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Montoro

Metepatas
María Antonia San Felipe 05-04-2014 | 10:00 | 0

          Nuestro idioma es rico en palabras que definen con atinada ironía situaciones y personas. Para ser educada, aunque un pelín mordaz, diré que esta semana que concluye ha tenido como protagonistas a dos destacados metepatas. Todavía perdura el eco de las palabras del ministro Montoro, el genio del déficit encubierto, poniendo en duda el informe de Cáritas sobre el incremento de la pobreza infantil en España que nos sitúa a la cabeza de Europa, detrás de Rumanía. Es digno de resaltar que el primer metepatas de esta semana tiene una forma peculiar de hacer amigos. No hace falta realizar investigación alguna para concluir que no es Cáritas la que miente. El empobrecimiento creciente de la sociedad es incuestionable salvo para quien vive, como Montoro, lejos de la realidad. Resulta más sencillo, incluso para un profano, rebatir al alza las cifras de déficit que ha publicitado Montoro que los datos de Cáritas, tan ciertos como dolorosos. Si estamos a la cabeza del desempleo en Europa, con muchos parados de larga duración y hasta dos millones sin prestación alguna, no es de extrañar que resulte imposible hacer frente a las necesidades de la familia.

          No puede obviarse que los datos de Cáritas proceden del propio Instituto Nacional de Estadística (INE), dependiente del ministerio de Economía, y de Eurostat. Además organizaciones, como Save the Children, hablan de que hasta 2,5 millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza. Cruz Roja está desbordada y UNICEF ha afirmado que «no es sólo que haya más niños pobres en España, sino que cada vez son más pobres». Llevamos meses siendo advertidos por maestros y voluntarios de que la desnutrición y el hambre viven entre nosotros pero Montoro y su gobierno se niegan a admitirlo. Conclusión: la credibilidad de Cáritas crece en igual proporción que disminuye la del ministro Montoro. No queriendo ver la realidad resulta difícil combatir la miseria.

            Si hay otro genio de la inoportunidad y de la mala fe sobresaliendo en el panorama público español, ése es el cardenal Rouco Varela. Se ha visto obligado a irse pero procura que su despedida sea a lo grande, quiere dejar una huella inolvidable para que la posteridad le reserve una página de la historia, aunque sea negra y oscura como el mal y la noche de los tiempos. El funeral de estado para despedir al primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, ha sido el lugar elegido para su última salida de tono y, por qué no decirlo, de educación y respeto a los españoles. Mientras hablaba de la virtud de Suárez para conciliar voluntades, el cardenal ha advertido de que puede estar creándose un clima semejante al que propició la Guerra Civil. El desacierto de sus palabras, pronunciadas cuando se dice adiós al primer presidente de la democracia española tras la dictadura y la víspera del 75 aniversario del final de la Guerra Civil, es mayor cuanto más se medita sobre ellas.

            Es posible que Rouco sienta especial predilección por el Apocalipsis, en vez de por otras partes del Evangelio, también desconozco si sus palabras son muy católicas, pero permítanme que dude que sean de un buen español. Teniendo en cuenta que la Guerra Civil fue la consecuencia de una sublevación militar, me aterroriza pensar que esté anunciando un nuevo golpe de estado. Si se refiere a la situación política y social, Rouco debiera tomar nota de lo que Suárez practicó tendiendo la mano a sus adversarios y buscando en la Constitución el punto de encuentro. Quedó demostrado que pueden superarse las diferencias cuando se busca la convivencia y el entendimiento, evitando actuar desde la intolerancia y la soberbia de quien cree que su verdad es de categoría superior a la del que piensa diferente. En fin, resumiendo, invoco a los dioses para que nos libren de los metepatas.

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La ofensa
María Antonia San Felipe 07-12-2013 | 11:30 | 0

          ¿De verdad los españoles somos iguales ante la ley? Treinta y cinco años después de aprobada la Constitución releo su artículo 14 y sinceramente me da la risa. En este bosque de felonías en que se ha convertido España, resulta difícil encontrar un puntal del Estado que no esté corrompido o en avanzada fase de putrefacción. No sé si es necesario reformar la Constitución pero yo me conformaría con recuperar los principios que la inspiraron. Lo cierto es que en el cielo del poder están tan ocupados en dinamitar los logros sociales obtenidos desde su aprobación que se han olvidado de ella por mucho que la invoquen en sus discursos. En la arquitectura institucional española todos los estamentos tienen goteras, cimientos poco sólidos o amenazan de ruina inminente. Ya lo he dicho otras veces, del Rey abajo ninguno se salva y cotidianamente no pasa día sin una noticia que nos ilustre de que burlar la Constitución es hoy un deporte al alza practicado con pasión por las élites sociales de nuestra querida España.

          Los últimos ejemplos son clamorosos. Con gran diligencia, el ministerio que dirige el inefable Montoro ha dado por buenas facturas que ayer se reconocieron falsas con la única finalidad de salvar a la infanta Cristina y a su gallardo esposo de la posible acusación de delito fiscal y todo ello, con la entregada colaboración de la fiscalía. El mismo Ministerio ha fulminado a una inspectora de la Agencia Tributaria por pretender sancionar a la multinacional cementera Cemex con una cifra, cuando ya había sido considerablemente rebajada por sus superiores para no molestar a los otros jefes, lo que ha propiciado una cascada de dimisiones y de mala leche entre el personal que paga sus impuestos y de no hacerlo, es embargado, sancionado o pisoteado sin más contemplaciones. Está claro que creer que en nuestra querida España todos somos iguales ante la ley es tan iluso como creer en Santa Claus, los pitufos o el país de Alicia.

          Mientras multinacionales, bancos, infantes, reyes y grandes fortunas se van de rositas, los hombros de los trabajadores y clases medias (en extinción) son los que están soportando las inclemencias del temporal de la crisis y sosteniendo un estado que no es de derecho, sino como dicen algunos, de desecho. Pero ahora, una vez que se han dado cuenta de que la ciudadanía ha constatado que no somos iguales ni ante la ley ni ante la desgracia, por si se nos ocurre levantar la voz y protestar, han decidido dar otra vuelta de tuerca a nuestra decrépita democracia y han sacado de la chistera una Ley de Seguridad Ciudadana que ha puesto los pelos de punta incluso al Consejo de Europa, que la considera “preocupante y desproporcionada”. Pretenden limitar el derecho de reunión y manifestación con multas tan millonarias que una piensa si con la recaudación no aspirarán a resarcir al estado del saqueo de comisiones y mordidas ilegales que se han metido en los bolsillos, unos y otros, con adjudicaciones a amigos y a financiadores de sobresueldos. Como les parece poco amordazarnos, han inventado una nueva sanción para lo que denominan “ofensas a España”, un cajón de sastre en el que cabe todo, aunque si nos dejaran aplicarla a nosotros ya sabemos a quienes les iba a caer el escarmiento. Saquear este país y encubrir a los culpables para que no sean castigados, esa sí que puede considerarse la más grave ofensa a España. Lo peor de todo es que ellos creen que si comienza la recuperación económica olvidaremos la ciénaga institucional, política y moral de España y tiraremos a la basura la aspiración de justicia, libertad e igualdad. Confío, por nuestro bien, en que se equivoquen y evoco al poeta Gabriel Celaya cuando en otro momento difícil escribía:

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

 

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El dedo en el ojo
María Antonia San Felipe 19-10-2013 | 10:35 | 0

 

          Tengo ganas de ver los informativos de la tele y no tener la sensación de que desde el otro lado de la pantalla nos están metiendo el dedo en el ojo. Ese tipo de sobresaltos me producen últimamente las estrambóticas declaraciones de algunos miembros del gobierno. Del presidente Rajoy no puedo quejarme, como está desaparecido de la realidad cotidiana del país que gobierna, es difícil reprocharle algo que no sea su silencio. Por eso Aznar ha aprovechado la ocasión para vestirse de boxeador y le ha propinado un derechazo en el ojo de campeonato del mundo. Creo que nadie puede negar, que es el ministro Montoro quien brilla con luz propia en el firmamento del gabinete ministerial. Si de Rajoy desesperan sus silencios, de Montoro irrita su excesiva e inoportuna locuacidad. Ahí lo tienen, nos presenta unos presupuestos que sitúan la deuda en un nuevo hito histórico, casi el 100% del PIB (Producto Interior Bruto), incluyendo una errata que supone unos 10.000 millones de euros y uno saca la impresión de que las cuentas públicas se están cuadrando a ojo de buen cubero.

          Tras esta hazaña inédita, Montoro pronunció su gloriosa frase, ese eufemismo afirmando que en España “los salarios no estaban bajando sino moderando su subida”. Al oírlo todo el mundo pensó lo mismo, que el insigne ministro nos toma el pelo, en la misma proporción que a él le falta, pues todos sabemos que está mintiendo descaradamente como han reconocido hasta los propios empresarios. Desgraciadamente no es que los salarios no suban, es que están bajando y por eso crece nuestra competitividad y todo ello, sin olvidar, el escandaloso número de personas que hace tiempo que no saben lo que se siente al cobrar un salario con regularidad. A lo mejor el ministro estaba ensayando su participación en una película cómica, de ese cine español que Montoro considera de baja calidad. Es un nuevo insulto al mundo del cine, de la cultura y especialmente a nuestra industria que él debiera tratar de ensalzar porque da más empleo y más satisfacciones que la ínfima calidad de su actuación al frente del ministerio de Hacienda. Yo veo a Montoro en el Parlamento y me pregunto si no estará imitando a Fernando Esteso y las únicas películas que ha visto de cine español son las que dirigía Mariano Ozores en otros tiempos.

            El autor de una amnistía fiscal tan vergonzosa como ineficaz, en vez de dar tanta lección desde el púlpito parlamentario, sería conveniente que se dedicara a resolver problemas y no a crearlos porque enfrentarse con actores y millones de ciudadanos al mismo tiempo es un síntoma de desvarío y de falta de rumbo. Para animar el patio de nuestra, cada día, más pobre España se ha unido a los excesos verbales la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, Doña Soraya Sáenz de Santamaría, que ejerce de presidenta ante la incomparecencia reiterada en los asuntos de estado de Mariano “el ausente”. Ha acusado a medio millón de parados de cobrar prestaciones indebidamente cuando en realidad eran 5.833 y en vez de reconocer su error, intenta hacer creer que el mayor fraude jamás conocido en España sale de las filas de los parados sin escrúpulos. En vez de actuar con tanta soberbia, el gobierno debiera preguntarse cómo ven desde la calle el ejemplo de sus comportamientos. La cúpula directiva del PP ha estado cobrando sustanciosos sobresueldos, en negro o en blanco, porque no podían vivir con los sueldos de ministro o diputado pero le exigen al parado que tenga una conducta legal y moral más estricta que la suya. No me cabe duda de que la mayoría de los parados tienen más altura ética que muchos que ahora se rasgan las vestiduras desde la tribuna del Congreso. Si hay fraude, atájenlo, pero ni exageren la realidad ni insulten a nadie gratuitamente. Pregúntense en sus reuniones: ¿hay mayor fraude que el de un gobierno que hace lo contrario de lo prometido? Mientras meditan, sería de agradecer que dejaran de meternos todos los días el dedo en el ojo.

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Repique de campanas
María Antonia San Felipe 05-10-2013 | 10:13 | 0

         

           “Enredándose en el viento van las cintas de mi capa”, así cantaba la tuna cuando yo estudiaba. Ahora no es la estudiantina sino el ministro Montoro el que se enreda entre las cifras presupuestarias para hacernos creer que se percibe el repique de campanas. Sí, un repique de campanas, en el centro del país. Si no sienten el repiqueteo musical es porque tiene usted mala leche, porque Montoro, que vive en la luna, no sólo lo escucha sino que lo ve y anuncia la llegada del amanecer al final de un túnel en el que no habita él, sino nosotros. Los presupuestos dice el ministro no sólo son los más sociales sino que dibujan el camino de la recuperación. El paro sigue subiendo y tras el exitazo de los 31 parados menos en agosto viene el incremento de 25.572, aunque sea el mejor septiembre desde hace años. Ya saben, cuando la miseria sea general dejará de ser noticia de primera página porque todos seremos iguales en la desgracia. Por eso Rajoy, especialista en huir de la realidad e incapaz de afrontar la verdad con la entereza que se espera de un dirigente, ha salido huyendo hacia Japón. Allí ha anunciado que, gracias a su gobierno, el mercado laboral español es tan barato que los inversores extranjeros pueden venir a España porque nuestros salarios se parecen a los de China pero además tenemos jamón y guitarras para alegrar el día a los empresarios nipones. Nunca había visto yo a un presidente vanagloriarse de empobrecer a su país y mucho menos que  considere la hazaña un mérito histórico. La crisis ha venido para quedarse largo tiempo y mientras más de una cuarta parte de la población activa esté en el paro, sin poder ganarse la vida con su propio trabajo, no es posible hablar de recuperación económica alguna sino de desarraigo y de exclusión.  Por eso el gobierno debiera dejar de hacernos creer que repican las campanas, salvo que nos estén anunciando que tocan a funeral y nos inviten prematuramente al entierro del estado del bienestar que es en lo único que están siendo aplicados los señores del gobierno.

          Claro, que esta semana ha sido pródiga en despropósitos, no sólo en España sino en buena parte del extranjero. No hay cosa peor para un país que los innumerables patriotas de pacotilla, que dicen amarlo hasta la muerte, pero que son capaces de contribuir a su hundimiento antes que pactar con el adversario político al que la ceguera y la obstinación excluyente convierten en un enemigo a batir. Los ultraconservadores del Tea Party del partido republicano de los EEUU prefieren avocar a la suspensión de pagos al país, con consecuencias imprevisibles dada la actual situación económica, que dar su brazo a torcer en su petición de no aplicación de la reforma sanitaria de Obama, que trata de facilitar el acceso a muchos sectores excluidos. De momento ya han conseguido el cierre administrativo del gobierno, pero puede que en su estrategia les ocurra lo mismo que les sucedió con Clinton y pierdan las elecciones por amar tanto a su país que prefieran agonizarlo.

           También puede que, en breves fechas, les suceda lo mismo que a Berlusconi en Italia que, tras intentar hacer caer al gobierno en un acto desesperado de soberbia enfadado por su inhabilitación judicial, ha tenido que recular porque ha habido motín a bordo. Berlusconi que compró voluntades, sobornó jueces y se enfangó hasta los tuétanos en las miserias del poder es ya un cadáver político y como ya no podrá administrar prebendas los suyos comienzan a volverle la espalda, es el riesgo que tiene creerse Il Duce, porque el poder da unos encantos que se desmoronan cuando se pierde y el que se ha emborrachado de él sufre de un mal incurable. Por eso Berlusconi está tan triste y por igual razón Pedro Sanz debiera hacer caso al párroco de Arnedo, Tomás Ramírez, cuando le aconseja que es mejor que cada uno esté en el lugar que le corresponde y no ocupando todos los espacios. Ciertamente, no se puede estar repicando y en la procesión pero está claro que algún día el Presidente no estará ni repicando ni en la procesión. El tiempo nos lo dirá.

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La corte de los milagros (II)
María Antonia San Felipe 29-06-2013 | 9:43 | 0

          Ya les dije la semana pasada que este país afectado por una elevada tasa de corrupción económica, política y moral cada vez se parece más al de la Corte de los Milagros en la que personas pillos, sinvergüenzas, caraduras y embusteros aparentan ser personas honestas y respetables y se pasean con galanura por los vericuetos de las más altas instituciones de nuestra maltrecha España. En todas las cortes hay un bufón y en la nuestra podemos asegurar que como mínimo contamos con dos. Hasta ahora mi bufón preferido era el ministro Cristóbal Montoro, un hombre de increíbles ocurrencias que no duda en amenazarnos con inspecciones de Hacienda y medidas ejemplares pero no se sonroja ni avergüenza del cobro de sobresueldos en su partido y de la evasión de fortunas a Suiza con dinero público conseguido con fraudulentas adjudicaciones de obras y servicios burlando la Ley de Contratos. Si el otro día nos dijo que no debíamos ver fantasmas volando en el asunto de la ficticia venta de fincas por Cristina de Borbón ahora, tras echar la culpa de los errores al Colegio de Notarios del Reino ha dejado claro que tras pedir perdón, el caso queda más que zanjado porque errores los tiene cualquiera. Si sus errores no nos costasen sangre, sudor y lágrimas a los españoles está claro que podíamos perdonárselos con generosa benevolencia. Pero estamos en un punto de hartazgo que ese gesto no es suficiente sino que como mínimo debiera haber supuesto el relevo inmediato del responsable de la Agencia Tributaria y también del propio ministro.

           Y en estas estábamos viendo volar fantasmas, como dice Montoro, cuando de pronto apareció el ministro de educación. Es cierto que José Antonio Wert es un experto en materia de comunicación pero está claro que una cosa es saberse la teoría y otra acertar aplicándola y este hombre tiene una habilidad proverbial para inflar polémicas y exasperar los ánimos del personal. El incremento de las tasas académicas, el evidente recorte de la partida de becas y la elevación de la nota para el acceso a ellas son en tiempos de penurias salariales y de desempleo insoportable una forma evidente de cerrar la puerta de acceso a la universidad a muchos estudiantes aunque sean más inteligentes que muchos ministros. Facilitar el acceso a la educación a todas las clases sociales es una de nuestras grandes conquistas democráticas porque ha permitido construir una sociedad más permeable y más igual. Yo siempre he creído que la educación iguala más a las personas que el dinero, pero parece que en este país lo que genera envidia es hacerse millonario robando o sin pegar clavo en vez de estudiando, investigando, inventando o trabajando con dignidad. Gracias a su formación universitaria los hijos de los trabajadores en los últimos treinta años han progresado socialmente y construido una clase media de profesionales y técnicos especializados que ha hecho progresar a este país. El ministro Wert quiere volver a las épocas en las que los hijos de los ricos podían permitirse el lujo de estar durante años en la universidad repitiendo cursos y animando los bares de la zona, mientras que muchos alumnos brillantes no podían llegar ni a soñar con acceder a ella y si lo lograban debían estudiar y trabajar con la obligación añadida de tener que llegar siempre al aprobado. No sólo es un despropósito el planteamiento sino que la prepotencia y la chulería utilizadas resultan grotescas y un ejercicio de soberbia que se va a tragar porque hasta en su partido han saltado las alarmas. No es la primera vez que tiene que rectificar por tanto es evidente que si el sr. Wert tuviera un mínimo de coherencia lo que tendría que hacer es irse con Montoro de la mano a ver si tienen más suerte en la feria de las vanidades. Con la que está cayendo lo único que no entiendo es cómo todavía a los españoles nos queda paciencia para pagar a bufones que aparentan ser ministros de la villa y corte.

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