La Rioja
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Categoría: OTROS DE DESARROLLO PERSONAL
Reflexiones desde la librería-bar en Dallas de un riojano (The Wild Detectives)

Este finde mi hermano ha llevado dos ejemplares de Minimapas para Tormentas a Dallas. Sí, a Dallas ¡jamás hubiera imaginado que el librito iba a viajar tan lejos, jeje! Y los ha dejado en un lugar muy peculiar. Tan peculiar que me ha apetecido escribir una micro reseña sobre él y sobre la filosofía en la que se sostiene.

Se trata de The Wild Detectives, una librería-bar que apuesta por las conversaciones y la cultura. Os dejo abajo unas fotos (tomadas de sus redes sociales) para que veáis qué chulada de sitio, y en internet podéis leer completos artículos al respecto (ejemplo “Pídete un Rioja ‘on the wild side‘).

Yo, hoy aquí, sólo quiero destacar tres ideas que he extraído de la charla TEDx donde el riojano Javier García del Moral habla del proyecto, porque creo importante reflexionar sobre ellas.

La primera es el valor de las conversaciones. Hablando compartimos ideas, aparecen otras nuevas y nos sentimos conectados con los demás. Si yo comparto una experiencia contigo (digo, ‘experiencia’, no palabrería de la que repetimos cual autómata), ésta cambia en mí, a la vez que a ti también te aporta algo que puede que abra cierta puerta en tu historia.

Siempre nos hemos juntado en los bares (bueno, o en las cafeterías;)) para ello pero en estos tiempos que corren de smartphones, prisas y búsqueda de intensidad y experiencias, es complicado encontrar lugares que fomenten la conversación.

El segundo punto que comparto con Javier, es que desde el siglo XIX los bares y cafeterías han sido los lugares para hablar con desconocidos y abrirte a otras realidades. Esto por desgracia también se está perdiendo y sólo nos acercamos a extraños para ligar. Bueno, extraños o incluso conocidos, pues parece que es pecado, o que buscas algo, si te pones a hablar con alguien que no es tu amigo.  Eso sí, si son las dos de la mañana y estás en un bar de copas, entonces ya está permitido (aunque con la música tan alta conversar, conversar, yo no lo llamaría –a mí me encanta la música, lo único es que hay música para charlar, música para bailar etc.).

Y la tercera idea del Wild Detectives que me parece interesantísima, es que los libros son tanto un rompehielos social genial, como un elemento casi mágico para convertir una charleta intrascendente en una conversación de éstas profundas que tocan el alma:

Un libro o un personaje te fascina, tu colega lo conoce y te comparte lo que a él le mueve. Escuchas y te escucha. Y de repente os encontráis en un fluir, en una profundidad que luego te vas a casa con la sensación de ‘buahh, qué pasada’ (a veces removido, eso sí, pero siempre sintiéndote como muy vivo)

Bueno, pues todo esto y mucho más es lo que pretende The Wild Detectives: el placer de filosofar con los colegas mientras te tomas relajadamente un cacharro en un sitio guay y con la música perfecta.

Ahora que lo pienso… en La Rioja el Día del Libro se reparten botellitas de vino… para algunos es apología del alcohol, mi opinión, ya sabéis los que seguís este blog, va por la responsabilidad etc, etc, etc. Pero lo que no se puede negar es la relación entre Dionisio y la cultura, y lo esencial de los pequeños placeres de la vida (“Serious Pleasures”, como dice el twitter de @WildDetectives).

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)
The Wild Detectives

The Wild Detectives
The Wild Detectives

Libro Minimapas para Tormentas de Mercedes García Laso en The Wild Detectives, Dallas.

(Y no me resisto a poner la foto de nuestro Minimapas para Tormentas ¡en Dallas! ¿Quién nos lo iba a decir, eh, Isa?)

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La otra versión de la fábula “La cigarra y la hormiga”

Hace tiempo una amiga me contó que antiguamente había varias versiones de la famosa fábula “La cigarra y la hormiga” y que la que conservamos es la que, obviamente, más le convino a nuestra cultura judeo-cristiana.

Como recordaréis la historia ensalza los valores del trabajo y sacrificio, de la previsión y planificación, y del control y acción eficaz. Todo muy occidental como veis, y opuesto al Minfulness y Wu-wei oriental tan de moda ahora.

Ya Aristóteles decía que en el punto medio está la virtud. Y yo puntualizo un poco más y sugiero que es en la flexibilidad donde reside lo virtuoso. Es decir, quien es hormiga quizá le convenga desarrollar un poco a su cigarra para no ser  siempre hormiga o ser una hormiga más acigarrada, y viceversa.

La flexibilidad amplía las posibilidades adaptativas, la libertad de la persona y el abanico de vivencias que la vida nos puede traer: en pocas palabras, hace la vida más plena.

Por otra parte, como dice Melloni, Oriente y Occidente están llamados a conjuntar sus modos de proceder: empuje y serenidad, conocimiento y sabiduría, determinación y fluidez, cálculo y espontaneidad; para ir transformando el mundo y a nosotros con él.

Aunque también “cigarra y la hormiga” aglutinan muchos más simbolismos como Apolo vs. Dionisio, o el Perro de Arriba vs. Perro de Abajo de la Gestalt.

Pero vayamos ya con la “otra” versión de “La cigarra y la hormiga”:

Erase una vez una cigarra y una hormiga que vivían en un pequeño bosque bajo un agradable sol. La hormiga dedicaba toda su jornada a buscar y almacenar alimento para el invierno. Se acostaba agotada y, sin embargo, a veces le costaba dormir por preocupaciones o por sentirse culpable por algo que no había salido bien.

La cigarra por su parte, según fuera el día, hacía música sola o con amigos, paseaba al sol o disfrutaba de la lluvia bajo una hoja. Y por la noche contemplaba las estrellas y respiraba.

Y resultó que antes del invierno, llegó el otoño y llovió tanto, tanto, tanto, que cigarra y hormiga estiraron la pata.

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

La hormiga estaría dominada el perro de arriba y la cigarra se dejaría llevar por el de abajo. Mercedes García Laso, psicólogo clínico Logroño.

(Flickr Apastor85)

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Un consejo desde la psicología para los interesados en lo espiritual

Si estás interesado en el desarrollo espiritual, ya sea desde la tradición cristiana, budista o cualquier otra, incluida la de “Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como”, creo que este breve post te puede ser de utilidad.

Recientemente me he leído el libro Psicología del Despertar de John Welwood (muy interesante y fácil de leer, excepto algún capitulo pelín tedioso que te puedes saltar sin problemas) y explica muy clarito la necesidad del trabajo psicológico para poder integrar lo espiritual en la vida diaria y que no se quede en efímeras experiencias cumbre o lleve a nocivos autoengaños. Como decía C.G.Jung “uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad”.

Esto, por desgracia, no ha sido así, ni a lo largo de la historia ni en la actualidad. Por lo tanto,  nos encontramos, por una parte, con personas con autoridad espiritual haciendo auténticas barbaridades (tanto “gurús new age”, como sujetos pertenecientes a instituciones de las diversas religiones ordinarias); y por otra, con gente que al intentar ajustarse al ideal espiritual recurre a la espiritualidad para evitar enfrentar un aspecto doloroso de su vida, o deja pasar abusos en nombre de la compasión, o evita sentir celos o ira, por considerarlas emociones “poco espirituales”, con las consecuencias nocivas que todo ello conlleva.

A esto último es lo que llama Welwood “bypass espiritual” y es un error que lamentablemente muchos consejeros espirituales promueven, con las mejores de las intenciones, al proponer soluciones espirituales a problemas de otro origen (del entorno, psicológicos, e incluso corporales). Copio un fragmento de su libro:

“Cuando caemos en el ‘bypass spiritual’, usamos la meta de la iluminación, o la liberación o salvación, para racionalizar lo que yo llamo trascendencia prematura: intentar elevarnos por encima del costado crudo y desprolijo de nuestra humanidad antes de haberlo enfrentado verdaderamente y haber hecho las paces con él. Y entonces procuramos usar la verdad absoluta para descalificar nuestras necesidades humanas relativas, nuestros problemas psicológicos, nuestras dificultades vinculares o déficits de desarrollo. (…) Tanto la meditación como la oración pueden ser usadas como una manera de evitar contactar con las heridas psicológicas y los dolores del corazón.”

En fin, a los que os interese continuar explorando el tema, os recomiendo, además del libro de Welwood, a Maribel Rodríguez (psiquiatra, psicoterapeuta y experta en espiritualidad) y a Enrique Martínez Lozano (psicoterapeuta, sociólogo y teólogo). Y os dejo con otro fragmento (bajo la cita de Ram Dass) de Psicología del Despertar que muestra los peligros de exigirse llegar a un ideal de comportamiento de persona espiritual (la personalidad/ego no es una barrera sino un camino para el avance en el desarrollo interior). Hasta la próxima, navegantes!

(Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño, autora del libro Minimapas para TormentasFBTw Ln)

psicologia-espiritual: Si crees que estás iluminado, pasa una semana con tu familia. Ram Dass.

*** Durante toda su infancia, Tara había experimentado una gran falta de afecto y de contacto, para sobrevivir a la cual había acabado adoptando una actitud dura e independiente que parecía proclamar a los cuatro vientos: «No necesito a nadie. Yo sola puedo cuidar de mí». Sin embargo -y como siempre ocurre, en una u otra medida, con todas las pautas de personalidad tiempo después su desmesurada independencia acabó haciéndose disfuncional porque le impedía recibir el afecto de los demás, lo cual no hacía sino alentar la privación y condenarla al sufrimiento.

Poco antes de cumplir los treinta años, Tara ingresó en una comunidad espiritual que consideraba al ego como un obstáculo para la realización espiritual y que, en consecuencia, dirigía todos sus esfuerzos a machacarlo. Esa comunidad cultivaba una forma colectiva de bypass espiritual que menospreciaba las necesidades y preocupaciones personales, al tiempo que trataba de implantar en sus miembros una identidad espiritual “ideal”. Es por esta razón por lo que los líderes de la comunidad adoptaron una actitud agresiva hacia la excesiva autonomía de Tara que ella aceptó de buen grado, convencida, como estaba, de que sus viejas pautas eran un obstáculo para su desarrollo espiritual. Pero, en el mismo momento en que renunció a su actitud distante, perdió también todo contacto con la fuente de su poder, su voluntad y su determinación.

Cuando, finalmente, la comunidad acabó disolviéndose, Tara era completamente incapaz de hacer frente a la vida cotidiana y se vio obligada a emprender un largo proceso de recuperación para el que necesitó varios años de psicoterapia.

Para erigir una identidad independiente y fuerte que le permitiera superar las difíciles condiciones de su infancia, Tara se había visto obligada a desarrollar su fortaleza. Tal vez otra persona hubiera reaccionado ante la adversidad sumiéndose en la depresión o la huida, pero ella supo encontrar en su interior los recursos necesarios para seguir adelante. Es cierto que, de ese modo, su identidad se vio amordazada y constreñida, pero no lo es menos que la fortaleza era una de sus cualidades más notables. Por esta misma razón, en el mismo momento en que se sometió al ataque de la comunidad, perdió el contacto con su poder y con su voluntad.

Son muchos los terapeutas y maestros espirituales que creen erróneamente que el camino de la transformación requiere la desarticulación de la personalidad condicionada. Hay veces en que esta “agresividad terapéutica” es flagrante (como ocurrió en el caso de Tara), mientras que hay otras en que se manifiesta de formas mucho más sutiles, pero el mensaje implícito en ambos casos es el mismo: «serías mejor si fueras diferente».

La personalidad es una forma congelada de nuestra verdadera naturaleza y constituye, por así decirlo, el combustible necesario para el proceso del despertar.

(…) Para convertir su personalidad en un camino, Tara tuvo que renunciar a todo intento de cambiarla y trascenderla prematuramente y comenzar a investigar con más detenimiento su desmedida independencia, tratar de comprenderla y relacionarse con ella de un modo más directo. Entonces fue cuando empezó a darse cuenta de que su extrema dureza había sido una forma de cuidar de sí misma y de que, bajo ella, se ocultaba una gran vulnerabilidad e inseguridad. Y ese descubrimiento le mostró el camino para comprender y cuidar sus facetas más vulnerables y tratarse con más benevolencia, una actitud que la ayudó a recuperar su fortaleza y a reconocer su lado más amable y, en consecuencia también, las facetas más amables de los demás. ***

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Microreflexiones: Os acordáis cuando escribíamos cartas?

¡Para nada, “tiempos pasados siempre fueron mejores”! (aunque yo ya muchas veces me deslizo hacia ahí ¡signo innegable de que una ya se hace vieja, jeje!). Lo que pasa es que su contrario tampoco es cierto.

Nunca antes en toda la historia de la humanidad la información había sido tan accesible. Y sin embargo, vivimos la paradoja de un mundo cada vez más polarizado. Razones y motivos hay montones, pero lo mío ahora no es escribir ensayos. Así que simplemente compartiros lo que comentábamos el otro día unas amigas mientras echábamos una caña:

Antes en la cafe de la facultad o en el colegio mayor te solías ojear varios periódicos. Ahora, sin embargo, nuestra fuente de información son mayoritariamente la redes sociales y como éstas las vamos creando según nuestras preferencias (a quién seguimos, los me gustas… incluso los anuncios que nos llegan depende de nuestro historial en la red), acabamos recibiendo sólo publicaciones de gente que piensa como nosotros, con lo que nos vamos reafirmando en nuestra visión del mundo y polarizando más y más.

También en esa quedada hablamos de cuando escribíamos cartas: Volvías de un campamento, comenzabas a cartearte con uno de los compis (a lo sumo dos), elaborando y aprendiendo cosas importantes a través de ello. Los adolescentes de ahora, sin embargo, han sustituido aquello por un grupo de whatsapp donde sólo se envían memes y se comunican con dos docenas de palabras diferentes. Y esto es igual con los adultos… ¿qué sentido tiene haber aumentado la cantidad de contactos si hemos perdido la calidad, la profundidad, de las relaciones?

La cantidad nos hace estar entretenidos (aparte de contribuir a nuestro estrés vital, pero eso lo dejo para otro día). Nos distrae de nuestras preocupaciones. Pero es la calidad la que nos alimenta y nos hace crecer. Si hay sólo cantidad, aparecerá tarde o temprano la apatía dentro de nosotros u otros síntomas.

Por otra parte, ahora cuando te pasa algo, lo copias y pegas para contárselo a varias amigas y así optimizar el tiempo (ay, cuán peligroso es el verbo “optimizar”). Antes al escribir una carta era como pasar un rato con esa persona. Le dedicabas tu tiempo y atención (es decir, le dabas tu energía y amor, pues la atención es eso). Además cada vez que escribías a otra persona, re-elaborabas el asunto y aparecía un matiz nuevo. Y… ¡ay, luego cuando tenías carta en el buzón! ¡qué subidón, qué nervios!

De nuevo vemos como la rapidez y la inmediatez nos hace perdernos lo verdaderamente importante en la vida.

Nos toca vivir el tiempo que nos toca. Con sus cosas buenas y malas. Antes los bordillos no estaban rebajados y yo no hubiera podido moverme como lo hago ahora en mi silla de ruedas. Pero también reflexionar sobre asuntos en los que parece que vamos para atrás merece la pena: no, obviamente para volver al pasado (cosa imposible, por otra parte) sino para construirnos, en la medida que cada uno pueda, un ahora mejor.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas, 2ª edición)

Waku escribiendo carta

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Un pequeño secreto sobre las casualidades y el alma

Hace 10 días Isa y yo viajamos a Pamplona a presentar el libro Minimapas. Fueron 24 horas geniales y sorprendentes. Y este último adjetivo (es decir, “sorprendente”) me empuja hoy a escribir sobre casualidades, coincidencias y sincronicidades.

¿Te ha pasado alguna vez estar en el sitio más perdido del mundo y encontrarte con alguien de tu pueblo? ¿O soñar con una persona de la que hace mogollón que no te acordabas y que justo te llame ese día? Estas extrañas coincidencias o casualidades es lo que Jung llamaba sincronicidades.

Los escépticos explican estos curiosos sucesos con la probabilidad. Y aluden por ejemplo a la paradoja del cumpleaños: si juntamos 60 personas, la probabilidad de que al menos dos de ellas cumplan años el mismo día ¡es del 99%! ¿alucinante, no? Es decir, lo que parece magia, es simplemente aséptica probabilidad.

Y yo también me puedo poner científica señalando que cuando uno sale de su zona de confort es cuando empiezan a aparecer estas conexiones, que son además el origen de toda innovación tecnológica, científica, artística y humana. Ya sea con un viaje o simplemente dejando a un lado un rato las orejeras que siempre llevamos y que nos mantienen encerrados, si prestamos atención realmente a lo que sucede, es cuando el hemisferio derecho comienza a descubrir la sorpresa.

Sin embargo, en lo que quiero incidir en este post es que, dejando aparte que estos fenómenos de los que hablamos tengan explicación o no desde  la ciencia, lo importante es que el hombre es un animal de significados y son éstos los que nos encarcelan o nos abren nuevas puertas. Y yo desde hace unos años he otorgado un nuevo significado a las casualidades y os aseguro que la magia me ha vuelto del revés;)

El significado que le doy es simple: les doy importancia. Y luego según épocas y momentos creo a partir de ellos o sólo los observo. Lo que más me llega es lo que me dijo una vez una mujer sabia: “para mí las sincronicidades sólo significan que voy por buen camino”.

A mí la palabra “magia” me gusta –ya veis que la utilizo a menudo cuando escribo. Y para mí una parte esencial de la magia es pasar un poco de lo racional y dejar a la intuición crear nuevos caminos, aprendiendo a confiar en sus efímeros destellos (que desaparecen si no se cogen al vuelo). Todo es magia bajo la mirada de un niño, incluso hacer pan, y es la magia lo que nos mueve a la vida (a estudiar astronomía, a mudarnos de ciudad por nuestro enamorado, a tocar la guitarra).

En fin, os invito en estos días de descanso a recuperar el asombro, chispeante o sosegado, ante la magia, la belleza, el juego y la vida.

P.D.: Dos minimapas más para estos días: Pistas para aprender a descansar en Semana Santa | ¿Te vas de viaje estos días?: 8 puntos para crecer con tus escapadas.

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

 

 

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Aprendiendo del monte en otoño

El domingo fui a Ezcaray y la magia de los hayedos en otoño me inundó. Hoy intentaré poner palabras a esas sutiles sensaciones que se me movieron en el alma para conformar con ellas un breve mini-mapa sobre todo lo que podemos aprender de un simple paseo por el monte si logramos caminar atentos a lo que va surgiendo.

Monte en otoño, psicología

Esos árboles tan tan altos y tan tan silenciosos me tocaron. No parecen realizar ningún esfuerzo. Tampoco tener ninguna pretensión u objetivo. Y menos aun afectarles la imagen que puedan dar. Simplemente se dejan llevar por su impulso intrínseco y por las condiciones del entorno. Y sin alboroto ninguno, sin ningún ruido, trascurren su ciclo vital desde la semilla que fueron.

Cómo me gusta ese silencio. Cierro los ojos y presto atención. Escucho algún pájaro, alguna travesura del viento, un riachuelo lejano, mi corazón y cómo respiro. Pero el silencio está ahí, de sostén, con una cualidad tierna que despeja la mente y acuna el alma.

El olor a humedad también me acompaña. Lo sigo y es él el que me lleva ahora de viaje. Pronto se nos une la piel… y por suerte no hace frío y puedo sentir las caricias del aire, de mis pasos y de lo que a momentos toco o presiono.

Abro los ojos y observo. Otros ratos entorno los ojos para que imaginación e intuición jueguen con duendes, hadas y demás habitantes de este misterioso lugar. No me suelen hablar pero me gusta verlos y sé que me hacen regalos que luego se abren en sueños o en momentos de inspiración (como en la ducha, jeje).

Y ufff… y las hojas… los colores del monte en estos meses me enamoran. Sobre todo los rojos: árboles de fuego entre amarillos, verdes, naranjas y ocres. Por qué estas cosas nos hacen suspirar? No lo sé. Quizá porque la belleza nos conecta con lo divino… Y pensar que esta maravilla la produce la muerte de las hojas! Ellas llegan al final de su ciclo y simplemente van cayendo… nada se fuerza, sólo soltar, dejar ir, para que la vida continúe con nuevos brotes tras el invierno de ramas desnudas y  aparentemente inertes. Me quedo absorta viéndolas caer…

Y es que el monte, el otoño, nos puede enseñar tantas tantas cosas si tan sólo nos dejamos…

~Mercedes García-Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas también en FB, Tw y Ln.

“Se necesita una gran dosis de insensibilidad para no sucumbir al otoño.” (Emil Cioran)

Monte en otoño, psicología

 

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.