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Repique de campanas
María Antonia San Felipe 05-10-2013 | 10:13 | 0

         

           “Enredándose en el viento van las cintas de mi capa”, así cantaba la tuna cuando yo estudiaba. Ahora no es la estudiantina sino el ministro Montoro el que se enreda entre las cifras presupuestarias para hacernos creer que se percibe el repique de campanas. Sí, un repique de campanas, en el centro del país. Si no sienten el repiqueteo musical es porque tiene usted mala leche, porque Montoro, que vive en la luna, no sólo lo escucha sino que lo ve y anuncia la llegada del amanecer al final de un túnel en el que no habita él, sino nosotros. Los presupuestos dice el ministro no sólo son los más sociales sino que dibujan el camino de la recuperación. El paro sigue subiendo y tras el exitazo de los 31 parados menos en agosto viene el incremento de 25.572, aunque sea el mejor septiembre desde hace años. Ya saben, cuando la miseria sea general dejará de ser noticia de primera página porque todos seremos iguales en la desgracia. Por eso Rajoy, especialista en huir de la realidad e incapaz de afrontar la verdad con la entereza que se espera de un dirigente, ha salido huyendo hacia Japón. Allí ha anunciado que, gracias a su gobierno, el mercado laboral español es tan barato que los inversores extranjeros pueden venir a España porque nuestros salarios se parecen a los de China pero además tenemos jamón y guitarras para alegrar el día a los empresarios nipones. Nunca había visto yo a un presidente vanagloriarse de empobrecer a su país y mucho menos que  considere la hazaña un mérito histórico. La crisis ha venido para quedarse largo tiempo y mientras más de una cuarta parte de la población activa esté en el paro, sin poder ganarse la vida con su propio trabajo, no es posible hablar de recuperación económica alguna sino de desarraigo y de exclusión.  Por eso el gobierno debiera dejar de hacernos creer que repican las campanas, salvo que nos estén anunciando que tocan a funeral y nos inviten prematuramente al entierro del estado del bienestar que es en lo único que están siendo aplicados los señores del gobierno.

          Claro, que esta semana ha sido pródiga en despropósitos, no sólo en España sino en buena parte del extranjero. No hay cosa peor para un país que los innumerables patriotas de pacotilla, que dicen amarlo hasta la muerte, pero que son capaces de contribuir a su hundimiento antes que pactar con el adversario político al que la ceguera y la obstinación excluyente convierten en un enemigo a batir. Los ultraconservadores del Tea Party del partido republicano de los EEUU prefieren avocar a la suspensión de pagos al país, con consecuencias imprevisibles dada la actual situación económica, que dar su brazo a torcer en su petición de no aplicación de la reforma sanitaria de Obama, que trata de facilitar el acceso a muchos sectores excluidos. De momento ya han conseguido el cierre administrativo del gobierno, pero puede que en su estrategia les ocurra lo mismo que les sucedió con Clinton y pierdan las elecciones por amar tanto a su país que prefieran agonizarlo.

           También puede que, en breves fechas, les suceda lo mismo que a Berlusconi en Italia que, tras intentar hacer caer al gobierno en un acto desesperado de soberbia enfadado por su inhabilitación judicial, ha tenido que recular porque ha habido motín a bordo. Berlusconi que compró voluntades, sobornó jueces y se enfangó hasta los tuétanos en las miserias del poder es ya un cadáver político y como ya no podrá administrar prebendas los suyos comienzan a volverle la espalda, es el riesgo que tiene creerse Il Duce, porque el poder da unos encantos que se desmoronan cuando se pierde y el que se ha emborrachado de él sufre de un mal incurable. Por eso Berlusconi está tan triste y por igual razón Pedro Sanz debiera hacer caso al párroco de Arnedo, Tomás Ramírez, cuando le aconseja que es mejor que cada uno esté en el lugar que le corresponde y no ocupando todos los espacios. Ciertamente, no se puede estar repicando y en la procesión pero está claro que algún día el Presidente no estará ni repicando ni en la procesión. El tiempo nos lo dirá.

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Españoles descreídos
María Antonia San Felipe 05-10-2012 | 9:42 | 0

A quienes les gusta etiquetar las épocas comienzan a denominar la etapa histórica que comienza con la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, como la Gran Recesión. Ya sabemos que se refieren sobre todo a la crisis económica pero lo cierto es que vivimos una etapa en la que el mayor déficit no lo computan los presupuestos generales del Estado sino la evidente ausencia de principios morales en la que nadamos. Dice la calle que en España, “no hay pan para tanto chorizo” y yo creo que esta afirmación se ha quedado corta porque por robarnos podemos afirmar que se han adueñado hasta de nuestra alegría. Hoy en pueblos y ciudades se detecta un porcentaje tan elevado de tristeza ambiental que los telediarios debieran dar diariamente el índice de desánimo en el parte meteorológico. Junto a esta tristeza general el único grupo social que desgraciadamente crece en España, además del de parados, es el porcentaje de españoles que ya no creen en nada ni en nadie. Engañados por políticos, intereses mediáticos y grupos de presión, es decir vapuleados por unos y por otros, podemos indicar que ha nacido una nueva clase de ciudadano medio: el españolito descreído. Ya saben ustedes que creer es cuestión de fe, pero también de confianza porque ésta nos aporta seguridad, pues bien, como ya no queda ni un miligramo de confianza ni tampoco un mínimo de seguridad podemos decir que estamos en una etapa de descreimiento general.

Pondremos un ejemplo, el gobierno el pasado jueves en un Consejo de ministros extraordinario acordó dos cosas: aprobar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado y un Real Decreto condecorando a la Virgen del Pilar. Parece que ahora, además de digna patrona de la Guardia Civil, le asignan la custodia de las cuentas públicas a la espera de un improbable milagro que multiplique los panes y los peces o lo que es lo mismo, consiga que se cumpla lo que es, a priori, imposible: que en plena recesión se cumpla la increíble previsión de ingresos de este gobierno. Al parecer, sólo la intercesión de la Pilarica puede conseguir que no bajen las pensiones, ni las prestaciones por desempleo, ni se recorten más las becas o los salarios de los empleados públicos. En fin, que la Virgen del Pilar estará pensando si es conveniente acudir a recoger la condecoración o disculparse por tener otros asuntos de que ocuparse. No crean que es un chiste, que no. Que le han otorgado la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil y ni ella misma sale del asombro.

A esta cadena de despropósitos hay que sumar la aventura emprendida por otro presidente, el de la Generalitat de Cataluña que, para esconder otras vergüenzas, ha iniciado una deriva soberanista y se ha envuelto a sí mismo con la bandera catalana dispuesto a inmolarse a lo bonzo o a triunfar en tan interesante espectáculo secesionista. Artur Mas no ha pronunciado la palabra independencia pero deja que otros la expresen en su nombre y mientras él esgrime la carta de la exitosa manifestación de hace unos días en Barcelona. Yo sinceramente no creo que haya que alarmarse en exceso ni rasgarse las vestiduras. No hagamos dramas antes de tiempo, no caigamos en la trampa, ni tensemos la cuerda de alimentar odios entre territorios hermanos. El tiempo, que todo lo pone en su sitio, nos descubrirá si se trata de un órdago o si el sentido práctico de los catalanes les hace valorar más lo que tienen al poner en la balanza lo que pueden perder. Puesto que yo no me creo nada, de nada, prefiero entretenerme pensando si podrá el Barça seguir pagando la ficha de Messi si en vez de jugar contra el Madrid la Liga y la Copa, juega contra el Mollerusa o con el Club Deportivo Palamós.

Mientras tanto, propongo crear el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro.

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La guerra y el monte Calvario
María Antonia San Felipe 06-04-2012 | 11:48 | 0

Pasada la jornada de huelga nos encaminamos inexorablemente a la semana de pasión y no hay duda de que el vía crucis comenzó a buena hora. Los presupuestos largamente  reclamados por Europa y celosamente guardados hasta que pasaran las elecciones andaluzas nos han sido por fin desvelados a los ciudadanitos de a pie, aunque los detalles ya habían sido anticipados a un agente que la canciller Merkel envió a España para comprobar si nuestro país se desmandaba o cumplía con el sacrificio impuesto. Previamente, el ministro alemán de Finanzas declaró que la huelga del día 29 de marzo no había tenido suficiente éxito como para frenar las reformas programadas. En otros tiempos alguien le hubiera dicho a este señor:
– Oiga, ¿por qué no se mete usted en sus asuntos?

Sin embargo hoy, al borde del precipicio y con el vértigo que produce la altura del mismo, nos hemos congratulado sumisamente de que la presidenta de Europa, nuestra querida Angela, nos enviara a un representante de cuarta fila de su partido para comprobar si estábamos todos en posición de firmes dispuestos a cumplir sus órdenes y a digerir sacrificios. Digamos que la presidenta Merkel, después de que hablara su general, el ministro de Finanzas, envió a un sargento a pasar revista.
Rajoy ha tomado estos días una buena dosis de aceite de ricino y lo ha hecho en proporciones semejantes a las que en su día tomó Zapatero. Independientemente de que la huelga fuera más o menos exitosa, el rechazo social a la reforma laboral es mayor del que reflejan las cifras de los que secundaron la huelga. Hay mucho miedo y desaliento entre los que ven que su trabajo no vale nada, que pueden ser puestos de patitas en la calle sin previo aviso y, además, conviven con amigos o familiares en paro. En Andalucía los ciudadanos no han otorgado al gobierno el refrendo que esperaba y ello ha supuesto otro ácido trago para Rajoy. Aunque el gobierno proclama que la huelga ha sido un descalabro sindical y las elecciones andaluzas un éxito histórico para el PP, podemos resumir que jamás un fracaso tan deseado y la proclamación de un éxito resultaron tan amargos para un líder político.

Hay que reconocer que nada de esto reconforta al ciudadano ya que nuestros problemas persisten y vamos viendo cómo cada dato presupuestario que nos van contando, supone un nuevo latigazo sobre nuestras espaldas sin que veamos a nuestro alrededor ningún cirineo que nos socorra y nos ayude a llevar la cruz en un camino que va a resultar bastante más largo y duro de lo que parece. El camino al monte Calvario es el que hemos realizado hasta hoy pero no olvidemos que nos queda todavía el capítulo de la crucifixión y a ése todavía no hemos llegado. Tras el anuncio de las medidas presupuestarias y el reconocimiento de que la deuda va a rozar el 80% del Producto Interior Bruto, la bolsa se ha desplomado y la subasta del Tesoro se ha colocado a mayor tipo de interés. A mi modesto entender esto significa dos cosas: que dudan de nuestra capacidad para hacer frente a las obligaciones contraídas y que no han quedado suficientemente satisfechos con el recorte presupuestario. Por tanto, no olviden que, cuando nos tengan ya clavados en la cruz, nos ofrecerán un nuevo vaso de vinagre para beber y nos lo tendremos que tragar como nos vamos a zampar una intolerable amnistía fiscal a los que se han reído de todos nosotros defraudando o evadiendo capital y luego se tienen por buenos españoles, muchos de ellos ricos y famosos. Por si todo ello no fuera suficientemente insufrible, nos dicen que son unos presupuestos de guerra y efectivamente lo son. Nos han declarado la guerra a los trabajadores, a los funcionarios, a los autónomos, a los pequeños empresarios y a todo el que vive del sudor de su frente y además constata que hace tiempo que le toman por el pito del sereno.

 

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