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corrupción

En la charca
María Antonia San Felipe 07-04-2018 | 9:37 | 0

cifuentesLa semana santa ha terminado pero creo que para la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, el calvario acaba de comenzar. Está siguiendo el mismo guión que sus antecesores en esa inmensa ciénaga que capitaneaba Esperanza Aguirre, la otra campeona en la lucha contra la corrupción, que vivía rodeada de ranas por todas partes y jamás las escuchó croar. Cifuentes también estaba alrededor de la charca hasta que Esperanza cayó en desgracia y ella se autoproclamó azote de la podredumbre pasada. Es posible que sean sus anteriores compañeros caídos en desgracia, Ignacio González o Francisco Granados, quienes hayan facilitado la munición del máster, ella misma lo ha insinuado. La política siempre ha sido un territorio abonado para las venganzas.

A Cristina le han aplaudido mucho sus compañeros en el pleno de la Asamblea de Madrid donde debía dar explicaciones de su máster virtual. Es normal, les va el futuro en ello y no está la cosa cómo para salir a buscar empleo viendo cómo están los salarios en España. Al menos, ha reconocido que no fue a clase, pese a ser presencial, ni tampoco a los exámenes en el aula y que, por tanto, fue objeto de un trato de favor. Todo estupendo y habitual, según su versión.

He visto a Cifuentes gritar muy enérgica pero no convincente. Como sus antecesores, haciéndose la víctima de una nueva conspiración. El PP ha sobrevivido a tantas conjuras inventadas en sus múltiples episodios de corrupción que sugiero pueda ser materia de un nuevo máster virtual “Cristina Cifuentes”. Yo diría que el tema da, incluso, para varias tesis doctorales. Por ayudar sugiero un título para el trabajo fin de máster: Cómo sobrevivir a la corrupción hundiendo el prestigio de España y seguir ganando elecciones. Pudiera completarse con una tesis sobre, Cómo devaluar la democracia haciendo de la impunidad y la mentira un mérito para mantenerse en el poder. Con ambos estudios se podría publicar un manual para futuros políticos que quieran adornar su currículum: Cómo reírse de los españoles y conseguir que te voten (diez lecciones y un epílogo).

La presidenta madrileña se ha mostrado enérgica pero lo único que hubiera despejado todas las nieblas que todavía oscurecen su futuro y su credibilidad es haber aparecido con su Trabajo Fin de Máster (TFM), que sigue siendo un misterio dónde está o si alguna vez llegó a existir, y el justificante de su entrega. No hubiera sido necesaria ni una palabra más. Se facilita una copia a cada diputado y aquí paz y después gloria. Ni comisiones de investigación ni mociones de censura ni tampoco, victimismos impostados. Cifuentes ha trasladado la pelota a la Universidad que deberá elegir entre salvar su prestigio como institución o salvar el prestigio de la presidenta madrileña que, a su vez, la financia. La Universidad no puede permitir que muchos crean que sus títulos son como la lotería, que incluso toca sin comprar boletos. A su vez la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas que ha nombrado dos inspectores debe arrojar luz sobre lo ocurrido porque está en duda la calidad de la enseñanza superior en España.

En fin, estoy consternada, el cúmulo de irregularidades es tan variado y tan abundante que si la Universidad funciona como Cristina Cifuentes justifica es para echarse a temblar. En cualquier caso, estamos en lo de siempre: mentir, disimular, aparentar, resistir. Al fin y al cabo, como diría Mariano, siempre que llueve escampa y si no llueve, ya se verá. Como en España mentir no tiene coste político, Cifuentes se siente segura. La regeneración sigue sin llegar a la política. Prometer una cosa y hacer la contraria tampoco se paga así que como todos ustedes pueden ver la crisis institucional y política persiste. Los españoles seguimos mirando con resignación el lodazal corrupto de la infinita charca.

Nota: este artículo fue escrito inmediatamente después de la comparecencia de Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. Es decir, antes de que el rector de la Universidad rey Juan Carlos desvelara lo que hoy sabemos.

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Cómplices
María Antonia San Felipe 05-08-2017 | 8:00 | 0

corruptos-¡Todos han robado!, los unos y los otros, los de aquí y los de allí, los del norte y los de sur.
           Con tan endeble y repetido argumento me dicen algunos lectores que no soy ecuánime porque creen que critico demasiado a unos y menos a otros.
           -Mire usted, he escrito de Rajoy porque es el primer presidente del gobierno que va a declarar ante el Tribunal Supremo por la corrupción del partido que nos gobierna. Escribo de Blesa porque se suicidó hace unos días, de Villar porque lo detuvieron la semana pasada, de Rato y de Ignacio González porque lo llevan a la cárcel, de Granados porque ingresa en la misma prisión que inauguró, de…
           A sí que al calor del verano me ha dado por pensar en este asunto. Imagino que todos estaremos de acuerdo en que dilapidar, robar o malversar el dinero público, el que procede de nuestros impuestos, es decir, del sudor de nuestra frente, lo mismo que utilizar el cargo en beneficio propio está mal, rematadamente mal y además de ser delitos tipificados en el Código Penal. Supongo que también coincidiremos en que lo dicho está fatal lo haga quien lo haga, porque el delito no es menor porque uno sea rubio o moreno, alto o bajo, de derechas o de izquierdas, nacionalista o populista. Y porque la corrupción de unos no tapa la de otros, ni el mal queda minimizado por la afiliación política del ladrón, del malversador o del prevaricador.
           Pero en este país nos gusta más dilapidar al prójimo que asumir nuestros errores,  por eso, existen diferentes reacciones ante la corrupción. Por ejemplo, hay gente que cuando roban aquellos a los que no han votado nunca ni tienen intención de hacerlo jamás, piden para ellos las penas más duras, el repudio público y la intervención de la Inquisición. Pero si los que roban, prevarican o malversan son aquellos a los que ha votado y piensa seguir votando aunque le requisen su propia cartera del bolsillo, entonces dicen: -Como todos roban, al menos que me roben los míos. Minimizando la trascendencia del delito, se disculpa como si fueran travesuras de adolescentes. Se sigue votando a quien se corrompe y consideran que las urnas absuelven de los delitos cometidos.

           Si vuelven a ganar las elecciones se argumenta que los votantes les han perdonado las travesuras y se hace borrón y cuenta nueva. Tampoco faltan aquellos a quienes les da igual que sean unos u otros los protagonistas del latrocinio, se decantan porque caiga sobre ellos el peso de la ley y punto. También hay a quienes les importa un bledo lo uno y lo otro. Sorprende, por ello, que según las encuestas la corrupción sea uno de los problemas que más preocupan a los españoles.
           Si le damos vueltas al asunto sin los apasionamientos que nublan la razón, observaremos que, al tiempo que los ciudadanos sufren las graves consecuencias de una crisis económica muy larga, se ha descubierto tan ingente cantidad de casos de corrupción que no queda institución del Estado sin contaminar. De la monarquía hacia abajo, incluyendo al estamento financiero (cajas de ahorro), al poder judicial y hasta el fútbol. Si uno no puede fiarse de nadie esa sensación conlleva un deterioro evidente de la política y de la arquitectura institucional que nace de la Constitución.
           No es bueno hacer como que no vemos, debemos ser sinceros y reconocer que si terminamos tolerando la corrupción como un mal menor, si disculpamos y absolvemos socialmente a los corruptos seremos cómplices de dinamitar la esencia del único sistema político que puede proteger nuestra libertad, nuestros derechos y nuestro bienestar: la democracia. Sin olvidar que la política debe ejercerse desde la nobleza de los principios éticos con ejemplaridad. La resignación no es el camino, o combatimos la corrupción como práctica política y saneamos el sistema o la corrupción acabará por devorarnos y lo que viene detrás ya lo conocen. Yo me niego a guardar silencio.

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El paraguas
María Antonia San Felipe 23-04-2017 | 5:48 | 0

La corrupción en este país es como el mito del eterno retorno, siempre vuelve. Cuando una cierta calma se había instalado en Moncloa y en los cuarteles generales del PP tras el exitoso congreso que coronó de nuevo a Mariano Rajoy, sin oposición interna aparente, una gaviota negra ha sobrevolado su territorio y ha depositado sus excrementos en la hoja de ruta del gobierno. No hay como estrenar traje para que algún pájaro te regale una cagadita en la hombrera.
          Mientras conocíamos que el superministro Rodrigo Rato no había parado de hacer negocios ni de expatriar capital cuando estaba en el gobierno de Aznar ni tampoco durante su etapa al frente del FMI, en el PP se ocupaban en distanciarse del  gurú del milagro económico del PP, según su anterior doctrina. Rodrigo Rato es ya un apestado del pasado, así que respiraban ufanos cuando unos jueces, aplicando la ley, deciden que Mariano Rajoy debe declarar como testigo sobre el caso Gürtel en la Audiencia Nacional. Hay que reconocer que, incluso en esta democracia que nos parece imperfecta, todavía hay ámbitos que escapan del control del gobierno. ¡Viva la Constitución!
          El jarro de agua fría se produjo contra todo pronóstico, especialmente el de sus tutelados en la Fiscalía y en la Abogacía del Estado. Esperanza Aguirre también va a declarar y aunque dicen los juristas que los testigos no pueden mentir, lo que es seguro es que no dirán la verdad. Es la fuerza de la costumbre, porque esa es la única certeza que tenemos desde que comenzó el asunto, que llevan años mintiéndonos. Pero ahora lo que toca es hacerse el tonto que es la estrategia judicial más exitosa en este país. Recordemos a la infanta Cristina, a Ana Mato y a otros que nada sabían ni recordaban porque los millones caen del cielo los días de luna llena. Aunque a Mariano, no se hagan ilusiones, no lo veremos hacer el paseíllo hasta la Audiencia Nacional, él no es de esos toreros que esperan al morlaco a la salida de toriles a porta gayola, él es don Tancredo y su testimonio evitará el riesgo de cornada.
          Pues eso, que estaba Mariano pensando cómo salvar este trance haciendo nada mientras sus portavoces culpan a los demás de este contubernio y va el juez Velasco y ordena la detención del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El heredero de la cazatalentos Esperanza Aguirre está implicado en la trama Púnica y en la supuesta corrupción en el Canal de Isabel II. El corazón corrupto del PP madrileño ha quedado al descubierto y como guinda el juez ha imputado al mayor adulador del Reino, Francisco Marhuenda.
          Pero nada, la corrupción no existe en el PP, eso repiten sus voceros que han regresado a la vieja cantinela de que todo es un contubernio político contra ellos, un partido pulcro que no sabe nada de adjudicaciones públicas a cambio de dinero, que jamás tuvo caja B, ni conoció a Bárcenas, ni a Correa, ni a Granados ni a Rato ni a nadie de los que, todo el mundo intuye, pasaban por la ventanilla para pagar el correspondiente peaje. Dice el portavoz popular que no solo no hay derecho a esto, sino que es un abuso del derecho. Así que ahora toca desacreditar a los jueces que se venden a intereses espurios no como el PP donde solo admiten dirigentes inmaculados.
          Pero Mariano ya ha advertido a todos que estén tranquilos, no hay motivos para dimitir ni para preocuparse pues hasta ahora sin hacer nada, resistiendo y negando lo evidente han revalidado el gobierno. En el PP creen que a estas alturas la corrupción, por inmensa que sea, ya no les pasa factura electoral, pues según los sondeos de opinión son el único partido que aguanta y mejora resultados. ¡Que nadie pierda los nervios!, ha decretado Mariano argumentando que siempre que llueve escampa y tal como están las cosas ni siquiera tendrán necesidad de abrir el paraguas. A nosotros nos conviene hacerlo para evitar que tanta mierda nos caiga encima.

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Cloacas
María Antonia San Felipe 17-09-2016 | 8:00 | 1

Quienes pensaban que la corrupción no le iba a pasar factura a este país se equivocaban. Demasiada tolerancia social con la obtención de dinero fácil, demasiada propensión partidista a proteger a los corruptos propios, demasiada connivencia institucional para usar el poder para intercambiar contratos por mordidas, demasiada complicidad política para obtener o conceder prebendas, favores o silencios. En conclusión, demasiados virus infectando un cuerpo institucional que ahora languidece, en la Unidad de Cuidados Intensivos de este gran hospital llamado España.
          No querer ver lo que es evidente es un error que no nos podemos permitir los españoles salvo que prefiramos ser encubridores y cómplices de este cáncer cuya voracidad no ha tenido límites. Entre muchos votantes se ha extendido la peculiar creencia de que cómo todos roban mejor que les roben los que consideran suyos. Esta pintoresca argumentación no es sino una forma de resignación y un cheque en blanco que ha favorecido que los corruptos se sientan impunes porque las urnas les refrendan con más generosidad que los tribunales los absuelven. En el punto en el que estamos la corrupción es un problema estratégico tan importante como la deuda que supera el 100% de nuestro PIB. Y no nos engañemos o se erradica o nos devora; o se tolera o se combate y eso debe hacerse tanto desde los tribunales de justicia como ejerciendo un voto crítico que no legitime corruptelas económicas o éticas de ningún tipo.
          La situación es de emergencia, no hay gobierno y quien se siente legitimado por las urnas para formarlo está en estos momentos cercado por la corrupción de su propio partido y de muchos de sus iconos políticos. El candidato Rajoy tiene pendiente hace tiempo una profunda reflexión por el interés general de España. Seguramente todos los partidos deben hacerla pero el PP está necesitado de una regeneración urgente.
          La investigación iniciada por el Tribunal Supremo a Rita Barberá por blanqueo de capitales es sólo el último caso conocido. Es comprensible que Rita considere que otros muchos de su partido han hecho cosas peores y no han sido humillados como ella, pero Rita tenía las horas contadas. Rajoy le ha pedido su dimisión, como antes se la pidió a José Manuel Soria,  sólo porque está entre la espada y pared se juega su supervivencia. Rita se queda el escaño pero causa baja en el partido. En el PP respiran. Ciudadanos, que se conforma cada vez con menos, se da por satisfecho y mantiene el apoyo a la investidura de Rajoy. Pero la basura generada por el PP de Valencia sigue donde estaba, no nos engañemos. Estos días otro frente judicial pondrá de nuevo en apuros a Rajoy. Jaume Matas, el que fuera todopoderoso presidente de Baleares, ministro de Aznar y ejemplo a seguir, según Rajoy expresó en su día, está negociando con la fiscalía contar parte de los amaños en adjudicaciones públicas para evitar entrar en prisión. Es decir, para salvarse, hablará y la mierda salpicará a Rajoy.
          El caso del ministro Soria sigue abierto. La comparecencia de Luis de Guindos ha confirmado lo que ya sabíamos, que el gobierno mintió a todos los españoles. Lo hizo con el descaro y la soberbia de quien es maestro del engaño y mosquetero de la mentira, uno para todos y todos al servicio del embuste. Esto también es corrupción política aunque Ciudadanos se lo trague y calle. En esta novela de aventuras no falta pícaro ni bufón, Luis Bárcenas ha renunciado, en la causa por la destrucción de su ordenador, a acusar al partido al que sirvió con diligencia durante lustros lubricando las vías de su financiación irregular, lo que alimenta la sospecha de algún pacto oscuro entre antiguos socios. El juicio por el caso Gürtel está a punto de comenzar y Rato se aproxima de nuevo al banquillo. En este horizonte de escándalos espero que en España alguien aprenda a dimitir. Es mejor abrir la puerta y salir con honor que verse obligado a escapar por la alcantarilla de la cloaca aunque vuelva a ganar las terceras elecciones.

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Marear la perdiz
María Antonia San Felipe 27-08-2016 | 8:00 | 0

Cuando el tiempo pase y tengamos perspectiva recordaremos este año como el año en que vivimos sin gobierno y este tórrido verano como el tiempo en que los líderes, aparentes y supuestos, de los partidos, emergidos y emergentes, se lo pasaron mareando la perdiz. La finalidad de dar tantas vueltas al molino no es la de obtener agua sino la de construir un espejismo que nos seduzca con su engaño.
Tras dejar correr el tiempo hasta que finalizasen las olimpiadas los de Rajoy han decidido mover alguna ficha, aparentar que trabajan por nuestro bien y el de España. Así es que están negociando con los de Rivera para lograr no sabemos si una investidura o un pacto de gobierno. De momento, de las innegociables propuestas de Ciudadanos ya han conseguido que en el descolorido pacto anticorrupción no aparezca la palabra Bárcenas. Es normal, el PP no quiere que cada vez que se pronuncia, la palabra vedada: Luis Bárcenas toda España recuerde el mensaje de Rajoy diciéndole: ¡Luis, sé fuerte! O que cuando arrecie el temporal judicial en las causas abiertas por el caso Bárcenas, la sombra de Rajoy planee sobre ella como cuando el sol y la luna se alinean en un eclipse y nos cieguen de rabia al constatar su sintonía.
Del pacto también se ha obviado la tozuda realidad de que el PP, como organización política, está en el banquillo por ser responsable civil subsidiario en un caso de corrupción política y que el juez José de la Mata le ha impuesto una fianza de 1,2 millones de euros. O que ha sido procesado como partícipe, a título lucrativo, en el caso Gürtel y en otra trama corrupta en Boadilla del Monte (Madrid). En fin, pequeños detalles que se siguen negando en nuestras narices y que exigirían al menos una petición de disculpas a la ciudadanía, asunto sobre los que el flamante superman de la regeneración política, Albert Rivera, ha pasado de puntillas olvidando todas sus alharacas electorales y sus sermones televisivos.
Pero ahora estamos en un nuevo juego de magia potagia para hacer aceptable lo que ayer parecía indefendible. Ser o no ser, esa ha sido siempre la cuestión. Ser o no ser corrupto parece ahora el dilema y para esclarecerlo están armando entre los de Rivera y los de Rajoy un nuevo sofisma que oculte falsas verdades.
“No es lo mismo meter la pata que meter la mano en la caja”, nos han aclarado a los españolitos a los que, es evidente, consideran idiotas. Está claro que no es lo mismo robar carteras en el mercadillo que forrarse desde un elegante despacho, obtenido como favor político, quedándose con los ahorros de inocentes preferentistas a toque de campana; ni prevaricar en una adjudicación y recibir la compensación en diferido vía Suiza y que se regularice en una amnistía fiscal. Tampoco es lo mismo mendigar en la puerta de la iglesia del pueblo que pedir comisiones a cambio de favores administrativos para financiar a un partido político y después cobrar sobresueldos en B y decir que ellos no sabían de dónde venía el dinero ni nada de nada.
Esto es de locos, la verdad. Al final va a resultar que la corrupción política, uno de los males que ha minado nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro sistema político no ha existido y es sólo fruto de nuestra disparatada imaginación que no sabe qué hacer para desacreditar la obra ingente de unos excelentes patriotas. En fin, que todo es mentira, salvo algunas cosas, como diría Rajoy.
No hay peor mal para la credibilidad de la clase política que la incoherencia. Están mareando la perdiz y además creen que no nos damos cuenta. Estamos hartos, sí, pero no olvidemos que la mentira sólo triunfa cuando el pueblo soberano claudica en su deseo de conocer la verdad.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.