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sociedad civil

¿Quién piensa en España?
María Antonia San Felipe 08-02-2013 | 11:58 | 0

 

 

     Mientras el pestilente líquido de la ciénaga nos va llegando a la altura de la nariz y constatamos con angustia los zarpazos que la crisis económica está asestando al empleo y a los derechos básicos, observamos asombrados el lamentable espectáculo de un gobierno que va a caer víctima de su inmensa soberbia. En estos momentos toda la tropa de asesores del presidente del gobierno se encuentra atrincherada en el Palacio de la Moncloa construyendo parapetos y afilando espadas y comunicados que nadie escucha porque resbalan en los oídos de ciudadanos indignados tras meses de resignación y paciencia. Están tan afanados en frenar la supuesta conspiración contra Mariano Rajoy que no se han percatado de que el caballo de Troya, el que va a acabar con ellos, se encuentra dentro de su propia casa, porque son ellos mismos los que lo han construido. No tengo dudas de que más pronto que tarde el castillo de naipes edificado sobre la avaricia, la impunidad y el desprecio a la legalidad, de la que debieran ser garantes, puede desplomarse de golpe ante sus ojos.

     Ante todo este deplorable espectáculo que estamos viviendo cabe preguntarse algo tan sencillo como: ¿quién piensa en España?, ¿quién se preocupa de sacar adelante un país cada día más empobrecido y desvertebrado como el nuestro? ¿Vamos a ser capaces de regenerar nuestro tejido industrial para producir empleos?, ¿vamos a conseguir diversificar nuestra economía o nos vamos a ir todos de camareros a las playas en verano porque no hay otros yacimientos de empleo? ¿Va a meter mano alguien a tanto mangante como ha producido este país en los años de bonanza? ¿Vamos a ser capaces de aislar socialmente a los corruptos como si fueran terroristas del bien público?

     No es de extrañar que cada vez haya más gente que piense que estamos al final de un ciclo no sólo económico sino político y yo espero que también social, la mejor forma de regenerarnos a nosotros mismos. Tengo la impresión de que cada vez son más los que piensan que ¡hasta aquí hemos llegado! y ya no están dispuestos a tolerar y a consentir que las cosas sigan como hasta ahora. Puede nacer por tanto de la propia exigencia de la sociedad civil un nuevo modo de hacer las cosas en España.

     El último sondeo del CIS confirma la tendencia del cambio de mentalidad que se está produciendo. Además de evidenciar el enorme desgaste de los dos partidos mayoritarios hasta ahora en España hay otro hecho relevante, el grupo que más crece es el de la abstención, que es hoy por hoy una forma de protesta silenciosa pero no por ello menos alarmante para quienes creen que todo puede seguir igual. Quienes piensen que este persistente cabreo ciudadano se puede terminar si llega la bonanza económica es que no entiende lo que está pasando en este país. El gobierno está ahogado en la crisis económica y moral de la corrupción, el PSOE no encuentra el camino que le lleve a recuperar la credibilidad perdida como fruto también de sus propios errores, Convergencia y Unió se encuentra envuelta en la bandera catalana y en su propia corrupción y el resto de partidos no levantan pasiones mayoritarias.

     Pese a todo, en la grave y escandalosa crisis política que vivimos solo intuyo un camino de salida que se basa en reinventar y mejorar nuestro sistema democrático poniendo coto a tanto desmán, mejorando controles y sobre todo cumpliendo la mayoría de las leyes, que no sólo se infringen sino que se burlan con descaro y desparpajo por quienes están obligados a dar ejemplo. Si esto es la selva yo creo que deben exigirse sacrificios y sería aconsejable que quienes nos han conducido hasta este desastre, sean del gobierno o de los partidos de la oposición, se hagan el harakiri en público y con la generosidad de los estadistas, que ellos dicen ser, se vayan a casa y abran las puertas para que venga el relevo.

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Desplumados
María Antonia San Felipe 04-01-2013 | 10:39 | 0

 

 

Se acabó. El año 2012 es ya historia. En opinión de una gran mayoría este año ha sido un año horrible, salvo para los que se han forrado a costa de nuestras desgracias personales y retrocesos colectivos. Cíclicamente en época de infortunios generalizados se han amasado siempre inmensas e incuantificables fortunas. Por repasar a vuela pluma nuestra historia reciente, diremos que 1978 es el año de la Constitución, 1985 el del ingreso de España en las Comunidades Europeas,  1986 el del referéndum de la OTAN (pasamos de no querer entrar a no poder salir), 1992 es el año de los Juegos Olímpicos y de la Expo y 2002 el de la puesta en circulación del dichoso euro.

Si el año 2008, está marcado por la caída de Lehman Brothers que precipitó esta injusta crisis en la que nadamos, bien podemos decir que el año 2012, no se acabó el mundo pero quedará señalado en el calendario como aquel en el que pasito a pasito, con paso firme y marcial, como a los pollos en el matadero nos han ido desplumando de gran parte de nuestros derechos logrados en la calle en movilizaciones masivas. Corría el año 1975 y el dictador Francisco Franco, antes de que se iniciara otro frío invierno de democracia orgánica, esa forma de estado que se sustentaba en el miedo, lo dejó todo atado y bien atado, pero el pueblo se hizo libre a su pesar. Lo comparo porque a mí en este año 2012 me ha parecido que soplaban vientos con un cierto olor a 1975. Aquel fue un año en el que en las calles muchos españoles exigieron libertad y derechos iguales para todos. Sin embargo, observo una notable diferencia, en aquellos momentos en los ciudadanos que tomaban las calles, pese a la represión, había alegría y esperanza y hoy, aunque no hay policías vestidos de gris, hay tristeza y resignación en los manifestantes. Parece que se tratara de detener la rotura definitiva del dique que cierra una presa que ha comenzado a desbordarse porque hemos dejado a gente sin sentido común las llaves para abrir las compuertas.

Me pregunto, si merece la pena luchar para que la rotura de la presa no deje arrasados los pilares básicos de nuestra convivencia democrática. Yo creo que la sociedad civil está obligada, si no encuentra respuestas en los partidos políticos tradicionales, a organizarse desde abajo. En momentos todavía más duros que estos la sociedad española fue capaz de tejer una red de derechos universales que nos procuraba una protección social igualitaria, en sanidad y en educación, fundamentalmente. Yo me pregunto si no merece la pena dar un portazo al año 2012 que acaba de terminar y comenzar el año 13 tirando a la basura la resignación que nos han vendido. Nos dicen y nos predican que no queda más remedio que aplicar una austeridad salarial y en servicios básicos porque no podemos permitírnoslos pero quienes nos imponen los sacrificios no han comenzado a dar ejemplo aunque sólo sea simbólicamente. Un ejemplo, ahí tienen ustedes a María Dolores de Cospedal, esa mujer de imperturbable rostro en el que jamás se dibuja una sonrisa y que cobró en 2011 cada mes la friolera de dos millones netos, de las antiguas pesetas, mientras pide a los parados resignación cristiana porque en el otro mundo le serán recompensadas sus estrecheces. No podemos olvidar, como ya he escrito en estas páginas, que por muchos cuentos que nos expliquen, han tocado todo lo que negaban tocar: pensiones, educación, sanidad, cobertura de desempleo, dependencia. Están imponiéndose rebajas salariales, pérdidas de derechos laborales y todo tipo de conquistas sociales que nos afectan a la mayoría pero todavía no se han atrevido a tocar el cortijo, ese inmenso pesebre gracias al cual los más incompetentes terminan siendo nuestros dirigentes políticos. Son la voz de su amo, pero no son la voz del pueblo aunque digan representarlo. Por eso, yo a los Reyes Magos, si de verdad son mágicos, les pido que nos traigan muchas ganas de cambiar la resignación por el entusiasmo en defender nuestro futuro porque simplemente nos están desplumando porque nos engañan diciendo que ese es nuestro irremediable destino.

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El cortijo
María Antonia San Felipe 27-07-2012 | 5:47 | 0

Nos prometieron y juraron que sanidad, educación, pensiones, cobertura social básica y desempleo no se tocarían porque eran los sagrados pilares de esta España construida con años de esfuerzo colectivo. Pero todo ha sido tocado, trastocado y vuelto a retocar, en especial, lo que más han manoseado es nuestra santa paciencia y tal es la  tensión nerviosa que una chispa puede producir un incendio.

Repasemos la situación: una vez que nos han recortado una parte nada desdeñable de nuestros derechos y que amenazan con seguir apretando el tensor en las próximas fechas, ¿qué es lo que todavía permanece intacto? La respuesta es sencilla, lo único que no han tocado es el cortijo, los cortijos clientelares fraguados a la sombra del título octavo de nuestra Carta Magna, el que regula la organización territorial del estado. Cuando los padres de la Constitución, ahora que hemos perdido a Gregorio Peces Barba, concibieron la arquitectura del Estado Autonómico probablemente nunca sospecharon que los virreyes que habían de gobernarlo se creyeran legitimados para perpetrar tantos excesos. Nuestra querida amiga “la prima”, sigue escalando posiciones al tiempo que las Autonomías, incluidas las proclives a independizarse como Cataluña, se acogen a la financiación de nuestro maltrecho estado. No es malo que intenten financiarse a precios más económicos sino que, como consecuencia de la amenaza de insolvencia creciente, estamos descubriendo que han tenido más sangre fría y mano dura para recortar en maestros, enfermeros, material quirúrgico, ambulancias o bomberos que en tocar los chiringuitos en los que han ido colocando a amigos, adictos políticos, hermanos, primos y demás familia. El pesebre es lo primero.

Los anunciados adelgazamientos de las administraciones públicas debieran haber comenzado por ahí, pero la resistencia de los virreyes es numantina, realizan operaciones cosméticas, anuncian pequeños recortes que presentan como grandes cambios en la estructura clientelar, pero nada de nada. Sólo humo. Ya saben, como Belén Esteban, ellos por sus amigos del alma, matan. Las televisiones autonómicas acumulan una deuda de infarto, la tele valenciana, por ejemplo, 1.300 millones de euros, que aunque fueran de pesetas de las de antes ya me parece un despropósito. Igual pasa en Cataluña, Andalucía…, pero está claro que no se sienten capaces de sobrevivir sin tener medios de comunicación que los adulen y cuenten a los ciudadanos la película como ellos quieren. Está claro que todavía no se han enterado de la realidad en la que viven. A lo mejor éstas son las “mamandurrias” a las que se refería Esperanza Aguirre y espero que antes de cerrar hospitales o insultar a los empleados públicos comience a reducir el inmenso pesebre que acoge a asesores y designados, no funcionarios, que en muchos casos duplican servicios de la propia administración pero cuya forma de ingreso no es precisamente por méritos y capacidad. Para no hacerlo hasta se rebelan contra el gobierno de nación, aunque sea de su signo político, todo antes que comenzar a desmontar el cortijo clientelar.

Esto es grave, pero aún lo es más que, en aras de querer ser más olímpica que la comunidad vecina, lo que han fomentado ha sido la desigualdad entre las personas que son el mayor bien que se debiera proteger en España. Derechos iguales con independencia del lugar en que se habite debiera ser la meta común en un país en el que el índice de miseria alcanza ya al 25% de la población. Pero no, las personas son ahora lo menos importante. Mejor aeropuertos, estatuas y edificios imposibles de mantener que protección de derechos básicos. La sociedad civil tendrá que volver a organizarse, no hay otro camino. Nos están avocando a un insolidario sálvese el que pueda, aunque a algunos lo único que parece preocuparles es que a ellos no les toquen el cortijo aunque a la mayoría nos toquen las narices.

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