La Rioja

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Echar cuentas
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Nuria Alonso | 24-09-2014 | 11:09| 0

Harta de escuchar las cifras que suponen los continuos casos de corrupción, me he decidido a echar cuentas de lo que han perdido las arcas públicas, o sea, todos nosotros.

Con sólo los cuatro casos de mayor repercusión, ya me hacen chiribitas los ojos. El más sangrante, por la cantidad en juego, es el caso de los falsos cursos de formación, cuyo fraude estiman las fuentes autorizadas que supera los ¡2.000 millones de euros! Casi nada. Después, los tejemanejes del clan  Pujol podrían haber supuesto 1.500 millones de euros. A continuación, los ERE de Andalucía, que la juez Alaya ha cifrado en 855 millones. Los guarismos del caso Gürtel son más difusos por la complejidad de la trama, pero los medios fijan la cantidad volatilizada entre 120 y 200 millones de euros.

Así las cosas, sólo estos cuatro casos sumarían un montante defraudado de al menos 4.500 millones de euros. No sé ustedes, pero a mí semejantes cantidades se me escapan y lo veo mejor en números más pequeños.

Con ese dinero desaparecido, se podrían construir 725 kilómetros de autovía (un kilómetros cuesta de media 6,2 millones); se podría triplicar el presupuesto de toda La Rioja en el 2014 (1.263 millones este año);se podrían colocar 250 aeropuertos como el de Agoncillo (a 18 millones cada uno); casi se podría duplicar la inversión científica de toda España durante un año (sólo recibe 6.146 millones); se podrían levantar 45 ciudades deportivas como la actual del Real Madrid (costó 100 millones) o incluso se podría pagar a siete millones de españoles el sueldo mínimo interprofesional (645 euros al mes).

Les reto a echar cuentas y a pensar a quién le compensa que se hable menos de corrupción y más de la independencia de Cataluña, de la reforma electoral o de otras cortinas de humo parecidas.

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Cuestión de espera
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Nuria Alonso | 24-09-2014 | 10:44| 0

Pocas cosas me hacen sentir más orgullosa de ser española que el formidable sistema sanitario que vela por nuestra salud, siempre salvando los recortes. No se rían, que lo digo en serio. Piensen, por ejemplo, la que ha liado Obama en Estados Unidos para apenas sacar adelante una cobertura médica de mínimos. Aquí no. Nosotros disfrutamos de los mejores profesionales (salvo deshonrosas excepciones), de los mejores servicios y de la mejor atención. Y gratis. O eso parece. Pero aunque siempre he defendido la sanidad pública como uno de esos bienes de interés general que no podemos dejar caer, a veces la realidad empieza a difuminar ese orgullo.

Les cuento: tengo una conocida que lleva dos meses con un dolor constante en el costado. Ella, como yo, prefiere acudir a la sanidad pública y seguir a rajatabla sus protocolos. Así que en un mes y medio ha estado ¡cuatro! veces en Atención Primaria, amén de una en Radiología. Tras no tener  diagnóstico ni tratamiento efectivo, su médico de familia se ha rendido y la ha enviado al especialista. Hasta ahí, lo normal.

Pero cuando pide ver al especialista, la primera cita disponible es a dos meses vista. Sorprendida, pide explicaciones. La respuesta: «Es lo que hay». Lo más apabullante, es la recomendación (procedente del propio personal sanitario): «Si no, vete a Urgencias».
Ante semejante situación (demasiado habitual por desgracia), le quedan tres opciones:esperar a su cita, con la alternativa de que su dolor se esfume milagrosamente;esperar en Urgencias para ser tratada de una dolencia molesta pero no urgente, contribuyendo al sostenido colapso de este servicio; o esperar mientras ahorra para poder pagarse una consulta privada. En cualquier caso, es una cuestión de espera.

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Agosto
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Nuria Alonso | 02-09-2014 | 10:44| 0

El mes de agosto permite realizar algunas actividades que en otros meses serían prácticamente impensables. Se puede aparcar en prácticamente todas las ciudades de interior de España. Igualmente se puede circular por las carreteras de estas ciudades de interior con la segura tranquilidad de que no habrá atascos que ralenticen su marcha. En agosto también se puede disfrutar casi en solitario de una inmensa sala de cine, con su aire acondicionado correspondiente. Y seguro que tendrá menos dificultades que en otros meses para encontrar mesa en ese restaurante coqueto que tanto le gusta.

En agosto también se puede salir a la calle con una vestimenta digamos estrafalaria, porque se encontrará con menos transeúntes que en otras épocas. O incluso también apañar los últimos chollos de las rebajas de verano sin aglomeraciones en los comercios.
Ya ven que agosto es un mes propicio para muchas cosas. Excepto para una: ponerse enfermo. Procuren aguantar esa descomposición hasta que llegue septiembre, intenten dejar la jaqueca para el inicio del curso escolar o traten de apartar ese terrible dolor en el costado hasta la próxima hoja del calendario.

Háganme caso porque si no, se arriesgan a visitar una consulta médica y encontrarse con algún señor (o señora, que esto no distingue de géneros) desparramado en la silla que les fusilará con una mirada asesina por haberle jeringado su ratito de ocio en el trabajo. Ese que deberían dedicar a atender (según la RAE: «Tener en cuenta o en consideración algo») a la gente –que no suele acudir al médico por gusto– en lugar de ahuyentarla (según la RAE:«Hacer huir a una persona o a un animal»).

No digo yo que no haya buenos profesionales (que los hay) pero, visto lo visto, en agosto deben de estar todos de vacaciones.

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Ni un solo momento
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Nuria Alonso | 02-09-2014 | 10:46| 0

Pujol, durante sus vacaciones. /EFE

Me van a perdonar pero no tengo tiempo. Ni lo tendré jamás. Resulta que de aquí a cuando me jubile, dentro de unos treinta o cuarenta años, no voy a encontrar un solo segundo para hacer mi declaración de la renta y pagar mis impuestos.

Oigan, no se me rebelen, que no seré la primera. El señor (si puede considerársele como tal) Jordi Pujol no ha encontrado en treinta y cuatro años un solo minuto para rendir cuentas a Hacienda (ni a la española ni a la catalana) sobre su fortuna oculta en paraísos fiscales. Así se las gastan algunos.

Miren que me parece grave eso de defraudar al fisco o escamotear herencias a hermanas, pero lo más vergonzante, lo más indignante y lo más humillante de todo este escándalo –que tiene pinta de que sólo acaba de empezar– es el argumentario que ha empleado el que fuera ‘Molt Honorable’ (qué ironías se gasta la realidad) para excusar su presunto delito.

¡Pobrecito! Ha tenido tanto trabajo, ha empleado tanto esfuerzo en vender eso de que España ens roba y en intentar que su amada Cataluña se convierta en una nación que no ha encontrado un momento para regularizar el dinero que tenía en el extranjero. Manda collons! Encontrado está claro que no ha encontrado, lo que no sabemos es si siquiera lo ha buscado.

Y como en las grandes dinastías mafiosas, los hijos del ex ‘Molt Honorable’ no podían ser menos y tampoco han encontrado –siempre presuntamente– un segundo para ser honrados.

Así que, vistos los acontecimientos y lo que se avecina, ya les comento que yo no tengo un hueco libre hasta dentro de treinta ocuarenta años. Se lo digo por adelantado.

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Doble rasero
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Nuria Alonso | 31-07-2014 | 11:20| 0

Restos del avión derribado en Ucrania. /AFP

Las relaciones internacionales se nutren fundamentalmente de pulsos de fuerza para ver quién resiste más o quién baja antes la mirada. Siempre ha sido así. Sobre todo cuando son gigantes los que se enfrentan. Luego la sangre no suele llegar al río porque hay demasiados intereses (económicos principalmente) en juego. Así que unos y otros pugnan por mostrar fortaleza cuando lo que está en juego en realidad son fortunas, que al fin y al cabo es lo que importa.

No puede ser más esclarecedor en este aspecto lo que está ocurriendo estos días por el derribo del avión malasio en territorio ucraniano. Rusia se lava sus manos ensangrentadas mientras Estados Unidos y la Unión Europea advierten pero no actúan. Y es que el poderoso dedo de Putin es el que envía el gas que llega a gran parte de Europa y es su consentimiento el que deja millones en las cuentas de medio Occidente.

La pregunta retórica es si la ridícula contención en la que se han instalado los líderes europeos y estadounidense sería la misma si el responsable del derribo hubiera sido un país sin tantos recursos. ¿Alguien puede creer que Estados Unidos y la Unión Europea habrían mantenido la misma actitud si los atacantes tuvieran pasaporte albanés, nicaragüense o nepalí, por poner un ejemplo?

La mal llamada diplomacia internacional se limita a monetizar los conflictos, centrándose sólo en argumentos económicos para así apartar a las verdaderas víctimas del que debería ser el centro de la atención. Es ese repugnante doble rasero el que deja sin justicia las tropelías de los todopoderosos y castiga sin piedad las faltas de los débiles. Y es que este mundo se mueve así, a dos velocidades, con doble rasero.

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Historias de personas
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Nuria Alonso | 31-07-2014 | 11:18| 0

Leí hace poco una entrevista con un periodista extranjero muy renombrado que decía que, entre toda la porquería que ha tenido que ver en la profesión (hay mucha, háganme caso), también había vivido experiencias increíbles. En una de sus respuestas reseñaba que, por el simple hecho de ser periodista, se le habían abierto grandes oportunidades de llegar a historias y personajes extraordinarios. Y no se refería a ambiciosos retos profesionales como entrevistar al Papa o ganar el Pulitzer por un destapar un indigesto caso de corrupción.

No puedo menos que estar de acuerdo con él. Es cierto que no ocurre muy a menudo porque las agendas de los medios suelen estar copadas por los de siempre (no especificaré, pero ya saben de quiénes hablo). Pero hay maravillas en esta profesión, hay momentos luminosos que ni la más rancia podredumbre jamás podrá oscurecer. Y esos instantes, que a veces son sólo destellos, están usualmente protagonizados por personas. Por seres humanos que se preocupan de otros seres humanos de forma desinteresada. Simple y llanamente.

Esas historias, en las que los medios pocas veces ponen el foco principal, tiene caras casi anónimas. Pero yo voy a aprovechar este humilde recodo para homenajearlos. Se merecerían todas y cada una de las palabras que pueblan este periódico y aún faltaría espacio. Son Jesús, Santi, Gloria, Nuria, Charo, Mariano, Joaquín… Son ellos y un ejército de silenciosos voluntarios que destinan sus más encendidos esfuerzos por echar un cable, por regalar una sonrisa, por facilitar la vida de los demás. Por eso, y por lo que me han permitido conocer, les agradezco que me hayan hecho partícipe de sus historias. Historias que merecen ser contadas.

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Muy de extremos
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Nuria Alonso | 31-07-2014 | 11:17| 0

Los Reyes, el día de la proclamación. /EFE

Somos muy de extremos. O todo o nada. O blanco o negro. No tenemos término medio, los matices no van con nosotros, ni los grises ni las medias tintas.

Si la selección española cae eliminada en la primera fase del Mundial, no hay compasión que valga. Tras la debacle de la Roja la tendencia ha sido bipolar: de un lado, la crítica feroz con crueles –e injustos– disparos a todo y a todos; de otro, el agradecimiento infinito por lo logrado en los últimos seis años con elogios desmesurados y sin espacio para el debate razonado. Los que antes fueron héroes, casi dioses, ahora han caído del pedestal y se han convertido en villanos, casi demonios. O a la inversa.

Podría achacarse esta actitud al  componente pasional del fútbol. Pero también se repite en muchos otros ámbitos. Como si alguna mano misteriosa obligara al posicionamiento inamovible de cada ciudadano sin que exista la posibilidad de equilibrar posturas.

Lo hemos visto también en la proclamación del Rey Felipe VI. O se es fervientemente monárquico o se es ardientemente republicano. No hay espacio para la duda razonable, no se puede ensalzar la institución monárquica y alabar el sistema republicano a la par. O una cosa o la otra.

¿Pues saben qué les digo? Que yo me rebelo. No me da la gana. Sentí hondamente la eliminación de España pero no por eso creo que haya que acribillar al equipo o al seleccionador, ni tampoco endiosarlos por los logros conseguidos. Creo en este equipo, en sus triunfos, en una renovación tranquila y en la crítica saludable. Y con el nuevo Rey, lo mismo. Aún no ha hecho méritos y tendrá que refrendar su posición con hechos. Si no lo consigue, la república puede ser una alternativa. Pero sin extremos, por cambiar.

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Semanas calientes
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Nuria Alonso | 23-06-2014 | 10:14| 0

No sé qué conjunción astronómica (parafraseando a la exministra Leire Pajín cuando refirió la circunstancia de que Obama y Zapatero coincidieran a la vez en el poder en el 2009) se ha dado en este incipiente verano. La convulsión informativa que ha provocado el anuncio primero de la dimisión del secretario del PSOE y, sobre todo, de la abdicación del Rey, han sacudido todos los cimientos de la actualidad.

No me negarán que se agradece que se hable de grandes temas de Estado y de profundos debates democráticos en lugar del reguero infinito de casos de corrupción, el insufrible aburrimiento de las sesiones parlamentarias habituales o las trágicas consecuencias de la interminable crisis.

En la variedad está el gusto, dicen. Ya me contarán cuándo en la historia reciente han vivido en poco más de quince días la dimisión de un político de primera línea (realmente excepcional por la escasez de ejemplos) y la abdicación de un Rey (el carácter extraordinario de este hecho rebasa cualquier adjetivación). Con todo lo que eso supone.

El caso es que con las dos retiradas se nos avecina un periodo peculiar en lo que a lo informativo se refiere. Asistiremos la semana que viene a un acontecimiento, la abdicación efectiva de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI, del que no hay precedentes similares. Y si luego sumamos la nueva carrera política que se desata ya en el PSOE para elegir primero secretario general y luego, supuestamente, candidato a la Presidencia del Gobierno, el verano se calienta de lo lindo.

Al final habrá que atribuirle a Leire Pajín dotes adivinatorias porque «el acontecimiento histórico de este planeta» ha sucedido finalmente, aunque sea con cinco años de retraso.

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¿Tocada y/o hundida?
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Nuria Alonso | 10-06-2014 | 10:15| 0

Tras una campaña plana y yerma de argumentos, llegó el día de la votación y pasó. Son estas jornadas de sonrisas forzadas y rostros circunspectos en los partidos tradicionales y una merecida euforia en las nuevas propuestas.

Sin embargo, no se confíen, queridos votantes. La carrera electoral no ha hecho sino comenzar. La que interesa, la que de verdad manejará los destinos de los españoles llegará el año que viene, primero en mayo y luego definitivamente en noviembre. Y será ahora cuando veamos cómo se engrasan las maquinarias electorales. Las europeas sólo han sido un mero test para evaluar el nivel de cabreo nacional.

La tarea de los grandes es ingente si quieren salir del pozo al que ellos solitos se han lanzado. El PP deberá reflotar sus bases y enderezar el timón de un país que, si bien da señales esperanzadoras, arrastra un terrible lastre de paro, precariedad y hastío.

La labor del PSOE se perfila aún más ardua. El partido de la rosa no encuentra el rumbo que frene el desangrado de votos que vive desde hace años. Solo una refundación completa puede redimirle o quizás ni eso. El lunes la inició Rubalcaba. Está por ver si acaba en buen puerto o a la deriva.

PP y PSOE deberán bajar sin demora del pedestal al que ellos mismos se han aupado y emprender cambios internos visibles que arrastren la porquería y no sólo maquillen su tan devaluada imagen. Podemos, UPyD, C’s e incluso IU han captado la idea y se aferran a la calle para convertirse en alternativas reales. Las europeas han sido el primer paso.

Así las cosas, se avecina un ejercicio políticamente emocionante que desvelará si la opción bipartidista está sólo tocada o si su naufragio es tan irremediable como el del Titanic.

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Vergüenza primermundista
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Nuria Alonso | 27-05-2014 | 10:15| 0

La hermana de una de las secuestradas pide su liberación. /REUTERS

Cuatro semanas. Treinta días exactamente. Un mes clavado ha transcurrido desde que más de doscientas niñas nigerianas fueran secuestradas por un grupúsculo islamista. Eso sí, el eco decente en los medios del primer mundo ha llegado como siempre con retraso. Demasiado.

Hasta el punto llega la cosa que, en su día, cuando sucedió el espantoso secuestro masivo y lo oí en una emisora nacional de radio, pensé que se trataba de algún error porque porque no volví a escuchar mención alguna al respecto hasta la semana pasada, cuando la mujer de Obama hizo público su disgusto por lo acontecido.

Siempre ha ocurrido que los asuntos que afectaban a países con pocos recursos o con nulo interés económico para el mal llamado primer mundo quedaran al margen de las escaletas de los telediarios, que apenas recibieran un breve en los periódicos y que la sociedad mirara para otro lado en un sonrojante ejercicio de desidia.

Ha ocurrido demasiadas veces. En demasiados sitios. Nadie se escandalizó cuando hace un año varias jóvenes indias fueron el blanco del odio machista al ser violadas en repetidas ocasiones. En decenas de países, las niñas y las mujeres sufren los abusos permanentes de la dominación masculina sin que nadie diga una sola palabra. Porque no importan.

Y ahora, cuando se conoce que los secuestradores proceden del fanatismo islamista, entonces sí. Es ahora cuando nos lanzamos todos a lamentarnos porque el sistema occidental está en peligro, porque no se puede tolerar la impunidad con la que actúan estos salvajes religiosos. Sigue sin importar que las niñas hayan sido secuestradas, lo que es reseñable es que las ha secuestrado un grupo terrorista islamista. Es la vergüenza ‘primermundista’.

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