La Rioja

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Semanas calientes
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Nuria Alonso | 23-06-2014 | 10:14| 0

No sé qué conjunción astronómica (parafraseando a la exministra Leire Pajín cuando refirió la circunstancia de que Obama y Zapatero coincidieran a la vez en el poder en el 2009) se ha dado en este incipiente verano. La convulsión informativa que ha provocado el anuncio primero de la dimisión del secretario del PSOE y, sobre todo, de la abdicación del Rey, han sacudido todos los cimientos de la actualidad.

No me negarán que se agradece que se hable de grandes temas de Estado y de profundos debates democráticos en lugar del reguero infinito de casos de corrupción, el insufrible aburrimiento de las sesiones parlamentarias habituales o las trágicas consecuencias de la interminable crisis.

En la variedad está el gusto, dicen. Ya me contarán cuándo en la historia reciente han vivido en poco más de quince días la dimisión de un político de primera línea (realmente excepcional por la escasez de ejemplos) y la abdicación de un Rey (el carácter extraordinario de este hecho rebasa cualquier adjetivación). Con todo lo que eso supone.

El caso es que con las dos retiradas se nos avecina un periodo peculiar en lo que a lo informativo se refiere. Asistiremos la semana que viene a un acontecimiento, la abdicación efectiva de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI, del que no hay precedentes similares. Y si luego sumamos la nueva carrera política que se desata ya en el PSOE para elegir primero secretario general y luego, supuestamente, candidato a la Presidencia del Gobierno, el verano se calienta de lo lindo.

Al final habrá que atribuirle a Leire Pajín dotes adivinatorias porque «el acontecimiento histórico de este planeta» ha sucedido finalmente, aunque sea con cinco años de retraso.

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¿Tocada y/o hundida?
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Nuria Alonso | 10-06-2014 | 10:15| 0

Tras una campaña plana y yerma de argumentos, llegó el día de la votación y pasó. Son estas jornadas de sonrisas forzadas y rostros circunspectos en los partidos tradicionales y una merecida euforia en las nuevas propuestas.

Sin embargo, no se confíen, queridos votantes. La carrera electoral no ha hecho sino comenzar. La que interesa, la que de verdad manejará los destinos de los españoles llegará el año que viene, primero en mayo y luego definitivamente en noviembre. Y será ahora cuando veamos cómo se engrasan las maquinarias electorales. Las europeas sólo han sido un mero test para evaluar el nivel de cabreo nacional.

La tarea de los grandes es ingente si quieren salir del pozo al que ellos solitos se han lanzado. El PP deberá reflotar sus bases y enderezar el timón de un país que, si bien da señales esperanzadoras, arrastra un terrible lastre de paro, precariedad y hastío.

La labor del PSOE se perfila aún más ardua. El partido de la rosa no encuentra el rumbo que frene el desangrado de votos que vive desde hace años. Solo una refundación completa puede redimirle o quizás ni eso. El lunes la inició Rubalcaba. Está por ver si acaba en buen puerto o a la deriva.

PP y PSOE deberán bajar sin demora del pedestal al que ellos mismos se han aupado y emprender cambios internos visibles que arrastren la porquería y no sólo maquillen su tan devaluada imagen. Podemos, UPyD, C’s e incluso IU han captado la idea y se aferran a la calle para convertirse en alternativas reales. Las europeas han sido el primer paso.

Así las cosas, se avecina un ejercicio políticamente emocionante que desvelará si la opción bipartidista está sólo tocada o si su naufragio es tan irremediable como el del Titanic.

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Vergüenza primermundista
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Nuria Alonso | 27-05-2014 | 10:15| 0

La hermana de una de las secuestradas pide su liberación. /REUTERS

Cuatro semanas. Treinta días exactamente. Un mes clavado ha transcurrido desde que más de doscientas niñas nigerianas fueran secuestradas por un grupúsculo islamista. Eso sí, el eco decente en los medios del primer mundo ha llegado como siempre con retraso. Demasiado.

Hasta el punto llega la cosa que, en su día, cuando sucedió el espantoso secuestro masivo y lo oí en una emisora nacional de radio, pensé que se trataba de algún error porque porque no volví a escuchar mención alguna al respecto hasta la semana pasada, cuando la mujer de Obama hizo público su disgusto por lo acontecido.

Siempre ha ocurrido que los asuntos que afectaban a países con pocos recursos o con nulo interés económico para el mal llamado primer mundo quedaran al margen de las escaletas de los telediarios, que apenas recibieran un breve en los periódicos y que la sociedad mirara para otro lado en un sonrojante ejercicio de desidia.

Ha ocurrido demasiadas veces. En demasiados sitios. Nadie se escandalizó cuando hace un año varias jóvenes indias fueron el blanco del odio machista al ser violadas en repetidas ocasiones. En decenas de países, las niñas y las mujeres sufren los abusos permanentes de la dominación masculina sin que nadie diga una sola palabra. Porque no importan.

Y ahora, cuando se conoce que los secuestradores proceden del fanatismo islamista, entonces sí. Es ahora cuando nos lanzamos todos a lamentarnos porque el sistema occidental está en peligro, porque no se puede tolerar la impunidad con la que actúan estos salvajes religiosos. Sigue sin importar que las niñas hayan sido secuestradas, lo que es reseñable es que las ha secuestrado un grupo terrorista islamista. Es la vergüenza ‘primermundista’.

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Mira desviada
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Nuria Alonso | 12-05-2014 | 16:22| 0

La ministra de Sanidad y Consumo volvió la semana pasada a abrir el melón de los horarios racionales y, claro, en lugar de abordar el debate –muy sano, por cierto– desde el prisma de la reducción de los horarios laborales de los españoles, quid de la cuestión desde mi punto de vista, la señora Mato enfoca su dedo acusador hacia las cadenas de televisión y sus tardíos horarios de programación.

Nadie puede negar que la programación supuestamente más atractiva, la que se cobija bajo el anglicismo de ‘prime time’, comienza tarde. Muy tarde, en realidad. No es de recibo que las series, programas y películas estrella ronden las diez y media –con suerte y sin partido– o las once de la noche como hora de inicio habitual.

El tirón de orejas a las cadenas está justificado. Pero el debate suscita un análisis más profundo, porque en él entran en juego aspectos, como la larguísima (aunque poco productiva) jornada laboral que tenemos en España, que inciden directamente en los hábitos de los ciudadanos.

El trabajo nos ocupa, en muchas ocasiones, mucho más tiempo del tercio del día que debería. Y eso se traslada a que el resto de dedicaciones se retrasan o pierden tiempo y, en consecuencia, todos los hábitos terminan por acoplarse en un horario más tardío. Teniendo, además, en cuenta que en España lo hacemos per se todo tarde (tarde según los cánones europeos), la solución no es en absoluto fácil.

Sin embargo, me escama que como siempre se desvíe el foco del problema hacia aspectos tangenciales –en este caso, en la programación televisiva– y no se encare la duración de la jornada laboral como una de las posibles vías de ataque. Porque resulta más llevadero rascar la coyuntura en lugar de trinchar la estructura. Como de costumbre.

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Pregunten al experto
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Nuria Alonso | 28-04-2014 | 09:46| 0

Procuro seguir un principio que me inculcaron desde pequeña: «Cuando no sepas algo, pregúntalo». Nadie nace aprendido y cuando no se sabe algo, lo más conveniente es preguntar al experto. Tan sencillo como eso.

Bueno, pues algo que parece tan simple no entra en la mollera de muchos. Hace un par de semanas se dio la circunstancia de que un experto le puso el cascabel al gato. No hablaba de negocios ajenos sino del suyo; el problema es que el suyo es el de todos y ahí es donde el mencionado experto hizo pupa.

Porque el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín, solo hizo mención a algunos despropósitos que vive la sanidad pública por culpa de todos. No planteó ideas descabelladas, sólo dijo que sería conveniente ajustar el uso que se realiza de los recursos sanitarios y penalizar al que abusara de los mismos. Y se lió la marimorena.

El pobre hombre al que le cayeron palos por todos los lados argumentaba que el copago farmacéutico no sería necesario si no hubiera usuarios que van a Urgencias sin necesidad en lugar de acudir a su centro de salud o si no hubiera pacientes que no recogen las pruebas diagnósticas, por poner un par de ejemplos. Ni una sola mentira. El problema es que a este país de hipócritas le duele cuando alguien nos saca los colores. Y si encima lleva razón, más.

Porque gran parte de los problemas que minan al servicio público (llámenlo sanidad, educación o lo que sea) provienen del mal uso de los recursos. Eso es un hecho aunque sonroje. Y si los que mandan intentan cambiar algo sin preguntar a los que saben, a los expertos, se suele llegar al mismo punto: que las reformas son ineficaces. Así que, por favor, si no saben algo, pregunten antes a los expertos. Nos harán un favor a todos.

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“Es el precio, estúpido”
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Nuria Alonso | 14-04-2014 | 16:42| 0

Espectadores en un cine de Logroño. /MIGUEL HERREROS

Permítanme que parafrasee la idea que llevó a Bill Clinton a la presidencia de Estados Unidos para expresar algo que no sé si por demasiado obvio o por pura demagogia no he oído tanto como me hubiera gustado.

Resulta que la razón por la que la gente no iba –o va– al cine no es la buena o mala calidad de las películas que se proyectan, ni que las distribuidoras restrinjan los estrenos a las grandes superproducciones ni siquiera que los horarios de proyección no se ajusten a los de los ciudadanos. No, señores, no. Como diría Clinton, «es el precio (economía, espetó él a Bush padre), estúpido».

Y es que iniciativas como la Fiesta del Cine, que se celebró la semana pasada en la mayoría de salas de cine españolas, volvió a contrariar a los gurús culturetas que abogan por una excelencia suprema en la realización cinematográfica para hacer regresar a las masas al cine. No es la falta de calidad lo que resta espectadores a las películas sino el precio de acudir a ellas.

Y eso se atestigua con indudable firmeza cada vez que las salas de cine hacen un esfuerzo por ajustar los precios de las entradas. No voy a entrar en si pierden o no dinero con esta clase de iniciativas, sinceramente porque no lo sé.

No tengo demasiada idea de microeconomía, pero me llega para entender que una docena de espectadores a siete euros por cabeza es menos rentable que trescientos a tres. A la fuerza.

Admito que es ventajista asumir que si la Fiesta del Cine se ‘cronifica’, aumentarán de forma exponencial los espectadores que asisten al cine. Pero lo que es innegable es que el público suele tener siempre la razón. Y su tesis, la de «es el precio, estúpido», es tan aplastante como simple.

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A título póstumo
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Nuria Alonso | 14-04-2014 | 16:36| 0

Jura de Suárez como presidente del Gobierno en 1976. /EFE

No aprendemos nunca. Entendemos tarde y a golpes que hay acontecimientos, lugares pero sobre todo personalidades que merecen un reconocimiento, un recuerdo y un homenaje continuo. Pero seguimos sin darnos cuenta de que si bien nunca es tarde, a veces el retraso se vuelve desgarradoramente cruel. Tanto que deja en el olvido durante décadas los logros conseguidos por prohombres a los que nunca se les rindió el tributo debido. Con Adolfo Suárez ha vuelto a suceder. Ha tenido que fallecer el expresidente para que España entera se emocione recordando una época que por dura, difícil y tensa no dejó nunca de ser legendaria.

No tuve la oportunidad de vivir la Transición, ni sus momentos malos (que hubo muchos) ni la incertidumbre que embargó durante meses a buena parte del país. Pero ayer, cuando veía emocionada los fastos fúnebres del primer presidente de la democracia reciente española, me sorprendió la lección que los ciudadanos dieron a sus propios políticos: más allá de destacar un momento de la carrera de Suárez, la inmensa mayoría de los preguntados mencionaban sin atisbo de duda lo que más recordarán del abulense ilustre: su honradez y su valentía. Y eso, en los tiempos que corren, es decir mucho, muchísimo.

Es probable que la historia se repita y no aprendamos nada de Suárez. Seguramente caerá en el olvido su capacidad de diálogo, su tenacidad para conseguir sus objetivos, sus inmensas cualidades como orador, su empeño por dejar atrás el rencor en pos de un sistema democrático… Pero si una centésima parte del espíritu y del liderazgo de Suárez cala en nuestros actuales dirigentes, habrá lugar para la esperanza. Aunque sea a título póstumo.

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Herida abierta
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Nuria Alonso | 25-03-2014 | 11:52| 0

Aunque pocos, todavían quedan algunos gestos que nos reconcilian con la raza humana. Otras nos distancian de forma, a veces, irreversible. Ayer volvió a ser uno de esos días raros. De esos que es mejor quedarse con lo positivo, porque lo negativo tiene tan mal cariz que amenaza con tragarse lo bueno y contaminarlo todo sin remedio.

Emociona volver a oír los testimonios de quienes vivieron en primera persona el peor atentado de la historia de España. Vuelven a saltar las lágrimas porque la herida estará abierta de por vida. Llega al alma ver que por fin las asociaciones de víctimas se han zafado de intereses políticos dispares para unirse ante una desgracia que nos sacudió hace diez años.

A la par, resulta ignominioso, ofensivo, repulsivo y todos los adjetivos negativos que acudan a la mente ver cómo todavía hay quien no es capaz de dejar a un lado –repito, tras diez años– las teorías conspiranoicas que hicieron tambalearse la conciencia social de los españoles. Más allá de los réditos electorales y políticos que muchos intentaron llevarse a costa de la sangre de 191 muertos y casi dos mil heridos, lo más doloroso de todo es que la ponzoña de la duda se inmiscuyó en los corazones de mucha gente. Se buscó la división de una forma torticera e interesada. Y se logró.

Aún hoy asistimos a nuevas elucubraciones sobre quién ordenó el ataque, quién trapicheó con los explosivos y quién hizo omisión de sus funciones. Es algo que sólo puede pasar aquí. Si el 11-S movilizó a los Estados Unidos de una forma conjunta y el 15-J hizo lo propio con los británicos, el 11-M logró lo contrario en España. Y esa herida seguimos intentando sanarla. Con más o menos éxito.

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Chistes malos
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Nuria Alonso | 25-03-2014 | 11:51| 0

¿Desarme de ETA?. /EFE

Se han puesto muy de moda unas frasecillas chistosas que juegan con el doble sentido de las palabras para hacer la gracia más simple posible de la forma más  ingeniosa. Voy a autoconvencerme de que el teatrillo al que asistimos desde el pasado viernes se enmarca en esta nueva ola de chistes malos.

Porque otra explicación no le encuentro al circo que ha montado el grupito este de verificadores (por cierto, ¿eso dónde se estudia?) que vienen a España a verificar que ETA ya no mata. Pues se habrán roto la cabeza…

No sabía yo que necesitábamos que una gente que no se sabe de dónde ha salido ni quién los ha llamado para hacer algo para lo que pagamos a los Cuerpos de Seguridad del Estado. Por si no había bastante ya con este paripé, el viernes sacan a la luz un vídeo de un par de tipos encapuchados con cuatro pistolitas, unas balas y unos paquetes de explosivos (que más parecen de arroz que de TNT) y nos intentan hacer creer que es el primer paso del desarme voluntario de ETA. Unas risas, oiga.

Por si aún siguiera siendo poco, dos días después nos enteramos que de entregar las armas, nanay. Que se las enseñaron y las volvieron a guardar como diciendo:«Ya nos las quedamos nosotros, no vaya a ser que ustedes se hagan daño…». Y digo yo, que con este nivel de verificación, el grupito también examinaría que los encapuchados eran etarras y no simples mortales que tenían frío.

No me negarán que todo esto, apoyo de Urkullu incluido y pataleta de estos señores porque el Gobierno de España no ayuda (risas mil otra vez), es de chiste. Lo único que ya no hace tanta gracia es que hablamos de una banda terrorista que asesinó a más de ochocientas personas y atemorizó a millones durante décadas. Vamos, lo que digo, de chiste… pero malo.

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Meter las narices
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Nuria Alonso | 24-02-2014 | 17:50| 0

La semana pasada las Naciones Unidas, supuesto vigilante de las injusticias del mundo pero que no se distingue precisamente por llegar a tiempo en sus críticas, lanzó una buena regañina al Vaticano. Tampoco llegó a más. La organización supranacional acusó a la Iglesia católica de no proteger debidamente a los menores en su prioritario afán por defender a los culpables de los escándalos de pederastia por encima del bienestar de las víctimas de tan deningrante ultraje.

Apenas tardó unas horas el poderoso estado vaticano en arremeter contra la ONU porque, según argumentaban desde la sede apostólica, las Naciones Unidas cometían injerencia al meterse en un asunto interno de la Iglesia. Vaya, en plata, que la ONUestaba metiendo las narices en un asunto que no le incumbe. Le dijo la sartén al cazo. Que tiene historia la cosa, cuando se presupone que Naciones Unidas está para eso precisamente, para advertir al mundo de sus males. Porque, lo que se dice capacidad efectiva de actuación, mucha no tiene.

En fin, debo estar volviéndome loca o algo peor, porque en los últimos tiempos no oigo más que a curas hablar de temas de lo más relacionados con la confesión católica (modo ironía on).  Ellos deben ser expertos en biología fetal, en psicología femenina, en sociología o en economía doméstica, entre otros temas. Porque no hacen otra cosa que sentar cátedra sobre estos asuntos, y otros muchos, sin dar oportunidad a nadie a discrepar. Lo que ellos dicen es doctrina. Y punto.

Ojo, que me parece muy respetable que la Iglesia católica defienda sus principios y normas. Para eso está. Pero acusar a la ONU de injerencia porque señala los casos de pederastia es no ver la viga en el ojo propio.

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