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Iglesias

El merengue
María Antonia San Felipe 10-02-2018 | 6:56 | 0

rivera-rajoy¿Cómo va a prestigiarse la política si se promete una cosa y se hace la contraria, si se enuncian loables principios y se actúa contra ellos? Como ejemplo, pensemos en la corrupción o la desigualdad social. Las bocas se llenan de palabras para combatirlas pero los hechos evidencian lo contrario. El resultado es que crecen los sobornos tanto como la pobreza, las comisiones tanto como los recortes. Ocultando la verdad, nos venden la mentira como un valor político de primer orden. Ya saben: -Todo es mentira, menos alguna cosa- Mariano Rajoy, dixit. Tras el engaño, como valor y como principio viene la hipocresía como virtud. Y ahí estamos, entre la mentira y la hipocresía, entre la apariencia y la realidad, como en el viejo tango “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos” (unas más que otros).

¿Estamos hartos?, parece que no. Tanto hemos tragado que nos hemos acostumbrado. Si predicar con el ejemplo es importante, en política debiera ser imprescindible. La solución es complicada porque quienes debieran cambiar las cosas no están por la labor, ni siquiera quienes dijeron que venían a cambiar el sistema que consideraban en declive se han demostrado eficaces transformadores. Hablaré de los nuevos. Según Rivera, “El caso PP no tiene fin, es un partido que se descompone por la corrupción”, pero sostiene al Gobierno sin grandes sobresaltos pese a los aparentes desencuentros. La estrategia parece darle réditos, al menos en las encuestas, pero su actitud no deja de ser un contrasentido. Iglesias soñaba con mantener a los ciudadanos en un clima de revolución reivindicativa permanente, la realidad le ha mostrado las dificultades y las disidencias internas sus propias contradicciones. La lucha intestina, como bien sabe el PSOE, desgasta más a quien la vive que los errores al contrario. Del proclamador de repúblicas virtuales, del mago Puigdemont no digo nada porque la irresponsabilidad es infinita. Como resumen de todos ellos diré que si en cuestión de predicamentos tenemos muchos líderes (o que se llaman líderes), en lo de dar trigo la cosa es otro cantar.

El ministro de Educación, en su estrategia de despiste, dice que los docentes de la enseñanza pública debieran, como los médicos, superar una especie de MIR educativo de dos años de duración que garantice su correcta preparación para la función que van a desempeñar. Viendo a nuestros gobernantes no es de extrañar que muchos ciudadanos, hastiados de incompetencia y de engaños, hayan pensado que quienes debieran pasar por un período de prueba de aptitud severa son muchos políticos en ejercicio. Hay quienes ni llevando numerosos trienios en la gobernanza progresan adecuadamente por mucho que controlen sus partidos con mano férrea a fin de escalar o perpetuarse en los cargos ellos y sus amigos.
 Según el último CIS, los españoles no aprueban a ningún político de los de primera fila. Un balance desolador para un país plagado de problemas y falto de soluciones. El más valorado es Albert Rivera y se queda en el 4 de nota final, le sigue Pedro Sánchez (3,68) y cierran la clasificación Mariano Rajoy (2,87) y Pablo Iglesias (2,54), solo falta Puigdemont, ignoro si porque no han preguntado por él o porque rompe la tabla por abajo. El presidente del Gobierno que, según publica estos días la prensa, es el político que, desde la Transición, más tiempo lleva en el gobierno de España (4.903 días, 13 años y cinco meses), pese a su baja puntuación, continúa líder en las encuestas aunque con riesgo de despeñarse porque su socio Rivera, al que detesta, le está vampirizando los votantes. Como a Rajoy no hay que juzgarlo por lo que hace sino por lo que deja de hacer, nos pide paciencia porque vamos, según él, por el buen camino. A mí me da la risa porque aunque nos atropelle un tren él seguirá inmutable, como en Cataluña que ha dejado que los jueces le resuelvan la papeleta. Me gustaría que quedara una esperanza y que aunque él siga sin hacer nada los españoles hagamos algo.

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Tiempo de decepción
María Antonia San Felipe 17-06-2017 | 8:33 | 0

rajoy-y-granadosEn la vida cuando una puerta se cierra, otra se abre. Al tiempo que concluía la votación de moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy, se cerraba la puerta del Congreso y se abría la puerta de la prisión de Estremera para que Francisco Granados, presunto cabecilla de la trama Púnica, pudiera respirar al aire libre tras depositar una fianza de 400.000 euros. ¡Qué cosas tiene la vida! Ha podido Granados comprobar de primera mano el buen estado de las obras de la cárcel que él mismo inauguró en julio del año 2008, cuando era consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Como conoce la administración y sus recovecos podrá ejercer de Defensor del Preso y encauzar las reivindicaciones de los reclusos, sus nuevos compañeros.
           Granados no es el único, muchos antiguos altos cargos del PP siguieron desde las diferentes cárceles el debate parlamentario, en otros tiempos lo hubieran visto desde el propio hemiciclo o en lugares preferentes. Hoy lo hacen desde la sala de televisión de Soto del Real, Alcalá de Henares, Estremera y otros lugares de retiro carcelario. Hace mucho calor pero ellos han sentido el frío y la sonrisa hipócrita de sus excompañeros cuyas campañas electorales contribuyeron a financiar, al tiempo que se enriquecían. Unos negocios muy convenientes para todos.
           En la parte glamurosa y fingidora del actual PP se dice que Mariano Rajoy, rodeado de basura por todas partes, ha ganado el debate y ha salido reforzado como si de un d’Artagnan parlamentario se tratara y Rafael Hernando, fuera su fiel mosquetero. Dice Rajoy, desde la soberbia, que se ha vencido a los radicales y extremistas pero a los españoles, a los que se les han mostrado los pañales sucios de quienes nos gobiernan, hubieran preferido que él hubiera sido un poco más radical contra las comisiones ilegales que financiaban su partido. Puede que la corrupción siga sin castigarles electoralmente pero estar inmersos en ella es un lastre muy difícil de superar porque cada día hay un escándalo que no tapa el anterior sino que lo aumenta. Mariano Rajoy exhibe éxitos económicos pero esos pequeños avances ni pueden ni deben ocultar tanta corrupción como niegan creyendo que todo el mundo es además de ciego, tonto.
           En el otro lado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, necesitaba darse una pátina institucional que hasta ahora había evitado, pese a los consejos de Errejón y otros compañeros. Ha mostrado otra cara, va comprendiendo que mantener un clima de tensión en la calle no es tan fácil como parecía y como otros partidos ya saben. En Podemos ha surgido con fuerza otra prometedora parlamentaria, Irene Montero, que por superar ha superado hasta las menciones machistas del bocazas de Rafael Hernando. El PSOE ha estrenado portavoz y tras el intercambio de reproches, lógico, de que podía haber otro gobierno en España si Podemos hubiera optado por abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez, parece haberse inaugurado un nuevo clima de relaciones parlamentarias y políticas que solo el tiempo marcará en su recorrido.
           Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, han sido más duros incluso que el PP contra Iglesias, es la única forma que tienen de sustraer votos al partido de Rajoy y de tratar de esconder que son el aire que respira su gobierno.
           Realmente el debate no ha dado para más puesto que no había grandes expectativas ante un instrumento parlamentario cuyo fracaso se conocía de antemano. Es innegable que en la ciudadanía queda un regusto de decepción porque hoy en España todo sigue igual que ayer. Da un poco de melancolía que pueda hablarse de ganadores y perdedores de un debate en medio de este basurero que tiene un notable administrador.
           Queda por saber, ahora que la sesión ha terminado, que opinarán Jaume Matas, Rodrigo Rato, Ignacio González, Francisco Granados, Francisco Correa y los más de 800 imputados del PP sobre el desparpajo parlamentario de su presidente al que, en otro tiempo, con tanta pasión sirvieron y, algunos, todavía sirven.

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Cajas mágicas
María Antonia San Felipe 18-02-2017 | 8:15 | 0

Las cajas mágicas sirven para deslumbrarnos con un engaño y no es fácil adivinar cuál es el truco que te encandila. El espectáculo ofrecido por el PP en el recinto madrileño de la Caja Mágica fue de una armonía tan idílica que simulaba el jardín del Edén. La actuación del mago Rajoy desbordó los aplausos. Hay que reconocerle a Mariano que, pareciendo un hombre aburrido, es un prestidigitador consumado. El mago Houdini sería un aprendiz a su lado, como él, no sólo aturde a las masas con falsos ilusionismos, sino que también es un escapista consumado. Hasta ahora ha escapado sin ningún rasguño de los múltiples incendios que ha sufrido su partido.
           Rodeado de corrupción sobrevive como el superman de la Gürtel, no hay condena judicial ni criptonita que rebaje sus mágicos poderes. Mientras era aclamado conocíamos las condenas de la trama por la financiación ilegal de las campañas electorales del PP de Valencia, en las que participó Rajoy. Pero nada de ello quebró el ánimo del mago Mariano ni de su ayudante Dolores de Cospedal en el escenario central de la Caja Mágica. Los aplausos cerrados ocultaron el ruido de cuchillos contra la secretaria general, negar el malestar es otra mentira. Pese a todo, Mariano y María Dolores vendieron unidad frente a las divisiones ajenas. Según ellos, sólo el PP lucha por España, el resto por el poder, pero ninguno cede el testigo después de haber popularizado la corrupción como distintivo de la Marca España. Es triste comprobar lo fácilmente que el pueblo perdona y lo pronto que olvidan los implicados sus tropelías.
           En Vistalegre la batalla por el control de Podemos ha sido más explícita, a pecho descubierto, sin caretas que distraigan la atención de la tarea principal. Son jóvenes y predicaban la transparencia incluso amplificando las discrepancias. Aunque hay que reconocer que la espontaneidad no ha sido la que hubo en Vistalegre I. El ambiente era tenso, el aire enrarecido, los asistentes reclamaban unidad y abrazos, que los hubo, pero forzados por las bases que huelen el peligro y perciben la falsedad. El balance es sencillo: ha habido un debate, sin duda enriquecedor, y mucha participación en las votaciones por internet (lo que excluye a una franja de la población). Ningún partido se abre tanto a la sociedad que lo examina pero, tras la confrontación, quedan las heridas. Hay vencedores y vencidos, Pablo Iglesias ha ganado a su antiguo amigo Íñigo Errejón y la brecha, en lo humano y en lo político, no duden que sigue abierta.
           Al final, Podemos se ha hecho mayor y ha mimetizado los defectos de los partidos a los que habían criticado sin piedad. Pablo Iglesias acaba de advertir a Errejón que las discusiones deben hacerse en los órganos internos y no airearlos en la prensa. Es decir, lo que han hecho siempre los partidos tradicionales. Los trapos sucios se lavan dentro para no producir quebrantos como ha ocurrido con el PSOE y como ahora temen en Podemos, ya se sabe que el electorado castiga las divisiones. Lo siguiente que ocurrirá será la depuración de los vencidos. Lo de que todos caben dentro es mentira, en realidad muchos desean que Errejón se marche. Sería otra forma de vencerlo. Lo más chocante es que para destituirlo de la portavocía en el Congreso se hable de feminizar a sus portavoces. Otra vez el viejo truco de utilizar a las mujeres para ocultar las purgas.
           Lo que ocurra a partir de ahora depende de la generosidad de los vencedores y de la inteligencia de los vencidos. Iglesias y los suyos han ganado el congreso pero está por ver si han ganado la calle. Errejón, por coherencia, deberá esperar. El tiempo da y quita razones. Mucho me temo que, más pronto que tarde, vamos a saberlo porque las elecciones se convocarán cuando al mago Mariano le convenga.

 

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Huérfanos
María Antonia San Felipe 21-01-2017 | 9:00 | 0

Desde que Rajoy quedó instalado en la Moncloa en octubre de 2016 una ola de desaliento invadió a más de 10 millones de votantes de izquierda en este país. Estos últimos meses nadie ha devuelto a tanta gente defraudada ni una chispa de esperanza. La izquierda española es hoy como un campo minado, cualquier paso en falso puede hacer estallar un incendio. Los votantes contemplan atónitos el  espectáculo.
           En las últimas elecciones muchos depositaron sus esperanzas en una nueva organización, Podemos, que emergió con fuerza encauzando toda la indignación que la crisis económica había generado. Su análisis de las causas de la desgarradora situación que estaban viviendo muchas personas en España, la aparente espontaneidad de su discurso y la fuerza con la que un grupo de jóvenes ponía el dedo en la llaga de las contradicciones de los partidos tradicionales los llevó al Parlamento europeo y después al de España. Su transformación en un partido, aunque ellos se proclaman un movimiento social, ha chocado contra la tozuda realidad. Hacer política no es fácil, nunca lo ha sido. Hoy es un oficio muy desprestigiado por la propia clase política pero lograr la sintonía y la complicidad de un amplio espectro social es un reto más complicado de lo que algunos creían.
           La piedra en la que ha tropezado Podemos es la misma en la que suelen hacerlo todos: las disputas internas. La izquierda es especialista en este deporte. Siempre consiguen que de la pelea que se libra en su seno se entere todo el vecindario. En eso están ahora en Podemos. Iglesias y los suyos creen que hay que dar miedo a las élites y para ello el campo principal de actuación ha de ser movilizar a la calle. Errejón opina que la base social de un partido tan plural sólo puede crecer ampliando los sectores a los que se dirige, sin olvidar la política institucional puesto que ahora sus votantes los han colocado en los parlamentos. Aunque las luchas internas siempre son por el poder, si no superan las diferencias pueden terminar por diluirse como un azucarillo en su propio caldo y convertirse en un partido residual. Mantener a la calle en constante tensión, como si se fuese a tomar la Bastilla cada mañana, se me antoja un objetivo bastante complicado en un país que ha soportado grandes sacrificios y recortes de derechos y, sin embargo, ha vuelto a confiar y a votar a aquellos que se los impusieron.
            El PSOE por su parte lleva tiempo alimentado la hoguera de la autodestrucción. Demasiado tiempo echando leña al fuego, por eso, pierde militantes, pierde credibilidad y pierde el afecto de su base electoral que se siente abandonada a su suerte. Pese a que queda más amargura que ilusión, muchos votantes fieles siguen esperando un milagro. El PSOE es un partido con demasiada historia para perecer por las ambiciones personales de unos dirigentes que solo sueñan con permanecer en sus cargos porque han hecho de la militancia un oficio y no una forma de contribuir a transformar la sociedad. El resultado es que, dedicados a anular a los adversarios en agrupaciones y comités, a conseguir fieles y mudos seguidores, en vez de a alumbrar ideas y regenerar instituciones han convertido una organización clave en la historia de España en un partido fracturado que ha abandonado a sus votantes.  Parece que va a haber primarias, Susana Díaz se prepara pese a que se ha quemado en la batalla interna. Pedro Sánchez se lo está pensando tras comprobar cómo su estado mayor, es decir, los mismos que le aconsejaron tan rematadamente mal y que lo empujaron al suicidio político se organizan ahora en torno a Patxi López, otro de sus antiguos “aconsejantes”. En fin, ya se sabe que las traiciones son habituales en política, hay especialistas que siempre flotan tras el naufragio. Veremos si se obra el milagro y alguien con fuerza emerge de las tinieblas.
           Confieso una inmensa tristeza. Contemplo el panorama y veo a la derecha asentada en el poder mientras la izquierda se afana en empujar a los suyos al desaliento y los deja huérfanos de esperanza.

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Jugar con fuego
María Antonia San Felipe 02-04-2016 | 9:29 | 0

A veces tengo dudas de si el 20 de diciembre pasado los españoles fuimos a las urnas o si por el contrario compramos un boleto de lotería, que por cálculo de probabilidades lo normal es que no toque y a lo mejor por eso todavía no tenemos gobierno. Aquel día votamos lo que votamos y ahora los partidos no pueden decirnos que no les gustó nuestra libre elección. Sería inaudito que pretendieran hacernos creer que la repetición de elecciones es algo natural porque no lo es y en España ya tenemos suficiente madurez democrática como para consentir la broma de que los que nos equivocamos fuimos nosotros.

Ha pasado la Semana Santa y Rajoy sigue tumbado en el sofá esperando el fracaso de los otros mientras él vive aislado de la realidad, ignorando la decadencia de su partido, su corrupción y su necesidad de regeneración. Por eso Aznar le ha insinuado que hay que renovar los liderazgos situándolo así en el tiempo de la historia. Rajoy, experto en dejar pasar el tiempo, corre el riesgo de convertirse en un aciago recuerdo.

Por fin, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han reunido en un clima aparentemente más amable. Iglesias ha querido superar la paletada de cal viva del debate de investidura con sonrisas y renunciando a un puesto que, como bien sabemos, nunca tuvo: la vicepresidencia del gobierno. Él se lo guisó y él se lo ha comido, aparenta así querer un acuerdo. Está claro que Iglesias maneja los mundos virtuales con maestría y parece un prestidigitador cargado de golpes de efecto. Veremos qué ocurre, aunque también él sabe que está en situación de mayor debilidad que hace tres meses, el conflicto interno con Errejón no sólo pesa en lo personal sino en la fuerza de su propia organización.

Por su parte Sánchez, como sabemos, une a su mal resultado electoral la enorme presión de la presidenta andaluza Susana Díaz y de otras baronías ansiosas de administrar los restos del naufragio. Si Sánchez consigue la presidencia del gobierno los conflictos internos se aparcarán y quizás sea una manera de pacificar y de reorientar un PSOE tan confundido como el resto de la socialdemocracia europea. El mayor empeño de Sánchez es tratar de conseguir la cuadratura del círculo con su pacto con Ciudadanos y tendiendo la mano a Podemos, veremos si este reto es su mayor éxito o su mayor fracaso. Ahí reside el misterio.

El problema es que la suma de Ciudadanos y PSOE (130) no da y la de PSOE y Podemos (161), siendo mayor, tampoco. Alguno tiene que mover su posición en base a un acuerdo de mínimos sobre cuestiones que los tres comparten y entre todos tienen que superar los obstáculos, salvo que Rajoy, que es el que está más sólo, porque ha sido incapaz de intentar acuerdo alguno, se decida a permitir un gobierno sin él. Lo cierto es que tras la renuncia de Rajoy son: PSOE, Podemos y Ciudadanos los que tienen nuestro destino en sus manos. España está plagada de problemas mientras nos tienen entretenidos con estos fuegos de artificio. No podemos permitirnos el lujo de estar casi un año sin un gobierno con apoyo parlamentario suficiente para iniciar cambios urgentes y necesarios.

Deben sentarse en una mesa presidida por la sensatez y de ella debe salir un gobierno, si no es de coalición deberá ser propiciado por la abstención de Ciudadanos o de Podemos. Si finalmente se inicia la negociación a tres va a ser complicado romperla, salvo que todos nos estén engañando y estén preparando la escenografía de unas nuevas elecciones. Al final va a ser el miedo a perder lo que tienen el que, hoy por hoy, puede abrir las puertas a un acuerdo. Si habrá gobierno ni ellos lo saben, pero que no se olviden de que los ciudadanos cabreados pueden volver a votar lo mismo, situándolos en igual encrucijada o castigar al que les haya defraudado. No hay mayor riesgo que jugar con fuego.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.