La Rioja

img
Etiquetas de los Posts ‘

sanidad pública

¡Que Dios reparta suerte!
María Antonia San Felipe 18-01-2013 | 10:39 | 2

¡Qué Dios reparta suerte!, exclamaba una vecina en uno de los 21 municipios de Castilla-La Mancha que se han quedado sin urgencias sanitarias nocturnas desde el pasado martes para ahorrar 5 millones de euros. El argumento facilitado a los 100.000 habitantes de zonas rurales afectados apela a criterios técnicos por la escasa utilización del servicio. Ya saben que para justificar cosas que resultan incomprensibles al ciudadano siempre se alegan criterios técnicos fundamentados en lograr la eficiencia y la eficacia. Es decir, pomposas mentiras para ocultar el intento de acabar con la sanidad pública. Sufrimos un grave problema en este país y es que hace tiempo que ya nadie se cree nada, ni que lo diga el jefe del gobierno, ni su majestad el Rey, ni el fiscal general del Estado o la ilustre Defensora del Pueblo. Si los bancos ya no dan créditos los ciudadanos de a pie han aprendido a ahorrar y han dicho que ellos tampoco, que no prestan más crédito y que prefieren hacer oídos sordos a tanto engaño. La sanidad pública, universal y gratuita era uno de nuestros incuestionables éxitos colectivos y uno de los pocos asuntos que suscitaba amplio consenso. Por eso escuchar la palabra rentabilidad asociada a la sanidad asusta irremediablemente.

Es comprensible que se procure no derrochar pero no se puede vincular la salud únicamente a la rentabilidad económica. Yo, como muchos, me pregunto ¿son rentables los fuegos artificiales que quemamos anualmente en nuestras fiestas patronales en toda España?, ¿son rentables las televisiones autonómicas dedicadas a adular a los gobiernos respectivos? También podemos plantearnos suprimir los cuerpos de bomberos porque a veces no hay un incendio en un mes y si siguen bajando los accidentes de tráfico podemos suprimir a la guardia civil… Por ello, argumentar que los servicios urgentes nocturnos en los pueblos rurales se usan poco, aunque en un único servicio se salve una o varias vidas es de muy mala baba. El problema de la mayoría de los recortes que se están perpetrando es que todos atacan siempre a la parte más débil de la sociedad. En este caso afecta a una población rural y por tanto más envejecida que tiene menos recursos no sólo económicos sino de movilidad. Claro que como todos tenemos que morir nos dirán, pues cuanto antes mejor que en el cielo no te piden la cartilla sanitaria. En definitiva, se produce una discriminación social hacia los ancianos y los enfermos crónicos y una discriminación territorial hacia los pequeños municipios también con escasos recursos.  

 Pero esto no es lo más grave, lo que más asusta es que todo el mundo comienza a intuir que se puede desmontar, a la velocidad del rayo, nuestro sistema sanitario con una privatización progresiva de un sistema público, hasta ahora eficaz aunque sea mejorable. Se están privatizando servicios, perdón ahora se dice externalizando para mayor eficacia, y lo que puede ocurrir es que cuando nos demos cuenta ya no tengamos sistema público al que acudir. Con razón algunos comienzan a denunciar que ahora que la especulación urbanística ya no es lucrativa puede que la sanidad sea el nuevo yacimiento de rentabilidad a corto plazo para los ansiosos inversores que además pueden contar, como antes, con la ayuda de políticos que entran y salen de la cosa pública a la privada para asesorar eficazmente a sus nuevos jefes. Sin ir más lejos, aquí en La Rioja el nuevo gerente del Hospital de Calahorra participó en la creación del centro y luego pasó a Viamed, empresa que optó a la privatización de la gerencia y se retiró a última hora en un nuevo fiasco que no se ha explicado y ahora vuelve para quizás mañana asesorar a su antigua empresa a presentar su nueva oferta. Todo destila un cierto olor a podrido. Puede que Dios reparta suerte pero sería mejor que fuéramos organizando las barricadas de defensa de nuestro sistema sanitario público.

 

Ver Post >
España con alfileres
María Antonia San Felipe 19-10-2012 | 9:44 | 0

Cientos de inmigrantes subsaharianos, es decir, de personas de raza negra procedentes de los lugares más pobres de África, antes de que llegue el invierno intentan saltar la valla de Melilla para entrar en España. Hemos visto a los más afortunados siguiendo ordenadamente a la policía española y ayudándose unos a otros para sostenerse en pie en el camino hacia un centro de estancia temporal abarrotado. Las imágenes nos muestran sus torsos desnudos, porque vienen sin nada, a pecho descubierto, atraídos por una débil luz de esperanza que no ven en su país y sin tener seguridad de que la complicada aventura que emprenden, a riesgo de su propia vida, pueda tener un final feliz. Salvo las mafias, que cobran por anticipado en este tráfico de personas que evoca los mejores tiempos de la esclavitud, nadie tiene nada asegurado y sin embargo, quieren venir, vienen y no reparan en cercas y vallas. ¡Cuánta fuerza sigue teniendo la esperanza!

Mientras, en avión, tren, autobús o bicicleta cientos de españoles parten hacia otras fronteras y a la conquista de otros sueños. En lo que va de año, 55.000 compatriotas han salido de España camino de otros países del mundo, la mayoría son jóvenes con elevada formación y sin esperanza de encontrar trabajo ni en aquello para lo que han sido formados durante años ni de nada de nada. En esta contradicción nos movemos, unos sueñan con España como el paraíso y los españoles quieren dejar este Edén para buscar simplemente futuro. Por primera vez en muchos años, España no sólo pierde población sino que el índice de pobreza se está incrementado a un ritmo exponencial y las clases medias se están despeñando por el tobogán de esta estafa que llaman crisis.

En este cielo sostenido con alfileres en que han convertido a España, cada día más ciudadanos se preguntan si pueden continuar silenciosos ante el desmantelamiento de todo el edificio de protección social que hemos construido entre todos. Comienza a resultar intolerable que además de los sacrificios personales que la mayoría de la sociedad está realizando, vean cada día como se van deteriorando la enseñanza y la sanidad pública, se limitan o desaparecen las ayudas a la dependencia y las coberturas sociales o se pierden derechos laborales peleados durante años.

En La Rioja tenemos a profesores encerrados en defensa de la enseñanza pública y protestas crecientes de los trabajadores de la sanidad pública que temen un deterioro del servicio que prestan o la privatización de la gestión del hospital de Calahorra. Los evidentes recortes no sólo se niegan sino que se justifican en aras de la “eficiencia” una palabra tras la que se ocultan aviesas intenciones que nunca se confesarán públicamente. En este clima general de pérdida de derechos parece que los gobernantes se sienten molestos porque en vez de aplaudirles la gente proteste, se eche a la calle o haga huelga. Esa misma gente que sabe que le están mintiendo en su cara tiene que escuchar cómo, ejerciendo una infinita soberbia, el inefable ministro Wert diga que si protestan es porque son extremistas o antisistemas o que el portavoz del PP, Alonso les atice que, en sus tiempos, las huelgas los hacían los batasunos, comparando a ciudadanos de bien con terroristas. Debieran ser más prudentes estos señores tan enseñorados y saber que el malestar crece entre la sociedad en general, ya sean profesores, barrenderos, médicos, electricistas, panaderos o, desgraciadamente, parados y que muchos de los que hoy protestan en sus épocas juveniles también llenaron las calles para conseguir la libertad y los derechos que hoy quieren quitarnos. Dicen también estos señores que los que les han votado son más que los que protestan y, puede ser, pero no debieran utilizar un argumento tan burdo ya que el voto es un bien volátil y tan incierto como el futuro que jamás conoció dueño.

Ver Post >