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Bankia

Inocentes, pero no imbéciles
María Antonia San Felipe 29-12-2012 | 12:46 | 0

 

Hoy es día de inocentes y no tengo duda de que es nuestro día, el de los que somos un poco idealistas y tendemos a pensar que todo el mundo es bueno. Este año fatídico nos ha dejado especialmente irritados los nervios porque finalmente hemos aprendido qué se entiende en España por responsabilidad. De pequeños nos repetían que debíamos ser responsables de nuestros actos y que la igualdad supone que a todos nos aplican la misma vara de medir.

Pues bien, si usted es cajera de supermercado u operario en una cadena de montaje que cobra 900 € al mes, se le exige responsabilidad en la tarea que le han asignado y si comete un error en su modesto trabajo de 40 horas a la semana en horario partido, le echan un chorreo monumental, se lo descuentan del sueldo o le envían a la puñetera calle para que aprenda a asumir responsabilidades. No obstante, si usted es miembro del Consejo de Administración de una Caja de Ahorros, de esas que han estado al servicio del poder político en cada Comunidad Autónoma, pongamos que hablo de Madrid y de Bankia, y cobraba 300.000 € al año o más, no debe preocuparse si después de haberla llevado a la quiebra y estafado a miles de ahorradores le piden explicaciones porque siempre podrá usted alegar que no se enteraba de nada, que era un simple invitado y que la culpa es del maestro armero o de Perico el de los palotes y que su único cometido consistía en comprobar mensualmente que el ingreso en su cuenta se había producido para poder seguir actualizando su tren de vida y reírse de los incautos que invierten sus ahorros en la Caja provincial. Además, qué feliz era usted y los miembros del Consejo de Administración acompañando a políticos y presidentes de gobiernos autonómicos, que los habían nombrado para tan lucrativo cargo, a inaugurar inversiones “propiciadas” por la Caja de toda la vida. Su única responsabilidad consistía en servir al que les había nombrado en una ceremonia de adulación realmente entrañable aunque ahora finjan que jamás les conocieron. Si las cuentas eran desastrosas, usted no era responsable de nada y nada deben exigírsele porque usted era un elemento decorativo que se sentaba periódicamente en la silla de un Consejo de Administración en el que hablaban del tiempo y de las vacaciones a cargo, por supuesto, de la caja y sus ahorradores.

¿Va a comparar usted, por ejemplo, el ineficiente trabajo de la cajera del supermercado a la que no le cuadra la caja porque es una inútil con la pulcritud y el encanto que el mago Urdangarín ponía en su interés por multiplicar los panes y los peces con unas generosas fundaciones llenas de glamour y que tenían como única finalidad captar fondos para su peculio particular? Vamos, anda, este hombre sí que tenía encanto y no la Mari Puri del super que no sabe ni siquiera dónde está Suiza y mucho menos una cuenta opaca para evadir al fisco a manos llenas.

Pues sí, señores, esta es la lección que nos deja el año 2012. Por nuestro bien y sólo por él, nos han exigido sacrificios colectivos, nos han subido los impuestos, nos han bajado los salarios (eso se llama ahora mejorar la competitividad), nos han impuesto el copago en medicamentos, nos han recortado hasta las cejas y nos han salido hasta pupas de tanta resignación colectiva. Todo este esfuerzo nos lo han pedido apelando a nuestro sentido de la responsabilidad aunque veamos cada día que en este país ni Dios la asume, nadie paga por lo que ha hecho, ni va la cárcel, ni devuelve el dinero ni se avergüenza de los desmanes cometidos. Sorprende tanta diligencia en desplumarnos de nuestros derechos y tanta laxitud con las corrupciones de todo tipo. Está claro que los tiburones se protegen pero una cosa es que nos consideren unos inocentes ilusos y otra que nos tomen por imbéciles. Pese a todo: FELIZ AÑO 13.

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La gran estafa
María Antonia San Felipe 06-07-2012 | 3:40 | 0

Había estado viendo el partido con su nieto, el más pequeño de todos y notó que una sensación agridulce recorría su corazón. Veía a David tan contento con su camiseta de La Roja, gritando feliz: ¡Campeones!, ¡campeones! y pensaba en todo el futuro que tenía por delante. Incierto –se dijo- pero siempre ha sido incierto el porvenir, sólo queda escrito el pasado. Se acordó de su amiga Concha, la pobre desde que se quedó viuda no levanta cabeza. Ayer le contó su último disgusto y pensó que si ella no tuviera a su marido que está atento a las noticias a lo mejor le hubiera pasado lo mismo. Se conocían desde pequeñas y bien sabía cuánto habían trabajado desde los 14 años. Se acordó de las veces que se habían prestado dinero entre los matrimonios cuando tuvieron momentos difíciles: hoy por ti, mañana por mí, ya se sabe que hay gente a la que uno quiere más que a un hermano.

Lloraron mucho a Francisco, era su mejor amigo y un caballero, siempre preocupado por su mujer, llevaban toda la vida juntos. Cuando vio que su enfermedad no tenía remedio dispuso todo, hasta su entierro. Le había dejado a Concha una libreta con todas las cosas importantes que afectaban a la familia apuntadas, para que no se olvidara de nada. Entre las notas que le dejó estaba el vencimiento del plazo fijo, prácticamente todos sus ahorros los tenían en la Caja, siempre habían trabajado en la Caja Provincial, después le cambiaron el nombre varias veces pero esa fue siempre su caja. Así que Concha, unos días antes de que venciera el plazo fijo fue a hablar con el director de la oficina, su marido le tenía mucha confianza. D. Alberto le dijo que su marido no sólo había sido un buen cliente sino una persona noble y honrada de las que ya no quedaban. En ese clima de confianza, Concha, que era la primera vez que pisaba el despacho del director, se sintió tranquila y se acomodó en el asiento más relajada. Le explicó que no debía preocuparse, que eso de los depósitos a plazo fijo estaba muy bien pero que ahora había productos muy interesantes. Le insistió que era el mejor momento de sacar rentabilidad a sus ahorros y que la Caja a los buenos clientes, como habían sido ella y su marido, les ofrecía una inversión de la que no se iba a arrepentir. Le habló de una palabra que no entendió muy bien, algo así como preferido o preferentes. Ella le explicó que lo único que quería era hacer lo mismo que su marido le había enseñado, que él era muy prudente y que no era el momento de traicionar su recuerdo.

Al final le convenció diciendo que su Francisco le hubiera hecho caso a él y ahí quedó la cosa.
Meses más tarde el director de la sucursal le llamó para decirle que se pasara a hablar con él. Concha fue un poco extrañada y el director le explicó que ahora sus ahorros se iban a convertir en acciones de un nuevo banco, que la Caja garantizaba todo el capital y que no había riesgo alguno para sus ahorros. Ella insistió, lo único que quería era que su dinero le rentara como durante años lo había  hecho con su depósito a plazo fijo y que eso de las acciones le recordaba a jugar en bolsa algo que su marido nunca había querido hacer. Siempre, le decía, es mejor pájaro en mano que ciento volando y así les había ido bien. El director le insistió en que esa era la única posibilidad que le ofrecía. Se fue a casa preocupada y nada convencida, en el fondo tenía la sensación de que le habían engañado. El mes pasado a su hija se le terminó el paro, ya no pueden pagar la hipoteca y para colmo se les ha roto el coche que necesita su yerno para trabajar. Ha ido a la Caja a sacar dinero para dárselo y ha descubierto que sus ahorros se han esfumado. Tenía su vejez asegurada pero ahora sólo cuenta con la pensión de viudedad. Esta mañana ha oído en la radio que el director de una oficina ha pedido perdón a los clientes por haberlos engañado, sin saberlo y que la Audiencia Nacional ha aceptado una querella contra los directivos de Bankia. Pensó que entre tanto sinvergüenza puede que haya alguno con una pizca de integridad, pero seguro que ante este gran fraude la única que ha perdido es su amiga Concha y otros muchos como ella. De lo que no tiene dudas es, de que en este país, cuanto mayor es la estafa menos posibilidades hay de ir a la cárcel. Demasiada basura para digerir en un solo día.

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ÁNGELES Y DEMONIOS
María Antonia San Felipe 01-06-2012 | 5:35 | 0

Esto días ángeles y demonios sobrevuelan por entre los muros del Vaticano, sus calles, hospederías y conventos. Los representantes imaginarios del bien y el mal están más agitados que nunca quizás porque a cada uno de ellos les gusta desarrollar su delicado trabajo lejos de los ojos fiscalizadores del común de los mortales. Cuando acudimos como turistas a contemplar la grandeza vaticana nunca los hemos visto bajo el techo de la capilla Sixtina o en el deambulatorio de la basílica de San Pedro pero probablemente ellos siempre estuvieron allí, incluso antes de que Lutero se escandalizara de la forma de vida de la curia romana. Si todas las comunidades humanas sucumben inevitablemente a la pasión de las intrigas que conducen al poder, podemos afirmar que en Roma los vericuetos que apuntan hacia él han sido siempre objeto de incontables leyendas. Estos días las aguas del engaño bajan revueltas y el cabeza de turco tiene nombre mitad de apóstol y mitad de arcángel, se llama Paolo Gabriele y es en realidad el mayordomo del papa.

Horas después de que el presidente del Banco Vaticano fuera destituido bajo la alargada sombra de la sospecha del blanqueo de dinero, el mayordomo papal era detenido acusado de estar filtrando información sensible de la iglesia católica. Unos creen que Gabriele sólo trataba de proteger al papa Benedicto XVI rodeado por una bandada de cuervos que, cómo buenas aves de rapiña, sólo tratan de acabar con él. Las especulaciones se han disparado más que la prima de riesgo, que ya es decir. Unos dicen que el mayordomo no actúa solo y que son muchos los que quieren denunciar la corrupción vaticana y proteger al pontífice y por ello hablan incluso de un complot para acabar con su vida. Otros afirman que al que quieren destruir es al secretario de estado vaticano el cardenal Tarsicio Bertone. Es decir, que incluso en el Vaticano, que representa teóricamente la obra de Dios, el cúmulo de inmundicia es tan elevado como para dudar de si estamos en el cielo o en el infierno o si finalmente el bien ha sucumbido ante el innegable atractivo del mal. El asunto puede ser un temazo para inspirar variadas novelas de espías, corrupciones morales y económicas, ambiciones personales y un largo elenco de pecados mortales de difícil absolución. Pues nada, señores, que así están las cosas alrededor del anciano Benedicto XVI. Como siempre corrupción e intrigas para hacerse con el poder, cabe preguntarse qué pensaría Jesucristo si resucitase de nuevo al calor de la noche romana. Como ven ustedes nada ha cambiado desde el origen de los tiempos: el poder, siempre el poder.

Pese a todo me atrevo a contarles el final de esta historia que se está tejiendo en Roma. La conclusión es sencilla: jamás sabremos la verdad de lo ocurrido, como jamás supimos como murió Juan Pablo I. Cíclicamente unos encubren a otros con un manto de complicidad para que todos ellos sobrevivan a sus propias intrigas. Hoy por hoy, aseguro que de este capítulo de la larga historia vaticana los ciudadanos conoceremos lo mismo que vamos a saber los españoles sobre cómo Bankia ha llegado a necesitar 23.000 millones de euros (unos 4 billones de las antiguas pesetas) sin que nadie nos diga la verdad sobre la acumulación de activos tóxicos en sus cuentas plagadas de trampas contables y de grandiosas mentiras  y gobernada, en sus diferentes escalones, por una pandilla de irresponsables, corruptos e incompetentes a los que sólo preocupa blindar sus despidos aun después de haber quebrado la entidad financiera.
En fin, señores, el cuento de siempre y la única verdad es también imperecedera, no es posible servir a dos señores al mismo tiempo: a dios y al diablo, a la verdad y a la ambición, al incauto cliente y a la codicia. Que nadie se extrañe al notar que el estiércol nos llega al cuello.

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Atrapados
María Antonia San Felipe 11-05-2012 | 8:30 | 0

 

No había que ser un lince para darse cuenta de la que se nos avecinaba, la pasada semana les hablaba de “lo que estaba por venir” y como han podido comprobar lo que temíamos ha llegado y de nuevo el pánico se ha instalado entre nosotros. Hace menos de un mes, un dirigente de la UE explicaba que probablemente los ciudadanos europeos no estaban preparados para aceptar que sus gobiernos acudieran de nuevo a salvar la banca con dinero público y por eso en los últimos tiempos nos han estado mentalizando para que de nuevo, como una fatalidad irremediable, lo aceptemos. Hace tiempo que nos han enseñado que nuestros amigos, hijos, sobrinos y cuñados se pueden quedar en la fila del paro o tener que pedir ayuda a los allegados para que no los echen del piso por impago, pero que es imposible dejar caer a los bancos porque lo que se hunde es el barco colectivo en el que todos viajamos. Esta es la cruel verdad del capitalismo inhumano y voraz que hemos construido y que amenaza con llevarse por delante nuestra propia dignidad colectiva y nuestra estabilidad como nación.

No es de extrañar que vivamos en una creciente depresión colectiva, no me refiero a la depresión económica que es evidente, sino a la que se mide por la cantidad de ataques de nervios que se propagan cada mañana por toda España al escuchar las noticias. A estas horas todos nosotros, a través de nuestro maltrecho estado, somos ya accionistas de Bankia sin haberlo siquiera deseado y encima, pongámonos todos a rezar (con fe o sin ella), para que todo salga medianamente bien. Les propongo que realicen una novena a su santo predilecto, para que esto que denominan pomposamente la reforma del sistema bancario no se nos lleve a todos por delante. No se olvide que por detrás va a seguir la penitencia a costa de nuestra inagotable paciencia. Hay que reconocer que ni los denominados analistas de la cosa ni tampoco la clase política saben leer  nuestro estado de ánimo, ellos leen las encuestas en una clave y los ciudadanos lo hacemos en otra. Así por ejemplo, la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas ha sido analizada bajo la premisa simplista de: el PP pierde un poco en intención de voto y PSOE apenas sube. A renglón seguido el CIS nos dice que ningún líder político aprueba, que tanto la acción del gobierno como la de la oposición cosechan suspensos estrepitosos y por si fuera poco Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 72% de los ciudadanos y Rubalcaba al 80%. Por tanto, a mi modesto entender, el nivel de enfado es estrepitoso, la credibilidad mínima y la desesperación creciente. No obstante, la ciudadanía está dispuesta a seguir votando porque cree en el sistema democrático, pero está exigiendo un cambio de actitudes en la forma de hacer política de manera urgente y nadie parece escuchar el mensaje. Después de todo lo que el país lleva aguantando el enojo sube de tono cuando los hechos demuestran, cada día, que en España la corrupción económica y moral ha sido un virus que ha infectado una gran parte del sistema y que en ella han sucumbido muy variados personajes agazapados tras la bonanza. El saqueo de las cajas de ahorro es un buen ejemplo que ahora pagamos con sangre, sudor y lágrimas. Urgen las medidas económicas pero también urge la regeneración política y las formas de ejercerla, apremia tanto recuperar la confianza de los mercados como la de los ciudadanos. Si la clase dirigente se conforma con el dato ramplón de que unos suben y los contrarios bajan en las encuestas vamos por mal camino, ahí tienen a Grecia. Los españoles no podemos salir corriendo como Rodrigo Rato, nosotros estamos atrapados en la dura realidad y el desamparo puede llevar a muchos a soñar con salvadores. ¡Ojo al dato!

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