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El futuro de España
María Antonia San Felipe 25-06-2016 | 8:15 | 0

En las fiestas de los pueblos cuando pasa la charanga deja unos segundos en el aire el rumor de la melodía. Todavía retumban en nuestros oídos los últimos sonidos de esta campaña electoral que comenzó el pasado invierno y concluye con el calor del verano. Es innegable que la temperatura de la contienda electoral ha subido como el termómetro, de golpe. Hay nervios y cierta ansiedad general. No sabemos si todo seguirá como hasta ahora o los ciudadanos con su voto darán la vuelta a la tortilla. En cualquier caso el futuro está por estrenar y la tentación de la novedad produce un cierto vértigo, es lo que tiene el porvenir que, en ocasiones, se viste de sorpresa. Pase lo que pase la noche del domingo será tiempo de emociones. Puede que haya ganadores que pierdan y todo lo contrario, pero seguro que tanto entre los políticos como entre los votantes habrá esperanzas quebradas y otras satisfechas. Merecemos que de estas urnas salga un gobierno, pero sobre todo los ciudadanos esperamos que cese ya el estruendo de la charanga que escuchamos desde hace meses.

Lo que está por venir lo sabremos el domingo pero en esta campaña hemos visto de todo. Es innegable que ha habido más tensión y más nervios porque se vive en el terreno de la incertidumbre. Pese a la intensidad de la campaña mediática, especialmente en televisión, creo que se ha seguido con cierto desapego ciudadano. No obstante, hay que reconocer que ha habido indudables escenas de comedia con libretos espléndidos al estilo de las películas de Paco Martínez Soria y La ciudad no es para mí. Si me piden que elijan el momentazo de esta campaña yo dudo entre la emoción de Rajoy en el campo de alcachofas de Tudela o la escena/mitin en una granja en la que el presidente en funciones explicaba, mientras mugían las vacas, que “España es una gran nación y sobre todo, tenemos algo muy importante: españoles”. Es probable que las vacas todavía permanezcan atónitas ante tan insólito espectáculo. Seguramente el vaquero les dobló la ración de alfalfa para reanimarlas del susto. Yo confieso que, como soy hija de lechera, me quedo con la escena de la vaquería. Es que yo soy muy sentimental aunque reconozco que en mi interior el espectáculo de la granja compite con la aventura de Mortadelo y Filemón protagonizada por el inefable espía de adversarios políticos, el ministro Jorge Fernández Díaz. Por lo demás, las cosas han transcurrido por los senderos de siempre. Hoy algunos firmarían por quedarse, al menos, con los resultados que obtuvieron el 20-D y otros aspiran a mejorar pero nada hay de cierto ni en las encuestas ni en las intuiciones de los candidatos ni entre los ciudadanos, muchos de los cuales todavía albergan dudas de a quién votar.

Todos los candidatos dicen querer una España mejor, pero lo complicado es definir qué significa mejor y quienes percibirán la mejoría. Esta es una tarea tan ardua como explicar en qué consiste la felicidad. Si ha existido una estrategia de la que se ha abusado en esta campaña, ha sido la de meter miedo al votante sobre su propio futuro según cuál sea el resultado electoral. Creo que es una irresponsabilidad que puede tener efectos contrarios a los pretendidos.  Gobierne quien gobierne el futuro es una incógnita y nadie puede asegurar cómo será, nadie. Por eso lo importante es votar desde la propia libertad. En un país en el que hemos votado muy poco a lo largo de la historia, votar es un derecho conseguido con dolor, por eso es un orgullo ejercerlo. Hubiera sido mejor que no se repitieran las elecciones pero, no lo duden, todavía sería peor que no pudiéramos votar. El futuro empieza el domingo, así que, si tiene dudas, despéjelas y vaya a votar a quien crea que le ofrece el país más parecido al que usted sueña.

 

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El palo
María Antonia San Felipe 04-06-2016 | 8:59 | 0

Puso toda el alma en aquel penalti, era el cuarto de los cinco que les había regalado la prórroga tras el sudado empate, pero la pelota se estrelló contra el palo. Un suspiro hondo recorrió las gradas, los sentimientos explotaron como una traca de fuegos artificiales y Juanfra lloró el desconsuelo de la mala suerte. El maldito palo es ya el inolvidable protagonista de la historia de la Champions de 2016, inmóvil, inerte, ajeno a la agitación que invadía el estadio San Siro y desconocedor de su importante misión en ese juego de titanes en el que sólo uno consigue los laureles del vencedor. Estas cosas son las que dan vida a la competición, siempre hay un derrotado y solo un ganador.

En el minuto uno del partido hay veintidós ídolos y dos campeones potenciales, cuando suena el silbato final, sólo quedan once y uno, mientras entre los sueños rotos la mala y la buena suerte compiten eternamente. ¡Qué momentazo! Los ojos atónitos de los atléticos no podían creer lo que estaban viendo. Apuesto a que muchos se hubieran dado cabezazos contra el puñetero palo si así hubieran salvado a su equipo, no hay chichón que no se alivie con un triunfo, pero el fútbol es así. Al tiempo que el palo se dolía del balonazo y las lágrimas rodaban por las mejillas de los aficionados del Atlético de Madrid, los madridistas también lloraban por el estallido de su inmensa alegría. Once copas de la Champions son muchos copas y muchos motivos para el festejo entre la legión de seguidores del Real Madrid.

Para la historia el palo, el puñetero palo, se ha convertido en el involuntario emisario del destino, en el catalizador de multitudinarias decepciones, en la alegría y la amargura, en la victoria y en la derrota que todavía flotan en el aire de la ciudad de Milán y cuyos ecos apasionan a España entera.

Cuentan que en el estado San Siro ocuparon sus asientos más de cincuenta mil aficionados de ambos equipos. Está claro que los españoles están entregados al fútbol con tanta pasión que podemos afirmar que cuando la pelota impelida por el pie de Juanfra decidió el encuentro, medio estadio se vino abajo y otro medio se vino arriba, entre el cielo y el infierno nadaron las aficiones hasta regresar a casa. En España parece que casi todo se parte en mitades, por eso somos tan proclives a que se nos hiele el corazón o se nos rompa el alma.

Los jugadores ganadores han sido recibidos en olor de multitudes, los subcampeones también, el afecto de la hinchada no se pierde en la derrota sino que se refuerza colectivamente para alimentar el futuro que siempre es una promesa de esperanza. Todos son héroes, trabajadores tan bien pagados, a los que no se les debiera permitir ningún desliz, ninguna metedura de pata cuando no hay balón, ningún exceso de chulería ni, por supuesto, ningún fraude ni a las arcas públicas ni a la afición. No obstante, la generosidad de los seguidores es muy tolerante con estos dioses modernos que catalizan los sueños colectivos de quienes, de regreso a casa, en los aviones o autobuses, ya sean atléticos o madridistas, vuelven a una realidad más dura que la que afrontan sus ídolos. En esta España en la que la competitividad se ha mejorado a base de rebajar salarios y precarizar el empleo, en la que se han recortado derechos y servicios públicos, en la que impera la corrupción y la ausencia de responsabilidad por los latrocinios y el uso inadecuado de las instituciones públicas, llama la atención la resignación con la que actuamos.

En las puertas de unas nuevas elecciones nos lamentamos, con razón, de los políticos que nos han defraudado, pero no he visto tanta pasión en defender nuestra propia meta, nuestros derechos, nuestros servicios… Hubo más furia y más fuerza en Milán que en esta España recortada y empobrecida. Yo sólo espero que en la tanda de penaltis en la que estamos nuestra patada no estrelle el balón, nuestro futuro, en el maldito palo.

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Negro zaino
María Antonia San Felipe 11-07-2015 | 8:15 | 0

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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La democracia ya no estaba allí
María Antonia San Felipe 15-06-2013 | 10:03 | 0

         

          El período nacido de la Constitución de 1978 es para los españoles una etapa de progreso y de consecución de derechos individuales y colectivos sin parangón anterior. Igualmente, el ingreso de España en la Unión Europea pareció convertirse en la garantía de nuestra estabilidad democrática. Hoy es el día en que debemos comenzar a preguntarnos qué está ocurriendo en Europa para que una pandilla de incompetentes y desalmados, estén sirviendo a los intereses económicos de una casta de especuladores que han decidido, sin consultarnos, construirnos el futuro a su manera sirviéndose precisamente de los mecanismos, aparentemente democráticos, de los que nos habíamos dotado. Europa ya no es una esperanza sino una maldición. Sólo como incompetentes puede denominarse a quienes dicen ahora, en un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), que se habían subestimado las consecuencias negativas del rescate a Grecia. Que se lo digan a la gente que se ha quedado en la calle, se encuentra pidiendo limosna o sin poder comprar los fármacos que necesita. Cierto que la economía no son matemáticas, pero una comienza a preguntarse si a esta institución acceden las personas más cualificadas para el desempeño de la función o los cazatalentos del FMI también cobran pagas extras en sobrecitos de color marrón. Lo digo por los inestimables fichajes de Dominique Strauss-Kahn que sustituyó al español Rodrigo Rato, que se marchó sin explicar por qué, quebró Bankia y ahora asesora a Telefónica. ¡Ojo, al dato! Que los componentes de la denominada Troika y sus mariachis son unos desalmados lo demuestra la persistente aplicación de recetas que se ha demostrado que no sirven para impulsar el crecimiento sino para crear pelotones de parados que sobreviven sin esperanza de encontrar empleo. A ninguno de estos señores, cuya inteligencia todavía no ha quedado demostrada, no sólo no los hemos votado sino que empezamos a pensar si no será acabar con nuestro sistema lo que pretenden.

          Si la sanidad pública está siendo transformada en negocietes privados, si miles de jóvenes hijos de trabajadores (muchos de ellos en paro) no van tener becas de estudio, si otros tanto miles deben emigrar con sus títulos bajo el brazo, si las pensiones de miseria se van a generalizar, si se penaliza al asalariado y se premia al defraudador (aplausos para Messi y otros genios del balón), si los autónomos no pueden acceder al crédito, si las familias están teniendo dificultades para alimentar a sus hijos, si los comedores comienzan a parecer los del Auxilio Social de la posguerra,… me pregunto, ¿es tolerable democráticamente que se esté gobernando contra la opinión generalizada de la población? Yo creo que no. Y mucho menos cuando se están detrayendo la mayor parte de los recursos públicos precisamente de sanidad, educación y dependencia que son los ámbitos que mayor consenso despiertan entre los españoles para su protección. Mientras tanto los ciudadanos viven contemplando como campa a sus anchas la corrupción política y el chanchullo, que siempre queda impune, mientras sigue sin tocarse lo que yo denomino “el cortijo” o parodiando a Esperanza Aguirre, “la mamandurria”, es decir, esa inmensa red clientelar de enchufados políticos a mansalva que pueblan las nóminas de Ayuntamientos, Diputaciones, Gobiernos autonómicos y empresas públicas.

           Tras observar quién decide la política en Europa y analizar lo que está pasando en España debemos comenzar a preguntarnos si vivimos realmente en democracia. No puedo dejar de contarles una reflexión del dibujante El Roto esta semana en El País: “Cuando despertaron –dice- la democracia ya no estaba allí”. Mi opinión es que ha llegado el momento de despertar, es hora de practicar una serena rebeldía contra el poder porque a través de la asfixia económica simplemente tratan de privarnos de la libertad.

 

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Elogio de la paciencia
María Antonia San Felipe 04-05-2013 | 9:41 | 0

 

          España ha llegado a la insoportable cifra de 6.202.700 parados y según el gobierno nada puede hacerse, salvo refugiarse en la resignación y tener paciencia, mucha paciencia para soportar la adversidad. ¡Tranquilos!, nos han dicho, que el gobierno sabe lo que hace. El último consejo de ministros presidido por Mariano Rajoy, “el ausente”, ha sido un ejercicio de clamorosa capitulación ante la realidad. Su política económica ha fracasado y desde el punto de vista político no hay mayor muestra de incompetencia que admitir ante la ciudadanía que nada puede hacerse en los próximos años para superar uno de los momentos más difíciles de la historia reciente de España.

          Nos piden paciencia y esperar a que escampe. Los portavoces gubernamentales quieren que tengamos fe, cuando su credibilidad es inexistente, porque lo único indudablemente cierto es que han incumplido todas las promesas que hicieron a los españoles. La primera mentira fue contarnos que no sabían que las cosas estaban tan mal, algo increíble porque gobernaban la mayoría de las Comunidades Autónomas y controlaban casi todas las cajas de ahorro hoy quebradas. Después vino la excusa de la herencia recibida, mala era, de ello no hay duda 4.978.300 parados, pero ellos se presentaron como el talismán del cambio. Su llegada al gobierno iba a ser tan milagrosa que en algunos lugares, como La Rioja, la cifra de desempleo estaría por debajo del 9%. Después vino la confesión de que Europa nos exige austeridad y que la realidad, como cuando un atracador te encañona con un arma, les estaba obligando a subir impuestos y a dejarnos sin derechos laborales, sin ley de dependencia, con sanidad privatizada y con educación recortada. Está claro que saben lo que hacen. Nos han conducido al borde del precipicio y sólo falta ahora que nos digan que saltemos por el barranco que ya irá Fátima Bañez con Montoro y De Guindos y el jaguar de Ana Mato a recoger nuestros trocitos cuando nos despeñemos.

          Sr. Presidente, no puede jugar al escondite con nosotros, no es tolerable que permanezca en silencio ante su pueblo, porque no resulta un consuelo el juego de niños que se traen entre manos de ponerse en lo peor, con unas previsiones que prolongan la recesión y el desempleo al año 2016, esperando que suene la flauta y las cifras sean mejores para sin hacer nada por conseguirlo vendernos un éxito como quien saca un conejo de la chistera. España no es un circo, aunque a este paso la miseria va a cosechar más víctimas que los leones en la época de Nerón, ya que su política está condenando a la exclusión a demasiada gente. Sin trabajo, ni esperanza de encontrarlo y el que existe ofrecido en condiciones tan precarias que vamos camino de parecernos más a Bangladesh que al resto de Europa, no se puede continuar. ¿Puede salir adelante un país sin ambición y sin esperanza? Yo creo que no, aunque desgraciadamente no veo a nadie capaz de ofrecer esa confianza precisa para ganar el futuro.

          Hasta ahora sr. Rajoy, la gente se ha organizado desde la solidaridad con increíble paciencia pero es hora de ofrecer soluciones. Creo que ha llegado su momento, el de la verdad. Sr. Presidente, es la hora de dar la cara ante la Nación y dejarse de embustes y medias verdades porque cuando un gobierno se equivoca tan gravemente en sus previsiones y en su diagnóstico de la realidad cabe esperar, cuando menos, una rectificación de sus políticas a la velocidad del rayo, pero si la única receta económica que puede ofrecer es la petición de paciencia a la insuperable cifra de damnificados por una política errónea, que está hundiendo cada vez más en la recesión a todo el país condenándolo a un futuro negro como el carbón, sólo cabe una salida: la dimisión.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.