La Rioja

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Metáfora EL BUS: ¿Cómo me conduzco en la vida?
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Mercedes Garcia-Laso | 23-11-2016 | 21:12

Hoy os dejo una metáfora tomada de la Terapia ACT. La llamo “El bus”; se refiere al cómo actuar según mis valores independientemente de lo que sienta o piense en ese momento; y se puede aplicar tanto a cuando uno decide dejar de fumar o preparar una oposición, como a problemas serios de ansiedad, por ejemplo.

Os introduzco una comparación previa al respecto: “hoy tengo que fichar en el paro y está jarreando… ojalá hiciese 22º y sol… pero iré de todas maneras porque no quiero perder la prestación”. Es decir, mi estado emocional y mental es como el tiempo: no lo puedo controlar pero no tiene por qué condicionar mi hacer si éste es importante para mí.

No obstante, antes de dejaros con “El bus”, quiero aclarar y subrayar que pensamientos y emociones son esenciales en nuestras vidas y que debo aprender a escucharlos mejor y mejor para vivir realmente (y no sólo sobrevivir). Lo que intento trasmitir con esta metáfora es la importancia de no identificarme con ellos y  también que a veces no “vivimos” por intentar evitar el sufrimiento (ejemplo: no salgo de casa por evitar la ansiedad; a la corta, siento cierto alivio; pero a la larga, mi vida se reduce muchísimo; con lo que el sufrimiento que trataba de evitar se instala conmigo en el sofá). Ah, y no hay que confundir “esfuerzo” con “exigencia” (el primero es sano, la segunda no –pero esto os lo aclaro otro día).

EL BUS: En la vida vamos conduciendo un autobús por la carretera que lleva hacia nuestras metas (etapas del  viaje)  orientados por nuestros valores (mi “norte”). Llevamos unos pasajeros revoltosos, que son nuestros pensamientos y emociones.

Todos ellos son catastrofistas: “si sigues ese camino vas a sufrir mucho”, “no merece la pena”, “te vas a estrellar”, “se van a reir de ti”, “no eres capaz” etc. Y además nos dicen implícitamente: “tuerce ya”, “haz lo que sea para evitar el sufrimiento”.

Tenemos varias alternativas:

1. Discutir y decirle que se calle. Pero no se puede dejar de pensar en algo (intenta, por ejemplo no pensar en un elefante rosa), es decir, no podemos callar el pensamiento, y, además, podemos perder de vista nuestra carretera y tener un accidente o chocar.

2.Hacerle caso y torcer. Pero no llegaremos nunca a donde queremos ir.

Fuente: inspiredlivingmedical.com

3. Escuchar su amenaza pacientemente y no hacerle caso a las acciones que nos propone para evitarla, es decir, no torcer. No podemos dejar de escucharle porque chilla mucho, pero se trata de seguir conduciendo por la carretera por la que queremos ir. De esta forma nos habituaremos a la ansiedad que nos provoca su amenaza. Finalmente, si durante mucho rato no le hacemos caso, el pasajero molesto  se sentará tranquilo en el fondo del autobús, aunque de vez en cuando volverá a darnos la lata”.

Qué eliges tú, navegante  (bueno, en este caso conductor de autobús, jeje)? ¿Conduces para avanzar hacia tu norte o para intentar evitar sufrir?

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).