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Europa

Victoria o venganza
María Antonia San Felipe 26-03-2016 | 10:22 | 0

Generalizar el pánico es el objetivo último de la violencia terrorista, aunque la muerte sea la primera de sus consecuencias. La cercanía de las víctimas estremece al tiempo que convierte en indigno cualquier fin que se justifica sobre asesinatos. Los muertos, los heridos, sus familias, el dolor son lo primero que golpea nuestras mentes ante un atentando brutal como el de Bruselas, como el de París, como el de Madrid, como los de Túnez, Irak, Kuwait, Somalia y tantos otros que ya no recordamos. Tras esa primera angustia llega el momento de la solidaridad, no cura ni calma pero acompaña y mitiga la intensidad del dolor.

Después vienen las declaraciones institucionales y las palabras de dirigentes y representantes políticos. Están obligados a recordarnos que siguen ahí, que harán lo que tengan que hacer y entonces todos apelan a la unidad proclamando que sólo la fuerza de la democracia vencerá al terror. Yo también creo que la unidad es necesaria pero no estoy segura de que en esta Europa, que se resquebraja como proyecto, se esté apostando por la fortaleza de esa unión. Cabe dudarlo porque hace tiempo que esa conjunción de intereses debió pactar una política antiterrorista común. En realidad en común, totalmente en común, lo único que parece haber prosperado es una política económica errática, de dudosa eficacia, como bien sabemos.

Está claro que uno de los objetivos del grupo terrorista DAESH, autoproclamado Estado Islámico, es dividirnos a través del miedo, haciéndonos elegir entre libertad y seguridad, es decir, empujándonos a renunciar a lo que somos. No podemos dejarnos amedrentar doblegándonos a su juego. Es cierto que los atentados tienen como consecuencia directa que muchos se apresuren a pedir mano dura, cierre de fronteras, expulsiones y otras medidas extremas. Algunos desde la inconsciencia y otros desde una visión autoritaria de la vida, creen que sólo podemos defendernos fomentando la xenofobia y actuando desde el estómago y no desde la inteligencia, siempre más fría y sensata que la primera reacción de ira que provocan los asesinatos. Por eso estamos viendo reacciones irreflexivas por ejemplo contra los refugiados sirios que tratan de alcanzar Europa. Este enfoque es un tremendo error porque mayoritariamente esos refugiados también huyen de estos terroristas del DAESH que están destruyendo Siria. Hay otra circunstancia terrible y es que algunos de esos asesinos que se inmolan con cinturones de explosivos han crecido entre nosotros y han sido reclutados entre las franjas marginales de nuestra sociedad.

Sin embargo, aunque la masacre de Bruselas sea para ellos un éxito propagandístico, no hemos de pensar que hoy los terroristas son más fuertes que hace un año. Pueden matar indiscriminadamente, es eficaz para fortalecer su imagen ante los extremistas adeptos y además es más fácil que anexionar territorios para asentarse. Pero expertos en el territorio confirman que esta organización terrorista, que proclama a los cuatro vientos que ha conseguido levantar un califato desde el que gobernar el mundo islámico, ha perdido durante 2015 parte del territorio bajo su control en Siria e Irak, bien sea por la acción de Rusia o por la de las milicias kurdas que los combaten en Siria. Cortar sus fuentes de financiación, conseguida vendiendo productos que alguien compra, como el petróleo de Irak, heroína, mujeres o antigüedades es la manera de conseguir limitar su capacidad operativa.

Estamos obligados, irremediablemente, a superar el dolor, a fortalecer Europa con un proyecto de seguridad común que preserve nuestras libertades y que proteja nuestros ideales, porque a la irracionalidad asesina, aunque duela, se la vence desde la inteligencia que procura la fortaleza de los principios morales no desde el ciego y, a la larga, ineficaz deseo de venganza.

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Perdidos
María Antonia San Felipe 19-03-2016 | 8:33 | 0

El comportamiento humano destruye los sueños y, en consecuencia, la realidad fulmina las utopías más hermosas. Puede decirse que la vieja Europa, el proyecto inacabado de Unión Europea, ha entrado en un proceso de autodestrucción, que está haciendo saltar por los aires ese sueño común, porque está traicionando sus propios principios fundacionales. Winston Churchill en un discurso en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, abogaba por la creación de unos Estados Unidos de Europa como única forma de superar las terribles consecuencias de las dos últimas guerras mundiales. Consideraba que, tras el último conflicto bélico, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror”.  Y por ello se preguntaba, “¿por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente…?”. Para conseguir “…perfilar los destinos de los hombres”, debía “darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas”.

Este sueño de conseguir una Europa libre y, utópicamente, feliz chocaba probablemente contra la misma advertencia que él hacía, de que la Sociedad de Naciones no había fracasado “debido a sus principios o concepciones” sino que “falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo”.

Podemos asegurar que a la Europa actual le ha ocurrido lo mismo, vaga desde hace tiempo por caminos que olvidan a las personas. Lo han hecho en esta larga crisis con los ciudadanos europeos, sobre todo con los más vulnerables económica y socialmente y lo están haciendo ahora con los refugiados. No supieron o no quisieron ver la que se nos avecinaba, poco antes de la dura recesión, y no han sabido o no han querido comprender que la guerra en Siria iba a producir la lógica huída de muchas personas de un conflicto que ahora cumple cinco largos años. Europa se está comportando de forma vergonzante y vergonzosa en este asunto. El preacuerdo con Turquía es humillante y alejado de la garantía de derechos universales que forman parte de los principios de la Unión y de la Declaración Universal de 1948. Si no queremos que vengan los que huyen habrá que tener una política exterior común para intentar parar la guerra en Siria y no dejarlo todo en manos de Putin y de Obama, pero eso como sociedad también nos incomoda. Debieran haberse abierto corredores humanitarios hace tiempo, pero tenemos gobiernos mediatizados por lo que dicen las encuestas y las sociedades temen lo que desconocen y más aún si se trata de confundir intencionadamente a refugiados con inmigrantes de todo tipo o con terroristas islámicos.

Los titubeos, la falta de claridad, de explicación de la realidad de la situación, de proyectos comunes que hagan superar el miedo al futuro y animen a luchar por él, hace que algunos aprovechen el río revuelto y nazcan partidos antieuropeos y xenófobos que como en Alemania han conseguido una nutrida representación en las últimas elecciones regionales dejando a Merkel y a los socialdemócratas malheridos. O que veamos escenas como la protagonizada en la plaza Mayor de Madrid por un grupo de seguidores del PSV Eindhoven que humillaron a varias mendigas que estaban en la Plaza Mayor pidiendo limosna y les gritaron “no crucéis la frontera”. Esto sí que da miedo, mucho miedo. Cuando se pierde el referente, ese punto en el horizonte hacia el que caminar, se extravía el rumbo. Repensando a Churchill diremos que es imposible “tener fe” en un proyecto que ya no existe, ese es el peor mal que hoy aqueja a Europa.

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Tiempos difíciles
María Antonia San Felipe 28-11-2015 | 11:19 | 0

La sensación de que todo puede saltar por los aires súbitamente te hace tomar conciencia de la fragilidad de la vida y de nuestra sociedad. Ciertamente nuestro futuro siempre pende de un hilo que puede romperse de improviso. Esta semana ha resultado abundante en acontecimientos aciagos. Todavía reciente la consternación por los atentados de París o la matanza de Nigeria el desconcierto se extiende al tiempo que se suceden en Francia y en Bélgica operaciones policiales, se altera la cotidianidad  de las familias, se refuerzan los controles de seguridad, se bombardean las posiciones del Estado Islámico… Son tiempos difíciles pero hemos de vivir, nuestra libertad es la única forma de protegernos del horror aun sabiendo que estamos sentados encima de un polvorín y que nuevas tragedias nos amenazan. En la mañana del martes, Turquía derribó un avión ruso por violar su espacio aéreo en la frontera con Siria y por la tarde, un atentado suicida en Túnez mató a 12 militares de la guardia del presidente del país.

Las consecuencias del conflicto entre Turquía y Rusia son del todo impredecibles, aunque no se hayan declarado una guerra abierta. La OTAN apoya a Turquía porque es miembro de la alianza pero la acusación de Putin de que el gobierno de Erdogan está colaborando con el Estado Islámico, con el petróleo que proviene de las zonas ocupadas, es gravísima para la Europa que está siendo agredida porque es una de las formas de financiación de los terroristas. Francia se afana en la búsqueda de una coalición internacional en la que estén Rusia y EEUU, como sabemos enfrentadas por el apoyo de Putin al dictador sirio Al Assad. El gobierno español, siempre al despiste, dice que Francia no le ha pedido ayuda. Mientras reciben la carta oficial, Alemania ya ha ofrecido actuar en Malí, una posibilidad barajada por España. Pero, una vez más, el gobierno practica la táctica preferida de nuestro presidente: ponerse de perfil y soplar mirando al cielo esperando que pase la tormenta sin hacer nada, como con la corrupción. Muchas declaraciones pomposas de solidaridad y después, regreso al escondite, igual que con los debates, el caso es no dar la cara.

Rajoy y el PP temen que renazca el sentimiento del “no a la guerra” como en la intervención de Irak apoyada por Aznar. A mi juicio el peor defecto de un gobierno es la cobardía de no afrontar las dificultades con la inteligencia que precisan. Creen, en su visión patrimonial del poder, que el pueblo español es menor de edad e ignoran que lo que más odia el ciudadano es que lo tomen por tonto. Nadie desconoce lo complicado de la situación y de las soluciones. Todos recordamos lo que ocurrió en Irak, una parte de cuyo territorio está ocupado hoy por los terroristas del Estado Islámico al haberse no sólo derrocado al dictador, sino destruido el estado que aglutinaba a las tribus. Se fue a la guerra sin cobertura de la ONU y con muchas mentiras como armamento, de aquellos polvos nacen estos lodos. Pero la situación actual, es otra. Francia (Europa) y otros países como Túnez, el único que sobrevivió a la primavera árabe, están siendo agredidos en una guerra declarada por unos terroristas islamistas carentes de escrúpulos, de principios y de legitimidad que con la financiación encubierta de ciertos países se han hecho fuertes en territorios devastados por las guerras. Nuestro gobierno no es sincero porque teme que influya en el resultado electoral. Ha reunido al resto de partidos para presumir de liderazgo pero permanece en la indefinición sobre su apoyo a Francia ¿No sería mejor y más inteligente que Rajoy, en un ataque de sinceridad, nos contara su estrategia? No estaría mal que por una vez dejara de tratarnos como a ilusos. Todos debieran hacerlo, sería obsceno que tras el 20 de diciembre hicieran cosas que hoy, ni a sugerir se atreven. Es ya momento de demostrar que en Moncloa no vive escondido el líder de un partido en declive sino un estadista. Ya veremos.

Foto: Bombardeo de posiciones del ISIS en Al-Rakka, capital del autoproclamado Estado Islámico.

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Europa en el laberinto
María Antonia San Felipe 18-07-2015 | 12:25 | 0

Europa se encuentra perdida, girando a toda velocidad sobre sus propias contradicciones. Hasta ahora parecía que el sueño común de una Europa de los ciudadanos, protegidos por una red de derechos, era la fuerza centrípeta más potente para mantenerla unida. Todo ha quedado en una quimera, la crisis económica ha mostrado las grietas del proyecto y, en especial, la fragilidad del Eurogrupo por los errores en la concepción del euro. La desigualdad entre el Norte y el Sur se ha acentuado, igual que la de ricos y pobres en cada país, pero también es evidente la ausencia de contrapeso al poder de Alemania. Durante años el eje franco-alemán consensuó puntos de vista tratando de equilibrar las diferentes visiones del espacio común construido con las porciones de soberanía que iban cediendo los países que la integraban. La democracia era un valor primordial que amalgamaba a todos los países miembros en un proyecto social. Hoy tenemos la impresión de que la democracia vive secuestrada por la burocracia europea del pensamiento único ultraliberal.

La crisis griega va a tener consecuencias para todos. La primera es que los ciudadanos europeos vemos, sin resquicio de duda, quien manda de verdad en Europa. La fuerza de Merkel y de Alemania ha quedado patente por la sumisión del resto. Nadie ha tenido, salvo matices, capacidad para articular políticas distintas. Es este superpoder real, movido por sus propios intereses, el que está resquebrajando el proyecto europeo y el que ha impuesto las políticas de austeridad salvaje a los países más débiles y con mayor índice de paro. España, Portugal e Italia no han sido capaces de buscar una alianza con Francia para tratar de moderar los errores cometidos, que son muchos y que han empobrecido a los ciudadanos del total de la Unión.

Denostamos, con razón, los excesos de liderazgo, por el pernicioso peligro de que deriven en autocracias, pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, los pueblos necesitan líderes y las naciones también. Parece que Alemania los tiene (Merkel y Shäuble), pero el resto no. Tanto Rajoy, Hollande o Renzi están a lo suyo, a preservar sus cuotas de poder interno. Son simples peones de una Alemania convertida en el gendarme de la ortodoxia de una austeridad suicida que está esclavizando a todos los trabajadores europeos, incluidos los alemanes, al yugo del subempleo precario, mal remunerado y sin derechos o simplemente al paro, como en España.

Por eso cuando no hay esperanza es bueno que alguien pelee por encontrarla. Éste parecía ser el caso de Alexis Tsipras que había reunido en torno a él muchas ilusiones de ciudadanos cansados de mentiras. Ya sabemos que una vez David venció a Goliat, pero fue una sola vez y no está claro que el cuento fuera verdad. Esta vez David/Tsipras no sólo ha sido vencido sino humillado ante los ojos atónitos de sus compatriotas y de un elevado porcentaje de europeos críticos con las políticas de la plutocracia europea. David contó con dos aliados, la piedra y la honda, pero Tsipras, ni contaba con armas ni con aliados. El referéndum lo dotó de orgullo pero lo debilitó en la negociación. Los monaguillos de Merkel, que ya se habían rendido sin condiciones hace tiempo, lo consideraron una afrenta, no podían quedar en ridículo ante sus naciones, por eso ha sido destruido. Tsipras ha fracasado ante su pueblo, es un semihéroe que agoniza en la plaza Sintagma. Lo peor es que nadie ha ganado esta batalla. Merkel también está herida, la soberbia mostrada no la cura el dudoso éxito obtenido. Hasta el propio Fondo Monetario Internacional anticipa que el acuerdo puede ser un fracaso en el corto plazo, lo que vuelve a poner en entredicho la estabilidad del euro. A veces lo que parece un triunfo es una tremenda derrota, porque en el fondo estamos ante un enorme fracaso que deja a Europa perdida en el laberinto y a sus ciudadanos en la incertidumbre.

 

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Negro zaino
María Antonia San Felipe 11-07-2015 | 8:15 | 0

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.