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Rato

Yo no he sido
María Antonia San Felipe 17-08-2012 | 7:26 | 0

Hace tiempo que pienso que en España antes de reconocer un error preferimos abrirnos las venas, antes muertos que sencillos, así somos. Aunque el tema no es para hacer risas, lo cierto es que esta idea me ha venido a la cabeza tras hacerse público el informe de Noruega sobre la matanza perpetrada a sangre fría por el ultraderechista Anders Behring Breivik, hace apenas un año. Fueron asesinadas a sangre fría 77 personas y el suceso, como recordarán, conmocionó no sólo a los noruegos sino al resto del mundo.

La investigación de la “Comisión del 22 de julio” sobre los acontecimientos más duros que ha vivido el país nórdico en los últimos decenios ha sido hecho público y ha reconocido con objetividad los errores cometidos. Según el informe independiente gran parte de lo ocurrido pudo haberse evitado o al menos amortiguado el abultado número de víctimas, en él se critica la descoordinación de las fuerzas de seguridad y la gestión de la información y del personal. El propio primer ministro, Jens Stoltenberg, tras hacerse público el contenido del informe que él mismo encargó, ha asumido la responsabilidad última y considera que las conclusiones no han sido “embellecidas” para darlas a conocer a la opinión pública y que son por lo tanto “sinceras”. En definitiva los noruegos han confesado ante sí mismos y ante el mundo entero, en un caso de extrema gravedad para la nación, que se equivocaron, que cometieron errores de bulto y esta actitud no sólo les dignifica sino que no albergo dudas de que a partir de hoy enmendarán los protocolos de actuación para el futuro.  Dicho lo cual, regresemos a España y pensemos en el expolio de las cajas de ahorro que ha propiciado el desastre de nuestro sistema financiero y nos ha colocado de rodillas a las puertas de una ventanilla europea que se llama RESCATE.

Para analizar el citado saqueo debió crearse una comisión de investigación seria y rigurosa de inmediato, pero no, nada de nada. Tras increíbles excusas, eso sí, por el bien de España, de esa España previamente saqueada, se autorizan unas comparecencias en el Congreso de los Diputados. Uno de los intervinientes, Julio Fernández Gayoso, director de Novacaixagalicia, tuvo la osadía de explicar, como parapeto para posibles preguntas maliciosas, que él no tomaba decisiones porque no tenía funciones ejecutivas, aunque eso sí, el sueldo que cobraba y la pensión vitalicia no parecen ser las del portero de la institución. En fin, que cada uno, Rato, Salgado, el gobernador del Banco de España y un largo etcétera de señores muy enseñorados, contaron su historia como mejor les convino y les vino en gana, pero ninguno de los que por el Congreso pasó dio explicación alguna del misterio. Sobre la mesa del Congreso estaba depositado el cadáver y nadie parecía conocer al difunto, aunque todos habían sido sus amigos de parrandas y habían compartido mesa y mantel en muchas ocasiones, nadie recordaba su relación directa con él. En conclusión, ¿cómo había llegado el muerto hasta allí, si todos hicieron lo que debían según sus competencias? Nadie ha querido reconocer error alguno aunque sea clamoroso que se actuó, en muchos casos, con alarmante impunidad y con supina incompetencia, y la única realidad evidente es que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. En definitiva que aquí ni se reconocen errores, ni se asumen responsabilidades, ni se exigen por la justicia, ni se paga por los saqueos y así nos va.

Los informativos no lo contaban de este modo, la gente en la calle sí. Durante esos días recordé mis juegos infantiles: el balón en el suelo, el cristal de la ventana roto y un pelotón de niños corriendo y exclamando:  

 -Yo no he sido.  

¿Y usted?

Julio Fernández Gayoso, Novacaixagalicia

 

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Ciudadanos ejemplares
María Antonia San Felipe 08-06-2012 | 7:35 | 0

El mundo está lleno de gente sin honor y no hay duda de que en España el número de caraduras por metro cuadrado está por encima de la media europea y universal. El año pasado el ministro de Defensa alemán, Karl Theodor Guttenberg, dimitió de su cargo, tras ser acusado de plagiar su tesis doctoral y hace tan solo un par de meses lo hacía el presidente de Hungría, Pal Schmitt, por igual causa. Christian Wulff, presidente alemán acusado de haber utilizado su cargo para obtener un trato privilegiado en la obtención de un crédito, dimitió en febrero. Como ven, menudencias en comparación con lo que pasa en nuestro solar patrio. En España, nadie dimite ni asume responsabilidades por sus desmanes y lo que es peor, los partidos políticos pastelean para blindar la mera exigencia de responsabilidades a los suyos, no les vayan a causar un disgusto.
Los tres hechos son sencillos ejemplos que ilustran, por mera comparación, la diferencia en los comportamientos públicos en unos países y otros y el nivel de moralidad que los ciudadanos de otros países exigen a aquellos que les representan. Parece que, en este país nuestro, cuando algunos se encaraman a un puesto de relativa importancia, se consideran relevados de exigirse a sí mismos lo que en otro tiempo demandaron a otros. Hoy en día la ausencia de credibilidad que tiene España y uno de los mayores males que la aquejan tiene mucho que ver con la ausencia total de ética en los comportamientos públicos, un mal que alcanza ya a las más altas instituciones del Estado.
Estos días nos sobran muestras de conductas poco ejemplares de ciudadanos que, por sus altos cargos institucionales, debieran ser impolutas, limpias como la patena. Ahí tenemos a Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo riéndose en nuestras narices diciendo que él nada tiene que reprocharse ni legal ni éticamente. Este señor que juzga a otros no puede ser juzgado, ni siquiera pueden pedírsele explicaciones, ya se encargan otros de vetar su comparecencia en el Congreso de los Diputados no vaya a ser que tenga que interrumpir su semana caribeña mientras al resto del personal le incrementan la jornada laboral y le bajan el sueldo. Yo le digo desde aquí: -¿Pero usted, quién se ha creído que es?
En el cuadro de honor pondremos al expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, que tras salir huyendo del Fondo Monetario Internacional, sin que jamás se nos explicara por qué, sigue siendo presidente de Caja Madrid adonde llegó aupado por las intrigas políticas de la villa y corte y al que, junto a su antecesor Miguel Blesa, se les quiere exonerar de culpa alguna en la gestión de ese inmenso agujero negro que amenaza con sepultar nuestras finanzas públicas a la vez que nuestro prestigio internacional. Como a este señor le paguen la indemnización de más de un millón de euros que tiene pactada, como se ha hecho con otros arruinadores de cajas de ahorro, es como para pedir que se abran las puertas de las prisiones para liberar y condecorar a todos los raterillos de España que, al menos, no nos van a llevar a la quiebra.
Si esto no es suficiente, ahora viene la taza y media: las amnistías fiscales y urbanísticas, la primera aprobada y la segunda en preparación. Es decir, el que ha defraudado con premeditación y alevosía a la hacienda pública ahora va a ser perdonado e incluso adulado y a aquellos que han construido ilegalmente obteniendo plusvalías excesivas, les van a hacer borrón y cuenta nueva. No me extraña que en este país aquellos que pagan sus impuestos y cumplen disciplinadamente la ley sean considerados sencillamente unos imbéciles sin remedio.
-¡Tonto!, no ves que aquí no va a la cárcel ni dios.

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Atrapados
María Antonia San Felipe 11-05-2012 | 8:30 | 0

 

No había que ser un lince para darse cuenta de la que se nos avecinaba, la pasada semana les hablaba de “lo que estaba por venir” y como han podido comprobar lo que temíamos ha llegado y de nuevo el pánico se ha instalado entre nosotros. Hace menos de un mes, un dirigente de la UE explicaba que probablemente los ciudadanos europeos no estaban preparados para aceptar que sus gobiernos acudieran de nuevo a salvar la banca con dinero público y por eso en los últimos tiempos nos han estado mentalizando para que de nuevo, como una fatalidad irremediable, lo aceptemos. Hace tiempo que nos han enseñado que nuestros amigos, hijos, sobrinos y cuñados se pueden quedar en la fila del paro o tener que pedir ayuda a los allegados para que no los echen del piso por impago, pero que es imposible dejar caer a los bancos porque lo que se hunde es el barco colectivo en el que todos viajamos. Esta es la cruel verdad del capitalismo inhumano y voraz que hemos construido y que amenaza con llevarse por delante nuestra propia dignidad colectiva y nuestra estabilidad como nación.

No es de extrañar que vivamos en una creciente depresión colectiva, no me refiero a la depresión económica que es evidente, sino a la que se mide por la cantidad de ataques de nervios que se propagan cada mañana por toda España al escuchar las noticias. A estas horas todos nosotros, a través de nuestro maltrecho estado, somos ya accionistas de Bankia sin haberlo siquiera deseado y encima, pongámonos todos a rezar (con fe o sin ella), para que todo salga medianamente bien. Les propongo que realicen una novena a su santo predilecto, para que esto que denominan pomposamente la reforma del sistema bancario no se nos lleve a todos por delante. No se olvide que por detrás va a seguir la penitencia a costa de nuestra inagotable paciencia. Hay que reconocer que ni los denominados analistas de la cosa ni tampoco la clase política saben leer  nuestro estado de ánimo, ellos leen las encuestas en una clave y los ciudadanos lo hacemos en otra. Así por ejemplo, la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas ha sido analizada bajo la premisa simplista de: el PP pierde un poco en intención de voto y PSOE apenas sube. A renglón seguido el CIS nos dice que ningún líder político aprueba, que tanto la acción del gobierno como la de la oposición cosechan suspensos estrepitosos y por si fuera poco Rajoy inspira poca o ninguna confianza al 72% de los ciudadanos y Rubalcaba al 80%. Por tanto, a mi modesto entender, el nivel de enfado es estrepitoso, la credibilidad mínima y la desesperación creciente. No obstante, la ciudadanía está dispuesta a seguir votando porque cree en el sistema democrático, pero está exigiendo un cambio de actitudes en la forma de hacer política de manera urgente y nadie parece escuchar el mensaje. Después de todo lo que el país lleva aguantando el enojo sube de tono cuando los hechos demuestran, cada día, que en España la corrupción económica y moral ha sido un virus que ha infectado una gran parte del sistema y que en ella han sucumbido muy variados personajes agazapados tras la bonanza. El saqueo de las cajas de ahorro es un buen ejemplo que ahora pagamos con sangre, sudor y lágrimas. Urgen las medidas económicas pero también urge la regeneración política y las formas de ejercerla, apremia tanto recuperar la confianza de los mercados como la de los ciudadanos. Si la clase dirigente se conforma con el dato ramplón de que unos suben y los contrarios bajan en las encuestas vamos por mal camino, ahí tienen a Grecia. Los españoles no podemos salir corriendo como Rodrigo Rato, nosotros estamos atrapados en la dura realidad y el desamparo puede llevar a muchos a soñar con salvadores. ¡Ojo al dato!

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