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La Manada

Las nuevas manadas
María Antonia San Felipe 07-07-2018 | 8:00 | 0

la-manadaTodavía hay quienes se asombran del movimiento reivindicativo que están impulsando las mujeres, todavía hay quienes creen que nos estamos pasando y todavía hay quienes defienden que nuestra indignación no está justificada. Sin embargo cada día nos sobran razones para continuar luchando. Se cumplen dos años desde la violación grupal de La Manada a una joven en los sanfermines y, pese a la repulsa social que produjo, hay muchas manadas actuando y nada parece haber cambiado.

Según el Balance de Criminalidad del primer trimestre de 2018 del Ministerio del Interior, en España se denuncian más de cuatro violaciones al día, habiéndose incrementado un 28%. En un 14% han crecidos los delitos contra la libertad sexual durante el primer trimestre. En cifras absolutas ascendieron en 2017 a 3.025, de los que 371 fueron agresiones con penetración (un 10,6% más). Sin embargo los robos con fuerza se incrementaron un 1,6%. Pese a las cifras algunos insisten, en corrillos y en redes sociales, que habrá que esperar a que a las mujeres se nos pase la calentura, como si fuera una enfermedad estacional, a la espera de que con el tiempo las aguas de esta efervescencia vuelvan a su cauce ancestral. El tiempo pasará pero algunas ya estarán muertas y a otras no las curará de las palizas ni las liberará de la ansiedad y el miedo. A las que sobrevivan de las 371 violadas, ya que la mayoría son mujeres, la agresión las habrá roto por dentro y les habrá arruinado el futuro porque hay desgracias que dejan huella para siempre.

La sentencia de La Manada considerando abuso y no violación el delito cometido por estos cinco personajes, a los que su abogado defensor definió como “buenos hijos”, sublevó a muchos hombres y mujeres en este país. La puesta en libertad tras la condena con el pretexto de que la sentencia no es firme, también ha levantado ampollas. Así que es evidente que algo hay qué hacer en el parlamento de nación para que la justicia lo sea de verdad y sus resoluciones no resulten incomprensibles para la mayoría de la gente. Esa es labor de los legisladores, pero algo más habrá que hacer.

La otra tarea debe hacerla la propia sociedad no consintiendo actitudes que supongan cualquier tipo de agresión contra las mujeres. Los agresores no pueden ser héroes sino villanos aunque todavía haya quien los defienda mientras culpabiliza a las víctimas de haber buscado su propia desgracia. ¡Ya basta! Repasar las noticias produce escalofríos: el pasado 19 de mayo una joven denunció haber sido violada por cinco jóvenes en Molins de Rei. En la madrugada del día de San Juan, en Palamós, una adolescente de 15 años también declaró haber sido violada en la verbena. La misma la noche se registró una agresión sexual en la playa de El Buzo en Cádiz y otra a dos jóvenes en Ciutadella (Menorca). Hace unos días pasaban a disposición judicial cuatro hombres que se hacen llamar La Nueva Manada, incluido un menor de edad, que fueron detenidos en San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria) como presuntos autores de una violación múltiple de una menor de edad… Es decir, las cifras del Ministerio del Interior tienen nombre y rostros de mujer y las víctimas se suceden día a día como una maldición interminable.

Hay un problema con la justicia, eso es indudable, pero también hay un conflicto social entre mentalidades. Hay en los violadores y en sus imitadores, en los agresores en general, una mentalidad obsoleta y mezquina que considera que el hombre que domina, doma y humilla a la mujer, incluso con insultos cotidianos, es más hombre que el que la comprende, la quiere y la acompaña en la vida. Hay un mal muy extendido en la sociedad y es la aceptación de la dominación del macho. Hay un problema grave, incluso en los más jóvenes, que solo la educación y el rechazo social puede transformar. No quiero ninguna manada en acción, tampoco quiero ser manada, solo quiero que no nos juzguen socialmente a las mujeres desde ideas preconcebidas que perpetúen la desigualdad mientras se cercena nuestra libertad.

 

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Ni miran ni ven
María Antonia San Felipe 05-05-2018 | 7:27 | 0

manada2Hay quienes ni miran, ni ven. En España la distancia entre la calle y las instituciones se estira como el chicle. Vivimos un problema de interpretación de la realidad social por parte de nuestros representantes. Desde el gobierno no van abriendo camino sino rectificando de posición a golpe de encuestas electorales. En sus palabras hay más marketing que verdad, de hecho la verdad es irrelevante para ellos.

Analicemos lo ocurrido con la dolorosa sentencia sobre La Manada que ha desbordado la indignación por todo el país y fuera de él. A estas alturas está todo dicho. Más allá de sutilezas jurídicas, las mujeres se han sentido desprotegidas, abandonadas y, esencialmente, humilladas. Hemos visto como se describía una violación múltiple y se condenaba un abuso. Hemos visto dolor y amargura donde un juez ha visto “jolgorio y regocijo”. Hemos sentido cómo la rueda de la historia nos aplastaba. Algunos están sorprendidos de las protestas multitudinarias que ha tenido el fallo, ¡vaya ironía! Desgraciadamente solo ha causado sorpresa entre quienes añoran la Edad Media.

El hecho de que muchos hombres hayan temido por sus mujeres, sus hijas, sus hermanas o sus nietas los ha unido a nosotras solidariamente en la protesta. Hasta las clarisas de Villaviciosa y las carmelitas de Hondarribía, todas ellas mujeres de la iglesia católica, han alzado su voz. Es justo reconocer que han superado el viejo atavismo religioso de culpabilizar a la mujer. Ha sido como si sor Juana Inés de la Cruz renovara su voz con su conocido poema “hombres necios”, escrito allá por el siglo XVII. Así que el ejército de la indignación crece cada día. Hay esperanza porque la protesta cívica se ha dignificado, incluso quien no sale a la calle se solidariza con los manifestantes y comparte las reivindicaciones. Hay un movimiento transversal que insiste en mostrar problemas que algunos no quieren ver. Hoy las mujeres se están convirtiendo en la vanguardia intelectual de este siglo y todo indica que van a ser el motor de un nuevo cambio.

Pertenezco a una generación que se sintió muy orgullosa de lo conseguido por las mujeres tras la restauración de la democracia en España. Hoy queda claro que nos habíamos relajado en la reivindicación de la igualdad. La violencia contra las mujeres no cesa, las generaciones jóvenes siguen reproduciendo los viejos esquemas, lo que indica un problema en la educación. La precarización del empleo también tiene rostro de mujer, afecta al 70%, igual que las pensiones más bajas, en especial, las de viudedad. En definitiva, la desigualdad está impulsando la reacción consciente de las mujeres para intentar dar la vuelta a la situación no solo en beneficio propio sino para mejorar una sociedad injusta y todavía muy machista como ha dejado claro el contenido de la dichosa sentencia y, en especial, su voto particular.

Entretenidos en peleas inanes el gobierno y muchos políticos viven en las nubes, siguen sin ver lo que todos vemos. No es de extrañar que vayan de sorpresa en sorpresa. Llevan tiempo subestimándonos y llevamos mucho tiempo tolerando lo intolerable por eso la reacción social les ha pillado desprevenidos. Se quedaron boquiabiertos primero con los jubilados y las jubiladas (hay más de un millón de mujeres que de hombres). Después minusvaloraron la huelga del 8 de marzo y cuando las calles se llenaron de madres, abuelas nietas y de muchos hombres, se apuntaron al carro como ahora con la sentencia de La Manada. Dejar claro en el código la diferencia entre abuso y violación o el concepto de violencia desde una posición prevalente, no necesita dinero sino sensibilidad.

Reconozco que yo también me estoy radicalizando. No podemos seguir retrocediendo en derechos, en salarios, en condiciones laborales, en igualdad y en libertad. Las mujeres pelean con muchas miserias cotidianas y solo falta que tengamos que sobreponernos a la humillación. Por la víctima de La Manada, de todas las manadas, por su dignidad y por la nuestra hemos llenado las calles. Llámenme ilusa pero presiento que algo va a ocurrir y creo que el cambio tiene el rostro y el tesón de las mujeres.

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La maté porque era mía
María Antonia San Felipe 06-01-2018 | 9:47 | 0

mujeres-asesinadasLo normal es aquello a lo que te acostumbras, señala Margaret Atwood en El cuento de la criada y eso es lo que me asusta al comenzar este nuevo año, que nos acostumbremos a considerar la violencia contra las mujeres como parte consustancial de la vida contra la que es imposible luchar. Por eso temo que se banalice el dolor de las víctimas, temo que no seamos capaces de discernir entre el sensacionalismo y la verdad, temo que nos perdamos en la hipocresía para eludir nuestra propia responsabilidad. Me asusta que sucumbamos a la resignación y nos acostumbremos a considerar normal lo intolerable.

Se habla mucho del pacto de estado contra la violencia de género pero todo suena a propaganda que oculta la carencia de medios reales para acometer no un problema sino un drama. Este año han muerto a manos de maltratadores 48 mujeres y 8 niños, para castigar a sus madres. Solo con lamentos y condenas no se erradica el problema, hace falta continuar luchando en varios frentes y para eso hacen falta recursos en educación, en atención social especializada y en instrumentos de protección de las víctimas que denuncian. Una de las últimas jóvenes asesinadas fue secuestrada por su asesino cuando no tenía protección policial, pero el fallo no es de la policía sino de la escasez de efectivos y de medios para estas tareas. Durante años este país tuvo, desgraciadamente, una legión de guardaespaldas para proteger a las potenciales víctimas de ETA, supongo que incluso en estos tiempos podemos permitirnos un mayor grado de amparo a quienes ya tienen órdenes de alejamiento. Estamos ante un problema de primer orden. Entre 2007 y 2017 han asesinado a 713 mujeres, una cifra que debe mover a hacer algo más que lamentarse y guardar minutos de silencio.

Hay otro aspecto que también me asusta y es el papel que, tanto en negativo como en positivo, pueden tener los medios de comunicación. El caso de La Manada, esos “buenos hijos” que violaron colectivamente en Pamplona a una joven o el recientemente esclarecido caso de Diana Quer, deben mover a la reflexión. El sensacionalismo ha trivializado el carácter o las reacciones de las víctimas solo para conseguir minutos de programación. Sin ningún rigor se ha insinuado incluso la culpabilidad en lo que les había sucedido. Es terrible pero es así y mientras seguimos mirando la pantalla como si estuviéramos viendo una película de ficción. En realidad, también nosotros tenemos parte de culpa en fomentar maledicencias que abonan el machismo que persiste y persiste con una fortaleza milenaria. Debemos exigir rigor, esa debe ser nuestra misión.

Permítanme añadir que quienes creemos que la igualdad y la libertad de las mujeres debe ser sagrada no podemos dejar de congratularnos con esos pequeños gestos que nos demuestran que todavía queda esperanza. Anna Muzychuk, la joven ucraniana campeona mundial de ajedrez, se ha negado a competir en Arabia Saudí por las condiciones que imponen a las mujeres. Es un pequeño gesto pero es una gran gesta en un mundo tan competitivo y egoísta. Por eso espero que el lema machista por excelencia, “la maté porque era mía” se sustituya algún día por la amé porque era libre. Espero que los Reyes Magos, que son los padres de la patria, tengan a bien no romper esta carta a la esperanza.

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Buenos hijos
María Antonia San Felipe 02-12-2017 | 10:04 | 0

la-manadaSegún sus defensores José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y A. M. G. son “patanes, infantiloides, simples o primarios en sus pensamientos” y aunque tienen “comportamientos que merecen reprobación” (tres de ellos tienen condenas previas de cárcel), en realidad son “buenos hijos, algunos trabajan, otros lo intentan, están muy unidos a sus familias”. Además, todas las mañanas al salir de casa saludaban a los vecinos y hasta en alguna ocasión, siempre que no fueran en manada, ayudaban a cruzar el paso cebra a las ancianitas. Según los abogados de la defensa debe conmovernos el juicio paralelo que está habiendo en la calle y en las redes sociales. El injusto calvario está destrozando sus vidas.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a la defensa aunque los argumentos de algunos abogados de La Manada me producen escalofríos. No puedo olvidar que estos “buenos hijos”, cuando salen de cacería son unos salvajes y cuando La Manada actúa grupalmente el nivel de estupidez y de maldad crece exponencialmente. Lo que hemos escuchado a lo largo del juicio no debe olvidarse fácilmente. Los jueces tienen ahora la palabra pero socialmente, hombres y mujeres, debemos ser intolerantes con las vejaciones de cualquier tipo hacia las mujeres. Mucho más ante una violación grupal que es el punto máximo del desprecio y del sadismo de los implicados.

Esta manada de “buenos hijos” todavía se consideran inocentes porque no entienden la magnitud de su felonía. No le dieron importancia entonces ni ven ahora la gravedad de su hazaña porque, aunque según sus abogados quieren mucho a sus madres, las mujeres para ellos son un objeto de usar y tirar. Por eso la joven quedó tirada en el portal, semidesnuda, sin teléfono, aterrada y sola. Obviaron su libertad y su dignidad como persona.

Ellos actuaban según sus propios códigos que ignoran la libertad ajena, ellos ya saben lo que quieren las mujeres, las mujeres quieren hombres que les den caña. Ellas disfrutan mientras cinco animales en manada las penetran anal, vaginal y bucalmente en un portal sin ninguna contemplación, sin preservativos, sin pedir permiso porque ella, puesto que no se quejaba, consentía. De lo contrario no hubiera tenido los ojos cerrados. Los cerró porque estaba encantada. Jesús Pérez, uno de los defensores, ha preguntado al tribunal: “¿Qué mujer hace una felación con los ojos abiertos”?, mientras que el otro, Agustín Martínez, ha apostillado: “es difícil hacer una felación con los ojos abiertos”. Incluso han lamentado que no haya estadísticas para demostrar que esa es una forma de disfrute.

Al escuchar estos argumentos he recordado los pelotones de fusilamiento, seguramente el que va a ser fusilado también cierra los ojos deseando morirse de miedo antes de que lo maten. Cuando no hay salida uno cierra los ojos para no ver, para desear que todo pase cuanto antes, para llorar hacia adentro, para tragarse el desconsuelo, para huir del horror, para morirse en la angustia. Ese y no otro es el sentido de los ojos cerrados de la víctima de La Manada.

Aventurar que esa mujer tan salvajemente agredida, como hacen los defensores de La Manada, disfrutaba durante esos 17 minutos que debieron parecerle infinitos es una osadía y un desprecio hacía todas las mujeres. Nadie conoce los recovecos del alma ajena, porque como, diría Alejandra Pizarnik: “lo que pasa con el alma es que no se ve/lo que pasa con la mente es que no se ve/lo que pasa con el espíritu es que no se ve”.

Los integrantes de La Manada son unos “buenos hijos” aunque íntimamente sus madres no estén orgullosas de ellos. Solo les deseo que la condena se ajuste a la magnitud de su hazaña.

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Dignidad
María Antonia San Felipe 25-11-2017 | 7:30 | 0

GRA404 MADRID 24 06 2015 - Fotografia facilitada por el Ayuntamiento de Madrid de su alcaldesa Manuela Carmena junto al secretario de Estado de Seguridad Francisco Martinez d durante el acto solemne del patron de la Policia Municipal celebrado en el Parque del Retiro EFE

Vivimos en un tiempo en el que nada es lo que parece. Se vive de apariencias, del postureo y lo políticamente correcto pero en privado en cuanto no hay ojos que puedan observar aflora la verdad, la cruda verdad. La igualdad real entre hombres y mujeres no existe, ni siquiera en el ámbito europeo, y la violencia es tan cotidiana como el sol cada mañana. Lo que ha ocurrido con la víctima de La Manada y el intento grosero de culpabilizarla ha sido una patada en nuestras conciencias. En vísperas del Día contra la Violencia de Género tanta indignidad no debiera pasar desapercibida para nadie. Recordemos los tiempos duros de ETA, aquello de “algo habrá hecho” para ser señalado. Ahora resulta vomitivo pero algunos lo aceptaron durante años como justificación de lo intolerable. Es lo mismo. Quizás la falda era corta, vestía como una puta, quizás le apetecía pero hubo que insistirle, era una mala madre o la muy puta me quería dejar. Con estas excusas nos matan y nos violan. Hay una violencia explícita que nos enerva de inmediato pero hay mucha violencia soterrada y sutil, mucho día a día insoportable que no vemos. La banalización del dolor no va a aliviar las secuelas psicológicas de la víctima de La Manada. No ampararla también es violencia.

Seamos sinceros, en esta sociedad mentirosa y discriminatoria se habla de la igualdad de las mujeres en público pero cuando algunos hablan en círculos de confianza en seguida se nos envía a fregar los platos. Lo que le ha ocurrido a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, es otro episodio, no tan grave, pero indicativo de qué poco han cambiado algunas cosas que creíamos superadas. En ese chat en el que participan unos cien policías locales madrileños, funcionarios públicos que simbolizan la autoridad y portan armas, se han permitido lanzar todo tipo de insultos contra Carmena. Si fueran críticas a su actuación política, divergencias con su concepción de la seguridad pública, no habría nada que objetar, pero se trata de proclamas fascistas, racistas, elogios a Hitler, odio concentrado e insultos inequívocamente machistas. Es todo ello una concentración ideológica explosiva.

Es sabido que Carmena sobrevivió a un atentado de la ultraderecha en 1977 en el que cinco de sus compañeros abogados fueron asesinados. Estos policías, con más odio que cerebro, le dedican frases escalofriantes: “Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros”, “qué vejestorio más despreciable”, “Que se muera la zorra vieja ya”, “Hija de la grandísima puta roja de mierda mal parida”. Ya ven, además de roja como insulto ideológico, las palabras son “puta” (su madre), “zorra” y “vieja” (ella), palabras todas de desprecio a su condición de mujer y con contenido sexual peyorativo inequívoco. Al viejo se le respeta, simboliza la sabiduría, pero las viejas ya no sirven ni para el placer por eso se les desea que mueran y, en este caso, sufriendo.

Siento una enorme solidaridad con Carmena. En 1983, a los 26 años me eligieron alcaldesa de Calahorra, comprobé entonces que algunos veteranos de la policía me veían con recelo (qué sabía yo de seguridad, decían, si ni siquiera había hecho la mili). Lo dejo ahí, no precisaré más detalles, pero desde lo alto de la pirámide del mando policial sentí el machismo cotidiano. Las insinuaciones y bulos insultantes de las malas lenguas eran habituales y como muchas otras mujeres, me inmunicé. Siempre creí, y creo todavía, que la democracia cambiaría las mentalidades. Por eso los comentarios de esto policías hijos de la democracia me asustan porque huelen a fracaso. La lucha por nuestros derechos, como por el resto de derechos sociales, continúa. No podemos volver al siglo XIX. No olvidéis que las palabras “puta” y “zorra” no manchan nuestra dignidad sino la de quienes las pronuncian. Por las innumerables víctimas, por nuestra dignidad: ¡Ni un paso atrás!

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.