La Rioja

img
Etiquetas de los Posts ‘

Rajoy

El robo del siglo
María Antonia San Felipe 25-10-2014 | 12:56 | 0

En España el soufflé de la corrupción no para de subir y la temperatura del horno está ya a punto de explotar. Vivimos en un país de asombrosas maravillas inventadas por profesionales del malabarismo y de la estafa. A fecha de hoy, Rajoy guarda un silencio cómplice y cobarde y permanece tan mudo como José María Aznar. El que fuera definido por algunos como el mejor presidente democrático, tiene hoy a todos sus hombres de confianza enmarañados en tramas de corrupción. En 2010, presentando el libro España: claves de prosperidad, calificó a Rodrigo Rato como el “mejor ministro de Economía de la democracia”, algo así como el Cid Campeador del milagro económico español. Los dos se creían las claves del éxito que compartían en ese acto simbólico con Rajoy, el sucesor designado por Aznar. En aquellos días Rato acababa de llegar a la en la presidencia de Caja Madrid sucediendo a Blesa, el amigo de Aznar, en un tejemaneje político que hoy conocemos con toda su crudeza. Aznar sabe mejor que nadie que si hay que salvar a Rajoy habrá que sacrificar otras piezas para tranquilizar al personal y su cabeza puede ser la próxima tras la que esconderse de la verdad.

En 2010 todavía colaba en la opinión pública que Rodrigo Rato era un superdotado en el terreno económico y financiero. Nosotros no conocíamos nada de nada, pero ellos sabían muy bien lo que habían hecho y lo que estaban haciendo con Caja Madrid y con la caja B del partido. Ahora que los pájaros Blesa y Rato, junto a otros muchos pajaritos, han sido cazados, somos conscientes de la voracidad y la ausencia de escrúpulos con la que manejaban los ahorros de los impositores. Sintiendo náuseas de tanto latrocinio, me pregunto: cuándo Rato, Acebes, Álvarez Cascos, Jaume Matas o el resto de los que cobraban sobresueldos en negro, iban al Consejo de Ministros que presidía Aznar o al Consejo de Administración de Bankia ¿en qué pensaban?, ¿en la sociedad a la que debían servir?, ¿en España? Yo creo que sólo pensaban en su lucro personal. La lista de invitados a la boda de la hija de Aznar, en plena efervescencia económica y política, cuando se creían intocables, resulta hoy esclarecedora y acusatoria. En ella aparecen todos los imputados por los jueces, bien sea por la trama Gürtel, por el caso Noos, por la gestión de las preferentes de Bankia, por el uso de las tarjetas opacas o por tantos etcéteras que ya ni recuerdo. Lo que no puedo olvidar son, entre otras nimiedades, los más de 30.000 millones de euros que nos ha costado a los españoles el rescate de Bankia, tras el atraco planificado desde el interior por sus propios gestores. Esa inmensa deuda la estamos pagando estrangulando nuestra sanidad pública y nuestro sistema educativo y empobreciendo a la población. Resulta desolador el espectáculo y es demoledor que a día de hoy, tras todo lo ocurrido desde que estallara el caso Bárcenas, ellos sigan negando y mintiendo para eludir una responsabilidad política indiscutible, ya que las civiles y penales espero que las diriman los jueces con ecuanimidad.

Tengo la impresión de que durante años en España se ha estado perpetrando el robo del siglo por ambiciosos sin escrúpulos que se creían los más listos del país y que no tuvieron en cuenta que el sentimiento de impunidad suele inducir a errores. En el fondo estos personajes han perpetrado el atraco al puro estilo Torrente en el asalto a Eurovegas, es decir, a lo cutre. La democracia que tenemos es imperfecta pero, al menos, el reproche social ha comenzado a dar sus frutos y ojalá que la justicia actúe como tal, todavía hay esperanza. Escuchando las declaraciones de algunos dirigentes tildando de antisistemas a nuevos movimientos políticos, yo me sonrío. En realidad son hijos suyos, son la reacción a su incoherencia y a su inmoralidad. Todo indica que el sistema político nacido de la transición ha sido destruido por la voracidad de sus falsos guardianes.

Ver Post >
De puta a puta, taconazo
María Antonia San Felipe 04-10-2014 | 10:00 | 0

En 1880 Guy de Maupassant escribió un magnífico relato que tituló Bola de sebo. La historia se desarrolla durante la ocupación prusiana de Francia y en ella diez personajes con salvoconductos huyen de Ruan en una diligencia. Viajan tres matrimonios adinerados tratando de salvar sus fortunas, dos monjas, un político (presuntamente revolucionario) y una conocida señorita de la vida galante, mal mirada por el resto dada la “inmoralidad” de su profesión. Ella compartirá sus viandas cuando todos tenían hambre, pese al desprecio que le habían mostrado. Al parar en una posada un capitán prusiano les impide seguir adelante si Bola de Sebo, no pasa una noche con él. La prostituta se niega, algo que no comprenden las damas ricachonas ni las monjas dado su oficio y los hombres tratan de convencerla, olvidando tanto su patriotismo como su hipócrita moral. Al final Bola de Sebo acepta y al día siguiente pueden partir repitiéndose en la diligencia iguales desprecios hacía quien, con su generosidad, había permitido que huyeran con sus fortunas y con sus falsos principios morales.

Cuando observo estos días el teatrillo de la política española no puedo sino evocar el comportamiento de esa mujer, más ejemplar que quienes se consideran padres de la patria. También veo que los ciudadanos de a pie somos un poco como la prostituta del cuento, que además de ser insultados con engaños estamos poniendo la cama. El asunto del referéndum catalán se ha convertido en el centro de la vida española y ello es así porque tanto el gobierno de España como el de Cataluña están dirigidos por supuestos líderes que ejercen su poder con una miopía que puede convertirse en histórica catástrofe. Yo me pregunto si les interesa de verdad lo que les ocurra a los españoles, catalanes incluidos, porque de momento todo somos España.

No hay cosa más sencilla en política, ni tampoco más peligrosa, que agitar los sentimientos identitarios. Igualmente nada hay más ventajoso en los tiempos de demagogia en que vivimos que señalar un enemigo como causante de actuales o venideras desgracias. Ciertamente, todo indica que se ha llegado a un callejón sin salida con un horizonte tan negro como la crisis actual. En realidad los mayores enemigos de españoles y catalanes son el paro, el crecimiento de la desigualdad social, la corrupción y la ausencia de proyecto común, pero se están llevando las cosas a un enfrentamiento irracional que veremos dónde termina. Rajoy envuelto en la bandera de España y Mas en la catalana, impávidos y con embustes están levantando pasiones difíciles de aplacar. El referéndum convocado es ilegal, lo sabemos todos, pero más allá de una clase política irracional está la gente y para convencerla de que puede haber una convivencia y un futuro en común habrá que hacer algo más que enviar antidisturbios y negar el diálogo.

Al mismo tiempo, catalanes y españoles, observamos que el empobrecimiento y la desigualdad social son tan reales que estremecen y no creo que los solucionen ni la independencia ni la intransigencia. En medio del maremoto y ante el riesgo de una tercera recesión, se han inventado una nueva fórmula para medir el producto interior bruto (PIB). Para que las cifras macroeconómicas les cuadren mejor computan en la Contabilidad Nacional la prostitución y las drogas y gracias a ello el PIB nominal de 2013 pasa de 1.022.988 a 1.049.181 millones de euros. Es decir, las actividades ilegales representan el 0,87%. Fíjense ustedes, ahora va a resultar que, como en el cuento de Maupassant, las prostitutas nos van a salvar haciendo crecer la economía con más acierto y grandeza moral que los supuestos líderes de la política española. De momento, en una parte del territorio crecen los anticatalanistas y en el otro los independentistas y sobre la cuerda, cada vez más tensa, están Rajoy y Mas, Mas y Rajoy que hablando el mismo lenguaje parecen decirse: de puta a puta, taconazo. Sólo nos queda esperar que el daño que causen no sea irreversible y que la generosidad de las prostitutas, como en el cuento, nos salve.

Ver Post >
Salir del laberinto
María Antonia San Felipe 27-09-2014 | 10:28 | 0

          Llevaba tiempo Alberto, como escribí la semana pasada, dando vueltas como loco por los pasillos del laberinto por los que andaba perdido con su anteproyecto de ley del aborto bajo el brazo. Está claro que de él sólo podía salir con ayuda de Dédalo que fue quien lo construyó, es decir, de Rajoy. La realidad ha sido terriblemente dura para Gallardón. Parece mentira que habiendo sido líder carismático de la simulación y el embaucamiento no haya aprendido que en política lo mismo te aplauden con fruición tus compañeros de partido que te tiran al cubo de la basura y precintan la tapa para que no levantes cabeza. Digamos que esto último es lo que le ha ocurrido al listo de Alberto Ruiz Gallardón. Él iba y venía con su ley a mostrársela al jefe y mientras otros gurús le llenaban a Rajoy la mesa de encuestas que le indicaban que para ganar las elecciones era necesario buscar el centro político, algo tan complicado de encontrar como el santo grial de la leyenda artúrica.

  Él amenazó con dimitir y ese órdago público, tantas veces repetido, no le ha dado esta vez resultado. Rajoy no le pidió que reconsiderase su postura, no insistió en que se quedara por el bien del PP y de España. La suerte estaba echada. Una vez que el presidente del gobierno anunció su decisión de aparcar el proyecto de ley del aborto, al listo de Gallardón no le quedaba otra salida que la dimisión si no quería ser motivo de chanzas y chirigotas. Aunque está claro que de los chistes no lo va a librar nadie. Gallardón es ya historia y no hay duda de que a ella va a pasar como el primer ministro de España que, en vez de avanzar hacia el futuro en sintonía con la sociedad española, pretendió retrotraerla al pasado criminalizando a las mujeres e intentado imponerles una moral como en otros tiempos la Inquisición trataba de condicionar las conciencias con castigos y amenazas.

Su paso por el ministerio ha sido nefasto y aunque Gallardón se ha ido porque Rajoy y su partido lo han sacrificado a cambio de un puñado de votos, su dimisión es un triunfo de la sociedad que ha mostrado su disconformidad con una visión tan retrógrada del mundo en que vivimos. Despedido Gallardón, no podemos perdonar el dolor que han causado pero si constatar la profunda hipocresía que habita en el gobierno de España. Dice Rajoy que ésta es la mejor decisión y la que menos divide a la sociedad española. Esta afirmación resulta en sí misma la prueba evidente de la falta de escrúpulos con la que se ejerce el gobierno. Cuando se adoptan disposiciones de tanta trascendencia social se supone que se han valorado todos los aspectos que concurren. Pero no, con una soberbia infinita ayer presentaban su ley del aborto como el mayor avance en la protección de los derechos del concebido no nacido y hoy se dan cuenta de que ni sus votantes demandaban esas contrarrevoluciones ideológicas.

El fraude a la sociedad española ejercido desde el gobierno de Rajoy es inmenso, ni siquiera la frágil mejora económica puede tapar el retroceso en derechos, el saqueo de la sanidad pública, la merma de servicios sociales, la subida de impuestos, el billón de euros de deuda, el paro y la corrupción… Siendo todo esto terrible no hay duda de que el fraude a sus propios votantes es todavía mayor. Obtuvieron un apoyo masivo de los españoles y hoy el inventario de mentiras, previas y posteriores, no los encubre el recuerdo de la herencia anterior. La retirada de su ley del aborto es la mejor prueba de la traición al programa electoral que los llevó al poder. Será difícil que a partir de ahora los portavoces del gobierno y del PP puedan invocar principios universales o la coherencia en sus actuaciones, seguramente en las filas de los cargos públicos del PP estos días cunde el desánimo ante la evidencia de tanto engaño perpetrado consecutivamente contra la sociedad española, pero ya sabemos que dimitir es un verbo que sólo se conjuga en España cinco minutos antes de ser cesado o depositado, como Gallardón, en el cubo de la basura.

 

Ver Post >
Caperucita o Robin Hood
María Antonia San Felipe 06-09-2014 | 10:14 | 0

Comienza el curso y tengo la impresión de que de nuevo estamos perdidos en la frondosidad de un bosque encantado que nos es adverso y en el que no sabemos si aparecerá el lobo feroz para devorarnos como a Caperucita o si al final emergerá Robin Hood para protegernos de los excesos del malvado sheriff de Nottingham. En fin, que yo, como posibilidad remota en el mundo de los sueños, me quedo con Robin Hood porque al menos tendremos la posibilidad de pelear.

Con la llegada del verano nos fue anunciada la deseada recuperación económica entre heraldos y clarines enviados desde el palacio de la Moncloa. Ya en septiembre todo indica que el crecimiento es tan tenue y tan incierto todavía que está más próximo al espejismo producido por calores y fiebres veraniegas que por la realidad. Ya saben, se acercan elecciones y hay que sacar a la calle los fuegos de artificio. Estos días hemos sabido que las grandes economías de la eurozona, incluida Alemania, ralentizan también su crecimiento con lo que resulta difícil pensar que podrán actuar de locomotoras del resto de países. El dato del paro de agosto sigue desanimándonos aunque nos cuenten milongas, crece en 8.070 personas y se han producido casi 98.000 bajas a la Seguridad Social. Es decir, que estamos estables, no nos morimos pero seguimos dentro de la UVI sin saber hasta cuándo durará la incertidumbre.

Los datos que acaba de hacer públicos la OCDE no hacen sino ratificar lo que ya sabemos en el pueblo llano y ello sin necesidad de estudios económicos ni estadísticas complejas: que el empobrecimiento de los españoles es generalizado (salvo aquellos que tienen sus magras cuentas en Suiza o en Andorra burlando al fisco). Según el organismo internacional los salarios en España han descendido a un ritmo del 2,1% anual y se ha llegado a tal extremo que, de proseguir la rebaja podría originar estrecheces económicas graves a las familias, sin olvidar la negativa repercusión en el consumo interno. Es decir, que una vuelta de tuerca más y se confirmará lo que también sospechamos: a este paso ni teniendo trabajo se va a poder vivir dignamente, sin obviar, la inseguridad  y la ansiedad personal que supone tener empleos tan precarios que son de días o de horas. Hay un dato de los facilitados por la OCDE, que también resulta ilustrativo,  antes de la crisis uno de cada tres nuevos contratos eran fijos (32,9%), pero ahora lo son uno de cada cuatro (24,5%). Las cifras de desempleo no parece que vayan a mejorar en el medio plazo aunque se materialice el crecimiento en porcentajes ligeramente superiores al actual. Esta evidente realidad debiera ser una llamada de atención suficiente para modificar la política económica y social pero no parece que, tras la peregrinación a Santiago de Compostela de Rajoy y Merkel, estén pensando en aliviar nuestras mochilas del sufrimiento que han producido a las clases trabajadoras que son las que soportan el sistema y a ellos. En realidad nada ha cambiado a nuestro alrededor, seguimos rodeados de mentiras y palabras que significan lo contrario de lo que aparentan los que las pronuncian.

Creo sinceramente que la combinación de altos índices de paro, empobrecimiento general, corrupción por doquier y elevadas dosis de mentiras son una bomba de relojería de consecuencias todavía no calculadas ni por la Unión Europea ni por la OCDE ni por la miopía del gobierno de Rajoy. Sería bueno comenzar a releer las enseñanzas que nos brinda la historia. Estamos ante un tiempo nuevo y no verlo es un error. La política no puede ejercerse contrariando demandas básicas de una población cada día más crítica, más contrariada y más plural. Yo, como he dicho al principio, no quiero ser Caperucita, es más prefiero que, como en Fuenteovejuna, todos seamos Robin Hood y a los de arriba sólo nos quedaría recordarles cómo acabó la película. Repartamos la riqueza que produce este país de forma más equitativa y enviemos a las mazmorras a los que han expoliado España.

Ver Post >
El refugio de los canallas
María Antonia San Felipe 30-08-2014 | 1:29 | 0

Tengo que confesar que, pocos días después de que Jordi Pujol se autoinculpara y tras conocerse pormenores de la fortuna y negocios del clan familiar, lo primero que me vino a la cabeza fue la película Senderos de gloria. Recordé el diálogo en el cual el coronel Dax (Kirk Douglas), ante una orden temeraria e injusta, le espeta al general una frase de Samuel Johnson, de contenido inolvidable: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”. Una sentencia pronunciada por un inmejorable Kirk Douglas, que hirió el orgullo del altanero general francés. La película rodada por Stanley Kubrick en 1957, está basada en una novela de Humphrey Cobb escrita en 1935 e inspirada en hechos reales que él mismo investigó. En Francia se estrenó en 1975 y en España en 1986, cuando Franco llevaba ya once años en el Valle de los Caídos. Ya sabemos que en España hay cosas que siempre nos llegan con notable retraso. Las autoridades nos cuidan para que no sepamos las verdades hasta pasado mucho tiempo, cuando ya son historia, no vaya a ser que se nos active la inteligencia y decidamos amotinarnos contra los poderes establecidos.

            Con lo de Pujol ha pasado lo mismo, nos lo han contando cuando han querido. Por lo visto nos protegían a nosotros, no a los Pujol. No querían darnos un disgusto no fuera a ser que pusiéramos en duda la eficacia de un sistema democrático que tanta sangre, sudor y lágrimas nos costó conseguir. Los que creíamos que la corrupción sistémica era cosa de las dictaduras y de los totalitarismos, de uno u otro signo, hemos sido sorprendidos en nuestra buena fe al descubrir, de pronto, la materia de la que está hecho el poder. Hemos aprendido a fuerza de soponcios y sobresaltos continuos que el poder algunos no lo añoran para cambiar el país al que dicen servir sino, como ya he dicho en otras ocasiones, para forrarse. Todo indica que lo de los negocietes del clan, lo del 3% de comisión y otros asaltos a las arcas públicas con simuladas adjudicaciones legales, todo ello presuntamente (no vaya a ser que ahora a la cárcel vayamos la que esto escribe y usted que me lee), es algo que todos sabían y nadie contaba. Como con la primavera, el dinero llegó a los bancos de Andorra y todavía hoy, 34 años después, no sabemos cómo ha sido.

            Todo resulta indignante porque este patriota de pacotilla pretendía ser una especie de héroe del catalanismo como otros intentan serlo del españolismo y todos se han forrado a costa de nuestra buena fe e invocando el nombre de la patria. Reflexionemos: si no se hubieran realizado grandiosas y costosas obras como aeropuertos sin aviones, lujosos edificios sin contenido o recalificados los terrenos de los amigos tampoco nos veríamos como nos vemos y, por supuesto, ese puñado de patriotas de pacotilla no tendrían cuentas en Suiza, ni mansiones de lujo, ni los dinerales que un sueldo público, por elevado y digno que sea, no proporciona.

            El otro día se reunieron en la Moncloa, Artur Mas y Mariano Rajoy para hablar de sus respectivas patrias. El primero lleva el fracaso pegado a los talones y el segundo, gracias al primero, puede seguir pronunciado reiteradamente la palabra España para ver si olvidamos a Jaume Matas, Bárcenas, Camps, Carlos Fabra, los sobres con dinero negro y otros asaltos al dinero público perpetrados siempre en nombre de España. Ha llegado la hora de conocer toda la verdad sin esperar a que el tiempo nos la descubra, porque todavía hoy desconocemos el tamaño real de la ciénaga aunque en esta democracia imperfecta, un día u otro, el pastel se descubre. La mejor manera de parar la gangrena es arrebatarles nosotros la bandera de las manos para que no nos despisten con ella. Es indudable que en España todavía hay políticos honestos y buena gente que trabaja por el interés general, esos deben ser nuestra esperanza. Hay que conseguir que nos gobiernen gente de comprobada capacidad de servicio y para ello es preciso modificar el sistema electoral. Es la única forma de conseguir que un nutrido grupo de falsos patriotas abandonen su refugio y nos devuelvan la bandera por haberla manchado con deshonor.

Ver Post >