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Lo que está por venir
María Antonia San Felipe 04-05-2012 | 9:00 | 5

Una empieza a pensar que las crisis son como las modas, que siempre vuelven. Lo único que permanece invariable en ellas son las víctimas. Es una verdad que podemos elevar a la categoría de científica, porque según la experiencia, que siempre fue la madre de la ciencia, el sufrimiento de las crisis siempre las pagan los mismos y así ha sido desde el principio de los tiempos. Dicho lo cual, recapitulemos sobre el momento en que nos encontramos. No me remontaré a la época en que Caín mató a Abel, porque sería complicado saber cuál es la razón por la que algunos envidian las pequeñas comodidades que hemos obtenido con tesón, trabajo y esfuerzo de siglos. Situémonos por ejemplo en el crack de 1929, en la posguerra, en la crisis del petróleo o la de los años 90 y cualquiera diría que no hayamos aprendido nada desde entonces. Como no nos gusta recordar nuestra historia y los economistas, supuestos gurús del futuro, jamás han visto llegar la catástrofe por anticipado, creemos que tras la tempestad llegará la calma y olvidamos las lecciones del pasado. Con inmensa inocencia, a lo tonto me lo bailo, dejamos que los lobos, con la colaboración de unos gobernantes poco conocedores de la historia, nos cojan como a Caperucita desprevenidos y se nos coman por los pies.

Se queja el actual gobierno, igual que lo hizo el anterior, de que no consiguen colocar bien los mensajes entre la ciudadanía y que por eso crece el malestar social y se deteriora la imagen del jefe del gobierno. A primera vista, resulta incomprensible esta excusa, sobre todo si tenemos en cuenta que los gobiernos cuentan ahora con gabinetes superpoblados de expertos en comunicación y marketing sociológico. Por tanto, me inclino más por creer que se trata de una estrategia muy bien estudiada que consiste, a groso modo, en lo siguiente:

Paso 1.- No decirnos nunca la verdadera situación en que se encuentra el país. Esta técnica hace que nos confiemos en que la cosa no va a ser para tanto, que de esta crisis salimos, que somos un país fuerte y trabajador, que nuestro sistema financiero es el mejor del mundo, aunque tengamos que meter millones de dinero público y que con un poco de ahorro arreglamos el desaguisado. Así hemos pasado los primeros años. Cuando la lista del paro superaba los 5 millones, se activó el siguiente botón.
Paso 2.- Meternos el miedo en el cuerpo hasta dejarnos acongojados y sin respiración. Una vez queda claro que el final del túnel no se divisa y estamos metidos como Jonás en la tripa de la ballena, sin saber siquiera si podremos llegar a comer turrón en Navidad, entonces viene la estocada fuerte. Se inicia la subida del IRPF, los jubilados pagando medicinas, nos van a apilar en las habitaciones de los hospitales, para ir a diálisis hay que pagar, si necesitas silla de ruedas te la pagas (no haberte quedado cojo, ¡traidor!), etc. etc. Cuando no hay forma de librarse del fuego cruzado ni tras la barricada defensiva, entonces se comienza a activar el siguiente botón.
Paso 3.- Negar, como San Pedro negó a Cristo, hasta tres veces o más, que jamás harán esto o aquello. De ese modo, mientras tomamos aliento llega el siguiente viernes y ¡zas!, a pagar autovías, a privatizar hospitales, a volver a dar dinero público a esas cajas que, aunque fusionadas, han sido saqueadas y sin duda a mentalizarnos de la obligación de reconducir el estado autonómico. Y eso también, sí, eso que usted está pensando…

Cómo todo es por nuestro bien no se le ocurra protestar porque será sancionado diligentemente, que para eso hay que acabar con el déficit. Por tanto, el gobierno se explica con claridad meridiana sólo que quieren que les comprendamos con sumisa resignación que para eso mandan.

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Gracias a la crisis…
María Antonia San Felipe 28-10-2011 | 7:34 | 0

Ya saben ustedes que para que el bizcocho suba, además de la acertada mezcla de ingredientes, el punto de horno es fundamental. Pues nada, aquí estamos los riojanos observando cómo nuestros gobernantes con la nariz pegada al horno comienzan a ser conscientes de que por mucho que miren y remiren el bizcocho presupuestario no acaba de subir. En las arcas públicas del gobierno riojano sólo quedan rescoldos del calor de antaño. En La Rioja, como en el resto de Comunidades Autónomas, el bizcocho crecía cada año a ritmo de soufflé, no se dieron cuenta de que con horno demasiado fuerte el guiso sólo crece por el centro y el resultado es igualmente frustrante.
Llevan meses el presidente y sus consejeros dándole vueltas al termostato para decidir qué bizcocho nos sirven a los ciudadanos que, por otro lado hace ya tiempo que somos conscientes de que ese guiso de incrementos presupuestarios en continuo ascenso es imposible de mantener. El presidente anunció, a bombo y platillo y con tono solemne, un plan de austeridad que sólo iba a dejar en el presupuesto lo verdaderamente necesario, como si el resto de cosas consideradas ahora manifiestamente prescindibles hubieran sido presupuestadas por el Maestro Armero y no por él. Los variados gabinetes de comunicación del gobierno, totalmente innecesarios y que pagamos entre todos, propagaron la proeza como si se tratara de hacer público el descubrimiento de las Américas. Ahora, es el consejero de Obras Públicas el que concreta que las variadas autovías diseñadas en el grandioso y profusamente publicitado Plan de Carreteras de La Rioja 2010-2021, es decir, la de Calahorra-Arnedo, la de Haro-Santo Domingo -Ezcaray y la de Logroño-Villamediana quedan en suspenso hasta que el temporal presupuestario escampe. Considero que la crisis está aportando un poco de cordura a los dirigentes políticos. Seguramente no es políticamente correcto afirmar que quizás estas infraestructuras nunca debieron incluirse en Plan de Carreteras por una sencilla y simple razón: porque no podemos, ni hoy ni ayer, permitirnos ese lujo. Yo al menos así lo creo.
Seguramente es mejor tener autovías que carreteras de doble sentido, pero será mejor que si usted padece un cáncer o cualquier otra enfermedad no se regatee en pruebas diagnósticas, en tratamientos o en personal sanitario. Mejor que circular a 120 km/h será que su hijo pueda disponer de una enseñanza pública que garantice su formación para el futuro y si tiene un niño con dificultades tenga posibilidades de tener los apoyos que necesita. En nuestras casas nuestros padres y nuestros abuelos nos enseñaron que antes de comprar algo hemos de saber si podemos pagarlo y también que, casi siempre, es mejor renunciar a un capricho, caro e innecesario, para conseguir años de vida sencilla pero estable y sin sobresaltos que permita sacar a toda la familia adelante. Muchos no conocieron nunca lo que era irse de vacaciones pero facilitaron a sus hijos una educación y una vida que ellos nunca tuvieron. Aunque la insufrible cifra del paro nos desconcierte, es tiempo de valorar que la consecuencia positiva de esta crisis debe basarse en el replanteamiento de nuestro modelo político y presupuestario. Seguramente la sociedad ya ha asumido esta necesidad y ha interiorizado la complicidad de su silencio pero ahora considera que es necesario que la clase política conecte con la realidad de calle y espera que ésta no tarde mucho en hacerlo.
Por eso, es tiempo de reprochar a nuestros gobernantes, en este caso al gobierno riojano, que lleven tiempo sin decirnos la verdad sobre nuestras cuentas públicas. No toman esta decisión por responsabilidad sino obligados “in extremis” y que digan que estamos mejor que otros no resulta un alivio. Presiento que queda todavía mucha verdad por contar y se resisten a hacerlo por miedo a enrojecer cuando sepamos la verdadera magnitud de lo derrochado en caprichos innecesarios. Sugiero que nos pidan consejo a los ciudadanos sobre dónde recortar, quizás nosotros lo sepamos mejor que ellos.

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Fragmentos de España
María Antonia San Felipe 14-10-2011 | 11:26 | 2

Cuando todavía resuenan los ecos del desfile de la fiesta nacional es buen momento para pensar en lo que actualmente somos como país después de la construcción democrática de lo que llamamos el Estado de las Autonomías. La experiencia descentralizadora parecía haber cosechado un rotundo éxito hasta que llegó la dichosa crisis. El férreo objetivo de reducción drástica del déficit público ha puesto de manifiesto muchos de los excesos presupuestarios en los que se han prodigado los diferentes gobernantes de las diecisiete autonomías que conforman nuestra querida España. En las últimas tres décadas el Estado se ha ido vaciando de competencias que han pasado a ser gestionadas por las Comunidades. La parte buena de este proceso consistía en acercar el ámbito de las decisiones al propio territorio y eso suponía, a priori, un mejor conocimiento de los problemas y por tanto una mejor y más rápida solución. En muchos aspectos la experiencia ha sido un éxito. Sin embargo, todo tiene su lado oscuro y podemos resumir que la parte mala del experimento radica en que los diferentes barones territoriales, unos más que otros, se han sentido como verdaderos señores encargados de sus feudos.
En los inicios, las administraciones autonómicas fueron creciendo con cierta ponderación, pero en el largo ciclo económico expansivo que vivimos hasta desembocar en nuestra “querida crisis”, las alegrías en el presupuesto han ido parejas al deseo de sustraer al control efectivo muchos de los gastos que se efectúan al amparo del manto autonómico e invocando siempre el interés regional. Es decir, no sólo se ha derrochado en cosas que no eran vitales, ni urgentes, ni seguramente necesarias, como aeropuertos, televisiones u otros elementos para la propaganda, sino que también han puesto especial interés en:
1º.- Crear todo tipo de empresas públicas, organismos autónomos, fundaciones, etc. que escapan al control parlamentario y a los que se accede por voluntad del dedo índice del gobernante de turno.
2º.- Incrementar de forma exponencial, año tras año, los capítulos destinados a subvenciones (tanto en trasferencias corrientes como de capital) para crear una red clientelar de entidades cuyos directivos viven exclusivamente del erario público y de ofrecer alabanzas al gobernante a cambio de lo recibido. Al mismo tiempo, asociaciones vitales y sin ánimo de lucro reciben ayudas simbólicas, bajo amenaza de perderlas si no se portan bien.
3º.- Considerar las Cajas de Ahorro como una dirección general más del propio gobierno lo que ha llevado a los recientes escándalos conocidos y que son sólo la punta del iceberg de lo que nunca sabremos.
4º.- Crear estructuras innecesarias para dar servicios que ya prestan los ayuntamientos o el Estado y prometer ahora crear comisiones para evitar duplicidades.
Hay más, pero no es cuestión de aburrir ni quiero exagerar, pero tengo la impresión de que el caciquismo, ese mal que impregnó España durante el periodo de la Restauración, ha vuelto a reproducirse casi miméticamente. En aquella época no había encuestas, pero el ciudadano veía con enorme desazón cómo Cánovas y Sagasta se alternaban en el gobierno sin que al país llegara a percibir mejora alguna en su nivel de vida. Pienso, sin embargo, que no hay que perder la esperanza, lo que nos ha pasado puede resumirse en el viejo refrán que nos cuenta que el pan atonta. Nuestros gobernantes han dispuesto de tanto pan, elaborado con una mezcla de impuestos y déficit, que sólo cabe esperar que el hambre los haga más austeros, sensatos y eficaces de lo que han sido y que finalmente aprendan que los perros no se atan con longaniza.

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El fin de la inocencia
María Antonia San Felipe 13-10-2011 | 11:08 | 4

Como tenía tiempo libre, Pedro se fue a la biblioteca a leer la prensa y el balance fue desolador. Ninguna noticia era buena: el paro crece en 95.817 personas, el 2,32 por ciento, la mayor subida registrada en un mes de septiembre desde 1996; Moody’s rebaja la calificación de la deuda soberana de Italia en tres escalones; huelgas en la enseñanza en casi toda España; en Cataluña cierran quirófanos; el Fondo Monetario Internacional no excluye una nueva recesión mundial en el 2012.

-¡Joder! -pensó- Es mejor no enterarse de nada, cada mañana te pegan un susto nada más levantarte y te dejan el cuerpo pa pocos sanjuanes. Hemos llegado a un punto que uno se acongoja sin ver el final del túnel. A este paso, de ésta no salimos. No obstante siguió leyendo: «El escándalo de las millonarias cifras que recibieron los ejecutivos de la Caja Mediterráneo (CAM), también intervenida, se repite en Novacaixagalicia que destina 23,6 millones a pagar la salida de tres ejecutivos».
-¡Qué razón lleva Paco! -se dijo a sí mismo- Mira que me repite veces que en este país, si echas una mirada detenidamente, lo primero que te encuentras es a un incompetente o a un sinvergüenza.
-Qué, ¿has leído lo de Caixanova?- le espetó Paco al llegar- Ya te lo dije cuando lo de la CAM, que esto no sólo tenía que estar prohibido, sino que debiera ser un delito tipificado en el Código Penal. Claro que, mientras todo iba bien, esto también ocurría, sólo que nosotros ni nos enterábamos; ellos trajinaban nuestro dinero para sus influencias, sus compadreos y sus sueldazos. ¿Y ahora qué? Pues que, como no tienen un puto duro se lo tiene que dar el Estado, o sea nosotros y millones de tontos como nosotros. Y encima, como no tienen dinero para prestar, que ya te digo yo que nos están ahogando, sobre todos a los autónomos y a los pequeños empresarios, pues ahora nos van a cobrar comisiones hasta por entrar por la puerta del banco y darnos los buenos días.
-Si ya lo dices tú -contestó Pedro- que somos demasiado confiados y así la democracia se adormece. La calidad de la democracia depende de nuestra capacidad de exigencia ¿Dónde están los controles? ¿Por qué el Banco de España no dijo nada? ¿Y los consejeros de esas cajas? Ya ves, ahora dicen que ellos no sabían nada. Pues si son del consejo de administración y no se enteran de nada, ¿qué hacían allí además de cobrar las correspondientes dietas?
-Pues eso, Pedro, que llevamos demasiado tiempo los ciudadanos mirando para otro lado y aceptando lo que nos echen, porque sólo nos cuentan la verdad cuando les interesa y mientras nos engañan como a chinos con fuegos artificiales y verbenas. Bueno, ahora con la crisis, ni con eso. Por fin, sabemos que se ha derrochado a espuertas, pero aquí nadie se responsabiliza del desaguisado. Aquí la culpa siempre la tiene el de enfrente, los políticos despejan la pelota mejor que Messi y nos marcan el gol en propia puerta.
-Ahí le has dado. Dice la Merkel que la solución es recapitalizar los bancos. Yo ya no entiendo nada. Los bancos van a ser ahora los mayores deudores de los Estados, los Estados de los mercados, los mercados le echan órdagos a los Estados, éstos a nosotros… y pagar, lo que se dice pagar, los únicos que pagamos somos los de siempre.
-Pues eso Pedro, que cuanto más conoces cómo funciona el mundo, cuando pierdes la inocencia de la juventud, más bilis y más mala sangre haces. Anda, pásame el ‘Interviú’ que me han dicho que sale la duquesa de Alba en pelotas.
-Toma, que a lo mejor esto y la boda son las mejores noticias de la semana.
-La más comentada, seguro. Así nos va -remató Paco.

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