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Berlusconi

Para más inri
María Antonia San Felipe 19-04-2014 | 10:09 | 0

         

        Durante esta semana de Pasión hemos conocido que a Silvio Berlusconi le han impuesto una pequeña penitencia para dar cumplimiento a una más que benévola condena, por un nada minúsculo fraude a la hacienda pública. Fue condenado a cuatro años de cárcel pero gracias a una amnistía, totalmente casual, la pena ha quedado reducida al cumplimiento de 10 meses de servicios comunitarios. Así que el antiguo Cavaliere ve rebajada su condena a pasar cuatro horas a la semana cuidando a abuelitos, de su misma edad, en el geriátrico de la Sagrada Familia de Cesano Boscone. Creo que este apaño es un mazazo para la higiene necesaria en la vida pública. Anticipo que no hay duda de que Berlusconi se lo va a pasar bomba con la pequeña mortificación que le va a redimir de uno de sus variados y múltiples pecadillos, públicos y privados. Como estamos en el punto álgido de la Semana Santa diré que, para más “inri” y dolor de estómago de sus detractores, sin haber transcurrido el primer mes, Berlusconi se habrá hecho amigo de todo el geriátrico. El condenado por fraude se entretendrá jugando a la baraja y al parchís con sus nuevos amigos y puede que incluso les organice una gala musical para cantarles letrillas de amor que para eso el Cavaliere se inició en la vida como cantante de cruceros. Tiempo al tiempo.

          Lo relatado sobre Berlusconi parece una broma pero no lo es. En España también se indulta a condenados por corrupción y todos sabemos que hay casos sangrantes que afectan a la financiación de los partidos que van a quedar impunes pese a la evidencia y a la convicción generalizada en la población de que los hechos son tan ciertos como la profundidad de la crisis que sufrimos. En los países del sur de Europa y en ello, Italia y España son muy semejantes, el fraude y la corrupción están siendo el abono perfecto para conseguir desacreditar la democracia al dejarla desprovista de los sistema de control y de castigo necesarios para erradicarla en vez de favorecerla. En los países del Norte también existe corrupción pero la expulsión de la vida pública y la dimisión son inmediatas, aunque el fraude sea por cosas que en España darían risa a muchos, como una multa de tráfico o plagiar una tesis doctoral.

         Según el informe de Transparencia Internacional para 2013, España ha caído en 10 puestos en el índice de percepción de la corrupción situándose a la cola de la Unión Europea junto a Grecia. Podemos decir que somos campeones europeos en paro y en corrupción y que, en los últimos comicios, el 70% de los políticos imputados fueron reelegidos. Evidentemente la tolerancia social con la corrupción pública y privada es uno de nuestros grandes dramas y mientras la población no la censure electoralmente el cáncer que está destruyendo nuestra débil democracia no se erradicará.

          Estos días que la mayoría de la clase política asiste a multitudinarias procesiones, no por convicción, sino con el único objetivo de dejarse ver entre sus conciudadanos y fotografiarse para la posteridad, debieran presentarse al desfile tras leer el evangelio de Lucas sobre los fariseos y la parábola del administrador infiel. Porque “el que es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho” y “si, pues, no fuisteis fieles con la riqueza injusta, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo nuestro?”. Lo urgente en España es recuperar la condición de servidor público del político y su vocación debe determinarla su pasión por el interés general  y no por el engranaje clientelar de su partido ni por la relevancia social que otorga el cargo. La democracia sólo se fortalece con transparencia y la corrupción se combate con voluntad política y aplicación del código penal. Es penoso que, para más “inri”, algunos se rían en nuestras narices haciéndonos creer que se dedican a la política para salvarnos de un destino que predicen terrible sin ellos.

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Repique de campanas
María Antonia San Felipe 05-10-2013 | 10:13 | 0

         

           “Enredándose en el viento van las cintas de mi capa”, así cantaba la tuna cuando yo estudiaba. Ahora no es la estudiantina sino el ministro Montoro el que se enreda entre las cifras presupuestarias para hacernos creer que se percibe el repique de campanas. Sí, un repique de campanas, en el centro del país. Si no sienten el repiqueteo musical es porque tiene usted mala leche, porque Montoro, que vive en la luna, no sólo lo escucha sino que lo ve y anuncia la llegada del amanecer al final de un túnel en el que no habita él, sino nosotros. Los presupuestos dice el ministro no sólo son los más sociales sino que dibujan el camino de la recuperación. El paro sigue subiendo y tras el exitazo de los 31 parados menos en agosto viene el incremento de 25.572, aunque sea el mejor septiembre desde hace años. Ya saben, cuando la miseria sea general dejará de ser noticia de primera página porque todos seremos iguales en la desgracia. Por eso Rajoy, especialista en huir de la realidad e incapaz de afrontar la verdad con la entereza que se espera de un dirigente, ha salido huyendo hacia Japón. Allí ha anunciado que, gracias a su gobierno, el mercado laboral español es tan barato que los inversores extranjeros pueden venir a España porque nuestros salarios se parecen a los de China pero además tenemos jamón y guitarras para alegrar el día a los empresarios nipones. Nunca había visto yo a un presidente vanagloriarse de empobrecer a su país y mucho menos que  considere la hazaña un mérito histórico. La crisis ha venido para quedarse largo tiempo y mientras más de una cuarta parte de la población activa esté en el paro, sin poder ganarse la vida con su propio trabajo, no es posible hablar de recuperación económica alguna sino de desarraigo y de exclusión.  Por eso el gobierno debiera dejar de hacernos creer que repican las campanas, salvo que nos estén anunciando que tocan a funeral y nos inviten prematuramente al entierro del estado del bienestar que es en lo único que están siendo aplicados los señores del gobierno.

          Claro, que esta semana ha sido pródiga en despropósitos, no sólo en España sino en buena parte del extranjero. No hay cosa peor para un país que los innumerables patriotas de pacotilla, que dicen amarlo hasta la muerte, pero que son capaces de contribuir a su hundimiento antes que pactar con el adversario político al que la ceguera y la obstinación excluyente convierten en un enemigo a batir. Los ultraconservadores del Tea Party del partido republicano de los EEUU prefieren avocar a la suspensión de pagos al país, con consecuencias imprevisibles dada la actual situación económica, que dar su brazo a torcer en su petición de no aplicación de la reforma sanitaria de Obama, que trata de facilitar el acceso a muchos sectores excluidos. De momento ya han conseguido el cierre administrativo del gobierno, pero puede que en su estrategia les ocurra lo mismo que les sucedió con Clinton y pierdan las elecciones por amar tanto a su país que prefieran agonizarlo.

           También puede que, en breves fechas, les suceda lo mismo que a Berlusconi en Italia que, tras intentar hacer caer al gobierno en un acto desesperado de soberbia enfadado por su inhabilitación judicial, ha tenido que recular porque ha habido motín a bordo. Berlusconi que compró voluntades, sobornó jueces y se enfangó hasta los tuétanos en las miserias del poder es ya un cadáver político y como ya no podrá administrar prebendas los suyos comienzan a volverle la espalda, es el riesgo que tiene creerse Il Duce, porque el poder da unos encantos que se desmoronan cuando se pierde y el que se ha emborrachado de él sufre de un mal incurable. Por eso Berlusconi está tan triste y por igual razón Pedro Sanz debiera hacer caso al párroco de Arnedo, Tomás Ramírez, cuando le aconseja que es mejor que cada uno esté en el lugar que le corresponde y no ocupando todos los espacios. Ciertamente, no se puede estar repicando y en la procesión pero está claro que algún día el Presidente no estará ni repicando ni en la procesión. El tiempo nos lo dirá.

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Comienza el espectáculo
María Antonia San Felipe 15-12-2012 | 4:15 | 0

Señores, el espectáculo está asegurado: ¡Regresa la momia! El apelativo no es mío, sino del periódico francés Libération que ha dedicado su portada a tan magno acontecimiento. A mí el anuncio del regreso a la arena política de Silvio Berlusconi me ha producido tanto morbo como a los malhadados “mercados” aunque en mi caso lo que se ha activado es la perplejidad en nada asimilable al pánico que ha producido en las bolsas y en el resto de cancillerías europeas. Sin ir más lejos en Alemania cuentan que a Merkel se le han puesto los pelos de punta y ha perdido el aparente sosiego con el que gobierna la totalidad de Europa. A Mario Monti, el hombre tranquilo, elegante y con aire de burócrata eficiente no se le ha rizado el pelo ni se le ha descompuesto la imagen de su rostro pero ha decidido que si la “momia” vuelve, él se va con viento fresco y que lidie la crisis el pueblo italiano eligiendo a quien le plazca.

Berlusconi, aspirante a sucesor de Rodolfo Valentino, parece ambicionar el poder tanto como la eterna juventud, razones por las que utiliza todo tipo de trucos para aparentar que no es un depredador de la cosa pública de igual modo que se afana en disimular los continuos retoques a su imagen de momia embalsamada. Tan patético resulta en su caso, su resistencia a envejecer como a no saber retirarse de la política adecuadamente en tiempo y plazo. Es lo que tienen los personajes histriónicos como él que se creen tocados por el dedo divino pero que están plagados de imposturas y mentiras. Berlusconi alega que regresa por el bien de Italia pero lo que busca es un escudo a su laberinto judicial en el que se encuentra perdido por culpa de sus excesos económicos, políticos y de índole sexual que repugnan al estómago y a la inteligencia.

Al anunciar su regreso ha proclamado que la dichosa prima de riesgo que atenaza a Italia tanto como a España, es una tremenda estafa y puede ser que razón no le falte y que a muchos jefes de gobierno les gustaría decir lo mismo en voz alta e incluso soltárselo en la cara a Merkel y a las malditas agencias de calificación. Sin embargo,  aunque desde hace años estemos nadando en una descomunal estafa, no es posible concluir que Berlusconi es un ángel vengador bajado del cielo para proteger a los italianos. Es simplemente uno de tantos sinvergüenzas adornados con una inmensa fortuna, no amasada por medios legales ni moralmente legítimos sino fruto de tráficos de intereses, influencias y todo tipo de tropelías. Es decir, este afán justiciero que le ha sobrevenido no puede, ni debe, ocultar a nuestros ojos un pasado plagado de abusos y una utilización del poder en beneficio propio para blindar sus responsabilidades no sólo políticas sino también penales. Es tal el pánico que ha producido el anuncio de su regreso que hasta su antiguo socio de la Liga Norte, Roberto Maroni, le ha advertido sin ambages que con él no cuente y ahora está “la momia” bailando la yenka, un pasito por delante y un pasito para atrás. Vivimos tiempos difíciles y por eso el riesgo de caer en manos de gentes sin escrúpulos que se aprovechan de nuestra indignación, nuestra desesperanza y nuestro miedo al futuro es creciente no sólo en Italia sino en los países más castigados por la crisis donde el populismo puede brotar, como ha ocurrido en Grecia, de la mano de grupos neonazis. Yo confío en que el pueblo italiano utilice la inteligencia y no se deje engañar por este truhán sin escrúpulos morales cuya única filosofía política se basa en el control personal de los resortes del poder para huir de la justicia ante la que todos debiéramos ser iguales algún día. De momento el suspense y el espectáculo continúan.

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Al final de la escapada
María Antonia San Felipe 11-11-2011 | 3:36 | 0

 

          Parecía que no iba a ocurrir jamás pero sucedió, por eso estos días recordamos que Joe Frazier tumbó a Muhammad Ali (Cassius Clay), un 8 de marzo de 1971, ante la expectación mundial. Si lo comparamos con los combates que libra Berlusconi diremos que éstos nunca fueron a pecho descubierto ni tuvieron tintes heroicos ya que él siempre se movió entre penumbras, es decir, en las tinieblas entre las que se fraguan las intrigas y los negocios fraudulentos. El estilo político de Berlusconi ha estado siempre alimentado de sobornos, chabacanería y, sobre todo, de una evidente confusión entre negocios e interés nacional que siempre emanaron un cierto olor a podrido. No obstante il Cavaliere parecía imbatible y por supuesto inasequible al desaliento, ya que hiciera lo que hiciera, conseguía finalmente el favor del pueblo italiano. Aficionado a las juergas sin límite y forofo del botox y el injerto capilar, ha sido el presidente italiano más duradero de la historia. Pero como no hay mal que cien años dure, la crisis de la deuda lo ha puesto contra las cuerdas y ocho diputados “traidores”, que antes comían de sus manos, han acabado de dejarlo KO sobre el cuadrilátero en el que se ha convertido el parlamento italiano.


           Está claro que il Cavaliere no va a salir por la puerta grande, sobre todo porque no hay peor error en política que prolongar las agonías. Sólo el hecho de anunciar que está en trance de dimitir al tiempo que intenta dilatar su efectividad a la adopción de las medidas que le exige Europa, no es sino una treta para mantener su, hasta ahora, omnímodo poder. Quizás a Berlusconi sería bueno brindarle el consejo del refrán español que advierte que siempre es mejor irse antes de que te echen. Pero él no piensa lo mismo. Su primera reacción, cuando se aventuraba que había perdido la mayoría parlamentaria, no fue reunir a sus ministros en un gabinete de crisis, sino a su familia para estudiar lo que interesaba, no al país, sino a sus negocios. No es nuevo, siempre ha sido así, pero ahora los ánimos están demasiado exaltados como para aguantar impertinencias de un primer ministro acorralado y sin ninguna idea bajo el tupé que le han implantado en una clínica estética de lujo.
           Hemos comprobado empíricamente que el rumor de su posible dimisión disparó al alza la bolsa de Milán y que posteriormente, al no producirse, el diferencial de la deuda ha puesto a Italia al borde de la intervención, lo que significa que a este hombre no sólo sus socios sino hasta los mercados le han señalado el camino. Hace unos días se criticaba a Yorgos Papandreu por su órdago contra la Unión Europea, pero su movimiento fue realizado en clave de política interna y su táctica ha dado el resultado que él, en solitario, no hubiera conseguido. Era evidente que para que se formara un gobierno de concentración o de salvación nacional, el primero que debía retirarse era el propio Papandreu y así lo ha hecho. Yo no dudo de que así lo tenía pensado de antemano, ya que si en tan corto espacio de tiempo ha sido posible un acuerdo de los partidos mayoritarios en Grecia es porque se ha puesto de manifiesto que si Papandreu, como sostiene la mayoría, no ha estado a la altura de las circunstancias, el resto de políticos griegos tampoco. Sólo así se explica que hayan aceptado ahora las medidas que no quisieron apoyar cuando las proponía Papandreu. Lo mismo ocurrió en Portugal donde Pedro Passos Coelho ha tenido que dar por bueno lo que tan mal le parecía antes de ganar las elecciones a José Sócrates y seguramente lo mismo ocurrirá en España. Concluyendo, Berlusconi ha puesto a Italia en una encrucijada, mientras sus actividades no perjudicaban al resto de países todo le ha sido consentido, pero ahora ya nadie le ríe las gracias. Berlusconi se encuentra al final de la escapada mientras un vendaval de pesimismo recorre la vieja Europa.

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