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Europa

Las barbas del vecino
María Antonia San Felipe 13-07-2014 | 9:02 | 0

Dice el viejo refrán español que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pongas las tuyas a remojar y no duden que así es. El resultado de las elecciones europeas va a ser difícil de digerir no sólo en España sino también en la mayoría de los países de la Unión Europea, al ponerse de manifiesto no sólo la profunda brecha entre ciudadanos y dirigentes sino por el temor a que el proyecto europeo se arruine por la desconfianza en la bondad de las medidas adoptadas. Mientras en España unas décimas de crecimiento son recibidas como un éxito en Francia, por ejemplo, con un paro que no supera el 10% y mejores datos económicos, consideran que la situación es extrema. Los franceses contemplan con preocupación las elevadas tasas de desempleo de los países del sur de Europa y, en especial, las de España y Grecia y se sienten aterrados de que una catástrofe semejante acabe llegando a su país.

A estas alturas, todo pende de un hilo en Europa. Si los españoles dudamos de la eficacia de las medidas impuestas tampoco parece que hayan satisfecho a los franceses. No creen que los sacrificios y el recorte de derechos sociales estén frenando la gangrena y, como nosotros, tienen la percepción de que se atiende más a los intereses de los grandes lobbys económicos y empresariales que a los de la población en general. Los totalitarismos llegaron a Europa con otra crisis y el avance de la ultraderecha liderada por Marine Le Pen es una amenaza y una advertencia de lo que puede llegar a repetirse. Con ella están coqueteando muchos franceses, huyendo de los partidos tradicionales. Como aquí, tanto la derecha (UMP) como la izquierda viven horas muy bajas en la aceptación popular. El primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, tras cien días al frente del gobierno, acaba de aprobar un paquete de medidas económicas con la oposición de los sindicatos y de una parte de los diputados de su partido que no las han apoyado. Va a producirse un ajuste de 50.000 millones en tres años. La quiebra de la disciplina de voto en el Partido Socialista francés es un síntoma de las dudas que entrañan unas medidas con inmediatas repercusiones sociales como la congelación de pensiones, la reducción de las regiones y otros gastos de la estructura política del estado. El resultado de esta medicación está por ver pero de momento la popularidad del gobierno francés es tan escasa como la del gobierno español. Al otro lado, el partido de Sarkozy se debate en una quiebra interna más insana que la ideológica: la corrupción. La imputación a Sarkozy de financiación ilegal de su campaña electoral de 2007 con dinero del dictador libio Muamar el Gadafi, violación de secretos y corrupción activa hace temer a muchos que su intención de volver a la política favorezca aún más el ascenso de la ultraderecha. En su propia casa, sus competidores directos, Alain Juppé y François Fillon, se frotan las manos. Ya se sabe que no hay peor cuña que la de la propia madera y ellos, como dice la prensa francesa, más que su retorno, preferirían su silencio. Hace unos días Sarkozy fue retenido para declarar como lo que es, un ciudadano más que un día fue presidente de la República francesa. Es cierto que para defenderse ha invocado una teoría de conspiración de jueces y del propio presidente Hollande y que una parte de la prensa le apoya en esa teoría pero, también es verdad, nadie en Francia duda que ha sido tratado como un ciudadano más. Si es inocente o culpable ya se verá en el proceso. Por eso cuando los franceses miran a España se asombran de que los españoles aguantemos lo que estamos aguantando sin que pase nada. Ven un paro alarmante y un gobierno con la sospecha, cada vez más nítida, de que se ha financiado ilegalmente y no deja de sorprenderles que mientras el expresidente de la República francesa comparece ante un juez desnudo de privilegios, en España al rey que ha abdicado se le haya fabricado un aforamiento exprés para que pueda esconderse, con otros 10.000 más, tras un privilegio que consideran medieval. Claro que esto les ocurre porque no saben que España sigue siendo diferente.

 

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Final de ciclo
María Antonia San Felipe 21-06-2014 | 9:54 | 1

La vida da vueltas sin que seamos conscientes de ello, aunque tengo la impresión de que este año 2014 estará marcado por una de esas líneas imaginarias que la historia traza para indicar el final de un ciclo. Pasadas las 6 de la tarde del 18 de junio el himno nacional ponía fin al mandato del rey Juan Carlos I. Seguro que la abdicación será un hecho reseñado por la historia pero para explicarla resultará obligado profundizar en lo ocurrido los últimos años en España. Los ciudadanos desde nuestra propia percepción de la realidad en que vivimos ya hemos advertido que la rapidez en la sucesión no se ha producido por mandato constitucional, sino por cuestión de oportunidad, ante el progresivo deterioro institucional. Hace tan solo unos meses España parecía un estanque tranquilo al que ni las continuas pedradas, en forma de recortes, desempleo y desigualdad crecientes, parecían alterar sus aguas. La ciudadanía mirando a su alrededor advierte que estamos regresando al pasado y no es sólo una sensación sino que las estadísticas confirman lo que tememos. Los últimos datos de Eurostat, ratifican que en términos de PIB per cápita hemos retrocedido al nivel de 1998, es decir, 16 años atrás en nuestra convergencia con la media del PIB europeo que conseguimos igualar en el 2002. Desde hace unos años todos los datos, no sólo los económicos, son abono para el descontento.

El resultado de unas elecciones europeas, calificadas como de escaso interés, han tenido unas consecuencias imprevisibles para los supuestos sabios que creen liderar socialmente este país. El terremoto ha sido tal que en menos de un mes, el Rey se ha ido y se ha coronado otro nuevo ante el temor a que la creciente ola republicana pueda llevarse por delante el artículo 1.3 de la Constitución de 1978. Es algo impensable hace unos años cuando creíamos nadar en la abundancia y la basura sobre la que estábamos instalados la tapaba el optimismo y la despreocupación. Asimismo, Europa, es decir el proyecto europeo, está altamente cuestionado por unos ciudadanos que no ven claro que los dirigentes europeos, además de ir a remolque de los acontecimientos, estén preocupados por el bienestar de una sociedad que ya no cree en milagros cuando, en todo el sur de Europa, se abren camino a pasos agigantados el hambre, la desigualdad y la restricción de los derechos democráticos. La posible gran coalición entre conservadores y socialdemócratas en Europa, al estilo genuinamente alemán, puede acabar de dar la puntilla a las esperanzas de un cambio en una política que hasta ahora no ha dado los resultados prometidos. Estemos atentos.

En España, la crisis del bipartidismo todavía no ha sido valorada en sus justos términos pero el tiempo, que es el que escribe la historia, señalará el año 2014 como el punto de inflexión de su hegemonía. El líder del PSOE se ha visto obligado a propiciar el relevo ante el descalabro histórico de un partido histórico, que durante años lideró y aglutinó en torno a él muchos anhelos ciudadanos. Retrasar desde hace años los cambios necesarios ha obligado a improvisarlos. En el proceso lucharán, como siempre, dos fuerzas contrapuestas: quienes quieren algunos cambios para que finalmente todo siga igual y quienes propugnan renovaciones más profundas para volver a conectar con una ciudadanía de la que llevan años alejándose. En el PP, disimulan. Como han ganado, aparentan no estar preocupados, pero lo están. Que nadie olvide que España es un país en el que es más fácil morir de éxito que de reconocer errores. Aquí nos gusta el espectáculo y ver caer a alguien desde lo más alto es siempre un estímulo para el que observa y si no, que se lo digan a “la Roja”, tras el batacazo en el mundial de Brasil. Presiento, en conclusión, que 2014 no va a pasar desapercibido ni en nuestras vidas ni en nuestra historia.

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Europa y la dignidad
María Antonia San Felipe 10-05-2014 | 10:36 | 0

 

Es fácil comprobar que toda Europa padece de malestar general aunque la gravedad de las dolencias depende de la situación en el mapa de la Unión Europea. Nosotros estamos en el sur, situados por debajo de la media y transitando en el pelotón de cola en casi todo, salvo en paro, desigualdad y corrupción en los que vamos escapados, luciendo el maillot amarillo y a mucha distancia del siguiente competidor.

            Las próximas elecciones europeas van a poner a prueba la confianza en las instituciones de la Unión y todo indica que en España la abstención puede rozar parámetros históricos. Durante la larga dictadura los españoles miramos a Europa con esperanza porque el ingreso en la Comunidad Económica exigía como requisito indispensable que el país fuera una auténtica democracia. Lo conseguimos hace 29 años y desde nuestra integración hemos recibido muchas cosas de Europa, entre ellas, el sueño de profundizar en la igualdad de los ciudadanos de la Unión porque íbamos a sustituir la Europa de los mercaderes por la Europa de las personas. Los hachazos a los derechos básicos de los trabajadores han convertido el objetivo en una utopía. La realidad es justo la contraria, la hegemonía de los especuladores que controlan los mercados financieros es tal que también dominan el poder político habiendo convertido la influencia real de la ciudadanía en residual. Se vota un parlamento, pero el verdadero poder no nace de la soberanía popular.

            Va a ser la primera vez que se elija al presidente de la Comisión Europea y, para ello, hay dos candidatos con posibilidades, designados por las élites de sus partidos, seguramente tras un pacto con la verdadera autoridad competente: el poder económico que nunca toleró la democracia. No es de extrañar que el desánimo sea general. Las alternativas que nos ofrecen para superar la crisis no parecen diferenciarse pese a que lo intentan. Por un lado, el candidato Jean-Claude Juncker, desde el Partido Popular europeo, no ofrece otra cosa que continuar por la senda de la austeridad en materia social, el retroceso en derechos y la generosidad con el sector financiero que ya han impuesto para salir de la crisis sin que hasta el momento hayamos percibido resultados tangibles. Sin olvidar que Juncker ha sido no sólo presidente del Eurogrupo sino de Luxemburgo, un paraíso fiscal en el corazón de una Europa cada vez más alejada de sus ciudadanos. Al otro lado, tenemos al alemán Martín Schulz como candidato de la socialdemocracia, cuyo partido gobierna con Angela Merkel en una gran coalición. Éste precisamente es el tipo de gobierno que algunos sectores influyentes de la economía y de la prensa están intentando propiciar en España para frenar la crisis del bipartidismo y ante la ausencia de una alternativa política clara que sustituya a las opciones tradicionales que están cavando sus propias fosas por no querer escuchar el clamor de la calle.

            A mi entender, el mismo retroceso democrático que percibimos en España también se está produciendo en Europa. El panorama no sólo es descorazonador sino alarmante, por la ausencia de respuestas contundentes para evitar el estrangulamiento de la democracia imponiendo límites legales a la voracidad del poder económico y dando satisfacción a las exigencias de los ciudadanos. Que el mal esté extendido por Europa no es un consuelo para los españoles. En los países vecinos además de estar objetivamente mejor en el plano económico, los políticos tienen la decencia de dimitir cuando su comportamiento ético es censurable y no se esconden detrás de interminables procesos judiciales que acaben absolviéndolos por prescripción del delito. Espero que al votar nuestra memoria no resulte tan endeble como la dignidad de tanto oportunista metido a político.

 

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Lo que se avecina
María Antonia San Felipe 11-05-2013 | 9:47 | 0

Miro a mi alrededor y nada ha cambiado. Mis amigos que están parados siguen sin encontrar trabajo, los autónomos con pequeñas negocios sólo aspiran a que alguien entre por la puerta a comprar algo y los abuelos ahorran de su exigua pensión para regalar a los nietos ropa y calzado. ¡Resistir hasta que escampe el temporal! esta es la sencilla esperanza en la que sobrevivimos. Por eso me pregunto: ¿qué ha pasado para que Mariano Rajoy, “el ausente” haya regresado a la actualidad para afirmar que “esto empieza a funcionar”. No hace ni diez días, el gobierno anunciaba la fatalidad de que hasta 2016 la economía no tenía visos de remontar ni el paro de descender. La conclusión ciudadana es sencilla: nos engañaron ayer, nos mienten hoy y nos torean siempre.

El ejército de indignados y defraudados es ya tan amplio que una gran mayoría se pregunta si realmente alguien en España o en Europa sabe hacía dónde vamos y mucho menos que pueda responder a cómo y cuándo saldremos de esta inmensa estafa que llaman crisis. ¿Sería usted capaz de enumerar a 1 o 2 líderes europeos que merezcan su confianza para sacarnos del atolladero? Si en cinco segundos no ha encontrado respuesta, no se preocupe, es lo normal. Si algo hay evidente en la Unión Europea es la creciente decepción ciudadana con el proyecto comunitario. Hemos percibido con nitidez que las decisiones se adoptan por procedimientos cada vez menos legitimados democráticamente y por tanto muy alejados del sentir mayoritario de la ciudadanía. La Europa social ha desaparecido, la austeridad excesiva no produce crecimiento ni riqueza para redistribuir. Si en España ha generado más de 6 millones de parados, en Alemania existen 1.300.000 trabajadores, a tiempo completo, que deben recurrir a subsidios sociales para sobrevivir dado el bajo nivel salarial. En Portugal e Italia, crece la miseria y en Grecia la tensión social no desciende.

Por si no fuera suficientemente desalentador este empobrecimiento generalizado de Europa y esta falta de horizontes solo produce desesperación y genera un ascenso de populismos y nacionalismos exacerbados que se traducen en un incremento de la ultraderecha y de los movimientos antieuropeos que radicalizan las posturas con enorme riesgo de la convivencia porque todos los fascismos se alimentan del odio al otro, al diferente, al extranjero, al que no cree en mi dios o al que tiene otro color de piel. Ahí están en Grecia campando a sus anchas los neonazis de Amanecer Dorado; en Hungría su líder Jobbik capitanea la lucha racial; en Inglaterra en las elecciones municipales crece como la espuma el partido antieuropeo de Niger Farage, UKIP; en Francia, Marine Le Pen, ya aglutina una intención de voto en torno al 21%; en Alemania están juzgando a neonazis mientras se organizan los eurocríticos para competir con Merkel y en España, soterradamente comienza a organizarse, discreta pero inexorablemente la ultraderecha conectada a grupos neonazis. Estos partidos dicen luchar contra el establishment y se alimentan de la decepción con los partidos tradicionales que han traicionado a sus electorados, pero es el fascismo que vuelve.

Este es el nuevo peligro que acecha a Europa por la incapacidad de los líderes europeos de buscar una salida conjunta a la crisis económica y social, de frenar la corrupción y de regenerar el propio sistema. Si todo continúa por estos derroteros estaremos ante una nueva crisis, la de la convivencia. Pero la dirigencia europea, sólo preocupada por conservar sus sillones, no tomará medidas hasta que el monstruo nos coma por los pies. Ya sabemos que el mal no descansa nunca y que se nutre y engorda del silencio y la resignación de la buena gente a la que tienen entretenida luchando por llegar a fin de mes. ¿Quién nos protege del malvado Sauron? Presiento que nadie.

 

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En el hormiguero
María Antonia San Felipe 23-03-2013 | 10:57 | 0

         

          Dicen que un sabio puede sentarse sobre un hormiguero pero solo el necio permanece en él. Pues todo indica que las más altas instancias europeas llevan sentadas sobre el hormiguero de la desidia burocrática largos años. Cuando menos se espera salta la liebre que pone en jaque a toda Europa y ya no hay problema, por pequeño que parezca a priori, que no ponga de los nervios a los millones de ciudadanos, cada vez más escépticos y desilusionados, que integran la Unión Europea. El plan de rescate a Chipre ha encendido de nuevo todas las alarmas. La propuesta de confiscación de una parte de los ahorros depositados en los bancos chipriotas ha supuesto una convulsión en la mentalidad de los europeos, en su concepto de seguridad jurídica y en la hasta hoy “sagrada” garantía de los depósitos bancarios y al mismo tiempo nos ha mostrado lo vulnerables que somos y el mar de incertidumbres en que nadamos.

          Este es el cuarto rescate que se produce en Europa desde que comenzó el saqueo que llaman crisis: Irlanda, Grecia, Portugal, la ayuda a la banca española y ahora Chipre. Todas las intervenciones han estado presididas por la improvisación y por la ausencia de sentido común a la vista de la carencia de resultados. No parece que en el caso chipriota se haya tenido en cuenta lo que podía suponer en el resto de los países de la Unión Europea la vulneración de las normas sobre las garantías de seguridad de los depósitos bancarios. Se toman decisiones de última hora, no suficientemente meditadas, que se modifican ante la alarma mediática y de las que nadie se responsabiliza porque ahora ni Alemania, ni la troika, ni nadie asumen la autoría de tan genial idea.

          En Europa como en España la casta dirigente hace algún tiempo que tiene un rendimiento laboral no sólo muy por debajo de su alta responsabilidad sino a años luz de las promesas que nos hicieron. Además del elevado grado de incompetencia hay que añadir otro mal estructural: se aprueban leyes, directivas, órdenes, recomendaciones y todo tipo de normas pero, o no se vigila el cumplimiento, o ante reiterados y flagrantes incumplimientos se modifican o se hace la vista gorda hasta que explota la bomba cuya espoleta ellos mismos han fabricado. Varios ejemplos ilustran esta teoría. El primer error de los gobiernos fue complacerse en la teoría de que cómo el mercado se regulaba a sí mismo, era recomendable ir flexibilizando la normativa hasta que comprobaron que se habían apoderado hasta de nuestras almas la crisis financiera, los fondos buitre y los activos contaminados que brillaban como oro pero que eran basura. Ahora somos esclavos de los rescates bancarios y servimos a nuestros dueños como Fausto complacía al Diablo para prolongar su vida. En Grecia durante años se falsificaron las cuentas que se enviaban a Europa, igual que en España las Comunidades Autónomas ocultan facturas en los cajones para encubrir el déficit real de las suyas, pero nadie lo sabe. En Chipre, hemos descubierto de pronto que allí los bancos atraían con rentabilidades exageradas y con impuestos societarios por debajo de la media europea a inversores extranjeros que depositaban su dinero sin que nadie preguntara la licitud de su origen. Pero nuestros dirigentes lo sabían, claro que conocían que Chipre jugaba a convertirse en paraíso fiscal, pero la burocracia europea, tan ineficaz como bien pagada, no hizo nada para aplicar la normativa comunitaria antes de llegar al borde del precipicio.

          Es decir, que en España como en Europa, se legisla con mano firme pero no se inspecciona su cumplimiento. En resumen lo que se practica es hacer la vista gorda y seguramente alguien rentabiliza para su bolsillo particular hacer como que no ve. No es de extrañar que los ciudadanos estén hasta las narices, porque observan atónitos que las únicas leyes que se cumplen a rajatabla son las que crujen sus riñones y las únicas responsabilidades que se asumen son las que corresponden a los curritos que sostienen el sistema actual. No es extraño que cada vez más ciudadanos crean que debiera ser tan fácil despedir a gobernantes ineptos como a trabajadores de a pie.

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