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La maté porque era mía
María Antonia San Felipe 06-01-2018 | 9:47 | 0

mujeres-asesinadasLo normal es aquello a lo que te acostumbras, señala Margaret Atwood en El cuento de la criada y eso es lo que me asusta al comenzar este nuevo año, que nos acostumbremos a considerar la violencia contra las mujeres como parte consustancial de la vida contra la que es imposible luchar. Por eso temo que se banalice el dolor de las víctimas, temo que no seamos capaces de discernir entre el sensacionalismo y la verdad, temo que nos perdamos en la hipocresía para eludir nuestra propia responsabilidad. Me asusta que sucumbamos a la resignación y nos acostumbremos a considerar normal lo intolerable.

Se habla mucho del pacto de estado contra la violencia de género pero todo suena a propaganda que oculta la carencia de medios reales para acometer no un problema sino un drama. Este año han muerto a manos de maltratadores 48 mujeres y 8 niños, para castigar a sus madres. Solo con lamentos y condenas no se erradica el problema, hace falta continuar luchando en varios frentes y para eso hacen falta recursos en educación, en atención social especializada y en instrumentos de protección de las víctimas que denuncian. Una de las últimas jóvenes asesinadas fue secuestrada por su asesino cuando no tenía protección policial, pero el fallo no es de la policía sino de la escasez de efectivos y de medios para estas tareas. Durante años este país tuvo, desgraciadamente, una legión de guardaespaldas para proteger a las potenciales víctimas de ETA, supongo que incluso en estos tiempos podemos permitirnos un mayor grado de amparo a quienes ya tienen órdenes de alejamiento. Estamos ante un problema de primer orden. Entre 2007 y 2017 han asesinado a 713 mujeres, una cifra que debe mover a hacer algo más que lamentarse y guardar minutos de silencio.

Hay otro aspecto que también me asusta y es el papel que, tanto en negativo como en positivo, pueden tener los medios de comunicación. El caso de La Manada, esos “buenos hijos” que violaron colectivamente en Pamplona a una joven o el recientemente esclarecido caso de Diana Quer, deben mover a la reflexión. El sensacionalismo ha trivializado el carácter o las reacciones de las víctimas solo para conseguir minutos de programación. Sin ningún rigor se ha insinuado incluso la culpabilidad en lo que les había sucedido. Es terrible pero es así y mientras seguimos mirando la pantalla como si estuviéramos viendo una película de ficción. En realidad, también nosotros tenemos parte de culpa en fomentar maledicencias que abonan el machismo que persiste y persiste con una fortaleza milenaria. Debemos exigir rigor, esa debe ser nuestra misión.

Permítanme añadir que quienes creemos que la igualdad y la libertad de las mujeres debe ser sagrada no podemos dejar de congratularnos con esos pequeños gestos que nos demuestran que todavía queda esperanza. Anna Muzychuk, la joven ucraniana campeona mundial de ajedrez, se ha negado a competir en Arabia Saudí por las condiciones que imponen a las mujeres. Es un pequeño gesto pero es una gran gesta en un mundo tan competitivo y egoísta. Por eso espero que el lema machista por excelencia, “la maté porque era mía” se sustituya algún día por la amé porque era libre. Espero que los Reyes Magos, que son los padres de la patria, tengan a bien no romper esta carta a la esperanza.

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Buenos hijos
María Antonia San Felipe 02-12-2017 | 10:04 | 0

la-manadaSegún sus defensores José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Ángel Boza, Alfonso Jesús Cabezuelo y A. M. G. son “patanes, infantiloides, simples o primarios en sus pensamientos” y aunque tienen “comportamientos que merecen reprobación” (tres de ellos tienen condenas previas de cárcel), en realidad son “buenos hijos, algunos trabajan, otros lo intentan, están muy unidos a sus familias”. Además, todas las mañanas al salir de casa saludaban a los vecinos y hasta en alguna ocasión, siempre que no fueran en manada, ayudaban a cruzar el paso cebra a las ancianitas. Según los abogados de la defensa debe conmovernos el juicio paralelo que está habiendo en la calle y en las redes sociales. El injusto calvario está destrozando sus vidas.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a la defensa aunque los argumentos de algunos abogados de La Manada me producen escalofríos. No puedo olvidar que estos “buenos hijos”, cuando salen de cacería son unos salvajes y cuando La Manada actúa grupalmente el nivel de estupidez y de maldad crece exponencialmente. Lo que hemos escuchado a lo largo del juicio no debe olvidarse fácilmente. Los jueces tienen ahora la palabra pero socialmente, hombres y mujeres, debemos ser intolerantes con las vejaciones de cualquier tipo hacia las mujeres. Mucho más ante una violación grupal que es el punto máximo del desprecio y del sadismo de los implicados.

Esta manada de “buenos hijos” todavía se consideran inocentes porque no entienden la magnitud de su felonía. No le dieron importancia entonces ni ven ahora la gravedad de su hazaña porque, aunque según sus abogados quieren mucho a sus madres, las mujeres para ellos son un objeto de usar y tirar. Por eso la joven quedó tirada en el portal, semidesnuda, sin teléfono, aterrada y sola. Obviaron su libertad y su dignidad como persona.

Ellos actuaban según sus propios códigos que ignoran la libertad ajena, ellos ya saben lo que quieren las mujeres, las mujeres quieren hombres que les den caña. Ellas disfrutan mientras cinco animales en manada las penetran anal, vaginal y bucalmente en un portal sin ninguna contemplación, sin preservativos, sin pedir permiso porque ella, puesto que no se quejaba, consentía. De lo contrario no hubiera tenido los ojos cerrados. Los cerró porque estaba encantada. Jesús Pérez, uno de los defensores, ha preguntado al tribunal: “¿Qué mujer hace una felación con los ojos abiertos”?, mientras que el otro, Agustín Martínez, ha apostillado: “es difícil hacer una felación con los ojos abiertos”. Incluso han lamentado que no haya estadísticas para demostrar que esa es una forma de disfrute.

Al escuchar estos argumentos he recordado los pelotones de fusilamiento, seguramente el que va a ser fusilado también cierra los ojos deseando morirse de miedo antes de que lo maten. Cuando no hay salida uno cierra los ojos para no ver, para desear que todo pase cuanto antes, para llorar hacia adentro, para tragarse el desconsuelo, para huir del horror, para morirse en la angustia. Ese y no otro es el sentido de los ojos cerrados de la víctima de La Manada.

Aventurar que esa mujer tan salvajemente agredida, como hacen los defensores de La Manada, disfrutaba durante esos 17 minutos que debieron parecerle infinitos es una osadía y un desprecio hacía todas las mujeres. Nadie conoce los recovecos del alma ajena, porque como, diría Alejandra Pizarnik: “lo que pasa con el alma es que no se ve/lo que pasa con la mente es que no se ve/lo que pasa con el espíritu es que no se ve”.

Los integrantes de La Manada son unos “buenos hijos” aunque íntimamente sus madres no estén orgullosas de ellos. Solo les deseo que la condena se ajuste a la magnitud de su hazaña.

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Los otros
María Antonia San Felipe 29-09-2017 | 10:08 | 0

diada
El enfrentamiento, como arma política, genera siempre peligrosos resultados porque con el tiempo almacena un rescoldo de odio que puede convertirse en un arma de destrucción masiva. Se utiliza para enfrentar territorios e identidades y para oponer personas o colectivos pero los resultados son siempre lamentables.

          El procedimiento es sencillo. Ya sabemos que lo más fácil de agitar son las emociones porque nacen de esa parte oculta que tiene más que ver con los sentimientos que con las razones, emotividad y racionalidad no siempre van unidos. De ahí que sea más fácil apelar a la emoción que a la razón por eso nos duele más cuando nos hieren en lo sensible que cuando lo hacen, desde la argumentación, en lo que pensamos.
          Ocurre en la vida y también en política por eso es muy arriesgado jugar al enfrentamiento apelando al corazón.  En estos momentos vivimos en un continuo asalto a las emociones y, como siempre, hay quienes para autoafirmarse en los gobiernos pulsan continuamente el botón de los sentimientos identitarios para ganar voluntades para otras causas que no son las de los pueblos a los que dicen representar y defender, sino las suyas propias. Agitan las patrias porque la patria y su pasión por ella siempre ha sido un exitoso argumento para esconder grandes miserias. En realidad, el fin último siempre es el mismo: el poder. No olvidemos que el poder es ese impulso hegemónico que para evitar ser reconocido en su ambiciosa desnudez se viste con banderas. Por eso los nacionalismos, todos los nacionalismos son, en esencia, excluyentes.
          Nadie se pone en el lugar del otro y así comienza a construirse el muro de la intolerancia. El otro, el contrario, es denostado para afirmarse en lo propio, para fortalecerse en la propia idea. Los políticos escondidos tras las patrias practican este juego para fidelizar seguidores, para crear adeptos. A este coctel explosivo solo le falta un condimento, la palabra libertad. Libertad se pronuncia tan alto y se grita desde los adentros tantas veces que queda desprovista de sentido, sobre todo cuando con los hechos se cercena o niega la libertad de los otros, de los traidores que no son los míos, que no son los nuestros. Por eso los contrarios se fortalecen mutuamente en este juego infernal. Se necesitan tanto como aparentan odiarse. También reparten medallas de demócratas y títulos de fascistas, los primeros son los nuestros y los segundos los otros, da igual el bando. Los adictos gritan consignas inducidas por los patrocinadores del entuerto y ondean banderas en las calles. Muchos guardan silencio y ocultan su miedo, a veces las banderas asustan tanto como las botas de los generales. Los días pasan y nadie cede, solo la desconfianza crece.
          Habrá un día en que todos al levantar la vista no sé si veremos, como cantaba Labordeta, una tierra que ponga libertad pero si lamentaremos no haber practicado más el viejo principio revolucionario de la fraternidad. Quizás un día la fraternidad, con el abrazo de la tolerancia, destierre para siempre la supremacía de las identidades sobre las personas, sobre los ciudadanos libres e iguales en su patria y en las patrias ajenas.
          No es amarga la verdad, lo que no tiene es remedio, canta Joan Manuel Serrat y ciertamente la amarga verdad es que se ha construido una bomba repleta de soberbias que está a punto de estallar. El muro del enfrentamiento ya está concluido y las consecuencias son imprevisibles. Se llega a un punto en que la razón queda escondida en un armario, porque no se quiere convencer sino derrotar al oponente. El hijo del enfrentamiento es el odio y generarlo la prueba palmaria del fracaso. El problema es que el naufragio será de todos y la victoria de ninguno. Todavía amanece, que no es poco.

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Después de la batalla
María Antonia San Felipe 23-12-2015 | 10:43 | 0

Pues nada, los votos rebosaron las urnas con una alta participación (73,2%) y ahora la película se titula, “paisaje después de una batalla”. No hay duda de que el PP ha ganado las elecciones, aunque en la sede del partido se hace inventario detallado de desperfectos. Han perdido bastante más de tres millones y medio de votos y 63 diputados. Las urnas los han dejado malheridos y con la sonrisa de la soberbia congelada y es que, a veces, el triunfo sabe a derrota.

            En el PSOE tampoco están para muchas celebraciones, han perdido veinte diputados y millón y medio de votos. Es cierto que son la segunda fuerza pero también lo es que en grandes ciudades, como Madrid, son la cuarta fuerza política y Podemos le sigue a sólo 340. 000 votos. Sería inteligente que sus dirigentes en vez de tomar nota tomen medidas drásticas que la cuesta abajo es tan pronunciada que parece un precipicio. A Garzón con casi un millón de votos lo ha atropellado el sistema electoral, una pena para un político de raza.

Respecto a las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, han tenido un estupendo papel dinamizador de la campaña y de la sociedad española, especialmente los seguidores de Pablo Iglesias. Entrar en el parlamento español con los porcentajes que lo han hecho no es un dato despreciable para los nuevos partidos, de hecho jamás ha ocurrido desde 1977. Probablemente ninguno de los dos se siente totalmente satisfecho pero Podemos, con más de cinco millones de votos, tiene ahora una enorme responsabilidad. Administrar la confianza que han depositado en ellos y consolidarla es una tarea bastante más difícil que haberla conseguido.

Para Nochebuena, Rajoy ha pedido de urgencia a papá Noel una calculadora, un juego de magia y una inmensa sonrisa para encandilar no sólo a Albert Rivera sino a aquellos con los que nunca ha querido hablar. Si él fracasa, lo intentará Sánchez y si no, Soraya. La ecuación es complicada sobre todo porque ya hay suficiente gente poderosa interesada en decirnos que esto es un desastre, que el país es ingobernable, que la prima de riesgo sube y la bolsa baja. Insinúan que a los mercados y a los núcleos de poder no les ha gustado el resultado, por eso quieren que nos sintamos culpables. Es la única forma de justificar una gran coalición o nuevas elecciones, a ver si aprendemos y votamos a su gusto y no al nuestro. A ver si, de una vez por todas, nos enteramos de que nuestra libertad la administran ellos. Disculpen, quizás me he vuelto loca. Nos vemos con el año nuevo. ¡Feliz Navidad!

 

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Al levantar la vista
María Antonia San Felipe 07-09-2015 | 5:27 | 0

“Habrá un día en que todos/al levantar la vista/veremos una tierra/que ponga Libertad”. Esta canción de Labordeta tejió muchos sueños allá por 1975. Mientras la cantábamos las cosas cambiaban y, digan lo que digan, nos sentimos orgullosos de la reinstauración de la democracia en España. Lo cierto es que se sumaron muchos entusiasmos colectivos, esa es la razón por la que somos multitud quienes estamos estupefactos de los derroteros que ha tomado la política española. ¿Cuándo fue que se fastidió todo?, nos preguntamos. Yo creo que la respuesta es compleja pero a la vez muy simple: todo sucedió cuando nos desentendimos de participar, de sentirnos parte protagonista del sistema, cuando dejamos de vigilar lo que pasaba con la gestión de nuestros impuestos, cuando se generalizó que pasábamos de política y de políticos.

Mirábamos sin ver, oíamos sin escuchar lo que sucedía a nuestro alrededor y subidos a la ola de la burbuja económica dejamos de dar importancia al valor real de las cosas. Fue nuestro desinterés el que hizo que una parte de la clase política creyera que todo el monte era orégano y muchos espabilados fueron escalando hasta gobernar nuestros ayuntamientos, comunidades, diputaciones y ministerios. Para algunos, sobre todo en los inicios de esta democracia, la política era la forma de dar voz a la ciudadanía aunque, para otros, se convirtió en el procedimiento más rápido para forrarse y escalar socialmente. Se olvidó el carácter ocasional de la dedicación política y la provisionalidad de los puestos. La política en el interior de los partidos relegó el debate ideológico hasta convertirse en una batalla para mantenerse en un puesto público bien remunerado. El objetivo se conseguía desde la subordinación a los aparatos de los partidos, que seleccionaban candidatos por fidelidad y pago de lealtades, no por capacidad. También creció la mala hierba y algunos se dedicaron a incumplir no sólo códigos éticos, sino a bordear la delincuencia practicando la prevaricación, el tráfico de influencias y la obtención de prebendas. Así hemos llegado al punto en el que estamos.

Ahora que se llama radical a cualquiera, es bueno recordar que radical simplemente es el que va a la raíz de las cosas, a la fuente del problema. Por eso ha llegado el tiempo de ser radicales en la exigencia de responsabilidades. Cada uno debe asumir su parte: lo políticos las suyas y los ciudadanos las nuestras. No puede consentirse la corrupción pero para erradicarla hay que extirpar la cepa dañada de cuajo desde dentro de los partidos y desde la sociedad con la fuerza del voto. Además, los partidos deben cuanto antes modificar el sistema de selección de candidatos e instaurar las listas abiertas, los sistemas de control deben ser independientes y el poder judicial no puede estar intervenido por el poder político.

Hay una clase política que ha defraudado, sí, pero no todos los políticos son iguales, ni son parecidas las motivaciones para dedicarse a la función pública. Es obvio que no puede construirse un sistema democrático sin políticos. La democracia da voz al que no la tiene y nos iguala más allá de la clase social a la que se pertenezca. El problema es que la democracia se está pervirtiendo en toda Europa. Cada vez es más evidente la soberanía de los poderes económicos y de sus vasallos, por eso es imprescindible recuperar la política para ponerla al servicio de la mayoría de la población. Si algo parece que comienza a cambiar es porque una parte muy importante de la ciudadanía ha decidido volver a participar y exige una forma de ejercer la política más pegada a la calle que a los centros de influencia económica. En este nuevo tiempo se buscan políticos que tengan algo que aportar, que armonicen lo que hacen y lo que dicen, con pasión por lo común y altruismo en la dedicación. La democracia tiene errores pero secuestrarla es el mayor de los castigos para un pueblo que se quiere libre. Ha llegado el día de volver a ser protagonistas y participar. Es la hora de volver a levantar la vista para reformar nuestra democracia y consolidar nuestra libertad.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.