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Europa

La decadencia
María Antonia San Felipe 14-05-2016 | 8:43 | 0

Acabamos de celebrar el Día de Europa y no es extraño que la jornada pareciera nublada, casi negra. El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman defendió la idea de que sólo la cooperación política podría conseguir que se ahuyentara la posibilidad de un conflicto bélico en Europa. Es normal que, tras dos terribles guerras, la paz fuera el objetivo más urgente de una Europa devastada. Así nació una primera institución europea que gestionaba la producción de carbón y acero, y  que, pasado el tiempo, se transformaría en la Unión Europea actual.

Reconozcamos que en España, hubo un tiempo en el que pensar en Europa abría grandes esperanzas. Desde la dictadura del general Franco y en el período de la transición democrática los ciudadanos añoraban sus principios fundacionales, es decir, los valores de respeto a la dignidad humana, la libertad, la igualdad, la salvaguarda de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho.

Cuando finalmente fuimos parte de ese proyecto europeo, nuestro país recibió un empujón económico que supuso la transformación de España. También compartimos el objetivo de que la Unión Europea se convirtiera en la Europa de las personas y de los pueblos, algo que hoy se ha tornado una quimera. Es preciso reconocer que genera un cierto regusto a decepción y, por qué no, a fracaso la situación actual de la Unión Europea. El proyecto común quedó truncado desde el inicio de la crisis económica en la que todavía estamos inmersos. Hemos retrocedido de forma evidente en uno de los pilares básicos que propiciaron su creación: la democracia. A estas alturas esta afirmación no es una opinión sino una constatación de la supeditación del poder político a otros poderes que nadie elige y que son más poderosos que los estados. Y esto es así porque se han permitido todo tipo de tropelías en una confluencia de intereses, en ocasiones, inconfesables.

Una vez que las ideas se pusieron al servicio de los intereses la desintegración de Europa como proyecto es sólo cuestión de tiempo. La contraposición interesada entre el Norte y el Sur, los ricos y los pobres, unida a la creencia entre los primeros de que los segundos éramos unos derrochadores inconscientes que progresábamos a su costa ha resultado demoledora. No crean que en algunas ocasiones no llevaban razón, sobre todo en los casos en los que la corrupción ha ido de la mano de proyectos faraónicos innecesarios. La fatal consecuencia de todo ha sido una política de austeridad que ha supuesto un brutal recorte de derechos y de servicios públicos y que no ha solucionado el problema del crecimiento económico ni la creación de empleo y de riqueza.

No es extraño que hasta el locuaz ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, haya declarado, en un alarde de sinceridad, que “nadie puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa, pero nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad”. La posterior matización de estas palabras no resta importancia a su contenido, lo cierto es que se han impuesto inmensos sacrificios a una parte muy amplia de la población, sobre todo en los países del sur y, sin embargo, los resultados no han sido los esperados. Todo indica que puede haber un replanteamiento, igual que tiene que haberlo en la regulación de los paraísos fiscales, en la vigilancia estricta del sistema bancario y en otras muchas políticas que benefician a los oligopolios por encima de las personas. En este somero balance, no podemos olvidarnos del auge de movimientos políticos de ultraderecha antieuropea en muchos países como Polonia, Austria, Francia y la propia Alemania.

Europa vive una evidente decadencia, no hay un proyecto claro, más bien no hay proyecto que supere los nacionalismos que la integran. Europa está en la encrucijada. O se recuperan sus principios fundacionales y se devuelve la confianza a la mayoría social, o el antieuropeísmo y la insolidaridad romperán el sueño de la vieja Europa.

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Pandora
María Antonia San Felipe 07-05-2016 | 10:07 | 0

 

 

Dicen que Zeus creó a Pandora para introducir los males en el mundo de los hombres. Podemos decir que por el impulso creador de los EEUU una nueva Pandora puede estar a punto de abrir su caja sobre la vieja Europa. El nombre de la nueva amenaza que se cierne sobre nosotros se llama TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), aparentemente un simple tratado comercial, en realidad un acuerdo  plagado de secretos

Claro que siendo tantas las urgencias cotidianas entre las que vivimos no es de extrañar que de estas cosas ni nos enteremos hasta que comiencen a afectarnos. Entonces ya no tendrá remedio y nos echaremos las manos a la cabeza como hacemos ahora tras conocer las múltiples tropelías cometidas a nuestras espaldas en los variados paraísos, fiscales y no fiscales, que se levantan ante nuestra ignorancia y, por qué no, con la ayuda inestimable de nuestra indiferencia.

Las cotas de igualdad y bienestar conseguidas en los últimos decenios son ya parte de un pasado, una quimera que jamás volverá si seguimos tolerando tanta desvergüenza y votando a tanto caradura. No es comprensible que podamos seguir aceptando la continua sustracción de nuestros derechos democráticos por un poder político al servicio de los principales oligopolios del planeta, con tan singular paciencia.

En el caso del TTIP hay que precisar que resulta difícil conocer aquello que se nos oculta intencionada y ladinamente por las autoridades europeas, que teóricamente, gobiernan en nuestro nombre y para nuestro provecho. Ha sido Greenpeace-Holanda, filtrando más de 200 páginas de las reuniones, la que ha dado a conocer parte de las interioridades de un tratado que se negocia, en secreto, entre la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales desde junio de 2013.

Para abrir boca baste decir que el solo hecho de que se haya admitido una negociación tan importante a espaldas de la opinión pública es ya un escándalo en sí mismo. Si la transparencia es una cualidad de la democracia a qué vienen las habitaciones secretas para pactar un tratado, supuestamente comercial.

Esperemos que no traten ahora de culpabilizar a Greenpeace por querer abrirnos los ojos. Lo que está en proceso de acuerdo es, por ejemplo, nuestra seguridad alimentaria. Si Europa prohíbe la utilización de hasta 1.400 productos químicos para el consumo alimenticio, EEUU sólo 12. Este simple hecho, ya augura un retroceso en la protección de los consumidores ya que ni los alimentos ni los medicamentos pasarán por los controles actuales. En materia de derechos laborales lo que ha trascendido alerta de la segura regresión si tratan de armonizar dos modelos totalmente distintos. Se tenderá a la privatización continuada de servicios públicos como la sanidad y la educación. Se protege a las grandes empresas y se sustituyen los tribunales de justicia, pilares básicos de la democracia en caso de conflicto, por arbitrajes. Se apadrina a las grandes empresas incluso por encima de los estados y, en definitiva, priorizando los beneficios económicos sobre la vida, la salud y el medio ambiente.

La filtración de Greenpeace ha creado una alarma creciente en muchos sectores y ya veremos en qué termina esta película. Lo que hemos conocido estaba oculto y afortunadamente alguien ha querido advertirnos de los riesgos que corremos. En la leyenda de Pandora el ánfora (la caja) se cerró poco antes de que la esperanza para los hombres fuera liberada. Para devolvérnosla Greenpeace ha abierto la cámara secreta para desvelarno la parte malvada de un negocio tan celosamente escondido.

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Victoria o venganza
María Antonia San Felipe 26-03-2016 | 10:22 | 0

Generalizar el pánico es el objetivo último de la violencia terrorista, aunque la muerte sea la primera de sus consecuencias. La cercanía de las víctimas estremece al tiempo que convierte en indigno cualquier fin que se justifica sobre asesinatos. Los muertos, los heridos, sus familias, el dolor son lo primero que golpea nuestras mentes ante un atentando brutal como el de Bruselas, como el de París, como el de Madrid, como los de Túnez, Irak, Kuwait, Somalia y tantos otros que ya no recordamos. Tras esa primera angustia llega el momento de la solidaridad, no cura ni calma pero acompaña y mitiga la intensidad del dolor.

Después vienen las declaraciones institucionales y las palabras de dirigentes y representantes políticos. Están obligados a recordarnos que siguen ahí, que harán lo que tengan que hacer y entonces todos apelan a la unidad proclamando que sólo la fuerza de la democracia vencerá al terror. Yo también creo que la unidad es necesaria pero no estoy segura de que en esta Europa, que se resquebraja como proyecto, se esté apostando por la fortaleza de esa unión. Cabe dudarlo porque hace tiempo que esa conjunción de intereses debió pactar una política antiterrorista común. En realidad en común, totalmente en común, lo único que parece haber prosperado es una política económica errática, de dudosa eficacia, como bien sabemos.

Está claro que uno de los objetivos del grupo terrorista DAESH, autoproclamado Estado Islámico, es dividirnos a través del miedo, haciéndonos elegir entre libertad y seguridad, es decir, empujándonos a renunciar a lo que somos. No podemos dejarnos amedrentar doblegándonos a su juego. Es cierto que los atentados tienen como consecuencia directa que muchos se apresuren a pedir mano dura, cierre de fronteras, expulsiones y otras medidas extremas. Algunos desde la inconsciencia y otros desde una visión autoritaria de la vida, creen que sólo podemos defendernos fomentando la xenofobia y actuando desde el estómago y no desde la inteligencia, siempre más fría y sensata que la primera reacción de ira que provocan los asesinatos. Por eso estamos viendo reacciones irreflexivas por ejemplo contra los refugiados sirios que tratan de alcanzar Europa. Este enfoque es un tremendo error porque mayoritariamente esos refugiados también huyen de estos terroristas del DAESH que están destruyendo Siria. Hay otra circunstancia terrible y es que algunos de esos asesinos que se inmolan con cinturones de explosivos han crecido entre nosotros y han sido reclutados entre las franjas marginales de nuestra sociedad.

Sin embargo, aunque la masacre de Bruselas sea para ellos un éxito propagandístico, no hemos de pensar que hoy los terroristas son más fuertes que hace un año. Pueden matar indiscriminadamente, es eficaz para fortalecer su imagen ante los extremistas adeptos y además es más fácil que anexionar territorios para asentarse. Pero expertos en el territorio confirman que esta organización terrorista, que proclama a los cuatro vientos que ha conseguido levantar un califato desde el que gobernar el mundo islámico, ha perdido durante 2015 parte del territorio bajo su control en Siria e Irak, bien sea por la acción de Rusia o por la de las milicias kurdas que los combaten en Siria. Cortar sus fuentes de financiación, conseguida vendiendo productos que alguien compra, como el petróleo de Irak, heroína, mujeres o antigüedades es la manera de conseguir limitar su capacidad operativa.

Estamos obligados, irremediablemente, a superar el dolor, a fortalecer Europa con un proyecto de seguridad común que preserve nuestras libertades y que proteja nuestros ideales, porque a la irracionalidad asesina, aunque duela, se la vence desde la inteligencia que procura la fortaleza de los principios morales no desde el ciego y, a la larga, ineficaz deseo de venganza.

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Perdidos
María Antonia San Felipe 19-03-2016 | 8:33 | 0

El comportamiento humano destruye los sueños y, en consecuencia, la realidad fulmina las utopías más hermosas. Puede decirse que la vieja Europa, el proyecto inacabado de Unión Europea, ha entrado en un proceso de autodestrucción, que está haciendo saltar por los aires ese sueño común, porque está traicionando sus propios principios fundacionales. Winston Churchill en un discurso en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, abogaba por la creación de unos Estados Unidos de Europa como única forma de superar las terribles consecuencias de las dos últimas guerras mundiales. Consideraba que, tras el último conflicto bélico, “una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror”.  Y por ello se preguntaba, “¿por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente…?”. Para conseguir “…perfilar los destinos de los hombres”, debía “darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas”.

Este sueño de conseguir una Europa libre y, utópicamente, feliz chocaba probablemente contra la misma advertencia que él hacía, de que la Sociedad de Naciones no había fracasado “debido a sus principios o concepciones” sino que “falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo”.

Podemos asegurar que a la Europa actual le ha ocurrido lo mismo, vaga desde hace tiempo por caminos que olvidan a las personas. Lo han hecho en esta larga crisis con los ciudadanos europeos, sobre todo con los más vulnerables económica y socialmente y lo están haciendo ahora con los refugiados. No supieron o no quisieron ver la que se nos avecinaba, poco antes de la dura recesión, y no han sabido o no han querido comprender que la guerra en Siria iba a producir la lógica huída de muchas personas de un conflicto que ahora cumple cinco largos años. Europa se está comportando de forma vergonzante y vergonzosa en este asunto. El preacuerdo con Turquía es humillante y alejado de la garantía de derechos universales que forman parte de los principios de la Unión y de la Declaración Universal de 1948. Si no queremos que vengan los que huyen habrá que tener una política exterior común para intentar parar la guerra en Siria y no dejarlo todo en manos de Putin y de Obama, pero eso como sociedad también nos incomoda. Debieran haberse abierto corredores humanitarios hace tiempo, pero tenemos gobiernos mediatizados por lo que dicen las encuestas y las sociedades temen lo que desconocen y más aún si se trata de confundir intencionadamente a refugiados con inmigrantes de todo tipo o con terroristas islámicos.

Los titubeos, la falta de claridad, de explicación de la realidad de la situación, de proyectos comunes que hagan superar el miedo al futuro y animen a luchar por él, hace que algunos aprovechen el río revuelto y nazcan partidos antieuropeos y xenófobos que como en Alemania han conseguido una nutrida representación en las últimas elecciones regionales dejando a Merkel y a los socialdemócratas malheridos. O que veamos escenas como la protagonizada en la plaza Mayor de Madrid por un grupo de seguidores del PSV Eindhoven que humillaron a varias mendigas que estaban en la Plaza Mayor pidiendo limosna y les gritaron “no crucéis la frontera”. Esto sí que da miedo, mucho miedo. Cuando se pierde el referente, ese punto en el horizonte hacia el que caminar, se extravía el rumbo. Repensando a Churchill diremos que es imposible “tener fe” en un proyecto que ya no existe, ese es el peor mal que hoy aqueja a Europa.

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Tiempos difíciles
María Antonia San Felipe 28-11-2015 | 11:19 | 0

La sensación de que todo puede saltar por los aires súbitamente te hace tomar conciencia de la fragilidad de la vida y de nuestra sociedad. Ciertamente nuestro futuro siempre pende de un hilo que puede romperse de improviso. Esta semana ha resultado abundante en acontecimientos aciagos. Todavía reciente la consternación por los atentados de París o la matanza de Nigeria el desconcierto se extiende al tiempo que se suceden en Francia y en Bélgica operaciones policiales, se altera la cotidianidad  de las familias, se refuerzan los controles de seguridad, se bombardean las posiciones del Estado Islámico… Son tiempos difíciles pero hemos de vivir, nuestra libertad es la única forma de protegernos del horror aun sabiendo que estamos sentados encima de un polvorín y que nuevas tragedias nos amenazan. En la mañana del martes, Turquía derribó un avión ruso por violar su espacio aéreo en la frontera con Siria y por la tarde, un atentado suicida en Túnez mató a 12 militares de la guardia del presidente del país.

Las consecuencias del conflicto entre Turquía y Rusia son del todo impredecibles, aunque no se hayan declarado una guerra abierta. La OTAN apoya a Turquía porque es miembro de la alianza pero la acusación de Putin de que el gobierno de Erdogan está colaborando con el Estado Islámico, con el petróleo que proviene de las zonas ocupadas, es gravísima para la Europa que está siendo agredida porque es una de las formas de financiación de los terroristas. Francia se afana en la búsqueda de una coalición internacional en la que estén Rusia y EEUU, como sabemos enfrentadas por el apoyo de Putin al dictador sirio Al Assad. El gobierno español, siempre al despiste, dice que Francia no le ha pedido ayuda. Mientras reciben la carta oficial, Alemania ya ha ofrecido actuar en Malí, una posibilidad barajada por España. Pero, una vez más, el gobierno practica la táctica preferida de nuestro presidente: ponerse de perfil y soplar mirando al cielo esperando que pase la tormenta sin hacer nada, como con la corrupción. Muchas declaraciones pomposas de solidaridad y después, regreso al escondite, igual que con los debates, el caso es no dar la cara.

Rajoy y el PP temen que renazca el sentimiento del “no a la guerra” como en la intervención de Irak apoyada por Aznar. A mi juicio el peor defecto de un gobierno es la cobardía de no afrontar las dificultades con la inteligencia que precisan. Creen, en su visión patrimonial del poder, que el pueblo español es menor de edad e ignoran que lo que más odia el ciudadano es que lo tomen por tonto. Nadie desconoce lo complicado de la situación y de las soluciones. Todos recordamos lo que ocurrió en Irak, una parte de cuyo territorio está ocupado hoy por los terroristas del Estado Islámico al haberse no sólo derrocado al dictador, sino destruido el estado que aglutinaba a las tribus. Se fue a la guerra sin cobertura de la ONU y con muchas mentiras como armamento, de aquellos polvos nacen estos lodos. Pero la situación actual, es otra. Francia (Europa) y otros países como Túnez, el único que sobrevivió a la primavera árabe, están siendo agredidos en una guerra declarada por unos terroristas islamistas carentes de escrúpulos, de principios y de legitimidad que con la financiación encubierta de ciertos países se han hecho fuertes en territorios devastados por las guerras. Nuestro gobierno no es sincero porque teme que influya en el resultado electoral. Ha reunido al resto de partidos para presumir de liderazgo pero permanece en la indefinición sobre su apoyo a Francia ¿No sería mejor y más inteligente que Rajoy, en un ataque de sinceridad, nos contara su estrategia? No estaría mal que por una vez dejara de tratarnos como a ilusos. Todos debieran hacerlo, sería obsceno que tras el 20 de diciembre hicieran cosas que hoy, ni a sugerir se atreven. Es ya momento de demostrar que en Moncloa no vive escondido el líder de un partido en declive sino un estadista. Ya veremos.

Foto: Bombardeo de posiciones del ISIS en Al-Rakka, capital del autoproclamado Estado Islámico.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.