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Duelo

Enfermedad, muerte… pistas para cuando lo real de la vida nos sacude el alma
Mercedes Garcia-Laso 14-03-2017 | 8:43 | 0

En general, conforme nos hacemos mayores los problemas se tornan más reales. Es lo que yo, al menos, estoy viviendo los últimos tiempos, al encontrarme, casi día tras día, con enfermedades y muertes cercanas.

De crío te agobias por el trabajo, el novio… aunque las muertes y enfermedades que tocan alrededor te duelen mogollón, te dejan como el poso de que son algo puntual, un duelo que has de pasar para seguir con los interesantes proyectos que te esperan en el futuro. Hablo –repito e insisto– en general (es decir, lo que creo que ocurre, más o menos, a muchos jóvenes en nuestro entorno).

Sin embargo, llega un día en que lo anecdótico comienza a transformarse en habitual, además de que tú mismo ya vas sintiendo en el cuerpo el paso del tiempo. A gente de tu edad, y más jóvenes, les aparece un tumor chungo; tus padres envejecen; amigos de ellos fallecen; amigas tuyas se convierten en enfermeras a full-time… Y no sé, cada uno esto lo vive de una manera diferente pero creo que a muchos nos hace sentir que ya somos “adultos”.

Además, como el ser humano es tan egocéntrico, todo esto nos suele confrontar (la mayoría de las veces de forma inconsciente) con nuestra propia muerte, nuestra propia vulnerabilidad. Y también, como es mi caso, con asuntillos antiguos que aun tenemos sin elaborar.

Escribo todo esto empujada por lo que sucede a mi alrededor, por lo que se me mueve dentro y por ciertos post que, como extrañas sincronías, van apareciendo en mi camino y que quiero compartir en este minimapa con todos vosotros. Es mi manera de ampliar perspectivas, que es lo que siempre busco en mi trabajo y para mí misma. Rescato dos, uno pivotado en lo individual y otro en lo social:

1. Mientras despierto de Ana Baza: Blog de una terapeuta gestalt a la que diagnosticaron un cáncer de pulmón este enero. Es un diario para ella, para estar presente, para redescubrirse mientras dura el viaje y a la vuelta. Os lo comparto tanto para los que estáis en estas mega tormentas, como para los que acompañáis a estos viajeros, y para todos los que queremos caminar por la vida de una forma más auténtica y real. (Escribe desde su particular personalidad y es sólo su particular viaje ¡no olvidéis esto nunca!

2. Los enfermos no son luchadores. Post que coincidió en el tiempo con la siguiente publicación en FB de Javi Vega: “Me revienta el concepto de enfermo luchador. Me revienta porque no concibo que nadie que se muera haya perdido ninguna lucha ni porque haya ningún mérito o demérito en sobrevivir o sucumbir a un cáncer.

Pero sobre todo me revienta porque ese término, luchador, lo inventó alguna persona sana para hacer más cómoda una verdad que incomoda a la que luego se añadieron otras como carrera o ejemplo de lucha.

Por cierto, mientras se nos llenan la boca con estas cosas tan cuquis, se recorta como nunca en investigación y hay una enfermera para 22 pacientes en el turno de noche en la planta de oncología”.

El cáncer no se trata de ser valientes, ni de luchar, ni de vencer. Porque donde hay valientes hay cobardes, donde hay vencedores hay vencidos, y donde alguien lucha alguien pierde. Así que poned atención a esos “tienes que ser fuerte”, ”tienes que luchar”, “sé valiente”, “no te rindas”. Y tengamos presente que en una enfermedad lo más influyente es la calidad del sistema público de salud, la investigación que se realiza y el apoyo instrumental y emocional del entorno y la comunidad.

Complejo esto del enfermar y del envejecer ¡y del vivir en general! (otro texto interesante a este respeto es esta reflexión sobre historia del Santo Job de M.Cruz Estada, que además aporta un diferente significado a lo que para mí es Aceptación).

Sin embargo, quiero acabar hoy con un párrafo de Ana Baza, que me retumba en las entrañas y resume lo que un día escribí sobre la insignificancia. Es para mí un faro esencial que intento, cada día, tener presente:

“Y así es nuestra vida, igual que aquella maravillosa, y creo que aún insuperable, escena en Blade Runner donde el replicante, interpretado por Rutger Hauer, habla de nuestra insignificancia y la búsqueda del sentido de la vida.. “y desapareceremos como lágrimas en la lluvia“. Siempre me ha estremecido esta escena y ahora se me cuela entre los huesos como la humedad en invierno. La vida continuará, sin alterarse un ápice, en el mismo milisegundo en que yo desaparezca, entonces para qué tanto esfuerzo en ser algo, en decir, en hacer, en buscar un sitio que en realidad ya ocupo por el mismo hecho de existir. Para qué tanta pelea, tanto disgusto, tanto pensar y planificar. Para qué poner la energía en mostrarme en el mundo, en vez de en el mismo acto de existir y estar en él por derecho propio. “

(Mercedes GarcíaLaso, tu psicólogo en Logroño y autora del libro Minimapas para Tormentas).

Replicante Blade Runner pistas ante la muerte, enfermedad y lo real de la vida

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Duelo en niños por un ser querido: 5 orientaciones sobre cómo actuar
Mercedes Garcia-Laso 02-11-2016 | 9:48 | 0

Ayer fue el Día de Todos los Santos y de nuevo me llamó la atención lo poco integrada que está la muerte en nuestra cultura actual. Entendible, por otra parte, dado el mandato social en el que vivimos de “hay que estar feliz, hay que estar alegre”, que he comentado en otras ocasiones en este blog, y que nos empuja a evitar, ocultar o a mirar hacia otro lado ante todo lo que nos provoque malestar. Y esto, claro, nos hace un lío a la hora de cómo explicar a un niño la muerte de un ser querido y cómo ayudarle en el duelo, por lo que me he propuesto en este minimapa dejaros cinco breves indicaciones.

1. Decir la verdad, o sea, que esa persona se ha muerto y no vamos a verla más. La explicación ha de estar,  por supuesto, adaptada a la edad del niño y al momento pero cuanto más breve y sencilla mejor (un niño pequeño sólo puede absorber cantidades limitadas de información) y sin metáforas.

Las metáforas pueden confundir porque el niño ha de entender que no va a volver a ver a ese familiar (la idea de “el abuelo está en el cielo”, si no se explica bien, puede hacer que el niño crea que el abuelo es astronauta o que va a volver).

Únicamente en una familia creyente, la explicación de que el fallecido “está en el cielo con Dios” es útil porque da una referencia comprensible para el niño y contiene una visión que coincide con su fe religiosa.

Claro que va a estar en nuestro recuerdo, que le vamos a recordar muchas veces, que hemos estado muy a gusto con él… pero ha muerto y no va a volver.

2. Los adultos no deben disimular su tristeza y han de incluir a los niños en el duelo.

El niño hace el duelo por identificación: ve el llanto, ve a sus padres tristones, que salen menos de casa… y al verlo afuera, va comprendiendo y va comprendiéndose.

Además cuando no se habla de un asunto en una familia, el niño entiende que “si mamá y papá no hablan de eso, es porque es algo malo, y es mejor no hablar de ello’; o ‘no puedo hablar de esto porque mamá y papá se pondrán más tristes’.

También se recomienda que participen en los oficios religiosos, o ritos de despedida, de un modo razonable según su edad y explicándoles por qué se hace cada cosa.

3. Permitir y ayudar al niño con sus propias emociones.

Es importante ser receptivo a las preguntas del niño porque forma parte del proceso del duelo. Y hay que observar su comportamiento porque ahí es donde se ve que el niño lo está pasando mal.

Es un error querer distraer a los niños, en lugar de ayudarles a gestionar y vivir la tristeza. Hay que enseñarle que lo que está sintiendo es tristeza, y que eso es normal., y que está bien manifestarlo (ya sea a través del llanto, del dibujo o de las palabras). Un niño también necesita llorar una pérdida y necesita apoyo, comprensión y cariño.

4. Con adolescentes, si no preguntan hay que ofrecerse a que hablen sin temor a que nos vayamos a enfadar o ponernos tristes (es importante abrir espacio para que se vayan poniendo palabras a las reacciones de ira, frustración, incomprensión,  culpa, pena o aislamiento).

5. Con niños pequeños además:

– No es conveniente comparar la muerte con el sueño, el descanso eterno o el descansar en paz, ya que puede empezar a tener miedo a irse a dormir.

– De igual manera, expresiones como “tu hermanito está con Dios” o “es la voluntad de Dios” pueden asustarle y hacer que crean que Dios también vendrá a llevárselo a él.

– Decirles “se murió por una enfermedad” puede generarles una preocupación innecesaria porque no distinguen entre las enfermedades pasajeras y las mortales (aclarar, por tanto, que solo una enfermedad grave puede causar la muerte).

– Conviene explicarles la muerte en términos de ausencia de las funciones vitales que ellos conocen.

– Cuando preguntan ”¿cuándo te morirás tú?”, es que están preocupados. Y lo mejor es contestar con: ¿”Te preocupa que yo no esté aquí para cuidarte?”. Si es así, añadir: “No espero morirme en mucho tiempo. Espero estar aquí para cuidarte todo el tiempo que necesites. Pero si papá y mamá se mueren, habría muchas personas que te cuidarían: la tía, el tío, la abuela…”.

P.D.: También os sugiero echar una ojeada al minimapa “Viviendo y acompañando duelos”.

(Mercedes GarciaLaso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas)

Cómo explicar a un niño la muerte de un ser querido y cómo ayudarle en el duelo. Mercedes GarciaLaso, psicólogo en Logroño.

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Viviendo y acompañando duelos: 8 puntos que todos hemos de tener en cuenta
Mercedes Garcia-Laso 19-01-2016 | 9:16 | 0

Siempre que hay un cambio hay un duelo, incluso si es para bien y lo hemos deseado mucho (por ejemplo, nuestra boda), ya que supone un re-elaborar y soltar. En realidad, si nos paramos a pensar, la vida es una continua sucesión de duelos: al aprender a gatear, aunque ganemos independencia, dejamos atrás esas vivencias en las que todo nuestro mundo era mamá… y así vamos encadenando duelo tras duelo en este avanzar que es vivir.

Sin embargo, si no especificamos más, con la palabra “duelo” nos solemos referir a la muerte de un ser querido y, como mucho, a veces, a un acontecimiento duro que hemos de afrontar como una separación o las secuelas de un accidente o enfermedad. Y son a estos duelos, en concreto a los de fallecimiento, a los que van dedicados principalmente los siguientes puntos:

1. Cada proceso de duelo es único y singular. Sirve leer, escuchar, el proceso de otras personas pero siempre teniendo en cuenta esta premisa. Por eso ni hay un tiempo establecido, ni fases por las que “hay que” pasar, ni ná. Atentos, por favor, en consecuencia, a todo lo que se nos diga que es “normal” y “no normal”.

2. Todo duelo requiere para elaborarlo de mucha energía y por eso disponemos de poca para las otras cosas de la vida.

Algunas de las exigencias externas (familia, trabajo) y del entorno pueden ser obligadas por las circunstancias (subrayo la palabra “algunas”). Además pueden ayudar a mantener una rutina y a estar distraídos. Sin embargo hay que tener bien presente que no podemos estar en ellas al 100%, ni mucho menos, pues buena parte de nuestros recursos están ocupados en los procesos de cura y cicatrización internas (de manera análoga a cuando enfermamos, nos operan o sufrimos un accidente).

Así a lo largo del proceso se van combinando el estar para afuera y el estar para dentro, en diferente grado. Y es muy importante respetarse en ello (el antiguo luto, entre otras cosas, ayudaba a esto, al dar permiso social para estar más para adentro).

3. Aparecen emociones, pensamientos y sensaciones que pueden parecer incomprensibles (rabia, culpa… incluso creer ver o sentir a la persona fallecida) y lo mejor que se puede hacer con ellas es aceptarlas sin juzgarlas, como parte del proceso. Por eso no suele (enfatizo este “suele”, pues cada caso tiene su idiosincrasia) ser aconsejable medicar los duelos.

Pero, por supuesto, este abrirse a “lo que uno siente” se combina siempre con un escapar de ello (con risas, pasatiempos… e incluso para algunos, con un exceso de trabajo). Y los dos procesos son necesarios (al igual que en fisioterapia se alterna el esfuerzo con el descanso en los ejercicios, y las dos cosas son imprescindibles para la rehabilitación de la lesión)

4. Hay personas que inicialmente necesitan negar la realidad… y está bien pues es lo que su psiquismo necesita. Cada cual lleva su proceso, con pasitos pa’lante y pasitos pa’atrás… donde etapas aparentemente superadas vuelven a resurgir. Y es que NO es un proceso lineal, sino más bien es como si estuviéramos reformando una casa: se suele empezar por los tabiques y finalizar colocando los muebles pero, a la vez, todo se entremezcla, máxime cuando hemos de vivir en el propio piso que estamos reformando (y podemos estar ya colocando los electrodomésticos cuando resulta que hay que volver a picar por un imprevisto en la fontanería).

5. Cada duelo re-activa a los anteriores, especialmente en sus aspectos no resueltos. Por eso a veces no es extraño que la muerte de un animal doméstico sirva para elaborar otro fallecimiento anterior que no pudimos sentir ni llorar lo que hubiésemos necesitado en su momento.

6. Hay, por supuesto, duelos más y menos complicados. En general, más fácil es cuanto: 1º, más sana ha sido la relación; 2º, cuanto más “natural” ha sido el fallecimiento, es decir, más de acuerdo a lo que uno considera que es la vida; y 3º, cuanto menos sueños, expectativas uno tenía colocados en la persona fallecida.

Por estos dos últimos factores es tan complicada la muerte de un hijo… pues se junta lo “anti-natural” del sobrevivir a los descendientes, con el perder, además de un hijo, la parte de mí que había colocado en él (verle crecer, averiguar qué estudiaría, compartir sus éxitos y tristezas…).

Por otra parte, las muertes violentas también ejemplifican el segundo factor; y las relaciones simbióticas o de abuso o de abandono o con traiciones etc, el primero.

7. También un duelo puede activar algo que hasta entonces había permanecido más o menos en invernación y/o complicar procesos que ya estaban en curso.

8. Cuándo pedir entonces ayuda profesional? A veces, ante la preocupación (de uno mismo o del entorno) por esta pregunta, una breve consulta con un profesional de confianza nos puede ayudar a aclararlo (y por tanto tranquilizarnos al respecto), a la vez que favorecer un curso del proceso más fluido y prevenir un duelo complicado.

Un duelo complicado se puede decir que es aquel que se atasca. Y aunque lo puede favorecer muchísimas cosas (por ejemplo, que coincida con otros sucesos estresantes), habitualmente se destacan como factores de riesgo: los comentados en el punto 6; determinados rasgos y problemas previos de la persona; y una ausencia de un adecuado apoyo social.

Existen ciertas señales que nos pueden indicar la conveniencia de pedir ayuda. Señalo aquí, en este resumen, dos: la excesiva y prolongada interferencia en la vida (no poder trabajar, vincularse, muchos síntomas somáticos…); y el prolongado atasco para realizar cambios. Aunque, por desgracia, a veces, es el cuerpo (a través de enfermedades) el que paga que la mente no pueda con lo sucedido. También en otras ocasiones se puede observar como problemas de depresión o ansiedad tienen su origen en un duelo de mucho tiempo atrás mal elaborado.

Por último también hay personas que acuden a terapia simplemente para tener un espacio para elaborar mejor el duelo, es decir, para aligerar la carga de sufrimiento y crecer como persona con el proceso, agarrando para ello al toro por los cuernos.

Espero que, en alguna medida, lo expuesto os pueda servir para acercaros con una perspectiva más amplia y flexible a este proceso tan inherente a la vida como es el decir adiós. Hasta la próxima semana, navegantes.

~ Mercedes García Laso, tu psicólogo en Logroño para atravesar tormentas.

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Sobre el autor Mercedes Garcia-Laso
Psicóloga clínica, experta en pequeñas y grandes dificultades: en terapia su escucha hace ver. Nº1 en el PIR; discapacidad ≥65%; libro #Minimapas para Tormentas. Garcialaso.com.