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Morir quemada de frío
María Antonia San Felipe 19-11-2016 | 8:15 | 0

Ella ahora está muerta. Horas antes, su nieta le había dejado la cena y le había traído más velas. Desde hacía tiempo ella era su contacto con el mundo exterior y la única razón para continuar viviendo. Entre las dos sorteaban, como podían, los interminables obstáculos que el destino disponía para ellas cada día. Los trabajos de Hércules serían hoy una minucia comparados con la lucha por la supervivencia cuando el destino te lo ha quitado todo y te deja con una exigua pensión que da para comer y no para cenar.
           Desde que Gas Natural le cortó la luz su vida se había hecho todavía más complicada. Hacía más de dos años que no encendía la estufa pero, al menos, la nevera funcionaba y, en la soledad de la noche, podía ahuyentar los fantasmas con la lámpara de la mesita. A veces se preguntaba cómo era que lo había perdido todo y entonces, recordando otros tiempos más felices, se le llenaban los ojos de lágrimas y el corazón de hielo. ¡Cuánto frío albergaba su casa y su alma desde hacía tiempo! La rueda de la vida gira pero nunca hacia atrás. Ella era consciente de que a su edad era imposible reiniciar el camino, por eso se preguntaba, ¿adónde ir que no haga frío? Algunas veces, cuando todavía salía a pasear, advertía miradas furtivas de quienes percibían en su aspecto la pobreza de su día a día. Sentía en sus ojos el reproche que la culpabilizaba cómo si ella  hubiera sido libre para elegir su destino.
           Aquella tarde media España lloraba con el anuncio de la lotería de Navidad, ella jamás podría verlo. Se asomó a la ventana y observó la superluna que alumbraba en ese momento su habitación. Por eso, encendió las velas un poco más tarde y se quedó dormida envuelta en todas las mantas que tenía. En medio del frío, el calor le despertó, estaba ardiendo. Mientras se ahogaba toda su vida se agolpaba en su mente. Al caer recordó a su nieta, era la única que la echaría en falta en este mundo de mierda que, por fin, terminaba para ella.
           Pudo ser así o, quizás, de otra manera. Lo único cierto es que ella ha muerto y no hay protesta que pueda salvarla. Cuando fue posible nadie quiso tomar nota de que una mujer de 81 años no podría por sí misma sobrevivir a la desgracia. La noticia de su muerte saltó muy de mañana y circuló rápida por el universo mediático español. Cuando ocurren tan graves infortunios una bofetada de realidad nos sacude y nos escandaliza porque, seamos sinceros, tratamos de ignorar lo que presentimos cuando no nos concierne directamente.
           En este caso ya nada puede hacerse, salvo enterrarla con la dignidad que no se le tuvo cuando vivía en la soledad de su vivienda. El final de esta historia es tan desgarrado como la inmensidad de nuestras contradicciones. Esta muerte se convierte en un grito que, desgraciadamente, perdurará hasta que otra nueva desgracia la cubra con el velo de la actualidad. Mientras el ayuntamiento de Reus, Gas Natural y la Generalitat se echan las culpas mutuamente y nosotros nos indignamos para tratar de aligerar nuestra conciencia, otra verdad emerge con fuerza. En la época de más progreso y, supuestamente, mayor inteligencia estamos perpetuando un mundo insolidario confiando únicamente en que no nos roce la tómbola de la desgracia.
           El destino de esta anciana es una lotería que nadie quiere pero que toca sin necesidad de comprar boletos. Por eso, cuando el anuncio de la Lotería Nacional de este año le haga llorar mostrándole a una anciana despistada pero rodeada de afecto, no olviden que miles de ancianos viven solos y abandonados en torno a unas velas que sólo calientan su añoranza de otros tiempos. Una anciana ha muerto para confirmar que hace tiempo que murieron la decencia y la dignidad públicas simplemente porque lo consentimos.

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Corazón helado
María Antonia San Felipe 11-06-2016 | 3:56 | 0

Cuentan quienes tienen memoria y aman a este país que esta España nuestra siempre camina partida en dos, sólo que la división no es por mitades como creen muchos. En la España actual, la que dicen que progresa viento en popa a toda vela, al tiempo que crecen los multimillonarios se multiplican exponencialmente los españoles que viven en la pobreza o se aproximan vertiginosamente hacia ella.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística en estos años de crisis la brecha entre ricos y pobres ha crecido de forma alarmante. Desde 2007 el número de españoles que declaran un patrimonio superior a 30 millones de euros ha pasado de 230 a 500. Además la Encuesta de Condiciones de Vida del INE desvela que 13 millones de españoles, la mayoría menores de 16 años, están en riesgo de exclusión social por carecer de ingresos o por ser tan escasos que se ven obligados a vivir en la frontera de la dignidad humana. Esta es la verdad de un país que se publicita oficialmente como la cuarta economía de la zona euro, la quinta de la Unión Europea (UE) y la decimotercera del mundo en términos de Producto Interior Bruto (PIB) nominal

Esta realidad cotidiana hace que el 72% de los ciudadanos considere que España va a salir de esta crisis más pobre y más desigual que hace 10 años. No cabe duda de que la intuición ciudadana es certera y para ello no se necesitan estadísticas, basta con mirar alrededor: familiares en paro, hijos sin futuro, amigos que van a Cáritas o sobreviven con la pensión del abuelo. Esto es lo que preocupa y por ello son multitud quienes creen que algo se ha hecho mal, rematadamente mal. Que el Producto Interior Bruto ha crecido en 2015 el 3,2% es verdad, pero salta a la vista que el reparto del pastel, la redistribución de la riqueza, no ha sido equitativo. La desigualdad creciente es el mayor problema social de este país y el principal reto de los próximos años.

Si los españoles perciben esta realidad hiriente hay otra desigualdad que también indigna. Eso de que la Justicia es igual para todos empieza a dar risa y a ser objeto de chirigotas. Acaba de ingresar en prisión Alejandro Fernández, un joven granadino que, en el año 2010, gastó 80 euros en un supermercado con una tarjeta falsa. Ha sido condenado a 6 años de prisión por estafa y pertenencia a banda organizada. Seguramente la cosa no es tan sencilla como nos han simplificado los medios, pero hay otras formas de no truncar la vida de alguien que ha salido del circuito delictivo donde quizás pudo estar algún día. El indulto era una solución y más en un país que ha indultado a banqueros, a políticos corruptos o a otro tipo de delincuentes que avergüenzan a una sociedad adulta. Vivimos en un país plagado de estafadores de cuello blanco, de políticos con manos sucias, de nobles multimillonarios que evaden capitales, de ministros y familiares de comisarios europeos que tienen cuentas en paraísos fiscales, de prevaricadores, traficantes de influencias y una variedad infinita de truhanes que nos dan lecciones desde sus altavoces públicos.  Pero la mano dura del gobierno no se ha cebado contra la corrupción que les rodea, ha caído como un rayo vengador sobre un joven socialmente integrado, que trabaja de camarero y que es feliz con su modesto destino. Puede que a Alejandro Fernández esto le cambie la vida para siempre, pero eso al Consejo de Ministros ni le importa, ni le pesa en la conciencia.

¿Puede extrañar que la gente crea que en España también hay dos justicias? Una para pobres y otra para ricos. Si se sigue por este camino terminaremos conviviendo con una sanidad y una educación para los que puedan pagarla y otras para el resto. Esa es la conclusión del español de a pie, vamos camino de la beneficencia del siglo XIX. No me llamen exagerada, es que me duele el alma. Me pasa como a Machado, siempre hay una España que me hiela el corazón. No hace falta que diga cual, ustedes me entienden.

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Banderas
María Antonia San Felipe 28-05-2016 | 8:00 | 0

Hace tiempo que el gobierno invierte mucho esfuerzo y, seguramente, dinero en fuegos artificiales. Sabe Rajoy y sus asesores de propaganda que mientras miramos el resplandor de colores de ese falso cielo olvidamos lo lejos que queda el final de mes a los menguantes salarios de la mayoría social del país.

La delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, prohibió el uso de las esteladas catalanas en la final de la Copa del Rey entre el Sevilla y el Barça. Se preparó la mundial, a favor y en contra, que si tal, que si cual. Pasados los días, llegó la resolución judicial a poner sentido común y autorizó la exhibición de la estelada protegiendo el derecho a la libertad de expresión. Ya se sabía, hay precedentes. Sin embargo, la delegada del Gobierno, que debiera haber dimitido ya, había autorizado, el día anterior al partido, una manifestación de un colectivo de extrema derecha, Hogar Social Madrid, que con saludo nazi recorrió la Gran Vía madrileña, cortada al tráfico para permitir su recorrido.

El partido se celebró, se exhibieron esteladas y se pitó (dicen que menos que otros años) al himno nacional. Una curiosa realidad en permanente contradicción: quienes piden respeto a sus símbolos se pitorrean de los símbolos ajenos. Es decir, que la tolerancia es más fácil de predicar que de practicar y en este extraño laberinto llevamos siglos perdidos. No olvidar que estamos en campaña electoral y apelar al estómago reavivando sentimientos nacionalistas es una forma de sujetar votos, aquí y allí. Los que prohíben la estelada complacen a sus seguidores y los que pitan al himno nacional a los suyos, ambas partes sacan tajada de los agredidos sentimientos.

Así, los bares y tertulias se han llenado de pasiones enfrentadas orientadas por innumerables horas de discusiones en radios y teles. Estos circos vuelven año tras año, el eterno retorno del sinsentido, vueltas de tuerca continuas a la inteligencia y al sentido común. Mientras nos recuperamos de la acidez de estómago que producen estas batallas, la vida transcurre ajena e irremediable. En tanto que se agitan esteladas y se pitan himnos, las noticias que tratan de ocultarnos se abren camino entre la maraña:

-Por primera vez desde 1909, la deuda pública española supera el 100% del PIB.

Según cuenta el Instituto Nacional de Estadística:

-El 22% de españoles (1 de cada 5) vive bajo el umbral de la pobreza.

-El porcentaje de pobres sube a 29,2% si a las bajas rentas se añaden los hogares con carencias materiales. La pobreza alcanza al 35% de los menores de 16 años.

-Aumentan las dificultades para comer carne o pescado al menos cada dos días y para afrontar gastos imprevistos. Crecen la pobreza energética y el retraso en el pago de los recibos principales.

-Los ingresos medios de los hogares españoles caen por sexto año consecutivo…

A esta larga lista de noticias inquietantes y demoledoras se une otra que no anima precisamente a la esperanza. Acaba de conocerse que, el pasado 5 de mayo, el presidente en funciones, Mariano Rajoy, aseguró por carta al jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que “una vez que haya un nuevo Gobierno estamos dispuestos a adoptar nuevas medidas” a partir de “la segunda mitad del año”. Es el trato realizado para evitar o retrasar la multa que Bruselas impondrá a España por incumplimiento del déficit pactado. Es decir, sin tener, la seguridad de que será presidente, pues los ciudadanos votarán el 26 de junio, ya ha comprometido nuevos recortes y medidas de ajuste que no duden afectarán al ciudadano español (ya sea del Barça, del Madrid, del Sevilla o de ninguno). Los éxitos económicos de Rajoy no son evidentes, por eso, espero que el debate electoral se centre en estos problemas aunque también pueden hablar de Venezuela, negar la corrupción o esconderse bajo las banderas.

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Quererlo todo
María Antonia San Felipe 25-01-2015 | 11:16 | 0

Tenerlo todo y querer más. No hablamos de amor, sino de avaricia. Esto es lo que se deduce, una vez más, del informe anual de Oxfam Intermón. La conclusión es clara: la riqueza mundial se concentra en manos de una élite cada vez más reducida. Según los datos de Credit Suisse desde 2010, el 1% de los individuos más ricos del mundo ha incrementado su participación en el conjunto de la riqueza a nivel mundial. En 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial, mientras que el 99% restante posee el 52%. Y de ese restante 52% es dueño el 20% más rico de la población mundial, de modo que el 80% que queda sólo posee un 5,5% de la riqueza global de este mundo cada vez más desequilibrado socialmente.

            Esta demoledora crisis no nos ha demostrado que vivíamos por encima de nuestras posibilidades sino que algunos se enriquecieron y se enriquecen muy por encima de lo aconsejable para no insultar la dignidad de la mayoría. Si esta tendencia se mantiene, en sólo dos años el 1% más rico de la población acaparará más riqueza que el 99% restante. La crudeza de los datos es demoledora, hasta el punto de que es necesario no sólo un debate social profundo sobre lo que está pasando en el mundo, sino que se precisa tomar conciencia de que la prioridad de los próximos decenios debe ser frenar el incremento de la desigualdad. Esta fatalidad no puede ser aceptada con resignación sino que deben adoptarse medidas políticas y económicas que frenen tan terrible desproporción que crece exponencialmente según se alarga la crisis.

             Es de agradecer que economistas rigurosos, como el francés Thomas Piketty, hayan puesto con éxito este debate encima de la mesa. Su trabajo de investigación, teniendo en cuenta las series históricas sobre la acumulación de la riqueza, es un indudable instrumento que deber ser utilizado. Ya saben que la enumeración de datos y cifras generalmente nos aburren pero, como él mismo señala, “negarse a usar cifras rara vez favorece a los más pobres”, sin olvidar que “quienes tienen mucho nunca se olvidan de defender sus intereses”.

            Mientras esta realidad se nos muestra los lobbys, es decir los representantes de las élites dominantes, campan a sus anchas por todo el planeta preservando sus intereses doblegando voluntades y controlando gobiernos para salvaguardar los sectores donde tienen invertidos sus capitales. El sector farmacéutico, el sanitario y el financiero son ahora los ámbitos más importantes que tratan de proteger intentando sobre todo que los recursos públicos no se distraigan en favorecer a la mayoría de la población. Lo estamos viendo en España con claridad con fármacos como el de la hepatitis C o con las privatizaciones sanitarias alentadas por los gobiernos y que son adjudicadas a quienes en otros momentos invirtieron en la construcción y en la especulación inmobiliaria. Esto es lo que hay y éste es el fruto de un capitalismo salvaje que no encuentra en la política, es decir en los gobiernos, el contrapeso necesario para equilibrar la balanza en favor de la mayoría. Tras la caída del muro de Berlín se pensó que los mercados podían autoregularse solos, los gobiernos se volvieron perezosos, favorecieron la desregulación financiera y hasta aquí nos han traído por cerrar los ojos, sin olvidar que nos han mutilado la capacidad de decisión democrática a los ciudadanos. Para que la prioridad sea, como lo fue tras la Segunda Guerra Mundial, favorecer un reparto más equitativo, al menos un poco más equitativo que el actual, el ejercicio de la política, es decir, la acción de los gobiernos, debe orientarse de nuevo a representar a la sociedad y no a las élites dominantes. No pueden mirarnos a los ojos para convencernos de que no existe otro camino porque, sencillamente, es mentira.

          

 

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Las Españas
María Antonia San Felipe 13-09-2014 | 10:15 | 0

Conforme se prolonga esta estafa que llamamos crisis, más se complica cada año el inicio del curso. En los días previos a la apertura de las aulas los padres han ido adquiriendo todo lo necesario hasta donde han podido. No hay duda de que durante este curso se reciclarán muchos libros y se reutilizarán muchos materiales. Es el signo de los tiempos, llegar a fin de mes para los padres que tienen hijos es una misión propia de los héroes de antaño. Según acaba de hacer público EDUCO, “tener más de dos hijos en España aumenta el riesgo de pobreza en un 50%”, sin olvidar “que casi la mitad de las familias monoparentales están en esta situación”. Según los datos publicados están en riesgo de exclusión dos millones y medio de niños, una realidad negada en su verdadera dimensión por las autoridades. A esta situación tan dura hemos de añadir la ansiedad y la desesperanza que debe habitar en esos hogares. Resulta difícil imaginar una convivencia plácida ante tan perentorias necesidades. Es cierto que crece la solidaridad pero también, es necesario decirlo, se observa una enorme falta de sensibilidad por parte de muchos administradores públicos que viven de espaldas al dolor ajeno.

Algo se está haciendo mal, rematadamente mal, cuando un país que durante los últimos treinta años había conseguido recortar las desigualdades, se ha convertido ahora en uno de los países con mayores desequilibrios sociales de la Unión Europea. No es ninguna novedad que la crisis no está pasando igual para todos, ya que mientras algunos viven rodeados de penurias, otros ven como se incrementan sus patrimonios de forma exponencial. De hecho el censo de multimillonarios supera los registros previos a la crisis. Según datos de la Agencia Tributaria que acaban de conocerse, el número de personas que declaran un patrimonio superior a 30 millones de euros en España prácticamente se ha duplicado hasta llegar a 443, frente a las 233 que había en 2007. Sin olvidar que muchos han visto incrementar sus beneficios a la misma velocidad que una gran parte de la población se precipitaba sin remisión hacia la miseria. Conclusión, mientras unos tocan el cielo con las manos otros queman sus vidas en la hoguera de la desesperación.

Sin embargo, nada de esto asusta al establishment político ya que las dosis de aceite de ricino que nos van propinando todavía no han propiciado ninguna revuelta o motín, al estilo de los acontecidos en siglos precedentes, que hagan temblar los resortes del poder. Ahí arriba viven tan tranquilos y como prueba observen el asunto Cañete. A lo largo de los últimos meses la mayor preocupación del presidente Rajoy ha consistido en realizar requiebros en torno a la gobernadora de Europa, Angela Merkel, para conseguir colocar a Luis de Guindos y a Cañete en puestos de relevancia e influencia política en Europa. Luego, con ondear la bandera y decir que todo es por el bien de España creen que nos convencen, pero yo creo que no. Un español de comisario europeo puede ser importante para nuestros intereses como nación, ¿pero qué español? Ha llovido demasiado como para no darnos cuenta de que vivimos en un lodazal. Posiblemente Rajoy todavía no sabe que camina en dirección contraria a lo que la calle demanda. Una inmensa mayoría de españoles exige políticos intachables y comportamientos públicos fuera de toda sospecha. A estas alturas de la película no parece que Miguel Arias Cañete, que antaño hubiera parecido un tipo avispado, pueda pasar hoy la prueba del algodón de la ética que exigen estos tiempos. Su designación para la cartera de Energía y Cambio Climático sabiendo, como se sabe, que tiene intereses y participación en empresas petrolíferas familiares no creo que sea ni estético ni conveniente, salvo que lo hayamos enviado a Europa para hacer negocios. Dicen que España sólo hay una, pero parece que unos y otros vivimos en diferentes Españas.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.