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Rajoy

Como cebollas
María Antonia San Felipe 18-06-2016 | 9:29 | 0

Hubo un tiempo, no lejano, en el que siguiendo las directrices de la Unión Europea, inspirada por Merkel, todos los gobiernos comenzaron al unísono a predicar el apocalipsis. O se aplicaban sus mágicas recetas o se avecinaba la hecatombe. Todos recordamos el veredicto, sólo la política austeridad nos salvaría. No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades, es obligatorio controlar el déficit recortando el gasto público. No quiero pero tengo que hacerlo, dijo Rajoy y entonces fue cuando comenzó la poda (salvaje). Hay que sufrir, nos dijeron, aunque ya sabemos que cuando se sufre colectivamente unos siempre aguantan más que otros. Nos dejaron como a los árboles antes de primavera, sólo que aún estamos esperando los brotes.

Hoy es el día en que la OCDE afirma que la austeridad en la zona euro fue un mal necesario que agravó la recesión, algo que advirtieron muchos siendo duramente criticados. Ahora predican lo que negaban, que son necesarios estímulos e inversiones que reanimen el crecimiento raquítico que se augura para la Eurozona (1,6% para 2016 y 1,7 para 2017). En España hemos sobrevivido con respiración asistida, el empobrecimiento de los españoles es evidente y Eurostat acaba de ratificarlo esta semana, ya que el PIB per cápita de nuestro país se aleja de la media europea, se sitúa en el 92% y nos devuelve a mediados de los años 90 del pasado siglo.

El dogma inamovible de la austeridad a ultranza que nos está matando está hoy en tela de juicio. Después de habernos metido el miedo en el cuerpo y haber saqueado nuestros derechos y servicios públicos, no se atreven a confesarnos que nos han estado tomando el pelo. No van a decirnos toda la verdad porque si reconocer errores es de sabios, probablemente hace tiempo que abandonamos el mundo a manos de ignorantes.  Decía Lope de Vega: “O sabe naturaleza/más que supo en otro tiempo,/o tantos que nacen sabios/es porque lo dicen ellos”.

Esta podía ser la incontestable verdad de estos tiempos. Los que tanto sabían, no sabían nada. Pese a los recortes, según el Banco de España, en el primer trimestre la deuda de las administraciones públicas se situó por encima del 100% (100,5%) del PIB, un récord que la historia recordará. Esto ya ocurrió entre 1900 y 1909 pero dado que llevamos camino de regresar al siglo XIX todavía podemos alcanzar el 149% del año 1881. Bromas aparte, me sorprende que todavía el gobierno insista en la eficacia de sus recetas. Con una actividad económica todavía muy débil, con los salarios por los suelos (ser mileurista es hoy una quimera) y con el miedo al futuro metido en el cuerpo es imposible incrementar los ingresos y regresar al equilibrio de las cuentas públicas.

Claro que muchos ciudadanos nos preguntamos qué nivel tendríamos de déficit público si no hubiera habido desvío de fondos a tramas de corrupción masiva con el nivel de impunidad que hemos conocido en estos años de estrecheces. A esta historia interminable de la que resulta agotador hablar, se suma la última noticia de los posibles pagos irregulares, hasta 25 millones de euros, del hospital provincial de Castellón que se remontan a la época del popular Carlos Fabra, el del aeropuerto sin aviones. Suma y sigue.

Después del debate a cuatro, un poco tostón, he visto al candidato Rajoy en Tudela emocionarse en medio de un campo de alcachofas. Confieso que no me extraña. Cuando se vive tan lejos de la realidad aproximarse a lo cotidiano resulta una experiencia insólita por infrecuente. A mí me emocionaría hasta la lágrima que, en vez de contarnos lo buenas que son las alcachofas y los agricultores que las cultivan, en un alarde de sinceridad nos dijera esa parte de la verdad que nos ocultan como si, en vez de adultos inteligentes, fuéramos cebollas que se plantan cabeza abajo.

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Por España
María Antonia San Felipe 23-04-2016 | 7:15 | 0

A estas alturas me pregunto si nuestra paciencia colectiva es infinita o simplemente estamos anclados en la resignación. El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, acaba de rebajar la previsión de crecimiento de nuestro país al tiempo que ha reconocido la desviación del déficit y ha iniciado negociaciones con Bruselas. En definitiva, seguimos estando mal y lo peor es que el desánimo se acrecienta y la esperanza se achica. Con un evidente crecimiento de la desigualdad social y con una parte de la población en la frontera de la exclusión, nuestros representantes políticos preparan ya otra campaña electoral.

Siendo mala la situación económica y social, el clima institucional, minado por la corrupción superlativa, es de emergencia, lo cual hace inexplicable la incapacidad para llegar a acuerdos de gobierno. Cuando hay un incendio lo importante es contribuir a apagarlo en vez de ponerse a discutir quien sostiene la manguera. En España hay muchos problemas pero, hoy por hoy, el mayor incendio es el de la corrupción, porque ha minado no sólo los cimientos del sistema político sino su capacidad de regeneración.

Si pensamos en lo ocurrido desde las elecciones, concluiremos que no ha habido semana sin su correspondiente pasión. Los escándalos se han sucedido hasta la irritación, salvo que nos hayamos acostumbrado y vivamos en la indolencia, que es lo peor que puede ocurrirle a nuestra democracia. Si nos rendimos en la exigencia de un cambio profundo nuestro fracaso será una claudicación que no nos podemos permitir.

Recuerdo cuando el 27 de febrero de 1995 la policía española detuvo en el aeropuerto de Bangkok, al famoso Luis Roldán, exdirector general de la Guardia Civil,  tras una rocambolesca historia, con el espía Paesa y los huérfanos de la benemérita institución estafados como trasunto de la película que vivimos en esos años. Suponíamos aquel thriller la cúspide de la corrupción política y de la zafiedad del latrocinio, creímos como ilusos que nada más grave podía suceder en los aledaños del poder. Visto con perspectiva,  podemos decir que el famoso Roldán era, además de un pájaro de cuentas, la cuenta de un largo rosario de sinvergüenzas que creyeron que la política era una forma de hacer fortuna, es decir, de forrarse a velocidad de vértigo.

Esta semana, sólo esta semana, la secuencia de sucesos es apabullante: Carlos Fabra acaba de conseguir el tercer grado penitenciario, Mario Conde ha entrado en prisión, Ignacio González (expresidente de Madrid) declara sobre la oscura compra de un ático en Marbella, Rodrigo Rato también tenía empresas opacas en Panamá, Aznar sancionado por Hacienda, el alcalde de Granada y la concejala de Urbanismo dimiten por un escándalo urbanístico… y el ministro de Industria José Manuel Soria ha tenido que irse por tener empresas en paraísos fiscales.

El caso del ministro Soria es sintomático de lo que ha ocurrido en los últimos años. Primero, negó, es decir, mintió y luego dijo que no se acordaba de nada porque los paraísos fiscales producen amnesia, te emborrachas al ver la multiplicación de las cifras. Es comprensible. El problema es que el guión de Soria lo han repetido tantos y tantas veces que Mariano se ha visto en la obligación de sacrificarlo porque la siguiente pieza a caer era él. Mariano piensa en las elecciones aunque dice que él sólo piensa en España, no como otros. Miguel Bernard y Luis Pineda, jefes de Manos Limpias y Ausbanc, cabecillas de una presunta trama de extorsionadores, provenientes ambos de la ultraderecha, han declarado, en su defensa, que todo lo hacían por España.

No podemos claudicar, hay que exigir una regeneración profunda. Es intolerable que esos miserables patriotas forrándose a costa de los españoles y abrazándose a su verdadera patria, el dinero, nos hayan dejado, como diría Machado, “a España toda, la malherida España, de carnaval vestida”.

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Jugar con fuego
María Antonia San Felipe 02-04-2016 | 9:29 | 0

A veces tengo dudas de si el 20 de diciembre pasado los españoles fuimos a las urnas o si por el contrario compramos un boleto de lotería, que por cálculo de probabilidades lo normal es que no toque y a lo mejor por eso todavía no tenemos gobierno. Aquel día votamos lo que votamos y ahora los partidos no pueden decirnos que no les gustó nuestra libre elección. Sería inaudito que pretendieran hacernos creer que la repetición de elecciones es algo natural porque no lo es y en España ya tenemos suficiente madurez democrática como para consentir la broma de que los que nos equivocamos fuimos nosotros.

Ha pasado la Semana Santa y Rajoy sigue tumbado en el sofá esperando el fracaso de los otros mientras él vive aislado de la realidad, ignorando la decadencia de su partido, su corrupción y su necesidad de regeneración. Por eso Aznar le ha insinuado que hay que renovar los liderazgos situándolo así en el tiempo de la historia. Rajoy, experto en dejar pasar el tiempo, corre el riesgo de convertirse en un aciago recuerdo.

Por fin, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han reunido en un clima aparentemente más amable. Iglesias ha querido superar la paletada de cal viva del debate de investidura con sonrisas y renunciando a un puesto que, como bien sabemos, nunca tuvo: la vicepresidencia del gobierno. Él se lo guisó y él se lo ha comido, aparenta así querer un acuerdo. Está claro que Iglesias maneja los mundos virtuales con maestría y parece un prestidigitador cargado de golpes de efecto. Veremos qué ocurre, aunque también él sabe que está en situación de mayor debilidad que hace tres meses, el conflicto interno con Errejón no sólo pesa en lo personal sino en la fuerza de su propia organización.

Por su parte Sánchez, como sabemos, une a su mal resultado electoral la enorme presión de la presidenta andaluza Susana Díaz y de otras baronías ansiosas de administrar los restos del naufragio. Si Sánchez consigue la presidencia del gobierno los conflictos internos se aparcarán y quizás sea una manera de pacificar y de reorientar un PSOE tan confundido como el resto de la socialdemocracia europea. El mayor empeño de Sánchez es tratar de conseguir la cuadratura del círculo con su pacto con Ciudadanos y tendiendo la mano a Podemos, veremos si este reto es su mayor éxito o su mayor fracaso. Ahí reside el misterio.

El problema es que la suma de Ciudadanos y PSOE (130) no da y la de PSOE y Podemos (161), siendo mayor, tampoco. Alguno tiene que mover su posición en base a un acuerdo de mínimos sobre cuestiones que los tres comparten y entre todos tienen que superar los obstáculos, salvo que Rajoy, que es el que está más sólo, porque ha sido incapaz de intentar acuerdo alguno, se decida a permitir un gobierno sin él. Lo cierto es que tras la renuncia de Rajoy son: PSOE, Podemos y Ciudadanos los que tienen nuestro destino en sus manos. España está plagada de problemas mientras nos tienen entretenidos con estos fuegos de artificio. No podemos permitirnos el lujo de estar casi un año sin un gobierno con apoyo parlamentario suficiente para iniciar cambios urgentes y necesarios.

Deben sentarse en una mesa presidida por la sensatez y de ella debe salir un gobierno, si no es de coalición deberá ser propiciado por la abstención de Ciudadanos o de Podemos. Si finalmente se inicia la negociación a tres va a ser complicado romperla, salvo que todos nos estén engañando y estén preparando la escenografía de unas nuevas elecciones. Al final va a ser el miedo a perder lo que tienen el que, hoy por hoy, puede abrir las puertas a un acuerdo. Si habrá gobierno ni ellos lo saben, pero que no se olviden de que los ciudadanos cabreados pueden volver a votar lo mismo, situándolos en igual encrucijada o castigar al que les haya defraudado. No hay mayor riesgo que jugar con fuego.

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El entuerto
María Antonia San Felipe 05-03-2016 | 9:00 | 0

Es posible que la brillantez de los oradores haya complacido a sus respectivos seguidores pero el resultado final del debate de investidura suma una nueva frustración colectiva a las decepciones de los últimos tiempos. Las matemáticas son la única disciplina que no ha fallado en este debate que ya sabía a derrota incluso antes de ser convocado. A sumar y restar hace tiempo que aprendimos pero, en este país, somos más expertos en separar que en aunar, sin olvidar nuestra notable experiencia en buscar culpables de los fracasos antes que soluciones a los problemas. Mientras buscamos al malo de esta película se desvanece la posibilidad de sumar apoyos para formar un gobierno con un mínimo de propósitos compartidos.

Estamos inmersos en un galimatías de solución imposible. Hay que reconocer que el candidato Pedro Sánchez se ha esforzado cuanto ha podido. Ha asumido un papel protagonista que, inicialmente no le correspondía, pero al que la cobardía de Rajoy le ha empujado. Ha sorteado muchos obstáculos, los internos de su partido podían habérselos ahorrado sus denominados compañeros, pero ya saben ustedes que las ambiciones personales, es decir, el factor humano casi siempre distorsiona la realidad y también la historia. En cuanto a las dificultades externas ha procurado un imposible al tender la mano hacia dos de los actores principales de la película, Ciudadanos y Podemos, pretendiendo un entendimiento imposible entre la noche y el día.

Rajoy actuó en el debate como durante su mandato, con una superioridad que roza la soberbia de quien cree que el poder le corresponde por ser la fuerza mayoritaria a la que simplemente hay que sumarse cuando él ha sido incapaz de conseguir un solo apoyo más. Ya dije la semana pasada que su tiempo es el pasado y mientras no lo comprenda su partido no levantará cabeza aunque conserve el apoyo de muchos ciudadanos fieles a sus siglas pero no a él. Rivera le ha señalado la puerta pero Rajoy pretende, tras el fracaso de Sánchez, emerger como solución de un sudoku imposible. Si la izquierda parlamentaria no suma la derecha, tampoco y la transversalidad de una negociación más amplia significaría derogar sus propias leyes, revertir la mayoría de sus regresivas medidas sociales y una limpieza a fondo de sus filas manchadas por una corrupción que no ha sabido limpiar como le han recordado Rivera y otros.

El líder de Podemos Pablo Iglesias, se ha demostrado un brillante parlamentario pero ha sido incapaz de crear un clima de empatía con quien dice que quiere gobernar. Le guste o no, de su intervención en el debate se recordará su mención a la cal viva respecto a los gobiernos de Felipe González en la guerra sucia contra ETA, algo innecesario que rezuma un regusto a odio y que aleja la posibilidad de una negociación fructífera y sincera con el PSOE. Si la estrategia es conseguir elecciones su objetivo estará cumplido, pero si pretende lograr un acuerdo es un error para alguien que pretende la hegemonía de la izquierda y que nutre su respaldo electoral de las deserciones de votantes socialistas. Podemos no puede olvidar que el apoyo que ha conseguido no es garantía de fidelidad en el voto, de igual modo que nunca pasa la misma agua por el mismo río.

Hoy con la segunda votación se cerrará este debate de investidura fallido en su objetivo, el resultado es frustrante y lo que venga después es un misterio que sólo resolverán los nuevos y viejos políticos si juegan más al interés común que al propio. De momento, hemos de agradecer a Pedro Sánchez que si lo que nos depara el destino son nuevas elecciones que, al menos, haya tenido la generosidad de poner en marcha el contador de tiempo. Así sabemos ya que, en el peor de los casos, quedan sólo dos meses de calvario para procurar deshacer el entuerto que ellos son incapaces de resolver siendo tan listos y hablando tan bien desde la tribuna de oradores que les hemos prestado.

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Estrellas estrelladas
María Antonia San Felipe 20-02-2016 | 7:53 | 0

Todos sabemos que el universo popular de los últimos veinte años ha estado iluminado por dos estrellas que relucían más que el sol, sobre todo cuando el sol se llama Mariano Rajoy. Me refiero a Rita Barberá y a Esperanza Aguirre. Es cierto que hay otras estrellas más recientes, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, han brillado últimamente en el PP pero no con tanta intensidad ni persistencia en el tiempo. Sería como pretender comparar a los Beatles y a los Rolling Stones con Los Diablos y Fórmula V. Nada que ver. La verdad es que Rita es una auténtica fallera mayor, no necesita traje, ella sola era Valencia y en España ha sido como la Dama de Elche, un icono de la españolidad a la vieja usanza. Por su parte, Esperanza Aguirre ha mostrado siempre ese toque supremo que tienen los metales nobles por derecho. Ella siempre ha mirado a todos desde arriba. La condesa de Bombay, incluso en calcetines cortos, ha conservado siempre su altivez con un toque de prestancia difícil de superar.

En común tienen, además de desparpajo, un instinto de supervivencia política que conecta con un electorado fiel y entregado a la causa, incluso cuando la balsa de la corrupción se convirtió en un océano. Pero las olas de ese mar embravecido pueden llevarse por delante incluso el espigón de la playa y eso le está pasando a Rita. Las investigaciones judiciales y el hartazgo de la ciudadanía amenazan con dejarla recluida en su casa. Tras veinticuatro años de alcaldesa suprema de Valencia, a Rita se le rompió la mayoría absoluta. “Vaya hostia, vaya hostia”, exclamó la noche electoral. Así que tras el clamoroso tropezón ha venido el mayúsculo resbalón. Se ha visto con claridad que no es posible estar rodeado de mierda por todas partes sin que te manche. Como lo sabía se fue a Madrid, al fin y al cabo, en el mausoleo en que se ha convertido el Senado, se vive bien y se cobra al mes más que en un año en la mayoría de nuevos empleos. Además Mariano, que teme que la ola marrón le salpique, ya la ha blindado para él protegerse detrás. Ya pueden hacer lo que quieran porque el maremoto valenciano a Rita se la va a llevar por delante más pronto que tarde.

En Aguirre todo es más multicolor. Esperanza es incapaz de defraudar a la afición, ¡buena es ella! Antes muerta que sencilla. Después de múltiples redadas anteriores, la Guardia Civil registró la sede del PP madrileño y varios domicilios, como el de Javier López Madrid y la empresa de su suegro Villar Mir, matriz de OHL, una de las sospechosas de haber engrasado la rueda de la corrupción para financiar irregularmente al partido en el gobierno. Todo ello supuestamente, claro. Pero tan claro y meridiano parece que el brillo nos ciega y nos sube la bilirrubina por encima del rabillo de la boina de la paciencia. Bueno pues cuando nosotros, los ciudadanos de a pie, no sólo vemos sino que olemos la mierda, otra vez Esperanza nos sorprende. De improviso, el domingo, después de la misa mayor, la condesa de Bombay dimite otra vez. Claro que yo estoy por cantarle esa vieja canción de José Alfredo Jiménez: No me amenaces, no me amenaces;/cuando estés decidida a buscar otra vida,/pues agarra tu rumbo y vete;/ya estás grandecita,/ya entiendes la vida/ya sabes lo que haces/Porque estás que te vas,/y te vas, y te vas,/y no te has ido/ y yo estoy esperando tu amor,/o esperando tu olvido. Ya ven, cuando la oyó Mariano, a la hora del aperitivo, se le atragantó el vermut. Rajoy sí que pensó en el olvido pero ella lo tiene siempre en su pensamiento y le ha brindado su amago de dimisión a ritmo de bofetada. Si a mí se me lleva el mar de la corrupción, a ti también, Mariano- pensaba en la rueda de prensa.

Manténganse atentos a las pantallas, no hay dos sin tres. No sabemos si habrá presidente pero si lo hay no será Mariano, claro que en otro país hace tiempo que Mariano hubiera pedido perdón y dimitido. De momento el cielo sigue estrellado.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.