La Rioja

img
Etiquetas de los Posts ‘

justicia

¡Menudo carnaval!
María Antonia San Felipe 04-03-2017 | 8:15 | 0

La semana pasada se respiraba Carnaval, miraras donde miraras todo el mundo anduvo disfrazado aparentando ser lo que no era. La Justicia (española) anduvo perdida, se le había caído la venda de los ojos, la que simboliza que, siendo ciega, es igual para todos y no se deja impresionar ni por el dinero ni por la posición social de los encausados. Pero no sólo extravió la venda sino que parece que la tal Justicia había entrado en una tienda de “Compro Oro” a empeñar la balanza de la equidad en el mercado negro de las influencias y de los favores que anda muy concurrido en el zoco en que se ha convertido el suelo patrio en los últimos tiempos.
          Como dice mi vecina, es que nos tienen cogido el tranquillo y si no quieres taza pues nada, taza y media. Lo cierto es que más que taza fue tazón. Después de la absolución de la infanta Cristina Federica de Borbón, la que nada sabía, ni oía, ni veía vino la “condenilla” de su marido. Como la sentencia va a ser recurrida, ya veremos en qué termina la historia. Pero de momento ya le han puesto colofón al asunto. La aceptación de que su no ingreso en prisión se debía al “arraigo” es una tomadura de pelo del tamaño de los Alpes suizos. Es que Urdangarín de pequeño veía Heidi y de ahí el arraigo en ese país de cuento. A lo que vamos, que el exduque de Palma de Mallorca no estaba arraigado en las Baleares como debía desprenderse de su título consorte sino en Suiza que, como bien nos han enseñado en los últimos escándalos judiciales, ese país es la verdadera patria de los patriotas españoles desde tiempo inmemorial.
         Boquiabiertos estábamos cuando el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, nombrado hace tres meses, se pone a hacer lo que le han mandado desde arriba, es decir, purgar a fiscales anticorrupción. Uno de los destituidos es el fiscal de Murcia, Manuel López Bernal, que llevaba la investigación de un caso que afectaba al presidente de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez. López Bernal, no se ha mordido la lengua y nos ha contado a toda España que “no puede ser que los perseguidos sean los fiscales por delante de los corruptos”. La situación ha llevado a que la Unión Progresista de Fiscales haya denunciado la situación de muchos de sus asociados, entre ellos, el caso del calagurritano, Miguel Ángel Subirán, Fiscal Anticorrupción de Palma de Mallorca, que está sufriendo un acoso inaudito desde hace tres años por una investigación de corrupción en la Policía Local. Mientras, el ministro de Justicia, Rafael Catalá en una incontinencia verbal, poco recomendable en un cargo como el suyo, arremete contra los fiscales en vez de esmerarse en no interferir en la administración de Justicia.
          A estas alturas pueden contar lo que quieran, pero se está consintiendo un deterioro continuado de uno de los pilares del estado de derecho: el poder judicial. La predicada independencia e imparcialidad del poder judicial y el principio de la división de poderes es hoy una quimera. Cuando un poder trata de influirir tan claramente en el funcionamiento de otro es que algo huele a podrido en el sistema.
           Algunos creen que la sentencia condenatoria de Miguel Blesa, Rodrigo Rato y otros directivos de Bankia por el uso indebido de las tarjetas black aliviaría la sensación de impunidad de los corruptos en España, pero eso no ha ocurrido. Este país no puede permitirse que la ciudadanía desconfíe de la Justicia porque eso resquebraja la fortaleza de la democracia. Pero desgraciadamente esta es la consecuencia de los reiterados abusos cometidos. Que en medio de esta tormenta el PP y el PSOE hayan llegado a un acuerdo para la renovación por cuota (dos cada  uno) de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional es una provocación totalmente inoportuna, un suma y sigue de despropósitos. Hasta ahora la paciencia de los ciudadanos parece infinita pero no está demostrado que lo sea. Tras el carnaval viene la cuaresma, que dicen es tiempo de ayuno y abstinencia. Clamemos para que algunos se abstengan de interferir en la justicia antes de que la conviertan en una máscara de carnaval.

Ver Post >
Elogio del Lute
María Antonia San Felipe 05-07-2014 | 10:05 | 0

Según los discursos oficiales, la justicia es igual para todos, aunque en España hace tiempo que nadie se lo cree. Según los últimos datos del INE, difundidos hace unos días, los españoles son los que peor nota ponen a la justicia (2,9) frente a la de los comunitarios (4,2). Si el malestar con la clase política es evidente, la desconfianza en la justicia no le va a la zaga. La sociedad observa que el peso de la ley es contundente en algunos casos y laxa según quienes sean los encausados. Tampoco hay que olvidar que si acudir a la justicia siempre ha sido artículo de lujo, con el invento de Gallardón de establecer unas tasas judiciales que desanimen de acudir al juzgado, está claro que pedir justicia en España se ha convertido en un sueño impagable.

La tan cacareada independencia del poder judicial, reiteradamente en boca de ministros, jueces y políticos en general, es hoy por hoy, percibida como falsa e hipócrita por el común de los ciudadanos. Al desapego y al descreimiento en este poder del Estado han contribuido la variedad de casos de corrupción, tan abundantes, que España parece una piscifactoría de corruptos a plena producción. Con el riñón cubierto y mucha pasta en metálico, en cuentas suizas, luxemburguesas o en las islas Caimán se pueden permitir abogados expertos en encaje de bolillos judiciales que dilaten los procedimientos de tal modo que casi resulte imposible ver el final del trayecto judicial. Pasa como con la crisis, el final del túnel sólo lo ven desde la parte alta de la pirámide pero la base de la misma, la que soporta el temporal y paga la estructura del estado no ve sino nubarrones con amenaza de tormenta. La justicia, en conclusión, es percibida como parcial porque se presiente la continua intervención del poder político y en esa alianza de intereses es imposible predecir un resultado honesto.

Tras el saqueo al que se ha sometido a España en los últimos años todavía nadie ha pagado las culpas del expolio. Por el contrario, hemos visto cientos de desahucios, despidos procedentes e improcedentes, encarcelamientos y causas contra manifestantes y huelguistas y un intento de criminalizar las protestas. De Francia llega un buen ejemplo, Sarkozy ha sido retenido, acusado de tráfico de influencias y de financiar ilegalmente su campaña presidencial y nadie arremete contra la imparcialidad del juez. Ya ven, como aquí, que la larga sombra de la financiación ilegal rodea la Moncloa y nadie sabe nada. Prietas las filas.

La guinda para adornar la crema del pastel judicial la ha puesto el caso Noos y la imputación de la infanta Cristina de Borbón. De las cosas sorprendentes que nos ha regalado este procedimiento, además de los sabrosos correos de Urdangarín y la vergonzante proclamación de inocencia de aquellos altos cargos políticos que pagaban al duque de Palma a cambio de humo, se encuentra la estimulante declaración de la infanta enamorada que, con un ataque de amnesia, pretende exculparse de responsabilidad. Hasta aquí llega la parte vistosa del sainete. Pero lo que asombra es que el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, haya encontrado más argumentos para intentar desacreditar al juez instructor, acusándolo de prevaricador, que para representar dignamente al ministerio público. Como ha respondido el propio Castro, si cree lo que ha escrito, ya sabe lo que tiene que hacer, porque si no lo hace está él mismo desprestigiando su propia función. Si la justicia es igual para todos, la sentencia será la que corresponda en derecho. No debe haber miedo al juicio si es que vivimos en un estado sometido al imperio de la ley y no al que imponga una clase social dominante. No es de extrañar que muchos crean que estamos volviendo a la época del Lute, en la que mientras él iba a la cárcel por robar gallinas, en los salones del Pardo se convocaba a las élites y allí, reunidos los verdaderos delincuentes que saqueaban el país, brindaban con champán mientras sobornaban a los jueces.

Ver Post >
La escopeta nacional
María Antonia San Felipe 26-04-2014 | 6:20 | 4

         

         Ya nos dejó el inventor de mundos mágicos, Gabriel García Márquez. Él supo tamizar a través de su imaginación la realidad adormecida de Aracataca y crear Macondo, un lugar que atrapa pese a su inexistencia. Nosotros, sin el genio de Gabo, estamos atrapados en una desesperanza difícil de superar aunque cerremos los ojos y soñemos. El español, indignado por los recortes sociales y las injusticias sin cuento, contempla la realidad y en vez de imaginar un futuro apacible en el que mariposas amarillas alumbren nuestro camino lo que constata es que nos rodea una bandada de aves de rapiña que están dejando el solar patrio como un erial.

          Hace tiempo que constatamos que la arquitectura constitucional de nuestro Estado, amenaza ruina. Ya lo he dicho otras veces: del rey hacia abajo no se libra ninguna de las instituciones del Estado. La crisis es de tal dimensión que la desconfianza está poniendo en entredicho la estabilidad de una democracia, cada día más cuestionada en su esencia, por la sensación de impunidad que preside la vida pública española. El poder judicial es uno de los pilares de nuestro estado de derecho y éste lleva un tiempo transitando entre el drama y la opereta. En el espectáculo que está proporcionando el juicio contra el juez Elpidio Silva sólo echo en falta que el tribunal lo presida Chiquito de la Calzada. Que una jueza que fue consejera de Caja Madrid forme parte del Tribunal enturbia su independencia y contamina cualquier decisión que adopte. Las escenas del juicio que han difundido todas las televisiones dan la impresión de que este país vuelve a estar más cerca del universo que recreó Berlanga en La escopeta nacional que de la España moderna que creímos construir sobre los escombros de aquel tiempo tan magistralmente retratado en la película.

         El poder judicial está cada día más falto de credibilidad y ello es así porque resulta evidente a los ojos de cualquier observador que en este país la ley no es igual para todos. Ello, sin entrar a analizar el escándalo que supone la ley de tasas judiciales del ministro Gallardón, imponiendo una barrera económica al que necesita reclamar justicia ante un tribunal. Bien, pues en la carrera de obstáculos que supone el acceso a la justicia se ha instalado la creencia de que aquí ni dios asume responsabilidades ni nadie paga por ninguno de los desmanes cometidos. Desconozco la naturaleza jurídica y los errores en la interpretación de la ley que haya podido cometer Elpidio Silva, hoy juzgado por prevaricación, pero percibo que en el sentimiento popular lo que prevalece es la completa seguridad de que el juez es el único que va a ser condenado. De igual modo, presienten que ninguno de los responsables de la mayor estafa perpetrada en España desde la restauración de la democracia, va a pagar por haberse apropiado con engaño y falsedad de los ahorros de muchos españoles que reunieron sus pequeñas fortunas con esfuerzo con el único objetivo de asegurar su vejez. Es inolvidable que en el caso de Bankia hemos tenido que pagar, con el esfuerzo colectivo de toda la nación, el rescate de unos manirrotos que llevaron una vida de lujo tras ocupar la presidencia de unas cajas de ahorro a la que llegaron no por sus méritos profesionales, sino por su proximidad al poder político. Se comprende que haya una corriente de simpatía hacia este peculiar juez que envió, aunque fuera por unos días, al expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa a prisión. Presienten que tanto Blesa como Rodrigo Rato, a sueldo de los grandes empresarios de este país, van a vivir a papo de rey mientras ellos siguen reclamando judicialmente la devolución de sus ahorros estafados.

         La justicia no debiera ser en una democracia un espectáculo pero, hoy por hoy, lo es. Desgraciadamente vivimos, como decía Machado, entre una España que muere y otra España que bosteza.

Ver Post >
En el infierno
María Antonia San Felipe 15-02-2013 | 11:39 | 0


      Dice la calle que esta semana en España se esperaban dimisiones, peticiones de disculpas o harakiris en público, confiábamos en atisbar un rayo de esperanza para creer que las cosas iban a cambiar en el corto plazo. Pero nada. Sin embargo, en Roma, Joseph Ratzinger ha decidido desprenderse para siempre de la púrpura del poder vaticano. ¿Qué habrá visto en la Curia el anciano Ratzinger para no querer ser por más tiempo el representante de Dios en la tierra? Si reflexionamos, el poder, sea cual sea su origen, adolece de los mismos males y le acechan iguales peligros en todas partes. No duden que la traición del mayordomo de Benedicto XVI, filtrando documentos confidenciales ha dejado a la luz las intrigas que tenían como objetivo quebrar el ánimo del pontífice.

     Está claro que las aves de presa han logrado su objetivo y que en este mismo momento los instigadores de la conspiración resucitan  contubernios para asaltar la silla de Pedro, cuya principal misión era difundir por el mundo el mensaje de Cristo de “amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. ¡Casi nada, como ha cambiado el cuento en dos mil años! Yo creo que al anciano Ratzinger todavía le quedan fuerzas para seguir siendo embajador de Dios pero, todo indica, que en la Curia vaticana las traiciones lo han dejado exhausto y ya no le queda aliento para controlar y modular a toda la jerarquía eclesiástica que afila ahora puñales y lenguas para librar la batalla por el control de una institución impermeable a los cambios del mundo y ajena a los cotidianas encrucijadas de los hombres incluso aunque sean sinceros seguidores de Cristo. Es lo que tiene el poder, que a quien lo ejerce de forma plenipotenciaria acaba alejándolo de la realidad.

     Pero volvamos a nuestra España, a esta democracia imperfecta y a las cloacas del poder humano. Observen lo organizado que es el poder protegiendo a los suyos. Si alguna vez creímos que todos éramos iguales ante la ley, es mejor que modifiquemos nuestro error. La Ley se te aplica a rajatabla si eres un don nadie, te desahucian y tú decides si te suicidas o te construyes una chabola de cartón. Pero si eres poderoso tus amigos te modifican la Ley en caso de apuro. Si ya fue infumable el indulto, en el último consejo de ministros de Zapatero, del banquero Alfredo Sáenz más grave me parece que ante la sospecha, ya confirmada, de que el Tribunal Supremo pudiera tumbar la resolución del anterior gobierno, el PP esté acelerando una modificación legal para permitir seguir en su puesto de banquero bien pagado al citado condenado. Si eres familiar del Rey y has participado con el actual ministro de Justicia en su época de alcalde madrileño en actividades “olímpicas”, pues te echará una mano para frenar la investigación. Si eres presidente de la patronal madrileña puedes exigir a otros comportamientos ejemplares, que no hagan huelgas para dar buena imagen, que trabajen más horas y luego pagar en sobres B, como supuestamente hizo el PP, y aunque estés defraudando a Hacienda y a la Seguridad Social, ¡qué más da! Si eres presidente de La Rioja te haces una caseta de campo tipo chalet y luego pides que cambien la norma para legalizarla porque eres olímpico y la normativa urbanística una tontería porque tú eres la Ley.

    Los que tienen que dar ejemplo no lo dan, los que tienen que exigir el cumplimiento de la ley no lo hacen y la parte ancha del embudo siempre se la aplican a los mismos. Teniendo en cuenta lo bien que viven en la tierra los que se forran a costa del pueblo llano, al que exigen sacrificios y conductas ejemplares que ellos no practican, yo le pido al todavía papa Benedicto XVI que realice un poco de tráfico de influencias y, puesto que el limbo no existe, le pida a Dios que al menos en la otra vida se achicharren en el infierno todos los que se están riendo en nuestra cara. No es un consuelo, querido Papa, pero alguna ilusión hay que tener. ¡Que usted encuentre la paz de espíritu y nosotros la justicia!

 

Ver Post >
El príncipe del pueblo
María Antonia San Felipe 17-02-2012 | 8:15 | 2

La decepción que los españoles sienten con la forma en que se administra la justicia en este país no es nueva y ese sentimiento se ha incrementado en el último año. Que todos somos iguales ante la ley lo proclama nuestra Constitución y hasta el Rey ha solemnizado esa obviedad, aunque la portavoz del Consejo General del Poder Judicial no ha estado muy fina cuando, refiriéndose al asunto que tiene encausado al insigne infante consorte, D. Iñaki Urdangarín, dijo que sí, que todos somos iguales pero que “no todos los imputados son iguales”. Tal fue el asombro de muchos que el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, se vio obligado a explicar en el Congreso que sí, que todos somos igualitos, igualitos pero que, pese a la supuesta igualdad “las circunstancias son diferentes, y la verdadera igualdad es tratar diferente circunstancias que son distintas”.

Nadie debe extrañarse que ante tan preclara claridad la mayoría, incluida yo, pensemos como ese 77% de españoles que, según el barómetro de Centro de Investigaciones Sociológicas, consideran que la justicia no es igual para todos y no trata del mismo modo a los que tienen pasta y a los que carecen de ella, a los que pueden pagarse un buen abogado y a los que no. Salvo que, como toda regla tiene su excepción, alguien resulte excesivamente molesto o le tengan ganas sus colegas, como en el caso de Garzón y se decida, colectiva y orquestadamente, quitárselo de en medio para siempre. Dicen que la diosa de la Justicia lleva una venda en los ojos como símbolo de su imparcialidad al dictar sentencia aunque muchos creen que es para no ver los desmanes que cometen en su nombre los que la administran.

En este marco general de desconfianza no es de extrañar que la política de indultos haya concitado también el interés ciudadano. Puedes ser culpable y, con suerte, indultado sin cumplir la condena. Por ejemplo, el consejero delegado del banco de Santander, Alfredo Sáenz, un hombre con estrella, fue indultado en noviembre por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El sr. Sáenz, condenado por un delito de acusación y denuncia falsa, vio conmutada la pena de arresto mayor y la suspensión del ejercicio profesional por la multa máxima prevista para este caso, de unos 144.000 euros. Teniendo en cuenta que el banquero cobra al año nueve millones de euros, la elección no era dudosa. Los del Santander hablaron poco porque, como bien se sabe, cuánto más se airea una noticia más se difunde, así que punto en boca.

Así las cosas, no es de extrañar que Miguel Montes Neiro, el preso más antiguo de España, indultado por dos gobiernos, haya salido de la cárcel tras 36 años como un héroe popular perseguido por televisiones y reporteros. El preso común ha abrazado la libertad ante la algarabía de sus familiares y amigos, ha sido obsequiado con el mismo júbilo con el que la afición recibió los últimos éxitos del Mirandés o los del Alcorcón cuando ganó al Madrid. En fin, que ha obtenido la solidaridad que concita aquel al que el destino siempre considera, por fatalidad, el seguro perdedor de la historia. No dudo que Montes Neiro, que quiere ser alfarero, por su trayectoria, sus múltiples fugas, que agravaban aún más sus amplias condenas, y su mentalidad antisistema reúne características suficientes para llenar horas de programas televisivos y páginas de revistas. Hasta puede ser personaje inspirador de películas, de novelas o de poemas. Teniendo en cuenta que su vida recuerda la del pícaro tradicional español y ahora que la corrupción merodea los alrededores del palacio real, es posible, que este hombre pueda convertirse en un nuevo príncipe del pueblo. Además, si al engolado Mario Conde al salir de la cárcel le dieron un programa en la tele por qué a él no.

 

 

Ver Post >
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.