La Rioja

img
¡Que viene el lobo!
img
Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:32| 0

Es tónica habitual. Se acercan los comicios y, al mismo ritmo, la fuerza retórica de los argumentos se difumina. A medida que adelgaza el calendario acercándose las votaciones, las frases (más o menos) atinadas pierden acierto y se van conformando como meros gritos que despistan al ingenuo ciudadano que pretende discernir quién es el menos mentiroso. Difícil tarea.

Pero este año la cosa se complica. Esto ya no va (sólo) de ver quién dice la sandez más grande o quién promete la mayor utopía. Porque parece que el desembarco de Podemos ha hecho temblar a muchos. Tal es el escalofrío que han sentido algunos en lo más profundo de su espinazo que los apoltronados han recurrido al argumento del miedo. ‘¡Que viene el lobo!’, parecen aunar las voces más tradicionales de los vértices políticos para desactivar la tendencia alcista del partido de Iglesias, Monedero y Errejón.

Como ciudadana informada y –creo– algo cabal, me indigna profundamente que el único argumento de peso que los partidos políticos encuentran para atacar a Podemos sea el de acongojar a la clientela. Con maneras torpes y chapuceras le están haciendo la campaña electoral a la formación emergente que, astutamente, guarda silencio sobre su programa de gobierno y se limita a proclamar los desastres de nuestro sistema (¡como si para eso hiciera falta ser doctor en Ciencias Políticas!).

Y mientras, PP, PSOE, IU y demás familia política se enzarzan en apabullar al votante con dardos pavorosos para que el canguelo le incite a desentenderse de los nuevos jugadores que entran en lid. Pero todavía no se les ha oído ni una sola crítica razonable (el miedo suele ser irracional) sobre las propuestas de Podemos. O de los demás. Con lo fácil que sería.

Ver Post >
El enésimo cambio
img
Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:32| 0

Como quien dice hace cuatro días, por mandato imperativo de Europa, la universidad española tuvo que adaptarse al modelo comunitario, el popularmente conocido ‘Espacio Bolonia’. Los licenciados y diplomados dejaron de salir de la universidad porque los nuevos titulados se llamarían graduados. Aquel cambio conllevaba también diversas modificaciones en el sistema de aprendizaje (Bolonia buscaba potenciar la evaluación continua) o en los plazos de los exámenes, entre otras muchas cosas.

La flexibilidad de la enseñanza universitaria era el principio básico sobre el que se asentaba el nuevo formato, que prácticamente imponía la necesidad de los másteres de posgrado para acceder al mercado laboral en gran parte de las titulaciones.

Es cierto que lo que manda y unifica Europa va a misa. Así que no quedó otro remedio que adaptarse al nuevo sistema, no sin abultadas protestas de la comunidad universitaria, tanto por parte de los profesores como de los alumnos, que vivían en una confusión casi permanente sobre los nuevos parámetros establecidos por Europa.

Pues bien, una vez adaptados a Bolonia, ahora el Gobierno ha propuesto una nueva modificación: que los Grados puedan tener tres cursos y dos posgrados. La lógica reacción de los rectores universitarios no se ha hecho esperar. La preocupación por buscar un sistema cohesionado mueve a las universidades a solicitar una moratoria sobre el nuevo planteamiento. Aún no sabemos si Bolonia ha mejorado la educación universitaria y ya estamos introduciendo nuevos cambios. Quizás es hora de plantearse que la integración de novedades requiere un plazo para comprobar su efectividad. Aunque sea mínimo.

Ver Post >
Unidos al fin
img
Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:31| 0

Si no fuera tan trágico el asunto, tendría hasta guasa la cosa. Pero desgraciadamente no la tiene. Ni una pizca. Ha tenido que acontecer el cuarto gran atentado yihadista en Europa para asistir a la unión de todos en una estampa de solidaridad y frente común frente al fanatismo islamista.

Tras el 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid y el 7-J en Londres, en los que Occidente vio sacudida su tranquila forma de vida por un terrorismo antes sólo olfateado de lejos en países demasiado ajenos al ciudadano occidental, ahora le ha llegado el turno a Francia. Y aunque elucubremos, nunca sabremos cuántos intentos se han frustrado gracias a la pericia de los cuerpos policiales de los distintos países europeos.

Pero si bien todo acto de terrorismo es execrable, el de Francia ha sacado a la luz una actitud encomiable; primero, del pueblo galo, que ha hecho piña con sus víctimas en un grito único de repudio al yihadismo; y luego, de los líderes europeos, que mostraron su solidaridad con Hollande en una manifestación histórica y que por fin se han puesto manos a la obra para frenar a los fanáticos.

Es el único consuelo que nos queda a los que defendemos la democracia, la tolerancia y las libertades. Y aquí también. Al menos por una vez, los políticos españoles han apartado la demagogia barata y se han unido para dar un paso importante en defensa de los derechos y las libertades. Es triste que el asesinato de diecisiete personas en el país vecino haya empujado a PP y PSOE para llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el terrorismo islamista. Pero es lo que hay.

Esperemos que las elecciones u otros intereses ocultos no los desvíen del camino ahora emprendido. Por nuestra seguridad.

Ver Post >
Abróchense el cinturón
img
Nuria Alonso | 18-01-2015 | 18:18| 0

De entre todos los perfumes, libros, joyas, complementos, pijamas, juguetes y detalles varios, espero que hayan sido previsores y no olvidaran pedir un determinado regalo a Sus Majestades de Oriente: una buena dosis de paciencia.

La van a necesitar. A partir de hoy, estrenamos una temporada que se antoja complicada. Es año electoral, por partida doble, y desde ya mismo comenzarán las pugnas entre los partidos para ver cuál consigue llevarse el gato al agua, primero en mayo y luego a final de año. Les vendrá de maravilla el presente de la paciencia que les hayan traído los Reyes Magos porque nos veremos irremediablemente abocados a una lucha feroz, sin cuartel, sin complejos y casi seguramente sin verdades.

Unos nos venderán la burra de la tan ansiada recuperación económica y nos calificarán antipatriotas si dudamos un ápice del cacareado crecimiento español.

Otros nos dirán que de eso, nada. Que las cosas están igual (si no peor) que hace cuatro años y que sólo con ellos tiene el panorama visos de mejorar.

Unos cuantos vocearán que lo mejor es romper con el sistema para crear uno nuevo, en el que la desigualdad y la injusticia no rija nuestros destinos. Y que, aunque no saben muy bien cómo, ellos son los únicos limpios que no buscarán su lucro personal.

Aún quedará un puñado de iluminados que seguirán enquistados en sus reivindicaciones anacrónicas según las cuales es mejor vivir aislados pero ‘libres’ que en unida comunidad.

Y así hasta casi el infinito. Vamos que, si no han recibido paciencia estos días, la tendrán que pintar. Y deberían abrocharse el cinturón porque se avecinan curvas. O elecciones, que es prácticamente lo mismo.

Ver Post >
Fiesta en la familia
img
Nuria Alonso | 05-01-2015 | 16:18| 0

El habitual chascarrillo de la Navidad es el que pregunta que qué tal las fiestas: si bien o en familia. Dejando de lado la chispa alcoholizada del cuñado bromista (o pesado, según avance la noche) o las cabezadas de la abuela al son del especial de la tele, estas fiestas son de lo más entretenidas.

Una vez dado el pistoletazo de salida con la alegría ajena de los privilegiados que ya no tendrán que preocuparse de su economía gracias al tan esquivo ‘Gordo’, llegan ahora las tradiciones que, más o menos rancias, hacen tan entrañables estas fechas.

Hay quien odia estas fechas por aquello de recordar a los que se fueron para no volver o porque simplemente repudian esa sensiblería que nos acogota hasta el 7 de enero, fecha en la que la sinvergonzonería vuelve a apoderarse de muchos que, entretanto, sonrisa hipócrita en boca, saludan con fingida simpatía la hospitalidad familiar de la Navidad.

En muchos hogares se anuncia que para tener la fiesta en paz es mejor no tocar ni el fútbol ni la política. Pues bien, habrá una al menos que deseará abordar estas materias antes que otras. Es la Familia Real, que afronta una Nochebuena tremebunda. Lo más probable es que no brinden todos juntos en Zarzuela por el nuevo año, más que nada porque se vaticina complicado para el recién proclamado Rey. Por un lado, una hermana en vías de sentarse en el banquillo de los acusados y un cuñado a punto de pasarse una buena temporada a la sombra. Por el otro, unos padres que no escenifican precisamente el matrimonio mejor avenido. Vamos, que la cena de Nochebuena puede ser una auténtica juerga en Zarzuela.

Por eso, no se amilanen, que seguro que lo que ustedes tienen en su casa no es para tanto. A menos que se apelliden Borbón.

Ver Post >
Comprometidos
img
Nuria Alonso | 05-01-2015 | 16:16| 0

En demasiadas ocasiones dedico este pequeño espacio al derecho a pataleta que me inspiran determinadas situaciones que me indignan o me parecen vergonzosas. Y eso implica que muchas otras actitudes positivas y merecedoras de alabanza queden huérfanas en este hueco. Pero hoy voy a intentar resarcirlas. Porque no todo es negativo (afortunadamente).

Dos historias me han puesto los pelos de punta recientemente. Una es el empeño que han puesto los riojanos (y los españoles) para demostrar que la solidaridad entre iguales no sólo es posible sino también didáctica. Los ciudadanos han impartido una exquisita lección humana en la reciente campaña de recogida del Banco de Alimentos. Las expectativas se han desbordado. En silencio, sin alharacas, paquete de garbanzos a paquete de garbanzos, los riojanos han enseñado que la ayuda tiene muchos nombres anónimos, todos imbuidos de ejemplaridad y grandeza.

El otro caso es el del músico riojano Pablo Villegas, que ha ofrecido  su particular homenaje a un puñado de personas destacadas de nuestra sociedad a través de la mejor herramienta a su disposición, su música.

No acabamos de ponderar suficientemente lo que gestos como estos dos mencionados (que afortunadamente no son aislados, ni mucho menos) suponen para restañar las heridas que el cinismo actual ha abierto. Comportamientos como estos, cuyo valor aumenta por la naturalidad y la humildad que aparejan, empujan a que la esperanza en nuestros congéneres (y en nosotros mismos) reaparezca con ímpetu.

Y para ello sólo hace falta que cada uno colabore con lo que pueda, sin exigencias impuestas pero con un compromiso admirable.

Ver Post >
Perdón con contrición
img
Nuria Alonso | 08-12-2014 | 10:59| 0

Cómo cambian las cosas en cuatro días! Muy nerviosos deben de estar algunos cuando de un día para otro pasan de la negación constante a la asunción de culpa y posterior ruego de perdón. Hemos sido testigos de varias situaciones como las descritas, aunque bien es cierto que deberían multiplicarse por mil.

Hace cosa de semana y media fue el propio presidente del Gobierno el que sorprendía a la clientela pidiendo perdón por la desvergüenza de los políticos corruptos. Y este pasado domingo era el arzobispo de Granada el que con la frente en el suelo rogaba a los parroquianos perdón por los desmanes pedófilos de algunos sacerdotes.

El sacramento católico del perdón (que viene muy al pelo de lo que vivimos) dice que para que se consume hay que hacer examen de conciencia y contrición (o arrepentimiento), confesar la culpa para pedir perdón y cumplir la penitencia impuesta. De momento, a lo primero hemos asistido de forma parcial (sólo confiesan porque les han pillado), la petición de perdón también es incompleta (lo hacen por reclamación popular) y lo tercero, la penitencia, de momento es una fantasía, no sucede en ningún caso.

Porque con pedir perdón no basta. La penitencia debería obligar a reparar el daño cometido para que los futuros tentados por el ‘pecado’ se replanteen la comisión del mismo: da igual si hablamos de corrupción económica o de menores. En el primer caso, la devolución del dinero incautado por los corruptos sería un comienzo. En el segundo, el daño es casi irreparable. Pero el intento por subsanar semejantes comportamientos repugnantes también se consideraría un inicio. Aunque parezca nimio.

Ver Post >
Intención y tentación
img
Nuria Alonso | 17-11-2014 | 11:39| 0

Estoy convencida de que el ser humano es bueno por naturaleza. Lo que pasa es que la tentación, que es muy perra, llega luego y la lía. Y en condiciones. Verán.

He sido testigo de un acontecimiento que me tiene perpleja. En un descuido en la calle, una amiga perdió hace un par de semanas un monedero. Nada importante en su interior. Cuando la dueña se dio cuenta de su pérdida, acudió adonde creyó haber extraviado la cartera con el convencimiento de que no volvería a verla jamás.

Su sorpresa fue mayúscula cuando vio que en el banco anexo a dicho lugar lucía un papel en el que se podía leer:«He encontrado un monedero en este banco. Ha sido depositado en la oficina de Objetos Perdidos de la Policía Local». Maravillada por la grandeza moral (aún debe de quedar algo) del ciudadano anónimo que halló la cartera, mi amiga se dedicó a llamar a diario a dicha oficina, se pasó por allí en varias ocasiones y se mantuvo alerta. Pero, misteriosamente, dos semanas después, la cartera sigue desaparecida.

Semejante situación estrambótica sigue desconcertando a mi amiga. No logra entender cómo es posible que alguien se tomara la molestia de poner un cartel para anunciar el hallazgo e indicar que lo llevaría a Objetos Perdidos para que luego la cartera no haya aparecido. El caso es que ella, que es bienpensante por naturaleza, cree que algo ha tenido que suceder para que la historia no tenga el final feliz anunciado.

Yo, que no tengo tanta esperanza en el género ciudadano, le repito que es una cuestión de humanidad pura y dura: seguro que la intención primaria fue devolver el artículo encontrado, pero es que la tentación de quedarse con algo ajeno era muy grande. Si no, pregúntenle a Granados. O a Blesa. O a tantos otros.

Ver Post >
Anestesiados
img
Nuria Alonso | 17-11-2014 | 11:38| 0

Vivimos en una anestesiada indiferencia hacia la actualidad que, por desgracia, nos rodea. Y es comprensible. Si no fuera así, si nos indignáramos con lo que sucede a nuestro alrededor como la situación requiere, nuestro raciocinio habría expirado hace tiempo. Nos mecemos en una pausada nube que nos fuerza a  desviar la mirada de vez en cuando porque sería una tortura fijar los ojos continuamente en toda la podredumbre que nutre las noticias de la jornada.

No hay límite a la desvergüenza en este país. Y lo peor de todo es que nadie se atreve a vaticinar cuándo la corrupción dejará de ser nuestro desayuno diario.

Dicen algunos que no todos roban. Que es una minoría la que delinque. Si bien estoy de acuerdo con dicha afirmación, también es hora de puntualizar que no eso no basta. Porque aunque es verdad que es el corrupto el que debe pagar sus fechorías, los que las toleran (por mirar hacia otro lado o por no mostrar los arrestos necesarios para frenarlo) deberían como mínimo asumir una parte de responsabilidad aunque solo fuera por estética moral.

Pero no, eso no ocurre. Nunca. Ni en los mejores sueños de los más optimistas. En este país en el que los más ricos y poderosos son prácticamente intocables, sobre todo si han caído en las redes de la corrupción, y que los más desfavorecidos son los paganos de todas las imposiciones económicas, nadie dimite. Ya ni siquiera nadie se escandaliza. Da igual que hayan robado ocho que ochocientos mil. Los caraduras siguen calentando poltronas mientras los curritos continúan pillándose los dedos. Porque están (estamos) anestesiados. El problema vendrá cuando esa anestesia, que no es infinita, se difumine. Y entonces, el despertar será aún más terrible.

Ver Post >
Avestruces
img
Nuria Alonso | 17-11-2014 | 11:36| 0

Prolifera entre nuestros políticos un curioso principio. Dice algo como ‘miente (o calla) que algo queda’. Y es que en cuanto surge cualquier tipo de polémica, sea del tipo que sea, nuestros políticos optan por mutar en avestruces. Mentir o callar (o decir medias verdades, en su defecto) es siempre su primera opción. Aunque luego se les vea el plumero y se vean obligados a salir a la palestra para informar de aquello que intentaron ocultar.

No me refiero sólo a temas de corrupción o delictivos. Para eso está la justicia. Hablo de las cíclicas polémicas que la vida va suscitando. La última, el ébola.

No logro comprender por qué se afanan en mentir o decir medias verdades cuando luego la realidad, que suele ser muy inoportuna, les estalla en la cara.

Una de las máximas de la comunicación de crisis es decir siempre la verdad en cuanto se tenga la información. La razón es simple: de esta manera es más fácil liderar la estrategia de comunicación y, cuando lideras la estrategia de comunicación, hay menos lugar para las sorpresas desagradables. O al menos, más capacidad de reacción.

Pues aquí no aprenden. Nunca. Estoy segura de que la ciudadanía hubiera agradecido que cuando saltó la noticia del contagio de Teresa Romero, alguien relevante hubiera dicho sin ambages y de forma unívoca que había habido un fallo y que se solucionaría  cuanto antes en lugar de balbucear y acusar. Nadie es perfecto, todos lo sabemos, y por eso, la sinceridad se aprecia. Como eso no se hizo en su momento, se han tenido que dar explicaciones en demasiadas ocasiones, con el consiguiente (otra vez) hastío de la población que vuelve a sentirse engañada. Engañada por avestruces.

Ver Post >
Sobre el autor Nuria Alonso
Es periodista de Diario LA RIOJA desde el 2004. Ha cubierto información local, deportiva y cultural. En la actualidad es editora de la sección de Culturas y Sociedad y Edición.