La Rioja
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Política
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María Antonia San Felipe | 12-10-2012 | 17:04| 2

En este clima de tristeza ambiental que invade nuestros pueblos y ciudades propuse la semana pasada crear  el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro. Esta semana tras conocer la encuesta del CIS que sitúa a la clase política como tercera preocupación de los españoles creo que urge fundarlo y comenzar tomar medidas, ya que el traje democrático que nos dimos los españoles cuando se aprobó la Constitución de 1978 cruje por todas sus costuras después de tanto manoseo.

Yo no creo que la gente haya dado la espalda a la política, la mayoría sabe que la política es el único contrapeso posible que puede limitar legítimamente la dictadura injusta y sin corazón del poder económico que hoy por hoy triunfa sobre el poder político hasta llegar a someterlo, por la incapacidad y los titubeos de los que debieran protegernos de los abusos y extralimitaciones de los que jamás rinden cuentas. Por otro lado la mayoría de los ciudadanos no ha dado la espalda al sistema democrático, sabe que otro camino sólo lleva a la imposición de mordazas y a supresión de las libertades. Por tanto, muy al contrario de lo que muchos sostienen, la gente no ha huido de la política sino de unos políticos que creen que no les representan porque además de mentirles reiteradamente no entienden la naturaleza de sus problemas ni la materia de sus anhelos vitales.

Estoy convencida de que muchos ciudadanos lo que añoran es otra forma de ejercer la política y una clase de políticos que estén más atentos a la búsqueda de soluciones que al desprestigio, casi siempre inútil, del adversario. La mayoría de los ciudadanos están viviendo situaciones límites, se encuentran inmersos en una incertidumbre creciente, en los centros de trabajo la presión es enorme por múltiples causas, despidos, estrés, condiciones laborales adversas incrementadas por los crecientes impagos,  retraso en el pago de nóminas, desempleo, filas inmensas en la cola del INEM, pérdida de prestaciones y en muchos casos se vive en un enorme desamparo y en el límite de la exclusión social. El ciudadano lo único que ve a su alrededor es un enorme incendio y la columna de humo es tan grande que parece que ha estallado la bomba de Hiroshima y en vez de ver a sus representantes acudir corriendo con una manguera a minimizar el siniestro, observan atónitos como agarran la manguera se levantan los cascos y se ponen a discutir como locos sobre el origen del incendio, la cantidad de agua de la cisterna, la conveniencia de esperar a los bomberos del pueblo de al lado o sobre quién debe dar la orden de abrir la válvula para activar la manguera y mientras los dueños de la instalación, es decir, nosotros, el pueblo soberano vemos que si la situación se prolonga no quedara ni rastro de nuestro suelo patrio para recuperar el futuro.

Nos están dejando sin esperanza y por si fuera poco, en un enorme ejercicio de cinismo estos días, de forma colegiada y corporativista, la mayoría de la clase política se ha escandalizado porque un juez ha decidido dos cosas: no encausar a los convocantes de una protesta frente al Congreso de los Diputados y constatar que la clase política tiene un tufillo decadente que apesta. Pues bien, se  han molestado porque les han dado una bofetada en su mandíbula de cristal, ellos que tan esforzadamente dicen trabajar por nosotros creen que no les comprendemos cuándo su trabajo consiste en que ellos nos entiendan a nosotros. No pueden soportar que se proteste libremente en las calles porque confunden el legítimo derecho de manifestación con un golpe de estado. Casi nada. Yo creo que en vez de rasgarse las vestiduras lo que debieran hacer es remangarse, ponerse ropa de trabajo, sujetar la manguera y apagar el incendio. Cuando lo hayan sofocado prometemos aplaudirles. Nosotros sí cumpliremos nuestra promesa.

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Españoles descreídos
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María Antonia San Felipe | 05-10-2012 | 19:42| 0

A quienes les gusta etiquetar las épocas comienzan a denominar la etapa histórica que comienza con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, como la Gran Recesión. Ya sabemos que se refieren sobre todo a la crisis económica pero lo cierto es que vivimos una etapa en la que el mayor déficit no lo computan los presupuestos generales del Estado sino la evidente ausencia de principios morales en la que nadamos. Dice la calle que en España, “no hay pan para tanto chorizo” y yo creo que esta afirmación se ha quedado corta porque por robarnos podemos afirmar que se han adueñado hasta de nuestra alegría. Hoy en pueblos y ciudades se detecta un porcentaje tan elevado de tristeza ambiental que los telediarios debieran dar diariamente el índice de desánimo en el parte meteorológico. Junto a esta tristeza general el único grupo social que desgraciadamente crece en España, además del de parados, es el porcentaje de españoles que ya no creen en nada ni en nadie. Engañados por políticos, intereses mediáticos y grupos de presión, es decir vapuleados por unos y por otros, podemos indicar que ha nacido una nueva clase de ciudadano medio: el españolito descreído. Ya saben ustedes que creer es cuestión de fe, pero también de confianza porque ésta nos aporta seguridad, pues bien, como ya no queda ni un miligramo de confianza ni tampoco un mínimo de seguridad podemos decir que estamos en una etapa de descreimiento general.

Pondremos un ejemplo, el gobierno el pasado jueves en un Consejo de ministros extraordinario acordó dos cosas: aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado y un Real Decreto condecorando a la Virgen del Pilar. Parece que ahora, además de digna patrona de la Guardia Civil, le asignan la custodia de las cuentas públicas a la espera de un improbable milagro que multiplique los panes y los peces o lo que es lo mismo, consiga que se cumpla lo que es, a priori, imposible: que en plena recesión se cumpla la increíble previsión de ingresos de este gobierno. Al parecer, sólo la intercesión de la Pilarica puede conseguir que no bajen las pensiones, ni las prestaciones por desempleo, ni se recorten más las becas o los salarios de los empleados públicos. En fin, que la Virgen del Pilar estará pensando si es conveniente acudir a recoger la condecoración o disculparse por tener otros asuntos de que ocuparse. No crean que es un chiste, que no. Que le han otorgado la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil y ni ella misma sale del asombro.

A esta cadena de despropósitos hay que sumar la aventura emprendida por otro presidente, el de la Generalitat de Cataluña que, para esconder otras vergüenzas, ha iniciado una deriva soberanista y se ha envuelto a sí mismo con la bandera catalana dispuesto a inmolarse a lo bonzo o a triunfar en tan interesante espectáculo secesionista. Artur Mas no ha pronunciado la palabra independencia pero deja que otros la expresen en su nombre y mientras él esgrime la carta de la exitosa manifestación de hace unos días en Barcelona. Yo sinceramente no creo que haya que alarmarse en exceso ni rasgarse las vestiduras. No hagamos dramas antes de tiempo, no caigamos en la trampa, ni tensemos la cuerda de alimentar odios entre territorios hermanos. El tiempo, que todo lo pone en su sitio, nos descubrirá si se trata de un órdago o si el sentido práctico de los catalanes les hace valorar más lo que tienen al poner en la balanza lo que pueden perder. Puesto que yo no me creo nada, de nada, prefiero entretenerme pensando si podrá el Barça seguir pagando la ficha de Messi si en vez de jugar contra el Madrid la Liga y la Copa, juega contra el Mollerusa o con el Club Deportivo Palamós.

Mientras tanto, propongo crear el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro.

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Vientos del pueblo
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María Antonia San Felipe | 28-09-2012 | 19:00| 0

Creo que no podemos permitirnos el desánimo porque aunque haya pocas noticias para la esperanza hay que tirar de ella a fin de avistar otro futuro menos negro que el que nos ofrecen. Sería realmente sorprendente que, cuando se analice esta crisis a la luz de la historia, en el balance haya más detenidos por ejercer democráticamente el derecho constitucional a protestar y disentir de la acción del gobierno que causantes del desaguisado. No han sido molestados por cargas policiales ni se les apaleado con diligencia hasta conducirlos a prisión a ninguno de los protagonistas del expolio a las cajas de ahorro, ni a los que han saqueado las arcas públicas, ni a tantos otros corruptos y sinvergüenzas que a montones habitan en nuestro suelo patrio. Las fotos de estos señores siguen estando en la nómina de muchos consejos de administración, en cargos públicos o cobrando pensiones millonarias y todavía hoy se atreven a darnos lecciones cuando, como en el oeste americano, debieran circular sus fotos con una leyenda que diga “se busca”.

Estos días, algunos aparentan estar preocupados por la imagen que se transmite de España en el exterior y cargan las tintas sobre las repercusiones en la prensa extranjera de las protestas callejeras de estos días en Madrid. El propio presidente del gobierno, Mariano Rajoy, poco propenso a las declaraciones públicas en momentos de dificultad, ha alabado la “responsabilidad de los que no se manifiestan”, como si el hecho de hacerlo fuera cosa de antipatrias o de malos ciudadanos que quieren que España se hunda. Es cierto que millones de ciudadanos, muchos más que manifestantes, votaron a su partido y muchos más no han participado en los actos de protesta de estos días, pero de ahí a considerar que todos ellos están más de acuerdo con sus recortes que con el espíritu que anima a los indignados de estos días en Madrid va un largo trecho.

La forma inadecuada, ineficaz y titubeante de atajar esta crisis por los diferentes gobiernos está produciendo una sangría social tan grande que tenemos el país lleno de tantas víctimas anónimas, de tanta gente desorientada y desesperada que no es posible que se les exija por el gobierno más responsabilidad, sacrificios y entereza que a los responsables del desatino. La gente con agallas de este país es la que está malviviendo de un subsidio, de la pensión de los padres, de los ahorros de toda la vida, de la solidaridad de amigos vecinos o de organizaciones no gubernamentales.

Se impone a mi juicio una reflexión más profunda que la que están haciendo los responsables políticos que miran al pueblo, que dicen representar, desde el asiento del coche oficial asombrados de que protesten contra ellos, como si discrepar además de molesto fuera un delito. Estos días, por el 80 cumpleaños del presidente Suárez o el fallecimiento de Santiago Carrillo, se ha recordado el espíritu de la transición. En aquellos momentos las calles también estaban llenas de manifestantes y no siempre se compartían ni todos los lemas, ni todos los comportamientos, ni todas las reivindicaciones, probablemente ahora tampoco, pero flotaba en el aire una necesidad de producir cambios profundos y ese fue el nexo de unión que precipitó el acuerdo constitucional y democrático del que somos herederos. Digamos que una nueva pulsión de cambios impregna no sólo las calles sino las conciencias de una gran mayoría de españoles. Bajo el lema “democracia real ya” se esconde la necesidad de transformar aquellas cosas que sabemos que han fallado: controles severos contra cualquier forma de corrupción, forma de elección de representantes, larga permanencia en los cargos… y junto a ello una evidente certeza de pérdida de derechos, de estrangulamiento de servicios públicos básicos unidos a un empobrecimiento general de la población que ha conducido a muchos a la injusta frontera de la exclusión social.

Puede que algunos no quieran verlo pero España está hoy ansiosa de profundos cambios. No lo duden, ese soplo de frescura es el verdadero viento del pueblo que cantan los poetas.

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El adiós
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María Antonia San Felipe | 21-09-2012 | 17:04| 0

 

Aquella mañana Esperanza se levantó temprano y eligió un sencillo vestido blanco, no quería excesos. Además, pensó, el blanco no sólo me sienta bien sino que es premonitorio de nuevos tiempos, hoy es el primer día de mi nueva vida. Iba a cerrar de golpe una puerta y no albergaba dudas de que concluir etapas siempre llena de expectativas la mente y de melancolía el corazón. Pero la suerte estaba echada, ahora es el momento, se repitió a sí misma ratificando su decisión. Me digan lo que me digan, no voy a dar un paso atrás. ¡Pues buena soy yo!

Poco antes de mediodía el coche oficial la dejó a las puertas de la presidencia del gobierno y entró en el despacho con su mejor sonrisa. Tras los dos besos protocolarios se sentaron. Rajoy estaba expectante,  no sabía de qué quería hablarle Esperanza aunque él aprovecharía para convencerla de que debía ser un poco más comprensiva, al menos en público, ya que contra su voluntad y por culpa de la dichosa herencia recibida él tenía que tomar decisiones dolorosas. Había pensado decirle que era el momento de la unidad y de la fortaleza dentro del partido, la realidad nos está abrumando, pero no hay que perder la esperanza (nunca mejor dicho), pues no hay mal que cien años dure. De lo del etarra Bolinaga, evitaría hablar. Sabía que ella se mostraría intransigente en ese punto, así que trataría de lidiar el toro como fuera. Esperanza, tras la primera frase atajó, como era su costumbre, por el camino de en medio y sin rebozo alguno le espetó al presidente del gobierno su decisión irrevocable de dimitir. Lo tranquilizó, a renglón seguido, aclarándole que no debía preocuparse. Ella alegaría motivos personales que todo el mundo comprendería y, por supuesto, al menos, de mis palabras –insistió- nadie podrá deducir divergencia alguna con el partido ni con el gobierno aunque las especulaciones Mariano no podrán evitarse y menos con la canalla que hay en la prensa. Espero, -añadió- que mi relevo se haga ordenadamente como yo he previsto para evitar daños irreparables al partido y no añadir más tensiones teniendo en cuenta la cantidad de problemas que ya tienes. ¿No te parece?

Mariano se había quedado estupefacto, aunque todavía acertó a pedirle que se tomara unos meses antes de hacer pública decisión alguna. Si dice que sí, gano tiempo para preparar el relevo, pensó. -No, presidente, no. La decisión es mía y está tomada. Se levantó del sofá y le deseó mucha suerte: -Te va a hacer mucha falta, presidente, soy consciente de que en los próximos meses se te avecina un tsunami, ojalá no te arrolle. (Aunque dijo eso, puede que pensara lo contrario). Cuando salió del despacho una inmensa tranquilidad con tintes de regocijo inundó todo su cuerpo. La prensa le esperaba, aunque nadie sospechaba lo que pensaba anunciar. La salud y la familia, no eran una excusa, lo sentía de verdad pero iban a ser un buen parapeto para que nadie pudiera acusarla de hacer daño al partido. Además anunciaría que pedía el reingreso en su trabajo, lo consideraba otra forma de reconciliarse con la gente que tanto insulta a los políticos en estos tiempos. Volvía al lugar de donde salió. ¿Alguien da más?

Al otro lado de la puerta que Esperanza había cerrado, Mariano, cuya principal máxima política es que siempre que llueve escampa, encendió un puro y decidió que ante este contratiempo haría lo de siempre: punto en boca, esperar y ya amanecerá. No hay mal que por bien no venga, mientras hablan de Esperanza se olvidan del dichoso rescate. Él, que se sentía el principal admirador de don Tancredo, invocó a su buena suerte con la esperanza de que quizás el toro pasara sin verlo.

 

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Tiempo de algarabías
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María Antonia San Felipe | 14-09-2012 | 21:13| 0

Cuando estamos tristes, nos volvemos un poco niños y tendemos a pensar que somos unos incomprendidos. Digamos que algo así les pasa a los gobiernos. Cuando las encuestas comienzan a mostrar la desafección de los votantes todos consideran que tienen un problema de comunicación y que por esa causa los ciudadanos no entienden sus loables esfuerzos a favor del bien común. Esta tristeza gubernamental, como la de Cristiano Ronaldo, resulta hoy por hoy un hecho paradigmático porque nunca, como en la actualidad, los gobiernos habían contado con más número de asesores en materia de marketing y comunicación que de gente con ideas y capacidad de gestión. A mí entender, resulta imperdonable que nos confiesen que hacen las cosas que no desean porque la realidad les ha superado y les obliga a ello contra su voluntad. ¡En fin, señores que en España no gobierna Rajoy sino la Realidad! Y por si fuera poco la Realidad es como la Bruja de los cuentos que sólo es feliz amargando la vida al personal. ¿Si no sabían lo que pasaba en España  a qué tanto interés por gobernarla?

Bueno, pues a lo que vamos, superado por la realidad el gobierno utiliza el lenguaje propio de los enamorados que cuando dicen al otro: -“Ya no te quiero”, en realidad le están diciendo: -No puedo vivir sin ti. Pues, efectivamente, ahora el gobierno utiliza lenguaje en clave para que nosotros lo descifremos sin necesidad de intérprete.    

El gobierno dice que no ha decidido todavía si pedirá el inevitable rescate, cuando todos sabemos que sí lo hará y el momento de hacerlo no es otro que tras las elecciones gallegas y vascas. Ya saben, primero el interés del partido y después, España. Niega que vaya a tocar las pensiones, mientras prepara el camino para recortarlas. En fin, que todo aquello que sea negado más de tres veces, no duden que se hará realidad. Esa es la magia de este gobierno, tener que descifrar sus enigmas.    

En Cataluña, otro gobierno, masivamente apoyado por una millonada de ciudadanos insatisfechos, ha levantado la bandera de la independencia y ha reivindicado convertirse en un estado. En realidad Artur Mas y su partido, a lo máximo que están dispuestos a llegar es a negociar un nuevo pacto fiscal y a recibir sin condiciones una importante ayuda del fondo de estabilidad autonómico español, que ya ha solicitado, utilizando su lenguaje, en la embajada de España en Barcelona. En un clima de inmenso enfado social la gente se ha echado a la calle víctima de la crisis y en un momento en que los estados de la Unión Europea ceden soberanía a favor de organismos supranacionales. Parece una contradicción pero, lo que ocurre, es que nadie es capaz de ofrecer otra alternativa común en la que creer y por la que luchar, éste es actualmente el drama de España, no ver nada que ilusione en el horizonte.  

Escondiéndose de la realidad, como ha hecho el gobierno de Rajoy, no hay forma de caminar hacia adelante. No es comprensible que el presidente del gobierno haya despachado el asunto de la manifestación de Barcelona, diciendo que España no está para algarabías, aunque en realidad, lo que ha querido decir es que no está para algaradas. Yo me declaro partidaria de que, sin ningún temor, en vez de una manifestación se convoque un referéndum y así podamos ver de verdad el alcance de los auténticos deseos de los catalanes. Abrir el debate supondría que todos, catalanes y resto de españoles, conociéramos los riesgos y desventajas que entraña la independencia para unos y para otros. Quizás la realidad se imponga de nuevo a quien agita fantasmas sin tener, como ha confesado Artur Mas, respuestas precisas para los interrogantes claves que se plantean. Como cada momento tiene su afán, desconozco si es tiempo de algarabías, pero les aseguro que no es momento para incompetentes.

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¡Con la que está cayendo!
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María Antonia San Felipe | 07-09-2012 | 18:16| 0

¡Con la que está cayendo! A usted a lo mejor no le importa pero le confieso que tengo el corazón destrozado tras conocer que una de las estrellas de fútbol mejor pagadas del mundo, está triste. Perdone que lo repita pero, con la que está cayendo en este país ¿es normal que hasta los telediarios abran con semejante noticia y tengamos a cientos de expertos escudriñando las señales que envía el oráculo de Delfos para desentrañar las causas del sorprendente estado de ánimo de un futbolista? Ya sé, ya sé que aunque no tengo ni idea de fútbol, se trata de uno de los mejores futbolistas de la historia. Vale. Pero me pregunto yo, en mi infinita ignorancia, esta estrella del firmamento ¿sabe en qué mundo vive? ¿es consciente de lo que ocurre a su alrededor? ¿conoce que el hambre, la miseria y las guerras habitan entre nosotros?    

Ya sabemos que el dinero no da la felicidad, pero lo cierto es que no todos tienen en esta vida ocasión de comprobarlo. Seguramente, la tristeza de Cristiano Ronaldo tiene componentes metafísicos que los mortales no alcanzamos a comprender, pero sería conveniente para este endiosado futbolista, ser capaz de calibrar la medida y la importancia de las cosas. Sería mejor para su estado de ánimo y para su imagen exterior, que tanto le preocupa, porque corre el riesgo de que lo tomen a chirigota y le llamen con apelativos que yo no me atrevo a escribir aquí pero que dejo a su imaginación. Portugal, su país, trata con dificultades de superar un duro rescate con penosas medidas de ajuste a costa del bolsillo y el recorte de derechos de sus compatriotas. En España, donde vive, millones de personas no encuentran empleo y la mitad de ellos, jóvenes como él, no tienen hombro donde llorar sus tristezas ni billetes donde enjuagarlas. Acaba de comenzar el curso y miles de niños van a ir al cole llevando en su mochila un termo y una tartera con la comida porque sus padres no pueden permitirse pagar el comedor escolar. Estos días cientos de jóvenes preparan las maletas, meten en ella su título universitario y unos ahorros que les ha dado el abuelo y van camino de la frontera para trabajar en lo que sea. Una cuarta parte de la población vive en el umbral de la pobreza y algunos, solo algunos, albergan la esperanza de que les concedan la prestación de 400 € para tratar de sobrevivir mientras escampa el temporal. No quiero seguir porque me dirán que esto es demagogia y probablemente lo sea, pero me pregunto si lo de Cristiano Ronaldo no es entonces simplemente estupidez.

 No tengo nada contra aquellos que tienen la suerte de ganar millonadas jugando al fútbol pero, al menos, habría que pedirles que fueran más sensatos o tuvieran un poco de pudor y humildad. Sería aconsejable que Cristiano Ronaldo aprendiera de otros compañeros más discretos y, en consecuencia, más queridos. Ahí están quienes saben llegar al corazón de la afición como Andrés Iniesta, más sencillo y entrañable, o  como Casillas y Xavi, amigos más allá de la competitividad como adversarios o del tenista Rafa Nadal, con su comportamiento siempre afectivo y cordial. En fin, si Cristiano está triste, sus razones tendrá, pero un poco de culpa también tenemos nosotros que les mostramos más admiración de la que a veces algunos merecen. A mí me entristece, además de lo dicho, que tengamos maravillosos jóvenes científicos que con enorme sacrificio y con salarios de miseria se pasan el día encerrados en laboratorios para conseguir avances para curar, por ejemplo, el cáncer o la diabetes y no sólo no nos cuentan en la prensa si están tristes sino que simplemente no sabemos ni que existen porque, en el fondo, la gran aspiración de millones de niños es la de ser simplemente Cristiano Ronaldo. Está claro que en el pecado llevamos la penitencia.

 

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Donde habita el olvido
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María Antonia San Felipe | 01-09-2012 | 07:38| 0

La mirada del neonazi noruego Anders Breivik es de las que hiela la sangre y corta la respiración, al menos eso me ocurrió a mí al observar la cínica sonrisa que adornaba su rostro el día que escuchaba la condena del Tribunal. Era evidente, por la forma de actuar de este individuo a lo largo del proceso, que considera la pena que se le ha impuesto como una condecoración por una hazaña de la que se siente plenamente satisfecho. Parecía, a ojos de los observadores, como si se tratara del último eslabón de su fatídico plan, el broche de oro a la matanza de Utoya, el exterminio de 77 personas, resulta insignificante para él, sólo son daños colaterales de su siniestro fanatismo. Sólo recuerdo una mirada semejante que produce tanto miedo como sus crímenes, la de Iñaki de Juana Chaos, uno de los miembros más sanguinarios de ETA. Al observar sus rostros uno piensa que en su corazón es imposible que quede espacio para albergar un ápice de ternura.

Ambos personajes comparten no sólo una larga lista de asesinatos a sangre fría sino también el desprecio hacia sus víctimas y un fanatismo ideológico deleznable y claramente repudiable en una sociedad democrática. Son precisamente este tipo de personajes, capaces de asesinar a sus conciudadanos sin pestañear, los que acusan a nuestras sociedades de intolerancia pero se mueven entre las rendijas del estado de derecho con verdadera eficacia como sabemos. En definitiva, los dos son destacados representantes del extremismo ejercido en sociedades democráticas y socialmente avanzadas. Reconozcamos, al menos que en España o en Noruega, el estado de derecho, aun con fallos y carencias, nos defiende de los fanáticos y trata de proteger a sus víctimas. Pero, en otras latitudes, existe un fanatismo que se impone desde el poder o mediante los señores de la guerra, que es difícil combatir por aquellos que lo sufren. Estos días he vuelto a recordar esos lugares del mundo, que son muchos, donde una parte importante de las personas no tienen derechos y su vida vale menos que una cabra, una oveja o una mula. Estas víctimas, la mayoría mujeres y niños, viven en África, en Asia y en otros territorios donde sólo habita el olvido.

Ciertamente ese olvido resulta hoy un territorio infinito, inabarcable y más ingrato que la propia muerte y en él habitan millones de personas cuyos derechos son pisoteados cada día y no hay tribunal alguno que libere a las víctimas del fanatismo que impera en sus países. Estos días hemos recordado esos lugares olvidados al escuchar el relato de la vida de Jamia Yusuf, una joven atleta somalí que murió huyendo de su tierra por Etiopía y desde Libia trataba de llegar en una patera a Italia con la única ilusión de poder correr. El valor de esta joven atleta es mayor que el de cualquier medallista olímpico, desnutrida y sin equipamiento entrenaba, después de haber participado en los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, pese a tener prohibido practicar el atletismo porque hacer deporte no es propio de mujeres. Es cierto que a Jamia Yusuf se la tragó el Mediterráneo, de igual modo  que engulle a otros muchos inmigrantes que buscan un futuro mejor, pero a Jamia en realidad la mató el fanatismo. La atleta somalí ha muerto víctima de los extremismos ideológicos y de los grupos armados que campan a sus anchas en el cuerno de África. Hay pueblos que no sólo están sentenciados al hambre, a la miseria y a la mala administración de gobiernos corruptos sino que están condenados a muerte de forma aleatoria porque los fundamentalistas, armados hasta los dientes, imponen su ley a capricho. Las  mujeres llevan en esos territorios la peor parte, yo confío en que al menos a Jamia Yusuf no se la trague para siempre el olvido. Espero que en la historia del olimpismo su nombre y su valor se escriban con letras de oro.

 

 

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Veneno en la caja fuerte
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María Antonia San Felipe | 24-08-2012 | 18:28| 0

A la sombra de las calenturas veraniegas parece que el gobierno ha encontrado un supuesto remedio para paliar los múltiples males que aquejan a nuestra querida España. Igual que don Quijote instruyó a Sancho sobre las propiedades curativas del bálsamo de Fierabrás, convencido como estaba de que sólo con dos tragos del milagroso remedio quedaría sano como una manzana, el gobierno alberga esperanzas de que el mágico invento reanime al paciente. Llevan todo el verano cocinando la pócima y en breve nacerá entre nosotros el “banco malo”, lo que hace suponer que el resto de los bancos existentes son todos buenos, tan virtuosos como permite la astucia del que por vocación sólo vive de los beneficios y ganancias de su contabilidad creativa más allá de lo que permite la regulación o la desregulación legal de sus transacciones.

 Según han tenido a bien explicarnos a los ciudadanitos de a pie, el “banco malo” acogerá en su seno los activos tóxicos de las entidades financieras intervenidas como consecuencia de su deplorable gestión o de aquellas otras que precisen ayuda del fondo de rescate europeo. Pues bien, la primera vez que escuché la existencia de activos tóxicos en los bancos, se hablaba de ellos como si unos malvados delincuentes sin escrúpulos hubieran depositado, algo así, como bombas de gas letal en sus cajas fuertes para destruir las entidades financieras que bondadosamente daban créditos para comprar pisos y amueblarlos a todo el que entraba por la puerta, sin más garantías que el propio inmueble (hipervalorado) y la confianza de que el crecimiento económico era tan infinito como la estupidez. Lo que sobrevino a tantas alegrías por el buen estado aparente de sus balances contables, festejados por los Consejos de Administración con sueldazos de infarto, ya lo sabemos: ¡ploff! La burbuja inmobiliaria explotó y el pus, como en la película de Torrente, nos salpicó a todos y expulsó a un nutrido número de españoles bien al paro o bien a la miseria que se encarga de paliar el comedor de Cáritas y sus encomiables voluntarios.

 En fin, que pronto comprendimos que los activos tóxicos significan ni más ni menos que si en la contabilidad del Banco XXX, anotamos el valor real de esos bienes envenenados por la avaricia, la cuenta de resultados es negativa y si dibujamos un gráfico, la línea se sitúa por debajo de cero hasta tocar el subsuelo. Para ilustrarnos, el ministro de Guindos nos ha mostrado un ejemplo práctico, se ha comprado un ático en la Moraleja madrileña por un tercio del precio de venta anterior. Esa es la realidad del mercado y para no reconocer el agujero negro de sus balances se han inventado el “banco malo”, cuya única finalidad consiste en liberar a estos listillos de los bancos “buenos” de su cartera de pisos invendibles al sobreprecio que los tienen tasados y de las inmensas cantidades de metros cuadrados de suelo, que parecía urbano pero no lo era, y que valen un pimiento. De este modo si se los quitan de encima no tienen que volver a anotarlos en la contabilidad a su valor real, porque donde ellos ponen 100 (por ejemplo), debieran poner sólo 30, es decir, que en el balance deben escribir en negativo: -70 y pisito a pisito, el banco queda en descubierto como cuando a uno que tenía trabajo y lo pierde le queda la cuenta en rojo sin posibilidad de cubrirlo ni en el corto ni en el medio plazo. La única diferencia es que a los bancos mal gestionados en vez de liquidarlos, los salvamos con este bálsamo de Fierabrás y para justificar su creación nos meten de nuevo el miedo en el cuerpo, amenazan que de no hacerlo lo que peligran son los ahorros de los impositores. Auguran ahora incluso beneficios en el nuevo banco, teniendo en cuenta que experimentan con nuestra paciencia, confiemos en que el veneno no sea letal y de nuevo sólo socialicen las pérdidas cargándolas a nuestras espaldas.

 

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Yo no he sido
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María Antonia San Felipe | 17-08-2012 | 17:26| 0

Hace tiempo que pienso que en España antes de reconocer un error preferimos abrirnos las venas, antes muertos que sencillos, así somos. Aunque el tema no es para hacer risas, lo cierto es que esta idea me ha venido a la cabeza tras hacerse público el informe de Noruega sobre la matanza perpetrada a sangre fría por el ultraderechista Anders Behring Breivik, hace apenas un año. Fueron asesinadas a sangre fría 77 personas y el suceso, como recordarán, conmocionó no sólo a los noruegos sino al resto del mundo.

La investigación de la “Comisión del 22 de julio” sobre los acontecimientos más duros que ha vivido el país nórdico en los últimos decenios ha sido hecho público y ha reconocido con objetividad los errores cometidos. Según el informe independiente gran parte de lo ocurrido pudo haberse evitado o al menos amortiguado el abultado número de víctimas, en él se critica la descoordinación de las fuerzas de seguridad y la gestión de la información y del personal. El propio primer ministro, Jens Stoltenberg, tras hacerse público el contenido del informe que él mismo encargó, ha asumido la responsabilidad última y considera que las conclusiones no han sido “embellecidas” para darlas a conocer a la opinión pública y que son por lo tanto “sinceras”. En definitiva los noruegos han confesado ante sí mismos y ante el mundo entero, en un caso de extrema gravedad para la nación, que se equivocaron, que cometieron errores de bulto y esta actitud no sólo les dignifica sino que no albergo dudas de que a partir de hoy enmendarán los protocolos de actuación para el futuro.  Dicho lo cual, regresemos a España y pensemos en el expolio de las cajas de ahorro que ha propiciado el desastre de nuestro sistema financiero y nos ha colocado de rodillas a las puertas de una ventanilla europea que se llama RESCATE.

Para analizar el citado saqueo debió crearse una comisión de investigación seria y rigurosa de inmediato, pero no, nada de nada. Tras increíbles excusas, eso sí, por el bien de España, de esa España previamente saqueada, se autorizan unas comparecencias en el Congreso de los Diputados. Uno de los intervinientes, Julio Fernández Gayoso, director de Novacaixagalicia, tuvo la osadía de explicar, como parapeto para posibles preguntas maliciosas, que él no tomaba decisiones porque no tenía funciones ejecutivas, aunque eso sí, el sueldo que cobraba y la pensión vitalicia no parecen ser las del portero de la institución. En fin, que cada uno, Rato, Salgado, el gobernador del Banco de España y un largo etcétera de señores muy enseñorados, contaron su historia como mejor les convino y les vino en gana, pero ninguno de los que por el Congreso pasó dio explicación alguna del misterio. Sobre la mesa del Congreso estaba depositado el cadáver y nadie parecía conocer al difunto, aunque todos habían sido sus amigos de parrandas y habían compartido mesa y mantel en muchas ocasiones, nadie recordaba su relación directa con él. En conclusión, ¿cómo había llegado el muerto hasta allí, si todos hicieron lo que debían según sus competencias? Nadie ha querido reconocer error alguno aunque sea clamoroso que se actuó, en muchos casos, con alarmante impunidad y con supina incompetencia, y la única realidad evidente es que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. En definitiva que aquí ni se reconocen errores, ni se asumen responsabilidades, ni se exigen por la justicia, ni se paga por los saqueos y así nos va.

Los informativos no lo contaban de este modo, la gente en la calle sí. Durante esos días recordé mis juegos infantiles: el balón en el suelo, el cristal de la ventana roto y un pelotón de niños corriendo y exclamando:  

 -Yo no he sido.  

¿Y usted?

Julio Fernández Gayoso, Novacaixagalicia

 

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El mar de la tranquilidad
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María Antonia San Felipe | 10-08-2012 | 17:17| 0

Uno de los acontecimientos que impactó mi adolescencia fue la llegada del Apolo XI a Luna. Todavía hoy recuerdo como, boquiabierta, seguía en la pantalla del televisor, en blanco y negro, las imágenes difundidas por la NASA en las que Neil Amstrong ponía su pie, el primer pie humano, en el Mar de la Tranquilidad, un lugar desconocido hasta entonces para mí. La huella del calzado del astronauta en el paisaje lunar y sus palabras: “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”, permanecen indelebles en mi memoria. Durante tiempo coleccionamos cromos de planetas y aprendimos de memoria los nombres de los tres hombres que habían personificado tan importante hazaña.

Así como ahora no se habla de otra cosa que de la puñetera “prima de riesgo”, cuya proeza consiste en expulsarnos masivamente hacia la indigencia colectiva, que es una forma muy peculiar de ponernos en órbita, por aquellos días, la conversación recurrente era el viaje a la Luna. Hubo variadas corrientes de opinión sobre el asunto, yo me incluyo en el que denominaré grupo de los “boquiabiertos”, porque creíamos a pies juntillas que aquello no sólo era indudable, sino que semejante avance era el primer paso para el conocimiento del universo interestelar y que ratificaba que el ingenio y la inteligencia humana no tenían límites. En fin, veíamos a la ciencia avanzando a la velocidad de la luz y al hombre resolviendo todos los enigmas del universo.

Había otro grupo, seducido por el género detectivesco, que creía que aquello era un montaje de los americanos para, en plena guerra fría, ridiculizar a los soviéticos que ya habían conseguido que Yuri Gagarin orbitara la tierra varios años antes. Pero nada, esta teoría se desinfló cuando los soviéticos reconocieron el exitazo americano en la conquista del espacio al que, unos y otros, dedicaban tan ingente presupuesto, una forma de asombrar al mundo disputándose el título de primera potencia mundial. El tercer grupo, que no era pequeño, lo integraban los “incrédulos”. A mí, sinceramente, me apasionaba porque impregnó de anécdotas aquellas tardes del verano de 1969. Yo, por aquella época, sólo conservaba a una abuela y no recuerdo que le emocionara nada el asunto espacial pero no puedo olvidar las opiniones de otros abuelos de amigas que se reían en las tertulias vespertinas que se tenían en la puerta de casa, cuando cada vecino bajaba su silla y se acomodaban para pasar unas horas de animada tertulia mientras refrescaba para irse a dormir.

-Llegar a la Luna ¿cómo os podéis creer semejante historia? Eso es una película que han hecho los americanos y es tan mentira como todas las películas que ponen en el cine. Inocentes, que sois unos inocentes. Si viviera mi padre…como se reiría mi padre, ¡ignorantes!…-exclamaba al tiempo que golpeaba con su churra la acera de forma solemne. Yo lo miraba boquiabierta y sin comprender como podía poner en duda un hecho que todavía hoy me fascina y que había iluminado mi universo adolescente con un toque de ciencia y aventura más apasionante que las 20.000 leguas de viaje submarino o el viaje al centro de la tierra de Julio Verne. Cuarenta y tres años después el Curiosity ha llegado al planeta Marte y aunque el acontecimiento resulte de parecida trascendencia, sin embargo, en este mundo que ya no guarda espacio para el asombro y donde la única sorpresa radica en comprobar cómo, lustro tras lustro, sobrevivimos a nuestros propios errores, cíclicamente reiterados, el hecho ha pasado casi más desapercibido que el estreno de la película Prometeus que nos muestra un mundo más inquietante que nuestras propias incertidumbres. En fin señores, disfrutemos del verano y mientras las fuerzas del mal se toman vacaciones soñemos con volver a poner nuestros pies en el añorado Mar de la Tranquilidad.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.