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Entre basura
María Antonia San Felipe 16-11-2013 | 9:54 | 0


           El riesgo que entraña vivir entre basura es que uno puede acabar acostumbrándose. Creo que llevamos en ella mucho antes de que comenzara la huelga de Madrid, pues lo que está sucediendo ahora no es sino la consecuencia de los excesos del pasado. Seguramente, ni Gallardón ni su heredera, Ana Botella, soñaron un basurero mejor. El Ayuntamiento más endeudado de España se lo jugó todo, en épocas de bonanza, a megaproyectos muy alejados de su capacidad presupuestaria real y por supuesto de la de sus vecinos que son los que pagan los impuestos y el pato de tanto despropósito.

          La adjudicación de la recogida de basuras se hizo con el objetivo de ahorrar para poder pagar la inmensa deuda fruto de años del despilfarro. Se rebajó, ya de salida, el tipo de licitación rebajando en un 10% el coste anterior y no se incluyó en el pliego un número mínimo de trabajadores para poder realizar la tarea. Se adjudicó con una baja muy sustancial a un puñado de empresas ligadas a la construcción y amigas de pasar por los despachos de concejales y consejeros, empresas que iban a ser las encargadas de hacer realidad los recintos deportivos del sueño olímpico. Como vemos, un tipo de basura moral que no se incluye en los pliegos de condiciones pero que condicionan las adjudicaciones. Una vez destruido el globo olímpico y dos meses después de adjudicarse el temerario contrato, las empresas confiesan que deben despedir a más de 1.100 trabajadores para hacer el mismo trabajo y para cuadrar sus cuentas sin mermar sus beneficios. Esta es una prueba evidente de cómo están destruyendo todo lo público intentando engañar al personal diciendo que no se recortan los servicios. Algo que ya sabemos, después de la crueldad de esta crisis, que es mentira. Ahora la culpa la tienen los huelguistas que defienden sus puestos de trabajo y un modesto salario.

          En las nubes, en el cielo del Ayuntamiento, los que han propiciado el desastre despilfarrando el dinero de los contribuyentes, no tienen responsabilidad alguna. El mal de Madrid está muy extendido en toda España porque, pensemos: ¿quién ha elegido a Ana Botella?, ¿sería Ana Botella alcaldesa de Madrid si no fuera la esposa de José María Aznar? Usted conoce, como yo, las respuestas y le sobrarán razones para argumentar por qué es tan urgente cambiar el sistema de elección de nuestros dirigentes. Está claro que ni los buenos, ni los mejores, ni los menos malos llegarán nunca a presentarse, sino los seleccionados por una élite que detenta el poder dentro de cada partido. El segundo problema, es que en este país nadie asume su responsabilidad ni sabe cuál es de verdad el papel de un gobernante. Algunos creen que llegar a un puesto político de gestión es cómo ganar un concurso de la tele. Ya tengo el premio y ¿ahora qué hago? Algunos políticos actuales, como Ana Botella, no saben que gobernar no es colmar tus expectativas de éxito personal, sino tener algo que ofrecer a los ciudadanos y, especialmente, esforzarse cada día en no defraudarlos y si lo haces, tener la valentía de devolverles el poder que te prestaron para servirlos.

          Pero no, aquí nadie asume ni errores ni responsabilidades ni se sonroja mintiendo e insultado a los ciudadanos. Ahí tenemos al ministro Wert, que acaba de montar otro pollo con las becas Erasmus y hasta Europa ha concluido que sus declaraciones eran “basura”. Y por cierto, basura también me parece que, después del desastre del Prestige que inundó de chapapote nuestras costas y arruinó a los pescadores en una catástrofe ecológica sin precedentes, sepamos once años después que nadie fue responsable de nada, salvo “un poquito” el capitán del barco al que han impuesto una leve condena. No me extraña que la prensa extranjera se haga cruces con nosotros porque yo me pregunto, ¿vivimos en España o en medio de un estercolero?

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Inocentes, pero no imbéciles
María Antonia San Felipe 29-12-2012 | 12:46 | 0

 

Hoy es día de inocentes y no tengo duda de que es nuestro día, el de los que somos un poco idealistas y tendemos a pensar que todo el mundo es bueno. Este año fatídico nos ha dejado especialmente irritados los nervios porque finalmente hemos aprendido qué se entiende en España por responsabilidad. De pequeños nos repetían que debíamos ser responsables de nuestros actos y que la igualdad supone que a todos nos aplican la misma vara de medir.

Pues bien, si usted es cajera de supermercado u operario en una cadena de montaje que cobra 900 € al mes, se le exige responsabilidad en la tarea que le han asignado y si comete un error en su modesto trabajo de 40 horas a la semana en horario partido, le echan un chorreo monumental, se lo descuentan del sueldo o le envían a la puñetera calle para que aprenda a asumir responsabilidades. No obstante, si usted es miembro del Consejo de Administración de una Caja de Ahorros, de esas que han estado al servicio del poder político en cada Comunidad Autónoma, pongamos que hablo de Madrid y de Bankia, y cobraba 300.000 € al año o más, no debe preocuparse si después de haberla llevado a la quiebra y estafado a miles de ahorradores le piden explicaciones porque siempre podrá usted alegar que no se enteraba de nada, que era un simple invitado y que la culpa es del maestro armero o de Perico el de los palotes y que su único cometido consistía en comprobar mensualmente que el ingreso en su cuenta se había producido para poder seguir actualizando su tren de vida y reírse de los incautos que invierten sus ahorros en la Caja provincial. Además, qué feliz era usted y los miembros del Consejo de Administración acompañando a políticos y presidentes de gobiernos autonómicos, que los habían nombrado para tan lucrativo cargo, a inaugurar inversiones “propiciadas” por la Caja de toda la vida. Su única responsabilidad consistía en servir al que les había nombrado en una ceremonia de adulación realmente entrañable aunque ahora finjan que jamás les conocieron. Si las cuentas eran desastrosas, usted no era responsable de nada y nada deben exigírsele porque usted era un elemento decorativo que se sentaba periódicamente en la silla de un Consejo de Administración en el que hablaban del tiempo y de las vacaciones a cargo, por supuesto, de la caja y sus ahorradores.

¿Va a comparar usted, por ejemplo, el ineficiente trabajo de la cajera del supermercado a la que no le cuadra la caja porque es una inútil con la pulcritud y el encanto que el mago Urdangarín ponía en su interés por multiplicar los panes y los peces con unas generosas fundaciones llenas de glamour y que tenían como única finalidad captar fondos para su peculio particular? Vamos, anda, este hombre sí que tenía encanto y no la Mari Puri del super que no sabe ni siquiera dónde está Suiza y mucho menos una cuenta opaca para evadir al fisco a manos llenas.

Pues sí, señores, esta es la lección que nos deja el año 2012. Por nuestro bien y sólo por él, nos han exigido sacrificios colectivos, nos han subido los impuestos, nos han bajado los salarios (eso se llama ahora mejorar la competitividad), nos han impuesto el copago en medicamentos, nos han recortado hasta las cejas y nos han salido hasta pupas de tanta resignación colectiva. Todo este esfuerzo nos lo han pedido apelando a nuestro sentido de la responsabilidad aunque veamos cada día que en este país ni Dios la asume, nadie paga por lo que ha hecho, ni va la cárcel, ni devuelve el dinero ni se avergüenza de los desmanes cometidos. Sorprende tanta diligencia en desplumarnos de nuestros derechos y tanta laxitud con las corrupciones de todo tipo. Está claro que los tiburones se protegen pero una cosa es que nos consideren unos inocentes ilusos y otra que nos tomen por imbéciles. Pese a todo: FELIZ AÑO 13.

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Yo no he sido
María Antonia San Felipe 17-08-2012 | 7:26 | 0

Hace tiempo que pienso que en España antes de reconocer un error preferimos abrirnos las venas, antes muertos que sencillos, así somos. Aunque el tema no es para hacer risas, lo cierto es que esta idea me ha venido a la cabeza tras hacerse público el informe de Noruega sobre la matanza perpetrada a sangre fría por el ultraderechista Anders Behring Breivik, hace apenas un año. Fueron asesinadas a sangre fría 77 personas y el suceso, como recordarán, conmocionó no sólo a los noruegos sino al resto del mundo.

La investigación de la “Comisión del 22 de julio” sobre los acontecimientos más duros que ha vivido el país nórdico en los últimos decenios ha sido hecho público y ha reconocido con objetividad los errores cometidos. Según el informe independiente gran parte de lo ocurrido pudo haberse evitado o al menos amortiguado el abultado número de víctimas, en él se critica la descoordinación de las fuerzas de seguridad y la gestión de la información y del personal. El propio primer ministro, Jens Stoltenberg, tras hacerse público el contenido del informe que él mismo encargó, ha asumido la responsabilidad última y considera que las conclusiones no han sido “embellecidas” para darlas a conocer a la opinión pública y que son por lo tanto “sinceras”. En definitiva los noruegos han confesado ante sí mismos y ante el mundo entero, en un caso de extrema gravedad para la nación, que se equivocaron, que cometieron errores de bulto y esta actitud no sólo les dignifica sino que no albergo dudas de que a partir de hoy enmendarán los protocolos de actuación para el futuro.  Dicho lo cual, regresemos a España y pensemos en el expolio de las cajas de ahorro que ha propiciado el desastre de nuestro sistema financiero y nos ha colocado de rodillas a las puertas de una ventanilla europea que se llama RESCATE.

Para analizar el citado saqueo debió crearse una comisión de investigación seria y rigurosa de inmediato, pero no, nada de nada. Tras increíbles excusas, eso sí, por el bien de España, de esa España previamente saqueada, se autorizan unas comparecencias en el Congreso de los Diputados. Uno de los intervinientes, Julio Fernández Gayoso, director de Novacaixagalicia, tuvo la osadía de explicar, como parapeto para posibles preguntas maliciosas, que él no tomaba decisiones porque no tenía funciones ejecutivas, aunque eso sí, el sueldo que cobraba y la pensión vitalicia no parecen ser las del portero de la institución. En fin, que cada uno, Rato, Salgado, el gobernador del Banco de España y un largo etcétera de señores muy enseñorados, contaron su historia como mejor les convino y les vino en gana, pero ninguno de los que por el Congreso pasó dio explicación alguna del misterio. Sobre la mesa del Congreso estaba depositado el cadáver y nadie parecía conocer al difunto, aunque todos habían sido sus amigos de parrandas y habían compartido mesa y mantel en muchas ocasiones, nadie recordaba su relación directa con él. En conclusión, ¿cómo había llegado el muerto hasta allí, si todos hicieron lo que debían según sus competencias? Nadie ha querido reconocer error alguno aunque sea clamoroso que se actuó, en muchos casos, con alarmante impunidad y con supina incompetencia, y la única realidad evidente es que “entre todos la mataron y ella sola se murió”. En definitiva que aquí ni se reconocen errores, ni se asumen responsabilidades, ni se exigen por la justicia, ni se paga por los saqueos y así nos va.

Los informativos no lo contaban de este modo, la gente en la calle sí. Durante esos días recordé mis juegos infantiles: el balón en el suelo, el cristal de la ventana roto y un pelotón de niños corriendo y exclamando:  

 -Yo no he sido.  

¿Y usted?

Julio Fernández Gayoso, Novacaixagalicia

 

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Ciudadanos ejemplares
María Antonia San Felipe 08-06-2012 | 7:35 | 0

El mundo está lleno de gente sin honor y no hay duda de que en España el número de caraduras por metro cuadrado está por encima de la media europea y universal. El año pasado el ministro de Defensa alemán, Karl Theodor Guttenberg, dimitió de su cargo, tras ser acusado de plagiar su tesis doctoral y hace tan solo un par de meses lo hacía el presidente de Hungría, Pal Schmitt, por igual causa. Christian Wulff, presidente alemán acusado de haber utilizado su cargo para obtener un trato privilegiado en la obtención de un crédito, dimitió en febrero. Como ven, menudencias en comparación con lo que pasa en nuestro solar patrio. En España, nadie dimite ni asume responsabilidades por sus desmanes y lo que es peor, los partidos políticos pastelean para blindar la mera exigencia de responsabilidades a los suyos, no les vayan a causar un disgusto.
Los tres hechos son sencillos ejemplos que ilustran, por mera comparación, la diferencia en los comportamientos públicos en unos países y otros y el nivel de moralidad que los ciudadanos de otros países exigen a aquellos que les representan. Parece que, en este país nuestro, cuando algunos se encaraman a un puesto de relativa importancia, se consideran relevados de exigirse a sí mismos lo que en otro tiempo demandaron a otros. Hoy en día la ausencia de credibilidad que tiene España y uno de los mayores males que la aquejan tiene mucho que ver con la ausencia total de ética en los comportamientos públicos, un mal que alcanza ya a las más altas instituciones del Estado.
Estos días nos sobran muestras de conductas poco ejemplares de ciudadanos que, por sus altos cargos institucionales, debieran ser impolutas, limpias como la patena. Ahí tenemos a Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo riéndose en nuestras narices diciendo que él nada tiene que reprocharse ni legal ni éticamente. Este señor que juzga a otros no puede ser juzgado, ni siquiera pueden pedírsele explicaciones, ya se encargan otros de vetar su comparecencia en el Congreso de los Diputados no vaya a ser que tenga que interrumpir su semana caribeña mientras al resto del personal le incrementan la jornada laboral y le bajan el sueldo. Yo le digo desde aquí: -¿Pero usted, quién se ha creído que es?
En el cuadro de honor pondremos al expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, que tras salir huyendo del Fondo Monetario Internacional, sin que jamás se nos explicara por qué, sigue siendo presidente de Caja Madrid adonde llegó aupado por las intrigas políticas de la villa y corte y al que, junto a su antecesor Miguel Blesa, se les quiere exonerar de culpa alguna en la gestión de ese inmenso agujero negro que amenaza con sepultar nuestras finanzas públicas a la vez que nuestro prestigio internacional. Como a este señor le paguen la indemnización de más de un millón de euros que tiene pactada, como se ha hecho con otros arruinadores de cajas de ahorro, es como para pedir que se abran las puertas de las prisiones para liberar y condecorar a todos los raterillos de España que, al menos, no nos van a llevar a la quiebra.
Si esto no es suficiente, ahora viene la taza y media: las amnistías fiscales y urbanísticas, la primera aprobada y la segunda en preparación. Es decir, el que ha defraudado con premeditación y alevosía a la hacienda pública ahora va a ser perdonado e incluso adulado y a aquellos que han construido ilegalmente obteniendo plusvalías excesivas, les van a hacer borrón y cuenta nueva. No me extraña que en este país aquellos que pagan sus impuestos y cumplen disciplinadamente la ley sean considerados sencillamente unos imbéciles sin remedio.
-¡Tonto!, no ves que aquí no va a la cárcel ni dios.

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