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Pedro Sánchez

Huérfanos
María Antonia San Felipe 21-01-2017 | 9:00 | 0

Desde que Rajoy quedó instalado en la Moncloa en octubre de 2016 una ola de desaliento invadió a más de 10 millones de votantes de izquierda en este país. Estos últimos meses nadie ha devuelto a tanta gente defraudada ni una chispa de esperanza. La izquierda española es hoy como un campo minado, cualquier paso en falso puede hacer estallar un incendio. Los votantes contemplan atónitos el  espectáculo.
           En las últimas elecciones muchos depositaron sus esperanzas en una nueva organización, Podemos, que emergió con fuerza encauzando toda la indignación que la crisis económica había generado. Su análisis de las causas de la desgarradora situación que estaban viviendo muchas personas en España, la aparente espontaneidad de su discurso y la fuerza con la que un grupo de jóvenes ponía el dedo en la llaga de las contradicciones de los partidos tradicionales los llevó al Parlamento europeo y después al de España. Su transformación en un partido, aunque ellos se proclaman un movimiento social, ha chocado contra la tozuda realidad. Hacer política no es fácil, nunca lo ha sido. Hoy es un oficio muy desprestigiado por la propia clase política pero lograr la sintonía y la complicidad de un amplio espectro social es un reto más complicado de lo que algunos creían.
           La piedra en la que ha tropezado Podemos es la misma en la que suelen hacerlo todos: las disputas internas. La izquierda es especialista en este deporte. Siempre consiguen que de la pelea que se libra en su seno se entere todo el vecindario. En eso están ahora en Podemos. Iglesias y los suyos creen que hay que dar miedo a las élites y para ello el campo principal de actuación ha de ser movilizar a la calle. Errejón opina que la base social de un partido tan plural sólo puede crecer ampliando los sectores a los que se dirige, sin olvidar la política institucional puesto que ahora sus votantes los han colocado en los parlamentos. Aunque las luchas internas siempre son por el poder, si no superan las diferencias pueden terminar por diluirse como un azucarillo en su propio caldo y convertirse en un partido residual. Mantener a la calle en constante tensión, como si se fuese a tomar la Bastilla cada mañana, se me antoja un objetivo bastante complicado en un país que ha soportado grandes sacrificios y recortes de derechos y, sin embargo, ha vuelto a confiar y a votar a aquellos que se los impusieron.
            El PSOE por su parte lleva tiempo alimentado la hoguera de la autodestrucción. Demasiado tiempo echando leña al fuego, por eso, pierde militantes, pierde credibilidad y pierde el afecto de su base electoral que se siente abandonada a su suerte. Pese a que queda más amargura que ilusión, muchos votantes fieles siguen esperando un milagro. El PSOE es un partido con demasiada historia para perecer por las ambiciones personales de unos dirigentes que solo sueñan con permanecer en sus cargos porque han hecho de la militancia un oficio y no una forma de contribuir a transformar la sociedad. El resultado es que, dedicados a anular a los adversarios en agrupaciones y comités, a conseguir fieles y mudos seguidores, en vez de a alumbrar ideas y regenerar instituciones han convertido una organización clave en la historia de España en un partido fracturado que ha abandonado a sus votantes.  Parece que va a haber primarias, Susana Díaz se prepara pese a que se ha quemado en la batalla interna. Pedro Sánchez se lo está pensando tras comprobar cómo su estado mayor, es decir, los mismos que le aconsejaron tan rematadamente mal y que lo empujaron al suicidio político se organizan ahora en torno a Patxi López, otro de sus antiguos “aconsejantes”. En fin, ya se sabe que las traiciones son habituales en política, hay especialistas que siempre flotan tras el naufragio. Veremos si se obra el milagro y alguien con fuerza emerge de las tinieblas.
           Confieso una inmensa tristeza. Contemplo el panorama y veo a la derecha asentada en el poder mientras la izquierda se afana en empujar a los suyos al desaliento y los deja huérfanos de esperanza.

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El suicidio
María Antonia San Felipe 05-11-2016 | 8:07 | 0

El pasado sábado Rajoy veía caer el último obstáculo para acceder por segunda vez a la presidencia del gobierno. La abstención de la mayoría de los diputados socialistas obró el prodigio. El triunfo de unos sentencia la derrota de otros. Por eso, al tiempo que un Rajoy ufano salía del hemiciclo, el PSOE, su tradicional adversario, ardía en su propio incendio. El rescoldo durará tiempo, siempre hay voluntarios para avivarlo. Un vistazo a las redes sociales es suficiente para advertir la dimensión de la herida dentro del PSOE, las descalificaciones entre partidarios de una u otra postura, de uno u otro líder superan la cordialidad y el respeto.
          En este clima compareció Pedro Sánchez en el programa de Jordi Évole. Parecía un hombre dolido, herido por otros y, por sí mismo, vencido. Cuando la situación anímica es de fragilidad es aconsejable tomar distancia para sobreponerse. Nadie supera de golpe las decepciones y menos cuando los puñales son tan próximos y recientes. Es lo que tiene el poder, aparecen amigos que nunca lo fueron. Sánchez no hizo autocrítica, reconocer los propios errores es más doloroso que identificar a quienes te han abandonado, engañado o maltratado. Resultó candoroso que Sánchez reconociera ante la audiencia que hay poderes económicos que tratan de condicionar el poder político, grupos de presión inmisericordes en defensa sólo de sus intereses. En fin, algo que los ciudadanos saben sin pretender aspirar a la presidencia del gobierno. A estas alturas nadie ignora que los gobiernos mandan poco pero, muchos saben, que un gobierno decente intenta, cuando menos, contrapesar la influencia y la supremacía de esos tentáculos más omnipotentes que los estados. Si hemos llegado hasta aquí ha sido precisamente por no poner límites a esos poderes que nadie elige y que nos han sumergido en una crisis en la que unos engordan y otros sobreviven.
          Pedro Sánchez dejó claro que va a competir en unas primarias para regresar a la Secretaría General del PSOE y lanzó un mensaje a Susana Díaz para que comparezca en la carrera sin ocultarse detrás de sus peones. El problema es que la cosa es más complicada que un duelo entre narcisos competidores cuyas diferencias políticas desconocemos porque han reducido el debate a un problema de poder y no de proyectos.
El PSOE hace tiempo que arrastra dos problemas endémicos, el primero es ideológico y el segundo es de liderazgo. Desde hace tiempo la socialdemocracia europea transita sin rumbo claro. La crisis económica lo ha hecho más evidente al carecer de una alternativa potente a las políticas neoliberales impuestas. Se han aceptado las políticas de austeridad que no están impulsando el crecimiento en toda Europa y de aquellos polvos vienen estos lodos. El expresidente Zapatero en mayo de 2010 se rindió a las exigencias de Merkel, modificó el artículo 135 de la Constitución (con el apoyo de Sánchez) y los votos del PP. Al no convocar elecciones por haber incumplido su programa, socialdemócratas y conservadores aparecieron como aliados y el electorado dejó de percibir las diferencias entre la izquierda hegemónica y la derecha tradicional. Ahí cristalizó la desconexión con el electorado. A esta circunstancia se une el problema de liderazgo que hubiera sido menos relevante si la fuerza ideológica del partido lo hubiera acompañado, pero Pedro Sánchez no ha conseguido en este tiempo establecer sintonía con el votante tradicional del PSOE de ahí sus menguados resultados. Los ciudadanos que permanecieron fieles ya no votaban con la alegría de antaño y eso propició el nacimiento del 15-M y de Podemos.
          A estos dos problemas hay que unir ahora el desengaño y la indignación que la deriva actual ha producido. Si el acuchillamiento público entre dirigentes y militantes continua, el PSOE puede pasar a la irrelevancia. Pedro Sánchez ya nos ha mostrado sus debilidades. Susana Díaz ha acreditado ser más diestra con la espada que con las ideas. Lamento repetirme pero los dos son protagonistas del desastre. Enzarzados en la pelea de gallos están más cerca de romper el PSOE que de convertirse en su vanguardia ideológica. Suicidarse es una forma romántica de morir pero sería demoledor para un partido con tanta historia. Esperemos que el PSOE albergue todavía más inteligencia que rencor.

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El entuerto
María Antonia San Felipe 05-03-2016 | 9:00 | 0

Es posible que la brillantez de los oradores haya complacido a sus respectivos seguidores pero el resultado final del debate de investidura suma una nueva frustración colectiva a las decepciones de los últimos tiempos. Las matemáticas son la única disciplina que no ha fallado en este debate que ya sabía a derrota incluso antes de ser convocado. A sumar y restar hace tiempo que aprendimos pero, en este país, somos más expertos en separar que en aunar, sin olvidar nuestra notable experiencia en buscar culpables de los fracasos antes que soluciones a los problemas. Mientras buscamos al malo de esta película se desvanece la posibilidad de sumar apoyos para formar un gobierno con un mínimo de propósitos compartidos.

Estamos inmersos en un galimatías de solución imposible. Hay que reconocer que el candidato Pedro Sánchez se ha esforzado cuanto ha podido. Ha asumido un papel protagonista que, inicialmente no le correspondía, pero al que la cobardía de Rajoy le ha empujado. Ha sorteado muchos obstáculos, los internos de su partido podían habérselos ahorrado sus denominados compañeros, pero ya saben ustedes que las ambiciones personales, es decir, el factor humano casi siempre distorsiona la realidad y también la historia. En cuanto a las dificultades externas ha procurado un imposible al tender la mano hacia dos de los actores principales de la película, Ciudadanos y Podemos, pretendiendo un entendimiento imposible entre la noche y el día.

Rajoy actuó en el debate como durante su mandato, con una superioridad que roza la soberbia de quien cree que el poder le corresponde por ser la fuerza mayoritaria a la que simplemente hay que sumarse cuando él ha sido incapaz de conseguir un solo apoyo más. Ya dije la semana pasada que su tiempo es el pasado y mientras no lo comprenda su partido no levantará cabeza aunque conserve el apoyo de muchos ciudadanos fieles a sus siglas pero no a él. Rivera le ha señalado la puerta pero Rajoy pretende, tras el fracaso de Sánchez, emerger como solución de un sudoku imposible. Si la izquierda parlamentaria no suma la derecha, tampoco y la transversalidad de una negociación más amplia significaría derogar sus propias leyes, revertir la mayoría de sus regresivas medidas sociales y una limpieza a fondo de sus filas manchadas por una corrupción que no ha sabido limpiar como le han recordado Rivera y otros.

El líder de Podemos Pablo Iglesias, se ha demostrado un brillante parlamentario pero ha sido incapaz de crear un clima de empatía con quien dice que quiere gobernar. Le guste o no, de su intervención en el debate se recordará su mención a la cal viva respecto a los gobiernos de Felipe González en la guerra sucia contra ETA, algo innecesario que rezuma un regusto a odio y que aleja la posibilidad de una negociación fructífera y sincera con el PSOE. Si la estrategia es conseguir elecciones su objetivo estará cumplido, pero si pretende lograr un acuerdo es un error para alguien que pretende la hegemonía de la izquierda y que nutre su respaldo electoral de las deserciones de votantes socialistas. Podemos no puede olvidar que el apoyo que ha conseguido no es garantía de fidelidad en el voto, de igual modo que nunca pasa la misma agua por el mismo río.

Hoy con la segunda votación se cerrará este debate de investidura fallido en su objetivo, el resultado es frustrante y lo que venga después es un misterio que sólo resolverán los nuevos y viejos políticos si juegan más al interés común que al propio. De momento, hemos de agradecer a Pedro Sánchez que si lo que nos depara el destino son nuevas elecciones que, al menos, haya tenido la generosidad de poner en marcha el contador de tiempo. Así sabemos ya que, en el peor de los casos, quedan sólo dos meses de calvario para procurar deshacer el entuerto que ellos son incapaces de resolver siendo tan listos y hablando tan bien desde la tribuna de oradores que les hemos prestado.

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Ya lo dijo Einstein
María Antonia San Felipe 09-08-2014 | 10:37 | 1

Ya demostró Einstein, y nadie le ha desmentido, que el tiempo y el espacio no son absolutos sino relativos respecto al observador que los mide. Aplicando la teoría de la relatividad a nuestra querida España, podemos deducir sin temor a equivocarnos que los mismos datos producen en quien los escucha distintos efectos según el punto de observación en que se sitúen. Analizando los últimos datos de desempleo facilitados por el gobierno, si hacemos caso a Einstein, podemos deducir que las mismas cifras producen diferentes reacciones y conclusiones diversas. El mes pasado se descontaron 29.841 parados respecto a junio, es decir un 0,6% menos y una bajada interanual del 5,9%. ¿Es mucho o es poco?, como diría Einstein, depende. Si estuviéramos en una tasa de desempleo muy baja estos porcentajes serían espectaculares, pero como es elevadísima, se trata de un minúsculo oasis en un inmenso desierto.

La desproporcionada reacción de entusiasmo de Rajoy y su gobierno nada tiene que ver con la que se escucha a pie de calle. En general, el empleo que se crea es estacional, a tiempo parcial y cada vez peor pagado. El que lleva mucho tiempo llamando a las puertas de las empresas sabe que cada día que pasa tiene menos posibilidades de encontrar un empleo que le permita vivir. No hay que perder la esperanza, sí, pero parece que ésta vive demasiado lejos y tendrá que pasar mucho tiempo antes de alcanzarla y, claro, como diría Einstein, el tiempo no corre igual para el que espera un empleo que para la corte de charlatanes que nos repiten que la crisis ha llegado a su fin. No van a pasar igual el verano Mariano Rajoy, que tras los últimos datos se cree el Cid Campeador, que el parado de 55 años que se ha quedado sin prestaciones ni que el joven que espera en septiembre hacer las maletas rumbo a un subempleo en Alemania o en la vendimia francesa.

Hay otro dato de esta semana que pone de manifiesto la distancia cada vez mayor entre el político convencional y la calle. Los últimos datos del CIS certifican el desplome en intención de voto de los dos partidos políticos que han gobernado España desde el advenimiento de la democracia y el avance de una nueva fuerza, Podemos, que parece consolidarse contra todo pronóstico de analistas y supuestos expertos y que está captando votos de todos los estratos sociales. Mariano Rajoy cree que si se consolida el crecimiento económico todos los desaguisados perpetrados contra el estado de bienestar y el inmenso pecado de corrupción de su partido les serán generosamente perdonados por un electorado temeroso de lo que pueda llegar. No se da cuenta de que el crecimiento no sólo es todavía imperceptible, sino que no hay garantías de su permanencia. Ahí tenemos a Italia que acaba de certificar de nuevo un crecimiento negativo. Por su parte el PSOE acaba de renovar su liderazgo aunque el resto de su estructura territorial, las poderosas baronías, siguen inmutables. Si su electorado, cada vez menos fiel, no observa cambios radicales, percibe titubeos contra la corrupción y no vislumbra otra forma de hacer política es posible que inicie, en vez de la remontada que esperan, el descenso a la marginalidad.

Pedro Sánchez, en su proclamación, apuntó que en esta crisis el problema no ha sido la economía sino la política la que ha fallado. En esa consideración lleva toda la razón, la vocación transformadora que debe tener la política se convirtió en un instrumento protector de los poderes económicos. Objetivamente han sido la falta de regulación, la ausencia de controles y el sometimiento de la clase política a la especulación organizada y al enriquecimiento ilícito, los que hicieron que los ciudadanos se sintieran traicionados por sus representantes. Hoy la calle demanda a gritos cambios sustanciales en el sistema, no quiere destruirlo pero sí regenerarlo radicalmente. La historia enseña que si los cambios no se propician desde arriba, éstos se acabarán consiguiendo desde abajo. Mensaje a los de arriba: caminen por las calles.

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Cosas veredes
María Antonia San Felipe 19-07-2014 | 10:49 | 2

Cosas veredes, amigo Sancho que farán fablar las piedras. Es más probable que veamos extraterrestres que a Esperanza Aguirre sonrojarse tras lanzar impertinencias sin mirarse en el espejo de la autocrítica, un ejercicio del que siempre se aprende. La última encuesta del CIS concluye que, en estos momentos, Podemos sería la tercera fuerza política y Aguirre dice que el partido de Iglesias ha empleado las técnicas propagandísticas del nazismo, diciendo mentiras para tratar de desprestigiar a los partidos existentes. El análisis de doña Esperanza no puede ser más simplista, ya que si la nueva formación ha surgido con ímpetu en el panorama político español ha sido gracias a los deméritos de los partidos tradicionales y, en especial, al caldo de cultivo de las reiteradas mentiras al pueblo español del gobierno del partido de Esperanza Aguirre. No sólo han mentido a los españoles incumpliendo sus promesas sino eludiendo responsabilidades en las redes de corrupción en la que muchos nadaron. No olvidemos que sin el revolcón de las elecciones europeas es más que probable, por ejemplo, que Jaume Matas hubiera sido indultado. Hoy ante el miedo a una opinión pública cada día más concienciada han preferido que ingrese en la misma prisión que él mismo inauguró. ¡Que cosas tiene la vida! El ex ministro de José María Aznar, el hombre puesto como modelo en los años de la expansión económica, atesora ya la primera condena de las múltiples causas judiciales que tiene abiertas. Estos días, Dolores de Cospedal, con gran sentido de la oportunidad, habla de que sólo su partido tiene interés en combatir la corrupción cuando nunca se extrañaron de lo que hacía Bárcenas para conseguir tan elevados sobresueldos para tantos dirigentes.

Si el ascenso en las encuestas de Podemos llegará a concretarse en votos o no, el tiempo lo dirá, pero cada vez que los dirigentes del PP lanzan críticas salidas de tono, lo único que consiguen es reforzarlos e identificar a más ciudadanos con esa fuerza política. Creo que es hora de que algunos limpien el patio de su casa y luego, tras la desinfección, se dirijan de nuevo a los ciudadanos. Según los expertos demoscópicos Podemos ha rebañado votos no sólo al PSOE sino también el PP y a UPyD, así que está claro que ha llegado la hora de los cambios o el principio del fin. Así lo ha entendido el PSOE que ha iniciado un proceso de renovación largamente demandado por sus votantes y por sus propias bases y que se había ido posponiendo en el tiempo con argumentos que obedecían únicamente a equilibrios de poder internos. Si han acertado o no, también lo dirá el tiempo pero el reto que tienen por delante es tan difícil como apasionante si lo que pretenden es salvar la pervivencia de un partido crucial en la historia de España. El nuevo secretario general, Pedro Sánchez, no lo va a tener fácil y mucho menos si los barones territoriales, que siguen sin entender nada de lo que ha ocurrido, persisten en pelear por cuotas de poder en vez de buscar fórmulas para conectar con una ciudadanía que no está dispuesta a comulgar con ruedas de molino. Así que Pedro Sánchez debe saber que a grandes males, grandes remedios. No tiene más solución para legitimarse ante los ciudadanos que ejercer con autonomía el poder que le han dado los militantes y dejarse de pasteleos de mesa camilla si quiere sobrevivir a la prueba de fuego que supone el paso por las urnas. Si quiere conectar de nuevo con la ciudadanía debe olvidar el lenguaje retórico de los políticos profesionales y dirigirse al pueblo con la sinceridad y la cercanía que sólo le otorgará el reconocimiento del verdadero problema que tiene hoy el PSOE: la falta de credibilidad. Para ganarla debe patear más la calle y menos los despachos de los barones territoriales que, en general, carecen de liderazgo social. Tampoco puede olvidar, al confeccionar su nueva ejecutiva, que es mejor rodearse de gente con ideas y capacidad de gestión que de pelotas y trepas que buscan sillones en vez de soluciones. ¡Atentos!

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.