La Rioja
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Momo (lucecillas para el alma)
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Mercedes Garcia-Laso | 04-06-2015 | 07:43

¿Habéis leído Momo de Michael Ende? Retomadlo, buscadlo por las estanterías  (aprovechad de paso para quitar el polvo;)) y en estos días de descanso abridlo de vez en cuando dejándoos sentir la historia de esta niña y los horribles hombres grises.

¿Serán estos hombres grises nuestros automatismos diarios que nos hacen correr y correr dejándonos sin tiempo para lo realmente importante?

“Querido amigo, usted sabrá cómo se ahorra tiempo. Se trata simplemente de trabajar más de prisa, y dejar de lado todo lo inútil. En lugar de media hora, dedique un cuarto de hora a cada cliente. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Lo mejor sería que la dejara en un buen asilo, pero barato, donde cuidarán de lla, y con eso ya habrá ahorrado una hora…”

Os copio aquí unos párrafos a modo de lucecillas para el alma. Ojalá os encuentren cuando los necesitéis y os ayuden en vuestro viaje, compañeros navegantes :)

***Beppo el Barrendero explica a la niña cómo se debe barrer una calle:

-Ves, Momo, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que crees que nunca podrás acabarla.

Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.

Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.

Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:

-De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:

-Eso es importante.

***El Maestro Hora está hablando con Momo:

– Si los hombres supieran lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida (…) ¿Quieres ver de dónde procede el tiempo?

– Sí – murmuró

– Yo te conduciré – dijo el maestro Hora -. Pero en aquel lugar hay que callar. No se puede preguntar ni decir nada.

(…) La columna de luz que irradiaba desde el centro de la cúpula no sólo era visible: Momo estaba empezando a oírla. Cuanto más escuchaba, más claramente podía distinguir voces singulares. Pero no eran voces humanas, sino que sonaba como si cantaran el oro, la plata y todos los demás metales (…) Y, de pronto, Momo comprendió que todas esas palabras iban dirigidas a ella. Todo el mundo, hasta la más lejana estrella, estaba dirigido a ella como una sola cara de tamaño impensable que la miraba y le hablaba. (…)

– Lo que has visto y oído, Momo – respondió el maestro Hora -, no era el tiempo de todos los hombres. Sólo era el tuyo propio.

– ¿Dónde estuve, pues?

– En tu propio corazón – dijo el maestro Hora, y le acarició el revuelto pelo.***

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.