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Rajoy

Huyendo
María Antonia San Felipe 15-11-2014 | 10:38 | 0

 

Quien huye de la realidad acaba topándose de bruces con ella. Mariano Rajoy, en su particular forma de entender la política, lleva tiempo evitando afrontar la crudeza de una realidad que escandaliza, desanima y cabrea a la mayoría de sus conciudadanos. Rajoy es, hoy por hoy, ya lo he dicho otras veces, el mejor descendiente del don Tancredo español. Convencido como está de que el tiempo todo lo arregla permanece quieto, emboscado, en un silencio que se me antoja cobarde, esperando que el toro pase sin verlo. España se desangra por los cuatros costados y el presidente prepara su huida a Australia para que los teletipos con las malas noticias lleguen con unas horas de retraso y quizás, cuando los lea, el nuevo problema ya se habrá solucionado. Así es el presidente Mariano Rajoy, un profesional de la política escasamente profesional, que huye de la realidad, de la prensa y de la responsabilidad pero que está atrapado en el cenagal de la corrupción, del embuste y de la indolencia como si fuese una fotocopia del mismísimo rey pasmado de la novela de Torrente Ballester.

 Ante ninguna crisis importante que nos ha afectado en los últimos años ha tenido agallas para dar la cara, coger el toro por los cuernos y plantear una solución imaginativa o coherente. Si analizamos su acción política observaremos que siempre ha vivido de las escusas o eludiendo la responsabilidad. Los recortes los hacía porque no le quedaba más remedio, órdenes de Bruselas. Sobre la corrupción, ¡ay amigos! ¡que temazo!: -Sé fuerte, Luis, sé fuerte. Le dijo a Luis Bárcenas cuando éste ya estaba en la cárcel y no pasó nada de nada. Mentira tras mentira, mientras se engordaba el ovillo hasta abrazar a Monago (viajero por amor a costa del erario público) ¡Cuánto habrá que esconder para no pedir dimisión alguna ni a imputados ni reimputados ni plurimputados. ¡Ya escampará!, piensa don Tancredo. De la crisis del ébola, ni palabrita del niño Jesús. Cuando amainó el temporal dijo que le habían informado los expertos de que la cosa iba bien.

Tres días ha tardado en dar la cara con el pseudoreferéndum de Cataluña y lo ha hecho ante la presión de propios y ajenos sobre las nefastas consecuencias de su increíble silencio. Obligado por las circunstancias ha dicho lo de siempre, la ley está para cumplirla. Ya, ya, Mariano, pero siempre y todo el mundo, ¿verdad señor presidente? Después de tres días se ha percatado de que si en el simulacro de referéndum, sin garantías democráticas, han votado sólo un tercio de los catalanes es porque dos tercios no lo han hecho. Brillante conclusión a la que ya habíamos llegado los españoles sin necesidad de que la astucia presidencial nos alumbrara con su matemática conclusión. La tardía reacción de don Tancredo ha hecho que Artur Mas se apuntara como un éxito el apoyo a su consulta de más de dos millones de catalanes, una cifra que evidencia que algo más habrá que hacer que amenazar con la Fiscalía General del Estado. Sin olvidar el hecho de que, una vez más, la líder del PP catalán Alicia Sánchez Camacho haya anunciado una actuación que sólo compete a la fiscalía evidenciando la continua confusión de poderes de esta España sumida en la degradación progresiva de todas las instituciones de un Estado enfermo a todas luces.

Creo que la grandeza de la política y del poder democrático consiste en enfrentar los problemas reales no desde la miopía de ganar votos a corto plazo sino de buscar soluciones a largo. Hoy por hoy, después de que dos millones de personas, da igual que sean muchas o pocas según las opiniones, ya han votado aunque sea desobedeciendo, recurrir a la vía judicial es sólo la constatación de un fracaso, de su fracaso señor Rajoy. Lo que está claro es que el único que tenía un plan era Mas, porque Rajoy no tenía ninguno. Ya ven lo que son las cosas, antes del referéndum simulado el que parecía un cadáver político era Artur Mas y ahora el que lo aparenta es Mariano Rajoy. Pero nada, señor presidente váyase a Australia que es una forma de seguir huyendo.

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El miedo y el perdón
María Antonia San Felipe 01-11-2014 | 10:31 | 0

El miedo produce vértigo y de pronto el pánico se ha instalado en quienes con tanta soberbia han ejercido el poder creyéndose por encima del bien y el mal. Está visto y comprobado que en este maravilloso país las mayores cotas de dignidad personal no se encuentran en la élite política y social, sino en su base. Nos han ofendido con su comportamiento mafioso, con sus componendas a la sombra del tráfico de influencias, con actitudes indignas en el ámbito de la prevaricación y, por si fuera poco, con la avaricia del embustero, han amasado fortunas y se han procurado jubilaciones de lujo. Han insultado al anciano que sobrevive modestamente con su pensión, estirando cada euro y ahorrando cada céntimo; al auxiliar de clínica que limpia el trasero de enfermos en los hospitales, al autónomo que se autoemplea, al tendero del mercado que pelea cada día, al agricultor que suma céntimo a céntimo sus exiguas ganancias, a la cajera del supermercado, al maestro, al funcionario modesto, al parado, al médico y al bombero.  

Pero no sólo nos han ofendido y nos han insultado sino que nos han mentido, con premeditación y alevosía, y lo que es peor, nos siguen mintiendo. Porque la petición de perdón de Esperanza Aguirre, de Mariano Rajoy y de quienes se han sumado a ellos no es un reconocimiento sincero de errores, sino que ese acto de contrición es tan falso como sus promesas de regeneración. No existe arrepentimiento, se trata de una  estrategia política urdida para seducirnos de nuevo, para devolvernos al redil de la sumisión porque las encuestas que manejan, incluida la que está por publicarse del Centro de Investigaciones Sociológicas, les anuncia una hecatombe electoral, es decir, los coloca ante la pérdida de gran parte del poder que detentan. Ese es su único miedo, verse alejados del poder, tras años riéndose de nosotros a la cara.

Está claro que pedir disculpas, del modo que lo han hecho,  ni es sincero ni fruto de la vergüenza de estar en medio de un estercolero moral. Aunque algo si está claro, hemos estado gobernados por una variedad de políticos totalmente idiotas e ignorantes de todo. Ellos eran el motor de la cadena de corrupción, estaban rodeados de sinvergüenzas y nunca supieron nada, ni fueron responsables de nada, no conocían a nadie ni vieron jamás algo sospechoso. Su única preocupación era cobrar cuantiosas nóminas, sobresueldos y dádivas por no saber ni ver nada, salvo el nivel de sus cuentas corrientes. Una cosa hemos de tener clara, si el conserje o la limpiadora del ministerio hubieran cometido un fallo le hubiera caído la mundial por incompetentes. Cuando gobierna un irresponsable, si pasa algo el único culpable siempre es el bedel de la planta baja. Dice Javier Marías, que todo tiene un tiempo para ser creído, y lleva razón, porque hoy es el tiempo en el que ya nadie se cree nada, ni confía en nadie. Nos piden perdón, que es gratis, ponen cara de circunstancias y se quedan tan anchos mientras todo sigue igual. Los implicados en los cientos de tramas corruptas entrarán en la maraña judicial e irán pasando los meses y los años antes de que unos juzgados atascados por tanta corrupción puedan dictar sentencias. De momento, nadie devuelve el dinero robado.

Pero los ciudadanos no hemos de olvidar que el perdón hay que otorgarlo, no basta con pedirlo y está claro que no es momento de concederlo. Yo particularmente no tengo intención ni de olvidar que han dejado este país como un erial, ni de perdonar que hayan destrozado nuestros servicios públicos que nos igualaban a todos. Como ni olvido ni perdono, creo que en situación de emergencia nacional hay que elevar el nivel de exigencia. Señores, si este país es verdaderamente democrático ante la insalubridad del clima político sólo queda una salida, contar la verdad por cruda que sea, convocar inmediatamente elecciones y que los ciudadanos decidan si perdonan o si castigan severamente a quienes, en su opinión, lo merezcan.

 

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El robo del siglo
María Antonia San Felipe 25-10-2014 | 12:56 | 0

En España el soufflé de la corrupción no para de subir y la temperatura del horno está ya a punto de explotar. Vivimos en un país de asombrosas maravillas inventadas por profesionales del malabarismo y de la estafa. A fecha de hoy, Rajoy guarda un silencio cómplice y cobarde y permanece tan mudo como José María Aznar. El que fuera definido por algunos como el mejor presidente democrático, tiene hoy a todos sus hombres de confianza enmarañados en tramas de corrupción. En 2010, presentando el libro España: claves de prosperidad, calificó a Rodrigo Rato como el “mejor ministro de Economía de la democracia”, algo así como el Cid Campeador del milagro económico español. Los dos se creían las claves del éxito que compartían en ese acto simbólico con Rajoy, el sucesor designado por Aznar. En aquellos días Rato acababa de llegar a la en la presidencia de Caja Madrid sucediendo a Blesa, el amigo de Aznar, en un tejemaneje político que hoy conocemos con toda su crudeza. Aznar sabe mejor que nadie que si hay que salvar a Rajoy habrá que sacrificar otras piezas para tranquilizar al personal y su cabeza puede ser la próxima tras la que esconderse de la verdad.

En 2010 todavía colaba en la opinión pública que Rodrigo Rato era un superdotado en el terreno económico y financiero. Nosotros no conocíamos nada de nada, pero ellos sabían muy bien lo que habían hecho y lo que estaban haciendo con Caja Madrid y con la caja B del partido. Ahora que los pájaros Blesa y Rato, junto a otros muchos pajaritos, han sido cazados, somos conscientes de la voracidad y la ausencia de escrúpulos con la que manejaban los ahorros de los impositores. Sintiendo náuseas de tanto latrocinio, me pregunto: cuándo Rato, Acebes, Álvarez Cascos, Jaume Matas o el resto de los que cobraban sobresueldos en negro, iban al Consejo de Ministros que presidía Aznar o al Consejo de Administración de Bankia ¿en qué pensaban?, ¿en la sociedad a la que debían servir?, ¿en España? Yo creo que sólo pensaban en su lucro personal. La lista de invitados a la boda de la hija de Aznar, en plena efervescencia económica y política, cuando se creían intocables, resulta hoy esclarecedora y acusatoria. En ella aparecen todos los imputados por los jueces, bien sea por la trama Gürtel, por el caso Noos, por la gestión de las preferentes de Bankia, por el uso de las tarjetas opacas o por tantos etcéteras que ya ni recuerdo. Lo que no puedo olvidar son, entre otras nimiedades, los más de 30.000 millones de euros que nos ha costado a los españoles el rescate de Bankia, tras el atraco planificado desde el interior por sus propios gestores. Esa inmensa deuda la estamos pagando estrangulando nuestra sanidad pública y nuestro sistema educativo y empobreciendo a la población. Resulta desolador el espectáculo y es demoledor que a día de hoy, tras todo lo ocurrido desde que estallara el caso Bárcenas, ellos sigan negando y mintiendo para eludir una responsabilidad política indiscutible, ya que las civiles y penales espero que las diriman los jueces con ecuanimidad.

Tengo la impresión de que durante años en España se ha estado perpetrando el robo del siglo por ambiciosos sin escrúpulos que se creían los más listos del país y que no tuvieron en cuenta que el sentimiento de impunidad suele inducir a errores. En el fondo estos personajes han perpetrado el atraco al puro estilo Torrente en el asalto a Eurovegas, es decir, a lo cutre. La democracia que tenemos es imperfecta pero, al menos, el reproche social ha comenzado a dar sus frutos y ojalá que la justicia actúe como tal, todavía hay esperanza. Escuchando las declaraciones de algunos dirigentes tildando de antisistemas a nuevos movimientos políticos, yo me sonrío. En realidad son hijos suyos, son la reacción a su incoherencia y a su inmoralidad. Todo indica que el sistema político nacido de la transición ha sido destruido por la voracidad de sus falsos guardianes.

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De puta a puta, taconazo
María Antonia San Felipe 04-10-2014 | 10:00 | 0

En 1880 Guy de Maupassant escribió un magnífico relato que tituló Bola de sebo. La historia se desarrolla durante la ocupación prusiana de Francia y en ella diez personajes con salvoconductos huyen de Ruan en una diligencia. Viajan tres matrimonios adinerados tratando de salvar sus fortunas, dos monjas, un político (presuntamente revolucionario) y una conocida señorita de la vida galante, mal mirada por el resto dada la “inmoralidad” de su profesión. Ella compartirá sus viandas cuando todos tenían hambre, pese al desprecio que le habían mostrado. Al parar en una posada un capitán prusiano les impide seguir adelante si Bola de Sebo, no pasa una noche con él. La prostituta se niega, algo que no comprenden las damas ricachonas ni las monjas dado su oficio y los hombres tratan de convencerla, olvidando tanto su patriotismo como su hipócrita moral. Al final Bola de Sebo acepta y al día siguiente pueden partir repitiéndose en la diligencia iguales desprecios hacía quien, con su generosidad, había permitido que huyeran con sus fortunas y con sus falsos principios morales.

Cuando observo estos días el teatrillo de la política española no puedo sino evocar el comportamiento de esa mujer, más ejemplar que quienes se consideran padres de la patria. También veo que los ciudadanos de a pie somos un poco como la prostituta del cuento, que además de ser insultados con engaños estamos poniendo la cama. El asunto del referéndum catalán se ha convertido en el centro de la vida española y ello es así porque tanto el gobierno de España como el de Cataluña están dirigidos por supuestos líderes que ejercen su poder con una miopía que puede convertirse en histórica catástrofe. Yo me pregunto si les interesa de verdad lo que les ocurra a los españoles, catalanes incluidos, porque de momento todo somos España.

No hay cosa más sencilla en política, ni tampoco más peligrosa, que agitar los sentimientos identitarios. Igualmente nada hay más ventajoso en los tiempos de demagogia en que vivimos que señalar un enemigo como causante de actuales o venideras desgracias. Ciertamente, todo indica que se ha llegado a un callejón sin salida con un horizonte tan negro como la crisis actual. En realidad los mayores enemigos de españoles y catalanes son el paro, el crecimiento de la desigualdad social, la corrupción y la ausencia de proyecto común, pero se están llevando las cosas a un enfrentamiento irracional que veremos dónde termina. Rajoy envuelto en la bandera de España y Mas en la catalana, impávidos y con embustes están levantando pasiones difíciles de aplacar. El referéndum convocado es ilegal, lo sabemos todos, pero más allá de una clase política irracional está la gente y para convencerla de que puede haber una convivencia y un futuro en común habrá que hacer algo más que enviar antidisturbios y negar el diálogo.

Al mismo tiempo, catalanes y españoles, observamos que el empobrecimiento y la desigualdad social son tan reales que estremecen y no creo que los solucionen ni la independencia ni la intransigencia. En medio del maremoto y ante el riesgo de una tercera recesión, se han inventado una nueva fórmula para medir el producto interior bruto (PIB). Para que las cifras macroeconómicas les cuadren mejor computan en la Contabilidad Nacional la prostitución y las drogas y gracias a ello el PIB nominal de 2013 pasa de 1.022.988 a 1.049.181 millones de euros. Es decir, las actividades ilegales representan el 0,87%. Fíjense ustedes, ahora va a resultar que, como en el cuento de Maupassant, las prostitutas nos van a salvar haciendo crecer la economía con más acierto y grandeza moral que los supuestos líderes de la política española. De momento, en una parte del territorio crecen los anticatalanistas y en el otro los independentistas y sobre la cuerda, cada vez más tensa, están Rajoy y Mas, Mas y Rajoy que hablando el mismo lenguaje parecen decirse: de puta a puta, taconazo. Sólo nos queda esperar que el daño que causen no sea irreversible y que la generosidad de las prostitutas, como en el cuento, nos salve.

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Salir del laberinto
María Antonia San Felipe 27-09-2014 | 10:28 | 0

          Llevaba tiempo Alberto, como escribí la semana pasada, dando vueltas como loco por los pasillos del laberinto por los que andaba perdido con su anteproyecto de ley del aborto bajo el brazo. Está claro que de él sólo podía salir con ayuda de Dédalo que fue quien lo construyó, es decir, de Rajoy. La realidad ha sido terriblemente dura para Gallardón. Parece mentira que habiendo sido líder carismático de la simulación y el embaucamiento no haya aprendido que en política lo mismo te aplauden con fruición tus compañeros de partido que te tiran al cubo de la basura y precintan la tapa para que no levantes cabeza. Digamos que esto último es lo que le ha ocurrido al listo de Alberto Ruiz Gallardón. Él iba y venía con su ley a mostrársela al jefe y mientras otros gurús le llenaban a Rajoy la mesa de encuestas que le indicaban que para ganar las elecciones era necesario buscar el centro político, algo tan complicado de encontrar como el santo grial de la leyenda artúrica.

  Él amenazó con dimitir y ese órdago público, tantas veces repetido, no le ha dado esta vez resultado. Rajoy no le pidió que reconsiderase su postura, no insistió en que se quedara por el bien del PP y de España. La suerte estaba echada. Una vez que el presidente del gobierno anunció su decisión de aparcar el proyecto de ley del aborto, al listo de Gallardón no le quedaba otra salida que la dimisión si no quería ser motivo de chanzas y chirigotas. Aunque está claro que de los chistes no lo va a librar nadie. Gallardón es ya historia y no hay duda de que a ella va a pasar como el primer ministro de España que, en vez de avanzar hacia el futuro en sintonía con la sociedad española, pretendió retrotraerla al pasado criminalizando a las mujeres e intentado imponerles una moral como en otros tiempos la Inquisición trataba de condicionar las conciencias con castigos y amenazas.

Su paso por el ministerio ha sido nefasto y aunque Gallardón se ha ido porque Rajoy y su partido lo han sacrificado a cambio de un puñado de votos, su dimisión es un triunfo de la sociedad que ha mostrado su disconformidad con una visión tan retrógrada del mundo en que vivimos. Despedido Gallardón, no podemos perdonar el dolor que han causado pero si constatar la profunda hipocresía que habita en el gobierno de España. Dice Rajoy que ésta es la mejor decisión y la que menos divide a la sociedad española. Esta afirmación resulta en sí misma la prueba evidente de la falta de escrúpulos con la que se ejerce el gobierno. Cuando se adoptan disposiciones de tanta trascendencia social se supone que se han valorado todos los aspectos que concurren. Pero no, con una soberbia infinita ayer presentaban su ley del aborto como el mayor avance en la protección de los derechos del concebido no nacido y hoy se dan cuenta de que ni sus votantes demandaban esas contrarrevoluciones ideológicas.

El fraude a la sociedad española ejercido desde el gobierno de Rajoy es inmenso, ni siquiera la frágil mejora económica puede tapar el retroceso en derechos, el saqueo de la sanidad pública, la merma de servicios sociales, la subida de impuestos, el billón de euros de deuda, el paro y la corrupción… Siendo todo esto terrible no hay duda de que el fraude a sus propios votantes es todavía mayor. Obtuvieron un apoyo masivo de los españoles y hoy el inventario de mentiras, previas y posteriores, no los encubre el recuerdo de la herencia anterior. La retirada de su ley del aborto es la mejor prueba de la traición al programa electoral que los llevó al poder. Será difícil que a partir de ahora los portavoces del gobierno y del PP puedan invocar principios universales o la coherencia en sus actuaciones, seguramente en las filas de los cargos públicos del PP estos días cunde el desánimo ante la evidencia de tanto engaño perpetrado consecutivamente contra la sociedad española, pero ya sabemos que dimitir es un verbo que sólo se conjuga en España cinco minutos antes de ser cesado o depositado, como Gallardón, en el cubo de la basura.

 

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