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Iglesias

Cajas mágicas
María Antonia San Felipe 18-02-2017 | 8:15 | 0

Las cajas mágicas sirven para deslumbrarnos con un engaño y no es fácil adivinar cuál es el truco que te encandila. El espectáculo ofrecido por el PP en el recinto madrileño de la Caja Mágica fue de una armonía tan idílica que simulaba el jardín del Edén. La actuación del mago Rajoy desbordó los aplausos. Hay que reconocerle a Mariano que, pareciendo un hombre aburrido, es un prestidigitador consumado. El mago Houdini sería un aprendiz a su lado, como él, no sólo aturde a las masas con falsos ilusionismos, sino que también es un escapista consumado. Hasta ahora ha escapado sin ningún rasguño de los múltiples incendios que ha sufrido su partido.
           Rodeado de corrupción sobrevive como el superman de la Gürtel, no hay condena judicial ni criptonita que rebaje sus mágicos poderes. Mientras era aclamado conocíamos las condenas de la trama por la financiación ilegal de las campañas electorales del PP de Valencia, en las que participó Rajoy. Pero nada de ello quebró el ánimo del mago Mariano ni de su ayudante Dolores de Cospedal en el escenario central de la Caja Mágica. Los aplausos cerrados ocultaron el ruido de cuchillos contra la secretaria general, negar el malestar es otra mentira. Pese a todo, Mariano y María Dolores vendieron unidad frente a las divisiones ajenas. Según ellos, sólo el PP lucha por España, el resto por el poder, pero ninguno cede el testigo después de haber popularizado la corrupción como distintivo de la Marca España. Es triste comprobar lo fácilmente que el pueblo perdona y lo pronto que olvidan los implicados sus tropelías.
           En Vistalegre la batalla por el control de Podemos ha sido más explícita, a pecho descubierto, sin caretas que distraigan la atención de la tarea principal. Son jóvenes y predicaban la transparencia incluso amplificando las discrepancias. Aunque hay que reconocer que la espontaneidad no ha sido la que hubo en Vistalegre I. El ambiente era tenso, el aire enrarecido, los asistentes reclamaban unidad y abrazos, que los hubo, pero forzados por las bases que huelen el peligro y perciben la falsedad. El balance es sencillo: ha habido un debate, sin duda enriquecedor, y mucha participación en las votaciones por internet (lo que excluye a una franja de la población). Ningún partido se abre tanto a la sociedad que lo examina pero, tras la confrontación, quedan las heridas. Hay vencedores y vencidos, Pablo Iglesias ha ganado a su antiguo amigo Íñigo Errejón y la brecha, en lo humano y en lo político, no duden que sigue abierta.
           Al final, Podemos se ha hecho mayor y ha mimetizado los defectos de los partidos a los que habían criticado sin piedad. Pablo Iglesias acaba de advertir a Errejón que las discusiones deben hacerse en los órganos internos y no airearlos en la prensa. Es decir, lo que han hecho siempre los partidos tradicionales. Los trapos sucios se lavan dentro para no producir quebrantos como ha ocurrido con el PSOE y como ahora temen en Podemos, ya se sabe que el electorado castiga las divisiones. Lo siguiente que ocurrirá será la depuración de los vencidos. Lo de que todos caben dentro es mentira, en realidad muchos desean que Errejón se marche. Sería otra forma de vencerlo. Lo más chocante es que para destituirlo de la portavocía en el Congreso se hable de feminizar a sus portavoces. Otra vez el viejo truco de utilizar a las mujeres para ocultar las purgas.
           Lo que ocurra a partir de ahora depende de la generosidad de los vencedores y de la inteligencia de los vencidos. Iglesias y los suyos han ganado el congreso pero está por ver si han ganado la calle. Errejón, por coherencia, deberá esperar. El tiempo da y quita razones. Mucho me temo que, más pronto que tarde, vamos a saberlo porque las elecciones se convocarán cuando al mago Mariano le convenga.

 

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Huérfanos
María Antonia San Felipe 21-01-2017 | 9:00 | 0

Desde que Rajoy quedó instalado en la Moncloa en octubre de 2016 una ola de desaliento invadió a más de 10 millones de votantes de izquierda en este país. Estos últimos meses nadie ha devuelto a tanta gente defraudada ni una chispa de esperanza. La izquierda española es hoy como un campo minado, cualquier paso en falso puede hacer estallar un incendio. Los votantes contemplan atónitos el  espectáculo.
           En las últimas elecciones muchos depositaron sus esperanzas en una nueva organización, Podemos, que emergió con fuerza encauzando toda la indignación que la crisis económica había generado. Su análisis de las causas de la desgarradora situación que estaban viviendo muchas personas en España, la aparente espontaneidad de su discurso y la fuerza con la que un grupo de jóvenes ponía el dedo en la llaga de las contradicciones de los partidos tradicionales los llevó al Parlamento europeo y después al de España. Su transformación en un partido, aunque ellos se proclaman un movimiento social, ha chocado contra la tozuda realidad. Hacer política no es fácil, nunca lo ha sido. Hoy es un oficio muy desprestigiado por la propia clase política pero lograr la sintonía y la complicidad de un amplio espectro social es un reto más complicado de lo que algunos creían.
           La piedra en la que ha tropezado Podemos es la misma en la que suelen hacerlo todos: las disputas internas. La izquierda es especialista en este deporte. Siempre consiguen que de la pelea que se libra en su seno se entere todo el vecindario. En eso están ahora en Podemos. Iglesias y los suyos creen que hay que dar miedo a las élites y para ello el campo principal de actuación ha de ser movilizar a la calle. Errejón opina que la base social de un partido tan plural sólo puede crecer ampliando los sectores a los que se dirige, sin olvidar la política institucional puesto que ahora sus votantes los han colocado en los parlamentos. Aunque las luchas internas siempre son por el poder, si no superan las diferencias pueden terminar por diluirse como un azucarillo en su propio caldo y convertirse en un partido residual. Mantener a la calle en constante tensión, como si se fuese a tomar la Bastilla cada mañana, se me antoja un objetivo bastante complicado en un país que ha soportado grandes sacrificios y recortes de derechos y, sin embargo, ha vuelto a confiar y a votar a aquellos que se los impusieron.
            El PSOE por su parte lleva tiempo alimentado la hoguera de la autodestrucción. Demasiado tiempo echando leña al fuego, por eso, pierde militantes, pierde credibilidad y pierde el afecto de su base electoral que se siente abandonada a su suerte. Pese a que queda más amargura que ilusión, muchos votantes fieles siguen esperando un milagro. El PSOE es un partido con demasiada historia para perecer por las ambiciones personales de unos dirigentes que solo sueñan con permanecer en sus cargos porque han hecho de la militancia un oficio y no una forma de contribuir a transformar la sociedad. El resultado es que, dedicados a anular a los adversarios en agrupaciones y comités, a conseguir fieles y mudos seguidores, en vez de a alumbrar ideas y regenerar instituciones han convertido una organización clave en la historia de España en un partido fracturado que ha abandonado a sus votantes.  Parece que va a haber primarias, Susana Díaz se prepara pese a que se ha quemado en la batalla interna. Pedro Sánchez se lo está pensando tras comprobar cómo su estado mayor, es decir, los mismos que le aconsejaron tan rematadamente mal y que lo empujaron al suicidio político se organizan ahora en torno a Patxi López, otro de sus antiguos “aconsejantes”. En fin, ya se sabe que las traiciones son habituales en política, hay especialistas que siempre flotan tras el naufragio. Veremos si se obra el milagro y alguien con fuerza emerge de las tinieblas.
           Confieso una inmensa tristeza. Contemplo el panorama y veo a la derecha asentada en el poder mientras la izquierda se afana en empujar a los suyos al desaliento y los deja huérfanos de esperanza.

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Jugar con fuego
María Antonia San Felipe 02-04-2016 | 9:29 | 0

A veces tengo dudas de si el 20 de diciembre pasado los españoles fuimos a las urnas o si por el contrario compramos un boleto de lotería, que por cálculo de probabilidades lo normal es que no toque y a lo mejor por eso todavía no tenemos gobierno. Aquel día votamos lo que votamos y ahora los partidos no pueden decirnos que no les gustó nuestra libre elección. Sería inaudito que pretendieran hacernos creer que la repetición de elecciones es algo natural porque no lo es y en España ya tenemos suficiente madurez democrática como para consentir la broma de que los que nos equivocamos fuimos nosotros.

Ha pasado la Semana Santa y Rajoy sigue tumbado en el sofá esperando el fracaso de los otros mientras él vive aislado de la realidad, ignorando la decadencia de su partido, su corrupción y su necesidad de regeneración. Por eso Aznar le ha insinuado que hay que renovar los liderazgos situándolo así en el tiempo de la historia. Rajoy, experto en dejar pasar el tiempo, corre el riesgo de convertirse en un aciago recuerdo.

Por fin, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han reunido en un clima aparentemente más amable. Iglesias ha querido superar la paletada de cal viva del debate de investidura con sonrisas y renunciando a un puesto que, como bien sabemos, nunca tuvo: la vicepresidencia del gobierno. Él se lo guisó y él se lo ha comido, aparenta así querer un acuerdo. Está claro que Iglesias maneja los mundos virtuales con maestría y parece un prestidigitador cargado de golpes de efecto. Veremos qué ocurre, aunque también él sabe que está en situación de mayor debilidad que hace tres meses, el conflicto interno con Errejón no sólo pesa en lo personal sino en la fuerza de su propia organización.

Por su parte Sánchez, como sabemos, une a su mal resultado electoral la enorme presión de la presidenta andaluza Susana Díaz y de otras baronías ansiosas de administrar los restos del naufragio. Si Sánchez consigue la presidencia del gobierno los conflictos internos se aparcarán y quizás sea una manera de pacificar y de reorientar un PSOE tan confundido como el resto de la socialdemocracia europea. El mayor empeño de Sánchez es tratar de conseguir la cuadratura del círculo con su pacto con Ciudadanos y tendiendo la mano a Podemos, veremos si este reto es su mayor éxito o su mayor fracaso. Ahí reside el misterio.

El problema es que la suma de Ciudadanos y PSOE (130) no da y la de PSOE y Podemos (161), siendo mayor, tampoco. Alguno tiene que mover su posición en base a un acuerdo de mínimos sobre cuestiones que los tres comparten y entre todos tienen que superar los obstáculos, salvo que Rajoy, que es el que está más sólo, porque ha sido incapaz de intentar acuerdo alguno, se decida a permitir un gobierno sin él. Lo cierto es que tras la renuncia de Rajoy son: PSOE, Podemos y Ciudadanos los que tienen nuestro destino en sus manos. España está plagada de problemas mientras nos tienen entretenidos con estos fuegos de artificio. No podemos permitirnos el lujo de estar casi un año sin un gobierno con apoyo parlamentario suficiente para iniciar cambios urgentes y necesarios.

Deben sentarse en una mesa presidida por la sensatez y de ella debe salir un gobierno, si no es de coalición deberá ser propiciado por la abstención de Ciudadanos o de Podemos. Si finalmente se inicia la negociación a tres va a ser complicado romperla, salvo que todos nos estén engañando y estén preparando la escenografía de unas nuevas elecciones. Al final va a ser el miedo a perder lo que tienen el que, hoy por hoy, puede abrir las puertas a un acuerdo. Si habrá gobierno ni ellos lo saben, pero que no se olviden de que los ciudadanos cabreados pueden volver a votar lo mismo, situándolos en igual encrucijada o castigar al que les haya defraudado. No hay mayor riesgo que jugar con fuego.

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¡Mariano, sé fuerte!
María Antonia San Felipe 12-12-2015 | 11:03 | 0

Ganar una batalla sin darla, es tan imposible como la pretensión de hacernos creer que tras el 20-D puede llegar la primavera en vez del invierno. Hay quien insiste en que hemos de creer en los Reyes Magos, pero hace tiempo que los españoles perdieron la edad de la inocencia política sobre todo cuando la realidad desvanece las fantasías. Ha pasado el debate, la vida sigue y la carrera electoral continúa. No creo que sea un hecho histórico pero si un acontecimiento relevante en una campaña electoral que es más vibrante que otras porque el resultado es hoy incierto. Lo que está claro es que el nuevo parlamento va a gozar de un dinamismo inédito desde 1977. Sin duda hay emoción electoral y eso en política incentiva la participación de los ciudadanos.

            El debate  interesó a una elevadísima audiencia y marca un precedente que va a ser difícil obviar en los años venideros. Algunos opinan que no sirvió para nada y que no movió un voto. Yo tengo mis dudas al respecto. Los tres candidatos a la presidencia del gobierno, Sánchez, Rivera e Iglesias desarrollaron su papel con dignidad. El candidato socialista intentó argumentar con aplomo y parecer presidenciable presentándose como la única alternativa a Rajoy aunque, en algunos momentos, se perdió en asuntos menores y en capacidad de réplica. Rivera estuvo nervioso, su mejor golpe de efecto fue su argumento sobre la ausencia de Rajoy, exhibiendo la portada del diario El Mundo sobre los sobresueldos del presidente en la libreta de Bárcenas. Iglesias estuvo eficaz dirigiéndose a los suyos e intentando ampliar su espectro electoral a costa de Sánchez apelando a los sentimientos de la calle con mayor nitidez que ningún otro. En el haber de los tres candidatos hay que anotar que, errores y aciertos aparte, todos ellos se postulan a la presidencia del gobierno con el orgullo de representar a los suyos con la mayor dignidad posible, algo de lo que el candidato Rajoy no puede presumir porque prefiere permanecer oculto, escondido y ausente como si se avergonzara de ser lo que es y lo que pretende seguir siendo. Un líder lo es, solamente si lo demuestra y él parece el candidato furtivo que teme ser interpelado pero que añora ser votado.

            Por su parte, la suplente, Soraya Sáenz de Santamaría, salió viva por la educación y cortesía de los auténticos candidatos. La vicepresidenta se asignó a sí misma el papel de la más lista de la clase. Ella lo sabía todo de todo y parecía querer desafiar al pelotón de los tontos. Es raro que sabiendo tanto no pudiera explicar qué hacía ella allí en vez de Rajoy-el Ausente. Repitió varias veces que gobernar es difícil y lleva razón. Gobernar es complicado y ello exige tener la capacidad de dar la cara ante los españoles que te han votado y ante los que no lo han hecho. Si tan orgulloso está el presidente de su gestión debiera tener la gallardía de dirigirse a los españoles sin trampas ni tapujos.

            Es el miedo a confrontar realidad y palabrería lo que aflora en la nueva torpeza de Rajoy. Dicen que el PP va el primero en las encuestas y aunque sus electores le perdonen este desprecio, en el fondo les inquieta. Pero, una vez más, Rajoy ha sido fiel a sí mismo, ha hecho lo que lleva haciendo estos cuatro años: esconderse de los problemas tratando de que los resuelva el tiempo o su vicepresidenta. Es posible que Rajoy gane, es probable que vuelva a ser de nuevo presidente del gobierno pero incluso muchos de los que le van a votar sienten en su interior una cierta vergüenza de esta ausencia de valentía. Ningún líder deja a los suyos solos ante la batalla y se marcha a fumarse un puro. Él ha declarado que no se arrepiente, él jamás hace autocrítica. Por eso, ante el miedo a la reacción de los electores, algunos le enviaron mensajes esa noche diciendo: -¡Mariano, sé fuerte! Si tú no quieres, Soraya puede. Rajoy ha dicho: -Podía haber ganado o no. Lo seguro es que no yendo, perdió.

 

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Vamos a contar mentiras
María Antonia San Felipe 24-10-2015 | 12:47 | 0

A punto de estrenarse la última entrega de la Guerra de las Galaxias concluye la legislatura más larga y aciaga de la democracia. El presidente Rajoy que dirige sus propias películas, lleva meses realizando alucinantes viajes interestelares, igual que el capitán Han Solo. Claro que el héroe galáctico pilota su nave, el Halcón Milenario, con una destreza que no podemos atribuir al presidente Mariano que nos prometió el mejor futuro y nos ha conducido al ingrato pasado tras podarnos de derechos y limado de libertades. Acaba de celebrarse la última sesión parlamentaria y su contenido puede resumirse en la letra de aquella vieja canción que cantábamos de niños: por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…

Es comprensible que se produzca un desajuste entre quienes viven en el cielo y el resto de los humanos. Cuando se viaja por las galaxias la distancia hace que la Tierra se vea lejana y, por supuesto, la fila del paro ni se divise. Recorrer España en el coche oficial consigue que la realidad se distorsione y se imaginen mundos que no existen. Te pasa como en la canción de mi infancia, que el chiquillo se encontró con un ciruelo cargadito de manzanas, tralará y empezó a tirarle piedras y caían avellanas, tralará… En fin que llevamos cuatro años oyendo contar mentiras, tralará… Lo único seguro es que la verdad es una intolerable mentira que apesta a fraude y a corrupción, que rezuma soberbia y lejanía del ciudadano corriente. Cuando se gobierna es fácil cometer errores y eso es perdonable, pero lo que resulta intolerable es la mentira y mucho más cuando es reiterada. Ese es un pecado de difícil absolución que hace que la confianza se pierda y el voto huya.  

El lunes se convocará las elecciones y, lo reconozca Rajoy o no, muchas cosas han cambiado. El reciente debate entre pablo Iglesias y Albert Rivera ha refrescado el ambiente viciado por los viejos usos de políticos tramposos que solo van a la tele a entrevistas o debates con preguntas pactadas. Por eso, ver en un bar de barrio a dos líderes políticos hablando de manera distendida de las cosas que nos preocupan, con la misma naturalidad que lo hacemos los demás, es tan infrecuente en una democracia enferma como la nuestra que ahí ha radicado su éxito. Quienes han descalificado el debate, pierden el tiempo.

La elevada audiencia de Salvados de Jordi Évole demuestra que la apuesta fue un acierto y lo fue, tanto para la cadena de televisión como beneficioso para los intereses electorales de los dos líderes participantes que ganaron puntos antes sus respectivos públicos. El exitoso formato utilizado, es decir, su sencillez, pone de manifiesto que la gente pasa de los tinglados encorsetados. Al fin y al cabo, todo el mundo detesta aburrirse y perder el tiempo. Un debate electoral no sólo debe ser habitual en democracia sino un medio para tratar de acercarse a los votantes. Veremos qué ocurre, pero ese es el camino. Pedro Sánchez, más próximo generacionalmente a los líderes de los partidos emergentes, está obligado a aceptar cualquier formato si no quiere quemarse antes de iniciar la campaña. La incógnita es qué va a hacer el Rajoy-candidato, ¿tendrá las agallas suficientes para aceptar un debate sin trampas? Ya veremos. De momento, es un alivio que esta horrenda legislatura concluya, aunque lo hace como empezó, con una gran farsa. Un gobierno que constitucionalmente tiene un mandato de 4 años, ha aprobado 5 presupuestos. Es tan sorprendente el hecho como falsas sus cifras, bien saben ellos que sus previsiones son humo para la campaña electoral. En definitiva, otra gran mentira que sumar. Ya saben que la nueva película de la guerra galáctica se titula “El regreso de la fuerza”. Como votantes la fuerza es nuestra y el futuro también. Nos queda la esperanza de poder derrotar a los soldados del imperio y a las fuerzas del lado oscuro, ¿o no?

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.