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¡Busquen a los culpables!
María Antonia San Felipe 13-01-2018 | 9:00 | 2

autopista-nieveDicen que año de nieves, año de bienes. Veremos que nos deparan estas nevadas. De momento, el fenómeno atmosférico ha tenido la virtud de resucitar un elemento peculiar de la política española: la irresponsabilidad.

Durante el temporal de nieve de la noche de Reyes, en la autopista AP-6, a su paso por Segovia, más de 3.000 vehículos quedaron atrapados durante casi 20 horas. Las explicaciones dadas por el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, han traído a mi mente el episodio final de la película Casablanca cuando, después de que Rick (Humphrey Bogart) dispare contra Strasser, el capitán Renault (Claude Rains) grita a los gendarmes: -Han matado al mayor Strasser. Arresten a los sospechosos habituales.

Digamos que, ante la magnitud de la improvisación y la evidente falta de coordinación, el gobierno se vio obligado a dar explicaciones y no encontrando ninguna más allá de su incompetencia se puso a buscar culpables, por supuesto, lejos de la esfera gubernamental.  En este país cuando hay un problema no se corre a buscar soluciones sino culpables: ¡que los arresten! Es muy tranquilizador para las conciencias de los esforzados gobernantes tener alguien hacia quien orientar las iras de los afectados, todo vale antes que asumir errores y mucho menos responsabilidades.

Impregnado de esta filosofía, el director general Gregorio Serrano se puso a buscar sospechosos. Primero pensó en culpar a la nieve. Desde el sofá de su casa, saboreando el roscón de Reyes, se percató de que teniendo el gobierno a su disposición la Agencia Estatal de Meteorología y estando obligados a conocer sus previsiones, solo podía culpar parcialmente al fenómeno atmosférico. Escuchándole uno podía pensar que había nevado en agosto y no en enero. Así que añadió nuevos sospechosos a la lista de culpables: los ciudadanos. ¡A quién se le ocurre! salir a la carretera como locos para volver a casa el día de Reyes con la intención de trabajar al día siguiente, llenar las autopistas sin consultar, sin cadenas, todos de repente y al mismo tiempo, ¡cómo si no hubiera más días en el año para circular! Ante las protestas por los peregrinos argumentos, el director encontró una sutileza legal que le pareció incontestable: la concesionaria. Así ministros y directores generales culparon a Iberpistas del caos y anunciaron rápidamente la apertura de un expediente informativo (largo me lo fiáis) ya que es la empresa quien debe organizar los operativos, explicó el director general. Se olvida tan ilustre mandamás de que la infraestructura es propiedad del Estado y la obligación de controlar al adjudicatario es del gobierno y no del maestro Armero. Claro que él estaba en Sevilla, que ya se sabe que es una maravilla.

En definitiva, a contracorriente y haciendo gala de una chulería insultante, marca de la casa, el señor Serrano siguió repartiendo culpas y eludiendo responsabilidades minusvalorando la inteligencia de los ciudadanos desde la prepotencia que gastan desde el gobierno. ¡Qué habilidad para poner siempre el foco en lo accesorio y jamás en lo importante! Este señor debió ser cesado el lunes cuando los conductores de las quitanieves y de los servicios de emergencia llegaban a casa por no estar al pie del cañón y por eludir ejercer la responsabilidad que el cargo le confiere. Éste es solo un ejemplo de lo que ocurre en este país en el que nadie paga por los errores que comete. La factura siempre les es ajena, casi siempre es nuestra. Lo sorprendente es que nos hemos resignado, esa es la cuestión.

Gobernar es difícil pero el cargo se asume libremente para buscar soluciones a los problemas de la gente. Lo que dignifica al gobernante no solo es su capacidad para resolverlos sino la valentía de decir la verdad cuando se mete la pata. Como en este país nadie asume las consecuencias de sus actos hay un batallón de dirigentes políticos, encaramados a sus puestos, que lavan su mala conciencia perdiendo el tiempo en la búsqueda de culpables para ocultar que carecen de soluciones.

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Sainetes
María Antonia San Felipe 18-10-2014 | 10:24 | 1

Está claro que la proclividad hacia el sainete que tenemos en este país es parte de nuestra esencia. En las noticias de la semana hay materia de sobra para escribir varios, pero como el sainete siempre tiene su parte de drama, aquí estamos, llorando de risa, de pena y de rabia al mismo tiempo. Estos días, como muchos españoles, me he preguntado: ¿para qué sirve un ministro? Está claro que si tomamos como ejemplo a la ministra de Sanidad, Ana Mato, concluiremos que para poco o nada. Es más, la sinsustancia de sus declaraciones nos ha demostrado que sus comparecencias pueden causar más desconcierto que tranquilidad en la ciudadanía. De ella sólo sabemos que no vio jamás un supercoche Jaguar aparcado en su garaje y que nunca supo quien pagaba el confeti de los cumpleaños ni los viajes de lujo de su familia. Puede decirse que por no saber ni ver nada de nada llegó al gobierno de España. Es ya evidente que la actuación conjunta de Ana Mato y del deslenguado consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid pasará al libro de los disparates de este aciago período de la historia de España. El viejo sueño de ser gobernados por los “mejores” es una indudable utopía, pero al menos, seríamos más felices si consiguiéramos que no nos administraran los más incompetentes.

Mientras Teresa Romero se debate entre la vida y la muerte la incontinencia verbal de Javier Rodríguez ha desparramado despropósitos sin ningún pudor culpabilizándola de un supuesto error, insultando a la inteligencia de cualquiera con dos dedos de frente. Por otro lado, la actuación de Ana Mato ha sido incalificable tanto por acción como por omisión. Que el propio presidente del gobierno, que jamás mueve un dedo hasta que el edificio se desploma,  haya tenido que poner al frente de la desastrosa gestión de la crisis del ébola a Soraya Sáenz de Santamaría, que parece la administradora única de todas las áreas del gobierno de España, es la mejor prueba de la incapacidad de la ministra. La petición de perdón del consejero de Sanidad, forzado por la ola de indignación que sus palabras chulescas y salidas de tono han producido, no borran ni su imprudencia ni la mala fe de sus acusaciones contra Teresa.

En la España actual, desangrada por la corrupción y la incompetencia, cualquier mediocre sin sentido puede ser nombrado ministro. En este caso la única virtud conocida de Mato son los servicios prestados a Mariano Rajoy cuando se tambaleaba como líder del PP. Premiar fidelidades con cargos de tan alta responsabilidad sin estar capacitados es una temeridad y un riesgo para el conjunto de un país asolado por la avaricia y la ambición de quienes creen que gobernar consiste en asistir a saraos y recepciones. Resolver problemas y no crearlos es sólo uno de los méritos que debe exigirse a cualquier gobernante. Pero, Ana Mato ni siquiera sabe para qué sirve un ministro. Ella y el consejero de Sanidad de Madrid son dos buenos ejemplos, aunque no los únicos, de la mediocridad instalada en las alturas del poder. Esto es para echarse a temblar. Cuantas más veces dicen que todo va bien, más miedo tengo. Mientras el viento sopla a favor el barco avanza pero al menor contratiempo, es decir, cuando un dirigente político debe demostrar su valía, es cuando se evidencia el grado de ineptitud de unos falsos líderes que sólo saben echar balones fuera y derivar las responsabilidades hacia los más débiles de la cadena. No se olviden de que la culpa de esta terrible crisis nos la han echado a nosotros por vivir, supuestamente, por encima de nuestras posibilidades, mientras ellos se afanaban, por ejemplo, en saquear las cajas de ahorro. En cualquier otro país, Mato y Rodríguez, hubieran dimitido por vergüenza torera o estarían ya fulminantemente cesados. Por cierto, en esta crisis, ¿dónde ha estado el presidente? Lejos, muy lejos de todos nosotros.

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Aparta de mí este cáliz
María Antonia San Felipe 30-03-2013 | 10:00 | 0

         

           Estamos en el centro de la Semana Santa aunque en nuestro fuero interno hace ya muchos meses que sabemos que estamos crucificados. Lo que resulta más llamativo es que con el transcurrir del tiempo parece que los ciudadanos nos vamos acostumbrando al dolor que produce el progresivo expolio de nuestros derechos y  una continuada erosión de nuestras libertades públicas. Los de arriba, que nos miran con reiterado desprecio, saben que el ser humano se acostumbra a todo, también al sufrimiento. Para ellos todo es cuestión de ganar tiempo, ya que ante el temor a perder el empleo, la prestación por desempleo, el piso o la pensión, la indignación inicial se convierte en miedo y éste alimenta la resignación y el silencio. Es la única explicación que encuentro a esta calma chicha en que vivimos. Parece que no pasa nada aunque todo el mundo presiente que va a pasar algo y puede ser que un día existirá en el que una gota desborde el vaso y desparrame tanta quietud porque algo, pese a todo, comienza a cambiar. Yo creo que estamos ante el nacimiento de un nuevo ciclo histórico porque tanta incompetencia no es tolerable.

          Si algo ha puesto de manifiesto la crisis chipriota es que Europa es un polvorín a punto de estallar. Las imprudentes declaraciones del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, insinuando que el modelo de rescate aplicado a Chipre puede aplicarse a otros países, ha puesto de los nervios a los ahorradores (honrados) de toda Europa y ha incrementado las dudas sobre la viabilidad de esta Unión Europea que ni es unión ni es nada. Una se pregunta, ¿son así de necios o sirven con eficacia a los intereses del poder económico? Puede que ambas respuestas sean igual de acertadas ya que todas las autoridades europeas sabían lo que pasaba en Chipre, como saben lo que pasa en otros paraísos fiscales europeos, incluidos Luxemburgo y Suiza, igual que conocen que se blanquean capitales y no tienen narices ni de frenar esas prácticas ni de gravar fiscalmente los beneficios obtenidos en esos fraudes. Tampoco hay armonización fiscal en el impuesto de sociedades ni hay seriedad en las cuentas públicas como acabamos de ver con la corrección al alza del déficit que Eurostast ha hecho a las cifras del ministro Montoro, otro genio de la incompetencia.

          Es decir, si casi todo es mentira, concluiremos que estamos en medio del desgobierno general, pero la actual clase política no es consciente de los cambios que se están exigiendo y cuando escucha en la calle a los ciudadanos denunciar que “no nos representan”, se sorprenden, puesto que los han votado. Así es y han sido elegidos para, supuestamente, proteger los intereses de la mayoría, pero lo único cierto es que en unos casos por connivencia o en otros por incompetencia están sirviendo con inusitada eficacia a engordar a los beneficiarios de ese poder económico que siempre ha gobernado el mundo pero que, al menos en Europa, a través de un ejercicio inteligente del poder político, se había conseguido un cierto equilibrio al conquistar, aunque fuera de forma incompleta, una redistribución de la riqueza y un incremento de los derechos y las protecciones sociales.

          Yo creo que muchas cosas tienen que cambiar aunque no veo a nadie capaz de dirigir ese proceso ya que Merkel no parece la guía adecuada y sus siervos, es decir el resto de gobernantes europeos, menos. El poder económico ha ganado la batalla y al constatarlo recuerdo a Jesucristo en Getsemaní, en el huerto de los olivos exclamando: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz”, aunque aceptando su destino concluía, “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. En nuestro caso, espero que el poder económico no nos desangre y que no aceptemos tan desgarrado final. La cruz es demasiado dura pero hasta Cristo tuvo un ángel para reconfortarlo, recemos para que Ángela (Merkel) no sea el nuestro. Yo me rebelo.

 

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En el hormiguero
María Antonia San Felipe 23-03-2013 | 10:57 | 0

         

          Dicen que un sabio puede sentarse sobre un hormiguero pero solo el necio permanece en él. Pues todo indica que las más altas instancias europeas llevan sentadas sobre el hormiguero de la desidia burocrática largos años. Cuando menos se espera salta la liebre que pone en jaque a toda Europa y ya no hay problema, por pequeño que parezca a priori, que no ponga de los nervios a los millones de ciudadanos, cada vez más escépticos y desilusionados, que integran la Unión Europea. El plan de rescate a Chipre ha encendido de nuevo todas las alarmas. La propuesta de confiscación de una parte de los ahorros depositados en los bancos chipriotas ha supuesto una convulsión en la mentalidad de los europeos, en su concepto de seguridad jurídica y en la hasta hoy “sagrada” garantía de los depósitos bancarios y al mismo tiempo nos ha mostrado lo vulnerables que somos y el mar de incertidumbres en que nadamos.

          Este es el cuarto rescate que se produce en Europa desde que comenzó el saqueo que llaman crisis: Irlanda, Grecia, Portugal, la ayuda a la banca española y ahora Chipre. Todas las intervenciones han estado presididas por la improvisación y por la ausencia de sentido común a la vista de la carencia de resultados. No parece que en el caso chipriota se haya tenido en cuenta lo que podía suponer en el resto de los países de la Unión Europea la vulneración de las normas sobre las garantías de seguridad de los depósitos bancarios. Se toman decisiones de última hora, no suficientemente meditadas, que se modifican ante la alarma mediática y de las que nadie se responsabiliza porque ahora ni Alemania, ni la troika, ni nadie asumen la autoría de tan genial idea.

          En Europa como en España la casta dirigente hace algún tiempo que tiene un rendimiento laboral no sólo muy por debajo de su alta responsabilidad sino a años luz de las promesas que nos hicieron. Además del elevado grado de incompetencia hay que añadir otro mal estructural: se aprueban leyes, directivas, órdenes, recomendaciones y todo tipo de normas pero, o no se vigila el cumplimiento, o ante reiterados y flagrantes incumplimientos se modifican o se hace la vista gorda hasta que explota la bomba cuya espoleta ellos mismos han fabricado. Varios ejemplos ilustran esta teoría. El primer error de los gobiernos fue complacerse en la teoría de que cómo el mercado se regulaba a sí mismo, era recomendable ir flexibilizando la normativa hasta que comprobaron que se habían apoderado hasta de nuestras almas la crisis financiera, los fondos buitre y los activos contaminados que brillaban como oro pero que eran basura. Ahora somos esclavos de los rescates bancarios y servimos a nuestros dueños como Fausto complacía al Diablo para prolongar su vida. En Grecia durante años se falsificaron las cuentas que se enviaban a Europa, igual que en España las Comunidades Autónomas ocultan facturas en los cajones para encubrir el déficit real de las suyas, pero nadie lo sabe. En Chipre, hemos descubierto de pronto que allí los bancos atraían con rentabilidades exageradas y con impuestos societarios por debajo de la media europea a inversores extranjeros que depositaban su dinero sin que nadie preguntara la licitud de su origen. Pero nuestros dirigentes lo sabían, claro que conocían que Chipre jugaba a convertirse en paraíso fiscal, pero la burocracia europea, tan ineficaz como bien pagada, no hizo nada para aplicar la normativa comunitaria antes de llegar al borde del precipicio.

          Es decir, que en España como en Europa, se legisla con mano firme pero no se inspecciona su cumplimiento. En resumen lo que se practica es hacer la vista gorda y seguramente alguien rentabiliza para su bolsillo particular hacer como que no ve. No es de extrañar que los ciudadanos estén hasta las narices, porque observan atónitos que las únicas leyes que se cumplen a rajatabla son las que crujen sus riñones y las únicas responsabilidades que se asumen son las que corresponden a los curritos que sostienen el sistema actual. No es extraño que cada vez más ciudadanos crean que debiera ser tan fácil despedir a gobernantes ineptos como a trabajadores de a pie.

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El sueño del usurero
María Antonia San Felipe 03-02-2012 | 11:07 | 3

 

 

La fotografía de varias trabajadoras de Spanair llorando abrazadas y buscando consuelo entre compañeras ilustra el pan nuestro de cada día. El resultado es que 2.075 nuevos desempleados se unirán a la ya de por sí, monstruosa cifra de 5.300.000 parados que engrosan la larga fila de españoles que lucha, en las colas del INEM, por abrirse camino hacia un incierto futuro. En nuestra vieja y querida Europa, la clase media se hunde. Es decir, el estamento social que ha sostenido el sistema democrático y de bienestar más avanzado que se conoce, alberga entre sus fronteras a 115 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. En España, el número de ciudadanos en el umbral de la pobreza asciende a 11,6 millones de personas, es decir, que uno de cada cuatro españoles no sólo malvive sino que tiene el orgullo herido de tanto mendigar esperanza. En Grecia han comenzado a repartir mantas para que los pobres no mueran de frío en las calles, los ancianos no saben si comprar leche o medicinas (que ya no son subvencionadas) y, en los colegios, reparten leche para evitar la desnutrición infantil. En Londres no se libran del desastre, ya que la ciudad acoge una tasa de pobreza infantil superior a la media europea y el Reino Unido a 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión… no sigo, no quiero amargarles el día.

Si en vez de a las personas miramos a los Estados, sobre todo a los del Sur de Europa, la sensación de fragilidad y de sometimiento a los designios de inversores, especuladores, entramados financieros y todo tipo de agentes sin rostro que teledirigen sus políticas económicas, el panorama no es más alentador. Llevamos demasiado tiempo con esta monserga de la crisis de la deuda amargándonos la vida y algún día habrá que parar esta desvergüenza especulativa y usurera que está poniendo en solfa la supervivencia de los estados supuestamente soberanos.

Por eso me llama la atención que el 30 de enero la rentabilidad del bono portugués a 10 años, en el mercado secundario, superara el 17% y ha estado incluso más alto. Es decir, Portugal, un país intervenido y con un plan de ajustes todavía más duro que el nuestro, se ve en la obligación de financiarse a precios de usura para sostener al propio estado. No es extraño  recordar que esto ha ocurrido después de que Standard & Poor’s haya rebajado, de nuevo, el nivel de solvencia del país vecino. Es decir, que las agencias trabajan eficazmente para los suyos. Se da la paradoja de que los estados están sosteniendo a sus propias entidades financieras con préstamos, desde luego a menor interés, y nadie tenemos claro si éstas después prestan a los propios estados a precio superior. Hoy se anuncian nuevas ayudas a los bancos y, para animar la semana, Botín ha culpado a los políticos de la persistencia de la crisis. No digo que no lleve razón Botín, pero reconocerán conmigo que cuando el parado no puede pagar la hipoteca nadie acude a su rescate, pero cuando un banco entra en barrena tenemos que acudir corriendo a salvarlos para que no nos hundan con ellos. Y es que cada día se parecen más al comandante del Costa Concordia que abandonó el barco antes que el pasaje.

Vivimos en una Europa desconcertada cuyos dirigentes, como cuenta Vidal-Folch, dedican gran parte del tiempo de las cumbres a discutir cómo sacan la pata que han metido en la anterior. El caso es que, por la incompetencia de unos y por la voracidad de otros, los que viven del sudor de su frente tienen la soga al cuello. Creo que el capitalismo en estado puro ha hecho realidad el sueño dorado de los usureros. Yo considero que los usureros de antaño, los especuladores de hoy, nunca creyeron que llegarían jamás a ser tan sumisamente obedecidos y mucho menos más reverenciados que los propios dioses. No sé si los dioses han muerto, pero está claro que la usura ha renacido entre nosotros. Simplemente, mire a su alrededor y compadezca a Europa.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.