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Sánchez

Todo cambia
María Antonia San Felipe 09-06-2018 | 9:19 | 0

consejo-de-ministras-2Cambia lo superficial/Cambia también lo profundo/Cambia el modo de pensar/ Cambia todo en este mundo. Así cantan los poetas y como vemos, en política, las cosas cambian a velocidad de vértigo. El que parecía un gobierno eterno y sin alternativa naufragó ante el mecanismo constitucional de la moción de censura. Se fue un presidente legítimo, Rajoy y llegó otro, Sánchez, con igual legitimidad. Quienes se predican constitucionalistas no debieran poner en duda el procedimiento porque les convenga ocultar que han sido desalojados del gobierno porque la corrupción lo impregnaba todo, incluso, la credibilidad de España en el exterior. Era tal el hedor que el ambiente se había hecho irrespirable, no para ellos, que estaban en su salsa sino para la ciudadanía.

Tras la conmoción no vino la calma, sino los anuncios del apocalipsis. Las trompetas del PP y de Ciudadanos advertían de la llegada del fin de España, cuando todos sabemos que más fragmentada que ahora no ha estado desde la restauración de la democracia hace ya cuarenta años. En una semana Rajoy se ha ido del gobierno y de la dirección del PP sin hacer ninguna autocrítica, como si fuera víctima de un complot y no de sus propios errores. Aznar, cabalgando en su propio cinismo, ha querido apuntillarlo olvidando que fue él quien le legó el fango que lo ha ahogado. Ahora buscan un líder que, a poder ser, no estuviera en la boda de El Escorial. Ya ven que todo cambia, ¡quien se lo iba a decir!

Inopinadamente alguien ha abierto una ventana a la esperanza para quienes creían que Rajoy no podía continuar. Pedro Sánchez lo tiene muy difícil, es cierto. La fragilidad parlamentaria es innegable pero este hombre, hay que reconocerlo, se ha fraguado en la adversidad que es mejor maestra que la universidad. De momento, Sánchez ha tenido la virtud de dejarnos boquiabiertos con su gabinete. Seguramente nadie se esperaba el perfil de solvencia profesional, con personas procedentes de muchos ámbitos, con tanta variedad de perfiles y sensibilidades como la propia sociedad a la que han de servir. Es una forma de sintonizar con la ciudadanía, once mujeres y seis hombres, un guiño evidente al movimiento del 8 de marzo. Este mensaje es muy potente, todo el mundo lo resalta. Yo tampoco puedo sustraerme a esta realidad porque es un hito en la historia reciente de España. Ya vemos que hay muchas mujeres comprometidas con el servicio público y con la necesidad de pintar con otras miradas el gris predominante, es decir, aquello que nos han hecho creer que es lo normal. Por fin, alguien ha entendido nuestro mensaje.

La convicción europeísta es otra apuesta de Sánchez. Puede ser la visión supranacional del sueño europeo la que puede ayudar a diluir las veleidades secesionistas. Ahí estará, Josep Borrell y el resto de ministras del área económica y territorial, Nadia Calviño, María Jesús Montero y Meritxell Batett. En este asunto no se puede olvidar a la propia vicepresidenta, Carmen Calvo que es catedrática de derecho constitucional y que tendrá la complicada tarea de coordinar todas las áreas y a tan diversas personalidades, entre ellas, a los titulares de Justicia, Interior y Defensa, los tres provenientes del ámbito judicial en unos momentos muy especiales. La lucha contra la desigualdad y la pobreza, la sanidad y la educación, es decir, la prioridad de la agenda social y la necesidad de abordar los problemas medioambientales apuntan también como señas de identidad del nuevo gabinete. No podemos olvidar a la estrella interestelar, el astronauta Pedro Duque. Pienso, por ejemplo, en Cristóbal Montoro o en José Ignacio Wert, de infausto recuerdo y, claro, si he de elegir me quedo con el astronauta. Reconozco que este fichaje me encanta porque sorprende y porque es un guiño inequívoco a la necesidad de mirar lejos, un poco más allá de nuestras propias narices, respirar oxígeno y sentar las bases para que la investigación pase a ser un pilar de nuestro propio desarrollo tecnológico y económico.

¡Presidente Sánchez, lo tiene usted muy difícil, pero ya ha llegado adónde nadie pensaba! Incluso lo que parece inmutable, también cambia.

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El merengue
María Antonia San Felipe 10-02-2018 | 6:56 | 0

rivera-rajoy¿Cómo va a prestigiarse la política si se promete una cosa y se hace la contraria, si se enuncian loables principios y se actúa contra ellos? Como ejemplo, pensemos en la corrupción o la desigualdad social. Las bocas se llenan de palabras para combatirlas pero los hechos evidencian lo contrario. El resultado es que crecen los sobornos tanto como la pobreza, las comisiones tanto como los recortes. Ocultando la verdad, nos venden la mentira como un valor político de primer orden. Ya saben: -Todo es mentira, menos alguna cosa- Mariano Rajoy, dixit. Tras el engaño, como valor y como principio viene la hipocresía como virtud. Y ahí estamos, entre la mentira y la hipocresía, entre la apariencia y la realidad, como en el viejo tango “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos” (unas más que otros).

¿Estamos hartos?, parece que no. Tanto hemos tragado que nos hemos acostumbrado. Si predicar con el ejemplo es importante, en política debiera ser imprescindible. La solución es complicada porque quienes debieran cambiar las cosas no están por la labor, ni siquiera quienes dijeron que venían a cambiar el sistema que consideraban en declive se han demostrado eficaces transformadores. Hablaré de los nuevos. Según Rivera, “El caso PP no tiene fin, es un partido que se descompone por la corrupción”, pero sostiene al Gobierno sin grandes sobresaltos pese a los aparentes desencuentros. La estrategia parece darle réditos, al menos en las encuestas, pero su actitud no deja de ser un contrasentido. Iglesias soñaba con mantener a los ciudadanos en un clima de revolución reivindicativa permanente, la realidad le ha mostrado las dificultades y las disidencias internas sus propias contradicciones. La lucha intestina, como bien sabe el PSOE, desgasta más a quien la vive que los errores al contrario. Del proclamador de repúblicas virtuales, del mago Puigdemont no digo nada porque la irresponsabilidad es infinita. Como resumen de todos ellos diré que si en cuestión de predicamentos tenemos muchos líderes (o que se llaman líderes), en lo de dar trigo la cosa es otro cantar.

El ministro de Educación, en su estrategia de despiste, dice que los docentes de la enseñanza pública debieran, como los médicos, superar una especie de MIR educativo de dos años de duración que garantice su correcta preparación para la función que van a desempeñar. Viendo a nuestros gobernantes no es de extrañar que muchos ciudadanos, hastiados de incompetencia y de engaños, hayan pensado que quienes debieran pasar por un período de prueba de aptitud severa son muchos políticos en ejercicio. Hay quienes ni llevando numerosos trienios en la gobernanza progresan adecuadamente por mucho que controlen sus partidos con mano férrea a fin de escalar o perpetuarse en los cargos ellos y sus amigos.
 Según el último CIS, los españoles no aprueban a ningún político de los de primera fila. Un balance desolador para un país plagado de problemas y falto de soluciones. El más valorado es Albert Rivera y se queda en el 4 de nota final, le sigue Pedro Sánchez (3,68) y cierran la clasificación Mariano Rajoy (2,87) y Pablo Iglesias (2,54), solo falta Puigdemont, ignoro si porque no han preguntado por él o porque rompe la tabla por abajo. El presidente del Gobierno que, según publica estos días la prensa, es el político que, desde la Transición, más tiempo lleva en el gobierno de España (4.903 días, 13 años y cinco meses), pese a su baja puntuación, continúa líder en las encuestas aunque con riesgo de despeñarse porque su socio Rivera, al que detesta, le está vampirizando los votantes. Como a Rajoy no hay que juzgarlo por lo que hace sino por lo que deja de hacer, nos pide paciencia porque vamos, según él, por el buen camino. A mí me da la risa porque aunque nos atropelle un tren él seguirá inmutable, como en Cataluña que ha dejado que los jueces le resuelvan la papeleta. Me gustaría que quedara una esperanza y que aunque él siga sin hacer nada los españoles hagamos algo.

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Quemados
María Antonia San Felipe 21-10-2017 | 7:45 | 0

jordi-cuixart-sanchezPortugal y Galicia han pasado días terribles luchando contra la desgracia sobrevenida o provocada. Han perdido a seres queridos, sus hogares, sus pueblos, sus bosques y todo aquello que ahora forma parte de sus recuerdos. Han combatido con valentía y dolor contra los elementos, la indignación camina junto a su dolor tras muchos años de cíclicas desgracias no siempre bien atendidas por los poderes públicos.

Pero ni la virulencia de esta catástrofe ha podido desplazar el foco de atención de Cataluña. Quienes apostaban a que cuanto peor, mejor, ya han conseguido su objetivo. Partidarios de ello los hay en ambos lados y se alimentan entre sí. Esta historia no es nueva, es la rueda de los extremos que se tocan y que no para de dar vueltas en el tiempo de la historia. Los malos siempre son los otros, un juego muy beneficioso porque las culpas y las responsabilidades siempre quedan en el otro lado.

Últimamente está de moda criticar el período de la Transición, sobre todo por quienes no la vivieron. Es uno de esos mantras que de tanto repetirlos pueden parecer verdad, eso es porque vivimos tiempos de la posverdad, es decir, tiempos en los que la mentira brilla con más fuerza que la desnuda verdad. Ahora se lleva decir que vivimos prácticamente en una dictadura. Quienes la vivieron y sufrieron la vulneración de derechos universales, que ni siquiera les eran reconocidos, sienten un revoltijo en el estómago porque ellos sí conocen la diferencia. En la Transición, hubo errores, a qué negarlo, pero en aquellos momentos el objetivo era dar un portazo a la dictadura para conseguir la democracia. Cuarenta años después no dudo que es momento de mejorar algunas cosas, de fortalecer los mecanismos democráticos, de poner coto a ciertos abusos que pervierten nuestro cuerpo legal o de encajar un modelo federal pero nuestra democracia, aun imperfecta, tiene mecanismos y cauces que deben utilizarse.

Puedes considerar excesiva la decisión judicial de decretar prisión preventiva sin fianza para Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, por la presunta vulneración de las leyes que no por sus ideas. Puedes manifestarte en solidaridad con ellos, puedes criticar la decisión judicial pero afirmar que son presos políticos me parece fuera de lugar. No hay que ser muy listo para deducir que esa decisión judicial ha dado un nuevo balón de oxígeno a los independentistas y ha encendido de nuevo las calles, pero todo ello son excusas para conseguir un relato épico con el que justificar el mantenimiento de una decisión, de una declaración de independencia unilateral que nadie sabe adónde lleva.

Hemos llegado a un punto en el que, aunque hubiera un acuerdo, aunque se adoptara la salida menos mala, que debiera ser la celebración de elecciones convocadas por Puigdemont, el destrozo a la convivencia es un hecho no reversible en el corto plazo. Los muros de odio perduran más que los de piedra. Creo que la Transición tuvo errores pero también generosidad y ello consiguió evitar una fractura social como la que actualmente se está viviendo en Cataluña. Las heridas abiertas costará décadas cerrarlas. Desde lo alto del precipicio, que es donde nos encontramos, echo en falta gente que mire lejos, que cohesione en vez de cavar trincheras, que renuncie a vencer para que todos ganen. Echo en falta a valientes que sepan reconocer errores en vez de empecinarse en ellos. Echo en falta ver en el horizonte el arco iris que anticipe el final de la tormenta.

Sumida en esta tristeza confieso que la mejor noticia de la semana ha sido pequeña pero hermosa. Un perro ha salvado a una niña de dos años perdida en el monte de la pequeña localidad de Gil García (Ávila). El podenco ladró hasta que el dispositivo montado por la Guardia Civil la encontró dormida al calor de su regazo. La ternura de la escena que podemos imaginar esbozando una sonrisa reconozco que no logra ocultar el incendio en el que Cataluña y España se queman.

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El incendio
María Antonia San Felipe 08-10-2016 | 8:00 | 0

En la sede central del PP y en Moncloa reina la tranquilidad. Si alguna  preocupación había por el inicio del macrojuicio sobre la corrupción de la trama Gürtel el PSOE les ha devuelto la calma tras la hecatombe de su último Comité Federal. Una vez comprobado que la corrupción no les pasa una factura tan elevada como creían y dado que su principal competidor, el PSOE, ha decidido achicharrarse en la hoguera de las vanidades, sus temores se han tornado en jugosas expectativas.
           El conflicto interno del PSOE surge, aparentemente, por la posición del partido respecto de un posible nuevo debate de investidura de Mariano Rajoy. A estas alturas es muy probable que los diputados socialistas no tengan siquiera la oportunidad de votar. Cualquier observador percibe que la nueva perspectiva del PP pasa por propiciar nuevas elecciones que incrementen su número de diputados. No es extraño que ésta sea su mejor opción, alegarán que no hay garantías de gobernabilidad ni aun en el caso de que una abstención socialista diera la presidencia a Rajoy. El PP tiene ahora enfrente a un PSOE descabezado, dividido, sin rumbo claro y que se ha acuchillado públicamente en una guerra interna por el poder de un partido ya muy debilitado electoralmente. El error estratégico del PSOE para sucumbir a esta pelea interna es evidente. Ni era el momento ni las formas empleadas han transcurrido por los caminos de camaradería y fraternidad que se supone a quienes se llaman compañeros. En cada uno de los bandos enfrentados ni todos son héroes, ni todos son villanos pero todos son culpables del despropósito.
           A muchos les gustaría regresar al pasado para evitar lo ocurrido. El problema, como todo en la vida, es que lo hecho, hecho está. Ahora toca recoger los restos del naufragio para intentar que la llama del socialismo perdure y reflote con el tiempo. La tarea es complicada sobre todo porque muchos no están por el armisticio. En ambos bandos hay quienes han decidido retirarse a sus cuarteles de invierno para rearmarse. Es decir están a la espera de una mejor ocasión para conseguir sus objetivos, cuando lo que debieran hacer las partes enfrentadas es deponer las armas para empezar de cero.
           El camino va a ser largo y el trayecto plagado de dificultades. Hay retos ideológicos que completar en una Europa cada vez más débil, más oxidada democráticamente y más alejada de la ciudadanía. Por otro lado estaría el problema del liderazgo y este aspecto es tan complicado como crucial. Si hubiera terceras elecciones tendrán que improvisar un candidato a la presidencia del gobierno. En este clima, tan complicado resulta encontrar un mirlo blanco que acceda a pilotar el avispero que es hoy el PSOE como seducir a los votantes tras el incendio de Ferraz.
           Para el liderazgo a largo plazo la cosa sigue siendo complicada. Creo que ninguno de los que han participado en las trincheras de este combate está legitimado moralmente para recomponer la unidad, elemento imprescindible para dar fortaleza a un partido ante su electorado. Tanto Pedro Sánchez como Susana Díaz son víctimas de sus respectivas ambiciones y de sus constatados enfrentamientos por esa causa. Ni el órdago intempestivo de Sánchez ni asumir la capitanía del motín contra secretario general por parte de Susana Díaz ha dejado impolutos a ninguno. Si Sánchez está debilitado, Susana Díaz se ha quemado en el incendio. Es muy difícil que pueda sellar heridas quien es vista por los partidarios de Sánchez como la inspiradora de su caída y, al contrario, por quienes consideran a Sánchez y su ejecutiva causantes de la pérdida de rumbo y de votos del PSOE. Creo sinceramente que los liderazgos fuertes se forjan en sintonía con la sociedad no en las intrigas de los aparatos de los partidos, estando más atentos al sentir de la calle que a las trincheras internas de la organización. El testigo debe tomarlo quien borre de la memoria de los electores tan descarnado enfrentamiento. Se precisa de alguien, con suficiente trayectoria y bagaje intelectual y humano, que pueda reconciliar al electorado socialista con sus ideales históricos. El PSOE es un partido con una historia muy vinculada a las aspiraciones colectivas de este país, por eso en el corazón de militantes y votantes sólo queda una esperanza: que lo que no mata, fortalece. El tiempo lo dirá.

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PSOE: todos pierden
María Antonia San Felipe 01-10-2016 | 7:51 | 0

No hay cosa peor que las guerras fratricidas, por eso los romanos no festejaban esas victorias ya que lo cierto y verdad es que todos perdían en ellas. Al observar la guerra abierta en el PSOE he recordado el comienzo de Ana Karenina, “todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”. Digamos que la familia socialista se está autodestruyendo públicamente y a su manera, es decir, compitiendo por aparentar quien ama más a su partido mientras las puñaladas de todos lo desgarran sin remedio.
          El estallido interno del PSOE ha dejado atónito al país pero sobre todo a sus votantes y militantes. Nadie puede negar que el asunto viene de lejos. La pérdida de sintonía con su propio electorado es una realidad constatada por las sucesivas derrotas con una fidelidad de voto cada día más menguada. Hasta ahora el PSOE ha ido disimulando sus carencias sin atreverse a afrontarlas y sin ser capaz de aglutinar un proyecto que lo diferencie con claridad de otras opciones algo que, por otra parte, está ocurriendo con la socialdemocracia europea que ha sucumbido a las recetas insolidarias en lo económico y regresivas en lo social de la élite que gobierna el mundo.
           La llegada de Pedro Sánchez a la Secretaría General se produce tras un sonado batacazo electoral del PSOE en las elecciones que ganó Mariano Rajoy en 2011. La legitimidad de Sánchez radica en su triunfo en las elecciones primarias, es decir, cuenta con el apoyo mayoritario de la militancia. Es algo inédito y saludable en democracia pero, como vemos, no suficiente para ganar el favor del electorado. Se advertía, sólo con leer la prensa, que su relación con los líderes territoriales no era muy fluida pero tras las elecciones del 20 de diciembre quedó absolutamente claro. El Comité Federal de 28 de diciembre condicionó la actuación del Secretario General e incluso cuestionó su liderazgo para las negociaciones de cara a intentar conseguir la presidencia. Tras las elecciones del 26 de junio, con empeoramiento de los resultados electorales, la guerra interna se recrudeció de forma evidente. Como en este país no hay costumbre de dimitir tras las derrotas, por sonoras que sean, Sánchez siguió adelante. No hubo autocrítica. El Comité Federal apoyó su “no es no” para la investidura de Rajoy, aunque las voces críticas arreciaron un día sí y otro también. El espectáculo no resultaba gratificante, esa es la verdad. El descalabro del PSOE en las elecciones vascas y gallegas no ha propiciado la asunción de responsabilidades ni la autocrítica por parte de la dirección del partido. Sólo ha habido un intento de fortalecer su posición parapetándose en la militancia frente a los llamados “barones” críticos capitaneados por la presidenta andaluza Susana Díaz, que pretende sustituir a su secretario general.
          Mientras todo esto ocurre, Sánchez advierte que la mayor parte de la militancia no quiere que el PSOE se abstenga para facilitar un gobierno de Rajoy que, aún ganando elecciones en Galicia, sigue siendo un partido envenenado por la corrupción sistémica de su organización.  Por su parte, los barones temen que en unas nuevas elecciones el descalabro socialista sea mayor y el partido roce la marginalidad. A un mes de que concluya el plazo para convocar nuevas elecciones y tras casi un año sin gobierno, Sánchez decide atrincherarse tras la militancia, invocando la democracia que olvidó con otros. Con la excusa del no a Rajoy plantea la realización de unas elecciones primarias a contrarreloj para ser refrendado como líder y un Congreso. Mientras Rajoy y el PP se frotan las manos, Sánchez olvida que si algo espanta a los votantes son las peleas internas de los partidos y unas primarias siempre producen, aunque se niegue, desgarros internos y tensiones públicas. Este es el punto débil del órdago de Sánchez. Es probable (o quizás no, nunca se sabe), que Sánchez, tratando de aparecer como víctima y sin realizar ninguna autocrítica, gane el favor mayoritario de los militantes, pero habrá debilitado a su partido y propiciando su descalabro. La lucha es tan cruda y los métodos tan rastreros que gane quien gane esta batalla todos pierden y el que más un PSOE histórico que anda necesitado de inteligencia y generosidad y sobrado del narcisismo de sus dirigentes que sólo serán líderes cuando lo demuestren.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.