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Merkel

El pecador, la mamá y el rey
María Antonia San Felipe 28-09-2013 | 9:24 | 0

         

           El hombre que calza las sandalias del pescador en su calidad de sucesor de Pedro, ha confesado, urbi et orbi, que él simplemente es un pecador. Seguramente no hay mayor grandeza en el ser humano que analizarse a sí mismo, con más crudeza que lo haría un enemigo, y luego reconocer la debilidad para ser consecuente con lo que se cree y coherente con lo que se hace. Por eso, la sinceridad de este Papa, ¡me encanta! Lo confieso abiertamente. ¿Qué autoridad mundial, en este universo falso e hipócrita en el que vivimos, aparece ante sus seguidores para confesar que él es tan vulnerable como el resto de los mortales? En España no hay gobernante que lo haga porque consideran que confesar errores y mostrarse débiles les resta autoridad y liderazgo, probablemente porque nunca lo tuvieron. Yo creo todo lo contrario, sólo la verdad aproxima al pueblo y eso es lo que ha conseguido el papa Francisco en su última entrevista que ha dado la vuelta al mundo. Su confesión ha suscitado la complicidad y la comprensión de millones de fieles que tratan de ver en él las esencias básicas del cristianismo primitivo, el que encarnó el propio Jesucristo y del que muchos creen que se ha ido alejando la Iglesia católica en su afán de abrillantar el cetro del poder con la dominación ideológica ejercida durante siglos. Hay más grandeza humana en aquellos que han sido injustamente señalados por el dedo acusador de la tradición católica como pecadores, que en muchos que aparentan ser santos en público, asistiendo a misas y procesiones, pero jamás hacen nada por los que están sufriendo a su alrededor.

            La propuesta del nuevo papa de que la Iglesia debe abrir nuevos caminos por los que transitar en vez de hablar sólo de la homosexualidad, el aborto o el uso de los anticonceptivos habrá levantado ampollas en algunos sectores y a más de uno en la Curia le habrá subido la tensión, el colesterol y hasta la bilirrubina. Seguro que sus palabras han encontrado más eco en los sacerdotes que ejercen sus funciones en barrios marginales, en las misiones, entre las monjas de los hospitales de África o entre los que atienden a españoles víctimas de la crisis en las filas de Cáritas. No sé, ya veremos lo que ocurre con este Papa que confiesa que es un pecador y que no es de derechas. Ya saben que los malos nunca descansan y que él tiene al enemigo dentro de casa, un accidente casual puede ser mortal, así que desde aquí, le deseo larga vida al Papa.

          Si Francisco es un hombre normal, un pecador con sotana, ¿qué me dicen de doña Angela Merkel, la nueva emperadora de Europa, a la que los alemanes llaman mamá? Ahí estaba, tan parecida a cualquier ama de casa haciendo la compra en el supermercado dos días antes de obtener más del 42% de los votos. Terminó la compra y se fue a dar un mitin a Hannover. Todo normal y sencillo, sin estridencias. No pienso como ella, es más, espero que rectifique por el bien de España, pero le reconozco el mérito y el valor. En España se hubiera montado un acto electoral en el supermercado con cientos de cámaras de televisión y de periodistas para lograr una instantánea, seguramente ficticia. Esa es la diferencia, los políticos de raza no se consideran superiores al resto de la gente por administrar un cargo público en su nombre y por eso ganan credibilidad y elecciones. En España, sin embargo, nos gusta mucho aparentar lo que no somos y muchos creen acceder a un puestito político les hace más listos que a los vecinos. Así nos va.

          En nuestro patio, esta semana la noticia es la cadera del Rey. Aunque la dolencia mejora, la imagen de la monarquía se fractura. Si al perro flaco todo son pulgas, al Rey sólo le faltaba la infección de cadera, con la credibilidad en horas bajas, la corrupción instalada en el salón de palacio y la Reina triste por lo que todos sabemos. El terreno es propicio a los rumores que estos días se disparan. Las posiciones se enfrentan entre partidarios de abdicación, regencia o república. La monarquía, como España, atraviesa horas tan bajas que nadie ve cerca la remontada.

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La guerra y el monte Calvario
María Antonia San Felipe 06-04-2012 | 11:48 | 0

Pasada la jornada de huelga nos encaminamos inexorablemente a la semana de pasión y no hay duda de que el vía crucis comenzó a buena hora. Los presupuestos largamente  reclamados por Europa y celosamente guardados hasta que pasaran las elecciones andaluzas nos han sido por fin desvelados a los ciudadanitos de a pie, aunque los detalles ya habían sido anticipados a un agente que la canciller Merkel envió a España para comprobar si nuestro país se desmandaba o cumplía con el sacrificio impuesto. Previamente, el ministro alemán de Finanzas declaró que la huelga del día 29 de marzo no había tenido suficiente éxito como para frenar las reformas programadas. En otros tiempos alguien le hubiera dicho a este señor:
– Oiga, ¿por qué no se mete usted en sus asuntos?

Sin embargo hoy, al borde del precipicio y con el vértigo que produce la altura del mismo, nos hemos congratulado sumisamente de que la presidenta de Europa, nuestra querida Angela, nos enviara a un representante de cuarta fila de su partido para comprobar si estábamos todos en posición de firmes dispuestos a cumplir sus órdenes y a digerir sacrificios. Digamos que la presidenta Merkel, después de que hablara su general, el ministro de Finanzas, envió a un sargento a pasar revista.
Rajoy ha tomado estos días una buena dosis de aceite de ricino y lo ha hecho en proporciones semejantes a las que en su día tomó Zapatero. Independientemente de que la huelga fuera más o menos exitosa, el rechazo social a la reforma laboral es mayor del que reflejan las cifras de los que secundaron la huelga. Hay mucho miedo y desaliento entre los que ven que su trabajo no vale nada, que pueden ser puestos de patitas en la calle sin previo aviso y, además, conviven con amigos o familiares en paro. En Andalucía los ciudadanos no han otorgado al gobierno el refrendo que esperaba y ello ha supuesto otro ácido trago para Rajoy. Aunque el gobierno proclama que la huelga ha sido un descalabro sindical y las elecciones andaluzas un éxito histórico para el PP, podemos resumir que jamás un fracaso tan deseado y la proclamación de un éxito resultaron tan amargos para un líder político.

Hay que reconocer que nada de esto reconforta al ciudadano ya que nuestros problemas persisten y vamos viendo cómo cada dato presupuestario que nos van contando, supone un nuevo latigazo sobre nuestras espaldas sin que veamos a nuestro alrededor ningún cirineo que nos socorra y nos ayude a llevar la cruz en un camino que va a resultar bastante más largo y duro de lo que parece. El camino al monte Calvario es el que hemos realizado hasta hoy pero no olvidemos que nos queda todavía el capítulo de la crucifixión y a ése todavía no hemos llegado. Tras el anuncio de las medidas presupuestarias y el reconocimiento de que la deuda va a rozar el 80% del Producto Interior Bruto, la bolsa se ha desplomado y la subasta del Tesoro se ha colocado a mayor tipo de interés. A mi modesto entender esto significa dos cosas: que dudan de nuestra capacidad para hacer frente a las obligaciones contraídas y que no han quedado suficientemente satisfechos con el recorte presupuestario. Por tanto, no olviden que, cuando nos tengan ya clavados en la cruz, nos ofrecerán un nuevo vaso de vinagre para beber y nos lo tendremos que tragar como nos vamos a zampar una intolerable amnistía fiscal a los que se han reído de todos nosotros defraudando o evadiendo capital y luego se tienen por buenos españoles, muchos de ellos ricos y famosos. Por si todo ello no fuera suficientemente insufrible, nos dicen que son unos presupuestos de guerra y efectivamente lo son. Nos han declarado la guerra a los trabajadores, a los funcionarios, a los autónomos, a los pequeños empresarios y a todo el que vive del sudor de su frente y además constata que hace tiempo que le toman por el pito del sereno.

 

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El invierno de Europa
María Antonia San Felipe 09-12-2011 | 10:01 | 0

 

      Los datos son incuestionables: “La brecha entre ricos y pobres se dispara al nivel más alto en 30 años”. En España, la desigualdad se ha incrementado claramente en los últimos dos años y está por encima de la media de la OCDE. Es indiscutible que el período de expansión económica más largo de los últimos tiempos no sólo no ha servido para hacernos más iguales sino que, al desembocar en esta Gran Recesión económica o Gran Depresión colectiva (porque deprimidos es lo que estamos), corremos el riesgo de igualarnos cada vez más cantidad de población por la parte baja de la tabla y no es descartable que lo único que quede homogéneamente repartido sea la exclusión social de una gran parte de la pirámide poblacional. Si, como enseñan los economistas, a un período de expansión sigue otro período de recesión de duración semejante en el tiempo, todo indica que para rato tenemos caldo. Claro que como dicen los ancianos del lugar, “pa recesión, hija, los años cuarenta y la cartilla de racionamiento”.
 
      No me quiero poner tétrica pero mientras nuestra actividad cotidiana se dispersa entre los sucesivos ojos de este largo puente constitucional, los parteros, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, preparan el  alumbramiento de lo que se nos anuncia como la nueva Europa. A su nacimiento en Marsella asisten muchos invitados, pero tanto si son jefes de gobierno como jefes de estado, en realidad son sólo eso, invitados al magno acontecimiento cuya principal contribución parece que va a consistir, única y exclusivamente, en asentir al pacto bilateral fraguado entre ambos mandatarios que ya se han convertido, por arte de birlibirloque, en los nuestros. El mismo poder de influencia parecen tener el presidente de la Comisión, Durao Barroso, el presidente del Eurogrupo, Juncker y por supuesto el primero y flamante presidente del Consejo de Europa, Van Rompuy. Confío en que ninguno se rompa el espinazo en las reverencias ante la todopoderosa alemana.

      Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los gobiernos de la periferia europea comienzan a parecer simples delegados especiales de Merkel y Sarkozy en las colonias exteriores. Aunque es prácticamente Angela Merkel quien impone la disciplina y el nivel de sacrificio que debe tener cada territorio. Acabamos de festejar el 33 aniversario de nuestra Constitución, amémosla mientras podamos, porque su reforma nos ha sido infligida in extremis y aceptada por PP y PSOE, sin rechistar, para obtener la contrapartida de que el Banco Central europeo no nos abandone en la crisis de nuestra deuda soberana. Si Merkel estornuda o frunce el cejo, al hablar de la cumbre europea, las bolsas bajan sin remedio y la fiebre le sube a nuestra deuda de forma inmediata. Los ciudadanos comenzamos a aceptar estos cambios y los que van a venir con resignada paciencia y sólo el miedo y las incertidumbres hacen comprensibles nuestra docilidad. No olvidemos que el miedo ha sido históricamente el elemento esencial que ha alimentado y fortalecido a esa minoría de poderosos, de verdaderos poderosos, que termina por dominarnos a la mayoría social. Ya saben, ¡el dinero siempre el dinero!

      En fin, hubo un tiempo en que mirar a Europa alentaba ilusiones de incremento de los derechos y de reducción de la desigualdad, estamos mejor que el tercer mundo, de acuerdo, pero la esencia sobre la que se construye la nueva Europa tiene que ver no sólo con pérdidas de soberanía, que ya está cedida en muchas materias, sino con riesgos de mayores déficit democráticos y con retrocesos en derechos largamente luchados antes de ser conquistados. Ya saben, dentro de nada llegará el invierno, el invierno de Europa, pero no lo duden, nos los venderán como una primavera.

 

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