La Rioja

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No quieren
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Nuria Alonso | 24-05-2015 | 16:44| 0

Empieza con fuerza la primera semana de campaña. Nadie quiere oír hablar de futuros pactos de gobierno: eso lo entiendo. Precipitarse a la hora de mostrar la estrategia antes de tener resultados es, cuando menos, arriesgado. Porque no sale muy rentable mostrar las cartas antes de que la jugada sea completa. No vaya a ser que nos pillemos los dedos. Puestos a negarnos a pactar, ¿para qué vamos a negociar sobre la formación del Gobierno andaluz? Por lo que parece, es más ventajoso (electoralmente hablando, claro) dejar que el desgobierno y la incertidumbre dirijan la comunidad que fue a las urnas para «ganar en estabilidad» (según palabras de la propia Susana Díaz).

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Cuatro años
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Nuria Alonso | 04-05-2015 | 17:02| 0

Es tronchante. Desternillante. Hilarante comprobar que los que han ignorado a los ciudadanos y sus cuitas durante casi cuatro años, ahora se afanan sin descanso en proponer (y prometer) novedades que supuestamente nos harán la vida más cómoda. La pregunta del millón es dónde han estado estas propuestas todo este tiempo y dónde quedaron las realizadas hace cuatro años, que las hubo, y muchas.

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Hillary, al ring
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Nuria Alonso | 27-04-2015 | 15:51| 0

Me gusta apostar. No por dinero, pero siempre me ha apetecido lanzar órdagos para ver si los vaticinios se hacen realidad. En la mayoría de las ocasiones, claro está, me suelo dar de bruces con la realidad porque una cosa es apostar por un hecho futuro posible y otra, desear que ocurra algo utópico.

Sin embargo, hace siete años me costó recuperarme de uno de esos anhelos que creía alcanzables. Que una mujer pudiera alcanzar el cetro supremo del poder se estilaba como algo realizable. No había grandes candidatos republicanos (y más con la herencia que dejaba George W.Bush) que pudieran hacer sombra a la arrolladora personalidad de una mujer como Hillary Clinton, sobradamente experimentada en las lides políticas y en las personales (aún recuerdo la mirada que la acompañaba cuando respaldaba contra viento y marea al adúltero de su presidencialista esposo).

Pero de repente, surgió el tsunami político que lideró Barack Obama, un afroamericano de origen humilde que encarnaba los clásicos valores del ‘sueño americano’ y que supo encandilar como pocos a propios y extraños.

Hillary se vio sobrepasada por la espectacular maquinaria comunicativa de un candidato inexperto, incluso dócil, pero aupado por las clases medias que se veían identificados con su novedoso mensaje, aunque estuviera algo cojo de contenido.

Siempre me sorprenden estos giros que da la política. De hecho, la hacen emocionante. Siete años después (nominación demócrata mediante), Hillary vuelve a saltar al ring. Aquel fracaso le habrá otorgado un grado. Yo sólo espero que esta vez al menos le permitan soltar el primer gancho. Aunque vuelva a terminar en la lona.

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El silencio del miedo
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Nuria Alonso | 27-04-2015 | 15:50| 0

Una de las peores circunstancias que ha forjado esta cuasieterna crisis económica es el silencio forzado al que se han visto abocados muchos perjudicados por la recesión. A lo largo de estos últimos años, han visto la luz decenas de escándalos de corrupción, centenares de miserables desahucios, miles de cierres de empresas con los consiguientes millones de despidos…

Sin embargo, aún faltan muchos desmanes por conocerse. Y eso se debe al mutismo de aquellos que sufren situaciones ruines sin poder denunciarlo ni exigir respuestas ni reclamar indemnizaciones. Y todo ese silencio obligado procede del miedo. Un pavor que rechazó miserablemente Montoro hace unas semanas cuando negó que muchos trabajadores tuvieran miedo a perder su empleo.
Pues ese miedo perdura. Y no saben hasta qué punto. Ese desasosiego que atenaza a muchas voces llega impuesto por mentiras, excusas y amenazas veladas, y se refugia además en intereses ocultos, en muchas ocasiones relacionados con altas instancias, aunque sea de forma tangencial.

Ese temor a quedarse sin sustento se convierte, por si fuera poco, en fuente de frustración y desmotivación de los que observan impotentes cómo su trabajo se menosprecia a diario cuando el empresario de turno decide por capricho no abonar la nómina a tiempo. Y el cabreo sigiloso se acrecienta cuando el indefenso ‘currito’ se ve obligado a enjugar las lágrimas de cocodrilo del patrón, mientras éste se carcajea a su espalda.

Con todo, el único recurso viable para el trabajador maltratado sigue siendo ese silencio acobardado, que se perpetuará hasta que se imponga una protección fiable y decente. Y de una vez por todas, se acabe con el miedo.

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Estado de Derecho
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Nuria Alonso | 27-04-2015 | 15:47| 0

Vamos a realizar hoy un ejercicio de imaginación. Pongamos que en lugar de en España, vivimos en cualquier otro país del llamado primer mundo: Reino Unido, Francia o Alemania. No les digo Estados Unidos porque ya la cosa se volvería surrealista. Y pongamos por caso que los jueces aplican estrictamente la ley y el Estado de Derecho.

Ahora ubiquen lo que acaba de ocurrir con el terrorista de ETA Valentín Lasarte en cualquiera de esos países. ¿Alguien concibe que un terrorista condenado a más de trescientos años de cárcel por varios asesinatos pudiera salir de la cárcel habiendo cumplido tan sólo 19 años por haberse arrepentido? ¿En qué lugar dejaría a ese país en el que aconteciera semejante aberración al Estado de Derecho? ¿Qué pensarán las víctimas sobre esta singular aplicación de las penas? ¿Qué mensaje lanza este tipo de situaciones a la sociedad, más que hastiada por la libre interpretación de las leyes que se admite solo a algunos?

Cuando un país o una sociedad deja que sus principios más básicos queden pisoteados en deferencia de una paz mal entendida, algo grave sucede. Es intolerable que el tan mentado Estado de ¿Derecho? consienta como algo habitual el arrepentimiento sin colaboración o las filtraciones (como la que la semana pasada posibilitó la huida del etarra Plazaola). Así, el mazazo a las víctimas se multiplica hasta la enésima potencia: la barbarie no sólo les arrebata un ser querido, no sólo se las descalifica y atenaza durante décadas, sino que además tienen que ser objeto de las carcajadas de los siniestros liberados que hace cuatro días empuñaban pistolas para imponer su línea unívoca de pensamiento. ¿Era esto el Estado de Derecho? ¿En serio?

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¡Que viene el lobo!
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Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:32| 0

Es tónica habitual. Se acercan los comicios y, al mismo ritmo, la fuerza retórica de los argumentos se difumina. A medida que adelgaza el calendario acercándose las votaciones, las frases (más o menos) atinadas pierden acierto y se van conformando como meros gritos que despistan al ingenuo ciudadano que pretende discernir quién es el menos mentiroso. Difícil tarea.

Pero este año la cosa se complica. Esto ya no va (sólo) de ver quién dice la sandez más grande o quién promete la mayor utopía. Porque parece que el desembarco de Podemos ha hecho temblar a muchos. Tal es el escalofrío que han sentido algunos en lo más profundo de su espinazo que los apoltronados han recurrido al argumento del miedo. ‘¡Que viene el lobo!’, parecen aunar las voces más tradicionales de los vértices políticos para desactivar la tendencia alcista del partido de Iglesias, Monedero y Errejón.

Como ciudadana informada y –creo– algo cabal, me indigna profundamente que el único argumento de peso que los partidos políticos encuentran para atacar a Podemos sea el de acongojar a la clientela. Con maneras torpes y chapuceras le están haciendo la campaña electoral a la formación emergente que, astutamente, guarda silencio sobre su programa de gobierno y se limita a proclamar los desastres de nuestro sistema (¡como si para eso hiciera falta ser doctor en Ciencias Políticas!).

Y mientras, PP, PSOE, IU y demás familia política se enzarzan en apabullar al votante con dardos pavorosos para que el canguelo le incite a desentenderse de los nuevos jugadores que entran en lid. Pero todavía no se les ha oído ni una sola crítica razonable (el miedo suele ser irracional) sobre las propuestas de Podemos. O de los demás. Con lo fácil que sería.

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El enésimo cambio
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Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:32| 0

Como quien dice hace cuatro días, por mandato imperativo de Europa, la universidad española tuvo que adaptarse al modelo comunitario, el popularmente conocido ‘Espacio Bolonia’. Los licenciados y diplomados dejaron de salir de la universidad porque los nuevos titulados se llamarían graduados. Aquel cambio conllevaba también diversas modificaciones en el sistema de aprendizaje (Bolonia buscaba potenciar la evaluación continua) o en los plazos de los exámenes, entre otras muchas cosas.

La flexibilidad de la enseñanza universitaria era el principio básico sobre el que se asentaba el nuevo formato, que prácticamente imponía la necesidad de los másteres de posgrado para acceder al mercado laboral en gran parte de las titulaciones.

Es cierto que lo que manda y unifica Europa va a misa. Así que no quedó otro remedio que adaptarse al nuevo sistema, no sin abultadas protestas de la comunidad universitaria, tanto por parte de los profesores como de los alumnos, que vivían en una confusión casi permanente sobre los nuevos parámetros establecidos por Europa.

Pues bien, una vez adaptados a Bolonia, ahora el Gobierno ha propuesto una nueva modificación: que los Grados puedan tener tres cursos y dos posgrados. La lógica reacción de los rectores universitarios no se ha hecho esperar. La preocupación por buscar un sistema cohesionado mueve a las universidades a solicitar una moratoria sobre el nuevo planteamiento. Aún no sabemos si Bolonia ha mejorado la educación universitaria y ya estamos introduciendo nuevos cambios. Quizás es hora de plantearse que la integración de novedades requiere un plazo para comprobar su efectividad. Aunque sea mínimo.

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Unidos al fin
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Nuria Alonso | 16-03-2015 | 16:31| 0

Si no fuera tan trágico el asunto, tendría hasta guasa la cosa. Pero desgraciadamente no la tiene. Ni una pizca. Ha tenido que acontecer el cuarto gran atentado yihadista en Europa para asistir a la unión de todos en una estampa de solidaridad y frente común frente al fanatismo islamista.

Tras el 11-S en Nueva York, el 11-M en Madrid y el 7-J en Londres, en los que Occidente vio sacudida su tranquila forma de vida por un terrorismo antes sólo olfateado de lejos en países demasiado ajenos al ciudadano occidental, ahora le ha llegado el turno a Francia. Y aunque elucubremos, nunca sabremos cuántos intentos se han frustrado gracias a la pericia de los cuerpos policiales de los distintos países europeos.

Pero si bien todo acto de terrorismo es execrable, el de Francia ha sacado a la luz una actitud encomiable; primero, del pueblo galo, que ha hecho piña con sus víctimas en un grito único de repudio al yihadismo; y luego, de los líderes europeos, que mostraron su solidaridad con Hollande en una manifestación histórica y que por fin se han puesto manos a la obra para frenar a los fanáticos.

Es el único consuelo que nos queda a los que defendemos la democracia, la tolerancia y las libertades. Y aquí también. Al menos por una vez, los políticos españoles han apartado la demagogia barata y se han unido para dar un paso importante en defensa de los derechos y las libertades. Es triste que el asesinato de diecisiete personas en el país vecino haya empujado a PP y PSOE para llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el terrorismo islamista. Pero es lo que hay.

Esperemos que las elecciones u otros intereses ocultos no los desvíen del camino ahora emprendido. Por nuestra seguridad.

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Abróchense el cinturón
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Nuria Alonso | 18-01-2015 | 18:18| 0

De entre todos los perfumes, libros, joyas, complementos, pijamas, juguetes y detalles varios, espero que hayan sido previsores y no olvidaran pedir un determinado regalo a Sus Majestades de Oriente: una buena dosis de paciencia.

La van a necesitar. A partir de hoy, estrenamos una temporada que se antoja complicada. Es año electoral, por partida doble, y desde ya mismo comenzarán las pugnas entre los partidos para ver cuál consigue llevarse el gato al agua, primero en mayo y luego a final de año. Les vendrá de maravilla el presente de la paciencia que les hayan traído los Reyes Magos porque nos veremos irremediablemente abocados a una lucha feroz, sin cuartel, sin complejos y casi seguramente sin verdades.

Unos nos venderán la burra de la tan ansiada recuperación económica y nos calificarán antipatriotas si dudamos un ápice del cacareado crecimiento español.

Otros nos dirán que de eso, nada. Que las cosas están igual (si no peor) que hace cuatro años y que sólo con ellos tiene el panorama visos de mejorar.

Unos cuantos vocearán que lo mejor es romper con el sistema para crear uno nuevo, en el que la desigualdad y la injusticia no rija nuestros destinos. Y que, aunque no saben muy bien cómo, ellos son los únicos limpios que no buscarán su lucro personal.

Aún quedará un puñado de iluminados que seguirán enquistados en sus reivindicaciones anacrónicas según las cuales es mejor vivir aislados pero ‘libres’ que en unida comunidad.

Y así hasta casi el infinito. Vamos que, si no han recibido paciencia estos días, la tendrán que pintar. Y deberían abrocharse el cinturón porque se avecinan curvas. O elecciones, que es prácticamente lo mismo.

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Fiesta en la familia
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Nuria Alonso | 05-01-2015 | 16:18| 0

El habitual chascarrillo de la Navidad es el que pregunta que qué tal las fiestas: si bien o en familia. Dejando de lado la chispa alcoholizada del cuñado bromista (o pesado, según avance la noche) o las cabezadas de la abuela al son del especial de la tele, estas fiestas son de lo más entretenidas.

Una vez dado el pistoletazo de salida con la alegría ajena de los privilegiados que ya no tendrán que preocuparse de su economía gracias al tan esquivo ‘Gordo’, llegan ahora las tradiciones que, más o menos rancias, hacen tan entrañables estas fechas.

Hay quien odia estas fechas por aquello de recordar a los que se fueron para no volver o porque simplemente repudian esa sensiblería que nos acogota hasta el 7 de enero, fecha en la que la sinvergonzonería vuelve a apoderarse de muchos que, entretanto, sonrisa hipócrita en boca, saludan con fingida simpatía la hospitalidad familiar de la Navidad.

En muchos hogares se anuncia que para tener la fiesta en paz es mejor no tocar ni el fútbol ni la política. Pues bien, habrá una al menos que deseará abordar estas materias antes que otras. Es la Familia Real, que afronta una Nochebuena tremebunda. Lo más probable es que no brinden todos juntos en Zarzuela por el nuevo año, más que nada porque se vaticina complicado para el recién proclamado Rey. Por un lado, una hermana en vías de sentarse en el banquillo de los acusados y un cuñado a punto de pasarse una buena temporada a la sombra. Por el otro, unos padres que no escenifican precisamente el matrimonio mejor avenido. Vamos, que la cena de Nochebuena puede ser una auténtica juerga en Zarzuela.

Por eso, no se amilanen, que seguro que lo que ustedes tienen en su casa no es para tanto. A menos que se apelliden Borbón.

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Sobre el autor Nuria Alonso
Es periodista de Diario LA RIOJA desde el 2004. Ha cubierto información local, deportiva y cultural. En la actualidad es editora de la sección de Culturas y Sociedad y Edición.