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El oportunista atropellado por la realidad
María Antonia San Felipe 01-12-2012 | 12:06 | 0

Es evidente que el pasado fin de semana la realidad atropelló a Artur Mas y lo dejó como en las viñetas de Mortadelo y Filemón remostado en la pared con el pelo un poco despeinado y, eso sí, con la senyera en que se había envuelto en una mano y el resumen de una encuesta elaborada por sus amigos en la otra. Hasta el más despistado, sin hacer ningún esfuerzo,  ha escuchado el golpe de la bofetada: Ploff¿¡¿¡ Pese a sus intentos de recomponer la figura lo cierto es que el oportunista presidente de Cataluña no ha podido todavía sobreponerse a tanta adversidad inesperada a sus delirios. Parece ser que el día en que tomó la decisión de convocar elecciones anticipadas, subió al monte Tibidabo y al contemplar la inmensidad de Cataluña creyó que todo lo que divisaba en el horizonte era simplemente suyo. Bromas aparte, creo que  la lección que ha recibido Artur Mas, hoy transmutado en minilíder convergente, y el resto de su partido deben ser motivo de reflexión para unos y para otros.

Es cierto que en épocas de bonanza cualquiera aparenta ser un buen gobernante: asiste a actividades sociales, inaugura actos, preside galas, corta cintas y besa niños alternativamente, es decir, un día sí y otro también. Cuando las cosas van mal, algunos pensamos que el político debe poner más dedicación e interés en lo que hace y hay que exigirle más capacidad de comprensión de la realidad que a cualquier otro porque para eso eligió el camino de la representación pública de la ciudadanía. El problema de Mas y de su partido es que además de partir de un error intrínseco a la propia esencia de los nacionalistas, que se consideran a sí mismos los verdaderos representantes del  territorio-nación y de los que allí viven, ahora habían creído que sólo ellos eran capaces de interpretar los deseos de los supuestamente representados. La realidad les ha mostrado que ni eran dueños de sus voluntades ni les inspiran la confianza necesaria para entregarles mayorías excepcionales ni siquiera temporalmente. Por eso el fiasco es doblemente inmenso.

Seguramente el sentimiento catalanista es creciente pero cuando por la mañana el ciudadano de Cataluña se levanta lo primero que hace es toparse, no con lo que cuentan esos periódicos que con tanto afán leen los políticos, sino con la realidad que ahora tiene una dureza en lo humano y en lo cotidiano bastante ineludible. Estoy convencida de que cuando una gran parte de la población se asoma cada amanecer al abismo de la incertidumbre del futuro, no quiere que le añadan a su lista de problemas factores que incrementen su inseguridad y la apuesta de Mas era solamente una estela para huir de la verdadera realidad, de esa que los catalanes, como el resto de españoles, quisieran poder cambiar a mayor velocidad y con mejor redistribución de la carga. Los fuegos de artificio son tan hermosos como efímeros y esto es en realidad lo que Mas ha ofrecido a su pueblo pero los ciudadanos, libre y soberanamente, le han respondido alto y claro. Una vez más el ciudadano ha entendido el mensaje que le enviaban desde las alturas bastante mejor que sus gobernantes. Si Artur Mas hubiera comprendido el veredicto inapelable de las urnas habría dimitido antes de que en el reloj, como en la Cenicienta, sonaran las doce campanadas del domingo electoral. ¿¿Dimitir??, ¿qué extraño verbo es ese qué jamás se conjuga en España? Ahora Mas es uno  más, uno de tantos de esos políticos actuales que se niegan a ver la realidad que les rodea y que llevan a sus espaldas dos penitencias, la suya y la nuestra. Pero nosotros desde la calle ya sabemos que quien se resiste a dimitir cuando ha llegado su hora es, aunque se niegue a creerlo, un fantasma que vagabundea por el mundo sin encontrar su destino.

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Tiempo de algarabías
María Antonia San Felipe 14-09-2012 | 11:13 | 0

Cuando estamos tristes, nos volvemos un poco niños y tendemos a pensar que somos unos incomprendidos. Digamos que algo así les pasa a los gobiernos. Cuando las encuestas comienzan a mostrar la desafección de los votantes todos consideran que tienen un problema de comunicación y que por esa causa los ciudadanos no entienden sus loables esfuerzos a favor del bien común. Esta tristeza gubernamental, como la de Cristiano Ronaldo, resulta hoy por hoy un hecho paradigmático porque nunca, como en la actualidad, los gobiernos habían contado con más número de asesores en materia de marketing y comunicación que de gente con ideas y capacidad de gestión. A mí entender, resulta imperdonable que nos confiesen que hacen las cosas que no desean porque la realidad les ha superado y les obliga a ello contra su voluntad. ¡En fin, señores que en España no gobierna Rajoy sino la Realidad! Y por si fuera poco la Realidad es como la Bruja de los cuentos que sólo es feliz amargando la vida al personal. ¿Si no sabían lo que pasaba en España  a qué tanto interés por gobernarla?

Bueno, pues a lo que vamos, superado por la realidad el gobierno utiliza el lenguaje propio de los enamorados que cuando dicen al otro: -“Ya no te quiero”, en realidad le están diciendo: -No puedo vivir sin ti. Pues, efectivamente, ahora el gobierno utiliza lenguaje en clave para que nosotros lo descifremos sin necesidad de intérprete.    

El gobierno dice que no ha decidido todavía si pedirá el inevitable rescate, cuando todos sabemos que sí lo hará y el momento de hacerlo no es otro que tras las elecciones gallegas y vascas. Ya saben, primero el interés del partido y después, España. Niega que vaya a tocar las pensiones, mientras prepara el camino para recortarlas. En fin, que todo aquello que sea negado más de tres veces, no duden que se hará realidad. Esa es la magia de este gobierno, tener que descifrar sus enigmas.    

En Cataluña, otro gobierno, masivamente apoyado por una millonada de ciudadanos insatisfechos, ha levantado la bandera de la independencia y ha reivindicado convertirse en un estado. En realidad Artur Mas y su partido, a lo máximo que están dispuestos a llegar es a negociar un nuevo pacto fiscal y a recibir sin condiciones una importante ayuda del fondo de estabilidad autonómico español, que ya ha solicitado, utilizando su lenguaje, en la embajada de España en Barcelona. En un clima de inmenso enfado social la gente se ha echado a la calle víctima de la crisis y en un momento en que los estados de la Unión Europea ceden soberanía a favor de organismos supranacionales. Parece una contradicción pero, lo que ocurre, es que nadie es capaz de ofrecer otra alternativa común en la que creer y por la que luchar, éste es actualmente el drama de España, no ver nada que ilusione en el horizonte.  

Escondiéndose de la realidad, como ha hecho el gobierno de Rajoy, no hay forma de caminar hacia adelante. No es comprensible que el presidente del gobierno haya despachado el asunto de la manifestación de Barcelona, diciendo que España no está para algarabías, aunque en realidad, lo que ha querido decir es que no está para algaradas. Yo me declaro partidaria de que, sin ningún temor, en vez de una manifestación se convoque un referéndum y así podamos ver de verdad el alcance de los auténticos deseos de los catalanes. Abrir el debate supondría que todos, catalanes y resto de españoles, conociéramos los riesgos y desventajas que entraña la independencia para unos y para otros. Quizás la realidad se imponga de nuevo a quien agita fantasmas sin tener, como ha confesado Artur Mas, respuestas precisas para los interrogantes claves que se plantean. Como cada momento tiene su afán, desconozco si es tiempo de algarabías, pero les aseguro que no es momento para incompetentes.

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