarran la manguera se levantan los cascos y se ponen a discutir como locos sobre el origen del incendio, la cantidad de agua de la cisterna, la conveniencia de esperar a los bomberos del pueblo de al lado o sobre quién debe dar la orden de abrir la válvula para activar la manguera y mientras los dueños de la instalación, es decir, nosotros, el pueblo soberano vemos que si la situación se prolonga no quedara ni rastro de nuestro suelo patrio para recuperar el futuro.

Nos están dejando sin esperanza y por si fuera poco, en un enorme ejercicio de cinismo estos días, de forma colegiada y corporativista, la mayoría de la clase política se ha escandalizado porque un juez ha decidido dos cosas: no encausar a los convocantes de una protesta frente al Congreso de los Diputados y constatar que la clase política tiene un tufillo decadente que apesta. Pues bien, se  han molestado porque les han dado una bofetada en su mandíbula de cristal, ellos que tan esforzadamente dicen trabajar por nosotros creen que no les comprendemos cuándo su trabajo consiste en que ellos nos entiendan a nosotros. No pueden soportar que se proteste libremente en las calles porque confunden el legítimo derecho de manifestación con un golpe de estado. Casi nada. Yo creo que en vez de rasgarse las vestiduras lo que debieran hacer es remangarse, ponerse ropa de trabajo, sujetar la manguera y apagar el incendio. Cuando lo hayan sofocado prometemos aplaudirles. Nosotros sí cumpliremos nuestra promesa.

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Españoles descreídos
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María Antonia San Felipe | 05-10-2012 | 19:42| 0

A quienes les gusta etiquetar las épocas comienzan a denominar la etapa histórica que comienza con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, como la Gran Recesión. Ya sabemos que se refieren sobre todo a la crisis económica pero lo cierto es que vivimos una etapa en la que el mayor déficit no lo computan los presupuestos generales del Estado sino la evidente ausencia de principios morales en la que nadamos. Dice la calle que en España, “no hay pan para tanto chorizo” y yo creo que esta afirmación se ha quedado corta porque por robarnos podemos afirmar que se han adueñado hasta de nuestra alegría. Hoy en pueblos y ciudades se detecta un porcentaje tan elevado de tristeza ambiental que los telediarios debieran dar diariamente el índice de desánimo en el parte meteorológico. Junto a esta tristeza general el único grupo social que desgraciadamente crece en España, además del de parados, es el porcentaje de españoles que ya no creen en nada ni en nadie. Engañados por políticos, intereses mediáticos y grupos de presión, es decir vapuleados por unos y por otros, podemos indicar que ha nacido una nueva clase de ciudadano medio: el españolito descreído. Ya saben ustedes que creer es cuestión de fe, pero también de confianza porque ésta nos aporta seguridad, pues bien, como ya no queda ni un miligramo de confianza ni tampoco un mínimo de seguridad podemos decir que estamos en una etapa de descreimiento general.

Pondremos un ejemplo, el gobierno el pasado jueves en un Consejo de ministros extraordinario acordó dos cosas: aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado y un Real Decreto condecorando a la Virgen del Pilar. Parece que ahora, además de digna patrona de la Guardia Civil, le asignan la custodia de las cuentas públicas a la espera de un improbable milagro que multiplique los panes y los peces o lo que es lo mismo, consiga que se cumpla lo que es, a priori, imposible: que en plena recesión se cumpla la increíble previsión de ingresos de este gobierno. Al parecer, sólo la intercesión de la Pilarica puede conseguir que no bajen las pensiones, ni las prestaciones por desempleo, ni se recorten más las becas o los salarios de los empleados públicos. En fin, que la Virgen del Pilar estará pensando si es conveniente acudir a recoger la condecoración o disculparse por tener otros asuntos de que ocuparse. No crean que es un chiste, que no. Que le han otorgado la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil y ni ella misma sale del asombro.

A esta cadena de despropósitos hay que sumar la aventura emprendida por otro presidente, el de la Generalitat de Cataluña que, para esconder otras vergüenzas, ha iniciado una deriva soberanista y se ha envuelto a sí mismo con la bandera catalana dispuesto a inmolarse a lo bonzo o a triunfar en tan interesante espectáculo secesionista. Artur Mas no ha pronunciado la palabra independencia pero deja que otros la expresen en su nombre y mientras él esgrime la carta de la exitosa manifestación de hace unos días en Barcelona. Yo sinceramente no creo que haya que alarmarse en exceso ni rasgarse las vestiduras. No hagamos dramas antes de tiempo, no caigamos en la trampa, ni tensemos la cuerda de alimentar odios entre territorios hermanos. El tiempo, que todo lo pone en su sitio, nos descubrirá si se trata de un órdago o si el sentido práctico de los catalanes les hace valorar más lo que tienen al poner en la balanza lo que pueden perder. Puesto que yo no me creo nada, de nada, prefiero entretenerme pensando si podrá el Barça seguir pagando la ficha de Messi si en vez de jugar contra el Madrid la Liga y la Copa, juega contra el Mollerusa o con el Club Deportivo Palamós.

Mientras tanto, propongo crear el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro.

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Vientos del pueblo
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María Antonia San Felipe | 28-09-2012 | 19:00| 0

Creo que no podemos permitirnos el desánimo porque aunque haya pocas noticias para la esperanza hay que tirar de ella a fin de avistar otro futuro menos negro que el que nos ofrecen. Sería realmente sorprendente que, cuando se analice esta crisis a la luz de la historia, en el balance haya más detenidos por ejercer democráticamente el derecho constitucional a protestar y disentir de la acción del gobierno que causantes del desaguisado. No han sido molestados por cargas policiales ni se les apaleado con diligencia hasta conducirlos a prisión a ninguno de los protagonistas del expolio a las cajas de ahorro, ni a los que han saqueado las arcas públicas, ni a tantos otros corruptos y sinvergüenzas que a montones habitan en nuestro suelo patrio. Las fotos de estos señores siguen estando en la nómina de muchos consejos de administración, en cargos públicos o cobrando pensiones millonarias y todavía hoy se atreven a darnos lecciones cuando, como en el oeste americano, debieran circular sus fotos con una leyenda que diga “se busca”.

Estos días, algunos aparentan estar preocupados por la imagen que se transmite de España en el exterior y cargan las tintas sobre las repercusiones en la prensa extranjera de las protestas callejeras de estos días en Madrid. El propio presidente del gobierno, Mariano Rajoy, poco propenso a las declaraciones públicas en momentos de dificultad, ha alabado la “responsabilidad de los que no se manifiestan”, como si el hecho de hacerlo fuera cosa de antipatrias o de malos ciudadanos que quieren que España se hunda. Es cierto que millones de ciudadanos, muchos más que manifestantes, votaron a su partido y muchos más no han participado en los actos de protesta de estos días, pero de ahí a considerar que todos ellos están más de acuerdo con sus recortes que con el espíritu que anima a los indignados de estos días en Madrid va un largo trecho.

La forma inadecuada, ineficaz y titubeante de atajar esta crisis por los diferentes gobiernos está produciendo una sangría social tan grande que tenemos el país lleno de tantas víctimas anónimas, de tanta gente desorientada y desesperada que no es posible que se les exija por el gobierno más responsabilidad, sacrificios y entereza que a los responsables del desatino. La gente con agallas de este país es la que está malviviendo de un subsidio, de la pensión de los padres, de los ahorros de toda la vida, de la solidaridad de amigos vecinos o de organizaciones no gubernamentales.

Se impone a mi juicio una reflexión más profunda que la que están haciendo los responsables políticos que miran al pueblo, que dicen representar, desde el asiento del coche oficial asombrados de que protesten contra ellos, como si discrepar además de molesto fuera un delito. Estos días, por el 80 cumpleaños del presidente Suárez o el fallecimiento de Santiago Carrillo, se ha recordado el espíritu de la transición. En aquellos momentos las calles también estaban llenas de manifestantes y no siempre se compartían ni todos los lemas, ni todos los comportamientos, ni todas las reivindicaciones, probablemente ahora tampoco, pero flotaba en el aire una necesidad de producir cambios profundos y ese fue el nexo de unión que precipitó el acuerdo constitucional y democrático del que somos herederos. Digamos que una nueva pulsión de cambios impregna no sólo las calles sino las conciencias de una gran mayoría de españoles. Bajo el lema “democracia real ya” se esconde la necesidad de transformar aquellas cosas que sabemos que han fallado: controles severos contra cualquier forma de corrupción, forma de elección de representantes, larga permanencia en los cargos… y junto a ello una evidente certeza de pérdida de derechos, de estrangulamiento de servicios públicos básicos unidos a un empobrecimiento general de la población que ha conducido a muchos a la injusta frontera de la exclusión social.

Puede que algunos no quieran verlo pero España está hoy ansiosa de profundos cambios. No lo duden, ese soplo de frescura es el verdadero viento del pueblo que cantan los poetas.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.