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El dedo en el ojo
María Antonia San Felipe 19-10-2013 | 10:35 | 0

 

          Tengo ganas de ver los informativos de la tele y no tener la sensación de que desde el otro lado de la pantalla nos están metiendo el dedo en el ojo. Ese tipo de sobresaltos me producen últimamente las estrambóticas declaraciones de algunos miembros del gobierno. Del presidente Rajoy no puedo quejarme, como está desaparecido de la realidad cotidiana del país que gobierna, es difícil reprocharle algo que no sea su silencio. Por eso Aznar ha aprovechado la ocasión para vestirse de boxeador y le ha propinado un derechazo en el ojo de campeonato del mundo. Creo que nadie puede negar, que es el ministro Montoro quien brilla con luz propia en el firmamento del gabinete ministerial. Si de Rajoy desesperan sus silencios, de Montoro irrita su excesiva e inoportuna locuacidad. Ahí lo tienen, nos presenta unos presupuestos que sitúan la deuda en un nuevo hito histórico, casi el 100% del PIB (Producto Interior Bruto), incluyendo una errata que supone unos 10.000 millones de euros y uno saca la impresión de que las cuentas públicas se están cuadrando a ojo de buen cubero.

          Tras esta hazaña inédita, Montoro pronunció su gloriosa frase, ese eufemismo afirmando que en España “los salarios no estaban bajando sino moderando su subida”. Al oírlo todo el mundo pensó lo mismo, que el insigne ministro nos toma el pelo, en la misma proporción que a él le falta, pues todos sabemos que está mintiendo descaradamente como han reconocido hasta los propios empresarios. Desgraciadamente no es que los salarios no suban, es que están bajando y por eso crece nuestra competitividad y todo ello, sin olvidar, el escandaloso número de personas que hace tiempo que no saben lo que se siente al cobrar un salario con regularidad. A lo mejor el ministro estaba ensayando su participación en una película cómica, de ese cine español que Montoro considera de baja calidad. Es un nuevo insulto al mundo del cine, de la cultura y especialmente a nuestra industria que él debiera tratar de ensalzar porque da más empleo y más satisfacciones que la ínfima calidad de su actuación al frente del ministerio de Hacienda. Yo veo a Montoro en el Parlamento y me pregunto si no estará imitando a Fernando Esteso y las únicas películas que ha visto de cine español son las que dirigía Mariano Ozores en otros tiempos.

            El autor de una amnistía fiscal tan vergonzosa como ineficaz, en vez de dar tanta lección desde el púlpito parlamentario, sería conveniente que se dedicara a resolver problemas y no a crearlos porque enfrentarse con actores y millones de ciudadanos al mismo tiempo es un síntoma de desvarío y de falta de rumbo. Para animar el patio de nuestra, cada día, más pobre España se ha unido a los excesos verbales la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, Doña Soraya Sáenz de Santamaría, que ejerce de presidenta ante la incomparecencia reiterada en los asuntos de estado de Mariano “el ausente”. Ha acusado a medio millón de parados de cobrar prestaciones indebidamente cuando en realidad eran 5.833 y en vez de reconocer su error, intenta hacer creer que el mayor fraude jamás conocido en España sale de las filas de los parados sin escrúpulos. En vez de actuar con tanta soberbia, el gobierno debiera preguntarse cómo ven desde la calle el ejemplo de sus comportamientos. La cúpula directiva del PP ha estado cobrando sustanciosos sobresueldos, en negro o en blanco, porque no podían vivir con los sueldos de ministro o diputado pero le exigen al parado que tenga una conducta legal y moral más estricta que la suya. No me cabe duda de que la mayoría de los parados tienen más altura ética que muchos que ahora se rasgan las vestiduras desde la tribuna del Congreso. Si hay fraude, atájenlo, pero ni exageren la realidad ni insulten a nadie gratuitamente. Pregúntense en sus reuniones: ¿hay mayor fraude que el de un gobierno que hace lo contrario de lo prometido? Mientras meditan, sería de agradecer que dejaran de meternos todos los días el dedo en el ojo.

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Una ilusión: 31
María Antonia San Felipe 07-09-2013 | 9:18 | 0

          “España necesita una ilusión”, estas son las bienintencionadas palabras de Alejandro Blanco, flamante presidente del Comité Olímpico Español y de la candidatura de Madrid. Dicen que de ilusión también se vive, pero yo creo que España lo que necesita de verdad es rigor y seriedad en las altas esferas y una limpieza a fondo, con toneladas de desinfectante, en las cloacas de todas las instituciones del Estado. No se salva nadie, como diría Zorrilla, “del Rey abajo, ninguno”. Pues eso. Dicho lo cual, imaginen que Madrid gana la candidatura olímpica, ¿ustedes creen que eso va a levantar la moral de 6 millones de parados y de muchos más millones de cabreados y decepcionados? Yo creo sinceramente que no. A estas alturas los ciudadanos debiéramos ser tratados con más respeto a la inteligencia y con más educación en las formas y maneras.

          Estos días han resultado patéticos los esfuerzos del gobierno y del PP por distraer nuestra atención bien sea con los Juegos Olímpicos o con olímpicas medias verdades. María Dolores de Cospedal ha tratado, como un malabarista, de convencernos de que el caso Bárcenas es sólo un invento maligno para tratar de desestabilizar a su partido y que lo importante son los buenos datos de empleo que se esperaban. Ella lo ha dicho todo de forma clara, a partir de ahora toda la acción del gobierno y del PP se resume en amplificar ante los ciudadanos pequeños logros para mostrarlos como grandes hazañas para que simplemente olvidemos el merengue de corrupción en el que está metido el partido que gobierna España. Los dirigentes del PP debieran ser conscientes de que su falta de credibilidad nace de sus propios desaciertos y de sus innumerables mentiras. Podemos alegrarnos de que mejoren las cifras macroeconómicas pero olvidar y exculpar su responsabilidad resulta difícil.

          Tras el fantástico anticipo de los buenos datos de empleo y aunque a nuestro alrededor nuestros parados familiares, amigos y conocidos seguían inscritos en la mayor empresa de España que es el INEM, llegó la hora de la verdad. Se desveló que el paro había bajado en 31 personas, si 31, en unidades no en cientos o en miles. Yo me quedé boquiabierta, sobre todo porque también se hizo público que la Seguridad Social ha perdido 100.000 afiliaciones en un mes. Me hierve la sangre cuando a continuación escucho que se observa un cambio de tendencia. Claro, sólo faltaba que el ritmo de destrucción de empleo creciera como en los últimos 3 años en vez de frenarse, lo que significaría que pronto toda España estaría a la intemperie. Seamos optimistas, pero no ilusos. El último censo demuestra que perdemos población por primera vez en 17 años, muchos inmigrantes están regresando a sus países de origen y un porcentaje nada despreciable de españoles, que suman varios cientos de miles, se van de España en busca de oportunidades, lo que simple y llanamente significa que estamos perdiendo población activa. Esta realidad empírica y contrastable que sufrimos a diario a nuestro alrededor no hay mago, por ingenioso que sea, que nos lo oculte de nuestros ojos.

            Es posible que los datos macroeconómicos estén mejorando pero el camino hacia la recuperación del empleo será lento y doloroso, porque todo indica que una generación de jóvenes quedará en el camino y una franja nada menor de mayores de 50 años, también. No se va a recuperar la economía sólo con la mejora de las exportaciones. Si no hay un crecimiento de la demanda interna, difícil sin crecimiento del empleo, nos va a hacer falta más que ilusión para remontar. Lo único que nos sobra son ilusionistas de pacotilla en el gobierno que tratan de camelarnos, sin darse cuenta de que ya hemos visto el conejo antes de que levanten la chistera. Pero si nos engañan con trucos de feria es simplemente porque lo consentimos.

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Elogio de la paciencia
María Antonia San Felipe 04-05-2013 | 9:41 | 0

 

          España ha llegado a la insoportable cifra de 6.202.700 parados y según el gobierno nada puede hacerse, salvo refugiarse en la resignación y tener paciencia, mucha paciencia para soportar la adversidad. ¡Tranquilos!, nos han dicho, que el gobierno sabe lo que hace. El último consejo de ministros presidido por Mariano Rajoy, “el ausente”, ha sido un ejercicio de clamorosa capitulación ante la realidad. Su política económica ha fracasado y desde el punto de vista político no hay mayor muestra de incompetencia que admitir ante la ciudadanía que nada puede hacerse en los próximos años para superar uno de los momentos más difíciles de la historia reciente de España.

          Nos piden paciencia y esperar a que escampe. Los portavoces gubernamentales quieren que tengamos fe, cuando su credibilidad es inexistente, porque lo único indudablemente cierto es que han incumplido todas las promesas que hicieron a los españoles. La primera mentira fue contarnos que no sabían que las cosas estaban tan mal, algo increíble porque gobernaban la mayoría de las Comunidades Autónomas y controlaban casi todas las cajas de ahorro hoy quebradas. Después vino la excusa de la herencia recibida, mala era, de ello no hay duda 4.978.300 parados, pero ellos se presentaron como el talismán del cambio. Su llegada al gobierno iba a ser tan milagrosa que en algunos lugares, como La Rioja, la cifra de desempleo estaría por debajo del 9%. Después vino la confesión de que Europa nos exige austeridad y que la realidad, como cuando un atracador te encañona con un arma, les estaba obligando a subir impuestos y a dejarnos sin derechos laborales, sin ley de dependencia, con sanidad privatizada y con educación recortada. Está claro que saben lo que hacen. Nos han conducido al borde del precipicio y sólo falta ahora que nos digan que saltemos por el barranco que ya irá Fátima Bañez con Montoro y De Guindos y el jaguar de Ana Mato a recoger nuestros trocitos cuando nos despeñemos.

          Sr. Presidente, no puede jugar al escondite con nosotros, no es tolerable que permanezca en silencio ante su pueblo, porque no resulta un consuelo el juego de niños que se traen entre manos de ponerse en lo peor, con unas previsiones que prolongan la recesión y el desempleo al año 2016, esperando que suene la flauta y las cifras sean mejores para sin hacer nada por conseguirlo vendernos un éxito como quien saca un conejo de la chistera. España no es un circo, aunque a este paso la miseria va a cosechar más víctimas que los leones en la época de Nerón, ya que su política está condenando a la exclusión a demasiada gente. Sin trabajo, ni esperanza de encontrarlo y el que existe ofrecido en condiciones tan precarias que vamos camino de parecernos más a Bangladesh que al resto de Europa, no se puede continuar. ¿Puede salir adelante un país sin ambición y sin esperanza? Yo creo que no, aunque desgraciadamente no veo a nadie capaz de ofrecer esa confianza precisa para ganar el futuro.

          Hasta ahora sr. Rajoy, la gente se ha organizado desde la solidaridad con increíble paciencia pero es hora de ofrecer soluciones. Creo que ha llegado su momento, el de la verdad. Sr. Presidente, es la hora de dar la cara ante la Nación y dejarse de embustes y medias verdades porque cuando un gobierno se equivoca tan gravemente en sus previsiones y en su diagnóstico de la realidad cabe esperar, cuando menos, una rectificación de sus políticas a la velocidad del rayo, pero si la única receta económica que puede ofrecer es la petición de paciencia a la insuperable cifra de damnificados por una política errónea, que está hundiendo cada vez más en la recesión a todo el país condenándolo a un futuro negro como el carbón, sólo cabe una salida: la dimisión.

 

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Todos jodidos
María Antonia San Felipe 20-07-2012 | 3:00 | 0

Ningún español tiene dudas de que al electricista que robó el códice calixtino en la catedral de Santiago de Compostela le va a caer una ejemplar y merecida condena. Tampoco dudan los españoles que ninguno de los responsables del saqueo y expolio de las cajas de ahorros tendrán la condena que indudablemente merecen. En España no sé si existe la justicia, pero diferencias ha habido siempre y al delincuente de cuello blanco se le ha dispensado siempre un tratamiento e incluso una admiración social difícil de comprender e incluso de aceptar.

 También resulta una verdad irrefutable que, en cualquier país democrático de nuestro entorno, si un diputado hubiera proferido el grito: -¡Qué se jodan!, refiriéndose a los parados a punto de perder la prestación por desempleo, hubiera tenido que dimitir sin más trámite ni ceremonias. Pero no, en España con una cartita hipócrita todo arreglado y la desvergonzada diputada sigue detentando todos los privilegios que le procura su condición de representante de ese pueblo, al que acaba de escupir a la cara  y al que ha demostrado detestar sólo porque se remueve y protesta ante la enésima agresión a sus derechos y a su dignidad.

 Está claro que España no es un país que proteja precisamente a la gente digna y honrada. Tener que escuchar, en un país camino de los 6.000.000 de parados, que se recorta la prestación por desempleo para que éstos se pongan a buscar trabajo desde el primer día y porque hay mucho fraude, cuando acaba de aprobarse una amnistía fiscal para los grandes defraudadores de este país, es una clara indignidad. El fraude debe combatirse, en un país democrático, siempre y en todo caso, no sólo persiguiendo al eslabón más débil de la cadena.

 Justificar el recorte salarial y el incremento de la jornada de los funcionarios, reprochándonos, como ha hecho Montoro, que somos unos privilegiados, que aprobar una oposición no lo es todo y que estamos obligados a colaborar y a entender lo que pasa, no es suficiente. Hay que decirle que sí, que estamos dispuestos a poner de nuestra parte el trabajo profesional e independiente de nuestra función pública pero que, antes de volver a apretarnos el cinturón otra vez, nos gustaría ver cómo empiezan a desfilar, para reducir esa gigantesca administración, los cientos de enchufados y cargos de confianza, de asesores de gabinetes y de empleados en fundaciones y empresas públicas injustificables que se han creado en el Estado, en los Ayuntamientos y sobre todo, en las Comunidades Autónomas. Esta red clientelar al servicio del poder de turno, ni siquiera ha hecho una oposición, sólo ha recibido la bendición del “dedo” y está en los puestos mejor retribuidos. No sólo sabemos lo que pasa, sino que incluso podríamos señalar con nuestro “dedo” las partidas presupuestarias inútiles para el servicio público que se gastan diariamente.

 Anunciar que en las próximas elecciones se reducirá el número de concejales en España cuando todos sabemos que en los pueblos pequeños, por ejemplo, no cobran sino que ayudan en su tiempo libre, mientras se mantiene un elevado número de concejales a cargo del erario público en localidades en los que nunca existieron, resulta de una hipocresía incomparable que protege a una nueva casta política que vive ajena a los pesares de la calle.

 Subir el IVA que va a hundir a muchas pequeñas empresas y no tocar, por ejemplo la fiscalidad de las grandes fortunas, aunque sólo sea para repartir la pesada carga, resulta igualmente reprochable. Es decir, señores del gobierno: no moralizar la vida pública, no decirnos nunca la verdad, demonizar al más débil, exagerar lo mal que estamos para que aceptemos lo inaceptable, ayudar así a hundir nuestro mercado de deuda y las esperanzas de futuro, eso es lo que nos tiene a todos jodidos, Sr. Presidente.

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Irse a Laponia
María Antonia San Felipe 24-02-2012 | 9:00 | 0

 

 

 Unos se disfrazan y otros se quitan las máscaras, en resumen, ésta ha sido siempre la esencia del carnaval. El disfraz ayuda a pasar desapercibido, por eso, los momentos estelares más grandiosos siempre se han producido con la caída de la máscara, es decir, cuando el personaje se nos muestra tal y como es en realidad. No nos engañemos, casi siempre son los detalles los que muestran la verdadera dimensión de la persona, ese momento no suficientemente controlado en el que el subconsciente traiciona y aparece ante el público su verdadera faz. Podemos decir que, tras la fiesta carnavalera, hemos conocido el pensamiento de dos personajes hasta ayer extraños para la mayoría de los españoles, me refiero a D. José Luis Feito, presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE y a D. Antonio Moreno, Jefe Superior de la Policía de Valencia. Hay que reconocer que las palabras de estos dos señores han hecho furor en los últimos días.

El directivo de la CEOE ha reivindicado la retirada del subsidio a los parados que rechacen un trabajo aunque sea «en Laponia». Al querer enviar a los desempleados incluso al círculo polar Ártico no podemos olvidar que sus palabras se pronunciaron tras la aprobación por el gobierno de la reforma laboral y ya hemos visto cómo al conocer su contenido en la CEOE se han fumado un puro (o a lo mejor, dos). En los trabajadores, por el contrario, se ha instalado un creciente temor ante la precariedad intrínseca que supone hoy cualquier trabajo por estable que parezca. Los parados por su parte, ante el terrible anuncio de Rajoy, que pronunció imperturbable, de que pueden destruirse otro millón de empleos, se ven sin esperanzas y sin cobertura de desempleo. En este clima social los directivos de la CEOE debieran ser, como mínimo, prudentes. Sus palabras parecen exigir al gobierno otra vuelta más de tuerca a cargar en las espaldas de los trabajadores que son los grandes paganos de una crisis sistémica profunda que ellos no han producido. Si, como sabemos, rechazar ofertas de trabajo ya está penalizado en nuestra legislación lo que su afirmación sugiere es que la mayoría de los parados no quieren trabajar, salvo que se les ponga la miel en la puerta de casa y teniendo en cuenta los 5.300.000 españoles que hay en paro me parece un insulto vergonzoso. Puede existir, señor Feito, entre todos ellos, un porcentaje de vagos pero no en la elevada proporción que usted ha sugerido. Generalizar tanto no es bueno, ¿cuál sería su reacción si se le espetara a usted que todos los empresarios son unos sinvergüenzas? Tampoco sería justo, pero no olvide que a su anterior presidente, Gerardo Diaz Ferrán lo están juzgando por estafa y apropiación indebida. La movilidad es ya el pan nuestro de cada día y todos sabemos que hoy un 22% de los jóvenes españoles en paro, los más capacitados y preparados, están abandonando España no sé si en dirección a Laponia pero si a Alemania, EEUU o América Latina.

Si a Feito habría que decirle que ha desaprovechado una buena ocasión para callarse, al jefe policial de Valencia debiéramos aplicarle el refrán de que en boca cerrada no entran moscas. Su afirmación de que “no es prudente que yo le diga al enemigo cuáles son mis fuerzas”, refiriéndose a los estudiantes contra los que ha utilizado un nivel de represión desproporcionado, con la aquiescencia de la Delegada del Gobierno, ha sido un desatino justamente reprochable. El lenguaje bélico no se justifica al hablar de conciudadanos que protestan en defensa de lo que consideran la vulneración de sus derechos y menos en un país que ha reconstruido su paz con un abrazo fraterno en torno a una Constitución consensuada. Echo en falta, en conclusión, un poco de prudencia en estos tiempos difíciles. Mientras, yo propongo que a estos dos señores los mandemos una temporada a Laponia, ustedes ya me entienden.

 

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