La Rioja

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¿Cómo me quito estos pensamientos de la cabeza? 5 pistas en 600 palabras
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Mercedes Garcia-Laso | 24-11-2016 | 06:21

¿Estás agobiado porque no te puedes quitar determinados pensamientos de la cabeza? Esto nos pasa a todos (aunque en diferente grado). Pueden ser preocupaciones y asuntos reales pero de los que no conseguimos desconectar a pesar de que sabemos que darles y darles vueltas no es útil, sino más bien lo contrario. Opueden ser cuestiones que encima consideramos que no deberíamos estar perdiendo el tiempo pensando en ellas.

(Max Ernst - “Gala Éluard”)

Hoy os voy a dejar, para estas situaciones, unas recetillas a modo de “aspirina” (que si bien no soluciona, sí quizá puede aliviarnos):

1º. Leer el post¿Cómo controlar pensamientos y emociones?”: Los pensamientos son objetos que fabrica el cerebro y a éste le da un día por producir más de un tipo, o de otro. Y cuánto más nos empeñemos en no pensar en algo, peor (ejemplo: ¡no pienses en un elefante rosa!). Es esencial comenzar a considerar los pensamientos así y pongo otro ejemplo: imaginaros que estoy en una habitación llena de gente hablando intentando hacer determinada tarea. Si me dejo llevar por alguna de las conversaciones que oigo, allí me entretengo y no avanzo en mi tarea. Si me esfuerzo en no escuchar, paradójicamente será peor (seguro que tenéis la  experiencia). Y si me levanto a convencer a dichas personas para que se callen, perderé tiempo de trabajo y ellas seguirán haciendo lo que les dé la gana. Pues algo similar ocurre en nuestra cabeza (siendo las conversaciones de la gente en esta habitación, nuestros pensamientos).

2º. La meditación es para mí lo que a medio plazo más ayuda (podéis leer sobre ello en la etiqueta “Mindfulness” de este blog), combinado, claro, a poder ser, con un proceso de psicoterapia que permita una des-identificación más veraz de los pensamientos.

3º. A corto plazo os propongo el ejercicio de “la media hora rumiatoria”: Dedica todos los días, a la misma hora, 30 minutos a “rumiar” tus ideas negativas, con una alarma que te avisará de que la media hora se ha cumplido. Para ello puedes utilizar una silla determinada (que llamaremos a partir de ese momento “la silla rumiatoria”). Debes durante esa media hora ir escribiendo todas tus ideas negativas en un cuaderno. Si alguna vez se te terminan las ideas antes de la media hora, no importa: seguirás sentado ante el folio hasta que pase la media hora. Si a lo largo del día te vienen otras, le dirás “ahora no os puedo atender pero os espero en nuestra media hora rumiatoria” .

4º. Este ejercicio anterior hay que combinarlo con la estrategia que, en mi opinión, es la más útil de todas, y a la vez ya perteneciente a la sabiduría de fogones de nuestras abuelas: cuando te asalten y te enredes con pensamientos que no te hacen bien, ponte a hacer otra cosa, otra cosa que te requiera atención o que sepas que te despeja. El cambio de actividad es importante en estos momentos, así como ir averiguando lo que a uno le sirve (punto, deporte, pasear, ver al nieto, escuchar la radio…)

Y 5º. Aunque me incordien cosas en la cabeza, puedo seguir con lo que ese momento es importante para mí. No estaré al 100% pero… si acepto lo que hay –es decir, me tomo el barullo en mi mente como un molesto dolor de cabeza que no responde a aspirinas–, podré seguir adelante y al acabar el día me sentiré orgulloso de lo poco o mucho conseguido dadas las circunstancias (ver también “Metáfora El Bus”).

En fin, son sólo cinco puntos en un amplísimo y complicado tema. Pero creo que como punto de partida puede ser de utilidad. Hasta la próxima, navegantes!

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).