La Rioja
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¿Por qué en tu vida se repite siempre la misma historia? (Heridas y estilos de afrontamiento).
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Mercedes Garcia-Laso | 23-01-2017 | 19:40

¿Nunca te has preguntado por qué parece que vivas en el Día de la Marmota? ¿Por qué sufrimos siempre por lo mismo? ¿Por qué hacemos de un dolor natural un sobre dimensionado sufrimiento? ¿O por qué no conseguimos que nuestra vida sea algo menos desastrosa?  ¿O por qué nos acusan una y otra vez, y diferentes personas, de hacer daño a la gente? En el #minimapa de hoy comenzaré a dejaros un acercamiento a posibles respuestas a estas importantes preguntas. Empecemos.

1. Conformación de nuestra personalidad

El niño llega a este mundo con ciertas características y predisposiciones, que pueden tener origen genético, o en lo acontecido en el embarazo o vete tú a saber. Así vemos que hay bebes más pachorros, otros más sensibles, etc. Aunque sin olvidar que esto también está afectado desde el minuto cero por el entorno (ejemplo: un niño que llora en el hospital y ya se le asigna la etiqueta de llorón, o incluso de “manipulador”). Pero bueno, sea como fuere, hay, por ejemplo, bebes más sensibles que van a vivir peor que la mamá se vaya a trabajar afectándoles a la configuración de su personalidad en mayor medida que a otros.

He puesto el ejemplo de la mamá que se va a trabajar para subrayar que no es que la mamá tenga que hacer algo mal, no. Simplemente es que la vida provoca siempre heridas (y son lo que en la especie humana nos mueve al desarrollo). Otra cosa es que haya heridas mucho más profundas que otras por el mal hacer del entorno.

Entonces, que me enrollo, es la interacción características del niño y entorno, lo que configura nuestro cerebro creando un software de percibir, sentir, pensar y actuar, que conservaremos, y repetiremos, con más o menos variaciones durante toda la vida. Para simplificar lo llamaremos personalidad.

Como explicamos en el #minimapa Identificaciones, cogemos este rasgo del abuelo; este otro, pero en su contrario, de papá; la voz de la conciencia de mamá se convierte en mi Pepito Grillo etc. Y por eso los hermanos pueden llegar a ser tan diferentes (por su historia y características cogen cosas diferentes para conformar su manera de ser).

2.  Heridas.

En la parte nuclear de este software, que hemos llamado personalidad, están nuestras heridas y  las maneras específicas con las que nos las hemos arreglado para salir adelante con ellas, formando, ambas cosas, un “programa” que, además de hacernos sufrir, se repite y se auto-perpetúa. Nos fue útil en nuestra infancia, ya que fue la manera que encontramos para sobrevivir; el problema es que continuamos repitiéndolo cuando ya no sirve.

La mayoría de los síntomas psicológicos están relacionados con este “programa”. También esa historia que siempre se repite en nuestra vida. Incluso algunos problemas físicos que sufrimos (ver minimapa Lo psicosomático). A este respecto es interesante leer a la controvertida Alice Miller… a mi entender carece de rigor pero me gustó las preguntas que despertó en mí (ejemplo: ¿será verdad que algunas madres no enferman porque trasmiten sus heridas a sus hijos?)

De niños pudimos sufrir algún tipo de  situación de abandono, de traición, de abuso, de subyugación, de exclusión en el cole, de fracaso escolar…  o  alguien importante nos hizo creer que el mundo era un lugar peligroso, o que eras incompetente para ser autónomo, o que eras imperfecto y no merecías amor, o simplemente no recibiste cariño de verdad…  tal vez se esperaba que fueras el mejor y te enseñaron que cualquier otra opción era un fracaso… incluso pudiste “sufrir” de ser muy mimado y ahora tienes dificultades por aceptar los límites reales de la vida. Todas estas situaciones pueden dejar, de una u otra manera, heridas que condicionan enormemente nuestra historia de vida pasada y futura.

El gran problema es que en la mayoría de nosotros todo esto, o al menos la parte más nuclear, permanece en el inconsciente.

3. Estilos de afrontamiento

Continuemos un poco más por esta capa externa de la cebolla. Ante las heridas que acabamos de comentar, aparecen tres estilos de afrontamiento: uno puede rendirse ante la herida, o  escapar de ella (evitarla), o contraatacar (sobrecompensar). Veamoslo con los ejemplos de Juan, Luis y Pedro, cuya herida principal tiene que ver con que de niños se sintieron imperfectos, avergonzados y poco queridos.

Juan tiene 18 años y va al instituto. No te mira a los ojos y cuando habla apenas se le oye. Siempre se compara desfavorablemente con los demás. Sale con una chica que siempre lo critica y su mejor amigo también es muy crítico con él. Su expectativa de que las personas sean críticas se ve confirmada a menudo.

Juan se ha rendido a su sentimiento de impefección. Y cuando nos rendimos, distorsionamos la perspectiva de las situaciones de tal manera que nos confirman nuestra herida. Reaccionamos con desmesurados sentimientos cada vez que ésta se activa y seleccionamos -parejas y situaciones que la refuerzan. Rendirse significa que la persona organiza su vida de tal modo que continúa repitiendo los patrones de la infancia (revive una y otra vez la herida infantil).

Luis tiene 40 años y le encanta socializar por los bares. Se siente más cómodo en relaciones amistosas fortuitas. Su mujer, obsesionada con las apariencias, quería un hombre como él para tener un matrimonio tradicional de cara a la galería, ignorando la verdadera intimidad.

Luis intenta todo el rato huir de sus sentimientos de imperfección (evita la intimidad y bebe). Con el escape, evitamos pensar en nuestra herida y rehuimos sentirla. Evitamos situaciones que podrían activarla (incluso nos podemos llegar a creer que “las fiestas son de frívolos” cuando en realidad nos dan miedo). Y cuando la herida asoma un poco, recurrimos para taparla al alcohol, drogas, comer en exceso, limpiar compulsivamente o nos volvemos unos trabajadores infatigables. De hecho, nuestros pensamientos, sentimientos y conductas funcionan como si esta herida no existiera.

Es natural escaparse porque lo que activa la herida es demasiado doloroso. La desventaja es que a largo plazo volvemos a caer en las mismas conductas negativas (incluidas adicciones), en las mismas relaciones autodestructivas, nuestra vida se vuelve muy pobre (renunciamos a sentir), y a menudo acabamos haciendo daño a los que nos rodean. Centramos nuestra existencia en evitar el sufrimiento (no sentir la herida infantil) y en consecuencia nos perdemos la vida.

Pedro tiene 32 años y  es corredor de bolsa. Aparentemente es una persona segura, de hecho es un poco engreído y muy crítico con los demás. Crea situaciones donde él está por encima de los demás y emplea casi toda su energía en ganar prestigio.

En realidad, Pedro se siente superior para experimentar lo contrario de lo que sintió en la infancia. Fue un niño al que sus padres infravaloraban y se pasa toda su vida intentando mantener a raya ese niño.

Cuando contraatacamos o sobrecompensamos, intentamos compensar la herida infantil convenciéndonos a nosotros y a los demás de que lo contrario es verdad. Nos aferramos a esa imagen con desesperación.

Si de pequeño fui muy controlado, trataré de no sentirme dependiente de nadie; si fui considerado débil o inseguro, trataré de mostrar fortaleza; si fui abusado, trataré de abusar o maltratar a otros, si fui considerado incapaz, trataré de mostrar méritos y logros.

Los que utilizan el contraataque pueden parecer saludables. De hecho, algunas de las personas que más admiramos, como las estrellas de cine o líderes políticos o financieros, pueden ser de las que contraatacan.

Pero los contraataques aíslan. No se preocupan por las personas que perjudican durante el proceso ni por las repercusiones que pueden tener sus acciones. Finalmente, las personas próximas los dejan o toman represalias. Además van en la dirección contraria de la verdadera intimidad. Pueden llegar a perderlo todo, incluyendo a alguien a quien amaban; sólo por el riesgo de mostrarse vulnerables.

No aprenden a enfrentarse a las derrotas, ya que no asumen la responsabilidad de sus fracasos ni reconocen sus limitaciones. Sin embargo, cuando hay un contratiempo importante, el contraataque se hunde, la armadura se agrieta y se sienten muy deprimidos.

En fin, vemos que Juan, Luis y Pedro afrontan una herida similar de formas radicalmente diferentes. Sin embargo es imprescindible señalar que la mayoría de las personas utiliza una combinación de rendición, evitación y sobrecompensación.

El próximo día más, navegantes ;)

(Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas).

Película El Día de la Marmota como metáfora de cómo repetimos por nuestras heridas y estilos de afrontamiento.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.