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Rajoy

España rota
María Antonia San Felipe 23-07-2016 | 8:03 | 0

El tiempo dirá si Mariano Rajoy ha sido el peor presidente desde la restauración democrática en España pero, a fecha de hoy, podemos afirmar que en la historia figurará como un aventajado Maquiavelo. Durante años el PP ha alimentado el anticatalanismo para cosechar más votos en el resto de España. Era un negocio muy conveniente para las dos derechas: la española y la catalana. PP y Convergencia, dos partidos hermanados por la ideología y gemelos en la corrupción, ambos en progresivo declive que se auxilian cuando más lo necesitan. La familia es lo primero. Me gustaría ver la cara que se les ha puesto a los votantes de ambos partidos tras desvelarse que Convergencia ha prestado votos sus votos al PP en la elección de la mesa del Congreso. Está claro, hasta para el más iluso, que todo tiene un precio. El PP facilitará que Convergencia pueda constituirse como grupo parlamentario, algo que no podrían obtener reglamentariamente y que les va a facilitar dinero y medios. Rajoy espera la contrapartida en la investidura.

Como vemos todo muy prosaico y muy alejado de los principios que ambos venden a sus respectivas clientelas. Por un lado el PP y su inefable ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, crea una gestapillo para vigilar a los políticos catalanistas e independentistas que quieren romper España y por otro, Convergencia negocia con movimientos antisistemas, como la CUP, la hoja de ruta por la independencia. Pero no nos engañemos todo es un gran engaño, los inmutables principios que ambos exhiben ante sus electorados son pura mentira, la savia que los mantiene frescos. Los aparentemente enemigos se engordan en las disputas y se auxilian en los apuros. Por eso no acabo de imaginar qué pensará el votante del PP que en las tertulias del bar insulta a los catalanistas hasta hinchársele la vena o el independentista de Convergencia que defiende que España nos roba ante este pacto tan singular.

También me cuesta interpretar la cara que se les habrá puesto a aquellos barones y baronesas socialistas que, en un Comité Federal tras las elecciones del 20N, obligaron a Pedro Sánchez a no hablar con los partidos catalanes cuando hayan visto plasmarse este acuerdo. O que, sin sonrojo, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, tan preocupada por la unidad de la nación española se reúna con Oriol Junqueras, el líder de Esquerra Republicana y seguro que no han hablado del tiempo sino de lo importante: permanecer en el gobierno.

También me figuro que esos pequeños demonios morados de Podemos, los malos, malísimos que, según Rajoy, iban a arruinar España se habrán quedado estupefactos de la maniobra orquestada en la oscuridad por los magos del PP. Seguramente habrán comprendido que son todavía unos ingenuos que tienen mucho que aprender de quienes llevan años tejiendo unas redes clientelares espesas y bien arraigadas que les permiten y ayudan a permanecer en el poder. En Podemos, que no son tontos, concluirán que la vieja política sigue teniendo más fuerza de lo que parece y más apoyos que los votos que obtienen.

Si la izquierda hubiera hecho lo mismo sus líderes estarían ardiendo en la hoguera atizada por las lenguas afiladas de los tertulianos y portavoces del poder establecido. En los bares se les llamaría traidores que venden España. Un apocalipsis.

Conclusión, las derechas unidas protegen su cortijo mientras las izquierdas se culpabilizan recíprocamente hasta malherirse. Esta es la lección de este tiempo turbio. No sé si España se rompe, sé que casi todo es mentira (menos algunas cosas, que diría Rajoy). Lo cierto es que este pacto de intereses velados ha roto el discurso de los principios morales en política y quebrado los deseos de regeneración de la mayor parte de la sociedad española.

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La resaca
María Antonia San Felipe 09-07-2016 | 8:28 | 0

Cuando la fiesta y el cava se agotaron en la sede del PP y los españoles se fueron a la cama, los problemas seguían allí. Es lo que tiene la resaca que al día siguiente la cabeza duele menos que la realidad. Así al tiempo que muchos españoles, los más afortunados, se disponían a salir de vacaciones, como si del oeste americano se tratara la hucha de las pensiones fue asaltada y de ella se extrajeron otros 8.700 millones de euros. Rajoy recibió casi 67.000 millones de euros del Fondo de Reserva y ya sólo quedan 25.176 millones. Las cuentas son fáciles y pese al cuento de que vamos viento en popa a toda vela, lo cierto es que están a punto de poner en quiebra el sistema público de pensiones, sin olvidar que el endeudamiento público supera el 100% del PIB. Las aseguradoras privadas hace tiempo que transitan por los caminos de España con los dientes largos acechando clientes. Hasta siento en mi cuello los colmillos de los vampiros. Aunque con estos salarios medios de miseria y con más de dos de cada cinco españoles en edad de trabajar en el paro, además de caer las cotizaciones a la Seguridad Social, ¿quién puede ahorrar para invertir en un fondo de pensiones?

Claro que todo esto no se ha hablado en la campaña, para qué. Nos entretienen con bobadas televisivas y nos asustan con el tradicional cuento de que viene el lobo. El problema es que ese animal peligroso con el que nos amedrantan ya vino hace tiempo y se ha mimetizado entre nosotros. Camina a nuestro lado vestido de cordero y la realidad es que nos ha dejado sin aliento y más pobres que las ratas, salvo a algunos, claro. El propio ministro de Economía, Luis de Guindos, reconoce que la hucha de las pensiones a este paso se acabará en dos años. Pero no pasa nada, según Rajoy y los suyos con los rojos y los malos aún sería peor. Yo creo que es imposible tolerar tantas mentiras y medias verdades, pero ahí sigue Fernández Díaz con sus mortadelos y filemones investigando a adversarios políticos o amañando informes falsos sobre los demonios con coletas que amenazan las columnas de la patria, mientras su amigo Montoro ha dado salida legal a cientos de defraudadores de las arcas públicas. En fin, como en este país nunca pasa nada cuando tiene que pasar sólo espero que en esta legislatura ocurran muchas cosas sorprendentes.

Que Rajoy ha ganado es indiscutible, pero que su mayoría minoritaria es insuficiente por sí misma para alcanzar el gobierno, también. Se abre un horizonte apasionante para el observador pero incierto para él. No dudo que Rajoy seguirá de presidente, con apoyos explícitos o con abstenciones activas o pasivas de unos y/o de otros, pero también creo que esta legislatura va a ser sorprendente. Muchas de las cosas que negaban y negaban, serán desveladas; muchas promesas serán olvidadas en aras del pragmatismo de mantenerse en el poder; otras que parecían inmutables se tornarán perecederas y las dosis de soberbia serán ahora una cicuta que terminará con muchos que se creían imprescindibles. Es sólo un pequeño alivio pero la falta de mayoría absoluta, ese cómodo rodillo que con tanta destreza han aplicado las huestes de Rajoy, deberá ser sustituido por miel y pomada para sellar heridas.

Teniendo en cuenta que dos tercios de los votantes no apoyaron a Rajoy hemos de confiar en que los diputados y los partidos que representan a esa otra mayoría de españoles sean capaces, al menos, de unirse para impedir que se destruyan la parte del estado de bienestar que todavía queda en pie. Rajoy y su partido son herederos de sí mismos, van administrar su propio legado, veremos a partir de ahora a quién le echan la culpa de lo que pase. Espero que sus votantes no tengan que cantarles: “Sabes mejor que nadie que me fallaste, que lo que prometiste se te olvidó…”.

 

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El voto del señor Bárcenas
María Antonia San Felipe 02-07-2016 | 8:15 | 0

Desde la noche electoral podemos decir que España vive entre la euforia de los triunfadores y el desconcierto de los vencidos. El Partido Popular exhibe un éxito importante. En un panorama tan desabrido, como el que hemos vivido en el último año, ha obtenido uno de cada tres votos emitidos. Teniendo en cuenta los duros recortes sociales impuestos a la población y la proliferación de los innumerables casos de corrupción que les afectan, podemos afirmar, como el veterano periodista Miguel Ángel Aguilar, que el PP ha estado a un escándalo más de conseguir la mayoría absoluta. Yo también lo creo.

Tras felicitar al vencedor no está de más resaltar la desazón y el desconcierto de los dos tercios de españoles que no les votaron y de los abstencionistas que tampoco. Concluiremos que hay una parte nada desdeñable de la población que vive asombrada por el récord de votos obtenido por Rajoy y su partido. Muchos se preguntan en los bares y corrillos:

 -¿Qué más tienen que hacernos para perder las elecciones?

Esta es la incógnita electoral más difícil de despejar estos días, más incluso que el origen de las pérdidas de votos de sus adversarios. A la vista del fallo de las encuestas todo indica que muchos votantes del PP se avergonzaban de confesar su intención teniendo en cuenta la melé que les rodeaba. Aunque, es justo reconocer que el ganador tiene motivos para sentirse orgulloso del éxito. Ellos y sus votantes estarán tranquilos; el resto, desolados.

Agitada estaba por este desasosiego que confieso me invade cuando leí la noticia de que Luis Bárcenas, que esta vez no adornaba con su tronío las listas electorales del PP, había protagonizado un incidente con un señor cuando éste venía de votar a eso de las cuatro y media de la tarde. Se encontraron en la calle Príncipe de Vergara, en el corazón del madrileño barrio de Salamanca, y el caballero le increpó:

-¡Cuánto daño habéis hecho a España con la corrupción, el robo y la falta de vergüenza!

A lo que Bárcenas contestó indignado:

-¡Maricón, hijo de puta, tú no sabes nada de lo que ha pasado!

Entonces Bárcenas le propinó un puñetazo que lo tiró al suelo. El agredido hubo de ser atendido en la clínica Ruber y ha respondido con una denuncia que se sustanciará en el juzgado. Los periódicos no cuentan si este señor anónimo venía de votar al PP con una pinza en la nariz, de ahí su comprensible y hasta disculpable excitación. Mi imaginación intuye que este justiciero verbal estaba hasta las narices, de eso no tengan duda, y posiblemente por ello pensó que quien insulta a un ladrón (presunto o no) tiene cien años de perdón. Yo sin embargo, mientras devoraba la crónica buscando detalles de tan pintoresco incidente, pensé:

-Si Luis Bárcenas fue a votar, ¿a quién votó?

A Unidos Podemos seguro que no, al PSOE no parece probable y a Ciudadanos, tampoco. Pensemos, cuando uno está con el ánimo hundido sólo confía en la ayuda generosa y comprensiva de los amigos y, al fin y al cabo, quién para reconfortarle en el camino hacia la cárcel, como una palmada en la espalda, le mandó un mensaje diciéndole:

-Luis, sé fuerte.

Pues claro, fue Mariano y de bien nacidos es ser agradecidos. Pues bien, ahora que la charanga ha terminado, la música electoral ha cesado, las urnas se han recontado y las celebraciones de los vencedores han concluido debe llegar un gobierno. Mariano Rajoy y el PP gobernarán desde ahora con la seguridad de que ningún caso nuevo de corrupción les va a debilitar, al contrario, cada escándalo les hará más fuertes. Así es España, no es la que yo quiero pero, pese a todo, la quiero.

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Como cebollas
María Antonia San Felipe 18-06-2016 | 9:29 | 0

Hubo un tiempo, no lejano, en el que siguiendo las directrices de la Unión Europea, inspirada por Merkel, todos los gobiernos comenzaron al unísono a predicar el apocalipsis. O se aplicaban sus mágicas recetas o se avecinaba la hecatombe. Todos recordamos el veredicto, sólo la política austeridad nos salvaría. No podemos vivir por encima de nuestras posibilidades, es obligatorio controlar el déficit recortando el gasto público. No quiero pero tengo que hacerlo, dijo Rajoy y entonces fue cuando comenzó la poda (salvaje). Hay que sufrir, nos dijeron, aunque ya sabemos que cuando se sufre colectivamente unos siempre aguantan más que otros. Nos dejaron como a los árboles antes de primavera, sólo que aún estamos esperando los brotes.

Hoy es el día en que la OCDE afirma que la austeridad en la zona euro fue un mal necesario que agravó la recesión, algo que advirtieron muchos siendo duramente criticados. Ahora predican lo que negaban, que son necesarios estímulos e inversiones que reanimen el crecimiento raquítico que se augura para la Eurozona (1,6% para 2016 y 1,7 para 2017). En España hemos sobrevivido con respiración asistida, el empobrecimiento de los españoles es evidente y Eurostat acaba de ratificarlo esta semana, ya que el PIB per cápita de nuestro país se aleja de la media europea, se sitúa en el 92% y nos devuelve a mediados de los años 90 del pasado siglo.

El dogma inamovible de la austeridad a ultranza que nos está matando está hoy en tela de juicio. Después de habernos metido el miedo en el cuerpo y haber saqueado nuestros derechos y servicios públicos, no se atreven a confesarnos que nos han estado tomando el pelo. No van a decirnos toda la verdad porque si reconocer errores es de sabios, probablemente hace tiempo que abandonamos el mundo a manos de ignorantes.  Decía Lope de Vega: “O sabe naturaleza/más que supo en otro tiempo,/o tantos que nacen sabios/es porque lo dicen ellos”.

Esta podía ser la incontestable verdad de estos tiempos. Los que tanto sabían, no sabían nada. Pese a los recortes, según el Banco de España, en el primer trimestre la deuda de las administraciones públicas se situó por encima del 100% (100,5%) del PIB, un récord que la historia recordará. Esto ya ocurrió entre 1900 y 1909 pero dado que llevamos camino de regresar al siglo XIX todavía podemos alcanzar el 149% del año 1881. Bromas aparte, me sorprende que todavía el gobierno insista en la eficacia de sus recetas. Con una actividad económica todavía muy débil, con los salarios por los suelos (ser mileurista es hoy una quimera) y con el miedo al futuro metido en el cuerpo es imposible incrementar los ingresos y regresar al equilibrio de las cuentas públicas.

Claro que muchos ciudadanos nos preguntamos qué nivel tendríamos de déficit público si no hubiera habido desvío de fondos a tramas de corrupción masiva con el nivel de impunidad que hemos conocido en estos años de estrecheces. A esta historia interminable de la que resulta agotador hablar, se suma la última noticia de los posibles pagos irregulares, hasta 25 millones de euros, del hospital provincial de Castellón que se remontan a la época del popular Carlos Fabra, el del aeropuerto sin aviones. Suma y sigue.

Después del debate a cuatro, un poco tostón, he visto al candidato Rajoy en Tudela emocionarse en medio de un campo de alcachofas. Confieso que no me extraña. Cuando se vive tan lejos de la realidad aproximarse a lo cotidiano resulta una experiencia insólita por infrecuente. A mí me emocionaría hasta la lágrima que, en vez de contarnos lo buenas que son las alcachofas y los agricultores que las cultivan, en un alarde de sinceridad nos dijera esa parte de la verdad que nos ocultan como si, en vez de adultos inteligentes, fuéramos cebollas que se plantan cabeza abajo.

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Por España
María Antonia San Felipe 23-04-2016 | 7:15 | 0

A estas alturas me pregunto si nuestra paciencia colectiva es infinita o simplemente estamos anclados en la resignación. El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, acaba de rebajar la previsión de crecimiento de nuestro país al tiempo que ha reconocido la desviación del déficit y ha iniciado negociaciones con Bruselas. En definitiva, seguimos estando mal y lo peor es que el desánimo se acrecienta y la esperanza se achica. Con un evidente crecimiento de la desigualdad social y con una parte de la población en la frontera de la exclusión, nuestros representantes políticos preparan ya otra campaña electoral.

Siendo mala la situación económica y social, el clima institucional, minado por la corrupción superlativa, es de emergencia, lo cual hace inexplicable la incapacidad para llegar a acuerdos de gobierno. Cuando hay un incendio lo importante es contribuir a apagarlo en vez de ponerse a discutir quien sostiene la manguera. En España hay muchos problemas pero, hoy por hoy, el mayor incendio es el de la corrupción, porque ha minado no sólo los cimientos del sistema político sino su capacidad de regeneración.

Si pensamos en lo ocurrido desde las elecciones, concluiremos que no ha habido semana sin su correspondiente pasión. Los escándalos se han sucedido hasta la irritación, salvo que nos hayamos acostumbrado y vivamos en la indolencia, que es lo peor que puede ocurrirle a nuestra democracia. Si nos rendimos en la exigencia de un cambio profundo nuestro fracaso será una claudicación que no nos podemos permitir.

Recuerdo cuando el 27 de febrero de 1995 la policía española detuvo en el aeropuerto de Bangkok, al famoso Luis Roldán, exdirector general de la Guardia Civil,  tras una rocambolesca historia, con el espía Paesa y los huérfanos de la benemérita institución estafados como trasunto de la película que vivimos en esos años. Suponíamos aquel thriller la cúspide de la corrupción política y de la zafiedad del latrocinio, creímos como ilusos que nada más grave podía suceder en los aledaños del poder. Visto con perspectiva,  podemos decir que el famoso Roldán era, además de un pájaro de cuentas, la cuenta de un largo rosario de sinvergüenzas que creyeron que la política era una forma de hacer fortuna, es decir, de forrarse a velocidad de vértigo.

Esta semana, sólo esta semana, la secuencia de sucesos es apabullante: Carlos Fabra acaba de conseguir el tercer grado penitenciario, Mario Conde ha entrado en prisión, Ignacio González (expresidente de Madrid) declara sobre la oscura compra de un ático en Marbella, Rodrigo Rato también tenía empresas opacas en Panamá, Aznar sancionado por Hacienda, el alcalde de Granada y la concejala de Urbanismo dimiten por un escándalo urbanístico… y el ministro de Industria José Manuel Soria ha tenido que irse por tener empresas en paraísos fiscales.

El caso del ministro Soria es sintomático de lo que ha ocurrido en los últimos años. Primero, negó, es decir, mintió y luego dijo que no se acordaba de nada porque los paraísos fiscales producen amnesia, te emborrachas al ver la multiplicación de las cifras. Es comprensible. El problema es que el guión de Soria lo han repetido tantos y tantas veces que Mariano se ha visto en la obligación de sacrificarlo porque la siguiente pieza a caer era él. Mariano piensa en las elecciones aunque dice que él sólo piensa en España, no como otros. Miguel Bernard y Luis Pineda, jefes de Manos Limpias y Ausbanc, cabecillas de una presunta trama de extorsionadores, provenientes ambos de la ultraderecha, han declarado, en su defensa, que todo lo hacían por España.

No podemos claudicar, hay que exigir una regeneración profunda. Es intolerable que esos miserables patriotas forrándose a costa de los españoles y abrazándose a su verdadera patria, el dinero, nos hayan dejado, como diría Machado, “a España toda, la malherida España, de carnaval vestida”.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.