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corrupción

Cloacas
María Antonia San Felipe 17-09-2016 | 8:00 | 1

Quienes pensaban que la corrupción no le iba a pasar factura a este país se equivocaban. Demasiada tolerancia social con la obtención de dinero fácil, demasiada propensión partidista a proteger a los corruptos propios, demasiada connivencia institucional para usar el poder para intercambiar contratos por mordidas, demasiada complicidad política para obtener o conceder prebendas, favores o silencios. En conclusión, demasiados virus infectando un cuerpo institucional que ahora languidece, en la Unidad de Cuidados Intensivos de este gran hospital llamado España.
          No querer ver lo que es evidente es un error que no nos podemos permitir los españoles salvo que prefiramos ser encubridores y cómplices de este cáncer cuya voracidad no ha tenido límites. Entre muchos votantes se ha extendido la peculiar creencia de que cómo todos roban mejor que les roben los que consideran suyos. Esta pintoresca argumentación no es sino una forma de resignación y un cheque en blanco que ha favorecido que los corruptos se sientan impunes porque las urnas les refrendan con más generosidad que los tribunales los absuelven. En el punto en el que estamos la corrupción es un problema estratégico tan importante como la deuda que supera el 100% de nuestro PIB. Y no nos engañemos o se erradica o nos devora; o se tolera o se combate y eso debe hacerse tanto desde los tribunales de justicia como ejerciendo un voto crítico que no legitime corruptelas económicas o éticas de ningún tipo.
          La situación es de emergencia, no hay gobierno y quien se siente legitimado por las urnas para formarlo está en estos momentos cercado por la corrupción de su propio partido y de muchos de sus iconos políticos. El candidato Rajoy tiene pendiente hace tiempo una profunda reflexión por el interés general de España. Seguramente todos los partidos deben hacerla pero el PP está necesitado de una regeneración urgente.
          La investigación iniciada por el Tribunal Supremo a Rita Barberá por blanqueo de capitales es sólo el último caso conocido. Es comprensible que Rita considere que otros muchos de su partido han hecho cosas peores y no han sido humillados como ella, pero Rita tenía las horas contadas. Rajoy le ha pedido su dimisión, como antes se la pidió a José Manuel Soria,  sólo porque está entre la espada y pared se juega su supervivencia. Rita se queda el escaño pero causa baja en el partido. En el PP respiran. Ciudadanos, que se conforma cada vez con menos, se da por satisfecho y mantiene el apoyo a la investidura de Rajoy. Pero la basura generada por el PP de Valencia sigue donde estaba, no nos engañemos. Estos días otro frente judicial pondrá de nuevo en apuros a Rajoy. Jaume Matas, el que fuera todopoderoso presidente de Baleares, ministro de Aznar y ejemplo a seguir, según Rajoy expresó en su día, está negociando con la fiscalía contar parte de los amaños en adjudicaciones públicas para evitar entrar en prisión. Es decir, para salvarse, hablará y la mierda salpicará a Rajoy.
          El caso del ministro Soria sigue abierto. La comparecencia de Luis de Guindos ha confirmado lo que ya sabíamos, que el gobierno mintió a todos los españoles. Lo hizo con el descaro y la soberbia de quien es maestro del engaño y mosquetero de la mentira, uno para todos y todos al servicio del embuste. Esto también es corrupción política aunque Ciudadanos se lo trague y calle. En esta novela de aventuras no falta pícaro ni bufón, Luis Bárcenas ha renunciado, en la causa por la destrucción de su ordenador, a acusar al partido al que sirvió con diligencia durante lustros lubricando las vías de su financiación irregular, lo que alimenta la sospecha de algún pacto oscuro entre antiguos socios. El juicio por el caso Gürtel está a punto de comenzar y Rato se aproxima de nuevo al banquillo. En este horizonte de escándalos espero que en España alguien aprenda a dimitir. Es mejor abrir la puerta y salir con honor que verse obligado a escapar por la alcantarilla de la cloaca aunque vuelva a ganar las terceras elecciones.

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Marear la perdiz
María Antonia San Felipe 27-08-2016 | 8:00 | 0

Cuando el tiempo pase y tengamos perspectiva recordaremos este año como el año en que vivimos sin gobierno y este tórrido verano como el tiempo en que los líderes, aparentes y supuestos, de los partidos, emergidos y emergentes, se lo pasaron mareando la perdiz. La finalidad de dar tantas vueltas al molino no es la de obtener agua sino la de construir un espejismo que nos seduzca con su engaño.
Tras dejar correr el tiempo hasta que finalizasen las olimpiadas los de Rajoy han decidido mover alguna ficha, aparentar que trabajan por nuestro bien y el de España. Así es que están negociando con los de Rivera para lograr no sabemos si una investidura o un pacto de gobierno. De momento, de las innegociables propuestas de Ciudadanos ya han conseguido que en el descolorido pacto anticorrupción no aparezca la palabra Bárcenas. Es normal, el PP no quiere que cada vez que se pronuncia, la palabra vedada: Luis Bárcenas toda España recuerde el mensaje de Rajoy diciéndole: ¡Luis, sé fuerte! O que cuando arrecie el temporal judicial en las causas abiertas por el caso Bárcenas, la sombra de Rajoy planee sobre ella como cuando el sol y la luna se alinean en un eclipse y nos cieguen de rabia al constatar su sintonía.
Del pacto también se ha obviado la tozuda realidad de que el PP, como organización política, está en el banquillo por ser responsable civil subsidiario en un caso de corrupción política y que el juez José de la Mata le ha impuesto una fianza de 1,2 millones de euros. O que ha sido procesado como partícipe, a título lucrativo, en el caso Gürtel y en otra trama corrupta en Boadilla del Monte (Madrid). En fin, pequeños detalles que se siguen negando en nuestras narices y que exigirían al menos una petición de disculpas a la ciudadanía, asunto sobre los que el flamante superman de la regeneración política, Albert Rivera, ha pasado de puntillas olvidando todas sus alharacas electorales y sus sermones televisivos.
Pero ahora estamos en un nuevo juego de magia potagia para hacer aceptable lo que ayer parecía indefendible. Ser o no ser, esa ha sido siempre la cuestión. Ser o no ser corrupto parece ahora el dilema y para esclarecerlo están armando entre los de Rivera y los de Rajoy un nuevo sofisma que oculte falsas verdades.
“No es lo mismo meter la pata que meter la mano en la caja”, nos han aclarado a los españolitos a los que, es evidente, consideran idiotas. Está claro que no es lo mismo robar carteras en el mercadillo que forrarse desde un elegante despacho, obtenido como favor político, quedándose con los ahorros de inocentes preferentistas a toque de campana; ni prevaricar en una adjudicación y recibir la compensación en diferido vía Suiza y que se regularice en una amnistía fiscal. Tampoco es lo mismo mendigar en la puerta de la iglesia del pueblo que pedir comisiones a cambio de favores administrativos para financiar a un partido político y después cobrar sobresueldos en B y decir que ellos no sabían de dónde venía el dinero ni nada de nada.
Esto es de locos, la verdad. Al final va a resultar que la corrupción política, uno de los males que ha minado nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro sistema político no ha existido y es sólo fruto de nuestra disparatada imaginación que no sabe qué hacer para desacreditar la obra ingente de unos excelentes patriotas. En fin, que todo es mentira, salvo algunas cosas, como diría Rajoy.
No hay peor mal para la credibilidad de la clase política que la incoherencia. Están mareando la perdiz y además creen que no nos damos cuenta. Estamos hartos, sí, pero no olvidemos que la mentira sólo triunfa cuando el pueblo soberano claudica en su deseo de conocer la verdad.

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El humo
María Antonia San Felipe 21-05-2016 | 8:00 | 0

Hasta aquí no llega el humo de los neumáticos quemados en Seseña aunque el hedor que emana el vertedero ilegal alcanza nuestras narices. Por mucho que imaginemos, la realidad es más portentosa que la ficción. Como dice la canción, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Y así este pequeño municipio, a medio camino entre Toledo y Madrid, ha vuelto a ser la sorpresa nacional, protagonista y víctima de un desastre ecológico sobrevenido por la apatía de quienes niegan la realidad porque es mejor eludirla que afrontarla. El erario público soporta, con reincidente paciencia, la desidia de quienes gobiernan las administraciones públicas. Y así, entre la corrupción y la incompetencia, andan las autoridades a la gresca echándose las culpas y buscando unas soluciones que debieron adoptarse hace mucho tiempo.

Seseña hace tiempo que se descubrió como paradigma de la especulación urbanística, un ejemplo del pelotazo y el enriquecimiento súbito de muchos personajes como “Paco, el pocero”, que levantaron urbanizaciones en terrenos adquiridos a precios de desierto que, sin garantías de servicios ni dotaciones para los futuros habitantes, crecieron como setas tras recalificaciones negociadas con los regidores municipales. Hoy Seseña no sólo es un símbolo de la corrupción generalizada que ha impregnado este país sino también de la ausencia total de sensatez en la gestión pública y es que en España la irresponsabilidad no tiene precio sino que tiene premio.

Si huyen del incendio de Seseña y van hacia el norte pueden parar ustedes en Valdemoro, otra joya del mangoneo urbanístico alrededor de la capital del reino. Aquí el principal protagonista, no el único, es Francisco Granados, hijo político y predilecto de Esperanza Aguirre. Mientras en Seseña sofocaban el incendio y el empresario del vertedero, tolerado y consentido, permanece huido, David Marjaliza, declaraba en la Audiencia Nacional. Este  exsocio del que fue Consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid y alcalde de Valdemoro ha revelado con desparpajo y naturalidad, que tan ilustre autoridad se llevaba el 20% del lucrativo negocio a través de una sociedad que compartían y cuyas ganancias procedían de las recalificaciones de suelo, adjudicaciones y venta de viviendas. Además, Granados obtenía también entre 3.000 y 6.000 euros por vivienda entre 1999 y 2007 de forma constante, con independencia de las ganancias finales de la sociedad. Todo presuntamente, como si no supiéramos que últimamente todo concluye por ser cierto. Dice Esperanza Aguirre, en su libro, que ella no se calla, yo ante este fichaje más bien me quedo muda pero porque la ira me bloquea las cuerdas vocales y se me acelera la producción de bilis.

Si la lista de desmanes no fuera interminable, quizás pudiéramos enfadarnos y punto, pero no. La lista es demasiado larga y se une a esta cruel crisis económica. Este prolongado período de decadencia moral, hoy empíricamente constatado, nos avoca al desaliento y nos acerca a otro aniversario: el del movimiento 15-M, que nació hace cinco años en la madrileña Puerta del Sol. Podrá verse con simpatía o no, pero es justo reconocer que supuso una apertura a la esperanza. Los frutos de aquella movilización espontánea pueden parecer escasos, pero al menos ha conseguido que la sensación de impunidad se haya frenado y que el rechazo social hacia los protagonistas de aquellos tiempos haya crecido de forma plausible. No es mucho, ciertamente. Sigue sonrojando la tolerancia que todavía persiste con estos comportamientos corruptos y fraudulentos, pero Roma no se conquistó en un día y el progreso social, tampoco. Desde Seseña nos llega el humo del estercolero, es la inequívoca señal de que el extintor que sofoque el incendio que quema este país sólo puede nacer de nuestra propia conciencia siempre que sea crítica e insobornable al conformismo.

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Estrellas estrelladas
María Antonia San Felipe 20-02-2016 | 7:53 | 0

Todos sabemos que el universo popular de los últimos veinte años ha estado iluminado por dos estrellas que relucían más que el sol, sobre todo cuando el sol se llama Mariano Rajoy. Me refiero a Rita Barberá y a Esperanza Aguirre. Es cierto que hay otras estrellas más recientes, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, han brillado últimamente en el PP pero no con tanta intensidad ni persistencia en el tiempo. Sería como pretender comparar a los Beatles y a los Rolling Stones con Los Diablos y Fórmula V. Nada que ver. La verdad es que Rita es una auténtica fallera mayor, no necesita traje, ella sola era Valencia y en España ha sido como la Dama de Elche, un icono de la españolidad a la vieja usanza. Por su parte, Esperanza Aguirre ha mostrado siempre ese toque supremo que tienen los metales nobles por derecho. Ella siempre ha mirado a todos desde arriba. La condesa de Bombay, incluso en calcetines cortos, ha conservado siempre su altivez con un toque de prestancia difícil de superar.

En común tienen, además de desparpajo, un instinto de supervivencia política que conecta con un electorado fiel y entregado a la causa, incluso cuando la balsa de la corrupción se convirtió en un océano. Pero las olas de ese mar embravecido pueden llevarse por delante incluso el espigón de la playa y eso le está pasando a Rita. Las investigaciones judiciales y el hartazgo de la ciudadanía amenazan con dejarla recluida en su casa. Tras veinticuatro años de alcaldesa suprema de Valencia, a Rita se le rompió la mayoría absoluta. “Vaya hostia, vaya hostia”, exclamó la noche electoral. Así que tras el clamoroso tropezón ha venido el mayúsculo resbalón. Se ha visto con claridad que no es posible estar rodeado de mierda por todas partes sin que te manche. Como lo sabía se fue a Madrid, al fin y al cabo, en el mausoleo en que se ha convertido el Senado, se vive bien y se cobra al mes más que en un año en la mayoría de nuevos empleos. Además Mariano, que teme que la ola marrón le salpique, ya la ha blindado para él protegerse detrás. Ya pueden hacer lo que quieran porque el maremoto valenciano a Rita se la va a llevar por delante más pronto que tarde.

En Aguirre todo es más multicolor. Esperanza es incapaz de defraudar a la afición, ¡buena es ella! Antes muerta que sencilla. Después de múltiples redadas anteriores, la Guardia Civil registró la sede del PP madrileño y varios domicilios, como el de Javier López Madrid y la empresa de su suegro Villar Mir, matriz de OHL, una de las sospechosas de haber engrasado la rueda de la corrupción para financiar irregularmente al partido en el gobierno. Todo ello supuestamente, claro. Pero tan claro y meridiano parece que el brillo nos ciega y nos sube la bilirrubina por encima del rabillo de la boina de la paciencia. Bueno pues cuando nosotros, los ciudadanos de a pie, no sólo vemos sino que olemos la mierda, otra vez Esperanza nos sorprende. De improviso, el domingo, después de la misa mayor, la condesa de Bombay dimite otra vez. Claro que yo estoy por cantarle esa vieja canción de José Alfredo Jiménez: No me amenaces, no me amenaces;/cuando estés decidida a buscar otra vida,/pues agarra tu rumbo y vete;/ya estás grandecita,/ya entiendes la vida/ya sabes lo que haces/Porque estás que te vas,/y te vas, y te vas,/y no te has ido/ y yo estoy esperando tu amor,/o esperando tu olvido. Ya ven, cuando la oyó Mariano, a la hora del aperitivo, se le atragantó el vermut. Rajoy sí que pensó en el olvido pero ella lo tiene siempre en su pensamiento y le ha brindado su amago de dimisión a ritmo de bofetada. Si a mí se me lleva el mar de la corrupción, a ti también, Mariano- pensaba en la rueda de prensa.

Manténganse atentos a las pantallas, no hay dos sin tres. No sabemos si habrá presidente pero si lo hay no será Mariano, claro que en otro país hace tiempo que Mariano hubiera pedido perdón y dimitido. De momento el cielo sigue estrellado.

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Que veinte años no es nada…
María Antonia San Felipe 28-03-2015 | 8:15 | 0

Estos días los ríos, como la política, bajan como torrenteras. El agua es de color chocolate de tanto material de arrastre. En la política el colorín marrón ya adivinan que procede de la basura sin fin de la corrupción ambiental. Las elecciones andaluzas nos han despejado unas incertidumbres y nos han regalado otras, la vida es un continuo devenir de sobresaltos. El bipartidismo está herido pero no de muerte, resiste aunque la irrupción de los nuevos partidos ya no es cosa de las encuestas, un hemiciclo más fragmentado obligará a nuevas formas y a necesarios consensos. La rueda de la política  vuelve a dar vueltas en el molino de la historia. Es lo que hay.

Aunque siendo objetivos podemos decir que el mayor disgusto, además de Rosa Díez, se lo ha llevado Rajoy que ha contemplando el hundimiento de su ahijado Moreno Bonilla  mientras vería el partido Madrid-Barça. En su caso todos los goles fueron en la propia meta, todo un récord. Como Rajoy con sus políticas conduce a España al pasado también los resultados en Andalucía han trasportado al PP a los años 90. La vida es generosa, te devuelve lo que siembras. Por eso el juez Ruz antes de partir a nuevos destinos ha dejado claro que “entre los años 1990 y el 2008 el PP se habría servido de fuentes de financiación ajenas al circuito económico legal” y que está “indiciariamente acreditado que el PP registró ingresos y pagos al margen de la contabilidad oficial”. Pero como dice el viejo tango, hay que “sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada”. No es nada para el amor pero sí para la mentira. Por eso al PP el pasado le persigue como una sombra negra, tan negra como la verdad que esconde, porque lo que ocurrió fue una farsa muy bien simulada, que diría Dolores de Cospedal.

Sólo desde la ironía cabe analizar la respuesta que el PP ha dado al último auto del juez Ruz. El escándalo es de un calibre tan grueso que merece dimisiones en bloque. Pero nada de nada. Todo es una confabulación de enemigos malvados. El colmo de la osadía, la guinda del pastel la ha puesto el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, que tras veinte años en el cargo, ha comparecido rodeado de su guardia pretoriana y un cierto olor a naftalina para afirmar que se siente exonerado por el juez Ruz y que su organización está limpia como la patena. Lleva tanto tiempo interpretando el papel de estadista justiciero que ha terminado por creérselo. Ha salido, cree él, a pecho descubierto a dar la cara, aunque esta vez su actuación ha resultado no sólo sorprendente, sino increíble. Hubiera sido más inteligente quedarse callado, dejar que pasara la torrentera, pero él tiene vocación de héroe, de héroe de película cómica, es decir, de parodia de héroe.

Todavía no se han dado cuenta en el PP que hace tiempo que la gente perdió la inocencia y la cambió por un sentimiento de perenne desconfianza. Es poco aconsejable insultar la inteligencia del ciudadano harto de mentiras, engaños y medias verdades. El presidente de La Rioja me ha recordado el memorable episodio de don Quijote y los molinos de viento. Mientras todos nosotros vemos con claridad la inconfundible silueta de los molinos, Pedro Sanz se empeña en sostener que son gigantes y que además está luchando contra ellos porque las gigantes corrupciones son sus enemigas. Cuando el juez Ruz, señalando con el dedo de su auto judicial, le indica que “el PP de La Rioja entregó en mayo similar cantidad, que procedía presuntamente de aportaciones de terceros en B”, es decir, cuando el juez advierte que son molinos, él insiste en su ficción. Según Sanz es el malvado juez, como Frestón con don Quijote, quien “ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene”. Por más que se empeñen Sanz, Rajoy y Cospedal son molinos y los vemos todos, incluidos aquellos que creyéndose sus propias mentiras se quedan tan frescos contándolas como si el resto del mundo fuera idiota.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.