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Buenos hijos
María Antonia San Felipe 02-12-2017 | 10:04 | 0

la-manadaSegún sus defensores José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y A. M. G. son “patanes, infantiloides, simples o primarios en sus pensamientos” y aunque tienen “comportamientos que merecen reprobación” (tres de ellos tienen condenas previas de cárcel), en realidad son “buenos hijos, algunos trabajan, otros lo intentan, están muy unidos a sus familias”. Además, todas las mañanas al salir de casa saludaban a los vecinos y hasta en alguna ocasión, siempre que no fueran en manada, ayudaban a cruzar el paso cebra a las ancianitas. Según los abogados de la defensa debe conmovernos el juicio paralelo que está habiendo en la calle y en las redes sociales. El injusto calvario está destrozando sus vidas.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a la defensa aunque los argumentos de algunos abogados de La Manada me producen escalofríos. No puedo olvidar que estos “buenos hijos”, cuando salen de cacería son unos salvajes y cuando La Manada actúa grupalmente el nivel de estupidez y de maldad crece exponencialmente. Lo que hemos escuchado a lo largo del juicio no debe olvidarse fácilmente. Los jueces tienen ahora la palabra pero socialmente, hombres y mujeres, debemos ser intolerantes con las vejaciones de cualquier tipo hacia las mujeres. Mucho más ante una violación grupal que es el punto máximo del desprecio y del sadismo de los implicados.

Esta manada de “buenos hijos” todavía se consideran inocentes porque no entienden la magnitud de su felonía. No le dieron importancia entonces ni ven ahora la gravedad de su hazaña porque, aunque según sus abogados quieren mucho a sus madres, las mujeres para ellos son un objeto de usar y tirar. Por eso la joven quedó tirada en el portal, semidesnuda, sin teléfono, aterrada y sola. Obviaron su libertad y su dignidad como persona.

Ellos actuaban según sus propios códigos que ignoran la libertad ajena, ellos ya saben lo que quieren las mujeres, las mujeres quieren hombres que les den caña. Ellas disfrutan mientras cinco animales en manada las penetran anal, vaginal y bucalmente en un portal sin ninguna contemplación, sin preservativos, sin pedir permiso porque ella, puesto que no se quejaba, consentía. De lo contrario no hubiera tenido los ojos cerrados. Los cerró porque estaba encantada. Jesús Pérez, uno de los defensores, ha preguntado al tribunal: “¿Qué mujer hace una felación con los ojos abiertos”?, mientras que el otro, Agustín Martínez, ha apostillado: “es difícil hacer una felación con los ojos abiertos”. Incluso han lamentado que no haya estadísticas para demostrar que esa es una forma de disfrute.

Al escuchar estos argumentos he recordado los pelotones de fusilamiento, seguramente el que va a ser fusilado también cierra los ojos deseando morirse de miedo antes de que lo maten. Cuando no hay salida uno cierra los ojos para no ver, para desear que todo pase cuanto antes, para llorar hacia adentro, para tragarse el desconsuelo, para huir del horror, para morirse en la angustia. Ese y no otro es el sentido de los ojos cerrados de la víctima de La Manada.

Aventurar que esa mujer tan salvajemente agredida, como hacen los defensores de La Manada, disfrutaba durante esos 17 minutos que debieron parecerle infinitos es una osadía y un desprecio hacía todas las mujeres. Nadie conoce los recovecos del alma ajena, porque como, diría Alejandra Pizarnik: “lo que pasa con el alma es que no se ve/lo que pasa con la mente es que no se ve/lo que pasa con el espíritu es que no se ve”.

Los integrantes de La Manada son unos “buenos hijos” aunque íntimamente sus madres no estén orgullosas de ellos. Solo les deseo que la condena se ajuste a la magnitud de su hazaña.

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Dignidad
María Antonia San Felipe 25-11-2017 | 7:30 | 0

GRA404 MADRID 24 06 2015 - Fotografia facilitada por el Ayuntamiento de Madrid de su alcaldesa Manuela Carmena junto al secretario de Estado de Seguridad Francisco Martinez d durante el acto solemne del patron de la Policia Municipal celebrado en el Parque del Retiro EFE

Vivimos en un tiempo en el que nada es lo que parece. Se vive de apariencias, del postureo y lo políticamente correcto pero en privado en cuanto no hay ojos que puedan observar aflora la verdad, la cruda verdad. La igualdad real entre hombres y mujeres no existe, ni siquiera en el ámbito europeo, y la violencia es tan cotidiana como el sol cada mañana. Lo que ha ocurrido con la víctima de La Manada y el intento grosero de culpabilizarla ha sido una patada en nuestras conciencias. En vísperas del Día contra la Violencia de Género tanta indignidad no debiera pasar desapercibida para nadie. Recordemos los tiempos duros de ETA, aquello de “algo habrá hecho” para ser señalado. Ahora resulta vomitivo pero algunos lo aceptaron durante años como justificación de lo intolerable. Es lo mismo. Quizás la falda era corta, vestía como una puta, quizás le apetecía pero hubo que insistirle, era una mala madre o la muy puta me quería dejar. Con estas excusas nos matan y nos violan. Hay una violencia explícita que nos enerva de inmediato pero hay mucha violencia soterrada y sutil, mucho día a día insoportable que no vemos. La banalización del dolor no va a aliviar las secuelas psicológicas de la víctima de La Manada. No ampararla también es violencia.

Seamos sinceros, en esta sociedad mentirosa y discriminatoria se habla de la igualdad de las mujeres en público pero cuando algunos hablan en círculos de confianza en seguida se nos envía a fregar los platos. Lo que le ha ocurrido a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, es otro episodio, no tan grave, pero indicativo de qué poco han cambiado algunas cosas que creíamos superadas. En ese chat en el que participan unos cien policías locales madrileños, funcionarios públicos que simbolizan la autoridad y portan armas, se han permitido lanzar todo tipo de insultos contra Carmena. Si fueran críticas a su actuación política, divergencias con su concepción de la seguridad pública, no habría nada que objetar, pero se trata de proclamas fascistas, racistas, elogios a Hitler, odio concentrado e insultos inequívocamente machistas. Es todo ello una concentración ideológica explosiva.

Es sabido que Carmena sobrevivió a un atentado de la ultraderecha en 1977 en el que cinco de sus compañeros abogados fueron asesinados. Estos policías, con más odio que cerebro, le dedican frases escalofriantes: “Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros”, “qué vejestorio más despreciable”, “Que se muera la zorra vieja ya”, “Hija de la grandísima puta roja de mierda mal parida”. Ya ven, además de roja como insulto ideológico, las palabras son “puta” (su madre), “zorra” y “vieja” (ella), palabras todas de desprecio a su condición de mujer y con contenido sexual peyorativo inequívoco. Al viejo se le respeta, simboliza la sabiduría, pero las viejas ya no sirven ni para el placer por eso se les desea que mueran y, en este caso, sufriendo.

Siento una enorme solidaridad con Carmena. En 1983, a los 26 años me eligieron alcaldesa de Calahorra, comprobé entonces que algunos veteranos de la policía me veían con recelo (qué sabía yo de seguridad, decían, si ni siquiera había hecho la mili). Lo dejo ahí, no precisaré más detalles, pero desde lo alto de la pirámide del mando policial sentí el machismo cotidiano. Las insinuaciones y bulos insultantes de las malas lenguas eran habituales y como muchas otras mujeres, me inmunicé. Siempre creí, y creo todavía, que la democracia cambiaría las mentalidades. Por eso los comentarios de esto policías hijos de la democracia me asustan porque huelen a fracaso. La lucha por nuestros derechos, como por el resto de derechos sociales, continúa. No podemos volver al siglo XIX. No olvidéis que las palabras “puta” y “zorra” no manchan nuestra dignidad sino la de quienes las pronuncian. Por las innumerables víctimas, por nuestra dignidad: ¡Ni un paso atrás!

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Morir quemada de frío
María Antonia San Felipe 19-11-2016 | 8:15 | 0

Ella ahora está muerta. Horas antes, su nieta le había dejado la cena y le había traído más velas. Desde hacía tiempo ella era su contacto con el mundo exterior y la única razón para continuar viviendo. Entre las dos sorteaban, como podían, los interminables obstáculos que el destino disponía para ellas cada día. Los trabajos de Hércules serían hoy una minucia comparados con la lucha por la supervivencia cuando el destino te lo ha quitado todo y te deja con una exigua pensión que da para comer y no para cenar.
           Desde que Gas Natural le cortó la luz su vida se había hecho todavía más complicada. Hacía más de dos años que no encendía la estufa pero, al menos, la nevera funcionaba y, en la soledad de la noche, podía ahuyentar los fantasmas con la lámpara de la mesita. A veces se preguntaba cómo era que lo había perdido todo y entonces, recordando otros tiempos más felices, se le llenaban los ojos de lágrimas y el corazón de hielo. ¡Cuánto frío albergaba su casa y su alma desde hacía tiempo! La rueda de la vida gira pero nunca hacia atrás. Ella era consciente de que a su edad era imposible reiniciar el camino, por eso se preguntaba, ¿adónde ir que no haga frío? Algunas veces, cuando todavía salía a pasear, advertía miradas furtivas de quienes percibían en su aspecto la pobreza de su día a día. Sentía en sus ojos el reproche que la culpabilizaba cómo si ella  hubiera sido libre para elegir su destino.
           Aquella tarde media España lloraba con el anuncio de la lotería de Navidad, ella jamás podría verlo. Se asomó a la ventana y observó la superluna que alumbraba en ese momento su habitación. Por eso, encendió las velas un poco más tarde y se quedó dormida envuelta en todas las mantas que tenía. En medio del frío, el calor le despertó, estaba ardiendo. Mientras se ahogaba toda su vida se agolpaba en su mente. Al caer recordó a su nieta, era la única que la echaría en falta en este mundo de mierda que, por fin, terminaba para ella.
           Pudo ser así o, quizás, de otra manera. Lo único cierto es que ella ha muerto y no hay protesta que pueda salvarla. Cuando fue posible nadie quiso tomar nota de que una mujer de 81 años no podría por sí misma sobrevivir a la desgracia. La noticia de su muerte saltó muy de mañana y circuló rápida por el universo mediático español. Cuando ocurren tan graves infortunios una bofetada de realidad nos sacude y nos escandaliza porque, seamos sinceros, tratamos de ignorar lo que presentimos cuando no nos concierne directamente.
           En este caso ya nada puede hacerse, salvo enterrarla con la dignidad que no se le tuvo cuando vivía en la soledad de su vivienda. El final de esta historia es tan desgarrado como la inmensidad de nuestras contradicciones. Esta muerte se convierte en un grito que, desgraciadamente, perdurará hasta que otra nueva desgracia la cubra con el velo de la actualidad. Mientras el ayuntamiento de Reus, Gas Natural y la Generalitat se echan las culpas mutuamente y nosotros nos indignamos para tratar de aligerar nuestra conciencia, otra verdad emerge con fuerza. En la época de más progreso y, supuestamente, mayor inteligencia estamos perpetuando un mundo insolidario confiando únicamente en que no nos roce la tómbola de la desgracia.
           El destino de esta anciana es una lotería que nadie quiere pero que toca sin necesidad de comprar boletos. Por eso, cuando el anuncio de la Lotería Nacional de este año le haga llorar mostrándole a una anciana despistada pero rodeada de afecto, no olviden que miles de ancianos viven solos y abandonados en torno a unas velas que sólo calientan su añoranza de otros tiempos. Una anciana ha muerto para confirmar que hace tiempo que murieron la decencia y la dignidad públicas simplemente porque lo consentimos.

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Europa y la dignidad
María Antonia San Felipe 10-05-2014 | 10:36 | 0

 

Es fácil comprobar que toda Europa padece de malestar general aunque la gravedad de las dolencias depende de la situación en el mapa de la Unión Europea. Nosotros estamos en el sur, situados por debajo de la media y transitando en el pelotón de cola en casi todo, salvo en paro, desigualdad y corrupción en los que vamos escapados, luciendo el maillot amarillo y a mucha distancia del siguiente competidor.

            Las próximas elecciones europeas van a poner a prueba la confianza en las instituciones de la Unión y todo indica que en España la abstención puede rozar parámetros históricos. Durante la larga dictadura los españoles miramos a Europa con esperanza porque el ingreso en la Comunidad Económica exigía como requisito indispensable que el país fuera una auténtica democracia. Lo conseguimos hace 29 años y desde nuestra integración hemos recibido muchas cosas de Europa, entre ellas, el sueño de profundizar en la igualdad de los ciudadanos de la Unión porque íbamos a sustituir la Europa de los mercaderes por la Europa de las personas. Los hachazos a los derechos básicos de los trabajadores han convertido el objetivo en una utopía. La realidad es justo la contraria, la hegemonía de los especuladores que controlan los mercados financieros es tal que también dominan el poder político habiendo convertido la influencia real de la ciudadanía en residual. Se vota un parlamento, pero el verdadero poder no nace de la soberanía popular.

            Va a ser la primera vez que se elija al presidente de la Comisión Europea y, para ello, hay dos candidatos con posibilidades, designados por las élites de sus partidos, seguramente tras un pacto con la verdadera autoridad competente: el poder económico que nunca toleró la democracia. No es de extrañar que el desánimo sea general. Las alternativas que nos ofrecen para superar la crisis no parecen diferenciarse pese a que lo intentan. Por un lado, el candidato Jean-Claude Juncker, desde el Partido Popular europeo, no ofrece otra cosa que continuar por la senda de la austeridad en materia social, el retroceso en derechos y la generosidad con el sector financiero que ya han impuesto para salir de la crisis sin que hasta el momento hayamos percibido resultados tangibles. Sin olvidar que Juncker ha sido no sólo presidente del Eurogrupo sino de Luxemburgo, un paraíso fiscal en el corazón de una Europa cada vez más alejada de sus ciudadanos. Al otro lado, tenemos al alemán Martín Schulz como candidato de la socialdemocracia, cuyo partido gobierna con Angela Merkel en una gran coalición. Éste precisamente es el tipo de gobierno que algunos sectores influyentes de la economía y de la prensa están intentando propiciar en España para frenar la crisis del bipartidismo y ante la ausencia de una alternativa política clara que sustituya a las opciones tradicionales que están cavando sus propias fosas por no querer escuchar el clamor de la calle.

            A mi entender, el mismo retroceso democrático que percibimos en España también se está produciendo en Europa. El panorama no sólo es descorazonador sino alarmante, por la ausencia de respuestas contundentes para evitar el estrangulamiento de la democracia imponiendo límites legales a la voracidad del poder económico y dando satisfacción a las exigencias de los ciudadanos. Que el mal esté extendido por Europa no es un consuelo para los españoles. En los países vecinos además de estar objetivamente mejor en el plano económico, los políticos tienen la decencia de dimitir cuando su comportamiento ético es censurable y no se esconden detrás de interminables procesos judiciales que acaben absolviéndolos por prescripción del delito. Espero que al votar nuestra memoria no resulte tan endeble como la dignidad de tanto oportunista metido a político.

 

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Prefiero no creer
María Antonia San Felipe 22-02-2013 | 9:55 | 0

     

Creer o no creer esa es la cuestión. Podemos afirmar que en España además del desánimo y la indignación lo que impera es un clima general de descreimiento y aunque la otra tarde en el Congreso hubo fuegos artificiales, podemos decir que el espectáculo no concitó el interés de la ciudadanía. Se aplaudieron mucho entre los correligionarios pero en la calle la indiferencia fue general, más que palmas lo que se escuchó en los lugares por donde transita el pueblo soberano fueron duras críticas y sentidos reproches. Dicen algunos bien informados que Rajoy se pregunta en voz alta: ¿si hace poco más de un año nos creían, por qué hoy nadie lo hace? Y se lamenta, añadiendo: ¡que me pase esto a mí, precisamente ahora que hemos sacado la cabeza del agua!  

     Pues sí, señor Presidente, goza usted de una holgada mayoría absoluta parlamentaria y de una nula credibilidad y todo porque, en mi modesta opinión, a usted le ha ocurrido que como dice el viejo proverbio: con mentiras puede llegarse muy lejos, pero sin esperanza de volver. Efectivamente usted ha llegado a primer ministro de España sosteniendo un programa electoral falso, con el que encandiló a muchos que reprochaban a Zapatero que no les hubiera dicho la verdad. Debió haber aprendido de la dura lección que recibió su antecesor cuando tuvo que tragarse en mayo de 2010 el vaso de cicuta que le sirvieron los poderes fácticos europeos. De pronto, abrió los ojos y vio lo que no quería ver, la cruda realidad y quebrantó todas sus promesas. Usted dice que no ha cumplido las suyas pero sí con su deber y quiere que este sofisma sea el pilar sobre el que poder iniciar la recuperación de su credibilidad. Lo tiene sinceramente muy difícil porque si sostiene que también la “cruda realidad” le ha obligado a tirar por la borda sus promesas resulta evidente que en el momento en que la “cruda realidad”, es decir, mercados, BCE, Merkel y demás familia, se lo pidan volverá a incumplir lo que acaba de anunciar en el Congreso. No hace falta ni que tomemos nota, el tiempo lo dirá.   

     Lo mismo le está pasando ahora al PSOE, ya que aunque el PP se hunde en las encuestas el PSOE no remonta y la explicación es sencilla, está purgando los graves errores de no decir la verdad a tiempo y la confianza de los propios electores, una vez perdida, es muy difícil de recuperar. Quizás la valentía de un líder no está en resistir contra viento y marea, en esconderse de la prensa y de la verdad sino en tener la dignidad de reconocer los errores cometidos y si los incumplimientos son graves, debe anunciar una convocatoria electoral para volver a pasar de nuevo por el veredicto de una ciudadanía que se siente mayoritariamente traicionada.  

     Aunque en la tremenda crisis política e institucional que vivimos hay un asunto para el que no se necesita el visto bueno de Merkel ni del señor Draghi ni de los malignos mercados: poner coto al hiriente problema de la corrupción. Para esto no es preciso, Sr. Presidente ni cambiar la Ley, ni nada de nada. Sólo hace falta no burlar las que ya existen y sobre todo que no se cobije en la sede de su partido a implicados en casos de corrupción. Que Bárcenas y el marido de la ministra Ana Mato hayan seguido siendo asalariados de lujo del PP hasta ayer por la mañana es difícil de justificar, salvo que uno circule por el mundo ciego a la realidad que le rodea, al menos eso nos quieren hacer creer. Si en vez de enseñarnos su declaración de la renta, en la que no existe una casilla para declarar los sobres en B, nos contaran toda la verdad, aunque se pusieran rojos de vergüenza, quizá el gesto serviría de expiación para conseguir el perdón. Mientras PP, PSOE, CiU y todos los demás sigan encubriendo a imputados por corrupción cuando ya las pruebas son palmarias no habrá reconciliación posible. Toda España sabe que en el espectáculo falta la traca final, espero que no se queme en la hoguera. De momento, si el asunto es cuestión de fe yo prefiero no creer.  

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.