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Sobreviviremos
María Antonia San Felipe 19-05-2018 | 8:00 | 0

quim-torraAl fin, en Cataluña hay president. Es éste un hecho cierto aunque todo indica que a la Generalitat no ha llegado todavía el sentido común. A la biografía de Quim Torra le precede su adscripción a la xenofobia y al supremacismo, ideologías excluyentes y parafascistas que dan mucho miedo. A mí, al menos, no me tranquiliza que en uno de los momentos más complicados de nuestra historia reciente llegue a presidir el autogobierno catalán un tipo que ha hecho del insulto racista su bandera. No sólo se ha elegido a un títere a las órdenes, no de los electores, sino de otro títere designado en su día por un Artur Mas rodeado de corrupción y de fracasos. El nuevo president ha dejado claro que no pretende serlo de todos sino de una parte a la que le están falseando la realidad. La cosa ha comenzado fatal.

Los independentistas, nacionalistas de derechas, de izquierdas o antisistemas, envueltos en contradicciones inexplicables y en una realidad paralela, han elegido a un gobernante peligroso incluso para sus propios intereses. Sus obsesiones no obedecen a las aspiraciones de la totalidad de los catalanes sino a un misterio profético que les salvará de la “crisis humanitaria” en la que dicen vivir. Torra no está al servicio de la ciudadanía catalana en su conjunto, sino a las órdenes del expresident Carles Puigdemont, que prometió liberar a su país de la opresión pero huyó sin atreverse a culminar el desafío de la República catalana. Siempre he desconfiado de los patriotas que se esconden tras las banderas y se olvidan de las personas.

¡Qué fácil es pervertir el lenguaje! Hablar de democracia y olvidar a más de la mitad de tu propio pueblo, hablar del derecho a decidir e ignorar el derecho a pensar distinto. En fin, es difícil pasar de lo abstracto a lo concreto, de verbalizar palabras grandilocuentes a mejorar la vida cotidiana, de proclamar lealtades inquebrantables a ponerse al servicio de los ciudadanos.

A Quim Torra pueden ocurrirle dos cosas a partir de ahora: que quede preso de su obediencia al prófugo que vive en Alemania o que el poder nuble, todavía más, los confines de su inteligencia. Todo es posible en aquellos políticos que se creen predestinados para culminar mandatos que el pueblo soberano no les ha encomendado. En este caso, la sentencia de las urnas nunca fue proclamar la independencia por mucho que hayan ganado las elecciones. El diputado de los Comunes, Xavier Domènech, le formuló a Torra una pregunta cuya respuesta hubiera sido interesante conocer:

“-¿Qué piensa usted de los españoles? Porque entonces sabremos qué piensa de Catalunya. Un 70% de catalanes se sienten también españoles en mayor o menor medida” (…) Si yo hubiese hecho los tuits que usted publicó, -añadió- no me atrevería a presentarme como candidato a presidir la Generalitat; un país dividido contra sí mismo es un país que no puede subsistir”.

No hubo contestación, por eso es evidente que Quim Torra será a partir de ahora, dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Sus palabras son los insultos, su silencio proclama que no tiene un proyecto que compartir, no pretende restablecer la convivencia entre todos los catalanes sino continuar con el desafío. Veremos.
En Cataluña la ciudadanía está partida, rota y desolada, son más los que no ven el futuro con esperanza. En el resto de España, el hartazgo nos lleva por el territorio del olvido. Es decir, estamos del procés hasta el moño. La miopía de este nuevo líder del procesismo es infinita porque siendo grave el desafío al estado, no lo es menos la factura social, soterrada o explícita, que en Cataluña se ha producido.

Creo que el gobierno de Rajoy está pagando sus propios errores, que no son pocos ni pequeños, pero tarde o temprano los independentistas, ahora envalentonados, pagarán los suyos. No soy muy optimista sobre la duración de esta locura pero tengo claro que Rajoy, pasará; Puigdemont, pasará; Torra, pasará y España y Cataluña les sobrevivirán.

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El entierro
María Antonia San Felipe 12-05-2018 | 7:37 | 0

eta¿En qué lugar de la historia se ocultarán las mentiras? ¿Cómo interpretará el tiempo las palabras que construyen los engaños? Estas cosas me vinieron a la mente escuchando el último comunicado de ETA. De nuevo, quienes justifican la violencia como forma de participación política vuelven a transitar por el sendero de la infamia, a persistir en la falsificación de una realidad vergonzosa y vergonzante para ellos.

ETA está derrotada, fue derrotada hace tiempo, el 20 de octubre de 2011 se rindió sin conseguir ni uno solo de sus objetivos. La semana pasada, intentando cambiar la historia, anunció “el final de su trayectoria” dando “por concluidos el ciclo histórico y la función de la Organización” (sic). ¡Cuánto cinismo! Si alguien ha cursado un máster de obscenidad en el último medio siglo han sido los ideólogos de la banda terrorista ETA. Su aportación a la historia se resume fácilmente, terror y muerte. Ese es su histórico balance. La muerte y el dolor multiplicados exponencialmente desde la crueldad. Una aportación demasiado tétrica como para olvidarla tras la nueva representación teatral que han montado en el sur de Francia.

Además de muerte su otra aportación a la historia no es menos inquietante, se llama terror y miedo. Con ambos instrumentos y la complicidad de quienes les apoyaban, exculpaban o banalizaban su violencia, sus extorsiones y sus amenazas llenaron Euskadi y Navarra de alambradas invisibles que recorrían las calles y circundaban las plazas. Con mensajes subrepticios, silenciosos o explícitos del tipo: “sabemos cómo piensas”, “sabemos dónde vives”, “conocemos a tus hijos” crearon un clima sórdido e irrespirable. Sin elecciones se proclamaron intérpretes de las aspiraciones de los vascos, la disidencia suponía un tiro en la nuca, una extorsión, el repudio de los vecinos… Un manto de silencio y plomo cubrió sus acciones y en torno a los hogares de los señalados con su dedo totalitario se levantaron unas alambradas que sitiaban su libertad. Eran invisibles pero eran reales, las malditas alambradas las levantaba el miedo.

Durante años muchos vivieron amedrentados, incluso habiendo luchado por la libertad solo podían ejercerla en el limitado recinto de su domicilio detrás de la alambrada. Porque al otro lado muchos fingían que no veían, no sabían, no escuchaban. Toda excusa era buena para no afrontar la dura realidad, la complicidad con quienes habían levantado esos muros de aislamiento que sitiaban a las víctimas de la intimidación infligida por los delatores y mensajeros de los pistoleros. Llenaron España de dolor y Euskadi y Navarra, de alambradas. Muchos se sintieron, ya lo dije hace tiempo, como en el Niño con el pijama de rayas. El niño alemán limpio y sonriente ve, al otro lado de la alambrada, al niño judío sucio y con hambre, con la diferencia de que éste no puede traspasar la valla del terror que le mata lentamente como a un perro solitario.

La quiebra de la convivencia alimentada por los etarras y sus cómplices es el otro “mérito histórico” de la banda que todavía perdura en muchos pueblos vasconavarros. Este es el reto de los próximos tiempos. Algunos ya han comenzado a reconocer sus propios errores, otros no. Tímidamente la Iglesia católica ha pedido perdón por sus “complicidades, ambigüedades y omisiones”. Es un modo de comenzar, no debemos renunciar a la esperanza.

Durante años hemos acompañado a las víctimas en su dolor, hemos sufrido con las infamias que recibieron, hemos asistido solidariamente a sus funerales y hemos llorado a sus muertos. Desde ese dolor incalculable les recordaremos siempre. Sabemos que cuando termina un funeral solo pervive el dolor. El pasado 3 de mayo de 2018 vimos pasar ante nuestros ojos el cadáver de ETA, querían engañarnos pero su olor delataba que hacía tiempo que había muerto. En el funeral no hubo flores solo el desprecio lo cubrió por completo. Por primera vez no sentí dolor en un entierro.

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Tiempos de incertidumbre
María Antonia San Felipe 12-11-2016 | 8:00 | 0

           Noto que un suspiro agrio me estremece desde lo más hondo, es la certeza de que no queda esperanza. Hay más posibilidades de que el mundo empeore que de lo  contrario. Estas cosas ocurren cuando el miedo arraiga y la gente al asomarse al día siguiente a la ventana no distingue el sol en la línea del horizonte. Donald Trump ha alcanzado su sueño y ha sido votado por millones de americanos lo cual resulta perturbador y desconcertante. Cuando pase el tiempo la historia nos contará las hazañas de este bufón ignorante y pendenciero que va a dirigir la política exterior del país más poderoso del mundo sin saber situar en el mapamundi al resto de naciones de la tierra. 
             No duden que la mayoría social que lo ha votado va a ser la principal perjudicada por su acción de gobierno y si no, al tiempo. Un millonario es un millonario aunque se disfrace de revolucionario. Coincido con Noam Chomsky en que la popularidad de Trump y la buena acogida de su incendiario discurso son el resultado de una sociedad quebrada por el neoliberalismo que vive instalada en el temor al futuro.  El origen está en las llamadas ‘medidas globalizadoras’ neoliberales que fueron diseñadas para poner a la clase trabajadora en competencia a nivel global. Las políticas de los últimos años han producido una bajada de los salarios y un empobrecimiento creciente de la mayoría social. Mientras se asegura la protección de las élites, se desampara a la clase trabajadora. La eterna rueda del destino que cíclicamente destruye lo conseguido.
           En los últimos años la clase política tradicional a la que pertenece Hillary Clinton, al igual que la que gobierna Europa, ha vivido de espaldas a la problemática cotidiana de sus ciudadanos y ello alienta el surgimiento de líderes y partidos ultranacionalistas y xenófobos que con recetas preñadas de simpleza alimentan los odios y los instintos viscerales. Hay motivos para la preocupación no sólo por lo que haga o deje de hacer Trump, el bufón de América, sino porque en los últimos años en Europa se han arruinado sus mayores logros desde la Segunda Guerra Mundial: democracias fuertes y un estado del bienestar que protegía a la mayoría.
             Visto lo ocurrido en EEUU algunos deben poner las barbas a remojar y muchos políticos debieran ponerse a pensar más en las generaciones venideras y menos en sus sillones. La ultraderecha está feliz y al acecho tras la estela de Trump. No es de extrañar porque, a veces, no hay que ganar sino dejar que el otro pierda. No olvidemos que el triunfo de Trump, un espontáneo de la política, es el desplome de Hillary Clinton, una profesional del establishment, que no ha podido conectar con el electorado demócrata ni con los jóvenes algo que quizás su oponente Bernie Sanders pudo haber conseguido. Clinton ha tenido 6,5 millones de apoyos menos que Obama en su victoria de 2012 y Trump va a ser presidente con 59,3 millones de votos, es decir, menos que John McCain (59,9 millones en 2008) y Mitt Romney (60,9 millones en 2012).
            Ni Clinton ni los presidentes europeos, ni los líderes de la oposición son conscientes de que la desafección ciudadana hacia la política tradicional es el resultado de sus propios errores. En Europa todos han aplicado la misma política económica sin contrapesos sociales que amortiguaran su impacto. Receta única a problemas diversos y complejos. La mayoría de la clase política europea, conservadores y socialdemócratas, han defendido iguales medidas. Además de agredir a sus votantes no han sabido generar esperanzas, muy al contrario, nos han enseñado que nuestros hijos vivirán peor y los nietos no quiero ni pensarlo.
              El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín y se iniciaba un tiempo de esperanzas. El 9 de noviembre de 2016 un personaje, tan adinerado como ignorante, llegaba a la Casablanca. Cuando llame a Vladimir Putin se levantarán nuevos muros, se abrirá el tiempo de la incertidumbre y resurgirá la intolerancia.

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Asesinos
María Antonia San Felipe 30-07-2016 | 7:52 | 0

Este verano está siendo especialmente sangriento en Europa y… lejos de ella. Los terroristas del DAESH hace tiempo que practican una guerra que han internacionalizado con tanta crueldad como destreza. Utilizan métodos de propaganda impactantes que amplifican su propia capacidad destructiva por la brutalidad de sus acciones. Hace tiempo que Europa se siente consternada, atacada en una guerra no convencional que no ha sido oficialmente declarada pues el autodenominado Estado Islámico no existe. Es cierto, no obstante, que ese ente actúa como organización armada y aglutina en torno a él todo el descontento y el fanatismo extremista de sus adeptos cada vez más numerosos y de muy variadas nacionalidades.
El tipo de acciones que promueve evidencia que la violencia extrema e irracional, la que produce un miedo paralizante al tiempo que conmueve por la crueldad empleada con las víctimas, es la esencia de su propia existencia y la forma de prolongar su propia supervivencia.
La brutalidad, por ejemplo del atentado de Niza, arrollando a una población indefensa y tranquila que disfrutaba de su fiesta nacional es difícil imaginar incluso en la literatura de ficción. Pero ocurrió. Los ecos de la Marsellesa todavía retumbaban en los oídos de los franceses cuando el yihadista decidió asesinar a quienes festejaban el 14 de julio. Todavía reciente la conmoción, los atentados se sucedieron en Alemania, en Kabul y de nuevo en Francia con el asesinato del anciano sacerdote católico que oficiaba misa en la iglesia Saint Etienne du Rouvray (Normandía). La atrocidad del degollamiento de Jaques Hamel, de 86 años, no deja lugar a dudas de la irracionalidad salvaje de esta organización terrorista. Si no hay idea que pueda justificar ninguna muerte mucho menos la violencia extrema, sádica y atroz puede engrandecer ideología o propósito alguno.
 El primer atentado se produce el día en que los ciudadanos franceses actualizan el lema básico de la Francia republicana: Libertad, Igualdad, Fraternidad. El segundo, el asesinato del sacerdote católico, grabado para su difusión, es un ataque a otro derecho básico de las personas: la libertad religiosa. Por eso, si analizamos el simbolismo de ambos crímenes lo cierto es que un estremecimiento te recorre todo el cuerpo.
Es comprensible que en Europa los ciudadanos estemos consternados pero hemos de superar miedo y dolor para tratar de ser cada vez más eficaces en la lucha contra el DAESH. Esta guerra indiscriminada y globalizada que practican hace que muchos países pidan a sus gobiernos soluciones drásticas como el replanteamiento de las políticas de inmigración y de refugiados. Sin embargo, sería un error que el temor lastre la idea de Europa que debe actuar no sólo desde principios éticos universales sino con más inteligencia y eficacia que sus enemigos. Esta no es una guerra de religión ni una guerra de civilizaciones, eso es lo que los terroristas pretenden, esta es una guerra de asesinos y de ambiciones. Comparto, por ello, la reacción del papa Francisco al ser preguntado por el asesinato del sacerdote francés. El papa ha dicho: “El mundo está en guerra”, pero la que estamos viviendo “no es una guerra de religión”.  Para aclararlo más ha añadido: “cuando hablo de la guerra significa guerra en serio, no una guerra religiosa. Hablo de las guerras de interés, por dinero, por los recursos de la naturaleza, por el dominio de los pueblos”.
Pues eso, no nos engañemos, no estamos volviendo a las Cruzadas sino que seguimos donde la humanidad siempre estuvo estancada en la adoración perpetua de la ambición del poder totalitario y de la riqueza. Los desalmados que, en grado superlativo, codician ambas cosas siempre han tratado de crear ejércitos de adeptos fanatizados que sirven a sus intereses y que utilizan para tratar de someter las voluntades ajenas privándoles de su libertad mediante el miedo y el terror.

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Alentando el miedo
María Antonia San Felipe 10-01-2015 | 11:10 | 0

Cuando los mayores quieren que hagamos algo que no deseamos nos meten el miedo en el cuerpo y entonces nos portamos bien y nos dan un caramelo. Así ha sido toda la vida, desde pequeños sabemos que el miedo es un instrumento muy eficaz para doblegar nuestra voluntad aparentemente férrea pero en realidad temerosa de perder lo que tiene o de no conseguir lo que desea. Todo está inventado desde la noche de los tiempos. Por eso la emperadora de Europa, Angela Merkel ya ha advertido a los pequeños griegos que si son revoltosos y no votan lo que ella diga serán expulsados del euro. Así lo ha hecho saber a través del semanario der Spiegel. Si los griegos votan masivamente a Syriza, liderada por Alexis Tsipras, las siete plagas caerán sobre ellos que, por cierto, han sobrevivido ya a muchas purgas por las acciones de unos gobiernos tramposos.  Rápidamente los que deben vasallaje a la emperadora se han apresurado a apuntalar sus argumentos temerosos de que a ellos también los expulsen de la corte.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, lo ha dicho de forma muy gráfica: “No nos gusta mucho ver caras nuevas”. No nos extraña, él lleva toda la vida por Europa, tras haber sido primer ministro de Luxemburgo y ministro de Finanzas cuando se firmaron unos acuerdos fiscales con multinacionales para reducir sus niveles de tributación a cantidades irrisorias. Una práctica que ha permitido eludir impuestos en otros países y que muchos consideran un fraude. Un escándalo de esos que uno nunca sabe si llegarán jamás a esclarecerse. El Fondo Monetario Internacional también ha insinuado que puede cortar el grifo de las ayudas pactadas. Claro que si analizamos a los últimos presidentes que ha tenido el FMI es como para echarse a temblar. Rodrigo Rato salió por pies y sin advertir la crisis, una gestión fuertemente criticada internacionalmente. De sus hazañas en España sólo con recordar lo que ha pasado en Bankia hay curriculum más que suficiente para que nos entre el pánico. Le sucedió Strauss-Kahn quien se vio obligado a dejar su puesto tras ser acusado de un presunto caso de violación y Cristine Lagarde también ha sido imputada en un asunto de corrupción en Francia. Yo sinceramente cada vez desconfío más de la eficacia y de la sabiduría de los dirigentes de estos organismos.

En España, Mariano Rajoy se ha pronunciado agitando el miedo, algo que se va a convertir en su principal estrategia a lo largo de este año. Syriza es un riesgo en Grecia, igual que los “adanes” de Podemos lo son en España. Eso ha dicho. En su opinión sólo el PP y el PSOE garantizan la estabilidad política y económica. En realidad con esta afirmación trata de matar Rajoy varios pájaros de un tiro. Trata de desacreditar a Podemos al tiempo que pone una cuerda alrededor del cuello de Pedro Sánchez al sugerir que PP y PSOE son tan parecidos que pueden alternarse sin que tiemblen las columnas que sostienen España. Muy hábil, dirán algunos y muy evidente la treta y la utilización del miedo a favor de sus intereses de partido que no de España. Es evidente que cuando todo se tambalea y estamos en unos momentos de clara incertidumbre, todo el mundo teme algo. Miedo a perder el trabajo, miedo a no poder pagar la hipoteca, a no encontrar trabajo nunca más, miedo a no poder pagar los estudios de los hijos, a no poder emanciparse de los padres, miedo a perder la pensión,… Son muchos los que tienen miedo pero el miedo no aporta soluciones a quien lo tiene pero si a quien lo administra. Mientras los ciudadanos riegan el jardín de sus miedos los gobernantes tratan de perpetuarse en el poder a toda costa. Lo que está en juego es la democracia en España y en Europa entera. Si los “adanes” populistas son un peligro, los que lo dicen, que son los que nos han traído hasta aquí, debieran desinfectar su casa, regenerarse y refundarse. Es la única forma de poder mirar de nuevo a los ojos de la gente sin avergonzarse de haberlos reiteradamente engañado, burlado y estafado. En cualquier caso, al miedo sólo lo vence el valor y éste se alimenta de esperanza.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.