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Después de la batalla
María Antonia San Felipe 23-12-2015 | 10:43 | 0

Pues nada, los votos rebosaron las urnas con una alta participación (73,2%) y ahora la película se titula, “paisaje después de una batalla”. No hay duda de que el PP ha ganado las elecciones, aunque en la sede del partido se hace inventario detallado de desperfectos. Han perdido bastante más de tres millones y medio de votos y 63 diputados. Las urnas los han dejado malheridos y con la sonrisa de la soberbia congelada y es que, a veces, el triunfo sabe a derrota.

            En el PSOE tampoco están para muchas celebraciones, han perdido veinte diputados y millón y medio de votos. Es cierto que son la segunda fuerza pero también lo es que en grandes ciudades, como Madrid, son la cuarta fuerza política y Podemos le sigue a sólo 340. 000 votos. Sería inteligente que sus dirigentes en vez de tomar nota tomen medidas drásticas que la cuesta abajo es tan pronunciada que parece un precipicio. A Garzón con casi un millón de votos lo ha atropellado el sistema electoral, una pena para un político de raza.

Respecto a las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, han tenido un estupendo papel dinamizador de la campaña y de la sociedad española, especialmente los seguidores de Pablo Iglesias. Entrar en el parlamento español con los porcentajes que lo han hecho no es un dato despreciable para los nuevos partidos, de hecho jamás ha ocurrido desde 1977. Probablemente ninguno de los dos se siente totalmente satisfecho pero Podemos, con más de cinco millones de votos, tiene ahora una enorme responsabilidad. Administrar la confianza que han depositado en ellos y consolidarla es una tarea bastante más difícil que haberla conseguido.

Para Nochebuena, Rajoy ha pedido de urgencia a papá Noel una calculadora, un juego de magia y una inmensa sonrisa para encandilar no sólo a Albert Rivera sino a aquellos con los que nunca ha querido hablar. Si él fracasa, lo intentará Sánchez y si no, Soraya. La ecuación es complicada sobre todo porque ya hay suficiente gente poderosa interesada en decirnos que esto es un desastre, que el país es ingobernable, que la prima de riesgo sube y la bolsa baja. Insinúan que a los mercados y a los núcleos de poder no les ha gustado el resultado, por eso quieren que nos sintamos culpables. Es la única forma de justificar una gran coalición o nuevas elecciones, a ver si aprendemos y votamos a su gusto y no al nuestro. A ver si, de una vez por todas, nos enteramos de que nuestra libertad la administran ellos. Disculpen, quizás me he vuelto loca. Nos vemos con el año nuevo. ¡Feliz Navidad!

 

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Al levantar la vista
María Antonia San Felipe 07-09-2015 | 5:27 | 0

“Habrá un día en que todos/al levantar la vista/veremos una tierra/que ponga Libertad”. Esta canción de Labordeta tejió muchos sueños allá por 1975. Mientras la cantábamos las cosas cambiaban y, digan lo que digan, nos sentimos orgullosos de la reinstauración de la democracia en España. Lo cierto es que se sumaron muchos entusiasmos colectivos, esa es la razón por la que somos multitud quienes estamos estupefactos de los derroteros que ha tomado la política española. ¿Cuándo fue que se fastidió todo?, nos preguntamos. Yo creo que la respuesta es compleja pero a la vez muy simple: todo sucedió cuando nos desentendimos de participar, de sentirnos parte protagonista del sistema, cuando dejamos de vigilar lo que pasaba con la gestión de nuestros impuestos, cuando se generalizó que pasábamos de política y de políticos.

Mirábamos sin ver, oíamos sin escuchar lo que sucedía a nuestro alrededor y subidos a la ola de la burbuja económica dejamos de dar importancia al valor real de las cosas. Fue nuestro desinterés el que hizo que una parte de la clase política creyera que todo el monte era orégano y muchos espabilados fueron escalando hasta gobernar nuestros ayuntamientos, comunidades, diputaciones y ministerios. Para algunos, sobre todo en los inicios de esta democracia, la política era la forma de dar voz a la ciudadanía aunque, para otros, se convirtió en el procedimiento más rápido para forrarse y escalar socialmente. Se olvidó el carácter ocasional de la dedicación política y la provisionalidad de los puestos. La política en el interior de los partidos relegó el debate ideológico hasta convertirse en una batalla para mantenerse en un puesto público bien remunerado. El objetivo se conseguía desde la subordinación a los aparatos de los partidos, que seleccionaban candidatos por fidelidad y pago de lealtades, no por capacidad. También creció la mala hierba y algunos se dedicaron a incumplir no sólo códigos éticos, sino a bordear la delincuencia practicando la prevaricación, el tráfico de influencias y la obtención de prebendas. Así hemos llegado al punto en el que estamos.

Ahora que se llama radical a cualquiera, es bueno recordar que radical simplemente es el que va a la raíz de las cosas, a la fuente del problema. Por eso ha llegado el tiempo de ser radicales en la exigencia de responsabilidades. Cada uno debe asumir su parte: lo políticos las suyas y los ciudadanos las nuestras. No puede consentirse la corrupción pero para erradicarla hay que extirpar la cepa dañada de cuajo desde dentro de los partidos y desde la sociedad con la fuerza del voto. Además, los partidos deben cuanto antes modificar el sistema de selección de candidatos e instaurar las listas abiertas, los sistemas de control deben ser independientes y el poder judicial no puede estar intervenido por el poder político.

Hay una clase política que ha defraudado, sí, pero no todos los políticos son iguales, ni son parecidas las motivaciones para dedicarse a la función pública. Es obvio que no puede construirse un sistema democrático sin políticos. La democracia da voz al que no la tiene y nos iguala más allá de la clase social a la que se pertenezca. El problema es que la democracia se está pervirtiendo en toda Europa. Cada vez es más evidente la soberanía de los poderes económicos y de sus vasallos, por eso es imprescindible recuperar la política para ponerla al servicio de la mayoría de la población. Si algo parece que comienza a cambiar es porque una parte muy importante de la ciudadanía ha decidido volver a participar y exige una forma de ejercer la política más pegada a la calle que a los centros de influencia económica. En este nuevo tiempo se buscan políticos que tengan algo que aportar, que armonicen lo que hacen y lo que dicen, con pasión por lo común y altruismo en la dedicación. La democracia tiene errores pero secuestrarla es el mayor de los castigos para un pueblo que se quiere libre. Ha llegado el día de volver a ser protagonistas y participar. Es la hora de volver a levantar la vista para reformar nuestra democracia y consolidar nuestra libertad.

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Magos y economistas
María Antonia San Felipe 04-04-2015 | 9:50 | 0

Desde la antigüedad los trucos de magia han fascinado al pueblo, a lo largo de la historia las plazas y los teatros se han llenado para contemplar a magos e ilusionistas. No es de extrañar que estos días, recién convocadas las elecciones municipales y autonómicas, se observe en la plaza pública que es España una dura competición para tratar de captar nuestra atención. La televisión y las nuevas tecnologías son hoy los nuevos territorios disputados por los partidos políticos para seducirnos con su magia, es decir,  para tratar de ocultar con deslumbrantes artificios bien la falta de ideas o bien los desastres que su acción política ha ocasionado en nuestro frágil estado del bienestar.

           En el preámbulo de la Semana Santa, Esperanza Aguirre ha tuiteado la noticia del fichaje de un economista estrella que trabaja en la City londinense. Parece que la nueva moda para tratar de conseguir credibilidad pasa por sustituir a políticos que llevan lustros sin bajarse del coche oficial por economistas de relumbrón. No seré yo quien discuta su sabiduría pero si puedo constatar que ninguno de ellos advirtió la que se nos venía encima y eso que ya había precedentes de crisis salvajes en la historia del capitalismo occidental.

            Por eso estos días al ver como todos los partidos, los viejos y los nuevos, tratan de sacar lustre a sus idearios políticos para mostrarnos su mejor cara, no he podido dejar de recordar a aquel viejo sabio, economista y escritor, José Luis Sampedro, que con tanta lucidez nos advertía de que el modelo económico globalizado había puesto el poder económico por encima de un poder político que no estaba poniendo límites al primero, ni eliminando paraísos fiscales ni haciendo nada para tratar de equilibrar la voracidad especulativa de quien se considera impune porque impone las reglas a una clase política a su servicio. La economía gana la guerra por incomparecencia de nuestros representantes en el campo de batalla para tratar de frenar su devastador poder. Es la verdadera política con mayúsculas, la que tiene la obligación de proteger a los pueblos, a la mayoría de la ciudadanía. Si José Luis Sampedro decía que “hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”, habría que tener claro que políticos sólo debieran llamarse los que buscan mejorar la vida de la mayoría, no la suya y las de sus amigos. Aunque como también decía Sampedro, “gobernar a base de miedo es eficacísimo” y en los últimos tiempos hemos sido gobernados desde el miedo. Nos han hecho creer que sin los recortes sociales impuestos todavía estaríamos mucho peor y así poco a poco hemos consentido un retroceso evidente en nuestros derechos. Hemos puesto al zorro a guardar a las gallinas y a punto estamos de ser desplumados.

         Si la libertad es el principal atributo del hombre está claro que en la sociedad actual no es fácil ejercerla. Cinco millones de parados no pueden elegir; cientos de jóvenes científicos o un trabajador que cobra 600 euros, tampoco. Con la aprobación de la nueva Ley Mordaza ni siquiera podremos protestar. Así que sólo hay una salida y pasa por devolver a la política la capacidad de limitar los excesos de ese capitalismo salvaje que ha hundido la esencia de la democracia que se basa en la capacidad de decisión de los pueblos como suma de la libertad individual del conjunto de la ciudadanía. Por eso más que economistas de postín, que protegen a tiburones de la especulación y que viven alejados de los efectos devastadores que la desigualdad económica genera en la sociedad, necesitamos políticos con el talento y altruismo suficientes para ser capaces de anteponer el compromiso social al interés particular y a la propia ambición. Saquen la lupa porque vamos a tener que ponernos a buscar personas con esas cualidades si queremos evitar que, con la excusa de la crisis, nos roben la libertad.

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El tanque
María Antonia San Felipe 21-12-2013 | 11:59 | 0

 
“Clamé al cielo, y no me oyó.
Mas, si sus puertas me cierra,
de mis pasos en la Tierra
responda el cielo, no yo”

           Tomo prestados estos versos de Zorrilla porque ilustran a la perfección la enorme decepción que habita en la inmensa mayoría de los españoles. Me explico, digamos que, por diferentes razones que don Juan Tenorio, nos sentimos totalmente ninguneados por nuestros dirigentes. Clamó al cielo don Juan como nosotros clamamos a nuestro gobierno, supuestamente democrático, sin éxito alguno. Hay una mayoría de españoles totalmente decepcionada con lo que está ocurriendo y que pide a gritos que se frene el evidente deterioro del sistema educativo, los crecientes obstáculos para acceder a la educación en condiciones de igualdad, los recortes de medios humanos y materiales en la sanidad pública o en la atención a personas dependientes. Nuestros científicos piden recursos para los programas de investigación que pueden ser la base de nuestro futuro, la calle pide un poco de sensibilidad para no agravar más las penurias que pasan las familias sin recursos que pueden quedarse sin luz, sin agua o sin gas en pleno invierno. Se pide que, de una vez por todas, se ponga en marcha el tantas veces anunciando plan de choque para frenar el desempleo juvenil y se exigen medidas que palien la creciente pobreza y el imparable incremento de los sin techo, sin hogar, sin esperanza y sin futuro. Por mucho que clamamos, no hay respuesta.

           Tampoco la hay para esa enfermedad que carcome nuestro sistema político e institucional: la corrupción. Cada día un nuevo episodio engrosa la larga lista de saqueos del dinero público. Los bandoleros han estado apostados por todo el territorio nacional, de norte a sur y de este a oeste, incluidos esos lugares que claman ahora la independencia, habrán pensado que así gozarán de más libertad de movimientos para el reparto del botín. El nuevo episodio conocido da para filmar una nueva versión de la película, “el pisito”, protagonizada por el presidente de la Comunidad de Madrid, el heredero de la singular Esperanza. Las medidas adoptadas contra la corrupción son simplemente de olfato, es decir, se compra un poco de colonia y se esparce por la zona saqueada para evitar que el olor putrefacto incomode a los bandoleros.

          Estas son las cosas que claman al cielo y que exige la gente, no descubro nada nuevo. Pero ¿qué hace el gobierno? Pues en vez de escuchar alguna de nuestras demandas, en vez de sentirse próximo al clamor popular, ha decidido tomar la calle antes de que nos echemos a ella. La nueva ley de seguridad ciudadana no sólo es un retroceso en las libertades públicas y en el ejercicio de nuestros derechos civiles,  sino un viaje al pasado, a la época de los grises y de las porras, al miedo a la represión, al amedrentamiento para que no se ejerza la libertad de protestar ni de manifestar opiniones sin la tutela del poder. Por si fuera poco, en un despropósito sin precedentes, hasta los vigilantes jurados podrán detener ciudadanos. Tanto exceso de celo por parte de este nuevo guardián del orden público que es el ministro del Interior, es preocupante e insultante en una democracia no tutelada. Pues bien, en vez de comprar una fumigadora contra corruptos, Fernández Díaz ha decidido dotar a la policía de una especie de tanque que lanza chorros de agua a fuerte presión, para que llueva a cántaros sobre nuestra libertad en vez de sobre sus miserias. Nadie ha pedido esta ley pero nos la van a obsequiar como regalo de reyes. Ellos no comparten nuestros clamores pero, por si acaso, se están preparando para que nuestro malestar no les coja por sorpresa.

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El mal olor
María Antonia San Felipe 23-11-2013 | 12:00 | 0

 

           

           La basura ha sido retirada, pero el hedor persiste. Pese al uso continuado de ambientadores no se consigue eliminar el mal olor y peor sabor de boca que la huelga de recogida de basuras de Madrid ha dejado en el despacho de la alcaldesa, Ana Botella. Los trabajadores han conseguido frenar los despidos aun a costa de parte de sus retribuciones y derechos, pero su lucha no solo ha frenado el desastre social y de gestión que se avecinaba por una contratación municipal que no preservaba la prestación a los madrileños de un servicio público como merece la capital de España. El manirroto Ruiz Gallardón, causante del despilfarro que ha incrementado estratosféricamente la deuda de Madrid, ha felicitado hipócritamente a Ana Botella,  pero lo cierto es que el regusto que ha quedado es más de amargura que de triunfo. La gestión del conflicto por su parte no pudo resultar más penosa, pero también más acorde a su concepción de la gestión pública. En primer lugar, como Pilatos eludieron la responsabilidad y la derivaron a empresas y trabajadores. Cuando el conflicto subía de tono y las toneladas de basura se acumulaban, intentaron desacreditar a los trabajadores culpándolos de echar por tierra la imagen de Madrid y de perjudicar a los madrileños. La denigrante propaganda contra los trabajadores no dio los resultados esperados porque en los ciudadanos de Madrid y de toda España germinó mayoritariamente una semilla de comprensión y un sentimiento de solidaridad que se volvió contra una clase política tan incompetente como irresponsable. ¿Cuáles son las causas, de este error de cálculo de Ana Botella y su equipo? La respuesta es bien sencilla, ellos viven al margen de la realidad cotidiana de los hogares españoles en los que el temor a perder el trabajo, estable o precario, aunque diga lo contrario el ministro de Guindos, es tan grande que todo el mundo se pone en la piel del posible despedido y genera una simpatía inmediata con las víctimas propiciatorias de esta crisis que somos todos los trabajadores.

            Cuando finalizó el conflicto recordé la huelga conocida como “la Canadiense” en la que se obtuvo en España la jornada de ocho horas. Fue en 1919 y la razón de su éxito fue la solidaridad con cinco trabajadores, inicialmente despedidos, que precipitó una escalada de adhesiones que paralizó Barcelona. Salvando las distancias, los gobiernos debieran comenzar a tomar nota. Esta huelga ha devuelto a muchos la esperanza de que, no todo, es tan inevitable como nos cuentan, que hay margen para frenar tantos desmanes contra los derechos y la dignidad de los trabajadores. Hay más formas de salir de la crisis y no sólo la de la ley del embudo que nos están aplicando. Los datos son estremecedores, según el INE los ingresos de los hogares españoles han descendido a niveles de 2006, aunque los precios no se han frenado. Los ciudadanos se organizan solidariamente alrededor del Banco de Alimentos, Cáritas, la Plataforma Antidesahucios y otras instituciones para ayudar a los miles de hogares por cuya puerta ya no entra el salario sino la pobreza. Yo confío en que esta huelga marque el fin de la resignación y sepamos variar el horizonte de nuestro destino. De momento, el tanteo de goles va a favor de un gobierno cuyo balance de dos años es desolador y que, no contentos con saquear nuestros derechos, están planeando ahora amordazarnos. En boca cerrada ni entran moscas ni salen palabras que griten la verdad y para eso nada mejor que una ley de Seguridad Ciudadana que impone multas y sanciones exorbitantes para quienes se manifiestan, protestan y luchan por preservar sus derechos. Dicen que lo hacen para salvaguardar nuestra libertad, yo creo que es para que no les molesten nuestros gritos pidiendo trabajo, justicia y dignidad. Ellos se están protegiendo pero yo me pregunto, ¿a nosotros quién nos protege de su incompetencia?

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.