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Rajoy

El “caloret”
María Antonia San Felipe 07-03-2015 | 10:43 | 0

Todavía no ha llegado la primavera y ya se percibe el “caloret”, que diría Rita Barberá, tan oportuna siempre, pues mientras hablamos de su metedura de pata no nos ocupamos de las tramas corruptas de la Valencia oficial. Todo indica que este año calorcito va a haber. Los distintos procesos electorales que se inician en marzo y concluyen en diciembre traerán mucho calentamiento ciudadano, mucho sofocón político y, a buen seguro, más de uno puede terminar achicharrado en la propia hoguera de su vanidad. De momento las últimas encuestas propician nervios extremos, en unos más que en otros, como siempre.

            Pasado el debate del estado de la Nación hemos comprobado que todo sigue igual, el medidor de optimismos y pesimismos de los españoles sigue estable, ya que en ambos casos la esperanza es lo último que se pierde. Eso debe pensar Mariano Rajoy después del fracasado combate en la trinchera parlamentaria. Ya se sabe que en política el que más tiene que perder es el que está en el poder y todo indica que el partido del gobierno no va incrementar sus apoyos electorales sino que puede perder una gran parte del inmenso poder institucional que tiene en toda España. Que la aparición de Podemos ha roto el tradicional panorama político es evidente, pero para el PP la consolidación y el más que probable crecimiento de Ciudadanos, puede convertirse en un serio peligro para un partido que hasta ahora recogía en solitario los votos de un amplio abanico ideológico. En España lo tradicional ha sido el fraccionamiento de la izquierda, algo muy conveniente para una derecha monolítica, pero ahora con una UPyD en franco retroceso, por la miopía política y el exceso de protagonismo de su líder Rosa Díez, Ciudadanos emerge como un imán para los votantes que se sitúan en el centroderecha.

           Andalucía va a ser la primera prueba de fuego para Rajoy a lo largo de este año. En la tierra de Celia Villalobos, la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, que prefiere jugar con su tableta al Candy Crush mientras habla el presidente del Gobierno, va a ser difícil convencer a los andaluces de que ellos son lo primero. En las pasadas elecciones andaluzas el PP fue la primera fuerza política pero todo indica que no van a revalidar esa marca. Podemos y Ciudadanos asoman con fuerza, veremos con cuanto respaldo, ya que no es lo mismo responder a la pregunta de un encuestador que ejercer el derecho al voto. Pero es evidente, aunque no se sepa nada de demoscopia, que cuando una tarta se reparte las porciones son más pequeñas según crece el número de comensales.

          Podemos decir que a Rajoy la semana pasada ni los dioses ni las hadas de los cuentos que nos relató en la tribuna del Congreso le fueron favorables. Para frenar la sangría de votos se fue a Sevilla y allí decidió responder al primer ministro griego Alexis Tsipras que le había acusado de torpedear el acuerdo con la Troika, una postura de sobra conocida y ejercida en clave de política interior. Aunque hay muchos interesados en presentar como un fracaso la posición griega hay quienes piensan, como el premio Nobel Paul Krugman, que el nuevo gobierno griego no ha doblado las rodillas y “que la gran batalla sobre el futuro todavía no se ha librado”, de momento han ganado tiempo. Por tanto, el tiempo dará o quitará razones. El hecho es que fue escuchar a Rajoy afirmar que él no era responsable “de la frustración que ha creado la izquierda radical griega que prometió lo que no podía cumplir” y entrarme la risa. Consejos vendo y para mí no tengo. A estas alturas es imposible olvidar que Rajoy, sabiendo cuál era la situación de España en 2011, prometió tres millones y medio de empleos, bajar los impuestos, proteger la sanidad pública, en fin, un programa falso que ha incumplido de principio a fin ante la inmensa decepción de sus votantes y el asombro general por la chulería con la que ha ejercido el poder con la gente corriente, no con los poderosos o los corruptos. Lo dicho, sin necesidad de termómetro se nota “caloret”, mucho “caloret”.

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Cuentos de hadas
María Antonia San Felipe 28-02-2015 | 10:08 | 0

Vuelven Mortadelo y Filemón con una nueva aventura y no tengo ninguna duda de que la historia en viñetas de F. Ibáñez estará más próxima a la realidad española que a la narrada por Mariano Rajoy en el debate sobre el estado de la Nación. El nuevo cómic se va a titular El tesorero,  una prueba más de que Luis Bárcenas ha pasado ya a ocupar un lugar destacado en la historia reciente de España. Cuando uno es tan popular –nunca mejor dicho- como él, que puede convertirse en un desternillante personaje de ficción, es evidente que el día en que se escriba la historia del tiempo presente Luis Bárcenas ocupará un ranking destacado en el pódium de los pillos y sinvergüenzas nacionales desbancando, por supuesto, las aventuras de Luis Roldán y de otros muchos bandoleros de las arcas públicas. Hay que agradecerle a F. Ibáñez que con este personaje se vengue, en nuestro nombre, de los verdaderos cómplices y encubridores de la fortuna del “tesorero” y que con su buen humor nos salve de la mala leche.

De estas miserias que rodean al presidente del Gobierno y que tanto nos irritan no quiso hablar Mariano Rajoy. Él se nos presenta como el héroe que nos salvó del rescate cuando todos sabemos que el rescate existió, aunque no fuera “a la griega”, tras la constatación matemática de que no había fondos suficientes en la Unión Europea para materializarlo. Fuimos intervenidos para poder salvar nuestro sistema financiero y bien sabemos a qué precio hemos pagado cada euro que se ha inyectado a la banca. Una vez más, la propaganda política suplanta a la verdad para engañarnos, para que creamos que los molinos son gigantes, los ladrones los duendecillos del bosque y los embusteros nuestras hadas madrinas del cuento de hadas más fraudulento jamás contado.

Por primera vez desde la transición en los bares, peluquerías, carnicerías y supermercados se vuelve a hablar de política con el mismo interés de entonces. Todo indica que la gente está dispuesta a empujar para que se produzcan cambios profundos que fortalezcan la democracia cuyo deterioro es palmario. El terremoto se va a producir, de eso no hay duda, solamente desconocemos la intensidad que tendrá, pero está claro que el epicentro de los cambios ya no está en el Congreso de los Diputados sino en la calle, de ahí el escaso interés que un debate tan previsible ha levantado. Da igual quien gana o pierde el debate, a estas alturas el problema es que se percibe como una función teatral de argumento reiterado y de nulos resultados. Es como la salida de la crisis dicen que existe pero pocos la ven. La distancia entre la calle y el poder, los ciudadanos y el parlamento es inmensa. Hoy es preciso abrir caminos para un tiempo nuevo y los cambios llegarán, porque los ciudadanos exigen nuevas formas de hacer política. Ningún partido puede ser ajeno a la exigencia y a la práctica de comportamientos ejemplares tan alejados de los actuales que son los que han arruinado no sólo el país sino la confianza en la actual clase dirigente.

Por eso el discurso de Rajoy es erróneo, porque pivotó sólo sobre un débil crecimiento económico que no va a traducirse en una rápida recuperación del empleo ni de los derechos sociales perdidos. En la actualidad es preciso que se abran las ventanas y se ventilen unas instituciones carcomidas por la avaricia y la incompetencia. La regeneración democrática, es decir, cumplir lo que se promete, dimitir si se miente, ser fulminado del puesto si hay enriquecimiento ilícito, reforzar los controles independientes de la contratación pública, eliminar el amiguismo, el nepotismo, el clientelismo y todas esas miserias que están destruyendo el país y la confianza, todo esto es tan importante como que crezca la economía, lo demás son cuentos. Cuentos de hadas que ni los niños creen ni las brujas –como yo- entienden.

 

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Predicar o dar trigo
María Antonia San Felipe 21-02-2015 | 9:28 | 0

         Las cosas han llegado a un punto que para conseguir restaurar la confianza de los ciudadanos en nuestro sistema democrático es necesario pasar de las palabras a los hechos. Es decir, en vez de predicar hay que dar trigo. La lucha contra la corrupción tiene que percibirse como una prioridad. Creo que no es necesario esperar a que los tribunales de justicia actúen, imputen, procesen, encausen y otras figuras jurídicas detrás de las que se esconde la incapacidad de partidos políticos y cargos públicos para asumir responsabilidades en este país que se desangra moralmente tras los continuos expolios.

          Estos días el Tribunal Supremo ha citado a declarar como imputados a los expresidentes de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, así como a tres exconsejeros, por el escandaloso fraude de los ERES. El asunto ha desempolvado de nuevo la eterna polémica sobre la figura jurídica de la imputación que, ciertamente, no prejuzga la culpabilidad. En este caso es el PSOE el que se sitúa de nuevo en el disparadero del cabreo nacional. Desangrado en luchas internas, esto sólo agrava el poco crédito que conserva ante un electorado que le abandona progresivamente.

          En cualquier otro país de tradición democrática un gobierno como el de Rajoy, sustentado en un partido en el que las sombras de financiación irregular son algo más que indicios, con su tesorero que entra y sale de la cárcel pero que está forrado y al que el presidente del gobierno le pide que sea fuerte, hace tiempo que hubiera tenido que dimitir. Lo mismo opino de Esperanza Aguirre, madrina política de Francisco Granados, hoy encarcelado, y con muchos de sus hombres de confianza implicados en la trama Gürtel. Ella, que es ahora empleada de una empresa de cazatalentos, pretende ser candidata a la alcaldía de Madrid cuando debiera estar políticamente inhabilitada. Los errores deben admitirse y pagarse con la renuncia y más cuando se ha causado un quebranto al erario público. Pedir perdón es muy fácil. Se seleccionan las palabras  adecuadas mostrando un poco de aflicción y aquí paz y después gloria. No señores, la responsabilidad política se asume dimitiendo, repito dimitiendo y para ello no hay que esperar a que actúen ni jueces, ni fiscales ni nadie más que la propia conciencia personal.

            El 29 de abril de 1986, el socialista Demetrio Madrid, presidente de la Junta de Castilla y León dimitió de su cargo al ser encausado en un asunto de su vida personal con una empresa textil que regentaba. Se consideró inocente pero añadió: “la instrumentación política que de mi situación personal se ha venido haciendo y puede hacerse, mi dignidad personal, la de las instituciones y el interés del partido me aconsejaban dimitir”. Años más tarde fue absuelto de todos los cargos que le imputaron. Mereció el reconocimiento volviendo a ocupar cargos públicos. Ha quedado como un referente ético, de eso no hay duda teniendo en cuenta el basurero en el que estamos instalados.

            En la situación actual y sin dudar de la honorabilidad de los imputados, aunque no se les haya señalado delito alguno y crea que puedan ser declarados inocentes, teniendo en cuenta la magnitud del escándalo y la cuantía millonaria del fraude, la situación aconsejaba hace ya tiempo que debieron ser ellos, Chaves y Griñán, los más interesados en retirarse del foco mediático para salvaguardar los intereses de su partido. Todo político sabe, o debe saber, que el interés colectivo debe prevalecer al personal y que, a veces, hay que sacrificarse para salvar al conjunto de la organización que dicen defender. Estamos en un momento clave, cuando ya nadie cree a nadie porque cada día surge un nuevo escándalo. Ahora es cuando hay que demostrar la valentía y la grandeza, es la única forma de contribuir a recuperar la credibilidad perdida en florituras jurídicas y en descaradas mentiras. Sólo actuando así demostrarán que son mejores que los otros, porque de no hacerlo la gente concluye que todos son iguales.

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El año de los ciudadanos
María Antonia San Felipe 03-01-2015 | 11:12 | 0

            Si ya han colgado en la pared el nuevo calendario de 2015 hagan el favor de abrocharse los cinturones que según Mariano Rajoy estamos despegando. Me preocupa que viajen a la velocidad de la luz sin la debida protección no vaya a ser que se peguen un golpe contra la realidad y se me mareen. Eso a Rajoy no va a sucederle porque está acostumbrado a mirar por la ventanilla del coche oficial que deforma lo cotidiano y aleja la crudeza de la vida de millones de conciudadanos de sus ojos presidenciales. Mariano Rajoy en su mensaje de fin de año ha optado por intensificar su discurso optimista aunque sus palabras suenen a chiste viejo. Sus asesores debieran haberle advertido que cuando se ha perdido la credibilidad por sucesión de engaños y por mentiras flagrantes muchos dejan de escuchar y los que lo hacen no creen una sola palabra de lo dicho.

Durante el mes de diciembre han hablado muchos organismos internacionales, entre ellos la OCDE que ha advertido del peligroso incremento de las diferencias sociales en España y es que, utilizando sus propias palabras, “la desigualdad tiene un impacto negativo y significativo en el crecimiento económico a medio plazo”. Es decir, que con las sucesivas rebajas salariales es posible que se hayan pasado de frenada y ello esté obstaculizando el crecimiento de países como España, en la que sólo aumenta la distancia entre los más ricos y el resto de los mortales. Muchos con sentido común ya lo decían, pero ahora parece que lo sensato es permitir que respiremos. Algunos comienzan, por interés, a predicar que no sería descabellado subir al menos un poquito los salarios para que se fomente el consumo privado. No podemos olvidar que el propio presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, advirtió en septiembre que en algunos países el salario en los primeros empleos había caído a niveles de los años 80. En España están como al comienzo de los 90, así que vayan echando cuentas, porque según los expertos los salarios han caído un 20% desde el año 2008. Es decir, que si con trabajo, cada vez más precario y peor retribuido, es difícil llegar a fin de mes imaginemos a los que no tienen empleo ni subsidio.

No dudo que los datos macroeconómicos sean levemente esperanzadores, pero de ahí a exhibir euforia como si estuviéramos en un período de expansión económica va un trecho. Sin olvidar que sería exigible un poco de prudencia y de sensibilidad a un presidente de gobierno cuando se dirige a una nación con una cuarta parte de su población activa en paro. Si a esta realidad sumamos la corrupción política a cargo del dinero público, un asunto del que ya resulta agotador hablar, debieran los asesores presidenciales aconsejar más prudencia, sinceridad, respeto y valentía al inquilino temporal de la Moncloa. Cuando Mariano Rajoy deje la presidencia, que ese día llegará, los españoles seguiremos trabajando para sacar adelante este país igual que hacemos ahora soportando en silencio mucho derroche de dinero de nuestros impuestos en  cosas superfluas en pueblos y ciudades mientras se ahorra en lo verdaderamente necesario.

Pero 2015 va a ser el año en el que los pacientes españoles que han soportado la crisis con resignación, entereza y solidaridad van a tomar la palabra. Este año es el año de los ciudadanos porque van a poder ejercer su derecho al voto tanto en las elecciones municipales y autonómicas como en las generales de noviembre. Mariano Rajoy sueña con retrasarlas hasta enero para que la probable mejoría económica sea percibida por los españoles y que éstos olviden que las han pasado canutas y vuelvan a votarle, pero además de la economía hay principios y derechos pisoteados. Seguro que los ciudadanos que tan silenciosamente han aguantado el chaparrón, ejercen su derecho al voto y alzan su voz en la urna con total libertad y suprema inteligencia. Feliz año, queridos lectores.

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Huyendo
María Antonia San Felipe 15-11-2014 | 10:38 | 0

 

Quien huye de la realidad acaba topándose de bruces con ella. Mariano Rajoy, en su particular forma de entender la política, lleva tiempo evitando afrontar la crudeza de una realidad que escandaliza, desanima y cabrea a la mayoría de sus conciudadanos. Rajoy es, hoy por hoy, ya lo he dicho otras veces, el mejor descendiente del don Tancredo español. Convencido como está de que el tiempo todo lo arregla permanece quieto, emboscado, en un silencio que se me antoja cobarde, esperando que el toro pase sin verlo. España se desangra por los cuatros costados y el presidente prepara su huida a Australia para que los teletipos con las malas noticias lleguen con unas horas de retraso y quizás, cuando los lea, el nuevo problema ya se habrá solucionado. Así es el presidente Mariano Rajoy, un profesional de la política escasamente profesional, que huye de la realidad, de la prensa y de la responsabilidad pero que está atrapado en el cenagal de la corrupción, del embuste y de la indolencia como si fuese una fotocopia del mismísimo rey pasmado de la novela de Torrente Ballester.

 Ante ninguna crisis importante que nos ha afectado en los últimos años ha tenido agallas para dar la cara, coger el toro por los cuernos y plantear una solución imaginativa o coherente. Si analizamos su acción política observaremos que siempre ha vivido de las escusas o eludiendo la responsabilidad. Los recortes los hacía porque no le quedaba más remedio, órdenes de Bruselas. Sobre la corrupción, ¡ay amigos! ¡que temazo!: -Sé fuerte, Luis, sé fuerte. Le dijo a Luis Bárcenas cuando éste ya estaba en la cárcel y no pasó nada de nada. Mentira tras mentira, mientras se engordaba el ovillo hasta abrazar a Monago (viajero por amor a costa del erario público) ¡Cuánto habrá que esconder para no pedir dimisión alguna ni a imputados ni reimputados ni plurimputados. ¡Ya escampará!, piensa don Tancredo. De la crisis del ébola, ni palabrita del niño Jesús. Cuando amainó el temporal dijo que le habían informado los expertos de que la cosa iba bien.

Tres días ha tardado en dar la cara con el pseudoreferéndum de Cataluña y lo ha hecho ante la presión de propios y ajenos sobre las nefastas consecuencias de su increíble silencio. Obligado por las circunstancias ha dicho lo de siempre, la ley está para cumplirla. Ya, ya, Mariano, pero siempre y todo el mundo, ¿verdad señor presidente? Después de tres días se ha percatado de que si en el simulacro de referéndum, sin garantías democráticas, han votado sólo un tercio de los catalanes es porque dos tercios no lo han hecho. Brillante conclusión a la que ya habíamos llegado los españoles sin necesidad de que la astucia presidencial nos alumbrara con su matemática conclusión. La tardía reacción de don Tancredo ha hecho que Artur Mas se apuntara como un éxito el apoyo a su consulta de más de dos millones de catalanes, una cifra que evidencia que algo más habrá que hacer que amenazar con la Fiscalía General del Estado. Sin olvidar el hecho de que, una vez más, la líder del PP catalán Alicia Sánchez Camacho haya anunciado una actuación que sólo compete a la fiscalía evidenciando la continua confusión de poderes de esta España sumida en la degradación progresiva de todas las instituciones de un Estado enfermo a todas luces.

Creo que la grandeza de la política y del poder democrático consiste en enfrentar los problemas reales no desde la miopía de ganar votos a corto plazo sino de buscar soluciones a largo. Hoy por hoy, después de que dos millones de personas, da igual que sean muchas o pocas según las opiniones, ya han votado aunque sea desobedeciendo, recurrir a la vía judicial es sólo la constatación de un fracaso, de su fracaso señor Rajoy. Lo que está claro es que el único que tenía un plan era Mas, porque Rajoy no tenía ninguno. Ya ven lo que son las cosas, antes del referéndum simulado el que parecía un cadáver político era Artur Mas y ahora el que lo aparenta es Mariano Rajoy. Pero nada, señor presidente váyase a Australia que es una forma de seguir huyendo.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.