La Rioja
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Lo que el rey sabe pero su yerno no
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María Antonia San Felipe | 16-12-2011 | 08:05| 3

      El Rey es rey, pero intuye a los españoles, porque Juan Carlos I no sólo conoce la historia, sino que seguramente ha aprendido de ella. El Rey es consciente de que cuando su abuelo Alfonso XIII sufrió ataques de antiparlamentarismo y se alejó progresivamente de lo que sentían la mayoría de los ciudadanos de su Reino, la institución entró en picado con tanta rapidez que, como todo el mundo sabe, se acostó monárquica y se levantó republicana una mañana de abril de 1931. Alfonso XIII, salió de España, como él mismo declaró a ABC, consciente de que no contaba con el amor de su pueblo. Por eso don Juan Carlos, que había sido elegido por Franco para heredar su dictadura, supo, nada más perder de vista al padrino, que su primera tarea consistía en recuperar el amor de ese pueblo que en su día perdió su abuelo. Presintió, con meridiana claridad, que España no podía quedar fuera de la que siempre fue su posición europea En el año 1975, fecha en que se restauró la monarquía en su figura, toda Europa gozaba de regímenes democráticos alejados de los totalitarismos que surgieron en los años treinta. Ni España debía quedar aislada ni él podía ser un apestado en Europa tras la tragicomedia protagonizada en 1981 por militares golpistas, añorantes de una dictadura anacrónica que había pervivido vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Pocos dudan que su comportamiento el 23-F convirtió a muchos republicanos en juancarlistas, aunque no en monárquicos. Así, con la tolerancia y aceptación de muchos republicanos la monarquía constitucional arraigó en una sociedad, hambrienta de democracia, que aparcó sine die la discusión sobre el tipo de jefatura del estado más conveniente a los españoles.

     El Rey sabe todo esto y también sabe que la historia enseña que, en un tris, la tortilla puede dar la vuelta si la imagen de la monarquía continúa su deterioro. Don Juan Carlos tampoco desconoce que heredar las jefaturas del estado es una reminiscencia anticuada y obsoleta en los tiempos que corren y que si el ciudadano se siente defraudado con el papel de la monarquía puede, soberanamente, optar por tener un Jefe de Estado elegido democráticamente como en Francia, Alemania o los EEUU. Que el Rey sabe todo esto es evidente, pero parece que su yerno, el deportista guapo y alto que todas las madres soñaban para sus hijas, no sabe nada de los riesgos que conlleva el abuso de una posición relevante en la mentalidad y en la paciencia, cada día más irritada, del vulgo. Urdangarín llegó a palacio y decidió utilizar su posición de advenedizo de la casa real para engordar fortuna y patrimonio. Su frase preferida en materia de negocios era: -Si yo estoy, los demás entrarán. Y entraron, claro que entraron. Nadie debe sorprenderse, este es un país en el que se buscan padrinos para todo y especialmente para forrarse a costa del erario público.

     Si la Casa Real ha dicho que no considera ejemplar el comportamiento de Urdangarín y que éste deberá defenderse por sus propios medios, es porque el propio Rey así lo cree y si esa es la consideración de su majestad, fíjense ustedes como debe ser la nuestra. El yerno, antes ejemplar y hoy repudiado, se ha convertido en una bomba de relojería que corre el riesgo de dinamitar la imagen del Rey, pero sobre todo la de su sucesor, menos legitimado y querido que don Juan Carlos. Debiera tener cuidado Urdangarín de contar, por boca de su abogado, que está indignado y que la ejemplaridad la da la ley. A estas alturas de la película, todos sabemos que hay cosas que son legales en este mundo hipócrita y materialista pero que son un escándalo, una vergüenza o una inmoralidad sin paliativos. Puede que Urdangarín no sepa distinguir, pero su suegro sí y por ello es consciente de que si no frena la hemorragia a tiempo, la ciudadanía puede libremente decidir que la Jefatura del estado no se hereda y que prefieren gritar: ¡viva la República! Esto es lo que el Rey sabe pero su yerno no.

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El invierno de Europa
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María Antonia San Felipe | 09-12-2011 | 08:01| 0

 

      Los datos son incuestionables: “La brecha entre ricos y pobres se dispara al nivel más alto en 30 años”. En España, la desigualdad se ha incrementado claramente en los últimos dos años y está por encima de la media de la OCDE. Es indiscutible que el período de expansión económica más largo de los últimos tiempos no sólo no ha servido para hacernos más iguales sino que, al desembocar en esta Gran Recesión económica o Gran Depresión colectiva (porque deprimidos es lo que estamos), corremos el riesgo de igualarnos cada vez más cantidad de población por la parte baja de la tabla y no es descartable que lo único que quede homogéneamente repartido sea la exclusión social de una gran parte de la pirámide poblacional. Si, como enseñan los economistas, a un período de expansión sigue otro período de recesión de duración semejante en el tiempo, todo indica que para rato tenemos caldo. Claro que como dicen los ancianos del lugar, “pa recesión, hija, los años cuarenta y la cartilla de racionamiento”.
 
      No me quiero poner tétrica pero mientras nuestra actividad cotidiana se dispersa entre los sucesivos ojos de este largo puente constitucional, los parteros, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, preparan el  alumbramiento de lo que se nos anuncia como la nueva Europa. A su nacimiento en Marsella asisten muchos invitados, pero tanto si son jefes de gobierno como jefes de estado, en realidad son sólo eso, invitados al magno acontecimiento cuya principal contribución parece que va a consistir, única y exclusivamente, en asentir al pacto bilateral fraguado entre ambos mandatarios que ya se han convertido, por arte de birlibirloque, en los nuestros. El mismo poder de influencia parecen tener el presidente de la Comisión, Durao Barroso, el presidente del Eurogrupo, Juncker y por supuesto el primero y flamante presidente del Consejo de Europa, Van Rompuy. Confío en que ninguno se rompa el espinazo en las reverencias ante la todopoderosa alemana.

      Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los gobiernos de la periferia europea comienzan a parecer simples delegados especiales de Merkel y Sarkozy en las colonias exteriores. Aunque es prácticamente Angela Merkel quien impone la disciplina y el nivel de sacrificio que debe tener cada territorio. Acabamos de festejar el 33 aniversario de nuestra Constitución, amémosla mientras podamos, porque su reforma nos ha sido infligida in extremis y aceptada por PP y PSOE, sin rechistar, para obtener la contrapartida de que el Banco Central europeo no nos abandone en la crisis de nuestra deuda soberana. Si Merkel estornuda o frunce el cejo, al hablar de la cumbre europea, las bolsas bajan sin remedio y la fiebre le sube a nuestra deuda de forma inmediata. Los ciudadanos comenzamos a aceptar estos cambios y los que van a venir con resignada paciencia y sólo el miedo y las incertidumbres hacen comprensibles nuestra docilidad. No olvidemos que el miedo ha sido históricamente el elemento esencial que ha alimentado y fortalecido a esa minoría de poderosos, de verdaderos poderosos, que termina por dominarnos a la mayoría social. Ya saben, ¡el dinero siempre el dinero!

      En fin, hubo un tiempo en que mirar a Europa alentaba ilusiones de incremento de los derechos y de reducción de la desigualdad, estamos mejor que el tercer mundo, de acuerdo, pero la esencia sobre la que se construye la nueva Europa tiene que ver no sólo con pérdidas de soberanía, que ya está cedida en muchas materias, sino con riesgos de mayores déficit democráticos y con retrocesos en derechos largamente luchados antes de ser conquistados. Ya saben, dentro de nada llegará el invierno, el invierno de Europa, pero no lo duden, nos los venderán como una primavera.

 

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¡A ver si escampa!
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María Antonia San Felipe | 02-12-2011 | 08:01| 4

 

 

El invierno había hecho su aparición de repente y el día había amanecido con una niebla intensa que penetraba paciente como la gota malaya. Los empleados del Ayuntamiento ya hacía días que habían comenzado a colocar toda la parafernalia que supone preparar la navidad. Paco y Pedro, de camino al trabajo, andaban encogidos no sólo por el frío sino por lo desazonador que resulta escuchar las noticias cada mañana.
-Buenos días Paco, sale uno de casa con mal cuerpo después de escuchar la radio.
-Desde luego, unos días se te revuelve el hígado y otros el estómago.
-He oído que han encontrado a un indigente muerto debajo de un refugio de cartón. ¡Qué injusta y dura es la vida! Aunque a buen seguro este no será el último que fallezca este invierno.
-Seguro. Luego dicen que según el CIS, ocho de cada diez españoles creen que el reparto de los impuestos es injusto.
-¡Joder que linces!, para eso no hace falta hacer una encuesta. Eso lo sabemos tú, yo y mi hija la pequeña sin necesidad de preguntar a toda España.
-A nosotros sí que nos tienen bien pillados los de Hacienda. Al menor error nos empluman.
-Sí, pero algunos siempre se van de rositas, que siempre pagamos los mismos. ¡Me río yo de que todos somos iguales!
– Ahí tienes al Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Santander, lo condenan a pena de arresto e inhabilitación para ejercer su oficio de banquero y lo indulta el gobierno. Aquí paz y después gloria, que nadie dice ni mu. En dos días olvidao.
-Después de la que está cayendo, que son los bancos los que están poniendo el propio sistema en solfa y cuando estamos a punto de irnos todos al garete por su puñetera culpa, van y lo indultan. Para dar ejemplo de que todos somos iguales ante la ley. ¡Manda güevos!¡Hala y ahora a pedirles consejo y sin despeinarse!
-Lo lógico es que hubiera cumplido su condena y punto. Que tampoco era para tanto el arresto de tres meses, pero al menos no nos tomarían por tontos.
-Sí, sí y ¿qué me dices del Urdangarín?
-Otro que tal baila. Pero,  ¿no podían conformarse él y la infanta con lo que tenían?, qué no era poco y ¡hala a meterse en negocietes! Sin olvidar que el puesto de directivo en Telefónica se lo dieron por ser quien era, que personas mejores que él hay miles en España.
-Eso, que con decir que soy el yerno del Rey, ya se le abrían las puertas. Debía pensar que se casaba con la hija de los Reyes Magos que te traen todo el oro en una noche y sin trabajar.
-El muy chulito no debe saber que aquí la ronda la pagamos todos. Y mientras a saquear las arcas públicas con el Matas, el de Baleares y con el Camps en Valencia y vaya usted a saber, que seguro que no llegamos a enterarnos ni de la misa a la media.
-Cada día se pone el tema más feo y eso que este yerno era el listo.
-Demasiao de listo, que al Rey le va a pasar como antes a los padres que fundaban una empresa y luego los hijos la hundían. Con la diferencia que esta empresa es la nuestra y la sombra de la corrupción no es bueno que planee por la Zarzuela.
-Joder, no me extraña que, como dicen algunos, el Rey se haya pegado con la puerta de un armario.
-¡Bah!, yo lo que creo es que el propio Rey sujetó la puerta y se pegó contra ella mientras exclamaba: Sofía, ¿pero por qué me tiene que pasar esto a mí?…

 

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Contemplando futuros
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María Antonia San Felipe | 25-11-2011 | 07:00| 0

 

A estas alturas de la semana queda poco que decir de lo acontecido el 20-N. Cierto es que la digestión de los resultados no ha sido igual en los diferentes cuarteles generales de los partidos. Se dice habitualmente que, en la noche electoral, cuando se escucha a los portavoces todos ganan, pero esta vez ha quedado claro que no. Al PSOE más de cuatro millones de españoles le han dado la espalda y, al contraerse su apoyo de forma tan espectacular, la marea fiel del voto popular (PP) ha dado el triunfo al eslogan del cambio. No es de extrañar tampoco que Mariano Rajoy eludiera los excesos en la noche electoral. Tras su comprensible alegría por eltriunfo indudable, es probable que, en la intimidad, se mesara las barbas y pensara que quizás en las actuales circunstancias y tal como está el mundo globalizado, sólo había algo peor que perder: ganar. Sí, ganar. Porque a estas alturas ya ha quedado demostrado la falsedad del ya de por sí endeble argumento, de los que vaticinaban que un relevo gubernamental restauraría de inmediato la confianza en nuestro país. Una semana más, y van muchas, desde que la crisis explotara en el otoño de 2007, los españoles seguimos observando, con creciente desasosiego, el futuro que nos espera en el medio y largo plazo y tenemos la certeza de que los esfuerzos que van a pedirnos, en menos de un mes escaso, son bastante más elevados que los reconocidos en campaña.

     Nadie va a sorprenderse a estas alturas de la película, tenemos el sapo tragado desde que vimos caer a nuestro alrededor a Irlanda, Grecia, Portugal e Italia y ya se tambalea la calificación de la deuda francesa y no ha de tardar el día en el que Angela Merkel tendrá que empezar a reconocer lo que en el resto de Europa vemos claro desde hace tiempo. Si se empecina en su postura y no facilita una gobernanza europea común en la crisis de la deuda, Alemania puede quedar tocada y lastrada más pronto que tarde.

     Si volvemos a la noche electoral, en la sede del PSOE además de medir las consecuencias que conlleva el desalojo del gobierno, el futuro predice no únicamente nubarrones que presagian chubascos, sino también tormentas y tornados de elevada intensidad y persistencia. Zapatero se va y deja a su partido (que es también el mío) con un respaldo electoral semejante al que obtuvo en los primeros años de la transición, con el agravante de que no es lo mismo ir de cero hacia arriba que caer al vacío por haber provocado la desafección del propio espectro electoral. Pensar que sólo la crisis económica y los recortes anunciados en mayo de 2010 son la causa del resultado electoral es engañarse a sí mismos y hacerse trampas en el solitario. El ciudadano lo entiende todo y especialmente comprende la verdad si ésta se le muestra con toda su crudeza y no se le confunde cuando se le avisa reiteradamente de mejorías que nunca llegan. El ciudadano lo percibía, eso explica la caída de la demanda interna, porque a su alrededor ven al enfermo moribundo, ya que la estadística del desempleo se compone de vecinos, hijos, hermanas y amigos que la engrosan. No es de extrañar el desconcierto en las filas socialistas porque hasta el propio Rubalcaba, muy valorado por su gesto de echarse a la espalda este maratón en busca de la remontada, es consciente de la debilidad de los liderazgos internos y ahora medita sobre el suyo propio. La mayoría de los líderes regionales o están tocados o simplemente hundidos en su credibilidad y así mover banquillo se torna complicado. La mayoría de estos barones autonómicos, pensemos en La Rioja, han estado más preocupados en contar los apoyos de los que disponían, dentro de la propia casa, para conservar sus cargos políticos que en buscar el respaldo social. De ello se deriva la fuerte adhesión interna y el escaso liderazgo social con el que cuentan ya que sus proyectos carecen de un cuerpo ideológico potente y refrescante para el electorado. El escaso respaldo obtenido, tanto al Congreso como al Senado en La Rioja, debiera llevar a reflexionar a quienes han encabezado las listas sobre la verdad de sus actuales liderazgos, ya que ambos (como dos gotas de agua) son partícipes de un modo de entender el ejercicio de la política que ha dejado al PSOE riojano al pie de los caballos. Ha llegado pues la época de la responsabilidad y de la generosidad, ha llegado la hora de abrir puertas y ventanas y de pasar el relevo para devolver al PSOE a aquellos electores que esta vez no han querido coger su papeleta el 20-N pero que nos miran con añoranza y hasta con un ápice de tristeza.

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Votar o no votar
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María Antonia San Felipe | 18-11-2011 | 07:05| 4

 

                 

En este país, durante años, hubo dos sueños colectivos que impulsaron la acción ciudadana y política desde los albores de la dictadura: conseguir la democracia y entrar en Europa. La pertinaz sequía democrática que vivió España alimentó durante décadas el deseo de articular la participación política a través del sufragio universal, un derecho que parecía inalcanzable y que se hizo realidad tras multitudinarias manifestaciones. Al grito de la canción de Jarcha: “Habla pueblo habla, habla pueblo sí, no dejes que nadie decida por ti”, conseguimos el primero de esos sueños y la democracia llegó a todos los rincones de España de igual modo que la primavera, con naturalidad. El segundo sueño, entrar en Europa, se alcanzó en 1985. Franco había solicitado el ingreso en 1962, pero ser un régimen democrático era un requisito indispensable que España estaba todavía muy lejos de cumplir.
          Ya ven lo que cambian las cosas. Mientras las calles del mundo se llenan de ciudadanos pidiendo progresos democráticos, aquí, en la vieja Europa, la cláusula contractual del “habla pueblo, habla” ha quedado en suspenso y la hibernación del derecho al voto ha comenzado precisamente en Grecia, cuna del concepto de democracia. Italia le ha seguido en la implantación de sendos gobiernos integrados por supuestos técnicos que, sin pasar por las urnas, van a gobernar ambos países. No lamento el relevo de Berlusconi que, elegido reiteradamente por el voto mayoritario de los italianos, ha utilizado la democracia en beneficio propio y para eludir la acción de la justicia. Pero, pese a todo, no deja de removerme el hígado que sean los mercados, Merkel y Sarkozy quienes hayan precipitado su caída en aras de una supuesta salvación nacional. La tecnocracia y la injerencia exterior han sustituido a la democracia. Y ello, pese a que son los propios partidos políticos los que se han puesto de acuerdo para no vulnerar sus constituciones, ni perder su capacidad de influencia en los resortes del poder. Ellos mismos han querido dar un aire democrático a la elección de sus dos nuevos primeros ministros, Papademus y Monti, pactando en la oscuridad de la noche. Al amanecer del siguiente día, no tuvimos la sensación de que tanta renuncia democrática hubiera servido de mucho. Los susodichos mercados han seguido atacando a la deuda italiana con los tanques y con el resto de la artillería pesada.
El tiempo dirá lo que este experimento da de sí. El hecho es que las conquistas de años pueden desaparecer si prevalecen nuestra apatía y nuestra resignación. Sólo el miedo y la incertidumbre han podido conseguir nuestro silencio cómplice. Únicamente desde ese prisma puede comprenderse la condescendencia con la que han sido aceptados, por los ciudadanos de sus respectivos países, unos presidentes que ellos jamás hubieran elegido porque nunca ambos se hubieran presentado para tal fin.


          Cabe también preguntarse, cómo estará el nivel entre la clase política para que los mismos políticos hayan decidido recurrir a alguien fuera de sus propias filas. Quizá los partidos políticos, que articulan el sistema, deban comenzar a replantearse en serio la situación. Deben evitar que la mediocridad de los políticos acabe con la grandeza de la política, la que debe ejercerse por representación y en beneficio exclusivo del pueblo soberano y que no se fragua lejos de las inquietudes del ciudadano. Es cierto que estamos en una nueva etapa de la que no sabemos qué nuevo mundo va a nacer, confiemos en que no sea una era de simulación democrática y esperemos que alguien sea capaz de administrar un poco de “valium” a los mercados, en nuestro nombre y en el de nuestra creciente indignación. Mientras tanto, el domingo, los españoles podemos ejercer nuestro derecho al voto. Yo recomiendo que votemos. Ya hay bastantes cosas en la vida en las que otros deciden por nosotros. ¡Qué no sea ésta nuestra última vez!

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Al final de la escapada
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María Antonia San Felipe | 11-11-2011 | 13:36| 0

 

          Parecía que no iba a ocurrir jamás pero sucedió, por eso estos días recordamos que Joe Frazier tumbó a Muhammad Ali (Cassius Clay), un 8 de marzo de 1971, ante la expectación mundial. Si lo comparamos con los combates que libra Berlusconi diremos que éstos nunca fueron a pecho descubierto ni tuvieron tintes heroicos ya que él siempre se movió entre penumbras, es decir, en las tinieblas entre las que se fraguan las intrigas y los negocios fraudulentos. El estilo político de Berlusconi ha estado siempre alimentado de sobornos, chabacanería y, sobre todo, de una evidente confusión entre negocios e interés nacional que siempre emanaron un cierto olor a podrido. No obstante il Cavaliere parecía imbatible y por supuesto inasequible al desaliento, ya que hiciera lo que hiciera, conseguía finalmente el favor del pueblo italiano. Aficionado a las juergas sin límite y forofo del botox y el injerto capilar, ha sido el presidente italiano más duradero de la historia. Pero como no hay mal que cien años dure, la crisis de la deuda lo ha puesto contra las cuerdas y ocho diputados “traidores”, que antes comían de sus manos, han acabado de dejarlo KO sobre el cuadrilátero en el que se ha convertido el parlamento italiano.


           Está claro que il Cavaliere no va a salir por la puerta grande, sobre todo porque no hay peor error en política que prolongar las agonías. Sólo el hecho de anunciar que está en trance de dimitir al tiempo que intenta dilatar su efectividad a la adopción de las medidas que le exige Europa, no es sino una treta para mantener su, hasta ahora, omnímodo poder. Quizás a Berlusconi sería bueno brindarle el consejo del refrán español que advierte que siempre es mejor irse antes de que te echen. Pero él no piensa lo mismo. Su primera reacción, cuando se aventuraba que había perdido la mayoría parlamentaria, no fue reunir a sus ministros en un gabinete de crisis, sino a su familia para estudiar lo que interesaba, no al país, sino a sus negocios. No es nuevo, siempre ha sido así, pero ahora los ánimos están demasiado exaltados como para aguantar impertinencias de un primer ministro acorralado y sin ninguna idea bajo el tupé que le han implantado en una clínica estética de lujo.
           Hemos comprobado empíricamente que el rumor de su posible dimisión disparó al alza la bolsa de Milán y que posteriormente, al no producirse, el diferencial de la deuda ha puesto a Italia al borde de la intervención, lo que significa que a este hombre no sólo sus socios sino hasta los mercados le han señalado el camino. Hace unos días se criticaba a Yorgos Papandreu por su órdago contra la Unión Europea, pero su movimiento fue realizado en clave de política interna y su táctica ha dado el resultado que él, en solitario, no hubiera conseguido. Era evidente que para que se formara un gobierno de concentración o de salvación nacional, el primero que debía retirarse era el propio Papandreu y así lo ha hecho. Yo no dudo de que así lo tenía pensado de antemano, ya que si en tan corto espacio de tiempo ha sido posible un acuerdo de los partidos mayoritarios en Grecia es porque se ha puesto de manifiesto que si Papandreu, como sostiene la mayoría, no ha estado a la altura de las circunstancias, el resto de políticos griegos tampoco. Sólo así se explica que hayan aceptado ahora las medidas que no quisieron apoyar cuando las proponía Papandreu. Lo mismo ocurrió en Portugal donde Pedro Passos Coelho ha tenido que dar por bueno lo que tan mal le parecía antes de ganar las elecciones a José Sócrates y seguramente lo mismo ocurrirá en España. Concluyendo, Berlusconi ha puesto a Italia en una encrucijada, mientras sus actividades no perjudicaban al resto de países todo le ha sido consentido, pero ahora ya nadie le ríe las gracias. Berlusconi se encuentra al final de la escapada mientras un vendaval de pesimismo recorre la vieja Europa.

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Noches de miedo y amaneceres de pánico
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María Antonia San Felipe | 04-11-2011 | 06:39| 0

                     

                 El lunes mientras los entusiastas de halloween, esa tradición importada de EEUU, preparaban sus disfraces para salir a hacer miedo por las calles, el presidente griego Yorgos Papandreu hizo un anuncio que puso en jaque a todo el Eurogrupo y quién sabe si a la propia Unión Europea. El anuncio de que someterá a referéndum el reciente paquete de medidas aprobado para hacer efectivo el rescate de Grecia ha hundido todas las bolsas europeas y ha disparado la prima de riesgo de la deuda española e italiana a cifras estratosféricas. Ya ven, el lunes hubo miedo y el martes pánico, lo que demuestra que, en este puzzle global en el que vivimos, David puede poner en jaque a Goliath por mucho que se enfade la señora Merkel. El asunto no es menor y tiene una trascendencia que todavía hoy por hoy no puede calcularse en toda su dimensión. Muchos han considerado este órdago del presidente griego al resto de Europa y al Fondo Monetario Internacional una irresponsabilidad, puede que lo sea o puede que no, pero es probable que Papandreu crea que él no puede seguir echando órdagos a sus ciudadanos un día sí y otro también.

 

              Es cierto que el anterior gobierno griego, del partido que hoy lincha a Papandreu, mintió con sus cifras de déficit y ocultó la verdad con artificios presupuestarios pero, a fecha de hoy, sería difícil encontrar un solo gobierno que no haya trampeado su realidad y todavía más complicado resultará dar con un solo banco o entidad financiera que no haya maquillado sus balances y engañado a las malditas agencias de calificación de riesgos que se pasan el día haciendo augurios de futuro pero que no vieron la morralla que ocultaban los balances de Lehman Brothers ni los de Dexia, por citar algunos de los más sonados ejemplos. Dicho lo cual, a nadie se le escapa que desde el inicio de la maldita crisis los gobiernos europeos llevan meses y meses reuniéndose y anunciado soluciones de compromiso cuya aplicación dilatan en el tiempo hasta el siguiente susto. Esto ocurre porque algunos pensaban que el tsunami financiero no iba con ellos, que eran demasiado fuertes y solventes para verse afectados y además porque Europa no tiene una política social, económica, fiscal y financiera común. Para que Europa sea el espacio político que sus fundadores soñaron debiera tener un gobierno común, que actuara como un mando único ante las catástrofes con la única finalidad de proteger a todos sus integrantes. No sólo no es así, sino que ahora tenemos la sensación de que son Merkel y Sarkozy, los que toman las decisiones trascendentales y que Van Rompuy es un simple conserje al servicio de los primeros.

                    En esta situación, ya que nadie planta cara a los mercados no es de extrañar que Papandreu haya decidido plantarle cara a Europa porque la aceptación del nuevo paquete de medidas lleva aparejada nuevos ajustes. ¿Puede Papandreu adoptar en solitario nuevos recortes sin ser sensible a los exasperados ánimos de sus ciudadanos? Pónganse en su lugar, él solo contra todo su pueblo después de haber impuesto históricos recortes. Si consigue el apoyo de Europa se gana el desafecto de los suyos. El riesgo para Europa es evidente, porque la posibilidad de un “no” a las nuevas medidas para adoptar el rescate puede no sólo producir la quiebra de Grecia, sino la caída del euro y con él todo el proyecto europeo. Si la política es la única posibilidad que tenemos los ciudadanos de intervenir para transformar las cosas, algunas reglas de la representación democrática hay que cambiar para que sintamos que lo que deciden los de arriba es de verdad por nuestro bien y no para engordar la voracidad ajena. Puede que este envite de Papandreu sea el principio del fin o quizás el comienzo de un nuevo tiempo más favorable al ciudadano. Además de lamentarnos algo habrá que hacer ya que a los vampiros no se los conjura enseñándole solamente una ristra de ajos.

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Gracias a la crisis…
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María Antonia San Felipe | 28-10-2011 | 05:34| 0

Ya saben ustedes que para que el bizcocho suba, además de la acertada mezcla de ingredientes, el punto de horno es fundamental. Pues nada, aquí estamos los riojanos observando cómo nuestros gobernantes con la nariz pegada al horno comienzan a ser conscientes de que por mucho que miren y remiren el bizcocho presupuestario no acaba de subir. En las arcas públicas del gobierno riojano sólo quedan rescoldos del calor de antaño. En La Rioja, como en el resto de Comunidades Autónomas, el bizcocho crecía cada año a ritmo de soufflé, no se dieron cuenta de que con horno demasiado fuerte el guiso sólo crece por el centro y el resultado es igualmente frustrante.
Llevan meses el presidente y sus consejeros dándole vueltas al termostato para decidir qué bizcocho nos sirven a los ciudadanos que, por otro lado hace ya tiempo que somos conscientes de que ese guiso de incrementos presupuestarios en continuo ascenso es imposible de mantener. El presidente anunció, a bombo y platillo y con tono solemne, un plan de austeridad que sólo iba a dejar en el presupuesto lo verdaderamente necesario, como si el resto de cosas consideradas ahora manifiestamente prescindibles hubieran sido presupuestadas por el Maestro Armero y no por él. Los variados gabinetes de comunicación del gobierno, totalmente innecesarios y que pagamos entre todos, propagaron la proeza como si se tratara de hacer público el descubrimiento de las Américas. Ahora, es el consejero de Obras Públicas el que concreta que las variadas autovías diseñadas en el grandioso y profusamente publicitado Plan de Carreteras de La Rioja 2010-2021, es decir, la de Calahorra-Arnedo, la de Haro-Santo Domingo -Ezcaray y la de Logroño-Villamediana quedan en suspenso hasta que el temporal presupuestario escampe. Considero que la crisis está aportando un poco de cordura a los dirigentes políticos. Seguramente no es políticamente correcto afirmar que quizás estas infraestructuras nunca debieron incluirse en Plan de Carreteras por una sencilla y simple razón: porque no podemos, ni hoy ni ayer, permitirnos ese lujo. Yo al menos así lo creo.
Seguramente es mejor tener autovías que carreteras de doble sentido, pero será mejor que si usted padece un cáncer o cualquier otra enfermedad no se regatee en pruebas diagnósticas, en tratamientos o en personal sanitario. Mejor que circular a 120 km/h será que su hijo pueda disponer de una enseñanza pública que garantice su formación para el futuro y si tiene un niño con dificultades tenga posibilidades de tener los apoyos que necesita. En nuestras casas nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaron que antes de comprar algo hemos de saber si podemos pagarlo y también que, casi siempre, es mejor renunciar a un capricho, caro e innecesario, para conseguir años de vida sencilla pero estable y sin sobresaltos que permita sacar a toda la familia adelante. Muchos no conocieron nunca lo que era irse de vacaciones pero facilitaron a sus hijos una educación y una vida que ellos nunca tuvieron. Aunque la insufrible cifra del paro nos desconcierte, es tiempo de valorar que la consecuencia positiva de esta crisis debe basarse en el replanteamiento de nuestro modelo político y presupuestario. Seguramente la sociedad ya ha asumido esta necesidad y ha interiorizado la complicidad de su silencio pero ahora considera que es necesario que la clase política conecte con la realidad de calle y espera que ésta no tarde mucho en hacerlo.
Por eso, es tiempo de reprochar a nuestros gobernantes, en este caso al gobierno riojano, que lleven tiempo sin decirnos la verdad sobre nuestras cuentas públicas. No toman esta decisión por responsabilidad sino obligados “in extremis” y que digan que estamos mejor que otros no resulta un alivio. Presiento que queda todavía mucha verdad por contar y se resisten a hacerlo por miedo a enrojecer cuando sepamos la verdadera magnitud de lo derrochado en caprichos innecesarios. Sugiero que nos pidan consejo a los ciudadanos sobre dónde recortar, quizás nosotros lo sepamos mejor que ellos.

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El paripé
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María Antonia San Felipe | 21-10-2011 | 05:42| 0


Sencillamente un paripé es lo que me ha parecido la conferencia de San Sebastián celebrada con inmenso aparato mediático y en la que los allí reunidos han pedido a ETA el cese de la “actividad armada”. No sabemos si esta potente escenografía servirá para algo pero, de momento, sus organizadores, el movimiento social vasco Lokarri y un autodenominado Grupo Internacional de Contacto, han tenido un notable éxito que ha colmado sus expectativas aunque seguramente no las nuestras.
Como en la fábula de Esopo, el parto de los montes se anunciaba de una trascendencia histórica sin precedentes, pero finalmente, lo alumbrado fue un ratón. Al acontecimiento en el palacio de Ayete asistieron, con sus mejores galas, el alcalde de San Sebastián, que previamente había anunciado que aquel día su municipio se convertía en la ciudad de la Paz y el diputado general de Guipúzcoa que había estrenado corbata para acudir a recibir a los mediadores extranjeros. Este título de mediadores no sabemos por quien ha sido otorgado pero creo que al acogerlos en su seno, tanto Izaguirre como Garitano, ilustres representantes de Bildu, lucían la sonrisa más amplia que jamás hemos conocido entre quienes tan acostumbrados nos tienen a equidistancias tan sutiles sobre la palabra violencia. Sirva de ejemplo de esta actitud lo contado, el día anterior a la citada Conferencia-paripé, por el Follonero de la Sexta cuando preguntaba a una representante de Bildu que si, en caso de que ahora hubiera un asesinato de ETA, lo condenaría. La entrevistada respondía con displicencia que ella no se hacía esas preguntas, como si lo impertinente fuera la pregunta y no la respuesta. Ella estaba en contra de todas las violencias, equiparando como tales, el acto de disparar a bocajarro contra una víctima con el hecho de detener al autor del asesinato por la policía democrática de un estado de derecho. ¡En fin, lo que ya sabemos!
Esto es lo habitual, pero lo que me parece más asombroso es que en todo el comunicado no se haya utilizado la palabra terrorismo o que todo un exsecretario general de la ONU como Kofi Annan se haya referido a él como el “último conflicto armado de Europa” como si estuviéramos en un frente con dos contendientes armados, cuando, bien sabemos, que los que caen a manos de ETA nunca empuñaron pistola alguna. No es de extrañar que la ONU carezca desde hace tiempo de la credibilidad que debiera concedérsele a tan importante organismo internacional.
Siguiendo con los hechos y como ningún drama se desarrolla en un solo acto, al día siguiente vino la segunda parte. Así, la izquierda abertzale, tan silenciosa en otras épocas, se decidía a hablar para pedir a ETA, con iguales palabras que en la Conferencia-Paripé de San Sebastián, que cese “en la actividad armada”. Este es sin duda el pistoletazo de la campaña electoral de Bildu de cara a las próximas elecciones y no olvidemos que si el tercer acto de la función cuidadosamente programada, es decir, el comunicado de ETA se produce en breve fechas, el éxito electoral de Bildu en las circunscripciones vascas y navarra está cantado. No cabe duda de que la debilidad casi mortecina de ETA, su evidente derrota moral e ideológica, son el fruto de años de constancia, sufrimientos compartidos y generosidad de la sociedad española soportados con madurez democrática y con entereza encomiables. Por estas razones, cuando el final está tan cerca que se sabe irreversible, sería de agradecer que aquellos que han alimentado y protegido los huevos de la serpiente no pretendan pasar ahora por pacifistas de toda la vida y quieran darnos lecciones sobre principios democráticos y morales al amparo de unos supuestos mediadores que evitan en todo momento llamar a las cosas por su nombre. En fin, una mesa con demasiados hipócritas en torno a ella.

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Fragmentos de España
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María Antonia San Felipe | 14-10-2011 | 09:26| 2

Cuando todavía resuenan los ecos del desfile de la fiesta nacional es buen momento para pensar en lo que actualmente somos como país después de la construcción democrática de lo que llamamos el Estado de las Autonomías. La experiencia descentralizadora parecía haber cosechado un rotundo éxito hasta que llegó la dichosa crisis. El férreo objetivo de reducción drástica del déficit público ha puesto de manifiesto muchos de los excesos presupuestarios en los que se han prodigado los diferentes gobernantes de las diecisiete autonomías que conforman nuestra querida España. En las últimas tres décadas el Estado se ha ido vaciando de competencias que han pasado a ser gestionadas por las Comunidades. La parte buena de este proceso consistía en acercar el ámbito de las decisiones al propio territorio y eso suponía, a priori, un mejor conocimiento de los problemas y por tanto una mejor y más rápida solución. En muchos aspectos la experiencia ha sido un éxito. Sin embargo, todo tiene su lado oscuro y podemos resumir que la parte mala del experimento radica en que los diferentes barones territoriales, unos más que otros, se han sentido como verdaderos señores encargados de sus feudos.
En los inicios, las administraciones autonómicas fueron creciendo con cierta ponderación, pero en el largo ciclo económico expansivo que vivimos hasta desembocar en nuestra “querida crisis”, las alegrías en el presupuesto han ido parejas al deseo de sustraer al control efectivo muchos de los gastos que se efectúan al amparo del manto autonómico e invocando siempre el interés regional. Es decir, no sólo se ha derrochado en cosas que no eran vitales, ni urgentes, ni seguramente necesarias, como aeropuertos, televisiones u otros elementos para la propaganda, sino que también han puesto especial interés en:
1º.- Crear todo tipo de empresas públicas, organismos autónomos, fundaciones, etc. que escapan al control parlamentario y a los que se accede por voluntad del dedo índice del gobernante de turno.
2º.- Incrementar de forma exponencial, año tras año, los capítulos destinados a subvenciones (tanto en trasferencias corrientes como de capital) para crear una red clientelar de entidades cuyos directivos viven exclusivamente del erario público y de ofrecer alabanzas al gobernante a cambio de lo recibido. Al mismo tiempo, asociaciones vitales y sin ánimo de lucro reciben ayudas simbólicas, bajo amenaza de perderlas si no se portan bien.
3º.- Considerar las Cajas de Ahorro como una dirección general más del propio gobierno lo que ha llevado a los recientes escándalos conocidos y que son sólo la punta del iceberg de lo que nunca sabremos.
4º.- Crear estructuras innecesarias para dar servicios que ya prestan los ayuntamientos o el Estado y prometer ahora crear comisiones para evitar duplicidades.
Hay más, pero no es cuestión de aburrir ni quiero exagerar, pero tengo la impresión de que el caciquismo, ese mal que impregnó España durante el periodo de la Restauración, ha vuelto a reproducirse casi miméticamente. En aquella época no había encuestas, pero el ciudadano veía con enorme desazón cómo Cánovas y Sagasta se alternaban en el gobierno sin que al país llegara a percibir mejora alguna en su nivel de vida. Pienso, sin embargo, que no hay que perder la esperanza, lo que nos ha pasado puede resumirse en el viejo refrán que nos cuenta que el pan atonta. Nuestros gobernantes han dispuesto de tanto pan, elaborado con una mezcla de impuestos y déficit, que sólo cabe esperar que el hambre los haga más austeros, sensatos y eficaces de lo que han sido y que finalmente aprendan que los perros no se atan con longaniza.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.