La Rioja

img
Etiquetas de los Posts ‘

Rato

La escopeta nacional
María Antonia San Felipe 15-08-2015 | 8:30 | 0

Que el poder de la influencia es la columna vertebral de esta España nuestra, no es una hipótesis sino una realidad que ha alcanzado su clímax en estos dorados años de la corrupción y el ladrillo. La entrevista del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato imputado, entre otros, por delito fiscal y blanqueo de capitales e investigado por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional y por la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil, evoca el asunto de fondo de la película de Berlanga, La escopeta nacional. En ella, el inefable José Sazatornil, Saza, representa al empresario que trata de colocar porteros automáticos al ministro de Industria en una cacería pagada por él. Aquí la película es más burda, no hacen falta excusas, la camaradería del pasado armoniza muchos intereses así que tras el abrazo, pues directamente al grano y al despacho oficial. Dice el ministro que se reunieron para hablar de los viejos tiempos y Rodrigo Rato afirma que hablaron de lo que le está pasando. Lógico. Cuando alguien tiene problemas siempre recurre a la familia o a los amigos. Así que a la imprudencia del ministro hay que añadir la clamorosa mentira, sin olvidar que una vez más nos toman por idiotas.

            Lo asombroso será que los presuntos delitos del exmejorministro económico de la democracia no se volatilicen en la atmósfera de compadreo que reina entre Rato y sus compañeros. Tiempo al tiempo, si esto no termina con el ministro del Interior condecorándolo a juzgar por las declaraciones de otros dirigentes del PP amigos del imputado, como Javier Arenas o el portavoz en el Congreso, que no rechazan la idea de recibirlo en sus despachos. Esta estrategia obedece a que todos ellos saben que favor con favor se paga y seguramente hay deudas del pasado pendientes. El ministro comparece hoy y, si hacemos caso a Rajoy, no habrá novedades. Bien sabe él lo que han pactado, aunque nosotros nunca lo sepamos. Fernández Díaz tiene ante sí un papelón porque su versión es increíble y su posición insostenible. Esperemos que la Virgen del Pilar ilumine al irreflexivo ministro porque es todo tan sorprendente como imaginar que le ha ofrecido la dirección general de la Guardia Civil. Ya puestos a desvariar, ¿por qué no? Se ha metido en tantos charcos que, el autor de la Ley Mordaza, es el ministro del Interior peor valorado de la democracia.

            Por eso, lo más seguro es que antes de recibir a Rato el ministro llamara a Mariano a Moncloa, no fuera a jugarse el puesto. El presidente le diría: -Jorge, aplaca sus iras, que esté tranquilo, igual que con Luis Bárcenas. Sobre todo, le ordenó que se enterara de si Rato, contaba con munición, no fuera a soltar una bomba informativa que pudiera comprometerles, algo de lo más inconveniente en plena campaña electoral. Ya se sabe que los lobos y los vampiros se reconocen entre ellos y se respetan. Cada uno marca su territorio: tu no me atacas y yo tampoco. Porque seguramente Rodrigo Rato cuenta con información económica y fiscal sensible de sus queridos compañeros. Es decir, que la reunión se celebró por el interés de ambas partes, de otro modo resulta inexplicable la torpeza escandalosa de la misma. Rato busca salir indemne del procedimiento judicial tanto como el gobierno y el PP precisan de su silencio. Pueden caer todos o salvarse entre ellos. Ese es el meollo de la cuestión y no otro. Ya sabemos que en política no hay amigos, todo lo más, conjunción de intereses y en estos momentos lo principal para el gobierno es que no se mueva más el lodazal de la corrupción. Fernández Díaz debiera haber dimitido ya, pero ¿para qué? Mariano se lo habría dejado claro: -Tú tranquilo, es una tormenta de verano. Ya estamos subiendo en las encuestas. En España nunca pasa nada, ya nos han perdonado cosas peores así que entenderán que salvemos a Rato, a fin y al cabo, es uno de los nuestros.

Ver Post >
El ruedo ibérico
María Antonia San Felipe 25-04-2015 | 9:17 | 0

No es fácil explorar los rincones de la mente humana, pero no hay que ser un lince para deducir qué pensamientos invadieron la de Rodrigo Rato al ser detenido. La mano del policía de Aduanas sobre su cuello para ayudarle a introducirse en el coche fue para él la clara señal del calvario que le esperaba. Probablemente el funcionario en el desempeño de su trabajo utilizó el protocolo habitual, pero para don Rodrigo de Rato y Figaredo, apodado “el artífice del milagro económico español”, ese gesto era la humillación más ostentosa que jamás le habían infligido. Don Rodrigo se sintió como el toro en medio de la plaza cuando, después de una estocada fallida, es dirigido por un peón hacia las tablas para que el maestro utilice el descabello produciendo de forma rápida su desplome y la muerte súbita arranque el aplauso del público para que gozoso el torero inicie la vuelta al ruedo. Aunque él conoce mejor que nadie sus pecados financieros y sus arquitecturas contables para defraudar, también sabe que el gobierno y su partido necesitan redimir sus graves errores ofreciendo a la opinión pública un trofeo. Intuye que han tomado una decisión: sacrificando a alguien muy querido pretenden lavar el baldón de la corrupción que les persigue, que les está comiendo por los pies como Saturno devorando a sus hijos.

Ahora no tiene dudas. Rodrigo sabe que su suerte está echada, es víctima de su propia ambición, de su codicia pero también de una venganza. El cóctel de tan sutiles ingredientes es un explosivo de gran potencia, una bomba de largo alcance. Tras la estocada de Bankia el otrora tiempo poderoso don Rodrigo, al que las sombras de su modo de vida perseguían desde antes de instalarse en la cúpula del Fondo Monetario Internacional, ya sabía que se había iniciado su descenso a los infiernos. Los insultos de los preferentistas, el uso de las tarjetas opacas de Cajamadrid, los pagos sospechosos de la banca Lazard ya lo habían dejado malherido y solo. Sus amigos ministros, presidentes de comunidades autónomas (como el de La Rioja), importantes cargos de la administración del PP, altos ejecutivos de la banca, es decir, todos aquellos que durante años contribuyeron a crear su mito, hace ya tiempo que ni siquiera le cogían el teléfono. Era consciente de que le estaban dejando caer pero hoy sabe que van a acabar con él para salvarse ellos. Sabe que el descabello, el escarnio público, ha sido planificado por el presidente del gobierno Mariano Rajoy. Ahora Mariano lo ha convertido en el cortafuegos que le proteja del incendio que la corrupción está produciendo en sus votantes. Quién se lo iba a decir a él que era el listo, que el débil y pusilánime Rajoy iba a terminar con su leyenda.

Rato que sabe de política y de venganzas palaciegas no tiene dudas de la que se le viene encima. Lo intuía, pero al sentir la mano del policía en la nuca comprendió que ningún paracaídas iba a amortiguar su caída. Está solo y es un apestado. No va a encontrar alivio para sus desgracias porque, a poco listo que sea, sabe que ese pueblo español, al que dijo servir pero al que tanto desprecia, no se lo va a perdonar fácilmente. Es difícil comprender por qué un hombre que lo tenía todo se traicionó a sí mismo queriendo más y obteniéndolo a costa del engaño, la defraudación, las influencias y, sobre todo, creyéndose impune. Es un vivo ejemplo del capitalismo especulativo que en su época dorada sembró de cizaña las entrañas de la economía española. Se creía un coloso, admirado y envidiado, ejemplo de los trepas que pueblan los partidos en toda España. Sus pies eran de barro y estaban anclados en el fango. Los ciudadanos que están pendientes de ver si llegan a fin de mes no lo sabían pero él, que en una ronda de copas se gasta el salario mínimo interprofesional, sí conocía que podía estar sobrepasando los límites de la legalidad y, con seguridad, de la ética que predicaba en sus discursos ministeriales. Puede que logre poner a buen recaudo su dinero pero es evidente que no su honor. Él decidió hace tiempo dilapidar su exitosa fama, eligió su destino, se abrazó a la codicia y de eso nadie puede ya salvarlo, pero ¿salvará él a Rajoy?

Ver Post >
El robo del siglo
María Antonia San Felipe 25-10-2014 | 12:56 | 0

En España el soufflé de la corrupción no para de subir y la temperatura del horno está ya a punto de explotar. Vivimos en un país de asombrosas maravillas inventadas por profesionales del malabarismo y de la estafa. A fecha de hoy, Rajoy guarda un silencio cómplice y cobarde y permanece tan mudo como José María Aznar. El que fuera definido por algunos como el mejor presidente democrático, tiene hoy a todos sus hombres de confianza enmarañados en tramas de corrupción. En 2010, presentando el libro España: claves de prosperidad, calificó a Rodrigo Rato como el “mejor ministro de Economía de la democracia”, algo así como el Cid Campeador del milagro económico español. Los dos se creían las claves del éxito que compartían en ese acto simbólico con Rajoy, el sucesor designado por Aznar. En aquellos días Rato acababa de llegar a la en la presidencia de Caja Madrid sucediendo a Blesa, el amigo de Aznar, en un tejemaneje político que hoy conocemos con toda su crudeza. Aznar sabe mejor que nadie que si hay que salvar a Rajoy habrá que sacrificar otras piezas para tranquilizar al personal y su cabeza puede ser la próxima tras la que esconderse de la verdad.

En 2010 todavía colaba en la opinión pública que Rodrigo Rato era un superdotado en el terreno económico y financiero. Nosotros no conocíamos nada de nada, pero ellos sabían muy bien lo que habían hecho y lo que estaban haciendo con Caja Madrid y con la caja B del partido. Ahora que los pájaros Blesa y Rato, junto a otros muchos pajaritos, han sido cazados, somos conscientes de la voracidad y la ausencia de escrúpulos con la que manejaban los ahorros de los impositores. Sintiendo náuseas de tanto latrocinio, me pregunto: cuándo Rato, Acebes, Álvarez Cascos, Jaume Matas o el resto de los que cobraban sobresueldos en negro, iban al Consejo de Ministros que presidía Aznar o al Consejo de Administración de Bankia ¿en qué pensaban?, ¿en la sociedad a la que debían servir?, ¿en España? Yo creo que sólo pensaban en su lucro personal. La lista de invitados a la boda de la hija de Aznar, en plena efervescencia económica y política, cuando se creían intocables, resulta hoy esclarecedora y acusatoria. En ella aparecen todos los imputados por los jueces, bien sea por la trama Gürtel, por el caso Noos, por la gestión de las preferentes de Bankia, por el uso de las tarjetas opacas o por tantos etcéteras que ya ni recuerdo. Lo que no puedo olvidar son, entre otras nimiedades, los más de 30.000 millones de euros que nos ha costado a los españoles el rescate de Bankia, tras el atraco planificado desde el interior por sus propios gestores. Esa inmensa deuda la estamos pagando estrangulando nuestra sanidad pública y nuestro sistema educativo y empobreciendo a la población. Resulta desolador el espectáculo y es demoledor que a día de hoy, tras todo lo ocurrido desde que estallara el caso Bárcenas, ellos sigan negando y mintiendo para eludir una responsabilidad política indiscutible, ya que las civiles y penales espero que las diriman los jueces con ecuanimidad.

Tengo la impresión de que durante años en España se ha estado perpetrando el robo del siglo por ambiciosos sin escrúpulos que se creían los más listos del país y que no tuvieron en cuenta que el sentimiento de impunidad suele inducir a errores. En el fondo estos personajes han perpetrado el atraco al puro estilo Torrente en el asalto a Eurovegas, es decir, a lo cutre. La democracia que tenemos es imperfecta pero, al menos, el reproche social ha comenzado a dar sus frutos y ojalá que la justicia actúe como tal, todavía hay esperanza. Escuchando las declaraciones de algunos dirigentes tildando de antisistemas a nuevos movimientos políticos, yo me sonrío. En realidad son hijos suyos, son la reacción a su incoherencia y a su inmoralidad. Todo indica que el sistema político nacido de la transición ha sido destruido por la voracidad de sus falsos guardianes.

Ver Post >
Águila Roja
María Antonia San Felipe 11-10-2014 | 9:47 | 0

España se encuentra últimamente en fase de deshielo, como el Ártico. Cuando la nieve desaparece deja al descubierto las montañas y aquí la temperatura de la indignación está descubriendo un monte Everest poblado de estiércol. Si en las épocas gloriosas, se proclamaba que en el imperio español no se ponía el sol, hoy podemos afirmar que en España no pasa día sin que se descubra un nuevo sinvergüenza. No anochece sin constatar que la mayor ambición de una gran parte de la élite social y política no ha sido construir un país mejor sino forrarse. Ciertamente las excepciones existen y por eso los buenos, los que han sido coherentes, se merecen un monumento.

Cada día que pasa se vulnera nuestra capacidad de asombro. El asunto de las tarjetas en negro de Caja Madrid es otro de los latrocinios que nos ha dejado boquiabiertos. Cuando Diego Medrano y Treviño creó, por Real Ordende 3 de abril de 1835, las Cajas de Ahorro, ya advirtió de la necesidad de mantenerlas “libres de las invasiones de la autoridad bajo pretexto de préstamos forzosos u otros semejantes medios”. Si viera el páramo que han dejado las autoridades de las diferentes Comunidades Autónomas interviniendo directamente en el control de las cajas de ahorros y orientando los criterios de concesión de créditos a amigos y afines políticos se escandalizaría del expolio y del saqueo que se ha perpetrado. No sólo estafaron para enriquecerse sino que, además de vivir muy por encima de sus posibilidades y de las nuestras, todo les parecía insuficiente. Los ancianos que fueron inducidos por los directores de las sucursales de Bankia a cambiar los ahorros de toda su vida por preferentes debían entender lo que firmaron pero Blesa y Rato, el primero inspector de Hacienda y el segundo, exministro de Economía  no sabían que las tarjetas en negro eran ya de por sí un fraude, además de un desfalco encubierto. De pronto, parece que hubiera estallado una bomba racimo y uno a uno van cayendo los más de ochenta directivos que han vivido a todo tren a costa de los incautos ahorradores. El antiguo jefe de la casa del rey Juan Carlos I, Rafael Spottorno ha sido el último. No es por vergüenza torera que se van sino porque el clima social está tan subido de tono que temen que los apedreen e insulten por la calle.

Este es un país de ciegos, nadie ha visto nada durante años pero todos lo sabían. Como en el Lazarillo de Tormes cuando decidieron comerse las uvas de una en una, pero mientras el ciego se comía dos, Lázaro comía tres y por eso callaba. En España todo indica que eso es lo que ha pasado. Parece que en este país las leyes se hacen para incumplirlas y quien mejor las vulnera es el que las escribe porque ya conoce de antemano donde está la trampa.

Para completar el cuadro costumbrista de la picaresca española, tenemos a Gallardón en un nuevo trabajo en el que se paga por no hacer nada, una prueba más de que en este país a algunos se les ha ido la olla, la mano o ambas cosas. La guinda del pastel la ha puesto la investigación abierta, por ocultar a Hacienda 1,4 millones de euros, al histórico dirigente minero José Ángel Fernández Villa quien ha sido durante 35 años líder del sindicato asturiano SOMA-UGT. Que un símbolo de la lucha obrera caiga de bruces al suelo por corromperse con más zafiedad que los que se enriquecían vulnerando los derechos de los trabajadores a los que prometió defender, es realmente demoledor y pone la puntilla al ya decadente modelo sindical de la transición. Una puñalada al sindicalismo semejante a la que Pujol ha perpetrado al catalanismo.

Llegados a este punto y sin nadie en quien confiar, sólo nos queda esperar que aparezca de una vez por todas el Águila Roja y nos salve del Comisario que siempre está al servicio de los que nos saquean y nos desprecian. Si no llega a tiempo Águila Roja no olviden que la mejor arma es ejercer libremente nuestro voto a modo de castigo.

Ver Post >
Yo no he sido
María Antonia San Felipe 17-08-2012 | 7:26 | 0

Hace tiempo que pienso que en España antes de reconocer un error preferimos abrirnos las venas, antes muertos que sencillos, así somos. Aunque el tema no es para hacer risas, lo cierto es que esta idea me ha venido a la cabeza tras hacerse público el informe de Noruega sobre la matanza perpetrada a sangre fría por el ultraderechista Anders Behring Breivik, hace apenas un año. Fueron asesinadas a sangre fría 77 personas y el suceso, como recordarán, conmocionó no sólo a los noruegos sino al resto del mundo.

La investigación de la “Comisión del 22 de julio” sobre los acontecimientos más duros que ha vivido el país nórdico en los últimos decenios ha sido hecho público y ha reconocido con objetividad los errores cometidos. Según el informe independiente gran parte de lo ocurrido pudo haberse evitado o al menos amortiguado el abultado número de víctimas, en él se critica la descoordinación de las fuerzas de seguridad y la gestión de la información y del personal. El propio primer ministro, Jens Stoltenberg, tras hacerse público el contenido del informe que él mismo encargó, ha asumido la responsabilidad última y considera que las conclusiones no han sido “embellecidas” para darlas a conocer a la opinión pública y que son por lo tanto “sinceras”. En definitiva los noruegos han confesado ante sí mismos y ante el mundo entero, en un caso de extrema gravedad para la nación, que se equivocaron, que cometieron errores de bulto y esta actitud no sólo les dignifica sino que no albergo dudas de que a partir de hoy enmendarán los protocolos de actuación para el futuro.  Dicho lo cual, regresemos a España y pensemos en el expolio de las cajas de ahorro que ha propiciado el desastre de nuestro sistema financiero y nos ha colocado de rodillas a las puertas de una ventanilla europea que se llama RESCATE.

Para analizar el citado saqueo debió crearse una comisión de investigación seria y rigurosa de inmediato, pero no, nada de nada. Tras increíbles excusas, eso sí, por el bien de España, de esa España previamente saqueada, se autorizan unas comparecencias en el Congreso de los Diputados. Uno de los intervinientes, Julio Fernández Gayoso, director de Novacaixagalicia, tuvo la osadía de explicar, como parapeto para posibles preguntas maliciosas, que él no tomaba decisiones porque no tenía funciones ejecutivas, aunque eso sí, el sueldo que cobraba y la pensión vitalicia no parecen ser las del portero de la institución. En fin, que cada uno, Rato, Salgado, el gobernador del Banco de España y un largo etcétera de señores muy enseñorados, contaron su historia como mejor les convino y les vino en gana, pero ninguno de los que por el Congreso pasó dio explicación alguna del misterio. Sobre la mesa del Congreso estaba depositado el cadáver y nadie parecía conocer al difunto, aunque todos habían sido sus amigos de parrandas y habían compartido mesa y mantel en muchas ocasiones, nadie recordaba su relación directa con él. En conclusión, ¿cómo había llegado el muerto hasta allí, si todos hicieron lo que debían según sus competencias? Nadie ha querido reconocer error alguno aunque sea clamoroso que se actuó, en muchos casos, con alarmante impunidad y con supina incompetencia, y la única realidad evidente es que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. En definitiva que aquí ni se reconocen errores, ni se asumen responsabilidades, ni se exigen por la justicia, ni se paga por los saqueos y así nos va.

Los informativos no lo contaban de este modo, la gente en la calle sí. Durante esos días recordé mis juegos infantiles: el balón en el suelo, el cristal de la ventana roto y un pelotón de niños corriendo y exclamando:  

 -Yo no he sido.  

¿Y usted?

Julio Fernández Gayoso, Novacaixagalicia

 

Ver Post >
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.