La Rioja

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Estrategias para procrastinadores impenitentes
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Mercedes Garcia-Laso | 24-11-2016 | 07:22

¿Cómo hacer bueno lo de “lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana” para gente que habitualmente si lo puede dejar para el mes que viene mejor que mejor?

Lo primero deciros que es muy importante aceptar esta “peculiaridad” como una característica más de uno… como puede ser, por ejemplo, ser bajito. Si yo por mi altura no llego a muchos sitios,  puedo o encabronarme o buscar maneras de manejarme (colocar las cosas a mi altura, utilizar una especie de pinzas que tengo o pedir ayuda). Pues con las particularidades de la mente (como el caso que nos ocupa) la actitud ha de ir en la misma línea… con la dificultad añadida de que, mientras en el primer caso no suele haber culpa, en esto último sí.

Pensad en “lo que os ha servido hasta ahora” y anotadlo en vuestro “cuaderno para procrastinadores impenitentes”, al igual que “¿qué era lo diferente en aquellas épocas en las que esta cualidad os dio menos la lata?”, ya que esto os puede dar pistas muy efectivas. Ah, y esencial (aunque muy difícil de hacer): lo que no sirva, no lo repitáis.

Lo demás son técnicas de entrenamiento perruno, que a mí también me han sido útiles: anotar en la agenda (o calendario del frigo) una muy pequeña tarea a realizar, hacerla sí o sí, y darse un premio  por ello; comprometerse con un amigo a dar un determinado paso y a la semana quedar para verificarlo y establecer el siguiente; darle a la pereza un nombre o una forma (creando un personaje) y pactar con ella; o por ejemplo realizar el siguiente ejercicio de PNL (programación neurolingüística):

<< Primero, identificar el estimulo desencadenante (pila de ropa para planchar), la sensación que aparece (pesadez, pereza, cansancio) y lo que me digo interiormente (“¡ufff, que pereza!”)

Segundo, una vez hecho esto, visualizo en la parte inferior de la habitación el estimulo desencadenante; y acto seguido visualizo la tarea acabada en la parte superior del campo visual centrándome en la nueva sensación que me provoca y diciéndome “¡a por ello!”. Repito este segundo paso cinco veces como mínimo.

Este ejercicio se puede realizar para todo tipo de tareas. Cuánto más se practique más fácil será visualizar los pasos. Y actuamos entonces desde otra sensación y para un fin que ya hemos conseguido mentalmente hablando. >>

Existen otras muchas técnicas para lidiar con la procrastinación, incluyendo incluso prescripciones paradójicas. No obstante (y por acabar el post con una pincelada de lo que suelo trabajar en terapia), el postergar no deja de ser una forma más de hacernos daño… y nos puede decir muchas cosas… por ejemplo… por qué pospongo determinada actividad y no otra, más allá del hastío que me generan?

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica especializada en psicoterapia para pequeñas y grandes dificultades (garcialaso.com).