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Lágrimas en la lluvia
María Antonia San Felipe 20-05-2017 | 11:47 | 0

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Hubo un tiempo en que creímos, con inocencia de novatos en democracia, que la división de poderes era esencial. Pasado el tiempo sufrimos una profunda desilusión. Nada es como parece y mucho menos, como debiera. Estoy hablando de la justicia esa balanza independiente que equilibra los poderes y que se administra en nombre del pueblo. En España más bien parece que se imparte tomándonos por los tontos del pueblo. ¡Qué espectáculo, señores! Todo tiene tintes de tragicomedia.          

          El ministro de Justicia, el Fiscal General del Estado y el Fiscal Anticorrupción acaban de ser reprobados por el Parlamento pero no va a pasar nada. Son fuegos artificiales, una regañina sin importancia ya que hace tiempo que lo importante dejó de importar a nadie. El Fiscal General, José Manuel Maza ya ha declarado que no le incomoda ser reprobado, al fin y al cabo, ¿quiénes son los diputados si él es nombrado a propuesta del Gobierno? Tampoco él se arrepiente de haber nombrado un Fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, que cuida y protege a los acusados de corrupción en el caso Lezo. Todo muy ejemplar en este merduquero en que han convertido la justicia.
           Y por supuesto, a Rafael Catalá, el deslenguado ministro de Justicia no lo va a cesar Rajoy que, por cierto, nunca pensó que gobernando en minoría tuviera tanta paz. Al fin y al cabo solo es una pirueta de una oposición dividida que patalea de cuando en cuando pero no es capaz de oponer una alternativa que limpie las cloacas del sistema. Es lo que hay señores, así que paciencia y a seguir tragando cada mañana una mentira nueva y cada tarde una rectificación o una chulería sin propósito de enmienda.
          Nos cuentan que quieren acabar con la corrupción pero no notamos ningún cambio ni de actitudes, ni de palabras, ni de hechos. Rajoy tiene que declarar como testigo por el caso Gürtel y si tan grande es su deseo de limpiar el vertedero que rodea la corrupción en torno a sus campañas electorales tendría que personarse a pecho descubierto en la Audiencia Nacional y contar toda la verdad y nada más que la verdad. Claro que si lo hace todos sabemos que el precio es alto: la dimisión irrevocable.
Nada de esto va a ocurrir porque la valiente elección del presidente Rajoy va a ser declarar a través de televisión, es decir, abusando de privilegios, como siempre. Está blindado y protegido y nadie a su alrededor advierte que debiera está rojo de vergüenza. Claro que Rajoy mirará a su colega presidencial, Donald Trump y pensará que no solo él tiene líos irresolubles. Ahí está el presidente norteamericano, rodeado de escándalos a cada cual más llamativo.
          El New York Times acaba de publicar que Trump le pidió a Comey, al que fulminantemente cesó como director del FBI, en un encuentro en el Despacho Oval de la Casa Blanca,  que “se olvidara” de la investigación a Flynn.  Es decir, que paralizara las pesquisas sobre la relación del entonces consejero de Seguridad Nacional, Mike Flynn, con el Gobierno ruso. La prensa americana cita las propias notas de Comey tras la reunión. De ser así, Trump podría ser acusado de obstrucción a la Justicia, ya que las notas de un agente del FBI tienen valor legal como prueba en un juicio. Un nuevo Watergate está naciendo. Cuentan que Rajoy ya le ha enviado un telegrama a Trump diciéndole: -Donald, sé fuerte. Haz como yo. Quédate quieto y no te verán.
          En fin, que el poder solo sueña con burlar a la justicia y a nosotros. Cuanto más nos engañan a los de a pie, menos les incomodamos. Cuanto más silencio guardemos más fuertes serán quienes lo ostentan y más débil será la justicia. Si algún día las generaciones venideras consiguen perfeccionar esta democracia maltrecha, podremos contarles, igual que el replicante Roy Batty en la película Blade Runner: – Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Para añadir: -He visto amordazar a la justicia mientras se escuchaba un atronador silencio. Y nunca pasó nada, todo se perdió en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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¡Menudo carnaval!
María Antonia San Felipe 04-03-2017 | 8:15 | 0

La semana pasada se respiraba Carnaval, miraras donde miraras todo el mundo anduvo disfrazado aparentando ser lo que no era. La Justicia (española) anduvo perdida, se le había caído la venda de los ojos, la que simboliza que, siendo ciega, es igual para todos y no se deja impresionar ni por el dinero ni por la posición social de los encausados. Pero no sólo extravió la venda sino que parece que la tal Justicia había entrado en una tienda de “Compro Oro” a empeñar la balanza de la equidad en el mercado negro de las influencias y de los favores que anda muy concurrido en el zoco en que se ha convertido el suelo patrio en los últimos tiempos.
          Como dice mi vecina, es que nos tienen cogido el tranquillo y si no quieres taza pues nada, taza y media. Lo cierto es que más que taza fue tazón. Después de la absolución de la infanta Cristina Federica de Borbón, la que nada sabía, ni oía, ni veía vino la “condenilla” de su marido. Como la sentencia va a ser recurrida, ya veremos en qué termina la historia. Pero de momento ya le han puesto colofón al asunto. La aceptación de que su no ingreso en prisión se debía al “arraigo” es una tomadura de pelo del tamaño de los Alpes suizos. Es que Urdangarín de pequeño veía Heidi y de ahí el arraigo en ese país de cuento. A lo que vamos, que el exduque de Palma de Mallorca no estaba arraigado en las Baleares como debía desprenderse de su título consorte sino en Suiza que, como bien nos han enseñado en los últimos escándalos judiciales, ese país es la verdadera patria de los patriotas españoles desde tiempo inmemorial.
         Boquiabiertos estábamos cuando el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, nombrado hace tres meses, se pone a hacer lo que le han mandado desde arriba, es decir, purgar a fiscales anticorrupción. Uno de los destituidos es el fiscal de Murcia, Manuel López Bernal, que llevaba la investigación de un caso que afectaba al presidente de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez. López Bernal, no se ha mordido la lengua y nos ha contado a toda España que “no puede ser que los perseguidos sean los fiscales por delante de los corruptos”. La situación ha llevado a que la Unión Progresista de Fiscales haya denunciado la situación de muchos de sus asociados, entre ellos, el caso del calagurritano, Miguel Ángel Subirán, Fiscal Anticorrupción de Palma de Mallorca, que está sufriendo un acoso inaudito desde hace tres años por una investigación de corrupción en la Policía Local. Mientras, el ministro de Justicia, Rafael Catalá en una incontinencia verbal, poco recomendable en un cargo como el suyo, arremete contra los fiscales en vez de esmerarse en no interferir en la administración de Justicia.
          A estas alturas pueden contar lo que quieran, pero se está consintiendo un deterioro continuado de uno de los pilares del estado de derecho: el poder judicial. La predicada independencia e imparcialidad del poder judicial y el principio de la división de poderes es hoy una quimera. Cuando un poder trata de influirir tan claramente en el funcionamiento de otro es que algo huele a podrido en el sistema.
           Algunos creen que la sentencia condenatoria de Miguel Blesa, Rodrigo Rato y otros directivos de Bankia por el uso indebido de las tarjetas black aliviaría la sensación de impunidad de los corruptos en España, pero eso no ha ocurrido. Este país no puede permitirse que la ciudadanía desconfíe de la Justicia porque eso resquebraja la fortaleza de la democracia. Pero desgraciadamente esta es la consecuencia de los reiterados abusos cometidos. Que en medio de esta tormenta el PP y el PSOE hayan llegado a un acuerdo para la renovación por cuota (dos cada  uno) de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional es una provocación totalmente inoportuna, un suma y sigue de despropósitos. Hasta ahora la paciencia de los ciudadanos parece infinita pero no está demostrado que lo sea. Tras el carnaval viene la cuaresma, que dicen es tiempo de ayuno y abstinencia. Clamemos para que algunos se abstengan de interferir en la justicia antes de que la conviertan en una máscara de carnaval.

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Elogio del Lute
María Antonia San Felipe 05-07-2014 | 10:05 | 0

Según los discursos oficiales, la justicia es igual para todos, aunque en España hace tiempo que nadie se lo cree. Según los últimos datos del INE, difundidos hace unos días, los españoles son los que peor nota ponen a la justicia (2,9) frente a la de los comunitarios (4,2). Si el malestar con la clase política es evidente, la desconfianza en la justicia no le va a la zaga. La sociedad observa que el peso de la ley es contundente en algunos casos y laxa según quienes sean los encausados. Tampoco hay que olvidar que si acudir a la justicia siempre ha sido artículo de lujo, con el invento de Gallardón de establecer unas tasas judiciales que desanimen de acudir al juzgado, está claro que pedir justicia en España se ha convertido en un sueño impagable.

La tan cacareada independencia del poder judicial, reiteradamente en boca de ministros, jueces y políticos en general, es hoy por hoy, percibida como falsa e hipócrita por el común de los ciudadanos. Al desapego y al descreimiento en este poder del Estado han contribuido la variedad de casos de corrupción, tan abundantes, que España parece una piscifactoría de corruptos a plena producción. Con el riñón cubierto y mucha pasta en metálico, en cuentas suizas, luxemburguesas o en las islas Caimán se pueden permitir abogados expertos en encaje de bolillos judiciales que dilaten los procedimientos de tal modo que casi resulte imposible ver el final del trayecto judicial. Pasa como con la crisis, el final del túnel sólo lo ven desde la parte alta de la pirámide pero la base de la misma, la que soporta el temporal y paga la estructura del estado no ve sino nubarrones con amenaza de tormenta. La justicia, en conclusión, es percibida como parcial porque se presiente la continua intervención del poder político y en esa alianza de intereses es imposible predecir un resultado honesto.

Tras el saqueo al que se ha sometido a España en los últimos años todavía nadie ha pagado las culpas del expolio. Por el contrario, hemos visto cientos de desahucios, despidos procedentes e improcedentes, encarcelamientos y causas contra manifestantes y huelguistas y un intento de criminalizar las protestas. De Francia llega un buen ejemplo, Sarkozy ha sido retenido, acusado de tráfico de influencias y de financiar ilegalmente su campaña presidencial y nadie arremete contra la imparcialidad del juez. Ya ven, como aquí, que la larga sombra de la financiación ilegal rodea la Moncloa y nadie sabe nada. Prietas las filas.

La guinda para adornar la crema del pastel judicial la ha puesto el caso Noos y la imputación de la infanta Cristina de Borbón. De las cosas sorprendentes que nos ha regalado este procedimiento, además de los sabrosos correos de Urdangarín y la vergonzante proclamación de inocencia de aquellos altos cargos políticos que pagaban al duque de Palma a cambio de humo, se encuentra la estimulante declaración de la infanta enamorada que, con un ataque de amnesia, pretende exculparse de responsabilidad. Hasta aquí llega la parte vistosa del sainete. Pero lo que asombra es que el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, haya encontrado más argumentos para intentar desacreditar al juez instructor, acusándolo de prevaricador, que para representar dignamente al ministerio público. Como ha respondido el propio Castro, si cree lo que ha escrito, ya sabe lo que tiene que hacer, porque si no lo hace está él mismo desprestigiando su propia función. Si la justicia es igual para todos, la sentencia será la que corresponda en derecho. No debe haber miedo al juicio si es que vivimos en un estado sometido al imperio de la ley y no al que imponga una clase social dominante. No es de extrañar que muchos crean que estamos volviendo a la época del Lute, en la que mientras él iba a la cárcel por robar gallinas, en los salones del Pardo se convocaba a las élites y allí, reunidos los verdaderos delincuentes que saqueaban el país, brindaban con champán mientras sobornaban a los jueces.

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La escopeta nacional
María Antonia San Felipe 26-04-2014 | 6:20 | 4

         

         Ya nos dejó el inventor de mundos mágicos, Gabriel García Márquez. Él supo tamizar a través de su imaginación la realidad adormecida de Aracataca y crear Macondo, un lugar que atrapa pese a su inexistencia. Nosotros, sin el genio de Gabo, estamos atrapados en una desesperanza difícil de superar aunque cerremos los ojos y soñemos. El español, indignado por los recortes sociales y las injusticias sin cuento, contempla la realidad y en vez de imaginar un futuro apacible en el que mariposas amarillas alumbren nuestro camino lo que constata es que nos rodea una bandada de aves de rapiña que están dejando el solar patrio como un erial.

          Hace tiempo que constatamos que la arquitectura constitucional de nuestro Estado, amenaza ruina. Ya lo he dicho otras veces: del rey hacia abajo no se libra ninguna de las instituciones del Estado. La crisis es de tal dimensión que la desconfianza está poniendo en entredicho la estabilidad de una democracia, cada día más cuestionada en su esencia, por la sensación de impunidad que preside la vida pública española. El poder judicial es uno de los pilares de nuestro estado de derecho y éste lleva un tiempo transitando entre el drama y la opereta. En el espectáculo que está proporcionando el juicio contra el juez Elpidio Silva sólo echo en falta que el tribunal lo presida Chiquito de la Calzada. Que una jueza que fue consejera de Caja Madrid forme parte del Tribunal enturbia su independencia y contamina cualquier decisión que adopte. Las escenas del juicio que han difundido todas las televisiones dan la impresión de que este país vuelve a estar más cerca del universo que recreó Berlanga en La escopeta nacional que de la España moderna que creímos construir sobre los escombros de aquel tiempo tan magistralmente retratado en la película.

         El poder judicial está cada día más falto de credibilidad y ello es así porque resulta evidente a los ojos de cualquier observador que en este país la ley no es igual para todos. Ello, sin entrar a analizar el escándalo que supone la ley de tasas judiciales del ministro Gallardón, imponiendo una barrera económica al que necesita reclamar justicia ante un tribunal. Bien, pues en la carrera de obstáculos que supone el acceso a la justicia se ha instalado la creencia de que aquí ni dios asume responsabilidades ni nadie paga por ninguno de los desmanes cometidos. Desconozco la naturaleza jurídica y los errores en la interpretación de la ley que haya podido cometer Elpidio Silva, hoy juzgado por prevaricación, pero percibo que en el sentimiento popular lo que prevalece es la completa seguridad de que el juez es el único que va a ser condenado. De igual modo, presienten que ninguno de los responsables de la mayor estafa perpetrada en España desde la restauración de la democracia, va a pagar por haberse apropiado con engaño y falsedad de los ahorros de muchos españoles que reunieron sus pequeñas fortunas con esfuerzo con el único objetivo de asegurar su vejez. Es inolvidable que en el caso de Bankia hemos tenido que pagar, con el esfuerzo colectivo de toda la nación, el rescate de unos manirrotos que llevaron una vida de lujo tras ocupar la presidencia de unas cajas de ahorro a la que llegaron no por sus méritos profesionales, sino por su proximidad al poder político. Se comprende que haya una corriente de simpatía hacia este peculiar juez que envió, aunque fuera por unos días, al expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa a prisión. Presienten que tanto Blesa como Rodrigo Rato, a sueldo de los grandes empresarios de este país, van a vivir a papo de rey mientras ellos siguen reclamando judicialmente la devolución de sus ahorros estafados.

         La justicia no debiera ser en una democracia un espectáculo pero, hoy por hoy, lo es. Desgraciadamente vivimos, como decía Machado, entre una España que muere y otra España que bosteza.

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En el infierno
María Antonia San Felipe 15-02-2013 | 11:39 | 0


      Dice la calle que esta semana en España se esperaban dimisiones, peticiones de disculpas o harakiris en público, confiábamos en atisbar un rayo de esperanza para creer que las cosas iban a cambiar en el corto plazo. Pero nada. Sin embargo, en Roma, Joseph Ratzinger ha decidido desprenderse para siempre de la púrpura del poder vaticano. ¿Qué habrá visto en la Curia el anciano Ratzinger para no querer ser por más tiempo el representante de Dios en la tierra? Si reflexionamos, el poder, sea cual sea su origen, adolece de los mismos males y le acechan iguales peligros en todas partes. No duden que la traición del mayordomo de Benedicto XVI, filtrando documentos confidenciales ha dejado a la luz las intrigas que tenían como objetivo quebrar el ánimo del pontífice.

     Está claro que las aves de presa han logrado su objetivo y que en este mismo momento los instigadores de la conspiración resucitan  contubernios para asaltar la silla de Pedro, cuya principal misión era difundir por el mundo el mensaje de Cristo de “amaos los unos a los otros, como yo os he amado”. ¡Casi nada, como ha cambiado el cuento en dos mil años! Yo creo que al anciano Ratzinger todavía le quedan fuerzas para seguir siendo embajador de Dios pero, todo indica, que en la Curia vaticana las traiciones lo han dejado exhausto y ya no le queda aliento para controlar y modular a toda la jerarquía eclesiástica que afila ahora puñales y lenguas para librar la batalla por el control de una institución impermeable a los cambios del mundo y ajena a los cotidianas encrucijadas de los hombres incluso aunque sean sinceros seguidores de Cristo. Es lo que tiene el poder, que a quien lo ejerce de forma plenipotenciaria acaba alejándolo de la realidad.

     Pero volvamos a nuestra España, a esta democracia imperfecta y a las cloacas del poder humano. Observen lo organizado que es el poder protegiendo a los suyos. Si alguna vez creímos que todos éramos iguales ante la ley, es mejor que modifiquemos nuestro error. La Ley se te aplica a rajatabla si eres un don nadie, te desahucian y tú decides si te suicidas o te construyes una chabola de cartón. Pero si eres poderoso tus amigos te modifican la Ley en caso de apuro. Si ya fue infumable el indulto, en el último consejo de ministros de Zapatero, del banquero Alfredo Sáenz más grave me parece que ante la sospecha, ya confirmada, de que el Tribunal Supremo pudiera tumbar la resolución del anterior gobierno, el PP esté acelerando una modificación legal para permitir seguir en su puesto de banquero bien pagado al citado condenado. Si eres familiar del Rey y has participado con el actual ministro de Justicia en su época de alcalde madrileño en actividades “olímpicas”, pues te echará una mano para frenar la investigación. Si eres presidente de la patronal madrileña puedes exigir a otros comportamientos ejemplares, que no hagan huelgas para dar buena imagen, que trabajen más horas y luego pagar en sobres B, como supuestamente hizo el PP, y aunque estés defraudando a Hacienda y a la Seguridad Social, ¡qué más da! Si eres presidente de La Rioja te haces una caseta de campo tipo chalet y luego pides que cambien la norma para legalizarla porque eres olímpico y la normativa urbanística una tontería porque tú eres la Ley.

    Los que tienen que dar ejemplo no lo dan, los que tienen que exigir el cumplimiento de la ley no lo hacen y la parte ancha del embudo siempre se la aplican a los mismos. Teniendo en cuenta lo bien que viven en la tierra los que se forran a costa del pueblo llano, al que exigen sacrificios y conductas ejemplares que ellos no practican, yo le pido al todavía papa Benedicto XVI que realice un poco de tráfico de influencias y, puesto que el limbo no existe, le pida a Dios que al menos en la otra vida se achicharren en el infierno todos los que se están riendo en nuestra cara. No es un consuelo, querido Papa, pero alguna ilusión hay que tener. ¡Que usted encuentre la paz de espíritu y nosotros la justicia!

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.