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Negro zaino
María Antonia San Felipe 11-07-2015 | 8:15 | 0

Los toros atraviesan la calle Estafeta, el negro zaino deja la manada y trata de empitonar    a varios mozos que corren delante, puede que huyan de su destino o teman encontrarlo de pronto. En el punto en el que estamos no sabemos si Grecia es el toro que trata de arrollar a Europa o el cuento es al revés. El toro es como la sombra que te sigue sin que tú lo pretendas, es la eterna alegoría de la vida, siempre hay un imprevisto que puede fulminar sueños, arrollar  planes, destruir esperanzas. Algunos dicen que Europa está preparada para una salida de Grecia del euro sin que sea una catástrofe para el resto, pero en 2008 también nos dijeron que la caída de Lehman Brothers estaba controlada y todavía no nos hemos repuesto de la bofetada. Dos y dos no siempre son cuatro, ni en la vida ni en la economía.

El pasado domingo los griegos dieron un enorme respaldo a su gobierno, nadie esperaba un resultado tan contundente. Los ciudadanos consultados decidieron elevarse por encima del miedo, a sabiendas de que habían de elegir entre lo malo y lo peor. Seguramente los griegos sabían, cuando acudían a las urnas, que entre la pobreza y la miseria se alzaba la dignidad. Quienes argumentaban que convocar el referéndum era una cobardía y un gran error, al pasar la responsabilidad de la decisión a los ciudadanos, también sabían que no es lo mismo decir “no” a un gobierno, probablemente débil, que a su pueblo y mucho menos a un pueblo que está sufriendo la irresponsabilidad continuada de sus anteriores dirigentes y de quienes, desde la Unión Europea (tecnócratas y políticos), aceptaron mentiras contables para admitirlos en el club del euro, una moneda que fue gestada sin garantías, con economías muy diversas y que está en el origen de nuestros desequilibrios actuales, entre el norte y el sur, mucho más acentuados que antes de su entrada en vigor.

Tras el referéndum, Grecia ofreció de inmediato a Europa la cabeza de Varoufakis, como Judith entregó la de Holofernes para salvar a su pueblo, un gesto rápido e inteligente pero insuficiente para calmar los orgullos heridos de los dirigentes europeos que, sin excepción, aunque unos más que otros, habían apostado por el “Si”, convencidos de que triunfarían sólo con amenazas. Ninguno quiere moverse de su posición, es lógico, pero finalmente será el miedo a que les pille el toro del contagio, ante la debilidad de la recuperación económica de sus fracasadas recetas, el que produzca un acuerdo que debió alumbrarse hace tiempo. Al tablero de intereses económicos, políticos y geoestratégicos no es ajeno el gobierno de los EEUU, Obama teme la influencia de Rusia y de China (con intereses económicos en el puerto del Pireo) y por eso aconseja llegar a un acuerdo.

El problema hoy por hoy, no sólo es económico sino político. Europa no puede como tal hacer caso omiso del referéndum griego, el valor intrínseco de la idea trascendental de la Unión Europea se basaba sobre todo en la democracia, esa fue la base de su fortaleza. Nació con la intención de crear un espacio de libertades, derechos y bienestar para los países que cedieron parte de su soberanía en pro de un proyecto común. Esta genial idea no puede tirarse a la basura pero, desde el inicio de la crisis, todo se ha puesto en tela de juicio. La plutocracia dirigente de Europa va por un lado y los pueblos que la integran por otro. España es un buen ejemplo. Huele a elecciones y Rajoy teme que un acuerdo rápido con Grecia fortalezca a Podemos y debilite tanto al PP como al PSOE, que han mantenido parecidas posiciones. Como en el resto de la Unión se tiene pánico a que la democracia participativa sea reivindicada con fuerza por ciudadanos indignados, decepcionados y cansados del secuestro del mayor valor hasta ahora de Europa: la democracia.

El mundo no se ha hundido todavía y no lo desplomará la crisis griega, esperemos que no lo haga Europa como proyecto común. Sería de tontos pelear para que el otro se quede ciego aunque uno se quede tuerto. Es la hora de que el mundo entero compruebe si el conjunto de los denominados líderes de los países que integran Europa y sus instituciones son estadistas a la altura de este momento histórico y de los pueblos a los que representan o simplemente son esclavos de su propia incompetencia y de su falta de ambición para construir un futuro, que no es suyo sino nuestro. Veremos.

 

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Tiempo de algarabías
María Antonia San Felipe 14-09-2012 | 11:13 | 0

Cuando estamos tristes, nos volvemos un poco niños y tendemos a pensar que somos unos incomprendidos. Digamos que algo así les pasa a los gobiernos. Cuando las encuestas comienzan a mostrar la desafección de los votantes todos consideran que tienen un problema de comunicación y que por esa causa los ciudadanos no entienden sus loables esfuerzos a favor del bien común. Esta tristeza gubernamental, como la de Cristiano Ronaldo, resulta hoy por hoy un hecho paradigmático porque nunca, como en la actualidad, los gobiernos habían contado con más número de asesores en materia de marketing y comunicación que de gente con ideas y capacidad de gestión. A mí entender, resulta imperdonable que nos confiesen que hacen las cosas que no desean porque la realidad les ha superado y les obliga a ello contra su voluntad. ¡En fin, señores que en España no gobierna Rajoy sino la Realidad! Y por si fuera poco la Realidad es como la Bruja de los cuentos que sólo es feliz amargando la vida al personal. ¿Si no sabían lo que pasaba en España  a qué tanto interés por gobernarla?

Bueno, pues a lo que vamos, superado por la realidad el gobierno utiliza el lenguaje propio de los enamorados que cuando dicen al otro: -“Ya no te quiero”, en realidad le están diciendo: -No puedo vivir sin ti. Pues, efectivamente, ahora el gobierno utiliza lenguaje en clave para que nosotros lo descifremos sin necesidad de intérprete.    

El gobierno dice que no ha decidido todavía si pedirá el inevitable rescate, cuando todos sabemos que sí lo hará y el momento de hacerlo no es otro que tras las elecciones gallegas y vascas. Ya saben, primero el interés del partido y después, España. Niega que vaya a tocar las pensiones, mientras prepara el camino para recortarlas. En fin, que todo aquello que sea negado más de tres veces, no duden que se hará realidad. Esa es la magia de este gobierno, tener que descifrar sus enigmas.    

En Cataluña, otro gobierno, masivamente apoyado por una millonada de ciudadanos insatisfechos, ha levantado la bandera de la independencia y ha reivindicado convertirse en un estado. En realidad Artur Mas y su partido, a lo máximo que están dispuestos a llegar es a negociar un nuevo pacto fiscal y a recibir sin condiciones una importante ayuda del fondo de estabilidad autonómico español, que ya ha solicitado, utilizando su lenguaje, en la embajada de España en Barcelona. En un clima de inmenso enfado social la gente se ha echado a la calle víctima de la crisis y en un momento en que los estados de la Unión Europea ceden soberanía a favor de organismos supranacionales. Parece una contradicción pero, lo que ocurre, es que nadie es capaz de ofrecer otra alternativa común en la que creer y por la que luchar, éste es actualmente el drama de España, no ver nada que ilusione en el horizonte.  

Escondiéndose de la realidad, como ha hecho el gobierno de Rajoy, no hay forma de caminar hacia adelante. No es comprensible que el presidente del gobierno haya despachado el asunto de la manifestación de Barcelona, diciendo que España no está para algarabías, aunque en realidad, lo que ha querido decir es que no está para algaradas. Yo me declaro partidaria de que, sin ningún temor, en vez de una manifestación se convoque un referéndum y así podamos ver de verdad el alcance de los auténticos deseos de los catalanes. Abrir el debate supondría que todos, catalanes y resto de españoles, conociéramos los riesgos y desventajas que entraña la independencia para unos y para otros. Quizás la realidad se imponga de nuevo a quien agita fantasmas sin tener, como ha confesado Artur Mas, respuestas precisas para los interrogantes claves que se plantean. Como cada momento tiene su afán, desconozco si es tiempo de algarabías, pero les aseguro que no es momento para incompetentes.

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Noches de miedo y amaneceres de pánico
María Antonia San Felipe 04-11-2011 | 8:39 | 0

                     

                 El lunes mientras los entusiastas de halloween, esa tradición importada de EEUU, preparaban sus disfraces para salir a hacer miedo por las calles, el presidente griego Yorgos Papandreu hizo un anuncio que puso en jaque a todo el Eurogrupo y quién sabe si a la propia Unión Europea. El anuncio de que someterá a referéndum el reciente paquete de medidas aprobado para hacer efectivo el rescate de Grecia ha hundido todas las bolsas europeas y ha disparado la prima de riesgo de la deuda española e italiana a cifras estratosféricas. Ya ven, el lunes hubo miedo y el martes pánico, lo que demuestra que, en este puzzle global en el que vivimos, David puede poner en jaque a Goliath por mucho que se enfade la señora Merkel. El asunto no es menor y tiene una trascendencia que todavía hoy por hoy no puede calcularse en toda su dimensión. Muchos han considerado este órdago del presidente griego al resto de Europa y al Fondo Monetario Internacional una irresponsabilidad, puede que lo sea o puede que no, pero es probable que Papandreu crea que él no puede seguir echando órdagos a sus ciudadanos un día sí y otro también.

 

              Es cierto que el anterior gobierno griego, del partido que hoy lincha a Papandreu, mintió con sus cifras de déficit y ocultó la verdad con artificios presupuestarios pero, a fecha de hoy, sería difícil encontrar un solo gobierno que no haya trampeado su realidad y todavía más complicado resultará dar con un solo banco o entidad financiera que no haya maquillado sus balances y engañado a las malditas agencias de calificación de riesgos que se pasan el día haciendo augurios de futuro pero que no vieron la morralla que ocultaban los balances de Lehman Brothers ni los de Dexia, por citar algunos de los más sonados ejemplos. Dicho lo cual, a nadie se le escapa que desde el inicio de la maldita crisis los gobiernos europeos llevan meses y meses reuniéndose y anunciado soluciones de compromiso cuya aplicación dilatan en el tiempo hasta el siguiente susto. Esto ocurre porque algunos pensaban que el tsunami financiero no iba con ellos, que eran demasiado fuertes y solventes para verse afectados y además porque Europa no tiene una política social, económica, fiscal y financiera común. Para que Europa sea el espacio político que sus fundadores soñaron debiera tener un gobierno común, que actuara como un mando único ante las catástrofes con la única finalidad de proteger a todos sus integrantes. No sólo no es así, sino que ahora tenemos la sensación de que son Merkel y Sarkozy, los que toman las decisiones trascendentales y que Van Rompuy es un simple conserje al servicio de los primeros.

                    En esta situación, ya que nadie planta cara a los mercados no es de extrañar que Papandreu haya decidido plantarle cara a Europa porque la aceptación del nuevo paquete de medidas lleva aparejada nuevos ajustes. ¿Puede Papandreu adoptar en solitario nuevos recortes sin ser sensible a los exasperados ánimos de sus ciudadanos? Pónganse en su lugar, él solo contra todo su pueblo después de haber impuesto históricos recortes. Si consigue el apoyo de Europa se gana el desafecto de los suyos. El riesgo para Europa es evidente, porque la posibilidad de un “no” a las nuevas medidas para adoptar el rescate puede no sólo producir la quiebra de Grecia, sino la caída del euro y con él todo el proyecto europeo. Si la política es la única posibilidad que tenemos los ciudadanos de intervenir para transformar las cosas, algunas reglas de la representación democrática hay que cambiar para que sintamos que lo que deciden los de arriba es de verdad por nuestro bien y no para engordar la voracidad ajena. Puede que este envite de Papandreu sea el principio del fin o quizás el comienzo de un nuevo tiempo más favorable al ciudadano. Además de lamentarnos algo habrá que hacer ya que a los vampiros no se los conjura enseñándole solamente una ristra de ajos.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.