La Rioja
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Mirar y ver
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María Antonia San Felipe | 13-05-2017 | 06:00| 0

Que mirar y ver no son la misma cosa es algo que sabemos pero que olvidamos con demasiada frecuencia. En Francia se ha frenado a la ultraderecha de Le Pen pero el germen sigue intacto ya que sus principales apoyos han sido cosechados entre la clase obrera que se siente abandonada por sus representantes tradicionales.
           El estrepitoso fracaso del Partido Socialista ha sido tan importante que no es posible predecir sus consecuencias. Habrá que ver si en el escaso tiempo que resta para las elecciones legislativas de junio puede reorganizar a los supervivientes. En Inglaterra, que está ya en campaña electoral, el Partido Laborista puede cosechar desastrosos resultados. No podemos olvidar que tanto Benoît Hamon como Jeremy Corbyn fueron elegidos en las primarias correspondientes y que ambos levantaron grandes pasiones frente a sus rivales pero no ocurrió lo mismo entre sus votantes. Ello indica que no sólo los dirigentes de ambos partidos, sino también sus militantes han caminado por senderos divergentes a sus potenciales votantes. En el caso francés (6,3%) el abismo que se ha abierto bajo sus pies produce el vértigo de un desmoronamiento.
           En España el PSOE está entregado a su propia batalla y sería conveniente que todo el partido (dirigentes, candidatos y afiliados) reflexionasen sobre el proceso en el que están participando. Si miran bien lo que ha ocurrido en el país vecino debieran poner las barbas a remojar. El ambiente en que se está celebrando la campaña electoral interna es de una crudeza extrema, la tensión se vislumbra de arriba abajo y de abajo arriba. No es de extrañar, pues el proceso de primarias nace de un Comité Federal cainita que ha dejado heridas sangrando y mucho resquemor entre la militancia que se siente manejada e incomprendida. Los dos candidatos que han obtenido más avales de la militancia, Susana Díaz y Pedro Sánchez, esgrimen sus razones legítimas pero las afrentas previas que ambos acumulan hacían aconsejable que no fueran los protagonistas de esta carrera en la que el PSOE se juega su supervivencia.
           Susana Díaz esgrime a su favor la fuerza que le da ser la presidenta de Andalucía y representar a la mayor federación socialista, aunque no sea secundada por todos. Cree que puede ganar, tiene apoyos notables y se ha educado en la organización interna del PSOE para llegar a lo más alto. La distribución geográfica de sus avales ha puesto de manifiesto que Sánchez gana en 11 federaciones y Susana en 6. Es decir, que tiene un nivel de rechazo que, quizás, no esperaba.
           Pedro Sánchez se queja de que Díaz tiene a su favor al aparato del partido y, sin duda, sabe de lo que habla porque él lo controló con mano de hierro a través de César Luena. Él ya ha concurrido dos veces a las elecciones con exiguos resultados. Sin embargo, lo sucedido en el Comité Federal del 1 de octubre pasado le ha dado una fuerza de la que carecía tras su segunda derrota electoral. Fue victimizado ante todo el país en una reunión muy poco edificante, lo que significa que del infierno puede pasar al cielo del poder interno. Pedro Sánchez tiene posibilidades de ganar, más de las que creían sus enemigos e incluso sus amigos que se pasaron a la candidatura de Patxi López que, hoy por hoy, tiene menguadas posibilidades.
           Quedan todavía muchos militantes socialistas sin candidato claro, que hubieran preferido otros rostros y más ideas que cuchillos para ganar sus voluntades. Todo es muy incierto, puede ocurrir que quien gane las primarias obtenga su último éxito. Si no se pone en juego algo más que pelea interna, si no se produce una profunda regeneración ideológica que abandone la complicidad con las políticas aceptadas por el PSOE en el año 2010, si no hay un proyecto sincero que devuelva la confianza a los votantes maltratados y excluidos, a los que se lleva tiempo dando la espalda, ese partido ganador, que todos dicen querer, puede convertirse en un partido con más ambiciones que líderes y con más historia que futuro.

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Podemos arder
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María Antonia San Felipe | 06-05-2017 | 07:09| 0

A veces hay una realidad oculta que nos negamos a admitir, sobre todo cuando cerrar los ojos nos hace olvidar lo que la verdad esconde. Las novelas del siglo XIX nos mostraban personajes que aprendían un oficio a cambio de comida y un catre instalado en un cuchitril. Las declaraciones del chef Jordi Cruz sobre los becarios que trabajan gratis en restaurantes de a tropecientos mil el menú, nos han regresado a la época en la que se iniciaba la lucha por los derechos laborales y la dignidad de los trabajadores.
          La polémica se ha hecho fuerte en el campo abonado de la decepción y la angustia de muchos jóvenes que no hallan salida y las que encuentran son precarias y mal pagadas. Sin olvidar que lo que uno rechaza, por considerarlo una agresión, otros muchos lo aceptarán sin rechistar empujados por la desesperación. La competitividad era esto, rebajar salarios, fomentar el subempleo y destruir derechos laborales. La desmovilización de los ciudadanos es la consecuencia previsible. Una vez que se ha pasado por el aro, las voluntades quedan domesticadas y las protestas desaparecen. Por eso esta polémica no ha hecho sino recordarnos adónde hemos llegado o más bien adónde nos han traído las políticas aplicadas con mano dura desde que comenzó la crisis económica. La consecuencia puede ser la destrucción del sueño europeo.
          Estamos en medio de un gran desconcierto, origen de la incertidumbre y volatilidad política que hay en España y en toda Europa. Lo que ocurrió en Francia en la primera vuelta de las elecciones presidenciales es una prueba de la desorientación en que vivimos. Los dos partidos tradicionales que han administrado el poder desde finales de la Segunda Guerra Mundial se han desplomado. La derecha de Fillon, pasa a ser tercera fuerza (19,91%), y el partido socialista liderado por Hamon, quinta (6,3%). Enmanuel Macron, con su plataforma ¡En Marcha! ganó por poco más de dos puntos (23,75%) a Marine Le Pen (21,53%), la candidata del Frente Nacional y todo ello nos coloca ante la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en la segunda vuelta.
          Marine Le Pen es la heredera del partido que fundó su padre en 1972, no es un partido nuevo como tampoco lo son sus ideas, pero ha conseguido el apoyo de casi 7,7 millones de franceses. Sin duda, Le Pen ha aprendido mucho. Actúa como un camaleón adaptándose a las circunstancias y recogiendo sus principales apoyos entre las clases trabajadoras que están sufriendo con más fuerza la crisis o la deslocalización industrial. Trata de ocultar su xenofobia y fomenta el sentimiento ultranacionalista que florece entre los ciudadanos indignados que han interiorizado que todo lo malo viene de Europa o de la inmigración. Estas eran características tradicionales de su discurso pero ahora ha añadido un nuevo ingrediente a su nuevo guiso ideológico. Ha copiado de Trump el discurso contra las élites políticas acomodadas, es decir contra el establishment, un matiz que tan buenos resultados reportó al actual presidente de los EEUU.
          En este terreno encuentra concomitancias, queriéndolo o no sus dirigentes, con el movimiento encabezado por Jean-Luc Mélenchon, Francia Insumisa, que ha obtenido casi el 20% de los votos. Solo así se explica que su militancia haya decidido, mayoritariamente, abstenerse o votar nulo en la segunda vuelta alejándose del resto de partidos que han decidido apoyar a Macron como mal menor. Este es el terreno en el que quiere pescar Le Pen. Puede ocurrir que una elevada abstención y un trasvase de votos diera la mayoría a la líder ultraderechista en detrimento de Macron, aunque lo más probable es que se quede en torno al 40% de los votos, un porcentaje que asusta. Pase lo que pase el domingo en Francia para evitar que el mal se propague solo hay una solución: abandonar la política actual en Europa. Algunos están jugando con fuego y la única solución pasa por sacar las mangueras y regresar a la idea originaria de la Europa social y democrática. Si algunos siguen sin ver, tarde o temprano, podemos arder.

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Sin vergüenzas
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María Antonia San Felipe | 29-04-2017 | 06:00| 0

España ya no es una península sino una isla rodeada por el océano de la corrupción. Al principio la ciénaga de mierda nos pareció un lago, desagradable, pero de dimensiones controlables. La voracidad de una clase política decadente e inmoral ha conseguido, con tesón, eficacia y años de dedicación a la mamandurria y al mangoneo convertir el lago en un mar de sorpresas tan inmenso como repulsivo. España ha pasado del estado del bienestar a ser un estado en permanente saqueo. El prodigio es sencillo: el enriquecimiento de unos convierte en endémica la pobreza de otros. Ese es el nuevo milagro económico español. En 2015, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, 2,6 millones de españoles están en situación de pobreza severa. Sin estadísticas, también sabemos que una abundante y nutrida representación de políticos, mientras predicaban amor a España, nos vaciaban las arcas públicas y se forraban.
           Pese a que es imposible ocultar por más tiempo la verdad en este país todavía hay quienes pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino, mintiéndonos sin sonrojarse, y quienes están dispuestos a perdonar que el saqueo se producía mientras nos sermoneaban con la cantinela de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades.
           Como dice el humorista El Roto, ya no son necesarias las dictaduras porque nadie desobedece y porque, como dicen en la calle, nos tienen cogido el tranquillo. Esta es la realidad, solo levantamos la voz en los bares pero ante las urnas hay pánico al castigo. Por eso, en la cúpula del gobierno, Rajoy está tranquilo y el PP, también.
           El asunto de Nacho González, el expresidente de la Comunidad es una bomba en el corazón del Estado. Algunos duermen ya en la cárcel de Soto del Real pero los consentidores, los encubridores, los correligionarios silenciosos, los fiscales amigos y una amplia panoplia de beneficiados siguen en sus puestos de mando. Esperanza Aguirre se ha visto obligada a dimitir por no haber vigilado este sucio negocio de comisiones pero no puede olvidarse que la financiación del PP estaba entre los fines principales de esta trama organizada. Un delito que el fiscal anticorrupción, el amigo Manuel Moix, ha evitado señalar en primera instancia.
           Las escuchas telefónicas y la investigación han desvelado la tremenda complicidad y  la confusión entre las redes corruptas de políticos y el poder judicial. Todo esto es muy grave porque vulnera la división de poderes, que es la garantía del buen funcionamiento de un estado democrático. Es un escándalo tan descomunal como el dinero del que se ha apropiado la trama corrupta. Pero hay más, Cristina Cifuentes haciéndose como dice ella, “la rubia”, que es lo mismo que hacerse la tonta, está aparentado ser lo que no es. Ha sido su testimonio el que ha exonerado a Francisco Marhuenda y a otros. Una vergüenza que oculta la complicidad de intereses con la prensa sumisa, no con el periodismo libre. Sin olvidar que Cifuentes y Rajoy son, al fin y al cabo, los beneficiarios de las campañas del PP financiadas ilegalmente.
           La dimisión de Aguirre es insuficiente. Tanto Esperanza como Rita Barberá han sido utilizadas como cortafuegos para frenar el incendio del principal responsable político de todo este merduquero: Mariano Rajoy. El recado que le ha enviado Esperanza Aguirre, aunque solo sea por no vigilar, es un aguijonazo en la conciencia no solo del presidente sino de muchos militantes del PP. Mariano Rajoy está en el centro de la ciénaga, no sentado en una nube, por eso tiene que ir a declarar a la Audiencia Nacional, algo sin precedentes en esta democracia ultrajada. Si le queda un poco de  lo que debe tener un buen político, es decir, dignidad y sentido de estado, debiera dimitir antes de esa fecha. No va a hacerlo, pero puede ser que del pudridero de la corrupción salga, sin esperarlo, el final de un cuento de ranas en el que el único príncipe sea, tarde o temprano, la verdad y ojalá que también la justicia. Hace mucho que algunos extraviaron la decencia, pero la ciudadanía no puede perderla. Es hora de hacerles sentir vergüenza, no de consentir sinvergüenzas.

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El paraguas
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María Antonia San Felipe | 23-04-2017 | 15:48| 0

La corrupción en este país es como el mito del eterno retorno, siempre vuelve. Cuando una cierta calma se había instalado en Moncloa y en los cuarteles generales del PP tras el exitoso congreso que coronó de nuevo a Mariano Rajoy, sin oposición interna aparente, una gaviota negra ha sobrevolado su territorio y ha depositado sus excrementos en la hoja de ruta del gobierno. No hay como estrenar traje para que algún pájaro te regale una cagadita en la hombrera.
          Mientras conocíamos que el superministro Rodrigo Rato no había parado de hacer negocios ni de expatriar capital cuando estaba en el gobierno de Aznar ni tampoco durante su etapa al frente del FMI, en el PP se ocupaban en distanciarse del  gurú del milagro económico del PP, según su anterior doctrina. Rodrigo Rato es ya un apestado del pasado, así que respiraban ufanos cuando unos jueces, aplicando la ley, deciden que Mariano Rajoy debe declarar como testigo sobre el caso Gürtel en la Audiencia Nacional. Hay que reconocer que, incluso en esta democracia que nos parece imperfecta, todavía hay ámbitos que escapan del control del gobierno. ¡Viva la Constitución!
          El jarro de agua fría se produjo contra todo pronóstico, especialmente el de sus tutelados en la Fiscalía y en la Abogacía del Estado. Esperanza Aguirre también va a declarar y aunque dicen los juristas que los testigos no pueden mentir, lo que es seguro es que no dirán la verdad. Es la fuerza de la costumbre, porque esa es la única certeza que tenemos desde que comenzó el asunto, que llevan años mintiéndonos. Pero ahora lo que toca es hacerse el tonto que es la estrategia judicial más exitosa en este país. Recordemos a la infanta Cristina, a Ana Mato y a otros que nada sabían ni recordaban porque los millones caen del cielo los días de luna llena. Aunque a Mariano, no se hagan ilusiones, no lo veremos hacer el paseíllo hasta la Audiencia Nacional, él no es de esos toreros que esperan al morlaco a la salida de toriles a porta gayola, él es don Tancredo y su testimonio evitará el riesgo de cornada.
          Pues eso, que estaba Mariano pensando cómo salvar este trance haciendo nada mientras sus portavoces culpan a los demás de este contubernio y va el juez Velasco y ordena la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El heredero de la cazatalentos Esperanza Aguirre está implicado en la trama Púnica y en la supuesta corrupción en el Canal de Isabel II. El corazón corrupto del PP madrileño ha quedado al descubierto y como guinda el juez ha imputado al mayor adulador del Reino, Francisco Marhuenda.
          Pero nada, la corrupción no existe en el PP, eso repiten sus voceros que han regresado a la vieja cantinela de que todo es un contubernio político contra ellos, un partido pulcro que no sabe nada de adjudicaciones públicas a cambio de dinero, que jamás tuvo caja B, ni conoció a Bárcenas, ni a Correa, ni a Granados ni a Rato ni a nadie de los que, todo el mundo intuye, pasaban por la ventanilla para pagar el correspondiente peaje. Dice el portavoz popular que no solo no hay derecho a esto, sino que es un abuso del derecho. Así que ahora toca desacreditar a los jueces que se venden a intereses espurios no como el PP donde solo admiten dirigentes inmaculados.
          Pero Mariano ya ha advertido a todos que estén tranquilos, no hay motivos para dimitir ni para preocuparse pues hasta ahora sin hacer nada, resistiendo y negando lo evidente han revalidado el gobierno. En el PP creen que a estas alturas la corrupción, por inmensa que sea, ya no les pasa factura electoral, pues según los sondeos de opinión son el único partido que aguanta y mejora resultados. ¡Que nadie pierda los nervios!, ha decretado Mariano argumentando que siempre que llueve escampa y tal como están las cosas ni siquiera tendrán necesidad de abrir el paraguas. A nosotros nos conviene hacerlo para evitar que tanta mierda nos caiga encima.

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Tiempo de pasión
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María Antonia San Felipe | 15-04-2017 | 06:33| 0

Cuenta el tango “Cambalache”, que el siglo veinte fue un despliegue de maldad insolente y que eso ya no hay quien lo niegue, ya vemos que a la altura del año 17 del siglo XXI nada indica que éste vaya a ser mejor. Vivimos entre injusticias y lo peor es que estamos instalados en la indiferencia. Mientras las bombas caen sobre Siria y el ejército de Al Asad gasea a la población civil en Europa hacemos como que no nos damos cuenta. Al tiempo que planificamos las vacaciones, contemplamos procesiones o nos tomamos una caña, millones de personas sufren las consecuencias de las guerras. Por dura que sea la realidad que nos rodea ya nada nos atormenta, solo nos conmueve circunstancialmente y luego se nos olvida. Incluso pasamos de exigir a las autoridades que hagan algo para frenar una guerra que ha producido más de 350.000 muertos y millones de desplazados. Así que los gobiernos del mundo marean la perdiz según sus propios intereses estratégicos o, en el peor de los casos, alimentan el espantajo del miedo a los refugiados aprovechando la locura terrorista del Daesh, que crece y se autoalimenta porque a alguien también le interesa.
            Observando como Al Asad no tiene reparos en exterminar con gas sarín a su pueblo y otras salvajadas como bombardear hospitales, una se pregunta qué concepción tienen algunos del poder para extender la muerte como una epidemia. Mantener el poder, ese es el único objetivo. De los grupos opositores poco sabemos. Así que lo único cierto es que la gente huye de la muerte y no podemos ignorarlo por más tiempo. La ONU es una entelequia, ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en una resolución de condena y si lo hacen es un papel mojado que a nadie importa.
           El ataque estadounidense, ordenado por el presidente Trump, supuso el lanzamiento de 59 misiles tomahawk sobre el aeródromo del que salieron los aviones del régimen sirio que gasearon a los civiles, fue la represalia al bombardeo que acabó con 86 muertos, 30 de ellos niños. La orden de Trump ha resultado sorprendente porque hasta ahora había defendido lo contrario, una sospechosa postura que lo aproximaba más a Putin que a su antecesor, el presidente Obama.
           Esta intervención armada ha sido apoyada mayoritariamente por los norteamericanos y ha supuesto un reforzamiento de la imagen pública de Trump en las encuestas de opinión. Esta consecuencia directa hace que resulte sospechosa esta acción de Trump. Un hombre egocéntrico en grado superlativo, más preocupado por su imagen que por cualquier otra cosa en el mundo de las vanidades en el que vive, invita a observarlo con doble mirada. Las continuas sospechas sobre sus conexiones con Putin estaban levantando una oleada de recelos sobre la injerencia de Rusia en la política norteamericana. De pronto Trump, que en agosto de 2013 cuando Barack Obama sopesaba una acción militar en Siria tras un ataque químico que asesinó a 1.400 civiles en las afueras de Damasco, se mostró contrario a la intervención, ahora en un golpe de magia se conmueve, bombardea Siria y se enfada con el amigo Putin.
           En este juego de declaraciones sobreactuadas, el portavoz de la Casablanca ha cometido un error inmenso. Para explicar lo malo que es Al Asad ha querido dulcificar la maldad de Hitler, quien según él no utilizó gases contra la población civil, como si los asesinados con gas en los campos de concentración no hubieran existido. Todo resulta muy sospechoso al igual que la aparente tensión mostrada por el régimen de Putin en la reciente visita del secretario de Estado de EE UU, Rex Tillerson. En la diplomacia el arte de la mentira es tan sutil que, si se lo proponen, el mayor embuste parece una irrefutable verdad. Todo huele a teatrillo para reforzarse mutuamente. El mundo está en sus manos, lo cual en sí mismo es ya una amenaza. Disfruten de la semana de pasión que Al Asad, Putin, Trump y algunos otros disfrutan de la suya: el poder.

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Lágrimas
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María Antonia San Felipe | 08-04-2017 | 07:42| 0

Cuentan las crónicas sobre el congreso del PP de La Rioja que en el transcurso del mismo hubo lágrimas. Pedro Sanz, conocido popularmente como Pedrone, el hombre que con mano de hierro ha conducido durante un cuarto de siglo los destinos de la derecha riojana lloró de emoción y, después del recuento de votos, comentan que de conmoción. No es para menos. En sus tiempos de gloria ni una mosca hubiera sobrevolado los salones de Riojaforum sin su permiso. Ahora que su poder ha quedado periclitado los afiliados de su partido se han tomado la revancha después de años de obediencia y sumisión al líder. Cuando supe de las lágrimas que habían rodado sobre sus mejillas, evoqué la insuperable escena de Quo vadis? cuando Peter Ustinov, en el papel de Nerón, llora antes de ordenar el incendio de Roma. En este caso el fuego de las urnas no precisó la ayuda de los bomberos aunque Pedro Sanz, por dentro, sintió que su orgullo ardía en la hoguera de la humildad, una virtud que jamás había practicado. La corona de laureles, que adorna a los líderes y que durante años lució, creyéndola eterna, desapareció para siempre de su frente y pasó a adornar la cabeza de un Ceniceros exultante.
Sanz que pudo retirarse con elegancia el día que fue relevado de la presidencia del gobierno, o incluso antes, no quiso hacerlo y permaneció en la sombra pretendiendo influir en su fortuito heredero que ahora regentaba el chiringuito gubernamental. Ceniceros fue siempre un hombre fiel y sumiso a Pedro Sanz, por eso él lo eligió. Durante años Ceniceros y otros muchos fueron su guardia pretoriana, llevaron adelante sus consignas y sus imposiciones. Obedientemente, aunque no lo compartieran, toleraron las salidas de tono de su jefe. Cuando Pedro Sanz elegía una víctima no cejaba en su empeño hasta destruirla, no siempre lo consiguió, pero su cohorte jamás alzó la voz ni en las purgas internas ni en las cacerías a miembros de la oposición.
           Por eso este proceso congresual del PP ha sido duro, muy duro, especialmente para José Ignacio Ceniceros que ahora desempeñaba el papel de víctima propiciatoria en el intento de Sanz de proclamar a su verdadera heredera. La rueda de prensa de Sanz explicitando su apoyo a Cuca Gamarra fue sorprendente, sus palabras no fueron de refuerzo de la alcaldesa de Logroño sino contra José Ignacio Ceniceros. Sanz, que jamás fue generoso, pedía generosidad. Él, que se va porque no le queda más remedio, hablaba de saber echarse a un lado para dejar paso. ¡Qué ironía! A las declaraciones teñidas de hipocresía hay que sumar las del presidente de la Cámara de Comercio de La Rioja, José María Ruiz Alejos, denunciando que no había timonel en el gobierno de La Rioja. Otro dardo envenenado a la línea de flotación de Ceniceros pilotado por Pedro Sanz.
           Es indudable que en el afán de acabar con José Ignacio Ceniceros se le ha ido la mano y eso ha terminado removiendo a la militancia que, en todos los partidos, no soporta la división pública de sus representantes. Al victimizar a Ceniceros con declaraciones tan duras e intempestivas, Pedro Sanz le ha dado la fuerza y, a su pesar, el liderazgo. Lleva razón Ceniceros cuando, antes de ganar, afirmaba que en este clima incluso el triunfo era una derrota. Pacificar su partido tras el proceso sangriento que se ha vivido es un reto. Después de haber sufrido en sus propias carnes el estilo implacable del más genuino Pedrone seguramente ha aprendido más que en toda su carrera política. Ahora sabe que lo que está mal, está mal aunque no se lo hagan a uno.
          Pedro Sanz sin práctica en asumir derrotas también ha aprendido lo efímero e imprevisible que es todo en política. Al actual vicepresidente del Senado le queda un retiro dorado despojado de todo poder de influencia. No será el único disgusto que coseche antes de pasar a integrar el único tiempo que le queda, el del olvido.

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Chistes prohibidos
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María Antonia San Felipe | 01-04-2017 | 07:16| 0

El humor es una peculiaridad intrínseca del pueblo español. Cualquier suceso es un reto para nuestra desbordante imaginación. La producción de chistes incrementa, exponencialmente, el PIB por habitante y supera la media mundial de cualquier índice productivo. Sin chistes España no sería España y por supuesto el porcentaje de depresivos se incrementaría considerablemente. Si el humor es un síntoma de inteligencia la prueba de que el pueblo español lo es se demuestra en su capacidad de superar momentos muy difíciles a base de ingenio y agudeza.
           Recordemos la dureza de la posguerra, el hambre y la miseria embaldosando todos los rincones del suelo patrio. Pese al lema del franquismo, que rezaba (nunca mejor dicho) en las paredes de ciudades y pueblos: “en la España de Franco nadie pasa hambre”, lo cierto es que los muertos de hambre se contaban por millones. La agudeza culinaria era tal que se hacían tortillas de patatas sin huevos ni patatas, el café no era café sino achicoria, el pan era negro y los gatos parecían liebres, en realidad en la vida cotidiana a los españoles siempre les daban gato por liebre.
          Estas adversidades se superaban con humor, los chistes de chorizos, del estraperlo y de los que aparentaban comer pero no lo hacían eran el pan (negro) nuestro de cada día. Para replicar al lema del régimen nació el personaje de Carpanta, aquel hombre que, bajo un puente, soñaba con un pollo asado todas las horas del día. Y llegó Gila, a poner en entredicho todos los tabúes de un país con el alma encogida por las heridas de la guerra. Había un código de sobreentendidos, de lugares comunes en el pensamiento de los españoles, gracias a los cuales, los humoristas conseguían, en un país sin libertades, superar la censura con inteligencia y con la complicidad de los lectores.
          Cuando Carrero Blanco fue asesinado por ETA un 20 de diciembre de 1973, entre las calles Claudio Coello y Maldonado de Madrid, la noticia conmocionó al país e, indudablemente, supuso un punto de inflexión para la aparente fortaleza de un régimen totalmente anacrónico respecto al resto de Europa. Sin embargo, ningún asesinato, ni el del personaje más siniestro, es justificable en defensa de ninguna causa. No podemos dejar de constatar que el hecho cierto de que la fuerza de la explosión produjera la elevación del vehículo oficial a más de 35 metros de altura fue objeto, por aquellos días, de numerosos chistes.
          En 1983, en el corazón de los llamados “años de plomo” de ETA, es decir, cuando más dolor causaba la banda terrorista, los españoles pudieron reírse con chistes de Tip y Coll, amparados por el artículo 20 de la Constitución Española. Nadie se molestó ni tampoco los españoles pensaron que el famoso chiste sobre la prodigiosa carrera del presidente del gobierno, Luis Carrero Blanco: “De todos mis ascensos, el último fue el más rápido”, fuera una apología de ETA por parte de los humoristas. Por eso sorprende que cuando ETA ha sido derrotada, cuando el estado democrático ha vencido, se condene a una activista por difundir chistes de Carrero Blanco. Las víctimas cuentan con una enorme consideración social, por eso, cabe preguntarse qué está pasando en este país con la libertad de expresión. Es preciso recordar que se está produciendo un retroceso en nuestros derechos, en general. ¿Cómo es posible que una democracia asentada y estable limite más este derecho que una democracia incipiente?
          A muchos nos escandaliza que en este país la Audiencia Nacional haya condenado a la joven Cassandra a un año de prisión y siete de inhabilitación por unos tuits y, sin embargo, los que han saqueado España se vayan de rositas y quienes los amparan nos sigan mintiendo  día tras día. Está claro que esta sentencia no solo es un mal chiste sino la evidencia una democracia enferma. ¡Qué prohíban los chistes!

 

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El corazón de la Tierra
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María Antonia San Felipe | 25-03-2017 | 08:30| 0

Esta semana de nuevo la locura envenena la Tierra y nos deja un doloroso balance de víctimas inocentes frente al parlamento británico. El incomprensible atentado se ha perpetrado  un año después de los atentados yihadistas que sufrieron el aeropuerto de Bruselas y la estación de metro de Maelbeek que sumaron 32 víctimas mortales de diversas nacionalidades. Mientras se recordaba a los difuntos y a sus familias, en Londres se contaban ya cuatro muertos, entre ellos el infame terrorista, y más de cuarenta heridos. Este es el descorazonador panorama de un mundo enfermo, muy enfermo.
Precisamente el día anterior, con motivo del Día Internacional de la Poesía, leía a Gloria Fuertes y me preguntaba qué mirada aportaría hoy a este mundo que parece no tener arreglo. Según ella: “El corazón de la Tierra/ tiene hombres que le desgarran./La Tierra es muy anciana./Sufre ataques al corazón/-en sus entrañas-./Sus volcanes,/laten demasiado/por exceso de odio y de lava”.
           Pues sí, Gloria. La Tierra está malherida por el odio y la violencia y no veo que esta espiral de resentimientos y rencores vaya a parar algún día.  La ausencia de principios morales y la extinción del respeto, impregna hasta los aconteceres más cotidianos de la vida.
           Si analizamos, por ejemplo, lo ocurrido este fin de semana en Mallorca se te ponen los pelos de punta de los derroteros que está tomando este mundo sin cabeza en el que vivimos. Se jugaba un partido de fútbol entre el Alaró y el Collerense, dos equipos de infantiles. Pues bien, en el transcurso del mismo varios de los padres de los equipos rivales comenzaron a increparse y finalmente se produjo una pelea multitudinaria y vergonzosa se mire por donde se mire. Se supone que los chavales van a divertirse y a pasar un buen rato con amigos y familiares. Tras el alboroto, el partido se suspendió. Muchos lloraron y otros se fueron avergonzados. No es para menos. ¿Cómo van a inculcar valores de respeto hacia los otros esos padres? ¿Cómo  van a enseñar a esos niños a alejarse de cualquier tipo de violencia si a la menor ocasión ellos la emprenden a puñetazos? No podemos olvidar que la familia es la base fundamental de la educación y que los niños imitan lo que ven en los mayores.
           También esta semana, el mismo día del atentado, se ha difundido un vídeo en el que varios jóvenes, en Bilbao, pelean violentamente jaleados por sus compañeros mientras unas niñas tratan, sin éxito, de separarlos. No es la primera vez que ocurre ni tampoco que se agreda, insulte o acose a compañeros dentro de las escuelas o fuera de ellas. Es la última moda grabar las agresiones con los teléfonos móviles con la finalidad de enviar el macabro suceso a las redes sociales. No podemos olvidar, en este irracional contexto, el elevado número de mujeres maltratadas o asesinadas por sus parejas cada año. Entre 2007 y lo que va de este año, se cuentan 684 muertas y no parece que las autoridades ni la propia sociedad se tomen suficientemente en serio este problema.
           En definitiva, me asusta la normalidad con la que nos acostumbramos a la monstruosidad del asesinato, a la brutalidad de los golpes, a la anomalía del insulto. Parece como si la violencia formara parte de nuestras vidas y sólo nos escandalizáramos de ella cuando es irreversible. No debiéramos tolerar ningún tipo de violencia a nuestro alrededor porque esa es la única forma de no habituarnos a lo que es una aberración que degenera la condición humana. No dejemos que nuestro corazón enferme, como el corazón de la Tierra, porque, como dice Gloria Fuertes: “La Tierra no está para muchos trotes/está cansada./Cuando entierran en ella/niños (hombres y mujeres) con metralla/le dan arcadas”.

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Zipi y Zape
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María Antonia San Felipe | 18-03-2017 | 06:14| 0

Cuando dos cosas se parecen decimos que son como dos gotas de agua. Pues bien en la política española el partido de Jordi Pujol y Artur Mas se parece al de José María Aznar y Mariano Rajoy  como la oveja Dolly a su clon. En fin, que Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) y el PP son como Zipi y Zape. No hay que ser un lince para detectar que ambos partidos han construido su supremacía política, en Cataluña y en España, en base a idénticos argumentos que el tiempo va demostrando que son fantásticas mentiras. Digo fantásticas porque parecen de ciencia ficción, como propias de un mundo, más bien mundillo, que sólo ellos habitan. El resto de los españoles bastante tenemos con sobrevivir a sus mentiras y al saqueo del país.
          Estos días se está celebrando el juicio por el “caso Palau” y hemos escuchado, no sin sonrojo e indignación, como Félix Millet, el todopoderoso director de la emblemática institución catalana del Palau de la Música, confesaba que algunas empresas, como Ferrovial, hacían donaciones para que el dinero fuera a Convergencia a cambio de obra pública que les adjudicaban. Su número dos, Jordi Montull, con total naturalidad, ha explicado que el “presunto”soborno“primero era del 3% y después del 4%”. El fiscal Emilio Sánchez Ulled, a fin de aclarar, le preguntó: “¿subieron por el incremento en el coste de la vida?” y Montull respondió “no, porque Convergencia quería más dinero”. Es decir, que CDC era como el tragantúa que  todo lo come. El reparto era sencillo: un 2,5% para CDC, un 1% para Millet, y un 0,5% para Montull. Primero la organización y después los recaudadores, a cada cual según el escalafón.
          Lo mismo prácticamente ha explicado Correa en la Audiencia Nacional al desvelar que también el PP participaba en una trama para recaudar el 3%. Por este motivo el juez de la Audiencia Nacional, José de la Mata, ha ordenado la reapertura del caso de la caja b del PP. Según explica Correa, el entonces gerente del PP, Luis Bárcenas, mediaba con los ministerios de Fomento, Agricultura y Medio Ambiente para conseguir obras para sociedades como OHL o ACS y estas empresas pagaban a cambio una comisión que se repartían entre el líder de la Gürtel, Bárcenas y el Partido Popular.
           Ya ven, como dos gotas de agua. Y ante estas cosas tan grotescas, que ponen los pelos de punta y agrian el estómago, ¿cuál ha sido la reacción de Zipi y Zape? Pues, como procede entre iguales: negarlo todo. Según Zipi, todo son invenciones para acabar con el “procés independentista català”. Según Zape, todo son confabulaciones para minar al gobierno. Y además como dice Mariano, “esto son cosas del pasado” y por supuesto, “todo es mentira salvo alguna cosa”. Aun poniendo cara de tonto todo indica que casi todo es verdad y que la única mentira es la que ellos nos cuentan.
          Pero la pretensión del engaño va más lejos todavía. Igual que los gemelos se echan en falta cuando se alejan, CDC y el PP se necesitan como la playa al mar. Los de Convergencia se hacen las víctimas del PP y el PP anuncia, por activa y por pasiva, que no se doblegarán a las pretensiones de Mas y Puigdemont. Ambos partidos, enfangados hasta las cejas, se levantan sobre su propio barro mientras esquilman la sanidad, los servicios públicos y las prestaciones sociales. Perfectamente coordinados se acusan de anticatalanes y antiespañoles, respectivamente. Al tiempo que abren una brecha en la sociedad, cada vez más profunda, pretenden distraernos del tufo que emerge de las cloacas sobre las que están instalados. Es cada día más complicado para Zipi y Zape continuar negando lo que todo el mundo sabe que es verdad. Espero que la justicia termine por mostrarnos la inmensidad del expolio perpetrado al presupuesto público y que, una vez probadas judicialmente las mentiras, se les caiga la cara de vergüenza  a quienes insisten en tratarnos como a imbéciles.

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Cuestión de bemoles
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María Antonia San Felipe | 11-03-2017 | 07:41| 0

En pleno siglo XXI un individuo se ha permitido argumentar la inferioridad de las mujeres sin que se le caiga la cara de vergüenza y lo ha hecho nada menos que en el Parlamento Europeo. El personaje debe creer, a estas alturas del milenio, que la inteligencia no habita en el cerebro sino que el asunto es, simplemente, cuestión de bemoles. ¡Manda güevos! Y no lo duden, los huevos mandan porque el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke ha defendido que “las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”. Lanzó la pedrada revestida de humillación e insulto y se quedó tan ancho.
           En el europarlamento debió escucharse, a continuación, un abucheo masivo contra el europarlante pero esto no sucedió. Los escaños estaban vacíos y sus ilustres señorías vaya usted a saber de qué peligro nos defendían. Así que fue una diputada española, Iratxe García, la que plantó cara al extremista espetándole que ella estaba allí para defender a las mujeres de hombres como él. Menos mal que había alguien porque de no haber sido así el caso hubiera pasado desapercibido a la opinión pública.
           Este individuo de extrema derecha hace dos veranos tuvo a bien concluir su intervención con un saludo nazi que le salió del alma y de más abajo. Pero tampoco pasó nada. El hecho es que, poco a poco, algunos van expresando ideas absolutamente totalitarias y retrógradas sin recibir una respuesta adecuada por parte del resto de nuestros representantes políticos. Si este personaje hubiera dicho que son seres inferiores los italianos, los franceses, los ingleses, los alemanes o los polacos se hubiera armado la marimorena. Se hubiera considerado una agresión y una ofensa intolerable al honor de cada una de las naciones mencionadas. Sin embargo, cuando se insulta, menosprecia y humilla a las mujeres muy pocos alzan su voz. Al menos, a mi juicio, no dicen ni hacen lo suficiente para frenar actitudes cada vez más peligrosas, sólo condenas suaves en la línea de lo políticamente correcto. Pero la agresión verbal de este parlamentario vulnera la dignidad y maltrata, al menos, a la mitad de las personas que pueblan la Unión Europea y el mundo.
           Estas actitudes revelan el machismo secular que todavía perdura en muchos rincones del mundo y en la mentalidad obtusa de muchos hombres y, desgraciadamente, también mujeres. En medio de esta polémica que pasará pronto al olvido he recordado que, en el siglo XIX, hubo mujeres como Concepción Arenal que tuvieron que disfrazarse de hombres para poder acudir a estudiar en la universidad. Tras siglos teniendo prohibido el acceso a la cultura y al conocimiento algunas mujeres lucharon contracorriente para demostrar lo obvio: que somos iguales.  Concepción Arenal, en 1892, formulaba un razonamiento que me parece irrefutable:
           “¿El hombre más inepto es superior a la mujer más inteligente?
           ¿Quién se atreve a responder que sí? Resulta, pues, de los hechos que hay hombres, no se sabe cuántos, ineptos para ciertas profesiones; mujeres, no se sabe cuántas, aptas para esas mismas profesiones; y si al hombre apto no se le prohíbe el ejercicio de una profesión porque hay algunos ineptos, ¿por qué no se ha de hacer lo mismo con la mujer? ¿Se dirá que la ineptitud es en ella más general? Aunque esto se probara, no se razonaría la opinión ni se justificaría el hecho de vedar el ejercicio de las facultades intelectuales al que las tenga”.
           Dicho lo cual, me pregunto: ¿cuántos hombres ineptos ejercen la política hoy en día? Seguramente más que mujeres porque son muchos más los que ocupan las posiciones claves en los órganos de decisión que nos están vedados. Este europarlante, Janusz Korwin-Mikke, ha dejado demostrado las cumbres tan altas que puede escalar la ineptitud.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.