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Las vueltas que da la vida
María Antonia San Felipe 03-12-2016 | 10:09 | 0

Las vueltas que da la vida, pensé al conocer la muerte de Fidel Castro. El año en que yo nací se firmaba el Manifiesto de la Sierra Maestra, una promesa democrática que quedaría para siempre en el rincón del olvido. El primer día del año 1959 los revolucionarios cubanos, que tanta pasión habían contagiado en muchas partes del mundo, hicieron su entrada triunfal en Santiago y después, en La Habana. Fidel proclamó que la “tiranía” había sido “derrotada” y millones de cubanos se sintieron libres ganando la confianza en su propio futuro. Más de medio siglo después el balance tiene luces pero también muchas sombras.  Cuando llegué a la adolescencia los ecos de los revolucionarios todavía perduraban y sobre las camas de los jóvenes, que habían bebido en las fuentes del movimiento de Mayo del 68, continuaban las fotos del Che Guevara en blanco y negro con la estrella roja sobre la boina. Recién estrenada la democracia en España ya había mucha división de opiniones sobre los derroteros que había tomado el castrismo, incluso descontando los deplorables efectos del bloqueo económico norteamericano.
           En plena transición Silvio Rodríguez y Pablo Milanés llegaron a España, los recintos se llenaban de universitarios y trabajadores que anhelaban un país mejor. Se alimentaban sueños y se peleaban cambios. Eran tiempos de grandes esperanzas, los jóvenes luchaban por un futuro que no les amenazase sino que les brindara oportunidades en justa correspondencia a su propio esfuerzo. Superando las dificultades este país se transformó, pero la ruleta de la vida gira a gran velocidad y de nuevo hemos vuelto a encallar en la decepción que es la estación previa al pesimismo.
Con Fidel hemos vuelto a comprobar que los líderes, incluso los que se creyeron eternos y se convirtieron en dictadores, se van y los problemas permanecen en sus pueblos porque jamás los abordaron.  Nos lo recuerda la famosa canción de Carlos Puebla: “Aquí pensaban seguir/jugando a la democracia/y el pueblo que en su desgracia/se acabara de morir/Y seguir de modo cruel/sin cuidarse ni la forma/con el robo como norma… /y en eso llegó Fidel”. Pero Fidel no va a volver, el de la canción, el revolucionario, ya partió hace tiempo y sólo ese será absuelto por la historia.
           Como nos toca vivir el tiempo presente me pregunto si a los pueblos del mundo les quedan tantas esperanzas como tuvieron los jóvenes de las anteriores generaciones. La sátira de la canción sigue vigente. Mientras las democracias languidecen, muchos ciudadanos del mundo han sucumbido al desánimo como si ya hubieran sido derrotados y aceptado un futuro peor que el de sus padres. El miedo a perder lo que tienen, poco o mucho, se ha instalado en jóvenes y mayores, sólo están seguros de su propia inseguridad. Este es el mejor caldo de cultivo de los ultranacionalismos, de la insolidaridad y de la injusticia. Cuando la verdad no importa, el análisis crítico se destierra y el discurso extremo es el que triunfa. Sólo así se explican el éxito del Brexit y Nigel Farage en Inglaterra, de Víktor Orbán en Hungría o el ascenso de Marine Le Pen en Francia. Lo del país vecino es paradigmático, Hollande se ha hundido por traicionar su propio ideario y François Fillon, mucho más conservador que su oponente Alain Juppé, ha ganado tratando de imitar a la ultraderecha. Europa vive un momento límite y para acabar de hacernos temblar sobre el futuro que nos espera sólo hay que recordar que Putin, en Rusia y Donald Trump, en EEUU son los nuevos vigías de la civilización. Sabemos que se admiran mutuamente y que juntos pueden llevarnos a alguna nueva hecatombe mundial. De los revolucionarios de todos los tiempos, en especial de los poetas represaliados, he aprendido que para desterrar la resignación hay que luchar porque “cuerpos que nacen vencidos/ vencidos y grises mueren” (Miguel Hernández).

 

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El que espera…
María Antonia San Felipe 30-04-2016 | 10:04 | 0

           Dice el refrán popular que el que espera, desespera. Qué apropiado resulta recordarlo en estos momentos. En las últimas elecciones, esas que no han producido un gobierno por primera vez en nuestra democracia, muchos acudieron a las urnas con ilusión y otros abandonaron la abstención militante porque creyeron que se había abierto una ventana a la ilusión. Hoy se ha cerrado de un portazo y nos ha devuelto al territorio de la realidad, a la constatación de los sectarismos excluyentes que tantos males han causado en este país tan propenso a la desmemoria.
          Una vez más el fracaso ha hecho historia. Ahora no pueden hacernos creer que no había más remedio que repetir las elecciones, porque no es cierto. Que no les gustara lo que los españoles votamos es una cosa, pero que nos reprochen lo que libremente decidimos es una tomadura de pelo. El pueblo español, cada votante, valoró pros y contras e introdujo una papeleta en la urna, decidió y opinó y con esos mimbres debió construirse la cesta del gobierno. Ahora nos convocan de nuevo a las urnas, nos devuelven la pelota como si la responsabilidad del fiasco fuera nuestra y no suya.
No es serio, pero en este país pasan cosas sorprendentes y ocurren porque las toleramos y las consentimos. Causa más desazón el resultado del Barça-Madrid o lo que pasa en la casa de Gran Hermano que la corrupción que nos está comiendo por los pies. De estas cosas si tenemos parte de culpa, de la repetición de las elecciones, no. Pero conscientes de nuestras debilidades, los líderes políticos ya están en campaña electoral.
           Cada votante hará su reflexión según en quién depositara su confianza. Los votantes de Ciudadanos que abandonaron al PP, le reprocharán su pacto con el PSOE y otros sus vaivenes entre ambos. Los de Podemos estarán divididos entre los que consideran que creían en su propuesta de gobierno de coalición y que el PSOE y algunos dirigentes regionales, como Susana Díaz, han impedido y entre quienes valoraban la abstención al pacto PSOE-Ciudadanos como salida al laberinto. Entre los que votan PSOE también hay diferentes opiniones, unos creen que Sánchez se ha esforzado lo indecible, otros no entienden el pacto con Ciudadanos mientras culpan a Podemos del fracaso del líder socialista. Y por fin tenemos a los votantes del PP. Algunos no comprenden la pasmosa tranquilidad de un líder chamuscado por la corrupción y por el inmovilismo, pero la mayoría, según las encuestas, piensan seguir votándole aunque no les convenza. Mariano, sin duda, ha estado muy tranquilo estos meses de vacaciones sin hacer otra cosa que esperar a que pasara el cadáver de Pedro Sánchez con el ataúd de su desengaño.
            Eso sí, el martes cuando concluía la audiencia con el rey, Mariano inició la campaña diciendo que afortunadamente para los españoles se ha frustrado un gobierno de izquierdas que podía llevar a España a un desastre mayor que el erial en que vivimos. Era el primer mensaje a sus votantes: tiemblen de miedo porque lo que puede venir es peor que yo, una forma de fidelizar su voto. A continuación, el mensaje fue para los periodistas: “Venga, que a menos cuarto empieza el fútbol”. Esta era su principal prioridad política no la corrupción o el avance de la pobreza.
          Mientras se lanzan reproches los unos a los otros y circulan múltiples encuestas, la mayoría interesadas, los ciudadanos cada uno con nuestros problemas y con la decepción colectiva a cuestas, debemos meditar qué hacemos en esta segunda vuelta. La abstención va a ser la principal resistencia a vencer por estos partidos, nuevos y viejos, que tanto se parecen cuando no nos comprenden. Como diría Miguel Hernández, al menos “dejadme la esperanza”. No debe cundir entre nosotros el desánimo. Nos han defraudado, si, pero no pueden robarnos el futuro, todavía somos libres para decidirlo.

 

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Política
María Antonia San Felipe 12-10-2012 | 7:04 | 2

En este clima de tristeza ambiental que invade nuestros pueblos y ciudades propuse la semana pasada crear  el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro. Esta semana tras conocer la encuesta del CIS que sitúa a la clase política como tercera preocupación de los españoles creo que urge fundarlo y comenzar tomar medidas, ya que el traje democrático que nos dimos los españoles cuando se aprobó la Constitución de 1978 cruje por todas sus costuras después de tanto manoseo.

Yo no creo que la gente haya dado la espalda a la política, la mayoría sabe que la política es el único contrapeso posible que puede limitar legítimamente la dictadura injusta y sin corazón del poder económico que hoy por hoy triunfa sobre el poder político hasta llegar a someterlo, por la incapacidad y los titubeos de los que debieran protegernos de los abusos y extralimitaciones de los que jamás rinden cuentas. Por otro lado la mayoría de los ciudadanos no ha dado la espalda al sistema democrático, sabe que otro camino sólo lleva a la imposición de mordazas y a supresión de las libertades. Por tanto, muy al contrario de lo que muchos sostienen, la gente no ha huido de la política sino de unos políticos que creen que no les representan porque además de mentirles reiteradamente no entienden la naturaleza de sus problemas ni la materia de sus anhelos vitales.

Estoy convencida de que muchos ciudadanos lo que añoran es otra forma de ejercer la política y una clase de políticos que estén más atentos a la búsqueda de soluciones que al desprestigio, casi siempre inútil, del adversario. La mayoría de los ciudadanos están viviendo situaciones límites, se encuentran inmersos en una incertidumbre creciente, en los centros de trabajo la presión es enorme por múltiples causas, despidos, estrés, condiciones laborales adversas incrementadas por los crecientes impagos,  retraso en el pago de nóminas, desempleo, filas inmensas en la cola del INEM, pérdida de prestaciones y en muchos casos se vive en un enorme desamparo y en el límite de la exclusión social. El ciudadano lo único que ve a su alrededor es un enorme incendio y la columna de humo es tan grande que parece que ha estallado la bomba de Hiroshima y en vez de ver a sus representantes acudir corriendo con una manguera a minimizar el siniestro, observan atónitos como agarran la manguera se levantan los cascos y se ponen a discutir como locos sobre el origen del incendio, la cantidad de agua de la cisterna, la conveniencia de esperar a los bomberos del pueblo de al lado o sobre quién debe dar la orden de abrir la válvula para activar la manguera y mientras los dueños de la instalación, es decir, nosotros, el pueblo soberano vemos que si la situación se prolonga no quedara ni rastro de nuestro suelo patrio para recuperar el futuro.

Nos están dejando sin esperanza y por si fuera poco, en un enorme ejercicio de cinismo estos días, de forma colegiada y corporativista, la mayoría de la clase política se ha escandalizado porque un juez ha decidido dos cosas: no encausar a los convocantes de una protesta frente al Congreso de los Diputados y constatar que la clase política tiene un tufillo decadente que apesta. Pues bien, se  han molestado porque les han dado una bofetada en su mandíbula de cristal, ellos que tan esforzadamente dicen trabajar por nosotros creen que no les comprendemos cuándo su trabajo consiste en que ellos nos entiendan a nosotros. No pueden soportar que se proteste libremente en las calles porque confunden el legítimo derecho de manifestación con un golpe de estado. Casi nada. Yo creo que en vez de rasgarse las vestiduras lo que debieran hacer es remangarse, ponerse ropa de trabajo, sujetar la manguera y apagar el incendio. Cuando lo hayan sofocado prometemos aplaudirles. Nosotros sí cumpliremos nuestra promesa.

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El adiós
María Antonia San Felipe 21-09-2012 | 7:04 | 0

 

Aquella mañana Esperanza se levantó temprano y eligió un sencillo vestido blanco, no quería excesos. Además, pensó, el blanco no sólo me sienta bien sino que es premonitorio de nuevos tiempos, hoy es el primer día de mi nueva vida. Iba a cerrar de golpe una puerta y no albergaba dudas de que concluir etapas siempre llena de expectativas la mente y de melancolía el corazón. Pero la suerte estaba echada, ahora es el momento, se repitió a sí misma ratificando su decisión. Me digan lo que me digan, no voy a dar un paso atrás. ¡Pues buena soy yo!

Poco antes de mediodía el coche oficial la dejó a las puertas de la presidencia del gobierno y entró en el despacho con su mejor sonrisa. Tras los dos besos protocolarios se sentaron. Rajoy estaba expectante,  no sabía de qué quería hablarle Esperanza aunque él aprovecharía para convencerla de que debía ser un poco más comprensiva, al menos en público, ya que contra su voluntad y por culpa de la dichosa herencia recibida él tenía que tomar decisiones dolorosas. Había pensado decirle que era el momento de la unidad y de la fortaleza dentro del partido, la realidad nos está abrumando, pero no hay que perder la esperanza (nunca mejor dicho), pues no hay mal que cien años dure. De lo del etarra Bolinaga, evitaría hablar. Sabía que ella se mostraría intransigente en ese punto, así que trataría de lidiar el toro como fuera. Esperanza, tras la primera frase atajó, como era su costumbre, por el camino de en medio y sin rebozo alguno le espetó al presidente del gobierno su decisión irrevocable de dimitir. Lo tranquilizó, a renglón seguido, aclarándole que no debía preocuparse. Ella alegaría motivos personales que todo el mundo comprendería y, por supuesto, al menos, de mis palabras –insistió- nadie podrá deducir divergencia alguna con el partido ni con el gobierno aunque las especulaciones Mariano no podrán evitarse y menos con la canalla que hay en la prensa. Espero, -añadió- que mi relevo se haga ordenadamente como yo he previsto para evitar daños irreparables al partido y no añadir más tensiones teniendo en cuenta la cantidad de problemas que ya tienes. ¿No te parece?

Mariano se había quedado estupefacto, aunque todavía acertó a pedirle que se tomara unos meses antes de hacer pública decisión alguna. Si dice que sí, gano tiempo para preparar el relevo, pensó. -No, presidente, no. La decisión es mía y está tomada. Se levantó del sofá y le deseó mucha suerte: -Te va a hacer mucha falta, presidente, soy consciente de que en los próximos meses se te avecina un tsunami, ojalá no te arrolle. (Aunque dijo eso, puede que pensara lo contrario). Cuando salió del despacho una inmensa tranquilidad con tintes de regocijo inundó todo su cuerpo. La prensa le esperaba, aunque nadie sospechaba lo que pensaba anunciar. La salud y la familia, no eran una excusa, lo sentía de verdad pero iban a ser un buen parapeto para que nadie pudiera acusarla de hacer daño al partido. Además anunciaría que pedía el reingreso en su trabajo, lo consideraba otra forma de reconciliarse con la gente que tanto insulta a los políticos en estos tiempos. Volvía al lugar de donde salió. ¿Alguien da más?

Al otro lado de la puerta que Esperanza había cerrado, Mariano, cuya principal máxima política es que siempre que llueve escampa, encendió un puro y decidió que ante este contratiempo haría lo de siempre: punto en boca, esperar y ya amanecerá. No hay mal que por bien no venga, mientras hablan de Esperanza se olvidan del dichoso rescate. Él, que se sentía el principal admirador de don Tancredo, invocó a su buena suerte con la esperanza de que quizás el toro pasara sin verlo.

 

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Superar el pesimismo
María Antonia San Felipe 27-04-2012 | 9:21 | 0

 

Ya saben que caminar hacia el horizonte es la única manera de avanzar, podemos decir que él tira de nosotros con la fuerza de la esperanza. Últimamente ninguna noticia es buena, por ello, intentemos situarnos a campo abierto para superar el pesimismo buscando el horizonte. Vivimos momentos muy difíciles pero de peores  hemos salido gracias al tesón y al esfuerzo colectivo. Estos días hemos mirado mucho a Francia y pese a que, en general, los españoles somos un poco antigabachos, por razones históricas que no olvidamos, quiero pensar que desde allí puede irradiar para el resto de Europa un ápice de esperanza.

Me explicaré. Pese a la enorme decepción de los ciudadanos europeos con su clase política, el índice de participación en las presidenciales francesas rondó el 80%, lo que no deja de ser un elevado nivel de participación. Obama pasa por ser el presidente de los EEUU más votado de la historia americana y, sin embargo, la participación superó ligeramente el 64%. Podemos decir, por tanto que los europeos valoran la democracia, pese a sus defectos, porque nadie ha ensayado un sistema político mejor e incluso los movimientos reivindicativos, como el 15-M, sólo hablan de profundizar y mejorar el sistema pero nunca de sustituirlo. Pues bien, pese al pesimismo reinante los franceses, que gustan de votar dos veces consecutivas para elegir a su jefe del estado, han dibujado con su voto un mapa político que debe mover a muchos europeos hacia la esperanza. España e Italia se tambalean, de Grecia, Irlanda y Portugal ni hablamos, Francia está en apuros, Reino Unido acaba de entrar en recesión y Holanda, una de las economías más sólidas del Eurogrupo, se ralentiza peligrosamente y hace temer una rebaja de su triple A. Sarkozy ha basado su política en fortalecer el eje franco-alemán pero finalmente ha sido la poderosa Merkel la que ha doblegado al temperamental presidente francés. La reelección de Sarkozy es difícil ya que necesita todos los votos de la ultraderechista Marine Le Pen, cuyo ascenso ha sorprendido y preocupado a muchos, pero sus programas son incompatibles porque la ultraderecha en toda Europa está proponiendo salirse del euro, volver a las monedas nacionales y liquidar el proyecto común europeo tan desastrosamente gestionado últimamente por los burócratas de Bruselas. En ese mismo caldo de cultivo se mueve Geert Wilders, el político populista que está precipitando el adelanto electoral en Holanda añadiendo una nueva incertidumbre a la estabilidad de Europa.

En estas circunstancias es más que probable que el candidato socialista François Hollande concite en la segunda vuelta más voluntades que Sarkozy, entre otras razones porque, aunque considera necesario el control del déficit, ha apostado por la necesidad de adoptar medidas que impulsen al mismo tiempo el crecimiento económico, única forma de garantizar ingresos al estado y empleo y seguridad a los ciudadanos que de ese modo volverían a incrementar la demanda interna, es decir, el consumo. Si como está demostrado en España sólo se crea empleo cuando crecemos por encima del 3% algo distinto habrá que hacer para conseguirlo. Estamos de nuevo en recesión y no está demostrado que los ajustes realizados vayan a fomentar el crecimiento en el medio plazo. Si el paro sigue subiendo estaremos pronto al borde del estallido social. Es momento de unirse a esas voces y aliarse con los que piden estímulos al crecimiento y esa es la razón por la que creo que el triunfo de Hollande supondría un cambio en el eje franco-alemán que precisamente ahora puede ser beneficioso para España. Miremos a Francia y, con permiso de Merkel, no me pierdan la esperanza.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.