La Rioja
img
Etiquetas de los Posts ‘

Urdangarín

La única patria
María Antonia San Felipe 16-06-2018 | 8:00 | 0

lopeteguiQue es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

(Espronceda, 1835)

Ya les confieso que yo de fútbol no entiendo pero la noticia del fichaje del Julen Lopetegui por Florentino Pérez, anunciada a 72 horas de dar comienzo el mundial de fútbol, me ha dejado perpleja. Yo creía que nada había más importante para un entrenador que serlo de la Selección española, pero por lo visto el prestigio y la ética profesional son menos atractivos que el dinero y éste mucho más importante que la ilusión de un país. Al escuchar el fichaje estrella del Real Madrid me ha venido a la mente el poema de Espronceda La canción del pirata, solo que aquí la única patria no es el mar sino el vil metal. Ya no quedan románticos y a los soñadores los llaman tontos. Todos fantaseando con nuevas gestas deportivas de La Roja, todos con el corazón ensanchado y los puños prietos a ver si repetimos la hazaña de 2010 y el seleccionador negociando un sustancioso contrato para él en vez de pensar en la estrategia deportiva que conduce al éxito colectivo.

Llevamos años viendo como las patrias se invocan cuando interesa cuando la única patria verdadera parece ser el dinero. ¡Cuántas miserias ocultan las patrias! También en el fútbol ocurren cosas muy sospechosas, excesos que no se quieren ver porque afectan a los símbolos de nuestro deporte rey. Estos días muchos corruptos han entrado en prisión, el último Jaume Matas, exministro de Aznar y expresidente de Baleares. Iñaki Urdangarín, el yerno del Rey emérito y el cuñado del Rey actual, va camino de la cárcel, no será el último de la fila. Durante años en este país han ocurrido escándalos de los que muchos no querían darse por enterados hasta que ha sido necesario hacer limpieza general. Afrontamos un tiempo nuevo de mayor exigencia ética y espero que de fomento de valores universales. Aunque mirando al mundo he de confesar que el apretón de manos entre el dictador Kim Jong-un y el excéntrico presidente Trump o la actitud hipócrita de Europa y del ministro italiano, el ultraderechista Salvini, respecto al salvamento humanitario del Aquarius te vuelven escéptica respecto al futuro.

Pero volvamos a España. Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol cesó el miércoles a Julen Lopetegui. Pese a las voces que lo han criticado, yo creo que ha hecho lo que debía. Si a los jugadores se les pide que no piensen en sus equipos sino en la selección, el entrenador no puede tener la cabeza en otro sitio que no sea cohesionar a los seleccionados en aras de la efectividad deportiva. El mismo día, el ministro de Cultura, Màxim Huerta, ha presentado su dimisión al conocerse una sentencia descubriendo que defraudó 256.778 euros al fisco entre 2006 y 2008. Es cierto que ha pagado dos veces, la multa y la dimisión, pero deja alto el listón del que no puede despistarnos el cinismo del PP. A partir de ahora, un entrenador podrá errar en la estrategia, un ministro podrá cometer errores de gestión pero ninguno puede equivocarse en la honestidad de sus comportamientos públicos.

El cese de Lopetegui y la renuncia de Huerta son dos señales importantes que marcan el comportamiento ético para el futuro y sientan un precedente de ejemplaridad. Ni la Federación española de fútbol puede permitirse una mancha, ni el gobierno de Sánchez un borrón cuando ambos están tratando de regenerar la herencia del reciente pasado. Es bueno que corra el aire, que La Roja meta goles y que el gobierno acierte. Yo, con permiso de Espronceda, me atrevo a esta licencia poética: Que España es nuestro tesoro,/nuestro Dios la libertad,/la ley, la que iguala todo,/nuestra patria, la verdad.

Ver Post >
¡Menudo carnaval!
María Antonia San Felipe 04-03-2017 | 8:15 | 0

La semana pasada se respiraba Carnaval, miraras donde miraras todo el mundo anduvo disfrazado aparentando ser lo que no era. La Justicia (española) anduvo perdida, se le había caído la venda de los ojos, la que simboliza que, siendo ciega, es igual para todos y no se deja impresionar ni por el dinero ni por la posición social de los encausados. Pero no sólo extravió la venda sino que parece que la tal Justicia había entrado en una tienda de “Compro Oro” a empeñar la balanza de la equidad en el mercado negro de las influencias y de los favores que anda muy concurrido en el zoco en que se ha convertido el suelo patrio en los últimos tiempos.
          Como dice mi vecina, es que nos tienen cogido el tranquillo y si no quieres taza pues nada, taza y media. Lo cierto es que más que taza fue tazón. Después de la absolución de la infanta Cristina Federica de Borbón, la que nada sabía, ni oía, ni veía vino la “condenilla” de su marido. Como la sentencia va a ser recurrida, ya veremos en qué termina la historia. Pero de momento ya le han puesto colofón al asunto. La aceptación de que su no ingreso en prisión se debía al “arraigo” es una tomadura de pelo del tamaño de los Alpes suizos. Es que Urdangarín de pequeño veía Heidi y de ahí el arraigo en ese país de cuento. A lo que vamos, que el exduque de Palma de Mallorca no estaba arraigado en las Baleares como debía desprenderse de su título consorte sino en Suiza que, como bien nos han enseñado en los últimos escándalos judiciales, ese país es la verdadera patria de los patriotas españoles desde tiempo inmemorial.
         Boquiabiertos estábamos cuando el Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, nombrado hace tres meses, se pone a hacer lo que le han mandado desde arriba, es decir, purgar a fiscales anticorrupción. Uno de los destituidos es el fiscal de Murcia, Manuel López Bernal, que llevaba la investigación de un caso que afectaba al presidente de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez. López Bernal, no se ha mordido la lengua y nos ha contado a toda España que “no puede ser que los perseguidos sean los fiscales por delante de los corruptos”. La situación ha llevado a que la Unión Progresista de Fiscales haya denunciado la situación de muchos de sus asociados, entre ellos, el caso del calagurritano, Miguel Ángel Subirán, Fiscal Anticorrupción de Palma de Mallorca, que está sufriendo un acoso inaudito desde hace tres años por una investigación de corrupción en la Policía Local. Mientras, el ministro de Justicia, Rafael Catalá en una incontinencia verbal, poco recomendable en un cargo como el suyo, arremete contra los fiscales en vez de esmerarse en no interferir en la administración de Justicia.
          A estas alturas pueden contar lo que quieran, pero se está consintiendo un deterioro continuado de uno de los pilares del estado de derecho: el poder judicial. La predicada independencia e imparcialidad del poder judicial y el principio de la división de poderes es hoy una quimera. Cuando un poder trata de influirir tan claramente en el funcionamiento de otro es que algo huele a podrido en el sistema.
           Algunos creen que la sentencia condenatoria de Miguel Blesa, Rodrigo Rato y otros directivos de Bankia por el uso indebido de las tarjetas black aliviaría la sensación de impunidad de los corruptos en España, pero eso no ha ocurrido. Este país no puede permitirse que la ciudadanía desconfíe de la Justicia porque eso resquebraja la fortaleza de la democracia. Pero desgraciadamente esta es la consecuencia de los reiterados abusos cometidos. Que en medio de esta tormenta el PP y el PSOE hayan llegado a un acuerdo para la renovación por cuota (dos cada  uno) de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional es una provocación totalmente inoportuna, un suma y sigue de despropósitos. Hasta ahora la paciencia de los ciudadanos parece infinita pero no está demostrado que lo sea. Tras el carnaval viene la cuaresma, que dicen es tiempo de ayuno y abstinencia. Clamemos para que algunos se abstengan de interferir en la justicia antes de que la conviertan en una máscara de carnaval.

Ver Post >
El cuento de la condena
María Antonia San Felipe 25-02-2017 | 8:15 | 0

Cuenta la prensa que en el Reino de España la Justicia ha condenado ejemplarmente a un infante consorte. Dicen las voces del coro del gran teatro español que, como el sol al mediodía, la justicia reluce y brilla con la absolución de una infanta. Proclaman los abogados del infantado que la justicia es igual para todos. Salgo a la calle y observo que nadie en el bar, en la fila de la carnicería, en la peluquería, en el andamio o en la oficina cree que se haya hecho justicia, incluso se duda de su exitencia. En minutos España se llenó de chistes y chirigotas, los wasaps colapsados y el twiter desbocado.
           -¡Qué vergüenza!- es la frase más escuchada.
          -¿Y qué esperabas?- es la respuesta más repetida.
          Instalada en la desilusión general, leo que Luis Roldán, el político corrupto más famoso del país hasta que llegó la nueva hornada de sinvergüenzas, da varios consejos a Iñaki, el infante consorte, para que su posible estancia en prisión le resulte más llevadera. La soledad es una maldición para quienes han vivido entre aduladores y oropeles.
           También me cuentan que Bárbara Rey está desolada ya que, tras haber ocupado portadas por los amoríos con el rey emérito, ha vuelto al plano oscuro de la actualidad, del que muchos piensan que jamás debió haber salido. Ya saben que la tradición secular enseña que en palacio los trapos sucios (bragas o calzoncillos) se lavan en la lavadora que deja las reputaciones más limpias que la patena, ¡gracias a Dios! Hay que aparentar armonía ya que la Corona es cosa importante para el futuro una nación que tiene a la monarquía ensamblada en la Constitución.
           Parece que de la princesa Corinna ya nadie se acuerda, ni tampoco del elefante de Botsuana pero cuando se escriba la crónica de este período de nuestra historia se explicará que, en junio de 2014, sería el estallido del caso Noos el que unido a todo lo anterior, puso contra las cuerdas la estabilidad de la Corona de España. El desconcierto fue tal y el descrédito tan amplio que la popularidad de la institución quedó tan menguada que obligó a todos los poderes fácticos del Estado a propiciar la abdicación de Juan Carlos I, algo impensable pocos años antes. Es evidente que el acceso al trono de Felipe VI es la consecuencia directa de los escándalos que iban cercando a la familia real y que se agravaron con los negocios de    Urdangarín realizados, se diga lo que se diga, a la sombra de la Corona.
           La inocencia de la infanta Cristina sustentada jurídicamente en que nada sabía ni nada recordaba causa, como en el caso de Ana Mato o de la mujer de Bárcenas, tanta indignación como cabreo. En el caso de la infanta que todo lo ignora, porque gracias a su condición de miembro de la Familia Real se efectuaron los negocios. Lo que ha ocurrido estaba escrito. Cristina Federica de Borbón con pagar una multa, que como dice el pueblo llano le sale a devolver, supera el molesto incidente. En conclusión, la infanta ha sido preservada del escarnio y el mochuelo de la condena se lo ha llevado el infante republicano. Lo llamo así porque pocos, como Iñaki Urdangarín, han hecho tanto a favor de la causa republicana en España. Nadie duda que el descrédito del reinado de su suegro fue paralelo a la palmaria evidencia y magnitud del escándalo de sus delitos ya juzgados y, tímidamente, condenados.
           El final del cuento es conocido. Urdangarín  de momento elude la prisión y seguirá viviendo en Suiza, la tierra prometida de los evasores de fortunas. En lo político, la tormenta pasará y pronto será pasto del olvido. La operación de quienes precipitaron la salida de Juan Carlos I a fin de preservar la continuidad de la Corona en España se ha culminado con gran éxito. Cuentan que el infante republicano puede que algún día visite las mazmorras, pero menos tiempo que el que cuesta amanecer. La infanta Cristina será protegida de su pena en un torreón dorado y lejano, para no ser molestada por ningún intruso. Mientras, en palacio serán felices y comerán perdices por una eternidad. Y colorín, colorado…este cuanto se ha acabado.

Ver Post >
El tiempo lo dirá
María Antonia San Felipe 15-02-2014 | 11:00 | 2

         

          Por mucho que uno se tape los ojos para no ver, la realidad no cambia por ignorarla. Eso es lo que le pasa a la Casa Real que se resiste a aceptar que las cosas han evolucionado de forma radical en este país en los últimos años. El cambio en la percepción de la realidad política en la mayoría de los españoles es hoy una clamorosa verdad, la crisis nos ha descubierto de forma despiadada el cenagal que habitábamos en los últimos años. Copiando a Muñoz Molina, podemos decir que todo lo que era sólido se ha desmoronado ante nuestros ojos y cómo no, también la monarquía.

          Muchos, incluida yo, hemos sostenido en muchas ocasiones que la disyuntiva entre monarquía o república no era un debate prioritario ya que el juancarlismo estaba, aparentemente, bien asentado en España y otras eran nuestras preocupaciones. Las encuestas demuestran que la credibilidad y aceptación de la institución monárquica están en franco declive y, como en el caso de la desafección hacia la clase política, los verdaderos causantes del deterioro son los propios interesados en contar con el favor de su pueblo. Hoy, son precisamente los jóvenes los más alejados de la actual monarquía. Conocen la democracia y al Rey desde que nacieron, no tienen recuerdos de la dictadura ni del intento de golpe de estado de 1981 y su formación les permite comparar el mundo. Heredar la jefatura del estado, en un país democrático, es un anacronismo histórico que se aceptó en la transición para salvar otras partes del entramado constitucional, político y social que se consensuó en su momento.

          A fecha de hoy, se ha desvelado con claridad que el entorno del Rey vivía en una sensación de impunidad semejante a la de los políticos que retribuían al duque de Palma, con dinero público, por ser vos quien sois. El propio don Juan Carlos ha gozado de la protección y silencio de la prensa, de la complicidad de los dirigentes políticos de los sucesivos gobiernos de la democracia y él no ha estado siempre, por lo que hoy sabemos e intuimos, a la altura de las circunstancias. Envuelto en crisis, el pueblo soberano vive en la amarga incertidumbre del día a día, parado o en la amenaza de estarlo, con sueldo menguado para afrontar un mes infinito, con familiares a su cargo, viviendo de la pensión del abuelo o de la caridad del vecino y sin entender ni compartir lo que está pasando. Nadie cree en los cuentos de hadas y con hartazgo se exige transparencia en la gestión del dinero público e igualdad real ante la ley. Por toda esta realidad asfixiante, la vergonzante y vergonzosa declaración ante el juez Castro de la infanta Cristina, que de pronto ha olvidado el origen de su elevado tren de vida, no va a solucionar el problema ni va a acortar el calvario de la casa del Rey. La estrategia de defensa de sus abogados estará jurídicamente justificada para lograr su absolución pero la insultante amnesia de Cristina de Borbón no apacigua la sangría que ha desgastado irreversiblemente al propio Rey. Rafael Spottorno confesó que este asunto estaba siendo un martirio para la familia real. No es de extrañar porque en palacio, acostumbrados a estar bien protegidos, ni advirtieron que el edificio goteaba hacía tiempo ni que se aproximaba un imparable tsunami.

           Modestamente señalo que si algo de inteligencia queda en los estrategas de Zarzuela debieran comenzar a abrir los ojos ante la realidad que se niegan a admitir. En mi modesta opinión deben plantearse una sencilla disyuntiva, deben elegir entre salvar al Rey o a la Monarquía. Si eligen lo primero que nadie se extrañe que de la mano de Urdangarín y de su enamorada esposa la marea republicana arrase la totalidad del edificio monárquico. Si eligen lo segundo, la abdicación del Rey puede frenar el ciclón, al menos momentáneamente. Que su majestad decida en consecuencia, que la justicia juzgue a la luz de la verdad y que el pueblo se manifieste en libertad. Está claro que pronto algo va a cambiar, aunque eso el tiempo lo dirá.

 

Ver Post >
El martirio del rey
María Antonia San Felipe 11-01-2014 | 11:45 | 0

          Según cuentan sus paladines, en la casa del rey de España este año se ha vivido como un martirio la instrucción del caso Nóos que afecta a la infanta Cristina y a su yerno Iñaki Urdangarín. Es de suponer que Rafael Spottorno, diplomático de profesión y bregado en mil batallas, haya advertido a don Juan Carlos I que ahora su reinado, si no cambian mucho las cosas, inicia su camino hacia el monte Calvario donde no sabemos cuántas cruces serán clavadas en su día. Puede que haya tres crucificados, como en la Biblia, o pudiera ser que directamente sea inmolada la institución monárquica. Pero no nos engañemos, el desenlace final depende más del Rey que de sus súbditos.

          Aunque nació en la noche de reyes, en su 76 cumpleaños no parece que los Magos le hayan renovado su buena estrella. Todo indica que en el palacio de la Zarzuela dejaron un saco repleto de carbón. Es lo que pasa cuando uno se porta mal y no cumple las expectativas que de él se esperan. Ya nos lo decían cuando éramos pequeños. El regalo de los magos de Oriente al rey de España ha sido múltiple y variado. Le han regalado una encuesta que evidencia el punto más bajo de credibilidad de la monarquía desde su restauración en 1975. En la celebración de la Pascua Militar, el rey de España hizo un discurso, cuyo contenido nadie puede recordar porque todo el mundo estaba más pendiente de si podría concluir la lectura de las frases que le habían escrito para la ocasión. Podemos decir que don Juan Carlos se mostró a los ojos de los españoles con tanto grado de vulnerabilidad como la institución que representa.

           El último regalo, se lo sirvió en bandeja el juez Castro, instructor del caso Nóos, imputando a su hija Cristina Federica de Borbón y Grecia, aunque en realidad el auto de 227 páginas es un obsequio envenenado de la Fiscalía y de la Audiencia Provincial de Palma que, en su afán de proteger el linaje real, han obligado al magistrado a fundamentar con tal detalle el auto que, en vez de una imputación para citarle simplemente a declarar, casi parece la antesala de una condena. Es el riesgo que entraña utilizar los resortes del poder para intentar vulnerar el sacrosanto principio de igualdad ante la ley. Está claro que muchas veces es peor el remedio que la enfermedad y en este caso podemos decir que si no se hubiera tratado de desprestigiar al magistrado y a los inspectores de la Agencia Tributaria, con la complicidad del ministro Montoro, para evitar simplemente que la infanta Cristina declarase ante el juez es posible que a estas alturas el caso se hubiera desinflado. Sin embargo, los errores cometidos hacen que la mayoría de los españoles crean que se está tratando de evitar que se conozca la verdad para evitar las consecuencias, civiles o penales, si las hubiere del mangoneo de los duques de Palma con un montón de administraciones públicas que dilapidaban nuestros impuestos para que los infantes vivieran del cuento pero a papo de rey.

          Ya lo he escrito en otra ocasión pero hoy me reafirmo. Nadie ha convertido tantos españoles a la causa republicana como este infante consorte y su aspiración de tener un trabajo muy bien remunerado sólo por ser vos quien sois. Pero los responsables últimos, los que consintieron sus delirios de grandeza, los que pagaron humo a precio de oro, siguen en sus cargos como Rita Barberá o el propio Gallardón o a la espera, como Matas y Camps, de un trato de favor. Con el debido respeto, majestad, la pelota está en su tejado. El futuro de la institución monárquica está hoy en manos de su clarividencia o de su torpeza, de usted depende que se consolide o que desaparezca, recuerde la historia. Piense que mientras usted se debate en sus reales penas, en España crecen la desigualdad y la pobreza, la corrupción apesta y todo ello fomenta la indignación y la incredulidad y eso, no lo dude, sí que es hoy un verdadero martirio para la ciudadanía.

Ver Post >
Funcionaria. Aficionada a la escritura que en otra vida fue política. "Entre visillos" es un homenaje a Carmen Martín Gaite con esa novela ganó el Premio Nadal en 1957, el año en que yo nací.