vidas paralelas
En la Grecia antigua, Plutarco, quien se dedicaba tanto a interpretar los sueños de las sibilas como a descifrar las influencias de los hombres en los paralelismos de sus vidas, hizo y nos legó veintitrés pares de biografías en cuyos senderos se explican las obras humanas de su tiempo. Sin duda la de Julio César y Alejandro es la más importante de todas ellas.
Hoy Plutarco nos podría regalar a los mexicanos una doble biografía: Juan Camilo y Hugo.
Y no me pregunte usted por los apellidos. En México nada más hay un Juan Camilo y un Hugo. Y ambos hoy han sido tocados ambos por el aletazo de la desventura. Uno ha dejado de ser el Chico superpoderoso cuyos ojos verdes nos miraban fijamente desde la tapa de la revista Quién, enciclopedia de las glorias del panismo desde la exhibición suntuosa del rancho de Fox, y el otro hace mucho dejó de ser el Niño de oro.
A uno lo acusan de servir a dos amos: al gobierno y a su posición como apoderado de las empresas de su padre, y al otro de asesinar las ilusiones de una irredimible afición deportiva capaz a estas alturas de nuestra historia de imaginar triunfos deportivos en el corrompido deporte del futbol.
Ambos tienen antecedentes españoles. En el caso del secretario de Gobernación, pues ya se sabe cómo y no tiene mucho caso meterse ahora a repetir toda su historia desde el aterrizaje de la cigüeña mexicana en un sanatorio de maternidad en el centro de Madrid.
Del otro ya se conoce: se trajo del Real Madrid cinco veces el Pichichi y además se casó con Miss España, lo cual aumentó su colección de trofeos. Cinco copas de plata y un bordado listón de “Miss España” en las vitrinas de la familia. Nada mal. El mejor futbolista con la más bella hembra de la península, sobre todo si se le compara con Beckam cuya Spice girl parece un fideo con prótesis, razón (quizá) por la cual el británico tampoco tiene Pichichis. Pero eso es para otras páginas, no para una columna seria en martes de la Semana Mayor.
Sus colaboradores m�s estrechos les ven como hombres fiables y que generan confianza. Y los dos alardean de ser personas que saben escuchar.
No es dif�cil encontrar en ambos constantes referencias a su procedencia de peque�as provincias de adopci�n, porque, pese a que Zapatero es vallisoletano, se declara leon�s de pura cepa, y es frecuente o�r decir a Rajoy: 'Es que yo soy de Pontevedra', aunque en su partida de nacimiento figura la capital gallega.
Tampoco se pueden pasar por alto los pa�os calientes que los dos han tenido que colocar en sus respectivos partidos cuando se pusieron al frente de ellos.
Zapatero se encontr� un PSOE deslavazado tras la debacle en las urnas del a�o 2000, en las que los socialistas obtuvieron los peores resultados desde 1979, y Rajoy se hizo cargo de un frustrado PP que no esperaba la derrota de las elecciones del 2004.
En el hor�scopo, Zapatero es Leo, mientras que Rajoy es Aries. Dos signos de fuego, dos poderes enfrentados, a quienes los astros definen como personas fuertes y brillantes. Sin embargo, en general, no es una relaci�n recomendable.
De Zapatero cuentan que, en pol�tica, es una especie de 'militar civil', con un profundo sentido del deber, calculador, fr�o y ajeno a las influencias externas.
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