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Rajoy

Era una broma
María Antonia San Felipe 10-09-2016 | 8:05 | 2

Es tal la paciencia que demuestran los españoles que cada semana nos ponen un ejercicio para practicarla. Si fuera deporte olímpico, el podio sería nuestro. Sólo así pueden entenderse las continuas provocaciones a nuestra entereza. Desgraciadamente, son tantas las mentiras y las tomaduras de pelo con las que el gobierno nos ha obsequiado en los últimos tiempos que, puede decirse, que vivimos instalados en la resignación esperando que un milagro pueda liberarnos de tanta burla. No hay días sin mentira ni semana sin escarnio.
           La escandalosa designación del exministro de los papeles de Panamá, José Manuel Soria, para representar a España en el Banco Mundial, minutos después de que el candidato Mariano Rajoy perdiera su debate de investidura e hiciera trizas su pacto con Ciudadanos contra la corrupción y por la regeneración democrática, es una de esas gotas que desborda el vaso. Seguramente Rajoy y su ministro de Economía pensaron que, una vez más, el pueblo español tragaría como el Gargantúa que ponen en las ferias, pero no, esta vez la broma ha ido demasiado lejos. Tal ha sido el tsunami provocado por tan descabellada decisión que el propio Rajoy se ha visto obligado a pedir a Soria que diera un paso atrás, igual que se lo pidió en abril cuando tuvo que dimitir por tener cuentas opacas en paraísos fiscales, a cambio de una recompensa, el Banco Mundial.
           En medio de esta chirigota, que en realidad es una afrenta a los españoles, escuchar ahora a los dirigentes del PP diciendo que lo mejor para todos es aceptar la generosa decisión de José Manuel Soria de retirar su candidatura es otra obscenidad intragable para nuestra dignidad como ciudadanos. Sólo nos falta que el portavoz popular Rafael Hernando, parodiando a Miguel Gila, nos diga que era una broma y que si no sabemos aceptar una bromita que nos vayamos del pueblo, o de España.
           Piensa el gobierno y todos los que lo sostienen que nombrando a Jiménez Latorre, antiguo número dos del ministro De Guindos, cómplice necesario del despropósito, la cosa ya ha concluido. Muchos creemos que no. Este hecho, esta bromita, demuestra muchas cosas. En primer lugar, que ni Rajoy ni sus equipos tienen intención alguna de variar sus prácticas caciquiles. Pretenden seguir administrando el poder de forma patrimonial olvidando que lo ejercen en nuestro nombre. El poder no se inscribe en el Registro de la Propiedad otorgando la titularidad al presidente y sus ministros, aunque todo parece indicar que gobiernan como si suyo fuera y ningún límite legal ni ético tuviera. Porque no nos engañemos, la presión de la opinión pública ha influido en la retirada del candidato, pero también la espada de Damocles del código ético del Banco Mundial que podía haber rechazado a Soria tras el escándalo. El resultado hubiera sido que España además de perder a su representante, hubiera hecho el ridículo. Rajoy y De Guindos que, por el bien de España, tanta responsabilidad piden a otros, debieran haber sido más prudentes y menos caciques.
            Pero hay un último asunto que es todavía más grave. Para vestir el santo del nombramiento el gobierno, con su presidente a la cabeza, ha mentido a los españoles con cinismo y reiteradamente. Ni era un concurso de méritos público, ni era condición principal ser funcionario, ni era ilegal no nombrarlo, ni Soria se va por voluntad propia. Que todo era mentira es la única verdad. Quienes mienten a un país y pretenden seguir gobernando están degradando la política, las instituciones y corrompiendo el sistema. Quienes apoyan estas conductas también son cómplices de este desastre. A lo mejor ha llegado la hora de que Rajoy dé paso a otro candidato, aunque, como ha dicho Rivera, parece que Rajoy no tiene remedio. Sin embargo, España sí.

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Sí, porque sí
María Antonia San Felipe 03-09-2016 | 8:13 | 0

Rajoy llegó el martes al Congreso viajando entre la pereza y la desgana. En otras palabras compareció en la sede de la soberanía popular porque no le quedaba más remedio. Le hubiera gustado dejar pasar el cáliz del debate de investidura, como ya lo hizo cuando despreció el anterior encargo del Rey, ya que era un fracaso anunciado. Así que, Mariano llegó a pasar la tarde mientras la ciudadanía transitaba por su quehacer diario ajena, de hartura y enfado, a lo que sucedía en el Congreso.
           Está claro que Mariano sigue viviendo en el pasado, es el genuino representante de un tiempo que ya no existe. A estas alturas todavía no ha asimilado lo que ha ocurrido en los últimos cinco años en España. Mariano no admite que el sistema político español ha sufrido una fuerte conmoción, quiere pasar de puntillas por una verdad incontestable y es que tras años de abusar de los resortes de nuestra democracia, de pervertir muchos de los engranajes del sistema con una corrupción económica y ética que lo ha carcomido hasta sus pilares, hemos llegado al callejón en el que estamos. Mariano quiere que todo sea como antes, cuando dos partidos se turnaban en el gobierno sin apenas sobresaltos, pretende olvidar que son ellos, los partidos de siempre, quienes nos han traído hasta aquí y que él tiene una inmensa dosis de responsabilidad en la indignación amarga de los nuevos tiempos.
           Mariano ni puede ni quiere cambiar y nadie en su partido cuestiona en público sus ingentes errores. Él sueña con retroceder a la mayoría absoluta que las urnas le han negado por dos veces y aspira a unas nuevas elecciones por si a la tercera va la vencida. Mariano, en realidad, desprecia el pacto con su nuevo socio Albert Rivera, no cree en él, sabe que es un papel mojado que no tiene intención de cumplir pero que le sirve para aparentar que hace algo para evitar las terceras elecciones. Sabe que gobernar en minoría es más complicado que pasar el rodillo en las votaciones trascendentes del Congreso. Gobernar pactando, acordando, cediendo y aceptando propuestas de otros es demasiado cansado para quien cree que el poder le corresponde porque sí.
          Esta es la razón por la que Rajoy compareció en el Congreso sin ofrecer nada nuevo, salvo el tedio. Su único argumento es simple: -Yo, o el caos. Cuando, en realidad, el caos lo ha originado él. No llegó al Congreso ofreciendo un programa de gobierno transversal que pueda aglutinar voluntades a cambio del apoyo explícito o de la abstención. Simplemente quiere que lo aclamen como único garante del bien de España, cuando su balance es demoledor. Gracias a él está a punto de quebrarse España, nunca el riesgo de independencia de Cataluña ha estado tan próximo. Por otro lado, sus tímidos éxitos económicos no pueden ocultar la inmensa corrupción en la que se han movido ni el destrozo al estado del bienestar, a la sanidad, a la educación, a la hucha de las pensiones o al hecho histórico de que la deuda pública supera el 100% del PIB.
           Si hubiera realizado una oferta al PSOE de enmendar este rumbo, de derogar la reforma laboral o la LOMCE o hubiera dado paso a otro candidato de su partido, limpio de corrupción, quizás Sánchez hubiera tenido más difícil justificar su voto negativo. Pero no, pide una genuflexión sin condiciones. Soy el más votado y lo merezco, ese es su lema y no va realizar concesión alguna. Mariano Rajoy quiere elecciones para ver si por aburrimiento lo consigue. Rajoy exhibió en el Congreso su experiencia como su principal valor. Hay que reconocer que su mochila está llena de trucos y por eso sabe que los novatos pueden acabar mordiendo el polvo, fagocitados en su propia ansiedad. Rajoy está culpabilizando a los demás de que haya nuevas elecciones cuando ése y no otro es su verdadero objetivo. Sabe que la abstención del ciudadano enfadado y desencantado es su principal aliado, los adictos no fallan. Por eso, ha pasado el verano tranquilo, pasará el otoño y resurgirá en Navidad.

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Marear la perdiz
María Antonia San Felipe 27-08-2016 | 8:00 | 0

Cuando el tiempo pase y tengamos perspectiva recordaremos este año como el año en que vivimos sin gobierno y este tórrido verano como el tiempo en que los líderes, aparentes y supuestos, de los partidos, emergidos y emergentes, se lo pasaron mareando la perdiz. La finalidad de dar tantas vueltas al molino no es la de obtener agua sino la de construir un espejismo que nos seduzca con su engaño.
Tras dejar correr el tiempo hasta que finalizasen las olimpiadas los de Rajoy han decidido mover alguna ficha, aparentar que trabajan por nuestro bien y el de España. Así es que están negociando con los de Rivera para lograr no sabemos si una investidura o un pacto de gobierno. De momento, de las innegociables propuestas de Ciudadanos ya han conseguido que en el descolorido pacto anticorrupción no aparezca la palabra Bárcenas. Es normal, el PP no quiere que cada vez que se pronuncia, la palabra vedada: Luis Bárcenas toda España recuerde el mensaje de Rajoy diciéndole: ¡Luis, sé fuerte! O que cuando arrecie el temporal judicial en las causas abiertas por el caso Bárcenas, la sombra de Rajoy planee sobre ella como cuando el sol y la luna se alinean en un eclipse y nos cieguen de rabia al constatar su sintonía.
Del pacto también se ha obviado la tozuda realidad de que el PP, como organización política, está en el banquillo por ser responsable civil subsidiario en un caso de corrupción política y que el juez José de la Mata le ha impuesto una fianza de 1,2 millones de euros. O que ha sido procesado como partícipe, a título lucrativo, en el caso Gürtel y en otra trama corrupta en Boadilla del Monte (Madrid). En fin, pequeños detalles que se siguen negando en nuestras narices y que exigirían al menos una petición de disculpas a la ciudadanía, asunto sobre los que el flamante superman de la regeneración política, Albert Rivera, ha pasado de puntillas olvidando todas sus alharacas electorales y sus sermones televisivos.
Pero ahora estamos en un nuevo juego de magia potagia para hacer aceptable lo que ayer parecía indefendible. Ser o no ser, esa ha sido siempre la cuestión. Ser o no ser corrupto parece ahora el dilema y para esclarecerlo están armando entre los de Rivera y los de Rajoy un nuevo sofisma que oculte falsas verdades.
“No es lo mismo meter la pata que meter la mano en la caja”, nos han aclarado a los españolitos a los que, es evidente, consideran idiotas. Está claro que no es lo mismo robar carteras en el mercadillo que forrarse desde un elegante despacho, obtenido como favor político, quedándose con los ahorros de inocentes preferentistas a toque de campana; ni prevaricar en una adjudicación y recibir la compensación en diferido vía Suiza y que se regularice en una amnistía fiscal. Tampoco es lo mismo mendigar en la puerta de la iglesia del pueblo que pedir comisiones a cambio de favores administrativos para financiar a un partido político y después cobrar sobresueldos en B y decir que ellos no sabían de dónde venía el dinero ni nada de nada.
Esto es de locos, la verdad. Al final va a resultar que la corrupción política, uno de los males que ha minado nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro sistema político no ha existido y es sólo fruto de nuestra disparatada imaginación que no sabe qué hacer para desacreditar la obra ingente de unos excelentes patriotas. En fin, que todo es mentira, salvo algunas cosas, como diría Rajoy.
No hay peor mal para la credibilidad de la clase política que la incoherencia. Están mareando la perdiz y además creen que no nos damos cuenta. Estamos hartos, sí, pero no olvidemos que la mentira sólo triunfa cuando el pueblo soberano claudica en su deseo de conocer la verdad.

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El genio de Rajoy
María Antonia San Felipe 06-08-2016 | 8:00 | 0

Hay que reconocer que Rajoy está a punto de convertirse en el genio inmutable de la política española contemporánea. Si se tratara de una disciplina olímpica este año hubiera obtenido la medalla de oro sin lugar a dudas ni rival posible. Nunca en la historia democrática contemporánea, ni seguramente en la historia antigua ni medieval ni siquiera moderna, nadie hubiera sobrevivido tanto tiempo rodeado de corrupción y escándalos simplemente permaneciendo impasible, quieto, distante y ajeno.
Mientras las llamas queman a sus contrincantes en la hoguera de los fracasos, él se fuma un puro y, mientras humea, contempla el espectáculo en la tranquilidad de que no hay mal que cien años dure. Lo dicho, Mariano es un genio de la quietud. Sin parecerse siquiera a Maquiavelo, sin aparentes dotes de liderazgo y careciendo del encanto de los líderes tocados por el dedo de los dioses, perdura en el tiempo mientras sus adversarios, incluido José María Aznar, se estrellan en su propia ansiedad.
Yo, que lo he considerado durante tanto tiempo el don Tancredo español por excelencia, estoy por fundar el club de fans “Marianistas en acción por omisión”. Nunca no hacer nada obtuvo mejores resultados. Mariano es un indudable admirador de Einstein y de su teoría de la relatividad del tiempo. Lo que a los ciudadanos nos parece eterno a él le parece un suspiro, por eso siempre espera mientras los demás, desesperan.
Aunque los casos de corrupción que afectan a su partido se multiplican como los peces en las piscifactorías, ha optado por una solución muy práctica y nada fatigosa: no hacer nada. Al final el tiempo es el mejor aliado del olvido. Sin embargo, la mancha es tan extensa que parece un mapamundi. Bárcenas, Rato, Soria, Camps, Barberá, alcaldes, diputados, senadores, embajadores, ministros,… En fin, un número indeterminado pero abultado de ladrones, estafadores y vividores del erario público forman parte de un limbo incierto que muchos recuerdan, a muy pocos importa y a muchos menos repugna, a juzgar por los resultados electorales. El olvido y la inacción han tenido recompensa. Ya se lo dijo Mariano a los impacientes: tranquilos, que cuando llueve, siempre escampa. Nosotros a lo nuestro, a conservar el poder que nos corresponde.
El 20 de diciembre, el PP ganó las elecciones de forma exigua y aunque el pánico cundió en las filas populares Mariano habló alto y claro: no hagáis nada, sólo hay que esperar. Pasó de aceptar el encargo del Rey, mucho lío y esfuerzo para no conseguir nada que el transcurrir del tiempo no le fuera a dar. Sólo pronunció una frase: soy el ganador y me corresponde gobernar. Lo suyo es de justicia, lo demás es de ambiciosos y vendepatrias. Los que se pusieron a hacer algo, fracasaron. Mariano les ganó de nuevo.
Tras las segundas elecciones, que él deseaba más que nadie, el partido de Mariano se creció en los resultados. Se han pasado un mes sin hacer nada, como si fueran vacaciones. Mientras en la calle la decepción, el hastío y la mala leche crecían ante la posibilidad de unas terceras elecciones, por fin, el rey le ha encargado formar gobierno.  Mariano ha dicho si, pero no, ya veremos. La calle está histérica pero él está tranquilo. Si hubiera terceras elecciones de nuevo saldrá ganando porque en la izquierda muchos no quieren volver a votar y eso le favorece. A estas alturas el hartazgo de la calle puede hacer que Rivera no sólo no cuestione su liderazgo, que no lo cuestiona, sino que lo vote favorablemente y que Sánchez, atrapado, se abstenga.
Es decir, imperturbable en el centro del ruedo político, con la frialdad indiferente del enterrador, Mariano engullirá a Rivera. De Sánchez ya se encargarán sus barones. Mariano con poco esfuerzo, tras la quietud del verano, antes o después, obtendrá la presidencia. Así que no se alteren, el transcurrir del tiempo y nuestra impaciencia son sus mejores aliados y nuestros mayores enemigos. Los llantos vendrán después.

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España rota
María Antonia San Felipe 23-07-2016 | 8:03 | 0

El tiempo dirá si Mariano Rajoy ha sido el peor presidente desde la restauración democrática en España pero, a fecha de hoy, podemos afirmar que en la historia figurará como un aventajado Maquiavelo. Durante años el PP ha alimentado el anticatalanismo para cosechar más votos en el resto de España. Era un negocio muy conveniente para las dos derechas: la española y la catalana. PP y Convergencia, dos partidos hermanados por la ideología y gemelos en la corrupción, ambos en progresivo declive que se auxilian cuando más lo necesitan. La familia es lo primero. Me gustaría ver la cara que se les ha puesto a los votantes de ambos partidos tras desvelarse que Convergencia ha prestado votos sus votos al PP en la elección de la mesa del Congreso. Está claro, hasta para el más iluso, que todo tiene un precio. El PP facilitará que Convergencia pueda constituirse como grupo parlamentario, algo que no podrían obtener reglamentariamente y que les va a facilitar dinero y medios. Rajoy espera la contrapartida en la investidura.

Como vemos todo muy prosaico y muy alejado de los principios que ambos venden a sus respectivas clientelas. Por un lado el PP y su inefable ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, crea una gestapillo para vigilar a los políticos catalanistas e independentistas que quieren romper España y por otro, Convergencia negocia con movimientos antisistemas, como la CUP, la hoja de ruta por la independencia. Pero no nos engañemos todo es un gran engaño, los inmutables principios que ambos exhiben ante sus electorados son pura mentira, la savia que los mantiene frescos. Los aparentemente enemigos se engordan en las disputas y se auxilian en los apuros. Por eso no acabo de imaginar qué pensará el votante del PP que en las tertulias del bar insulta a los catalanistas hasta hinchársele la vena o el independentista de Convergencia que defiende que España nos roba ante este pacto tan singular.

También me cuesta interpretar la cara que se les habrá puesto a aquellos barones y baronesas socialistas que, en un Comité Federal tras las elecciones del 20N, obligaron a Pedro Sánchez a no hablar con los partidos catalanes cuando hayan visto plasmarse este acuerdo. O que, sin sonrojo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, tan preocupada por la unidad de la nación española se reúna con Oriol Junqueras, el líder de Esquerra Republicana y seguro que no han hablado del tiempo sino de lo importante: permanecer en el gobierno.

También me figuro que esos pequeños demonios morados de Podemos, los malos, malísimos que, según Rajoy, iban a arruinar España se habrán quedado estupefactos de la maniobra orquestada en la oscuridad por los magos del PP. Seguramente habrán comprendido que son todavía unos ingenuos que tienen mucho que aprender de quienes llevan años tejiendo unas redes clientelares espesas y bien arraigadas que les permiten y ayudan a permanecer en el poder. En Podemos, que no son tontos, concluirán que la vieja política sigue teniendo más fuerza de lo que parece y más apoyos que los votos que obtienen.

Si la izquierda hubiera hecho lo mismo sus líderes estarían ardiendo en la hoguera atizada por las lenguas afiladas de los tertulianos y portavoces del poder establecido. En los bares se les llamaría traidores que venden España. Un apocalipsis.

Conclusión, las derechas unidas protegen su cortijo mientras las izquierdas se culpabilizan recíprocamente hasta malherirse. Esta es la lección de este tiempo turbio. No sé si España se rompe, sé que casi todo es mentira (menos algunas cosas, que diría Rajoy). Lo cierto es que este pacto de intereses velados ha roto el discurso de los principios morales en política y quebrado los deseos de regeneración de la mayor parte de la sociedad española.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.