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Trump

Tontadas
María Antonia San Felipe 11-02-2017 | 8:15 | 0

Me han contado que una de las principales noticias de la semana es que Jorge Javier Vázquez está peleado con Isabel Pantoja por una perrita llamada Sissi (como la emperatriz) que el presentador regaló a la cantante. Según me explican, el conflicto bélico comenzó por unas declaraciones de la exreclusa en el programa de Pablo Motos. Parece ser que aireando esta guerra de malos quereres llevan días y pueden pasar meses hasta que cese el bombardeo de insultos y la Pantoja se siente en el sillón de Sálvame para hacer las paces con Jorge Javier, firmar el cese de las hostilidades y restablecer las relaciones diplomáticas, todo ello en horas de máxima audiencia.
             A mí estas cosas me causan un desasosiego interior que me tiene en un sinvivir constante. La verdad es que no duermo desde que me enteré de esta desgracia que amenaza con tumbar las columnas que sostienen a esta España repleta de gente que no llega a fin de mes. ¿Cómo es posible que la cantaora ingrata le reproche al presentador de moda que le regalara un perro? Esto se tiene que acabar que los españoles no se merecen este disgusto. España podrida de corrupción y ahora resulta que la pobre Sissi (como la emperatriz) está triste. No importa que sigan saqueando España o que los hospitales se queden sin médicos, lo importante es que Sissi tiene derecho a ser feliz con su dueña la emperatriz de la copla.
             El siguiente acontecimiento interplanetario de la semana es que Donald, no el pato Donald, el de siempre, sino el nuevo Donald, el emperador de América, ha llamado al presidente Mariano Rajoy a fin de darle instrucciones para el correcto funcionamiento de la alianza. Cuentan que antes de producirse la llamada de la Casablanca al presidente Donald, no al pato, le han señalado con un puntero en un mapamundi dónde estaba España, ya que él no sabía si se situaba cerca de Brasil o de Rusia. Por fin entendió que estaba en esa zona del mundo que llaman Europa y que está  llena de calzonazos y cobardes que gastan poco en armamento y mucho en tontadas.  Así que él aprovechó para aconsejar a Mariano que hay que poner más dinero para tanques y menos para que los niños aprendan lo que son los derechos, las libertades y la democracia.
           -Yes, Mariano?- preguntó a fin de confirmar que le había entendido.
           -Yes, president (cuenta Iñaki Gabilondo que respondió Rajoy).
           Claro que como la ocasión la pintan calva (no como Trump que peina flequillo), Mariano aprovechó para ofrecerse como correveidile con América Latina, dada su demostrada trayectoria de hombre dialogante y negociador por lo que es conocido en toda España y, en especial, en Cataluña. Sobre defender el honor de los latinos a los que ha insultado Donald (el presidente, no el pato), no dijo ni mu. Para mostrarse servicial con el emperador de América también se ofreció a ser su edecán en el norte de África y Oriente Medio (de donde llegan los inmigrantes) algo que dejó estupefacto a Donald que le dijo: -Adiós, Mariano, más huevos, Mariano. Y ahí se quedó todo.
           Desasosegada, leo que ha fallecido Tzvetan Todorov, un pensador y escritor búlgaro al que seguramente casi nadie conoce porque jamás ha ido con su perro ni a Sálvame ni al Hormiguero ni a Gran Hermano pero que pasó su vida reflexionando sobre el hombre y el mundo, sobre la vida y la libertad, es decir, sobre tontadas. Decía Todorov, que “la humanidad no puede vivir sin ideales. Si no tuviera más ideales, habría habido una mutación de la especie. Hay momentos de ceguera e inconsciencia, pero uno se puede despertar de esos momentos”.
            En fin, estamos rodeados de tontos y de tontadas confío que de tanta estupidez nos despierten algún día, espero que no lejano, los ideales.

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La que se avecina
María Antonia San Felipe 04-02-2017 | 8:33 | 0

No pasa hora sin que alguien invente un nuevo chiste o una chirigota sobre Trump, pero tampoco pasa día sin que crezca la preocupación por la que se avecina. Ha entrado en la Casablanca como Atila en el mundo antiguo, arrasando con todo, agrediendo a pueblos y naciones, destituyendo fiscales generales del estado y defendiendo la tortura. Tampoco se ha olvidado de insultar a la prensa. Intenta asustarla porque él sabe que una prensa libre es un pilar importante de cualquier democracia. En el fondo Trump, aunque obtuvo casi tres millones de votos populares menos que Clinton, es un presidente elegido democráticamente pero que tiene vocación de dictador porque es la “autoridad” ilimitada lo que le apasiona de verdad.
          Trump se ha apresurado a cumplir lo que prometió a unos votantes a los que trata de fidelizar como hacen las grandes marcas con sus clientes. Su política migratoria está apoyada, total o parcialmente, por el 49% de los estadounidenses aunque haya levantado ampollas en el resto del mundo. El Parlamento europeo ha pedido vetar a Ted Malloch, el embajador para la Unión Europea que piensa nombrar Washington, un antieuropeísta que afirma que Europa está acabada. Ya saben, el Imperio como en la Guerra de las Galaxias, siempre contraataca. Ya verán como todo se queda en nada. La respuesta del gobierno de Rajoy es una buena prueba del sometimiento y el compadreo que se va a producir. Los gobiernos conservadores no quieren plantar cara al nuevo líder mundial. Pese al ataque directo a todo lo hispano la respuesta de nuestro gobierno ha sido timorata y miedosa. Ya saben, el Imperio es el Imperio y Mariano Rajoy no pilota el Halcón Milenario, las alturas siempre le han dado pánico.
          El hecho innegable es que en estos momentos Trump está llevando la iniciativa política en todo el planeta, está marcando el paso y abriendo caminos a otros que piensan como él. En Europa, lo que se avecina puede acabar con nuestros principios tradicionales que ya han sido minados en los últimos tiempos. En EEUU, Obama no ha evitado declarar que Trump es un peligro para los verdaderos valores americanos. Se trata de una advertencia pero también de una premonición. Si alguna vez alguien ha creído que Europa podía ser el contrapeso al poder anómalo de Trump o que este rey Sol se calmaría al llegar al poder estaba totalmente equivocado.
             En Europa ahora solamente hay una ideología política en alza: la ultraderecha. Los pilares sobre los que elabora su discurso son sencillos: el ultranacionalismo, el antieuropeísmo y el odio al diferente. Veremos a ver qué ocurre dentro de unos meses en Francia pero si ante los escándalos que rodean al líder conservador, François Fillon y la división palpable de los socialistas franceses, Marine Le Pen alcanza la presidencia o se queda en puertas, será un motivo más para dar alas a una ideología que puede destruir la Europa que hoy conocemos. Desgraciadamente, la socialdemocracia, la única que puede servir de contrapeso, camina sin rumbo hace tiempo. En este panorama resulta muy difícil forjar liderazgos cuando no hay ideas. De momento sólo hay divisiones y enfrentamientos de los que España es un buen ejemplo. Ante este desierto de propuestas los ciudadanos desesperanzados se dejan seducir por quienes, como Trump, afirman combatir a unos poderes que se han dormido en los laureles.
            Este es el momento en el que los líderes conservadores, socialistas o liberales, que han gobernado Europa en estos años de crisis, comienzan a darse cuenta de que ha sido un error gobernar sin escuchar a la calle. Han impuesto unas políticas que han agredido a las clases medias y trabajadoras, han hecho lo contrario de lo que prometieron y ahora llega un excéntrico ofreciendo un paraíso de mentiras y puede contagiar el triunfo a quienes, igual que él, tienen como último objetivo utilizar la democracia para después anularla. Malos tiempos se avecinan.

 

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El rey Sol
María Antonia San Felipe 28-01-2017 | 9:00 | 0

El sol continúa saliendo cada mañana y no parece probable que el nuevo presidente americano Donald Trump pueda decretar la oscuridad cuando llega el amanecer. Aunque no se confíen, pudiera ser que el nuevo gabinete esté consultando a los servicios jurídicos y a la NASA la posibilidad de hacer posible que el sol brille sólo sobre América. En realidad ocurre que el nuevo presidente cree que el sol es él. Ha nacido una nueva estrella, un nuevo rey Sol que anuncia un insólito despertar en los Estados Unidos. Trump pronunció un discurso de trazo grueso y frases huecas que, si no se analizan, uno creería estar escuchando a un activista comprometido con su pueblo desde que nació. Explicó que en América había una “realidad muy  diferente: madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestros barrios más deprimidos; fábricas herrumbrosas y esparcidas como lápidas funerarias en el paisaje” para anunciar  la buena nueva de que “el 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país. Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país dejarán de estar olvidados”.
            En fin, palabras tan grandilocuentes como vacías en boca de un hombre que ha hecho su fortuna eludiendo durante años pagar sus impuestos y aplicando unas políticas salariales a sus empleados tan obscenas como su exceso de lujuria, según sabemos. Me alegra que muchas mujeres salieran a la calle después de su toma de posesión para recordarle que el pueblo americano es más variado y plural de lo que él imagina y que ya eran libres antes de que él soñara con la Casablanca.
En cualquier caso estos días tenemos a Donald firmando decretos frenéticamente tras nombrar a un gobierno de hipermillonarios y ultraconservadores que ya veremos adónde conducen la nave americana. El nacionalismo político y el proteccionismo económico parecen la solución más fácil, eso de nosotros primero y siempre nosotros suena bien pero luego los problemas son más complejos y en el imperio de Donald también se pone el sol. No lo duden, al rey Sol el anochecer le alcanzará.
            Mientras Trump vive momentos de estrenada euforia prometiendo una América nueva, próspera y fuerte, poblada de patriotas y vedada al inmigrante, en nuestra vieja Europa también los líderes de la ultraderecha han recibido con indisimulada alegría su llegada. Estos días se han reunido la francesa Marine Le Pen (Frente Nacional), el holandés Geert Wilders (Partido por la Libertad), la alemana Frauke Petry (Alternativa para Alemania) y el italiano Matteo Salvini (Liga Norte). Ellos también hablan de una nueva Europa, de la aspiración de la “libertad de los pueblos” frente a lo que consideran la tiranía de la Unión Europea. Son los mejores aliados de Trump, una Europa débil incrementa sus posibilidades de dominio y una Europa alejada de sus valores tradicionales es la que ha favorecido el fortalecimiento del discurso de la ultraderecha. Según Marine Le Pen, “El patriotismo no es una política del pasado, sino del futuro”, una vez liberados de la “cárcel de Europa”. Si a esto unimos que Putin está en el mismo discurso y que está ganando la batalla, habremos cerrado el círculo del temor.
            Todas las proclamas de estos líderes narcisistas hablan de tiempos mejores y aparentan que los impulsan ideas nuevas pero, no nos engañemos, son los alientos de los viejos totalitarismos que regresan disfrazados de corderos en un tiempo de lobos feroces. La utilización de los sentimientos nacionales frente a enemigos exteriores y del miedo al futuro generado por la incertidumbre de la crisis actual, son la mejor manera de engañar a los ciudadanos. Así ha sido desde que el mundo es mundo. No caigamos en la trampa, el pasado se disfraza de nuevos tiempos, pero es el pasado. Trump terminó su discurso con el consabido “que Dios bendiga a América”, solamente a América y nada más que a América. Yo desconozco si Dios está en estas cosas pero yo me conformo simplemente con que al resto del mundo no nos maldiga.

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Las vueltas que da la vida
María Antonia San Felipe 03-12-2016 | 10:09 | 0

Las vueltas que da la vida, pensé al conocer la muerte de Fidel Castro. El año en que yo nací se firmaba el Manifiesto de la Sierra Maestra, una promesa democrática que quedaría para siempre en el rincón del olvido. El primer día del año 1959 los revolucionarios cubanos, que tanta pasión habían contagiado en muchas partes del mundo, hicieron su entrada triunfal en Santiago y después, en La Habana. Fidel proclamó que la “tiranía” había sido “derrotada” y millones de cubanos se sintieron libres ganando la confianza en su propio futuro. Más de medio siglo después el balance tiene luces pero también muchas sombras.  Cuando llegué a la adolescencia los ecos de los revolucionarios todavía perduraban y sobre las camas de los jóvenes, que habían bebido en las fuentes del movimiento de Mayo del 68, continuaban las fotos del Che Guevara en blanco y negro con la estrella roja sobre la boina. Recién estrenada la democracia en España ya había mucha división de opiniones sobre los derroteros que había tomado el castrismo, incluso descontando los deplorables efectos del bloqueo económico norteamericano.
           En plena transición Silvio Rodríguez y Pablo Milanés llegaron a España, los recintos se llenaban de universitarios y trabajadores que anhelaban un país mejor. Se alimentaban sueños y se peleaban cambios. Eran tiempos de grandes esperanzas, los jóvenes luchaban por un futuro que no les amenazase sino que les brindara oportunidades en justa correspondencia a su propio esfuerzo. Superando las dificultades este país se transformó, pero la ruleta de la vida gira a gran velocidad y de nuevo hemos vuelto a encallar en la decepción que es la estación previa al pesimismo.
Con Fidel hemos vuelto a comprobar que los líderes, incluso los que se creyeron eternos y se convirtieron en dictadores, se van y los problemas permanecen en sus pueblos porque jamás los abordaron.  Nos lo recuerda la famosa canción de Carlos Puebla: “Aquí pensaban seguir/jugando a la democracia/y el pueblo que en su desgracia/se acabara de morir/Y seguir de modo cruel/sin cuidarse ni la forma/con el robo como norma… /y en eso llegó Fidel”. Pero Fidel no va a volver, el de la canción, el revolucionario, ya partió hace tiempo y sólo ese será absuelto por la historia.
           Como nos toca vivir el tiempo presente me pregunto si a los pueblos del mundo les quedan tantas esperanzas como tuvieron los jóvenes de las anteriores generaciones. La sátira de la canción sigue vigente. Mientras las democracias languidecen, muchos ciudadanos del mundo han sucumbido al desánimo como si ya hubieran sido derrotados y aceptado un futuro peor que el de sus padres. El miedo a perder lo que tienen, poco o mucho, se ha instalado en jóvenes y mayores, sólo están seguros de su propia inseguridad. Este es el mejor caldo de cultivo de los ultranacionalismos, de la insolidaridad y de la injusticia. Cuando la verdad no importa, el análisis crítico se destierra y el discurso extremo es el que triunfa. Sólo así se explican el éxito del Brexit y Nigel Farage en Inglaterra, de Víktor Orbán en Hungría o el ascenso de Marine Le Pen en Francia. Lo del país vecino es paradigmático, Hollande se ha hundido por traicionar su propio ideario y François Fillon, mucho más conservador que su oponente Alain Juppé, ha ganado tratando de imitar a la ultraderecha. Europa vive un momento límite y para acabar de hacernos temblar sobre el futuro que nos espera sólo hay que recordar que Putin, en Rusia y Donald Trump, en EEUU son los nuevos vigías de la civilización. Sabemos que se admiran mutuamente y que juntos pueden llevarnos a alguna nueva hecatombe mundial. De los revolucionarios de todos los tiempos, en especial de los poetas represaliados, he aprendido que para desterrar la resignación hay que luchar porque “cuerpos que nacen vencidos/ vencidos y grises mueren” (Miguel Hernández).

 

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Tiempos de incertidumbre
María Antonia San Felipe 12-11-2016 | 8:00 | 0

           Noto que un suspiro agrio me estremece desde lo más hondo, es la certeza de que no queda esperanza. Hay más posibilidades de que el mundo empeore que de lo  contrario. Estas cosas ocurren cuando el miedo arraiga y la gente al asomarse al día siguiente a la ventana no distingue el sol en la línea del horizonte. Donald Trump ha alcanzado su sueño y ha sido votado por millones de americanos lo cual resulta perturbador y desconcertante. Cuando pase el tiempo la historia nos contará las hazañas de este bufón ignorante y pendenciero que va a dirigir la política exterior del país más poderoso del mundo sin saber situar en el mapamundi al resto de naciones de la tierra. 
             No duden que la mayoría social que lo ha votado va a ser la principal perjudicada por su acción de gobierno y si no, al tiempo. Un millonario es un millonario aunque se disfrace de revolucionario. Coincido con Noam Chomsky en que la popularidad de Trump y la buena acogida de su incendiario discurso son el resultado de una sociedad quebrada por el neoliberalismo que vive instalada en el temor al futuro.  El origen está en las llamadas ‘medidas globalizadoras’ neoliberales que fueron diseñadas para poner a la clase trabajadora en competencia a nivel global. Las políticas de los últimos años han producido una bajada de los salarios y un empobrecimiento creciente de la mayoría social. Mientras se asegura la protección de las élites, se desampara a la clase trabajadora. La eterna rueda del destino que cíclicamente destruye lo conseguido.
           En los últimos años la clase política tradicional a la que pertenece Hillary Clinton, al igual que la que gobierna Europa, ha vivido de espaldas a la problemática cotidiana de sus ciudadanos y ello alienta el surgimiento de líderes y partidos ultranacionalistas y xenófobos que con recetas preñadas de simpleza alimentan los odios y los instintos viscerales. Hay motivos para la preocupación no sólo por lo que haga o deje de hacer Trump, el bufón de América, sino porque en los últimos años en Europa se han arruinado sus mayores logros desde la Segunda Guerra Mundial: democracias fuertes y un estado del bienestar que protegía a la mayoría.
             Visto lo ocurrido en EEUU algunos deben poner las barbas a remojar y muchos políticos debieran ponerse a pensar más en las generaciones venideras y menos en sus sillones. La ultraderecha está feliz y al acecho tras la estela de Trump. No es de extrañar porque, a veces, no hay que ganar sino dejar que el otro pierda. No olvidemos que el triunfo de Trump, un espontáneo de la política, es el desplome de Hillary Clinton, una profesional del establishment, que no ha podido conectar con el electorado demócrata ni con los jóvenes algo que quizás su oponente Bernie Sanders pudo haber conseguido. Clinton ha tenido 6,5 millones de apoyos menos que Obama en su victoria de 2012 y Trump va a ser presidente con 59,3 millones de votos, es decir, menos que John McCain (59,9 millones en 2008) y Mitt Romney (60,9 millones en 2012).
            Ni Clinton ni los presidentes europeos, ni los líderes de la oposición son conscientes de que la desafección ciudadana hacia la política tradicional es el resultado de sus propios errores. En Europa todos han aplicado la misma política económica sin contrapesos sociales que amortiguaran su impacto. Receta única a problemas diversos y complejos. La mayoría de la clase política europea, conservadores y socialdemócratas, han defendido iguales medidas. Además de agredir a sus votantes no han sabido generar esperanzas, muy al contrario, nos han enseñado que nuestros hijos vivirán peor y los nietos no quiero ni pensarlo.
              El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín y se iniciaba un tiempo de esperanzas. El 9 de noviembre de 2016 un personaje, tan adinerado como ignorante, llegaba a la Casablanca. Cuando llame a Vladimir Putin se levantarán nuevos muros, se abrirá el tiempo de la incertidumbre y resurgirá la intolerancia.

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Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política.