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Rajoy

El martillo pilón
María Antonia San Felipe 08-03-2014 | 1:30 | 0

          Cada vez que un dirigente de la Comisión Europea abre la boca para referirse a España, aunque haya una previa enumeración de alabanzas, ya intuimos que lo siguiente será colocarnos una diplomática “recomendación”. En realidad ya sabemos que se trata de una orden a la que, más pronto que tarde, Mariano y sus muchachos darán sumiso cumplimiento. Mientras, a los ciudadanos nos invade la sensación de que, de repente, nos han dado un golpetazo en la cabeza con un martillo pilón y nos quedamos como si nos hubiera atropellado el tren en una historieta de Mortadelo y Filemón: remostados contra el suelo y sin ver la luz al final del túnel.

          Según el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, España va mejor, pero… necesita profundizar en la moderación salarial y aumentar su productividad para conseguir mejorar la competitividad. En definitiva, lo que plantea es una nueva rebajita salarial y una vuelta de tuerca más a la reforma laboral hasta que sintamos los grilletes en los huesos. Para animarnos un poco, el señor Rehn ha dado como dato positivo el descenso en un 0,04% del desempleo porque se trata -dice- de un cambio de tendencia. Cuando los éxitos en materia de empleo se miden no ya en décimas sino en centésimas, es decir, cuando seguimos estando como estábamos, no es extraño que crezca el pesimismo sobre la velocidad de la recuperación. Si a esta enclenque mejoría añadimos que todo indica que la previsión de déficit público no se va a cumplir y que tenemos al lince de Montoro ocupado en esconder bajo las alfombras del ministerio el exceso de gasto público, ya me dirán si está el patio para fiestas. Lejos de la realidad que nuestros ojos ven se encuentra el presidente del gobierno, Mariano, el héroe del Cabo de Hornos que para amplificar estos imperceptibles triunfos se ha organizado un Foro en Bilbao con lo más granado de la economía mundial para anunciar el fin de la recesión en España. Mientras, su ministra de Desempleo, doña Fátima, reza a su asesora la Virgen del Rocío mientras suenan clarines y trompetas para anunciar que hay 1.949 parados menos que el mes pasado. Un éxito demasiado exiguo para tanto festejo y muy poca sensibilidad ante el tremendo drama que vive España.

           Lo único cierto es que la incredulidad se ha instalado en la ciudadanía. Según el último barómetro oficial del CIS, un 42% de los españoles considera que el año que viene la situación económica seguirá igual y un 28,6 que será peor, sin olvidar que un 87% cree que la realidad actual es mala o muy mala. No es de extrañar, pues el gobierno es desmentido cada día, señal inequívoca de que nos engaña.  Una tomadura de pelo fue aquella ocurrencia de Montoro de que los salarios no bajaban sino que estaban moderando su incremento, palabras que han sido ridiculizadas por el propio Banco de España que acaba de anunciar que los salarios caen el doble de lo que dice la estadística oficial. Ahora se han inventado un nuevo contrato con tarifa plana como fórmula para combatir el paro. Ya verán como cuando leamos la letra pequeña comprobaremos que por el precio de un trabajador se van a poder contratar a dos, es decir que, como en los mercadillos, se ofertarán dos al precio de uno. Este es el futuro que se nos ofrece en España y que Europa promociona con la excusa de la competitividad. Los españoles teníamos enormes esperanzas puestas en esa federación de naciones que iba a ser la Europa de las personas y no de los mercaderes. Hoy sabemos que es la Europa de los especuladores, que se muestra débil con los fuertes y fuerte con los débiles. Mi conclusión es sencilla, no hay mal que cien años dure: saldremos adelante, pero nuestro reto pasa por replantearnos el futuro. Tenemos que decidir si vamos a tolerar resignadamente que nos arrebaten nuestros derechos y nos roben todos nuestros sueños o si, por el contrario, estamos dispuestos a luchar por ellos.

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Salvados
María Antonia San Felipe 01-03-2014 | 10:15 | 0

 

          Sentada frente al televisor creí haber perdido el sentido de la realidad, pensé si no estaría viendo un programa de ficción o una broma de mal gusto de algún periodista desalmado. Cuando iba a frotarme los ojos me pareció que Mariano me hablaba desde el otro lado de la pantalla, se acercaba tanto el plano que tuve la sensación de que estaba sentado en mi sofá, a mi lado. Entonces, sin pestañear siquiera, me preguntó:

         -¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

         Al darme cuenta de que la frase era del gran Groucho Marx supe que no estaba soñando, sino que estaba viendo el debate del Estado de la Nación mientras que Mariano relataba a todos los españoles sus aventuras como capitán de esa nave maltrecha que se llama España. Mientras, yo repasaba mentalmente todos los datos que nos ofrece la realidad cotidiana: paro, exclusión social, comedores de Cáritas, de Cruz Roja, jóvenes emigrantes, salarios cada vez más bajos, contratos de días y horas, recortes de todos nuestros derechos, servicios públicos colapsados que se sostienen gracias al buen hacer de los profesionales,…Recordé también que tenemos la mayor deuda de los últimos cien años, incrementada en 24 puntos desde que Mariano tomó el timón de la nave. ¡Que no se desanime nadie!, estamos casi como en el desplome de 1898, cuando nuestra deuda llegó a superar el 100% de nuestro PIB, pero no pasa nada, salvo que nuestra fragilidad es tal que cualquier turbulencia puede hundir la nave, sin olvidar, que, según la Comisión Europea, ni vamos a cumplir el objetivo de déficit ni se va a frenar el desempleo hasta dentro de varios años.

          Según  el capitán Rajoy, gracias a su pericia marinera, hemos doblado el Cabo de Hornos con éxito. Ya saben ustedes que atravesar este punto, al sur de la Tierra de Fuego y en la unión de los océanos Pacífico y Atlántico, tiene un toque legendario, casi épico, que elevaba a la categoría de héroes a aquellos primeros navegantes que luchaban contra un mar tan enfurecido que parecía la antesala del infierno. Si los marineros que lo surcaban con éxito tenían ganado el derecho a ponerse un aro en la oreja para demostrar su gallardía, está claro que Mariano ha querido colgarse un medallón de oro a costa nuestra. No olvidemos que, condenados a galeras y sudando la gota gorda, somos los ciudadanos los que hemos remado contra viento y marea, para sostener la nave sabiendo que mientras, en los camarotes de primera, las corrupciones que rodean el poder, hacen que otros atraviesen la tempestad viviendo a papo de rey.

          A estas alturas, ya sabemos quienes van a pagar la factura de la reparación de la maltrecha nave España. No obstante, pretendiendo estar en la realidad, Mariano añadió: “es una gran noticia que ya no caminemos hacia la ruina”. Tuve la sensación de que el señor presidente rememoraba otra frase de Groucho Marx: “aprendan de mí, que he pasado de la nada a la más absoluta miseria”. Digamos que estamos ahora en ese punto, nadando en la miseria económica, política y moral, rodeados de corrupción por todas partes y sin ningún propósito de la enmienda. Seguramente los ciudadanos acabaremos salvando la nave España pese a la impericia de nuestros gobernantes, pero mientras, la distancia entre la realidad y la ficción es infinita. Continuo viendo en la pantalla del televisor la parodia de debate parlamentario y pienso en lo enfadados que algunos están con el periodista Jordi Évole por su programa del 23-F. ¡No se juega con las cosas de comer!, argumentan. Bueno, pues con ellas juegan cada día desde el poder, nos mienten en la cara, nos damos cuenta y en vez decirnos la verdad y pedirnos disculpas, nos siguen engañando mientras les aplaudimos, les perdonamos y hasta les votamos. Yo prefiero que nadie me salve, con mentiras, de la realidad que niegan.

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Al otro lado de la historia
María Antonia San Felipe 14-12-2013 | 2:01 | 0

                   

            Es tal la ausencia de carisma y de capacidad de liderazgo en el mundo actual que no es de extrañar que una multitud de jefes de estado y de gobierno hayan acudido al funeral de Nelson Mandela. Opino que algunos asistieron por ver si un poco del coraje y de la capacidad de seducción del fallecido se repartía como lluvia reparadora entre todos los congregados. Está claro que buscaban, como en las historias de Astérix, bañarse en esa poción mágica que da a los héroes la fuerza y el valor para enfrentarse a los mil retos ante los que nos sitúa la vida. No sabían, muchos de los reunidos, que Madiba era en realidad como Obélix, que se había caído dentro de la marmita de pequeño y de ahí que su personalidad contara con el tesón, la generosidad y la inteligencia que adornan a los hombres valientes y que él se había forjado en años de pelea y de renuncias personales, cuando la lucha revolucionaria que emprendió era vista más como un demérito que como una virtud. Porque eso es lo que fue Mandela, un revolucionario que no se doblegó ni humilló ante el durísimo régimen de apartheid que mangoneaba el presidente Botha y que dedicó toda su energía a luchar por un ideal.

           Su vida es hoy el ejemplo que mejor demuestra que son los valores morales los que forjan la materia de la que están hechos los grandes hombres, los que aúnan las voluntades de sus iguales para conseguir un sueño y los que de verdad escriben la Historia. Los casi treinta años privado de libertad nunca mermaron su fuerza sino que incrementaron su leyenda y su valor ante una sociedad que necesitaba vencer el racismo y la segregación para sobrevivir como personas y como pueblo. Mandela se ha ido pero su legado está intacto, porque la lucha por la libertad y la igualdad son aspiraciones universales.

          Cuando tras el homenaje, el estadio de Soweto quedó vacío, cada uno de los jefes de estado o de gobierno, que acudieron al baño de multitudes, volvieron para su casa con lo puesto, es decir, con el mismo nivel de mediocridad con el que partieron. Algunos, es posible que hayan aprendido alguna lección, otros en vez de historia escriben páginas que rozan más lo cómico que lo épico. Un buen botón de muestra es nuestro presidente Mariano Rajoy que, en vez de tomar del ambiente que se respiraba en torno a Mandela un poco de pasión y sobre todo de coraje, simplemente ha declarado que era muy emocionante que el funeral se celebrara en el mismo estadio que la selección española ganó el mundial. Sin restar valor a la hazaña de la Roja, creo que la frase de Rajoy no sólo es desafortunada sino que se convierte en la demostración de cómo el presidente, además de nadar en la mediocridad, se confunde ante la realidad por evidente que sea.

           Un poco antes de partir para el funeral de un Mandela, ya convertido en leyenda, nuestro presidente declaraba, a varios periódicos europeos, que lo único que le preocupa “es que Alemania tenga claro adónde vamos”, es decir, que Angela Merkel no se equivoque en el rumbo que debe seguir Europa. ¿Existe mejor prueba de su incompetencia? ¿Existe ejemplo más claro de su ausencia de proyecto de país? ¿Existe muestra más evidente de su falta de autonomía en las decisiones que toma? En sí mismas sus declaraciones son una clara claudicación, una constatación de sumisión a terceros en las decisiones que afectan a sus ciudadanos y una prueba más de la resignación con la que este gobierno enfrenta el porvenir de este país, que es el nuestro, y de cuyo rumbo, inexistente hoy, dependen nuestras vidas y las de nuestros hijos. Miremos a Mandela, todo el pueblo iba tras él pero ¿quién puede seguir a alguien que tiene clavada la rodilla en el suelo mientras se pregunta a sí mismo si va o viene? Es lo que tiene confundir la lucha por un futuro mejor con un balón de fútbol.

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Elogio de la ceguera
María Antonia San Felipe 30-11-2013 | 11:45 | 0

 

          Él cree que haciendo como que no ve, la gente se vuelve ciega. Dos años después de la llegada al gobierno de Mariano Rajoy hemos observado que el presidente camina ciego, mudo y sordo por la realidad de un país en el que nunca nadie asume su responsabilidad. Se despotrica del gobierno y de la mediocridad de nuestra clase política en los bares, en las tertulias y con los amigos pero se acepta con resignación y paciencia el saqueo de nuestra sanidad, nuestra educación, nuestros derechos laborales… Hemos tragado, sin rechistar y sin apenas resistencia, como si de las plagas de Egipto se tratara, una política económica que solo genera paro, desahucios, empobrecimiento general y emigración del talento juvenil. No parece haber alternativa a las duras recetas gubernamentales, cerramos los ojos y nos refugiamos en la esperanza de que algún día escampe. Cuando la tormenta concluya, Mariano nos dirá que hemos superado esta maldición bíblica como si no hubiera culpables del desastre. Somos víctimas silenciosas y dóciles, por eso admiro a los que hoy siguen luchando y peleando en la calle por conservar el bienestar que un día construimos y cuya destrucción afecta a unos más que a otros. Las bolsas de pobreza crecen a nuestro alrededor sin que muchos quieran enterarse porque también nosotros nos negamos a verla hasta que el mal toca a nuestra puerta.

          Tanta pasividad me resulta incomprensible pero todavía me sorprende más la laxitud institucional ante la corrupción y la tolerancia que la sociedad española ha tenido con ella, al menos hasta ahora. Espero que el nivel de reprobación de los corruptos sea cada vez mayor porque ello significará que estamos superando la crisis de valores morales en la que también estamos inmersos. Los últimos escándalos que afectan al sindicato UGT son una muestra más de lo extendida que está la enfermedad. En cuanto al partido que gobierna España el hedor resultaría irrespirable en cualquier lugar de Europa. Alrededor de Rajoy crecen como setas los imputados y condenados por fraude fiscal, corrupción, cohecho, prevaricación, sin olvidar, las contabilidades en negro, los sobresueldos y otras indignidades practicadas por políticos que creen que España es tierra propicia para el saqueo. La condena del presidente de la diputación de Castellón, Carlos Fabra, apodado por Rajoy como “ciudadano ejemplar”, es buen ejemplo del mal que padecemos. Contento con la sentencia se chotea porque la cárcel tendrá que esperar, sabiendo como sabe, que no va a ingresar en ella. ¡Hasta ahí podíamos llegar! La Cámara de Comercio de Castellón, en atención a los favores recibidos, lo ha ratificado en su puesto por el módico salario de 90.000 euros al año, 1.250.000 peseta al mes, es decir, lo que gana un trabajador al año. Mientras el comercio y la industria se hunden en una comunidad que ha sido arruinada por Francisco Camps, otro ciudadano ejemplar, y sus muchachos. Y ríase usted, Fabra chulea de complicidad social por los cientos de llamadas de solidaridad recibidas, seguramente porque piensan como él que defraudar y hacer negocietes bajo manga es lo más lucrativo en este país que se va a pique. Digna de mención es la actuación estelar de ese genio del malabarismo político que es María Dolores de Cospedal, que ya nos ha tranquilizado comunicándonos que ahora que se ha forrado, Fabra se ha dado de baja del PP, igual que Bárcenas.

         Supongo que Carlos Fabra habrá dicho igual que su hija gritó en el Congreso de los Diputados: ¡que se jodan! El problema es ese, que los que estamos jorobados somos nosotros que estamos consintiendo lo que está pasando y ellos confían en que el ciudadano al final les perdone y les vuelva a votar y aquí, una vez más, nunca pasará nada. Se ríen en nuestras narices pero lo consentimos y sólo veo una salida: o se corta por lo sano la corrupción o seremos cómplices por nuestro silencio.

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El país de Jauja
María Antonia San Felipe 17-08-2013 | 9:30 | 0

        

Cuentan que en el país de Jauja es tal la abundancia, el derroche y la ostentación que los perros se atan con longanizas y parece ser que en ese país creían que vivían los dirigentes del PP que ahora desfilan por la Audiencia Nacional. Ninguno sabía nada de lo que pasaba dentro de su partido ni conocían si el dinero que financiaba todas sus actividades, viajes y sobresueldos, caía del cielo “como en todas partes”, como dijo Rajoy en sede parlamentaria, o si por el contrario provenía de una inmensa y pestilente cloaca construida sobre el fraude en el cumplimiento de la legislación de contratos de las administraciones públicas y de la ley de financiación de los partidos políticos. Ellos jamás observaron nada raro y como el dinero no se obtenía con el sudor de su frente nunca supieron lo que había que hacer para pagar su estupendo tren de vida. Les pasa a los dirigentes del PP lo mismo que a los miembros de los consejos de administración de las cajas de Ahorro, saqueadas y quebradas por ellos mismos, que tampoco sabían nada de nada de las cuentas de la entidad financiera que gobernaban, salvo cobrar a fin de mes mientras vivían a todo tren en el país de Jauja.

          La secretaria general del PP ha declarado, igual que Alvárez Cascos y Arenas, que a ella nada le consta de contabilidades en B ni de sobresueldos ni cosas raras. Pero además ha confesado al juez que, tras ser Bárcenas imputado en la trama Gürtel, la decisión de ponerle un sueldo de 18.000 € al mes, es decir 3.000.000 de las antiguas pesetas, más chófer, secretaria y despacho fue cosa del actual presidente del gobierno y de Javier Arenas. De este modo Cospedal se ha sacudido el muerto de encima y le ha echado toda la porquería encima a Mariano Rajoy. Ya saben ustedes que sólo en el país de Jauja se cobran 18.000 machacantes al mes por no hacer nada pero, en cualquier otro país, todo el mundo se percataría de que sólo puede pagarse ese salario a cambio de algo: es el precio del silencio. Si según dice el PP, Bárcenas está intentando chantajear a Rajoy, todo indica que hay motivos para ello, ya que cuando las cosas se construyen sobre una mentira cada vez hay que taparla con otra más gorda hasta que al final el globo hace pim, pam, pum y explota.

          Ya sabemos que Bárcenas es un presunto culpable y un indudable sinvergüenza pero él solito no ha construido el estercolero sobre el que ha crecido el PP en los últimos años. Por tanto, si colaboraron con él deben dimitir ya, al margen de las responsabilidades judiciales que les imputen los tribunales, y si no advirtieron ni supieron lo que estaba ocurriendo en su propia casa, deben dimitir también, por incompetentes, porque las responsabilidades se adquieren tanto por acción como por omisión. Pensemos, ¿si no fueron capaces de oler la basura que tenían tan cerca, cómo nos van a proteger de tantos riesgos e incertidumbres como aquejan a España? Si los españoles dan más crédito a las palabras del presunto delincuente que a las del presidente es porque las peregrinas explicaciones dadas ni son creíbles ni resultan probables a la vista de los acontecimientos.

         Ya se sabe que los truenos siempre anuncian tormentas y una gorda se presagia dentro del PP. Las palabras de Cospedal poniendo el foco del pacto con Bárcenas en Rajoy anuncian cuchillos para la sucesión. Si Arenas y Alvárez Cascos, otrora todopoderosos secretarios generales del PP, son dos cadáveres políticos, Mariano Rajoy también. Sólo falta que él mismo se dé cuenta. Cospedal ya lo sabe y ha actuado en consecuencia. A nosotros, ciudadanos de a pie, sólo nos queda exigir que va siendo hora de que en este país, el que la hace la paga, porque España no puede ser el país de Jauja que engorda a una pandilla de vividores y condena a pasar estrecheces a la inmensa mayoría de los españoles.

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