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De color de rosa
María Antonia San Felipe 08-08-2015 | 8:41 | 0

Si todo lo que reluce no es oro, este verano no es azul (como el de Chanquete) sino de color de rosa. El gobierno quiere que pasemos un verano feliz. Mariano ha ordenado que sólo nos den buenas noticias antes de las elecciones, que sintamos que tocamos la felicidad con los dedos. Lo importante no es que las cosas vayan bien sino que nos lo parezca. Ya se sabe que de ilusión también se vive, aunque no se coma. El paro baja en 74.000 personas, el mejor julio que se recuerda. Nos dicen que es un dato histórico sólo superado por el descubrimiento de América. Montoro es, al fin y el cabo, como Cristóbal Colón. ¡Qué majo!, nos ha presentado los Presupuestos Generales del Estado a ritmo de samba, como si estuviéramos todos tomado el vermut en el chiringuito de la playa. Los fuegos artificiales se han disparado a la luz de la luna vista desde el hielo del gin-tonic. Hay regalos para todos: subida de sueldo a funcionarios, ayer vapuleados e insultados, anuncios de inversiones en todas las Comunidades Autónomas, previsión de un crecimiento del 3%, bajará el paro, también la deuda y seremos felices. Pero Montoro, un lenguaraz que vive en el país de las Maravillas, ha ido más allá: si somos buenos y votamos al PP y no a esos locos que andan por ahí prometiendo el oro y el moro, Mariano nos bajará los impuestos y con el impreso de la declaración de la renta nos regalarán una piruleta para endulzarnos la vida. ¡Qué felicidad! Dice Montoro que el sacrificio ha merecido la pena aunque hayan esquilmado todos los servicios públicos y cerrado los ojos a corruptos y maleantes, que al fin y al cabo, todos eran de los suyos, ¿quién no ha hecho una trastada en su vida? Olvídenlo.

Con distancia se ven mejor las cosas, así que, el Financial Times, el breviario de la city financiera londinense, ha sido más preciso en la descripción de la realidad española. Resume la recuperación con toda precisión: “Los trabajadores pobres son una realidad en España ahora”, “El precio de la reactivación económica es más trabajadores con contratos precarios”, “En junio, por ejemplo, casi uno de cada cuatro nuevos contratos duró una semana o menos. En 2007, era uno de cada seis. En el mismo período de tiempo, la duración media de los contratos cayó de 78 a 52 días”. “Los salarios han disminuido en todos los ámbitos, pero especialmente para quienes se ven obligados a moverse en el sector temporal”, que ganan un “48% menos que antes”. En definitiva que es tal la sed de trabajo y la necesidad de obtener ingresos  que “sean cuales sean las condiciones, todas las vacantes se llenan”.

            Al tiempo que Montoro hablaba de una España que no existe, María conseguía un trabajo de limpiadora de hotel, a jornada partida, sin descanso semanal, durante el mes de agosto y la promesa de septiembre por el salario mínimo (648 €), eso sí, exigen conocimiento de inglés. A Alberto, ingeniero superior y varios másteres, le contratan los fines de semana para reforzar la terraza de un bar de copas en la costa mediterránea, exigen francés e inglés y, si es posible, algo de alemán. Le pagarán 285 €, propinas aparte. Mientras, en París, José Ignacio Wert, un ministro de Educación que ha gobernado desde la soberbia, estrenaba su flamante cargo de embajador en la OCDE en una recepción de alto copete.  Le acompañaba su esposa, que ya había sido recolocada con elevado sueldo y privilegios en el mismo organismo, tomó una copa de champán y ante el resto de autoridades allí congregadas se permitió bromear:

            -Brindo por España, que ya es la locomotora de Europa.

            Ya saben que en este país de apariencias lo que prima para escalar a lo alto del escalafón político no es el mérito sino el poder de la influencia. Por eso, mientras unos sudan la camiseta a tiempo completo por 700 €, otros pasan su luna de miel a todo lujo en París pero, eso sí, sacrificándose por amor a España.

 

 


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El dedo en el ojo
María Antonia San Felipe 19-10-2013 | 10:35 | 0

 

          Tengo ganas de ver los informativos de la tele y no tener la sensación de que desde el otro lado de la pantalla nos están metiendo el dedo en el ojo. Ese tipo de sobresaltos me producen últimamente las estrambóticas declaraciones de algunos miembros del gobierno. Del presidente Rajoy no puedo quejarme, como está desaparecido de la realidad cotidiana del país que gobierna, es difícil reprocharle algo que no sea su silencio. Por eso Aznar ha aprovechado la ocasión para vestirse de boxeador y le ha propinado un derechazo en el ojo de campeonato del mundo. Creo que nadie puede negar, que es el ministro Montoro quien brilla con luz propia en el firmamento del gabinete ministerial. Si de Rajoy desesperan sus silencios, de Montoro irrita su excesiva e inoportuna locuacidad. Ahí lo tienen, nos presenta unos presupuestos que sitúan la deuda en un nuevo hito histórico, casi el 100% del PIB (Producto Interior Bruto), incluyendo una errata que supone unos 10.000 millones de euros y uno saca la impresión de que las cuentas públicas se están cuadrando a ojo de buen cubero.

          Tras esta hazaña inédita, Montoro pronunció su gloriosa frase, ese eufemismo afirmando que en España “los salarios no estaban bajando sino moderando su subida”. Al oírlo todo el mundo pensó lo mismo, que el insigne ministro nos toma el pelo, en la misma proporción que a él le falta, pues todos sabemos que está mintiendo descaradamente como han reconocido hasta los propios empresarios. Desgraciadamente no es que los salarios no suban, es que están bajando y por eso crece nuestra competitividad y todo ello, sin olvidar, el escandaloso número de personas que hace tiempo que no saben lo que se siente al cobrar un salario con regularidad. A lo mejor el ministro estaba ensayando su participación en una película cómica, de ese cine español que Montoro considera de baja calidad. Es un nuevo insulto al mundo del cine, de la cultura y especialmente a nuestra industria que él debiera tratar de ensalzar porque da más empleo y más satisfacciones que la ínfima calidad de su actuación al frente del ministerio de Hacienda. Yo veo a Montoro en el Parlamento y me pregunto si no estará imitando a Fernando Esteso y las únicas películas que ha visto de cine español son las que dirigía Mariano Ozores en otros tiempos.

            El autor de una amnistía fiscal tan vergonzosa como ineficaz, en vez de dar tanta lección desde el púlpito parlamentario, sería conveniente que se dedicara a resolver problemas y no a crearlos porque enfrentarse con actores y millones de ciudadanos al mismo tiempo es un síntoma de desvarío y de falta de rumbo. Para animar el patio de nuestra, cada día, más pobre España se ha unido a los excesos verbales la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, Doña Soraya Sáenz de Santamaría, que ejerce de presidenta ante la incomparecencia reiterada en los asuntos de estado de Mariano “el ausente”. Ha acusado a medio millón de parados de cobrar prestaciones indebidamente cuando en realidad eran 5.833 y en vez de reconocer su error, intenta hacer creer que el mayor fraude jamás conocido en España sale de las filas de los parados sin escrúpulos. En vez de actuar con tanta soberbia, el gobierno debiera preguntarse cómo ven desde la calle el ejemplo de sus comportamientos. La cúpula directiva del PP ha estado cobrando sustanciosos sobresueldos, en negro o en blanco, porque no podían vivir con los sueldos de ministro o diputado pero le exigen al parado que tenga una conducta legal y moral más estricta que la suya. No me cabe duda de que la mayoría de los parados tienen más altura ética que muchos que ahora se rasgan las vestiduras desde la tribuna del Congreso. Si hay fraude, atájenlo, pero ni exageren la realidad ni insulten a nadie gratuitamente. Pregúntense en sus reuniones: ¿hay mayor fraude que el de un gobierno que hace lo contrario de lo prometido? Mientras meditan, sería de agradecer que dejaran de meternos todos los días el dedo en el ojo.

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Una ilusión: 31
María Antonia San Felipe 07-09-2013 | 9:18 | 0

          “España necesita una ilusión”, estas son las bienintencionadas palabras de Alejandro Blanco, flamante presidente del Comité Olímpico Español y de la candidatura de Madrid. Dicen que de ilusión también se vive, pero yo creo que España lo que necesita de verdad es rigor y seriedad en las altas esferas y una limpieza a fondo, con toneladas de desinfectante, en las cloacas de todas las instituciones del Estado. No se salva nadie, como diría Zorrilla, “del Rey abajo, ninguno”. Pues eso. Dicho lo cual, imaginen que Madrid gana la candidatura olímpica, ¿ustedes creen que eso va a levantar la moral de 6 millones de parados y de muchos más millones de cabreados y decepcionados? Yo creo sinceramente que no. A estas alturas los ciudadanos debiéramos ser tratados con más respeto a la inteligencia y con más educación en las formas y maneras.

          Estos días han resultado patéticos los esfuerzos del gobierno y del PP por distraer nuestra atención bien sea con los Juegos Olímpicos o con olímpicas medias verdades. María Dolores de Cospedal ha tratado, como un malabarista, de convencernos de que el caso Bárcenas es sólo un invento maligno para tratar de desestabilizar a su partido y que lo importante son los buenos datos de empleo que se esperaban. Ella lo ha dicho todo de forma clara, a partir de ahora toda la acción del gobierno y del PP se resume en amplificar ante los ciudadanos pequeños logros para mostrarlos como grandes hazañas para que simplemente olvidemos el merengue de corrupción en el que está metido el partido que gobierna España. Los dirigentes del PP debieran ser conscientes de que su falta de credibilidad nace de sus propios desaciertos y de sus innumerables mentiras. Podemos alegrarnos de que mejoren las cifras macroeconómicas pero olvidar y exculpar su responsabilidad resulta difícil.

          Tras el fantástico anticipo de los buenos datos de empleo y aunque a nuestro alrededor nuestros parados familiares, amigos y conocidos seguían inscritos en la mayor empresa de España que es el INEM, llegó la hora de la verdad. Se desveló que el paro había bajado en 31 personas, si 31, en unidades no en cientos o en miles. Yo me quedé boquiabierta, sobre todo porque también se hizo público que la Seguridad Social ha perdido 100.000 afiliaciones en un mes. Me hierve la sangre cuando a continuación escucho que se observa un cambio de tendencia. Claro, sólo faltaba que el ritmo de destrucción de empleo creciera como en los últimos 3 años en vez de frenarse, lo que significaría que pronto toda España estaría a la intemperie. Seamos optimistas, pero no ilusos. El último censo demuestra que perdemos población por primera vez en 17 años, muchos inmigrantes están regresando a sus países de origen y un porcentaje nada despreciable de españoles, que suman varios cientos de miles, se van de España en busca de oportunidades, lo que simple y llanamente significa que estamos perdiendo población activa. Esta realidad empírica y contrastable que sufrimos a diario a nuestro alrededor no hay mago, por ingenioso que sea, que nos lo oculte de nuestros ojos.

            Es posible que los datos macroeconómicos estén mejorando pero el camino hacia la recuperación del empleo será lento y doloroso, porque todo indica que una generación de jóvenes quedará en el camino y una franja nada menor de mayores de 50 años, también. No se va a recuperar la economía sólo con la mejora de las exportaciones. Si no hay un crecimiento de la demanda interna, difícil sin crecimiento del empleo, nos va a hacer falta más que ilusión para remontar. Lo único que nos sobra son ilusionistas de pacotilla en el gobierno que tratan de camelarnos, sin darse cuenta de que ya hemos visto el conejo antes de que levanten la chistera. Pero si nos engañan con trucos de feria es simplemente porque lo consentimos.

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Elogio de la paciencia
María Antonia San Felipe 04-05-2013 | 9:41 | 0

 

          España ha llegado a la insoportable cifra de 6.202.700 parados y según el gobierno nada puede hacerse, salvo refugiarse en la resignación y tener paciencia, mucha paciencia para soportar la adversidad. ¡Tranquilos!, nos han dicho, que el gobierno sabe lo que hace. El último consejo de ministros presidido por Mariano Rajoy, “el ausente”, ha sido un ejercicio de clamorosa capitulación ante la realidad. Su política económica ha fracasado y desde el punto de vista político no hay mayor muestra de incompetencia que admitir ante la ciudadanía que nada puede hacerse en los próximos años para superar uno de los momentos más difíciles de la historia reciente de España.

          Nos piden paciencia y esperar a que escampe. Los portavoces gubernamentales quieren que tengamos fe, cuando su credibilidad es inexistente, porque lo único indudablemente cierto es que han incumplido todas las promesas que hicieron a los españoles. La primera mentira fue contarnos que no sabían que las cosas estaban tan mal, algo increíble porque gobernaban la mayoría de las Comunidades Autónomas y controlaban casi todas las cajas de ahorro hoy quebradas. Después vino la excusa de la herencia recibida, mala era, de ello no hay duda 4.978.300 parados, pero ellos se presentaron como el talismán del cambio. Su llegada al gobierno iba a ser tan milagrosa que en algunos lugares, como La Rioja, la cifra de desempleo estaría por debajo del 9%. Después vino la confesión de que Europa nos exige austeridad y que la realidad, como cuando un atracador te encañona con un arma, les estaba obligando a subir impuestos y a dejarnos sin derechos laborales, sin ley de dependencia, con sanidad privatizada y con educación recortada. Está claro que saben lo que hacen. Nos han conducido al borde del precipicio y sólo falta ahora que nos digan que saltemos por el barranco que ya irá Fátima Bañez con Montoro y De Guindos y el jaguar de Ana Mato a recoger nuestros trocitos cuando nos despeñemos.

          Sr. Presidente, no puede jugar al escondite con nosotros, no es tolerable que permanezca en silencio ante su pueblo, porque no resulta un consuelo el juego de niños que se traen entre manos de ponerse en lo peor, con unas previsiones que prolongan la recesión y el desempleo al año 2016, esperando que suene la flauta y las cifras sean mejores para sin hacer nada por conseguirlo vendernos un éxito como quien saca un conejo de la chistera. España no es un circo, aunque a este paso la miseria va a cosechar más víctimas que los leones en la época de Nerón, ya que su política está condenando a la exclusión a demasiada gente. Sin trabajo, ni esperanza de encontrarlo y el que existe ofrecido en condiciones tan precarias que vamos camino de parecernos más a Bangladesh que al resto de Europa, no se puede continuar. ¿Puede salir adelante un país sin ambición y sin esperanza? Yo creo que no, aunque desgraciadamente no veo a nadie capaz de ofrecer esa confianza precisa para ganar el futuro.

          Hasta ahora sr. Rajoy, la gente se ha organizado desde la solidaridad con increíble paciencia pero es hora de ofrecer soluciones. Creo que ha llegado su momento, el de la verdad. Sr. Presidente, es la hora de dar la cara ante la Nación y dejarse de embustes y medias verdades porque cuando un gobierno se equivoca tan gravemente en sus previsiones y en su diagnóstico de la realidad cabe esperar, cuando menos, una rectificación de sus políticas a la velocidad del rayo, pero si la única receta económica que puede ofrecer es la petición de paciencia a la insuperable cifra de damnificados por una política errónea, que está hundiendo cada vez más en la recesión a todo el país condenándolo a un futuro negro como el carbón, sólo cabe una salida: la dimisión.

 

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Todos jodidos
María Antonia San Felipe 20-07-2012 | 3:00 | 0

Ningún español tiene dudas de que al electricista que robó el códice calixtino en la catedral de Santiago de Compostela le va a caer una ejemplar y merecida condena. Tampoco dudan los españoles que ninguno de los responsables del saqueo y expolio de las cajas de ahorros tendrán la condena que indudablemente merecen. En España no sé si existe la justicia, pero diferencias ha habido siempre y al delincuente de cuello blanco se le ha dispensado siempre un tratamiento e incluso una admiración social difícil de comprender e incluso de aceptar.

 También resulta una verdad irrefutable que, en cualquier país democrático de nuestro entorno, si un diputado hubiera proferido el grito: -¡Qué se jodan!, refiriéndose a los parados a punto de perder la prestación por desempleo, hubiera tenido que dimitir sin más trámite ni ceremonias. Pero no, en España con una cartita hipócrita todo arreglado y la desvergonzada diputada sigue detentando todos los privilegios que le procura su condición de representante de ese pueblo, al que acaba de escupir a la cara  y al que ha demostrado detestar sólo porque se remueve y protesta ante la enésima agresión a sus derechos y a su dignidad.

 Está claro que España no es un país que proteja precisamente a la gente digna y honrada. Tener que escuchar, en un país camino de los 6.000.000 de parados, que se recorta la prestación por desempleo para que éstos se pongan a buscar trabajo desde el primer día y porque hay mucho fraude, cuando acaba de aprobarse una amnistía fiscal para los grandes defraudadores de este país, es una clara indignidad. El fraude debe combatirse, en un país democrático, siempre y en todo caso, no sólo persiguiendo al eslabón más débil de la cadena.

 Justificar el recorte salarial y el incremento de la jornada de los funcionarios, reprochándonos, como ha hecho Montoro, que somos unos privilegiados, que aprobar una oposición no lo es todo y que estamos obligados a colaborar y a entender lo que pasa, no es suficiente. Hay que decirle que sí, que estamos dispuestos a poner de nuestra parte el trabajo profesional e independiente de nuestra función pública pero que, antes de volver a apretarnos el cinturón otra vez, nos gustaría ver cómo empiezan a desfilar, para reducir esa gigantesca administración, los cientos de enchufados y cargos de confianza, de asesores de gabinetes y de empleados en fundaciones y empresas públicas injustificables que se han creado en el Estado, en los Ayuntamientos y sobre todo, en las Comunidades Autónomas. Esta red clientelar al servicio del poder de turno, ni siquiera ha hecho una oposición, sólo ha recibido la bendición del “dedo” y está en los puestos mejor retribuidos. No sólo sabemos lo que pasa, sino que incluso podríamos señalar con nuestro “dedo” las partidas presupuestarias inútiles para el servicio público que se gastan diariamente.

 Anunciar que en las próximas elecciones se reducirá el número de concejales en España cuando todos sabemos que en los pueblos pequeños, por ejemplo, no cobran sino que ayudan en su tiempo libre, mientras se mantiene un elevado número de concejales a cargo del erario público en localidades en los que nunca existieron, resulta de una hipocresía incomparable que protege a una nueva casta política que vive ajena a los pesares de la calle.

 Subir el IVA que va a hundir a muchas pequeñas empresas y no tocar, por ejemplo la fiscalidad de las grandes fortunas, aunque sólo sea para repartir la pesada carga, resulta igualmente reprochable. Es decir, señores del gobierno: no moralizar la vida pública, no decirnos nunca la verdad, demonizar al más débil, exagerar lo mal que estamos para que aceptemos lo inaceptable, ayudar así a hundir nuestro mercado de deuda y las esperanzas de futuro, eso es lo que nos tiene a todos jodidos, Sr. Presidente.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.