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Grecia

Buitres
María Antonia San Felipe 26-09-2015 | 9:11 | 0

He leído que los buitres están en vías de extinción lo que me ha dejado entre sorprendida y estupefacta. Eso será en algunos sitios de África porque en otras zonas parece que se multiplican. De hecho yo diría que bandadas de buitres sobrevuelan nuestro cielo y en cuanto bajamos la guardia se lanzan sobre nosotros como lo que son.

Según los expertos, a lo largo de decenas de millones de años, los buitres se convirtieron en los limpiadores más eficaces del mundo natural. La elevada acidez de sus jugos gástricos les permite comer carne infectada sin caer enfermos, es decir, cuando se alimentan de carne contaminada y dejan limpio el cadáver, se erradica la amenaza de una infección más extendida. Ellos detectan al animal difunto en cuestión de minutos y una vez se abalanzan sobre la presa, aunque sea tan grande como un rinoceronte, la dejan limpia en cuestión de veinte minutos. Según los expertos antes lo hacían en cinco porque eran multitud. Por eso los entendidos en estos siniestros animales concluyen que si los buitres siguen desapareciendo los lugares que ahora habitan se convertirán en una fosa hedionda. Es decir, que hasta los malos, malísimos son necesarios para mantener el orden natural de las cosas. Escalofriante ¿no?

Los buitres que planean sobre nuestras cabezas me han hecho preguntarme si ocurre en la sociedad igual que en la naturaleza. Así que, de pronto, he recordado que a comienzos del siglo XVIII, Bernard de Mandeville escribió “La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública”. El autor comparaba la sociedad con una colmena en perfecto orden, en el que los tunantes protestaban de la corrupción ajena exclamando: ¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez! Los dioses decidieron intervenir. Erradicaron toda clase de vicio y ocurrió que el rearme moral de la nueva sociedad trajo el fin de la antigua y próspera sociedad. Así expresó, en clarificadores versos, la utilidad de la pervivencia de los bribones para beneficio de la sociedad:

Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan

por hacer de un gran panal un panal honrado (…)

Fraude, lujo y orgullo deben vivir

mientras disfrutemos de sus beneficios.

Cabe preguntarse, ¿estamos ante una apología de la inmoralidad pública o ante una descripción de la realidad social? Yo creo que las miserias de la humanidad son lo único que parece eterno. Volvamos al cielo poblado de buitres y veremos que los rapaces  perviven confraternizando con nosotros e incluso escalando a lo más alto de la pirámide social.

Estos días los más altos directivos de la empresa alemana Volskwagen acaban de reconocer que trucaron más de 11 millones de coches para burlar los límites legales de las emisiones de gases tóxicos. El presidente de la compañía pide perdón (que es barato), alega ignorancia y promete propósito de la enmienda (hasta el próximo fraude). El escándalo del engaño ha sido tal que al final alguien paga siendo relevado del puesto (se van con el riñón cubierto). También habrá multas y sanciones de los Estados Unidos y Alemania para salvar la cara. Para los gobiernos guardar las apariencias y no parecer cómplices es importante. En otro lugar los griegos han votado y Alexis Tsipras ha vuelto a ganar las elecciones bajo la mirada contrariada de los dirigentes de la Unión Europea. Pues, a buen seguro, que pronto veremos más buitres sobrevolando Grecia que sobre la sede central de Volskwagen en Alemania. En la naturaleza como en la sociedad sólo los buitres sobreviven, al resto nos devoran.

 

 

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La maldición bíblica
María Antonia San Felipe 22-08-2015 | 8:05 | 0

A veces sus señorías nos sorprenden y en este verano de calores fluctuantes han conseguido abrumarnos con una actividad frenética en el Congreso de los Diputados. Seguramente quieren que olvidemos esos pantallazos de televisión con el hemiciclo vacío. En este caso el asombro es inmenso porque se han reunido para aprobar el tercer rescate a Grecia. ¿Es esto raro?, pues yo diría que extrañísimo por lo inhabitual, ya que el gobierno de Rajoy se negó a debatir en el Congreso el rescate a la banca española que, además de costar una barbaridad de miles de millones, ha supuesto una poda salvaje a nuestros derechos, a los servicios públicos y a nuestra dignidad como ciudadanos. Por tanto, si el gobierno ha querido ir al Parlamento es porque este debate forma parte de la campaña electoral ya iniciada.

El objetivo de este cónclave veraniego no era aunar posturas sobre la contribución española al rescate de Grecia sino amplificar el mensaje sobre lo que puede ocurrirle a España si abandona la senda de la cordura y sus ciudadanos en vez de seguir votando a Rajoy y sus muchachos, deciden votar a otros. Nos ponen ante el espejo griego, a cuyo gobierno han pasado por el barro antes de hacerle pasar por el aro. Tomen ustedes nota, nos han dicho, sepan quien manda en Europa y, ni en sueños, se les ocurra pensar que lo hace el pueblo soberano.

Mientras esto ocurre el gobierno de Syriza, siguiendo el mandato de Bruselas para el tercer rescate, acaba de adjudicar la gestión de 14 aeropuertos, entre ellos los más turísticos Mykonos, Rodas, Santorini y Tesalónica,  a la sociedad alemana Fraport AG, que gestiona el de Francfort, por 40 años y un importe de 1.234 millones de euros. Sin olvidar que, como ha hecho público recientemente el Instituto alemán para la Investigación Económica de Halle (IWH), Alemania habría ahorrado desde 2010 más de 100.000 millones de euros (más del 3% del PIB) por la caída de la rentabilidad de los bonos alemanes, algo que está directamente relacionado con la crisis griega. Ya saben que siempre hay quien gana con la desgracia ajena y casi siempre son los mismos. Antes se invadían los países con tropas ahora se colonizan sus economías y se sustrae su libertad esclavizando a sus pueblos. Aunque Alemania no es la única responsable de la deriva que está tomando Europa sino de aquellos que, obedientes y silentes, acatan directrices contrarias muchas al bienestar comunitario de sus pueblos y del conjunto de la Unión Europea que está sumida en una crisis política y de valores más profunda de lo que parece.

Respecto a lo que se avecina en España, el ministro de Exteriores, siempre tan locuaz, ya ha lanzado su predicción para “acongojar” al personal. “Un pacto entre PSOE y Podemos sería una catástrofe de dimensiones bíblicas”, ha declarado. Es decir, que si las plagas de Egipto ya han asolado España, a costa de nuestra sangre (no olviden que en la primera plaga el agua se convirtió en sangre), si hemos soportado la de las ranas, la de los mosquitos y la de langosta, en forma de paro, corrupción y rebajas salariales, ya sólo nos falta que se nos anuncie la llegada del Anticristo que, según la hipótesis de García Margallo, tiene rostro de Pablo Iglesias, cuerpo de Pedro Sánchez y, a lo mejor, manos de Alberto Garzón. No descarten que la piel de toro se abra de cuajo y el terremoto sepulte a España en la lava de un nuevo volcán, vade retro Satanás.

En fin, que se anuncian tiempos de exageraciones sin cuento. El populismo, según el PP, es una enfermedad contagiosa. No debe serlo prometer tres millones y medio de empleos, un millón de empresarios nuevos y una bajada de impuestos en la anterior campaña electoral. Como la palabra populismo no está en el diccionario de la Real Academia debe ser que cada cual la interpreta como quiere. De lo que no hay duda es que mentir es hoy en día una moda muy popular.

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Europa en el laberinto
María Antonia San Felipe 18-07-2015 | 12:25 | 0

Europa se encuentra perdida, girando a toda velocidad sobre sus propias contradicciones. Hasta ahora parecía que el sueño común de una Europa de los ciudadanos, protegidos por una red de derechos, era la fuerza centrípeta más potente para mantenerla unida. Todo ha quedado en una quimera, la crisis económica ha mostrado las grietas del proyecto y, en especial, la fragilidad del Eurogrupo por los errores en la concepción del euro. La desigualdad entre el Norte y el Sur se ha acentuado, igual que la de ricos y pobres en cada país, pero también es evidente la ausencia de contrapeso al poder de Alemania. Durante años el eje franco-alemán consensuó puntos de vista tratando de equilibrar las diferentes visiones del espacio común construido con las porciones de soberanía que iban cediendo los países que la integraban. La democracia era un valor primordial que amalgamaba a todos los países miembros en un proyecto social. Hoy tenemos la impresión de que la democracia vive secuestrada por la burocracia europea del pensamiento único ultraliberal.

La crisis griega va a tener consecuencias para todos. La primera es que los ciudadanos europeos vemos, sin resquicio de duda, quien manda de verdad en Europa. La fuerza de Merkel y de Alemania ha quedado patente por la sumisión del resto. Nadie ha tenido, salvo matices, capacidad para articular políticas distintas. Es este superpoder real, movido por sus propios intereses, el que está resquebrajando el proyecto europeo y el que ha impuesto las políticas de austeridad salvaje a los países más débiles y con mayor índice de paro. España, Portugal e Italia no han sido capaces de buscar una alianza con Francia para tratar de moderar los errores cometidos, que son muchos y que han empobrecido a los ciudadanos del total de la Unión.

Denostamos, con razón, los excesos de liderazgo, por el pernicioso peligro de que deriven en autocracias, pero también sabemos que, en los momentos más difíciles, los pueblos necesitan líderes y las naciones también. Parece que Alemania los tiene (Merkel y Shäuble), pero el resto no. Tanto Rajoy, Hollande o Renzi están a lo suyo, a preservar sus cuotas de poder interno. Son simples peones de una Alemania convertida en el gendarme de la ortodoxia de una austeridad suicida que está esclavizando a todos los trabajadores europeos, incluidos los alemanes, al yugo del subempleo precario, mal remunerado y sin derechos o simplemente al paro, como en España.

Por eso cuando no hay esperanza es bueno que alguien pelee por encontrarla. Éste parecía ser el caso de Alexis Tsipras que había reunido en torno a él muchas ilusiones de ciudadanos cansados de mentiras. Ya sabemos que una vez David venció a Goliat, pero fue una sola vez y no está claro que el cuento fuera verdad. Esta vez David/Tsipras no sólo ha sido vencido sino humillado ante los ojos atónitos de sus compatriotas y de un elevado porcentaje de europeos críticos con las políticas de la plutocracia europea. David contó con dos aliados, la piedra y la honda, pero Tsipras, ni contaba con armas ni con aliados. El referéndum lo dotó de orgullo pero lo debilitó en la negociación. Los monaguillos de Merkel, que ya se habían rendido sin condiciones hace tiempo, lo consideraron una afrenta, no podían quedar en ridículo ante sus naciones, por eso ha sido destruido. Tsipras ha fracasado ante su pueblo, es un semihéroe que agoniza en la plaza Sintagma. Lo peor es que nadie ha ganado esta batalla. Merkel también está herida, la soberbia mostrada no la cura el dudoso éxito obtenido. Hasta el propio Fondo Monetario Internacional anticipa que el acuerdo puede ser un fracaso en el corto plazo, lo que vuelve a poner en entredicho la estabilidad del euro. A veces lo que parece un triunfo es una tremenda derrota, porque en el fondo estamos ante un enorme fracaso que deja a Europa perdida en el laberinto y a sus ciudadanos en la incertidumbre.

 

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Negro zaino
María Antonia San Felipe 11-07-2015 | 8:15 | 0

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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Ya ha sucedido
María Antonia San Felipe 31-01-2015 | 1:23 | 0

Lo que decían algunos que iba a ocurrir ya ha sucedido. Syriza ha llegado al gobierno de Grecia y los poderosos del mundo y aquellos a los que no les gustan las caras nuevas como declaró el sempiterno Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, están que trinan. La expectación que han levantado en todo el mundo las elecciones de un país cuya economía supone algo más del 2% del PIB de la Eurozona, no tiene precedentes. Y no los tiene porque nunca tantos ciudadanos europeos se han visto reflejados en el espejo griego, sobre todo en los países del sur.

El empobrecimiento y el nivel de sufrimiento de la población en el país heleno ha sido más rápido y extremo que en el resto pero es evidente para cualquiera que la mancha de aceite se extiende. Miremos España, a los salarios cada vez más bajos y a los trabajos volátiles hay que añadir el saqueo de los servicios públicos con un deterioro tan obvio que hasta los Defensores del Pueblo acaban de denunciarlo. Es decir, vamos hacia un desmantelamiento progresivo e intencionado de todo aquello que nos igualaba y nos enorgullecía como ciudadanos: sanidad universal, educación garantizada y derechos individuales respetados. Todo esto es lo que estamos perdiendo desde que comenzó esta crisis. Si les parece poco lo que habíamos conseguido en treinta años piensen que vamos camino de tener mucho menos si esto no se frena a tiempo. Si en España en 2010 la deuda estaba en torno al 62% del PIB, ahora está prácticamente en el 100% y en Grecia supera el 175%. Todos estamos percibiendo las consecuencias de una política de falsa austeridad impuesta a rajatabla por Alemania que está lastrando el crecimiento sin llegar a rebajar claramente el nivel del endeudamiento de los países. Hablo de falsa austeridad porque siguen intactas las estructuras clientelares del poder, asesores, liberados a buen sueldo, fundaciones, organismos públicos sin contenido pero con estructuras directivas bien pagadas, diputaciones, gastos protocolarios y ahora de cara a las elecciones municipales fuegos artificiales y obras innecesarias que habrá que pagar en años sucesivos. No se han atrevido a cortar ese derroche y han preferido tocarnos, además de eso que usted está pensando, nuestros derechos, nuestros servicios y, sobre todo, nuestra dignidad. España camina a toda velocidad hacia el siglo XIX y, como dice el profesor Santos Juliá evocando a Ortega y Gasset, con un mercado creciente y un Estado menguante camino de convertirnos, como entonces, en una sociedad de socorros mutuos.

Pero volvamos a Grecia, ahora que todos repiten hasta la saciedad que Grecia debe pagar su deuda yo también quiero que, con igual diligencia, la paguen los bancos y cajas rescatados. Cierto es que Grecia mintió para entrar en el euro aunque parece que mentir mintieron todos, pero siempre fue más fácil abofetear a David que a Goliat, los chulos siempre se ensañan con los más débiles.

Tsipras acaba de formar su gobierno (sin mujeres, por cierto) y ha declarado que se siente  autorizado para iniciar un cambio “radical” que restaure la soberanía nacional, negociando con responsabilidad con los acreedores internacionales. Yo carezco de información privilegiada pero intuyo que algo va a ocurrir en las negociaciones que va a iniciar el gobierno heleno y puede que sea en beneficio de todos, y ello por dos razones, porque la actual política económica impuesta por Alemania y aceptada sumisamente por el resto de países, traicionando incluso sus ideologías, tiene a Europa estancada y sin apenas crecimiento. Si lo único que crece es el descontento en amplias capas de la sociedad europea lo que se está propiciando son movimientos políticos que los partidos tradicionales llaman extremistas o radicales, les asusta Syriza pero ahí está Marine Le Pen en Francia, eso sí que da miedo. Por tanto, éste y no otro es el momento de frenar la marea. O se restaura la complicidad con el ciudadano o puede ocurrir lo que anuncia un dicho que corre por Internet, “si os hacéis los suecos, nos haremos los griegos”.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.