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Europa

La que se avecina
María Antonia San Felipe 04-02-2017 | 8:33 | 0

No pasa hora sin que alguien invente un nuevo chiste o una chirigota sobre Trump, pero tampoco pasa día sin que crezca la preocupación por la que se avecina. Ha entrado en la Casablanca como Atila en el mundo antiguo, arrasando con todo, agrediendo a pueblos y naciones, destituyendo fiscales generales del estado y defendiendo la tortura. Tampoco se ha olvidado de insultar a la prensa. Intenta asustarla porque él sabe que una prensa libre es un pilar importante de cualquier democracia. En el fondo Trump, aunque obtuvo casi tres millones de votos populares menos que Clinton, es un presidente elegido democráticamente pero que tiene vocación de dictador porque es la “autoridad” ilimitada lo que le apasiona de verdad.
          Trump se ha apresurado a cumplir lo que prometió a unos votantes a los que trata de fidelizar como hacen las grandes marcas con sus clientes. Su política migratoria está apoyada, total o parcialmente, por el 49% de los estadounidenses aunque haya levantado ampollas en el resto del mundo. El Parlamento europeo ha pedido vetar a Ted Malloch, el embajador para la Unión Europea que piensa nombrar Washington, un antieuropeísta que afirma que Europa está acabada. Ya saben, el Imperio como en la Guerra de las Galaxias, siempre contraataca. Ya verán como todo se queda en nada. La respuesta del gobierno de Rajoy es una buena prueba del sometimiento y el compadreo que se va a producir. Los gobiernos conservadores no quieren plantar cara al nuevo líder mundial. Pese al ataque directo a todo lo hispano la respuesta de nuestro gobierno ha sido timorata y miedosa. Ya saben, el Imperio es el Imperio y Mariano Rajoy no pilota el Halcón Milenario, las alturas siempre le han dado pánico.
          El hecho innegable es que en estos momentos Trump está llevando la iniciativa política en todo el planeta, está marcando el paso y abriendo caminos a otros que piensan como él. En Europa, lo que se avecina puede acabar con nuestros principios tradicionales que ya han sido minados en los últimos tiempos. En EEUU, Obama no ha evitado declarar que Trump es un peligro para los verdaderos valores americanos. Se trata de una advertencia pero también de una premonición. Si alguna vez alguien ha creído que Europa podía ser el contrapeso al poder anómalo de Trump o que este rey Sol se calmaría al llegar al poder estaba totalmente equivocado.
             En Europa ahora solamente hay una ideología política en alza: la ultraderecha. Los pilares sobre los que elabora su discurso son sencillos: el ultranacionalismo, el antieuropeísmo y el odio al diferente. Veremos a ver qué ocurre dentro de unos meses en Francia pero si ante los escándalos que rodean al líder conservador, François Fillon y la división palpable de los socialistas franceses, Marine Le Pen alcanza la presidencia o se queda en puertas, será un motivo más para dar alas a una ideología que puede destruir la Europa que hoy conocemos. Desgraciadamente, la socialdemocracia, la única que puede servir de contrapeso, camina sin rumbo hace tiempo. En este panorama resulta muy difícil forjar liderazgos cuando no hay ideas. De momento sólo hay divisiones y enfrentamientos de los que España es un buen ejemplo. Ante este desierto de propuestas los ciudadanos desesperanzados se dejan seducir por quienes, como Trump, afirman combatir a unos poderes que se han dormido en los laureles.
            Este es el momento en el que los líderes conservadores, socialistas o liberales, que han gobernado Europa en estos años de crisis, comienzan a darse cuenta de que ha sido un error gobernar sin escuchar a la calle. Han impuesto unas políticas que han agredido a las clases medias y trabajadoras, han hecho lo contrario de lo que prometieron y ahora llega un excéntrico ofreciendo un paraíso de mentiras y puede contagiar el triunfo a quienes, igual que él, tienen como último objetivo utilizar la democracia para después anularla. Malos tiempos se avecinan.

 

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El rey Sol
María Antonia San Felipe 28-01-2017 | 9:00 | 0

El sol continúa saliendo cada mañana y no parece probable que el nuevo presidente americano Donald Trump pueda decretar la oscuridad cuando llega el amanecer. Aunque no se confíen, pudiera ser que el nuevo gabinete esté consultando a los servicios jurídicos y a la NASA la posibilidad de hacer posible que el sol brille sólo sobre América. En realidad ocurre que el nuevo presidente cree que el sol es él. Ha nacido una nueva estrella, un nuevo rey Sol que anuncia un insólito despertar en los Estados Unidos. Trump pronunció un discurso de trazo grueso y frases huecas que, si no se analizan, uno creería estar escuchando a un activista comprometido con su pueblo desde que nació. Explicó que en América había una “realidad muy  diferente: madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestros barrios más deprimidos; fábricas herrumbrosas y esparcidas como lápidas funerarias en el paisaje” para anunciar  la buena nueva de que “el 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país. Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país dejarán de estar olvidados”.
            En fin, palabras tan grandilocuentes como vacías en boca de un hombre que ha hecho su fortuna eludiendo durante años pagar sus impuestos y aplicando unas políticas salariales a sus empleados tan obscenas como su exceso de lujuria, según sabemos. Me alegra que muchas mujeres salieran a la calle después de su toma de posesión para recordarle que el pueblo americano es más variado y plural de lo que él imagina y que ya eran libres antes de que él soñara con la Casablanca.
En cualquier caso estos días tenemos a Donald firmando decretos frenéticamente tras nombrar a un gobierno de hipermillonarios y ultraconservadores que ya veremos adónde conducen la nave americana. El nacionalismo político y el proteccionismo económico parecen la solución más fácil, eso de nosotros primero y siempre nosotros suena bien pero luego los problemas son más complejos y en el imperio de Donald también se pone el sol. No lo duden, al rey Sol el anochecer le alcanzará.
            Mientras Trump vive momentos de estrenada euforia prometiendo una América nueva, próspera y fuerte, poblada de patriotas y vedada al inmigrante, en nuestra vieja Europa también los líderes de la ultraderecha han recibido con indisimulada alegría su llegada. Estos días se han reunido la francesa Marine Le Pen (Frente Nacional), el holandés Geert Wilders (Partido por la Libertad), la alemana Frauke Petry (Alternativa para Alemania) y el italiano Matteo Salvini (Liga Norte). Ellos también hablan de una nueva Europa, de la aspiración de la “libertad de los pueblos” frente a lo que consideran la tiranía de la Unión Europea. Son los mejores aliados de Trump, una Europa débil incrementa sus posibilidades de dominio y una Europa alejada de sus valores tradicionales es la que ha favorecido el fortalecimiento del discurso de la ultraderecha. Según Marine Le Pen, “El patriotismo no es una política del pasado, sino del futuro”, una vez liberados de la “cárcel de Europa”. Si a esto unimos que Putin está en el mismo discurso y que está ganando la batalla, habremos cerrado el círculo del temor.
            Todas las proclamas de estos líderes narcisistas hablan de tiempos mejores y aparentan que los impulsan ideas nuevas pero, no nos engañemos, son los alientos de los viejos totalitarismos que regresan disfrazados de corderos en un tiempo de lobos feroces. La utilización de los sentimientos nacionales frente a enemigos exteriores y del miedo al futuro generado por la incertidumbre de la crisis actual, son la mejor manera de engañar a los ciudadanos. Así ha sido desde que el mundo es mundo. No caigamos en la trampa, el pasado se disfraza de nuevos tiempos, pero es el pasado. Trump terminó su discurso con el consabido “que Dios bendiga a América”, solamente a América y nada más que a América. Yo desconozco si Dios está en estas cosas pero yo me conformo simplemente con que al resto del mundo no nos maldiga.

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Tiempos de incertidumbre
María Antonia San Felipe 12-11-2016 | 8:00 | 0

           Noto que un suspiro agrio me estremece desde lo más hondo, es la certeza de que no queda esperanza. Hay más posibilidades de que el mundo empeore que de lo  contrario. Estas cosas ocurren cuando el miedo arraiga y la gente al asomarse al día siguiente a la ventana no distingue el sol en la línea del horizonte. Donald Trump ha alcanzado su sueño y ha sido votado por millones de americanos lo cual resulta perturbador y desconcertante. Cuando pase el tiempo la historia nos contará las hazañas de este bufón ignorante y pendenciero que va a dirigir la política exterior del país más poderoso del mundo sin saber situar en el mapamundi al resto de naciones de la tierra. 
             No duden que la mayoría social que lo ha votado va a ser la principal perjudicada por su acción de gobierno y si no, al tiempo. Un millonario es un millonario aunque se disfrace de revolucionario. Coincido con Noam Chomsky en que la popularidad de Trump y la buena acogida de su incendiario discurso son el resultado de una sociedad quebrada por el neoliberalismo que vive instalada en el temor al futuro.  El origen está en las llamadas ‘medidas globalizadoras’ neoliberales que fueron diseñadas para poner a la clase trabajadora en competencia a nivel global. Las políticas de los últimos años han producido una bajada de los salarios y un empobrecimiento creciente de la mayoría social. Mientras se asegura la protección de las élites, se desampara a la clase trabajadora. La eterna rueda del destino que cíclicamente destruye lo conseguido.
           En los últimos años la clase política tradicional a la que pertenece Hillary Clinton, al igual que la que gobierna Europa, ha vivido de espaldas a la problemática cotidiana de sus ciudadanos y ello alienta el surgimiento de líderes y partidos ultranacionalistas y xenófobos que con recetas preñadas de simpleza alimentan los odios y los instintos viscerales. Hay motivos para la preocupación no sólo por lo que haga o deje de hacer Trump, el bufón de América, sino porque en los últimos años en Europa se han arruinado sus mayores logros desde la Segunda Guerra Mundial: democracias fuertes y un estado del bienestar que protegía a la mayoría.
             Visto lo ocurrido en EEUU algunos deben poner las barbas a remojar y muchos políticos debieran ponerse a pensar más en las generaciones venideras y menos en sus sillones. La ultraderecha está feliz y al acecho tras la estela de Trump. No es de extrañar porque, a veces, no hay que ganar sino dejar que el otro pierda. No olvidemos que el triunfo de Trump, un espontáneo de la política, es el desplome de Hillary Clinton, una profesional del establishment, que no ha podido conectar con el electorado demócrata ni con los jóvenes algo que quizás su oponente Bernie Sanders pudo haber conseguido. Clinton ha tenido 6,5 millones de apoyos menos que Obama en su victoria de 2012 y Trump va a ser presidente con 59,3 millones de votos, es decir, menos que John McCain (59,9 millones en 2008) y Mitt Romney (60,9 millones en 2012).
            Ni Clinton ni los presidentes europeos, ni los líderes de la oposición son conscientes de que la desafección ciudadana hacia la política tradicional es el resultado de sus propios errores. En Europa todos han aplicado la misma política económica sin contrapesos sociales que amortiguaran su impacto. Receta única a problemas diversos y complejos. La mayoría de la clase política europea, conservadores y socialdemócratas, han defendido iguales medidas. Además de agredir a sus votantes no han sabido generar esperanzas, muy al contrario, nos han enseñado que nuestros hijos vivirán peor y los nietos no quiero ni pensarlo.
              El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín y se iniciaba un tiempo de esperanzas. El 9 de noviembre de 2016 un personaje, tan adinerado como ignorante, llegaba a la Casablanca. Cuando llame a Vladimir Putin se levantarán nuevos muros, se abrirá el tiempo de la incertidumbre y resurgirá la intolerancia.

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¡Qué paren el mundo!
María Antonia San Felipe 24-09-2016 | 8:39 | 0

Subida en su cama la pequeña Mafalda, el genial personaje creado por Quino, miraba hacia abajo y concluía que era necesario tomar fuerzas para bajar al mundo cada mañana. No le faltaba razón, el mundo ha sido siempre un paraíso de ambiciones y violencias, de miserias humanas que devienen en catástrofes sociales y que cada día está más empeñado en autodestruirse que en regenerarse. He recordado a Mafalda y su candoroso llamamiento a la paz mundial al escuchar al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon ante la Asamblea General. Sus palabras han sido inusualmente duras y es que, a punto de despedirse, probablemente ha querido ser más sincero que nunca.
           Ban Ki-moon ha criticado duramente el bombardeo, por aviones rusos aliados del presidente sirio Bashar al-Asad, de un convoy de la ONU que trataba de llevar ayuda humanitaria a los civiles acorralados en la zona de Alepo. “Los trabajadores humanitarios que entregaban ayuda eran héroes. Aquellos que les bombardearon son cobardes”, afirmó, aunque fue más duro al denunciar que en aquella misma sala había “representantes de gobiernos que han ignorado, facilitado, financiado, participado o incluso planeado y ejecutado atrocidades infligidas por todas las partes del conflicto sirio contra civiles” y denunció a las potencias que “siguen alimentando la maquinaria de guerra” en Siria y que tienen “sangre en sus manos”.
          Como vemos no es el lenguaje habitualmente edulcorado de los diplomáticos pero la guerra en Siria es uno de esos episodios vergonzosos en la historia de la humanidad que el tiempo recordará con amargura. Las consecuencias de más de cinco años de guerra ha tenido como resultado un elevado número de víctimas civiles y que millones de personas, tratando de salvar sus vidas, huyan hacia Jordania, hacia Europa o allí donde no caigan bombas ni patrullen francotiradores.
          No obstante, este conflicto también ha puesto a prueba la fortaleza del proyecto europeo. Puede decirse que esta guerra, que nadie quiere parar, ha evidenciado su debilidad. No es la primera vez que Europa no sabe qué hacer o no quiere hacer lo que debe. Ya ocurrió con las sucesivas guerras de los Balcanes, en especial con la de Bosnia. Europa no alteró su vida, como si la guerra no se estuviera produciendo en su mismo territorio. Parece que seguimos sin aprender nada. El concepto de solidaridad europea se ha quebrado y debemos reflexionar por qué. Estos días, en Alemania, la canciller Angela Merkel ha sufrido un serio revés en las últimas elecciones en Berlín a manos del partido ultraderechista Alternativa para Alemania. No es el único lugar de Europa donde la ultraderecha crece o incluso gobierna (Polonia). Esto es enormemente preocupante para el futuro de Europa y para la supervivencia de los valores humanísticos que la han vertebrado.
La crisis económica ha tenido dos consecuencias evidentes para los ciudadanos de la Unión Europea, en primer lugar, hemos visto y vivido un enorme retroceso en los mecanismos democráticos de nuestros países, hemos sido gobernados por tecnócratas de la austeridad que han impuesto una política económica que ha empobrecido a la mayoría social y destruido muchos de sus mecanismos de compensación públicos, es decir, su sanidad o su educación que hacen que los ciudadanos se igualen.
          En segundo lugar, estos poderes, no elegidos democráticamente, han conseguido derivar las culpas de los malos resultados de sus políticas: la persistencia del desempleo o las rebajas de los salarios hacia otros todavía más desvalidos, los inmigrantes y los refugiados. Es una jugada redonda que puede tener éxito. Azuzar el miedo siempre da votos en períodos de crisis, ya ocurrió en los años treinta del pasado siglo en Alemania y en Europa. Desgraciadamente los hombres son muy propensos a tropezar dos veces en la misma piedra y a no escuchar las lecciones de la historia. El problema es que no podemos, como diría Mafalda, parar el mundo y bajarnos.

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Asesinos
María Antonia San Felipe 30-07-2016 | 7:52 | 0

Este verano está siendo especialmente sangriento en Europa y… lejos de ella. Los terroristas del DAESH hace tiempo que practican una guerra que han internacionalizado con tanta crueldad como destreza. Utilizan métodos de propaganda impactantes que amplifican su propia capacidad destructiva por la brutalidad de sus acciones. Hace tiempo que Europa se siente consternada, atacada en una guerra no convencional que no ha sido oficialmente declarada pues el autodenominado Estado Islámico no existe. Es cierto, no obstante, que ese ente actúa como organización armada y aglutina en torno a él todo el descontento y el fanatismo extremista de sus adeptos cada vez más numerosos y de muy variadas nacionalidades.
El tipo de acciones que promueve evidencia que la violencia extrema e irracional, la que produce un miedo paralizante al tiempo que conmueve por la crueldad empleada con las víctimas, es la esencia de su propia existencia y la forma de prolongar su propia supervivencia.
La brutalidad, por ejemplo del atentado de Niza, arrollando a una población indefensa y tranquila que disfrutaba de su fiesta nacional es difícil imaginar incluso en la literatura de ficción. Pero ocurrió. Los ecos de la Marsellesa todavía retumbaban en los oídos de los franceses cuando el yihadista decidió asesinar a quienes festejaban el 14 de julio. Todavía reciente la conmoción, los atentados se sucedieron en Alemania, en Kabul y de nuevo en Francia con el asesinato del anciano sacerdote católico que oficiaba misa en la iglesia Saint Etienne du Rouvray (Normandía). La atrocidad del degollamiento de Jaques Hamel, de 86 años, no deja lugar a dudas de la irracionalidad salvaje de esta organización terrorista. Si no hay idea que pueda justificar ninguna muerte mucho menos la violencia extrema, sádica y atroz puede engrandecer ideología o propósito alguno.
 El primer atentado se produce el día en que los ciudadanos franceses actualizan el lema básico de la Francia republicana: Libertad, Igualdad, Fraternidad. El segundo, el asesinato del sacerdote católico, grabado para su difusión, es un ataque a otro derecho básico de las personas: la libertad religiosa. Por eso, si analizamos el simbolismo de ambos crímenes lo cierto es que un estremecimiento te recorre todo el cuerpo.
Es comprensible que en Europa los ciudadanos estemos consternados pero hemos de superar miedo y dolor para tratar de ser cada vez más eficaces en la lucha contra el DAESH. Esta guerra indiscriminada y globalizada que practican hace que muchos países pidan a sus gobiernos soluciones drásticas como el replanteamiento de las políticas de inmigración y de refugiados. Sin embargo, sería un error que el temor lastre la idea de Europa que debe actuar no sólo desde principios éticos universales sino con más inteligencia y eficacia que sus enemigos. Esta no es una guerra de religión ni una guerra de civilizaciones, eso es lo que los terroristas pretenden, esta es una guerra de asesinos y de ambiciones. Comparto, por ello, la reacción del papa Francisco al ser preguntado por el asesinato del sacerdote francés. El papa ha dicho: “El mundo está en guerra”, pero la que estamos viviendo “no es una guerra de religión”.  Para aclararlo más ha añadido: “cuando hablo de la guerra significa guerra en serio, no una guerra religiosa. Hablo de las guerras de interés, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos”.
Pues eso, no nos engañemos, no estamos volviendo a las Cruzadas sino que seguimos donde la humanidad siempre estuvo estancada en la adoración perpetua de la ambición del poder totalitario y de la riqueza. Los desalmados que, en grado superlativo, codician ambas cosas siempre han tratado de crear ejércitos de adeptos fanatizados que sirven a sus intereses y que utilizan para tratar de someter las voluntades ajenas privándoles de su libertad mediante el miedo y el terror.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.