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Pedro Sanz

Un tiempo que ya no existe
María Antonia San Felipe 24-06-2017 | 8:52 | 0

pedro-sanzEsta es la crónica de un tiempo que ya no existe. Puede que movida por la nostalgia decidiera asistir, el 15 de junio, al pleno del Parlamento de La Rioja en el que se sustanciaba la reprobación del que durante veinte años fuera el omnipresente presidente de La Rioja, Pedro Sanz. Es sabido que esa desaprobación parlamentaria solo es una especie de reprimenda sin efectos jurídicos pero, indudablemente, no fue un buen día para un hombre acostumbrado a mover personalmente todos los hilos políticos de esta región. Pedro Sanz no tuvo la valentía de escuchar la censura sobre su chalet ilegal o la financiación de la sede del PP, por parte de los grupos parlamentarios a través de una propuesta materializada por Podemos y votada, en la parte de la reprobación, por Ciudadanos y el PSOE. Por eso, Pedro Sanz, popularmente llamado Pedrone, abandonó el hemiciclo huyendo de las palabras como quien huye del incendio que lo devora y que ya no puede controlar pese a haber ostentado el poder absoluto en esta región.
          Así que, el mismo día en que se cumplían los cuarenta años de que los españoles votaran las cortes constituyentes de 1977, mientras el popular Pedrone huía por la puerta trasera del hemiciclo, yo llegué a él para recordar otra fecha del pasado. El 7 de diciembre del año 2000, día en que se celebraban los actos del día de la Constitución, se recibía en el parlamento riojano al ministro Ángel Acebes, el mismo que esta semana ha prestado declaración en el juzgado por el sumario sobre corrupción del caso Gürtel, ya ven ustedes las vueltas que da la vida. Acebes llegó precedido por el presidente Sanz que, con su habitual falta de educación, se negó a saludar a quienes no le gustaban. Entre los castigados por su rencor estaba quien esto escribe.
          Sanz, en los momentos álgidos de una gloria que él creía eterna, ideó la ejecución de una venganza parlamentaria para reprobar a la diputada que denunciaba la adjudicación de importantes contratos de la Consejería de Salud a una empresa de la que era accionista el propio consejero. Hoy hubiera sido un escándalo de primera magnitud por el clima de crispación que produce la corrupción política pero, en ese tiempo que ya no existe, era posible darle la vuelta a la tortilla. A nadie le importaba, así que en vez de cesar al Consejero, se pidió la reprobación de esta columnista, entonces diputada socialista.
Para poder “censurar” a la parlamentaria que denunciaba irregularidades de su gobierno, Pedro Sanz, con su larga mano, consiguió que sus compañeros al frente del Parlamento forzaran el Reglamento y se admitiera una propuesta que no tenía precedentes. Digo forzando el Reglamento e incluso el sentido común, porque lo natural en un parlamento que tiene entre sus funciones la de controlar al gobierno, era reprobar al Consejero que adjudicaba obras de forma irregular y no a quien, lo denunciaba.
          En este nuevo tiempo, diecisiete años después, ese precedente parlamentario que promovió mi reprobación, aunque nunca llegó a efecto, es el que ha permitido tramitar el tirón de orejas a Pedrone. Casi siempre el pasado regresa, a veces, en forma de venganza y otras, de reparación del daño producido. Es lo que tienen los caprichos del tiempo.
          He aprendido que hoy nadie hubiera aplaudido ni consentido, como se hizo entonces, la salida de tono de Pedro Sanz pero es que el tiempo de la política no es el tiempo de la historia. De las risas del cortoplazo pasamos a la perspectiva que da el transcurrir del tiempo, se ve con más claridad la realidad y con más crudeza los hechos. Por eso, esta crónica es la de un tiempo que ya no existe aunque quienes quedaron seducidos por la telaraña del poder crean que siguen siendo el centro del universo. En el pasado, hasta los dinosaurios perecieron y, aunque sonreímos al recordarlos, ya no nos alcanzan ni aun en los sueños.

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Lágrimas
María Antonia San Felipe 08-04-2017 | 9:42 | 0

Cuentan las crónicas sobre el congreso del PP de La Rioja que en el transcurso del mismo hubo lágrimas. Pedro Sanz, conocido popularmente como Pedrone, el hombre que con mano de hierro ha conducido durante un cuarto de siglo los destinos de la derecha riojana lloró de emoción y, después del recuento de votos, comentan que de conmoción. No es para menos. En sus tiempos de gloria ni una mosca hubiera sobrevolado los salones de Riojaforum sin su permiso. Ahora que su poder ha quedado periclitado los afiliados de su partido se han tomado la revancha después de años de obediencia y sumisión al líder. Cuando supe de las lágrimas que habían rodado sobre sus mejillas, evoqué la insuperable escena de Quo vadis? cuando Peter Ustinov, en el papel de Nerón, llora antes de ordenar el incendio de Roma. En este caso el fuego de las urnas no precisó la ayuda de los bomberos aunque Pedro Sanz, por dentro, sintió que su orgullo ardía en la hoguera de la humildad, una virtud que jamás había practicado. La corona de laureles, que adorna a los líderes y que durante años lució, creyéndola eterna, desapareció para siempre de su frente y pasó a adornar la cabeza de un Ceniceros exultante.
Sanz que pudo retirarse con elegancia el día que fue relevado de la presidencia del gobierno, o incluso antes, no quiso hacerlo y permaneció en la sombra pretendiendo influir en su fortuito heredero que ahora regentaba el chiringuito gubernamental. Ceniceros fue siempre un hombre fiel y sumiso a Pedro Sanz, por eso él lo eligió. Durante años Ceniceros y otros muchos fueron su guardia pretoriana, llevaron adelante sus consignas y sus imposiciones. Obedientemente, aunque no lo compartieran, toleraron las salidas de tono de su jefe. Cuando Pedro Sanz elegía una víctima no cejaba en su empeño hasta destruirla, no siempre lo consiguió, pero su cohorte jamás alzó la voz ni en las purgas internas ni en las cacerías a miembros de la oposición.
           Por eso este proceso congresual del PP ha sido duro, muy duro, especialmente para José Ignacio Ceniceros que ahora desempeñaba el papel de víctima propiciatoria en el intento de Sanz de proclamar a su verdadera heredera. La rueda de prensa de Sanz explicitando su apoyo a Cuca Gamarra fue sorprendente, sus palabras no fueron de refuerzo de la alcaldesa de Logroño sino contra José Ignacio Ceniceros. Sanz, que jamás fue generoso, pedía generosidad. Él, que se va porque no le queda más remedio, hablaba de saber echarse a un lado para dejar paso. ¡Qué ironía! A las declaraciones teñidas de hipocresía hay que sumar las del presidente de la Cámara de Comercio de La Rioja, José María Ruiz Alejos, denunciando que no había timonel en el gobierno de La Rioja. Otro dardo envenenado a la línea de flotación de Ceniceros pilotado por Pedro Sanz.
           Es indudable que en el afán de acabar con José Ignacio Ceniceros se le ha ido la mano y eso ha terminado removiendo a la militancia que, en todos los partidos, no soporta la división pública de sus representantes. Al victimizar a Ceniceros con declaraciones tan duras e intempestivas, Pedro Sanz le ha dado la fuerza y, a su pesar, el liderazgo. Lleva razón Ceniceros cuando, antes de ganar, afirmaba que en este clima incluso el triunfo era una derrota. Pacificar su partido tras el proceso sangriento que se ha vivido es un reto. Después de haber sufrido en sus propias carnes el estilo implacable del más genuino Pedrone seguramente ha aprendido más que en toda su carrera política. Ahora sabe que lo que está mal, está mal aunque no se lo hagan a uno.
          Pedro Sanz sin práctica en asumir derrotas también ha aprendido lo efímero e imprevisible que es todo en política. Al actual vicepresidente del Senado le queda un retiro dorado despojado de todo poder de influencia. No será el único disgusto que coseche antes de pasar a integrar el único tiempo que le queda, el del olvido.

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No puedes volver atrás
María Antonia San Felipe 18-06-2015 | 7:04 | 0

Se va, Pedro Sanz dice que se va, pero no del todo. Seguirá siendo senador y presidente del PP en La Rioja, en un partido en el que la presidencia la ostenta tradicionalmente quien de verdad manda. Los que le conocen, que son muchos en el pequeño ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, no han podido sorprenderse. Sanz siempre administró el poder de una forma peculiar, a la antigua usanza. Durante veinte años, tras cinco mayorías absolutas,  lo ha ejercido a conciencia, sin dejar un resquicio a la generosidad con el adversario, ya fuera interior o exterior. El mando, a su entender, es patrimonio del jefe y se ejerce de forma jerárquica, para que nadie se llame a engaño. Controlar todos los detalles, saberlo todo de unos y otros, estar al tanto de cualquier pormenor, creerse temido le ha gustado y se ha gustado tanto en el papel que ahora le resulta difícil desprenderse del hábito y del cargo. Es comprensible, no existe adicción que uno pueda superar de golpe y mucho menos la del poder. Dicen los expertos que cuesta desengancharse, hacerse a la idea de que uno no es lo que fue, por eso Sanz se queda de presidente del PP de La Rioja. Esta es la señal que nos alerta de lo que en realidad pretende cuando dice que seguirá, por muchos años, al frente de su partido. No es el suyo, por tanto, un gesto de generosidad para lograr el pacto con Ciudadanos ni tampoco con La Rioja, que seguramente sobrevivirá a su largo mandato. Esta es la razón por la que su sucesor es un hombre de su total confianza, fiel a aquel a quien todo debe y del que todo sigue esperando.

Los resultados de las pasadas elecciones ya auguraban un posible relevo. Pedro Sanz ha disfrutado lo indecible tumbando pleno a pleno, mes a mes, año a año todas las iniciativas de la oposición, ha negado la participación, el diálogo y a veces el respeto parlamentario. Estoy segura de que Pedro Sanz, que tanto disfrutaba cuando le llamaban Pedrone, no podría superar que la realidad numérica del nuevo Parlamento no cumpliera fielmente todas sus órdenes dictadas desde el Palacete del Espolón. Para él perder una votación es como para un militar ser deshonrado al arrancarle los galones.

 Yo me cuento entre las muchas personas a las que el Presidente Sanz negaba el saludo en los actos oficiales. Esos comportamientos eran para él una chanza con la que pretendía humillarte, sin darse cuenta de que el poder, como la vida, son finitos por muy longevos que sean y que algún día a él  habrá, no sólo quien le niegue el saludo sino que muchos, más pronto que tarde, le olvidarán. Así son las cosas don Pedro, efímeras, fugaces y pasajeras. En su despedida yo le deseo lo mejor, no deje que ningún rencor ni rencilla alguna le reconcoman por dentro. Si me permite, ahora que desea no sólo que le admiren sino que le quieran, debiera ejercer el altruismo, deje que su sucesor no sienta en sus espaldas su permanente tutela. Deje a los suyos organizarse a su antojo y disfrute, se lo merece. Con todo el respeto y viendo, desde hace tiempo, los toros desde la barrera, me atrevo a sugerirle que deje a los suyos, a los más jóvenes o a los más dotados que vuelen solos, que tracen su camino que, a buen seguro, ya no es el suyo.

Puede que ahora sepa con certeza que debió renunciar a presentarse a estas elecciones, que quizás no debió hacer esto o lo otro, pero como dice el poeta, José Agustín Goytisolo, “tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja, con un aullido interminable”. Efectivamente, lo hecho, hecho está y ahora pasará a integrar los tiempos del recuerdo. Quiéralo o no, Pedro Sanz es ya parte del pasado.

Publicado el 17 de junio de 2015

 

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Segundo aviso
María Antonia San Felipe 30-05-2015 | 9:02 | 0

Algunos miran al horizonte y confunden la puesta de sol con el amanecer sin darse cuenta de que están atrapados por la anochecida. Digamos que algo así les sucede a muchos líderes políticos. En las últimas elecciones el PP ha perdido más de 2,5 millones de votos y el PSOE, más de 700.000. Estas son las cifras que cada cual analiza cómo le conviene. Que el PP conserva todavía una alta fidelidad entre sus tradicionales votantes es algo innegable, aunque sorprendente con la que viene cayendo, pero el resultado electoral anuncia más un crepúsculo que un renacimiento. Muchos presuntos dioses/diosas han sido derrotados en esta contienda, primer hito de un espectáculo en diferido. Quien mejor ha definido el espectáculo de esta sorprendente primavera ha sido Rita Barberá: -¡Qué hostia… que hostia!, exclamó en la noche de autos, seguramente una locuacidad verbal fruto del caloret que le produjo el escrutinio electoral.
Si nos asomamos a la barandilla del espectáculo veremos que, en el fondo de la sima, han quedado a los pies de los caballos varios iconos de los últimos tiempos. Además de Rita o Maria Dolores de Cospedal se lamen las heridas muchos alcaldes que habían disfrutado de reiteradas mayorías absolutas y que ahora se ven en la oposición o teniendo que pactar con esos locos bajitos que se han postulado por primera vez desde los partidos emergentes. Son inexpertos, pero la mayoría gozan de una lozanía de la que ellos carecen tras dos décadas de gobierno. Son, sin embargo, los novatos los que pueden permitirles llegar al cargo con condiciones pintorescas o bien relevarlos como todo indica que va a ocurrir en Madrid.
Diga lo que diga Esperanza Aguirre, aunque ella no gobierne, volverá a salir el sol cada mañana. Esta señora bien merece un estudio específico de cómo desde la soberbia puede aterrizarse en el ridículo. Vive atrapada en sus propias extravagancias sin advertir que el renacimiento del ave fénix es sólo un mito y ella no parece que pueda contribuir a regenerar la política simulando que ha estado nadando en la ciénaga de la corrupción sin mancharse. Ella, como el presidente riojano, se ha pasado veinte años dando consejos a todos, menospreciando tanto a los de su propia casa como a sus adversarios políticos y, al fin y a la postre, han sido incapaces de relevarse a sí mismos con la generosidad de quien debiera saber de la provisionalidad del poder. Como escribe León Felipe,  en la política debiera estarse de paso, con la maleta preparada: “ser en la vida romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos”, para concluir que, “no sabiendo los oficios los haremos con respeto”. Efectivamente, como señala el poeta, la rutina termina por deteriorar el ejercicio del oficio, en este caso, de una tarea que requiere de un altruismo y una entrega que la costumbre y la vanidad de creerse predestinado para ese cargo, adormecen. Pocos tienen la humildad suficiente para advertir cuándo son más una rémora que un beneficio para su propia organización. En realidad en eso consiste la grandeza de los líderes de verdad, en esa sencillez de la que en la actualidad carecen la mayoría porque se creen tocados por el dedo divino y no ven la realidad que acontece a su alrededor.
Digamos que esto le está pasando a Mariano Rajoy y así se lo ha hecho saber Juan Vicente Herrera. El hasta ahora presidente de Castilla-León le ha dado el mejor consejo: que se mire en el espejo. Muchos han recibido el mensaje claro y nítido del electorado, como consecuencia de ello han anunciado su marcha. Rajoy desde su indolencia, sus frases hechas (que son obviedades cada día pronunciadas con menos talento) y su distancia de la realidad que viven los españoles está llevando a su partido al borde del precipicio. Es libre de dirigirlo hacia la hecatombe e igualmente libre es el electorado que, movilizado y expectante, aguarda y analiza el comportamiento de unos y de otros. Tras las elecciones europeas éste ha sido el segundo aviso. Reflexionen ustedes que el pueblo soberano espera a noviembre para pronunciar su última palabra.

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Que veinte años no es nada…
María Antonia San Felipe 28-03-2015 | 8:15 | 0

Estos días los ríos, como la política, bajan como torrenteras. El agua es de color chocolate de tanto material de arrastre. En la política el colorín marrón ya adivinan que procede de la basura sin fin de la corrupción ambiental. Las elecciones andaluzas nos han despejado unas incertidumbres y nos han regalado otras, la vida es un continuo devenir de sobresaltos. El bipartidismo está herido pero no de muerte, resiste aunque la irrupción de los nuevos partidos ya no es cosa de las encuestas, un hemiciclo más fragmentado obligará a nuevas formas y a necesarios consensos. La rueda de la política  vuelve a dar vueltas en el molino de la historia. Es lo que hay.

Aunque siendo objetivos podemos decir que el mayor disgusto, además de Rosa Díez, se lo ha llevado Rajoy que ha contemplando el hundimiento de su ahijado Moreno Bonilla  mientras vería el partido Madrid-Barça. En su caso todos los goles fueron en la propia meta, todo un récord. Como Rajoy con sus políticas conduce a España al pasado también los resultados en Andalucía han trasportado al PP a los años 90. La vida es generosa, te devuelve lo que siembras. Por eso el juez Ruz antes de partir a nuevos destinos ha dejado claro que “entre los años 1990 y el 2008 el PP se habría servido de fuentes de financiación ajenas al circuito económico legal” y que está “indiciariamente acreditado que el PP registró ingresos y pagos al margen de la contabilidad oficial”. Pero como dice el viejo tango, hay que “sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada”. No es nada para el amor pero sí para la mentira. Por eso al PP el pasado le persigue como una sombra negra, tan negra como la verdad que esconde, porque lo que ocurrió fue una farsa muy bien simulada, que diría Dolores de Cospedal.

Sólo desde la ironía cabe analizar la respuesta que el PP ha dado al último auto del juez Ruz. El escándalo es de un calibre tan grueso que merece dimisiones en bloque. Pero nada de nada. Todo es una confabulación de enemigos malvados. El colmo de la osadía, la guinda del pastel la ha puesto el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, que tras veinte años en el cargo, ha comparecido rodeado de su guardia pretoriana y un cierto olor a naftalina para afirmar que se siente exonerado por el juez Ruz y que su organización está limpia como la patena. Lleva tanto tiempo interpretando el papel de estadista justiciero que ha terminado por creérselo. Ha salido, cree él, a pecho descubierto a dar la cara, aunque esta vez su actuación ha resultado no sólo sorprendente, sino increíble. Hubiera sido más inteligente quedarse callado, dejar que pasara la torrentera, pero él tiene vocación de héroe, de héroe de película cómica, es decir, de parodia de héroe.

Todavía no se han dado cuenta en el PP que hace tiempo que la gente perdió la inocencia y la cambió por un sentimiento de perenne desconfianza. Es poco aconsejable insultar la inteligencia del ciudadano harto de mentiras, engaños y medias verdades. El presidente de La Rioja me ha recordado el memorable episodio de don Quijote y los molinos de viento. Mientras todos nosotros vemos con claridad la inconfundible silueta de los molinos, Pedro Sanz se empeña en sostener que son gigantes y que además está luchando contra ellos porque las gigantes corrupciones son sus enemigas. Cuando el juez Ruz, señalando con el dedo de su auto judicial, le indica que “el PP de La Rioja entregó en mayo similar cantidad, que procedía presuntamente de aportaciones de terceros en B”, es decir, cuando el juez advierte que son molinos, él insiste en su ficción. Según Sanz es el malvado juez, como Frestón con don Quijote, quien “ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene”. Por más que se empeñen Sanz, Rajoy y Cospedal son molinos y los vemos todos, incluidos aquellos que creyéndose sus propias mentiras se quedan tan frescos contándolas como si el resto del mundo fuera idiota.

 

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.